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miércoles, 24 de julio de 2024

El hambre muerde a 733 millones de personas en el mundo



Un puesto de mercado en la ciudad de Kolahun, en el norte de Liberia, África occidental. Es una de las regiones del mundo más castigadas por el hambre y la tendencia es que, sin intervenciones adecuadas, a finales de la década centenares de millones de personas permanecerán en situación de inseguridad alimentaria grave. Imagen: FAO


RÍO DE JANEIRO – El hambre agobia a 733 millones de personas, una de cada cinco en África y una de cada 11 en el planeta, indicó el “Informe sobre el estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo”, publicado este miércoles 24 por cinco organismos especializados de las Naciones Unidas.

Si las tendencias actuales continúan, alrededor de 582 millones de personas estarán crónicamente desnutridas en 2030, la mitad de ellas en África, indicó el informe, también conocido como Sofi, su acrónimo en inglés.


Fue presentando en el contexto de la reunión ministerial en esta ciudad del Grupo de Acción del Grupo de los Veinte (G-20, economías industrializadas y emergentes) para la Alianza mundial contra el hambre y la pobreza.

Advierte de que el mundo está muy lejos de alcanzar el Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) 2, Hambre cero, para 2030, y en cambio demuestra que se ha retrocedido 15 años, con niveles de subalimentación comparables a los de 2008-09.

A pesar de algunos avances en ámbitos específicos como el retraso en el crecimiento y la lactancia materna exclusiva, un número alarmante de personas sigue enfrentándose a la inseguridad alimentaria y la malnutrición, indica el estudio.

Ello porque los niveles mundiales de hambre se han estancado durante tres años consecutivos, con entre 713 y 757 millones de personas subalimentadas en 2023, unos 152 millones más que en 2019 si se considera el rango medio (733 millones).

Las tendencias regionales varían notablemente: el porcentaje de la población que padece hambre sigue aumentando en África (20,4 %), y permanece estable en Asia (8,1 %), aunque sigue representando un reto importante, ya que la región alberga a más de la mitad de las personas que padecen hambre en el mundo.

De 2022 a 2023, el hambre aumentó en Asia occidental, el Caribe y la mayoría de las subregiones africanas, y muestra en cambio progresos en América Latina (6,2 %).

Comparando África con América del Sur “una diferencia clave es que Sudamérica invierte una cantidad significativa de sus recursos en programas de protección social, que permiten intervenciones focalizadas que alivian el hambre de manera efectiva y rápida debido a su eficiencia”, dijo Máximo Torero, economista jefe de la FAO.



Más allá del hambre, el informe destaca que el acceso a los alimentos adecuados sigue siendo un objetivo inalcanzable para miles de millones de personas.

En 2023, alrededor de 2330 millones de personas en el mundo -la población total se estimaba en 8100 millones- se enfrentaban a una inseguridad alimentaria moderada o grave, cifra que no ha cambiado en forma notable desde el brusco repunte de 2020, en medio de la pandemia covid-19.

Entre ellas, más de 864 millones experimentaron inseguridad alimentaria grave, debiendo pasar a veces sin alimentos un día entero o más tiempo.

Esta cifra ha permanecido obstinadamente alta desde 2020 y, aunque América Latina muestra mejoras, persisten retos más amplios, en especial en África, donde 58 % de la población sufre inseguridad alimentaria moderada o grave.

La falta de acceso económico a dietas saludables continúa siendo también un problema crucial, que afecta a más de un tercio de la población mundial.

Con nuevos datos sobre los precios de los alimentos y mejoras metodológicas, la publicación revela que más de 2800 millones de personas no pudieron permitirse una dieta saludable en 2022.

La disparidad es más pronunciada en los países de ingresos bajos, donde 71,5 % de la población no puede permitirse una dieta saludable, frente a 6,3 % en los países de ingresos altos. La cifra descendió por debajo de los niveles prepandémicos en Asia y en América del Norte y Europa, pero aumentó sustancialmente en África.

Aunque se ha avanzado en el incremento de las tasas de lactancia materna exclusiva hasta 48 %, será difícil alcanzar las metas mundiales de nutrición.

La prevalencia del bajo peso al nacer se ha estancado en torno a 15 %, y el retraso del crecimiento entre los niños menores de cinco años, aunque ha disminuido hasta 22,3 %, sigue sin alcanzar las metas.

Además, la prevalencia de la emaciación (bajo peso en relación con la altura) entre los niños no ha experimentado mejoras importantes, mientras que la anemia entre las mujeres de 15 a 49 años ha aumentado.

Del mismo modo, las nuevas estimaciones de casos de obesidad en adultos muestran un alza constante en la última década, de 12,1 % en 2012 a 15,8 % en 2022.

Las proyecciones indican que en 2030 habrá en el mundo más de 1200 millones de adultos obesos.

Las tendencias ponen de relieve los complejos retos de la malnutrición en todas sus formas y la urgente necesidad de intervenciones específicas, ya que el mundo no está en vías de alcanzar ninguna de las siete metas mundiales de nutrición para 2030, según advierten los cinco organismos de la ONU en el Sofi.

A-E/HM

lunes, 18 de julio de 2022

Una persona muere por hambre cada 48 segundos en África oriental



En Etiopía, como en países vecinos de África oriental, a la peor sequía en décadas se ha sumado una disparada inflación en el sector de alimentos, lo que ha colocado a decenas de millones de personas en una crítica situación de hambre, expone la coalición humanitaria contra la pobreza Oxfam. Foto: PMA


LONDRES – Decenas de millones de personas están atrapadas en una crisis de hambre en África oriental, y una muere cada 48 segundos, debido a que la peor sequía en décadas se ha exacerbado con la inflación en los precios de los alimentos, indicó este lunes 18 la coalición internacional de lucha contra la pobreza Oxfam.

Hanna Saarinen, líder de política alimentaria de Oxfam, dijo que “se está capturando una cantidad monstruosa de riqueza en la parte superior de nuestras cadenas mundiales de suministro de alimentos, mientras que el aumento de los precios de los alimentos contribuye a una catástrofe”.

Esa catástrofe “está dejando a millones de personas sin poder alimentarse a sí mismos y a sus familias. Los líderes mundiales están caminando sonámbulos hacia un desastre humanitario”, deploró Saarinen.

En Etiopía las personas atrapadas en la crisis de hambre pueden ser hasta “el asombroso 44 %” de sus 115 millones de habitantes, según Oxfam.

Agencias del sistema de las Naciones Unidas han indicado que actualmente, en Etiopía, Kenia y Somalia, 16,7 millones de personas se enfrentan a problemas alimentarios agudos, y se proyecta que aumenten a 20 millones para septiembre.

Los habitantes de África oriental gastan hasta 60 % de sus ingresos en alimentos, y la región depende excesivamente de los alimentos básicos importados.

Mientras que muchas personas en los países ricos están luchando con el aumento de los precios al consumidor, sus contrapartes en los países de África oriental se enfrentan al hambre y la indigencia.

“Se está capturando una cantidad monstruosa de riqueza en la parte superior de nuestras cadenas mundiales de suministro de alimentos, mientras que el aumento de los precios de los alimentos contribuye a una catástrofe”: Hanna Saarinen.

Por ejemplo, los alimentos y las bebidas representan 54 % del índice de precios al consumidor en Etiopía, en comparación con solo 11,6 % en Reino Unido.

En Somalia, los precios del maíz eran, en mayo de 2022 y al cabo de 12 meses de inflación, seis veces más altos (78 %) que los precios mundiales (12,9 %).

En algunas regiones, el gasto de la canasta mínima de alimentos se ha disparado más de 160% en comparación con el año pasado. El costo de un kilo de sorgo, alimento básico, fue más de 240 % superior al promedio de cinco años.

En Etiopía, la inflación de alimentos se disparó 43,9 % desde 2021. Los precios de los cereales subieron 70 % anual hasta mayo, más del doble del promedio mundial.

En Kenia, el precio de la harina de maíz, su principal alimento básico, se duplicó en siete meses y aumentó 50 % solo entre junio y julio de 2022. El alza de los precios de los alimentos y la energía aumentará la pobreza en 2,5 %, empujando a unos 1,4 millones de kenianos a la pobreza extrema.

En Sudán del Sur, los precios de los cereales en mayo triplicaron sus niveles de un año antes, mientras que el precio del pan se ha duplicado desde 2021. El precio medio de los cereales ha superado en 30 % la media quinquenal.

Por ejemplo, en la aldea Bundunbuto, en Puntlandia (el extremo oriental de África), el poder adquisitivo de las familias se redujo a la mitad en comparación con hace dos meses, y pueden comprar al mes 12 kilos de arroz y azúcar en vez de los 25 kilos que adquirían hasta abril.

En Somalia se declaró recientemente un “riesgo de hambruna”, y casi la mitad de la población (más de siete millones de personas) se enfrenta al hambre aguda, de los cuales 213 000 están en riesgo muy grave.

Oxfam resalta que, por contraste, en ese contexto, los multimillonarios del sector de la alimentación han aumentado su riqueza colectiva en 382 000 millones de dólares en dos años, según datos de su informe «Profiting from Pain» (Beneficiarse del dolor) correspondientes al período de marzo de 2020 a marzo de 2022.

“Menos de dos semanas de sus ganancias de riqueza serían más que suficientes para financiar la totalidad del llamamiento humanitario de 6200 millones de dólares de la ONU para África oriental”, expuso texto de Oxfam.

A continuación indicó que apenas se ha conseguido 16 % de los recursos solicitados por las agencias humanitarias.

Saarinen dijo que “necesitamos volver a imaginar un nuevo sistema alimentario mundial para acabar realmente con el hambre, uno que funcione para todos”.

“Este sistema alimentario global fundamentalmente roto, que es explotador, extractivo, mal regulado y en gran parte en manos de grandes agro negocios, se está volviendo insostenible para las personas y el planeta, y está empujando a millones en África oriental y en todo el mundo a la inanición”, criticó Saarinen.

Los gobiernos “pueden y deben movilizar suficientes recursos para prevenir el sufrimiento humano. Una buena opción sería gravar a los mega-ricos que han visto dispararse su riqueza a niveles récord durante los últimos dos años”, opinó.

A-E/HM

sábado, 9 de diciembre de 2017

Mentiras de la ONU sobre el hambre en el mundo

Bruno Guigue, Le Grand Soir, Jaque al Neoliberalismo

Según el dogma el “Tercer Mundo” ya no existe. Por otra parte ya no se habla de “países subdesarrollados”, sino de “países en desarrollo” y el relato moderno nos asegura que esos países se convertirán pronto en “países emergentes”. La ideología poscomunista pronosticaba “el fin de la historia”. 

Prometía un futuro luminoso en el reino del libre comercio. Anunciaba los nuevos tiempos de la “globalización feliz”. La apertura y la desregulación de los mercados llevaban la promesa de un porvenir radiante.

Propagada desde hace tres decenios, esta fábula liberal se desmorona frente a la realidad. En su último informe sobre El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo, la ONU declara que 815 millones de personas sufrieron malnutrición en 2016, es decir, 82 millones más que en 2015. Hablando claro el 11 % de la población mundial se muere de hambre. No solo hemos llegado a un récord absoluto (la humanidad nunca ha tenido tantos hambrientos), sino que además la situación se sigue deteriorando y para 2017 las asociaciones esperan lo peor.

Las desigualdades llegan a cotas vertiginosas. Traspasado a la Edad Media, el abismo que separa a nuestros superricos de las masas empobrecidas habría horrorizado a los aristócratas más egoístas. Pero para nuestros liberales la acumulación y la concentración de capital a niveles astronómicos son signos positivos. Según OXFAM el 1 % más rico posee el 48 % de la riqueza mundial y el 20 % siguiente en riqueza posee el resto. Al 80 % restante, es decir, la aplastante mayoría, solo le quedan migajas.

Este contraste entre 815 millones de hambrientos y un puñado de multimillonarios debería provocar la indignación general. Pero nos acomodamos en el fatalismo como si se tratase de una catástrofe natural. Al correr un púdico velo sobre las causas de semejante injusticia, el dogma oculta deliberadamente la influencia de las estructuras. Entre discursos apaciguadores y clichés neoliberales, los mecanismos que sustentan el enriquecimiento de unos pocos sobre el empobrecimiento de los demás desaparecen de la vista. Por conformismo ideológico, la burocracia de la ONU retuerce la interpretación de los hechos.

Omite, por ejemplo, que el deterioro de la situación alimentaria se explica ampliamente por el retroceso de la agricultura campesina en favor del agronegocio. Bajo el empuje de las multinacionales de la agroalimentación se transforman millones de hectáreas de agricultura variada y ganadería en zonas francas “desfiscalizadas” donde se implantan monocultivos para la exportación. Esta política deja a los pequeños agricultores a merced de las fluctuaciones de los mercados internacionales. Secuestrada por la globalización, la agricultura local y campesina se hunde.

Para la ONU el cambio climático y las guerras de todo tipo son los principales responsables de la malnutrición. Pero esta imputación de la miseria humana a causas accidentales tiene el efecto de minimizar las causas estructurales, limpia de toda sospecha los mecanismos de la explotación capitalista y la mentira implícita es que las multinacionales no tienen nada que ver. Al contrario, la incriminación del cambio climático extiende la responsabilidad de la miseria al ciudadano de a pie. ¿El trabajador que utiliza su coche para ir al trabajo no es tan culpable como Monsanto?

No es culpa del cambio climático que miles de niños se vean obligados a trabajar en las plantaciones de cacao de Costa de Marfil. El sometimiento de ese pequeño país a las multinacionales del chocolate es directamente responsable. Su especialización en este monocultivo de exportación desde la época colonial le ha convertido en un apéndice precario de las economías desarrolladas. Sometido a las fluctuaciones del mercado y a las operaciones especuladoras, Costa de Marfil se empobrece para enriquecer a los accionistas, sin contar el efecto desastroso de las “curas de austeridad” impuestas por las instituciones internacionales.

País de una pobreza extrema, Malí está presa en la inestabilidad política y se enfrenta a una rebelión sobre la que se injerta el terrorismo. Pero el saqueo de sus riquezas mineras por parte de Francia no es ajeno a ese caos de seguridad. La rebelión tuareg se encendió cuando Areva firmó un acuerdo con Níger para la explotación de los yacimientos de uranio ignorando a las poblaciones nómadas. ¿Simple coincidencia? Los países del Sahel son los más pobres del mundo y las tropas francesas están más presentes que nunca.

Con su hipocresía habitual, la ONU olvida decir que el hambre reina en los países donde Occidente se ha dedicado a sembrar el caos. En Sudán del Sur favoreció una secesión catastrófica. En Somalia desplegó sus tropas y ayudó al estallido del país. En Siria atiza el fuego de una guerra interminable. En Libia destruyó un Estado soberano y entregó el país a las milicias. En Yemen suministra las armas con las que Riad masacra a la población civil. La ONU tiene razón cuando dice que las guerras han deteriorado la situación alimentaria. Ahora solo le falta precisar que esas guerras son las guerras imperialistas.

jueves, 21 de septiembre de 2017

Por primera vez en una década aumenta el hambre en el mundo

Por Marco Antonio Moreno, 

El número de personas que pasan hambre en el mundo ha aumentado por primera vez después de una década de descensos continuados. Según el último informe anual de la ONU sobre seguridad alimentaria y nutriciónpublicado este viernes, en 2016 el hambre afectó a 815 millones de personas -el 11% de la población mundial-, y 38 millones de personas más que un año antes.

El informe de la FAO, coordinado junto con el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), el Programa Mundial de Alimentos (PMA) y, por primera vez, con la Organización Mundial de la Salud (OMS), y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), apunta a los conflictos –cada vez más agravados por el cambio climático- como uno de los principales motivos del resurgir del hambre y de muchas formas de malnutrición en el mundo.

“En la última década, el número de conflictos ha aumentado de forma dramática y se han vuelto más complejos e irresolubles por su naturaleza”, afirman los responsables. Esto ha hecho saltar alarmas que no podemos ignorar: no acabaremos con el hambre y todas las formas de malnutrición para 2030 a menos que abordemos todos los factores que socavan la seguridad alimentaria y la nutrición. Garantizar sociedades pacíficas e inclusivas es condición necesaria para ese objetivo".La situación de la seguridad alimentaria "ha empeorado" sobre todo en determinadas zonas del África subsahariana, Asia sudoriental y Asia occidental, y se ha observado un deterioro en situaciones de conflicto, a veces acompañadas de sequías o inundaciones.


A nivel mundial, la prevalencia de desnutrición infantil crónica descendió del 29,5% al 22,9% entre 2005 y 2016, aunque todavía hay 155 millones de niños menores de cinco años afectados por este trastorno. La desnutrición infantil aguda, pos su parte, afectó a uno de cada 12 niños menores de cinco años (es decir, 52 millones) en 2016, más de la mitad de los cuales (27,6 millones) viven en Asia meridional.

Al mismo tiempo, la FAO refleja que cerca de 41 millones de niños tienen sobrepeso y que casi una tercera parte (33%) de las mujeres en edad fértil en todo el mundo sufren de anemia, lo que también pone en peligro la nutrición y la salud de muchos niños.

"El sobrepeso en niños y la obesidad en adultos están aumentando en todo el mundo, incluso en los países de ingresos bajos y medianos". "Estas tendencias son consecuencia no sólo de los conflictos y el cambio climático, sino también de profundos cambios en los hábitos alimentarios y de las crisis económicas", señalan los expertos.

Hambrunas, guerras y refugiados

"Estas noticias tan graves llegan en un año en que se ha declarado una hambruna en un país (Sudán del Sur) y se han identificado varias situaciones de crisis en cuanto a la inseguridad alimentaria que corren el riesgo de convertirse en hambrunas en varios países (entre ellos, Nigeria, Somalia y Yemen)", alertan los dirigentes del organismo internacional.

Además, se informa de que la inmensa mayoría de las personas que padecen inseguridad alimentaria y malnutrición crónicas viven en países afectados por conflictos: se estima que la cifra asciende a 489 millones de los 815 millones de personas subalimentadas, y a 122 millones de los 155 millones de niños con retraso del crecimiento.

"Si bien en los últimos 25 años la mayoría de los países han alcanzado progresos significativos con respecto a la reducción del hambre y la desnutrición, estos avances se han detenido o revertido en la mayor parte de los países afectados por conflictos", explican.

En el documento también se da cuenta de que "el número de refugiados y desplazados internos ha aumentado significativamente con el creciente número de conflictos y se ha doblado entre 2007 y 2015 hasta alcanzar un total de aproximadamente 64 millones de personas". "Actualmente hay nueve países con más del 10% de su población clasificada como refugiada o desplazada; en Somalia y Sudán del Sur, más del 20% de su población son personas desplazadas y en la República Árabe Siria, más del 60%", se explica.

Los expertos advierten de que incluso en regiones que no sufren de tanta violencia, las sequías o inundaciones -ligadas en parte al fenómeno climático de El Niño-, así como la desaceleración económica mundial, han llevado también a un deterioro de la seguridad alimentaria y la nutrición.

lunes, 10 de abril de 2017

Agricultura orgánica y a pequeña escala es la única vía para combatir el hambre en el mundo según la ONU

¿Cómo acabar con el hambre del mundo? Esta es una pregunta todavía sin respuesta lamentablemente, pero con la capacidad de poner en marcha ideas y proyectos en busca de soluciones. Para las Naciones Unidas, sin embargo, a pesar de que no es tan fácil de poner en práctica, la solución ya es conocida y según sus informes la única manera posible es la de invertir en la agricultura ecológica a pequeña escala.

Contrariamente a lo que se ha apostado en las últimas décadas para combatir este mal que es una agricultura industrial, altamente mecanizada y llena de químicos, transgénicos, herbicidas etcétera.

Los Organismos Genéticamente Modificados (OGM o GMO en inglés) se crearon con la promesa de ampliar el acceso a la alimentación para toda la población. Además de no haber logrado esta hazaña, hay muchas preguntas acerca de las consecuencias de tales organismos en la salud humana y del ecosistema, el daño que ocasionan a la biodiversidad y por su recurrente asociación con herbicidas al medio ambiente en general.

Estudios que avalan estas afirmaciones

Más de 60 expertos conforman el informe de la ONU, donde se instiga a volver a retomar los antiguos sistemas de producción de alimentos, donde los pequeños productores locales eran la base del sistema y a reducir el uso de fertilizantes y herbicidas de origen sintético. El documento también hace duras críticas a los pactos comerciales globales, que sólo fortalecen a las empresas multinacionales capaces de replantearse sus formas de producción.

La conservación del recurso suelo y el manejo del agua también son temas asociados a uno u otro modelo de producir alimentos.

Bajo el título “Despertemos antes de que sea demasiado tarde“, se detalla en la publicación las razones por las cuales este tema es tan urgente en sus más de 300 páginas. A pesar de que se publicó hace cuatro años el tema sigue siendo tan relevante y más urgente que nunca. Recientemente la ONU volvió a denunciar el mito de que los pesticidas son “un mal necesario”, en un nuevo informe donde se detalla con datos técnicos que la alimentación de todo la humanidad es posible sin el uso de pesticidas y otras tecnologías como los transgénicos.

Un estudio realizado por la Universidad Estatal de Washington, EE.UU. y publicado el año pasado en la revista Nature, llamado la Agricultura Orgánica en el siglo XXI, mostró que la agricultura orgánica puede ser utilizada para alimentar a la población actual de manera eficiente y con menores riesgos para la salud y el ecosistema. (Más información aquí)

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