Ante todo un sincero agradecimiento a todas y cada una de las personalidades del mundo económico de este foro por tener en cuenta mi artículo de CubaDebate.
"La edificación de la nueva sociedad en el orden económico es también un trayecto hacia lo ignoto". RCR
Fidel
jueves, 22 de junio de 2023
Luis A, Montero : Un comentario a propósito de mi artículo
lunes, 19 de junio de 2023
Las enseñanzas de una expedición científica para el peso cubano
En diciembre de 1998 la Administración Nacional Estadounidense del Espacio (NASA por su acrónimo en inglés) lanzó el llamado “Mars Climate Orbiter”. Tenía el propósito de estudiar el clima, la atmósfera y la superficie de Marte con un costo cercano a los 170 millones de USD de la época. Sin embargo, el 23 de septiembre de 1999, la nave espacial entró en la atmósfera marciana demasiado bajo y demasiado rápido, lo que provocó que se quemara y se desintegrara.
La investigación del desastre arrojó que la causa originaria de la falla fue un error de navegación causado por no coincidir las unidades métricas e inglesas utilizadas en el software de la nave espacial. La NASA usó unidades del sistema internacional vigente en la inmensa mayoría de los países del mundo, y en la ciencia de todos, para calcular la dinámica de la nave espacial (en metros por segundo). Por su parte, la empresa Lockheed Martin fabricante del vehículo usó unidades inglesas (libras de fuerza) para especificar las propiedades correspondientes. Esto condujo a un error de cálculo de la trayectoria de la nave espacial, lo que provocó que entrara en la atmósfera marciana en el ángulo equivocado y se produjera el aborto de la misión.
Este es un costoso ejemplo del valor de la uniformidad en las unidades de medición para cualquier comparación, diseño, decisión o juicio que se deba hacer. Fue una enseñanza para los creadores de la nave y lo es también para nuestra vida práctica.
En un famoso libro, el intelectual israelita Y.N. Harari escribía1:
“El dinero fue creado muchas veces y en muchos lugares. Su desarrollo no requirió grandes descubrimientos tecnológicos: fue una revolución puramente mental. Implicó la creación de una nueva realidad intersubjetiva que solo existe en la imaginación compartida de la gente.
El dinero no son las monedas y los billetes. El dinero es cualquier cosa que la gente esté dispuesta a utilizar para representar de manera sistemática el valor de otras cosas con el propósito de intercambiar bienes y servicios. El dinero permite que la gente compare rápida y fácilmente el valor de bienes distintos (como manzanas, zapatos y divorcios), que intercambie fácilmente una cosa por otra, y que almacene la riqueza de manera conveniente. Ha habido muchos tipos de dinero. El más familiar es la moneda, que es una pieza estandarizada de metal acuñado. Pero el dinero existió mucho antes de que se inventara la acuñación, y ha habido culturas que han prosperado empleando otras cosas como dinero, como conchas, ganado, pieles, sal, grano, cuentas, tela y notas de pago. Las conchas blancas o cauris se utilizaron como moneda durante unos 4000 años en toda África, el Sudeste Asiático, Asia oriental y Oceanía. A principios del siglo XX, en la Uganda Británica todavía podían pagarse los impuestos mediante cauris”.
Efectivamente, el dinero de hoy cumple perfectamente su misión y cada vez más se parece a su concepto básico. Los que históricamente han guardado dinero en forma de papel moneda en una botija enterrada o debajo de la almohada no se han dado cuenta de que se trata solo de un símbolo, de un simple número impreso que solo adquiere valor cuando alguien lo acepta a cambio de determinados bienes o servicios. Por eso es igual que esté impreso en un billete de papel que inscrito en la memoria de una computadora. Si tiene cambio universal al ser aceptado por valores reales y por cualquier ente, es dinero.
En la historia de la Revolución Cubana las contingencias políticas marcadas por la hostilidad de la potencia más importante del mundo hicieron que nuestro peso cubano fuera regulado en su capacidad de cambio desde muy temprano en la década de los años 60 del pasado siglo. A esto se sumó la adopción de una práctica nefasta de las economías del experimento socialista europeo de regular el dinero en su cambio externo. Las administraciones burocráticas se acomodaban mejor a un dinero que solo lo fuera dentro de cada país. Hasta limitaron su capacidad de cambio internamente, lo que facilitaba presentar una imagen de progreso ocultando la de estancamiento o retraso. Hay estimaciones de que el producto interno bruto real de la URSS dejó de acelerar su crecimiento en los años 70 del pasado siglo y se estancó en los 80, pero nadie se dio cuenta.
Si a una moneda se le limita de cualquier forma su capacidad de cambio por lo que se desee, deja de ser dinero, y se pierden todas sus ventajas que lo hicieron tan útil desde hace más de 2500 años.
No es este el espacio para relatar la historia más reciente de nuestra moneda. Pero si podemos sacar de este razonamiento algo muy importante. La referencia de dinero con capacidad liberatoria ilimitada que tenemos internamente la estableció nuestro gobierno en 1993 cuando se permitió la libre circulación de dólar de los EEUU (USD) en el escenario donde la sociedad realiza todo valor: el mercado interno.
El peso cubano siempre ha tenido valor en ese escenario. Pero en condiciones del monopolio estatal del comercio y los servicios minoristas predominante hasta 1990, se regulaba por un sistema de balance entre precios y oferta, que más mal que bien podía sustentarse. El mercado informal, donde el dinero cubano adquiría cierto valor de cambio universal con el dólar era minoritario y podía obviarse en los balances macroeconómicos.
A partir de ese año de liberación del dólar como moneda de circulación interna, y siendo una moneda extranjera sin regulación nacional posible pero con aceptación en cualquier parte, se suele reconocer que la tasa de cambio de nuestro peso ha fluctuado desde un dólar por ocho pesos hasta las actuales.
Lo más grave es que hoy existen aproximadamente tres tasas de cambio del peso como dinero y todas son producto de regulaciones más o menos artificiales. La cercana a un dólar por 24 pesos de los salarios de los empleados del estado, la de cerca de un dólar por 120 pesos predominante en el cambio oficial de remesas y otros bienes y la ilimitada de más de 180 pesos por un dólar que es la que predomina en el llamado mercado informal. Lo verdaderamente notable es que ninguna de estas tasas permite saber cuánto vale un peso cubano, porque todas tienen algún tipo de regulación en su capacidad de cambio. Ni siquiera la del mercado informal puede cambiarse por lo que se desee, porque hay bienes y servicios que no admiten al peso cubano como dinero, en ninguna de sus evaluaciones.
Esto es particularmente grave en las llamadas relaciones macroeconómicas que obligatoriamente se construyen sobre las microeconómicas. Los desastres de evaluar empujes con dos patrones diferentes, como le ocurrió a la NASA en Marte, solo se pueden evitar usando patrones de medición reales cuyo valor sea único, con capacidad liberatoria ilimitada y con muy poca, si alguna, regulación.
La decisión de convertir al peso cubano en dinero ahora mismo parece ser la fundamental para que cualquier medida económica estructural en favor de la economía de todo el pueblo pueda ser exitosa. No es cosa, por supuesto, de un decreto impensado, pero si de una urgente y rápida acción abarcadora de tasas de cambio, mercado, pensiones y salarios que minimice los efectos inmediatos indeseados a cambio de poder gobernar realmente la economía nacional. Puede que una todavía pequeña protoburguesía se vea afectada, pero es justamente esa la que es preciso regular, y no la moneda, para preservar una democracia socialista verdadera.
La Habana, 19 de junio de 2023
Y. N. Harari, Sapiens. De animales a dioses: Breve historia de la humanidad, 8va. ed. (Penguin Random House Group, Barcelona, 2016)
viernes, 8 de julio de 2022
La caña: ¿Solo de azúcar?
La caña reina en ese proceso vegetal de convertir agua y CO2 en biomasa. Foto: CTC Ciro Redondo
La campaña mundial contra el consumo de azúcar ha sido feroz en diversas épocas, más o menos recientes. Se trata de que a los humanos nos gusta lo dulce porque fue determinante en la adaptación y supervivencia de nuestros ancestros.
Este tipo de alimentos dan energía inmediata a nuestro cuerpo. Los azúcares simples, que siempre saben dulce a nuestras papilas gustativas, pueden atravesar las membranas de túneles nanoscópicos a lo largo de todo el tracto digestivo que los filtran selectivamente y permiten pasar directamente a la sangre.
Entonces nuestros procesos bioquímicos se encargan de convertirlos rápidamente en aquellos, como la glucosa, que intervienen directamente en el metabolismo de las células.
Lo dulce se nos presenta en diversos productos naturales, pero nunca tan concentrado, puro, barato y disponible como en forma de azúcar refino.
El azúcar comercial blanco es un invento humano. Se trata de un producto orgánico muy natural donde la tecnología solo interviene para separarlo de su portador en la planta y presentárnoslo en forma de cristales muy puros. Parece que se produjo y usó por primera vez en la India hace unos 25 siglos cocinando el jugo extraído del tronco de una especie de pasto.
Ese vegetal se daba y sigue dando muy fácilmente en climas como el nuestro y el de muchas partes de la India. La ciencia lo llama hoy Saccharum officinarum. Para nosotros es la caña de azúcar, asociada para bien y para mal con nuestra historia y razón de ser como nación. Sus características han merecido mucha literatura científica.
Agua, sol, alta humedad ambiental, ausencia de heladas, y un mínimo de atenciones culturales, sobre todo cuando está brotando, son los ingredientes básicos para que un agricultor de nuestro entorno natural pueda cosecharla hasta siete veces en siete años con los rendimientos de cantidad de biomasa por hectárea más formidables de la naturaleza.
La caña reina en ese proceso vegetal de convertir agua y CO2 en biomasa. Ya en 1980 se publicó un interesante trabajo1 con datos comparativos que se resumen en la siguiente tabla:
| Materia prima | Rendimiento en toneladas de biomasa por hectárea por año |
| Caña de azúcar fresca | 60 – 100 |
| Yuca fresca | 10 – 20 |
| Papa fresca | 15 – 30 |
| Maíz seco | 2 – 7.5 |
| Trigo seco | 2 – 5.5 |
| Madera seca | 2 - 6 |
Ciertamente que un cultivo decente de la caña en Cuba puede producir de 60 a 100 toneladas por hectárea y es preferible no usar las palabras adecuadas para calificar que no ocurra así. En esta tabla la ciencia nos dice que, en términos de aprovechamiento de energía solar al año, la caña no tiene paralelo comercial en la naturaleza, aunque una parte de su peso sea del agua del guarapo, porque este tiene mucha materia seca disuelta y en suspensión.
Muchos dietistas del mundo han enfocado al azúcar en lo bueno y en lo malo. Quizás causalmente la “popularidad” de las campañas contra el azúcar ha coincidido con intereses comerciales y políticos en la historia reciente. Sería interesante buscar las adecuadas correlaciones y eso es materia de buenos historiadores.
Pero científicos destacados han publicado afirmaciones tan concluyentes como que “Concluimos que los azúcares agregados consumidos en las formas normales en que los humanos los consumen, en cantidades típicas de la dieta humana y durante el período de tiempo estudiado en ensayos controlados aleatorios, no tienen consecuencias adversas para la salud.”2
También, la práctica abrumadora de que nuestros macheteros cortando a mano miles de millones de toneladas de caña de azúcar por salarios ínfimos, o sin salario y con latigazos, durante siglos siempre supieron que sin consumir azúcar o jugo de caña no se sobrevive a ese trabajo. Y el pueblo de Cuba, que es de los que más azúcar consume por habitante en el mundo, es muy saludable.
La eficiencia de la caña en crear biomasa la convierte en la planta de nuestros tiempos cuando el problema ambiental más grave está en la concentración excesiva de gases como el CO2 en la atmósfera. Uno de sus secretos de eficiencia también se conoce: en la fisiología de microorganismos asociados con ella está la capacidad de producir naturalmente nitrógeno asimilable a partir del aire y eso ha sido estudiado también por científicos cubanos3.
Ese es un privilegio que siempre se consideró exclusivo de otra familia de plantas, las leguminosas, a la que pertenecen los frijoles, los chícharos y… el marabú.
Nuestra caña es un regalo natural que consume CO2 de la atmósfera para producir abundante materia orgánica. Y esa se puede quemar en una caldera, como bagazo, para producir electricidad sin aumentar la contaminación, transformar en las células de nuestro organismo, como azúcar, para alimentarnos y beber, como alcohol, para pasar un rato agradable.
Puede usarse también como comida animal, a partir de las mieles resultantes y de su celulosa, para proporcionarnos sus proteínas. Tiene muchos más usos, algunos poco conocidos.
Para todos estos fines asociados con la caña de azúcar y muchos más existen tecnologías bien conocidas y pueden desarrollarse otras. En muchas de ellas los cubanos hemos sido exitosos durante mucho tiempo.
Se ha invertido mucho en Cuba, sobre todo después de 1959, para la ciencia y la tecnología en esos aspectos. Sin embargo, no hemos podido aquí alcanzar la trascendencia social y económica que nuestra ciencia ha logrado en otros terrenos.
Pueden argumentarse muchas causas de este fenómeno negativo, pero ese ejercicio es útil solo para corregirlas porque el tiempo no puede dar marcha atrás. Solo queda el futuro y la caña, sin dudas, lo tiene.
Referencias:
- Starcosa-GmBH; Misselhorn, K., Äthanol als Energiequelle und chemischer Rohrstoff. Die Branntweinwirtschaft 1980, 120 (1), 2-10.
- Rippe, J. M.; Angelopoulos, T. J., Sugars and Health Controversies: What Does the Science Say? Adv Nutr 2015, 6 (4), 493S-503S.
- Pérez, J.; García, R.; Casas, M.; Medina, M.; Veguilla, M.; Fernández-Vega, Z., Evaluación de Acetobacter diazotrophicus en tallos y meristemos de variedades de caña de azúcar cubanas. Revista CENIC Ciencias Biológicas 2001, 32 (3), 139-141.
jueves, 23 de junio de 2022
El petróleo cubano y la producción de energía eléctrica sin apagar el futuro
Termoeléctrica Antonio Maceo. Foto: ACN.
La generación de electricidad con plantas termoeléctricas tradicionales se realiza en varios pasos: i) producir vapor de agua a presión, ii) usarlo para activar las turbinas, que son rotores con veletas que se mueven por impulso de chorros de fluidos a presión; iii) producir electricidad con esa rotación en forma de corriente alterna al mover campos eléctricos y magnéticos, unos con los otros.
Todos estos pasos en una industria requieren mantenimiento de sus componentes. Pero la parte más sometida a desgaste es la caldera donde se produce el calor para calentar el agua y evaporarla. Es un infierno donde se busca de alguna forma producir la mayor cantidad de calor posible y transferirlo eficientemente al agua. Hoy existen varios métodos comerciales para ello, incluyendo el aprovechamiento de la energía solar y de la fisión nuclear. Pero en Cuba usamos fundamentalmente todavía la tradicional de “quemar” algo, que puede ser petróleo, o una fracción procesada de este, o bagazo de caña y otros residuos agrícolas.
Es inevitable que nos venga a la mente lo bueno que sería usar los rayos de ese sol nuestro tan intenso para concentrarlos y evaporar el agua que moviera las turbinas. Existen fábricas que lo hacen. Están situadas en desiertos donde el uso del terreno no es costoso y las nubes son escasas. Se cubre un área de espejos que apuntan a un concentrador donde se calienta el agua hasta producir vapor para las turbinas.
Pero nosotros no podemos darnos el lujo de usar inmensas áreas para ello. Además de que solo funcionan de día, y preferiblemente sin nubes Tampoco tenemos reactores nucleares que podrían producir el calor. Por otra parte, nuestra biomasa principal renovable que podemos quemar, que es el bagazo de la caña de azúcar, no la hemos desarrollado suficientemente para este propósito y más bien está escaseando. Eso da para otro artículo.
El petróleo es esencialmente una mezcla de compuestos químicos donde predominan con mucho los de carbono (C) e hidrógeno (H). Cuando estos se queman producen calor, agua y CO2, todo en forma gaseosa. Pero las mezclas del petróleo natural varían de acuerdo con sus yacimientos y los cubanos no hemos tenido mucha suerte de que la naturaleza nos proveyera de grandes cantidades de petróleo, ni siquiera de uno que fuera razonablemente viscoso y “puro” de compuestos de H y C. Al menos hasta ahora.
Las refinerías de petróleo tienen instalados muchos procesos que permiten que del petróleo crudo se puedan sacar los componentes más “ligeros” o evaporables que predominan en la gasolina y en el gas de propano-butano, y los más pesados, que comienzan con el combustible de aviones y terminan con el llamado “fuel oil”, pasando por el diésel. Es el “fuel” el que se usa en las calderas para la producción de electricidad de este mundo. Se trata de lo que queda después de quitar las “fracciones” menos pesadas, pareciéndose cada vez más al asfalto, pero con cierto nivel de purificación, pues se han eliminado bastantes compuestos metálicos y de azufre que son indeseables para la combustión.
Nuestro petróleo es en general muy viscoso. Resulta muy difícil de refinar y de purificar por razones físicas que derivan en barreras tecnológicas. Para ello, se suele hacer más fluido mezclándolo con petróleos menos viscosos. Si se quema directamente, tal y como estamos haciendo actualmente en nuestras plantas termoeléctricas, lo que produce la mayor cantidad de calor es todo lo que se basa en carbono e hidrógeno.
Pero en ese infierno de las calderas las impurezas con otros elementos también se transforman produciendo sustancias que pueden incrustar con verdaderas piedras el recinto de combustión. Algunos de esos productos dan reacción ácida, otros alcalina, pero todos conspiran contra la caldera en ese caos de reacciones químicas que es el plasma ígneo. Otros productos indeseables son óxidos gaseosos de azufre que pasan a la atmósfera y cuando se mezclan con el agua de lluvia la acidifican, contaminando así la tierra. También se produce sulfuro de hidrógeno (SH2), muy venenoso y afortunadamente apestoso, por lo que los humanos lo detectamos muy fácilmente y así lo rechazamos si podemos y evitamos morir intoxicados.
¿Tenemos soluciones para seguir produciendo energía soberana sin dañar la industria? Tienen que existir. Una puede ser la de usar o desarrollar procesos que permitan desulfurizar y reducir metales en el petróleo viscoso. No somos los únicos que tenemos este problema. Existen tecnologías más o menos eficientes y también literatura que las explican. Desafortunadamente, no parece ser un problema resuelto totalmente. Otra es yendo al seguro, pero con efectos a mediano y largo plazo. Tenemos que cambiar radicalmente desde ya nuestra matriz de producción de energía con metas realmente ambiciosas, a la altura de los tiempos y como corresponde a un proceso revolucionario.
Pero ahora mismo y solo disponiendo de nuestro petróleo pesado es preciso hacer un importante esfuerzo de inteligencia y despliegue tecnológico. Puede ser logrando una refinación viable y tener el mejor “fuel” posible, aunque no sea óptimo. Puede ser rediseñando las calderas para que las incrustaciones y otros efectos indeseables se puedan enfrentar mejor. Puede ser que de las dos formas combinadamente. Puede ser con otras alternativas, siempre con un enfoque sistémico y no reduccionista. Pero hay que hacer algo porque es preciso producir la energía con las plantas que tenemos y no condenarlas a muerte. “Nunca es tarde si la dicha es buena” reza un viejo refrán. Queda mucho petróleo viscoso e impuro para usar.
El cambio total de nuestra matriz energética es de obligado enfrentamiento. La humanidad se ha dado cuenta del inmenso daño que le hemos hecho al entorno arrojando indiscriminadamente millones de toneladas de carbono en forma de CO2 y otros gases a la atmósfera en solo un siglo. Ya existen convenciones internacionales que penalizan el consumo de petróleo para la producción de energía y premian a las fuentes alternativas. Estas, por otra parte, son cada vez más variadas y eficientes, desde paneles que producen electricidad de la luz solar con excelentes prestaciones y cada vez más baratos hasta parques eólicos gigantes que usan el viento de los mares, el mismo que se desperdicia desde que la navegación a vela dejó de predominar.
Lo que si debemos aprender de una vez es que las soluciones son diversas como la vida misma. No se pueden basar solo en generación distribuida moderna y eficiente, ni solo en parques solares, ni solo en estaciones eólicas costeras, ni solo en techos domésticos que masivamente se autoabastezcan de energía y pongan la sobrante a disposición de la red, ni solo en las futuras plantas de fusión nuclear. Una combinación inteligente, como le toca a una sociedad que se precia de valorar los intereses de todos como prioridad, acelerada y a la altura de los tiempos seguramente que nos traerá bienestar y soberanía energética a los cubanos. Solo tenemos que seguir ideas e iniciativas que seguramente ya existen en las mentes de muchos de nuestros conocedores y promover innovaciones que seguramente aparecerán, si se gestionan bien.
domingo, 16 de enero de 2022
Inflación ¿minorista?. Comentario HHC
martes, 26 de octubre de 2021
La industria azucarera, las cinco vacunas y la diversidad de la gestión
Por: Luis A. Montero Cabrera
Avanza recuperación de industria azucarera de Villa Clara. Foto: Arelys María Echevarría / ACN
Las condiciones socio-geográficas que los cubanos enfrentamos desde hace siglos nos han conducido a probar diversos intentos de solución para cualquiera de los múltiples problemas que hemos afrontado y seguimos afrontando, desde una monarquía que gobernó a distancia y sin internet durante siglos hasta los huracanes que han ocurrido siempre. La condición de ser un país en una isla pequeña, sin suficientes recursos energéticos minerales, relativamente nuevo en su identidad cultural y demasiado cercano y relacionado con el país más poderoso y rico del mundo han hecho que la historia de los últimos dos siglos y lo que va de este esté llena de “vacas gordas” y “vacas flacas”. Si seguimos flotando en el Caribe es precisamente porque lo probamos todo hasta que encontramos la fórmula adecuada. Así ocurrió con la independencia y también con la Revolución que comenzó en 1959.
Después de uno de esos períodos muy sangrientos y corruptos, cuando los derechos humanos más elementales de los cubanos eran pisoteados, se dieron al fin las condiciones políticas para que como nación consolidada empezáramos a transitar un camino seguro en ese año. Queríamos crear justicia y bienestar para todos y de una vez por todas. Pero tal condición de independencia era incompatible con intereses creados internos y externos que no estuvieron dispuestos a sacrificar sus privilegios. Por ello hemos sido y seguimos castigados con el más brutal cerco económico y financiero que país alguno haya sufrido en la historia. Esto lo ha afectado todo. Ni siquiera pudimos seguir un camino sin perturbaciones para los fines naturalmente progresistas y de justicia social que se propuso la Revolución, porque esta se vio obligada a muchos compromisos y a tomar medidas a veces muy restrictivas para blindarse ante la agresividad de la potencia extranjera y sus sirvientes. Aun así, y por la creatividad y diversidad de nuestro pueblo, pudimos avanzar mucho en las hermosas metas de una sociedad más justa y beneficiosa para todos.
Entre las tantas formas de gestionar que se fueron entronizando en este largo proceso de cerco externo y supervivencia apareció la de concentrar esfuerzos y recursos para conseguir objetivos. Para muchos, los principales éxitos de la Revolución Cubana han sido sus sistemas nacionales de salud y educación universales y gratuitos, y la seguridad social, también universal y al alcance de todos. Ninguno de estos incuestionables logros podía alcanzarse sin una gestión organizacional unitaria, centralizada y concertada, de naturaleza social.
Sin embargo, la aplicación de este principio tan válido puede ser efectiva para algunos sistemas de la sociedad y no para otros. El caso de nuestra industria azucarera puede ser un claro ejemplo. Reducir administrativamente un central azucarero a una simple unidad empresarial de base no lo hizo mucho más independiente que una pizzería municipal. Los ingenios, el transporte ferroviario y autónomo, los talleres, los sistemas de dirección y manutención de la fuerza de trabajo, así como el cultivo y la recolección de la caña quedaron a las órdenes de una empresa provincial organizada por límites territoriales políticos y no cañeros. Todo pertenecía además a un único conglomerado nacional, que suele aparecer o confundirse con un ministerio de gobierno, lo que le ha dado carácter político a un sistema que debe ser eminentemente empresarial.
Lamentablemente, lo que aparecía como un esquema con elegante verticalidad no fue una fórmula de éxito, pues los problemas organizacionales y de liderazgos gerenciales y tecnológicos en las tan diversas bases se reflejaron negativamente en la actividad productiva. Nuestra industria cañera declina desde hace décadas en una caída libre que todos esperamos que alcance una inflexión en el menor plazo posible, porque la tierra y el clima siguen esperando por ella.
Afortunadamente, ya esta zafra comienza con otra estructura bastante diferente, diversa y descentralizada. Su éxito será más fácil pero los hombres que gestionan y hacen se deberán colocar ahora mucho más a la altura de sus responsabilidades.
Los científicos solemos estar muy impregnados y conscientes de algunas leyes de la naturaleza. La debida combinación de la unidad y la diversidad, esa que Martí admirara en el universo, gobierna los procesos de forma muy hermosa y coherente. El fenómeno de la vida se mantiene en este mundo a pesar de varios cataclismos y extinciones masivas en los últimos 3700 millones de años. Esto ha sido tanto por la auto estabilidad energética de los sistemas que la componen, que se parece al cumplimiento de la primera ley de la Termodinámica, como también por la diversidad de sus formas, que superviven mejor en la medida en la que se adaptan a su entorno, lo que se parece al cumplimiento de la segunda ley.
En el caso de nuestra conducción de la crisis de la pandemia COVID 19 estamos siendo testigos ahora mismo de que la política de una diversidad debidamente modulada y combinada con la regulación central, conduce a éxitos que de otra forma no hubieran podido obtenerse. Nadie duda que la conducción unitaria y central del país en el enfrentamiento ha sido decisiva. Nadie duda tampoco que el desarrollo de cinco candidatos vacunales por dos organizaciones diferentes en paralelo, cooperando y también compitiendo adecuadamente, está siendo la clave del triunfo definitivo. 14649 cubanos más estarían muertos a 10 de octubre de 2021 si nuestro sistema para curarlos de COVID 19 fuera del promedio mundial. Nuestro imbatible éxito de tener y mantener ahora mismo una de las tasas de letalidad más bajas y de vacunación más altas del mundo está soportado por una política organizacional central y también diversa, donde nada ha predominado sobre algo por otra razón que no fuera el éxito comprobado.
¿Cuántas gerencias de toda la vida socioeconómica de nuestro país requieren de un enfoque similar? Lo que sí parece claro es que la noción de que solo se alcanza eficiencia centralizando y uniformando, concentrando producciones o servicios en un solo ente, no es una fórmula de éxito seguro, al menos en la vida civil.
Las trascendentales medidas económicas que se han venido tomando en los últimos meses conducen también a la regularización del sector privado de la economía cubana que ya debe estar superando ser su tercera parte en términos de empleo. Esto hace que el componente mayoritario en propiedad de todo el pueblo tenga que adoptar formas de gestión que deben ser competitivas y quizás diametralmente diferentes a las que se podían concebir cuando se trataba de casi toda la economía en manos del estado, no hace tanto tiempo.
La concepción de un ministerio, que es una organización reguladora gubernamental por definición, gestionando una actividad empresarial de forma abarcadora y vertical en todo el país no puede ser viable con vistas al futuro. Se afectaría negativamente tanto su actividad de ministerio como de empresa. La existencia de organizaciones superiores de dirección empresarial únicas y nacionales por actividades puede ser muy favorable para la colaboración, pero afecta fatalmente la competitividad y la iniciativa en las bases y localidades. La existencia de obligadas estructuras administrativas intermedias para sostener estas centralizaciones irremediablemente hace que se generen regulaciones y procedimientos que la burocracia necesita para mantenerse, crecer y multiplicarse.
Ahora la competencia se va a expresar como un componente que puede ser inconveniente como elemento dominante, pero cabe poca duda de que es deseable como elemento propulsor. La empresa y el capital de todo el pueblo no pueden quedar desfavorecidos en este nuevo escenario manteniendo estructuras y esquemas de gestión que se hacen obsoletos. Es preciso cambiarlo todo y con ello las formas de selección y evaluación de los cuadros que son servidores públicos que gestionan los recursos de todos nosotros. El reto es muy grande, pero tenemos que afrontarlo para que sea todo el pueblo de Cuba el que se beneficie y no solo unos pocos, que sería el caso de un fracaso que nos condujera de nuevo al capitalismo brutal.
sábado, 17 de abril de 2021
La Ciencia y la Empresa: Una dirección con doble sentido
Por: Luis A. Montero Cabrera, Cubadebate
El artículo 32 de nuestra constitución expresa: “El Estado orienta, fomenta y promueve la educación, las ciencias y la cultura en todas sus manifestaciones.” Además, en su política educativa, científica y cultural se atiene a postulados entre los que se encuentra “f) la actividad creadora e investigativa en la ciencia es libre. Se estimula la investigación científica con un enfoque de desarrollo e innovación, priorizando la dirigida a solucionar los problemas que atañen al interés de la sociedad y al beneficio del pueblo;”.
Nuestra Ley Suprema establece así el derecho y deber de los cubanos a buscar el conocimiento verídico y comprobable sin otro límite que la verdad y a desarrollar nuestra creatividad innovadora en toda su potencialidad. Además, el estado asume la responsabilidad de promover aquéllas investigaciones e innovaciones que se dediquen al bien de todos.
Un artículo publicado en la revista TEMAS en 20121 se refería a que el discurso generalizado de entonces, desde las instancias de dirección política y económica, con frecuencia pedía a la ciencia que produjera resultados para resolver los problemas de la economía y, a menudo, hasta que los introdujera en la práctica social, en un esquema de ciclo cerrado. A simple vista, esta era una argumentación irrefutable para un país necesitado de desarrollo y un gobierno honestamente empeñado en ello. Sin embargo, contiene un presupuesto insalvable. Es más que evidente que los científicos por si solos no cuentan con herramienta alguna para determinar lo que es realmente necesario a la economía en cada caso de los muchos y muy diversos posibles. Tampoco suelen estar capacitados ni pueden movilizar medios para implantar los resultados en la mayor parte de los escenarios económicos y sociales, donde los que toman decisiones están guiados por otros cánones.
Afortunadamente, estos conceptos han evolucionado de forma radical y positiva hacia nuestros días. Hemos conocido el hecho bastante insólito en el escenario mundial de que el presidente de la República de Cuba defienda su doctorado en pleno ejercicio de sus funciones, en medio de una pandemia absorbente, y nada menos que tratando el problema de la innovación en la sociedad.
En un artículo clave2 que ha dado lugar a su tesis se expresa: “Es importante que todos comprendamos que el conocimiento, la ciencia, la tecnología y la innovación son decisivos para el avance exitoso de nuestro programa de desarrollo. La lucha por el desarrollo, la independencia y la soberanía, como siempre insistió nuestro Comandante Fidel Castro exige la creación y movilización de capacidades de CTI (ciencia, tecnología e innovación). Esta debería ser una convicción compartida por todos: pueblo, Gobierno, empresarios, científicos, profesores, maestros, campesinos.”
El corazón del trabajo apunta justamente a resolver algo que, aunque sea evidente, se había estado ocultando detrás de tradiciones inconvenientes, incapacidad de dirección, desidia, facilismo y burocratismo. La ciencia y la empresa que produce valor económico están unidas por un segmento horizontal, una sola dirección, pero con doble sentido. Es tan importante que la ciencia tenga en cuenta a la economía al abordar los objetos de investigación como que la empresa necesite y use a la ciencia para mantener la innovación y con ello la eficiencia, el progreso y la competitividad. Si el estado socialista necesita de ello, la promoción, estímulo y gestión debe ser igualmente dirigida a los creadores de saberes para que se enfoquen en lo importante y a los empresarios para que lo demanden y sean así cada vez más competitivos y eficientes. Una conexión íntima e intensa en esa dirección y en los dos sentidos es indispensable.
Los mecanismos que hacen exitosa a una empresa capitalista no son exclusivos de ese sistema social cuando se trata de la libertad y el bienestar de las personas. Lo exclusivo y rechazable del capitalismo es la explotación y robo del trabajo de los seres humanos, y todas las nefastas consecuencias de esta lamentable verdad. El capitalismo que se desarrolla con relativo éxito en los tiempos actuales usa la sabiduría para ser competitivo, pero con la finalidad última de enriquecer personas que se apropian del trabajo de los demás. Una política socialista consecuente debe usar los mecanismos sin etiquetas que sean necesarios, y sobre todo el tan humano conocimiento científico, para el progreso y usar entonces los recursos que se logren en bien de toda la sociedad. ¿No resulta obvio?
Notas:
1. Montero Cabrera, L. A., Visión de la ciencia y la tecnología: problemas actuales. TEMAS 2012, (69), 4-11.
2. Díaz-Canel Bermúdez, M., ¿Por qué necesitamos un sistema de gestión del Gobierno basado en ciencia e innovación? Anales de la Academia de Ciencias de Cuba 2021, 11 (1).
domingo, 26 de julio de 2020
El dinero que necesitamos
Por alguna razón, en lugar de una moneda neutral usamos la de un país que nos suele agredir más o menos en dependencia de los vientos que soplen para espurios intereses electorales de un estado cercano. Y no tardaron en hacerlo gracias a su sector de poder que es intrínsecamente un enemigo ideológico y está además muy temeroso del ejemplo de una Revolución Cubana exitosa.
viernes, 10 de julio de 2020
¿Producir todos los alimentos que necesitamos con la misma economía, con las mismas estructuras y haciendo lo mismo? (V) Integralidad
La eficiencia energética es un capítulo especial de esa eficiencia, así como también la responsabilidad ambiental. Foto: Carlos Cánovas/ Granma.
Una visión sistémica obliga a repensar las estructuras y las relaciones económicas buscando lo esencial, que es una conexión cercana y lo más directa posible entre el productor y los consumidores, sean estos mayoristas o minoristas, nacionales o extranjeros. Esto implica diversidad, complementariedad, competitividad y sinergias de colaboración. La misión del productor debe ser, indiscutiblemente, producir lo más posible de aquello que proporcione los mayores beneficios, para lo que se encuentre mejor preparado y más convenga a las necesidades del país.

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