Fidel


"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." ""Creo que mientras más critica exista dentro del socialismo,eso es lo mejor" Fidel Castro Ruz
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martes, 11 de agosto de 2026

El legado de Fidel nos interpela hoy con más fuerza que nunca

 Por: Miguel Díaz-Canel Bermúdez

 


Miguel Díaz-Canel Bermúdez, primer secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y presidente de la República. Foto: Dunia Álvarez Palacios

Conferencia Magistral de Miguel Mario Díaz-Canel Bermúdez, Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente de la República, en la inauguración del I Coloquio Internacional Fidel: legado y futuro, en el Palacio de Convenciones, el 10 de agosto de 2026, “Año del Centenario del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz”.

(Versiones Taquigráficas - Presidencia de la República)

Queridas hermanas y hermanos;

Distinguidos académicas y académicos, intelectuales, artistas, líderes sociales y políticos, jóvenes estudiantes, compañeras y compañeros que han venido desde los cinco continentes a compartir esta semana de reflexión profunda sobre el hombre que marcó el siglo XX y cuyo pensamiento ilumina el siglo XXI:

En nombre del pueblo cubano y de su Partido Comunista, reciban el abrazo más sincero que puede ofrecer una isla que no olvida a sus amigos.

Agradecemos que hayan hecho suyo el esfuerzo de estar aquí, desafiando distancias, campañas de desinformación y, en muchos casos, presiones de sus propios gobiernos.

Su presencia en Cuba es un acto de valentía y de coherencia, porque venir a Cuba hoy, en medio del recrudecimiento del bloqueo y de la hostilidad imperial, es un gesto de solidaridad militante que honra el legado de Fidel.

¡Felicidades, compañeras y compañeros, fidelistas de Cuba y el mundo que nos juntamos para celebrar cien años de una vida consagrada a la defensa de todas las causas justas!

Mis palabras no pretenden ser una conferencia magistral. No me propongo disertar, ni podría, sobre la vida y la obra de un líder de la estatura moral y ética del Comandante en Jefe de la Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz, el hombre que se negó a ser honrado con monumentos y estatuas, pero no pudo evitar que millones de compatriotas cubanos, de compatriotas de Nuestra América y de compatriotas del mundo honren cada día su memoria y su legado asumiendo y multiplicando sus ideas.

¡No hay mejor ni más sólido monumento que el que ustedes han levantado con su valiente presencia aquí, en la Cuba de Fidel, en su Centenario!

Lo que pretendo compartir con ustedes son solo ideas que brotan sin más orden que el que le ponen los sentimientos, la emoción y el compromiso revolucionario al privilegio de hablar de Fidel.

Estudiar y asumir con convicción la obra inmensa del Comandante en Jefe, tanto en pensamiento como en acción, es una necesidad imperiosa para todos los que estamos empeñados en promover transformaciones económicas y sociales que detengan el proceso de asfixia al que está siendo sometida la Revolución Cubana, como parte de una criminal guerra que dura ya más de seis décadas.

Salvar la Revolución Cubana de una de las amenazas más graves que haya enfrentado en 67 años, bajo agresiones de todo tipo, es el mayor desafío de nuestra generación y nos honra asumirlo convencidos de que venceremos. No se trata de una certeza sin fundamento. Contamos con una historia preñada de heroísmo, un pueblo entrenado en la resistencia y el legado de un líder que, siempre al frente de ese pueblo, convirtió los reveses en victorias.

Preservar las conquistas que dieron a este heroico pueblo la Revolución y el socialismo, romper todos los cercos que pretenden aniquilar a la nación como castigo colectivo por su dignidad, su resistencia y su decisión de no rendirse al más poderoso imperio de la historia, es el primer homenaje que le debemos a Fidel, nacido hace 100 años en un país marcado por la injusticia, la desigualdad y la dependencia, dolorosa realidad que él se prometió cambiar desde sus años de universitario rebelde y locuaz.

Del Aula Magna descendió convertido en revolucionario para encender las antorchas del Centenario del Apóstol, aquel que más tarde y muy joven aún devendría jefe del Movimiento 26 de Julio de 1953, que se lanzó contra los cuarteles de una dictadura sanguinaria y proimperialista para iniciar otra Guerra Necesaria.

El brillante abogado que convirtió su autodefensa en Programa político de su Movimiento, el tenaz prisionero que venció a sus carceleros transformando el Presidio Modelo en escuela de combatientes, el fundador de un ejército del pueblo que derrotó en dos años a un ejército profesional que poseía varias veces el número de sus fuerzas, el Comandante en Jefe que puso a Cuba en el mapa del mundo y llenó de esperanzas a los pueblos del continente, tenía ya un lugar en la historia cuando con solo 34 años estremeció a la Asamblea General de las Naciones Unidas con el discurso más largo y trascendente que se había pronunciado allí hasta entonces.

En aquella apasionada explicación de nuestra historia Fidel argumentó al mundo el panorama que encontró la Revolución triunfante en Cuba, que la propaganda de laboratorio de la guerra mediática actual pretende describirles a las nuevas generaciones como la Cuba próspera y deslumbrante de antes de 1959:

Seiscientos mil cubanos con aptitudes para el trabajo no tenían empleo.

Tres millones de personas, de una población total de algo más de 6 millones, no disfrutaban de luz eléctrica ni de ninguno de los beneficios y comodidades de la electricidad.

Tres millones quinientas mil personas vivían en cabañas, barracones y tugurios sin las menores condiciones de habitabilidad.

En las ciudades los alquileres absorbían hasta una tercera parte de los ingresos familiares.

Treinta y siete y medio por ciento de la población era analfabeta.

El 70 % de los niños de las zonas rurales no tenía maestros, y el 95 % padecía de parasitismo.

El 2 % de la población padecía de tuberculosis.

La mortalidad infantil, por tanto, era muy alta, y el promedio de vida de la población era muy bajo.

El 85 % de los pequeños agricultores pagaban rentas por la posesión de sus tierras, que ascendían hasta un 30 % de sus ingresos en bruto, mientras que el 1,5 % del total de propietarios controlaba el 46 % del área total de la nación.

Los servicios públicos, compañías eléctricas, compañías telefónicas, una gran parte de la banca, una gran parte del comercio de importación, las refinerías de petróleo, la mayor parte de la producción azucarera, las mejores tierras de Cuba y las industrias más importantes en todos los órdenes eran propiedades de compañías y monopolios norteamericanos.

Ni de la Revolución Cubana ni de Fidel podrá hablarse nunca desconociendo esa realidad, ese punto de partida, ese estado de cosas que demandó la transformación más radical del siglo XX en este lado del mundo.

Basta repasar las estadísticas actuales del país, incluso bajo las terribles restricciones que imponen más de seis décadas de bloqueo económico, financiero y comercial y siete meses de cerco energético, incluso en medio de los duros apagones, la falta de agua, los altos precios y otros problemas que dañan las esencias: los índices de salud, educación, ciencia, cultura, deporte, siguen siendo mejores que en otros países de similar desarrollo.

Por mencionar solo tres: somos el país de mayor tasa de médicos por habitantes, más de 9 por cada mil habitantes; uno de los diez con mayor esperanza de vida en el continente americano, con 77,7 años, y el que más ha aportado a la salud y a la educación de su población y de otras naciones, según criterios de la Organización Mundial de la Salud y la Unesco.

La gran obra social y humanística de la Revolución liderada por Fidel Castro, siempre bajo bloqueo y asedio, cambió tan radicalmente aquel panorama descrito por él en la Organización de las Naciones Unidas, en septiembre de 1960, que para siempre hará imposible el retorno de Cuba al pasado colonial y neocolonial.

Fue allí donde Fidel dejó dicha una de las más exactas ideas sobre los problemas del mundo que, en lugar de resolverse, se agravarían con la desaparición del campo socialista y la imposición de la unipolaridad. Cito su histórico discurso en la ONU en 1960:

“Las guerras, desde el principio de la humanidad, han surgido, fundamentalmente, por una razón: el deseo de unos de despojar a otros de sus riquezas. ¡Desaparezca la filosofía del despojo, y habrá desaparecido la filosofía de la guerra! ¡Desaparezcan las colonias, desaparezca la explotación de los países por los monopolios, y entonces la humanidad habrá alcanzado una verdadera etapa de progreso!”

El legado de Fidel nos interpela hoy con más fuerza que nunca. Comparto con ustedes algunas ideas que considero fundamentales.

¿Qué nos legó el Comandante en Jefe? Nos legó la certeza de que los sueños se conquistan defendiendo las ideas; nos dejó la lección de que el internacionalismo es una actitud que nos debe distinguir; nos enseñó la convicción de que el socialismo es el único camino para salvar a la humanidad del abismo.

Fidel fue el primero en denunciar la globalización neoliberal como el imperio de la muerte, y también el primero en alzar la voz por un mundo mejor para todos.
Nos enseñó que la lucha por la preservación del medio ambiente y de la especie humana es también una batalla socialista, que la ciencia debe estar al servicio del pueblo, que la unidad de los revolucionarios es más importante que cualquier diferencia táctica.

En Fidel encontramos no solo a un líder historico, sino una escuela perenne de trabajo revolucionario: estudiar, analizar, prever, escuchar al pueblo y actuar con audacia y honestidad.

Fidel dirigió los destinos de Cuba con una coherencia que no tiene paralelo en la historia contemporánea. Pero no fue solo un dirigente y un líder; Fidel fue un trabajador incansable, un estudiante permanente, un orador que movía multitudes, un estratega que anticipaba el futuro.

Fidel nos legó una manera de pensar y actuar. No dejó recetas; dejó un método. Y ese método nació de la praxis, no solo de las bibliotecas.

Cuando Fidel formuló en su alegato del 16 de octubre de 1953 las cinco leyes revolucionarias: reforma agraria, derechos laborales, reforma urbana, confiscación de bienes malhabidos y participación industrial, no estaba elaborando un programa doctrinario importado de manual alguno; estaba diagnosticando las enfermedades estructurales de una economía subdesarrollada y dependiente.

Ese método: diagnóstico riguroso, propuesta programática y acción decidida, se repitió en cada encrucijada. En la Sierra Maestra el principio de no esperar a que termine la guerra para empezar a producir articuló la lucha armada con la construcción económica. En 1960 con la nacionalización del subsuelo convirtió la soberanía en propiedad colectiva. En 1961, en Playa Girón, demostró que un pueblo armado y consciente puede derrotar al imperialismo.

Fidel comprendió algo que muchos teóricos no lograron ver: que la economía no es una esfera autónoma separada de la política, sino su expresión material, sintetizada en su formulación: “no hay economía sin política, ni política sin economía”.

Esta idea constituye un legado metodológico: pensar la economía como expresión de un proyecto político y la política como instrumento de transformación económica. No separarlas, no contraponerlas, al contrario, articularlas.

Desearía ampliar también en otros legados.

El legado de la coherencia y de la ética: Fidel predicó con el ejemplo. No acumuló riquezas, no traicionó sus principios; vivió como pensó y murió como vivió. Eso en un mundo donde la política se ha vuelto un espectáculo de hipocresía es un desafío permanente a la conciencia.

El legado de la audacia intelectual: Fidel fue un lector incansable, un hombre que dialogaba con científicos, economistas, artistas, deportistas y campesinos. Nos enseñó que el socialismo no es un dogma, sino una ciencia en construcción, que debe adaptarse a las realidades concretas sin renunciar a los principios. Hoy, cuando el capitalismo digital nos impone nuevas formas de enajenación, su llamado a ¡estudiar!, ¡estudiar!, ¡estudiar!, resuena como una advertencia: ¡no hay revolución sin conocimientos!

El legado del internacionalismo: Fidel no entendía la Revolución Cubana como un hecho aislado. Para él, patria era humanidad. Por eso apoyó las causas por la liberación de los pueblos africanos, de Palestina, denunció el apartheid y el genocidio; alzó su voz contra la guerra de Irak y contra el bloqueo y la apropiación colonial de cualquier pueblo del mundo.

El legado del optimismo revolucionario: Fidel nunca fue un pesimista. En los días más oscuros, cuando el campo socialista se derrumbaba y el bloqueo se recrudecía, él mantenía su fe en el ser humano y en la historia. Nos enseñó que el optimismo revolucionario no es ingenuidad, sino convicción inquebrantable en la victoria.

El pensamiento y la práctica de la estrategia militar en Fidel ocupan un importante lugar en su legado.

En breve síntesis podemos señalar que fue un maestro de la lucha guerrillera que nos condujo al triunfo del Primero de Enero de 1959. Un profundo estudioso del arte militar contemporáneo que realizó verdaderos aportes en la concepción de las más importantes contiendas militares desarrolladas en nuestras misiones internacionalistas. La batalla de Cuito Cuanavale, dirigida personalmente por el Comandante en Jefe, mostró sus cualidades de estratega militar. Concibió la doctrina de la Guerra de Todo el Pueblo.

Fidel veía la soberanía no como un estado alcanzado, sino como un proceso que se conquista y se defiende en múltiples frentes simultáneamente: la defensa y la seguridad del país, el frente económico, el frente ideológico-cultural, el frente internacionalista y de solidaridad, el frente científico y el frente de la política exterior y las relaciones internacionales.

Su sistema de trabajo se basaba, en nuestra opinión, en cuatro principios:

La prioridad de lo político. Toda decisión económica es una decisión política.

La secuencia táctico-estratégica. Las tácticas cambian, los principios no: soberanía, justicia social, antimperialismo, internacionalismo, solidaridad.

La movilización popular como recurso estratégico. La disciplina y la participación impuesta desde arriba es frágil; la disciplina y la participación popular asumida colectivamente es indestructible.

La innovación bajo restricción. La escasez no es solo una carencia, es un estímulo para la creatividad.

Fidel lideró una generación, la llamada Generación del Centenario de José Martí, una decidida tropa de mujeres y hombres que no pueden separarse de la historia, que desde el asalto al Moncada, el desembarco del Granma y la Sierra Maestra compartió con él la dirección de los procesos transformadores de la Revolución. Y esa generación que integraron jóvenes de nombres ya históricos: Fidel, Raúl, Che, Almeida, Ramiro, Guillermo, Vilma, Celia, Haydée, Melba y tantos otros, conectó con las necesidades y demandas de un pueblo entero dispuesto a dar la vida por la dignidad conquistada.

Fidel comprendió, como pocos, la necesidad de articular la firmeza ideológica con la flexibilidad táctica.  Él nos enseñó que “el marxismo-leninismo no es una doctrina muerta; no es un catecismo, sino un método, una guía, un instrumento para resolver concretamente los problemas de la vida”.

En cuanto a sus cualidades como estratega que anticipaba el futuro no hay ninguna duda, pero tampoco misticismo en la afirmación. Estudioso profundo de la realidad nacional e internacional, que seguía al detalle a través de todos los medios posibles, él era también un observador agudo del comportamiento humano, gracias no solo a su notable inteligencia, sino a su insaciable búsqueda del conocimiento, de los progresos de la ciencia y la técnica. Poseía también una cultura vasta, alimentada durante su vida por lecturas fundamentales de todos los géneros.

Resulta revelador el fragmento de una carta de Fidel a su hermana Lidia, desde la prisión en la Isla de Pinos: “Mi mayor lucha ha sido desde que estoy aquí insistir y no cansarme nunca de insistir que no necesito absolutamente nada: libros solo he necesitado y los libros los tengo considerados como bienes espirituales”.

Ese afán por el conocimiento, junto a la pasión por la historia y el destino de la especie humana, lo acompañaron hasta el final de su vida física. De ello dejó constancia en sus Reflexiones: 484 textos de los más diversos temas, publicados entre el 28 de marzo de 2007 y el 9 de octubre de 2016.

Diez años después de su partida física conmueve releer lo que se proponía con ellas y dejó escrito en una de las primeras, fechada el 22 de junio de 2007: "No inicié este trabajo como parte de un plan elaborado previamente, sino por un fuerte deseo de comunicarme con el protagonista principal de nuestra resistencia a medida que observo las acciones estúpidas del imperio".

Aquí hay tres componentes: su necesidad de comunicar en la manera magistral en que lo hacía, su respeto al pueblo como protagonista fundamental y su crítica al imperio.

Bajo la dirección de Fidel, Cuba logró la erradicación del analfabetismo en 1961, con una campaña que movilizó a más de 250 000 voluntarios.

Apenas dos años después de triunfar, derrotó en Playa Girón una invasión financiada, entrenada y escoltada por el imperio vecino, asestándole la primera gran derrota en América Latina.

Cuba construyó el sistema de salud universal más avanzado del Tercer Mundo.

Cuba envió a más de 600 000 profesionales de la salud a 165 países a través del Programa Internacional de Cooperación Médica.

Cuba desarrolló un sistema educativo gratuito desde el círculo infantil hasta la universidad.

Fidel diseñó los principios de la política exterior cubana y construyó un sólido sistema cultural y deportivo erigiéndolos en un referente para el mundo.

Uno de los capítulos fundamentales de su legado a nivel continental transcurre en el período más esperanzador de la historia de nuestra América cuando, junto a Hugo Chávez, lideró el renacimiento del proyecto integrador de Simón Bolívar, que fue también el gran sueño de José Martí.

Por supuesto que no hablamos solo de ideas. Los hechos que transformaron en muy poco tiempo las relaciones entre los gobiernos y los pueblos de la región más desigual del planeta, definitivamente entraron en la historia del siglo XXI como momentos determinantes en su evolución posterior.

En 1998 se creó el Programa Integral de Salud con el que Cuba hizo frente al drama de los pueblos azotados por ciclones en Centroamérica y el Caribe. En 1999 se funda la Escuela Latinoamericana de Medicina, ambas ideas de Fidel, que demostraron en la práctica el valor universal de la cooperación y la solidaridad, un camino de emancipación inexplorado entonces que coronaría después con el ALBA-Petrocaribe, las misiones médicas y educativas, la Operación Milagro con sus más de 3 millones de cirugías oftalmológicas, el Programa de Alfabetización “Yo sí puedo”, y el Contingente Henry Reeve cuya extraordinaria obra de enfrentamiento a catástrofes ha merecido su nominación para el Premio Nobel de la Paz.

Como pueden apreciar, los programas de clara orientación de justicia social mencionados tienen que ver con todo lo que la nueva ultraderecha regional, articulada y conducida por Washington, quisiera borrar de la historia de nuestra América con la misma saña con que el imperio intenta separar nuevamente a Cuba de su entorno regional.

Nos reunimos hoy aquí, a pocas horas del 13 de agosto, fecha en que nuestro Comandante en Jefe habría cumplido 100 años de vida, no para celebrar una conmemoración ritual, sino para cumplir con un deber: el deber de pensar en Fidel no como pasado, sino como estratega más allá de su tiempo. Pensar en su legado no como un depósito de citas para evocar en los aniversarios, sino como una guía para superar los desafíos que tenemos frente a nosotros hoy, en la Cuba real, en 2026.

No podemos hablar de Fidel sin mirar el mundo que él tanto estudió y que nosotros heredamos; y el mundo, como él solía decir, es un torbellino de contradicciones. La crisis sistémica del capitalismo ha llegado a su punto más agudo: guerras regionales que amenazan con expandirse, crisis climática que ya no es pronóstico sino catástrofe diaria, hambrunas provocadas por la especulación financiera, migraciones forzadas que convierten los mares en cementerios, y una fractura social donde la riqueza de unos pocos se acumula sobre la miseria de muchos.

El orden internacional está en disputa. El unilateralismo imperial pretende imponer su ley por la fuerza, pero el mundo multipolar ha llegado para quedarse. Sin embargo, el imperio redobla sus ataques, busca nuevos pretextos, fabrica enemigos y desestabiliza gobiernos que no se doblegan.

En ese tablero global Cuba sigue siendo uno de los objetivos predilectos de la furia imperial. No es casualidad que en el año del Centenario de Fidel, Washington haya intensificado su ofensiva: refuerzo del bloqueo con medidas extraterritoriales que persiguen las relaciones comerciales y financieras; inclusión arbitraria en la lista de Estados patrocinadores del terrorismo, una ironía histórica para un país que ha sido víctima del terrorismo de Estado durante décadas; campañas mediáticas masivas que intentan pintar a Cuba como un “régimen fracasado”, mientras callan los logros de nuestra salud, educación, cultura, ciencia y deportes, y, para rematar, han inventado la ridícula acusación de “potencia del espionaje” o foco de subversión de la llamada izquierda radical terrorista –de la que parece que formamos parte todos los que estamos aquí–; patético y fantasioso nombre, solo creíble en sus mentes retorcidas, pero que utilizan para confundir, justificar más castigos y legitimar sus agresiones.

Junto a la agresión económica y política implementa la guerra ideológica y cultural, la subversión digital, el financiamiento a mercenarios internos que, con fondos de agencias norteamericanas, pretenden fracturar nuestra unidad. No es un secreto que Estados Unidos ha destinado millones de dólares para promover el “cambio de régimen” a través de redes sociales, ONG y plataformas que se disfrazan de “defensoras de derechos humanos”, pero que en realidad sirven a los intereses geopolíticos del imperio.

No nos asombran en absoluto las revelaciones en días recientes de grandes medios estadounidenses sobre un incremento de operaciones de la CIA en Cuba para subvertir el orden interno. No son filtraciones al azar, como las presentan, sino parte del plan deliberado del régimen estadounidense de guerra psicológica contra Cuba.

En el colmo del cinismo y la perversidad el Secretario de Estado ha declarado recientemente que las sanciones estadounidenses contra el régimen cubano no harán más que endurecerse. Lo que estamos tratando de enseñarles –dijo– es que no hay válvulas de escape.

Es un reconocimiento sin reparos de que existe una difícil situación en Cuba como consecuencia de una guerra económica sin precedentes. Esta afirmación constituye la amenaza abierta del exterminio genocida a todo un pueblo si no se somete a los designios del imperio.

Sobre esto, expertos de Naciones Unidas subrayaron que las medidas coercitivas unilaterales ilegales de los Estados Unidos contra Cuba contravienen el Artículo 2 de la Carta de las Naciones Unidas y forman parte de una estrategia más amplia de cambio de régimen que abarca décadas de embargo a Cuba.

“El Gobierno de Estados Unidos debe poner fin a todas las amenazas y actos hostiles contra la soberanía de Cuba y revocar todas las medidas que ha impuesto al país que sean contrarias al Derecho Internacional”, dijeron los expertos.

Y agregaron, además: “El Consejo de Seguridad y la Asamblea General deben abordar urgentemente estas amenazas como una cuestión de paz y seguridad internacionales”.

No puede haber mayor acto de cinismo que el hecho de que el victimario quiera pasar por víctima, cuando sus fechorías han sido públicas y notorias a lo largo de décadas. Estados Unidos no tiene ninguna moral ni derecho alguno para señalar a Cuba, que ha sido posiblemente la nación más espiada por ellos y con los mayores fondos destinados a la subversión económica e ideológica.

El bloqueo intensificado en los últimos años no es solo una medida económica, es un acto de guerra no declarada contra un pueblo que decidió ser libre. Es un intento sistemático de rendir por hambre y desesperanza a una nación que ha demostrado, durante más de seis décadas, que la dignidad no se negocia.

No exagero al decir que este coloquio se celebra en uno de los momentos más difíciles que ha vivido la Revolución, pero no estamos aquí para administrar la nostalgia. ¡Estamos aquí porque el pensamiento de Fidel Castro sigue siendo la brújula más precisa que tenemos para navegar la tormenta que vive el pueblo cubano! (Aplausos.) Y la tormenta es real, nuestro pueblo la vive cada día: en los apagones que interrumpen la vida familiar, la jornada laboral, el aprendizaje de nuestros niños y jóvenes; en la inflación que erosiona el poder adquisitivo del salario; en la escasez de combustible que paraliza la economía y el transporte; en las dificultades para completar la canasta básica; en la emigración que nos arranca a los jóvenes. No estamos aquí para negar esa realidad, sino para comprenderla en su justa dimensión y para encontrar en el pensamiento de Fidel las claves para transformarla.

Les voy a dar algunos datos de los impactos del bloqueo en la sociedad cubana.

Particularmente en el sector de la energía: nosotros habíamos recuperado en estos años, con un enorme esfuerzo, más de 1 400 megawatts de potencia para la generación eléctrica en un grupo de islas de generación distribuida. Esas plantas están sin generar energía por falta de combustible, funcionan con diésel y con fueloil. Si tuviéramos disponibles cada día esos 1 400 megawatts, los molestos apagones en Cuba solo tendrían una duración de tres horas y no de veinte o más horas como hoy sufre nuestro pueblo.

En la salud, un tema tan sensible y del que ustedes conocen todas las potencialidades de nuestro sistema universal y gratuito, con oportunidades para todos, con cosas que sabemos hacer: existen 98 500 pacientes en lista de espera quirúrgica y, entre ellos, hay 12 000 niños, operaciones que nosotros podemos hacer en Cuba, pero nos faltan los recursos, nos falta la energía para alimentar los salones de operaciones.

Hay 34 000 embarazadas a las cuales no les podemos realizar las ecografías prenatales suficientes durante esa etapa de embarazo.

Hay 67 000 menores de un año que han nacido en estos meses sin esquema de inmunización actualizado, cuando la vacunación en Cuba y nuestro sistema de inmunización siempre estaban al día.

Hay 117 000 adultos y 1 200 niños que son pacientes con cáncer que no tienen los tratamientos primarios adecuados y tenemos que acudir a fórmulas secundarias o terciarias.

Hay 16 000 pacientes que tienen dificultad con los servicios que necesitan de radioterapia, 12 400 en quimioterapia y 3 000 en hemodiálisis.

Solo el 30 % del cuadro básico de medicamentos está disponible, cuando nosotros somos capaces de producir los medicamentos necesarios.

El coeficiente de disponibilidad técnica de las ambulancias solo alcanza el 22 % por falta de piezas de repuesto.

Existe la imposibilidad de comprar fuentes de cobalto 60 para los tratamientos oncológicos, y existe demora en licencias para liberar las mercancías médicas en puertos, también ante la negativa de las navieras internacionales que han sido presionadas por el imperialismo norteamericano para que no traigan a Cuba las mercancías que necesitamos.

Y como si esto fuera poco, nosotros siempre habíamos mantenido índices de mortalidad infantil entre 4 y 5, que son tasas de mortalidad infantil de países desarrollados, sin embargo, en estos años la tasa se nos ha duplicado y en estos momentos es de más de 9,8 y significa muertes de niños que podían salvarse.

De este genocidio milimétricamente calculado, dondequiera que se vislumbre o se procure un alivio, allí estarán los cancerberos de esta ignominiosa política, para dar una vuelta más a la soga de la asfixia.

¿Qué ha hecho Cuba frente a esta tormenta? Hemos respondido con lo que Fidel nos enseñó: la resistencia no es pasiva, es creativa. En medio del acoso hemos desarrollado vacunas propias que nos permitieron enfrentar la pandemia con soberanía; hemos potenciado la agricultura, la agricultura urbana y suburbana con agroecología para garantizar alimentos pese a la escasez de combustibles y fertilizantes; hemos fortalecido nuestros sistemas de defensa con una milicia popular que no necesita tanques ni aviones para defender su tierra, porque la defiende con el corazón y con la cohesión de sus fuerzas.

Hemos sabido convertir la adversidad en oportunidad, la crisis nos impone ser más eficientes, más innovadores, más participativos. Nuestros científicos, nuestros maestros, nuestros médicos, nuestros campesinos y obreros han demostrado que la inteligencia colectiva puede más que el dinero del imperio. Y, sobre todo, no hemos renunciado al internacionalismo, seguimos enviando brigadas médicas a los lugares más pobres del mundo, compartiendo nuestros métodos educativos y científicos; seguimos siendo la isla que tiende puentes de hermandad.

Sí, tenemos muchas carencias.  Nos agobian los apagones, la falta de agua, la inflación y las colas; pero ninguna carencia material ha apagado la llama de la solidaridad en la que nos educó Fidel (Aplausos).

Un hecho que lo confirma es que en los días finales del pasado curso escolar, tensos y difíciles como ningún otro, de las universidades cubanas egresaron 30 185 jóvenes profesionales, de ellos 735 de 62 países que se han formado en Cuba (Aplausos).  Y un dato que nos honra mostrar: más de una veintena de nuevos médicos palestinos y cinco médicos norteamericanos (Aplausos).

La respuesta del pueblo, bajo la conducción del Partido Comunista de Cuba, ha sido la resistencia firme y creativa, la unidad, la defensa de sus conquistas y la actualización del modelo económico y social, sin renunciar jamás a los principios del socialismo y sin ceder a presiones ni chantajes.  Para lograrlo estamos implementando un conjunto de transformaciones económicas y sociales. Esa capacidad de resistir y transformar tiene sus raíces más firmes que nunca en el pensamiento y en la acción del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz.

Se trata de continuar la construcción socialista en una pequeña isla amenazada por el imperialismo más grande de la historia de la humanidad y totalmente bloqueada, a cuyo Estado se le cortan todas las fuentes de recursos, financiamiento y comercio.

Ante esta disyuntiva se necesita producir y generar riquezas para redistribuir con toda la justicia social posible y preservar conquistas históricas y esenciales de la Revolución en áreas estratégicas como la salud, la educación, la cultura, la ciencia, la energía y las comunicaciones.

Hacerlo será tarea de todos, de la empresa estatal y la no estatal, junto a otras formas de gestión de la economía que en su conjunto conforman el entramado empresarial cubano, enfocados en un fin único: construir el socialismo próspero y sostenible que merece el heroico pueblo de Cuba.

Quiero enfatizar en que este es un proceso para dinamizar la economía, no para instaurar el capitalismo; no habrá privatización a ultranza, los medios fundamentales de producción continúan en manos del pueblo, y se preserva, ante todo, la soberanía y la independencia nacional.

Para un proceso tan complejo el Partido Comunista de Cuba, como fuerza dirigente superior del Estado y la sociedad, se erige como principal responsable de su conducción, coordinación y control y como celoso guardián de los intereses del pueblo, de la clase obrera, de las conquistas sociales y de la justicia social que ha movido a la Revolución desde sus inicios.

Compañeras y compañeros:

Fidel no es patrimonio exclusivo de los cubanos. Fidel pertenece a todos los que luchan por un mundo mejor. Y a ustedes, participantes de este Coloquio, intelectuales y activistas que han hecho suyo su pensamiento, les toca un papel decisivo.

Les convocamos a difundir la verdad de Cuba y de todos los pueblos en resistencia. En un mundo donde los grandes medios fabrican mentiras y narrativas convenientes, ustedes tienen la responsabilidad de ser voceros de la realidad que los cubanos vivimos: una realidad de carencias, sí; pero también de conquistas, de solidaridad y de esperanza.

Cada libro que escriban, cada artículo que publiquen, cada conferencia que dicten en sus países es una trinchera contra la desinformación. La batalla de ideas hoy se libra en el terreno digital contra el analfabetismo tecnológico y las nuevas formas de colonización cultural.

Ustedes deben articular redes de solidaridad efectivas, no basta con pronunciar discursos de apoyo. Hay que traducir la solidaridad en acciones concretas: campañas por el levantamiento del bloqueo, propuestas de cooperación científica y cultural, proyectos de comercio justo, denuncias ante organismos internacionales.

Deben profundizar el pensamiento crítico sobre el socialismo del siglo XXI. Fidel nos dejó preguntas abiertas, no respuestas acabadas. ¿Cómo construir poder popular en la era digital? ¿Cómo compatibilizar planificación centralizada con autonomía territorial? ¿Cómo enfrentar el cambio climático desde una perspectiva socialista? Ustedes, desde sus disciplinas, tienen la misión de dar respuestas creativas y realistas, y deben fortalecer la unidad de los movimientos progresistas.

Fidel fue un maestro en el arte de sumar voluntades, de tender puentes entre sectores diversos, de buscar coincidencias sin renunciar a las diferencias.
Convoco a todos los seguidores y estudiosos de su legado a trabajar por la unidad, a superar las divisiones secundarias para concentrarnos en lo esencial: la lucha contra el capitalismo y el imperialismo.

A los jóvenes ha consagrado la Revolución el máximo de su esfuerzo y en ellos ha puesto sus mayores esperanzas. Fidel siempre confió en el papel de los jóvenes en el proceso revolucionario.

Creer en los jóvenes es ver en ellos, además de entusiasmo, capacidad; además de energía, responsabilidad; además de juventud, pureza, heroísmo, carácter, voluntad, amor a la patria, fe en la patria. Es tener la convicción profunda de que la juventud puede, de que la juventud es capaz, de que sobre los hombros de la juventud se pueden depositar grandes tareas (Aplausos).

Fue la juventud la que rodeó a Fidel para concebir sueños realizables cuando la patria lo necesitó. De sus largas reuniones con jóvenes se formaron grandes realizaciones sociales: el impulso al desarrollo de los instructores de arte, los maestros integrales, los trabajadores sociales. Fue la juventud la que empuñó las armas en la Sierra, la que alfabetizó en las montañas, la protagonista en las gloriosas misiones internacionalistas, la que construyó los contingentes, la que impulsó la ciencia y la tecnología.

Hoy, en el año de su Centenario, la juventud cubana está llamada a forjarse con la misma altura histórica. Los desafíos que tenemos por delante son inmensos: la economía golpeada por el bloqueo, las transformaciones estructurales que debemos implementar, la necesidad de producir más alimentos, de lograr la transición energética, de sustituir importaciones, de construir una sociedad con mayor bienestar para todos. No hay desafío que la juventud no pueda enfrentar si se lo propone.

Compañeras y compañeros:

Permítanme cerrar con una certeza que Fidel nos legó: el futuro no está escrito, nosotros tenemos el poder de escribirlo.

Sí, el imperio es poderoso, pero la historia está del lado de los pueblos. Cada niño que hoy aprende a leer en una escuela cubana cuando no hay electricidad, cada campesino que cultiva con agroecología, cada científico que investiga sin patentes, cada joven que milita en un movimiento social, cada madre que defiende a sus hijos de la violencia es una victoria anticipada.

El Centenario de Fidel es un punto de partida. Es el momento de asumir que su legado no está en el pasado, sino en el presente y en el futuro que estamos construyendo. ¡No basta con recordarlo, hay que estudiarlo! ¡No basta con admirarlo, hay que emularlo! (Aplausos.)

Quisiera agradecerles de nuevo, desde lo más profundo, su presencia. Ustedes son los embajadores de la verdad, los testigos de que Cuba no se rinde, los compañeros de ruta de una revolución que trasciende fronteras.

En mis palabras he evitado referirme a mis experiencias personales con él; sin embargo, sí quiero significarles que de la escuela de Fidel me han marcado profundamente su lealtad y la decisión de enfrentar al imperialismo como el destino de su vida, su visión sobre la unidad, el ejemplo de estar siempre presente en los escenarios más adversos sin dejarse vencer por el pesimismo, la sensibilidad hacia los más necesitados, su concepto de justicia social y el valor que entraña su acabado concepto de Revolución.

Quiero dejar constancia en el inicio de la celebración de estos 100 años que compartimos del enorme compromiso de la dirección del Partido y el Gobierno con la obra inconmensurable de Fidel que tenemos la responsabilidad de salvar de los vientos amenazantes que por todas partes soplan, alimentados por la sed de conquista y castigo que nos reserva el imperio.

Me permito terminar como Fidel dijo más de una vez: “Nosotros estamos dispuestos a resistir digna y abnegadamente los años que sean necesarios el bloqueo imperialista. Si otros transigen, si otros se dejan sobornar, si otros traicionan, Cuba sabrá mantenerse como ejemplo de una revolución que no claudica” (Aplausos y exclamaciones de: “¡Yo soy Fidel!”).

Repito: “¡Cuba sabrá mantenerse como ejemplo de una revolución que no claudica, que no se vende, que no se rinde, que no se pone de rodillas!” (Aplausos y exclamaciones de: “¡Viva!”)

¡Fidel es un país, Fidel es Cuba! (Aplausos.)

¡Por Cuba, con Fidel, hasta la victoria siempre!

¡Viva por siempre Fidel! (Exclamaciones de: “¡Viva!”)

¡Socialismo o Muerte!

¡Patria o Muerte!

¡Venceremos! (Exclamaciones de: “¡Venceremos!”)

(Ovación.)

martes, 30 de junio de 2026

Díaz-Canel: «Se trata, ante todo, de salvar la Revolución»

Consejo de Ministros traza hoja de ruta para la implementación de las transformaciones económicas y sociales aprobadas. Se analizan otros temas de la agenda nacional



Foto: Estudios Revolución

«Se trata, ante todo, de salvar la Revolución», subrayó el Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, al intervenir en la más reciente reunión del Consejo de Ministros que trazó la hoja de ruta para la implementación de las transformaciones económicas y sociales aprobadas en el país.

«Nosotros estamos ante un dilema complejo que podemos solucionar: cómo dar continuidad al proceso de construcción socialista en una pequeña isla del Caribe que ha sufrido el bloqueo más prolongado de la historia de la humanidad por parte de la potencia más poderosa del mundo», alertó el Jefe de Estado.

Hay que enfrentar ese desafío –aclaró– sin rendición, con inteligencia, firmeza ideológica, responsabilidad, unidad, coraje y audacia.

«Eso es lo que a las generaciones que estamos defendiendo la Revolución nos toca hacer», destacó.

El mandatario aseveró que las transformaciones van orientadas a salvar la Revolución, independientemente de lo que digan los enemigos. Hoy en el mundo no hay ningún país más agredido que Cuba, con una guerra multidimensional, y tenemos la responsabilidad de, en esas condiciones, no solo salvarla, sino seguir perfeccionando nuestro proceso de construcción socialista, dijo.

En la sesión —dirigida por el miembro del Buró Político y primer ministro, Manuel Marrero Cruz— el Presidente manifestó que «de lo que se trata es, en primer lugar, de desatar las fuerzas productivas para que construyamos riqueza y la distribuyamos con justicia social».

Todo lo que desate fuerzas productivas hay que aplicarlo de inmediato, indicó, porque la primera respuesta que tenemos que buscar con estas transformaciones es que todos los actores económicos empiecen a trabajar en una dinámica distinta, que no puede ser la que está reflejada en el informe del Plan de la Economía.

Díaz-Canel se refirió a la prioridad en la aprobación de todo lo que ponga en igualdad de condiciones a los actores económicos. En este punto, alertó, «se trata de los actores económicos de la construcción socialista, de nuestro Modelo Económico y Social. Por lo tanto, son los que van a trabajar tributando al Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social hasta el 2030, al Programa Económico y Social de Gobierno para el 2026 y a las estrategias de desarrollo territorial y local».

El Jefe de Estado consideró como un elemento fundamental la seguridad jurídica. «Tienen que estar las reglas claras de todo lo que vamos a hacer, tiene que haber transparencia para poder controlar, desde un punto de vista popular e institucional, todo lo que hagamos».

El Presidente reiteró la urgencia de «explicar cómo cada transformación defiende la construcción socialista; cómo va a aportar al crecimiento económico y al desarrollo social; cómo va a permitir crecer en la riqueza que vamos a distribuir con justicia social y mejorar la situación de los que están en mayor vulnerabilidad, y cómo cada transformación va a afianzar más el respeto a los derechos, en nuestra sociedad, de todas las cubanas y de todos los cubanos».

«No vamos a lograr implementar bien las transformaciones si no participa la población», alertó. «Nosotros no tenemos una discusión agotada; a lo mejor alguien nos propone algo superior a lo que hemos llegado, y donde no se entienda hay que explicar por qué y escuchar».

Al país le hace falta mucho debate, consideró, pero para debatir hay que escuchar, construir consenso, porque vamos a un proceso sumamente complejo, en una situación sumamente compleja.

«Esto es lo verdaderamente aportador, y esto es estar a la altura de nuestro tiempo, del tiempo que nos ha tocado vivir, del momento histórico, dijo refiriéndose a las transformaciones aprobadas.

Convocó a aplicar «a la actitud que tenemos que asumir, todas las categorías del concepto de Revolución de Fidel. Todas están aquí en lo que tenemos que hacer para defender estas transformaciones. Que cuando yo hablo de defensa no es solo implementarlas, es implementarlas bien y que nos den resultados», concluyó.

LA HOJA DE RUTA DE LA IMPLEMENTACIÓN

Los miembros del máximo órgano de Gobierno aprobaron en esta sesión de trabajo la propuesta presentada por el primer ministro, Manuel Marrero Cruz, para la implementación de las transformaciones económicas y sociales que emprenderá el país en lo inmediato para su recuperación.

Según detalló, luego de las sesiones del Pleno del Comité Central del Partido y de la Asamblea Nacional del Poder Popular, así como de encuentros con miembros de la Asociación Nacional de Economistas y Contadores de Cuba y otros expertos, se hizo una actualización del documento inicial de las transformaciones económicas y sociales, a partir de 673 propuestas recibidas, de las cuales fue aceptado el 79 %. La mayoría, precisó, dirigidas a enriquecer el proceso de implementación que ahora comienza.

Marrero Cruz apuntó que en los próximos días se implementarán acciones concernientes a aprobar nuevas facultades a la empresa estatal socialista; descentralizar al sistema empresarial la posibilidad de aprobación de los precios mayoristas y minoristas; redimensionar las Organizaciones Superiores de Dirección Empresarial; facultar a los Gobiernos provinciales y a los Consejos de la Administración para crear, fusionar, extinguir y liquidar empresas estatales locales; flexibilizar la aprobación y el destino de las utilidades después de impuestos; descentralizar al sistema empresarial estatal las facultades de aprobación de la escala salarial, entre otros pasos importantes.

Sobre el sector no estatal, precisó que entre las prioridades en la implementación de las transformaciones están: la aprobación de las mipymes y cooperativas no agropecuarias pendientes; la reducción de los trámites, términos y requisitos para la creación de nuevos actores económicos; permitir la contratación de más de cien trabajadores y que una persona natural pueda ser titular de más de una empresa privada; ampliar las formas societarias en las que pueden organizarse; así como reducir la lista de actividades prohibidas en este sector.

Acerca de la recuperación agrícola, abordó como prioridad la modificación de la gestión y el uso de la tierra para todos los actores económicos, e igualmente flexibilizar la comercialización.

Marrero Cruz aclaró que las transformaciones económicas y sociales, contenidas en 23 ejes que abarcan un gran abanico de asuntos urgentes, no son ajenas a ningún organismo, y exigen actualizar los sistemas de trabajo para dedicarles el mayor tiempo y análisis.

En ello, dijo, es definitorio el papel que tenemos que desempeñar los cuadros; «la mayor transformación tiene que estar en nuestra manera de pensar».

El documento con las 176 transformaciones económicas y sociales aprobadas se encuentra publicado en la plataforma del Gobierno (www.soberanía.gob.cu) y en el sitio web de la Presidencia de la República (www.presidencia.gob.cu).

En el debate de este asunto, la ministra de Justicia, Rosabel Gamón Verde, explicó que las transformaciones aprobadas tienen un impacto en el ordenamiento jurídico, y motivan modificaciones de algunas normas vigentes y la elaboración de otras nuevas. Aseguró que el proceso será ágil, pero llevará trabajo a tiempo completo.

Aclaró que la eficacia y la celeridad no pueden ir en detrimento de logros alcanzados en el proceso de creación normativa, entre ellos la legalidad, la democratización, la participación popular siempre que sea posible y la calidad de nuestras normas jurídicas.

Al respecto, el presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular, Esteban Lazo Hernández, acotó que disminuirá significativamente el tiempo habitual en la elaboración de las normas jurídicas, se eliminarán una serie de pasos que hoy se dan, manteniéndose siempre el respeto a la Constitución, las consultas que sean necesarias y la participación, pero el proceso será más expedito, reiteró.

TEMAS EN LA AGENDA

En esta reunión del Consejo de Ministros se presentó un análisis del comportamiento de la economía cubana en el primer semestre del año, impactada profundamente por la política de bloqueo del Gobierno de Estados Unidos y la permanencia del cerco petrolero, que afecta todos los sectores de la vida de la nación.

También se evaluaron los informes de la ejecución del Presupuesto del Estado al cierre de mayo y del estimado para el primer semestre; y se aprobó el de la liquidación del Presupuesto de 2025. Este último será presentado a la próxima sesión de la Asamblea Nacional del Poder Popular.

Igualmente, se dio luz verde a la propuesta de asignación anticipada de graduados de la Educación Superior y de técnicos de nivel medio, que concluyen sus estudios en 2027.

Además, se presentó un informe con los resultados en la detección, prevención y atención a los menores de edad atendidos por el Ministerio del Interior, por ser comisores de hechos que la ley tipifica como delitos y manifestar conductas nocivas. Este es un trabajo que se intensifica en el país con la cohesión entre los órganos operativos y los organismos de la Administración Central del Estado, las organizaciones sociales, de masas y políticas.

sábado, 27 de junio de 2026

Presidente Díaz-Canel clausura el XXII Congreso de la CTC: Unidad obrera y transformaciones económico-sociales para salvar la Revolución

 En este artículo: Cambios Económicos, Central de Trabajadores de Cuba (CTC), Congreso, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, Presidente

 




Miguel Díaz Canel, Presidente de la República de Cuba, durante su intervención en el 22 Congreso de la CTC. Foto: Abel Padrón Padilla.

El Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente de la República, Miguel Mario Díaz-Canel Bermúdez, pronunció, este sábado, el discurso de clausura del XXII Congreso de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC).

El evento, enmarcado en el “Año del Centenario del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz”, se desarrolló en un contexto nacional de extrema complejidad, marcado por una crisis energética y financiera sin precedentes, agravada por el recrudecimiento del bloqueo estadounidense y la inclusión de Cuba en la lista de países patrocinadores del terrorismo.

A continuación, el texto íntegro de sus palabras:

Trabajadoras y trabajadores cubanos;
Compañeras y compañeros delegados a este Congreso:

Mis primeras palabras expresan una felicitación al pueblo y a los trabajadores de la provincia de Pinar del Río como sede del Acto Nacional por el 26 de Julio; a Villa Clara y Matanzas por ser provincias destacadas, y a Guantánamo y Sancti Spíritus por el merecido reconocimiento a su labor.

El espíritu presente en este Congreso nos multiplica la energía revolucionaria.

No podía ser más oportuno para el país este XXII Congreso de la Central de Trabajadores de Cuba, completamente atípico en cuanto a cantidad de delegados y tiempo de duración, dadas las complejas condiciones económicas y energéticas que atraviesa la patria y que nos exigen la máxima racionalidad en el uso de los recursos; pero tenía que realizarse.

Cuba vive uno de los momentos más graves y desafiantes de su historia, al que estamos respondiendo desde el Partido y el Gobierno con transformaciones económicas y sociales impostergables.

La CTC, cuyos principales representantes tienen voz y voto en esas decisiones, porque esta es una sociedad socialista donde mandan los trabajadores, ha participado del proceso de análisis y aprobaciones, pero era imprescindible debatirlas en este Congreso que, bajo el lema “Por Cuba juntos creamos”, se planteó, justamente, abordar los enormes desafíos de la nación en este momento.

Las ricas discusiones de estos dos días lo han confirmado y este es, yo diría, el primer apoyo contundente de nuestros trabajadores a esas transformaciones.

Sin la movilización consciente de los trabajadores nada será posible, ni el gran salto productivo que demanda la economía nacional ni la calidad de todos los procesos de control y fiscalización que deben acompañarlo.

Sigue vigente, y yo diría que se afianza más que nunca ahora, una afirmación de Lázaro Peña, gran Capitán de la clase obrera cubana, cuando dijo que nuestra fuerza radica en esa unidad consciente que no ignora las dificultades, sino que se basa en ellas para vencerlas en la acción cotidiana.

El acto de genocidio que constituye la política de máxima asfixia del Gobierno de los Estados Unidos contra Cuba golpea el día a día de nuestros trabajadores, tanto en su puesto laboral, productivo, como social y familiar.

El cerco financiero y energético sin precedentes al que se somete a la patria ha llevado al sistema electroenergético a una aguda crisis que no solo genera los insoportables apagones en el ámbito familiar, sino que paraliza nuestras industrias y obliga a miles de trabajadores a laborar en condiciones extremas; mientras que otros han debido quedar forzosamente interruptos o reorientarse laboralmente. Ante ese escenario, como planteó la dirección de este Congreso, la respuesta no puede ser la inercia, sino la búsqueda constante de alternativas.

Como tantas veces a lo largo de seis décadas de bloqueo alcemos la bandera de la innovación, una manera más que probada de resistir creativamente.

Sobran los ejemplos de colectivos laborales, como expresaron algunos aquí, de significativas industrias, que han demostrado cómo se enfrenta la falta crónica de piezas, repuestos e insumos. En todas las áreas productivas los obreros han sido capaces de reinventarse y modificar tecnologías para seguir produciendo y seguir alumbrándonos, aunque sea mínimamente, con recursos propios del país.

Hoy, cuando el escenario laboral cubano se ve tan duramente afectado por una crisis multidimensional severa, a causa de factores fundamentalmente externos, esas respuestas creativas son una expresión concreta de la unidad consciente que no ignora las dificultades, sino que se basa en ellas para vencerlas, a la que se refería Lázaro Peña en la frase citada.

La complejidad se conoce y se padece, pero solo se puede vencer si se enfrenta con inteligencia, con responsabilidad, con coraje y audacia.

En lo que toca a las generaciones actuales, en quienes recae la responsabilidad histórica de salvar y continuar la Revolución, estamos ante un desafío inédito:

¿Cómo dar continuidad a la construcción del socialismo en una pequeña nación del Caribe que emergió a la Revolución tras cuatro siglos de colonialismo y 60 años de neocolonialismo y que emprendió una obra de justicia social sin precedentes en la región, bajo la presión sostenida de seis décadas de bloqueo económico, comercial y financiero, el más prolongado en la historia de la humanidad, acentuado por más de 240 medidas, la inclusión en una lista infame como supuesto patrocinador del terrorismo y seis meses bajo un cerco petrolero total?



Las transformaciones económicas y sociales que hemos aprobado van orientadas a dar respuesta a esa pregunta, a salvar la Revolución y sus conquistas sociales, es decir, la orientación socialista de la economía, independientemente de lo que diga la propaganda contrarrevolucionaria.

Desde su aprobación en el Pleno del Comité Central y la Asamblea Nacional hemos estado muy atentos a decenas de miles de estados de opinión recogidos en el seno del pueblo y en las redes digitales, a la opinión de expertos e incluso a la propaganda siempre tendenciosa y malintencionada de los medios financiados por Estados Unidos que cubren su agenda respecto a Cuba.

Es claramente visible la articulación de los enemigos de la Revolución para atacar este proceso, intentando promover propuestas de orientación neoliberal y exigiendo cambios en el modelo político cubano, que jamás tendrán cabida en el plan de transformaciones económicas y sociales que hemos emprendido.

Quiero hablar sobre todo a los compatriotas que expresan dudas, preocupaciones y expectativas genuinas sobre este trascendental proceso para la patria, y ningún lugar mejor que esta nutrida representación de la clase obrera, pilar y garantía fundamental de la Revolución.

Comienzo insistiendo en algo: se trata de transformaciones económico-sociales. No permitamos nunca que por la necesidad de abreviar palabras se prescinda del término “social”, porque no solo se trata de transformar la economía con respeto al medio ambiente, sino hacerlo en función del desarrollo social y con justicia social, que es la esencia misma de la Revolución.

Nadie hasta hoy explicó, mucho menos probó en la práctica, cómo se construye el socialismo en una nación bajo las condiciones de asedio que soporta Cuba por parte de la mayor potencia del mundo desde los inicios mismos del triunfo de la Revolución, el Primero de Enero de 1959, hasta los días inciertos de estos años en que las relaciones políticas y económicas internacionales han dejado de guiarse por reglas mínimas y el multilateralismo se ha convertido en una aspiración de muchos que unos pocos frustran constantemente.

En ese contexto, minado de amenazas y políticas de fuerza contra cualquier proceso soberano y emancipador como la Revolución Cubana, resulta vital revisitar el pensamiento del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, y particularmente sus ideas sobre la construcción del socialismo en las difíciles circunstancias de Cuba durante los duros años noventa del Periodo Especial, cuando se emprendieron importantes transformaciones en la economía.

Recordemos su histórico discurso el 17 de noviembre de 2005, y cito: “Una conclusión que he sacado al cabo de muchos años: entre los muchos errores que hemos cometido todos, el más importante error era creer que alguien sabía de socialismo, o que alguien sabía de cómo se construye el socialismo. Parecía ciencia sabida [...] Pero somos idiotas si creemos, por ejemplo, que la economía –y que me perdonen las decenas de miles de economistas que hay en el país– es una ciencia exacta y eterna [...] Se pierde todo el sentido dialéctico cuando alguien cree que esa misma economía de hoy es igual a la de hace 50 años, o hace 100 años, o hace 150 años, o es igual a la época de Lenin, o a la época de Carlos Marx”.

Quiero ratificar algo, para que quede bien claro a nuestros compatriotas, a los amigos y hasta a los enemigos: ¡No nos proponemos ni jamás estará en nuestros propósitos la restauración del capitalismo en Cuba!

Se trata, y nadie lo dude, de salvar la Revolución y sus innegables conquistas sociales, porque no renunciaremos nunca a la aspiración mayoritaria de construcción socialista.
Pero para tener justicia social, para mantener y ampliar las conquistas de la Revolución en la salud, la educación, el deporte, la ciencia, la cultura y en otros tantos campos del desarrollo humano, hay que generar y disponer de recursos materiales y financieros, de los cuales se priva cada vez más al Estado cubano, para garantizar una justa redistribución.

El proyecto de transformaciones económicas y sociales en marcha se propone, en esencia, desatar las fuerzas productivas de la nación para generar riqueza y distribuirla con la mayor justicia social que se pueda lograr.

Es complejo y urgente este proceso que iniciamos, pero tenemos que hacerlo bien, con agilidad y mucho sentido de responsabilidad, para garantizar la efectividad deseada, defendiendo siempre, por encima de todo, que se mantenga la máxima protección social en lo que vayamos a aplicar.

Las transformaciones económicas y sociales que estamos proyectando no son nuevas ni salieron de la nada, ni son una proyección improvisada de último minuto ni mucho menos fruto de concesiones ante las amenazas de los Estados Unidos. No responden, reitero, a una exigencia del reciente proceso de conversaciones bilaterales.

No nos importa lo que el Gobierno estadunidense crea de esas medidas. No se concibieron para complacerlos. Se trata de una decisión soberana de Cuba, de los cubanos y las cubanas.

Si se revisa bien podrá verse su correspondencia con los Lineamientos de la Política Económica y Social de la Revolución aprobados en el Sexto Congreso del Partido, en el año 2011, y que fueron actualizados sucesivamente en el Séptimo y Octavo congresos.

Desde finales del año 2025, cuando discutimos la actualización del Plan de Gobierno, enfatizamos en acciones que hoy parecen sorprender a algunos, aunque estaban planteadas desde entonces, como la autonomía de la empresa estatal y de los municipios; las relaciones entre el Plan de la Economía y el mercado; las transformaciones a la inversión extranjera directa o la apertura de las posibilidades de inversión a los emigrados, entre muchas otras que hemos debatido en estos días.

Estamos actuando de manera coherente sobre la base de acciones para las cuales debíamos estar ya preparados, en condiciones de implementarlas, por las tantas veces que han sido mencionadas y analizadas.

Vale en este punto la autocrítica que debemos hacernos todos, comenzando por los máximos dirigentes del país y de sus organizaciones e instituciones, por la dilación en el tiempo en espera de una mayor conciencia colectiva con respecto a la necesidad de los cambios y de un contexto más favorable.

Ese error no nos está permitido repetirlo en esta circunstancia, por ello la exigencia que hemos impuesto de que cada medida tenga responsables y plazos, y que se rinda cuentas periódicamente sobre su progreso.

En función de ese objetivo se precisa acompañar el proceso con un serio diseño comunicacional, que incluya información sistemática sobre su progreso o dificultades, tomando en consideración todo lo que se debe modificar o eliminar. La misión fundamental de quienes responden por esta tarea será mantener al pueblo al día de cómo y en qué tiempo se cumple lo acordado.

Todas aquellas medidas o decisiones que tributen a desatar de inmediato las fuerzas productivas hay que aplicarlas sin demora. Para ello todos los actores económicos deben trabajar con una dinámica diferente a la actual, y lo que contribuya en esa dirección hay que priorizarlo, manteniendo la protección social.

Empresas estatales y actores económicos no estatales deben recibir el mismo tratamiento en función de sus aportes a la economía y a la sociedad. Es preciso articular armónicamente a todos en aras del desarrollo de la nación, del aporte al país, de la generación de riquezas imprescindibles para una justa redistribución.

Como ya expresé, hay una condición clara: tenemos la responsabilidad de cuidar todos los pasos que demos, de manera que no se incrementen las desigualdades, y en los casos en que se prevea que puede suceder debe acompañarse de planes para la atención a las familias, comunidades o segmentos de mayor vulnerabilidad.

Al propio tiempo, en la medida en que avancemos en su implementación, hay que prepararse para explicar cuál es el origen de las transformaciones, qué defienden, por qué hay que aplicarlas y cuáles son sus potenciales impactos.

No lograremos implementar bien estas transformaciones si, como pueblo, no nos involucramos todos y participamos de manera consciente y entusiasta; tampoco si no lo hacen, como parte indisoluble de este pueblo, ustedes, líderes de nuestra clase obrera. Para lograr eso hay que desplegar un eficiente plan político y comunicacional que movilice, explique e informe.

No se trata de repetir mecánicamente cada medida de transformación, sino de argumentar acción por acción. Explicar cómo cada una de ellas defiende la construcción socialista, cómo le va a aportar al crecimiento económico del país, cómo en la medida en que seamos capaces de generar más riquezas vamos a distribuirlas mejor con justicia social, cómo llegará el alivio a los hogares cubanos, a los de todos.

La discusión sobre las medidas no está agotada. Si alguien propone algo mejor de lo que hemos previsto será recibido, analizado e incorporado en la medida en que tribute al sentido político, económico y social de las transformaciones.

Al país le hace falta debate, pero para que resulte provechoso y efectivo hace falta escuchar a todos y construir consensos, porque vamos hacia un proceso que es muy complejo y que responde igualmente a una situación muy compleja.

Hay que trabajar con criterios de expertos, buscar el conocimiento dondequiera que esté y que ayude a implementar y conducir este empeño. Debemos aprovechar la sapiencia de todos aquellos que estén dispuestos a trabajar en sus objetivos, con la única condición de que respeten las posiciones de principios.

El uso de la inteligencia artificial constituye una herramienta imprescindible. Reconociendo sus sesgos no puede ser utilizada acríticamente, pero no podemos renunciar a ella porque el volumen de acciones a emprender, su control e implementación gradual y su optimización conllevan variables y matrices que solo son posible agilizar con los algoritmos que nos proveen estas nuevas tecnologías; hacer en días lo que por las vías convencionales nos tomaría años.

Nunca la Cuba revolucionaria ha estado de espaldas a los adelantos de la ciencia. Es menester informar que ya estamos trabajando con modelos cubanos de inteligencia artificial diseñados por nuestros capaces profesionales de la informática y las comunicaciones.

Pongo solo un ejemplo: el cotejo de las 176 medidas con el ordenamiento jurídico cubano, realizado con empleo de un modelo de IA cubano, abrevió considerablemente este proceso. Con métodos tradicionales no habríamos podido discutirlas, aprobarlas y estar pensando hoy ya en su implementación.

Insisto una vez más: hay que emplearla con sentido crítico, con criterios de expertos y sobre todo trabajar y sumar a todos aquellos compañeros que ya están preparados en el uso de estas herramientas, e ir también preparándonos todos para conocer su uso y poder emplearlas en nuestros procesos.

Un elemento fundamental, en el cual ya se trabaja aceleradamente, es el de la seguridad jurídica de las transformaciones económicas y sociales, con las reglas claras de todo lo que se puede hacer.

Es preciso, al mismo tiempo, crear mecanismos efectivos que tributen a la transparencia, que faciliten el control popular, obrero e institucional, particularmente de todo aquello que demande procesos de licitaciones de bienes inmuebles o activos. Se requieren plataformas públicas que digan lo que está disponible, quiénes optan, a quién se otorga y por qué.

En materia de ruta crítica, en lo táctico, urge implementar de inmediato todo lo que ya tenemos identificado que se puede hacer sin dilación, como son las facultades a municipios y empresa estatal, el rediseño de las OSDE para desatar fuerzas productivas y otras medidas.

En lo estratégico, es decisivo avanzar con paso firme en la cimentación jurídica. Sin respaldo del componente jurídico están condenados al fracaso el aseguramiento político comunicacional, el redimensionamiento del Estado, la protección social y dos temas que van a incidir directamente en la igualdad de los actores económicos: el mercado cambiario y el sistema tributario. De hecho, aquí estoy mencionando cuáles son las prioridades estratégicas para implementar estas medidas.

Compañeras y compañeros:

No podemos pasar por alto el proceso democrático que ha significado la consulta masiva del Anteproyecto de Ley del Código de Trabajo.

En un ejercicio que honra la tradición de participación de nuestra clase obrera, más de dos millones de trabajadores, entre septiembre y noviembre de 2025, tuvieron la posibilidad de moldear la ley.

Este Congreso ha recogido el sentir de la base, donde los debates no fueron meros formalismos, sino un termómetro de las preocupaciones actuales. Los trabajadores han sido enfáticos en que el nuevo Código debe ser un escudo real ante las nuevas dinámicas que enfrenta el país.

Merecen reconocimiento las exigencias de que la nueva norma garantice la protección ante el cese del vínculo laboral por razones ajenas a los trabajadores, tanto en el sector estatal como en el no estatal; o la manera en que se atiende a los interruptos para que mediante la creación de brigadas comunitarias se pongan al servicio de los barrios y de los territorios mientras dura la interrupción. Esa es una forma digna de aportar y no quedar desprotegidos.
Son también estimulantes, sobre todo en el escenario por venir de transformaciones económicas y sociales, los reclamos de que el Código no solo regule deberes, sino que formalice la participación real y propositiva de los trabajadores.

Los trabajadores exigen tener voz y voto en la formación de salarios, la distribución de utilidades y la transparencia de la gestión económica de sus empresas.

Tampoco puedo dejar de reconocer los planteamientos que apuntan a la flexibilidad y modernidad del trabajo, por el respaldo que ha recibido la incorporación del teletrabajo, incluso desde el exterior, y la eliminación de trabas para el pluriempleo de profesionales.

Estas menciones, en un universo mayor de bondades que trae el Código, nos muestran que se trata de una norma ajustada a su tiempo, a las condiciones actuales de desarrollo y, sobre todo, al modelo de sociedad justa al que no renunciamos y que nos proponemos seguir construyendo.

El socialismo es la obra de los trabajadores. Por ello, nuestros líderes sindicales deben dejar de ser unos meros transmisores de indicaciones para convertirse en voces importantes en el espacio de participación real en la toma de decisiones administrativas.

No renunciamos a la idea de que el Plan de la Economía se construya desde la base, desde las empresas, desde los actores económicos, con la voz y el voto de los trabajadores y que los trabajadores sean los más celosos guardianes de su ejecución.

Desde la visión del movimiento obrero cubano el papel de los trabajadores en la defensa de la Revolución es histórico, multifacético y esencial para la supervivencia del proyecto de construcción socialista.

Los ejes fundamentales de este papel del movimiento obrero en defensa de la Revolución podemos resumirlos en cinco pilares fundamentales: la defensa de la soberanía nacional y del socialismo; la producción y la innovación creciente y constante; la participación y el control, con el ojo muy atento a vicios y prácticas que abran espacio a la corrupción; la contribución comunitaria al barrio, a la localidad, y la continuidad histórica.

En estos cinco pilares se resume la esencia que ha guiado este Congreso.

Felicitamos la elección de este nuevo Consejo Nacional y su Secretario General. Confiamos en su compromiso con la Revolución, de trabajar sin descanso para que el Sindicato tenga la credibilidad y la representación real que nuestros trabajadores merecen.

Lograr todo lo que nos hemos propuesto con este Congreso y con las transformaciones económicas y sociales en curso demanda voluntad y convicción profunda de que sí podemos. Es estar a la altura del momento histórico que nos ha tocado vivir.
Ir a Fidel una y mil veces, sobre todo a esa obra tan breve como invaluable que es su concepto de Revolución. Todas las categorías del concepto están, de una u otra forma, mostrándonos el camino para enfrentar los colosales desafíos que tenemos por delante.

En el año del Centenario del Comandante en Jefe no dejaremos que nuestra generación, sobre la que hoy recae la responsabilidad histórica de salvar la Revolución, defraude la historia o mancille la memoria de nuestros héroes y mártires.

¡Por ellos, por Cuba, por el futuro del socialismo, seguiremos resistiendo, trabajando, creando y venciendo!

¡Vivan los aguerridos trabajadores, protagonistas de la resistencia victoriosa! (Exclamaciones de: “¡Vivan!”)

¡La Patria se defiende!

¡Por Cuba juntos creamos!

¡Socialismo o Muerte!

¡Patria o Muerte!

¡Venceremos!