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miércoles, 14 de enero de 2026

Trump fustiga a la Fed y las tarjetas de crédito; oro y plata en las nubes: síndrome Maduro con síndrome Mamdani



Por Alfredo Jalife-Rahme


El presidente Trump maneja la técnica sicológico-militar de “conmoción y asombro ( shock and awe)” tanto al exterior, para aplicar el “síndrome Maduro” como al interior, para confrontar el “síndrome Mamdani (bit.ly/4qPUGPs)”.

Trump provocó “conmoción y asombro” al segmento financiero globalista –que golpea en particular a los cuatro jinetes jázaros (Khazar; bit.ly/3QqemJr): Banca Rothschild, BlackRock de Larry Fink, George Soros y Bloomberg, mediante la investigación criminal (¡mega-sic!) del gobernador de la Reserva Federal, Jerome Powell (JP), quien se ha obstinado a mantener elevadas las tasas de interés cuando Trump desea no sólo imponer a un partidario suyo como sucesor de JP, sino también disminuir las tasas de interés con el fin de elevar su aceptación popular, hoy deteriorada.

Según WSJ, se trata más que nada de “la intención de Trump para controlar al banco central sin importar lo que digan las leyes o los tribunales (bit.ly/4jzY6n0)”.

Los oráculos financieros globalistas desde Bloomberg (bit.ly/4pF1y1j) hasta Financial Times (bit.ly/4aSCpMT) han criticado severamente la afrenta a la “independencia” de la Fed, que en el modelo de la globalización financierista se convirtió en un “Estado dentro del Estado”.

Con su mente clavada en la exitosa “asequibilidad ( affordability)” de Mamdani –el nuevo alcalde ugandés/hindú/chiíta/socialista/milenial de Nueva York financiado con 50 millones de dólares por George Soros –Trump busca congraciarse con su base electoral de MAGA ( make America great again) –hoy fracturada y prácticamente empatada entre anti-israelíes y pro-israelíes– mediante un tope del 10 por ciento a las agiotistas tasas de interés que asestan los bancos a los tenedores de las tarjetas de crédito. Su volumen de transacciones y compras anuales en Estados Unidos asciende a más de 6.1 millones de millones de dólares (trillones en anglosajón) para 2025; con un adeudo de 1.23 millones de millones, según datos de la Reserva Federal de Nueva York.

Como era de esperarse, la banca agiotista de Wall Street pegó el brinco en el cielo cuando sus lubricados legisladores en el Congreso exhiben fuertes reticencias (bit.ly/453D5LK).

También esperado, las acciones bursátiles de servicios financieros y de los bancos sufrieron una severa caída con la propuesta electorera de Trump: las acciones de Capital One perdieron 6 por ciento; las de American Express, 4.87; Citigroup, 4, y JPMorgan Chase casi 3 por ciento (bit.ly/4sKNiH9).

Según WSJ: “En su apuesta por la asequibilidad, Trump presenta una serie de propuestas para abordar los costos y lanza ideas para reducirlos y aumentar el poder adquisitivo que podrían suponer grandes cambios en los mercados inmobiliarios, industria petrolera y las finanzas (bit.ly/4aYyQVy)”.

Como consecuencia de la colisión de Trump con la Fed y la exigencia de poner un tope de 10 por ciento al cobro de las tarjetas de crédito, al corte de caja del 12 de enero, el oro y la plata alcanzaron alzas estratosféricas: a 4 mil 600 dólares la onza oro y a 86 la onza de plata, de la que México es el principal productor teórico del mundo (bit.ly/4qe3EGt).

Otro efecto del “síndrome Maduro”, según William Pesek, de Asia Times, alimenta un histórico disparo de 4 por ciento del índice MSCI de Asia Pacífico, conforme “los inversionistas huyen de la deuda de Estados Unidos, cercana a 39 millones de millones de dólares, cuando las bolsas de valores asiáticas, empujadas por la inteligencia artificial y sus bancos centrales detentan ahora la última palanca (sic) sobre la estabilidad de Washington”.

A mi juicio, los problemas más serios los enfrenta Trump en su frente doméstico, mucho más que en el exterior, donde emprende una “fuga hacia adelante”, de cara a las decisivas elecciones intermedias de noviembre, cuando una derrota en la Cámara de Representantes vía el “síndrome Mamdani”, le podría significar su enésima defenestración ( impeachment).

viernes, 4 de abril de 2025

El presidente de la Reserva Federal advirtió que los aranceles causarán más inflación y menor crecimiento en Estados Unidos

“Nos enfrentamos a un panorama muy incierto, con elevados riesgos tanto de aumento del desempleo como de la inflación”, aseguró Jerome Powell

Por Howard Schneider
04 Abr, 2025 11:46 a.m. MX



Foto de archivo del presidente de la Reserva Federal Jerome Powell en una rueda de prensa en Washington March 19, 2025. REUTERS/Nathan Howard

El presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, dijo el viernes que los aranceles aprobados por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, son “mayores de lo esperado” y es probable que también lo sean sus consecuencias económicas, como el aumento de la inflación y la desaceleración del crecimiento.

“Nos enfrentamos a un panorama muy incierto, con elevados riesgos tanto de aumento del desempleo como de la inflación”, lo que socavaría los dos mandatos de la Fed del 2% de inflación y el máximo empleo, dijo Powell en declaraciones preparadas para una conferencia de periodistas de negocios.

Powell habló mientras los mercados globales continúan un desplome que ha borrado alrededor del 10% de los principales índices bursátiles de Estados Unidos desde que Trump anunció una serie de nuevos aranceles el miércoles.

Powell no se refirió de forma directa a la liquidación, pero reconoció que la misma incertidumbre en la que están sumidos los inversores y los ejecutivos de las empresas es la que afronta el banco central estadounidense.

Según dijo, la Fed tiene tiempo para esperar más datos antes de decidir cómo debe responder la política monetaria, pero el enfoque será asegurar que las expectativas de inflación permanecen ancladas, sobre todo si los aranceles hacen más persistentes las presiones sobre los precios.

“Si bien es muy probable que los aranceles generen al menos un aumento temporal de la inflación, también es posible que los efectos sean más persistentes”, afirmó Powell.

“Evitar ese resultado dependerá de mantener bien ancladas las expectativas de inflación a más largo plazo, de la magnitud de los efectos y del tiempo que tarden en trasladarse plenamente a los precios”, sostuvo.

“Nuestra obligación es mantener bien ancladas las expectativas de inflación a largo plazo y asegurarnos de que un aumento puntual del nivel de precios no se convierta en un problema de inflación permanente”, agregó.

Powell dijo que no es función de la Fed comentar las políticas del Gobierno de Trump, sino reaccionar a cómo podrían afectar a una economía que él y sus colegas consideraban hace apenas unas semanas como en un punto óptimo de inflación en descenso y bajo desempleo.

Pero sus comentarios pusieron de relieve la tensión que la Fed está observando entre los datos duros, que se mantienen sólidos (la economía creó 228.000 empleos en marzo, con una tasa de desempleo del 4,2%), y los blandos, como encuestas y entrevistas con contactos empresariales, que apuntan a una desaceleración inminente.

“Seguimos de cerca esta tensión entre los datos duros y blandos. A medida que las nuevas políticas y sus probables efectos económicos se aclaren, comprenderemos mejor sus implicaciones para la economía y la política monetaria”, declaró Powell.

“Si bien la incertidumbre sigue siendo elevada, ahora es evidente que los aumentos arancelarios serán significativamente mayores de lo previsto”, añadió. “Es probable que ocurra lo mismo con los efectos económicos, que incluirán una mayor inflación y un crecimiento más lento”.

“Estamos bien posicionados para esperar una mayor claridad antes de considerar cualquier ajuste a nuestra postura de política monetaria. Es demasiado pronto para decir cuál será la trayectoria adecuada para la política monetaria”.

El confuso conjunto de riesgos, con el aumento de los precios incluso mientras la economía se debilita, se ha vuelto cada vez más central en los comentarios recientes de la Fed a medida que se aclara el alcance de los planes arancelarios de Trump y otros países responden.

China anunció gravámenes de represalia del 34% sobre todos los productos estadounidenses, restricciones a la exportación de minerales esenciales para la industria tecnológica y otras medidas, incluyendo límites a las importaciones de pollos criados en Estados Unidos, un reconocimiento al apoyo que recibe Trump en las zonas rurales y agrícolas del país.

Los mercados bursátiles mundiales continuaron su desplome. Hasta el momento, funcionarios del Gobierno han minimizado la caída de las acciones, la peor desde el inicio de la pandemia de COVID-19, considerándola necesaria para el avance económico de Estados Unidos en el futuro.

Las represalias de otros países, en este caso uno de los principales socios comerciales de Estados Unidos, es uno de los canales que, según han dicho autoridades de la Fed, podrían causar que los impuestos a las importaciones de Trump conduzcan a una inflación más persistente.

(Con información de Reuters)

miércoles, 22 de junio de 2022

Powell: lograr aterrizaje suave será “muy desafiante”; recesión es una posibilidad

“Anticipamos que continuas subidas de tasas serán apropiadas”, dijo Powell el miércoles en el texto de su testimonio semestral ante el Comité Bancario del Senado de EE.UU.


El presidente de la FedJerome Powell(Bloomberg/Al Drago)

Por Craig Torres 22 de junio, 2022 | 08:58 am

Bloomberg — El presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, hizo su reconocimiento más explícito hasta ahora de que las fuertes subidas de tasas podrían llevar a la economía estadounidense a una recesión, diciendo que esta es una posibilidad. También calificó como “muy desafiante” el escenario de lograr un aterrizaje suave de la economía.

“El otro riesgo, sin embargo, es que no consigamos restaurar la estabilidad de precios y que permitamos que esta alta inflación se afiance en la economía”, dijo Powell a los legisladores de EE.UU. el miércoles. “No podemos fracasar en esa tarea. Tenemos que volver al 2% de inflación”

Powell dijo además que el banco central de EE.UU. seguirá subiendo las tasas para domar la inflación tras implementar la mayor subida en casi tres décadas, aunque los responsables de la política monetaria deben ser “ágiles” ante los diversos shocks que sufre la mayor economía del mundo.

“Anticipamos que continuas subidas de tasas serán apropiadas”, dijo Powell el miércoles en el texto de su testimonio semestral ante el Comité Bancario del Senado. “La inflación obviamente ha sorprendido al alza durante el pasado año, y podrían producirse nuevas sorpresas. Por lo tanto, tendremos que ser ágiles a la hora de responder a los datos entrantes y a la evolución de las perspectivas.”

Las declaraciones preparadas por Powell reiteraron en gran medida los comentarios realizados en una conferencia de prensa la semana pasada, después de que él y sus colegas del Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC, por sus siglas en inglés) elevaran la tasa de referencia en 75 puntos básicos -el mayor aumento desde 1994- hasta un rango de entre el 1,5% y el 1,75%.

Aunque Powell dijo a los periodistas la semana pasada que otro aumento de esa magnitud o uno de 50 puntos básicos estaba sobre la mesa para la próxima reunión a finales de julio, el texto del miércoles no hizo referencia al tamaño de las futuras subidas. El gobernador de la Fed Christopher Waller dijo el sábado que apoyaría una subida de 75 puntos básicos en julio si los datos económicos son los que espera.

“Entendemos las dificultades que está causando la alta inflación”, dijo Powell el miércoles. “Estamos firmemente comprometidos a reducir la inflación, y nos estamos moviendo con rapidez para hacerlo”.

El índice de precios al consumo del Departamento de Trabajo subió un 8,6% el mes pasado con respecto al año anterior, tocando su nivel más alto en cuatro décadas. El aumento del costo de vida ha enfadado a los estadounidenses y ha perjudicado la posición de los demócratas ante los votantes de cara a las elecciones legislativas de noviembre.

Los funcionarios de la Fed han admitido que fueron demasiado lentos a la hora de endurecer la política monetaria y ahora están tratando de adelantar las subidas de tasas en el giro más agresivo de las últimas décadas.

Aunque la Fed no prevé una recesión, los economistas señalan cada vez más la posibilidad de que se produzca un descenso en algún momento de los próximos dos años.

El expresidente de la Fed de Nueva York, Bill Dudley, dijo el miércoles en una columna de opinión en Bloomberg que una recesión es “inevitable” en los próximos 12 a 18 meses.

Un economista de la Fed, Michael Kiley, dijo el martes en un artículo que el riesgo de un gran aumento de la tasa de desempleo está por encima del 50% durante los próximos cuatro trimestres, basándose en una simulación que incorpora los datos de inflación, el desempleo, los rendimientos de los bonos corporativos y los rendimientos del Tesoro.

“La economía estadounidense es muy fuerte y está bien posicionada para manejar una política monetaria más estricta”, dijo Powell.

La preocupación por las perspectivas de crecimiento mundial ha hecho que los precios del petróleo retrocedan en los últimos días, lo que podría suponer un alivio para los elevados precios de la gasolina. Al mismo tiempo, la contratación en EE.UU. sigue siendo fuerte y los indicadores de consumo sugieren que la demanda se mantiene a pesar del golpe a la renta real disponible por el aumento de la inflación.

Powell, en su comparecencia del miércoles, dijo que el mercado laboral del país está “extremadamente ajustado”.

“El endurecimiento de las condiciones financieras que hemos observado en los últimos meses debería seguir moderando el crecimiento y ayudar a equilibrar mejor la demanda con la oferta”, dijo Powell.

Las previsiones más recientes de los responsables de la política monetaria, publicadas la semana pasada, muestran que el nivel de las tasas se duplicará aproximadamente en la segunda mitad del año, hasta un rango objetivo de entre el 3,25% y el 3,5%.


Nuevo diagrama de puntos de la Fed.

Los funcionarios también han comenzado a reducir su enorme balance. Se espera que el impacto combinado del aumento de los costos de los préstamos y el llamado endurecimiento cuantitativo tenga algún impacto en la tasa de empleo.

El mes pasado, el desempleo se situó en su nivel más bajo en 50 años, el 3,6%, y los funcionarios de la Fed prevén que aumente hasta el 4,1% a finales de 2024, momento en el que prevén que las tasas alcancen un máximo del 3,8%. Se prevé que la inflación descienda hacia su objetivo del 2% para entonces, desde las lecturas actuales, que se ubican encima del 6% según el indicador que la Fed tiene como objetivo.

Las orientaciones de los funcionarios sobre la trayectoria futura de la política monetaria, así como las subidas de tasas que ya han llevado a cabo, han contribuido a que los rendimientos del Tesoro a 10 años superen el 3%, aproximadamente el doble que a principios de año, mientras que el índice bursátil S&P 500 ha bajado más del 20%. El aumento de los tipos hipotecarios está contribuyendo a enfriar el mercado inmobiliario.

jueves, 17 de marzo de 2022

La Fed inicia campaña de alto riesgo para domar la inflación

WASHINGTON (AP) — La Reserva Federal inició el miércoles una campaña de alto riesgo para domar la inflación más alta desde la década de 1970 con una elevación de la tasa de interés de referencia a corto plazo y señales de otros siete posibles aumentos durante el resto del año.



La elevación de la tasa clave —que estaba en casi cero desde el inicio de la recesión causada por la pandemia hace dos años— en un cuarto de punto marca el inicio de sus esfuerzos para contener la alta inflación que ha acompañado a la recuperación de la economía. El ajuste significará mayores tasas de interés en los préstamos de muchos consumidores y negocios.

Los directivos del banco central estadounidense prevén que la inflación seguirá siendo elevada y que será de 4,3% al final de 2022, de acuerdo con las proyecciones trimestrales que dieron a conocer el miércoles. Está muy por encima de la meta anual de la Fed, del 2%. Además, pronostican que el crecimiento de la economía será de 2,8%, muy por debajo del 4% pronosticado en diciembre.

El presidente de la Fed, Jerome Powell, está forzando una vuelta cerrada en U. La Reserva mantuvo las tasas ultrabajas para ayudar al crecimiento y el empleo durante la recesión y su epílogo. En diciembre, los funcionarios de la Fed esperaban elevar las tasas tres veces en el año. Ahora proyecta siete aumentos para elevar la tasa a corto plazo a entre 1,75% y 2% para finales de 2022. Podría elevarla en medio punto en futuras reuniones.


Fuente: Associated Press

jueves, 3 de febrero de 2022

La adopción cautelosa de dólares digitales por parte de la Fed

Feb 1, 2022 KENNETH ROGOFF

CAMBRIDGE – Los gobiernos de muchos países, principal mente el de China, siguen experimentando con las monedas digitales de los bancos centrales (CBDC por su sigla en inglés). Money 3.0 está avanzando a toda velocidad y, con su reciente documentación técnica, titulada “El dólar estadounidense en la era de la transformación digital”, la Reserva Federal de Estados Unidos, claramente rezagada, finalmente ha comenzado a intervenir, aunque sólo de manera poco entusiasta. La cautela de la Fed es entendible, ¿pero es excesiva?

La Fed fija una vara extremadamente alta para introducir un dólar digital minorista. Por empezar, nos dicen que la nueva forma de moneda debe brindar beneficios de manera más efectiva que otros métodos, supuestamente en referencia a las stablecoins digitales vinculadas al dólar y a las cuentas bancarias existentes. Por ejemplo, un supuesto beneficio de un dólar digital es ofrecer una “compensación en tiempo real” para pequeños pagos, lo que por supuesto la moneda en papel ya hace, y la Fed planea introducir en breve pagos electrónicos de 24 horas a través de los bancos. La moneda digital también debe proteger la privacidad (las autoridades chinas dicen lo mismo) y no debe facilitar la actividad criminal, lo cual es irónico dada la popularidad del billete de 100 dólares en la economía sumergida global.

Lo más problemático de todo es el requerimiento de la Fed de que los beneficios esperados a partir de introducir un dólar digital superen cualquier riesgo que esto pueda crear. Es un obstáculo muy difícil pero razonable. A pesar de todos los defectos de la infraestructura financiera existente del mundo, su funcionamiento interno se ha mantenido esencialmente intacto durante décadas. Imaginemos un escenario de pesadilla en el que un dólar digital mal diseñado dejara abierta una “puerta trasera” que permitiera que una potencia extranjera hostil cerrara todo el sistema financiero global basado en el dólar de una sola vez.

Dejando de lado los riesgos, no es difícil de entender por qué la Fed se muestra particularmente reticente a cualquier cambio cuántico en el sistema financiero existente. Después de todo, el dominio internacional del dólar le aporta infinidad de beneficios a Estados Unidos. Reduce las tasas de interés que tienen que pagar los ciudadanos y las corporaciones estadounidenses, para no mencionar aquellas para el mayor prestatario del mundo, el gobierno de Estados Unidos –lo que Valéry Giscard d’Estaing, el entonces ministro de Finanzas de Francia, llamaba el “privilegio exorbitante” de Estados Unidos.

El dominio del dólar también les da a las autoridades norteamericanas una influencia sobre la estructura del sistema financiero global, inclusive un acceso privilegiado a información sobre las transacciones mundiales con dólares. Asimismo, le permite a Estados Unidos imponer sanciones financieras significativas. Rusia ha sido objeto de sanciones financieras selectivas desde su anexión de Crimea en 2014, pero la administración del presidente Joe Biden ahora amenaza con medidas mucho más fuertes en caso de una invasión rusa de Ucrania.

Mientras otros bancos centrales lideran la tarea de introducir monedas digitales, algunos temen que la Fed pueda encontrarse en la posición de Eastman Kodak (que alguna vez hizo una fortuna procesando película) cuando llegó la fotografía digital, o de los fabricantes de relojes mecánicos suizos cuando los relojes digitales se volvieron ubicuos.

Pero hay otra razón más sutil para la reticencia de la Fed frente al dólar digital: Estados Unidos sigue siendo fundamentalmente una democracia y una economía de mercado. Si bien el gobierno tiene un poder regulatorio y legal considerable para implementar la adopción de su moneda digital, esto se aplica sólo hasta un punto. No se puede obligar a la población norteamericana a aceptar una transición que no quiere. ¿Recuerdan cuando el Tesoro intentó popularizar los billetes de 2 dólares porque ahorraría dinero en la impresión de billetes de un dólar?

De manera que, cuando Estados Unidos efectivamente intente introducir un dólar digital minorista –cosa que creo que terminará haciendo-, tal vez sólo le dé un mordisco a la manzana. En este momento, el rango de tecnologías y opciones para las CBDC es casi ilimitada. (La Autoridad Monetaria de Singapur recientemente realizó un concurso para diseñar el dólar de Singapur digital y la ronda final –en la cual participé como juez- no tenía menos de 15 entradas diversas)-. Si el gobierno chino decide que eligió la tecnología equivocada para su CBDC, puede decirle a todo el mundo que quiere dar marcha atrás. Pero si el primer intento de la Fed con un dólar digital fracasa, debido a una falta de interés público y a una acometida política, tal vez tenga que esperar décadas antes de intentarlo de nuevo.

Una cuestión visiblemente ausente en la documentación técnica de la Fed es cómo el organismo planea regular las tecnologías financieras descentralizadas de Web 3.0, un dominio donde las autoridades estadounidenses hasta el momento parecen estar perdidas en acción. En particular, los reguladores estadounidenses necesitan con urgencia hacer mucho más para guiar y restringir el crecimiento de las criptomonedas privadas y sus muchos derivados. Como señaló la senadora estadounidense Elizabeth Warren, “las criptomonedas son la nueva banca en las sombras”. La opinión generalizada de que las criptomonedas se utilizan básicamente para inversión y no para transacciones y flujos de capital –una visión a la que suscribe el documento de la Fed- es una mera ilusión, como ha demostrado la investigación reciente.

El presidente de la Fed, Jerome Powell, ha sostenido que introducir una CBDC estadounidense debilitará la demanda de criptomonedas. Ésta es una de las motivaciones de la Fed para producir su documentación técnica. Pero gran parte de la demanda de criptomonedas como Bitcoin proviene de la economía sumergida global, ya sea para compras de drogas ilegales en la Internet oscura, evasión de sanciones por parte de oligarcas rusos, fuga de capitales, lavado de dinero o evasión impositiva.

Es irrefutable la necesidad actual de una regulación estricta del uso de criptomonedas de las economías avanzadas, y de otras CBDC en tanto vayan siendo utilizadas a nivel internacional. La reticencia de la Fed a apresurarse a lanzar un dólar digital es entendible, pero no es una excusa para el ritmo lento de la reforma regulatoria.

KENNETH ROGOFF Professor of Economics and Public Policy at Harvard University and recipient of the 2011 Deutsche Bank Prize in Financial Economics, was the chief economist of the International Monetary Fund from 2001 to 2003. He is co-author of This Time is Different: Eight Centuries of Financial Folly and author of The Curse of Cash.

domingo, 26 de septiembre de 2021

La FED, las tasas de interés y la estanflación

Michael Roberts 25/09/2021, Sin Permiso
 

“La economía ha avanzado hacia las metas de empleo e inflación y si el progreso continúa ampliamente como se espera, pronto se justificará una moderación en el ritmo de compra de activos”, dijeron los funcionarios de la Reserva Federal de Estados Unidos en su declaración de política monetaria de septiembre. La Fed también señaló que los aumentos de las tasas de interés podrían producirse más rápido de lo esperado, y 9 de los 18 responsables políticos creen que los costes de los préstamos deberán aumentar en 2022.

La Fed redujo su pronóstico de crecimiento del PIB real para este año a 5.9% desde el 7% de su proyección de junio, pero elevó su pronóstico para el próximo año a 3.8%, desde 3.3% de la proyección de junio). Más preocupante para los mercados de inversión y para los trabajadores asalariados, es que se espera que la inflación promedie un 4,2% este año antes de volver a caer al 2,2% el próximo año; y la tasa de desempleo se mantendrá por encima de los niveles prepandémicos este año y el próximo.

La gran pregunta para la Fed es si debería dejar de inyectar enormes cantidades de efectivo en el sistema bancario supuestamente para respaldar a las empresas durante la crisis del COVID. En su reunión, dejó claro que era inminente una 'reducción' de su compra mensual de bonos hipotecarios y del gobierno (próxima reunión). Ralentizar sus compras de activos "pronto podría estar justificado".

Sin embargo, la Fed está dividida sobre cuándo hacerlo. El presidente de la Fed, Powell, señaló que algunos participantes del FOMC piensan que los criterios de "progreso sustancial adicional" ya se han cumplido, mientras que caracterizó las condiciones en el mercado laboral como "casi alcanzadas" sugún su propia visión de esos criterios. En el turno de preguntas, Powell dijo que la opinión de consenso en el Comité era finalizar las compras a mediados de año, aproximadamente un trimestre antes de su pronóstico anterior. También enfatizó que la Fed podría ajustar el ritmo según sea necesario, pero que la reducción probablemente se acelerará si parece que las condiciones lo justifican  antes de lo esperado.

En cuanto a las subidas de tipos de interés, todavía faltaba un poco. Los funcionarios de la Fed están divididos equitativamente entre subirlos o mantenerlos hasta finales de 2022 y permanecen divididos sobre si las subidas deben ser 3 o 4 hasta finales de 2023 o 6 o 7 en total hasta finales de 2024. Powell continuó argumentando que la elevada inflación actual se debe en gran parte a "factores transitorios" que se desvanecerán antes del próximo año, y que las expectativas de inflación a largo plazo siguen estando ampliamente contenidas.

Por lo tanto, incluso si la 'flexibilización cuantitativa' comienza a disminuir el próximo año, las tasas de interés se mantendrán muy bajas o cercanas a cero durante al menos otro año. La Fed se encuentra en un dilema. Las bajas tasas de interés son malas porque demasiado endeudamiento a tasas bajas podría conducir a una inflación más alta y sostenida si la oferta no puede igualar el crecimiento de la demanda, mientras que continuará el endeudamiento para la especulación en activos financieros y propiedades. Por otro lado, el aumento de las tasas de interés elevará el coste del servicio de la deuda existente, ya en niveles récord, lo que eventualmente podría conducir a incumplimientos de pagos, quiebras y un colapso financiero. La Fed no está segura de qué camino tomar.

Pero tampoco la teoría económica convencional. Eso se debe en parte porque la teoría económica dominante no tiene una explicación clara de las bajas tasas de interés. La visión neoclásica / austriaca es que las tasas de interés del mercado dependen de la oferta y la demanda de ahorro e inversión. Cuando el primero es más alto que el segundo, las tasas de interés bajarán para alcanzar un nuevo equilibrio.  Esto se llama tasa de interés natural o r *.   La escuela austriaca agrega que si el banco central interviene en este mercado de capital inyectando crédito monetario, distorsiona la tasa de mercado por debajo de la tasa natural, lo que eventualmente conducirá a una contracción crediticia.  Y esto es lo que está sucediendo ahora.

Pero, ¿existe una tasa de interés natural? ¿Nos ayuda este concepto a comprender lo que está sucediendo en la economía, especialmente en las principales economías capitalistas, en este momento?   Keynes descartó la idea, argumentando que no había una tasa natural estática sino una serie de tasas dependiendo del nivel de inversión,el consumo y el ahorro en una economía y el deseo de atesorar dinero (preferencia por la liquidez). No había razón alguna para suponer que la economía capitalista 'corregirá' cualquier desajuste entre inversión y ahorro, particularmente en una depresión, ajustando las tasas de interés del mercado a la 'tasa natural' mediante algún proceso automático de mercado. Esto se debe a que en una depresión en la que los rendimientos de las inversiones son demasiado bajos en comparación con la tasa de interés monetaria, los capitalistas acapararán su dinero en lugar de invertir en una "trampa de liquidez".

Ni Keynes ni Marx creían en un concepto como la tasa de interés natural, sino en la relación entre la tasa de interés por tener dinero en el banco y la rentabilidad (o rendimiento) del capital productivo. En realidad, también lo hizo el creador del concepto de la tasa natural, Wicksell. Según Wicksell, la tasa natural “ nunca es alta o baja en sí misma, sino solo en relación con las ganancias que la gente puede obtener con el dinero en sus manos, y esto, por supuesto, varía. En los buenos tiempos, cuando el comercio es dinámico, la tasa de ganancia es alta y, lo que es de gran importancia, generalmente se espera que siga siendo alta; en períodos de depresión es bajo y se espera que permanezca bajo ".

Marx negó el concepto de tasa de interés natural. Para él, el rendimiento del capital, ya sea como intereses devengados por prestar dinero, o los dividendos de la tenencia de acciones, o las rentas inmobiliarias, provenían de la plusvalía apropiada del trabajo de la clase trabajadora y de los sectores productivos del capital. Los intereses formaban parte de esa plusvalía. La tasa de interés fluctuaría así entre cero y la tasa promedio de ganancia de la producción capitalista en una economía. En tiempos de bonanza, se movería hacia la tasa media de ganancia y en recesiones descendería hasta cero. Pero el motor decisivo de la inversión sería la rentabilidad, no la tasa de interés. Si la rentabilidad es baja, los tenedores de dinero acumularán cada vez más dinero o especularán con activos financieros en lugar de invertir en activos productivos. Lo que importa no es si la tasa de interés del mercado está por encima o por debajo de alguna tasa "natural", sino si es tan alta que excluye como opción invertir los beneficios en activos productivos.

La tesis poskeynesiana argumenta que las tasas de interés alcanzan mínimos porque los ahorros superan al gasto. Son los hogares los que empiezan a acumular dinero en lugar de gastarlo. La explicación hasta ahora se ha basado en la demografía; es decir, las personas mayores tienden a gastar menos y ahorrar más, y en todas partes las economías capitalistas avanzadas están envejeciendo. Sin embargo, la última explicación es que es la creciente desigualdad lo que crea un 'exceso de ahorro' porque las personas más ricas tienden a ahorrar más que las personas más pobres. Este es un argumento que se ha presentado durante algún tiempo, particularmente en el plano internacional, y los keynesianos han argumentado que ha habido un 'exceso de ahorro global' en países con superávit comercial como China, Japón o Alemania y su capital excedente se ha transferido a Estados Unidos, reduciendo las tasas de interés.

Recientemente, Mian y Sufi ( mss_jh_word.pdf (kansascityfed.org) presentaron un nuevo artículo en el simposio federal de Jackson Hole de este año, que ha entusiasmado a gente como Martin Wolf, columnista de economía keynesiano del Financial Times. Mian y Sufi han argumentado algo similar antes en su libro, House of Debt. Ahora concluyen, como ya sugirieron en su trabajo anterior, que la principal explicación de la caída de las tasas de interés reales ha sido una desigualdad alta y creciente y no factores demográficos, como los hábitos de ahorro de la generación “baby-boom” a lo largo de su vida. Su punto principal es que las tasas de ahorro varían mucho más según los ingresos dentro de las cohortes de edad que entre las cohortes de edad. Las diferencias también son enormes: en los EEUU, el 10 por ciento de los hogares con ingresos más altos tiene una tasa de ahorro entre 10 y 20 puntos porcentuales más alta que el 90 por ciento inferior. Dada esta divergencia, el cambio en la distribución del ingreso hacia los niveles más altos elevó inevitablemente la propensión general a ahorrar. Así que las bajas tasas de interés son el resultado del acaparamiento de los ricos. Por lo tanto, la Fed nunca podrá subir las tasas de interés mientras la desigualdad se mantenga alta. Mientras tanto, los hogares acumularán mayores deudas pidiendo préstamos a tasas bajas para comprar viviendas, con el riesgo de una futura implosión de la deuda.

Pero ¿esta explicación es correcta? La debilidad de esta explicación es la tesis de que el bajo consumo de los hogares es el problema, lo que conduce a una falta de "demanda agregada'' necesaria para llevar a las economías capitalistas a una senda sostenida de mayor crecimiento y así permitir que las tasas de interés aumenten sin crisis. Esta teoría particular del subconsumo pasa por alto lo que falta en todas las teorías del subconsumo: lo que hace el sector capitalista. El consumo no es la única categoría de la "demanda agregada"; también hay demanda de inversión por parte de los capitalistas. De hecho, Marx argumentó que este era el factor más importante para impulsar el crecimiento de la producción en una economía capitalista, e incluso Keynes a veces estuvo de acuerdo. Lo he demostrado en varios artículos y papeles, es decir que la inversión capitalista es el "factor decisivo" de los auges y las recesiones: la caída de la inversión es la que lleva a las economías capitalistas a las recesiones y las saca de ellas. El consumo es un factor rezagado y, de hecho, los cambios en el consumo son pequeños durante el ciclo de auge y recesión en comparación con la inversión.

No existe un "exceso de ahorro" mundial o nacional. En cambio, el problema es la "escasez de inversiones". Si miramos las tasas de inversión (medidas por la inversión total en relación con el PIB en una economía), encontramos que en los últimos diez años, la inversión total en relación con el PIB en las principales economías ha sido débil; de hecho, en 2019, la inversión total (gobierno, vivienda y empresas) en relación con el PIB sigue siendo más baja que en 2007. En otras palabras, incluso la baja tasa de crecimiento del PIB real en las principales economías en los últimos diez años no se ha correspondido con el crecimiento de la inversión total. Y si se elimina al gobierno y la vivienda, la inversión empresarial ha tenido una evolución aún peor.

La tasa de ahorro nacional de las economías capitalistas avanzadas en 2019 no es más alta que en 2007, mientras que la tasa de inversión ha caído un 7%.  Ha habido escasez de inversiones, no exceso de ahorros. 

Como señaló un erudito ortodoxo del Instituto Breugel en una carta a Martin Wolf: “Si bien no niego que los hogares más ricos ahorren más, no puede explicar la caída de las tasas de interés reales. La razón es simple: la tasa de ahorro bruto (expresada como porcentaje del producto interno bruto) no aumentó en los EEUU. Por el contrario, ha disminuido durante los últimos 40 años, especialmente en la década de 1980 y principios de la de 1990, cuando la desigualdad de ingresos creció rápidamente. Esto significa que otros factores fueron más importantes que el impacto de una mayor desigualdad de ingresos en la tasa de ahorro. Más allá de la tasa de ahorro, deberíamos mirar a otro lado: a la inversión. La relación entre la tasa de inversión total y el PIB tiene una tendencia a la baja en todas las economías del G7, excepto Canadá y Francia. Quizás un análisis de las causas del descenso de la tasa de inversión nos acercaría a la explicación de por qué las tasas de interés reales son tan bajas".

En mi opinión, las bajas tasas de interés no son el resultado de una falta de demanda agregada causada por el aumento de la desigualdad y la incapacidad de los trabajadores para recomprar su propia producción. Es el resultado de la disminución de la rentabilidad del capital en las principales economías capitalistas, lo que obliga a las empresas a mirar al exterior para invertir donde la rentabilidad es mayor (el índice de inversión en las economías emergentes ha aumentado un 10% en los últimos diez años, algo que estos analistas keynesianos y post-keynesianos ignoran.

El 'exceso de ahorro' es en realidad simplemente una falta de inversión en la economía real. ¿Por qué hubo y hay una carencia de inversión hasta niveles que impulsarían el crecimiento y las tasas de interés con él? La rentabilidad de los sectores productivos es demasiado baja. En EEUU, la rentabilidad del sector no financiero comenzó a retroceder después de la década de 1990, lo que generó el colapso del sector de la alta tecnología y obligó a los inversores a cambiar a la inversión inmobiliaria, lo que generó la burbuja inmobiliaria. Detrás del aumento de la deuda y el posterior colapso hay una crisis en la rentabilidad de la producción capitalista. Nada de esto se explica, naturalmente, en House of Debt de Mian y Sufi.

De hecho, la evidencia empírica de una conexión causal entre desigualdad y crisis sigue siendo cuestionable. Por el contrario, un trabajo reciente de economistas marxistas presentado en la conferencia IIPPE de este año (informaré sobre la conferencia en una próxima nota) muestra que las tasas de interés del mercado (tanto a corto como a largo plazo) están estrechamente correlacionadas con los cambios en la rentabilidad del capital. Karl Beitel demuestra tal correlación y conexión y Nikos Stravelakis presenta un apoyo empírico y explicativo para esto.

Por lo tanto, si las tasas de interés del mercado están determinadas en última instancia por la rentabilidad del capital y no por la relación entre 'ahorro e inversión' o el nivel de desigualdad y el consumo de los hogares, entonces si la rentabilidad del capital se mantiene baja, las tasas de interés harán lo mismo, independientemente de que la Fed u otros bancos centrales lo hagan. O, para ser más precisos, si la Fed opta no solo por poner fin a la flexibilización cuantitativa sino por subir significativamente su tasa de política, entonces es más que probable que genere una crisis de deuda porque no se ha elevado la rentabilidad del capital productivo.

Creo que esto plantea el debate entre quienes, como Larry Summers, temen que el actual aumento de la inflación en el precio de los bienes y servicios en EEUU no sea transitorio y que, por lo tanto, la Fed se verá obligada a subir las tasas de interés, y los que piensan que es transitorio y, por lo tanto, no hay necesidad de cerrar el grifo de liquidez y reducir el crédito, todavía.

Hay un escenario peor que podría suceder. Nouriel Roubini, o el "Dr. Crisis", como solía ser llamado porque pronosticaba regularmente colapsos financieros hasta que se produjeron en 2008, ahora piensa que una deuda muy alta, tasas de interés muy bajas y una variedad de presiones sobre la oferta global implican que las economías capitalistas se están encaminando directamente a otra crisis, que culminara en una combinación de bajo crecimiento y alta inflación.

Es cierto que la deuda, tanto privada como pública en la economía mundial,  se encuentra en niveles récord. A nivel mundial, en 1999 fue del 220 por ciento del PIB. Hoy es del 360 por ciento y sigue aumentando. En los países avanzados, 420 por ciento y en aumento. En China 330 por ciento y en aumento. En los mercados emergentes, 250 por ciento y en aumento y la mayor parte en moneda extranjera. Roubini reconoce que esta carga de la deuda no se puede reducir excepto mediante un enorme aumento de la inflación que reduzca su carga real para los deudores. Pero tal desarrollo destruirá las monedas de los mercados emergentes y los obligará a incumplir sus pagos. Por lo tanto, las principales economías podrían entrar en un período de "estanflación", es decir, un crecimiento estancado junto con la inflación. La última vez que sucedió fue en la crisis de rentabilidad de la década de 1970, cuando la rentabilidad del capital se redujo drásticamente y condujo a las recesiones de 1974-5 y 1980-82.

La aceleración de la inflación puede ser un problema en este momento en los Estados Unidos y otras economías capitalistas en recuperación, y ciertamente afecta cualquier recuperación de los ingresos laborales; pero para el capitalismo, la rentabilidad es el punto de referencia real y puede verse afectada por aumentos salariales por un lado y aumentos de intereses por el otro. Si es así, esa es la base para una nueva recesión.

 
habitual colaborador de Sin Permiso, es un economista marxista británico, que ha trabajado 30 años en la City londinense como analista económico y publica el blog The Next Recession.
Fuente:
https://thenextrecession.wordpress.com/2021/09/24/the-fed-interest-rates-and-stagflation/
Traducción:
G. Buster

jueves, 16 de septiembre de 2021

¿Biden cometerá un error histórico en la Fed?


BERKELEY – En 1987, Alan Greenspan fue nombrado por el presidente republicano Ronald Reagan para presidir la Junta de Gobernadores de la Reserva Federal de Estados Unidos, en reemplazo de Paul Volcker. Ocho años después, al presidente Bill Clinton, un demócrata, lo impresionó la determinación de Greenspan de usar la política monetaria para compensar el saneamiento fiscal de su gobierno. Esto impidió que el crecimiento se frenara en los años 1990, y Greenspan lo hizo a pesar de la oposición partidaria de los republicanos que lo acusaban de implementar una política monetaria demasiado laxa. En 1996, Clinton volvió a nombrar a Greenspan para un tercer mandato y luego para un cuarto período en el año 2000.

Pero la política de Greenspan de alimentar la (sumamente beneficiosa) burbuja puntocom de los años 1990 resultó ser la última vez que actuaría con coraje, sabiduría y de una manera no partidaria. En los años 2000, antepuso la lealtad partidaria, respaldando los recortes impositivos de 2001 y 2003 del presidente republicano George W. Bush aunque, evidentemente, los consideraba una política errada.

Cuando el gobernador de la Fed Edward Gramlich advirtió que las hipotecas, los derivados y los derivados hipotecarios exigían un escrutinio y una regulación mucho más estrechos, Greenspan rechazó este argumento e insistió en que no le correspondía a él interponerse entre los prestadores que quieren prestarles a compradores de viviendas que quieren endeudarse. Todo esto sin importar que esta filosofía macroprudencial estaba en franca contradicción con la que había articulado ilustremente su antecesor William McChesney Martin, quien en 1955 explicó que el trabajo del presidente de la Fed consiste en retirar la ponchera antes de que la fiesta se descontrole, aunque probablemente los asistentes a la fiesta protesten.

Cuando Greenspan se jubiló en enero de 2006, fue sucedido por Ben Bernanke, un designado de Bush que impresionó al presidente demócrata Barack Obama con su intención de trabajar sobre una base bipartidaria para sobrepasar los límites percibidos de la política monetaria en la lucha contra la Gran Recesión. En 2009, Obama debidamente volvió a nombrar a Bernanke, quien mantuvo la línea al seguir con las políticas de alivio cuantitativo (QE) de la Fed a pesar de los gritos de indignación de los republicanos.

En 2010, economistas y no economistas republicanos habían decidido que su máxima prioridad era garantizar que Obama fuera un “presidente de un solo mandato”. Empezaron exigiendo una rápida normalización de la política monetaria –que con certeza iba a producir un mayor desempleo- y desestimaron cualquier prosperidad que había sido generada por la expansión monetaria, catalogándola de farsa.

La prosperidad no era una farsa, pero sí era lo suficientemente magra como para que el argumento cobrara tracción. En diciembre de 2009, el ratio empleo-población de Estados Unidos era del 58,3%, todavía muy por debajo de su nivel previo a la crisis del 63,4% (en diciembre de 2006). Tres años más tarde, en diciembre de 2012, era de apenas el 58,7% y, cuando Bernanke renunció, en enero de 2014, no había subido.

Como era de esperarse, Bernanke estaba profundamente desilusionado con la recuperación anémica post-2008. A fines de los años 1990, había dicho enérgicamente que el Banco de Japón debía hacer lo que fuera necesario para restablecer el pleno empleo en la economía japonesa. Pero las cosas le parecían diferentes cuando dejó la academia para convertirse en un banquero central. Recién después de su partida de la Fed el ratio empleo-población de Estados Unidos empezó a aumentar a la tasa anual de un punto porcentual necesaria para llevar a la economía a escasa distancia del pleno empleo. Alcanzó ese nivel durante la presidencia de un solo mandato del republicano Donald Trump, que sustituyó a la segunda presidenta de la Fed de Obama, Janet Yellen, por Jerome Powell.

Ahora parece ser que el presidente Joe Biden, un demócrata, está pensando en volver a nombrar a Powell para otro mandato de cuatro años. Por qué haría algo así no lo puedo entender. Las opiniones de Powell sobre la regulación financiera y la gestión macroeconómica no están ni remotamente alineadas con las del consenso casi unánime de los demócratas. Aunque ha pasado los últimos cuatro años siguiendo las políticas de tasa de interés y de QE que sí concuerdan con la visión demócrata prevaleciente, es importante considerar dos factores importantes detrás de esto.

La primera razón es que el Partido Republicano ha estado dividido al medio y, por lo tanto neutralizado, por un conflicto amargo entre los instintos impulsivos de dinero duro de los beneméritos del Partido Republicano y los instintos impulsivos de dinero blando de Trump el desarrollador inmobiliario, para quien el dinero nunca puede ser demasiado barato. La segunda razón es que la Gobernadora de la Fed Lael Brainard ha sido extremadamente persuasiva al decir que la tasa de interés neutral actual sigue estando por debajo de cero y que la inflación generada por el shock de oferta como consecuencia de la pandemia del COVID-19 debería adaptarse.

El primer factor se está desvaneciendo. Sin Trump en la presidencia, y sin el miedo de que la restricción monetaria erosione los márgenes de votos en el corto plazo, los republicanos están por consolidarse masivamente detrás del argumento de que es necesario ajustar la política monetaria sustancialmente de inmediato. Powell, al ser un benemérito republicano, escuchará y seguirá esta línea.

Si usted cree que la perspectiva estándar de dinero duro republicana es una buena política en esta instancia de la recuperación, está en su derecho. Pero si no está de acuerdo con esta visión, debería oponerse férreamente a un nuevo nombramiento de Powell. La alternativa obvia es Brainard, una ex economista académica y subsecretario del Departamento del Tesoro de Estados Unidos que se ha desempeñado en la Junta de la Fed desde 2014.

Para volver a nombrar a Powell, Biden y sus asesores tendrían que ofrecer un argumento convincente contra Brainard. ¿Van a decirnos que carece de las capacidades técnicas, experiencias, carisma o poder de persuasión necesarios en materia de política monetaria y regulatoria? Ciertamente espero que no. Brainard mantuvo el curso en su puesto durante los días oscuros de la administración Trump. Para una administración demócrata que actualmente cuenta sólo con una mayoría mínima en el Senado, su nombramiento como presidenta de la Fed debería ser una decisión fácil.


J. Bradford DeLong is Professor of Economics at the University of California, Berkeley and a research associate at the National Bureau of Economic Research. He was Deputy Assistant US Treasury Secretary during the Clinton Administration, where he was heavily involved in budget and trade negotiations. His role in designing the bailout of Mexico during the 1994 peso crisis placed him at the forefront of Latin America’s transformation into a region of open economies, and cemented his stature as a leading voice in economic-policy debates.

viernes, 21 de agosto de 2020

Apple: un estudio de caso de parasitismo financiero

Por Nick Beams, WSWS
19 agosto 2020

Como resultado de la crisis de mediados de marzo, cuando los mercados financieros esencialmente se congelaron, la Fed de EE. UU. intervino con un programa masivo de compra de activos de alrededor de $3 billones, incluida por primera vez la compra de bonos corporativos.

Esto desató un frenesí de endeudamiento con el resultado de que la emisión de bonos corporativos en lo que va de año ya supera a la de 2019.

La razón aparente de la intervención sin precedentes de la Reserva Federal, el factor principal para enviar los índices de Wall Street a un punto de los máximos históricos alcanzados en febrero, fue proporcionar un apoyo para las corporaciones con problemas de efectivo y amenazadas de bancarrota debido a la pandemia de COVID-19.

Pero al igual que con todas las medidas tomadas por la Fed, la intervención ha llevado a niveles cada vez mayores el parasitismo que forma el modus operandi de la economía y el sistema financiero estadounidenses a medida que la riqueza se desvía hacia las arcas de la élite financiera.

Apple no enfrenta ningún problema de flujo de caja. Tiene cientos de miles de millones de dólares en efectivo y anunció ingresos para el trimestre de junio de $59,7 mil millones, con una ganancia de $11,25 mil millones. Pero fue uno de los primeros en la fila en aprovechar las nuevas condiciones creadas por la Fed.

En mayo recaudó $8 mil millones a través de una nueva emisión de bonos y la semana pasada siguió con un regreso a los mercados financieros para recaudar $5,5 mil millones más.

El efecto de la intervención de la Fed, el recorte de su tasa base a cero, la compra de bonos del Tesoro y bonos corporativos, ha permitido a las corporaciones obtener dinero de los mercados financieros a las tasas más baratas de la historia.

Según un informe de Bloomberg, la última emisión de bonos de Apple se divide en cuatro partes, con el vencimiento más largo de 40 años con un rendimiento de solo 1,18 por ciento (118 puntos básicos) por encima de los bonos del Tesoro de EE. UU. Esto significa que Apple pagará un poco más del 2,5 por ciento de interés sobre su deuda a más largo plazo, y los pagos de la deuda a más corto plazo serán aún más bajos. Apple logró una tasa aún más barata que Amazon, que tuvo que pagar 130 puntos básicos por encima de la tasa de los bonos del Tesoro cuando emitió nueva deuda.

Apple no utilizará nada del dinero recaudado de esta manera para expandir la producción y la inversión o para financiar nuevas investigaciones, y mucho menos crear empleos. Se dedica a financiar recompras de acciones y pagar dividendos y para otros "fines corporativos generales".

Sin duda, parte de esos "propósitos corporativos" será el desarrollo de medidas de ingeniería financiera y los pagos de contadores y abogados para idear nuevos métodos de evadir impuestos.

El objetivo de estas medidas es la transferencia de riqueza a los accionistas y ejecutivos de la empresa, beneficiando a los principales inversores, como el multimillonario Warren Buffet, y a los ejecutivos de la empresa.

Las recompras de acciones y el aumento de dividendos, financiados con deuda, disponibles a tasas ultra bajas, aumentan el precio de las acciones de la empresa al recomprar acciones del mercado. El resto de los accionistas obtienen una plusvalía y los ejecutivos de la empresa son recompensados mediante un sistema en el que su remuneración se basa en el desempeño de la empresa en el mercado de valores. El director ejecutivo de Apple, Tim Cook, ya se ha convertido en multimillonario y obtendrá aún más beneficios.

Este proceso recibió un gran impulso de la intervención de la Fed tras la crisis de 2008, manteniendo las tasas de interés en niveles ultra bajos a través de su programa de flexibilización cuantitativa, y Apple lo aprovechó al máximo. A través de su programa de recompra de acciones, se convirtió en la primera empresa del mundo en alcanzar una valoración de mercado de $1 billón en agosto de 2018, un aumento de $300 mil millones con respecto a los tres años anteriores.

Pero la escalada de los últimos cinco meses, a raíz de la respuesta de la Fed a la pandemia de COVID-19, deja esto en la sombra. La capitalización de mercado actual de Apple es ahora de alrededor de $1,9 billones y se espera que pronto alcance los $2 billones, una duplicación en solo dos años.

Su valoración de mercado es ahora mayor que el PIB de Canadá, la décima economía más grande del mundo, así como los de Rusia y España.

El aumento de su valoración de mercado es solo un aspecto del parasitismo que caracteriza el modo de acumulación de beneficios de Apple. A diferencia de las corporaciones gigantes del pasado, no emplea una gran fuerza laboral industrial. Foxconn lleva a cabo operaciones cruciales de componentes y ensamblaje en China y otras empresas de todo el mundo.

Los últimos cálculos muestran que el costo de los componentes del iPhone más caro, que se vende al por menor entre $1.100 y $1.450, es poco menos de $500. El costo laboral del ensamblaje es insignificante y un trabajador de Foxconn en China se lleva a casa $300 al mes.

La masa de plusvalía, que es creada por la labor de los trabajadores en la fabricación de los componentes y su ensamblaje, es luego contabilizada por Apple esencialmente en forma de renta monopolística, protegida por una serie de leyes que cubren la propiedad intelectual.

Apple y otras empresas de alta tecnología sostienen que los precios elevados son el resultado de los costos asociados con la investigación y la innovación. De hecho, son resultado de la monopolización del conocimiento, a menudo desarrollado en el dominio público. La tecnología básica de un iPhone (las baterías, la pantalla táctil, el reconocimiento de voz, Internet) fue el resultado de una investigación financiada con fondos públicos.

Existe un costo asociado con el desarrollo de nuevos algoritmos, etc., pero esto se ve eclipsado por lo que las empresas de alta tecnología obtienen de forma gratuita como resultado de la investigación científica básica.

Lo mismo se aplica a la innovación y los nuevos fármacos desarrollados y luego comercializados por las empresas farmacéuticas a niveles exorbitantes.

El “modelo Apple” de acumulación de riqueza es solo una de las expresiones más atroces de lo que es un proceso general.

Según cálculos del economista William Lazonick, en la década 2010-019 las empresas del índice S&P 500, que comprenden el 80 por ciento de la capitalización bursátil de los mercados de valores estadounidenses, gastaron $5,3 billones, el 54 por ciento de sus ganancias, en recompras de acciones. Otros $ 3.8billones, o el 39 por ciento de las ganancias, se distribuyeron como dividendos. Esto significó que durante ese período solo el 7 por ciento de las ganancias se utilizó para invertir en la economía real.

Y como muestran las últimas empresas de Apple y otros gigantes corporativos en los mercados de bonos, poniendo sus manos en dinero ultra barato puesto a disposición por la Fed en medio de la muerte y la devastación económica causada por la pandemia, este saqueo sistemático de recursos solo está aumentando.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 18 de agosto de 2020)

domingo, 12 de julio de 2020

La FED, ¿un banco central global?


El acceso a reservas en dólares se ha vuelto un cuello de botella para los países que deben enfrentar los gastos sanitarios y la actual crisis económica generada por la pandemia del Covid-19.

Uno de los mecanismos más utilizados para conseguir reservas en el corto plazo, las operaciones de recompra (REPO) -que consisten en que el Banco Central le ofrece bonos soberanos como colateral para conseguir divisas- ha desaparecido, en la práctica, con la retirada del sector financiero en estas operaciones.[1] Este vacío está siendo ocupado, al menos marginalmente, por una nueva política del banco central de EE. UU., la Reserva Federal (FED), el emisor de la moneda de reserva el sistema. Estos pasos, pequeños pero estratégicos, que está dando la FED generan grandes interrogantes porque pueden implicar una reconfiguración del sistema monetario internacional.

Creación de los instrumentos de recompra REPO FIMA por la FED

El 31 de marzo de 2020 la Reserva Federal creó una nueva facilidad de liquidez denominada REPO FIMA[2] (Foreign International Monetary Authorities). El instrumento está dirigido a los bancos centrales o autoridades monetarias de los países que posean bonos del tesoro de los Estados Unidos en la FED de Nueva York.

El instrumento consiste en que la Reserva Federal le entrega dólares a los bancos centrales y recibe, como colateral, los bonos del Tesoro de EE. UU. que estos bancos tienen entre sus activos.

El instrumento provee liquidez en dólares a los países, con la FED comprando temporalmente esos bonos del Tesoro que sirven de garantía, con el compromiso de que posteriormente estos serán recomprados por los bancos centrales a su vencimiento.

Es decir, el instrumento evita que los países vendan en el mercado financiero estos bonos, algo conveniente para los intereses de los EE. UU. en su intento de estabilizar los mercados financieros y evitar el descenso de los precios de los bonos y el aumento concomitante de los tipos de interés.

La denominación en dólares y el 100% del colateral garantizado por los bonos del Tesoro minimiza el riesgo a cero, por lo que el acceso a liquidez estaría limitado únicamente a las reservas internacionales de los países en bonos del Tesoro de EE. UU.

La tasa de interés de las operaciones FIMA REPO es del 0,25% por sobre la tasa de exceso de reservas de la FED (0,1%, actualmente).

La intervención de la banca local de los países que accedan a la facilidad se daría a través de los bancos centrales que proveerían de liquidez a los mismos. En Hong Kong, por ejemplo, la autoridad monetaria anunció el 22 de abril que utilizará la línea FIMA Repo por un valor de USD 10 billones en efectivo. Esta cantidad estaría destinada para proveer de liquidez a los bancos con una tasa del mismo nivel que aquella de la FED, canalizando los recursos y transfiriendo el costo a la banca local.

Operaciones SWAP de monedas

A diferencia de las operaciones REPO, donde la contrapartida es una cantidad de bonos del Tesoro, las operaciones de SWAPS tienen como contrapartida la propia moneda del país con el que se realiza el SWAP. Es un intercambio de monedas.

La FED viene sosteniendo acuerdos de SWAP con un grupo exclusivo de contrapartes (Canadá, Japón, Unión Monetaria Europea, Reino Unido y Suiza[3])
Pero ha lanzado una línea transitoria de SWAP con Australia, Dinamarca, Corea, Noruega, Nueva Zelanda, Singapur, Suecia y los dos países más grandes de la región: México y Brasil.

Los SWAP son instrumentos muy selectivos en términos geopolíticos. Solo dos países emergentes participan y son gigantes socios comerciales de EE. UU.: México y Brasil.

El desarrollo de estos instrumentos persigue el interés propio de evitar que se corte el flujo de pagos con socios comerciales.

Los montos involucrados en el canje de monedas son muy significativos. Se trata de 60 mil millones de dólares para cada una de estas contrapartes: Australia, Brasil, Corea, México, Singapur y Suecia, y de 30 mil millones para cada uno de los siguientes países: Noruega, Dinamarca y Nueva Zelanda.

El debate

Economistas norteamericanos opinan que debería extenderse el uso de SWAP para beneficiar a muchos otros países afectados por la escasez de divisas (Eichgreen).

Para muchos, si bien estas medidas son tibias e insuficientes, representan un primer paso: el de la FeED asumiendo el papel de Banco Central global o prestamista global de última instancia.

Conclusiones

El instrumento financiero REPO es limitado en su alcance: solo beneficia a los bancos centrales que posean bonos del Tesoro y en la magnitud que los posean. Dista de ser un instrumento que contribuya a la necesitada liquidez de los países en desarrollo, y solo los aliviaría de la tarea de vender estos bonos en los mercados financieros faltos de liquidez y aversos al riesgo en estos momentos. Está lejos de ser, siquiera, una contribución marginal de los EE. UU. a un sistema monetario global que se muestra incapaz de generar recursos para enfrentar las crisis sanitaria y económica.

Es una medida diseñada, sobre todo, para evitar ventas masivas a precio de saldo de estos bonos y estabilizar, así, el mercado de bonos del Tesoro (sosteniendo bajos los tipos de interés de esta economía). Según el think tank CSIS, “claramente el instrumento, preserva el interés de EE. UU”.[4]

El uso de SWAP, en cambio, muestra un cambio relevante en la política de la FED, un nuevo rol como banquero global. De todos modos, esta política actualmente es limitada porque se ciñe solo a los intereses comerciales y geopolíticos de EE. UU., dejando de lado al grueso de los países de bajo desarrollo, que son los que están más urgidos de contar con financiamiento internacional. Las motivaciones de EE. UU. parecen estar directamente relacionadas con el interés propio: estabilizar su mercado de deuda, sostener bajos los tipos de interés, evitar el desplome de los flujos comerciales con sus principales socios y, por último, ejercer un liderazgo monetario responsable en su área de influencia geopolítica.


[1] Ecuador entrego en pagos aproximadamente USD 700 millones de dólares en medio de la pandemia Covid-19 (marzo de 2020) por una operación REPO realizada en 2018 debido a la pérdida de valor de sus bonos soberanos 2022, 2023, 2026.

[2] Autoridades Monetarias Internacionales y Extranjeras (FIMA, por sus siglas en inglés).




Jameson Mencías Economista por la Pontificia Universidad Católica del Ecuador. Master en Economía por la Universidad de Queensland (Australia). Excoordinador nacional de Investigaciones y Estudios Fiscales en el Servicio de Rentas Internas. Consultor para la estrategia Data for Health de Bloomberg-Vital Strategies y UNICEF-Ecuador. 

Guillermo Oglietti  es doctor en Economía Aplicada por la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), postgraduado del Instituto Torcuato Di Tella de Buenos Aires y licenciado en Economía por la Universidad Nacional de Río Cuarto (UNRC, Argentina). Dirigió el Centro Interdisciplinario de Estudios sobre Territorio, Economía y Sociedad de la Sede…