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martes, 17 de octubre de 2017

Richard Feinberg y Harold Trinkunas: “La hostilidad hacia Cuba perjudica a los intereses de Estados Unidos”



Brindamos la visión de los reconocidos especialistas y miembros de Brookings Institution Richard Feinberg y Harold Trinkunas. Para estos investigadores, la política exterior de la actual Administración norteamericana ha tomado como excusa los ataques sufridos por el personal diplomático norteamericano para paralizar la agenda de acercamiento y diálogo alcanzada durante la Administración Obama. Además, para ellos estas “malas acciones de la Administración Trump hacia Cuba forman parte de un patrón más amplio de falta de respeto de esta Casa Blanca a la diplomacia estadounidense”. Richard Feinberg sirvió como Asistente Especial del presidente Clinton en Asuntos de Seguridad Nacional y fue Director Senior de la Oficina de Asuntos Interamericanos del Consejo de Seguridad Nacional. Harold Trinkunas, por su parte, sirvió como Profesor Asociado y jefe del Departamento de Asuntos de Seguridad Nacional en la Escuela Naval de Posgrados en Monterey, California.

¿Cuál es su análisis sobre las condiciones en las que el gobierno de Estados Unidos ha tomado estas medidas? ¿Está Ud. de acuerdo con ellas?

En una escalada de hostilidades hacia Cuba que está desmantelando rápidamente la distensión de la era de Obama, el gobierno de Trump el martes 2 de octubre ha expulsado 15 diplomáticos cubanos. La Administración también ha retirado bruscamente al personal de la Embajada de Estados Unidos en La Habana. La Administración argumenta que el gobierno cubano no ha brindado seguridad a los diplomáticos estadounidenses, 22 de los cuales fueron víctimas de una misteriosa erupción de enfermedades, aun cuando las causas precisas y los perpetradores aún no se han identificado. El gobierno de Estados Unidos no acusa al gobierno cubano de las enfermedades inexplicadas.

Una advertencia de viajes del Departamento de Estado precedió a las expulsiones diplomáticas, advirtiendo a los estadounidenses de no ir a Cuba, aunque ningún visitante ha sido afectado por estas enfermedades. Esta medida extraordinaria socavará la fuente de ganancias en divisas más rápida de la Isla. Muchos de nuestros diplomáticos profesionales, tanto los estacionados en La Habana como en el Departamento de Estado, se oponen a la dramática reducción de las misiones de Estados Unidos y Cuba. Si bien todos están preocupados por la seguridad del personal estadounidense, los incidentes de salud parecen estar en fuerte declive. Los diplomáticos estadounidenses en La Habana están orgullosos de los avances de los intereses estadounidenses en Cuba y desean seguir protegiéndolos y promoviéndolos.

Estas medidas punitivas son mucho más que proteger a los ciudadanos estadounidenses. Por el contrario, esta Casa Blanca y sus aliados pro-embargo en el Congreso han aprovechado oportunistamente estas misteriosas enfermedades que afectan a los diplomáticos estadounidenses para revocar las políticas pro-normalización de una Administración anterior, usando obstrucción burocrática y lenguaje imprudente cuando no pueden defender el cambio de política sólo por el mérito.

¿Cuáles podrían ser las consecuencias de estos hechos para el estado actual de las relaciones entre los distintos actores no estatales de ambos países?

Estas medidas dañan a los cubanoamericanos y a sus familias al impedir los viajes y el flujo de fondos asociados a sus visitas, así como a los de otros visitantes estadounidenses, que han permitido que el sector privado cubano se fortalezca. También daña las relaciones de Estados Unidos con nuestros socios de la región, quienes han criticado durante mucho tiempo lo que consideran una hostilidad sin sentido entre Estados Unidos y Cuba. Y finalmente, el enfoque de la Administración Trump sirve para ampliar la puerta a los adversarios geopolíticos estadounidenses, como Rusia y Venezuela, para promover sus intereses en Cuba y en la región.

Al tomar estas precipitadas acciones, esta Casa Blanca está haciendo exactamente lo que nuestros adversarios en la región tratan de provocar. La franca hostilidad de Estados Unidos fortalece a los radicales anti-americanos en el régimen cubano, opuestos a las relaciones bilaterales más fuertes entre los dos países. Además, los viajes estadounidenses a Cuba benefician a los sectores privados del sector turístico cubano y fortalecen a la clase media cubana emergente. La reducción de los viajes perjudicará a estos segmentos progresistas de la sociedad cubana.

¿Cree usted que existe la voluntad política de ambos gobiernos para superar este obstáculo, o es el comienzo del deterioro (de nuevo) de la relación bilateral?

Podría haber habido una oportunidad para la diplomacia creativa en esta última crisis. El gobierno cubano ha colaborado excepcionalmente con Estados Unidos en la investigación de estos incidentes con diplomáticos estadounidenses. Cuba ha permitido al FBI operar de manera independiente en Cuba por primera vez en más de 50 años, una señal de la importancia que el presidente Raúl Castro asigna a mejorar las relaciones con Estados Unidos. Pero esta Casa Blanca parece obligada y decidida a continuar por el camino de obstrucción, a pesar de los costos. La hostilidad estadounidense corre el riesgo de dañar la próxima transición hacia un nuevo gobierno cubano después de que el presidente Raúl Castro dejase el poder a principios de 2018, al fortalecer la mano de los radicales anti-americanos que se oponen a la apertura económica en la Isla.

¿Cómo influiría este conflicto en el nuevo gobierno cubano que asumirá en 2018?

Además, una ruptura de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba permite a Rusia, China, Irán y Venezuela profundizar su influencia en Cuba y en la Cuenca del Caribe. Distanciando a Cuba, Estados Unidos está empujando hacia otros actores cuyos intereses no están alineados con los nuestros. Las malas acciones de la Administración Trump hacia Cuba forman parte de un patrón más amplio de falta de respeto de esta Casa Blanca a la diplomacia estadounidense, aparentemente sin una cuidadosa consideración de las consecuencias geopolíticas. Desde atacar el acuerdo para restringir las ambiciones nucleares de Irán, pasando por provocar una Corea del Norte nuclear, hasta atacar el acuerdo comercial del TLCAN con los dos mayores socios comerciales de Estados Unidos: México y Canadá. La Casa Blanca de Trump ha disminuido la influencia estadounidense y la credibilidad en el exterior.

Nuestros socios latinoamericanos dieron la bienvenida al cambio en la política de Estados Unidos hacia Cuba en 2014, como una señal de que la Guerra Fría había terminado finalmente en el Hemisferio Occidental. El retiro de la Administración de su apoyo a la normalización con Cuba alarma a nuestros amigos en las Américas y cuestiona el valor perdurable de los compromisos de Estados Unidos; así como las declaraciones beligerantes contra Irán y Corea del Norte perjudican nuestra credibilidad con nuestros aliados en Europa y Asia. Este patrón de animosidad imprudente hacia la diplomacia tiene un costo para la reputación internacional de Estados Unidos sin ningún beneficio aparente para nuestros intereses en el extranjero.

Nota: Entrevista realizada con permiso de Richard Feinberg a partir de un artículo original publicado en The Hill.

jueves, 8 de diciembre de 2016

Brookings Institution mira con lupa el turismo en Cuba




Foto: Ismario Rodríguez
8 diciembre, 


Por: Alicia Cid, ONCuba

“Cuba tendrá que invertir aproximadamente 33 mil millones de dólares en 15 años, hasta 2030, para alcanzar la cota de 10 millones de turistas”, estimó recientemente el Instituto Brookings, tanque pensante estadounidense, en un informe que mira con lupa la actividad turística en la Isla.

Turismo en Cuba. Montar la ola hacia la prosperidad sostenible, de los autores Richard E. Feinberg y Richard S. Newfarmer, califica como masiva esa cifra, comparada con el tamaño total de la economía cubana (unos 87 mil millones de dólares). “Parece poco probable que, dado el bajo ahorro interno y las políticas actuales, el país pueda alcanzar estos ambiciosos objetivos”.

Feinberg, investigador de la Latin American Initiative, del centro de estudios Brookings Institution, y Newfarmer, profesor de la London School of Economic, describen el escenario cubano actual, en el que el turismo “está en auge y a punto de explotar”.

Según los expertos, ningún sector de la economía cubana parece más listo para “desbloquear la expansión económica y generar la divisa necesaria que libere a Cuba del torniquete monetario que ha estrangulado su crecimiento. Eventualmente, la agricultura y la industria podrían despegar, pero no antes de que las políticas económicas gubernamentales se revisen a fondo, y eso llevará tiempo. Otros sectores prometedores, como la biotecnología y las industrias creativas, se están lanzando desde bases mucho más pequeñas. Solo el turismo tiene una base sólida, desde la cual expandirse, y goza de condiciones de mercado favorables”.

Siempre hay un antes y un después

El informe propone una revisión de las políticas del gobierno cubano hacia el turismo, desde el triunfo de la Revolución, el 1ro de enero de 1959, hasta la actualidad. “Encontramos que el liderazgo cubano ha tenido un enfoque históricamente ambivalente hacia la industria, recurriendo a ella sólo con reticencia en tiempos de crisis. En consecuencia, el turismo cubano ha perdido su cuota de mercado y beneficios de divisas potencialmente valiosas. Hoy, el gobierno está tratando de corregir esas políticas y tiene planes ambiciosos para expandir dramáticamente la capacidad turística”.

Los autores describen una Cuba en la que el turismo siempre estuvo ligado a Estados Unidos. En 1930 la Isla recibió 80 mil turistas, de ellos el 85 por ciento estadounidenses. Para 1957 se contabilizaron 272 mil de ese país, que venían buscando fundamentalmente los casinos, luego de que una ley en Estados Unidos pretendió terminar con los juegos de azar.

“En la costa de Cuba, los grandes casinos y clubes nocturnos hoteleros eran propiedad u operados por conocidos criminales, entre ellos Lucky Luciano, Santo Trafficante y Myer Lansky, en algunos casos necesariamente en asociación con el hombre fuerte y presidente cubano, Fulgencio Batista. Para muchos cubanos excluidos, y para una revolución con profundas raíces tanto en la moral jesuita como en la austeridad comunista, estos hoteles y casinos de lujo simbolizaban todo lo que era decadente y malo bajo el sangriento gobierno de Batista.”

Tal construcción en el imaginario de la Cuba revolucionaria explicaría por qué este sector apenas creció en varias décadas. Sin embargo, el colapso de la Unión Soviética y la contracción del PIB cubano en un 30 por ciento, obligaron a la Isla a mirar hacia el turismo y luego a las remesas. “Durante la década de 1990, el gobierno cubano invirtió un estimado de 3.5 mil millones de dólares en el desarrollo del sector turístico. Para proporcionar el capital de inversión necesario y asegurar un flujo constante de turistas, Cuba dio la bienvenida a las cadenas hoteleras europeas como socios de grupos estatales de nueva creación”.

Así entraron en el incipiente mercado cubano firmas extranjeras como Meliá e Iberostar, con énfasis en el turismo de sol y playa, e instalaciones ubicadas en zonas alejadas de los centros urbanos. “Las llegadas de los turistas subieron de niveles muy bajos en la posrevolución a 740.000 en 1995 -triplicando el flujo que había caracterizado la década de 1950-. Para el año 2000, la cifra de nuevos visitantes había alcanzado los 1,7 millones y los ingresos por turismo los 2 000 millones de dólares. (GRAFICO 1)

Exponen Feinberg y Newfarmer que el crecimiento se ralentizó a mediados de los 2000, motivado por varios factores, a saber: el impacto de fenómenos meteorológicos (huracanes), recesión mundial (2008-2009) y restricciones a la inversión extranjera; que explican que después del récord en 2005 de 2600 millones de dólares ingresados por el turismo, Cuba tardó 10 años en llegar a 2800 millones, en 2015.


La estructura y el futuro

La investigación del centenario Instituto Brookings, con sede en Washington D.C., se adentra en analizar la actual estructura del sector turístico en Cuba, caracterizado por el predominio de estado “como propietario de los principales servicios, regulador de los flujos de recursos y receptor de fondos de inversión e ingresos generales. Sin embargo, en los últimos años, el sector no estatal ha crecido a través de la proliferación de restaurantes (paladares), el alquiler de habitaciones privadas (casas particulares) y el autoempleo (trabajadores cuentapropistas) al servicio de la industria, tales como empresas privadas de construcción y taxistas.


Además de los aportes en materia de sistematización y análisis de datos dispersos en torno a un sector regenteado por varios ministerios en la Isla y una participación creciente de la iniciativa privada, el estudio de Feinberg y Newfarmer se detiene en determinar cuánto aporta el turismo al PIB nacional (2,5 por ciento) y compararlo con el de países cercanos. En este sentido, Costa Rica (4,8 por ciento) y República Dominicana (5 por ciento), por ejemplo, duplican este aporte. Tal estado de cosas tiene que ver con el tipo de administración de las instalaciones hoteleras, en primer lugar, pero también con las importaciones, la reinversión, la política monetaria y cambiaria, y los sistemas de contratación.

“Para cumplir con los objetivos declarados de triplicar los ingresos del turismo para 2030, el gobierno se ha planteado la meta de añadir unas 108 mil habitaciones a la reserva hotelera existente de 50 mil de tres estrellas de calidad o mejor (utilizando los estándares cubanos). Esto podría acomodar a tantos como 10 millones de visitantes (sin incluir los turistas de cruceros). Para lograr esta ambiciosa meta, calculamos que Cuba requerirá aproximadamente un total de 33 mil millones de dólares en nuevas inversiones”.

La estrategia de expansión del sector turístico en Cuba descansa en las capacidades de las empresas estatales que construirán cerca del 70 por ciento de las habitaciones proyectadas sin participación del capital extranjero, y tendrán propiedad mayoritaria en alrededor del 30 por ciento de las empresas mixtas.

“Esta estrategia de depender de los resultados acumulados puede tener sentido desde la perspectiva de los sectores conglomerados, pero (…) parece improbable que el financiamiento y el ahorro disponibles alcancen para lograr las ambiciosas metas de Cuba”.

“En lugar de buscar financiar casi todas las inversiones planificadas en hoteles por el flujo de caja interno, el país podría movilizar más ahorros externos dando la bienvenida a una mayor inversión extranjera. Para el sector hotelero y la industria en general (como el golf y otras actividades de ocio), esto requiere establecer reglas más claras para atraer la inversión extranjera y racionalizar los procesos de aprobación excesivamente discrecionales que han retrasado muchos proyectos de larga gestación”.

Conclusiones para las dos orillas

En opinión de los expertos, Cuba ha sentado las bases para el crecimiento potencialmente rápido del sector turístico. El país tiene abundantes atracciones turísticas, recursos naturales no desarrollados y una cultura de bienvenida que lo hacen una joya en las Antillas Mayores caribeñas.

No obstante, la Isla deberá ajustar su esquema de financiación y en consecuencia revisar algunos de los procedimientos burocráticos para aprobar proyectos de inversión extranjera, si quiere experimentar un despegue en su industria sin humo.

En este sentido, Feinberg y Newfarmer recomiendan fomentar la inversión privada en servicios B&B (hostelería cama-desayuno, por sus siglas en inglés). “La simplificación de la estructura impositiva que enfrentan las empresas privadas y los propietarios crearía incentivos para ahorrar e invertir. La modificación del sistema de impuestos sobre la nómina y las regulaciones fomentaría nuevos empleos, no los desanimaría como lo hacen ahora”.

Otras claves para el éxito, según los analistas, apuntan a la resolución de la dualidad monetaria y cambiaria, las políticas fiscales, los impuestos, el aumento de la productividad y a un cambio de estrategia hacia el aumento de la calidad y el aumento del valor agregado interno. “Cuba aspira a concentrarse en mercados más exclusivos, lo que supone invertir en servicios e instalaciones de mejor calidad y en más capacitación del personal. En lugar de concentrarse tan fuertemente en grandes complejos turísticos, podría ser mejor salpicar la isla con instalaciones más pequeñas y personalizadas, ofreciendo una experiencia ecológica y auténtica”.

Por último, conceden una alta prioridad al aumento de la conectividad. “Cuba ya ha abierto nuevos enlaces aéreos. No menos importante es mejorar su conectividad a Internet, tanto como parte de los esfuerzos para proporcionar una experiencia de calidad para los visitantes y para fomentar la gestión y las transacciones financieras integrales a la industria de primera clase”.

No obstante, el aporte del informe va más allá de escrutar el escenario cubano actual y dejar recomendaciones para los posibles interlocutores criollos. También ofrece una ruta crítica para el gobierno estadounidense, con la eliminación del bloqueo/embargo como uno de los ejes fundamentales de sus políticas hacia la Isla, además de la inversión del capital norteamericano y facilitar las alianzas entre ONGs ambientales y contrapartes cubanas.

“Desde las elecciones de noviembre en Estados Unidos, algunos han argumentado que la apertura a Cuba debería ser revertida. En el sector del turismo, esto sería contraproducente para los intereses de los Estados Unidos por tres razones:

– los cubanoamericanos y otros ciudadanos estadounidenses que cumplen con ciertos criterios cuidadosamente delineados para visitar Cuba están acelerando el desarrollo de empresas individuales y familiares;

– algunos han argumentado que todos los gastos de los visitantes benefician principalmente a los militares cubanos, pero en realidad la mayoría de las habitaciones no son administradas por el MINFAR;

– la imposición de restricciones a los visitantes estadounidenses o al comercio privado puede reducir los ingresos turísticos –a costa de lastimar a los cubanos–, pero tendrá un impacto limitado en el curso de la expansión de la industria porque los europeos, los latinoamericanos y otros seguirán profundizando su compromiso con la economía cubana.

sábado, 7 de mayo de 2016

Cuba: comercio exterior y cambio político. Polémica

La isla acabará uniéndose a un área de libre comercio y dejará de ser la única nación del mundo, aparte de Corea del Norte, fuera de las instituciones financieras multilaterales


Un taxi-bicicleta con una bandera de EE.UU. en La Habana. YAMIL LAGE / AFP / GETTY

A medida que las relaciones entre Estados Unidos y Cuba se vayan normalizando, la isla se convertirá en un mercado interesante, aunque modesto, para la economía estadounidense, de considerable valor para muchas de sus empresas, grandes o pequeñas.

Pero el comercio con la isla es mucho más que el mero intercambio de cereales y artilugios. Estados Unidos ha librado una guerra económica contra Cuba durante más de 50 años con el deliberado objetivo de empequeñecer y aislar a la economía cubana y desalojar al Gobierno de Fidel Castro.

Ahora que Washington pivota hacia una política de implicación positiva, el intercambio económico puede ser una poderosa fuerza política. Esta vez los acuerdos comerciales pueden servir para respaldar objetivos estadounidenses más amplios: el avance de una reforma económica abierta al mercado, un sector privado independiente y fuerte y una presencia de la inversión extranjera floreciente y diversificada.

Limitaciones

Según cifras de 2014, Cuba importa alrededor de 14.000 millones de dólares anuales en bienes y servicios. Para una economía pequeña —y en relación con el Producto Interior Bruto declarado de 81.000 millones de dólares— es una ratio baja, del 17%. Como la mayoría de los productos cubanos no son competitivos en los mercados internacionales, las exportaciones isleñas están muy por debajo de su capacidad potencial. Su escaso desempeño exportador limita la capacidad de Cuba para comprar productos en el resto del mundo.

Miremos hacia delante. Asumamos que Cuba procede con reformas económicas abiertas al mercado —y esperemos que acelere el proceso—. Asumamos también que como parte de ese proceso de reforma aumentan las tasas de inversión de capital extranjero en la isla, las exportaciones cubanas se vuelven más competitivas y aumenta su capacidad para importar. Asumamos, pues, que las importaciones cubanas crecen un 5% anual en un periodo de 10 años (de 2018 a 2027). Con un interés compuesto, en 2027 Cuba estaría importando bienes y servicios por valor de 26.000 millones de dólares. Si la economía cubana realmente despega y las importaciones crecen un 7% anual, en 2027 esa cantidad aumentaría hasta los 34.000 millones.

¿Qué significa eso para los productores estadounidenses? Dada la proximidad geográfica y las complementariedades entre las dos economías, es razonable proyectar que los exportadores de EE.UU. captarían el 40%, o quizá más, de ese mercado expandido. Las empresas estadounidenses están sin duda bien posicionadas para proveer muchos de los productos agrícolas e industriales que conforman gran parte de las necesidades de importación cubanas actuales, así como los servicios financieros y profesionales que necesitará una economía más dinámica. En 2027, por lo tanto, las compañías estadounidenses podrían estar vendiendo entre 11.000 y 14.000 millones de dólares anuales a Cuba si las importaciones de la isla crecen entre un 5% y un 7% anual. Incluso con este crecimiento más elevado, el mercado cubano es demasiado modesto para tener un impacto significativo en la balanza de pagos global estadounidense. Estas proyecciones sugieren, con todo, que un mercado cubano en expansión podría marcar una verdadera diferencia para muchas firmas estadounidenses.

Debemos reconocer, por supuesto, que este escenario optimista implica una apertura recíproca del mercado estadounidense a las exportaciones de bienes y servicios cubanos. Los viajeros de EE.UU. ya están adquiriendo servicios informales de hospedaje. Los consumidores de ese país también se beneficiarán de las célebres marcas cubanas de ron y cigarros.

Pero una economía isleña más competitiva, completamente integrada en las cadenas de oferta globales, con el tiempo producirá una amplia gama de productos agrícolas e industriales, entre ellos, muy posiblemente, alimentos orgánicos saludables, nuevos medicamentos para salvar vidas, software informático y maravillosas creaciones artísticas, entre muchos otros.

Con el tiempo podemos imaginar a Cuba uniéndose a un área de libre comercio ya existente, como el Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos y Centroamérica (DR-CAFTA). Sin duda, Cuba ya no será la única nación del mundo, aparte de Corea del Norte, que sigue fuera de las instituciones financieras multilaterales: el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

Necesidad de capital

Cuba necesita desesperadamente grandes flujos de inversión extranjera. Los ahorros domésticos y las tasas de inversión están por debajo del 10%, mientras que en Latinoamérica la media supera el 20%. La inversión del exterior no solo llevará a la isla un capital muy necesario, sino también tecnología moderna, técnicas de gestión y acceso a los mercados de crédito y productos internacionales.

El Gobierno cubano reconoce su necesidad de capital extranjero. El año pasado anunció una “Cartera de oportunidades de inversión extranjera” que recopilaba 326 proyectos específicos con un valor de inversión inicial de 8.000 millones de dólares. Las iniciativas corresponden a la mayoría de sectores de la economía cubana. No es sorprendente que el más presente sea el turismo, con 94 proyectos potenciales. Otros sectores incluyen el petróleo (22 iniciativas), la industria (21), el transporte (15), la construcción (14), la biotecnología y la medicina (9), los negocios (4), la salud (3) y lo audiovisual (3).

El régimen cubano ha dicho que no tiene ninguna objeción a que empresas estadounidenses pujen por estas oportunidades, aunque buscará pluralidad de socios inversores.

Muchas empresas foráneas, sobre todo de Europa y Latinoamérica, pero también de Canadá y China, han invertido ya en el país. Marcas conocidas como la cadena de hoteles española Meliá, el conglomerado suizo Nestlé, la empresa de minería y energía canadiense Sherritt International y la multinacional británico-danesa Unilever llevan mucho tiempo activas en el mercado isleño. Imperial Tobacco comercializa cigarros cubanos y Pernod Ricard lo hace con el mejor ron de la isla.

Un suave aterrizaje

La regulación estadounidense, por supuesto, ha prohibido a las firmas de ese país que inviertan en Cuba. Con el tiempo, una nueva relación normalizada a ambos lados permitirá que muchas empresas aprovechen estas oportunidades de inversión, sea en proyectos propiedad exclusiva de compañías extranjeras o en joint ventures con empresas propiedad del Estado cubano.

Sabemos que las inversiones estadounidenses en el exterior llevan tras de sí exportaciones de ese país. A medida que la economía cubana acelere y estas compañías inviertan en la isla, las ventas también crecerán. El conjunto de exportaciones —manufactura, agricultura, servicios— aumentará e incluirá una creciente muestra de firmas estadounidenses. Si los inversores empiezan a competir en el mercado cubano, mis estimaciones de entre 11.000 y 14.000 millones de exportaciones estadounidenses a Cuba dentro de una década podrían resultar excesivamente prudentes.

Todos estos cambios no garantizan la evolución de una democracia política, pero sí hacen un poco más probable el avance de algunos intereses fundamentales para Estados Unidos y otras democracias occidentales: la transición política a una Cuba más pluralista, próspera y abierta al mundo. Un país donde la nueva normalidad incluya el libre flujo de bienes, servicios e ideas.