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domingo, 10 de noviembre de 2024

China puede vencer la deflación

Por MICHAEL SPENCE, Nobel de Economía ,  PS


Sería fácil hacer un diagnóstico erróneo de los desafíos que enfrenta la economía china y subestimar su potencial de crecimiento a largo plazo. De hecho, los desequilibrios internos y la incertidumbre inducida por las políticas –no un entorno externo hostil– están generando los obstáculos más poderosos para el crecimiento, y estos problemas son totalmente superables.

MILÁN – Desde que comenzó la pandemia de COVID-19, China ha estado experimentando algo desconocido: condiciones deflacionarias. En esta etapa del desarrollo económico de China, el crecimiento potencial del PIB probablemente se encuentre en el rango del 5-6% , pero, en relación con la capacidad productiva, la demanda agregada es demasiado baja para materializar ese potencial.

No es difícil identificar factores que podrían haber debilitado la demanda externa. Las economías desarrolladas, especialmente Estados Unidos, han impuesto aranceles elevados a los productos chinos y han introducido restricciones a la exportación de ciertas tecnologías avanzadas a China. Mientras tanto, las fricciones comerciales más amplias están aumentando, impulsadas en parte por las sanciones impuestas en respuesta a la invasión rusa de Ucrania en 2022. La reelección del expresidente Donald Trump probablemente presagie más restricciones comerciales y de otro tipo, y otro paso hacia el nacionalismo, el unilateralismo y la fragmentación en el sistema global. Esto no es necesariamente un cambio radical en las relaciones entre Estados Unidos y China, aunque los aranceles del 100% lo serían. Sin embargo, la reconstrucción de alguna versión de un orden multilateral parece considerablemente menos probable en el corto plazo.

Dicho esto, China ha llegado a una etapa de desarrollo en la que la demanda interna, no la externa (especialmente en los sectores de servicios no transables), debería representar la mayor parte de la demanda agregada. Con un PIB de 13.000 dólares per cápita, China se ha convertido en una economía de ingresos medios altos que se acerca a la categoría de ingresos altos. Por lo tanto, la parte no transable de su economía debería acercarse al tamaño observado en los países de altos ingresos: dos tercios del PIB.

Esto significa que ni siquiera una demanda muy fuerte de exportaciones chinas, o una fuerte demanda de bienes transables en términos más generales, podría compensar una gran escasez de demanda de bienes no transables. Las barreras al crecimiento chino reflejan principalmente una débil demanda interna agregada, en gran medida debido a una escasez del consumo de los hogares.

Un desempleo relativamente alto, combinado con la incertidumbre sobre las perspectivas de la economía, ha alentado a los hogares chinos –que ya son grandes ahorradores según los estándares mundiales– a redoblar sus ahorros precautorios. Más importante aún, el valor decreciente de los bienes raíces, que representan aproximadamente el 70% de la riqueza de los hogares chinos, tiene efectos negativos significativos sobre el consumo. Como aprendió Estados Unidos después de la crisis de las hipotecas de alto riesgo de 2007-2010, reparar los daños en los balances del sector de los hogares no es una tarea fácil, y mucho menos una que se pueda lograr rápidamente.

La actividad inmobiliaria moderada también ha afectado las finanzas de los gobiernos locales, que durante mucho tiempo han dependido en gran medida de las ventas de terrenos y de los ingresos inmobiliarios. La creciente angustia fiscal de los gobiernos locales agrava las presiones deflacionarias.

Una segunda razón para el déficit de demanda interna de China es la baja inversión en el sector corporativo privado. La débil demanda interna de bienes y servicios finales es un factor subyacente; la pérdida de confianza, arraigada en una falta de claridad sobre la relación entre el sector privado y el gran sector corporativo estatal, es otro. La inversión extranjera directa entrante también ha disminuido, debido a las restricciones comerciales y de inversión y a las tensiones geopolíticas, aunque el impacto en la economía de China es menos significativo.

En el pasado, la inversión pública ha sido un motor importante de la demanda agregada china. Durante las tres décadas de crecimiento muy rápido de China, la formación bruta de capital –gran parte de ella dirigida por el gobierno– ascendió a más del 40% del PIB . Pero los gobiernos locales, con dificultades fiscales, tienen menos margen para realizar los tipos de inversiones masivas que se vieron en el pasado, y una recuperación de la inversión tendría sólo un impacto limitado en el crecimiento futuro. Invertir en exceso sólo para llenar un vacío en la demanda agregada es imprudente, como bien saben los responsables políticos chinos.

Las condiciones deflacionarias actuales pueden resultar desconocidas para China, pero no son del todo sorprendentes. La transición de un modelo de crecimiento impulsado por las exportaciones y la inversión a otro basado en el consumo interno y la innovación supone una transformación estructural fundamental. Sería más sorprendente si todos los componentes de ese cambio estuvieran perfectamente sincronizados.

En cualquier caso, la respuesta política ya está en marcha. Para empezar, el gobierno está aplicando un conjunto de medidas destinadas a estabilizar el sector inmobiliario sin alimentar una nueva burbuja. Por ejemplo, China casi duplicará las líneas de crédito para proyectos inmobiliarios inacabados, a fin de permitir su finalización y proteger a los hogares que han comprado apartamentos con antelación de perder toda su inversión. Como el exceso de capacidad no se puede revertir, la mejor opción es amortizarlo rápidamente.

Al mismo tiempo, el gobierno chino ha estado trabajando para aclarar las funciones de los sectores privado y estatal. Con el tiempo, esto debería restablecer la confianza y estimular la inversión del sector privado (siempre que el mensaje siga siendo coherente). Los esfuerzos recientes para alentar a los sectores público y privado a adoptar una mentalidad más emprendedora también ayudarán a vigorizar sectores de la economía y la burocracia que están siendo frenados por el miedo a cometer errores.

Una evaluación integral de las perspectivas económicas de China no debe centrarse únicamente en sus debilidades. La economía tiene muchas fortalezas importantes, entre ellas un abundante talento científico, tecnológico y empresarial. Esto ya ha contribuido al progreso de China –y, en algunos casos, al liderazgo– en una serie de tecnologías avanzadas, entre ellas la inteligencia artificial, la computación cuántica, los vehículos eléctricos, las baterías, la energía solar y algunas áreas de las ciencias biomédicas y de la vida. Traerá beneficios aún mayores una vez que se aborden los desequilibrios actuales.

China tiene otra ventaja importante: muchas economías en desarrollo no logran materializar su potencial de crecimiento porque las políticas gubernamentales no apoyan el cambio estructural y, en algunos casos, lo resisten activamente. China no tiene ese problema: su gobierno reconoce la importancia de la transformación estructural impulsada por la tecnología y diseña políticas (y dirige la inversión) en consecuencia.

En este sentido, puede considerarse una buena noticia que los obstáculos que enfrenta China para su crecimiento no sean principalmente resultado de un entorno externo más hostil (aunque esto no ayuda), sino que se deben en gran medida a desequilibrios internos e incertidumbre inducida por las políticas, problemas que el gobierno chino tiene la capacidad y la habilidad para abordar. Por ejemplo, un estímulo fiscal centrado en apoyar el consumo puede ayudar a suavizar el proceso de reequilibrio y evitar una espiral descendente que se retroalimente.

Los desafíos que enfrenta China son enormes, pero no insuperables. Con una estrategia política clara y bien orientada, se puede recuperar el impulso del crecimiento en dos o tres años.


Michael Spence, premio Nobel de Economía, es profesor emérito de Economía y exdecano de la Escuela de Posgrado de Negocios de la Universidad de Stanford. Es miembro sénior de la Hoover Institution, asesor sénior de General Atlantic y presidente del Global Growth Institute de la firma. Es presidente del consejo asesor del Asia Global Institute y forma parte del comité académico de la Luohan Academy. Es expresidente de la Comisión de Crecimiento y Desarrollo y coautor (con Mohamed A. El-Erian, Gordon Brown y Reid Lidow) de Permacrisis: A Plan to Fix a Fractured World (Simon & Schuster, 2023).

sábado, 2 de marzo de 2024

Darle sentido a la sociedad

 Por Michael Spence

MILÁN – Cómo lograr el equilibrio correcto entre el estado y el mercado, y garantizar el funcionamiento apropiado de ambos, es algo que se viene debatiendo desde hace siglos. Pero la escritora y filántropa india Rohini Nilekani ofrece una respuesta que no se centra ni en uno ni en otro. Como sugiere el título de su libro de 2022 SamaajSarkaarBazaar (SociedadEstado, Mercados): una estrategia del ciudadano ante todo, la sociedad está antes que nada.

Para Nilekani, una sociedad estable, inclusiva y que funcione bien es esencial, primero, como un objetivo en sí mismo. Pero también es crucial por otro motivo: una sociedad civil saludable es un prerrequisito para una gobernanza efectiva y para resultados de mercado beneficiales. Como explica la autora, el estado y los mercados llevan a cabo funciones importantes, pero son vulnerables a errores, desequilibrios, ineficiencias y fallas, como la captura por intereses especiales. Esto puede resultar en infinidad de problemas, desde una creciente desigualdad hasta escaseces en la provisión de bienes públicos.

Allí es donde entra en juego la sociedad. Según Nilekani, las únicas respuestas efectivas para las deficiencias del gobierno o del mercado provienen de la sociedad civil, incluyendo los valores, relaciones y organizaciones que la sustentan. Cuando la sociedad “funciona mal” -por ejemplo, debido a una profunda polarización o fragmentación-, ese mecanismo de respuesta se altera y puede, inclusive, dejar de funcionar.

El argumento de Nilekani evoca conceptos de otros dos pensadores: el economista Albert O. Hirschman y el politólogo Robert D. Putnam. El prestigioso libro de Hirschman de 1970 Salida, voz y lealtad: respuestas al deterioro de empresas, organizaciones y estados sostenía que los actores expresan su insatisfacción ante un mal desempeño de dos maneras esenciales. Pueden “salir” (a favor de una alternativa) o usar su “voz” para ejercer presión por un cambio (como, por ejemplo, resaltando sus preocupaciones, proponiendo soluciones o hasta amenazando con iniciar una acción que minaría aún más el desempeño).

Pero si bien “salir” de una empresa que no satisface nuestras necesidades como consumidores puede resultar relativamente fácil -especialmente si ya existen alternativas disponibles-, salir de un país no siempre es una opción realista o atractiva, ni está a disposición de todos por igual. A los ciudadanos con más recursos económicos y más educación suele resultarles más fácil dejar su país y entrar a otro. Las personas sin este tipo de ventajas también podrían intentar salir de una mala situación, pero probablemente les resulte mucho más difícil; en ciertos casos, hasta tendrían que poner en riesgo su vida.

Esto tal vez sirva para explicar el interés de Nilekani en el detalle fino de las instituciones a través de las cuales la sociedad civil ejerce su influencia sobre el estado y los mercados. En su opinión, uno puede suponer, la voz es una respuesta más poderosa, efectiva y ampliamente accesible al desempeño organizacional insuficiente que la salida.

De la misma manera, Putnam se centra en la sociedad civil y la comunidad en Estados Unidos. En Solo en la bolera: colapso y resurgimiento de la comunidad norteamericana y El repunte: cómo Estados Unidos se unió hace un siglo y cómo podemos volver a hacerlo, analiza el declive multidimensional de la comunidad en Estados Unidos, brindando un relato pormenorizado del deterioro de las instituciones de la sociedad civil en la Época Dorada (desde fines de los años 1800 hasta principios de los años 1900), su reconstrucción en el periodo entreguerras y su caída nuevamente 2-3 décadas después de la Segunda Guerra Mundial. Estas instituciones, sostiene Putnam, se deben reconstruir nuevamente desde cero.

A pesar de sus diferencias, Nilekani, Hirschman y Putnam parecen compartir la idea de que una sociedad civil saludable y cohesiva, respaldada por instituciones efectivas, es un prerrequisito para una gobernanza efectiva, una regulación del mercado y las reformas necesarias del estado y la economía. Sin embargo, para que este mecanismo produzca una gobernanza verdaderamente efectiva, los ciudadanos también deben entender su propia responsabilidad cívica, así como lo que hace falta para que el estado (u otras organizaciones) cumpla con sus prioridades. Y, como demuestra el trabajo de Nilekani, esto está muy lejos de estar garantizado.

Cuando Nilekani encuestó a votantes indios sobre qué pretendían de sus representantes electos, sus respuestas siempre se centraron en desenlaces a nivel local, especialmente con relación a la reforma y el suministro de servicios. Ni una sola persona mencionó nada sobre legislación. Pero una legislación bien diseñada y progresista es esencial para promover el tipo de crecimiento inclusivo de largo plazo que beneficia a todos los ciudadanos.

Esto es algo que los indios, en particular, deberían reconocer. La Corte Suprema activista de la India ha utilizado su autoridad para hacer cumplir los derechos de los ciudadanos para proponer reformas ambientales y otro tipo de reformas relevantes. Asimismo, su sector público ha creado lo que muchos (entre los que me incluyo) consideran la mejor arquitectura financiera digital del mundo, que incluye un sistema de identificación biométrica y una “interfaz de pagos unificada”, administrada por la Corporación Nacional de Pagos de India.

Esta arquitectura -a la que pueden acceder todos los ciudadanos- permite no solo pagos instantáneos, sino también transferencias financieras directas del gobierno a los segmentos más pobres de la población en tiempo real sin intermediarios y, por ende, sin “filtraciones”. También ofrece movilidad de datos entre múltiples entidades, desde bancos hasta billeteras virtuales. Este proceso está guiado por legislación que dicta que todos los flujos de datos requieren permiso de los individuos que están afectados por los datos. Una vez que se otorga el permiso, todos los datos deben fluir, por ley, directamente desde su ubicación al destino deseado. Esto explica por qué no existen monopolios significativos en la India basados en un control de los datos.

La lección es que las leyes y las estructuras regulatorias son críticas para las actividades estatales que generan beneficios a nivel local. Si los ciudadanos pretenden presionar por reformas e intervenciones que aumenten la eficiencia, promuevan la inclusión y faciliten el espíritu empresario, la innovación y el crecimiento a largo plazo, tienen que reconocer esto. El tipo de sociedad civil efectiva que imagina Nilekani, por lo tanto, requiere de compromiso cívico, empoderamiento y educación, y hasta de un entendimiento de los derechos y responsabilidades que conlleva la ciudadanía.

En un mundo cada vez más fragmentando entre los países y al interior de ellos, es fácil perder las esperanzas de un progreso social y económico. No es el caso de Nilekani, y su planteo reflexivo, realista y cautelosamente optimista para una sociedad saludable merece atención, reflexión y debate.

Michael Spencepremio Nobel de Economía, es profesor emérito de Economía y fue decano de la Escuela Superior de Negocios de la Universidad de Stanford.

Copyright: Project Syndicate, 2024.

jueves, 8 de febrero de 2024

EEUU. La siguiente fase de nuestro viaje inflacionario




Estados Unidos podría alcanzar este año una tasa de inflación cercana al objetivo del 2%, con la tasa de interés real en un nivel que mantenga la oferta y la demanda razonablemente equilibradas. Pero, debido a que los cambios estructurales han disminuido la capacidad de la oferta para responder a las presiones del lado de la demanda, la tasa real sólo puede caer hasta cierto punto.

SINGAPUR – ¿Qué caracteriza un viaje? Existe el destino, por supuesto; pero también está el camino que se sigue para llegar hasta allí, y el tiempo que se tarda en completarlo. Este podría ser un marco útil para pensar en la trayectoria futura de la inflación y las tasas de interés, un viaje con implicaciones importantes para el costo del capital, las valoraciones y los múltiplos, la sostenibilidad de la deuda y más. ve fallas en las proyecciones de que la Reserva Federal de Estados Unidos seguirá recortando las tasas de interés más allá de 2024.

El primer paso es entender cómo llegamos a donde estamos hoy. Después de que se levantaron las restricciones de la era de la pandemia, la demanda se disparó en toda la economía mundial, sustentada en parte por unos balances saludables de los hogares y las empresas, que reflejaron el generoso apoyo fiscal que los gobiernos habían brindado durante la pandemia. Pero la expansión fiscal también provocó que los niveles de deuda soberana aumentaran marcadamente, algo que tendrá consecuencias en el futuro.

Cuando la demanda posterior a la pandemia aumentó, la oferta no pudo seguir el ritmo, por lo que la presión inflacionaria se intensificó. Algunas de las perturbaciones del lado de la oferta –los llamados bloqueos transitorios– fueron un legado de cierres y desequilibrios inducidos por la pandemia, y disminuyeron rápidamente. Pero otros resultaron ser más profundos, seculares y estructurales, y el exceso de demanda siguió siendo obstinadamente persistente. Al final, los principales bancos centrales intervinieron y elevaron rápidamente las tasas de interés para limitar la demanda agregada. Y sus esfuerzos parecen haber funcionado: las tasas de inflación han comenzado a bajar.

¿Qué pasará después? Los expertos en gestión de activos –algo que yo no soy– me dicen que, paradójicamente, el camino preciso de las transiciones tiende a ser más difícil de predecir que el destino. Este es un ejemplo de una característica general del análisis económico: los equilibrios en los que caen los mercados a menudo pueden caracterizarse con mayor precisión que las transiciones entre ellos.

Entonces, miremos nuestro destino. La inflación estaría en o cerca del objetivo del 2% al que se han comprometido los bancos centrales y que esperan los mercados, y la tasa de interés real estaría en un nivel que mantenga la oferta y la demanda razonablemente equilibradas (eliminando así la causa fundamental de la presión inflacionaria). Teniendo en cuenta las tendencias inflacionarias recientes, este equilibrio parece totalmente alcanzable sin una contracción económica pronunciada o incluso leve. La pregunta es cuál será esa tasa de interés real.

La inflación en Estados Unidos es actualmente del 3,4% y la tasa de interés oficial de la Reserva Federal de Estados Unidos es del 5,25-5,5% . Eso sitúa la tasa de interés real en alrededor del 2%. Hasta ahora, este nivel no parece haber tenido ningún efecto negativo significativo ni en el crecimiento del PIB ni en el empleo.

Aunque la Reserva Federal decidió en su primera reunión de 2024 mantener sin cambios su tasa de interés de referencia, los mercados han estado descontando un retorno al objetivo de inflación del 2% para fin de año. Si la Reserva Federal reduce la tasa de descuento en un 1,5% este año, hasta el rango del 4%, la tasa de interés real se mantendría en alrededor del 2%. Esta trayectoria de las tasas de interés (seis reducciones de 25 puntos básicos en 2024) es consistente con las expectativas del mercado y algo más agresiva que las propias proyecciones de la Reserva Federal , según su último gráfico de puntos.1

Las expectativas sobre las tasas de interés –tanto nominales como reales– más allá de 2024 parecen más problemáticas. El gráfico de puntos anticipa importantes recortes de tipos adicionales en 2025 y 2026. Si las previsiones se confirman, el tipo de interés real disminuiría y se estabilizaría en (o cerca de) el 0,5%. Esto parece muy poco probable, dadas las persistentes limitaciones estructurales del lado de la oferta (incluidas la escasez de mano de obra, el envejecimiento de la población y la disminución de la productividad) y los crecientes costos impulsados ​​por las tensiones geopolíticas, los shocks y la rápida y costosa diversificación de las redes de suministro globales.

En este escenario, los precios de los activos se elevarían, tal como lo fueron en la década posterior a la crisis financiera mundial de 2008, y el crédito se expandiría, impulsando la demanda. Pero sin un aumento de la oferta laboral o de la productividad, la oferta probablemente se retrasaría y resurgiría la presión inflacionaria, lo que haría bajar aún más la tasa de interés real.

Sin duda, es posible un aumento de la productividad, especialmente teniendo en cuenta los avances en inteligencia artificial generativa . ¿Pero cuando? Incluso aquellos de nosotros que anticipamos un aumento en el crecimiento de la productividad impulsado por la IA no esperamos que suceda rápidamente; parece mucho más probable en la última parte de la década que en los próximos 2 o 3 años.

Pero eso podría cambiar. Si el aumento de la productividad impulsado por la IA llega rápidamente, aumentaría drásticamente la elasticidad del lado de la oferta de la economía. Esto tendría un impacto deflacionario, muy similar al que tuvo el crecimiento de las economías emergentes –que agregó una enorme capacidad productiva a la economía global– en las últimas tres o cuatro décadas.

En este punto, sin embargo, parece muy poco probable que nuestro viaje implique un retorno al patrón previo a la pandemia de tasas de interés nominales y reales bajas, junto con una inflación igual o inferior a la meta del 2%. La demanda estuvo contenida durante años después de la crisis financiera mundial, debido a un período prolongado de reparación de los balances, especialmente en el sector de los hogares. Pero el apoyo fiscal durante la pandemia evitó daños similares, por lo que hoy es fácil liberar la demanda. Dado que los cambios estructurales han disminuido la capacidad de la oferta para responder a las presiones del lado de la demanda, se necesitarán tasas de interés reales más altas para mantener bajo control la demanda (y, por ende, las fuerzas inflacionarias). Si las tasas reales caen por debajo del 0,75%, nuestro camino probablemente nos llevará nuevamente a una inflación alta.

Michael Spence, premio Nobel de Economía, es profesor emérito de Economía y ex decano de la Escuela de Graduados en Negocios de la Universidad de Stanford. Es miembro principal de la Hoover Institution, asesor principal de General Atlantic y presidente del Global Growth Institute de la empresa.  Es presidente del consejo asesor del Asia Global Institute y forma parte del comité académico de la Academia Luohan. Fue presidente de la Comisión de Crecimiento y Desarrollo y autor de  The Next Convergence: The Future of Economic Growth in a Multispeed World  (Macmillan Publishers, 2012).

miércoles, 9 de agosto de 2023

IA y el imperativo de la productividad

9 de agosto de 2023


Tal como está, el panorama económico mundial para la próxima década parece sombrío. Pero un aumento de la productividad de base amplia, impulsado por el desarrollo y la aplicación específicos de inteligencia artificial generativa, podría cambiar sustancialmente esta imagen.

MILÁN – En todo el mundo, la oferta está luchando para mantenerse al día con la demanda. La inflación sigue obstinadamente alta, a pesar de las agresivas subidas de tipos de interés. La fuerza laboral mundial está envejeciendo rápidamente. La escasez de mano de obra es omnipresente y persistente.

Estas son solo algunas de las fuerzas detrás del desafío de la productividad que enfrenta la economía global. Y se ha vuelto cada vez más claro que debemos aprovechar la inteligencia artificial para abordar ese desafío.

En las últimas cuatro décadas, el rápido crecimiento de las economías emergentes generó un aumento en la capacidad productiva, que actuó como una poderosa fuerza desinflacionaria del lado de la oferta. China, en particular, sirvió como un sólido motor de crecimiento. Pero ese motor de crecimiento de las economías emergentes se ha debilitado sustancialmente en los últimos años. El crecimiento pospandémico de China está muy por debajo del potencial y está disminuyendo.

Además, las tensiones geopolíticas, los impactos de la era de la pandemia y el cambio climático están interrumpiendo las cadenas de suministro globales, y una combinación de incentivos de mercado y nuevas prioridades políticas, como "reducir el riesgo" y aumentar la resiliencia, está impulsando a los gobiernos a buscar la (muy costosa). ) proceso de diversificación de la cadena de suministro. Mientras tanto, los niveles de deuda soberana son altos y van en aumento, lo que reduce la capacidad fiscal de los países para realizar inversiones públicas orientadas al crecimiento y desestabiliza algunas economías.

Estas son tendencias seculares, lo que significa que es probable que sean características persistentes de la economía global en la próxima década. Las restricciones de suministro y el aumento de los costos frenarán el crecimiento. La inflación seguirá siendo una amenaza persistente, lo que requerirá tasas de interés más altas que elevan el costo del capital. Las inversiones a gran escala cada vez más urgentes en la transición energética serán extremadamente difíciles (económica, política y socialmente) de llevar a cabo; sin ellos, sin embargo, las perturbaciones relacionadas con el clima empeorarán.

Pero hay noticias prometedoras. Como Gordon Brown , Mohamed El-Erian y yo argumentamos en nuestro próximo libro, Permacrisis: A Plan to Fix a Fractured World , un aumento generalizado de la productividad podría cambiar sustancialmente este panorama. Y, con la tecnología de IA avanzando rápidamente, esto no es nada fácil. La clave es garantizar que el crecimiento de la productividad sea un foco central de la innovación y las aplicaciones de IA en los próximos años.

Incluso cuando la IA avanzó del reconocimiento de escritura a mano al reconocimiento de voz y al reconocimiento de imágenes y objetos, la sabiduría convencional era que la tecnología funcionaba mejor en dominios bien definidos. No tenía una capacidad similar a la humana para detectar en qué dominio estaba trabajando y cambiar de dominio según fuera necesario.

Eso cambió con el auge de los modelos de lenguaje grande (LLM) y la IA generativa en general. Los LLM son capaces de comprender el lenguaje y parecen capaces de detectar y cambiar de dominio de forma independiente, quizás acercándolos un paso más a la inteligencia artificial general. El potencial para una mejora de la productividad de base amplia es considerable.

Los LLM funcionan como plataformas de propósito general para crear aplicaciones para usos específicos en toda la economía del conocimiento. Debido a que entienden y producen lenguaje ordinario, cualquiera puede usarlos. Según los informes, ChatGPT atrajo a 100 millones de usuarios en los dos meses posteriores a su lanzamiento público.

Además, los LLM están capacitados en una gran cantidad de material digital, por lo que la gama de temas que pueden abordar es enorme. Esta combinación de accesibilidad y cobertura significa que los LLM tienen una gama mucho más amplia de aplicaciones potenciales que cualquier tecnología digital anterior, incluso herramientas anteriores basadas en IA.

La carrera para desarrollar este tipo de aplicaciones, vinculadas a una amplia gama de sectores y categorías laborales, ya ha comenzado. OpenAI, la empresa detrás de ChatGPT, ha creado una interfaz de programación de aplicaciones (API) que permite a otros crear sus propias soluciones de IA sobre la base de LLM, agregando datos y capacitación especializada para el uso específico al que se dirigen.

Un estudio de caso reciente realizado por el economista del MIT Erik Brynjolfsson y sus coautores proporciona una indicación temprana del potencial de productividad. El acceso a una herramienta basada en IA generativa entrenada en grabaciones de audio de interacciones de servicio al cliente y métricas de rendimiento aumentó la productividad en un 14 %, en promedio, según lo medido por problemas resueltos por hora.

Los agentes de servicio al cliente con menos experiencia fueron los que más se beneficiaron de la herramienta, lo que indica que la IA, que encapsula y filtra la experiencia acumulada de un sistema completo a lo largo del tiempo, puede ayudar a los trabajadores a "bajar en la curva de experiencia" más rápido. Este efecto de "subir de nivel" probablemente será una característica común de las aplicaciones de IA, particularmente aquellas que se ajustan a este "modelo de asistente digital".

Hay muchas versiones de ese modelo, que pueden aprovechar la capacidad de las IA y los sistemas de inteligencia ambiental para rastrear y registrar los resultados. Para los médicos que atienden pacientes o hacen rondas en un hospital, las herramientas de IA pueden producir un primer borrador de los informes requeridos, que el médico solo necesitará editar. Las estimaciones del ahorro de tiempo varían, pero todas son muy grandes.

Sin duda, la IA también puede permitir la automatización de muchas tareas y el reemplazo de trabajadores humanos. Pero las herramientas de IA son fundamentalmente máquinas de predicción; cometen errores, inventan cosas y perpetúan los sesgos en los que han sido entrenados. Dado esto, es poco probable que las aplicaciones prudentes excluyan a los humanos en el corto plazo.

Para darse cuenta del potencial de mejora de la productividad de la IA, los legisladores tendrán que actuar en varias áreas. Para empezar, la innovación, la experimentación y el desarrollo de aplicaciones dependen del acceso generalizado a los LLM. Quizás habrá suficiente competencia para asegurar el acceso a un costo razonable. Pero dado que pocas empresas tienen la capacidad informática para capacitar a los LLM, los reguladores deben permanecer atentos en este frente.

Además, el gobierno deberá colaborar con la industria y los investigadores para establecer principios ampliamente aceptados para la gestión y el uso responsable de los datos, e implementar regulaciones para defender estos principios. Lograr el equilibrio adecuado entre seguridad y apertura es esencial; las reglas no pueden ser tan restrictivas que impidan la experimentación y la innovación.

Finalmente, los investigadores de IA necesitan acceso a una potencia informática considerable para probar y entrenar nuevos modelos de IA. Las inversiones del gobierno en un sistema de computación en la nube generarían un progreso a largo plazo en inteligencia artificial y robótica, con beneficios económicos de gran alcance. De hecho, la gestión eficaz y con visión de futuro del desarrollo de AI, junto con un compromiso renovado con la cooperación global, bien podría ser la clave para un futuro más próspero, inclusivo y sostenible.



MICHAEL SPENCE, premio Nobel de economía, es profesor emérito de economía y ex decano de la Graduate School of Business de la Universidad de Stanford. Es miembro principal de la Institución Hoover, asesor principal de General Atlantic y presidente del Instituto de Crecimiento Global de la empresa. Es presidente de la Junta Asesora del Instituto Global de Asia y es miembro del Comité Académico de la Academia Luohan. Es expresidente de la Comisión sobre Crecimiento y Desarrollo y autor de The Next Convergence: The Future of Economic Growth in a Multispeed World (Macmillan Publishers, 2012).

domingo, 2 de abril de 2023

Desacoplamiento destructivo

30 de marzo de 2023



Los formuladores de políticas tanto en Estados Unidos como en China parecen haber aceptado completamente, e incluso abrazado, la lógica del desacoplamiento económico. Pero, ¿qué implicará exactamente el desacoplamiento y cuáles serán sus consecuencias?

MILÁN – Durante el último año, la trayectoria de las relaciones chino-estadounidenses se ha vuelto indiscutible: Estados Unidos y China se encaminan hacia una disociación sustancial, aunque no completa. Lejos de resistirse a este resultado, ambas partes ahora parecen haber aceptado que esto se desarrollará como un juego en gran parte no cooperativo, hasta el punto de que lo están incorporando en sus marcos de políticas. Pero, ¿qué implicará exactamente el desacoplamiento y cuáles serán sus consecuencias?

En el lado estadounidense, las preocupaciones de seguridad nacional han llevado a la creación de una lista larga, y aún creciente, de restricciones a las exportaciones e inversiones de tecnología en China, así como a otros canales a través de los cuales la tecnología se mueve alrededor del mundo. Para aumentar el impacto de la estrategia, EE. UU. está tratando de asegurarse, incluso mediante la amenaza de sanciones, de que otros países se unan a sus esfuerzos.

Este enfoque podría haber encontrado resistencia, incluso en Europa, si no fuera por la guerra en Ucrania. El conflicto parece haber vuelto a solidificar las relaciones transatlánticas, después de unos años conflictivos. Y aunque China se ha mantenido oficialmente neutral en la guerra, se ha mantenido comprometida con su “asociación sin límites” con Rusia, que el presidente chino, Xi Jinping, reafirmó en su reciente visita de tres días a Moscú.

En el corazón de la asociación de Xi con el presidente ruso, Vladimir Putin, se encuentra la creencia compartida de que el Occidente liderado por EE. UU. está decidido a mantener a raya a sus países, a impedir su desarrollo, frustrar sus ambiciones territoriales y limitar su influencia internacional. Esta convicción, aparentemente reivindicada por la política estadounidense reciente, también es fundamental para la última iteración de la agenda económica interna de China.

El comienzo del tercer mandato sin precedentes de Xi en el poder trajo una avalancha de documentos que iluminan los planes económicos de China, sobre todo su estrategia para restaurar el rápido crecimiento del PIB. Habiendo llegado a la conclusión de que la economía mundial será menos abierta y más hostil y, por lo tanto, un motor de crecimiento menos confiable, los líderes de China buscan reducir su dependencia de la demanda de exportación. Entonces, a pesar de seguir promocionando el multilateralismo y la apertura económica, la principal prioridad de los líderes chinos ahora es la estabilidad y la autosuficiencia en el comercio, la inversión y la tecnología.

La lógica económica es sólida. Con una economía de aproximadamente el 80% del tamaño de los EE. UU., China tiene un enorme mercado interno de bienes y servicios, y de factores de producción. Al mejorar la integración de su mercado interno, China puede aprovechar al máximo su potencial de mejora del crecimiento, aislándose así hasta cierto punto de las presiones extranjeras, incluidos los desafíos a su centralidad en las cadenas de suministro globales.

De hecho, la diversificación de las cadenas de suministro, por ejemplo, a través del llamado apoyo de amigos, ya está en marcha, y no solo debido a la competencia entre EE. UU. y China. Los impactos frecuentes, desde el clima extremo relacionado con el clima hasta la pandemia y la guerra, y el uso creciente de sanciones económicas como herramienta de política exterior también han dado incentivos a las empresas y los gobiernos para fortalecer la resiliencia.

Para muchos países, una mayor resiliencia idealmente incluiría una menor dependencia del dólar estadounidense. Si bien el dominio global del dólar no está en peligro inmediato, dada la ausencia de una alternativa viable, varios países asiáticos están tratando de crear mecanismos para establecer el comercio que eviten la dependencia del dólar. Tácticamente, esto dificultaría que EE. UU. rastreara las transacciones e identificara las violaciones de las sanciones.

No se equivoquen: las consecuencias económicas de esta sacudida hacia la confrontación son tan trascendentales como severas. A medida que las cadenas de suministro globales se vuelvan menos elásticas, menos eficientes y más costosas, disminuirá su capacidad para contrarrestar las presiones inflacionarias. Por lo tanto, se dejará que los bancos centrales gestionen solos el crecimiento de los precios, suprimiendo el exceso de demanda.

Todo esto genera poderosos vientos en contra del crecimiento. Además, como hemos visto recientemente, el endurecimiento rápido de la política monetaria, después de años de tasas de interés ultra bajas o negativas (en términos reales), produce estrés financiero y episodios de inestabilidad, especialmente cuando los niveles de deuda son sustanciales.

La combinación de tasas de interés más altas y la pesada carga de la deuda soberana agravará las presiones fiscales. Si bien una inflación más baja podría aliviar esas presiones, es probable que las tasas de interés permanezcan elevadas por un tiempo, especialmente si las tendencias económicas globales subóptimas y las fuerzas seculares como el envejecimiento de la población causan que las condiciones del lado de la oferta se deterioren. Tampoco es probable que la tendencia a la baja en el crecimiento de la productividad, que se ha vuelto particularmente pronunciada en la última década, se revierta en una economía global fragmentada con barreras para el desarrollo y la difusión de tecnología.

Estas barreras también pondrán en peligro el progreso en la agenda de sostenibilidad, que requiere flujos libres y sin fricciones de tecnologías existentes y emergentes. Del mismo modo, la transición de energía verde requerirá que el capital fluya hacia donde tendrá el mayor impacto, incluidos los países de bajos ingresos. La inversión de capital incremental necesaria para la transición energética global, estimada en alrededor de $ 3-3,5 billones , simplemente no se movilizará sin la coordinación internacional. Para atraer la inversión privada, las instituciones financieras internacionales necesitan una mayor capitalización y el apoyo de todos los principales accionistas, lo que no es probable en el entorno actual.

Muchas personas en ambos lados de lo que podría llamarse la "ecuación de desconfianza mutua" saben que el desacoplamiento es un camino claramente subóptimo y peligroso. Pero tanto en EE. UU. como en China, las voces disidentes son ignoradas o silenciadas, ya sea mediante presión política o represión abierta.

Muchas economías emergentes y en desarrollo reconocen que una economía mundial fragmentada, y mucho menos una en la que deben elegir entre dos bloques en competencia, no les conviene. Pero actualmente carecen del poder para cambiar los incentivos de los principales actores. Es posible que India pueda desempeñar ese papel algún día, pero todavía no. Y aunque Europa es lo suficientemente grande como para resistir la presión de desacoplamiento, no está completamente integrada y se ve obstaculizada por su dependencia energética. En cuanto a las instituciones multilaterales, están demasiado en deuda con sus principales accionistas en el mundo desarrollado como para abogar con fuerza por la cooperación, la apertura y un sistema adaptativo basado en reglas que promueva la eficiencia, el crecimiento y la inclusión.

Eso no deja rampas de salida obvias de la trayectoria actual. El futuro es el desacoplamiento parcial y la fragmentación.


Michael Spence, premio Nobel de economía, es profesor emérito de economía y ex decano de la Graduate School of Business de la Universidad de Stanford. Es miembro principal de la Institución Hoover, asesor principal de General Atlantic y presidente del Instituto de Crecimiento Global de la empresa. Es miembro del Comité Académico de la Academia Luohan y preside el Consejo Asesor del Asia Global Institute. Fue presidente de la Comisión independiente sobre Crecimiento y Desarrollo, un organismo internacional que de 2006 a 2010 analizó las oportunidades para el crecimiento económico mundial, y es autor de The Next Convergence: The Future of Economic Growth in a Multispeed World (Macmillan Publishers, 2012 ).

miércoles, 22 de febrero de 2023

Contrarrestar las perturbaciones estructurales

Febrero 22, 2023MICHAEL SPENCE PS


Desde la globalización hasta la inteligencia artificial, fuerzas poderosas están impulsando el cambio estructural tanto en las economías desarrolladas como en desarrollo. Las políticas centradas en mitigar las inevitables consecuencias distributivas de dicho cambio son fundamentales para sostenerlo.

MILÁN – Las políticas de desarrollo comercial y tecnológico casi siempre tienen consecuencias distributivas. Puede haber algunas excepciones para las cuales la implementación de una política produce ganancias o ninguna pérdida para casi todos, lo que los economistas llamarían una mejora de Pareto. Pero estos casos son relativamente raros. Se podría argumentar que para los países en desarrollo en etapa inicial, el modelo de crecimiento impulsado por las exportaciones que atrae el excedente de mano de obra a los sectores manufacturero y urbano modernizados se acerca a cumplir con este estándar. Pero incluso allí, las ganancias no se distribuyen de manera uniforme, y la desigualdad de ingresos normalmente aumenta.

Los impactos distributivos son la norma, dentro de los países y a través de las fronteras nacionales. Los países en desarrollo exitosos experimentan cambios estructurales como parte del proceso de crecimiento. Los beneficios a largo plazo de la exposición a los mercados mundiales y la inversión son muy grandes, impulsando tanto el crecimiento como los ajustes estructurales significativos en términos de empleo, habilidades y capital humano. Pero algunos sectores se ven inevitablemente afectados negativamente.

Para garantizar que las nuevas oportunidades y presiones económicas no desborden la capacidad de adaptación de los países en desarrollo, en particular de la fuerza laboral, las autoridades deben gestionar el ritmo y la secuencia del proceso de apertura del comercio, la inversión y la cuenta de capital. Por ejemplo, si la creación neta de empleo (empleos creados menos empleos perdidos) se vuelve negativa, la apertura puede estar ocurriendo demasiado rápido.

Los esfuerzos para calibrar el ritmo de apertura deben complementarse con cierta redistribución hacia las personas o sectores afectados negativamente, pero no a expensas de la inversión. Lo que es más importante, para apoyar la creación de un patrón inclusivo de ajuste estructural, el gobierno debe invertir fuertemente en educación de alta calidad, asequible (ya sea de bajo costo o gratuita) para los jóvenes y capacitación para los trabajadores mayores.

Todo esto es vital para garantizar que las políticas que sustentan el modelo de crecimiento conserven el apoyo popular; De lo contrario, la oposición política probablemente interrumpirá o incluso abortará la estrategia de crecimiento.

Estos desafíos no se limitan a las economías en desarrollo. El comercio, la inversión y la tecnología tienen efectos significativos en la estructura económica, los precios relativos y la distribución del ingreso y la riqueza en casi todas partes. Un documento reciente sostiene que el comercio con China no solo tiene efectos negativos directos sobre el empleo y los salarios en el sector manufacturero de los Estados Unidos, sino que también produce efectos negativos en las fases iniciales de los proveedores de productos intermedios.

Sin duda, los autores del documento concluyen que, para los Estados Unidos, el comercio con China produce beneficios netos, porque el efecto descendente positivo (una amplia gama de industrias que obtienen acceso a productos intermedios más baratos) es mayor que los efectos negativos directos y ascendentes combinados. Sin embargo, el comercio entre Estados Unidos y China todavía tiene importantes implicaciones distributivas porque los efectos negativos están más concentrados por sector y geografía, mientras que los efectos positivos están ampliamente dispersos. Podría decirse que esto ha tenido un impacto significativo en las actitudes estadounidenses hacia el comercio con China y, por lo tanto, en la política comercial de los Estados Unidos en general.

Por supuesto, el debate sobre el comercio con China es particularmente acalorado en los Estados Unidos, debido sobre todo a las acusaciones de que China ha violado las reglas de la Organización Mundial del Comercio. Pero esto es una pista falsa. Seguramente hay muchos casos de incumplimiento estricto de las normas de la OMC por parte de los países en desarrollo. Pero los efectos estructurales y distributivos del comercio no dependen del cumplimiento por parte de un país de las normas de la OMC, sino más bien de su etapa de desarrollo, la escala del comercio y sus ventajas comparativas.

La gravedad del llamado shock de China en los Estados Unidos reflejó su velocidad y escala. El error de las autoridades fue dedicar relativamente poca atención a modular la velocidad de la transición o apoyar a los afectados por el ajuste estructural.

Pero ralentizar el ritmo del cambio estructural es más fácil decirlo que hacerlo, particularmente cuando se trata de la transición verde, otro impulsor clave del cambio estructural en la actualidad. Décadas de inacción significan que ahora se necesitan urgentemente reducciones rápidas en las emisiones de gases de efecto invernadero. Pero esto ya está creando grandes dislocaciones, con serias implicaciones distributivas. A medida que estos efectos crecen, también lo hará la resistencia a las iniciativas necesarias.

Un tercer impulsor de la transformación estructural hoy en día es la tecnología. Como David Autor y otros han documentado, incluso antes de los últimos avances en inteligencia artificial, la tecnología digital estaba eliminando de la economía los empleos rutinarios (codificables), principalmente de ingresos medios, lo que llevó a la polarización del empleo y los ingresos. Este fenómeno se puede observar en todas las economías avanzadas.

Para agravar el desafío en los Estados Unidos, el crecimiento de la productividad ha pasado a una doble vía. Como Belinda Azenui y yo Recientemente observamos Los avances en el aprendizaje automático han permitido que la productividad crezca rápidamente en lo que los tecnólogos llaman la "capa de bits" de la economía: donde se procesa, almacena, accede y utiliza la información, donde se producen las transacciones y donde se toman las decisiones.

Pero en la "capa de átomos", donde tiene lugar la actividad económica física, el crecimiento de la productividad es mixto: más alto en entornos estructurados como la fabricación y la logística, y más bajo en otros lugares, incluidos los grandes sectores de empleo como la hospitalidad. Si estas tendencias, y la inacción de los responsables de la formulación de políticas, persisten, la brecha en la productividad y los ingresos continuará ampliándose.

En un artículo de 2022 titulado "La trampa de Turing", Erik Brynjolfsson sugirió que la agenda de investigación de IA está demasiado centrada en la inteligencia artificial similar a la humana, motivada por la famosa prueba de Turing: ¿puede una persona que interactúa con una máquina determinar si es una? Claramente, ese punto de referencia ha producido avances asombrosos. Pero Brynjolfsson argumenta que debe complementarse con una agenda de aumento de máquinas más agresiva y bien financiada. El objetivo de desarrollar vehículos semiautónomos debe ir acompañado de un impulso para aumentar la productividad de una amplia gama de empleos en el sector de servicios.


Michael Spence, premio Nobel de Economía, es profesor emérito de Economía y ex decano de la Escuela de Graduados de Negocios de la Universidad de Stanford. Es Senior Fellow en la Hoover Institution, Senior Advisor de General Atlantic y Presidente del Global Growth Institute de la firma. Es miembro del Comité Académico de la Academia Luohan y preside el Consejo Asesor del Asia Global Institute. Fue presidente de la Comisión independiente sobre Crecimiento y Desarrollo, un organismo internacional que de 2006 a 10 analizó las oportunidades para el crecimiento económico mundial, y es autor de The Next Convergence: The Future of Economic Growth in a Multispeed World (Macmillan Publishers, 2012).

jueves, 9 de febrero de 2023

La creciente brecha de productividad de Estados Unidos



MILÁN/GRANVILLE, OHIO – Estados Unidos tiene un problema de productividad, aunque es difícil detectarlo si solo se analizan las industrias que producen bienes y servicios que se comercializan a nivel internacional. Como estos bienes y servicios representan solamente un tercio del PIB y apenas más del 20% del empleo, como es normal en una economía desarrollada, también es importante considerar el sector no-comercializable que incluye a las otras dos terceras partes de la economía.

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El sector comercializable de la economía incluye a la agricultura, la forestación, la pesca y la industria -la producción de bienes, ya sea como productos finales o intermedios-. En 2021, representaba un tercio del valor agregado comercializable. El sector comercializable también incluye servicios como investigación y desarrollo, consultoría, información y un alto porcentaje de finanzas. En conjunto, los servicios representan alrededor de dos tercios del valor agregado comercializable -un porcentaje que ha aumentado en las últimas dos décadas.

El valor agregado para una empresa o industria se calcula sustrayendo los insumos comprados como energía y productos intermedios -excluyendo mano de obra y capital- de las ventas totales en dólares. Se puede entender como el valor creado por la combinación de mano de obra y capital. Ese valor luego se captura como ingreso para la mano de obra (formando el límite superior de la compensación promedio de empleados en el sector) y retornos para los dueños del capital.

El valor agregado para el empleado, por ende, es una medida de productividad de la mano de obra. Y, en el sector comercializable de Estados Unidos, ha aumentado sostenidamente en las dos últimas décadas tanto en manufactura como en servicios, alcanzando aproximadamente 185.000 dólares (en dólares constantes de 2012) en 2021. En el mismo período, el crecimiento de la productividad en este sector promedió cerca del 3%. Si esto hubiera sido válido para la parte no comercializable de la economía -incluyendo los sectores de alto empleo como los gobiernos, la atención médica, el comercio minorista tradicional, los servicios de alojamiento y alimentación, la educación y la construcción-, nadie tendría que preocuparse por la productividad.

No hay una buena manera de medir la productividad del gobierno, porque los mercados no le ponen precio al valor creado por servicios que normalmente no se venden. Para fines contables, el valor agregado para el gobierno se mide por los costos de la mano de obra y del capital, y la presunción es que los mecanismos democráticos de elección colectiva eliminarán los servicios cuyos costos excedan los beneficios percibidos. Pero ese enfoque no brinda mucha información sobre la productividad: el hecho de que el valor agregado por empleado gubernamental haya crecido muy lentamente -el 0,25%, en promedio, en el lapso de dos décadas- solo significa que, en promedio, los costos de mano de obra y capital crecieron aproximadamente al mismo ritmo que el empleo.

Para el resto de la economía no comercializable, sin embargo, sí podemos medir el crecimiento de la productividad y los resultados -basados en datos específicos de la industria de la Oficina de Análisis Económico para el empleo y el valor agregado real (en miles de millones de dólares constantes de 2012)- son muy diferentes del panorama comercializable y distan de ser halagüeños: solo el 0,57% por año en los últimos 20 años. Esto refleja niveles de productividad por debajo del promedio y, en la mayoría de los casos, un crecimiento de la productividad bajo a moderado en los sectores de alto empleo.

Por ejemplo, en 2021, el sector de hotelería emplea a 12 millones de personas, tiene un valor agregado por empleado de 41.355 dólares -menos de un tercio del promedio nacional de 130.000 dólares- y un crecimiento de la productividad del 0,26%. El sector de atención médica y asistencia social emplea a 20 millones de personas, con un valor agregado por empleado de 73.624 dólares y un crecimiento de la productividad del 0,71%. Para la construcción, las cifras son de 7,6 millones, 87.425 dólares y -1,21%, respectivamente.

No siempre hubo una brecha importante entre los sectores comercializables y no comercializables. Por el contrario, como demuestra el gráfico, la productividad de la mano de obra era de alrededor de 100.000 dólares en toda la economía en 1998. Pero, en 2021, después de más de dos décadas de divergencia estable, el valor agregado por empleado en el sector comercializable era casi el doble del nivel en el sector no comercializable.

Por definición, no existe ninguna oferta o demanda externa en los sectores no comercializables y, por ende, ninguna competencia o especialización externa. Por lo tanto, son entidades domésticas, y hasta locales, las que abastecen a estos sectores. En otras palabras, el lado de la oferta y la demanda deben coincidir.

Hoy, sin embargo, muchas partes no comercializables de la economía -incluidas todas las áreas de alto empleo- están experimentando una escasez de mano de obra. Esto, en parte, es porque factores como el estrés, las cuestiones de seguridad, la baja compensación y la falta de flexibilidad alejan a los trabajadores de esos empleos. Pero las brechas de capacidades también influyen. Teniendo en cuenta esto, eliminar las barreras para la adquisición de capacidades e ingresos de mayor nivel es un componente crítico de cualquier agenda de transición estructural.

La demanda de servicios de atención médica, hotelería y construcción no van a caer. Por lo tanto, las restricciones de oferta de mano de obra pueden derivar en salarios más elevados y precios más altos, lo que haría aumentar, en cierto modo, los ingresos y la productividad medida de la mano de obra. Pero debe hacerse más para impulsar el crecimiento de la productividad en los sectores de baja productividad, mitigando así las restricciones de la oferta, que el envejecimiento de la población va a exacerbar.

Las tecnologías digitales han sido un motor importante del crecimiento de la productividad en industrias de rápida expansión. Dados los avances recientes en robótica e inteligencia artificial, hay muchos motivos para creer que esto continuará. Pero el progreso en servicios y manufactura de alta calidad por sí solo no alcanza. Estas tecnologías potentes también deben aplicarse en las partes de la economía de bajo valor agregado, de bajos salarios y de bajo crecimiento de la productividad.

Dadas las restricciones de oferta de mano de obra y los shocks económicos -vinculados, por ejemplo, al cambio climático y a la geopolítica-, el argumento a favor de intervenciones para impulsar la productividad es claro. A menos que los responsables de las políticas utilicen una combinación de inversión e incentivos para revertir las tendencias negativas de la productividad, Estados Unidos logrará un crecimiento, en el mejor de los casos, modesto. Peor aún, el crecimiento que obtenga será sumamente desparejo y hará que muchos no reciban sus beneficios.

MICHAEL SPENCE, a Nobel laureate in economics, is Professor of Economics Emeritus and a former dean of the Graduate School of Business at Stanford University. He is Senior Fellow at the Hoover Institution, Senior Adviser to General Atlantic, and Chairman of the firm’s Global Growth Institute. He serves on the Academic Committee at Luohan Academy, and chairs the Advisory Board of the Asia Global Institute. He was Chairman of the independent Commission on Growth and Development, an international body that from 2006-10 analyzed opportunities for global economic growth, and is the author of The Next Convergence: The Future of Economic Growth in a Multispeed World (Macmillan Publishers, 2012).


BELINDA AZENUI is Assistant Professor of Economics at Denison University.

viernes, 14 de octubre de 2022

Inflación secular

 

Sean Gallup/Getty Images
Ciencias económicas

12 de octubre de 2022 MICHAEL SPENCE

Después de disfrutar de un largo período de condiciones deflacionarias, la economía global está siendo empujada por una amplia gama de fuerzas hacia un nuevo y más difícil equilibrio. Los aumentos repentinos de la demanda que solían ser acomodados por expansiones en la oferta ahora conducirán con mayor frecuencia a precios más altos.

MILÁN – Las altas presiones inflacionarias de la economía posterior a la pandemia están siendo impulsadas en parte por tendencias y fuerzas seculares, muchas de las cuales operan del lado de la oferta. Si bien también hay factores transitorios, como interrupciones y cuellos de botella en la cadena de suministro , y la política de cero COVID de China, es de suponer que estos disminuirán en algún momento. Pero es probable que las tendencias seculares conduzcan a un nuevo equilibrio en muchas economías y mercados financieros globales.

En los bienes manufacturados y los productos intermedios (una parte sustancial de la parte comerciable de la economía mundial), estamos saliendo de un largo período de condiciones deflacionarias, que habían sido impulsadas por la introducción de cantidades masivas de productos productivos de bajo costo y que antes no se usaban. capacidad en las economías emergentes. Cada vez que hay un aumento de la demanda, la respuesta del mercado de equilibrio será una combinación de expansión de la oferta y aumentos de precios, y durante las últimas décadas, la expansión de la oferta dominó claramente, creando presiones deflacionarias que se dieron por sentadas.

Pero la capacidad productiva infrautilizada restante en la economía mundial ha ido disminuyendo , y la demanda mundial ha crecido a medida que decenas de millones de consumidores se han unido a la clase media . La elasticidad de las cadenas de suministro globales ha disminuido , aumentando el poder de negociación de los trabajadores en las economías avanzadas. La evidencia de esto no es difícil de encontrar. La organización sindical se está expandiendo y se está volviendo más exitosa, y a los empleadores les resulta difícil dejar de lado las preferencias de los empleados potenciales y actuales por el trabajo híbrido.

Luego está el envejecimiento demográfico. Las poblaciones están envejeciendo, algunas con bastante rapidez, en la cohorte de países que representan más del 75 % del PIB mundial. A pesar de los aumentos en la longevidad, esta tendencia implica una oferta laboral reducida y tasas de dependencia crecientes, sin una reducción comparable en la demanda. Estos y otros factores están alimentando la presión alcista sobre los salarios y los costos.

Entre los sectores que experimentaron problemas extremos de seguridad y estrés durante la pandemia se encuentran la salud y la educación, que son enormes fuentes de empleo en la parte no comerciable de cualquier economía. En los Estados Unidos, el sector de la salud y la educación representan alrededor de 20 millones y 14 millones de puestos de trabajo, respectivamente, con la salud en segundo lugar después del gobierno como fuente de empleo. Pero las condiciones de trabajo poco atractivas y la baja remuneración han persistido después de la pandemia, lo que ha provocado escasez de trabajadores . Aún no ha surgido un nuevo equilibrio de mercado; pero cuando lo haga, seguramente incluirá mayores ingresos para quienes trabajan en estos sectores y, por lo tanto, un aumento en los costos reales (ajustados a la inflación).

En términos más generales, la economía global ha entrado en una nueva era de frecuentes y severos impactos del cambio climático, pandemias, guerras, bloqueos en la cadena de suministro, tensiones geopolíticas y otras fuentes. Está en marcha un proceso de diversificación de la cadena de suministro, y las nuevas políticas económicas están reforzando fuertemente esta tendencia. Atrás quedaron los días en que estas cadenas se construyeron completamente sobre la base del costo, la eficiencia a corto plazo y la ventaja comparativa. Las nuevas cadenas de suministro diversificadas serán más resistentes pero también más caras.

Las tensiones geopolíticas son un aspecto especialmente importante de este proceso. Los gobiernos ahora abogan por la “acogida de amigos ” a través de políticas (como aranceles, subsidios o prohibiciones absolutas) destinadas a cambiar los patrones comerciales de sus países hacia aliados estratégicos y otros socios más confiables. Esto es en parte una respuesta a posibles interrupciones asociadas con el uso creciente del comercio y las finanzas para ganar influencia en las relaciones o conflictos internacionales.

Si bien uno puede debatir los beneficios de seguridad de estas políticas, son claramente inflacionarias, ya que alejan explícitamente las cadenas de suministro de las fuentes de menor costo. De hecho, una versión aún más extrema de la reubicación de amigos es la relocalización, cuyos costos son tan altos que las políticas que la fomentan solo pueden justificarse en sectores que exhiben vulnerabilidades económicas y de seguridad nacional extremas.

Por ejemplo, debido a la guerra de Rusia en Ucrania, Europa ha adoptado una diversificación relativamente rápida de su sistema energético para acabar con su dependencia de los combustibles fósiles rusos. Este proceso conducirá a costos de energía más altos a largo plazo, al menos hasta que las tecnologías de energía renovable se implementen por completo dentro de varias décadas, y a una presión inflacionaria adicional significativa en los próximos años.

A medida que el dólar se ha fortalecido, el rápido aumento de los precios de las materias primas, incluidos los precios de los alimentos y los combustibles fósiles denominados en dólares, ha amplificado el aumento inflacionario en una amplia gama de países. Y este efecto es especialmente fuerte en los países en desarrollo de bajos ingresos, donde los alimentos y la energía representan una mayor parte de la demanda agregada y el gasto de los hogares. Muchos de estos países ya están enfrentando escasez de alimentos y energía y crisis de asequibilidad.

En los EE. UU., un creciente cuerpo de evidencia muestra que las industrias se están volviendo más concentradas, en términos absolutos y relativos a Europa. Se pueden debatir las causas de esta tendencia (Thomas Philippon, de la Universidad de Nueva York, atribuye gran parte de la culpa a los fracasos de la política de competencia), pero no hay duda de que la inflación hace que la concentración del mercado sea un problema aún mayor. La teoría económica nos dice que en un mercado altamente competitivo, la inflación debería impulsar la búsqueda de ganancias de productividad. Pero ese incentivo se silencia en las industrias oligopólicas donde los titulares tienen una mayor capacidad para trasladar los aumentos de costos a través de aumentos de precios que preservan el margen.

Finalmente, los niveles de deuda en toda la economía mundial siguen siendo elevados debido a la pandemia, y el entorno actual de tasas de interés en aumento significa que el espacio fiscal se contraerá. Pero se espera que la transición hacia la energía limpia requiera una inversión estimada de $3 billones por año durante las próximas tres décadas. Si una parte sustancial se financia con deuda, como parece probable, el aumento de la demanda agregada en un entorno mundial ya restringido por la oferta creará una presión inflacionaria adicional.

Un aumento generalizado de la productividad amortiguaría los efectos combinados de estas presiones inflacionarias. Las tecnologías digitales y basadas en la biología tienen un inmenso potencial a este respecto. Pero su desarrollo y puesta en marcha llevará tiempo. Mientras tanto, ya no podemos confiar en respuestas de oferta altamente elásticas para mitigar las presiones inflacionarias. Los marcos de política fiscal y monetaria deben ajustarse a esta nueva y más difícil realidad.


MICHAEL SPENCE, premio Nobel de economía, es profesor emérito de economía y ex decano de la Graduate School of Business de la Universidad de Stanford. Es miembro principal de la Institución Hoover, asesor principal de General Atlantic y presidente del Instituto de Crecimiento Global de la empresa. Es miembro del Comité Académico de la Academia Luohan y preside el Consejo Asesor del Asia Global Institute. Fue presidente de la Comisión independiente sobre Crecimiento y Desarrollo, un organismo internacional que de 2006 a 2010 analizó las oportunidades para el crecimiento económico mundial, y es autor de The Next Convergence: The Future of Economic Growth in a Multispeed World (Macmillan Publishers, 2012 ).