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"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." ""Creo que mientras más critica exista dentro del socialismo,eso es lo mejor" Fidel Castro Ruz
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lunes, 20 de julio de 2026

PROPUESTA PARA TRANSFORMAR LA ECONOMÍA CUBANA

 

Julio, 2026

Cuba Transformación ofrece un diagnóstico de la crisis estructural del país y propone un camino para su estabilización, recuperación y desarrollo.

La propuesta Cuba Transformación, anunciada el 22 de junio de 2026, es el resultado del trabajo conjunto de los economistas cubanos Mauricio de Miranda Parrondo, Pedro Monreal González, Omar Everleny Pérez Villanueva, Ricardo Torres Pérez y Pavel Vidal Alejandro. Nuestro propósito es ofrecer ideas con rigor técnico, abiertas al debate público y orientadas a explorar alternativas realistas ante la profunda crisis que enfrenta Cuba. Buscamos contribuir a sentar las bases de una recuperación económica sostenible que mejore el bienestar de la población y amplíe sus libertades.

Esta propuesta no pretende ser un plan infalible ni ofrecer soluciones mágicas. Presenta, en cambio, un marco analítico coherente, realista y flexible que puede ayudar a estabilizar la economía, retomar el crecimiento y construir un futuro mejor para los cubanos. Partimos de la convicción de que no existe una única respuesta correcta. Por eso, aspiramos a que este documento sirva como punto de partida para una discusión amplia, plural y responsable sobre el futuro económico de Cuba.

Se trata de una primera versión. Publicaremos revisiones sucesivas que incorporarán las críticas, comentarios y sugerencias que recibamos. Con este espíritu, invitamos a la comunidad académica, a los profesionales, a los técnicos y a la sociedad cubana en general a leer, evaluar y enriquecer esta propuesta. Su participación es esencial para fortalecerla con nueva evidencia, diferentes perspectivas y un debate constructivo.

Cuba Transformación es una iniciativa apoyada por instituciones como el Cuba Study Group y el Observatorio sobre la Economía Cubana. Los economistas mantienen plena independencia editorial sobre su trabajo.


Link del resumen Ejecutivo https://pub-b3efec60654a46eb9cfe8b62a3f029ab.r2.dev/cuba-transformacion-resumen-ejecutivo-es.pdf 19 paginas

Link del Informe completo de https://pub-b3efec60654a46eb9cfe8b62a3f029ab.r2.dev/cuba-transformacion-propuesta-es.pdf 118 paginas

martes, 8 de septiembre de 2020

¿Unificación monetaria y cambiaria en condiciones de re-dolarización?



Desde hace varios días en diversos medios de prensa cubanos han comenzado a aparecer argumentos sobre la necesidad de proceder a la unificación monetaria y cambiaria, haciendo énfasis en las consecuencias negativas del establecimiento de una dualidad monetaria en los años 90 del siglo XX. A esto se suman muy recientes rumores, no confirmados, que indicarían la posibilidad de que en poco tiempo se suprima la circulación del peso convertible y la unificación de precios en pesos cubanos de los bienes y servicios que se ofrecen en las redes comerciales estatales, así como una nueva tasa de cambio única que devaluaría considerablemente el tipo de cambio oficial actual de 1 USD = 1 CUP que solo funciona para las empresas del Estado, pero que, al parecer, revaluaría la actual tasa de mercado, también oficial, de 1 USD = 24 y 25 CUP (según se trate si es tipo de cambio de compra o de venta de la moneda extranjera). A estos rumores se suma la existencia de una supuesta nueva escala salarial que funcionaría para el sector estatal y que multiplicaría en varias veces todos los niveles salariales actuales (sin que se diga nada de las pensiones de jubilación antiguas).

Lo curioso es que todo esto ocurra unos meses después que el gobierno cubano decidiera abrir tiendas minoristas en las que se venderían una serie de artículos, considerados de “alta gama”, pero que después se ampliaron a bienes de primera necesidad, usando tarjetas magnéticas, respaldadas por depósitos en dólares u otras monedas libremente convertibles (MLC), lo que ha significado, en la práctica, una nueva segmentación del mercado en productos que se venden en divisas extranjeras y productos que se venden en las monedas nacionales y que, eventualmente, se venderían en una sola, como resultado de la “unificación”. Así las cosas, vale la pena aclarar que toda vez que circulen diversas monedas en un mercado, así sea a partir de la existencia de depósitos a la vista, no estamos en presencia de una real unificación monetaria.

Uno de los problemas de la dualidad monetaria existente ha sido la multiplicidad de tipos de cambio, pero sobre todo la persistencia, durante 60 años, de un tipo de cambio fijo, artificialmente sobrevaluado, del peso cubano respecto al dólar estadounidense, que no refleja las condiciones económicas reales de la economía nacional en relación con la economía internacional y que ha distorsionado seriamente la competitividad de todo el sistema empresarial cubano.

Se puede establecer una nueva tasa de cambio, se pueden modificar los precios y se pueden reformar los salarios y jubilaciones, pero con ello solo se pondrá un orden momentáneo a las relaciones monetarias y a los sistemas de precio y de salarios en el país, pero no necesariamente se pondrá fin a las distorsiones del sistema económico cubano ni del sistema monetario en particular.

La existencia de un mercado, por limitado que pueda resultar, en el que el peso cubano no cumple sus funciones como dinero va a generar una demanda adicional de las divisas extranjeras en el mercado informal, generando opciones de beneficios extraordinarios para quienes operen este mercado informal. Si, como es usual, se persigue a estos actores económicos con medidas punitivas solo se conseguirá aumentar la brecha entre los tipos de cambio entre los mercados formales e informales. Por tanto, sería prudente adelantarse a este tipo de escenarios con la adopción de medidas económicas adecuadas.

¿Cuáles deberían ser este tipo de medidas?

  1. Será necesario definir qué tipo de sistema cambiario va a establecerse. ¿Una caja de conversión como la que determinó la paridad del peso cubano con el dólar antes de 1959 o como la que produjo el establecimiento del llamado CUC? Esto significaría un anclaje nominal del peso con el dólar, en la cantidad que se defina, y la variación del tipo de cambio con las demás divisas, siguiendo el curso del dólar. Esta medida, no evitaría que el país afronte una crisis cambiaria cuando se produzca una nueva crisis de balanza de pagos, lo cual puede ser algo previsible en el caso cubano, si no se solucionan los problemas estructurales, no se alcanza un mayor ritmo de crecimiento económico y no se logra una mejor inserción internacional de la economía. ¿Un tipo de cambio flexible? Podría resultar lo más lógico para que el tipo de cambio fuera el que absorbiera los choques externos y la política macroeconómica no quedara supeditada al sostenimiento de una determinada paridad cambiaria. Sin embargo, en este escenario habría que estar preparados para una depreciación sostenida del peso cubano en la medida en la que no mejoren las condiciones de producción de bienes y de servicios y en las consecuentes presiones inflacionarias.
  2. La realidad indica que tanto el peso cubano como el peso convertible están sobrevalorados, tanto en el tipo de cambio del primero como del segundo, lo cual significa que ambos valen más de lo que deberían valer. El tipo de cambio oficial con el que funcionan las empresas es absurdo y no guarda relación alguna con la realidad. El tipo de cambio de las CADECA, que durante mucho tiempo se ha mantenido estable, parece mostrar signos de sobrevaloración ante la reaparición de un mercado informal con valores que en estos momentos han estado oscilando entre 1,30 y 1,80 CUC por dólar. Esto es consecuencia de dos fenómenos muy concretos: a) la ruptura de la “caja de conversión” que sustentaba la condición de convertibilidad del CUC a una paridad de 1 USD = 1 CUC y según la cual solo se emitirían CUC como USD existieran para respaldarlos y b) la reaparición de un mercado en el que solo se opera en MLC, por lo que la demanda por las divisas foráneas aumenta considerablemente. La sobrevaloración de una moneda nacional desestimula las exportaciones porque las encarece y estimula las importaciones porque las abarata relativamente. Si se adopta un tipo de cambio de partida, de forma administrativa, que no refleje las condiciones reales de la economía, se reproducirán las distorsiones actuales, porque el tipo de cambio es el precio relativo que permite conectar la economía de cualquier país con la economía internacional. Por esa razón, en lugar de adoptar medidas administrativas sería mucho mejor tener en cuenta las señales que ofrece el mercado. Así las cosas, el CUP podría cambiarse a 25 por CUC actuales para efectos internos, pero el tipo de cambio del USD con el CUP que se establezca como nivel de partida, debería considerar esas señales del mercado y, por tanto, devaluarse en lugar de revaluarse.
  3. Para que el peso cubano (CUP) sea realmente convertible debe asegurar su plena convertibilidad interna, garantizando el funcionamiento adecuado del mercado cambiario y permitiendo que la moneda nacional opere de manera plena con fuerza liberatoria ilimitada y curso forzoso en todo el territorio nacional, lo cual cuestiona el funcionamiento de las nuevas tiendas en MLC, fuertemente criticadas por la población por justas razones.
  4. Nada de esto tiene sentido si no se adoptan las medidas económicas necesarias para impulsar la producción de bienes y de servicios. Si no se adoptan las medidas para aumentar la oferta de bienes y de servicios, se corre el riesgo de una espiral inflacionaria, que si se pretende impedir de forma artificial, con los racionamientos o con topes de precio, se manifestará en la forma ya conocida de “inflación reprimida”, que no es otra cosa que la escasez y las colas y la dinamización del mercado subterráneo. Así las cosas, lo más adecuado sería eliminar todas las cortapisas que han impedido el desarrollo de la producción de bienes y de servicios por parte de productores privados y cooperativos, junto a la autonomía operativa y financiera de las empresas estatales. En tal sentido, es imprescindible adoptar la secuencia adecuada y ello significa que lo primero sería eliminar las restricciones actuales al funcionamiento de las pequeñas y medianas empresas (PyMES) privadas y cooperativas, las cuales, en un clima adecuado podrían absorber la fuerza de trabajo que actualmente resulta excesiva en el sector estatal y podría producir bienes y servicios que el sector estatal se ha mostrado incapaz de producir. Para ello es necesario crear el clima institucional adecuado para promover el ahorro interno y la inversión tanto foránea como doméstica, sin restricciones de tipo de propiedad. Esto debería ir acompañado de la modificación de las normas adoptadas recientemente para regular la participación del sector privado y cooperativo en el comercio exterior que son, a todas luces, inadecuadas.
El costo económico y político de continuar despreciando las leyes económicas puede ser muy grave para el país. La política económica debería orientarse a la adopción de las medidas que permitan salir de la crisis y conducir a una ruta de crecimiento sostenido que tenga un efecto positivo en el mejoramiento del nivel de desarrollo económico y social, superando las barreras ideológicas derivadas de concepciones dogmáticas.

https://mauriciodemiranda.wordpress.com/2020/09/08/unificacion-monetaria-y-cambiaria-en-condiciones-de-re-dolarizacion/

viernes, 8 de mayo de 2020

La “insoportable levedad” de los vulgarizadores del socialismo.

Por Mauricio de Miranda Parrondo / 

https://mauriciodemiranda.wordpress.com/2020/05/08/la-insoportable-levedad-de-los-vulgarizadores-del-socialismo/

Por su pertinencia, tomo prestadas, para mi título, dos palabras de la famosa novela de Milán Kundera “La insoportable levedad del ser”.

Cuando Karl Marx estaba trabajando en su obra magna, El Capital, desarrolló una profunda crítica de la Economía Política precedente e hizo una diferenciación entre la Economía Política Clásica y lo que él llamó la Economía Política Vulgar. Al respecto, escribió: “A medida que la economía tiende a ahondar, no solo se plantea contradicciones, sino que se alza frente a ella su propia contradicción, al paso con el desarrollo de las contradicciones reales [que se contienen] en la vida económica de la sociedad. A medida que esto ocurre, la economía vulgar se torna conscientemente apologéticay trata de eliminar forzadamente con sus charlatanerías, los conceptos y las contradicciones correspondientes” (K. Marx, 1861-63, Tomo 3: 444). Mientras tanto, en el Prólogo a la primera edición de El Capital, escribió de manera lapidaria: “En economía política, la libre investigación científica tiene que luchar con enemigos que otras ciencias no conocen. El carácter especial de la materia investigada levanta contra ella las pasiones más violentas, más mezquinas y más repugnantes que anidan en el pecho humano: las furias del interés privado” (K. Marx, 1867, XII). En el Postfacio a la segunda edición, refiriéndose a la pérdida del carácter científico de la economía política en los tiempos del capitalismo consolidado en Inglaterra y Francia, escribió: “Había sonado la campana funeral de la ciencia económica burguesa. Ya no se trataba de si tal o cual teorema era o no verdadero, sino de si resultaba beneficioso o perjudicial, cómodo o molesto, de si infringía o no las ordenanzas de policía. Los investigadores desinteresados fueron sustituidos por espadachines a sueldo y los estudios científicos imparciales dejaron el puesto a la conciencia turbia y a las perversas intenciones de la apologética” (K. Marx, 1867, XV).

Esto lo escribía Marx para las condiciones del capitalismo sin poderse imaginar que en la llamada “economía política del socialismo” aparecerían apologías tanto o más vulgares que las que él combatió con su afilada pluma y que esa defensa apologética fuera justamente el resultado de las furias del interés privado de una casta de funcionarios y sus alabarderos, necesitados del mantenimiento de un “status quo” del que disfrutan gracias a pingües privilegios. La historia económica del “socialismo” está llena de esa permanente lucha entre quienes intentamos develar y profundizar las contradicciones del sistema para solucionarlas con criterio y método científico y quienes se esmeran en tender sobre ellas el tupido velo de la apología.

En el periódico Granma, Órgano Oficial del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, del 6 de mayo, apareció un artículo, a página completa, firmado por Carlos Luque Zayas-Bazán, titulado “La ‘bondad’ neoliberal de los entusiastas consejeros”, en el que ataca a quienes “insisten -en un sentido muy preciso y enfático- en que el núcleo de la solución estaría en promover con mayor celeridad las pequeñas y medianas empresas de propiedad privada (las llamadas Pymes)”. Y con ese lamentable arte de quienes distorsionan lo que otros dicen para apoyar sus débiles argumentos, afirma que quienes insistimos en esto obviamos “factores culturales, ideológicos, políticos, geopolíticos e históricos”. El articulista sugiere que quienes argumentamos sobre la necesidad y la conveniencia, para el desarrollo económico de Cuba, de promover el funcionamiento de pequeñas y medianas empresas privadas (sospechosamente, no tomó en cuenta que casi todos hacemos referencia también a las cooperativas y que además, consideramos necesario soltar las amarras que hoy en día obstaculizan la autonomía de las empresas estatales) no tenemos en cuenta el clima de incertidumbre económica mundial. Se equivoca, todos somos conscientes y tenemos certidumbre de que estamos enfrascados en una crisis económica de grandes proporciones y que Cuba, precisamente, tiene un altísimo nivel de vulnerabilidad frente a esa crisis por la obsolescencia y la parálisis de la mayor parte de su sistema productivo y su altísima dependencia respecto a ingresos externos provenientes de diversos servicios para poder pagar las importaciones imprescindibles de alimentos y otros bienes que podrían producirse en el país con una estructura productiva diferente.

El articulista enarbola la consabida actitud agresiva de las tantísimas administraciones norteamericanas que han intentado destruir el proyecto socialista cubano como la causa fundamental de todos los problemas económicos que sufre Cuba. No conozco a ningún economista cubano serio, residente dentro o fuera del país, que no sea crítico abierto y contundente de la política de Estados Unidos hacia Cuba, que, por demás, ha sido arreciada por la actual administración a niveles de paranoia. Sin embargo, teniendo en cuenta esa realidad, insistimos en ser capaces de remontar ese obstáculo desarrollando la capacidad creativa y emprendedora de los cubanos, porque la política de Estados Unidos hacia Cuba solo la puede cambiar el gobierno de ese país, pero crear las condiciones adecuadas para el despliegue de las fuerzas productivas del país está en el resorte y la responsabilidad del gobierno de Cuba.

En el artículo mencionado, se acusa de superficialidad la afirmación de que los cambios económicos en Cuba encuentran la oposición y resistencia solapada de “fantasmas burocráticos e intereses creados”. En efecto, esos “fantasmas” con intereses creados en todo el tupido andamiaje funcionarial del país son los ocultos pero poderosos frenos que obstaculizan la democratización de la vida económica y en mi opinión, también política del país. Son las furias del interés privado que se esconden tras el velo de un supuesto interés social. Por eso, las medidas de reforma económica adoptadas en la primera mitad de los años noventa se diluyeron y paralizaron cuando la crisis pasó su momento más terrible. Por eso, los cambios adoptados después de 2008 avanzan unos pasos y se paralizan o incluso retroceden otros. Por eso, las medidas económicas que se adoptan son parciales y no hacen parte de un plan estratégico integral que asegure los objetivos tan anunciados de prosperidad y sostenibilidad. Por eso, ni siquiera se cumplen los Lineamientos que han sido aprobados en dos Congresos del Partido Comunista de Cuba que, en teoría, es el más alto órgano de decisión del Partido que, por la constitución actual y por la anterior, es la “fuerza dirigente de la sociedad”.

Una de las mayores vulgarizaciones en la “teoría” económica sobre el socialismo ha sido la idea tantas veces repetida de que la propiedad estatal es socialista porque es “de todo el pueblo”. De eso se encargaron los redactores de varios manuales elaborados en los escritorios de funcionarios desde los tiempos del Stalinismo. La propiedad será social y por tanto, de todo el pueblo, cuando los propietarios colectivos tengamos la posibilidad de decidir democráticamente cómo se gestiona esa propiedad, cuando podamos controlar y pidamos cuentas a quienes gestionan esa propiedad que es de todos pero que en realidad es usufructuada por esos “gerentes” que no rinden cuentas a sus verdaderos empleadores, los ciudadanos.

Finalmente, asociar las propuestas orientadas a promover pequeñas y medianas empresas privadas y cooperativas, que casi siempre van acompañadas de insistencias en necesidad de autonomía económica de las empresas estatales con el neoliberalismo es el resultado de ignorancia o de mala fe. Para definirlo de forma breve y sencilla, sin la necesidad de escribir un tratado sobre ello, el neoliberalismo es una corriente de pensamiento económico y político que propugna la no intervención del Estado en la economía y la desregulación total de los mercados. Los que criticamos al neoliberalismo somos conscientes que tras los llamados a la desregulación absoluta está justamente la posibilidad de que esa libertad que se propugna conduzca a la formación de estructuras monopólicas u oligopólicas que terminan destruyendo esa pretendida libertad de los mercados y se crean las condiciones de beneficios extraordinarios que resultan de esas estructuras de los mercados, así como de aprovecharse de la asimetría de la información, entre otras cosas. Nada más lejos de las propuestas de los economistas que hemos sido tildados de “consejeros”. En ningún caso se encuentra alusión alguna a propuestas de esta naturaleza. De alguna u otra forma, hemos reconocido la necesidad de un Estado que regule el funcionamiento de los mercados pero que no asfixie el emprendimiento y que incluso lo promueva. Pareciera que en la lógica del firmante del artículo de Granma los emprendedores son el “enemigo del pueblo” cuando en realidad son parte del pueblo y desde esa posición pueden contribuir, de forma importante, a la prosperidad de toda la sociedad, logrando, además, la propia. No hay ningún crimen en ello. Sería absurdo frenar la prosperidad de la sociedad con tal de evitar la prosperidad de los emprendedores.

Referencias:

Marx, Karl (1861-63) Teorías sobre la Plusvalía, tomo 3. Colección Marx-Engels Obras Fundamentales Tomo 14. Fondo de Cultura Económica de México, Ed. 1990.

Marx, Karl (1867) El Capital, tomo 1. Editorial de Ciencias Sociales, Instituto Cubano del Libro, La Habana, Ed. 1973.