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jueves, 9 de agosto de 2018

"Mitos del libre comercio", primer episodio de Periferias, el primer programa de El Salto TV

El Salto TV

Tratados comerciales que se transforman en autopistas para las trasnacionales y muros para las personas, la derechización populista y xenófoba, la crisis del trabajo ante la penetración de la robótica y la inteligencia artificial, la nueva colonización en África, Asia y América Latina o las resistencias feministas que pasan a la ofensiva alrededor del mundo... Estos son algunos de los primeros temas de la primera temporada de Periferias, el primer programa de El Salto TV.

Periferias comenzará con seis programas de entre cinco y diez minutos de duración que pretenden aportar claves para entender un mundo que en pocos años ha cambiado radicalmente, dejando inservibles y caducas buena parte de las certezas que creíamos tener a principios del siglo XXI. Entre la distopía y la esperanza de cambios impulsados desde abajo, Periferias no pretende dar las respuestas sino hacer las preguntas correctas.

Los mitos del libre comercio

En este primer episodio, Periferias hace un breve repaso sobre las consecuencias de los acuerdos de libre comercio, una constitución económica que manda sobre todas las constituciones y procesos democráticos, tal como afirma en el programa Erika González, de OMAL. Una constitución hecha a medida de las grandes trasnacionales, un juego amañado donde los grandes capitales nunca pueden perder. El caso de México, que entró en el acuerdo de libre comercio con Canadá y Estados Unidos con promesas de bienestar y estabilidad, es sintomático. También lo es el caso del propio Estados Unidos, Canadá o los países de Unión Europea, donde los impactos de estos tratados se ha dejado notar en los sectores más desfavorecidos.

Periferias es un programa producido y realizado por El Salto TV, con la colaboración de la Fundación Rosa Luxemburgo . Está presentado por la periodista de El Salto Patricia Reguero (@des_bordes), responsable en el medio del área de feminismos y violencias machistas.
Para este primer episodio hemos hablado con activistas e investigadores de los dos lados del Atlántico.

Bettina Cruz

Defensora de la tierra y del territorio, del pueblo binni’zaa (zapoteco) al sur del Estado de Oaxaca. La defensora integra el movimiento de resistencia civil contra los precios altos de la electricidad y la lucha frente a los megaproyectos eólicos. Ha enfrentado amenazas significativas debido a su labor por los derechos humanos.

Raúl Zibechi

Periodista y analista nacido en Uruguay, colaborador de La JornadaBrecha y El Salto/Diagonal. Lleva décadas investigando a los movimientos sociales latinoamericanos y ha escrito libros clave para entender la historia reciente del continente, como Dispersar el poder. Los movimientos como poderes antiestatales (2006, Tinta y Limón) o Cambiar el mundo desde arriba. Los límites del progresismo (junto con Decio Machado, 2016, Zambra-Balarre)

Erika González

Investigadora en el Observatorio de Multinacionales en América Latina ( OMAL ) – Paz con Dignidad. Ha realizado trabajos de investigación y publicaciones sobre los impactos y la violación de los derechos humanos cometidos por las empresas transnacionales. Participa activamente en la Campaña global “Desmantelemos el poder corporativo y pongamos fin a la impunidad”.

Tom Kucharz

Militante de Ecologistas en Acción y de la plataforma estatal No al TTIP, CETA y TiSA . Activista e investigador globalización, movimientos sociales, especialmente en temas de economía mundial y políticas internacionales de comercio e inversión, cambio climático, Instituciones Financieras Internacionales, deuda externa y deuda ecológica, empresas transnacionales, agroecología o transgénicos.




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viernes, 6 de abril de 2018

Noruega: "EE.UU. se ha convertido en la principal amenaza mundial para el libre comercio"

Publicado: 6 abr 2018 16:01 GMT | Última actualización: 6 abr 2018 16:32 GMT
La primera ministra de Noruega, Erna Solberg, ataca con dureza la postura del presidente estadounidense Donald Trump en relación con el comercio mundial.


La primera ministra de Noruega, Erna Solberg, durante una conferencia de prensa en el Salón Este de la Casa Blanca el 10 de enero de 2018 en Washington, DC.
Brendan Smialowski / AFP

La política del presidente de EE.UU., Donald Trump, constituye la principal amenaza para el comercio mundial, mientras que China solo se protege, ha declarado la primera ministra de Noruega, Erna Solberg. Lo ha afirmado durante una convención de su partido, el Hoyre, celebrada este viernes en las afueras de Oslo (Noruega), informa la agencia TASS.
"La gran paradoja de EE.UU. es que parece que se ha convertido en la principal amenaza para el libre comercio, mientras que la China comunista se está defendiendo", ha advertido la mandataria noruega ante los asistentes al acto. "La guerra comercial a escala mundial y el reforzamiento del proteccionismo es lo que menos necesita el mundo en la actualidad", ha añadido Solberg.
Asimismo, Solberg ha agregado que, como demuestra la historia, el proteccionismo se convierte a menudo en causante de guerras, refuerza las contradicciones en la sociedad y debilita la economía.
Según la primera ministra del país escandinavo las barreras comerciales que EE.UU. está levantando podrían frenar el crecimiento económico europeo y ello, ha alertado, podría influir directamente en el nivel de vida de los noruegos.
A finales del mes pasado, Washington informó a Oslo de que los nuevos aranceles en materia de acero y aluminio afectarán a Noruega, debido a que esta nación no forma parte de la Unión Europa. De ahí que las autoridades noruegas pidieran que EE.UU. respete las reglas de la Organización Mundial del Comercio (OMC) y que hayan comenzado a negociar su integración en la lista de socios comerciales del país norteamericano para tratar de esquivar los recientes gravámenes.

viernes, 23 de marzo de 2018

Latinoamérica impulsa los lazos comerciales mientras Trump promueve aranceles



La entonces presidenta de Chile Michelle Bachelet con su ministro de Relaciones Exteriores, Heraldo Muñoz, en una ceremonia para el acuerdo comercial entre once países de Asia-Pacífico, firmado el 8 de marzo en SantiagoCreditEsteban Félix/Associated Press


SANTIAGO – Los dirigentes de América Latina se prepararon para lo peor el año pasado cuando vieron a Donald Trump asumir el cargo de presidente de Estados Unidos, con sus promesas de proteger a los estadounidenses “de los estragos de que otros países hagan nuestros productos, se roben nuestras empresas y destruyan nuestros empleos”.

Entonces sucedió algo notable.

Los gobiernos de todo el hemisferio comenzaron a forjar vínculos comerciales más estrechos entre sí y a echar para atrás algunas de sus propias políticas proteccionistas, embarcándose en un camino que se propuso en la década de los noventa, pero que no pudo materializar: una zona de libre comercio desde Canadá hasta Chile.

La postura proteccionista de Washington llega en un momento en que los gobernantes de la región miran cada vez más hacia Asia, particularmente China, para expandir su comercio, obtener préstamos y financiar proyectos de infraestructura.

“Sin darse cuenta, Trump ha hecho más por la integración comercial de América Latina de lo que muchos dirigentes latinoamericanos habían logrado”, dijo Patricio Navia, politólogo de la Universidad de Nueva York.

Las políticas y comentarios desdeñosos de Trump sobre los inmigrantes, añadió Navia, han obligado a otros países a decir: “Debemos cuidarnos unos a los otros y buscar alternativas entre nosotros”.

Los miembros del Mercosur —el bloque comercial que incluye a Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay— han iniciado negociaciones comerciales con la Unión Europea, que según los funcionarios están más cerca que nunca de avanzar después de haber languidecido durante años.

Canadá, al que le preocupa el posible desmantelamiento del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, ha comenzado a negociar un tratado de libre comercio con el Mercosur.

Chile fue anfitrión este marzo de la firma de un acuerdo comercial que once naciones del Pacífico, incluyendo a México, Perú y Canadá, rescataron después de que el gobierno de Trump se retiró de él, anteriormente conocido como Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP, por su sigla en inglés).

La Alianza del Pacífico, otro bloque de libre comercio que Chile, Perú, Colombia y México formaron en 2011, está buscando expandirse. Sus miembros están negociando una asociación con el Mercosur y está en proceso de admitir a Australia, Canadá, Nueva Zelanda y Singapur como miembros asociados.


Tran Tuan Anh, ministro de Comercio de Vietnam, a la izquierda, estrecha la mano de Ildefonso Guajardo, secretario de Economía de México, en la firma del pacto comercial mientras Eduardo Ferreyros, ministro de Comercio Exterior de Perú, los observa. CreditEsteban Felix/Associated Press

A pesar de esos avances recientes, los economistas y funcionarios gubernamentales dicen que hay obstáculos importantes en el camino hacia una integración comercial sustancial en el continente americano. Estos incluyen la competencia entre los exportadores de los mismos productos y una infraestructura deficiente, que hace poco prácticas las cadenas de valor agregadas transfronterizas. A pesar de las acciones para reducir las barreras comerciales, las políticas proteccionistas permanecen muy arraigadas en algunos de los países más grandes, como Brasil y Argentina.

Además, los votantes en muchas de las economías más grandes de la región, incluyendo a Brasil, México y Colombia, elegirán nuevos gobernantes este año, lo que podría disminuir el apetito por el libre comercio y la integración en algunos rincones.

Sin embargo, la imposición de Trump de nuevos aranceles al acero y el aluminio a principios de marzo, así como el entusiasmo que ha mostrado ante la perspectiva de una posible guerra comercial, lo convierten en un caso atípico en el hemisferio.

“Esta ola reciente de proteccionismo tiene varios impactos adversos, pero podría tener uno positivo no solo para Latinoamérica, sino también para Asia y otras regiones”, dijo Jorge Arbache, secretario de Relaciones Internacionales del Ministerio de Planeación de Brasil.

Esto también puede beneficiar a China, según los dirigentes latinoamericanos, la cual desplazó en los últimos años a Estados Unidos como el principal socio comercial de Brasil, Argentina, Perú y Chile.

“Con esta actitud de Estados Unidos está dejando un vacío, y ese vacío lo puede ocupar China”, dijo el presidente de Chile, Sebastián Piñera, en una entrevista reciente y añadió que le sorprendieron los mensajes que los gobernantes de China y EE. UU. emitieron en el reciente Foro Económico Mundial en Davos, Suiza.

“El presidente de Estados Unidos defendía el proteccionismo y el presidente de China defendía el libre comercio”, dijo Piñera. “Era un poco el mundo al revés”.

Ernesto Londoño reportó desde Santiago; Shasta Darlington, desde São Paulo, y Daniel Politi, desde Buenos Aires.

viernes, 14 de abril de 2017

Demasiado tarde para compensar a los perdedores del libre comercio

Dani Rodrik is Professor of International Political Economy at Harvard University’s John F. Kennedy School of Government. He is the author of The Globalization Paradox: Democracy and the Future of the World Economyand, most recently, Economics Rules: The Rights and Wrongs of the Dismal Science.

CAMBRIDGE – Últimamente, parece haber surgido un consenso en las élites empresariales y políticas del mundo respecto de cómo encarar la reacción antiglobalizadora que populistas como Donald Trump han sabido explotar tan bien. Afirmar confiadamente que la globalización beneficia a todos es ya cosa del pasado; ahora las élites admiten que la globalización genera ganadores y perdedores. Pero la respuesta correcta no es detenerla o revertirla, sino compensar a los segundos.

Nouriel Roubini ha expresado en pocas palabras el nuevo consenso: sostiene que “la reacción contra la globalización (…) puede ser contenida y gestionada a través de políticas que compensen a los trabajadores por sus daños y costos colaterales. Sólo mediante la promulgación de dichas políticas, los perdedores de la globalización empezarán a pensar que, con el transcurso del tiempo, ellos también podrán unirse a las filas de los ganadores”.

Este argumento parece sumamente razonable, en sentido tanto económico cuanto político. Hace mucho que los economistas saben que la liberalización del comercio internacional genera redistribución de ingresos y pérdidas absolutas para alguna gente, aunque mejore el desempeño económico general del país en cuestión. De modo que la única forma en que los tratados de libre comercio pueden mejorar inequívocamente el bienestar nacional es si los ganadores compensan a los perdedores. Esto también asegura el apoyo de más votantes al libre comercio, así que tiene sentido políticamente.

Antes del Estado de bienestar, la tensión entre apertura y redistribución se resolvía mediante la emigración masiva de trabajadores o la reimposición de medidas proteccionistas, especialmente en el sector agrícola. Pero con el surgimiento del Estado de bienestar, aquella limitación se volvió menos apremiante, lo que permitió una mayor liberalización del comercio. Hoy los países avanzados que están más expuestos a la economía internacional son también los que tienen redes de protección y programas de seguridad social (Estado de bienestar) más amplios. Una investigación realizada en Europa probó que los perdedores de la globalización en un país tienden a apoyar programas sociales e intervenciones del mercado laboral más activos.

Que la oposición al libre comercio hoy no ocupe un lugar más destacado en el debate político europeo se debe en parte a que en este continente esos mecanismos de protección social siguen siendo sólidos (a pesar de su debilitamiento en años recientes). No es exagerado decir que el Estado de bienestar y la apertura económica han sido durante gran parte del siglo XX las dos caras de una misma moneda.

En comparación con la mayoría de los países europeos, Estados Unidos llegó tarde a la globalización. Hasta hace poco, su gran mercado interno y su relativo aislamiento geográfico lo protegían bastante bien de las importaciones, especialmente procedentes de países de bajos salarios. Al mismo tiempo, su Estado de bienestar había sido siempre poco desarrollado.

Cuando en los ochenta Estados Unidos comenzó a abrirse a las importaciones de México, China y otros países en desarrollo, lo esperable hubiera sido que siguiera el modelo europeo. En vez de eso, bajo influencia del reaganismo y del fundamentalismo de mercado, el país tomó la dirección opuesta. Como señala Larry Mishel, presidente del Instituto de Política Económica estadounidense: “No prestar atención a los perdedores fue deliberado. En 1981, uno de los primeros blancos de los ataques de Reagan fue el vigoroso programa de Asistencia para el Ajuste Ocupacional (TAA), cuyos pagos compensatorios semanales redujo”.

El daño continuó en gobiernos demócratas posteriores. En palabras de Mishel, “si los partidarios del libre comercio realmente hubieran pensado en la clase trabajadora, podrían haber apoyado una amplia variedad de políticas para sostener el crecimiento de los salarios: pleno empleo, negociación colectiva, fuerte regulación laboral, un alto salario mínimo, etc.”. Y hubieran podido hacer todo esto “antes de generar ‘perturbaciones’ debidas a la liberalización del comercio con países de bajos salarios”.

¿Puede Estados Unidos invertir rumbo ahora y adoptar el nuevo consenso? Allá por 2007, el politólogo Ken Scheve y el economista Matt Slaughter exhortaron a instituir en Estados Unidos “un New Deal para la globalización”, que vinculara “la participación en la economía mundial con una redistribución sustancial de los ingresos”. En Estados Unidos, según los autores, esto suponía adoptar un sistema tributario federal mucho más progresivo.

Slaughter había sido funcionario de un gobierno republicano (durante la presidencia de George Bush, hijo). Una muestra del grado de polarización de la política estadounidense es que hoy es inimaginable una propuesta similar surgida de un círculo republicano. El intento de Trump y sus aliados congresistas de desvirtuar el programa de seguro de salud del expresidente Barack Obama es prueba de la determinación de los republicanos de reducir en vez de ampliar los mecanismos de protección social.

El consenso actual respecto de la necesidad de compensar a los perdedores de la globalización presupone que los ganadores tendrían un motivo racional de interés propio para hacerlo, ya que el apoyo de los perdedores sería esencial para mantener la apertura económica. Pero la presidencia de Trump reveló una perspectiva alternativa: la globalización, al menos como se la entiende hoy, inclina el equilibrio de poder político en favor de quienes tienen habilidades y recursos que les permitan sacar provecho de la apertura, y debilita cualquier influencia organizada que los perdedores hayan tenido en un primer momento. Como Trump bien demostró, es fácil poner el descontento incipiente con la globalización al servicio de una agenda totalmente diferente, más acorde con los intereses de las élites.

La política de compensación está siempre sujeta a un problema que los economistas llaman “inconsistencia temporal”. Antes de la adopción de una política nueva (por ejemplo, un tratado de libre comercio), los beneficiarios tienen motivos para prometer compensación a los perdedores. Pero una vez instituida, ya no tendrán mucho interés en cumplir lo prometido, sea porque un cambio de rumbo sería costoso para todos o porque el equilibrio de poder subyacente ahora los favorece.

El tiempo de la compensación ya pasó. Incluso si era una propuesta viable hace dos décadas, ya no es una respuesta práctica a los efectos negativos de la globalización. Para reintegrar a los perdedores, es necesario pensar en cambiar las reglas de la globalización misma.

Traducción: Esteban Flamini