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"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." ""Creo que mientras más critica exista dentro del socialismo,eso es lo mejor" Fidel Castro Ruz
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sábado, 19 de septiembre de 2020

EL HORIZONTE IMAGINARIO Y LA ECONOMÍA REAL

 Por: Lic. Alejandro Marcó del Pont

Un hipócrita de los negocios creyó la necesidad de decirle al escritor y humorista estadounidense Mark Twain: “Antes de mi muerte pienso hacer una peregrinación a Tierra Santa; quiero subir a lo alto del monte Sinaí para leer en voz alta Los diez mandamientos”. Podría hacer usted una cosa mejor todavía —replicó Mark Twain—: quedarse en su casa de Boston y cumplirlos.

Las buenas intenciones suelen ser solo eso, buenas intenciones. Y más aún, cuando ingresan dentro de inciertos debates teóricos originados por presuntas alternativas económicas producidas de la pandemia. La idea de brindar aportes económicos alternativos a la ortodoxia reinante que generen la “percepción”, aunque mal no sea, de construir un mundo más justo, son precisamente eso, buenas intenciones.

Estamos hablando de contribuciones teóricas que, a conveniencia del establishment, diluyen las políticas económicas neoliberales que llevaron al mundo a un paso de la catástrofe, y el Covid-19 se encargó de mejorar. Su intento es desorientar a la población, librarse de pagar el costo político de la ejecución de medidas como concentración del ingreso, desempleo y pobreza, proponiendo en su lugar extraviar el borrador de la ortodoxia económica que tanto dolor causó con políticas de austeridad, fomentando restaurados debates teóricos que generen alguna esperanza.

Mientras las controversias por la percepción simbólica y la guerra cultural se llevan a cabo en la trinchera de las conjeturas, los indicadores económicos consolidados muestran que el relato de un mundo mejor y más justo no solo no existe, sino que está completamente fracturado, extraviado y empobrecido, con una población que recibió el impacto de lleno de una nueva ola de pobreza, cuya situación actual la muestra mucho más expuesta y frágil y ¿con menores posibilidades?

Antes del advenimiento del Covid-19, oleadas de malestar social se estaban extendiendo por los países de renta media. Con algunas excepciones, en general, los principales impulsores del descontento eran los países de América Latina. Sus reclamos están basados en un crecimiento mediocre de sus economías, la falta de movilidad ascendente, mayor pobreza, concentración del ingreso, limitada o insuficiente salida laboral. Incluso en economías con mejor prensa, como la chilena, su gobierno sobrevivió gracias a militarizar las calles, pero la población volverá a manifestarse cuando la hibernación de la pandemia se diluya.

Si la disputa es entre realidad de indicadores y horizontes de teorías inciertas, deberíamos comenzar a ponerle número al debate para entender hacia donde nos dirigimos. Con cifras teóricas y generadas por organismos internaciones, que son portadores de expectativas positivas, tendríamos una contracción del PBI mundial del orden del 5.5%; el desempleo en el primer semestre dejó sin trabajo a 450 millones de personas en el mundo; en América Latina las especulaciones acerca de la caída del producto son cercanas al 10%, y el desempleo aumentó en 50 millones de personas.

Siguiendo con los términos conservadores, en este caso del Banco Mundial, y dependiendo de sus juegos de ingresos entre 2 dólares por día o 3.20 o 5.50, los vaivenes de pobreza alcanzarían los 177 millones de personas en el mundo, y unos 90 millones aumentarán la pobreza extrema. El comercio mundial, según la OMC, caería entre un 13% y 32%, y la inversión extranjera directa, según la UNCTAD (Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo), que en su Reporte de Inversiones 2020 estima la caída en un 40%, y para el 2021 un 10% más, en América Latina las contracciones estarán por encima del 55%.

Comencemos a darle un toque latino a la ilustración: la región representa solo el 6% de la población mundial, con América del Norte el 13% de la población del planeta y el 53% de los contagios mundiales de Covid-19 y, quizás lo más aterrador, el 55% de la muertes globales, con Estados Unidos incluido, y 35% sin el país del norte. Podríamos agregar a Estados Unidos en nuestro relato, lo que sería toda una licencia, ya que nunca en la historia se pareció tanto a su patio trasero, con olas de desempleados, contagios y muertes descontroladas, pobreza a granel y asesinatos callejeros como en las mejores épocas de los golpes militares. Lo haremos solo parcialmente.

Las medidas de cuarentena y distanciamiento social en América Latina, necesarias para frenar la propagación del coronavirus y salvar vidas, generaron pérdidas de empleo que se estiman para 2020 en 50 millones de desocupados más que en 2019. La merma de ingresos afecta a las personas que trabajan en actividades más expuestas a despidos y reducciones salariales en general, o sea, en condiciones de precariedad laboral. En la región los mercados laborales son frágiles: existe una alta proporción de empleos informales, un 53,1%, según la Organización Internacional del Trabajo (OIT, 2018), por lo que estamos hablando de pérdidas de empleo y mayor pobreza de las personas registradas.

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y otros organismos internacionales elaboran informes conservadores de pérdida de crecimiento, empleo y aumento de pobreza, y consideran que alcanzaría a 250 millones de personas, cifra cercana al 40% en Latinoamérica para el año 2020. Las indulgentes y convenientes proyecciones pasean sus escenarios numéricos en escritos y debates en redes sociales. Entretanto, en algún lugar de ciudad Gótica ocurren hechos concretos, beneficios tangibles, y números esperados pero inapropiados, como lo muestra el cuadro.

Fuente: El Tábano Economista en base a datos oficiales

Mientras la economía real se descompensa de manera alarmante, el mercado financiero y las ganancias de las grandes corporaciones se pasean por el mundo. No ocurre lo mismo en América Latina, ya que tanto en Brasil como en México, los mayores mercados de capitales de América no tuvieron ganancias anuales. Extrañamente, la bolsa de valores de Caracas (IBC) Venezuela aumentó 745% en el año y el Merval argentino lo hizo en 67.24%. Maduro supero a Tesla y los arreglos de deuda a Facebook. Cuando se generan buenos negocios no importa ni el presidente ni el riego país.

Los números de la pandemia demuestran cómo, por definición, el poder es desigual, ya sea privado o público, la idea es que sea acentuadamente asimétrico, por lo tanto, sería una medida razonable pedirles colaboración a los mayores ganadores de la pandemia donde las desigualdades se han profundizado y acarician lo obsceno. Los dueños de los beneficios han aceptado el convite y participan de la farsa, hasta proponiendo pagar más impuestos, siempre y cuando todo siga igual.

Pondremos unos ejemplos de esta idea, que abarcan al bloque occidental, a la disputa por los beneficios antes del Covid-19 con sus ganancias, sus compulsiva evasión impositiva y la dantesca realidad de lucros actuales. La idea de participar es para tratar de desviar la atención, no sin dar batalla. Antes de que el virus se alojara en el planeta, Europa se debatía por cobrar una tasa a las grandes empresas GAFA (Google, Amazon, Facebook, Apple) y con el arribo de la pandemia, muchas economías entendieron que el estado tendría que estar más presente, y hasta el propio Fondo Monetario Internacional (FMI) recomendó la adopción de medidas fiscales que involucren el aumento de las alícuotas para los tramos más altos de impuesto a las ganancias y bienes personales y colaboraciones de las mayores riquezas.

La idea germinó en Argentina, después de tres meses de espera, y con una cautela inusitada, el gobierno presentó al parlamento un proyecto que llamó Aporte Solidario Extraordinario, para que el establishment no se sintiera agredido con falsas ideas de cargas fiscales. No importa demasiado su falta de coherencia e inclusión con el conjunto de los aportes fiscales, solo tomaremos el relato de los “afectados”. Los damnificados son las empresas o dueños de las mismas que fugaron 90.000 millones de dólares durante el gobierno anterior, y se estiman unos U$S 500.000 millones desde la dictadura militar.

Pero la idea es pedirle una aporte solidaria para que el Estado, que, en general, les paga el 50% de los haberes, salarios que ellos redujeron con el gobierno anterior en un 20% y que ahora acordaron, para no cerrar sus empresas, degradarlo otro 15%, pueda atender las ingentes necesidades. Que se abandona la idea de investigar la legalidad de la deuda, y que quienes más aporten sean el sistema financiero, que ganó U$S 25.000 millones, las empresas energéticas, que alcanzaron U$S 7.000 millones, o el agro, con bajas en la retenciones, que obtuvo unos U$S 5.000 millones. No, solo que colaboren un poco.

Su respuesta a través de los medios concentrados de difusión, de los cuales son dueños o socios, es que resulta contradictorio pedirle colaboración a la inversión privada, que es el motor del crecimiento del PBI, la generadora de empleo y promotora del consumo del país, algo así como matar a la gallina de los huevos de oro. Por lo que ante un alegato tan consistente, uno busca las fluctuaciones de estos indicadores en el gobierno anterior, con el cual las grandes empresas tenían uniformidad de pensamiento en el rumbo económico y lógica política del país. Las tres variables son: una caída del -5% del PBI, un incremento del 60% del desempleo y una disminución del 40% del consumo.

El otro ejemplo es el europeo con las grandes empresas tecnológicas, que, como muestra el cuadro anterior, han tenido ganancias extraordinarias en plena depresión económica, llegando al extremo de incrementar en un solo día la fortuna del evasor Jeff Bezos en U$S 13.000 millones. Antes de la pandemia las empresas tecnológicas tributaban en países de baja fiscalidad, con la posterior remisión de dichas utilidades a paraísos fiscales.

Para evitar este saqueo de sus arcas, muchos países europeos tomaron la iniciativa de gravar estas rentas dentro del Impuesto a las Sociedades, que se enfrentó a la falta de consenso en el seno de la OCDE, tratando de dilatar el impuesto por la oposición de Irlanda, Dinamarca, Suecia y Finlandia. El fracaso de la imposición multilateral solo dejaba el camino de la imposición unilateral, y así lo hizo Francia. Coloquialmente se lo denominó tasa GAFA, porque pretendía gravar los ingresos de Google, Amazon, Apple, y Facebook, aunque están incluidas en su objeto una treintena de empresas multinacionales digitales, siendo las principales de origen norteamericano.

Lo cierto es que, ante la amenaza de aranceles a los productos franceses por parte de Estados Unidos, el Estado galo postergó el tributo para el 2020. Pero la avalancha de beneficios de las grandes empresas tecnológicas dejó al mundo helado y la iniciativa cobró vida nuevamente. Rauda y veloz, y de manera sorprendente, la OCDE informó su intención de retomar en su calendario y en plena pandemia, la definición de un plan de acción común frente al impuesto GAFA. O sea, ante la inminente desvergüenza empresaria y su falta de empatía, la patética Organización para la Cooperación pretende debatir la incorporación del “digital tax” en pleno rebrote del Covid-19.

Como se ve, cuando las desmesurados y abusivos beneficios de las grandes compañías se ven afectados, rápidamente los organismos intervienen y proponen prolongados debates. Cuando necesitan ayuda para mantener sus ganancias, rápidamente los bancos centrales intervienen facilitando liquidez. Cuando hay que afrontar deudas y ayudas sociales, el Estado es un buen deudor. Mientras tanto, la distribución del ingreso se sigue acelerando a su favor. Cuando la pandemia se licúe, la calle será nuevamente el indicador de qué tanto podemos traer para nuestros bolsillos. No nos podemos quedar en casa, porque ellos no van a cumplir los mandamientos.

lunes, 18 de febrero de 2019

Un nuevo campo abierto al análisis de la economía real

El libro de Christian Harbulot L’art de la Guerre Économique

Fernando G. Jaén, Rebelion

Hay libros que nos sitúan en un nuevo campo del saber, que ensanchan nuestros horizontes del pensar, que nos permite enjuiciar la realidad desde una nueva perspectiva o nos trae a primer plano de la reflexión intelectual una manera de analizar postergada, por no decir olvidada. El libro de Christian Harbulot, L’art de la Guerre Économique - Surveiller, analyser, proteger, influencer (VA Éditions, 2018), posee esas virtudes y nos mueve a analizar la realidad económica y empresarial con otras antiparras distintas de las habituales en medios académicos universitarios, pero que encajan bien en lo que podrían considerarse casos particulares acaecidos en el sistema económico, particularmente en el subsistema de planificación según lo entendía John Kenneth Galbraith, en el que se concentra la mayor parte del poder y donde la guerra económica tiene más sentido e intereses, también por sus vínculos (y “puertas giratorias”) con el sector público y el poder político. 

Los méritos de Christian Harbulot son muchos, relevantes y especializados en relación con la materia tratada, dirigiendo, en París, la Escuela de Guerra Económica desde su creación en el año 1997, concebida por él mismo y por el general Pichot-Duclos, en relación con el general François Mermet, cuya carrera viene marcada por la creación de la Dirección de Información militar en 1992. De los antecedentes, desde 1990, y carrera profesional de Harbulot, pasando por el interés mostrado por generales del Estado mayor francés, hasta su incorporación al grupo Planeta, nos da cuenta el preámbulo de Philippe Baumard, subrayando que “La originalidad de Christian Harbulot, particularmente en La machine de guerre économique, es haber logrado sustraerse a su pasado de militante” [maoísta]. También subraya el método pedagógico inventado por Harbulot, que pone a sus alumnos a aprender la asimetría practicándola, sometiéndolos a prueba mediante casos reales y no con los manoseados estudios de caso de la Harvard Business School, que cuentan historias falsas o deformadas. Los alumnos “deben practicar argumentos subversivos en batallas económicas perdidas por adelantado; probarse en la guerra psicológica y en los conflictos informacionales entre potencias económicas yendo a buscar casos de víctimas de conflictos comerciales y proponiéndoles sostenerlos; meter en el cajón los modelos liberales de información perfecta e inventar criterios de interpretación que integren estos nuevos “tableros de ajedrez”: la influencia, la contra argumentación, la desestabilización por la información, la comunicación persuasiva en las dimensiones fuera del mercado, la lógica del fuerte al débil.” (p. 14)

Christian Harbulot señala, en la introducción, lo que persigue en este libro: recorrer, a lo largo de los últimos treinta años, la aplicación de su enfoque de la guerra económica. Desde la primera guerra del petróleo, los enfrentamientos económicos están en el corazón de las relaciones internacionales y su evolución: petróleo, gas, agua, materias primas, o la potencia económica de China, están en la base de la confrontación; también el intento de evitación de la moneda americana para los intercambios por parte de Rusia e Irán; o la búsqueda y descubrimiento de nuevos recursos en los océanos o bajo la capa de hielo polar. Aparecen nuevas fuentes de tensión entre estados y entre grupos industriales, al margen de la competencia, falseándola con nuevas barreras proteccionistas, nuevas formas de dumping, mediante leyes restrictivas sobre la propiedad intelectual, o, incluso, con métodos coercitivos como la aplicación extraterritorial de sus normas legales por parte de los EE. UU., arma de presión económica a no dudarlo a la que se somete el resto de los países occidentales sin rechistar y para vergüenza de quienes enarbolan discursos sobre la soberanía, como Francia. Internet ha abierto la puerta a una nueva evolución de los conflictos, dando a la guerra económica una dimensión multipolar y multidimensional.

¿Es la guerra económica un nuevo arte de la guerra?, se pregunta Harbulot a modo de título del primer capítulo. Tomando pie en una cita de la obra de Sun Tzu, El arte de la guerra (véase mi comentario en SYN@PSIS N. º 83, julio-agosto 2016: Sunzi y su libro El arte de la guerra. Editorial Trotta, SA Séptima edición: 2010): la de que más vale vencer al enemigo sin combatir, y señala que la mayor parte de las acciones de guerra económica son de esa naturaleza indirecta, que pueden darse entre potencias bien durante una guerra militar: mediante bloqueos, cierre de los ejes de intercambio, destrucción del aparato industrial del enemigo, bien en tiempos de paz: mediante embargos, sanciones diversas, pillaje tecnológico, depredación comercial. En el caso de enfrentamiento competitivo, se trata, más bien, de trampas puestas al adversario para hacer fracasar sus estrategias de desarrollo, echarle de un mercado, crearle dificultades financieras, o fragilizar su enfoque comercial, para socavar su imagen (p. 21).

Nos brinda su comprimida síntesis de la guerra económica en sus hitos históricos, siempre bajo el objetivo de querer unos pueblos enriquecerse a costa de otros; su nueva dinámica de origen asiático, con Japón como precursor intentando deshacerse del yugo de la colonización occidental tras la II Guerra Mundial, logrando convertirse en la segunda potencia mundial a finales de los años 80, pero frenada luego por la entente entre los EEUU y Europa. Corea del Sur emprendió, tras la guerra de Corea, un camino similar al iniciado por Japón; pero ha sido China el mejor ejemplo de esa “interiorización asiática”, resultado “de la combinación de dos voluntades: la búsqueda del poder y la lucha contra los invasores. La primera ha sido teorizada por Sun Tzu en el siglo V antes de JC. La segunda por Mao Tse Tung […] el primero puso en perspectiva las relaciones evolutivas entre el fuerte y el débil. El segundo la ha enriquecido en el siglo XX con los principios del dominado y el dominante.” (p. 26) Aunque traducidas sus obras principales, los occidentales no han asimilado su significación, centrada su atención en los escritos de Macchiavello, digamos de paso que olvidadizos también, muchas veces, del rey Fernando el Católico, del que Baltasar Gracián escribiera El Políticoen el año 1640.

Los análisis y lo que son más que anécdotas que nos cuenta Harbulot sobre China, así como su encuadre de guerra económica, nos abrirán los ojos y fundamentarán algunas intuiciones, impresiones o aprensiones que podamos tener con respecto al gigante asiático, que ha sabido utilizar las armas del débil para no ser dominado. Son ejemplos esclarecedores los del “tecno globalismo” de Japón, cortocircuitado por los occidentales; las denuncias de pagos de los conglomerados (“chabolas”) coreanos del sur a la confidente de la presidenta Park-Geun-Hye, desarticulando en parte el núcleo estratégico del aparato industrial sudcoreano, con cuotas de mercado crecientes en los mercados usamericanos y europeos. Occidente, disimulando sus intereses tras un cuerpo de valores morales bajo el nombre de “liberalismo”, no se ha percatado de que el débil se ha reapropiado de la retórica del discurso capitalista para invertir la relación de fuerzas. Brillante idea. Su análisis de los tres grupos de intereses contradictorios en los EEUU, es de sumo interés, sazónese con mi artículo publicado en el año 2012: Políticos: entre grandes empresas y población (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=158721), complementaria de su afirmación siguiente: “La potencia de un Estado o de una firma multinacional se expresa sobre todo por la capacidad de hacer a los países dependientes de sus tecnologías, de su influencia financiera y de su influencia en la definición normativa de las nuevas reglas de la economía de mercado.” (p35)

En el capítulo 2, “Las mutaciones de la guerra económica”, retoma la evolución de la guerra económica, resaltando y apoyándose en los cambios destacados: antes de la revolución industrial, los que trajo esta, los que sobresalieron en la primera mitad del siglo XX al paso de los acontecimientos, en primer lugar la revolución bolchevique de 1917, el uso que hicieron de la III Internacional y de la fe de los proletarios comunistas para hacer llegar a la “patria del socialismo” técnicas y saberes capitalistas para el desarrollo industrial. Vendría luego el espionaje industrial alemán durante la República de Weimar para contrarrestar las limitaciones impuestas por el Tratado de Versalles. Llegó la II GM y el hacerse con los conocimientos de los sabios e ingenieros nazis en sectores punta de la industria armamentística, y luego las concesiones económicas europeas a los usamericanos a cambio del plan Marshall, hasta, pasados los años, durante los que Francia rompió la ley del silencio, con el general de Gaulle enfrentándose al poder usamericano en diversos “dossiers” económicos de envergadura.

Situados en el año 1990, el autor trata de casos reales significativos y las tácticas y las armas utilizadas, así, en el enfrentamiento entre dos grandes empresas informáticas (una francesa y otra no) para obtener un contrato para la informatización de una red de agencias fiscales en Polonia; o entre dos empresas francesas, con el enfrentamiento entre Gómez y Lagardere (empresas Thomson y Matra); o el caso, no ya de conquistas de mercado, sino de penetración sutil por tercero interpuesto para evitar la imposibilidad, como es el caso de EEUU y Vietnam tras la guerra, consiguiendo la dependencia continuada de un país necesitado (Vietnam y su sistema cartográfico) por los servicios de consultoría y servicios continuado, frente a una propuesta francesa más circunspecta al proyecto en sí, que dio lugar a algunas teorizaciones conocidas como social learning (p 47). La ayuda humanitaria vino a sumarse a esta técnica de disimule de objetivos estratégicos, es el caso de la US Agency for International Development (USAID), creada en 1961 (en 1999 Bill Clinton la pondría bajo el control del Departamento de Estado), con el objetivo de recuperar el control político influyendo sobre los habitantes. El autor nos recuerda la teoría de Antonio Gramsci sobre la hegemonía cultural y como el social learning permite escabullirse del control de procesos evidentes de hegemonía cultural mediante “Promotores indoloros e incoloros (consejeros humanitarios, consultores, miembros de la sociedad civil) han utilizado la cultura general, la psicología y la lingüística” (p 51 y ss., donde encontraremos también el concepto de resiliencia, o capacidad de una organización para superar una crisis mayor o anticiparla, si es posible) para conseguir fuentes de información y objetivos en teatros de operaciones civil-militares, como le informó un oficial francés a su retorno del sudeste asiático. Otro ejemplo que desarrolla es el de la Fundación Rockefeller con motivo de la elección de la ciudad de París entre las 100 Ciudades Resilientes sostenido por esa Fundación.

En el capítulo 3, el autor nos guía en la comprensión de la dialéctica del fuerte y el débil, empezando con el ejemplo de la empresa oftalmológica mundial Théa, atacada con falsedades sobre la seguridad de sus frascos. El atacante era el laboratorio monegasco Europhta, siendo finalmente condenados en justicia el presidente-director general y sus colaboradores responsables de la difamación orquestada, que revela, para el autor “el modo de construcción cognitivo de una ataque informacional.” (p 61)

Si la historia humana se ha basado en que el fuerte siempre gana frente al débil, Internet ha dado al débil una capacidad armamentística informacional inédita, alterando aquel orden natural. “El fuerte, representado por los Estados, los medios financieros y las grandes empresas multinacionales, dejó de ser ya la única fuente mayor de innovación en la práctica de la guerra económica.” (p 62) El objetivo del débil deja de ser el beneficio y pasa a convertirse en la reivindicación de una moral ciudadana a imponer a los medios empresariales cogidos en falta. La guerrilla informacional surgida de la sociedad civil ha cobrado carta de naturaleza. Ahí están los ejemplos de Perrier en relación con la salud pública; de Shell con el medio ambiente; de Ford y la fiabilidad tecnológica; y de Belvédère en relación con el derecho, que siendo fuertes pasaron a ser débiles por no respetar principios elementales de buena fe. El autor desarrolla esos ejemplos y añade algún otro, como el de la Unión des Industries du Textil, amenazado en sus mercados por decisiones europeas en los años 90, y el del ataque de la BNP francesa a la también francesa Société Générale, mediante una Oferta Pública de Intercambio de Acciones en 1999, que fracasó merced a una guerra informacional en la que el débil se hacía fuerte por medio de la influencia en la colectividad. El fuerte se convierte en débil en la guerra de la información. Las innovaciones narrativas del storytelling, arma del político y del militar, no invalidan la fuerza del débil y su retórica emocional (p. 73), pues la palabra de éste “vende” más.

El tratamiento del dominante y el dominado lo encontramos en el capítulo 4, que empieza con una extensa cita de Mao que sintetiza la relación entre ellos en una confrontación ideológica. Harbulot reivindica que esta dialéctica está presente frente al discurso neoliberal y los creyentes en la “ciudad planetaria”, que consideran que la guerra económica ha desparecido gracias a la apertura de mercados y el advenimiento de la democracia mercantil. Él cree que “las prácticas subversivas de la extrema izquierda tras la IIGM prefiguraban la intrusión de la sociedad civil en la vida económica”. (p 88). Sitúa la primera victoria del débil en el año 1998, en la lucha contra el Acuerdo Multilateral para la Inversión y nos muestra el proceso por etapas, que luego daría nacimiento al movimiento antimundialización. Un enfoque subversivo de la guerra económica pasa por poner a la luz lo que el adversario oculta en sombras. Este capítulo, considerablemente más breve que el anterior, se centra más en actos de la política mundial que no en empresas y saldrá a la palestra Edward Snowden, consultor de la National Security Agency, con sus revelaciones, en el año 2013, del espionaje americano contra países aliados, en el que la ley del más fuerte sometió al silencio a los débiles países europeos. Su visión del marco geopolítico en el que se ha de desenvolver el futuro es claro: Los países de la UE tienen divergencias insuperables sobre diversos “dossiers”; Rusia y China, potencias dominantes, están vinculados a su pasado; en cuanto a los EEUU, con cierta ironía o retintín nos dice que es para algunos nuestro mejor aliado, pero que ha comprendido que su destino se construye sin nosotros.

El combate por la información es el título del capítulo 5. En nota al pie (nº 65) nos aclara el significado con que usa metafóricamente la palabra “tablero” y lo define como “un espacio sobre el cual cohabitan diferentes actores con intereses convergentes y/o divergentes.” Es la representación por “tableros” la que permite ir más allá del mero empirismo empresarial y comprender los enfrentamientos económicos, y son: el de la competencia, el institucional y el de la sociedad civil, con gran permeabilidad entre ellos, indispensables para estudiar la guerra de la información que opone a las empresas, por lo que el autor las desarrolla en este capítulo aprovechando casos reales, como el de Danone y la dioxina de los envases en Rumanía, con consecuencias no desdeñables: una bajada de las ventas de un 20% y daño en la imagen del grupo en el país. Otro ejemplo es más cercano a nosotros, entre los años 2007 y 2008: el enfrentamiento entre el grupo francés Eiffage y el grupo español Sacyr, cuyo presidente, Luís Del Rivero fue inculpado por difundir informaciones falsas. En el tablero geopolítico, el ejemplo es del año 2015, con la empresa francesa Veolia abandonando el mercado israelí tras veinte años de presencia y sufrir una campaña de boicot iniciada en la sociedad civil palestina, con consecuencias en los mercados públicos en Europa y en EEUU. Una confrontación de orden interno la ejemplifica con la empresa francesa de cartón ondulado Otor y el fondo de inversión americano Carlyle, accionista que finalmente quiso hacerse con la empresa. El resto del capítulo nos introduce en los métodos de desestabilización de la información y la evolución de esta clase de ataques y el modus operandi.

El último capítulo antes de las conclusiones, el 6 tiene un título provocador: “Osar vencer”. Empieza con un sucinto (casi dan ganas de decir una nonada) recorrido de las guerras económicas a través de la historia de Francia desde Louis XI hasta De Gaulle, en dos páginas, lo justo para tener noción de ellas. A destacar, su opinión de que “Desde 1945, Francia y más ampliamente Europa, han vivido globalmente bajo la influencia militar, económica, cultural y educativa de los Estados Unidos de América.” (p 126), afirmación que considero rotunda verdad, resaltando yo la cultural y la educativa, que pocas veces se recuerda. Igualmente comparto su severa crítica a las elites francesas por su sumisión a los intereses usamericanos durante la guerra fría. En este capítulo encontramos el caso Gemplus, empresa francesa inventora de tecnología punta con el “chip” aplicable a los pagos por tarjeta, a los teléfonos móviles (SIM) y a la seguridad (cifrado), frente al interés de los EEUU, con la CIA y la NSA como posibles actores de trastienda del fondo de inversiones TPG. La Escuela de Guerra Económica participó en la tarea de alumbrar lo oculto con éxito.

Bajo el epígrafe “La emergencia de una necesidad de solidaridad estratégica”, Harbulot nos sitúa en el mundo actual y la necesaria comprensión por el Estado de las nuevas necesidades para preservar los logros socioeconómicos de su población, y, aunque su reflexión se ilustre con el caso de Francia, no es difícil de extenderla a otros Estados; así por ejemplo la necesidad de replanteamiento de qué sea lo estratégico hoy para un Estado, o nuevas prioridades reforzando la noción de interés general a través de la solidaridad estratégica, definida como “decisiones de medio/largo plazo para preservar el bien común.” (p 135), que implica ir más allá de los intereses individuales y evaluar críticamente la búsqueda del beneficio a corto plazo. Aproximación ésta que va más allá de la restrictiva visión militar de la defensa económica y cuestiona la definición de intereses estratégicos validada por la Comisión Europea, yendo más allá también del pensamiento soberanista, focalizado en la noción de independencia.

Harbulot atribuye a EEUU el nacimiento del mundo inmaterial, en relación con la aparición de Internet, con origen en el departamento de Defensa americano. Nuevo “tablero de juego” en el que EEUU tuvo que enfrentarse a cuestiones estratégicas, teniendo en su territorio diez de los trece servidores mundiales, además de haberse preservado un derecho de fiscalización sobre la atribución de direcciones IP, por más que sea bajo una sociedad privada de derecho californiano (ICANN). Internet cobró carta de naturaleza en tanto que instrumento de poder, y, pese a pasar inadvertido, durante el segundo mandato del presidente Bill Clinton, las autoridades americanas ya expresaron su deseo de ser líderes mundiales en el comercio de la información privada. Lo que conjuntamente con otros elementos constituye lo que para algunos manifiesta la voluntad de conquista del mundo inmaterial, con consecuencias en términos de relaciones de fuerza, excediendo lo meramente tecnológico. ( Jaque al Neoliberalismo)

sábado, 19 de diciembre de 2015

Supremacía de la actividad financiera sobre la economía real

Un acercamiento a la evolución y consecuencias de ese proceso contemporáneo global publica nuestro semanario a partir del acucioso estudio sobre el tema realizado por el especialista e investigador Francisco Soberón Valdés, colaborador del Centro de Investigaciones de la Economía Mundial (CIEM)

Que la actividad financiera ha logrado la preeminencia sobre la esfera de la economía real no es nada nuevo en el acontecer internacional, pero conocer a fondo los principales factores asociados a este proceso y su evolución, es asunto imperioso para interpretar mejor la coyuntura actual en esa esfera.

Un acercamiento muy acertado a este tema realizó el estudioso e investigador, Francisco Soberón Valdés, quien señaló como elementos de ese fenómeno la extraordinaria expansión de las bolsas de valores, los avances de la informática y de las telecomunicaciones y el desarrollo de los derivados financieros.

También citó la independencia de los bancos centrales y el control de la inflación como prioridad de su política monetaria, la creciente concentración de los recursos financieros y la aparición de las agencias calificadoras de riesgo.

Otro asunto examinado por el experto es el impacto de este proceso en las características y posibilidades de financiación de los gobiernos y sus secuelas en las negociaciones de reestructuración de deuda de los países en desarrollo.

"El proceso que llevó a la preeminencia de la actividad financiera sobre la esfera de la economía real no es reciente. Su origen se remonta al surgimiento y desarrollo del capitalismo. Ya en la segunda mitad del siglo XIX, Karl Marx señalaba como era casi siempre el capitalista financiero el que obtenía los mayores beneficios de las nuevas evoluciones conseguidas por la labor general del espíritu humano y por su aplicación", indicó el especialista.

Al respecto precisó que en 1916 Lenin explicaba que el desarrollo del capitalismo ya había llegado a un punto tal que aunque la producción mercantil seguía reinando y era considerada la base de la economía, en realidad se hallaba ya quebrantada y las ganancias principales iban a parar a los "genios" de las maquinaciones financieras.

"Dos décadas después, el más brillante economista del siglo XX abundaba sobre esta característica de la sociedad capitalista, aunque con otro enfoque, pero su análisis confirma que esa tendencia estaba adquiriendo una nueva dinámica y dimensión", subrayó Soberón.

De manera que con el desarrollo de las bolsas de valores el especulador disfrutaba de la ventaja de la liquidez (convertir sus acciones en dinero) en relación con el inversionista de "viejo tipo" cuyas decisiones a largo plazo eran en gran parte irrevocables.

La habilidad del especulador financiero se concentraba en determinar cuál sería el valor de la inversión en el corto plazo, "la naturaleza humana desea resultados rápidos, hay un deleite particular en hacer dinero pronto, y las ganancias remotas son descontadas por el hombre medio a tasas muy altas" (…..).

Y agregaba: "...a medida que mejora la organización de los mercados de inversión, el riesgo de predominio de la especulación aumenta. En uno de los mayores mercados de inversión del mundo como Nueva York la influencia de la especulación (….) es enorme" (Keynes, 1984 p 143-145).

De esa manera, la primacía de la actividad financiera sobre la economía real se ha venido gestando durante largo tiempo. Sin embargo este proceso ha sido particularmente intenso a partir de la segunda mitad del siglo XX y en específico desde la década de los 70 en que las actividades especulativas altamente lucrativas en el sector financiero se desarrollaron notablemente.

Según abunda Soberón en su investigación, en la mayoría de los países la suma total de activos financieros al comienzo de la década de los 70 no excedía cuatro o cinco años del ingreso nacional.

Ya para el 2010 esta cifra se había incrementado entre 10 y 15 años de ingreso nacional (particularmente en Estados Unidos, Japón, Alemania y Francia) con el récord de Reino Unido donde los activos financieros representaban 20 años de ingreso nacional. (Piketty 2014 p 194).

El experto citó a Ferguson, un eminente historiador británico, quien aseveró que el planeta finanzas está comenzando a empequeñecer al planeta Tierra y, además, gira mucho más rápido.

"Pudieran mencionarse muchos ejemplos que avalan esta afirmación: el PIB mundial de 2013 fue de alrededor de 75 millones de millones de dólares, mientras que el total de transacciones de acciones y bonos en los mercados de valores se acerca a los 100 millones de millones anuales.

"En los mercados de divisas las operaciones ya sobrepasan los cinco millones de millones diarios; el valor nocional de los derivados financieros sobre el mostrador (over the counter conocidos como OTC por sus siglas en inglés) pendientes es de más de 700 millones de millones", puntualizó.

Al examinar la situación en la mayor potencia económica mundial -Estados Unidos- se puede comprobar que la industria manufacturera ha declinado hasta llegar a un escaso 11 % del PIB, mientras que los servicios financieros, de seguros, bienes raíces, alquiler y leasing alcanzan ya aproximadamente el 21 % del PIB.

En los años 50 la agricultura y la industria manufacturera empleaban en ese país alrededor de la mitad de la fuerza de trabajo mientras que en la actualidad solo emplean el 20 % y los servicios -incluyendo los financieros- emplean el restante 80 %.

Estos son apenas algunos ejemplos de la gran cantidad de datos que demuestran con toda claridad que la actividad financiera resulta predominante en el presente con respecto a la economía real y sus niveles de actividad alcanzan volúmenes incomparablemente superiores a los de aquella.

Recuento sobre la especulación financiera
La especulación financiera ha existido desde tiempos remotos. En La Política, Aristóteles narra cómo Tales de Mileto deduciendo por sus conocimientos de las estrellas que habría una buena cosecha de aceitunas cuando era todavía invierno y él tenía algún dinero, lo utilizó para realizar pagos por adelantado en todas las prensas de aceite en Mileto y Chios. Cuando llegó el momento de la cosecha, hubo una demanda súbita y simultánea de estas prensas y él pudo entonces contratar al precio que quiso, las prensas que ya tenía alquiladas. (Steinherr, 1998 p 7)

Según reseñó Soberón en su estudio, en cuanto a las características y el alcance de la especulación en el siglo XIX, debe tenerse en cuenta que en esa época estaba en pleno auge la que se llamó segunda Revolución Industrial caracterizada por grandes inversiones en la economía real y aun cuando existía la especulación financiera, no es nada que pueda compararse con la situación actual, de manera que lo preponderante era la especulación vinculada con la inversión productiva.

"Son diversas las referencias de Marx a distintos tipos de actividades especulativas por aquellos tiempos. El economista y filósofo escribió que, por ejemplo, una de las grandes ramas industriales de Londres afectadas por la catástrofe fue la de la construcción de buques de hierro".

Dijo Marx que durante la época de las grandes especulaciones, los magnates de esta industria, no solo habían rebasado desmedidamente los límites de su producción, sino que además habían firmado numerosos contratos de suministro, contando con que las fuentes del crédito iban a seguir manando con la misma abundancia.

"Hoy ninguna empresa de construcción puede vivir sin dedicarse a la especulación, y además en gran escala" (Marx, 1965 Tomo 2 p 220). "…ciertos industriales y comerciantes lanzan a especulaciones ferroviarias, etc. el capital dinero necesario para la explotación de industrias o negocios, reponiéndolo en el mercado de dinero por medio de empréstitos".

"Previamente había ocurrido ya la hecatombe de las (….) especulaciones con las letras giradas sobre las Indias orientales".

"La masa de los pequeños capitales desperdigados se ve empujada de este modo a los caminos de la aventura: especulación, combinaciones turbias a base de crédito, manejos especulativos con acciones, crisis".

En resumen, concluyó Soberón, estos son solo algunos ejemplos de las referencias de Marx a la actividad especulativa, las cuales son muy numerosas. Lo común es que se trata de especulación vinculada con inversiones en la esfera de la economía real y los ejemplos de especulación puramente financiera se refieren principalmente a transacciones con acciones o letras de cambio.

En la actualidad -dijo el también colaborador del CIEM- la situación es bien distinta ya que existe, por supuesto, una cierta cantidad de operaciones especulativas que tienen como base grandes inversiones en la economía real.

Pero nada que pueda compararse con el nivel de especulación puramente financiera totalmente desconectada de la economía real.

Sobre algunos de los factores que hacen que la coyuntura actual sea distinta, mucho más dinámica y sofisticada que cualquier época pasada, profundizaremos en un próximo artículo.

De la preeminencia de la actividad financiera sobre la esfera de la economía real se pueden mencionar múltiples aristas. Por ello es imperioso profundizar en los principales factores asociados a este proceso y su evolución, teniendo en cuenta el análisis acucioso del estudioso e investigador, Francisco Soberón Valdés.

Al referirse a la extraordinaria expansión de las bolsas de valores, señaló el experto que su surgimiento está íntimamente asociado a la aparición de las compañías de responsabilidad limitada "por acciones".

Este se considera uno de los grandes pasos en el desarrollo del capitalismo, por cuanto permitió una clara separación entre la riqueza personal y el riesgo empresarial.

"En una compañía de responsabilidad limitada por acciones, su dueño solo arriesga la porción de sus riquezas personales que paga como capital, a cambio de la cual se convierte en propietario de una parte de las ‘acciones’ de la compañía, que no son otra cosa que los títulos que acreditan esa condición (la de propietario o ‘accionista’, precisó el experto.

Esto significó un paso de avance en el desarrollo del capitalismo, pues resulta obvio que la disposición de un capitalista a exponer toda su fortuna en cada negocio era mucho menor que bajo esta fórmula, que le permitía arriesgar en cada nueva empresa solamente la parte de sus riquezas que deseaba comprometer y, por lo tanto, "limitaba" el riesgo que asumía y estimulaba la nueva inversión.

Además, se propiciaba así un esquema que facilitaba que varios capitalistas fundaran una "compañía por acciones" para acometer proyectos que resultarían inaccesibles a cada uno de ellos individualmente.

"Al examinar este tema -explicó Soberón- debe tenerse en cuenta que hasta la primera mitad del siglo XIX la actividad bursátil se desarrollaba fundamentalmente en Europa y Estados Unidos. Por ejemplo, la bolsa de Tokio que es hoy la segunda del mundo fue fundada en 1878; la de China, que es la quinta, en 1860; la de Brasil, que es la octava, en 1890; y la de Australia, que es la novena, en 1861.

"En cuanto a las comunicaciones, hay que recordar que el primer cable trasatlántico se tendió en 1866 de manera que el flujo de información entre las bolsas europeas y de Estados Unidos tenía necesariamente que ser muy limitado y no guarda ninguna relación con el que se experimenta en la actualidad.

"A finales del siglo XIX se acelera el proceso de acumulación, creándose un excedente de capital ávido de vías rápidas y seguras para su reproducción, que encontró en las bolsas de valores un canal efectivo para lograr este propósito.

"Con el desarrollo de las bolsas se acelera el proceso de separación de la propiedad y la administración, pues el inversor en bolsa lo que adquiere, en esencia, es un derecho a percibir ganancias futuras de la empresa cuyas acciones ha comprado y puede venderlas también en la bolsa cuando por cualquier razón necesite de nuevo su dinero.

"Como norma general, no tiene ni la posibilidad, ni la intención de dedicar su tiempo a controlar la gestión diaria de la empresa en que invierte, y si en algún momento discrepa o cree inefectiva la actividad de la gerencia, simplemente venderá sus acciones. Es usual que en la Asamblea General de Accionistas de las grandes compañías que se cotizan en bolsa, la mayoría de estos sencillamente envíen un poder delegando su derecho de voto en los directores de la empresa y ni siquiera asistan a la reunión.

"Esto se hace cada día más común, pues los inversores individuales canalizan de manera creciente sus ahorros a través de los llamados ‘inversores institucionales’ quienes generalmente cuentan con una amplia y variada cartera, de manera tal que, según la explicación de un importante ejecutivo de una de estas organizaciones (Mobius), la intervención en las actividades de gestión y dirección de las empresas donde tienen inversiones requeriría un auténtico ejército de personal de gerencia y una inacabable cantidad de horas dedicadas a la gestión, lo que reduciría su flexibilidad para moverse de una inversión a otra".

Es decir que, las bolsas de valores contribuyen notablemente a dinamizar los flujos financieros en tanto aportan un elemento muy apreciado por el inversionista: la liquidez de los activos financieros en que invierte.

Según Steinherr, un riesgo que afronta el poseedor de un activo es su imposibilidad de convertir el activo en dinero cuando así lo requiera. (….) Un gran paso de avance fue, por tanto, el desarrollo de instrumentos de crédito y derechos de propiedad comercializables y el subsiguiente desarrollo de mercados organizados en los cuales se establecían los precios de mercado.

El premio Nobel de Economía Merton H. Miller explica en términos sencillos cómo una de las características generales de los mercados de valores es que el servicio que estos ofrecen es "liquidez", la posibilidad de cambiar un activo específico, como acciones en una transnacional, por "capacidad de compra generalizada".

Y Keynes abunda sobre el asunto: "Cuando faltan los mercados de valores no tiene objeto intentar revaluar con frecuencia una inversión en la cual nos hemos comprometido. Pero la bolsa revalúa muchas inversiones todos los días y estas revaluaciones dan frecuentes oportunidades a los individuos (aunque no a la comunidad en su conjunto) para revisar sus compromisos. Es como si un agricultor, habiendo observado su barómetro después del desayuno, decidiera retirar su capital del negocio agrícola entre diez y once de la mañana y reconsiderar si debía volver a él posteriormente durante la semana".

Señala también el economista, citado por Soberón, que mediante la actividad en los mercados de valores la inversión se vuelve relativamente "segura" para el inversionista individual en períodos cortos. En este punto -dijo-, es conveniente recordar que en las transacciones bursátiles, las acciones cambian de mano, pero el activo físico que representa no sufre por esto ninguna alteración. En otras palabras, no puede olvidarse que la ventaja de la liquidez de las bolsas es solo positiva para los inversionistas individuales pues "las inversiones no pueden ser líquidas para la comunidad como un todo".

Indicó el especialista que ya en la segunda mitad del siglo XX se crea un escenario que incrementa sustancialmente el nivel de actividad de las bolsas, pues tiene lugar el proceso de privatizaciones que cobró impulso a partir de la década de los 80.

Grandes e importantes empresas que eran propiedad del estado pasaron a manos privadas y fueron registradas para su cotización en los mercados de valores. En algunas naciones, este fue un paso de gran trascendencia.

Por ejemplo, en España se privatizaron y colocaron en bolsa empresas estatales entre las que se encontraban las mayores y más rentables del país, como es el caso de Endesa (Electricidad), Aesa (Astilleros), Ensidesa (Siderurgia), Enasa (Camiones), Telefonica, Seat (Automóviles) Tabacalera, Repsol (Hidrocarburos) Entur. SA (Turismo) y otras.

Avances de la informática y las telecomunicaciones

En la década del 70 del siglo XX aparecieron los circuitos integrados de alta densidad, que son la base de las computadoras personales pequeñas y baratas, capaces de procesar miles de millones de operaciones por segundo.

En su análisis, Soberón detalla que en cuanto a las comunicaciones, cuando surgió el télex como medio fundamental de comunicación escrita, las grandes computadoras y el telefax, se lograron notables avances en la eficiencia de la actividad comercial y financiera.

"Pero -subrayó- con el advenimiento de las computadoras personales de bajo costo, los lenguajes de programación fáciles de aprender, los sistemas operativos amistosos para el usuario, el cable de fibra óptica, la comunicación vía satélite, el desarrollo de Internet y de las redes informáticas en general y más recientemente la aparición de los equipos móviles (teléfonos inteligentes y tabletas); la situación ha cambiado radicalmente.

"Actualmente se combina en un mismo equipo el procesamiento y la transmisión de los datos, y por su precio estos son accesibles a la mayor parte de las entidades y personas naturales involucradas en las actividades comerciales y financieras. Cada ejecutivo o especialista puede ahora tener en su mesa -e incluso en su bolsillo- su propia computadora, resolver de inmediato los cálculos más complejos en relación con su actividad y comunicarse en segundos directamente con su contraparte de cualquier lugar del mundo.

"Podría decirse que prácticamente se eliminó el límite de la cantidad de información que una persona puede producir, procesar, almacenar e intercambiar; y de la velocidad de ese proceso.

"Toda la información que genera la actividad comercial y financiera se transmite con inmediatez entre los más distantes lugares del planeta a un costo ínfimo con relación al pasado. En 1975 enviar un megabyte de información de Nueva York a Tokio costaba aproximadamente 10 000 dólares. Con el uso de las modernas redes informáticas, el costo actual es casi nulo.

"En este nuevo panorama, es ya común que las transacciones se realicen durante las 24 horas del día, en tiempo real, muchas veces a través de computadoras que han sido programadas para ejecutarlas automáticamente dentro de ciertos rangos prefijados.

"En resumen -señaló Soberón-, los impresionantes avances de la informática y las telecomunicaciones de las últimas cuatro décadas, permiten realizar con inmediatez complejos cálculos, necesarios para decidir y ejecutar las más sofisticadas operaciones financieras, y transmitir en segundos grandes volúmenes de información a un costo marginal.

"Es innegable que estos adelantos científico-técnicos significan un avance extraordinario en el desarrollo del comercio y las finanzas, pero no se debe perder de vista que generan riesgos de tal magnitud y características, que quedan totalmente fuera del control de los gobiernos nacionales, y pueden tener un impacto demoledor en sus economías."

Emisión monetaria no respaldada y sistema de tasas flotantes

En las actuales condiciones del sistema monetario internacional, las autoridades monetarias no tienen otro límite para proveer liquidez que no sea los riesgos de crear presiones inflacionarias en la economía, ya que el papel moneda que emiten carece de respaldo metálico como en el pasado.

De acuerdo con el estudio de Soberón, puede ocurrir además que un país en particular que puede contraer deuda externa en su propia moneda prácticamente de manera ilimitada, -los Estados Unidos-, garantice una situación privilegiada y cree grandes riesgos para el resto del mundo pues el nivel de liquidez mundial depende en gran medida de las necesidades y objetivos de endeudamiento externo de esa nación.

En otras palabras, la liquidez que se requiere para llevar adelante de manera fluida la actividad relativa a la especulación financiera tiene hoy fuentes de gran magnitud.

Así recordó que de acuerdo con las normas predominantes en el sistema monetario internacional reinante en la segunda mitad del siglo XIX y primera mitad del siglo XX, las monedas tenían un contenido fijo de este metal y por lo tanto un tipo de cambio fijo entre ellas. El oro era el dinero mundial que se utilizaba para cubrir los saldos en las transacciones de pago internacionales.

"Es de señalar que la libra esterlina tuvo un contenido fijo en oro de 7,33 gramos desde 1816 hasta 1914 de manera que durante casi un siglo no se produjo ninguna alteración en el contenido de oro de esa moneda, que era la principal divisa del mundo por entonces, lo cual constituía un importante punto de anclaje, y reducía las posibilidades de especulación en la actividad financiera.

"Siguiendo su estrategia política y económica, Estados Unidos lanzó una verdadera cruzada antioro durante la década de los 70 del siglo XX, tratando por todos los medios de consolidar la hegemonía del dólar y de blindarse contra toda posibilidad de que el oro pudiera ocupar nuevamente el centro del sistema monetario internacional.

"Como culminación de sus acciones, en la reunión del FMI efectuada en Jamaica en 1976, logró imponer la Segunda Enmienda del Acuerdo Constitutivo del FMI, que entró en vigor en 1978, dando así el paso final para despojar al oro de toda función en el sistema monetario mundial.

"La citada enmienda excluye la posibilidad de fijar el valor de una moneda tomando el oro como referencia. Además, se decidió que el FMI debía seguir una política dirigida a asegurar que los mercados de oro no estuviesen sujetos a manipulación (léase regulación estatal) y que no se estableciera un precio fijo.

"O sea, el FMI debería dirigir todos sus esfuerzos a garantizar que el oro tuviese el mismo tratamiento que cualquier otro producto físico, y que no volviese a asumir sus anteriores funciones monetarias. Se abolió cualquier noción de un precio oficial para el oro y se derogó toda obligación de los países miembros de hacer pagos a ese organismo en oro.

Resumió Soberón que, con todos estos acontecimientos, desaparecieron las restricciones que limitaban los niveles de emisión monetaria y se crearon la condiciones para la consolidación de un sistema de tasas de cambio flotantes, que ofrece un escenario ideal para la especulación monetaria a gran escala, como lo prueban el monto colosal de transacciones que se realizan diariamente en los mercados de divisas.

Desarrollo de los derivados financieros
En su expresión más simple, los derivados financieros pueden definirse como productos cuyo valor se "deriva" del de un activo subyacente (una tonelada de petróleo, una onza de oro, una moneda, una acción, un bono, etc.) y por tanto cambia según las fluctuaciones en el precio del activo subyacente.

"A partir de la década de los 70 del siglo pasado los derivados comenzaron a ser utilizados cada vez con más frecuencia, como resultado del desarrollo de los medios automatizados de procesamiento de información y el desarrollo de modelos sofisticados matemáticos en esa misma época, (Black and Scholes), que permiten la estructuración de operaciones mucho más complejas, que toman distintas formas, tales como opciones, contratos a futuro y permutas o intercambios ("swaps").

"Los derivados se utilizaron durante mucho tiempo en los mercados de materias primas, de metales preciosos, de títulos valores como acciones y bonos; pero con la instauración de los tipos de cambio flotantes que se originó a partir de la decisión de Nixon de retirar el respaldo en oro al dólar en agosto de 1971, se comenzaron también a negociar en los mercados organizados los derivados vinculados con las tasas de cambio y los tipos de interés, primeramente en Chicago (desde 1972) y posteriormente en centros financieros tales como Londres, París y Frankfurt. Además, están las oportunidades que brinda el ya mencionado mercado "sobre el mostrador".

"Es precisamente con la instauración a nivel mundial de un sistema de tipos de cambio flotantes que los derivados adquieren los increíbles volúmenes que podemos ver en la actualidad. Así tenemos que de un valor nocional de 710 millones de millones de dólares de operaciones pendientes en diciembre de 2013 en estos mercados, aquellas que corresponden a transacciones relacionada con tipos de cambio y tasas de interés constituyen el 92 %, le siguen muy de lejos las permutas de incumplimientos de pago, 3 %, y las operaciones relacionadas con acciones que representan aproximadamente el 1 %, mientras que aquellas vinculadas a los productos intermedios solo alcanzan un magro 0,3 %.

"Cuando los derivados se emplean para cubrir riesgos que emanan de una operación mercantil real, su función es análoga a la de una póliza de seguro contra un riesgo determinado. Se paga una prima en términos del precio de una opción o de las comisiones involucradas en una transacción a futuro y se evitan pérdidas por concepto de bruscos cambios en el valor de la mercancía objeto de la cobertura.

"Pero -apunta el experto- los derivados no solamente sirven para protegerse contra la volatilidad de los precios. Son también un colosal instrumento especulativo. Así tenemos que las grandes fluctuaciones en las tasas de cambio -que para un comerciante o un exportador constituyen una preocupación- se perciben como una oportunidad para los gestores de fondos, que ven en esa volatilidad una fuente de posibles ganancias.

"A estos últimos no les importa que una moneda sea débil o fuerte. Les interesa que se produzcan grandes y bruscos movimientos en su cotización, que les permitan maximizar sus ganancias. A diferencia del ejemplo de la póliza de seguros que puede utilizarse para caracterizar una operación destinada a protegerse contra una fluctuación de precios, en este caso la operación es muy similar a la compra de un billete de la lotería.

"Se invierte una suma de dinero relativamente pequeña con relación al ingreso que se pretende obtener, y por mucho que se hable de la erudición y el olfato de los especuladores, la realidad es que en estas operaciones la ganancia o la pérdida dependen en gran medida del azar."

Ejemplificó Soberón con las acciones de la General Electric que se cotizaban a mediados de noviembre a alrededor de 27 dólares aproximadamente y el precio de una opción para adquirir esas acciones con fecha de ejecución a tres meses era de alrededor de 60 centavos de dólar.

"Alguien que considere que existen fundamentos para que el precio de esas acciones suba en ese período, puede verse tentado a invertir en esas opciones con la expectativa de que si el alza llegara a ser de alrededor de un 10 % podría llegar a obtener un ingreso de más de cuatro veces la suma que invertiría, si efectivamente los hechos confirman su predicción".

Otro ejemplo citado por el especialista es el caso de las ya mencionadas permutas de incumplimiento de pagos ("credit default swaps") que son el tipo de derivado más utilizado después de las transacciones con tipos de cambio y tasas de interés.

"Mediante estas operaciones se concreta un seguro contra la no devolución de un crédito, que el asegurado obtiene de una entidad financiera a cambio del pago de una suma inicial y una prima anual.

"Esta es una actividad que se ha desarrollado sin que exista una regulación adecuada en cuanto a la solvencia de las entidades que actúan como aseguradoras y tiene la peligrosa peculiaridad -muy atractiva para los especuladores- que puede asegurarse un riesgo de incumplimiento de la deuda de un deudor aun cuando no se tenga la condición de acreedor de esta, lo cual la hace un instrumento ideal para la especulación".

Según señaló Roubini en 2010, los derivados han pasado a ser de una manera de minimizar el riesgo a ser un instrumento meramente especulativo que permite que inversores ingenuos (director de fondos de pensiones, por ejemplo) asuman una cantidad enorme de endeudamiento y riesgo. Siendo como son cada vez más exóticos, opacos e impenetrables para quienes no son especialistas, estos derivados suponen un verdadero peligro para el sistema financiero.

Y para Soberón resulta muy interesante el criterio de uno de los más connotados especuladores internacionales, Steinherr, quien ya en 1994 advertía en su testimonio ante la Cámara de Representantes de los Estados Unidos: "El crecimiento explosivo de los derivados significa otros peligros. Hay tantos de ellos y algunos son tan esotéricos, que el riesgo involucrado puede no ser correctamente comprendido, incluso por los más sofisticados de los inversores".

La próxima semana publicaremos el resumen final sobre este tema para profundizar en otros factores que inciden en la supremacía de la actividad financiera.

Entre estos destacan la creciente concentración de recursos financieros, la aparición de las agencias calificadoras de riesgo, el cambio en el patrón de financiamiento de los gobiernos y de los bancos y la asimetría del proceso de financierización.