En principio vamos a dejar de perseguir la
definición que abarque todas las distinciones que merece el tema o temas de
sujeto, de la subjetividad y la sociedad contemporánea; o viceversa.
En resumen, habría que constreñir en los
mínimos a los teóricos de la civilización actual en su contexto, partiendo de
los clásicos de los fenómenos sociales, algunos clásicos desde hace más de
medio siglo, desde sociólogos, filósofos, economistas, si se desean establecer ¿cuál
es la característica básica de la estructura social contemporánea?
Una cuestión es de vital importancia ¿en qué
medida la sociedad actual pone de relieve la subjetividad del hombre, o se
convierte en objeto de su propia creación?
Galbraith, lo mismo que Aron, destacan la
dimensión de producción, el sistema industrial; Janne pone énfasis en tiempo de
cambios; Katona pone el énfasis en el consumo. Pero, la industria y la sociedad
de consumo, hace muchos años, le ponen un punto antropológico en la
civilización, y allí está Marcuse y Lefebre, con el cambio civilizatorio y la
urbanización de la sociedad, y el primero, la alienación de la civilización
postindustrial en la que se realiza el hombre y todos los valores humanos.
Alienación que conlleva el empobrecimiento y se minimiza la multiplicidad de la
vida, o como dice Marcuse, el hombre deriva en una sola dimensión, unidimensional.
Para Touraine, la organización perfecta en la
que participa la producción y el consumo se imponen como básico del sistema
social, de tal manera que habría que hablar de programación de la sociedad.
Para Toffler, el consumo se basa en la cada vez mayor producción, mayor
productividad, que posibilitan mayor riqueza material, de manera que la
abundancia se convierte en la característica principal de la época
superindustrial.
Algunos pocos autores que muestran que los
enfoques diferentes llevan al mismo fenómeno, y así sucesivamente hace medio
siglo y más.
Gorz, entre pocos, trata de oponerse
estableciendo los criterios basado en valores humanos bajo criterio socialista;
o valores sociales, la totalidad del ser humano, y el procedimiento y logro se
incorporan al esfuerzo de conjunto, y no de manera significativa la adquisición
separada de la comunidad y dirigida contra ella.
Estamos tan abocados y agobiados con los
problemas cotidianos, económicos y sociales, de corto alcance, que la gran
mayoría ni siquiera pensamos en las causas y consecuencias de las
manifestaciones sociales y culturales de las comunidades en las estructuras
contemporáneas. ¿Qué estructuras contemporáneas en nuestra sociedad? La
antropología, entre otros, pasa factura, las formas de organización e
interacción social que han creado y están creando, pasan factura del presente.
La condición fundamental para una posición
socialista es la conciencia crítica. Una personalidad que no es dócil a
la persuasión, busca críticamente la participación, o busca la participación
crítica, y rechaza la determinación en la producción y en toda la vida social.
Entonces, el individuo encaja en la comunidad y forma una interconexión
mutuamente condicionada. Así decían muchos estudios e investigaciones, libros y
textos en las décadas pasadas.
La esperanza constituye un sentimiento básico para que la vida continúe adelante; y con las esperanzas de la población no se puede jugar, porque la ausencia de la esperanza puede convertirse en un factor altamente destructivo. Sin esperanzas es muy difícil que se cree un futuro promisorio.
Me refiero a una problemática álgida, en las actuales circunstancias que estamos viviendo; cuyo tratamiento tiene una importancia vital relacionada incluso con la Seguridad Nacional y no es alarmismo de mi parte referirme abiertamente a este tema con toda franqueza revolucionaria.
Cuando se observan las realidades nacionales que se desenvuelven en el día a día actual de la población, para su análisis más efectivo, necesariamente hay que referirse al conjunto de problemas que afectan al pueblo y no verlos solo a partir de una única problemática, porque mientras todos los esfuerzos mediáticos se concentran en la necesidad del Si en el Referendo del Código de la Familia, la atención a los demás problemas vitales que afronta el pueblo se ve disminuida en los medios masivos y en las redes sociales, baste conectarse o verlos y/o leerlos para comprobar lo que expreso al respecto.
El Código de las Familias considero que es realmente de vital importancia; y pienso que va a ser aprobado por la inmensa mayoría del pueblo. Pero, en tanto que, en estas circunstancias del momento se desarrollan máximas campañas llamando la atención priorizada sobre el tema en cuestión, el pueblo se encuentra afectado en su día a día por un conjunto de problemas que ponen en crisis su subsistencia, tales como especialmente el alza galopante de los precios y la necesidad de hacer largas colas para obtener los productos de primera necesidad. Colas que muchas veces están manipuladas por verdaderas mafias de nuevo tipo, que se apropian de los turnos y por tanto de los abastecimientos que puedan adquirirse para luego revenderlos a precios exorbitantes. Este es un problema esencial que se produce a la vista de todos en el que la impunidad es lo que se impone y valga la redundancia del término, hay que atenderlo con prioridad para derrotar esas mafias.
Estamos atacados por una verdadera guerra de cuarta generación y la ofensiva nunca se debe debilitar y mucho menos perder porque es la mejor defensa.
Por otra parte, esas colas de marras, también se están manifestando en el nuevo Mercado Cambiario y de mantenerse pueden ponerlo en crisis.
En consecuencia, quiero expresar que hay afectaciones y problemas permanentes que requieren de la máxima concentración en la atención oficial y que no deben disminuirse en función de otra temática parcial por muy importante que pueda ser, porque mientras que esa otra temática parcial se desenvuelve, la problemática fundamental en que está envuelto el pueblo por así decirlo es otra y se crea la desesperanza y el escapismo. La cifra de la emigración lo dice; y hay que analizarla en detalles. Por tanto, se debe analizar con urgencia lo que sucede en las bases de la sociedad al respecto para actuar en consecuencia a partir de fortalecer las esperanzas en el futuro del país. Propuestas de los economistas cubanos al respecto, ya hay muchas y debatirlas para alcanzar un consenso básico lo considero esencial y reitero mi llamamiento al respecto.
La esperanza en el futuro es imprescindible y crear esperanza con atención mediática y concreta, así como con resultado concretos en el conjunto de los problemas que nos afectan es lo más necesario hoy.
Así lo pienso y así lo expreso en mi derecho a opinar con mis respetos para el pensamiento diferente y sin querer ofender a nadie en particular. HHC: negritas nuestras.
¿Qué cambios profundos aún se requieren en la institucionalidad y las prácticas sociales para contrarrestar el desgaste y motivar la creatividad y el compromiso social?
La sociedad se ha vuelto más diversificada, no solo desde el ámbito físico-material y socioeconómico, sino también desde las subjetividades y patrones de interacción social.
Foto: Jorge Luis Baños_IPS
Los nuevos contextos –mundiales y nacionales– en que se han producido las dinámicas sociales, en las últimas décadas, marcan un profundo cambio en todos los aspectos y ámbitos de la vida de las personas y segmentos sociales, también en el país.
En nuestro caso, han ocurrido multitud de incidencias durante los últimos años, como parte de los cambios en las situaciones propias de cada etapa de las relaciones de carácter sociohistórico, geopolítico, económico y simbólico que dominaron otras épocas determinadas de la nación y marcaron los momentos, intensidad y desafíos en que los procesos tuvieron su expresión, en su intervínculo a escalas macro-meso-micro social.
La sociedad se ha vuelto, progresivamente, más diversificada; no solo desde el ámbito físico-material y socioeconómico, sino también desde las subjetividades y patrones de interacción social en un amplio diapasón cultural de los distintos segmentos poblacionales.
La complejidad de sus dinámicas queda definida así por las trayectorias generales de cada momento social concreto, con avances, inercias y retrocesos posibles, en medio de incertidumbres diversas: algunas inesperadas, como la pandemia de covid-19; otras como el maquiavélico manejo del bloqueo por parte de las autoridades estadounidenses; o por la no conjunción de políticas internas anticipatorias, en ocasiones erróneas o no atinadas, ante situaciones emergentes o no visibilizadas suficientemente por la dirección del país, entre otras cuestiones.
Desde ese panorama, nos interesa abordar algunos avances y retos socioeconómicos y ético-políticos que presenta la asunción de un socialismo multiactoral y participativo, desde una proyección de la diversidad de sus componentes, de legitimación de distintas formas de propiedad y gestión económicas, así como desde la discusión de las relaciones de poder social, en sus posibles contradicciones, limitaciones, realidades y potencialidades.
Interconexiones
Lo que ocurre en una esfera, como la económica, es causa y, a la vez, consecuencia de lo que se plantea en otras esferas: jurídica, ideológica, prácticas cotidianas, subjetividad social y otras. Foto: Jorge Luis Baños_IPS
El momento actual requiere de un enfoque sistémico multidimensional. Desde la perspectiva de la complejidad, la sociedad –en cualquiera de sus subsistemas o escalas sociales e institucionales– es un sistema interconectado en el que:
se manejan contextos de incertidumbre relativa y, por tanto, requieren rupturas de esquemas y previsión de escenarios probables –y otros menos previsibles, pero actuantes–, que implican disponer de gran capacidad de anticipación e innovación organizativa social consensuada. Es el caso, por ejemplo, de los requerimientos de la concepción de la autonomía del municipio, sus realidades actuales y derivaciones posibles para el país; las consecuencias del desarrollo vs. regulaciones de mipymes (micro, pequeñas y medianas empresas) privadas; los impactos de la desconexión relativa de los principios cooperativos en la implementación de nuevas formas socioeconómicas, etc.
los subsistemas sociales tienen una conexión con el sistema total y no operan aisladamente en el contexto total, pero también imponen en este sus marcas o prácticas, con funcionamientos recursivos. Por ejemplo: prácticas autoritarias en el sistema familiar e instituciones de la sociedad y sus consecuencias en niveles meso-macro-sociales (fractalidad); y, a la inversa: impactos sociales negativos-positivos de la informalidad como forma de “resolver” o “luchar” por la sobrevivencia o el lucro.
lo que ocurre en una esfera –como la económica– es causa y, a la vez, consecuencia de lo que se plantea en otras esferas: jurídica, ideológica, prácticas cotidianas, subjetividad social y otras. Por ejemplo: disfunción social por la naturaleza de nuevos tipos de relaciones sociales, la diferencia de ingresos en sectores privados y estatales y sus posibles consecuencias para la formación de una conciencia social individualista o capitalista vs. conciencia solidaria.
los procesos generados tienen sus propias formas de “auto-organización”, que muchas veces escapan a las ideas originales o las normas implantadas, buscan su acomodo a las nuevas realidades con formas propias (ecología de la acción). Ejemplos: modalidades, distorsiones, mecanismos y otras variantes empleados en algunas formas de gestión socioeconómica; incluso, la vieja tradición de funcionamiento restrictivo-directivo de las empresas estatales y los mecanismos “invisibles” de filtración de recursos.
la “dialogicidad o complementariedad posible” entre procesos opuestos, que permiten ciertas formas de convivencia adaptativa al modelo deseable. Por ejemplo: la constitución de alianzas y formas representativas entre el sector público y el privado en la economía, en sus posibles entramados para el desarrollo socio-económico del país, con apertura de sus potencialidades dentro de un marco regulatorio-valorativo de solidaridad social para la contribución al desarrollo local.
Estas, entre otras características de los procesos de la complejidad social, presentan situaciones inesperadas o interconectadas, autoorganizadas, que necesitan su interpretación en el alcance posible de los procesos participativos en la gestión de las políticas públicas.
Desde las subjetividades sociales, es oportuno considerar el impacto de los fenómenos disruptivos –internos y externos– que han afectado la organización de la economía y las relaciones sociales, desde una acumulación de décadas que las políticas del país no han podido recuperar, pese a empeños en ese sentido.
Todo ello nos podría llevar a reflexiones acerca de qué cambios profundos aún se requieren en la institucionalidad y en las prácticas sociales para contrarrestar el desgaste y motivar la creatividad y el compromiso social hacia renovaciones imprescindibles en todos los segmentos poblacionales y los actores sociales relevantes.
Transformación en el sistema de relaciones socioeconómicas
El país ha transitado desde fluctuaciones más drásticas o más flexibles, en distintas épocas, hacia una solución económica multiactoral, en la que se plantea la coexistencia de diversas formas de propiedad y gestión. Técnicos en electrónica y reparación de equipos ofrecen servicios a clientes en un taller de propiedad privada en La Habana. Foto: Jorge Luis Baños_IPS
Refiriéndonos a la situación cubana en relación con las modalidades socioeconómicas de gestión y propiedad, se han estado introduciendo diversidad de formas coexistentes; algo que, adaptado a características propias, podría resultar en una proyección acertada, en una modalidad innovadora del sistema socioeconómico. Sin embargo, no deja de presentar imprecisiones y posibles dilemas.centrales.
El país ha transitado desde fluctuaciones más drásticas o más flexibles, en distintas épocas –por ejemplo, recientemente, la conmoción social de la implementación de la denominada Tarea Ordenamiento, con implicaciones positivas y negativas, algunas no predecibles inicialmente–, hacia una solución económica multiactoral, en la que se plantea la coexistencia de diversas formas de propiedad y gestión.
Estas incluyen: trabajadores por cuenta propia, mipymes privadas y estatales, cooperativas agropecuarias de diferente formato, cooperativas urbanas o no agropecuarias y agropecuarias, empresas de capital mixto y empresas privadas extranjeras, en forma autónoma o en zonas libres, entre otras variantes.
Por otro lado, se ha puesto énfasis en la centralidad de la “empresa estatal socialista”, en referencia a las empresas estatales existentes, lo que supuestamente otorgaría el carácter propio al sistema social socialista cubano desde la dimensión económica.
Sin embargo, persiste la confusión acerca del carácter de la empresa estatal y su denominación como “socialista”, que implica, entre otras cuestiones, la configuración de un sentido de propiedad del pueblo, la participación amplia en sus decisiones, las que tienen connotaciones locales y las del Estado.
En realidad, en todas las diversas formas socioeconómicas empresariales del país se manifiestan grados diversos de limitaciones y distorsiones, así como potencialidades de relaciones de trabajo humanizadoras, hacia cuya solución más efectiva habría que propender; se trataría de avanzar desde las proyecciones económico-políticas actuales hacia una comprensión compleja que fomentara relaciones sociales emancipatorias.
En este sentido, se requeriría profundizar en la configuración del poder social, los procesos decisionales y las lógicas de operación de las organizaciones, con vistas a una alternativa desenajenante y liberadora.
Ayudaría una mayor comprensión de los espacios sociales en sus interconexiones. No es posible comprender las empresas, los barrios y comunidades, las organizaciones sociales, estatales y otras, solo desde sus relaciones internas. La parte y el todo social forman una unidad, de manera que lo que acontece en las políticas públicas y decisiones de Estado es sentido y vivido en las bases sociales; lo mismo ocurre en sentido inverso.
Algunos ejemplos
Las cooperativas, en todas sus formas, constituyen formas más avanzadas de relaciones de trabajo.
Por ejemplo, en la actualidad cubana, se han tomado medidas respecto a la empresa estatal que van dirigidas, pausadamente y no siempre generalizadas, a fortalecer su autonomía y la redistribución de una parte de las ganancias con los trabajadores, aunque el tema de la participación de estos en las decisiones parece vinculado a limitadas acciones sindicales más o menos formales, algo que depende de visiones institucionales generales.
En el caso de las mipymes privadas, las formas de enajenación del trabajo propias de sus relaciones capitalistas son más evidentes que las carencias que se plantean aún para la empresa estatal.
En ambos casos, sus limitaciones y proyecciones actuales plantean ascendientes de importancia para la configuración de relaciones sociales de dominación o de liberación, algo que tiene que ver también con las visiones políticas de la sociedad.
Las cooperativas, en todas sus formas, constituyen formas más avanzadas de relaciones de trabajo –cuando están concebidas desde los principios de la economía social y solidaria (ESS)– aunque diversas distorsiones las pueden hacer parecer como empresas de cooperación privadas.
Todas esas formas de gestión y propiedad podrían convivir sin menoscabo de la centralidad de una real empresa estatal socialista, en mis consideraciones, con la adecuación –flexible para cada forma– de una aplicación integral de los principios ESS.
De manera que la interpretación de situaciones focalizadas o locales requiere establecer sus conexiones con el movimiento de la sociedad total, en sus escenarios posibles, desde enfoques realistas y principistas, con la flexibilidad de reconexión y reconfiguración de relaciones que requiere cada caso.
No obstante las dificultades, algunas directrices que van ganando terreno en ese sentido son:
la creciente comprensión de tomar en cuenta el ejercicio de responsabilidad social empresarial (tanto hacia el entorno comunitario y medioambiental, como hacia el beneficio de los propios trabajadores).
la orientación hacia la constitución de entramados productivos o cadenas de valor multiactorales, con igualdad de derechos y deberes.
para los casos de las cooperativas y empresas estatales, ciertas fórmulas de redistribución de ganancias y de autonomía empresarial.
la integración de emprendimientos privados y cooperativos a estrategias de desarrollo local y comunitario.
Transformación en el sistema de relaciones sociales, de poder y vida cotidiana
La diversidad del espacio territorial-cultural de cada segmento de la población es otro de los elementos que marcan distancias poblacionales. Foto: Jorge Luis Baños_IPS
El panorama de las diferenciaciones sociales se ha hecho más complicado, a partir de la diversificación generacional, cultural y socioeconómica, con diferentes experiencias y trayectorias históricas: quienes vivieron las primeras épocas del proceso revolucionario, por ejemplo, y las personas nacidas en los últimos 30 años, con visiones, expectativas y posicionamientos muy diferentes –al interior de cada cohorte generacional–, de acuerdo con el punto desde donde se vivió el proceso.
La diversidad del espacio territorial-cultural de cada segmento de la población es otro de los elementos que marcan distancias poblacionales, muchas veces impactados los sectores de menores ingresos y con prejuicios raciales, generacionales, de género y otros, que están bien documentados.
Existen localidades marcadas por carencias extremas que han persistido demasiado tiempo; con costumbres, hábitos y formas de vida muy diferenciadas, a lo que los programas de la Revolución y las condiciones de precariedad obligada por condiciones de bloqueo y no prioridad de las políticas públicas en determinados momentos, dibujan el cuadro poliédrico de la conformación de la población cubana hoy.
Unido a ello, la existencia de sectores con acceso a mejores recursos de vida, por su posición económica o de poder, contribuye a marcar las diferencias sociales existentes en el plano de las condiciones de vida cotidiana, algo que no escapa a la percepción y comportamiento de diversos sectores de la población. Es obvio que vivimos aún en una sociedad lastrada por contradicciones históricas y otras generadas en el período revolucionario, las cuales tienen un efecto regenerador de distancias sociales, con sus consecuencias sociopolíticas.
No es posible interpretar los eventos de las prácticas sociales, marcadas con posicionamientos diversos, afinidades y distanciamientos de los grupos sociales, sin considerar el movimiento de los micro-espacios, en intervinculación con los mega-procesos políticos-económicos-sociales que ocurren en el país y el contexto internacional; de igual manera que no puede tenerse una idea clara de sus interrelaciones y direccionamientos sin considerar aquellas subjetividades y prácticas cotidianas emergentes y sus perspectivas.
En este sentido de integración compleja de la realidad social, es relevante la consideración de las interrelaciones organizacionales y subjetivas multiactorales: una visión del desarrollo local que vaya más allá del espacio físico u organizacional de la gestión pública local y considere sus configuraciones de sentido. Para algunos cientistas sociales, esto implica articulaciones de procesos cognitivos-afectivos-comunicacionales-prácticas sociales en tramas complejas.
Al incorporar esta mirada y revelar el trazado ético-estético de la vida cotidiana de la población diferenciada, es posible apreciar la simultaneidad de “capas de sentido y modos de significar” que coexisten en un mismo territorio geopolítico, desde su densidad histórico-cultural, que incorpora realidad de la cotidianeidad y lo simbólico, en sus interconexiones micro-meso-macro, como espacio social complejo.
En todo este proceso actual de cambios en el país es particularmente importante la consideración de la dimensión política, que transversaliza todos los campos de acción social e implica la elaboración de conceptos básicos y prácticas, resistentes o renovadores de las esencias del sistema socialista –formas de propiedad y gestión en la esfera socioeconómica, participación ciudadana en las decisiones claves, subjetividades emancipatorias basadas en principios de equidad y justicia social, entre otras.
De hecho, la agudización de contradicciones sociales, de visiones contrapuestas, de infusión de imaginarios externos a las posibilidades de desarrollo real, en condiciones extremas como las actuales, marcadas por pandemias, bloqueos, retraso de visión y desajustes de políticas internas, constituyen factores de desintegración social que han podido tener momentos explosivos.
La apertura de canales amplios de comunicación y retroacción sobre las problemáticas sociales sentidas por diversos segmentos de la población, es una tarea urgente y de imprescindible actualidad.
De manera que, si se generan nuevas posibilidades organizativas, los procesos de centralización y de ordenamiento burocrático pre-existentes podrían ser revertidos en el plano territorial-nacional desde renovaciones significativas de las instituciones sociales, desde el gobierno popular y las organizaciones sociales.
Desafíos de la autogestión social
En el diálogo se expresa un interjuego dialéctico consenso–disenso, siempre orientado a compartir posicionamientos y proyecciones aportadoras a la integración y solidaridad social. Foto: Archivo IPS
El tema de la subjetividad social y las prácticas cotidianas, asociadas a los nuevos marcos de organización de la autogestión local-social, plantea un reto importante desde lo teórico y práctico, desde sus implicaciones para el tejido social y las formas de participación social ciudadana, así como para la articulación entre formas socioeconómicas diversas, los órganos del Estado y la democracia participativa y protagónica de la población.
La autogestión social es una de las manifestaciones más importantes, que se expresa a través de diferentes formas y mecanismos del autogobierno local-nacional; también, en un plano más amplio, implica la articulación entre autogobierno popular y las instituciones y espacios sociales. Por tanto, es una forma de expresión de la articulación (gramsciana) entre sociedad civil y sociedad política, como articulación compleja entre Estado y relaciones sociales (incluidas las económicas).
La profundización en procesos de deliberación sistemática sobre la realidad local-nacional, de concertación de visiones y posicionamientos desde las realidades de vida de los diversos segmentos sociales, potenciaría el manejo de sus recursos y opciones de desarrollo, con mayor espacio a la autoorganización social interconectada a la gestión de gobierno popular.
“El reconocimiento respetuoso del otro debe constituir, al mismo tiempo, fundamento, condición y resultado del diálogo.”
La sociedad puede profundizar en procesos de concertación y diálogo social inclusivo. El intercambio que se produce en el diálogo no debe ser un mero ejercicio intelectual, sin trascendencia más allá del momento dialógico; por el contrario, debe conducir, desde el compromiso, a la transformación, así sea individual, grupal o social. El reconocimiento respetuoso del otro debe constituir, al mismo tiempo, fundamento, condición y resultado del diálogo.
Esto vale tanto para la dirección sociopolítica como para los ciudadanos individuales o asociados, en aras de la configuración de una sociedad socialista democrática y sostenible.
El paradigma de la educación popular –hoy reconocida por el gobierno del país como una fórmula incluyente y socializadora desde las necesidades e intereses sociales diversos– puede ser una fórmula generalizadora de concertaciones sociales.
El pedagogo brasileño Paulo Freire (1921-1997), abanderado de esta corriente, caracterizó el diálogo auténtico como un intercambio comunicativo crítico-reflexivo-constructor de conocimiento y autorreconocimiento de sí y de los otros; además, impregnado de un sentido ético y transformador.
La idea de reinvención –en Freire– sintetiza la esencia transformadora del diálogo: facilita, por una parte, interpretar, significar, decir, expresar y, por la otra, resolver, generar respuestas y poner en la práctica acciones alternativas. Ello supone, además, situar el punto de partida de la deliberación y expresión integral en los sujetos mismos de la actividad.
Las precisiones antes referidas delimitan el tipo de diálogo al que se puede aspirar ante las urgencias de integración e iniciativas que demandan nuestras realidades sociales. En síntesis, en el diálogo se expresa un interjuego dialéctico consenso-disenso, siempre orientado a compartir posicionamientos y proyecciones aportadoras a la integración y solidaridad social.
Esta proyección debe ir unida a un ejercicio transparente y diáfano del poder desde todas sus instancias, accesible al ciudadano común y las organizaciones sociales, que haga posible la eficacia de instrumentos de control popular a todos los niveles de la sociedad.
La transparencia ética y los mecanismos de participación ciudadana y de control popular omnipresentes hacen posible la sintonía en las propuestas concertadas entre segmentos poblacionales, organizaciones y dirigentes a todos los niveles de la sociedad. Constituyen las bases sólidas –proclamadas desde diversos documentos oficiales del período revolucionario, pero más difícil de concretar en las prácticas cotidianas– de la construcción innovadora del tejido social, encaminado a un futuro de “progreso, democrático y sostenible”. (2022)
Si la
sociedad impulsa la Responsabilidad Social Empresarial (RSE), la empresa no
sólo que la apoya e impulsa sino la ejecuta. Lo cual pone de manifiesto una
verdad de perogrullo. La empresa dificilmente sea algo ajeno a las prácticas
establecidas en la sociedad. Otra cosa es si la iniciativa parte de la empresa,
en cuyo caso pudiera tener una vida mucho más larga. He aquí un ejemplo.
Recuerdo
que en 2008 cuando se formó un grupo de trabajo para revisar un anteproyecto de
norma ISO, la 26000, que finalmente no se constituyó en norma de obligatorio
cumplimiento, en parte por la complejidad en su realización, en parte porque un
grupo de países no estuvieron de acuerdo que fuera de obligatorio cumplimiento,
entre otros, por lo que se quedó como guía, es decir, no se convirtió en norma
de sistemas de gestión, y se dejaba a la disposición de la organización a
hacerlo y no a su obligatoriedad, el trabajo del grupo se terminó rápidamente.
Realmente,
no había casi interés en que se continuara el trabajo de revisión y propuesta,
y porque había conceptos, como Responsabilidad Social Empresarial que chocaban,
máxime que se hacia referencia a terminología nueva, como la gobernanza de la
organización, a las prácticas laborales, a las operaciones, a la cadena de
valor, a la participación de los consumidores, a la participación política
responsable, al medio ambiente, al desarrollo de la comunidad, o “stakeholder“,
sobre todo esta palabra (personas
u organizaciones que se relacionan con las actividades y decisiones de una
empresa desde trabajadores pasando por los proveedores y clientes, hasta el
gobierno),entre otros muchos asuntos,
que no sólo “sonaban extraño“ sino conceptos poco o nada conocidos en nuestra
cultura empresarial, o institucional como entes interrelacionados.
El que
crea que materializar y llevar a la práctica la RSE sea más fácil que
solucionar los problemas internos de la empresa, empezando por la
RESPONSABILIDAD SOCIAL INTERNA, bienvenido sea.
Con
los años y el incremento en las exigencias de herramientas y directrices de
otras normas de gestión avanzada de calidad y mejora continua, como la ISO 9004
de 2018, los nuevos retos cualitativos hacían innevitable el tratamiento de la
Responsabilidad Social Corporativa (RSC) o eficiencia organizacional, o
autoevaluación.
Hasta
aquí este ejemplo, que bien viene hoy, a la vista de la importancia que cobra
de la noche a la mañana la responsabilidad social empresarial, un concepto que
bien pudiera tener raices autóctonas, pero que es importante establecerlo sobre
lo ya existente. Y sobre todo, que se entienda que no es un elemento ajeno a la
gestión empresarial de avanzada, ajeno a su quehacer y las prácticas
cotidianas, ni puede convertirse en moda pasajera de ubicar algunos recursos,
por demás escasos, en algun lugar próximo a la ubicación geográfica de la
empresa, para estar bien con los vecinos y con las orientaciones de arriba.
Tiene que ver con la forma en que se estructura la organización dentro y fuera
de la empresa. No debe ser abordado fuera del desenvolvimiento que caracteriza
a la economía de la empresa, o que se quede en un bono o diploma.
Y de
regreso a las prácticas, he visto muchas referencias, cuestionamientos y
preguntas acerca de la empresa en estos días y de la necesaria sacudida o
estremecimiento que debería experimentar, tanto para asimilar las nuevas
medidas como para proponer y desarrollar nuevas. Hay que entender una cosa, y
es que esa no ha sido la lógica durante la vida de la empresa estatal, quizás,
para poner una época, desde la empresa consolidada de los años 60. Si no lo ha
sido como parte de su subsistenacia, hay grandes limitaciones de todo tipo,
como se dice, objetivas y subjetivas, y éstas tan o más objetivas que aquellas
que buscan por todos los medios señales y direcciones.
Y hay
que darlas, y los que deben darlas son las instituciones y niveles y organísmos
superiores que precisamente han establecido y desarrollado esa lógica de
(des)aciertos o prácticas económicas, sociales, productivas, financieras y
comerciales, organizativas y organizacionales, que han llevado a la empresa a
la situación actual.
Aquí
me vino a la memoria un texto que escribimos un colectivo del desaparecido
Instituto de Estudios e Investigaciones del Trabajo “Nuevas Formas
Organizativas“ de 2004, con una revisión y ampliación en 2008, donde Ricardo
Antunes en el prologo señala:
“Dentro de las innumerables contradicciones de la sociedad actual
encontramos una cuya solución parece una completa imposibilidad, dentro de la
lógica destructiva que preside la sociedad del capital; si bien en el plano
microcósmico, en el plano de las empresas, hay una necesidad intrínseca de
racionalizar su modus operandi, si
hay una necesidad imperiosa de seguir el recetario y la pragmática de Lean Production, de una empresa ligera,
vislumbrando cómo preservar la concurrencia con las demás empresas que participan
del sistema global del capital, la expansión ilimitada de esa lógica
microcósmica para la totalidad de las empresas del ámbito mundial, desencadena
una consecuencia trágica.
“Su
racionalidad interna acaba por generar una monumental sociedad de desaciertos,
una vez que la lógica de reestructuración y de la productividad, cuando
dirigida por el ideario y por la pragmática del capital, acaban por acarrear la
reducción del trabajo vivo y su
sustitución por el trabajo muerto,
para usar los términos de Marx”.
“Pero,
¿cómo hacer cuando la lógica de la producción no es dirigida prioritariamente
por la acumulación privada del excedente, cuando el objetivo de la economía
fuese economizar, en el sentido original, del latín oeconomia, esto es, utilizar racionalmente los recursos naturales y
humanos?; Cuando el objetivo es transformar la empresa productiva desde la
óptica de producción de bienes socialmente útiles, colectivamente
determinados?; Cuando el objetivo no es la acumulación privada de capital, sino
avanzar en la construcción de un diseño societal socialista, donde el valor de
uso de los bienes producidos no está dirigido por la prevalencia de su valor de
cambio?”
“Que por
el contrario, sea una contribución para que se piense en una forma de empresa
socialmente productiva, capaz de apoyar efectivamente la construcción de una
sociedad nueva, donde la autonomía, el
autocontrol, el saber colectivo prevalezcan sobre la heteronomía, el
sometimiento, la alienación, típicos de la sociedad capitalista.”
“¿Cómo entonces,
compatibilizar productividad, competencia con humanidad?”
“¿Cómo
hacer para que el conocimiento no se convierta, como todo en la sociedad del
capital, en una mercancía más, deshumanizada y fetichista?”
Los contornos del problema, que no se soluciona
de la noche a la mañana, ni por las mejores intenciones y voluntad del mundo,
van mucho más allá de la empresa, incluso de sus niveles superiores, porque
siempre se ha insistido en la relevancia de las formas institucionales
superiores, porque la lógica pasaba por la centralización y los controles
centrales. No voy a hacer la historia de las raices que se hunden en la década
del 30 con la asesoría norteamericana en la URSS con recomendaciones acerca de
la corporación y “empresa moderna“ de entonces, que quedaron recogidas,
trasladadas a los textos y metodologías, que quedaron para todos los tiempos,
mientras aquellos conceptos se sacudían de lo superfluo y creaban nuevas bases
en los 50, los 60, y un largo etc. Todo aquello encontró, lamentablemente,
campo fértil y que concordaba con una concepción más compleja acerca del
Estado, de la propiedad social, de las relaciones de poder, de la participación
de los trabajadores, santificado por una burocracia cada vez mayor y más
poderosa, base del “Estado de todo el pueblo“, acuñado por la misma época.
Entonces, se
puede decir que a día de hoy hay interrogantes no resueltas. Es la relación de
lo social con lo político, o mejor, lo social en lo político, o desde lo
político, y aquí ubico a la empresa. No sé si es una visión diferente, pero sí
que es necesaria, porque la empresa, su perfeccionamiento, siempre se ha
enfocado como un problema TÉCNICO Y TECNOLÓGICO, y hoy se sigue haciendo, sin
enteder que todos los cambios y transformaciones, desde cualquier ángulo,
problema o tema, es un problema profundamente SOCIAL, profundamente de
RELACIONES SOCIALES DE PRODUCCIÓN.
Cuando se habla de empresa, si en el imaginario popular y de la propia
empresa, persiste la idea que es una estructura donde un grupo de personas
desarrolla distintas funciones, bajo la supervisión de otro grupo de personas
para alcanzar un resultado económico productivo, y que es lugar para trabajar,
trabajar y trabajar, lejos se está del camino para transformarla.
Hoy día, en la empresa hay que conocer y manejar códigos de comportamiento,
hay que saber la forma de pensar de los que conforman la empresa, hay que
comunicar con ellos, dejar que intercambien los trabajadores, y decidir de
conjunto en las deicisones mćas importantes. De lo contrario, puede haber una
responsabilidad social de la empresa, pero no responsabilidad social en la
empresa.
Esto ha sido
en todas las experiencias y experimentos a lo largo de las últimas cinco
décadas escasamente o nada tratado. De manera que el ejemplo puesto de
responsabilidad social empresarial sí tiene que ver con una nueva concepción. Y
es tan importante que sea desarrollado fuera de la empresa como dentro de la
empresa. Su vínculo con la política y las políticas, el modelo de desarrollo y
la democracia participativa real, laboral y más allá, se ponen a prueba, y el
núcleo central es la empresa, no el organismo superior ni el ministerio.
Las
estrategias y los planes de desarrollo deben estar en el plano de la empresa, sólo
así los objetivos e instrumentos de la política para encarar los problemas
internos y del ambiente donde está insertada llevan a transformaciones
requeridas. La visión actual contiene elaboraciones con diversos grados de
sistematización que se refieren a determinadas premisas y formas de
conceptualización, y todo proyecta criterios de nuevas prácticas y de políticas
sociales y empresariales. El apoyo que necesita la empresa de sus niveles
superiores, son las transformaciones que estos deben realizar en consonancia, y
eso, en primer lugar, significa, calidad del personal, cantidades del personal,
modificación de metodologías de actuación. Complementariedad y no imposiciones,
y dirigir los esfuerzos de sus organizaciones al menor costo.
Se sabe que
el abuso puede generar rechazo y bloqueo, eso también puede pasar con la
ideología, sobre todo cuando se mal emplea, pero de allí a que algunos puedan
considerar que llegó la hora de olvidarse de la ideología y de la teoría,
porque todo vale, va un trecho. Porque ideología como sistema de pensamiento o
conjunto de principios para abordar la realidad, para representar la sociedad,
un programa político y un plan de acción, que responde a tal o más cual
corriente siempre estará presente.
Que alguien
me diga si se ha abusado, ni siquiera seguido estos pilares que Marx y Engels
han planteado en su obra para desarrollar una aproximación diferente de la propiedad como sistema en su
desarrollo histórico concreto, y sobre esa base fundamentar unas relaciones de
propiedad diferente en la práctica revolucionaria.
Ese sistema
se objetiva, o debe materializarse en la
práctica en el funcionamiento de la sociedad como el CONJUNTO DE LAS RELACIONES
SOCIALES DE PRODUCCIÓN, no sólo en el papel. Esto permitiría fundamentar el
papel decisivo del proceso de dirección
social con una nueva naturaleza y dimensión, y el papel central del productor
directo en la economía, sobre:
·la concepción marxista de la contradicción entre enajenación y
emancipación, que coloca este proceso
sobre un fundamento material: el proceso del trabajo, como
autorrealización humana.
·la superación del proceso de
alienación del trabajo, que sienta las pautas para una visión diferente del proceso de producción-
reproducción de la vida social, conuna
visión diferente de la riqueza social, su producción y apropiación por los
individuos.
Si son pilares y claves, el proceso de trabajo como autorrealización
humana, y la superación de la alienación del trabajo, como algo ajeno al
individuo, deben guiar las transformaciones y los cambios en la empresa, en la
economía, en la sociedad. Todo lo demás, como los factores a contrarrestar y
factores a incentivar son instrumentos. Sólo así se podrán contrarrestar los
estilos de dirección que consideran funciones en lugar de gestión integrada;
estructuras como funciones especializadas en lugar de decisiones integradas
desde la base; gestión individualista en lugar de gestión participativa; la
baja capacidad de respuesta a los cambios del entorno a la capacidad rápida y
calidad total; definición de responsabilidades frente a actitudes y aptitudes
requeridas, entre muchos otros.