Fidel


"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." ""Creo que mientras más critica exista dentro del socialismo,eso es lo mejor" Fidel Castro Ruz
Mostrando entradas con la etiqueta Dario Machado. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Dario Machado. Mostrar todas las entradas

miércoles, 10 de mayo de 2023

Acerca de la representatividad

Por Darío Machado Rodríguez | 10/05/2023 | Cuba

Fuentes: Rebelión


El propósito, funcionamiento y particularidades de la construcción de la democracia en la sociedad cubana no pueden explicarse con los puntos de partida de la concepción liberal de democracia, por más que en el plano formal haya momentos elementales de coincidencia que están dados por la experiencia histórica de la humanidad.

Uno de esos puntos de coincidencia es la representatividad. El crecimiento y desarrollo de las comunidades, pueblos, naciones generó la representatividad como modo práctico de crear canales por donde pueden fluir intereses diversos y tener expresión en el espacio de las decisiones políticas. Su contrapartida en la actividad y comunicación políticas es la participación social de la ciudadanía que ha elegido a sus representantes.

Representatividad y participación social son dos caras de la misma moneda, pueden generar un equilibrio virtuoso en el que fluyan los intereses de quienes han elegido sus representantes y se conviertan en acciones positivas o pueden quedar obstaculizados, frenados y anulados en la estructura representativa donde actúan los elegidos.

Desde el liberalismo

Para el liberalismo, el eje principal de la representatividad es el voto, la elección, el acto de cesión de la voluntad política del electorado, después de la cual –muy lejos del original mandato imperativo- los elegidos actúan ad libitum y se abre un amplio espacio que suele ocuparse con la demagogia, la manipulación mediática y el desencanto de los votantes. No existe una contrapartida real que controle a los representantes, y cuando aparece en alguna forma (las más de las veces como protestas) lo hace parcialmente y en contra de otras fuerzas que operan en la sociedad que la opacan, obstaculizan, frenan y anulan.

Una de las contradicciones fundamentales de la democracia liberal es la que se produce en el concepto de mayoría, del peso de la mayoría, que en el caso de la votación es inexorable (amén del clientelismo, el fraude, la demagogia, etc.), pero cuando se trata del peso de esta para exigir soluciones a sus necesidades y derechos, entonces no resulta igualmente reconocida.

Otra de las contradicciones es la que se produce en el propio hecho del voto: los candidatos se cocinan en los estrechos marcos de las agrupaciones políticas que responden a intereses corporativos, lo que desde un inicio bastardea el voto popular. Los electores no tienen mecanismos para definir sus candidatos. Votan por una persona que simboliza un partido político o la alianza de varios, o directamente un grupo de poder. El dinero juega un papel fundamental en esas elecciones, no solo para la propaganda y la publicidad, sino a menudo para la compra de voluntades, mercantilizando la política. Las elecciones, el buque insignia de la democracia representativa liberal, han sido reducidas a una puesta en escena que es funcional a los dueños del dinero. Expresiones como “Elecciones libres” “Elecciones limpias”, “múltiples partidos”, etc. solo esconden el elaborado mecanismo de dominación de los poderes fácticos.

Esas contradicciones resultan de una más profunda, la que existe entre el capital y el trabajo, que se ha transfigurado de múltiples maneras. Una cosa es lo que se enarbola y otra lo que se hace. En consecuencia –en el mejor en los casos- lo que se suele elegir es una promesa de programa político con mayor o menor elaboración y claridad, representada por individuos que son candidatos como resultado de los rejuegos internos de las corporaciones políticas, en las que entran las ambiciones personales, los intereses económicos, los compromisos establecidos, cuya actividad posterior como representantes está definida por los poderes fácticos, esos que nadie elige.

Cuando dentro del sistema representativo liberal, las fuerzas populares logran avances electorales, deben enfrentar todo tipo de obstáculos para hacer valer sus justas reivindicaciones evidenciando las falencias del sistema como sistema democrático entendida la democracia en su acepción original: gobierno del pueblo y –de últimas- enfrentar los golpes bajos que suele practicar el sistema.

Imposible pretender en un breve artículo repasar todas las contradicciones y deformaciones que tiene la democracia liberal representativa entre lo que promulga y lo que ocurre realmente. Ni hace falta. Los ejemplos abundan. Apunto las anteriores para demostrar que no se puede evaluar la democracia cubana con los puntos de vista de la democracia liberal representativa.

La construcción de la democracia cubana

La democracia en Cuba socialista no surge del mismo tipo de fundamento socioeconómico y cultural en los que se ha desarrollado la democracia en el capitalismo, sino que es su negación, al elevar el contenido por encima de lo formal –sin descuidar esto último- como resultado de la transformación revolucionaria de la sociedad. De ahí que los esfuerzos por medirla desde los parámetros de la democracia liberal no es sino expresión del propósito de descalificarla a priori porque no puede ajustarse a estos.

De hecho, los mecanismos corrientes para organizar esa representatividad a través de los procesos electorales no tuvieron lugar en Cuba sino muchos años después del triunfo revolucionario, cuando el propósito socialista había sido asumido por el pueblo, habían cristalizado sus finalidades sociopolíticas en numerosas organizaciones sociales, y muchas leyes revolucionarias ya la construían, y luego de aprobarse en referendo la primera constitución socialista en 1976. Hasta ese momento eran habituales las formas de democracia directa bajo el amparo de un mismo poder revolucionario y una amplia cohesión ideológica y política de la nación.

En el sistema político cubano, en su proceso de construcción de una democracia socialista, el programa político es una elaboración colectiva y de constante renovación con alta participación ciudadana; la nominación de candidatos no responde a intereses corporativos enfrentados entre sí; el parlamento se integra con alta presencia de ciudadanos elegidos delegados por nominación y elección directa de los electores en las circunscripciones, los diputados no son remunerados por ocupar ese mandato; son elegidos a propuesta de comisiones de candidatura integradas por las organizaciones sociales, propuestas avaladas por el voto de los delegados en las Asambleas Municipales del Poder Popular donde ocupan su asiento ciudadanos nominados y elegidos por otros ciudadanos, y finalmente aprobados por mayoría de electores mediante el voto directo y secreto.

Está prohibida la propaganda y la publicidad electoral, el dinero no juega papel alguno a la hora de elegir a los representantes del pueblo, quienes representan no solo al territorio de los munícipes que los eligen, sino también los intereses de toda la nación y es obligatoria la rendición de cuentas.

Ese concepto que guía la construcción de la democracia en la sociedad cubana se basa en el predominio de la propiedad social sobre los medios fundamentales de producción de bienes y servicios y sobre las riquezas del país que dan base sólida y sustento al poder político del pueblo trabajador.

Son estas –entre otras- las razones por las cuales la república socialista que refrenda la nueva constitución de 2019 solo se explica partiendo de la realidad precedente y actual de la sociedad cubana. Y su evolución no puede ser en dirección al tipo de república surgida con la Constitución de 1901 o la mucho más adelantada Constitución de 1940, sino que debe producirse con una mirada de futuro socialista.

El papel de la ideología en esta controversia no radica simplemente en no comulgar con los principios de la democracia representativa liberal y validar los de la democracia socialista como mejores porque solo con tal enfoque primario nos privamos de profundizar en el tema para evidenciar los factores causales del comportamiento político ideológico de quiénes -y por qué- predican y promueven los valores puros de la libertad y los derechos humanos que no existen realmente en el modelo liberal, procurando empujar a la ciudadanía cubana al abismo del retroceso histórico y social.

No basta con los fundamentos

Aún con todas esas particularidades situadas en las antípodas de la democracia liberal y con todas las precauciones que los fundamentos de nuestro sistema aseguran, entre lo que los ciudadanos necesitan y esperan que se haga y lo que hacen por ellos quienes los representan hay toda una cadena de acontecimientos y circunstancias que pueden favorecer o entorpecer el propósito de que se oigan con claridad las voces del pueblo y se realicen las soluciones a sus necesidades sociales.

Este particular tiene alta significación política más aún en medio de una crisis económica aguijoneada por el bloqueo, por la aguda escasez, la inflación y los bajos niveles productivos que ponen en un primer plano la urgencia de activar aceleradamente el metabolismo socioeconómico del país. Y eso se está haciendo con medidas que reponen el sustrato material desde el que puede reproducirse la ideología liberal dependiente derrotada por el proceso revolucionario, pero cuyos elementos dispersos en la conciencia social pueden reagruparse con el apoyo del cerco mediático contra el socialismo que se aprovecha del efecto de las dificultades de la cotidianidad y de los fenómenos negativos que la sociedad debe seguir combatiendo y eliminando. El contexto actual sitúa en un primer plano hoy, más que nunca antes, el papel de la política, de la comunicación política y el papel de los medios de comunicación social.

Una batalla difícil, pero imprescindible. Retomo aquí las palabras del compañero Díaz-Canel: “El avance del país en medio de las profundas dificultades que generan los obstáculos externos a nuestra economía, pero también el burocratismo, la indiferencia o la corrupción –inaceptable por principio–, depende en mucho de que cada diputada y diputado asuma con entrega y compromiso, el histórico desafío que nos hemos planteado: ¡vencer al bloqueo sin esperar que lo levanten!”

Delegados y diputados

Hay que preguntarse cómo debe producirse positivamente en función local y de la sociedad toda, la representación que significa el papel del delegado del Poder Popular a la asamblea municipal, del diputado a la asamblea nacional, también del gobierno refrendado por el parlamento sobre el que corresponde a los representantes del electorado ejercer la fiscalización, de manera tal que los representados ya se trate de ciudadanos individuales, de colectivos laborales, de comunidades, de organizaciones, etc. mantengan un grado de conformidad de los electores que no solo contribuya al imprescindible equilibrio social, sino también que estimule la participación en el cumplimiento de sus deberes ciudadanos y en el ejercicio de sus derechos.

En lo planteado arriba entran a determinar las características de la representación positiva diferentes variables concomitantes e interrelacionadas.

De una parte está la disposición del propio representante de jugar el papel de representar, no de sustituir. Junto con ello, su capacidad y valores personales, el nivel de información sobre lo que necesitan y esperan los representados y sobre el contexto local, nacional e internacional.

Está también el ejemplo. Como dejó plasmado Fidel para el presente y el futuro del país: “El socialismo es la ciencia del ejemplo”. El comportamiento de los representantes es fundamental. No se trata de exigirles un igualitarismo absurdo que en nada contribuye a que sea mejor la representación, sino de esperar de estos una conducta que resulte éticamente aprobada por los representados. El equivalente de esa aprobación es el prestigio del representante, sin el cual pierde la confianza de los representados con consecuencias negativas para la vida política del país.

El ambiente y estilo de trabajo signado por el vínculo con el pueblo de todo el edificio representativo de la sociedad, impulsado y construido desde todos los niveles, comenzando por los que detentan las mayores responsabilidades, juega un papel fundamental en la construcción del consenso y en la cohesión política. Si se toleran comportamientos alejados de la práctica de identificarse con los representados, deberse a ellos, consultarlos, aprender, informar, esclarecer, responder a sus necesidades, y no solo saber persuadir, sino saber dejarse persuadir por los ciudadanos, ello inevitablemente minará la confianza de los representados.

Si alguna función política corresponde al partido como fuerza dirigente superior de la sociedad cubana y del Estado es la de velar porque se represente y no se suplante, porque sea creciente y estable el empoderamiento de la sociedad a través de su real y efectiva participación. Vale aquí también recordar las recientes palabras de nuestro Presidente:

“Me detengo aquí para puntualizar lo que considero que deberá distinguir a la nueva legislatura: el contacto permanente con los barrios, con las comunidades, con los que nos eligieron, conscientes de que no podemos hacer milagros, pero sí podemos transformar la desafiante realidad de Cuba hoy si logramos crear la sinergia indispensable entre los esfuerzos individuales y colectivos; entre los barrios y los municipios; entre los municipios y la provincia, entre las provincias y la nación.”

Es imprescindible un conocimiento calificado de la situación nacional e internacional que le permita a los representantes ubicarse en su papel ante los representados como persona capaz de orientar, esclarecer, analizar, intercambiar a la vez que enriquecer el diálogo y contextualizar cualquier explicación, ya sea para elucidar las deficiencias y los problemas, como para contribuir a desarrollar los planes y objetivos en curso descubriendo y estimulando la iniciativa ciudadana.

La sistematicidad de la comunicación tanto para conocer cada vez mejor a los representados, como para comunicar realidades y puntos de vista sobre los temas en curso, sobre las amenazas y las oportunidades requieren habilidades y conocimientos que necesitan de una consistente formación política institucional.

Es importante también la capacidad para incluir los intereses de la diversidad existente en la sociedad desde una ética de lo justo en las condiciones actuales del país y dominar el arte para explicarlo.

Hay mucho por hacer

A los diputados corresponde fiscalizar la actividad gubernamental. Un momento importante para ello lo son las rendiciones de cuenta de las instituciones gubernamentales. Sin embargo, estas en la práctica suelen transcurrir sin mayores incidencias.

No necesitamos en Cuba una oposición copiada de la democracia liberal, no encaja estructural ni funcionalmente en nuestro concepto de democracia ni en la conciencia ciudadana que está inmunizada contra la politiquería. Pero sí necesitamos practicar más la crítica constructiva y la autocrítica.

Gobierno y diputados responden a los mismos intereses nacionales, pero tienen funciones diferentes y no me refiero al debate de si los ministros deben o no ser a la vez diputados. La ley es clara al respecto y si así ocurre es porque las comisiones de candidatura los propusieron, las asambleas municipales los nominaron y el voto mayoritario del pueblo los aprobó. Me refiero a lo que es función gubernamental y lo que es función parlamentaria.

En el ejercicio de estas rendiciones, hay que reconocer que no se suele profundizar en las deficiencias, en sus causas, en las medidas para erradicarlas. El Gobierno sea en el caso de un ministerio, de un Instituto, etc.; tampoco es interpelado acerca de lo que no se hizo pudiendo hacerse. Eso es necesario que se haga sentir en nuestro parlamento, sobre todo porque contribuiría al mejor funcionamiento de esas instituciones.

Hay aquí dos variables fundamentales: de una parte la convicción del representante de su papel y de otra su preparación personal, su capacidad para desarrollar una comunicación política en la cual haya espacio para un diálogo sistemático, permanente, constructivo, evadiendo fórmulas políticas que resultaron adecuadas en el pasado y que hoy no se ajustan a las realidades, simplemente porque éstas han cambiado y repetirlas es disparar al vacío.

El representante debe estar siempre preparado, actualizado, listo para evaluar junto con el pueblo la aplicación de las políticas, también para explicarlas, por más que es el gobierno el encargado de definirlas y dirigir su aplicación.

Tenemos un nuevo Parlamento

Después de las elecciones del pasado mes de marzo con un resultado bastante satisfactorio como lo definieron los jóvenes de ConFilo quedó constituido el nuevo parlamento. Todos los que ocuparon sus curules fueron legitimados por el voto de la ciudadanía. Un parlamento nuevo por los 46 años de edad promedio y porque cerca de dos tercios del cuerpo legislativo unicameral está ahora constituido por ciudadanos que ejercen esta responsabilidad por primera vez. Un parlamento con diputados deseosos de contribuir al desarrollo socioeconómico y político del país.

Sin embargo, lo que hará nueva en la práctica a la presente Asamblea Nacional del Poder Popular no son las favorables estadísticas anteriores sino cómo será su desempeño en las actuales difíciles condiciones socioeconómicas por las que transita la sociedad cubana.

En el ejercicio de estas responsabilidades lo nuevo no solo debe existir, sino que debe ser visible ante el juicio del soberano. Hoy -más que nunca antes- nuestros diputados deben ser no solo personas convencidas, sino convincentes.

La sociedad cubana bulle en cuestionamientos, críticas, problemas pendientes, generando voces en la ciudadanía que espera se reflejen en las sesiones de esta legislatura, que espera de sus representantes en el parlamento que hagan contrapartida eficaz a las instituciones gubernamentales, que aporten análisis, datos, que no suenen a textos cincelados, descafeinados y mucho menos a liturgia, sino que estimulen la reflexión y al análisis a fondo.

Lo nuevo significa ejercer la crítica constructiva y fomentar la autocrítica, enaltecer la unanimidad, logrando que sea ajena a todo formalismo. Es buena la unanimidad cuando esta tiene lugar, tanto como lo son las decisiones por mayoría, siempre después de enriquecidos intercambios de criterios.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

viernes, 5 de noviembre de 2021

Ideología socialista y mipymes

Noviembre 4, 2021 Por Dario Machado, Cubaperiodista

El reciente pleno del CC Central del Partido Comunista de Cuba, que pasó revista al estado de los acuerdos adoptados por el VIII Congreso, enfatizó en el trabajo político ideológico con un empeño renovador que cierre brechas entre este y la sociedad.

“Hacer política —dijo el  presidente Díaz-Canel en la clausura del II Pleno— es entonces determinar las contradicciones que tenemos en la sociedad, estudiarlas, evaluar sus causas, evaluar y proponer soluciones; compartir con la población, tener en cuenta sus criterios; enriquecer, convencer, convocar, movilizar, participar y solucionar, y participar con efectividad también mediante un trabajo en red para cada uno de los temas que abordemos, evaluando resultados y después retroalimentando todos nuestros sistemas para perfeccionarlos”.[i]

Soy consciente de que el fantasma de la inflación y los problemas que ella trae y la urgencia de crecer económicamente, hacen parecer irrelevante hablar de cualquier otra cosa. Pero están ocurriendo cambios de manera simultánea y las mipymes siguen y seguirán aumentando, por lo que la vida de muchos cientos de miles de personas pronto girará en torno a la actividad privada.

Este desarrollo propicia la búsqueda de nichos de oportunidades a partir de la inteligencia y disposición de los cubanos emprendedores lo cual  multiplica la creatividad y conduce al surgimiento de muy disímiles formas de realizar el potencial productivo del país. Es una vía para hacer valer de forma  positiva la participación social y por ende , un modo de democratizar la actividad económica ya que descargará de responsabilidades al Estado.

No obstante, uno de los asuntos fundamentales que debe atender la actividad ideológica se refiere, precisamente, a la emergencia creciente de estos emprendimientos privados en la sociedad cubana, parte importante de los acuerdos de los últimos congresos del partido.

Un mínimo de historia

La motivación ideopolítica que condujo a la eliminación de los pequeños y medianos negocios (ahora llamados mipymes) del sistema socioeconómico cubano en 1968 no estuvo huérfana de argumentos. Como parte de un enfoque integral de la construcción socialista en el paísque dio en llamarse Ofensiva Revolucionaria y que abarcó todas las esferas de la vida, partía del propósito de suprimir toda práctica de propiedad privada, base económica de las relaciones mercantiles típicas del modelo capitalista de producción y, con ello, el sustrato económico de la ideología liberal.

A ese enfoque lo acompañó el criterio de que tales producciones y servicios podrían ser asumidos por emprendimientos estatales donde los productores ya no serían propietarios privados, sino trabajadores. Había idealismo y voluntarismo en tal decisión, y la corrección de ese punto de vista se manifestó en el Informe Central al I Congreso del PCC, en 1975.

Ocurrió que el Estado no estaba en condiciones de organizar el abundante entramado de tipos y formas de actividad. También se obvió la especificidad del carácter de las relaciones entre el propietario y el interesado en sus producciones y servicios. Asimismohubo una afectación de orden cultural, pues se rompió la cadena de saberes y experiencia locales, comunitarias y familiares en general, que acompañaba a esos emprendimientos.

Los medios e instrumentos de trabajo, celosamente cuidados por sus propietarios, pasaron a ser administrados por personas que no tenían hacia ellos ninguna relación de tipo técnico ni afectivo, lo cual burocratizó la gestión de su mantenimiento y aprovechamiento.

De ahí que lo que antes se resolvía, de manera diseminada, en barrios y localidades a través de una relación personal, directa, expedita, ahora se agrupó en un local, con un listado de precios y un administrador que lo mismo  administraba la reparación de calzado  que los efectos electrodomésticos. El servicio se lentificó y perdió calidad a la vez que, en no pocas ocasiones, los encargados los privatizaban solapadamente.

¿Y qué cambia?

Las mipymes  antes de la Revolución no gozaban de apoyo estatal ni existía un programa para su acompañamiento ni para propiciar su desarrollo como importante actor económico y social, por más que representaban la mayor parte de los emprendimientos del país.

En determinados  momentos hubo alguna intervención pasajera, pero en general resultaban, en extremo, vulnerables a los vaivenes de una economía abierta, dependiente y subdesarrollada como la cubana. Aun así, siempre estaban, se adaptaban y, de alguna manera aunque fuera precariamente, sobrevivían demostrando su necesidad social.

Aunque  la propia revolución las eliminó en la segunda mitad de la década de 1960, no es menos cierto que solo  a partir de una revolución radical, de la que emergió un Estado de trabajadores, las mipymes, como componente con derecho propio y no solo complementario del metabolismo socioeconómico nacional, han podido encontrar ahora el reconocimiento y respaldo legal para su desarrollo en clave socialista y como parte necesaria en el plan integral de desarrollo del país. Eso es lo que está ocurriendo hoy.

Para conseguirlo  necesitamos todos un cambio de mentalidad[ii] y especialmente en el sistema productivo administrado por el Estado para comprender la envergadura de la necesidad de esta nueva forma de gestión  e interiorizar la justeza de la actual política. Se trata no solo de dejar a un lado prejuicios, sino sobre todo de comprender la importancia de su papel en la sociedad, estrechar lazos de cooperación, tanto en lo referido  a la contratación de sus servicios, como a la acción integrada en función de la comunidad en la que ejercen la actividad económica unos y otros.

De igual manera, entre los emprendedores privados resulta  necesaria la comprensión del papel social que juegan, de las responsabilidades de producir con calidad, cumplir lo legalmente establecido y de la subordinación consciente a los objetivos de la sociedad en su conjunto.

¿Dónde está el principal desafío?

Visto  el asunto desde la finalidad de la construcción del socialismo, el propietario de una  mipymesno es únicamente “un privado”. Como ciudadano cubano que es, también es propietario colectivo de los medios de producción fundamentales del país, de las riquezas del subsuelo, de las propiedades socializadas y disfruta de las políticas socialistas que ven primero el interés social. Solo que esta última relación le llega mediatizada por el hecho de que es para todos por igual, mientras que la relación con su emprendimiento es individual y directa, por lo que existe  ahí un fenómeno contradictorio.

Su cotidianidad está atada al emprendimiento, es su asunto constante, el propósito ineludible, la principal preocupación. Sus planes de vida tienden a girar en torno al negocio; es  el que lo coloca en una posición diferenciada —independientemente de los resultados—- en el plano socioeconómico de la sociedad.

El condicionamiento que él o ella siente como propietario colectivo le llega  en su condición de ciudadano del país, como los demás. Lo siente como algo “natural”, “dado” y ve a los conciudadanos en situación de igualdad para intentar ser como él o ella,  e incluso más exitoso. Pero el otro condicionamiento, el que lo individualiza, el ser propietario privado, es constante.

De hecho, persiste el mismo factor que dio lugar a la socialización generalizada en 1968: el incremento de la propiedad privada y de las relaciones mercantiles supone una mayor influencia hacia el individualismo, el egoísmo y eventualmente el afán de lucro, y repone el sustrato socioeconómico de la ideología liberal. Solo que el Estado revolucionario es consciente de la necesidad de aceptar el reto y encontrar los caminos de contrapeso ideológico y ético, amén de los controles financieros y legales.

Estamos analizando aquí el posible desarrollo, a largo plazo, de una nueva situación socioeconómica. Cómo se resumirá, esa realidad en la actitud del propietario de una  mipymes dependerá de un conjunto de factores: de su conciencia, de su modo de ser, de su compromiso ciudadano, de su concepto de la solidaridad, del modo y criterio con el que se distribuyen los resultados económicos de su emprendimiento, del carácter de los lazos de cooperación que, a través de los encadenamientos, construyan entre propietarios privados y entre estos y las empresas estatales, de los principios socialistas, del activismo político de los actores económicos, y de un sinnúmero de otros factores.

Y hay que contrarrestar el eventual desarrollo de una sinergia que los lleve a auto-distinguirse como ciudadanos con un conjunto diferente de intereses frente a los del Estado que los representa a todos, e igualmente contrarrestar la tendencia a que sus planes y proyectos de vida se alejen de los de la sociedad y evitar que  fortuitamente conduzcan al desencuentro.

Estamos ante un fenómeno  inédito; porque la voluntad política no es la de desentenderse de la conciencia de los actores económicos en cualquier actividad que se desempeñen, sea estatal o privada, y dejarlos compitiendo entre sí bajo reglas puramente mercantiles.

Además  de fomentar los encadenamientos en clave de cooperación y con las miras puestas en el progreso y prosperidad del país, en la satisfacción de las necesidades de la población con respeto a esta, con calidad y accesibilidad, viendo el estímulo al aporte individual como incentivo económico y su connotación moral, dejando en pie el igualitarismo bueno que se expresa en la educación y la salud para todos por igual, en la seguridad social y la protección a los sectores vulnerables, y desterrando el igualitarismo nocivo, el que frena el desarrollo de un sano metabolismo socioeconómico socialista.

Obviamente, las leyes y normativas, el control institucional y popular, y la labor educadora, deberán contrarrestar las tendencias negativas. No obstante queda en pie tener siempre presente la influencia que ejerce el tipo de propiedad en el comportamiento de las personas.

Estos cambios no se proyectan del mismo modo con el que no es dueño o socio de una mipymes, puesto que este trabaja o bien para el Estado,  el dueño o los socios de una mipymes.

En caso de trabajar  para el Estado, su relación laboral cotidiana pasa por los planes y propósitos colectivos de los cuales se encarga la empresa o entidad correspondiente. Su cotidianidad está constantemente relacionada con esos  proyectos de orden social. Ahí los problemas son otros: lograr en el trabajador el sentimiento[iii] de propietario colectivo, que se interese en el papel social de su  labor , que participe conscientemente de los asuntos de su colectividad , que asegure la productividad y la calidad, que se sienta comprometido con el presente y el futuro del centro de trabajo, que lo sienta parte importante de su vida.

Si trabaja para el dueño o para la sociedad establecida en una  mipymes privada estará vinculado al éxito de un emprendimiento que no es suyo y de cuyo trabajo se benefician los propietarios, pero del cual también obtiene  el sustento propio y el de su familia; de la habilidad y gestión del dueño o de los socios depende su remuneración. Por ello se identifican por separado trabajadores y socios. Este trabajador necesita que lo arrope el sindicalismo cubano, además de las leyes laborales.

Queda siempre en pie un asunto de principios: para la práctica y la teoría de la construcción social de orientación socialista es un error pensar en las formas de propiedad desde un punto de vista exclusivamente económico. Y lo es doble, porque desdibuja la proyección estratégica y porque lo económico, si bien tiene su ámbito, reglas y especificidad social, es asimismo político e ideológico por más que no lo quiera así el fundamentalismo economicista. Eso lo ha dejado claramente reafirmado el reciente pleno del Comité Central del Partido.

¿Qué ocurrirá?

Hay un pensamiento orgánico en nuestro Partido y en nuestro Estado revolucionario, acerca de la reforma estructural en curso y de los instrumentos políticos y jurídicos que deberán acompañarla. Hoy ya se trabaja de modo consciente  atendiendo a la necesaria articulación entre las actividades socio-económicas, organizativas, jurídica normativa e ideológica política.

Se expresa en nuestra Constitución,  en la Conceptualización del Modelo, en los enfoques y acuerdos políticos en curso, que responden a la situación actual y que permiten esperar resultados concretos en la prosperidad y sostenibilidad del metabolismo socioeconómico del país.

Con  relación  a  la perspectiva a más largo plazo, habrá que trabajar los posibles escenarios de la evolución del país bajo el impulso de la actual transformación estructural, y en este marco el papel de las mipymes, teniendo en cuenta la situación internacional, , para trazar una estrategia clara en lo tocante al papel regulador y orientador del Estado revolucionario.

En esa prospectiva hay que proyectar la evolución de un factor que deberá estar mediando entre la sociedad cubana y su entorno global : la voluntad nacional de no dejarse atrapar por la fuerza centrípeta del capitalismo senil y de ser una sociedad próspera, altamente competente, cooperativa, solidaria y humanista, culta, ajena al consumismo, a la ostentación y al lujo obsceno, protectora del ser humano, de la naturaleza y del medio ambiente.

Ahora solo es dable tener en cuenta que sería ingenuo pensar que estos cambios, en materia económica, no tendrán repercusiones en el orden ideológico y político. De hecho, es creciente el número de solicitudes para la creación de estas empresas, solicitudes en las que van predominando en amplitud  las privadas.

En las nuevas circunstancias, en las que se ha ido imponiendo en todo el país la comprensión del papel de las mipymes s, han comenzado a naturalizarse palabras como dueñocompetencia y negocio. Todas ellas son susceptibles de análisis sociolingüístico. Su empleo y significados no solo reflejan la realidad, sino también la construyen. Me detendré ahora en la última de ellas.

El “negocio” y el negocio

El término negocio es utilizado  cada vez más en la comunicación social con un significado, aún no diría que positivo, sino neutral, admitido.

Consulté varias fuentes acerca de la etimología de la palabra y es generalizada la coincidencia en ver su origen en la unión de dos componentes: el prefijo nec, que refiere  la negación y otium, que significa ocio. De manera que negocio. literalmente significa: no estar sin hacer nada. Por lo que se  infiere que se interpreta como hacer algo útil. El lenguaje coloquial lo relaciona con una actividad económica lucrativa, como la vía para obtener dinero, ganancias.

Sin embargo, para la Real Academia Española (RAE) este significado aparece solo en la tercera acepción: “3. m. Aquello que es objeto o materia de una ocupación lucrativa o de interés.” Antes define negocio como: “1. m. Ocupación, quehacer o trabajo y 2. m. Dependencia, pretensión, tratado o agencia.” Ninguna de las seis acepciones que distingue la RAE, aparece marcada con un sesgo peyorativo.

La página web Ecured.cu lo define de este modo: “Así pues se considera negocio a cualquier labor o actividad ejecutada con el fin de recibir dinero a cambio de esto, siendo entonces uno de los pilares para la economía de un país, los negocios pueden variar dependiendo de la actividad que se realice. Sin embargo, como actividad humana que involucre el dinero, los negocios se encuentran regidos bajo leyes que buscan el bienestar de las operaciones en una empresa, todos aquellos que infrinjan dichas leyes impuestas por cada país, es considerado como un negocio ilegal o fraudulento”.[iv]

En Cuba, durante mucho tiempo, el término “negocio” (“negoceo” o “bisne”, su vulgarizada expresión prestada del inglés) tuvo una clara significación peyorativa que aún subsiste y que la mayor parte de las veces se identificaba con una actividad ilícita para ganar dinero fácil ya fuese robando o estafando a otros, en especial  al Estado.

Hoy ha comenzado a emplearse el vocablo de modo natural en los medios y en la calle. Ello es, sin duda, un reflejo en el lenguaje cotidiano de la comprensión acerca de la necesidad de las  mipymes como un importante componente del entramado del metabolismo socioeconómico del socialismo cubano.

Sin embargo, sabido es que el mercado crece como la mala yerba, y si bien las relaciones mercantiles y la propiedad privada pueden jugar y de hecho juegan un papel positivo en el estímulo a la producción y la productividad, tanto de bienes como de servicios, también estimulan la obtención mayor de ganancias, el afán de lucro y el individualismo, que pueden derivar en comportamientos socialmente negativos por lo que los nuevos negocios (sin comillas) no están per se exentos del surgimiento de las malas prácticas.

La política de fomentar una economía mixta con predominio de la propiedad social socialista sobre los medios fundamentales de producción y servicios y demás propiedades socializadas —las riquezas naturales, la infraestructura, tipo de propiedad que lleva el peso fundamental de la economía del país y que debe considerar a las  mipymes no un simple complemento, sino un importante factor para estimular el mercado interno, satisfacer necesidades sociales y promover la prosperidad—, es una necesidad y se fundamenta en la cultura general integral de nuestra sociedad, su capacidad creativa, a la par que deviene factor importante en la democratización de la actividad económica del país y no tiene marcha atrás.

Hoy tenemos una mejor política

Los procesos vividos y pensados desde  2011 hasta la fecha, si bien no han tenido aún un análisis crítico pormenorizado que esclarezca nuestras deficiencias, nos han conducido hasta la política económica coherente y prometedora que el Partido promueve hoy.

Pero el éxito de esta misión, desde el punto de vista de la construcción social de orientación socialista, fundamento del imperativo de alcanzar la mayor justicia social posible, no está asegurado solo porque hayamos convenido y estemos convencidos de que va a funcionar según lo esperado.

Hay que atender, paso a paso sistemáticamente, todo el proceso y en su decurso cambiar lo que deba ser cambiado. Y en eso la responsabilidad es compartida por el Estado, el Partido, los actores económicos, los trabajadores y el pueblo en general. Corresponderá al Partido la misión de velar porque los trabajadores en todos los emprendimientos económicos dentro de nuestra realidad de economía mixta, no solo se identifiquen y piensen como colectivo, sino también como país, por tal razón su actividad económica deben sentirla íntimamente vinculada con el destino de Cuba, con el crecimiento de nuestra nación y de los valores socialistas.

“El objetivo general del sistema es continuar desarrollando la identidad social socialista de los trabajadores y socios, mediante la dirección articulada de los actores de nuestro sistema político —liderados por el PCC— en la diversidad de espacios y niveles, logrando su motivación, organización, capacitación y participación protagónica como sujetos de transformación social.” [v]

El propósito es como reiteró el compañero Homero Acosta[vi], secretario de la Asamblea Nacional del Poder Popular,  buscar igualdad, pero no la igualdad de la pobreza, sino la igualdad del bienestar, generando todos los actores económicos del país, estatales y no estatales, más capacidad y riqueza, algo que puede lograr el Estado Socialista de Derecho cubano con adecuadas políticas de distribución de esa riquezas.

Hay que arrinconar y contrarrestar el individualismo y promover la solidaridad, la relación con el lugar donde existe y funciona la mipymes, con su gente, sus condiciones y los principales problemas que enfronta. Se trata no solo de la contribución para el desarrollo sostenible de los municipios, que sin duda alguna establece un importante nexo entre los emprendimientos y la localidad, sino de la coordinación, de las buenas prácticas solidarias similar a  las que hemos visto en este tiempo de pandemia de parte de no pocos emprendedores privados, que es fruto genuino de la transformación cultural que ha experimentado la sociedad cubana.

No es simplemente crecer, porque podemos tener mejores resultados económicos y terminar siendo menos solidarios, menos socialistas. La misión es crear ”la riqueza material y espiritual para satisfacer necesidades de la sociedad en su conjunto, convocados todos a impulsar, cada uno desde su ámbito, el desarrollo de la nación”.”[vii]

“…un tipo de crecimiento con la consiguiente transformación estructural; la consolidación de valores, prácticas y concepciones que orientan y fundamentan ideológicamente la gestión; y la legitimación del proyecto político que la enmarca, a través del ejercicio de la participación protagónica de los trabajadores y el pueblo organizado”.[viii]

El Estado socialista tiene la responsabilidad de hacer el balance de la economía mixta nacional y avanzar, gradualmente, hacia el empoderamiento de la sociedad en todos los planos y niveles de la actividad económica, de los colectivos de las empresas estatales, de las cooperativas, de los emprendimientos privados, de la comunidad.

Contemplado  en una perspectiva histórica, imaginando el sueño de un Estado que ya traspasó todas o casi todas sus funciones a la sociedad, lo que evidentemente perdurará es la realidad comunitaria, , el sistema de relaciones que se establecen en ella, algo consustancial a la naturaleza humana: la relación con lo social inmediato y cotidiano y con el medio natural, con el hábitat de la comunidad. Fortalecer el socialismo en las raíces de la sociedad es su mayor garantía. En esa perspectiva hay que abonar el desarrollo cultural, ajeno a la diferenciación jerárquica mercantil de las personas, que cultive la cooperación, la ayuda mutua, la solidaridad y la gestión colectiva, la felicidad y el bien común.

[i]   Miguel Díaz-Canel Bermúdez, Discurso en la clausura del II Pleno del Comité Central de Partido Comunista de Cuba, periódico Granma, 24 de Octubre de 2021, https://www.presidencia.gob.cu/es/presidencia/intervenciones/discurso-en-la-clausura-del-ii-pleno-del-comite-central-de-partido-comunista-de-cuba/

[ii]  Personalmente siempre he visto como más idónea la asociación (o también formas de arrendamiento) de los colectivos con el Estado para las empresas medianas, dando a los integrantes del colectivo toda la autonomía necesaria para que desarrollen los emprendimientos, de modo que la propiedad de los medios quede siempre en manos del Estado en representación de la sociedad, lo que naturalmente implica que las correspondientes contrataciones dejen bien esclarecidas las condiciones de empleo, mantenimiento y desarrollo de estos medios.

[iii]  Se suele emplear más la frase “sentido de pertenencia”, solo que considero más cercano al propósito que se refiere a la cohesión en el colectivo laboral la expresión; “sentimiento de pertenencia”, pues no se trata solo de sentirse bien en el grupo, reconocido, ser parte, sino que abarca los sentimientos más íntimos de la persona, sus afectos, su identificación con el colectivo, sus necesidades y deseos.

[iv]  https://www.ecured.cu/Negocio. Se transcribe tal como aparece.

[v]  Intervención de Joel Queipo Ruiz, miembro del Secretariado del Comité Central y jefe del Departamento Económico en el II Pleno del CC del PCC, periódico Granma del 24 de octubre de 2021,  https://www.granma.cu/cuba/2021-10-28/la-economia-tambien-es-politica-e-ideologia-video

[vi]  Ver: https://www.presidencia.gob.cu/es/noticias/la-economia-tambien-es-politica-e-ideologia/

[vii]  Intervención de Joel Queipo Ruiz, miembro del Secretariado del Comité Central y jefe del Departamento Económico en el II Pleno del CC del PCC, periódico Granma del 24 de octubre de 2021,  https://www.granma.cu/cuba/2021-10-28/la-economia-tambien-es-politica-e-ideologia-video

[viii]  Ibídem.

sábado, 25 de julio de 2020

Un comentario sobre la estrategia de salida de la crisis


Julio 23, 2020 Dario Machado CubaPeriodista
El Gobierno revolucionario ha informado recientemente acerca de las nuevas medidas económicas destinadas a acelerar los cambios necesarios, contenidas en la Estrategia económico-social para el impulso de la economía y el enfrentamiento a la crisis mundial provocada por la COVID-19.
En su conjunto son medidas previstas en las proyecciones discutidas en amplios procesos de debate nacional, amparadas por nuestra nueva Constitución, que se quedaron demoradas y hoy son aceleradas por la situación de crisis. Su vigencia se medirá en años.
No pocos esperaban una iniciativa gubernamental más amplia y robusta ante a la inminencia de transformaciones para afrontar las nuevas complejidades y desafíos que han puesto en tensión al mundo y a la sociedad cubana.
Ya está trazada la estrategia y han comenzado las acciones no solo donde es más rápidamente aplicable, sino donde es más urgente. El escenario futuro siempre será una sucesión de coyunturas, la acción consciente en pro del escenario más favorable podrá gestionarlas con una clara perspectiva solo a través de una estrategia bien definida y esta misma deberá ser flexible, lo que significa tener la capacidad dentro de sus líneas generales de incorporar los cambios que la realidad misma aconseje.

Las realidades

La estrategia se fundamenta en la imperiosa necesidad de partir de las realidades con plena conciencia de cómo estas son hoy para poder incidir sobre ellas en función de avanzar en dirección al futuro próspero y sostenible que postula el ideal socialista cubano aun desde la actual situación. No ver la realidad resultaría letal.
Lo anterior no es asunto menor. Aunque parezca una perogrullada recuerda que es preciso reconocer que en nuestra sociedad se entremezclan hoy realidades que nos sitúan a todos en un plano de plena igualdad, como otras que nos diferencian, en un diapasón mucho más amplio que el que hemos conocido a lo largo del proceso revolucionario y ha quedado instalado en la psicología social. De ahí también la necesidad de un cambio de mentalidad.
La plena igualdad se expresa esencialmente en los derechos que garantiza la Constitución de 2019, en las políticas sociales tradicionales de la revolución, en los subsidios a los alimentos, la electricidad, etc.
Las diferencias están dadas hoy no solo por la posición que cada uno ocupamos en la división social del trabajo, sino también por otros factores, que introducen desigualdades no provenientes del trabajo: como por ejemplo las remesas o la suerte de tener una vivienda que puede convertirse en un hostal y por ello obtener ganancias extraordinarias. Hay extremos de esa realidad que pueden resultar chocantes o irritantes, pero son eso, diferencias extremas, no las que promedian en nuestra sociedad, que hoy también reconoce el derecho a recibir según el aporte.
Se necesitan muchas nuevas ideas y quienes las sepan aplicar.
No es de extrañar que entre las medidas más discutidas e incomprendidas esté la de la venta –entre otros artículos- de alimentos en divisas libremente convertibles, que es en mi criterio la más coyuntural y efímera en la perspectiva. Una sociedad que se dirige prontamente a la unificación monetaria tendrá más temprano que tarde que eliminar esa suerte de mercado cautivo que hoy juega el papel de captador de divisas imprescindibles para la economía nacional, la que respalda las políticas sociales. Ocurre ahora como en su momento pasó con las TRD que también evidenciaron desigualdades preexistentes en la sociedad.
Son, sin embargo, medidas necesarias, pensadas desde la política, desde la ciencia y desde la opinión pública. Duras y difíciles, pero adoptadas responsablemente con el compromiso de preservar un propósito fundamental del socialismo cubano: garantizar la equidad y la justicia social. Por ello, un importante elemento de la actividad ideopolítica en este proceso radica en argumentarlas  claramente una y otra vez y en transparentar cada una de ellas en el decurso de su aplicación.
Una de las direcciones fundamentales de la estrategia es la de construir un círculo virtuoso de los emprendimientos productivos con sus diferentes formas de propiedad. El Estado y el Gobierno a todos sus niveles deberán aprender a regular sin ahogar, a estimular e incentivar a los productores, eliminando las trabas del burocratismo, propiciando la iniciativa y haciendo valer las leyes.
La aplicación de un enfoque científico integral  es garantía de resultados tangibles. Sin la articulación eficiente de las actividades socioeconómica, organizativa, jurídica-normativa e ideológica política no es posible la construcción social de orientación socialista. De ahí que, por ejemplo, la explicación, el alerta a tiempo, el convencimiento, la exigencia son importantes agentes de cambio, pero no bastan. Sin una buena organización que implique la participación en las decisiones, sin una dirección eficiente, sin la aplicación estricta de la ley, sin certeros objetivos económicos no pueden esperarse los resultados que se necesitan.
El mercado que ahora debe crecer en Cuba debe mantenerse alejado del consumismo y del lujo obsceno. Obviamente, no cabe aspirar a normativas uniformadoras que nada tienen que ver con la naturaleza humana, diversa, sino a conservar los límites razonables que impone el imperativo de la justicia social, de la salud humana, del cuidado del medio ambiente y de la preservación de la naturaleza. El sentido socialista de la estrategia se basa en reconocer la importancia del lado positivo del mercado, cuidando que este no imponga su jerarquía.
Las necesidades básicas, imprescindibles, tales como la alimentación, la vestimenta, la vivienda, etc. hoy con visibles limitaciones, deberán poder satisfacerse atendiendo a los gustos y preferencias individuales marcadas también por los hábitos y costumbres de nuestra identidad cultural y por el contexto geográfico. El conocimiento del consumo es una variable decisiva en la construcción de una economía de orientación socialista y, por ende, factor fundamental en la planificación. En consecuencia debe ser estudiado. Cuba necesita una entidad de investigación que se dedique al estudio de la demanda del país, que permita conocer las preferencias y que contribuya a la educación del consumo.
Las ciencias sociales pueden aquí hacer nuevos aportes con resultados en pocos meses para acompañar el proceso de realización de la estrategia.  Tampoco debe faltar la realización de estudios de escenarios a mediano y largo plazo, para contribuir a redefinir las estrategias y su enrutamiento.

Sobre el papel de la actividad ideopolítica

En la aplicación de esta estrategia dirigida a la ampliación, desarrollo, fortalecimiento y estabilización virtuosa del mercado interno, surgirán modalidades de relacionamiento en las que resulta indispensable el papel de la actividad ideopolítica en la eliminación de trabas al desarrollo, en la preservación de los valores altruistas y solidarios cimentados por la revolución socialista, en escuchar al pueblo y analizar el comportamiento de la estrategia para llamar la atención sobre eventuales desviaciones, y también sobre los resultados relevantes y contribuir así a rectificar o a extender y acelerar las experiencias positivas.
La actividad periodística a través de los medios de comunicación social tradicionales y digitales tendrá por delante la tarea de contribuir a acompañar, testimoniar y analizar el proceso de aplicación de la estrategia como componente esencial de la acción cultural y de la democracia participativa del socialismo cubano, y contrarrestar las campañas mediáticas dirigidas a sabotear la aplicación de las medidas adoptadas.
El ser humano no es un ser únicamente económico, tampoco se define por las cosas que tiene por más que sean necesarias, sino por el complejo de valores que orientan su comportamiento social. En medio de las desigualdades, hay un conjunto de valores que nos identifican como cubanos y que es preciso preservar y fomentar frente al lado negativo del mercado.
Entre los rasgos de la personalidad que pautan la conducta del cubano no predomina hoy la avaricia ni la tacañería. Sí la necesidad de seguridad propia y de su familia, la tendencia al mejoramiento material y espiritual, la equidad, la libertad, la necesidad del descanso y la diversión, la preocupación por la calidad de vida en la vejez. Estos rasgos están presentes en diferentes formas y grados en todos los colectivos laborales y en la familia y no se satisfacen con medidas simplemente económicas.
Con el voto abrumadoramente mayoritario de nuestra población, la nueva Constitución confirmó el ideal comunista como un horizonte cuyo papel inmediato es evitar que el objetivo socialista se convierta en una caricatura capitalista. Al ideal socialista, encaminado en esa dirección, le corresponde el papel de orientar la construcción socialista a tono con el contexto actual. Y obviamente con soluciones puramente mercantiles no irá nunca en esa dirección.
Un presupuesto es elemental: si dejamos la economía en manos del mercado, o sea, si suponemos que el propio Estado socialista es un obstáculo al desarrollo, aun reconociendo su papel en aquellas ramas básicas: minería, energía, infraestructura y  si aceptamos que la ideología socialista obstaculiza el desarrollo, entre las consecuencias que pueden esperarse hay al menos dos que se complementarán: un Estado y una actividad ideopolítica ausentes en el proceso económico de una parte decisiva de la población que reproducirá su vida a tono con su posición en la división social del trabajo dentro de una lógica puramente mercantil y en consecuencia su conducta estará bajo la influencia creciente de la presión osmótica tanto material como mediática del capitalismo. Un binomio que tendría más temprano que tarde consecuencias políticas perniciosas para la independencia, la soberanía nacional, la identidad cultural, en fin, para los intereses económicos, sociales y políticos del pueblo trabajador, de la nación cubana.
Si la acción económica se produce con la utilidad como única motivación y esta se convierte en un fin en sí misma, el alejamiento y menosprecio del papel social de la producción de bienes y servicios se dará por descontado; el bienestar que la sociedad espera con la satisfacción de sus necesidades sufrirá y la ganancia a cualquier precio se convertirá en un virus incurable con perniciosas consecuencias sociales. El contexto internacional signado por la competencia desmedida y el consumismo lo cultivarán. No debe olvidarse que del sueño decimonónico de un capitalismo liberal pletórico de ponderación y honestidad hace rato que despertó la humanidad.
Aplicar la estrategia definida no será un camino exento de riesgos y consecuencias no solo positivas, sino también negativas y ello tanto en el orden material como psicosocial. Habrá un período de adaptación que debe transcurrir con agilidad, sin más dilación, junto con una eficaz administración de los riesgos y posibles daños.

Hacer el país que sintetiza la Constitución

Lo expuesto hasta aquí -y ante las transformaciones inminentes en la sociedad cubana- nos conduce nuevamente a la pregunta cardinal respondida por la inmensa mayoría de la ciudadanía al aprobar la nueva constitución el pasado año: ¿Qué país queremos? ¿Cómo queremos emerger de la crisis?
La estrategia que ya conocemos en sus rasgos y principios fundamentales es continuidad del propósito de la construcción social de orientación socialista. Su realización plantea tareas decisivas que exigirán de todos dejar atrás prácticas y enfoques que ya poco o nada tienen que ver con la problemática actual, sin perder el fiel que pauta el ideal socialista. Su aplicación tendrá éxito si se comprende como tarea de todos, lo que significa contar con todos, no solo para hacer, sino también para pensar y decidir.
Partiendo de mantener el enfoque integral y el papel de una planificación nacional que coordine el funcionamiento del metabolismo socioeconómico del país sobre la base de la creciente participación de los actores económicos ahora con una mayor autonomía y con la finalidad de orientar el curso de la economía y no para ir al retortero del mercado, considero de particular importancia -sin pretender apuntar todo lo que es necesario- tener presente en la práctica:
  • que es imprescindible la prontitud en la realización de los cambios necesarios, muy en particular en la producción agropecuaria;
  • que la transparencia y la información oportuna y suficiente debe mantenerse sin lagunas;
  • que no basta reconocer que existen diferencias en las aptitudes y capacidades de las personas, la sociedad debe validarlas en sus pautas de funcionamiento socioeconómico;
  • que se conjuren las tendencias consumistas y no solo ideológicamente, sino con la aplicación de políticas con esa finalidad;
  • que no se descuide el imperativo de limitar conscientemente mediante una adecuada política fiscal y con normativas legales específicas el incremento irracional de la propiedad y su consecuencia: la acumulación de poder económico en pocas manos;
  • que se proteja al ciudadano del abuso de quienes buscan ganancias individuales mediante el fraude y la especulación,
  • que la protección de la naturaleza y del medio ambiente sean elemento siempre presente y
  • que no se abandone el principio de que al socialismo no le puede sobrar nadie.
Cuba enfrenta un camino difícil, no exento de riesgos en el que no hay lugar para la indecisión ni para errores garrafales. La estrategia definida, como toda obra humana es perfectible, pero señala un camino racional y su realización nos beneficiará a todos, no exactamente del mismo modo en todos los aspectos, pero a todos.

Dario Machado

Licenciado en Ciencias Políticas y Doctor en Ciencias Filosóficas. Preside la Cátedra de Periodismo de Investigación y es vicepresidente de la cátedra de Comunicación y Sociedad del Instituto Internacional de Periodismo José Martí.