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"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." ""Creo que mientras más critica exista dentro del socialismo,eso es lo mejor" Fidel Castro Ruz
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jueves, 2 de marzo de 2023

ANIVERSARIO 90 DE MANUEL PIÑEIRO LOSADA (BARBAROJA)

 Por Joaquín Benavides Rodríguez  

Ayer 1ro de marzo nos reunimos más de 300 antiguos compañeros de Piñeiro, en la Casa Cultural del Alba en línea y D en el vedado para conmemorar el 90 aniversario de un Revolucionario con mayúscula, que acompaño con lealtad y eficiencia mientras vivió, en primer lugar a Fidel, también al Che y a Raúl, como quedo de manifiesto en las intervenciones e historias de vida de varios de los que fueron sus compañeros de lucha en determinadas etapas de su fecunda actividad revolucionaria y antiimperialista. 

Yo fui su amigo desde que ambos estudiábamos en el Instituto de Matanzas. Nunca dejamos de ser amigos. Siempre lo respete como al jefe revolucionario que supo interpretar y ejecutar con mucha inteligencia y habilidad el pensamiento de Fidel de como conducir la lucha antiimperialista en América Latina. 

Al concluir el acto me encontré y salude a viejos compañeros de muchos años, que para mi sorpresa, casi en su totalidad me expresaron que leían todo lo que venía escribiendo en los últimos años, no en Granma ni en Cubadebate, sino en una especie de Circuito, por correo electrónico,  que varios compañeros, economistas todos, que ocupamos responsabilidades en distintas etapas de nuestro Gobierno y también en el Partido, hacemos un esfuerzo, infructuoso hasta ahora, porque nuestro gobierno, el de ahora, al menos nos oiga en una forma presencial, que permita debatir. Uno de ellos, me dijo, no te han hecho caso y quizás sigan sin tomarte en cuenta, pero sigue escribiendo. Ese fue el mensaje muy claro y directo que me dieron todos, combatientes revolucionarios de todas las etapas, preocupados por supuesto por las dificultades, en especial económicas, que enfrenta el País de todos para salir de la crisis. 

Y estoy convencido que Piñeiro, BARBAROJA, nos habría dicho lo mismo, continúen escribiendo.

Estoy seguro que Humberto Pérez, Fidel Vascos, Julio Carranza, Juan Triana, Pedro Monreal, Miguel Figueras, Humberto Herrera Carles, otros y también yo, continuaremos escribiendo, muy alejados de protagonismos, pero si con la convicción de que el peor servicio que se le puede hacer a nuestra Patria, es quedarnos callados no aportar para tratar de evitar errores evitables. Recordemos que fue Martí y también Fidel  quienes nos enseñaron, que UNA VERDAD DESDE EL FONDO DE UNA CUEVA PUEDE MAS QUE UN EJERCITO. 

 02/03/2023

lunes, 14 de marzo de 2022

Cuba-Manuel Piñeiro-Barbaroja

 13 de marzo de 2022

Por Tony López R*. Especial para PIA Global.
A 24 años de la desaparición física del comandante Manuel Piñeiro. Barbaroja.

El 12 de marzo se cumplieron veinticuatro años de la desaparición física del comandante Manuel Piñeiro Losada, conocido nacional e internacionalmente como Barbaroja. Que este modesto y sentido articulo sirva de recordación a uno de los hombres cuya historia revolucionaria estuvo ligada al quehacer del movimiento revolucionarios latinoamericano y caribeño, africano y asiático y a la política internacional de la Revolución Cubana.

Como vice ministro primero, del recién creado Ministerio el Interior el 6 de junio de 1961, Piñeiro se había dedicado junto a otros compañeros a la formación de los órganos de la Seguridad del Estado, entre ellos con Osvaldo Sánchez, Abelardo Colomé Ibarra y otros heroicos combatientes revolucionarios, que desde el mismo 1eo de enero del año 1959, cuando triunfa la Revolución tienen que enfrentarse a la furia del imperialismo estadounidense. 

El joven proceso revolucionario liderado por el Comandante en Jefe, Fidel Castro Ruz, tuvo que enfrentarse a las más sanguinarias acciones que Estados Unidos, apoyados inicialmente por criminales esbirros de la dictadura de Batista y sectores de la derecha cubana radicados en Miami, organizaron estructuras y bandas contrarrevolucionarias en dicha ciudad y en el interior de Cuba.

Acciones terroristas desarrolladas en los primeros años de la Revolución, las que fueron acompañadas con un brutal bloqueo económico y comercial que se puso en marcha desde el mismo año 1959 cuyo propósito era procurar la insatisfacción popular, por las carestías, el hambre y la miseria, que sirvieran de base a una oposición contrarrevolucionaria. Conducta que aún hoy a 63 años se mantienen.

Piñeiro en una intervención que hizo en el I Congreso de la UJC

Frente a esa política, que llegó a tal extremo, que además de las bandas asesinas que organizaron en varias regiones del país y especialmente en el macizo montañoso del Escambray, organizaron un ejército de mercenario entrenados y dirigidos por la CIA,  desde el año 1960 en Guatemala y Nicaragua de donde partieron  para  desembarcar en abril de 1961 por Playa Girón, en la Bahía de Cochino, escenario donde el imperialismo yanqui con sus más de 1500 mercenarios, aviación incluida y apoyo logístico, tuvo la primera y humillante  gran derrota militar en nuestra región.

Es a toda esa acción que los órganos de nuestra querida Seguridad del Estado, G-2, tuvo que enfrentarse y que hoy a 63 años del triunfo revolucionario se enfrenta con profesionalidad, respeto y heroico trabajo.  Fue en aquella época donde Piñeiro juega un papel destacado, junto con una pléyade de hombres y mujeres que entregaron sus vidas en el silencioso trabajo de la seguridad, y como nos decía Barbaroja, ustedes son hombres y mujeres del silencio.

Gracias a su trabajo como vice ministro primero, al frente de los Órganos de la Seguridad. La penetración al interior del enemigo y solidaridad internacional, lograda por esa delicada labor de información de la inteligencia cubana sobre el plan de intervención militar de Estados Unidos en Cuba, los llevó al más absoluto y humillante fracaso.

Durante una reunión con Fidel, de izquierda a derecha los compañeros Joa, Juan Carretero, el periodista chileno Sergio Pineda, el comandante Manuel Piñeiro y Armando Campos. | fotos: Cortesía del Centro de Estudios Che Guevara y archivo familiar del comandante Manuel Piñeiro

Con la información recibida y detectada con tiempo y las medidas tomadas y ordenadas por nuestro Comandante en Jefe, de detener y desarticular las organizaciones contrarrevolucionarias y células internas en la cual Piñeiro jugo un papel importante en su ejecución al neutralizar el plan enemigo. Y la de Fidel, de ponerse al frente de toda    aquella aguerrida tropa de milicianos, del batallón de la Policía Nacional Revolucionaria y del Ejército Rebelde, en la zona del desembarco mercenario para enfrentarlos fue el resultado de una gran victoria militar que solo duro 64 horas.

No resulta fácil hablar de una paradigmática figura como la del comandante Manuel Piñeiro Losada, y expresar en pocos párrafos todo lo que significó y significa para nuestro pueblo y los de Nuestra América indo latinoamericana y caribeña. Ello es un verdadero desafío.

Difícil además porque estoy escribiendo de alguien a quien, por la discreción de sus funciones y misiones realmente no conocimos en todas sus facetas y dotes naturales de su personalidad. Sus acciones y muchas de ellas se quedarán cortas y mucho quedará por conocer. Precisamente ese carácter compartimentado de su actividad o una visión simplista de su labor puede haber llevado a algunos a no comprender la amplitud y la esencia política reales de la misma. 

Salvador Allende, Piñeiro y Fidel

Nuestra juventud y pueblo debe conocer la estatura política y dimensión de Barbaroja, dado su importantísimo papel en la Revolución como ayudante, y subordinado directo y personalizado, amigo e interlocutor prácticamente cotidiano con el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, en los complejos quehaceres de la elaboración y ejecución de la política exterior antiimperialista y la acción internacionalista de nuestra Revolución.

Su histórico legado, desde su discreta y callada labor en defensa de la soberanía e independencia de Cuba, lo coloca en un alto sitial de honor.  Su apasionada entrega solidaria e internacionalista con la lucha de los pueblos excluidos y oprimidos de nuestra América y de otras latitudes y al trabajo de influencia política en la región, lo sitúa como uno de los combatientes más destacado, leal y firme en ese empeño, a las órdenes del Comandante en Jefe.

Como ser humano maravilloso; para algunos un jefe que era maestro y amigo, que infundía respecto a la vez que era accesible y jovial.  Ya en el plano familiar, alguien quien potenciaba casi todo su tiempo para el quehacer revolucionario, quien empataba las madrugadas con el día y apenas descansaba, no obstante, era tierno y amoroso en el seno familiar, y pudo sacar momentos para leerles cuentos y regodearse en el juego con sus hijos. Manolito y Camila eran su pasión junto a su pequeña nieta.

Nacido en Matanzas el 14 de marzo de 1933, fruto de una familia de emigrantes españoles “gallegos” y, el menor de los tres hijos del matrimonio de Serafín Piñeiro y Elisa Losada, creció en un ambiente familiar económicamente acomodado, pero donde se inculcaba la ética del trabajo, de vivir con honradez y el espíritu de justicia. Se educó alternando sus estudios con el trabajo en el Café la Dominica de la cual eran dueños la familia Piñeiro Losada.

El golpe de Estado del 10 de marzo lo encontró finalizando sus estudios de bachillerato. Como otros muchos estudiantes, se declaró contrario al régimen batistiano y se vinculó a protestas estudiantiles contra la dictadura. Alertados y con el fin de alejarlo de tan convulso escenario, su madre tomo la decisión de enviar a su amado Manolito a estudiar a los Estados Unidos.

En Estados Unidos se desarrollaron aún más sus inquietudes políticas y su visceral rechazo a las desigualdades sociales, la discriminación que pudo apreciar durante sus estudios en la Universidad de Columbia en Nueva York. Allí su ya descollante figura entre el estudiantado latinoamericano, lo llevó a que lo eligieran Secretario General de la organización de estudiantes latinos en aquel centro de estudio.  Allí conoció a su primera esposa la estadounidense Lorna Burdsall, con la que tuvo su primer hijo Manuel Kahlil.

Regresa a Cuba ese año 1955, se conecta con el ambiente antidictatorial y en agosto por decisión de la Dirección Nacional del Movimiento 26 de Julio se constituye la Dirección Provincial en Matanzas y Piñeiro queda al frente de las Brigadas Juveniles y Estudiantiles, en reunión efectuada en Jovellanos, presidida por Antonio “Ñico” López, Faustino Pérez, Aldo Santamaría y el propio Piñeiro.

Simultáneamente ejecuta actividades conspirativas y acciones contra la dictadura. Ya bajo la mira de las fuerzas represivas, la dirección del Movimiento le instruye ubicarse en La Habana, donde, continúa, con el apoyo de su esposa Lorna Burdsall, desarrollando ambos riesgosas e importantes actividades revolucionarias, incluyendo el trasiego de armas que hizo llegar a la Sierra Maestra.  

Cuando la situación lo exigía se le indica trasladarse a las montañas orientales. Incorporado en julio de 1957 a la Columna No 1 dirigida por Fidel, Piñeiro participó en numerosos combates en la Sierra Maestra, destacándose por su tenacidad en la lucha, arrojo y valentía. Luego de participar en el segundo combate de Pino del Agua, Fidel decide al apreciar sus cualidades y valentia, integrarlo a la Columna 6 Frank País al mando de Raúl Castro para fundar el II Frente Oriental en la Sierra Cristal.

En el II Frente muy rápidamente Piñeiro se destacó por su versatilidad, inteligencia y laboriosidad, por lo que el Jefe del Segundo Frente comenzó a darle diversas tareas de dirección.  Piñeiro fue un puntal inseparable de Raúl; un combatiente capaz de unir, atraer, organizar y controlar, un hombre intachable.

Para conocer la valía y las características de Piñeiro, conozcamos lo que, sobre él señalo el comandante Augusto Martínez Sánchez, miembro de la comandancia del II Frente, señala “Piñeiro fue ascendido a capitán y nombrado Inspector territorial y miembro de la comandancia central; era incansable y se movía por todo el territorio que ocupábamos”.

El “gallego”, como le decíamos, añadió, era la exploración necesaria para detectar todo lo que podía ser un elemento de importancia política y militar en el desarrollo de la guerra. Su presencia se hacía notar en los lugares de mayor peligro y aportaba seguridad, firmeza y confianza.”.

Como Jefe de la Dirección de Personal e Inspección, Piñeiro tenía subordinada a esa dirección las secciones de Radio, Claves y Mapas Militares, Personal, Radio y Comunicaciones, inspección territorial y la sección de Policía Rebelde e Inteligencia. O sea, concentraba todo lo relacionado con los aspectos más secretos de la guerra, pero también con un alto contenido político.

El 28 de diciembre del 1958 luego de la toma de Palma Soriano por las fuerzas rebeldes dirigidas por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, junto a otros seis destacados combatientes guerrilleros, Manuel Piñeiro es ascendido al grado de comandante.

El 1ºde enero por órdenes de Fidel, Piñeiro permanece en Santiago junto a Raúl para asegurar la recién ocupada ciudad.  En la primera semana de febrero de 1959, Raúl viaja a La Habana y a propuesta de Raúl y por órdenes del Comandante en Jefe, Piñeiro es nombrado como Jefe de la Plaza Militar de Santiago.

Barbaroja y el Che

Como ejemplo de su temprana visión e impronta políticas, está el impulsó que dio a la organización y festejos del 1º de mayo en Santiago de Cuba lo que preocupó no solo a la burguesía criolla, también al imperialismo, pues Piñeiro junto al Che, desfilan en homenaje al Día del Trabajador, pero como nota sobresaliente, en ese acto desfila por primera vez en Cuba una representación de la milicia obrera y campesina cuyo mentor obviamente era Piñeiro. Ese hecho definía claramente la posición política del barbado jefe del Ejército Rebelde en la provincia de Oriente.

A mediados de 1959 se incorpora al Estado Mayor del Ejército Rebelde en La Habana, pasa fugazmente por la PNR y en los últimos meses de 1960, bajo el nombre de Celestino Martínez, como consta en el pasaporte que utilizó en ese viaje, totalmente afeitado y sin su llamativa barba roja, parte a Moscú y se incorpora, en la mayor secretividad sobre su identidad, a un curso de Inteligencia en la escuela de la KGB.

En una carta que le envía a su esposa Lorna, le cuenta “estoy en una finquita, alejado de todo y cada vez más clandestino “Tenemos que prepararnos, porque la lucha será muy larga y frente a enemigos poderosos”.

Al regresar a Cuba inicia un intenso trabajo junto a otros compañeros en la formación de los Órganos de la Seguridad del Estado. Como sabemos, el 6 de junio de 1961 se funda el Ministerio del Interior, teniendo al comandante Ramiro Valdés como ministro y a Manuel Piñeiro como Vice-ministro Primero.  Desde ese momento y con un pequeño grupo de jóvenes oficiales, comienza a conformar la Dirección de Inteligencia, que llevó el nombre de Departamento M que devino unos años más tarde en la Dirección General de Inteligencia (DGI).

Más tarde, se crea, el Vice ministerio Técnico con Piñeiro al frente y dependiente de él, la Dirección de Liberación Nacional del Ministerio, dedicada a la atención del movimiento revolucionario democrático y progresista, África, Asia y especialmente de América Latina y el Caribe, en una etapa en que había venido arreciando el intervencionismo estadounidense contra la soberanía de los países de Nuestra América y proliferaban las dictaduras militares y regímenes entreguistas.

Ese trabajo internacionalista y nuestros aportes solidarios con aquellos que luchaban y luchan en nuestra región, tanto en el plano político y operativo como lo fue en su momento y estuvo siempre dirigido a empoderar a esas fuerzas democráticas y revolucionarias en América Latina y que alcanzaran la soberanía e independencia de sus pueblos.  

Entre las muchísimas y delicadas misiones que él dirigió, cumpliendo a pie juntillas las directrices del Comandante en Jefe y del Che, estuvo la llamada Operación Camilo Cienfuegos, que implicó burlar a la CIA y a todos los servicios de la Comunidad de Inteligencia yanquis y sus acólitos en la región, al lograr trasladar al Che y a grupo de heroicos combatientes desde Cuba a Bolivia, para iniciar la gesta guerrillera en ese país, sin que pudieran ser detectados. Y así fue.

Un camino de dos vías, en el que nuestra ayuda de principios a los pueblos en lucha y la red de amigos que se construyó han alimentado y ayudado a generar, como contrapartida, el acompañamiento y la amistad que los pueblos de la región y del mundo han retribuido también solidariamente a la Revolución Cubana. Eso es parte fundamental de la visión estratégica del Comandante en Jefe quien tuvo en el Comandante Piñeiro el brazo ejecutor de esa desinteresada pero firme apoyo solidario e internacionalista.   

La historia se encargará de recoger estas acciones y hechos, cuyos antecedentes están basados en las posiciones políticas, revolucionarias, independentistas e integracionista de Bolívar y Martí y cuyo ejemplo e influencia tuvo que ver en el ideario de Piñeiro, del Che y Fidel en su compromiso con lograr una América Latina y caribeña verdaderamente independientes y unidas.

Eran tareas de envergadura política muy apropiadas para la estatura de Piñeiro. Como tales y en nuevas circunstancias, a propuesta del Comandante en Jefe, en 1975 se crea el Departamento América, como parte del aparato auxiliar del Comité Central de Partido Comunista de Cuba y que continuaría desempeñando un importante papel en el desarrollo de las relaciones e influencia política en nuestro Continente.

El discreto y callado trabajo de Piñeiro y su equipo de oficiales y funcionarios en la defensa de la Revolución sobre todo las que tenían que ver con el apoyo al movimiento revolucionario y a las fuerzas políticas progresistas y democráticas en nuestra región, la que también se revertía de apoyo a la Revolución Cubana.

Dedicó innumerables horas a ampliar las relaciones de Cuba con prácticamente todos los sectores políticos y sociales de este continente, sin importar las posiciones ideológicas y la militancia partidista, siempre y cuando existiese un ápice de nacionalismo y honestidad.

En la amplitud de su labor llegó a los sectores más improbables, militares, conservadores, reformistas, religiosos, siempre bajo el principio fidelista que el espacio que no cubres lo ocupa el enemigo. Nunca en tales quehaceres hizo concesiones de principios. Era capaz de dialogar con disimiles interlocutores y debatir respetuosamente. Nos educó que con ‘teques’, es decir con discursos retóricos no se resolvían las diferencias. Indicaba no intentar convencer nunca a una persona ideológicamente diferente, sino lograr tener una relación fructífera para los dos.

Trabajó incansablemente a favor de la unidad de las fuerzas revolucionarias, nacionalistas y antiimperialistas, y nunca les ocultó que la defensa de la independencia y soberanía en este continente no serían posibles sin que, finalmente, de una forma u otra, se confrontara a los Estados Unidos.

Ni lo influyo el poder ni sobrevaloró su inteligencia. Te obligaba a pensar todos los días y en cualquier momento se aparecía con la última noticia del país que atendíamos y usaba su frase, ¡siempre en la viva!; gato ahí, que el enemigo puede venir por este lado y así era.

Exigente, pero no autoritario, siempre pedía las cosas de favor, profundamente humano, se preocupaba por la familia de los compañeros y se preocupaba de todos sus subordinados sin importar rangos, por quienes más se interesaba era por cualquier situación personal o de salud de los compañeros y de su familia, fueran secretarias, choferes, empleados de servicio o jefes de buró o sección.

Su querida esposa Martha Harnecker cuenta: “en noches y fines de semana entraba y salía gente de nuestra casa, eran compañeros cubanos, latinoamericanos y de otras latitudes, venían a buscar consejos y orientaciones, mientras que él satisfacía su avidez de información acerca de sus países. Manuel sabía darse tiempo para escucharlos con atención y nunca olvidaba preguntarle por sus asuntos personales: la familia, sus hijos, en fin, por lo que a él le caracterizaba como ser humano”.

Sirva este breve y limitado recuento de las actividades y acciones de Manuel Piñeiro Lozada, en el 24 aniversario de su fallecimiento y no olvidar nunca su ejemplo y el camino a seguir en la lucha de nuestros pueblos por lograr su verdadera soberanía e independencia. Honrar Honra.

Notas:

*Periodista, politólogo, analista internacional. Colaborador de PIA Global

Imagen de portada: El comandante Barbaroja en el centro de la lucha revolucionaria.

domingo, 14 de marzo de 2021

PIÑEIRO SIEMPRE TUVO UNA ENORME CONFIANZA EN LOS JOVENES QUE TRABAJAMOS BAJO SU DIRECCIÓN: UN TESTIMONIO SEGURAMENTE INCOMPLETO

 Por: Luis Suarez Salazar[1]¨

Cada vez que, desde las primeras horas de su desaparición física,[2] me he propuesto escribir sobre mi jefe, compañero, amigo y, en no pocas ocasiones, mi segundo padre, sin paternalismo,[3] se me agolpan tantas emociones y recuerdos que no siempre consigo sintetizarlos, ni encontrar las palabras más adecuadas para calificar la eminente importancia que él tuvo en mi formación política, profesional e intelectual desde que, sin haber cumplido 18 años, comencé a trabajar bajo su dirección.  

Lo dicho ocurrió en los primeros días de abril de 1967 cuando formé parte de un nutrido grupo de estudiantes universitarios y preuniversitarios (como era mi caso) de diferentes provincias del país que, luego de un riguroso proceso de selección, nos incorporamos a las diversas Secciones del entonces llamado Vice Ministerio Técnico (VMT) del Ministerio del Interior (MININT); incluidas aquellas directamente vinculadas a la multifacética solidaridad de nuestro liderazgo político-estatal y de nuestro pueblo con los movimientos revolucionarios de diversos países del mundo.

Nunca supe por qué, a pesar de mis protestas iniciales, me ubicaron en su Sección de Información (SI), dirigida por Ramón Sánchez Parodi; cuyas oficinas estaban ubicadas en el mismo piso del Edificio Central de ese ministerio en el que Piñeiro tenía su principal (aunque nunca único) puesto de mando; ya que, como pude conocer pocos años más tarde, en uno de los espacios de su casa-vivienda, él continuaba trabajando y realizando importantes reuniones hasta altas horas de la noche y en la madrugada, tanto con sus subordinados como con algunos visitantes extranjeros que, por razones de seguridad o de compartimentación, no consideraba prudente atenderlos en su antes referida oficina.

Por consiguiente, a diferencia de otros de mis compañeros que laboraban fuera de esa histórica edificación (en ella previamente habían estado instaladas las oficinas del Che durante el tiempo que encabezó el Ministerio de Industrias), ello me posibilitó conocer personalmente, pocos días después de iniciada mi vida laboral, al que apodaban Barba Roja al menos los que, desde 1958, habían combatido en el Segundo Frente Oriental “Frank País,” comandado por Raúl Castro. 

Fueron las tropas de ese frente las que el 2 de enero de 1959 habían entrado triunfantes en mi ciudad natal: Guantánamo. Y, como parte de ellas, Piñeiro, quien ya había sido ascendido como el décimo segundo comandante del Ejército Rebelde. De ahí, otro de los seudónimos con que lo identificábamos (“Doce”) para encubrir al destinatario de los mensajes confidenciales que teníamos que enviarle cuando estábamos fuera de Cuba.

No habían pasado muchos días de comenzar nuestro trabajo en el SI y siguiendo sus orientaciones, cuando comenzamos nuestra intensa y heterodoxa preparación teórico-práctica para el desempeño las tareas como Analistas que cada uno de nosotros teníamos asignadas.[4] Al par, todos los fines de semana nos incorporábamos a los entrenamientos en la lucha guerrillera rural que entonces recibían casi todos los jefes, oficiales y demás trabajadores (incluidos los choferes y las secretarias) del VMT, en las cercanías de las serranías (entonces, pinareñas) donde, apenas unos meses antes, se habían estado entrenando la mayor parte de los combatientes internacionalistas cubanos que acompañaron al Che en el último trayecto de su viaje a la inmortalidad.

Aún no habíamos terminado nuestra preparación cuando, a fines de julio, algunos de los jóvenes integrantes de la SI comenzamos a cumplir la que viví como mi primera “gran tarea”: integrar el pequeño Grupo de Información encargado de evaluar y sintetizar las informaciones que recibíamos de diferentes fuentes (incluidas las que nos entregaban los demás compañeros del VMT) sobre las deliberaciones e intríngulis de la Primera (y a la postre única) Conferencia de la Organización Latinoamericana de Solidaridad (OLAS) realizada en La Habana en los primeros días de agosto de 1967.

Creo que los jóvenes que integramos ese grupo sentíamos el peso de que nuestros informes iban a ser rigurosamente revisados por Parodi y por Piñeiro antes de enviarlos, con los arreglos que fueran necesarios, a la máxima dirección política del país; incluida la delegación oficial cubana acreditada en esa conferencia. Y, cuando ello ocurría, recibíamos con alegría sus breves, pero peculiares palabras de estímulo por el adecuado cumplimiento de esa tarea, al igual que las que seguimos cumpliendo en los meses y años posteriores: “¡La partieron!” o “¡La partiste!”, en caso que esta se hubiera realizado de manera individual.

Por eso, sin desmeritar a los demás que se mantuvieron trabajando en la que comenzó a llamarse Dirección General de Inteligencia (DGI), algunos de los jóvenes que hasta entonces habíamos trabajado en el ya extinto VMT nos sentimos muy gozosos cuando, en 1970, Piñeiro nos seleccionó para que continuáramos trabajando, bajo su dirección, en la recién fundada Dirección General de Liberación Nacional (DGLN) del MININT. Y, cuatro años más tarde, en el naciente Departamento América (DA) del Comité Central (CC) del Partido Comunista de Cuba (PCC); al que, poco a poco, comenzaron a incorporarse nuevos jóvenes que, en los años posteriores, cumplieron importantes tareas, en Cuba o en el exterior, vinculadas a las múltiples misiones de esa estructura del denominado “aparato auxiliar del Secretariado del CC del PCC”.  

Estoy seguro que varios de ellos pueden aportar sus propios relatos (casi seguramente tan o más ilustrativos que los míos) acerca de cómo Piñeiro siempre mantuvo una atención personalizada hacia cada uno de nosotros y con su ejemplo y sabiduría, así como con sus oportunas críticas y consejos (incluso algunos, vinculados a nuestras correspondientes vidas personales o familiares), fue contribuyendo a nuestra formación integral. Y, como parte de ella, encomendándonos importantes tareas que no pocas veces pensábamos que estaban por encima de nuestras correspondientes trayectorias políticas y preparación profesional.   

En ese contexto, y a causa del limitado espacio destinado a la publicación de este incompleto testimonio, solo voy a relatar dos experiencias personales demostrativas de la enorme confianza que Piñeiro siempre depositó en los jóvenes que trabajamos bajo su dirección. Ambas las viví antes de haber cumplido 21 años.

La primera de ellas ocurrió en los primeros días de abril de 1969 cuando él tomó la decisión de incorporarme a la experimentada delegación oficial cubana que –presidida por el integrante de la máxima dirección del PCC, Carlos Rafael Rodríguez— asistió al Tercer Periodo de Sesiones de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) que se efectuó en Lima, Perú, en la segunda semana de ese mes.

Aunque ese era mi primer viaje al exterior y, a su vez, la única visita que hasta ese momento hacia realizado a ese país suramericano, Piñeiro me encomendó la tarea de buscar las informaciones necesarias para que, a mi regreso, elaborara un informe sobre los antecedentes, la situación y las perspectivas del gobierno militar peruano que, encabezado por el general Juan Velasco Alvarado, había tomado el poder el 3 de octubre de 1968 y que, como una de sus primeras decisiones, había nacionalizado los yacimientos de la poderosa empresa estadounidense International Petroleum Company (IPC), ubicados en Talara: una ciudad-puerto ubicada en el noroccidente de ese país.     

En los días inmediatamente posteriores a ese acontecimiento todos los que, de una forma u otra, estábamos implicados en tareas vinculadas a ese país, incluido mi jefe inmediato (César Zamora; quien, recién graduado en la Universidad de Oriente, también había formado parte del grupo de jóvenes provincianos antes mencionado) ya conocíamos las orientaciones del Comandante en Jefe, Fidel Castro, acerca de la importancia de que realizamos una valoración desprejuiciada de las diferencias que existían entre ese movimiento político-militar y los brutales golpes de Estado que, apoyados por los Estados Unidos, se habían producido en los años previos en otros países de América Latina y/o del llamado “Caribe insular”.[5]

Sería injusto dejar de reconocer el trato respetuoso y el apoyo que, por el hecho de ser un subordinado de Piñeiro, me ofreció en todo momento Carlos Rafael; quien había estado exiliado en Perú creo que antes de que mis padres me trajeran al mundo. Por tanto, conocía a muchos intelectuales, periodistas y dirigentes políticos peruanos; en particular los vinculados al Partido Comunista de ese país. En todas las reuniones organizadas con ellos, él me orientó que lo acompañara, a la vez que tomó la decisión de asistir a algunas de las entrevistas discretas que previamente yo había concertado con ciertos dirigentes de las pocas organizaciones político-militares que entonces estaban activas en ese país. 

Con esos insumos, luego de conocer los criterios de todos los integrantes de la delegación cubana (incluyéndome) y casi seguramente cumpliendo instrucciones de Fidel, Carlos Rafael hizo público por primera vez el respaldo del liderazgo político-estatal de nuestro país hacia las primeras medidas nacionalistas que, en los meses previos,  había adoptado el gobierno militar peruano e inmediatamente después afirmó que “frente a las presiones y chantajes de Estados Unidos contra Perú y en la lucha del pueblo peruano por su dignidad, su riqueza y soberanía, la Cuba revolucionaria está a su lado”.[6]

Aunque no me lo dijeron explícitamente creo que tanto él como Piñeiro realizaron una positiva evaluación de mi desempeño durante ese viaje y del informe que elaboré a mi regreso a La Habana; en tanto que –con pocas modificaciones de contenido y forma—inmediatamente se lo remitieron a Fidel; quien, con su acostumbrada mirada estratégica y también tomando en cuenta las sistemáticamente recibía de otras fuentes, así como sus análisis del movimiento militar panameño, encabezado, desde el 9 de octubre de 1968, por Omar Torrijos, en algunos de sus discursos posteriores comenzó a resaltar la emergencia de sectores nacionalistas en las Fuerzas Armadas de algunos países latinoamericanos.

Retomando los enunciados al respecto que estaban incluidos en la Segunda Declaración de La Habana (proclamada por el pueblo cubano el 4 de febrero de 1962),[7] así lo expresó en la disertación que pronunció el 22 de abril de 1970 en la Velada Solemne en conmemoración del centenario del natalicio de Vladimir Ilich Lenin.[8]  Entre otras ideas medulares planteadas en esa ocasión, afirmó que esos militares nacionalistas, al igual que los cristianos identificados con la Teología de la Liberación, debían ser incluidos en el amplio frente de las multiformes luchas populares, democrática, antiimperialistas e incluso por el socialismo que entonces se estaban desplegando en diversos países del ahora denominado “sur político del continente americano”.

Poco más de un mes después y casi seguramente por los conocimientos adquiridos durante mi primera visita a Perú, así como en mis estudios e indagaciones posteriores, el 2 de junio de 1970, a través de Sánchez Parodi, “Doce” me orientó que me incorporara como el tercer integrante de la delegación oficial cubana que, integrada por nuestro compañero Jorge Luis Joa y encabezada por el entonces Ministro de Salud Pública, Eleodoro Martínez Junco, viajó a Perú llevando las dos primeras cargas de la ayuda solidaria de nuestro país a su pueblo y a su gobierno con el fin de contribuir a mitigar el insólito impacto social y humano que había provocado el destructivo terremoto que se había producido dos días antes.  Entre ellas, la muerte de decenas de miles de personas.

Después de recorrer las zonas afectadas por ese sismo y de entrevistarme con varios de los amigos y compañeros peruanos que había conocido personalmente en mi viaje anterior, al igual que con algunos altos funcionarios del gobierno militar, así como de intercambiar criterios con Joa y de consultar otra fuentes públicas, elaboré un informe sintético sobre la complicada situación económica, social y política que se había creado en Perú; incluidas las contradicciones que se estaban presentando en el que –siguiendo lo planteado por Fidel en el discurso antes mencionado— ya había comenzado a denominar Gobierno Militar Revolucionario Peruano.

Para mi sorpresa, en el próximo vuelo de Cubana de Aviación portador de otra carga de ayuda, recibí la orden de Piñeiro de que regresara a La Habana tres días después. Aunque ni el portador de ese mensaje, ni Joa (que ya estaba al frente de todas nuestras tareas) pudieron explicarme las causas de esa decisión, retorné en la fecha indicada.

Cuando la tripulación del Il-18 en que viajé abrió la puerta de salida, pude ver que Piñeiro estaba en la parte baja de la escalerilla. Como en ese vuelo únicamente habíamos viajado el prestigioso cineasta y documentalista cubano Santiago Álvarez y su camarógrafo Iván Nápoles,[9] y mi persona, supuse que él había acudido a recibirlos. Mucho más porque inmediatamente les indicó que se dirigieran al pequeño salón de protocolo que entonces existía en el Aeropuerto Internacional Jose Martí.

Lo mismo me dijo cuando lo saludé; pero, antes de que emprendiéramos el trayecto, me señaló que fuera ordenando mis ideas porque Fidel me estaba esperando para que le explicara y ampliara los fundamentos del informe que había enviado una semana antes. Ese fue el inolvidable momento de mi vida en que, por primera vez, tuve privilegio de estrechar sus manos y de conversar durante más de una hora con el líder histórico de la Revolución Cubana; quien, en mucha mayor medida que a Santiago Álvarez,  me realizó incontables y detalladas preguntas sobre mis observaciones y conocimientos de la situación peruana y, luego, nos dio diversas instrucciones de las tareas que debíamos cumplir lo más rápidamente que nos resultara posible.            

Cuando nos despidió con su acostumbrada sencillez y afectuosidad, fue que el todavía jefe de la Sección de América Latina del VMT, Juan Carretero, me orientó que, en cuanto viera a mi entonces esposa y dejara mi equipaje en el departamento que compartíamos  varios de los jóvenes que trabajábamos en la SI y, sin decirle nada a ninguno de ellos, me trasladara inmediatamente hacia los locales del que Fidel había denominado “Centro Operativo Ayacucho”, ubicado en algunas habitaciones contiguas del Hotel Nacional.  

En cuanto llegué y cumplimos las principales tareas que él nos había encomendado en el aeropuerto, Piñeiro me informó que, en lo adelante y sin descartar totalmente que nuevamente viajara a Perú, debía comenzar a organizar y a fungir como jefe del Grupo de Información que –con los análisis e informaciones que remitiera Joa u obtenidas por otras fuentes, incluidas las periodísticas y académicas— tendría la misión de mantener sistemáticamente informado a Fidel de la evolución de la compleja situación peruana.

Durante el cumplimiento de esa tarea varias veces tuve el honor de participar en las reuniones a las que él convocó a Piñeiro con vistas a analizar la situación y adoptar nuevas decisiones con relación a las ascendentes relaciones entre nuestro liderazgo político-estatal y las máximas autoridades peruanas; particularmente, con los principales representantes de los que denominábamos “sectores radicales y nacionalistas de sus Fuerzas Armadas”.

Estas registraron un salto de calidad luego de que el gobierno peruano aceptó la propuesta que le había realizado Fidel, a través de Joa, de donarles y construir con una selecta brigada de trabajadores cubanos 6 hospitales debidamente equipados en las zonas andinas más afectadas por el evento telúrico antes referido. Al frente de esa misión, viajó nuestro compañero, el capitán Fernando Ravelo Renedo; quien, después de haber cumplido importantes tareas en la máxima dirección nacional de la Asociación de Jóvenes Rebeldes (AJR), en 1963, se había incorporado a una de las Secciones Operativas del VMT.[10]   

Esa práctica de que los encargados directos de cada tarea, con independencia de nuestras correspondientes edades y experiencias profesionales, con o sin la presencia de nuestros jefes inmediatos, participáramos en las reuniones para evaluarlas a las que Fidel lo convocara y/o que acompañáramos a los integrantes de las delegaciones extranjeras que se entrevistaran con él o con otros altos dirigentes de la nuestra Revolución, formó parte intrínseca de los desburocratizados métodos de dirección y de trabajo empleados por Piñeiro mientras dirigió el VMT, la DGLN y, desde 1974,  hasta 1992, el Departamento o el Área de América del CC del PCC.

En mi concepto, esos métodos él los había aprendido de Fidel; quien, en razón de lo antes dicho, se convirtió en el gran maestro de todos los jóvenes y no tan jóvenes subordinados a Piñeiro que tuvimos la oportunidad de cumplir las tareas que, en cada momento histórico-concreto, el Comandante en Jefe considerara más importantes para la implementación de la multifacética proyección externa de la Revolución Cubana, tanto hacia América Latina y el Caribe, como hacia los Estados Unidos.

La Habana, 10 de marzo de 2021



¨ Luis Suárez Salazar (Guantánamo, Cuba, 14 de mayo de 1950) Bajo la dirección del comandante Manuel Piñeiro Losada, cumplió diversas tareas entre abril de 1968 y los primeros meses de 1992; pero, hasta el accidente automovilístico en que perdió la vida, mantuvo con él y con su familia, una estrecha relación personal, familiar, política y profesional. Fue el compilador y prologuista del libro Barbarroja: Selección de testimonios y discursos del comandante Manuel Piñeiro Losada, publicado, en 1999, por Ediciones Tricontinental y SIMAR S.A., ambas de La Habana, Cuba.

[2] Luis Suárez Salazar: “Un hombre que derrotó a la mediocridad”, en Suplemento Especial: Nuestro modesto homenaje a Manuel Piñeiro”, Tricontinental, No 139, Año 32, La Habana, Cuba, 1998, pp. 5-8.

[3] Desde que tuve uso de razón, mi padre, Luis Armando Suárez Fuentes (que, a sus casi 96 años, aún tiene una buena salud), sentó las bases de mi formación educacional, ética y política.  Aunque desde la segunda mitad de la década de 1940 era militante activo del Partido Auténtico, con el acervo de su participación en las luchas políticas y sindicales de los trabajadores ferroviarios, en la primera mitad del decenio de 1950 se incorporó a una de las células clandestinas del Movimiento Revolucionario 26 de Julio que funcionaban en nuestra ciudad natal: Guantánamo. Por consiguiente, a partir de los primeros meses de 1958, le prestó ayuda logística al Segundo Frente Oriental “Frank País, comandado por Raúl Castro. En ese frente combatieron cuatro de mis tíos paternos. Cuando entraron triunfantes a la ciudad en los primeros días de enero de 1959 fue que los escuché hablar de manera encomiástica de “Barba Roja”, para referirse al comandante Manuel Piñeiro Losada. Con el estímulo y apoyo de mi padre, a fines de 1960 me incorporé a la entonces naciente Asociación de Jóvenes Rebeldes (AJR) y, desde esa organización, así como desde la Unión de Jóvenes Comunistas (fundada el 4 de abril de 1962) a las diferentes tareas en las que participamos los jóvenes cubanos (incluida la defensa de la Patria) en ese año y en los inmediatamente posteriores.  

[4] Como parte de nuestra preparación, en vez de textos de factura soviética o de otros países socialistas europeos, comenzamos a estudiar los libros sobre la llamada “inteligencia estratégica” publicados por los exjefes de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA), Sherman Kent y Washington Platt. Este último resaltaba la enorme importancia de las fuentes públicas, incluidas las investigaciones académicas, para los análisis y estudios prospectivos que realizaba esa agencia –calificada por algunos tratadistas como “el gobierno invisible”— con vistas a la adopción de decisiones por parte de diferentes “gobiernos temporales” de ese país; fueran demócratas o republicanos. 

[5] Tan tempranamente, como el 5 de octubre, Fidel le había orientado de la dirección de periódico Granma y al oficial del VMT que atendía los asuntos  de Perú, Jorge Luis Joa, que preparan y publicara un artículo rectificando el que se había publicado un día antes en el que había calificado al ocurrido en Perú como uno de los tantos “cuartelazos” proimperialistas que, en los años previos, se habían producido en varios países de ese continente. . 

[6] Carlos Rafael Rodríguez: “Discurso pronunciado el 10 de abril de 1969 en el Décimo Tercer Período de sesiones de la CEPAL”, en Carlos Rafael Rodríguez: Letra con filo, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1983, Tomo 2, p. 281.

[7] “Fragmentos del discurso pronunciado por Fidel Castro en la Plaza de la Revolución “José Martí” el 4 de febrero de 1962, en Luis Suárez Salazar (compilación, prólogo y notas) Fidel Castro: Latinoamericanismo vs. Imperialismo, Ocean Sur, 2009, p 84.

[8] Fidel Castro: “Discurso pronunciado el 22 de abril de 1970 en la Velada Solemne en conmemoración del centenario del natalicio de Vladimir Ilich Lenin”, en http://www.cuba.cu/gobierno/discursos. Consultado el 15 de septiembre de 2019.

[9] Con nuestro apoyo logístico, ambos habían estado haciendo filmaciones en las zonas afectadas por el terremoto y en otros lugares de ese país para el documental sobre la realidad peruana que, con el título Piedra sobre piedra, se exhibió en los cines cubanos país pocas semanas después de su regreso a La Habana.

[10] Fernando Ravelo Renedo: “La política internacionalista de la Revolución Cubana ha evolucionado acorde con los cambios que se han producido en América Latina y el Caribe”, en Luis Suárez Salazar y Dirk Kruijt: La Revolución Cubana en Nuestra América: el internacionalismo anónimo, RUTH Casa Editorial, La Habana, 2015, Tomo 1, pp. 131-146.

 

viernes, 12 de marzo de 2021

Historia no contada de Manuel Piñeiro Losada. “BARBARROJA.

 Por:  José Antonio López Rodríguez.  (Tony)  (*)                     

El 12 de marzo se cumplen 23 años de la desaparición física del comandante Manuel Piñeiro Losada, conocido por “Barbarroja” o El Gallego, admirado y querido por sectores democráticos, progresistas y el movimiento revolucionario latinoamericano y caribeño y respetado pero odiado, por los sectores más reaccionarios de la derecha y extrema derecha estadounidense y sus servicios especiales como la CIA y el FBI y las dictaduras militares y sus servicios especiales que apoyada por Estados Unidos gobernaron durante varias décadas en nuestra región.

En un lamentable accidente automovilístico, falleció el 12 de marzo del año 1998, cuando ya se acercaba a su residencia y que él conducía, pues por su gran sentido humano había liberado a su conductor pues la actividad donde asistiría, una recepción en la residencia del embajador mexicano, era cercana a su casa.

Manuel Piñeiro Lozada  nació en la provincia de Matanzas,  el 14 de marzo  de 1933, vino a esta bendita tierra  en medio de una fuerte tormenta y vientos huracanados e intensa lluvia, su madre quien no pudo esperar la llegada del comadrón, lo trajo al mundo sobre el mostrador del bar propiedad de la familia y ayudada por su esposo y unas vecinas que habían tenido experiencias pasadas.  Fruto del matrimonio conformado por Serafín y  Elisa ambos de origen español, que habían llegado a Cuba en la década de 1910.

Piñeiro procedía de una familia acomodada en su provincia natal, culminó  sus estudios de bachillerato en el año de 1952. El 10 de marzo de ese fatídico año, el General Fulgencio Batista, asaltó el poder con un cruento Golpe de Estado y Manolo, como le decían sus compañeros se vinculó a las protestas estudiantiles por lo que se significó frente a los órganos represivo de la dictadura, su mamá preocupada y  a su  insistencia lo  envió en 1953 a estudiar a Estados Unidos, pero no soportó la lejanía de su patria y  regreso en 1955 y se une al movimiento revolucionario 26 de Julio, y por decisión de la Dirección Revolucionaria lo designan  jefe de acción de las Brigadas Juveniles y Estudiantiles de la Provincia de Matanzas.

A su regreso de Estados Unidos donde contrajo matrimonio con Lorna Burdsall, una joven bailarina de danza, quien se amaño muy bien en Cuba y no solo le dio la alegría de darle un hijo, Khalil, sino que jugo un  papel muy decidida y valiente y le acompañó en algunas acciones durante la lucha contra la dictadura, incluyendo en el traslado de unas armas, que tuvo que  guardarla en su casa de la Víbora y luego por no tener mucha confianza donde residían, se fueron a vivir a Miramar, donde  llevaron el pesado armamento, que terminó  en manos de Frank País en Santiago de Cuba y este lo hizo llegar a la Sierra Maestra.

Seleccionado por la Dirección Nacional del Movimiento 26 de Julio, en 1955 y siguiendo las orientaciones de Antonio “Ñico” López, organizó y estructuró dichas brigadas en toda la provincia de Matanzas y participó personalmente en diferentes acciones en ese periodo y hasta fines de 1956 luego del desembarco del Granma y producto de lo intensamente buscado por el SIM y la policía, la dirección del 26 de julio, decide que se traslade a La Habana, donde cumple diversas misiones entre ellas la recolección de armas para la Sierra Maestra, hasta  que el 10 de julio de 1957 se incorpora  la columna No.1 del Ejército Rebelde, dirigida por Fidel.

En la Sierra Maestra participa en números combates y el 11 de marzo de 1958, parte con la Columna No 6 dirigida por el recién ascendido comandante Raúl Castro, para fundar en la Sierra Cristal, al norte de la provincia de Oriente el II Frente Oriental Frank País. Forma parte de la Comandancia y es designado Inspector General del II Frente.

En el II Frente muy rápidamente Piñeiro se destacó por su versatilidad, inteligencia y laboriosidad, por lo que el Jefe del Segundo Frente comenzó a darle diversas tareas de dirección. Sobre la labor desplegada el comandante Belarmino Castilla (Aníbal) expresó: “Desarrolló un trabajo muy activo en la comandancia. La autoridad y el prestigio que se ganó unido a su carácter jovial, lo hicieron merecedor de la confianza que en él depósito el comandante Raúl Castro.”. Piñeiro fue un puntal inseparable de Raúl; un combatiente capaz de unir, atraer, organizar y controlar, un hombre intachable.

Por su parte el comandante Augusto Martínez Sánchez, miembro de la comandancia del II Frente, señala “Piñeiro fue ascendido a capitán y nombrado Inspector territorial y miembro de la comandancia central; era incansable y se movía por todo el territorio que ocupábamos. El “gallego”, como le decíamos, era la exploración necesaria para detectar todo lo que podía ser un elemento de importancia política y militar en el desarrollo de la guerra. Su presencia se hacía notar en los lugares de mayor peligro y aportaba seguridad, firmeza y confianza.”.

Como Jefe de la Dirección de Personal e Inspección, Piñeiro tenía subordinada a esa dirección las secciones de Radio, Claves y Mapas Militares, Personal, Radio y Comunicaciones, inspección territorial y la sección de Policía Rebelde e Inteligencia. O sea concentraba todo lo relacionado con los aspectos más secretos de la guerra, pero también con un alto contenido político. El 28 de diciembre junto a otros cuatros capitanes rebeldes, Piñeiro es ascendido por Fidel, al grado de Comandante del Ejército Rebelde.

Al triunfo de la Revolución el hoy General de Ejército queda al frente del mando militar de Oriente, pero es llamado a La Habana y a su propuesta el ya comandante Manuel Piñeiro, queda como Jefe de la Plaza Militar de Oriente, hasta el mes de junio de 1959, cuando es trasladado a La Habana. A mitad de 1959 se incorpora al Estado Mayor del Ejército Rebelde en La Habana, pasa fugazmente por la PNR y en 1960, bajo el nombre de Celestino Martínez, como consta en el pasaporte que utilizó en ese viaje, totalmente afeitado y sin su llamativa barba roja, parte a Moscú y se incorpora, en la mayor secretividad sobre su identidad, a un curso de Inteligencia en la escuela de la KGB. 

Así lo cuenta en carta a su esposa Lorna. “estoy en una finquita, alejado de todo y cada vez más clandestino, entre abedules, nieve y música de Mozart, Chaikovski y Beethoven, porque hay cada vez más cubanos por estos lados”.  “Tenemos que prepararnos, porque la lucha será muy larga y frente a enemigos poderosos”. Aquí muestra su visión estratégica y lo larga que ha sido y será la lucha contra el imperio. 

Queda muy claro que su traslado a La Habana, era para ocuparse  en 1960 de una importante misión, como lo fue junto con el Comandante de la Revolución Ramiro Váldez Menendez quien ocupaba la Jefatura de la Dirección de Inteligencia Militar G-2, y los órganos de la seguridad  que ya habian sido fundados en marzo de 1959,  entre  otros por los  valiosos compañeros  Abelardo Colombe Ibarra y Osvaldo Sanchez, este último fallecido ese mismo año de 1960 en un accidente de aviación cuando regresaba de una misión en la provincia oriental.

El  6 de junio de 1961, se formaliza  la creación del Ministerio del Interior, Piñeiro queda designado  Vice Ministro Primero a cargo de la Dirección M  de  Inteligencia y  de la atención de los movimientos de Liberación Nacional, en esa misión cumplió una importantísima tarea de garantizar los planes del Comandante Ernesto Che Guevara, la primera fue la Operación Sombra, en cuya organización y preparación estuvo el querido revolucionario Jorge Ricardo Massetti, en la conformación del Ejercito Guerrillero del Pueblo (EGP) en Salta, Argentina y luego la operación de ingreso del Che tanto en el Congo en abril de 1965, y la Operación Camilo Cienfuegos   en Bolivia  y mantener la comunicación con el  Che y su destacamento de combatientes.

La Dirección M dirigida por Piñeiro, quedo dividida en 1970 en dos diferentes frentes.  La Dirección General de Inteligencia (DGI), bajo la dirección del comandante Joaquín Méndez Comiche. Y La Dirección General de Liberación Nacional (DGLN) bajo la dirección de Piñeiro, con el rango de Viceministerio Técnico, hasta 1974.  A propuesta del Comandante en Jefe, a finales de 1974 se crea el Departamento América del Comité Central de Partido Comunista, cargo que desempeñó hasta 1992. Manuel Piñeiro fue elegido miembro del Comité Central del PCC en octubre de 1965 hasta el V Congreso, en 1997.

Al parecer así como nació, bajo una tormenta huracanada, era Piñeiro en su quehacer diario, un verdadero huracán, no se le escapaba nada, era meticuloso, riguroso y muy exigente en su delicado trabajo, y contaba con un fiel equipo que siempre  respondió sin vacilación  a sus orientaciones, sugerencia y criterios, que lo hacía con mucha precisión y respeto hacia sus subordinados, porque tenia la virtud de escuchar a sus subordinados, de cualquier nivel y reconocer si las apreciaciones era correctas y la aplicaba. O explicar  la conveniencia de que, aunque fuera acertada,  políticamente no podía aplicarse.  

Sabía que las tareas que tenían que asumir sus oficiales  y funcionarios eran delicadas y cualquier error podría ser muy costoso, era nada menos y nada más que conocer en las entrañas del monstruo imperial o en otros territorios enemigos los planes y actividades que se preparaban contra la Revolución Cubana y contra sus líderes, especialmente contra Fidel Castro, uno de los principales objetivos de la criminal CIA, la mafia cubana-americana de Miami y los servicios especiales de las dictaduras militares en la región.

Así como la atención al movimiento revolucionario en América Latina y el Caribe, su  importante participación en las Conferencia  Tricontinental y OLAS en la década del 60 fue sumamente importante para el fortalecimiento de estos movimientos.

No tenía horario para el trabajo, desde las once de la mañana de cada día, fuese lunes o domingo, comenzaba sus actividades hasta el otro día a las seis o siete de la mañana, no puedo explicar el nivel de fortaleza que tenía, pero sí sé que adecuaba sus funciones a los horarios del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, con quien estaba en permanente contacto.

El prestigio internacional del comandante Piñeiro y al interior de la dirección del gobierno revolucionario cubano, por su humildad, honestidad, solidaridad, honradez su sensible sentimiento humano, era muy reconocido internamente e internacionalmente. En política era un hombre amplio, pero sin hacer concesiones de principio al adversario, anti dogmático y nada sectario.

Su pedagógica y humana conducción lo hizo merecedor del cariño no solo de sus subordinados, también de la población que le conocía, de sus vecinos donde residía y de una pléyades de hombres y mujeres democráticos, progresista y revolucionarios,  no solo de América Latina,  también en Asia,  África y Medio Oriente,  continentes que también atendió en la década del 60.

Piñeiro es el ejecutor de una política fidelista relacionada con mantener relaciones y diálogos con todos los sectores religiosos y militares democráticos en América Latina, como lo fueron con los generales   Velazco Alvarado, de Perú y Omar Torrijos de Panamá, los capitanes  Gerónimo  Cardoso de Uruguay y Raúl Vergara de Chile, el Coronel Horacio Ballester de Argentina y otros altos oficiales latinoamericanos que mantenía una política nacionalista y respetuosas con Cuba, fue impulsor de crear una estructura que cobijara a exmilitares democráticos, progresistas y nacionalistas, conocida como OMIDELA  y le dio pleno respaldo, encargando al vice jefe del departamento y a la  sección de análisis  en la atención del  trabajo con los militares latinoamericanos.

Él era de una ilimitada fidelidad al Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, martiano y marxista y consecuente con la política internacionalista de la Revolución Cubana y un fiel interprete del pensamiento de Fidel, en el papel que debía cumplir en el trabajo de influencia con el movimiento revolucionario y progresista y sobre todo con énfasis en la Unidad, papel importante que conocimos y aplicábamos todos sus subordinados, y que no era  más que la línea política y orientaciones de Fidel, en la lucha contra el imperialismo.

Su desaparición física fue noticia de primera página en todos los medios informativos de Estados Unidos, América Latina,  Europa y Asia y la repercusiones dentro del movimiento revolucionario latinoamericano fue muy sentido, aún hoy muchos  amigos latinoamericanos dicen,  “que falta  nos hace Piñeiro”  con razón  el Comandante en Jefe Fidel Castro  en el cementerio de La Habana cuando sus restos fueron sepultados, expresó: ”Se fue una importantísima historia de Cuba con el movimiento revolucionario latinoamericano y caribeño”.

Por todo ese respeto, cariño y educación que sentí de él, siempre he dicho y diré que Manuel Piñeiro Losada, desde que le conocí, cuando apenas tenía 19 años, marcó mi vida para siempre.

(*) Periodista e historiador. Subordinado de Piñeiro en el MININT y en el  Departamento América.