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domingo, 16 de mayo de 2021

Noruega, el gigante verde dormido


LONDRES – La respuesta a la emergencia climática es difícil para todos, pero en particular para los países cuyas economías dependen de la extracción o producción de petróleo. La descarbonización es una oportunidad de iniciar una revolución industrial verde, pero conforme más y más naciones se sumen a este camino hacia la prosperidad futura, los activos, las tecnologías y las capacidades que dependen de los combustibles fósiles irán perdiendo valor, y eso pondrá en riesgo el empleo, las exportaciones y la innovación industrial en las economías dominadas por el petróleo.

Una de estas economías, Noruega (tercer mayor exportador de gas natural del mundo) hoy enfrenta un desafío singular. Su estructura industrial y de inversiones está muy ligada a los sectores y servicios basados en los hidrocarburos (que en 2019 generaron el 36% del total de exportaciones), pero la energía que consume procede casi en su totalidad de fuentes renovables (conversión de la energía hídrica). De modo que tal vez la economía noruega ya esté lista para una transición industrial verde, con la salvedad de que la caída de la demanda global de combustibles fósiles trabará su principal motor de crecimiento.

La dependencia noruega de los hidrocarburos es un síntoma de la «enfermedad holandesa»: el problema que se da cuando un sector dominante prospera en detrimento del resto. La enorme disparidad de la inversión en hidrocarburos respecto de otras industrias atrae al sector de los combustibles fósiles a los profesionales más capacitados. Al mismo tiempo, la extraordinaria rentabilidad del sector gaspetrolero ha generado un crecimiento excesivo de precios y salarios en el resto de la economía, que crea dificultades para otros exportadores.

Por eso Noruega ha sido uno de los países de la OCDE que desde fines de los noventa perdió más cuota de mercado internacional en los sectores exportadores no vinculados con la energía. Durante la última década hubo en Noruega un crecimiento sostenido del déficit comercial no petrolero, y la participación del sector fabril en la economía se redujo a la mitad respecto de los otros países nórdicos.

Para colmo de males, un informe reciente de la Oficina Central de Estadísticas de Noruega prevé que durante la próxima década, la inversión en el sector energético noruego se reducirá. Mientras que la inversión anual promedio en el sector durante la década anterior superó los 170 000 millones de coronas noruegas (unos 20 000 millones de dólares), se calcula que entre 2025 y 2034 esa cifra disminuirá unos 60 000 millones de coronas (incluso sin políticas de restricción a la producción de petróleo).

Es evidente que Noruega necesita una nueva estrategia industrial. En un informe reciente, proponemos un modo de usar los recursos técnicos y financieros del sector petrolero para convertir a Noruega en un «gigante verde». Pero la transición de la extracción de petróleo a una economía más verde no será automática: demanda una acción audaz, pero muy bien calibrada, del sector público. El gobierno no puede microgestionar el proceso, porque asfixiaría la innovación, pero tampoco puede dejarlo enteramente en manos del mercado.

La solución es que los gobiernos muestren el rumbo con inversiones de alto riesgo en las primeras etapas, a las que luego se sumarán los actores privados, con recompensas para aquellos que estén dispuestos a invertir e innovar. En el caso de Noruega, se necesita una estrategia industrial que dirija los considerables recursos financieros del Estado hacia inversiones en la creación de una nueva base industrial centrada en la energía verde.

Noruega cuenta con el mayor fondo de pensiones soberano del mundo, pero todavía no canalizó sus recursos a inversiones en la transición verde, dentro o fuera del país. Por el contrario, el Statens Pensjonsfond Utland (SPU) noruego es uno de los principales financistas de algunos de los proyectos de combustibles fósiles más devastadores que hoy están en fase de planificación o desarrollo. Un informe reciente advierte que apenas doce de esos proyectos consumirán tres cuartas partes de lo que queda del presupuesto de carbono del mundo, lo que hará sumamente difícil limitar el calentamiento global a 1,5 °C.

Según la normativa fiscal noruega actual, el SPU deposita los ingresos derivados del petróleo en un fondo destinado a la inversión en el extranjero. Todos los años Noruega transfiere a la economía nacional, en promedio, un 3% del valor del fondo, un ritmo de retiro sostenible, ya que coincide con la rentabilidad prevista del fondo.

Esta política ha resultado eficaz para limitar la presión inflacionaria derivada de la extracción de petróleo, al tiempo que proveyó una fuente de ingresos adicional al Estado. Pero hoy Noruega necesita un proceso de financiación paciente y duradero que haga posible la diversificación económica. Como la normativa fiscal actual permite mantener grandes inversiones públicas fuera del presupuesto normal del Estado, está agravando la enfermedad holandesa, al perpetuar una dependencia del pasado (o «path dependency») determinada por el petróleo.

Pero no tiene por qué ser así. Es posible convertir al SPU en un potente inversor con sentido de misión y presencia dentro y fuera del país. En vez de usar los ingresos derivados del petróleo para recapitalizar el fondo, se los puede dirigir a un nuevo banco público de inversión verde, que actúe en forma coordinada con otros fondos públicos y organismos dedicados a la transición verde.

El sistema nacional noruego de innovación se caracteriza por una importante participación estatal. En particular, el Estado noruego posee el 67% de la empresa insignia de la industria petrolera noruega, Equinor (antes llamada Statoil). Pero las empresas estatales noruegas que en otros tiempos fueron actores fundamentales para crear de la nada el ecosistema industrial petrolero no han tenido el mismo papel en la transición verde. En vez de reinvertir sus ganancias en fuentes de energía renovables, en 2019 Equinor anunció que de aquí a 2022 gastará cinco mil millones de dólares en la recompra de acciones propias.

El shock de la COVID‑19 puso de manifiesto los riesgos que supone una dependencia excesiva de los (volátiles) mercados energéticos. Mientras que la gigante energética danesa Ørsted atravesó la pandemia sin mayores inconvenientes y no detuvo el proceso de transición a las fuentes renovables que inició una década atrás, Equinor tuvo que reducir dividendos y endeudarse para mantener sus compromisos con los accionistas en un contexto de ingresos insuficientes.

Igual que su homóloga danesa, Equinor debe convertirse en una gigante de la energía con sentido de misión. Eso demanda liberar a sus directivos de la presión por la distribución de dividendos, devolviéndole la condición de empresa totalmente estatal centrada en el futuro económico del país.

Traducción: Esteban Flamini



Mariana Mazzucato, Professor in the Economics of Innovation and Public Value at University College London, is Founding Director of the UCL Institute for Innovation and Public Purpose. She is the author of The Value of Everything: Making and Taking in the Global Economy, The Entrepreneurial State: Debunking Public vs. Private Sector Myths, and, most recently, Mission Economy: A Moonshot Guide to Changing Capitalism.


Rainer Kattel is Deputy Director and Professor of Innovation and Public Governance at the UCL Institute for Innovation and Public Purpose.

domingo, 29 de septiembre de 2019

Noruega presenta un edificio que crea más energía de la que consume





En Noruega han presentado un edificio verde, capaz de producir más energía de la que consume para operar y mantenerse.

Uno de los pilares que sustentarán el futuro de la energía será la eficiencia. Tanto en vehículos como en la construcción de infraestructuras, este aspecto es uno de los más buscados. El consumo energético aumentará en los próximos años , debido al avance de los países en desarrollo o al crecimiento general de infraestructuras. De ahí el deseo por limitar la cantidad de energía necesaria para cada función.

En Noruega prestan atención a todo esto desde hace tiempo. El país es uno de los pioneros en energías renovables, así como en la adopción de vehículos eléctricos. Los nórdicos son quienes más coches eléctricos compran en relación con los diésel y gasolina, casi la mitad de las ventas nacionales a estas alturas. Su industria del reciclaje también es un ejemplo para otros países. Allí el 97% de las botellas de plástico se reciclan.

Con estos antecedentes resulta lógico que el país esté pendiente de la eficiencia como un valor social. Lo demuestra así el edificio verde que se acaba de presentar. Es el Powerhouse Brattorkia, que generará más energía de la que consume. Su saldo, por tanto, será positivo para la ciudad donde se encuentra.

Este edificio verde se ha erigido en la localidad de Trondheim, que es una de las urbes tecnológicamente más avanzadas de Noruega. Los responsables de este proyecto son la inmobiliaria Entra, la constructora Skanska, la organización medioambiental ZERO, los arquitectos Snohetta y la consultora Asplan Viak. Un grupo de compañías orientadas a crear un edificio sostenible como no se ha visto antes.

Saldo energético positivo

La construcción es una de las industrias más contaminantes que existen. Así que la creación de edificios sostenibles, que produzcan más energía de la que consumen , ayuda a compensar sus efectos. En el caso del Powerhouse Brattorkia, los esfuerzos se han puesto en todos los aspectos para lograr esta meta.

Lo primero fue seleccionar los materiales de construcción. En el interior se ha usado un hormigón especial que regula la temperatura. Al mismo tiempo, los suelos y las oficinas están diseñadas para hacer circular el aire frío y caliente. Además, la construcción se levanta a lo largo de la costa, con lo que se usará agua de mar para enfriarla.

El exterior del edificio cuenta con paneles solares. Destaca especialmente un tejado en pendiente, orientado al sur, con el fin de maximizar la exposición al sol. Todo un conjunto de detalles que hacen que el saldo energético final sea positivo. Este solo es uno de los pasos que Noruega dará para alcanzar el objetivo de usar solo energía verde en 2050.

viernes, 6 de abril de 2018

Noruega: "EE.UU. se ha convertido en la principal amenaza mundial para el libre comercio"

Publicado: 6 abr 2018 16:01 GMT | Última actualización: 6 abr 2018 16:32 GMT
La primera ministra de Noruega, Erna Solberg, ataca con dureza la postura del presidente estadounidense Donald Trump en relación con el comercio mundial.


La primera ministra de Noruega, Erna Solberg, durante una conferencia de prensa en el Salón Este de la Casa Blanca el 10 de enero de 2018 en Washington, DC.
Brendan Smialowski / AFP

La política del presidente de EE.UU., Donald Trump, constituye la principal amenaza para el comercio mundial, mientras que China solo se protege, ha declarado la primera ministra de Noruega, Erna Solberg. Lo ha afirmado durante una convención de su partido, el Hoyre, celebrada este viernes en las afueras de Oslo (Noruega), informa la agencia TASS.
"La gran paradoja de EE.UU. es que parece que se ha convertido en la principal amenaza para el libre comercio, mientras que la China comunista se está defendiendo", ha advertido la mandataria noruega ante los asistentes al acto. "La guerra comercial a escala mundial y el reforzamiento del proteccionismo es lo que menos necesita el mundo en la actualidad", ha añadido Solberg.
Asimismo, Solberg ha agregado que, como demuestra la historia, el proteccionismo se convierte a menudo en causante de guerras, refuerza las contradicciones en la sociedad y debilita la economía.
Según la primera ministra del país escandinavo las barreras comerciales que EE.UU. está levantando podrían frenar el crecimiento económico europeo y ello, ha alertado, podría influir directamente en el nivel de vida de los noruegos.
A finales del mes pasado, Washington informó a Oslo de que los nuevos aranceles en materia de acero y aluminio afectarán a Noruega, debido a que esta nación no forma parte de la Unión Europa. De ahí que las autoridades noruegas pidieran que EE.UU. respete las reglas de la Organización Mundial del Comercio (OMC) y que hayan comenzado a negociar su integración en la lista de socios comerciales del país norteamericano para tratar de esquivar los recientes gravámenes.

viernes, 4 de agosto de 2017

Cienfuegueros y noruegos realizan estudios sobre contaminación por microplásticos a bordo de Race for Water

Por Ismary Barcia Leyva -4 Agosto, 2017


Race for Water facilita a expertos cienfuegueros y noruegos la colecta de muestras en aguas del litoral habanero. /Foto: Ismary

Según la joven licenciada la licenciada Arianna García Chamero, aspirante a investigadora en el Centro de Estudios Ambientales de Cienfuegos (CEAC), “la presencia de microplásticos es alta en la bahía de Jagua”.

Sus hallazgos en agua, sedimentos y un molusco de amplia distribución como el Perna viridis, aunque preliminares, fueron transmitidas a representantes de centros nacionales de investigación de ecosistemas marinos y expertos del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, durante el taller de iniciación en Cuba sobre este contaminante.

Los de Cienfuegos son los primeros estudios en el país sobre estas partículas menores a 5 mm, que llegan a los mares provenientes del lavado de la ropa, cosméticos, textiles y cremas dentales, o de plásticos descompuestos por la acción del mar y los rayos UV.

El intercambio fue una iniciativa del CEAC, a propósito de la presencia en la Mayor de las Antillas de la embarcación Race for Water, de la fundación suiza del mismo, dedicada a la preservación del agua en el planeta.

Como contraparte de los nuestros, comparten con expertos del Instituto Geotécnico de Noruega, “a la vanguardia en la indagación sobre fuentes, transporte, distribución, efecto y destino final de los microplásticos, al decir del Dr C. Carlos M. Alonso, investigador titular y jefe científico de la expedición por la parte cubana.

Pero aún se tienen más incógnitas que certezas: cuáles son los factores que definen su envejecimiento, cómo se comportan en diferentes condiciones, en este caso tropicales, y cómo se distribuyen en agua, sedimentos y organismos.

“Los colegas nórdicos han desarrollado tecnologías para la identificación de esos contaminantes, su separación a través de la diferencia de densidades. Cuentan con tecnología de punta para identificar polímeros y también para determinar el grado de contaminación que se encentra en los microsplásticos”, afirma el jefe de la expedición por nuestro país.

El taller permitió ese intercambio de saberes con la comunidad científica cubana, como precedente a la campaña de colecta de agua, sedimentos y fitoplancton en aguas del litoral fuera de la bahía de La Habana, iniciada este jueves y que extenderá hasta el 7 de agosto.

“Nuevas técnicas para el muestreo y para la clasificación de estos microplásticos en los sedimentos, las aguas y su diferenciación del fitoplancton marino”, aseguró el jefe de la expedición por nuestro país.

En su segunda expedición Odisea —iniciada en abril pasado y que llevará la nave por todos los océanos hasta 2021—, R4W les facilitará sus laboratorios, la seguridad de una colecta sin contaminación, gracias al uso de energías limpias, eólica, solar e hidrógeno que hacen de la embarcación un prototipo de nave con autonomía propia.

Race for Water inició este viaje en las islas Bermudas y arribó el 20 de julio pasado a la Terminal de Cruceros Sierra Maestra, de la capital, luego de doce días de navegación.

Tras su permanencia en aguas cubanas, el próximo 8 de agosto zarpará rumbo a República Dominicana, para cumplir con otro grupo de expertos el propósito de su segunda Odisea, promover soluciones innovadoras para transformar los plásticos —el 80 por ciento de los residuos marinos— en energía limpia, evitando que estos contaminantes hoy omnipresentes en los océanos del mundo, sigan llegando al mar.