Fidel


"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." ""Creo que mientras más critica exista dentro del socialismo,eso es lo mejor" Fidel Castro Ruz
Mostrando entradas con la etiqueta Energia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Energia. Mostrar todas las entradas

martes, 28 de abril de 2026

Banco Mundial alerta shock histórico en 2026 por energía y commodities: sus pronósticos

La interrupción del suministro en Medio Oriente impulsa el mayor shock energético desde 2022, con precios del petróleo, gas y carbón al alza y un impacto extendido sobre fertilizantes, alimentos y metales.

Oil pumping jacks in an oil field at sunset in Russia. Photographer: Andrey Rudakov/Bloomberg

Bloomberg Línea — La guerra en Medio Oriente introduce un quiebre en la trayectoria de los mercados de materias primas en 2026, con una subida proyectada del 24% en los precios de la energía y un aumento general del 16% en los commodities, en un escenario definido por interrupciones en el suministro y restricciones al comercio marítimo.

Un informe del Banco Mundial, publicado el martes, establece que “el estallido de la guerra en Medio Oriente representa un shock histórico para los mercados de productos básicos”. Para el organismo, el conflicto ha generado “la mayor pérdida de suministro de petróleo registrada” con una caída cercana a 10 millones de barriles diarios en marzo.

El ajuste en precios se articula sobre la disrupción del estrecho de Ormuz, donde los buques que atravesaban este paso “representaban cerca del 35% y el 20% del comercio marítimo mundial de petróleo crudo y productos refinados, así como el 20% del comercio de gas natural licuado”, configurando una restricción crítica para el flujo global de energía.

El escenario base incorpora una normalización progresiva, aunque con niveles elevados de precios, con el índice general de commodities que elabora el Banco Mundial registrando su primer aumento anual desde 2022.

Reuniones de primavera del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial

Del petróleo al gas

El petróleo concentra la mayor parte del ajuste, con un comportamiento que refleja la magnitud del shock de oferta. El informe señala que “el precio del petróleo Brent subió de US$72 por barril al final de febrero a US$118 por barril al cierre de marzo, el mayor aumento mensual registrado”, consolidando el punto de inflexión en el mercado energético.

Las proyecciones sitúan el Brent en US$86 por barril en 2026, frente a US$69 en 2025. “El precio del petróleo Brent se espera que se mantenga elevado en el corto plazo, mientras los volúmenes de exportación desde Medio Oriente permanecen significativamente reducidos”, dice el informe.

El balance de riesgos incorpora escenarios más extremos, en los que “el precio promedio del petróleo Brent en 2026 podría situarse entre US$95 y US$115 por barril”, en función de la duración de las disrupciones y el daño sobre la infraestructura energética.

En gas natural, el ajuste se distribuye de forma heterogénea entre regiones. En Europa, “los precios del gas natural europeo se proyectan que aumenten bruscamente un 25% en 2026”, impulsados por la caída en la oferta de GNL y la competencia por cargamentos disponibles.

En Asia, el impacto se intensifica, dado que “el referente asiático de gas natural licuado se disparó un 94% durante el mes de marzo”, reflejando la reducción de exportaciones desde el Golfo y la presión sobre los mercados spot.

El mercado estadounidense presenta una dinámica más contenida. El informe asegura que “los precios del gas natural en Estados Unidos se proyectan que aumenten de manera más moderada en 2026 y 2027”, debido a su menor exposición a los flujos internacionales.

Navio de transporte de gás

El carbón emerge como sustituto parcial en la matriz energética y el organismo “prevé que el suministro ajustado de gas sea parcialmente compensado mediante sustitución hacia el carbón”, lo que sostiene una proyección de aumento del 20% en 2026.

El conjunto del mercado energético se configura bajo una restricción de oferta que también afecta la producción de petróleo, pues se anticipa que disminuya un 1,5% en 2026, marcando una de las mayores caídas en cuatro décadas.

Las proyecciones para 2026 y 2027:

  • Carbón (Australia): US$130 y US$115
  • Petróleo Brent: US$86 y US$70
  • Gas natural (Europa): US$15 y US$12
  • Gas natural (EE.UU.): US$3,8 y US$4,0
  • GNL (Japón): US$16 y US$13

El impacto de los fertilizantes

El impacto en agricultura se concentra en los fertilizantes, cuya dinámica responde directamente al encarecimiento de la energía. El informe indica que “el índice de fertilizantes del Grupo Banco Mundial se proyecta que aumente un 31% en 2026”, con disrupciones en exportaciones y aumento de costos de insumos.

La urea lidera este movimiento, con una subida del 60% en el precio, que depende en gran medida del gas natural, evidenciando la transmisión directa desde el mercado energético hacia los costos agrícolas.

La presión sobre fertilizantes contrasta con una evolución más moderada en alimentos, ya que el Banco Mundial calcula que “el índice de precios de alimentos se proyecta que aumente alrededor de un 2% en 2026”, apoyado en una oferta global de granos que se mantiene amplia.

Soja cosechada permanece en un camión de granos en el condado de Woodruff, Arkansas, EE.UU.

Dentro de este segmento, los aceites vegetales muestran mayor sensibilidad, dado que “los precios del aceite de palma y del aceite de soja se proyecta que aumenten ambos un 8% en 2026”, en línea con la mayor demanda vinculada a biocombustibles.

El índice agrícola agregado presenta una caída de 6%, debido principalmente a la corrección en bebidas tras shocks previos.

La relación entre fertilizantes y seguridad alimentaria se mantiene condicionada por el acceso. Para el Banco Mundial, “la asequibilidad de los fertilizantes se espera que se deteriore hasta los peores niveles desde 2022”, afectando márgenes agrícolas y decisiones de siembra.

El informe incorpora además un riesgo sobre la oferta futura de alimentos, donde “precios más altos de fertilizantes podrían resultar en menores rendimientos de cultivos en algunas regiones”, lo que introduce presión adicional en el mediano plazo.

Las proyecciones para 2026 y 2027:

  • Cacao (kg): US$3,80 y US$4,20
  • Café arábica (kg): US$7,25 y US$7,00
  • Café robusta (kg): US$4,00 y US$3,90
  • Té (kg): US$2,85 y US$3,00
  • Aceite de soja (toneladas métricas): US$1.233 y US$1.236
  • Soja (toneladas métricas): US$441 y US$446

Los precios de metales y metales preciosos

El mercado de metales industriales registra un aumento sostenido en precios, impulsado por restricciones de oferta y demanda estructural. El informe establece que “el índice de precios de metales y minerales se proyecta que aumente un 17% en 2026”, alcanzando niveles récord en varios componentes.

Trays of silver coins and gold bars at the Polish mint, also known as Mennica Polska SA, in Warsaw, Poland, on Thursday, Feb. 12, 2026. Poland’s central bank, the world’s biggest reported buyer of gold, is boosting purchases by another 150 tons as it braces for more of the geopolitical instability that has driven prices to record highs. Photographer: Damian Lemanski/Bloomberg

Entre los principales metales, “los precios del aluminio, el cobre y el estaño se proyecta que alcancen máximos históricos en 2026”, con niveles de US$3.200, US$12.000 y US$41.000 por tonelada, respectivamente.

El comportamiento responde a limitaciones en la capacidad productiva, dado que “la capacidad de producción de metales básicos es inflexible en el corto plazo”, lo que restringe la respuesta de la oferta ante incrementos en la demanda. “El consumo de metales básicos se mantiene estructuralmente fuerte, impulsado por la energía renovable, la electrificación y los centros de datos”, dice el informe.

En metales preciosos, la dinámica se intensifica bajo condiciones de incertidumbre, pues “los precios promedio de los metales preciosos se proyecta que aumenten un 42% en 2026”, alcanzando máximos históricos en términos anuales.

La demanda de inversión se sostiene en el entorno, pues la “incertidumbre geopolítica probablemente proporcione un apoyo continuo a la demanda de inversión en metales preciosos”.

Los niveles proyectados reflejan una desviación significativa respecto a promedios históricos. “Los precios del oro y la plata este año se proyecta que estén cerca de cuatro veces sus promedios de 2015 a 2019”, mientras que el platino se sitúa en torno al doble de ese nivel.

Las proyecciones para 2026 y 2027:

  • Aluminio: US$3.200 y US$3.000
  • Cobre: US$12.000 y US$11.000
  • Mineral de hierro: US$97 y US$95
  • Plomo: US$1.950 y US$1.950
  • Níquel: US$17.000 y US$17.500
  • Estaño: US$41.000 y US$37.000
  • Zinc: US$3.000 y US$2.750

Metales preciosos

  • Oro: US$4.700 y US$4.300
  • Plata: US$70 y US$65
  • Platino: US$1.950 y US$1.700
Barras de cobre en un distribuidor mayorista de metales en Mumbai, India, el sábado 27 de abril de 2024.

Banco Mundial espera más inflación

El impacto del shock se extiende a inflación y crecimiento, particularmente en economías emergentes. El informe señala que “el aumento de los precios de la energía este año está destinado a desacelerar el crecimiento en las economías de mercados emergentes y en desarrollo”, en un contexto de presión sobre costos y demanda.

En inflación, el escenario base incorpora un aumento y las autoridades esperan que “la tasa de inflación promedio en las economías en desarrollo alcanzará el 5,1% en 2026”, con riesgos al alza en función de la evolución del conflicto. 

El canal de transmisión entre commodities se mantiene activo, ya que “un aumento del 10% en el precio del petróleo contribuye a que los precios del gas natural alcancen alrededor del 7% y los de los fertilizantes superen el 5%”, reforzando la interconexión entre mercados.

La trayectoria futura de precios depende de la normalización logística. Los desafíos permanecen y el Banco Mundial advierte que “los riesgos para las proyecciones de precios de los productos básicos están claramente inclinados hacia precios más altos”.


jueves, 5 de febrero de 2026

La energía de la guerra




Por Enrico Tomaselli, Giubbe Rosse News

Un aspecto poco enfatizado de la fase histórica actual, caracterizada fundamentalmente por la decadencia del imperio estadounidense –y en consecuencia por la reorganización total de los equilibrios globales–, es la importancia de la cuestión energética, y en particular sus entrelazamientos y conexiones.

Por supuesto, es bastante intuitivo que la capacidad de satisfacer las necesidades energéticas de los aparatos industriales y militares, que están estrechamente relacionadas entre sí, es un factor clave para mantener una posición de poder. Pero, precisamente, si analizamos la cuestión con más profundidad, surgen algunas consideraciones extremadamente interesantes.

Comencemos diciendo que, a pesar de toda una serie de compromisos y políticas activas, los combustibles fósiles siguen siendo, con diferencia, el principal motor energético del mundo, y todo sugiere que mantendrán un papel predominante durante las próximas décadas. Paradójicamente, las propias políticas verde (los coches eléctricos) son uno de los factores que contribuyen a mantener una alta demanda de combustibles fósiles. De hecho, aunque hoy en día la producción mundial de electricidad se debe en gran medida a fuentes renovables (37%), la demanda crece a un ritmo vertiginoso, hasta el punto de que el abandono progresivo de otras fuentes de energía es extremadamente imposible. Sólo el carbón –actualmente una fuente de generación de electricidad del 32%– muestra una tendencia descendente significativa.

Pero la verdadera novedad es la explosión de la demanda energética vinculada al desarrollo y uso de la Inteligencia Artificial (IA). En 2024, los centro de datos globales consumieron alrededor de 415 TWh, una cifra superior a todas las necesidades energéticas del Reino Unido. En Irlanda, el centro de datos ya consume el 21% de la electricidad nacional [1]. Y, recordemos, la IA no es sólo el sector que impulsa el PIB de Estados Unidos (y probablemente una gigantesca burbuja financiera), pero también el sector en el que China y Estados Unidos centran hoy su competencia y en el que Estados Unidos en particular se centra para mantener y fortalecer su posición dominante.

La Inteligencia Artificial es por tanto un sector estratégico de primordial importancia, que entre otras cosas ve ahora sus aplicaciones más importantes en los sectores militar y de seguridad (también conocido como control), y que por tanto está destinado a aumentar drásticamente la demanda energética mundial. Esta demanda es tan fuerte que algunos actores importantes de Estados Unidos, como Microsoft, Google y Amazon, están recurriendo ahora a la energía nuclear para alimentar sus plantas; Microsoft ha firmado un acuerdo para reabrir la planta de energía de Three Mile Island (la que cerró tras el accidente de fusión del núcleo el 28 de marzo de 1979), mientras que Amazon y Google se están centrando en el desarrollo de reactores modulares.

Además, desde el punto de vista de Estados Unidos, la cuestión energética tiene otro aspecto estratégico de primordial importancia. De hecho, todo el sistema estadounidense se basa fundamentalmente en la deuda (38,5 billones de dólares), que a su vez se basa en la demanda global de la moneda estadounidense, que a su vez está nuevamente impulsada por el hecho de que el dólar es la moneda estándar para el comercio global. Más de la mitad (54%) de todo el comercio mundial todavía se factura en dólares, y en el caso de las materias primas (petróleo, gas, oro), esta proporción supera el ’80%. Y esto nos lleva al tercer repunte: el dólar se ha consolidado como moneda de referencia a través de su vinculación al petróleo.

En 1974, Kissinger puso en marcha un movimiento estratégico muy importante para Estados Unidos, firmando un acuerdo con Arabia Saudita, basado fundamentalmente en el intercambio de protección militar por Ryad y la venta de petróleo exclusivamente en dólares. Entonces Arabia era el país más importante de la OPEP y el mayor productor del mundo, y esto sirvió para determinar el éxito de la moneda estadounidense.

Por lo tanto, tal como están las cosas, la cuestión energética tiene una importancia estratégica absolutamente central para Washington. Tanto desde el punto de vista de las necesidades como del predominio del dólar. Y, por supuesto, también como herramienta de control sobre el desarrollo de la economía china (y por tanto del poder). Por lo tanto, como cuestión estratégica, debe considerarse en términos de una perspectiva de mediano y largo plazo.

Intentemos pues examinar la situación, tanto americana como mundial, a partir de esta lectura clave, empezando por el petróleo, que representa –como hemos visto– un elemento clave desde más de un punto de vista.

Actualmente, Estados Unidos es el principal productor mundial, con ~13,8 millones de barriles/día. Esto se debe al desarrollo de la extracción del petróleo de esquisto, mediante la técnica de fracking, que sin embargo tiene el problema de ser significativamente más caro [2]. Como Estados Unidos es un sistema capitalista-liberal, toda la cadena de suministro de petróleo (extracción, refinación, comercialización, distribución) está en manos de entidades privadas, que obviamente operan sólo si hay un margen de beneficio razonable. Y esto significa que el precio por barril de petróleo debe mantenerse por encima de una determinada cuota, para ser remunerativo. Por ejemplo, mientras que el petróleo de Medio Oriente tiene un costo de extracción que oscila entre $5 y $15 por barril, extraer el petróleo de esquistoEstados Unidos cuesta entre 35 y 55 dólares el barril. Obviamente, esto significa que Estados Unidos tiene una buena capacidad de autosuficiencia, pero que la exportación de su petróleo es menos competitiva.

Pero, una vez más, si pensamos en términos estratégicos, surge una criticidad importante: Estados Unidos está consumiendo sus reservas muy rápidamente. De hecho, según las estimaciones actuales, ascienden a ~74 mil millones de barriles, lo que los sitúa 9° entre los mayores poseedores de reservas. Y al ritmo de producción actual, las reservas estadounidenses se agotarían en unos quince años. Estratégicamente hablando, sólo un momento. Esto explica el enfoque casi obsesivo no sólo en Venezuela (reservas estimadas de ~303 millones de barriles), sino también en el Ártico, donde se cree que se encuentran grandes depósitos.

Por lo tanto, desde una perspectiva petrolera, se prevé una situación para Estados Unidos en el corto plazo en la que no sólo podría perder la autosuficiencia (volviendo a ser un importador neto) sino, en consecuencia, también perdería la capacidad de influir en los mercados y, por tanto, controlar los flujos y mantener la centralidad de petrodólares. Si luego analizamos la clasificación de los países con mayores reservas, el panorama se vuelve aún más claro y no precisamente tranquilizador.

Es evidente que entre estos países hay algunos que escapan al estricto control político de Estados Unidos, y que se convierten en objeto de atención especial de la administración Trump. Una mirada a los niveles de producción también ofrece información interesante [3].

En una fase de transición turbulenta y redefinición de los equilibrios geopolíticos mundiales, es evidente que para Washington –y por las razones anteriormente indicadas– asumir directa o indirectamente el control sobre el petróleo venezolano y canadiense, mantener el control sobre el petróleo iraquí y al menos limitar las exportaciones iraníes (mediante sanciones y/o desestabilización) es una cuestión estratégica crucial.

Otro sector importante, desde el punto de vista energético, también en vista del tumultuoso crecimiento de la demanda vinculado al desarrollo de la IA, es el de la energía nuclear.

Estados Unidos es el principal productor mundial de energía nuclear, pero no tiene suficiente infraestructura para convertir el mineral en bruto en combustible utilizable. Como resultado, Estados Unidos importa alrededor del 24% de su uranio enriquecido… ¡de Rusia! Aunque en realidad existe un sistema de sanciones, como siempre ocurre, éste se ha eludido adecuadamente pro domo sua, mediante una serie de excepciones. Se espera que estas exenciones expiren en 2028, pero es fácil predecir que se renovarán, dada la continua dependencia de Estados Unidos. De hecho, algo’ como ocurre con las tierras raras con China, a pesar de que Rusia extrae sólo entre el 5% y el 6% del uranio del mundo, posee alrededor del 44% de la capacidad de enriquecimiento global. Y en 2025, los suministros de uranio ruso a Estados Unidos aumentaron casi un 50% (y a la UE un 25%).

Esto significa que la creciente demanda energética en los EEUU, vinculada entre otras cosas también a proyectos de reindustrialización, está destinada al menos durante algunos años más a depender también de los suministros de uranio ruso; lo que, a su vez, añade una clave adicional para comprender el deseo de para cambiar el tamaño hostilidades con Moscú. Por cierto, el precio del uranio está aumentando considerablemente, precisamente en virtud de la creciente demanda y del enriquecimiento estable.

También en este caso, como notas al margen, vale la pena señalar –por ejemplo– que Irán es uno de los pocos países del mundo con capacidades de enriquecimiento autónomas, y esto explica por qué Estados Unidos insiste en prohibirlo. O que las fuentes alternativas muy limitadas son Canadá y Kazajstán (con los que Washington intenta desarrollar relaciones fructíferas, también en virtud de su posición geográfica). O que la pérdida de uranio de Níger por parte de Francia (pasado a la órbita rusa, tras las convulsiones geopolíticas en el África subsahariana – Níger, Malí y Burkina Faso), no sólo aumentó la dependencia francesa, sino que redujo la disponibilidad de minerales de uranio en la disponibilidad Occidental.

Curiosamente, aunque siguen siendo los primeros productores de energía nuclear, Estados Unidos todavía está tratando de liberarse de una dependencia significativa del material enriquecido, del que actualmente casi una cuarta parte proviene de un oponente como Rusia, mientras que el conocido como el mayor competidor, es decir, China, está logrando grandes avances, tanto en el desarrollo de nuevas tecnologías (reactores Torio) como, más en general, en la construcción de nuevas centrales eléctricas [4]. Tecnología significativa de la llamada Sol artificial; el tokamak oriental. Los chinos siguen batiendo récords. A principios de 2026, los científicos anunciaron nuevos avances en el confinamiento de plasma a temperatura ultraalta durante períodos prolongados, con el objetivo de tener la primera instalación de demostración comercial alrededor de 2045.

Por lo tanto, también en este caso la feroz competencia por un sector que consume mucha energía como la IA se refleja directamente en la capacidad de responder adecuadamente a la demanda. Y China espera superar la generación de energía nuclear estadounidense en 2030, menos de cinco años.

Otro sector crucial, el gas.

También en este caso observamos una situación similar a la que ya se observa en el caso del petróleo. De hecho, Estados Unidos es el principal productor mundial, con ~1.050 – 1.100 mil millones de m³/año, además de un importante exportador. Pero, incluso aquí, la extracción es predominantemente de gas de esquisto (fracking), con los mismos problemas de costes, mientras que la exportación –en ausencia de oleoductos transoceánicos– se realiza por barco, mediante licuefacción (GNL). Lo que, por supuesto, aumenta aún más los costes (licuefacción, transporte, regasificación + las plantas necesarias para el procesamiento aguas arriba y aguas abajo). De hecho, los principales compradores somos nosotros, los tontos europeos, que pagamos entre 4 y 5 veces más que el ruso y que –con la típica actitud tafazziana de la UE– acabamos de decidir no comprar más ni un solo metro cúbico de gas ruso a partir de 2028.

Si Estados Unidos es un gran productor, no es un gran poseedor de reservas. Al ritmo actual, estos (17.000 mld m³) se agotarán en menos de veinte años. Compitiendo con la producción estadounidense está obviamente Rusia, con sus ~620 – 680 mil millones de m³ y reservas de 47.000 mld m³ (primera mundial) [5], pero también Qatar, que a pesar de ser sólo el productor mundial 6° tiene los costos de producción más bajos y espera igualar el nivel de las exportaciones estadounidenses ya el próximo año. Por cierto, Irán tiene 34.000 millones de m³ de reservas…

El único sector energético en el que Estados Unidos tiene una supremacía real e indiscutible es el carbón: ~250 mil millones de toneladas de reservas, el 22% de las del mundo. Pero la producción está muy por debajo, ~460 – 470 millones de toneladas por año. Obviamente, esto depende en gran medida de las decisiones de diversificación energética tomadas especialmente en Occidente, pero garantiza al sector industrial estadounidense una posible fuente importante de energía, que puede reactivarse según sea necesario, especialmente en lo que respecta a la generación de electricidad y la producción de acero.

Lo que se desprende de este panorama general es, en primer lugar, que Estados Unidos está acelerando su producción de petróleo y gas, incluso a costa de afectar rápidamente sus reservas, ya que evidentemente cree que es estratégicamente necesario mantener en la medida de lo posible la ventaja que se puede obtener de ello – y hemos visto cuáles son las implicaciones, no sólo estrictamente energéticas. Una aceleración que, además, es de hecho la figura clave de la política estadounidense en todos los campos y que da testimonio de la percepción de que el tiempo para mantener el papel hegemónico se está reduciendo rápidamente.

Si observamos los dos documentos de estrategia que acabamos de publicar, Estrategia de seguridad nacional y Estrategia de Defensa Nacional, debemos leer su indicación fundamental –a saber, la reanudación del hierro y el control total sobre el hemisferio occidental– como uno de los pasos necesarios para garantizar la capacidad energética necesaria para afrontar tanto el desafío de la IA como el de la producción industrial. Venezuela, Canadá y el Ártico representan la tríada clave a este respecto. Así como el desprecio cada vez más manifiesto hacia los países europeos no está sólo vinculado al odio ideológico, o a la pérdida de la centralidad geopolítica del viejo continente, pero también a su absoluta inutilidad en términos energéticos – excepto como cliente de GNL estadounidense, siempre que tenga dinero para pagarlo.

Crea algún tipo de área protegida, centrado precisamente en el hemisferio occidental, lejos de ser un paso hacia una especie de nueva Yalta, con la división del mundo en áreas de influencia, es ante todo un intento de garantizar un mercado más estrictamente colonial, y funcional para proporcionar recursos y absorber la producción, en beneficio de Estados Unidos.

Aunque los documentos estratégicos siempre hablan de competidoresComo si se tratara de un asunto de libre mercado, la realidad es obviamente que la perspectiva geopolítica estadounidense es esencial para la idea de la guerra. Lo cual no es necesariamente, y sobre todo no siempre, una actividad cinética, sino más bien una predisposición. Significa considerar a cualquier otra entidad estatal-nacional en términos de subordinación de servicios públicos o hostilidad de amenazas. La ideología liberal, transpuesta al nivel geopolítico, no prevé la libre competencia, sino la supresión de competidores potenciales. Y el monopolio (de la fuerza) es la respuesta a esta necesidad. En ausencia de una capacidad militar efectiva para contrarrestar a las potencias (globales o regionales) identificadas como hostiles, que ahora ni siquiera se abordan individualmente, la demostración de poder se convierte a su vez en un instrumento de guerra híbriday responde exactamente a la función de proyectar una imagen de mayor potencia que las capacidades reales.

Los estrategas políticos estadounidenses han señalado que el proyecto hegemónico condensado en globalización ha fracasado – porque no ha transformado el mundo en un gran mercado capitalista, en consecuencia no ha uniformizado (y subordinado) a todos al modelo estadounidense, ha inflado hipertróficamente la economía financiera y ha agotado las capacidades productivas materiales. El nuevo desafío para mantener cierta preeminencia global radica no sólo en el desarrollo tecnológico, sino también en una capacidad industrial renovada y poderosa. Y esto requiere ser alimentado.

Un factor poderoso en la ecuación es entonces la capacidad de disponer de energía y limitar el acceso a otros. Se necesita energía para alimentar la guerra, se necesita guerra para controlar la energía. Estados Unidos aspira a ganar la carrera de 100 metros, mientras que Rusia y China compiten por la carrera de cross country.


___________
Notas:
– En Italia, a finales de 2025, solicitudes de conexión para nuevos centro de datos alcanzó los 69 GW, una cifra enorme que requiere una mejora de la infraestructura sin precedentes. Cabe señalar que Estados Unidos está planeando trasladar algunos de sus centros de datos (y, por lo tanto, la demanda de energía) a algunos países de confianza, como Ucrania e Italia. Microsoft (octubre de 2024) anunció una inversión de 4.300 millones de euros (la mayor jamás realizada en Italia) para reforzar su centro de datos a hiperescala, con el objetivo de crear la Región de la nube del norte de Italia (concentrado en Lombardía), que se convertirá en uno de los mayores centros de datos de Microsoft en Europa. El gobierno italiano está trabajando activamente en conjunto para simplificar las regulaciones a través de IA DDL y atraer a otros jugador como Google y AWS (Amazon), que ya cuentan con planes de expansión de miles de millones de dólares en el país.
– El fracking, término de jerga para fracturación hidráulica (fracturación hidráulica), es una técnica utilizada para extraer gas natural o petróleo atrapado en rocas sedimentarias muy compactas y poco permeables, como el esquisto (esquisto). Mientras que las extracciones tradicionales explotan bolsas de hidrocarburos que aumentan naturalmente, el fracking sirve para liberar forzosamente los recursos incrustados en los microporos de la roca.
– Actualmente (datos de 2025) los 10 países con mayor producción son: Estados Unidos (~13,8 millones de barriles/día); Arabia Saudita (~10,1 millones de barriles/día); Rusia (~9,9 millones de barriles/día); Canadá (~5,0 millones de barriles/día); China (~4,3 millones de barriles/día); Irak (~4,1 millones de barriles/día); Brasil (~3,9 millones de barriles/día); Emiratos Árabes Unidos (~3,4 millones de barriles/día); Irán (~3,2 millones de barriles/día); Kuwait (~2,6 millones de barriles/día). Fuente: EIA – Estadísticas Energéticas Internacionales.
– La República Popular China cuenta actualmente con 60 reactores operativos y otros 30 en construcción (la mayor expansión mundial). Y su objetivo es alcanzar los 110 GWe en 2030. Además, está implementando una estrategia Del carbón a la energía nuclear (C2N), para convertir antiguas centrales eléctricas alimentadas con carbón en instalaciones nucleares. Esto tiene ventajas logísticas obvias: en lugar de construir desde cero, se utiliza la infraestructura existente (redes eléctricas, sistemas de refrigeración y personal cualificado) para albergar nuevos reactores nucleares, acelerando la descarbonización del sector industrial pesado.
– Después de Estados Unidos, las mayores reservas de carbón pertenecen a: Rusia, con ~160 mld de m³ (15% del total mundial), Australia, con ~150 mld de m³ (14%), China, con ~145 mld de m³ (13%), e India, con ~110 mld de m³ (10%). Fuente: EIA – Global Energy Review 2025 (Sección del Carbón
  1. ).

miércoles, 10 de noviembre de 2021

EU, primer lugar de plantas nucleares, opta por muchas más con Biden, y China construye otras

Por Alfredo Jalife-Rahme
Foto

▲ La planta de energía nuclear Vogtle en Waynesboro, Georgia. Con 93 reactores, Estados Unidos es el mayor poseedor de centrales de esta clase.Foto Ap
P

ese a los dramáticos accidentes en Three Mile Island (Pennsylvania) en 1979, Chernóbil (ex-URSS) en 1986 y Fukushima (Japón) en 2011 (https://bit.ly/3qo1fNq), ahora la primera crisis energética global en la Era Verde (https://bit.ly/3mY5DQR) orilla a que las potencias del planeta –EU, China, Rusia, Gran Bretaña y Francia–, además del polémico anglófilo Bill Gates, readopten y readapten las plantas nucleares (https://bit.ly/3wxIVT1).

Alrededor de 440 reactores nucleares proveen casi 10 por ciento de la electricidad mundial (https://bit.ly/3wuVkXP), y EU destaca en el primer lugar del ranking de plantas nucleares, con 93 reactores en 30 estados, con 30 (sic) diferentes empresas eléctricas. EU es seguido por Francia (56), China (50), Rusia (38), Japón (33), Sudcorea (24), India (23), Canadá (19), Gran Bretaña y Ucrania (15), España y Bélgica (siete), Suecia y Alemania (seis). México posee dos reactores en Laguna Verde, que proveen 4.9 por ciento de su electricidad (https://bit.ly/3ww8Xpw).

La controvertida y extrovertida secretaria de Energía, Jennifer Granholm (JG), asentó que la administración Biden se encuentra muy optimista para construir nuevos reactores nucleares (https://yhoo.it/3mWrUyG), cuando las energías solar y eólica aún no son capaces de generar una capacidad de cargabase ( baseload) ni suficientes para soportar la demanda. Comentó que 20 por ciento de la electricidad en EU y 29 por ciento global provienen de las plantas nucleares que definió como limpias, lo cual es sumamente debatible debido a los ominosos accidentes y a las fugas radiactivas.

JG ocultó que EU es el tercer productor de carbón en el mundo, y aseveró que hoy los avanzados reactores nucleares son seguros (sic) cuando su precio –que hoy es excesivo– disminuiría considerablemente mediante la tecnología emergente de pequeños reactores modulares. Por cierto, JG advirtió que los estadunidenses tendrán que desembolsar más para calentar sus hogares este invierno (https://bit.ly/3F3VbNV).

Según Bloomberg, “China planifica por lo menos 150 nuevos reactores en los próximos 15 años, más de lo que el resto del mundo ha construido en los pasados 35 años (https://bloom.bg/3C5gRHz)”, a un costo de 440 mil millones de dólares, con lo que podrá superar a EU como el principal generador de energía nuclear en el mundo. El plan de China consiste en sustituir “casi (sic) todos sus 2 mil 990 generadores, basados en carbón, con energía limpia en 2060”, cuando en el seno de su mix (mezcla) energético, las renovables energías eólica y solar serán dominantes, viniendo la energía nuclear en tercer lugar (https://bit.ly/3klst3n).

El muy influyente Atlantic Council de EU, donde abundan ex asesores de Seguridad Nacional, se refocila en que las exportaciones nucleares de China pueden desafiar el dominio de Rusia (https://bit.ly/3H5IRyK), que ostenta 60 por ciento de la venta de reactores en el mundo, cuando la principal empresa nuclear china planifica construir 30 reactores nucleares en 2030 a lo largo de su Ruta de la Seda (https://reut.rs/3F1PAYI).

Según France 24, China desarrolla un reactor nuclear con torio, que sería un geoestratégico game changer (alternación de las reglas de juego): los presentes reactores de uranio y agua serían sustituidos por reactores de torio y sal fundida ( molten salt). China aprovecha así la posesión de sus abundantes minerales de tierras raras, entre los que se encuentra el torio (https://bit.ly/3wzUbhB).

Según el prestigioso portal Nature, en caso de que el reactor experimental de China sea un éxito, podría conducir a su comercialización y ayudarle a cumplir sus objetivos del cambio climático (https://go.nature.com/3bUoKVV).

Otro game changer versa sobre la carrera espacial en la que se han enfrascado las tres superpotencias terrestres EU-China-Rusia para atesorar el helio-3 con el fin de desarrollar reactores nucleares de fusión proveniente de la Luna y los gases volátiles de los asteroides (https://bit.ly/3F0hQuB).

¡Las reservas lunares de helio-3, el oro lunar, se supone que abastecerían la demanda energética mundial por 250 años! (https://bloom.bg/3qsH5Sx)

http://alfredojalife.com

Facebook: AlfredoJalife

Vk: alfredojalifeoficial

Telegram: AJalife

https://www.youtube.com/channel/UClfxfOThZDPL_c0Ld7psDsw?view_as=subscriber