Fidel


"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." ""Creo que mientras más critica exista dentro del socialismo,eso es lo mejor" Fidel Castro Ruz
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viernes, 8 de octubre de 2021

Mi primer encuentro con el Che

Por Giraldo Mazola

Muchos amigos me han sugerido, cuando he relatado alguna anécdota sobre el Che, que debía escribirlas. He acariciado esa idea varias veces durante las tres décadas que han transcurrido desde su desaparición física en Bolivia y cada año, alrededor de Octubre, he leído con avidez los relatos de sus compañeros más íntimos, de sus familiares y amigos, que nuestros medios masivos publican en el marco de las efemérides que lo unen más a Camilo en ese mes.

Leí también el profundo análisis de Carlos Tablada sobre el pensamiento económico del Che, las investigaciones de Froilán González en Bolivia relatando con un gran cúmulo de citas de prensa y declaraciones, la epopeya de la guerrilla que complementan el diario del Guerrillero Heroico. He visto varias veces la entrevista de Fidel con el periodista italiano Mina cuya versión documental con imágenes y fragmentos de documentales es sencillamente fabulosa e irrepetible.

Todas esas publicaciones, en vez de estimularme a dar el paso que en definitiva decidí dar hoy, me inhibían a hacerlo, pues me parecía que mis vivencias personales carecían de importancia y no revelaban nuevas facetas de su carismática, excepcional y relevante personalidad.

Oí mencionar al Che en términos nada halagüeños cuando citaban en las informaciones elaboradas por la tiranía su presencia entre los invasores del Granma. Luego, en los primeros meses de 1957, cuando el luego Comandante René Rodríguez bajo de la Sierra para dirigir los grupos de Acción y Sabotaje del Movimiento 26 de Julio, le escuché distintas referencias sobre ese médico argentino que se había unido a nosotros, había cambiado su botiquín por un rifle y comenzaba a forjar, en aquella etapa, su leyenda y realidad.

Estudiaba Medicina hasta que cerramos la Universidad a fines de 1956 y antes me había incorporado a los Grupos de Acción del 26 de Julio aunque seguía trabajando en la sala de ortopedia del Hospital Calixto García.

Me atrajo desde entonces la reedición en su persona de la hermosa historia de los centenares de extranjeros que habían participado en nuestras guerras de independencia. Admiraba desde muchacho a aquellos patriotas cuya consagración mambisa los convirtió en cubanos por derecho propio e intuía que de nuevo surgía una versión moderna del "inglesito" Reeve o del polaco Carlos Roloff.

Mi experiencia sobre el mundo que rodeaba nuestra isla era puramente libresca y no conocía a personas de otra nacionalidad si excluía un exiguo grupo de españoles, jamaicanos o haitianos "aplatanados" del barrio. Entonces tampoco tenía una cabal comprensión de las concepciones y principios internacionalistas que todo nuestro pueblo abrazó después y por tanto el prisma con el cual miraba la presencia suya entre nosotros tenía esas limitaciones.

Es cierto que se añadía como elemento de atracción que su profesión fuera la que yo pensaba ejercer y más tarde también sirvió como punto de interés conocer que le gustaba jugar ajedrez, mi entretenimiento favorito, bastante poco común entonces.

En vísperas de la victoria de Enero de 1959 ya el Che era un pilar de la guerra revolucionaria; estando en la cárcel, escuchaba por Radio Rebelde los relatos de sus acciones y combates, de la épica invasión a occidente, que formaban parte de la información cotidiana de nuestra emisora.

La prensa batistiana lo trataba con desprecio y con rabia calificándolo como extranjero y "comunista", incapaces de entender su desinteresado sacrificio por un país donde no nació. Por suerte ya entonces había superado bastante mis arraigadas ideas anticomunistas gracias a la paciencia de un grupo de experimentados dirigentes del Partido Socialista Popular que, en la propia cárcel, día tras día, contribuyeron a esclarecer las concepciones ideológicas de no pocos jóvenes allí detenidos, removiendo las confusiones que una sostenida campaña contra el marxismo, el socialismo y casi todos los "ismos", había logrado inculcarnos. Nos preparábamos sin saberlo para la necesaria unidad que Fidel preclaramente convirtió en la base futura de todo el proceso revolucionario.

Así, Mas Martín y José Felipe Carneado, por citar sólo algunos nombres en justo reconocimiento al rol político que jugaron, propiciaron o dicho de otro modo me hicieron ver que además de mi admiración y respeto por Fidel, Raúl, Camilo y el Che, como exponentes imbatibles de la lucha en que participaba, estuviera avalada por una coincidencia ideológica, al conocer por ellos como realmente pensaban, como las concepciones estratégicas e incluso tácticas de la lucha que librábamos estaban fundamentadas en concepciones marxistas, cuya teoría comenzaba yo a descubrir.

No conocí personalmente al Che hasta fines de 1959. En el transcurso de ese año a través de su incesante trabajo cotidiano que los medios masivos reproducían, de sus propios escritos sobre la guerra de guerrillas, tan gráficos y elocuentes de su dimensión y grandeza como de su sencillez, de los relatos de hombres de su columna, de los comentarios del propio Camilo, había logrado, como todo nuestro pueblo, conocer mejor al Che. Se había convertido en el transcurso de poco menos de un año en una figura sumamente conocida, querida, parte de nosotros mismos.

Quise volver a mis estudios de Medicina pero el ajetreo intenso de aquellos años hizo inevitable que asumiera otras responsabilidades y pospusiera por un breve plazo, que resulto ser hasta el día de hoy, lo que consideré era mi vocación. Estaba en la dirección del 26 de Julio en la provincia de La Habana y acepté participar en la intervención de varios laboratorios farmacéuticos al mismo tiempo. Se comenzaron a producir conflictos laborales promovidos en cierto modo por las patronales de empresas norteamericanas e incluso nacionales cuyos propietarios no querían enfrentar y menos aun resolver.

La mayoría de estas entidades realmente se dedicaban a envasar las tabletas, pomadas o siropes que importaban a granel y desde luego no había en su gestión económica nada que se pareciese a un intento de transferencia tecnológica; otros, los menos, habían instalado una elemental base técnica para producir ámpulas, tabletas y pomadas con equipos ya obsoletos pero rentables en nuestro mercado y excepcionalmente uno de ellos, había recién adquirido un grupo de equipos sencillos pero más modernos que casi estaba listo para entrar en producción.

A través del Ministerio del Trabajo, que designaba los administradores que debían dirigir estas unidades productivas en conflicto laboral no era posible encontrar la forma de organizar su producción y los técnicos cubanos que allí laboraban trataban afanosamente de buscar alternativas para producir medicamentos y no depender de reenvasar muchos de esos productos cuya existencia se agotaba.

Supe entonces que el compañero Mario Zorrilla había organizado lo que denominaba "Consolidado Químico" y agrupaba varias fábricas o empresas intervenidas; enfrentaban y trataban de resolver problemas similares a los que yo tenía y me vinculé, orgánicamente si se quiere, a tal institución. Le expliqué a Mario, que era muy entusiasta y emprendedor, lo que pensaba que podía hacerse en la producción de medicamentos si organizábamos todos los laboratorios intervenidos en una especie de agrupación dedicada a tal tipo de producción.

Realmente sabía muy poco o casi nada de organización de empresas, de producción de medicamentos y de ese sector en particular, pero el interés que había visto en tantos trabajadores de esas unidades queriendo hacer algo, luchando por no paralizarse, que veían en su acción un deber, su respuesta en sus puestos de trabajo al enardecido patriotismo que se templaba en aquellos días, me hacían sentir como si dominara esos temas.

Mario compartió mis inquietudes y apoyo mis criterios y eso me dio confianza para pulir mejor lo que pensaba cuando después lo discutía con diferentes técnicos como el Dr. Epifanio Selman, farmacéutico de los Laboratorios Abbott, que era uno de los que más me estimulaba a tratar de impulsar esas ideas. Recuerdo que Selman trataba de reproducir la fórmula de una famosa pomada contra las quemadas, “Picrato de Butesin", muy utilizada entonces, que se recibía, como casi todas, a granel. La descripción de sus componentes en la prescripción no tenía la precisión de las proporciones y evidentemente contenía algún excipiente que no consignaban y de ahí que fuera tan difícil elaborarla.

Un día en que le hablé nuevamente del tema Zorrilla me dijo: "El Che está a cargo del Departamento de Industrialización del INRA y yo veo con él todos los problemas de las unidades que atiendo. Ya empieza a organizarse toda la estructura necesaria para atender la producción industrial que tenemos. Vamos a ir a verlo y le explicas tus ideas. Te advierto que conozco que él está pensando en una idea similar pero a partir de comprar un laboratorio que es propiedad de un brasileño, Elio Dutra, amigo suyo y una gente muy progresista". Así convenido, muy pocos días después Mario me llamó para decirme el día y la hora en que el Che nos recibiría.

Había estado insistiendo en hablar con alguien de estos planes pero no había pensado que esa persona iba a ser el Che; cuando hablamos de verlo tampoco pensé que sería tan rápido y cuando tuve que prepararme para ese momento empezaba a encontrar posibles problemas y lagunas en el proyecto que me hacían dudar y tenía que volver a darme ánimo a mí mismo. Ya entonces había sido designado Secretario de Relaciones Exteriores del 26 de Julio y mi atención a estos laboratorios se complicaba.

Ocurrió que en la víspera Mario me llamó pidiéndome que lo acompañara a la fábrica de botellas “Owen Illinois” de San José, en la provincia de La Habana; fuimos y la intervención se realizó instalando como interventores a un triunvirato provisional escogido entre los trabajadores más combativos y revolucionarios.

Al día siguiente cuando llegamos al despacho del Che en el edificio del INRA (hoy sede del MINFAR) encontramos en una especie de antesala a un viejo amigo mío de la Escuela de Medicina, de la lucha y de la prisión, Alipio Zorrilla. El "negro Alipio", como siempre le dije cariñosamente, nos explicó que se estaba preparando para ser el administrador de una fábrica de tuercas y tornillos que se iba a construir pronto en Guantánamo y estudiaba allí los planos y otros materiales para familiarizarse con el proyecto.

Bromeamos un poco diciéndole que no sabía nada de fábricas ni de producción y él ripostando que menos sabía yo. Le presenté a su tocayo blanco y antes que el Che nos llamara a su oficina le dije a Mario que Alipio podía ser el hombre para administrar la Owen Illinois. Empecé a resaltar sus virtudes diciendo exactamente lo contrario que había dicho antes y Alipio se interesó en conocer los detalles de la intervención nocturna pues conocía la fábrica y tenía amigos allí. Advirtió que la idea le gustaba pero que cualquier decisión en su caso dependía del Che pues había sido asignado para trabajar donde él determinara, añadiendo con picardía que el proyecto que tenía se demoraba un poco y lo que nosotros pensábamos era algo para empezar ya.

Le dije a Alipio delante de Mario: "No te preocupes, Mario se lo plantea ahora cuando lo veamos". Mario enseguida atajó mis ímpetus y respondió: "No, le he pedido muchas cosas al Che y no puedo venir siempre a pedirle. Tú eres el que conoce a Alipio y después que plantees lo que vinimos a ver, trata de convencerlo de que lo preste; sugiérele que le servirá de entrenamiento práctico para la tarea que piensa darle que sin dudas se demorará unos meses en comenzar".

Nos llamaron y pasamos a la oficina del hombre que admiraba, respetaba y no conocía para plantearle un proyecto y además otra cuestión surgida de forma improvisada momentos antes.

Nos saludó cordialmente y nos invitó a sentarnos. Mario le hizo una introducción muy breve y concisa, recordándole el tema que queríamos tratar y del que evidentemente habían conversado antes por teléfono.

El Che prendió lo que quedaba de un tabaco, se recostó y me invitó a explicarle. No era muy ducho entonces en exponer algo de forma concreta y convincente pero había pensado tanto en ese asunto que creo que no me salió mal. Recuerdo que me hizo un par de preguntas en medio de mi intervención para precisar algo y al final dijo que le parecía interesante. Indicó que le hiciera un informe con lo que le había explicado, incluyendo las características de todas las unidades y además que me mantuviera en contacto y en vinculación con Mario. Hasta ahí todo salió bien.

Entonces comenzó mi primer y nunca olvidado "patinazo" con el Che. Con cierto apresuramiento le expliqué la intervención de la fábrica de botellas y lo que hicimos, que se necesitaba designar un interventor y acababa de ver al entrar en su oficina, un compañero que podía ser el candidato apropiado durante unos meses hasta que se encontrara la persona idónea. Era Alipio Zorrilla, se preparaba para una misión en una fábrica que empezaba a construirse y podía servirle de entrenamiento práctico. Aunque mi explicación no fue suficientemente coherente el asunto le interesó y dijo dos veces: “Alipio Zorrilla” sin recordar quien era.

Para ayudar a que identificara a mi amigo le mencioné varias características de Alipio: "Es un compañero alto, de los grupos de acción de La Habana, corpulento, "de color"... y no pude seguir. Me hice la idea que con esos datos lo había recordado pues se echó hacia adelante pero me dijo bajito mirándome a los ojos: "De color somos todos, blancos, amarillos, negros. Si es negro di que es negro o es que no llamas a las cosas como son."

Realmente me sorprendí y hasta molesté. Nunca me había referido al hablar de Alipio ni de otro negro de esa forma pero queriendo ser cuidadoso y fino me salió la condenada expresión. Me sentí abochornado, -como parece que quería que me sintiera- y traté de salir de ese entuerto explicando que fue una frase involuntaria que no acostumbraba a utilizar. Como concluyendo y dirigiéndose más a Mario que a mí dijo que estaba de acuerdo y que lo podíamos utilizar en esa tarea. Nos despedimos, también cordialmente, y salimos.

Buscamos a Alipio en una oficina contigua y le dije que recogiera sus bártulos. Mario le comunicó la decisión del Che y le sugirió que se fuera con nosotros para ir directamente a su oficina y hacer los trámites de su designación y llevarlo después a la fábrica. En el camino le conté mi versión de lo sucedido: "Buena descarga me busqué por quererme referir de ti con tanta finura; siempre te he dicho el "negro Alipio" y se me ocurrió describirte como "de color" y este hombre no deja pasar una. Enseguida me corrigió. Bien me gané la reprimenda". Mario agregaba otros elementos y los dos Zorrilla se reían.

Toda historia tiene su moraleja. Removíamos los cimientos de la discriminación racial que se enraizó cuando éramos una neocolonia yanqui y para ello, además de hacer una verdadera y profunda revolución que la erradicara para siempre, era necesario enfrentar aquellas expresiones que tenían un cierto sentido racista. Yo no era racista, pero sin darme cuenta repetía frases de ese tipo. Nunca más le he dicho a un negro que es de color.

Alipio hizo un excelente trabajo allí. Por eso el Che, ya como Ministro de Industrias, lo promovió como administrador de la fábrica de níquel de Moa, donde también trabajó bien. Después devino diplomático, fue Embajador en varios países africanos y falleció recientemente.

Mario poco después fue seleccionado como Vice Ministro del naciente Ministerio de Industrias donde laboró muchos años.

Se constituyó después la Empresa de Productos Farmacéuticos con aquellos laboratorios y otros intervenidos o nacionalizados posteriormente y Selman pasó a trabajar allí donde todavía tiene una importante responsabilidad, aunque las empresas se llaman ahora Medicuba y Eron.

Yo presenté mi proyecto. Un mes después me encargaron crear el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos, ICAP, donde permanecí poco mas de nueve años. Tuve que desvincularme de los proyectos de la producción farmacéutica que entre otras cosas me agradaban porque se relacionaban con mi vocación frustrada.

Muchas veces después, el Che bromeando y quizá hasta en serio, cuando nos veíamos en ocasión de una entrevista suya con una delegación extranjera, les decía refiriéndose a mí, que era un desertor de la producción y había preferido la actividad que realizaba a la concreta tarea de producir trabajando con él. Varias veces aclaré, -aunque él lo sabía,- que no fue una decisión mía, pero lo seguía repitiendo. No me gustaba el intento de broma pues creía que no era conveniente para el organismo que comenzaba, pero después me percaté que era su forma de resaltar la naciente institución y darme relevancia a mí.

martes, 14 de noviembre de 2017

¿Para dónde vuelan los flamencos?


Por Giraldo Mazola,


Ser fidelista no es una desviación de la teoría marxista. Es ser marxista, martiano y tener una confianza infinita en la genialidad de un dirigente -de los que nacen cada cien años y que nuestra generación tuvo la suerte de coincidir con él- y de participar bajo su guía en la gesta definitiva de la redención de la patria.

Esa confianza se va materializando y consolidando poco a poco, mediante sus acciones cotidianas, sus análisis, su estilo de encontrarse siempre en la primera línea de cualquier combate contra enemigos o desastres naturales.

No se trata de una aceptación superficial de las decisiones o criterios del jefe sino la convicción de que sus opiniones a veces soñadoras, -pues un revolucionario siempre debe soñar-, aún cuando no se comprendan en su dimensión al principio, después advertimos que mientras nosotros habitualmente vemos facetas inmediatas de una situación, generalmente él suele apreciar aspectos de más largo alcance.

Recuerdo muchas ocasiones en las que yo estaba sumergido en la cotidianidad y Fidel además de apreciarla se proyectaba a cuestiones perspectivas donde ese problema perdía su dimensión para ceder el espacio a las de su perspectiva.

Hay infinidad de anécdotas de esas ensoñaciones y de esa confianza en la visión de un futuro asequible cuando el camino presente parecía preñado de obstáculos insalvables. Raúl relata lo que sin dudas es el ejemplo cardinal de lo que digo al explicarnos el encuentro de ambos con el diezmado grupo que sobrevivió a la emboscada de Alegría de Pío, rodeados de miles de soldados y su afirmación de que con ese exiguo grupo ganaríamos, como ganamos, la guerra que se iniciaba.

Además lograba contagiarnos de esa confianza en el porvenir pero educándonos a soñar y a analizar todas las circunstancias presentes y futuras. Lo percibí cuando René Rodríguez bajó de la sierra en 1957 para llevar al periodista norteamericano Mathews a aquella entrevista histórica y luego para hacerse cargo de los grupos de acción de la capital, quien venía permeado de esa forma de pensar y actuar que inculcaba Fidel.

Quiero referir mis recuerdos de un hecho ocurrido en Camaguey en la década del 70. Fidel impulsaba y supervisaba la ejecución de la infinidad de planes de nuestro desarrollo no únicamente con reuniones en la capital sino con recorridos frecuentes por el país. Eran un método muy práctico para constatar en el terreno su marcha y contagiar a todos sus ejecutores la fe necesaria para vencer obstáculos que parecían a veces insuperables. No acostumbraba a avisar con mucha antelación sus visitas ni a anticipar lo que se proponía recorrer o chequear. Al menos ese es el recuerdo que conservo de Camaguey.

En una ocasión advirtió casi una semana antes su visita y su interés por visitar las fábricas de fertilizantes y de cemento de Nuevitas, la playa de Santa Lucía y el Rectángulo Ganadero de Guáimaro.

Tomamos ante el aviso todas las medidas para revisar y controlar todo lo que estaba en nuestros proyectos de desarrollo y los fundamentales planes de la agricultura y la zafra.

Héctor Argilés, joven combatiente del 26 de julio de Regla que se incorporó a las FAR y llegó a ser el jefe de operaciones de la división 2350 que dirigía el comandante Rogelio Acevedo y era el ariete defensivo de la capital, era entonces el primer secretario del Partido en Nuevitas y se dedicó a revisar todo lo que estaba en su jurisdicción.

Nuevitas contaba en 1959 con apenas unos 10 mil habitantes y un puerto que solo trabajaba medio año en correspondencia con la producción de azúcar y unas pequeñas industrias locales. El desempleo reinaba y la pobreza caracterizaba esa bella ciudad camagüeyana. Del proceso de industrialización propuesto por el Che ya operaba la planta de electrodos y la de alambre con púas, el combinado industrial Esteban Lugo, la fábrica de cemento, la termoeléctrica 10 de Octubre y el complejo químico de fertilizantes. El puerto dejó de ser monoexportador de azúcar para convertirse en la tercera terminal marítima del país en carga general y en el puerto alterno del de La Habana, manipulando más de un millón de toneladas métricas de mercancías. Se le añadieron una base de almacenamiento de combustibles y otra de amoniaco en Pastelillo, por donde también se realizan exportaciones de cemento. Las seis unidades de la termoeléctrica aportaban más de 600 megawatts-hora. El coloso productor de fertilizantes garantizaba el abono nacional para los programas agrícolas cañero y de cultivos varios a diversas regiones. Este florecimiento de modernas industrias representó la capacitación de miles de hombres y mujeres de allí, de Camagüey y de todo el país para el funcionamiento de las grandes plantas y las operaciones portuarias. Surgieron miles de empleos en las importantes ramas industriales y portuarias, y en la construcción de presas, acueductos y viviendas, para garantizar el hábitat a las nuevas familias que el propio desarrollo promovió en la región. Detrás vinieron las inversiones sociales de escuelas de todos los niveles, politécnicos, aulas universitarias, policlínicos, un hospital con excelentes servicios médicos y de urgencia, casas de cultura, redes de comunicaciones, emisora de radio y un canal de televisión. Su población creció hasta más de 40 mil habitantes.

Cuando se produce esta visita de Fidel, apenas catorce años después el cambio era extraordinario.

Además del control de los datos de la siembra de caña y las reparaciones en los dos centrales del municipio, Argilés los visitó repetidamente para precisar la situación así como los proyectos de expansión citrícola de Sola, la construcción de caminos, la marcha de las fábricas de cemento y de generación eléctrica, los planes de vivienda y la siempre tensa situación del puerto.

Incluso fue personalmente a recorrer el primer pedraplén que hacíamos de alrededor de dos kilómetros para unir el cayo Sabinal, con 335 kilómetros cuadrados y 33 de playas -que fuera base de operaciones de corsarios y piratas y de leyendas de tesoros enterrados,- y la tierra firme que ejecutaba el Chino, Rolando Cabrera, combatiente del ejército rebelde, con una pequeña brigada de equipos viejos consistente en un par de bulldozers, varios camiones y un cargador. Recibía el reporte diario de la marcha de ese trabajo pero lo visitó un atardecer. Cuando marchaba con el Chino dentro del cayo se sorprendió con un ruido no conocido y el Chino le aclaró que a esa hora cientos de los flamencos de Santa Lucía volaban por encima de la bahía hasta las casimbas del cayo. Se pusieron a observar y vieron varias decenas que venía planeando bajo para descender en ellas.

Desde luego fue exhaustivo en la revisión de la situación de las fábricas de fertilizantes y cemento donde felizmente todos sus índices de producción marchaban bien y también de la playa de Santa Lucía. Allí si había un buen enredo. La construcción de la carretera asfaltada que la comunicaba con la capital marchaba a un ritmo aceptable pero no así el primer hotel y el campamento que edificábamos en la playa con constructores de la CJC. El primero tenía un atraso de más de cinco semanas que después de numerosos chequeos sólo era posible reducirlo muy poco por la ruta crítica de la obra.

En fin que esperábamos que nos costaría una buena reprimenda cuando el comandante constatara esto. Incluso algunos pensaban que el conocimiento del atraso era la causa de la visita.

Al fin llegó Fidel e inició en la mañana siguiente el recorrido anunciado acompañado de Raúl Curbelo y Jaime Crombet, primer y segundo secretario del Partido en la provincia y de Argilés. La visita a la fábrica de Fertilizantes y a la de cemento fueron muy positivas por las frases estimulantes que dijo a los colectivos de trabajadores. Percatándose de la satisfacción del Comandante por la visita a las dos fábricas y el diálogo con sus obreros, al salir de la de cemento Argilés le plantea: “Comandante quisiera de ser posible una ayuda suya,” y Fidel le responde enseguida preguntándole qué ayuda quiere y entonces le sugiere que sería recomendable pasar por algunas calles de Nuevitas para saludar a la población. Fidel le indica al chofer que tome por donde él le indique y así los carros pasaron por la calle principal y otras avenidas donde el pueblo al ver la caravana y percatarse que iba Fidel, empezaron a salir de las casas, los comercios, saludándolo con tal efusión que fue realmente impresionante.

Al concluir el recorrido Argilés le informó la marcha de la construcción del pedraplén a Sabinal y las dificultades motivadas por la situación de los equipos y el comandante le asignó, anotándolo en su libreta, varios equipos nuevos que llegaron una semana después y dieron un impulso decisivo a aquella obra.

Durante el trayecto a Santa Lucía fue apreciando la construcción de la carretera asfaltada que comenzaba a sustituir el pedraplén que ejecutaba con escasos equipos el entusiasta jefe de viales de la provincia Quiroga y que comenzaba a cambiar la imagen del acceso a la playa.

Santa Lucía, a 120 kilómetros de Camaguey, tiene una faja de arena fina de más de veinte kilómetros de playa arenosa de origen coralino y es después de Varadero la mayor potencial playa del país. El ancho promedio de la franja de arena es de quinde metros. Sus aguas son muy tranquilas, transparentes y de fondos arenosos ideales para el deporte náutico, la pesca superficial, la foto-caza submarina y los baños de mar. Una extensa y bien conservada barrera coralina, parte de la mayor del hemisferio occidental, se extiende paralela a la costa a dos kilómetros de ella y limita las áreas para baños de mar.

Había entonces decenas de casas construidas por hacendados camagüeyanos y unas pocas edificaciones rústicas hechas después del triunfo de la revolución. El terraplén que lo comunicaba capital, que ahora se asfaltaba, estaba en mal estado y la carencia de instalaciones populares y de agua potable limitaba su disfrute por la población. Se iniciaba, con la carretera, ese primer hotel y la construcción de la presa Atalaya, la solución de esos problemas que darían facilidades para su disfrute.

La playa está limitada al sur por la más grande salina del país separada de la franja arenosa por la laguna natural El Real, poblada por el mayor conglomerado de flamencos rosados del país.

Frente al hotel en construcción, lo esperaba un grupo más nutrido. El jefe de la obra ofreció cifras y datos y explicó las causas del atraso donde en efecto incidían factores objetivos pero también muchos derivados de nuestra inexperiencia y deficiencias.

Fidel escuchaba atentamente la información mientras observaba el entorno. Dio algunos pasos a su izquierda y derecha. Casi finalizaba el jefe de la obra cuando lo interrumpió en voz baja: ¿Para dónde vuelan los flamencos?

Todos los presentes se miraron unos a otros y nadie tenía la respuesta para esta inesperada pregunta. Argilés en un extremo se adelantó un poco y para alivio de todos dijo: "Comandante, al atardecer vuelan muchos de ellos a través de la bahía para las casimbas del cayo Sabinal. Las vi hace poco cuando revisaba el trabajo del pedraplén” 

Fidel volvió a caminar mirando ahora hacia la laguna y comenzó a acercarse a los jeeps sin decir nada del atraso de la obra que nos tenía en vilo. Se detuvo y nos explicó a todos lo que me pareció después que era el motivo de su visita a ese lugar.

Con palabras más elocuentes y precisas que las que logro recordar dijo que Santa Lucía sería la playa de los trabajadores camagüeyanos y una de las orientales del norte de esa provincia.

Y ahí se remontó a pensar viendo ante sí lo que requeriría varios años materializar y que la mayoría de nosotros no veía con esa claridad sumergidos en los problemas difíciles de la terminación de las obras iniciales. Para ello tenemos que terminar la presa y la conductora que la abastecerá de agua potable, concluir la carretera que la une a la de Nuevitas y la que acabamos de comenzar, que irá por la costa norte. Aquí habrá que edificar una decena de hoteles pero no como este, tendrán que ser más verticales o extendiéndonos a lo largo de la playa para no reducir la capacidad de la laguna. Con lo que me dicen de los flamencos esto no los afectará y seguirán constituyendo un bello ornato para todos y una prueba del respeto que debemos brindar a nuestra naturaleza.

Hoy, treinta años después, muchos de aquellos sueños son realidades. Santa Lucía cuenta con cinco hoteles de categoría con más de 1 000 habitaciones y dos centros de buceo y deportes náuticos.