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jueves, 9 de mayo de 2024

Cuba aspira a reavivar su industria cañera más allá del azúcar

Las más recientes zafras no sobrepasan el medio millón de toneladas de azúcar.





Un productor acopia caña de azúcar en un área de cultivo de un vivero en la comunidad de Alamar, en La Habana. Terrenos degradados, siembras deficientes, escasas áreas bajo riego, junto con la obsolescencia tecnológica de los ingenios y la maquinaria conspiran contra los rendimientos agrícolas e industriales de la gramínea.

Foto: Jorge Luis Baños/IPS

La Habana, 3 may.- La agroindustria azucarera en Cuba sigue sin visos de recuperación, con la persistente escasez de azúcar como uno de los síntomas evidentes y a la espera de concretar planes para modernizar los ingenios, aumentar producciones y elevar los aportes de energía renovable.

“Los privados tienen azúcar importada, pero muy cara. La de la bodega (establecimiento estatal) es poca y viene con atrasos. Trato de guardarla para el café, la leche y algún que otro jugo. Se ha vuelto muy difícil hacer dulces en casa”, comentó a IPS la jubilada Nidia Ferrera, una residente en La Habana que trabajó en el sector bancario.

La producción azucarera fue el pilar de la economía de este país caribeño durante el siglo XIX y casi la totalidad del XX.

El descenso productivo impide cubrir la demanda interna de sacarosa, mientras se ha complicado la importación ante la escasez de divisas, debido a la agudizada crisis económica.

Para distribuir a la población, satisfacer la demanda del turismo y la producción de medicamentos y manufacturas, la isla ha debido importar azúcar de Brasil, Colombia y Francia.

El azúcar es uno de los productos de la cartilla de racionamiento, a razón de cuatro libras (1,8 kilogramos) mensuales por persona. Desde 2023 se registran atrasos en la distribución y no se vende de manera liberada en mercados estatales o tiendas en divisas.

Negocios privados ofertan el kilogramo de azúcar refino importado entre 700 y 800 pesos, poco más de dos dólares según la cotización informal de la divisa estadounidense.

“Quien diría que llegaríamos a esta situación; un país gran productor de azúcar y ahora no puede autoabastecerse”: Ramón Escobar.

Algunas personas recurren al trueque o al mercado negro donde un kilogramo de azúcar crudo oscila los 1,5 dólares.

Una pensión mínima en la isla equivale a unos cuatro dólares y el salario medio a poco más de 12 dólares, tomado como referencia el cambio en el mercado informal de divisas.

“Quien diría que llegaríamos a esta situación; un país gran productor de azúcar y ahora no puede autoabastecerse”, señaló a IPS Ramón Escobar, ingeniero agrónomo, jubilado y extrabajador del desmantelado ingenio Camilo Cienfuegos, en la localidad de Hershey, de la occidental provincia de Mayabeque.

A juicio de Escobar, desmantelar una mayoría de los centrales “fue el tiro de gracia a una industria que es parte de nuestra cultura e identidad. Se perdieron profesionales, fuerza de trabajo, saberes y recuperarse será muy difícil”.

Factores adversos

Con la desaparición de la Unión Soviética, a inicios de la década de los 90, Cuba perdió su principal mercado para el azúcar y el suministrador del combustible para un sector que incorporó un elevado porcentaje de mecanización.

A partir de 2002 inició la llamada Tarea Álvaro Reynoso -un notable científico cubano del siglo XIX, estudioso de la caña de azúcar- dirigida a un redimensionamiento y reestructuración del sector azucarero, debido a los bajos precios del edulcorante en el mercado internacional.

La estrategia buscaba asimismo reducir costos y producir no más de cuatro millones de toneladas de azúcar anuales.

Entre 2002 y 2004 el país redujo sus centrales de 156 a 61, -en la actualidad quedan 56- eliminó más de 100 000 puestos de trabajo y disminuyó la superficie de cultivo de caña de azúcar (Saccharum officinarum).

El sector azucarero dispone de 1 400 000 hectáreas de tierras, de las cuales 60 % se dedican al consumo de la caña, precisó en diciembre Julio García, director del Grupo Empresarial Azucarero (Azcuba), entidad estatal que sustituyó en 2011 al otrora Ministerio del Azúcar.

Pero “hay un por ciento de esas tierras que están vacías por las dificultades con la preparación de los suelos”, acotó el directivo durante una comparecencia televisiva.

A inicios de 2023 se registraban unas 350 000 hectáreas de tierras ociosas sin cultivar dentro de agricultura cañera, alertaban entonces expertos.

La Tarea Álvaro Reynoso generó efectos sociales desfavorables como la paralización de la vida económica de bateyes y comunidades aledañas, lo cual exacerbó la emigración a ciudades de no pocas personas, en busca de empleo. También se perdió parte del capital humano formado durante décadas en instituciones científicas y técnicas del país, además de prácticas identitarias.

Tales factores, entre otros, afectaron el estímulo e interés por la producción cañera, pilar de una agroindustria con efecto transversal y sistémico en la economía cubana.

Estadísticas indican que más de 180 000 personas -unas 700 000 contando las familias- se vinculan directa o indirectamente con el sector azucarero en este país de 11 millones de habitantes.

Producción azucarera en declive

Las más recientes zafras no sobrepasan el medio millón de toneladas de azúcar.

La de 2021-2022 aportó 473 000 toneladas métricas y la 2022-2023 quedó en alrededor de 350 000 toneladas, la cota más baja en más de un siglo, y apenas 4,3 % de los 8,1 millones de toneladas obtenidas en 1989.

Tales producciones no alcanzan siquiera a completar el consumo interno, estimado en unas 600 000 toneladas.

Para la molienda 2023-2024 (de diciembre a mayo, aproximadamente) se contemplaron 25 ingenios activos en distintas etapas, aunque no se divulgó de manera pública el plan de producción.

“Esperamos una zafra superior a la precedente, con capacidad para asegurar la demanda de la economía y destinar una parte a la exportación. Será una zafra corta pero eficiente”, aseguró García a fines del año pasado.

Sin embargo, al cierre del primer trimestre muestran incumplimientos actividades económicas clave como las principales producciones agropecuarias, de azúcar y otros derivados, reconoció el 28 de abril el titular de Economía y Planificación, Joaquín Alonso, durante la más reciente reunión del Consejo de Ministros.

Informes gubernamentales señalan al embargo estadounidense como un obstáculo para el acceso a créditos, combustibles, fertilizantes, herbicidas y piezas de repuesto de trasporte y maquinarias.

Plagas, ciclones tropicales, lluvias intensas o sequías afectaron las plantaciones cañeras en la última década.

Asimismo, terrenos degradados, siembras deficientes, escasas áreas bajo riego, junto con la obsolescencia tecnológica de los ingenios –algunos con más de un siglo en explotación- y la maquinaria conspiran contra los rendimientos agrícolas e industriales.

Al reunirse en diciembre la Asamblea Nacional del Poder Popular, el unicameral parlamento cubano, se informó que durante 2022 se sembraron en el país 63 400 hectáreas de caña, 42 % del plan; y que al término de 2023 se plantaron solo 40 689 (32 %), debido principalmente a la falta de combustible.

La ansiada transformación del sector azucarero tampoco parece posible de mantener el actual volumen de inversiones.

En 2023 esa esfera recibió capitales por 369,1 millones de pesos (tres millones de dólares), apenas 0,4 % del total; cifra inferior a los 410,1 millones de pesos (3,4 millones de dólares) del año precedente, según la estatal Oficina Nacional de Estadísticas e Información (Onei).

Potencial energético

En diciembre de 2021, a partir de indicaciones del expresidente Raúl Castro (2008-2018), el Comité Central Partido Comunista (único legal) aprobó un paquete de 93 medidas dirigidas a “salvar” la industria azucarera cubana, sus derivados y la generación de energía.

La estrategia en marcha contempla un nuevo modelo económico para obtener divisas y financiar la mayoría de los gastos de la zafra, pagar deudas con productores, compensar resultados de actividades irrentables, así como dedicar financiamiento a proyectos de ciencia e innovación.

El modelo de negocio “se basa en la diversificación de la producción, el encadenamiento productivo y la participación de las cadenas de valor de los productos hasta el cliente final”, explicó el 24 de abril Carlos González, director de derivados de Azcuba, durante una conferencia de prensa en La Habana a la cual asistió IPS.

El directivo subrayó que Cuba aspira a sacar provecho de la modernización de la industria azucarera para, además de sacarosa, aumentar los volúmenes de alcoholes, aguardientes, rones y licores; tableros de bagazo, glucosa, sorbitol, biofertilizantes, levadura torula y mieles proteicas de alimento animal, así como bioproductos e insumos especiales para investigaciones biológicas y tecnologías de avanzada.

Cuba tiene en la biomasa cañera, incluido el bagazo, una fuente fundamental para producir energía térmica y electricidad, así como respaldar los planes para que del 5 % actual alrededor de 30 % de la matriz energética en 2030 descanse en fuentes renovables.

A una pregunta de IPS sobre el peso de la industria azucarera en ese proceso, González convino en que en la actualidad “no es mucho”, debido a las bajas producciones de caña, azúcar y derivados.

No obstante, acotó, “estamos con varios proyectos para buscar financiamiento en varias fábricas, para ampliar la cantidad de biodigestores”.

El Atlas de Bioenergía de Cuba en 2022 apunta que la destilación de alcohol en la industria azucarera –mediante el procesamiento de la vinaza- es la actividad productiva con mayor potencial de producción de biogás del país.

A ello se suma la cachaza, residuo resultante del filtrado del jugo durante la clarificación del jugo de caña, también con alto contenido de sustancias orgánicas biodegradables.

El texto refiere que el potencial de producción de biogás industrial asciende a más de 71 millones de metros cúbicos al año.

Ese volumen representa 69 676 toneladas equivalentes de petróleo anuales o 27 720 megavatios hora (MWh) al año, cifras determinadas por el potencial de la industria azucarera, compara.

jueves, 25 de abril de 2024

Familia en Cuba saca partido al biogás y promueve sus ventajas

Cuba dispone de un potencial de producción de biogás de 615 595 metros cúbicos al año, a partir de producciones agrícolas e industriales, corrobora el Atlas de Bioenergía 2022.




Los educadores Iris Mejías y su esposo Alexis García, ya jubilado, junto al biodigestor de geomembrana que desde diciembre de 2023 aporta unos cuatro metros cúbicos de biogás diarios para sus actividades agrícolas y las necesidades de su vivienda en el barrio periurbano Sierra Maestra, en el municipio de Boyeros, en el sur de La Habana.

Foto: Jorge Luis Baños/IPS

La Habana, 25 abr.-  Solo por obtener un buen fertilizante valió la pena construir un biodigestor, afirma el cubano Alexis García quien muestra con orgullo las hortalizas del huerto familiar, al igual que la amplia variedad de árboles frutales beneficiados con biol, producto final de la tecnología del biogás.

García y su esposa Iris Mejías cultivan de forma orgánica todos los productos agrícolas con los cuales se autoabastecen, en el área alrededor de su vivienda en el barrio periurbano Sierra Maestra, en el municipio de Boyeros, en el sur de La Habana.

“Antes echaba un poco de urea, pero por la situación económica se ha vuelto muy difícil importar este y otros fertilizantes. Los bioproductos son una oportunidad para suplir esa carencia y, en algunos casos, funcionar como plaguicidas”, explicó a IPS García, un profesor universitario ya jubilado de 62 años que ahora se concentra en sus cultivos.

El biol es el efluente líquido con cierto grado de estabilización que sale del biodigestor, una vez realizado el proceso de digestión anaeróbica de la materia orgánica, que incluye excretas de animales, desperdicios de cosechas y/o residuales líquidos. Es rico en nutrientes para cultivos y reconstituyente de suelos mediante el fertiriego.

No obstante, precisó García, las vicisitudes energéticas y la necesidad de procesar el estiércol impulsaron a instalar el biodigestor de geomembrana que desde diciembre de 2023 aporta unos cuatro metros cúbicos de biogás diarios.

“Falta una mayor cultura sobre las energías renovables. Hay resistencia en algunos lugares y personas. Por otro lado, están los elevados precios cuyo carácter comercial tampoco estimulan a que se expandan con rapidez las tecnologías y equipos”: Alexis García.

Este es uno de los tres tipos de biodigestores más usados a pequeña y mediana escala en Cuba, junto con los de campana móvil, también conocidos como modelo hindú, y los de cúpula fija, también llamados biodigestores chinos.

“Había leído un poco al respecto y deseaba tener un biodigestor. Con unos ahorros decidimos iniciar la construcción. Además del respaldo de nuestros hijos Alexis y Alexei, contamos con el apoyo y asesoría de José Antonio Guardado», coordinador del Movimiento de Usuarios del Biogás (MUB), significó García.

Surgido en 1983, el MUB agrupa a unos 3000 agricultores y agricultoras que aplican esa tecnología en este país insular caribeño de 11 millones de habitantes.

Oportunidades del biogás

Para Mejías, de 59 años, “con el biogás uno pierde el miedo a que falte el combustible para cocinar. Aporta seguridad”.

Esta educadora de círculo infantil -espacios para el cuidado de niñas y niños menores de seis años de madres trabajadoras-, recuerda que al arreciar la crisis económica en los años 90 cocinó con leña, carbón, querosén y hasta con cáscaras de coco para cocinar la alimentación diaria de su familia.

“Si cocinas con equipos eléctricos dependes de la corriente (electricidad), o si tienes una balita (bombona de gas licuado de petróleo), que esta no se acabe y esté el repuesto. En ambos casos el biodigestor ahorra dinero”, reflexionó.

Mejías valoró que se facilita la cocción de la comida de los animales domésticos y calentar el agua “sin tizne ni humo que obligan a lavarse el pelo todos los días o hace difícil el cuidado de las manos”.

Estudios especializados indican que el metano es un potente gas de efecto invernadero, con un poder de calentamiento 80 veces superior al del dióxido de carbono (CO2).

El adecuado manejo del metano biológico resultante de la descomposición de los residuos agrícolas y el estiércol, puede generar valor y ser una solución rentable para evitar la contaminación de aguas y suelos.

Por ello su extracción y uso energético, sobre todo en entornos rurales y periurbanos, puede ser una solución para reducir el consumo de electricidad y ayudar a combatir el cambio climático.

Según García la isla pudiera recibir mayores beneficios energéticos con incentivos claros para la instalación de biodigestores.

Aunque la agudizada crisis económica interna ha impactado de manera muy negativa en la cabaña porcina y vacuna nacional, “muchas vaquerías y cochiqueras no saben qué hacer con el excremento diario. De hecho, nuestro biodigestor se nutre de instalaciones cercanas donde está amontonado y nos lo regalan”, apuntó.


Alexis García seca granos de café junto a un grupo de paneles solares fotovoltaicos instalados en el techo de su vivienda en el sur de La Habana. La posibilidad de guardar energía con el respaldo de acumuladores recuperados, permiten una autonomía de tres horas aproximadamente cuando falla el fluido eléctrico.

Otros incentivos

Cuba dispone de un potencial de producción de biogás de 615 595 metros cúbicos al año, a partir de producciones agrícolas e industriales, corrobora el Atlas de Bioenergía 2022.

Ese volumen representa 189 227 toneladas equivalentes de petróleo anuales o 710 095 megavatios hora (MWh) al año. Del total, 63 %  corresponde a las producciones agropecuarias, compara.

En opinión de García el entorno rural cubano “está en mejores condiciones de tener la deseada independencia energética. Pero serían necesarias facilidades económicas como préstamos para la construcción de biodigestores, bonificar a las personas por producir esa energía y o que accedan a comprar lámparas, ollas y hasta refrigeradores a base de biogás”.

De los 11 millones de habitantes de Cuba, cerca de 23 %, unos 2,3 millones de personas, residen en zonas rurales, según estadísticas.

Por otro lado, se estima que en la isla existen unos 5000 biodigestores, aunque cálculos conservadores de especialistas consideran posible ampliar la red hasta las 20 000 unidades familiares.

Expertos argumentan que el uso directo del biogás resulta más eficiente que transformarlo en energía eléctrica.

Un porcentaje significativo de los cuatro millones de hogares en Cuba utilizan la electricidad como energía fundamental para cocinar y calentar el agua para el baño, lo que representa alrededor de 40 % del consumo.

Cuba es un país muy dependiente de las importaciones de combustibles.

Durante el último lustro, en paralelo al deterioro de la situación económica interna, la caída de las principales fuentes de divisas y el fortalecimiento del embargo estadounidense, las autoridades han confrontado crecientes dificultades para cubrir la demanda de carburantes.

Alrededor de 95 % de la generación eléctrica en Cuba descansa en el consumo de fuentes fósiles. El gobierno aspira a que las fuentes limpias pasen de 5 % actual a alrededor de 30 % de la generación eléctrica en 2030.

“Imagine qué significaría que si no todas, al menos la mayoría de las viviendas en el campo cubano tuvieran un biodigestor o paneles solares. Toda estrategia que estimule dejar de consumir del sistema eléctrico nacional, o que le aporte energía, sería muy positivo”, sostuvo García.

En años recientes, el proyecto internacional Biomas-Cuba (2009-2022) se centró en ayudar a comprender la importancia de las fuentes renovables de energía en los entornos rurales, el papel de los biodigestores en las fincas y los sistemas de tratamiento de residuos en centros porcinos.

La iniciativa con financiamiento de la Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación (Cosude) fue coordinada por la Estación Experimental Indio Hatuey, un centro de investigación adscrito a la Universidad de la occidental provincia de Matanzas, e involucró a instituciones afines en varias de las 15 provincias del país.

La Orden Ministerial 395 del Ministerio de Energía y Minas, de 2021, dispuso que cada uno de los 168 municipios cubanos debía contar con un programa y estrategia de desarrollo referente al biogás, y articular su gestión e implementación con los de su respectiva provincia.

Asimismo, la no gubernamental Sociedad Cubana para la Promoción de las Fuentes Renovables de Energía y Respeto Ambiental (Cubasolar), junto con el MUB, estimulan talleres de capacitación y el asesoramiento de especialistas.



Racimos de bananas cultivados en el patio de la vivienda del matrimonio García-Mejías en el sur de La Habana. Tanto las hortalizas del vivero como los árboles frutales reciben el beneficio del biol, producto final de la tecnología del biogás, que aporta fertilizantes.

Hacia la independencia energética

Una de las aspiraciones de la familia García-Mejías es lograr la sostenibilidad energética de su hogar y su producción agrícola.

“Prevemos la construcción de un segundo biodigestor, pero ese será de cúpula móvil, el cual debe aportar dos metros cúbicos de biogás diarios, pero de manera mucho más eficiente, y con una mayor presión. Con un volumen superior podemos beneficiar a algunos vecinos”, detalló García.

En el techo de la vivienda un emplazamiento con seis paneles solares fotovoltaicos de 720 vatios de potencia, con el respaldo de acumuladores recuperados, permiten una autonomía de tres horas aproximadamente cuando falla el fluido eléctrico.

“Pensamos montar un aerogenerador, al igual que un calentador solar confeccionado con tuberías plásticas. Queremos acondicionar en la casa un área demostrativa sobre las ventajas de las energías renovables y que todos los procesos estén respaldados por ellas”, apuntó el otrora maestro.

“Falta una mayor cultura sobre las energías renovables. Hay resistencia en algunos lugares y personas. Por otro lado, están los elevados precios cuyo carácter comercial tampoco estimulan a que se expandan con rapidez las tecnologías y equipos”, enumeró someramente García cuando IPS le preguntó en su instalación sobre los obstáculos para multiplicar experiencias como la suya.

“La gente oye hablar de biodigestor y piensa que es difícil. Da un poco de trabajo, pero después los beneficios son muchos. Falta más información en los medios. Varias personas se acercan buscando ayuda para la construcción de biodigestores. También recibimos estudiantes, lo cual abre una oportunidad para que las nuevas generaciones crezcan con la cultura de aprovechar la naturaleza de forma sostenible”, abundó.

ED: EG

miércoles, 17 de abril de 2024

Mejores incentivos ampliarían aporte solar fotovoltaico en Cuba

En el mercado sumergido un litro de gasolina regular cuesta de 250 a 300 pesos, de 0,70 a 0,85 centavos de dólar teniendo en cuenta la tasa cambiaria paralela a la del Estado.

ECONOMÍA Luis Brizuela 12 abril, 2024




Paneles solares en la azotea de la vivienda del emprendedor cubano Félix Morffi, en el municipio de Regla, La Habana. Grandes consumidores en el sector residencial pudieran encontrar en la instalación de paneles solares una forma de compensar el monto de la factura mediante la cogeneración para autoconsumo o recibir un pago por inyectar energía limpia al Sistema Eléctrico Nacional.

Foto: Jorge Luis Baños/IPS

La Habana, 12 abr.- Con una política más audaz y mecanismos de pago flexibles tal vez Alexis Rodríguez hubiera apostado por paneles solares fotovoltaicos para su vivienda, en vez del generador portátil que le permite afrontar los apagones que acompañan las recurrentes crisis energéticas en Cuba.

“Hace un poco de ruido, el combustible está caro, pero puedo tolerar lo uno y resolver lo otro. Lo que sí no es posible es que mi familia y yo pasemos noches y madrugadas a oscuras, sin descansar, con calor y mosquitos, y con el riesgo de que se echen a perder alimentos”, argumentó a IPS este barbero residente en la oriental ciudad de Holguín.

Rodríguez desembolsó hace pocos meses 850 dólares por un equipo de 2500 vatios (W) de potencia y consumo de gasolina.

A Marileydis Pérez, una trabajadora en su hogar en Batabanó, al sur de La Habana, su hijo le envió desde Estados Unidos una planta eléctrica de 900 W “para poner los ventiladores, el televisor y encender las luces en las noches de apagón”.

Pérez comentó a IPS que, aunque el gobierno creó un sistema de turnos para la venta de gasolina, “apenas cinco litros” para quienes tienen censados los equipos, “solo he podido comprar una vez en dos años”. Ante ello, recurre al mercado negro para abastecerse.

Muy dependiente de las importaciones de combustibles, Cuba consume más de ocho millones de toneladas anuales, de las cuales casi 40 % lo cubre el pesado crudo nacional con un alto contenido de azufre, utilizado sobre todo en la generación termoeléctrica.

“El panel solar es lo máximo, no hay gasto de combustible ni ruido. Pero hace falta que se vendan con facilidades, que haya estímulos reales para que muchas personas apuesten por él”: Félix Morffi.

Durante el último lustro, en paralelo al deterioro de la situación económica interna, la caída de las principales fuentes de divisas y el fortalecimiento del embargo estadounidense, las autoridades han confrontado crecientes dificultades para cubrir la demanda de carburantes.

Una actualización de los precios minoristas en el mercado interno conllevó un aumento de más de 400 % de las tarifas de venta desde el 1 de marzo.

El litro de gasolina regular pasó de 25 a 132 pesos cubanos (equivalente a 1,10 dólares según la tasa oficial). Idéntico aumento registró el diésel regular.

En el mercado sumergido un litro de gasolina regular cuesta de 250 a 300 pesos, de 0,70 a 0,85 centavos de dólar teniendo en cuenta la tasa cambiaria paralela a la del Estado.

En este país de 11 millones de habitantes, el salario medio mensual equivale a unos 40 dólares; unos 13,90 dólares en el mercado informal de referencia para una importante cantidad de productos, bienes y servicios a los cuales acceden las familias en busca de satisfacer necesidades básicas.

Las vicisitudes energéticas han estimulado la importación de plantas eléctricas, al igual que su venta en el mercado negro. Tiendas estatales en divisas también las comercializan con precios muy elevados y lejos del alcance de los bolsillos de una mayoría de familias.

Desde 2022 se mantiene la prórroga para la importación sin carácter comercial de hasta dos equipos con una potencia superior a 900 W.




Un hombre muestra el arranque de una planta eléctrica que emplea gasolina en la localidad de Batabanó, provincia de Mayabeque, en Cuba. Las vicisitudes energéticas han estimulado la importación de generadores portátiles para afrontar los recurrentes cortes de electricidad que acompañan la crisis energéticas en la isla.

Barreras

Personas consultadas por IPS mostraron reparos hacia el uso de estos equipos debido al ruido durante el funcionamiento.

Señalaron que no siempre se colocan fuera de las viviendas o en habitaciones ventiladas para la salida de gases tóxicos de la combustión y evitar, además, el sobrecalentamiento.

Cuando IPS preguntó por la posibilidad de los paneles solares Pérez sostuvo que “además de ser muy difícil encontrar que los vendan fuera de La Habana, por lo general vienen sin baterías, y si las traen, cuesta medio millón de pesos (unos 4 200 dólares al cambio oficial)».

Cuando la corporación estatal Copextel, encargada de la comercialización y servicios posventa, empezó a venderlos a fines de 2021, “estaban en 55 000 pesos” (2300 dólares al cambio oficial de entonces), inalcanzable para nadie que dependa de un salario o pensión”, puntualizó Rodríguez.

El precio cubría la compra, transportación, instalación y montaje de los paneles e inversores por parte de los técnicos de la entidad.

“Gasto menos de 200 pesos de corriente (electricidad) al mes. Con lo que cuesta un panel puedo pagar la electricidad durante más de 20 años”, razonó Rodríguez.

Otra barrera para la expansión de la energía solar fotovoltaica en el sector residencial radica en el subsidio de la tarifa eléctrica, que se cobra en una moneda devaluada.

Según cifras oficiales, alrededor de 6 % de los más de cuatro millones de hogares cubanos consumen mensualmente más de 500 kilovatios hora (kWh). Por encima de ese umbral se incrementó desde marzo un 25 % de la tarifa eléctrica para eliminar subsidios.

Esa franja poblacional pudiera encontrar en la instalación de paneles solares una forma de compensar el monto de la factura mediante la cogeneración para autoconsumo o recibir un pago por inyectar energía limpia al Sistema Eléctrico Nacional (SEN).

“Quienes más han adquirido los paneles son personas con altos ingresos, sobre todo dueños de hostales y casas de renta. Permite mantener la climatización en habitaciones para turistas y otros servicios durante el día”, explicó a IPS Dunia Ulloa, gerente comercial de la filial de Copextel en el habanero municipio de Plaza de la Revolución.



Dos personas se iluminan con la linterna de un teléfono móvil durante un apagón en La Habana. El gobierno aspira a que, del actual 5 %, las fuentes renovables signifiquen alrededor de 30 % de la generación eléctrica en 2030, a fin de fortalecer la seguridad energética nacional.

Proyectos e incentivos todavía insuficientes

Alrededor de 95 % de la generación eléctrica en Cuba descansa en el consumo de fuentes fósiles, que incluye el gas acompañante del petróleo nacional, unidades flotantes (patanas) alquiladas a Turquía, así como grupos electrógenos y motores a base de diésel y fueloil.

El gobierno aspira a que, del actual 5 %, las fuentes renovables signifiquen alrededor de 30 % de la generación eléctrica en 2030.

Con una capacidad instalada de 260 megavatios (MW), los parques solares fotovoltaicos instalados en este país caribeño representaban 2 % de la generación eléctrica anual a fines de 2023, indican datos oficiales.

El ministro de Energía y Minas, Vicente de la O Levy, informó el 14 de marzo sobre la firma de dos contratos para la instalación de 92 parques solares en todas las provincias, con un potencial de 2000 MW.

Para mayo de 2025 debe cumplirse el primero de los contratos por 1000 MW y el segundo, en 2028. Cada uno, además, cuenta con 100 MW adicionales en capacidad de almacenamiento, precisó el titular.

Desde 2014 Cuba dispone de la Política para el desarrollo perspectivo de las fuentes renovables de energía y su uso eficiente, y en 2019, el decreto ley 345 estableció regulaciones para aumentar la participación en la generación de electricidad y disminuir progresivamente la de los combustibles fósiles.

En 2023 el Ministerio de Finanzas y Precios emitió la Resolución 238 que duplicó a 6 pesos (0,05 centavos de dólar al cambio oficial), el precio del kWh procedente de fuentes renovables entregada al SEN por productores independientes del sector residencial.

Además, en la normativa se condona hasta ocho años del impuesto sobre utilidades a los actores económicos que ejecuten proyectos de generación de electricidad con fuentes renovables de energía, y del impuesto aduanero en la importación de los equipos para dicho propósito.

Los resultados son poco alentadores, a la espera de propuestas más atractivas para que personas individuales decidan invertir en energías verdes, con el fin de vender excedentes de electricidad al Estado cubano.

Las regulaciones no eximan de impuestos aduaneros la importación de estas tecnologías con destino a la comercialización: se paga lo mismo por materiales o equipamiento sean beneficiosos o perjudiciales para el consumo energético.

A diferencia de otros países donde personas viven de vender energía limpia, en Cuba quienes instalan paneles solares buscan esencialmente la autosuficiencia energética, vale decir, mantener el servicio inclusive cuando se interrumpe.

“El panel solar es lo máximo, no hay gasto de combustible ni ruido. Pero hace falta que se vendan con facilidades, que haya estímulos reales para que muchas personas apuesten por él”, afirmó a IPS el emprendedor Félix Morffi, de 86 años, otrora técnico medio en reparación de maquinarias y herramientas y un tenaz defensor de las oportunidades de las energías limpias.

Un grupo de 36 paneles solares fotovoltaicos en el techo de su vivienda aportan 10 kWh para respaldar los trabajos del taller de reparación automotriz, emprendimiento autónomo concebido por Morffi en una parte del terreno de su casa en el municipio de Regla, en la capital cubana.

Además de cubrir las necesidades hogareñas, el excedente de electricidad se aporta al SEN.

“Un elemento esencial es otorgar créditos. No todos tienen el dinero para los equipos. Lo otro es no enredarse en trámites burocráticos, porque la gente se espanta. Los bancos deben contar con personas que atiendan solo este tema, capacitadas, con deseos de que el tema camine. Si eso ocurre, verás como en los barrios cada vez más gente comienza a poner paneles”, sostuvo Morffi.

A su juicio, “quienes más produzcan deben ser reconocidos, quizás regalarles equipos electrodomésticos, aumentar las tarifas o correr con una parte de la inversión. Al final es ganancia para el país y menos gastos en combustible”.

ED: EG

miércoles, 4 de octubre de 2023

La apuesta por un modelo de producción agrícola familiar en Cuba

Por Luis Brizuela


J

José Antonio Casimiro junto a un pequeño tractor que utiliza para las labores agrícolas en Finca del Medio, en el centro de Cuba. El productor es partidario de un proyecto para movilizar y dignificar al campo, que apoye a la agricultura familiar, con viviendas confortables, junto con mayores estímulos por conservar suelos, usar las fuentes renovables, rebajas de impuestos u otros. Imagen: Jorge Luis Baños / IPS


TAGUASCO, Cuba – El modelo de explotación agrícola familiar impulsado por Finca del Medio debería encontrar más estímulos en Cuba, a fin de incentivar la producción de alimentos sobre bases sostenibles y avanzar hacia la deseada soberanía en el sector.

Lo asegura convencido el agricultor José Antonio Casimiro, quien desde hace tres décadas aporta junto con su familia experiencias e innovaciones que pudieran servir de referente a pequeños agricultores de la isla mediante el empleo de la agroecología, manejo de suelos, conservación de alimentos y uso de fuentes renovables de energía.

“Potenciar las pequeñas fincas en Cuba pudiera ser parte de la solución para aumentar la cantidad, calidad y variedad de alimentos, satisfacer la demanda nacional y solucionar varios problemas en el campo”, sostuvo Casimiro, de 65 años, propietario de Finca del Medio, de 13 hectáreas, y ubicada en el centro de esta alargada isla caribeña.

En diálogo con IPS, Casimiro señaló que “se pudiera empezar por crear 20 fincas nuevas” en la mayoría de los 168 municipios cubanos “hasta completar unas 250 000 en todo el país. Supongamos que cada familia tenga cuatro miembros, eso haría un millón de personas vinculadas a estas labores”.

Para 2022, la población rural cubana representaba 22,9 % de sus 11 millones de habitantes, de acuerdo con la estatal Oficina Nacional de Estadística e Información (Onei).


“Potenciar las pequeñas fincas en Cuba pudiera ser parte de la solución para aumentar la cantidad, calidad y variedad de alimentos, satisfacer la demanda nacional y solucionar varios problemas en el campo”: José Antonio Casimiro.

Sería necesario “buscar gente preparada, emprendedora, capaces de ir a vivir al campo. Y si provienen de familias campesinas, mejor. Pero habría que darles la tierra en propiedad, no en usufructo, porque esto último termina por ‘comerse’ la finca; es decir, se explota al máximo sin atender mucho el manejo, cuando sabes que debes entregarla”, reflexionó.


La artista plástica y agricultora Chavely Casimiro ordeña una vaca, acompañada de su hija Leah Amanda Díaz, en la explotación familiar de Finca del Medio, en la provincia cubana de Sancti Spíritus. Mediante innovaciones tecnológicas ajustadas al entorno, el núcleo familiar se autoabastece de arroz, granos, tubérculos, hortalizas, leche, huevos, miel, carnes, pescado y frutas. Imagen: Jorge Luis Baños/IPS
Modelo de finca

Ubicada en el municipio de Taguasco, en la central provincia de Sancti Spíritus y a unos 350 kilómetros al este de La Habana, Finca del Medio basa sus producciones en un modelo de agricultura circular, algo que IPS apreció durante varias visitas a la instalación en septiembre.

Casimiro recordó que en 1993 se asentó junto con su esposa, Mileidy Rodríguez, de 65 años, y sus hijos Leidy y José Antonio -un año después nació Chavely-, en la hacienda de los abuelos paternos, con el objetivo de revertir su deterioro y erosión de los suelos.

“Aunque venía de una familia de campesinos, no teníamos cultura agrícola. Con el tiempo aprendimos el valor de los abonos naturales, a obtener alimentos más sanos. Tuvimos que innovar mucho. Comprendí, además, que debía convertirme en especialista de cada labor o tecnología aplicada”, subrayó.

“Apostamos por un modo de vida en que quizás no ganas mucho, pero no pierdes nada”, remarcó el agricultor para quien es preferible un área más pequeña, pero manejable, “donde los recursos los tengas a la mano”.

Si se siembra plátanos (bananas), ejemplificó, “no pienso en si lo van a comprar o no. Lo que no nos comemos se echa a los cerdos que aportan carne y excrementos para el biodigestor; o se deshidratan y convierten en harina -idónea para personas celíacas, empanizar o hacer dulces-, o se alimentan las vacas durante la sequía. Hay muchas variantes para aprovechar el alimento sin perder el esfuerzo”.

Sobre la base de ese principio el núcleo familiar se autoabastece de arroz, frijoles, tubérculos, hortalizas, leche, huevos, miel, carnes, pescado y frutas. De los alimentos básicos solo no producen azúcar y sal.

La combinación de tecnologías e innovaciones ajustadas al entorno permite a la familia Casimiro-Rodríguez canalizar y acopiar el agua, rotar cultivos, enriquecer los suelos con fertilizantes orgánicos, producir biogás, así como aprovechar el potencial solar, eólico, hidráulico y de la biomasa para satisfacer gran parte de las necesidades energéticas.

Comercian los variados excedentes de su producción, incluida la leche vacuna para la que tienen contratos específicos, y también están impulsando el agroturismo, con continuas mejoras en las instalaciones para recibir visitantes nacionales e internacionales.

La hija mayor es la única que no vive y trabaja en la finca, aunque pasa temporadas en ella. En total viven en el lugar una decena de miembros de la familia, incluidos cuatro nietos, y todos los adultos trabajan en ella o dedican tiempo a apoyar en diferentes tareas.

“La idea principal de la vida en el campo es la independencia. Para nosotros ha sido un reto producir alimentos sin químicos, porque cuesta más trabajo que la agricultura convencional. Lo otro fundamental es el respaldo de toda la familia, sin lo cual no fuera posible”, subrayó Casimiro.


Una plantación de boniato (batata) es irrigada con los efluentes de un biodigestor instalado en Finca del Medio, en la provincia cubana de Sancti Spíritus. Desde hace tres décadas, la hacienda familiar aporta experiencias e innovaciones que pudieran servir de referente a pequeños agricultores de la isla, mediante el empleo de la agroecología, manejo de suelos, conservación de alimentos y uso de fuentes renovables de energía. Imagen: Jorge Luis Baños / IPS

Agricultura en números

Con una superficie de 109 884 kilómetros cuadrados (10 988 400 hectáreas), el archipiélago cubano posee 64 000 kilómetros cuadrados con potencial agrícola (58,2 %), de los cuales apenas se cultivan la mitad.

Más de 78 % de la superficie agrícola en Cuba es de propiedad estatal. En contraste, son los agricultores privados, individuales o en cooperativas, los responsables de producir más de 75 % de los alimentos agropecuarios locales.

Detrás de esta realidad está, al menos en parte, que casi 77 % de los suelos cubanos, según datos oficiales, tienen poca productividad, por factores adversos como la erosión, salinidad, acidez, mal drenaje, baja fertilidad y contenido de materia orgánica o escasa retención de humedad, entre los principales.

Además, en las tierras estatales se han implementado históricamente sistemas agrícolas convencionales caracterizadas por menos prácticas agroecológicas, un uso extensivo de la tierra y la aplicación de agroquímicos.

Expertos recomiendan que el vigente modelo de gestión económica centralizada en el sector agropecuario se sustituya por otro que incluya la realización de la propiedad -el derecho y posibilidad del productor de poder decidir- desde la producción hasta el consumo.

En el periodo 2008-2018 alrededor de 2,1 millones de hectáreas se entregaron en usufructo a personas naturales y jurídicas con el objetivo de que las emplearan en la producción agropecuaria, cañera, forestal y de frutales.

El decreto ley No. 358 con su reglamento, el decreto No. 350, en vigor desde octubre de 2018, autoriza la entrega de dichas tierras en concepto de usufructo gratuito por tiempo indeterminado a personas jurídicas, y hasta 20 años prorrogables sucesivamente por igual período a personas naturales.

De las 404 000 personas naturales tenedoras de tierras en Cuba, 275 762 son usufructuarias (68,2 %), 97 341 son propietarias (24,1 %), y el restante 7,7 % se distribuyen entre arrendatarias y campesinas dispersas, muestra el anuario estadístico 2021 de la Onei, con datos que se corresponden con un año antes y son los más recientes disponibles sobre el tema.

Informes del Ministerio de la Agricultura dan cuenta de 382 092 hectáreas ociosas disponibles para su entrega en usufructo, y que a fines de 2022 se encontraban en trámites 13 428 solicitudes.

Por lo general, estas tierras suelen estar apartadas de los asentamientos, las fuentes de agua y sin vías de acceso, mientras que sus suelos tienen los niveles más bajos de productividad.

Siguen sin apreciarse en las mesas de los hogares cubanos los resultados de decenas de medidas gubernamentales destinadas a incrementar significativamente los aportes del agro. Las cifras son desalentadoras en un país que necesita importar más de 70 % de los alimentos que consume.

En los últimos años menguaron de forma significativa las producciones de arroz, azúcar, café, granos, carne de cerdo y leche, entre otros.

Todo ello en medio de la profundización de la crisis económica interna, endurecimiento del embargo estadounidense, aumento de la inflación y contracción de las principales fuentes de ingresos en divisas, impactadas además por la covid, lo que a su vez redujo las importaciones de alimentos.

La insuficiente producción e importación de alimentos mantiene insatisfecha la demanda, con la consiguiente escasez y aumento de precios.

Los datos oficiales corroboran que la inversión nacional en el sector agropecuario es de 2,6 %, aun cuando es el principal empleador en la isla, con 17,8 % del empleo total, pero aporta junto con la pesca menos de 3 % al producto interno bruto (PIB).

Analistas y campesinos mencionan otros obstáculos para el despegue de la agricultura como la incidencia de plagas en algunos cultivos, la falta de semillas de calidad, fertilizantes y pienso animal; insuficientes sistemas de riego, éxodo de personas del campo a las ciudades, así como impagos a productores.

También conspiran la descapitalización del sector, escasez de insumos de labranza y vehículos para que campesinos trasladen directamente sus cosechas a los mercados, así como estructuras burocráticas que entorpecen la comercialización.


Lorenzo Díaz, esposo de Chavely Casimiro, despulpa café en Finca del Medio, en el centro de Cuba. La familia Casimiro-Rodríguez ha demostrado la viabilidad de desarrollar sistemas autosustentables de producción de alimentos. Imagen: Jorge Luis Baños / IPS
Dignificar el campo

Casimiro, es partidario de “un proyecto para movilizar y dignificar el campo, que apoye a los campesinos, con viviendas confortables. Tiene que haber más estímulos por conservar suelos, usar las fuentes renovables, rebajas de impuestos u otros; o un impuesto si la finca empeora”.

“Creo que la asesoría también es fundamental. Años atrás estuve en Brasil y me impresionó que en uno de los estados había dos canales de televisión nada más de agricultura y apoyo al campo. Aquí tienen que aportar más la radio, el periódico, las redes sociales”, añadió.

También abogó por “enseñar materias relacionadas con la agricultura desde edades tempranas en las escuelas”.

Junto con la producción de alimentos, los integrantes de la familia Casimiro-Rodríguez impulsan actividades de educación y socialización de buenas prácticas agrícolas y medioambientales en redes sociales.

El agricultor reconoce que no resulta fácil gestar un sistema familiar de vida en una pequeña finca, pues se requiere apoyo económico y acceso a tecnologías, aunque de forma individualizada, sin recetas uniformes, “porque cada una es única, con capacidades, conocimientos, posibilidades del lugar y tamaño de la familia diferentes”.

No obstante, “hay que eliminar trabas, impedimentos y prohibiciones, además de mejorar los precios para comercializar”, apuntó.

En su opinión, la ecuación para el sueño de la soberanía alimentaria en Cuba incluye, entre múltiples factores, “un número grande de pequeñas fincas, que las y los pequeños agricultores vivan con sus familias en el lugar y autonomía para cultivar y comercializar sus productos y servicios”.

Durante la más reciente reunión del Consejo de Ministros, el 1 de octubre, se anunció la constitución de un grupo temporal de trabajo que evaluará y propondrá acciones que estimulen la permanencia en las zonas rurales de sus habitantes; incrementar la producción local de alimentos, aumentar los ingresos y facilitar la adquisición de viviendas, entre otras mejoras a las condiciones de vida.

ED: EG

lunes, 24 de julio de 2023

Planes frutícolas en Cuba pasan por respaldar a sus minindustrias

El cultivo de frutas, su comercialización, procesamiento industrial y exportación resulta aún una asignatura pendiente en el país caribeño.




Empleadas laboran en la selección de mangos para su procesamiento en la minindustria estatal Villa Roja, en la provincia cubana de Artemisa. Con una moderna línea tecnológica inaugurada en abril, la pequeña fábrica procesa en pleno pico de la cosecha de seis a siete toneladas de la fruta.

Foto: Jorge Luis Baños/ IPS

Artemisa, Cuba, 20 jul.- Mientras supervisa la llegada de decenas de cajas con mangos recién cosechados en su finca, el agricultor Osmany Cordero valora las minindustrias como soluciones locales para minimizar las pérdidas de cosechas y aportar valor agregado a las producciones de frutas en Cuba.

En el pequeño local, flanqueados por una despulpadora y otros equipos artesanales, más de una decena de trabajadoras y trabajadores lavan y cortan los frutos de tonalidades verdes, amarillas y rojizas. Luego envasan en nailon las tajadas y las refrigeran para la venta hasta meses después de su cosecha.

“La otra parte la molemos en las máquinas que creamos; extraemos pulpa y elaboramos mermeladas o jugo natural. Las semillas quedan intactas y las enviamos a un banco de germinación donde las posturas se usan para injertos de otras frutas”, explicó Cordero a IPS en la miniplanta ubicada en su finca San Juan El Brujo.

Con 67 hectáreas, la finca inaugurada en julio de 2013 se asocia a la cooperativa de créditos y servicios Antero Regalado, en la periferia de la ciudad de Artemisa, capital de la provincia homónima a unos 60 kilómetros al oeste de La Habana.

Se trata de la primera y mayor finca de su tipo dedicada a la siembra de frutales, con el empleo además de la técnica de intercalarlos con cultivos de café y tubérculos, en esta provincia de medio millón de habitantes del occidente cubano.

Otros 15 trabajadores atienden también las plantaciones de guayaba, fruta bomba (papaya), mamey, piña, banana y algunas consideradas novedosas en este país insular caribeño, como guanábana, pera, cereza, chirimoya, canistel (Pouteria campechiana), mamón chino o rambután (Nephelium lappaceum), ciruela y melocotón, entre otras.

Se construyeron nuevas estructuras para montar la moderna línea de producción. Se trataba de una fábrica muy deteriorada, con equipos obsoletos. Tal transformación fue posible gracias al proyecto Agrofrutales”.

 

Duniel Pérez

“También hemos exportado aguacate”, precisó Cordero, quien destacó el manejo agroecológico en su finca, mediante abonos naturales, rotación de cultivos “y unas 60 colmenas de abejas que contribuyen con la polinización”. “No utilizamos químicos ni conservantes en todo el proceso”, explicó.

A ello contribuyen el abono natural y dos cochiqueras (corrales para cerdos) que alimentan un biodigestor, ahora inactivo por la escasez de animales, debido a las dificultades financieras del país para comprar piensos y otras materias primas.

“El biogás era muy beneficioso, porque con él cocinábamos el almuerzo de los trabajadores y la comida de los animales. Residuos de cosecha y de la minindustria también iban al biodigestor y reducía la contaminación”, se lamentó Cordero.

Cultivar más frutas

El cultivo de frutas, su comercialización, procesamiento industrial y exportación resulta aún una asignatura pendiente en este país caribeño, con problemas estructurales en la agricultura que obligan a importar de 70 a 80 % de los alimentos que consumen sus 11 millones de habitantes.

Persiste la pérdida de significativos porcentajes de cosechas, junto con el constante aumento de los precios por la galopante inflación.

El envejecimiento de plantaciones, reducción de variedades autóctonas, el impacto de huracanes y sequías, al igual que la escasez de insumos para la atención integral a los cultivos influyen en la caída de la producción frutícola.

Un caso sintomático es el de los cítricos, que además de recibir los golpes de ciclones tropicales fue atacado por plagas y la enfermedad conocida como Huanlongbing, que devastó las plantaciones citrícolas del país desde 2007.

De cosechas de un millón de toneladas de naranjas, toronjas (pomelos), mandarinas y limones en 1990, la producción descendió en 2020 a poco más de 43 000 toneladas, muestran estadísticas de la estatal Oficina Nacional de Estadísticas e Información (Onei).

A fines de la década de los 90 se gestó un movimiento popular enfocado en recuperar la fruticultura e incentivar el cultivo de las especies más conocidas, las de menor presencia y algunas devenidas exóticas.

En 2009, por recomendación del Ministerio de la Agricultura, se creó el grupo técnico asesor para rectorar la actividad técnica de las plantaciones, y estimular la creación de fincas integrales, donde los frutales permanentes se intercalan con cultivos de ciclo corto como el tomate, maíz y frijoles, a fin de aumentar la rentabilidad.

La proyección estratégica para aumentar la producción de frutas en Cuba se propone, satisfacer las demandas de la población, la industria e incrementar exportaciones.

Pone énfasis en la biodiversidad y conservación del medio ambiente mediante la reforestación, así como en el uso y desarrollo de tecnologías menos agresivas, de prácticas protectoras de las cuencas hidrográficas y de la fertilidad de suelos.

De acuerdo con el Anuario Estadístico 2021 de la Onei, el año anterior existían en el país 95 200 hectáreas de frutales, excluyendo los cítricos, y se produjeron 855 236 toneladas.

El mayor porcentaje corresponde a mango, guayaba y papaya, que representan alrededor de 70 % del total y el resto se reparte entre el aguacate, piña y mamey, junto con especies de presencia muy discreta como las anonáceas, entre otras.

Respaldo internacional

Con una moderna línea tecnológica inaugurada en abril, la minindustria estatal Villa Roja procesa en pleno auge de la cosecha de seis a siete toneladas de mango diarias, “y no se está perdiendo, objetivo principal de este proyecto”, subrayó en diálogo con IPS su director, Duniel Pérez.

Asentada en la comunidad de Badón, en la periferia de Artemisa, la minindustria emplea a casi 40 trabajadores, en su mayoría de los alrededores, quienes elaboran pulpas, jugos, mermeladas y dulces en almíbar.

Pérez subrayó que “se construyeron nuevas estructuras para montar la moderna línea de producción. Se trataba de una fábrica muy deteriorada, con equipos obsoletos. Tal transformación fue posible gracias al proyecto Agrofrutales”, del cual Artemisa es uno de los cinco municipios cubanos beneficiados con su implementación.

Con apoyo financiero del gobierno de Canadá, y el acompañamiento del Ministerio de la Agricultura y del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), la iniciativa que comenzó en 2017 busca potenciar el desarrollo de los tres principales cultivos frutales -mango, guayaba y papaya-, bajo el concepto del encadenamiento productivo.

También se sustenta en otros preceptos como estimular el empleo de las energías renovables y, en lo social, la igualdad de género.

El proyecto identificó las principales causas de la escasa adopción del modelo de gestión con enfoque de cadena en tales cultivos.

Entre las deficiencias señaló la carencia de conocimientos sobre los eslabones de las cadenas, limitada disponibilidad de insumos, insuficiente y obsoleta capacidad instalada, brechas de género, desconocimiento y escaso uso del seguro y deficiente control de la calidad.

Procesar frutas, verduras y hortalizas sin el equipamiento moderno del cual hoy dispone hubiera resultado complejo y con rendimientos más bajos, reconoció el agricultor Luis Yhanes, quien desde 2021 gestiona la minindustria privada bautizada con su apellido.

Ocho trabajadores, incluidos miembros de la familia Yhanes, supervisan que salgan con los estándares de calidad y presentación mermeladas, pastas, salsas, jaleas, jugos, vinagre, aliños y encurtidos, una parte de las cuales se comercializan entre la población de Artemisa y otra mediante convenios con empresas en La Habana.

“Aquí no existía nada. Levantamos esta minindustria desde cero. Estamos muy agradecidos del equipamiento aportado por el Prosam (Proyecto de Sostenibilidad Alimentaria en los Municipios)«, reconoció a IPS Yhanes, cuya finca de 13 hectáreas se encuentra asociada a la cooperativa de créditos y servicios Antero Regalado.

Además de Artemisa, otros cuatro municipios fueron beneficiados con el proyecto que durante cinco años (2015-2020), coordinó el Instituto de Suelos del Ministerio de Agricultura, con apoyo del gobierno de Canadá y las organizaciones humanitarias internacionales Care y Oxfam.

Prosam buscó fortalecer la gestión del desarrollo agrícola municipal e incrementar la producción sostenible de alimentos diversificados, mediante un enfoque de cadenas de valor, favoreciendo e integrando determinados eslabones, a fin de promover el autoabastecimiento local con prácticas agroecológicas.

También proyectó contribuir a la elaboración de planes productivos que combinaran la demanda de la población con los intereses de quienes producen la tierra.

Yhanes señaló que además de la necesaria estabilidad en la producción de frutas, otros factores pueden afectar la estabilidad de los resultados, como la rotura de los equipos y la dependencia del suministro energético del Sistema Eléctrico Nacional.

Este último se sostiene fundamentalmente en la quema de combustibles fósiles y plantas térmicas con décadas de explotación y cuyas constantes roturas y mantenimientos provocan cortes del servicio, a veces por periodos prolongados.

“Sería útil disponer de paneles solares para halar el agua que consumimos y mantener los equipos funcionando. También nos golpea la transportación, no disponer de vehículos propios y depender de otras personas y entidades para comercializar nuestros productos”, sostuvo el agricultor.

En julio de 2020, el Consejo de Ministros aprobó la Política para Impulsar el Desarrollo Territorial, que aspira a incentivar el crecimiento económico mediante el aprovechamiento de los recursos locales.

En igual fecha, el gobierno aprobó el Plan Nacional de Soberanía Alimentaria y Educación Nutricional, mientras dos años después, la Asamblea Nacional del Poder Popular, el unicameral parlamento, aprobó la ley de igual nombre.

Para la concreción de tales políticas públicas, de importancia estratégica dentro del Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social hasta 2030, las minindustrias de producción de alimentos deben recibir mayores respaldos financieros y tecnológicos con el objetivo de diversificar producciones, elevar la calidad, cubrir demandas locales y de otros territorios e, incluso, exportar.