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"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." ""Creo que mientras más critica exista dentro del socialismo,eso es lo mejor" Fidel Castro Ruz
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viernes, 20 de octubre de 2017

La ficción del consumo sostenible

Editorial Virginia Bolten

La sociedad del consumo es frecuentemente problematizada cuando el tema es preservación del medio ambiente. Términos como, consumo sostenible, responsabilidad con el medio ambiente, conciencia ecológica entre otros están presentes en las discusiones a nivel global y llaman al conjunto de la sociedad a repensar sus hábitos de consumo con el objetivo de restaurar los patrones de convivencia armónica con los bienes comunes –recursos naturales finitos que sirven de materia prima para la producción de bienes de consumo.

Fue en 1992, en La Conferencia de las Naciones Unidas Sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo –Cumbre de la Tierra–, que se creó el documento Agenda 21. En esta ocasión, se realizó un plan de acción para un desarrollo sostenible que llevase a cabo medidas para garantizar la continuidad de la vida y el futuro de las próximas generaciones teniendo en cuenta el impacto de las acciones humanas sobre el medio ambiente. Firmaron la declaración y el programa 178 gobiernos –Estados Unidos se abstuvo.

La obsolescencia programada y las formas de producción y consumo

No hay dudas de la necesidad de adoptar una nueva postura con relación al consumo. Sin embargo, hay puntos relevantes que deben estar presentes en la centralidad del debate. En los años 20 del siglo pasado, hubo un cambio importante en las formas de consumo y también de producción de mercancías. Si hasta este momento se adquirían productos de acuerdo con la necesidad, la economía de crecimiento pasa a implementar un cambio de paradigma con el objetivo de garantizar un mayor consumo a través de la venta de productos deseables y no, necesariamente, indispensables.

El caso emblemático de la producción de lámparas con vida útil reducida para un mayor consumo inaugura el inicio de la era de la obsolescencia programada. La lámpara, creada por Thomas Edison, inicialmente tenía una duración de 1 500 horas. Luego después, las empresas fabricantes de bombillas anunciaron el producto con una vida útil de 2 500 horas. Al notar el alto consumo del producto, un grupo de empresas realizó un acuerdo que imponía una vida útil reducida a las bombillas, las cuales deberían durar apenas 1 000 horas. El acuerdo entre las empresas y las leyes de patente impidieron la producción de lámparas con mayor durabilidad.

Lo que vemos hoy, con la globalización y el avance de las nuevas tecnologías, es un nivel de consumo acelerado sostenido por una campaña de marketing con enfoque en la venta desenfrenada de productos descartables además de altamente contaminantes. El consumo sin fronteras es una realidad que no puede ser combatida apenas con la consciencia del consumo responsable, es necesario eliminar por completo las posibilidades de mayor crecimiento del libre comercio.

La producción en masa, que empieza con la Revolución Industrial, necesita del consumo para mantenerse. Con una economía basada en el consumo, el empleo y la manutención del sistema están sometidos a una lógica de crecimiento infinito. Pero, si al mercado le parece fundamental una mayor productividad, fabricar más con el mínimo posible de inversión para sacar más ganancia, hay un punto que no cierra en la lógica del crecimiento infinito que es el límite planetario.

Libre comercio y la irresponsabilidad ambiental

Actualmente, estamos viviendo una profundización de lo que es la búsqueda de ganancia a cualquier costo, se nota de forma nítida el impacto de estas políticas económicas que tratan de números e ignoran las consecuencias de sus actividades contaminantes e ilógicas desde el punto de vista material. Es decir, un crecimiento infinito no puede ser sostenible si este depende de recursos finitos para existir. Además de esto, la liberalización del comercio es un factor clave que impide la implementación de mecanismos que mitiguen o eliminen esta lógica que, a largo plazo, solo puede resultar en una catástrofe ambiental como ya viene ocurriendo.

Mientras las corporaciones buscan mejorar sus formas de negociación a través comercio entre los países sin llevar a cabo el alerta ambiental, pueblos, sobre todo los que están en regiones donde el avance de la contaminación, de la deterioración de los bienes comunes y de la calidad de vida son evidentes, denuncian y resisten a los grandes proyectos de desarrollo. 

Las protestas antiglobalización como la batalla de Seattle (1999) y No al Alca (2005) fueron una respuesta importante al modelo de desarrollo vigente y plantearon la necesidad de frenar el sistema y pensar en otras posibilidades de manutención de la vida. En 2017, 12 años después de la movida contra el ALCA, organizaciones de distintos países organizan más una respuesta a la agenda neoliberal. La Confluencia Fuera OMC, movimiento que surge desde Argentina, tiene como objetivo organizar una contra cumbre en el marco de la 11ª Reunión Ministerial de la Organización Mundial del Comercio (OMC) a realizarse en Buenos Aires entre el 10 y el 13 de diciembre de 2017.

Desde Virginia Bolten nos preguntamos, ¿es posible un consumo sostenible con esta lógica de desarrollo?

Fuente: http://virginiabolten.com.ar/uncategorized/la-ficcion-del-consumo-sostenible/

martes, 17 de octubre de 2017

Parlamentario sueco elogia en libros sostenibilidad ecológica de Cuba

Publicado en octubre 17, 2017 


Los países ricos pueden aprovechar las experiencias de Cuba en materia de sostenibilidad ecológica, aseguró este lunes el parlamentario sueco Jan Stromdahl al presentar dos libros de su autoría en la sede del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP).

“En 2006 el Fondo Mundial para la Naturaleza publicó algunas estadísticas que mostraban a Cuba como el único país sostenible en el mundo, noticia que pasó desapercibida en los países ricos”, afirmó Stromdahl durante la presentación de Transición de Cuba hacia la Sostenibilidad Ecológica y Diario de la vuelta a Cuba en catamarán.

Activista de la solidaridad con la isla del Caribe en Suecia, el escritor explicó que desde que conoció aquella información sigue las estadísticas anuales sobre la mayor de las Antillas en cuanto a índice de desarrollo humano, sobre todo en cuestiones de Salud, Educación, Economía, y cuidado de la naturaleza.

Al respecto insistió en que los indicadores de Cuba en todos estos campos son avanzados, incluso si se comparan con países industrializados.

Según Stromdahl, sus estudios de los sistemas cubanos de agricultura, energía, transporte, agua, vivienda, agricultura urbana y otros índices, valoran altamente las medidas de la Isla para lograr un empleo de la energía renovable con resultados bien posicionados entre los mejores a escala internacional.

En relación con la obra Diario de la vuelta a Cuba, escrito entre diciembre de 2016 y abril de 2017 a partir de un bojeo por toda la isla en un catamarán, comentó que le permitió realizar un estudio que se tradujo en la bitácora expuesta en el texto.

Reiteró el autor que ambos volúmenes tienen la intención, sobre todo, de que los lectores de países ricos puedan tomar experiencias de Cuba en estas disciplinas.

En representación del Icap, Gladys Ayllón, directora de Europa, valoró la actualidad y pertinencia de ambos libros con temas trascendentes como el cuidado medioambiental y el desarrollo de la agricultura en Cuba.

Igualmente, agradeció el apoyo solidario “que el amigo sueco ha brindado a Cuba durante años”.

La disolución de la Unión Soviética y del campo socialista en la década de 1990 provocó que la isla perdiera bruscamente el 85 por ciento de su mercado exterior, lo cual unido al incremento de las sanciones económicas, comerciales y financieras a las que Estados Unidos denomina “embargo” y Cuba “bloqueo” provocaron una crisis económica coyuntural sin precedentes desde 1959.

En este contexto, las autoridades estimularon la aplicación de métodos sugeridos desde el siglo XIX por pensadores sociales, agrícolas y naturalistas cubanos, quienes sentaron las bases de tradiciones con vigencia actual, y así resurgió con rapidez un movimiento de agricultura orgánica.

La dimensión ecológica del sector agrícola cobró fuerza con la creación y expansión de los centros de reproducción de entomófagos y entomopatógenos (CREE) como base para el control biológico de plagas a través de técnicas como el uso de feromonas sexuales, el control natural y el empleo de plantas repelentes, entre otras.

Adicionalmente, las autoridades impulsaron el desarrollo de la agricultura urbana con métodos ecológicos para disminuir los costos y el acceso de las familias a los alimentos.

En algunas áreas rurales, en tanto, fueron recuperadas formas tradicionales de laboreo como un mayor empleo de la tracción animal para eliminar costos de producción por el uso de combustibles y ayudar a la conservación de los suelos, además de propiciar una nutrición orgánica.

Según los especialistas, así creció este modelo de agricultura ecológica con un diseño integral que incorpora la diversificación de cultivos, el manejo integrado de plagas, la nutrición orgánica de los suelos, técnicas silvopastoriles, la rotación de cultivos, más la educación y capacitación de los trabajadores, entre otros elementos.

Por otra parte, desde el punto de vista energético, se inició una transición hacia las fuentes renovables (FRE), y en la actualidad según el portal de la Sociedad cubana de la promoción de este tipo de portadores y el respeto ambiental (Cubasolar) más de 40.000 instalaciones del país emplean FRE en calentadores solares, paneles, molinos de viento, plantas de biogás, hornos de producción de ladrillos con biomasa forestal, hidroeléctricas, turbo generadores, calderas y máquinas de parques eólicos.

Con el objetivo de ampliar este tipo de generación, el grupo corporativo azucarero cubano (AzCuba) desarrolla un programa de instalación de bioeléctricas en sus ingenios, de las cuales la primera está prevista en un área próxima al central Ciro Redondo, en la central provincia de Ciego de Ávila, reportó el Noticiero Nacional de Televisión (NTV).

Además, añadió que fuentes de energía hidráulica, eólica, solar, fotovoltaica y solar serán conectadas al Sistema Electroenergético Nacional en proyectos que prevén la recuperación de la inversión en periodos relativamente breves.

Cubasolar considera que por su posición geográfica y sus condiciones climáticas, la isla presenta las condiciones necesarias para incrementar la explotación de las radiaciones procedentes del Sol, que como promedio al año rebasan los 1 800 Kw/hora por metro cuadrado.

domingo, 8 de octubre de 2017

Sostenibilidad. Sabemos que es importante, pero ¿cómo la medimos?




A nivel mundial, la demanda de mayor transparencia en cuestiones ambientales, sociales y de gestión pública ha aumentado. Esto ha generado un debate mundial sobre las mejores prácticas en lo que respecta al proceso de medición e información sobre el desarrollo sostenible.

Investigadores de todas las disciplinas se han unido a la causa para definir qué significa ser sostenible en sus respectivas áreas de especialización, y qué criterios se deben examinar para brindar información sobre los progresos que hemos hecho. Una consecuencia directa de esto es el surgimiento de una plétora de Herramientas de reportes de sostenibilidad (SRT) que se pueden clasificar en marcos y estándares, así como en calificaciones e índices.

Es alentador observar que, incluso con esta variedad de herramientas y métodos, la adopción de reportes de sostenibilidad por las empresas de S&P 500 ha aumentado en un 62 % entre 2011 y 2016.

Imagen: G&A Governance & Accountability Institute

Los marcos se definen como un conjunto de principios o directrices proporcionados para ayudar a las empresas en sus esfuerzos de divulgación. La Iniciativa de Reporte Global (GRI) es quizás uno de los marcos más prominentes disponibles para las corporaciones.

De acuerdo con las directrices de la GRI, un informe típico debe consistir de los siguientes elementos: visión y estrategia; estructura y gestión; Índice de contenidos GRI y criterios de desempeño (económicos, ambientales y sociales). Dichas revelaciones se basan generalmente en la "materialidad", que GRI define como los criterios que reflejan los impactos económicos, ambientales y sociales significativos de una empresa, o que influirían sustancialmente en las evaluaciones y la decisión de las partes interesadas.

Los estándares tienen una función similar a la de los marcos, pero existen en forma de documentación más formal que especifica los requisitos y las especificaciones que se pueden utilizar para asegurarse de que los esfuerzos de sostenibilidad se logran de manera consistente. Por ejemplo, los estándares de criterios sociales incluyen OHSAS 18001, AS/NZS 4801 y SA8000, mientras que los ambientales incluyen ISO14001.

Las calificaciones y los índices son informes de terceros sobre el desempeño de la empresa en materia de sostenibilidad. Más conocidas entre los inversores institucionales como clasificación de la gestión de Riesgos Ambientales y Sociales (ESG). Miden cómo se ha desempeñado una empresa en términos de ESG, y clasifican y registran a las empresas en un índice sobre la base de su desempeño. Algunos ejemplos incluyen el Índice FTSE4Good, el Índice Dow Jones de sostenibilidad y el Índice MSCI.

El problema de las SRT

En las etapas iniciales de desarrollo, las SRT fueron sin duda útiles para proporcionar orientación y establecer un contexto en cuanto a dónde nos dirigíamos en términos de desarrollo sostenible. Pero el crecimiento a un ritmo tan exponencial de estas herramientas ahora está creando una confusión extrema entre los diferentes participantes.

Por ejemplo, las herramientas de sostenibilidad para clasificar a los edificios sostenibles tienen un marco propio en casi todos los países: Green Star se usa en Australia; Building Research Establishment Assessment Method (BREEAM), en el Reino Unido; Leadership in Energy and Environmental Design (LEED), en los Estados Unidos; y el Green Building Index (GBI), en Malasia. También se emplean diferentes parámetros de desempeño y existen conflictos entre las herramientas en uso, incluso dentro de los mismos límites geográficos; por ejemplo, en Malasia, GBI sigue compitiendo con otras herramientas locales como GreenRe, desarrollada por Real Estate and Housing Developers’ Association of Malaysia (REDHA).

El principal problema identificado con las SRT actuales es la falta de estandarización de los criterios, la terminología y la metodología propuesta. Esto dificulta comparar y evaluar el desempeño de sostenibilidad de las empresas. Una visión similar comparte Escrig-Olmedo et al. (2010) en su estudio que examina los diversos criterios propuestos a través de diferentes herramientas de generación de informes de sostenibilidad.

Delmas and Blass (2010) afirma que algunas herramientas "eligen enfocarse en el desempeño pasado o actual, mientras que otras ponen énfasis en el potencial para mejorar el desempeño futuro sobre la base de las prácticas de gestión actuales". También sugieren una solución intermedia entre lo que se puede y lo que se debe medir, haciendo hincapié en el problema de disponibilidad de los datos.

Dado que la adopción de estas herramientas es voluntaria, las prácticas para generar los informes varían considerablemente. La evidencia existente sugiere que quienes ya han adoptado informes de sostenibilidad no tienen claro cuáles de estas herramientas deben elegir. Parece existir una inclinación natural hacia una herramienta que califica a la empresa de la mejor manera posible, lo que puede constituir un "greenwashing" para los ojos de los activistas.

En los mercados de capitales, las calificaciones y 096los índices se utilizan comúnmente para clasificar y archivar a las empresas basándose en sus prácticas socialmente responsables. Sin embargo, una vez más, hay casos en los que los resultados de las evaluaciones difieren mucho dependiendo de qué herramienta se utilizó. La misma corporación podría terminar en la banda de alto rendimiento o en una banda de menor rendimiento dependiendo de la herramienta que se utilizó para la evaluación. A la larga, esta inconsistencia es la que crea confusión tanto para los inversores institucionales como para los inversores minoristas.

se espera que convoque a más de 500 participantes, incluidas empresas mundiales, y representantes de los gobiernos y de la sociedad civil. Esta reunión es oportuna, ya que permitirá a los líderes del mundo debatir sobre los 17 Objetivos Globales y sus 169 objetivos. Es de esperar que algunos de los debates que se lleven a cabo nos conduzcan a un resultado más "convergente", tal vez logrando que coincidan las SRT ya existentes. Al menos, se debería hacer un esfuerzo concertado para encontrar formas de minimizar la confusión causada por la miríada de términos, criterios y puntos de referencia existentes en las SRT.

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jueves, 28 de enero de 2016

La sostenibilidad como estrategia

Bertrand Badré's picture

Gerente de una subestación eléctrica en Kabul, Afganistán. Graham Crouch/Banco Mundial.

Para analizar la gestión financiera de una institución y determinar su margen de crecimiento, primero debemos examinar sus estados financieros. La información que contienen es sin duda esencial, pero a menudo muestra un panorama parcial centrado solo en los ingresos de corto plazo.

Para comprender el verdadero valor que genera una organización, debemos adoptar una perspectiva más amplia. Esto exige ir más allá de los informes financieros tradicionales y dedicar tiempo a comprender cómo gestiona la institución sus recursos no financiero.

Se pueden utilizar parámetros tales como la cantidad de recursos (energía, agua y materiales) utilizada para llevar un producto o un servicio al mercado, los costos (o el ahorro) asociados con las tasas de recambio de personal o la baja moral de los empleados, el número de cursos de capacitación ofrecidos para el desarrollo profesional, o las múltiples ideas originales generadas por una fuerza de trabajo diversa.

Estos factores no financieros, junto con los indicadores financieros tradicionales, permiten describir de manera más exhaustiva la capacidad de una institución de crear valor en el largo plazo y comprender más adecuadamente los riesgos empresariales, la habilidad para recuperarse en una situación de inestabilidad y las oportunidades de crecimiento. En conjunto, esta información permite a los inversionistas tomar decisiones financieras más acertadas.

Las investigaciones muestran que son cada vez más los inversionistas que toman en cuenta la información no financiera a la hora de adoptar decisiones. La herramienta que utilizan las instituciones para comunicar este valor integral se denomina informe integrado, y muestra de una forma más holística el modo en que las organizaciones gestionan sus recursos financieros y no financieros.

La sostenibilidad como parte de la habilidad empresarial

En una encuesta realizada por McKinsey en 2014, (i) el 43 % de los 2900 ejecutivos participantes indicaron que en sus empresas la sostenibilidad se corresponde con sus objetivos generales, su misión o sus valores. Entre las actividades que favorecen la sostenibilidad, los ejecutivos mencionaron con mayor frecuencia la reducción del uso de energía (64 %), la disminución de los residuos (63 %) y el manejo de su reputación institucional.

Esta tendencia se verifica también en el Grupo Banco Mundial. Nuestros compromisos con la sostenibilidad abarcan un amplio espectro, que incluye el impacto de la institución en el clima, los lugares en los que trabajamos, las personas que contratamos y las finanzas que administramos.

Entre los puntos destacados del informe del Banco Mundial sobre la sostenibilidad (i) figuran los siguientes: 

  • Redujimos el derroche de recursos naturales y los costos de las operaciones cotidianas. Durante el último ejercicio, se redujeron 8000 GJ, mediante diversas medidas, tales como el reemplazo de los artefactos de iluminación de muchas oficinas por otros más eficientes, la instalación de paneles solares en la oficina de Islamabad, y la gestión eficiente de la demanda de calefacción, ventilación y aire acondicionado de las oficinas de la ciudad de Washington y de Chennai.
  • Promovimos el desarrollo con bajos niveles de emisiones de carbono en nuestras oficinas de todo el mundo. En el ejercicio de 2014, las emisiones de gases de efecto invernadero se ubicaron en torno de las 165 000 toneladas de dióxido de carbono. Nuestro objetivo es reducirlas a 160 000 toneladas para 2017.
  • Brindamos a nuestros empleados una propuesta laboral atractiva ofreciéndoles una misión inspiradora, la oportunidad de trabajar de manera global, remuneraciones y beneficios competitivos, y carreras profesionales interesantes en un entorno diverso e inclusivo. Los casi 12 000 empleados del Banco Mundial provienen de más de 170 países y hablan más de 140 idiomas, reflejo de la rica diversidad de nuestros clientes.
La sostenibilidad en favor de la estabilidad económica

La transparencia es esencial no solo para la gestión de nuestra institución, sino también para estabilizar el crecimiento económico y promover el desarrollo sostenible. Los mercados actúan a partir de la información, y si no se miden y difunden adecuadamente los datos financieros y no financieros, los mercados de capitales no pueden funcionar de manera eficiente.

Uno de los desafíos a los que nos enfrentamos es la falta de un enfoque estandarizado para medir los recursos intangibles, como los recursos intelectuales o humanos, y para comprender su correlación con los financieros. Con este fin, nuestros países asociados están elaborando políticas que permiten y promueven la medición de indicadores no financieros a la par de los datos financieros, y la elaboración de los informes correspondientes.

Por ejemplo, en un estudio (PDF, en inglés) reciente se identificaron 140 normas nacionales que alientan la presentación de informes sobre aspectos no financieros, dos terceras partes de las cuales eran de carácter obligatorio.Brasil, (i) Sudáfrica, (i) Francia (i) y Dinamarca (i) (Grupo de Amigos del Párrafo 47) (i) respaldaron la presentación de informes sobre sostenibilidad en la Conferencia Río+20. Asimismo, en la Estrategia Europa 2020, la Comisión Europea se comprometió a renovar la estrategia de la Unión para promover la responsabilidad social corporativa.

El Grupo Banco Mundial ha aplicado las mejores prácticas publicando indicadores no financieros en sus informes sobre la sostenibilidad y promoviendo este tema entre sus clientes. Estoy seguro de que continuaremos ampliando e impulsando nuestros esfuerzos para que nuestra institución sea aún más sostenible en el largo plazo.

Este artículo se publicó originalmente en LinkedIn. (i)

miércoles, 17 de junio de 2015

El falso dilema entre conservación y desarrollo


Producto del pensamiento binario (reducción de la realidad a solo dos opciones posibles y negación de la complejidad) aún se mantienen posiciones que contraponen la conservación y el desarrollo como si fueran aspectos incompatibles. Bajo el influjo de este paradigma reductor de la realidad se mantienen afirmaciones como: “los ambientalistas no pueden negar nuestro derecho al desarrollo”, “los ambientalistas prefieren los pajaritos que la gente”, “¿Derechos de la naturaleza o derechos de las personas?”, “¿Bajo qué moral pueden pedirnos que conservemos nuestros bosques cuando ellos lo destruyeron para desarrollarse?”, “no todo puede reducirse a lo ambiental” (¿Todo puede reducirse a la economía?), “la legislación ambiental es agresiva”, entre otros dichos que forman parte de las creencias que guían el pensamiento y el accionar de estas personas.


Si se analiza más profundamente la base de este tipo de pensamiento se desprenden los siguientes prejuicios:
  • La conservación es solo un tema de ambientalistas
  • Los ambientalistas son enemigos del desarrollo
  • Primero el desarrollo y luego la conservación
  • Si queremos desarrollarnos tenemos que reducir las exigencias ambientalistas
  • Con los beneficios del desarrollo podemos luego reparar los daños a la naturaleza
  • La conservación es insensible con la gente, entre otros.

A estas alturas parecía que el tema de la sostenibilidad parecía ser un concepto totalmente institucionalizado y que ya estaba instalado en nuestra cultura, discurso y narrativa. Más allá de las discusiones sobre la sostenibilidad (que afirman que es un concepto a la carta que se usa según mejor conveniencia) nosotros queremos rescatar el espíritu del balance, del equilibrio, de la ponderación apropiada de las diferentes dimensiones.

Bajo esta perspectiva no solo estamos hablando de las perspectivas sociales, ambientales y económicas, sino que expresamente reconocemos las variables institucionales, políticas, legales, psicológicas y culturales. De lo que estamos hablando es de un balance de materia y energía que busca la armonía sobre la base del respeto profundo a toda expresión de vida y los factores que lo sustentan sin afectar su dinámica de producción y reproducción.

Parte del problema es la distorsión del concepto de conservación que ha sido erróneamente tergiversado y que se reduce a su dimensión de protección. Así, para el discurso común la conservación es equivalente a preservación, al no tocar, a la prohibición.

Cuando se acuñó el concepto de conservación hacía referencia a la gestión de la biosfera que implicaba tanto la protección como el manejo, como el aprovechamiento sostenible de ecosistemas, especies y genes.

Como tal era un concepto totalizador que aludía a la capacidad del ser humano de gestionar efectivamente la biosfera más allá de reducirlo solo a la protección o solo al uso (muchas veces convertido en explotación).

Lamentablemente esta distorsión provocó que en el lenguaje técnico se tenga que decir expresamente manejo y conservación legitimando la distinción y reduciendo el tema de conservación a la dimensión de protección. Desde entonces el manejo tiene una concepción deproducción y la conservación alude fundamentalmente a las Áreas Protegidas.

Si asociamos el concepto de manejo únicamente a la producción nos olvidamos o debilitamos las consideraciones que aseguren la estructura y el buen funcionamiento de los ecosistemas forestales.

Si asociamos el concepto de conservación solo a la intangibilidad de áreas protegidas no damos cuenta de las diversas expresiones de aprovechamiento sostenible de recursos que permiten las áreas protegidas según su categoría y según su zonificación (se refiere a las áreas protegidas de uso controlado).

Para superar las aparentes incompatibilidades entre conservación y desarrollo habría que tomar en cuenta las siguientes consideraciones:

El enfoque sistémico busca sopesar las diferentes dimensiones de la realidad y la decisión final corresponde a procesos técnico-políticos. Perspectivas como gestión de cuencas, ecología de paisajes, paisajes culturales, paisajes bioculturales van en esa dirección.

Los procesos técnico-políticos que definen el grado de uso o mantenimiento de la integridad de un ecosistema aluden a la participación, al proceso de consulta previa, al diálogo intercultural. Esto implica la buena gobernanza, a la profundización de la democracia y la ciudadanía activa.

Mejores niveles de coordinación entre niveles de gobierno, entre sectores, entre departamentos y entre personas. Ello demanda no solo trabajo inerdisciplinario sino también transdisciplinario.

Estos procesos de deliberación pública-privada son expresiones de diálogo fecunda entre comunidades extendidas de pares que quiere decir que participan todos los actores involucrados bajo principios de buena fe, transparencia, equidad en la afirmación y respeto mutuo. Implica a todas luces superar los procesos asimétricos de diálogo.

Superar el pensamiento binario y aceptar que la época demanda hacer frente la complejidad y la incertidumbre. Más que soluciones facilistas en uno u otro sentido se requiere soluciones inteligentes, sensibles y comprometidas con la vida presente y futura.

Recanalizar las energías, experiencias y propuestas para superar la confrontación a partir de un espíritu constructivo. Ello requiere capacidad de establecer diálogos fecundos a partir de la capacidad de encontrarse, de predisponerse a aprender uno del otro y tener la predisposición mutua a la transformación.

La creatividad y la innovación son elementos fundamentales para abrir nuevas perspectivas y posibilidades más allá de los pensamientos reductores. La búsqueda de terceras opciones es crucial para no quedar encerrado en paradigmas, discursos y sentimientos que simplifican la realidad.



EcoPortal.net

viernes, 12 de junio de 2015

Financiamiento para el desarrollo sostenible: Dinero y políticas adecuadas

Por Min Zhu y Sarwat Jahan

(Versión en English)
Los países comenzarán un nuevo capítulo de su desarrollo este año con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas. Estos nuevos objetivos, que sustituirán a los Objetivos de Desarrollo del Milenio, ampliarán la visión del desarrollo a fin de abarcar cuestiones económicas, sociales y medioambientales. Para alcanzar estos objetivos, son fundamentales los dos elementos siguientes: dinero y políticas adecuadas para utilizar el dinero. El FMI, junto con muchos otros miembros de la comunidad internacional, se asociará con los países para unificar estos dos elementos.
Nuevos objetivos, nuevo mundo
Dado que desde principios de los años 2000 el mundo está cada vez más interconectado, los países están llevando adelante los objetivos de desarrollo en un nuevo entorno. Los flujos mundiales de comercio han aumentando de manera sostenida en las últimas dos décadas.
Muchas economías de frontera se están integrando rápidamente en los mercados financieros mundiales. En 2014, por ejemplo, Côte d’Ivoire, Ghana, Kenya, Senegal,
Vietnam y Zambia emitieron bonos públicos por un total de alrededor de US$7.000 millones. Al mismo tiempo, la asistencia oficial para el desarrollo ya no es la principal fuente de flujos de capital a los países en desarrollo, y se ha reducido del 1,6% del PIB colectivo de los países en desarrollo en 1990 al 0,7% del PIB en 2012.
Debido a esta mayor integración los países en desarrollo están más expuestos a los vaivenes económicos originados fuera de sus fronteras —los economistas los denominan shocks—, como fluctuaciones de los precios mundiales de las materias primas y los flujos de capital, y variaciones de los tipos de cambio, por citar algunos ejemplos.
Movilizar recursos internos
Para financiar las necesidades de desarrollo y reforzar la capacidad de resistencia a los shocks, muchos países en desarrollo necesitan aumentar los ingresos fiscales y mejorar la administración y recaudación de impuestos. Nuestro trabajo con los países muestra que las políticas internas pueden dar fruto.
Por ejemplo, Perú aumentó la presión tributaria interna del 6% al 13% del PIB durante los años noventa, y esta se ha estabilizado en alrededor del 17% desde 2010; muchos otros países —entre ellos, Tanzanía y Vietnam— también han logrado importantes avances en este terreno.
Además, existe un margen de maniobra muy amplio para fortalecer los recursos internos abordando al mismo tiempo cuestiones medioambientales a través de lareforma de los precios de la energía y la tarifación de las emisiones de carbono, por citar un ejemplo.
El FMI está ayudando a los países a fortalecer su capacidad para captar fondos a nivel nacional y reformar los impuestos y subsidios a la energía, entre otros.
Las principales economías avanzadas y de mercados emergentes también pueden ayudar adoptando medidas colectivas, entre las cuales están las siguientes: cumplir los compromisos de ayuda externa para respaldar a los grupos más vulnerables, reforzar la cooperación fiscal internacional, reactivar la agenda de liberalización del comercio mundial y acordar metas para la reducción de las emisiones de CO2 en la Cumbre sobre el cambio climático que se celebrará en París en diciembre de 2015.
El objetivo es construir economías sólidas
El dinero por sí solo no es suficiente; los países necesitan políticas para poner en práctica los Objetivos de Desarrollo Sostenible según sus circunstancias particulares. Deberán adoptar la combinación adecuada de políticas para mantener un entorno que favorezca la inversión y permita utilizar de manera eficaz los recursos disponibles en ámbitos prioritarios, como salud y educación. En particular, la aplicación de políticas adecuadas puede ayudar a los países a recuperarse y sobrellevar incluso los peores shocks originados fuera de sus fronteras.
Esta combinación de políticas deberá abarcar medidas dirigidas a elevar los aportes provenientes de sus propios recursos para financiar sus objetivos y asegurar que los países utilicen adecuadamente sus fondos, ya sean provenientes de préstamos o de impuestos, a fin de subsanar las deficiencias de infraestructura y promover la inclusión. Esto ayudará a lograr un crecimiento sólido, sostenido y más extendido, con niveles de deuda que se mantengan sostenibles. Todos estos componentes son importantes para el éxito de la estrategia de desarrollo y constituyen un elemento central de la labor que el FMI lleva a cabo con los países.
Los países son los pilotos que están al volante y avanzan hacia sus objetivos de desarrollo. Los socios en las economías más avanzadas también pueden colaborar, adoptando medidas para promover la estabilidad económica y financiera mundial. Y las instituciones internacionales son como los equipos de boxes o de abastecimiento de los países en desarrollo: un grupo de expertos técnicos y asesores que trabajan con el piloto para que el coche siga en la pista.
El FMI está trabajando con los países en desarrollo para reforzar la capacidad de resistencia de sus economías en un mundo más interconectado. Estamos examinando varias opciones para perfeccionar nuestros servicios de financiamiento a fin de mejorar el acceso a los recursos concesionarios del FMI para los países más pobres y vulnerables. También estamos analizando la manera de reforzar las redes de protección social en los países que tienen acceso a los mercados de capital extranjero, lo que también les expone a shocks de flujos de capitales. Estas reformas están orientadas a ayudar a los países en desarrollo a prepararse mejor para hacer frente a shocks económicos mientras avanzan en su proceso de desarrollo.
Ahora que emprendemos rumbo a Addis Abeba y más allá, todos los miembros de la comunidad internacional debemos redoblar nuestros esfuerzos para que los Objetivos de Desarrollo Sostenible puedan convertirse en realidad.

domingo, 7 de junio de 2015

La defensa de la sostenibilidad por razones económicas

Laura Tyson, a former chair of the US President's Council of Economic Advisers, is a professor at the Haas School of Business at the University of California

BERKELEY – Los inversores de todo el mundo están buscando cada vez más oportunidades que puedan ofrecer beneficios sociales y medioambientales, además de tasas de rédito en los mercados. Si continúa esa tendencia, en la que el avance hacia la consecución de los objetivos sociales o medioambientales realza el valor de una inversión, fortalecerá el compromiso con la sostenibilidad que ya está cobrando impulso entre las empresas de todo el mundo.

El año pasado, uno de cada seis dólares de activos gestionados profesionalmente en los Estados Unidos –un total de 6,6 billones de dólares– fue destinado a alguna forma de inversión sostenible, en particular en activos de valores públicos.

Unas 1.260 empresas, que gestionan 45 billones de dólares en activos, han firmado los “principios para la inversión responsable,” de las Naciones Unidas, que reconocen los factores sociales, medioambientales y de gestión idónea (SMG) –y, por tanto, la salud y la estabilidad de las empresas y los mercados a largo plazo– como decisivos para los inversores. Un firmante, CalPERS, uno de los mayores inversores institucionales del mundo, ha dado un paso más: exigirá a todos los gestores de sus inversiones que determinen e integren los factores SMG en sus decisiones, iniciativa audaz que podría transformar los mercados de capitales.

El número de empresas que publican informes sobre la sostenibilidad ha aumentado desde menos de 30 a comienzos del decenio de 1990 hasta más de 7.000 en 2014 y, en una reciente encuesta de opinión de Morgan Stanley, el 71 por ciento de los que respondieron afirmaron estar interesados en la inversión sostenible.

Desde luego, un importante obstáculo a la adopción de los criterios SMG en las decisiones de inversión sigue siendo el de que muchos inversores –incluido el 54 por ciento de los que respondieron a la encuesta de Morgan Stanley– creen que con ello se puede reducir la tasa de rédito financiero, pero existe cada vez más documentación de que no es así, pues varios estudios recientes indican que las inversiones sostenibles rinden tanto como las tradicionales o incluso más.

Según las conclusiones de un estudio fundamental de 2012 en el que se analizaron dos grupos de empresas similares en cuanto al sector industrial, el tamaño, los resultados financieros y las perspectivas de crecimiento, las del “grupo de elevada sostenibilidad” obtuvieron resultados superiores en el precio de las acciones y, según las conclusiones de un nuevo estudio del Instituto para la Inversión Sostenible de Morgan Stanley, que analizó los resultados de 10.228 fondos mutuos abiertos y 2.874 cuentas gestionadas por separado de los Estados Unidos, las inversiones sostenibles solían conseguir los réditos medios de inversiones tradicionales comparables –y con frecuencia los superaban– en los períodos examinados.

Muchos factores SMG intervienen a la hora de evaluar las opciones de inversión sostenible. Por ejemplo, la Generation Foundation, grupo de estudios del Generation Investment Management (de cuyo consejo asesor formo yo parte), ha determinado 17 factores medioambientales, 16 factores sociales y 12 factores de gestión idónea pertinentes en materia de sostenibilidad.

El problema estriba en distinguir entre los factores SMG que tienen una influencia material en los resultados de las empresas y los que no, pero los datos que las empresas notifican actualmente son insuficientes para permitir a los inversores hacer esa distinción.

La Junta de Normas Contables de la Sostenibilidad, organización sin ánimo de lucro, está intentando cambiar esa situación formulando normas contables de la sostenibilidad material correspondientes a 80 sectores industriales, de conformidad con la reglamentación de la Comisión del Mercado de Valores de los Estados Unidos. Más de 2.800 participantes –entre ellos, empresas cuya capitalización en el mercado asciende a 11 billones de dólares e inversores con 23,4 billones de dólares en activos gestionados– han intervenido en el proceso de dicha Junta. Según las conclusiones de un nuevo estudio, el definitivo hasta ahora y basado en las normas propuestas por la Junta correspondientes a 45 sectores industriales, además de otros métodos de medición, las empresas que obtienen buenos resultados en relación con los factores de sostenibilidad material obtienen también mejores resultados operativos, corren menos riesgos y obtienen réditos mayores para sus accionistas que aquellas cuyos resultados son deficientes.

De forma similar, un nuevo marco recientemente propuesto por Morgan Stanley para las valoraciones de empresas en 29 sectores industriales comprende los factores SMG que representan riesgos u oportunidades materiales. Mientras que la valoración tradicional de una empresa se basa exclusivamente en cómo utiliza el capital financiero para obtener réditos, el nuevo marco comprende su utilización del capital social, humano y natural, además de la transparencia de sus procedimientos de gestión idónea. Ese nuevo planteamiento de la valoración de las empresas refleja la idea de que las empresas que obtendrán mejores resultados serán las que utilicen las cuatro clases de capital de forma responsable.

Los factores SMG materiales pueden afectar a los resultados financieros de una empresa y a los réditos de los accionistas de formas diversas. Por ejemplo, una utilización más eficiente de la energía y los recursos puede reducir los costos, una mejor gestión del talento humano puede aumentar la productividad, unas normas medioambientales, sanitarias y de seguridad más estrictas pueden reducir el riesgo de accidentes graves y nuevos productos ecológicos o de comercio justo que gusten a los consumidores pueden aumentar los ingresos.

Pensemos en las inversiones que mejoran la eficiencia energética de los centros de datos, que utilizan entre 10 y 20 veces más energía que los edificios comerciales de tipo medio y, por tanto, contribuyen mucho más a las emisiones de los gases que producen el efecto de invernadero. Las decisiones sobre las características de los centros de datos son importantes para la gestión de los costos, la obtención de un suministro fiable de energía y agua y la reducción de los riesgos para la reputación, en particular dado que cada vez se tiene más en cuenta el cambio climático en las reglamentaciones mundiales. La construcción de centros de datos de Google que utilizan un 50 por ciento menos de energía por término medio le ha brindado ahorros considerables.

Casos de éxito similares se han dado en todos los sectores. Desde 2011, la empresa química DuPont de los EE.UU. ha invertido 879 millones de dólares en la investigación e innovación de productos con beneficios medioambientales cifrables, ha registrado 2.000 millones de dólares de ingresos anuales gracias a productos que reducen las emisiones de los gases que provocan el efecto de invernadero y otros 11.800 millones de dólares más en ingresos debidos a recursos renovables, como las energías eólica y solar.

Asimismo, la empresa multinacional de bienes de consumo Procter and Gamble notificó 52.000 millones de dólares en ventas de “productos de innovación sostenible” de 2007 a 2012, lo que constituye el 11 por ciento del total de ventas de esa empresa en ese período.

Hay razones válidas para creer que, al invertir en la mejora de la sostenibilidad material, las empresas pueden aumentar el valor de las acciones. En realidad, para que una empresa cumpla con su responsabilidad fiduciaria para con sus inversores, apenas tiene otra opción que la de no limitarse a obtener réditos financieros, sino incorporar los factores SMG que con el tiempo pueden tener repercusiones materiales en sus resultados. Ésa es precisamente la clase de incentivo que podría impulsar el mundo hacia un futuro más sostenible.

Traducido del inglés por Carlos Manzano.


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