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"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." ""Creo que mientras más critica exista dentro del socialismo,eso es lo mejor" Fidel Castro Ruz

miércoles, 23 de septiembre de 2026

Caminando la economía cubana: el jardín de senderos que se bifurcan

¿En qué medida tienden a converger hoy, dentro y fuera de la isla, socialistas reformistas, socialdemócratas de la economía social de mercado, comunistas del socialismo con características chinas o vietnamitas?




Tantas propuestas se han ido amontonando en todas partes acerca del camino que debe tomar Cuba que se nos han ido olvidando. Diríase, como en aquel famoso bolero, que “se agolpan unas con otras”, y se nos pierden en una niebla de mala memoria.

Quizás valga la pena entonces volver a sintonizar algunas de ellas, aunque solo sea para refrescarnos el camino que no llegamos a tomar, o que iniciamos a medias, o que no tomaríamos a pesar de “las penas que nos matan”.

Una mirada hacia atrás: los Lineamientos

Cuando la era postsoviética hizo eclosión en Europa del Este y la URSS, una de sus primeras resacas fue una ola de proyectos, eventos y publicaciones sobre la transición cubana. Reseñarlos brevemente llevaría resmas de papel.

Mientras esta especie de ciencia comparatista identificada como transitología proliferaba acerca de Cuba, el país había dejado de caer en picada durante 1990-1994 e iba saliendo de manera lenta e inestable del Periodo Especial en Tiempo de Paz, según lo nombró entonces la jerga militar.

Aunque las medidas de emergencia habían impedido que el techo se siguiera cayendo, estas quedaron como en suspenso, sin decidirse a remodelar estructuralmente el edificio. Y así estaban cuando Raúl, al tomar posesión, se propuso relanzarlas en una política de reformas (palabra proscrita, pero con esa intención) llamada la Actualización del Modelo, y en un plan llamado los Lineamientos económicos y sociales, que cristalizaron bajo el VI Congreso del PCC, en abril de 2011.

Muchos conceptos y propuestas de los Lineamientos abordaban temas que ya estaban en el debate. En efecto, aun antes del VI Congreso, en eventos públicos y publicaciones de ciencias sociales, numerosos estudiosos habían acumulado una agenda de problemas muy abarcadora: la cuestión estratégica de la descentralización; la concepción de la propiedad social como algo distinto de la estatal; la ampliación del sector no estatal, además de la agricultura, a los servicios y la pequeña manufactura, no solo en la pequeña empresa privada, sino en las formas de producción y distribución cooperativas; el problema del “paternalismo” estatal y de lo que se ha dado en llamar el “igualitarismo”; la necesidad de reforzamiento del orden jurídico y el papel fundamental de la ley en el funcionamiento de las instituciones del sistema; la cuestión de “la doble circulación monetaria”; etcétera.

Los principales temas políticos que abordaron los Lineamientos eran la descentralización, la legitimación del sector no estatal (con un fuerte acento en la extensión de la cooperativización), la determinación de hacer valer la ley y el orden constitucional, y la reducción neta del aparato del Estado.

“Desigualdad”, solo una vez; “pobreza”, ninguna

En el documento base o borrador de los Lineamientos, los términos descentralizar y descentralizado se mencionaban solo cinco veces; pero en ese mismo campo semántico (territorio, territorial, local, municipal), recurrían otras 34; no estatal, 16 veces; cooperativa y cooperativista, 21; los términos asociados a la norma legal (ley, legal, legislación, contrato) aparecían 15 veces.

Sin embargo, otros asuntos emergentes en ese debate público prestablecido no aparecían reflejados en este documento. Socialista solo se usaba como sinónimo de estatal (ej. empresa socialista); propiedad social aparecía solo una vez; participación se usaba 16 veces, pero solo dos en el sentido de participación social o ciudadana; colectivo y autonomía, una sola vez. El concepto igualdad prácticamente se usaba solo al hablar de igualitarismo, en un sentido negativo. Desigualdad se mencionaba solo una vez; pobreza, ninguna. La ausencia más notoria era la de sindicatos.

Fue de capital importancia que el debate democrático sobre los Lineamientos, más allá de las filas del PCC, expresara en su momento la voluntad de construir consenso en torno a un nuevo modelo. Aunque no era la primera vez que una legislación o una política eran sometidas a consulta popular, sí era que se convocaba a discutir políticas fundamentalmente distintas a las vigentes desde 1976.

Entonces anoté que la mayor carencia, tanto del documento base como del texto definitivo aprobado en el VI Congreso, era que los Lineamientos no reafirmaban lo suficiente el papel de la participación de los trabajadores y sus organizaciones en el nuevo ordenamiento económico, en el control social y en la toma de decisiones en la producción y los servicios.

También apunté que el componente estratégico clave de la reforma cubana era la descentralización.

Resultaba inconcebible entonces —y ahora— que la participación, la desburocratización, la liberación de las fuerzas productivas, el incremento de la eficiencia, el desarrollo de prácticas que redujeran la corrupción y el despilfarro, la renovación del papel de la planificación y del Estado en la economía, y especialmente el fomento del sentido de la responsabilidad de cada trabajador y de sus colectivos laborales, pudieran ocurrir plenamente sin descentralización.

Entonces —como ahora— se insistía, con razón, en la importancia de allegar “recursos externos”, “capital fresco”, “renovación del parque tecnológico”, como palanca imprescindible del crecimiento. Sin negar que la inversión extranjera directa fuera importante, también lo era una política que desuniformizara las reglas estrictas de funcionamiento que se le imponían a cada una de las diversas regiones, provincias y localidades del país, lo que permitiría maximizar el recurso principal con que cuenta la sociedad, es decir, el talento y la capacidad de sus ciudadanos.

Foto: Otmaro Rodríguez

Burocracia y PCC

No cabía duda de que el sistema del Poder Popular, como lo describía la Constitución de 1976, era lo más democrático del mundo, ya que representaba nada menos que la máxima instancia de poder del Estado. Pero en términos reales, el poder en cada municipio y provincia —para no mencionar la autoridad efectiva de la Asamblea Nacional— se concentraba en “los órganos de la administración central”, es decir, en la burocracia estatal, y en el PCC.

Los Lineamientos reforzaban la responsabilidad y jurisdicción de la administración frente a las instancias políticas, tratando de separar, una vez más, funciones que se han solido solapar crónicamente en el sistema político cubano. Sin embargo, no se reafirmaba con el mismo énfasis la autoridad y capacidad del Poder Popular para prevalecer sobre los aparatos burocráticos. Hubo que esperar a la nueva Constitución, en 2019, para volver a ponderar, ampliar y desarrollar su rol en un sistema democrático, en términos conceptuales, políticos y jurídicos.

Los Lineamientos anunciaban políticas que hoy se consideran novedades. Por ejemplo, que se organizarían servicios bancarios especializados en líneas de crédito al sector no estatal y mercados de suministros mayoristas, sujetos a controles eficaces que no se revirtieran en la reproducción del mercado negro, así como otros dispositivos técnicos para formalizar institucionalmente el mercado de “libre formación de precios”.

Junto a la supercentralización, la hipertrofia burocrática y la participación ciudadana declinante, la cuarta debilidad principal del modelo vigente, como se ha señalado, era el uniformismo. Uno de cuyos síntomas es lo que se criticaba como “igualitarismo”; el otro era el subsidio generalizado.

Por otro lado, los Lineamientos eran omisos en enfoques novedosos sobre la gestión en sectores clave para el desarrollo, como la cultura, la educación, la salud, el medio ambiente natural y construido. Como si pudiera haber una economía más adelantada y próspera sin asegurar personas sanas, educadas, cultas y con un hábitat decoroso.

El discurso económico prevaleciente consideraba a estos sectores como “subsidiados”, es decir, casi “parasitarios”, en vez de “inversiones en capital humano”, para decirlo en un lenguaje en boga.

Finalmente, algunos comentaristas del patio confunden el Estado socialista con la burocracia, de manera que proponen acotarlo o restringirlo, en vez de hacer que su columna vertebral sea realmente el Poder Popular, con plenos poderes. Sin esa capacidad real, delegados y representantes de la ciudadanía y de sus intereses no podrían desempeñar su papel en el control social; y resultaría difícilmente concebible un sistema más democrático.

Criticar al Estado socialista porque no se difumina no solo es un ejercicio de abstracción estéril respecto a los problemas reales del país, además de ajeno a las experiencias de otros modelos socialistas considerados exitosos, sino una práctica políticamente ineficaz. Se requiere, naturalmente, poner esa burocracia bajo control de los órganos de representación del Estado, sujetarla a la autoridad del orden jurídico y el imperio de la ley y, sobre todo, exponerla a la vigilancia ciudadana, mecanismo irremplazable en un orden social y político democrático.

Convergencias y divergencias

Los comentarios anteriores recogen reflexiones de hace 15 y 10 años en torno a la política económica. No las he retomado solo para refrescar la memoria sobre los problemas que discutíamos y algunos de los enfoques compartidos, sino para poner en perspectiva los debates actuales.

Si entendemos por política económica la que planean, formulan e implementan gobiernos, instituciones del Estado y organismos internacionales, y por propuestas de política las que diseñan y promueven think tanks, organizaciones, corporaciones, centros académicos y partidos políticos, podríamos advertir de entrada, en ese amplio arco que abarca la cosa cubana, que hoy hay más coincidencia de la que hubo al terminar la Guerra Fría, y muchísimo más de la que hubo cuando se iniciaron las reformas en la era de Raúl Castro.

¿En qué medida tienden a converger hoy, dentro y fuera de la isla, socialistas reformistas, socialdemócratas de la economía social de mercado, comunistas del socialismo con características chinas o vietnamitas?

Cuba enfrenta una crisis estructural, no solo coyuntural, para la cual no bastan remedios, sino que se requiere la transformación del “ecosistema económico y social”. Hay que priorizar el crecimiento de la producción nacional, especialmente alimentos, industria, energía y exportaciones; y expandir al mismo tiempo el sector privado y el estatal, otorgándoles a todas las empresas mayor autonomía de gestión.

Es necesario descentralizar las decisiones y el acceso a los recursos, delegar poder a empresas y gobiernos locales. Se requiere una presencia creciente de capital con ganas y posibilidades de invertir, no nada más una miríada de micro y pequeño comercio. Aplicar reformas monetarias, financieras y fiscales para estabilizar la economía; incrementar la productividad; proteger a los sectores más vulnerables, haciendo uso de mecanismos nuevos y más eficaces.

En buena medida, se comparte la visión sobre una economía cubana que necesita transformaciones profundas; por ejemplo, mayor autonomía empresarial, inversión, incremento de la producción y fortalecimiento de actores no estatales.

Junto a esas proximidades, hay divergencias de fondo entre los bordes de este consenso, que no contradicen la validez de un diálogo, pero que tampoco sería prudente soslayar.

Foto: Otmaro Rodríguez

El papel del Estado

Desde el Gobierno, y también desde buena parte del debate interno en los medios cubanos, el papel del Estado en el socialismo requiere actualizarse, pero preservando su papel sobre el sistema en su conjunto, y en particular, en la planificación económica estratégica y en la defensa de la soberanía nacional.

Se trata de construir una economía mixta —aunque no se le llame así— donde el mercado tenga un papel mucho más amplio, y el Estado cumpla una función como regulador y garante de políticas sociales, y también generador de iniciativas y estímulos a la redistribución del ingreso y a la reducción de la pobreza.

Digamos que la diferencia principal no radica solo en “el grado de apertura”, en el espacio que esa economía mixta le otorga al mercado y la iniciativa privada; sino en el signo político del sistema. Una economía capitalista social de mercado y un socialismo con mercado y economía mixta son dos animales diferentes.

Una cosa es superar el antiguo concepto de socialismo, atado a la experiencia estadocéntrica de los países del Este de Europa; otra bien distinta es rechazar las ideas matrices del socialismo, ligadas a sus orígenes emancipadores en la Cuba revolucionaria, y reivindicar una economía social de mercado que solo existe en determinados países históricamente privilegiados.

Una cosa es cuestionar la eficiencia y el verticalismo de las megacorporaciones estatales, promover la pequeña y mediana empresa como actor más ágil y menos burocratizado en el propio sector público; otra es confundir la eficiencia y horizontalidad con atributos naturales de la empresa privada, no importa su índole o naturaleza, o la condición inherente al clima empresarial prevaleciente.

Una cosa es fomentar una agricultura privada, cooperativa o comunitaria; otra es cifrar en la propiedad de la tierra la clave de su productividad. Una cosa es favorecer los encadenamientos productivos, nacionales y transnacionales; otra es concederles a las megaempresas privadas cualidades excepcionales de eficiencia y racionalidad, sin salvaguardas antimonopólicas.

Una cosa es legitimar la presencia de inversionistas cubanos emigrados en la economía de la isla, en igualdad de condiciones con otros extranjeros y con los propios emprendedores nacionales residentes; y otra es poner todos los huevos en la canasta de una emigración muy heterogénea, pero caracterizada históricamente como rehén de la política de EE.UU. hacia Cuba. Etcétera.
EE.UU. no es una contingencia externa más

La segunda gran diferencia está en el factor EE.UU., tanto en su lugar en el diagnóstico como en la estrategia de salida.

EE.UU. no es una contingencia externa más, una variable a tomar en cuenta, sino una constante en la ecuación cubana. No es posible desvincularlo de ninguno de los males del funcionamiento del sistema económico y político; y eso no significa para nada quitarle responsabilidad al Gobierno y al Estado en las deficiencias del sistema.

Una mayoría de intelectuales cubanos que criticamos ese funcionamiento y hacemos responsables a las instituciones de su mal manejo, somos los mismos que enfatizamos la necesidad imperiosa de no olvidar al bloqueo como premisa en el diseño de todas las políticas. En primer lugar, por un gesto elemental de lucidez, porque olvidarlo sería un acto suicida, de confusión entre el ser y el deber ser, entre la realidad y el deseo.

Claro que las reformas tienen que implementarse bajo la presunción de que el bloqueo continuará. Y garantizar la resiliencia es el ABC de una política de seguridad nacional. No se trata de exhortaciones o consignas, sino de una estrategia económica realista, que no puede hacerse dependiente de un cambio en la política estadounidense hacia Cuba.

Porque ninguno de los momentos de inflexión en ese conflicto se ha derivado, hasta ahora, de concesiones cubanas, adoptadas al margen de procesos negociadores, ni de un cambio en la actitud ante la posibilidad de hacerlo; sino de factores de política doméstica y de problemas internacionales que Cuba no controla.

Transformar la economía a pesar del bloqueo no es lo mismo que transformar la economía haciendo caso omiso al bloqueo. Juzgar que este puede ignorarse al proponerse diversificar las relaciones internacionales en función de fortalecer la economía, acceder al financiamiento internacional, atraer la inversión extranjera, o incluso ampliar el intercambio con la emigración en EE.UU. equivale a subestimar su alcance multilateral y su efecto intimidatorio sobre empresas y gobiernos de cualquier país.

Nada de eso justifica o ata las reformas y su alcance a la aprobación de los EE.UU. o al cese de su hostilidad. Todo lo contrario, contribuye a inyectar realismo a las decisiones y estrategias cubanas. Si el levantamiento del bloqueo o su disminución fuera un requisito para avanzar en las reformas, estas podrían posponerse indefinidamente. Y defender esa política conllevaría la parálisis, y equivaldría al suicidio.

Considerar que la relación con EE.UU. es la única opción para Cuba, porque ya de hecho absorbe una parte importante de sus intercambios e intereses, revela una especie de razonamiento teleológico. Equivale a tomar, por ejemplo, el patrón migratorio cubano hacia EE.UU., como un fenómeno natural, en vez de condicionado por su política de erosión y desestabilización hacia Cuba. Lo mismo que sus derivaciones, en particular, la alta concentración de emigrados cubanos en territorio estadounidense, su estatus relativamente privilegiado, el peso de esos vínculos familiares en la sociedad cubana actual, la recepción de remesas y donaciones en la isla, la presencia de esos emigrados en el flujo de turismo.

Derivar de lo anterior que la economía cubana está atada a gravitar en torno a los EE.UU., resulta un planteo contrafáctico muy discutible. Según esa ecuación más bien determinista, ningún país de la cuenca del Caribe podría tener relaciones económicas importantes con otros actores extrahemisféricos, puesto que muchos de ellos también tienen allá a sus emigrados, y han mantenido ese mismo patrón comercial, que, sin embargo, se ha vuelto cambiante en la última década, especialmente con la creciente presencia del factor China.

Esta lógica les daría a las reformas el sentido de una concesión unilateral a Washington, en busca de una supuesta reconciliación, no de una voluntad política de transformación basada en las necesidades e intereses de la sociedad cubana y su desarrollo. Y encadenaría los cambios económicos y políticos deseables en la isla a facilitar ese reacoplamiento.

En esta misma columna he argumentado por qué esa presunción de reacoplamiento es un wishfull thinking, que ignora los móviles y patrones de comportamiento del Estado y de la élite del poder estadounidense hacia la isla a lo largo de 130 años.

Para terminar, valdría la pena interrogar un conjunto de premisas que se dan por sentadas sin detenerse a dudar de ellas. Digamos, identificar al Gobierno cubano con un grupo político en su último cuarto de hora, como si hubiera otro en ciernes que lo pudiera reemplazar; aludir a la “oposición cubana” como si representara un movimiento, un liderazgo y una armadura equivalente a la Solidaridad de los polacos; hablar de “la diáspora” como si el mero uso del lenguaje bíblico trazara genéticamente a la gran mayoría asalariada de nuestros compatriotas en la emigración con los acaudalados personajes del lobby judío; alertar contra “la letra pequeña” en las medidas del Gobierno cubano, pero no en la tesis de “negociar el embargo” como requisito para cualquier política viable para salir de la crisis.



Persona espera en un sillón durante un apagón este viernes, en La Habana. Foto: Ernesto Mastrascusa/EFE.

Políticas económicas: “Un jardín de senderos que se bifurcan”

No quiero terminar esta larguísima conversación con otras visiones sacando conclusiones finales, sino más bien proponiendo avenidas que las atraviesen.

Dentro de pocas horas animaré un debate que intenta desenredar algunos nudos de la política económica cubana, y he tratado de discernir algunas de esas avenidas. Las presento a continuación porque sospecho que no las vamos a poder recorrer de una vez, y quizás puedan servir a otros para un ejercicio parecido. Ahí les van, tal como se las presentaré a los participantes del debate. Son seis nudos, y tienen la forma de tesis, por aquello de la polémica.Una economía mixta: que fomente al máximo y articule los distintos sectores (público, privado nacional y extranjero, cooperativo, social, comunitario).

Un mercado libre regulado: que funcione hacia adentro y hacia afuera, de manera coherente, y que guarde una relación nueva con la planificación, de carácter estratégico.

Un sector público descentralizado en un sistema político descentralizado: que haga valer esa cualidad en la gestión y el control empresarial e institucional, y en la autonomía territorial.

Un papel clave de la ley para el funcionamiento de la economía, en particular, y el orden social en general: que tenga como cuerpo de referencia los postulados de la Constitución de 2019 (y algunos más).

Un sector trabajo revitalizado: que preserve la participación de los trabajadores y sus organizaciones en la gestión de la economía en todos los sectores.

Un orden económico, social y político consolidado en torno a la soberanía nacional: que restaure y recupere los daños causados a esa soberanía en términos materiales y culturales, por la crisis y otros factores; que mantenga la voluntad de convivencia con todos los países, incluido EE.UU.; y sin el tipo de apoyo una vez existente con algunos aliados.

Se las enseñé a un amigo mío que sabe mucho del tema y me respondió con su acostumbrado humor que daban para 20 años de discusiones.

Parafraseando a Jorge Luis Borges, podríamos considerarla una red de senderos que se conectan entre sí o se bifurcan más allá. Y den para una buena conversación.

La presión económica de Trump deja a los cubanos desesperados por alimentos y medicinas.


Estados Unidos afirma que sus sanciones no tienen como objetivo privar a Cuba de bienes esenciales. Sin embargo, miles de contenedores varados cuentan una historia diferente.



Ships unloading humanitarian aid at the Port of Havana this year. The challenges in shipping to the island nation are intensifying a humanitarian crisis.Crédito...Magdalena Chodownik/Anadolu, via Getty Images



Miles de contenedores cargados de alimentos, medicinas y otros productos con destino a Cuba han quedado varados en todo el Caribe desde que dos gigantes del transporte marítimo suspendieron las entregas para evitar las duras sanciones estadounidenses, según diplomáticos, funcionarios cubanos, comerciantes y otras personas involucradas en las importaciones.

Los contenedores varados en varios puertos contienen ayuda humanitaria, desde paneles solares hasta medicamentos y bolsas de colostomía. Entre ellos se encuentran decenas de contenedores de ayuda adquiridos por diferentes agencias de las Naciones Unidas.

Las sanciones estadounidenses también han obstaculizado los envíos por vía aérea y han obligado a la Organización Mundial de la Salud a cancelar las entregas previstas de medicamentos contra el cáncer.

Las dificultades para distribuir materiales esenciales han agravado drásticamente la escasez crónica, incrementando la enorme lista de espera de pacientes para cirugía y disparando los precios de los alimentos, mientras los cubanos atraviesan la peor crisis humanitaria desde la revolución de 1959. Con los alimentos cada vez más caros, el hambre aumenta y los comedores sociales luchan por cubrir la demanda.

La administración Trump ha impuesto una presión económica sobre Cuba y su partido comunista gobernante para intentar forzar un cambio político y económico.

En enero, el gobierno impuso un bloqueo petrolero a la isla. Luego, en mayo, aumentó la presión al anunciar que las empresas extranjeras que trabajaban con ciertas entidades estatales cubanas corrían el riesgo de que se les congelaran sus activos y se les prohibiera hacer negocios con empresas y bancos estadounidenses.

Poco después, Hapag-Lloyd, una compañía naviera alemana, y CMA CGM, una francesa —que según los expertos suministraban conjuntamente al menos la mitad de las importaciones de Cuba, incluyendo la mayor parte de sus alimentos— dejaron de operar en la isla.

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Hapag-Lloyd and CMA CGM containers in the port of Mariel, Cuba, in 2023. Together, the two shipping firms delivered at least half of Cuba’s imports.Crédito...Yamil Lage/Agence France-Presse — Getty Images


Este acontecimiento agrava aún más la difícil situación de los cubanos, que ya sufren apagones diarios, escasez de combustible y alimentos, y un sistema de salud colapsado. Además, aumenta la presión sobre el gobierno cubano, que intenta sobrevivir a la campaña de presión de la administración Trump.

La doctora Valia Rodríguez, médica cubana residente en Gran Bretaña y directora de la organización benéfica Ayuda para el Caribe, declaró que un contenedor de Hapag-Lloyd, cargado por su organización con kits de reanimación, bolsas de colostomía y tubos intravenosos por un valor superior a 500.000 dólares, partió de Irlanda del Norte en abril. Llegó al puerto de Mariel, en Cuba, el 4 de junio, un día antes de que entraran en vigor las nuevas sanciones contra las empresas extranjeras.

“Decidieron dejar de descargar los contenedores”, dijo el Dr. Rodríguez, refiriéndose a Hapag-Lloyd.

En cambio, los contenedores fueron enviados a Panamá, donde la organización benéfica afirma haber tenido que pagar más de 6000 dólares en gastos de almacenamiento, ya que los pacientes que se han sometido a una cirugía de colon recurren a medidas desesperadas. «En este momento, la gente en Cuba está usando bolsas de la compra porque no hay bolsas de colostomía», declaró el Dr. Rodríguez.

Según diplomáticos, las piezas de repuesto de una central eléctrica desmantelada en Uruguay, donadas a Cuba por la compañía eléctrica estatal del país sudamericano, no han podido salir de la isla porque ninguna línea naviera las transporta. Cuba ha sufrido al menos cinco apagones a nivel nacional este año debido a los repetidos colapsos de su anticuada red eléctrica.

Aunque el gobierno estadounidense ha declarado explícitamente que sus sanciones no pretenden prohibir la entrega de alimentos y suministros médicos, Francisco Pichón, coordinador de la ONU en Cuba y responsable de la respuesta humanitaria, afirmó que las sanciones estaban obstaculizando la labor de ayuda de la organización porque los transportistas desconfiaban de correr cualquier riesgo.

“Nos enfrentamos a algo muy real, un fenómeno llamado ‘sobrecumplimiento’”, dijo el Sr. Pichón. “El sobrecumplimiento es una precaución excesiva por parte de las empresas para no exponerse a sanciones”.

Hasta la semana pasada, la operación de ayuda humanitaria de la ONU seguía a la espera de la entrega de 30 contenedores con kits para el tratamiento del agua, antibióticos, anticonceptivos y pruebas de embarazo.

La escasez de combustible para aviones también ha diezmado el tráfico aéreo hacia Cuba, interrumpiendo otra ruta de entrega de carga.

A pesar de meses de intentos, miles de viales donados de un medicamento contra el cáncer llamado doxorrubicina no llegaron a la isla después de que varias aerolíneas dejaran de volar a Cuba, según la Organización Panamericana de la Salud.

La Organización Mundial de la Salud informó que un medicamento contra la tuberculosis que había comprado a una farmacéutica india y que debía enviarse por vía aérea a través de DHL fue devuelto al fabricante en mayo sin explicación alguna. Según agencias de la ONU, otros envíos de ayuda humanitaria tuvieron que ser transportados por vía aérea en vuelos chárter especiales.

Las empresas han considerado desviar su carga a través de Estados Unidos, ya que aún se realizan envíos desde allí. Sin embargo, el costo del transporte adicional duplicó con creces el precio de productos más baratos, como el arroz, lo que hizo que muchos de ellos fueran demasiado caros para venderlos en Cuba, según declaró una persona involucrada en el comercio con Cuba, quien habló bajo condición de anonimato para proteger las operaciones comerciales.

Según la fuente, los empresarios han estado debatiendo si abandonar o no su cargamento en puertos extranjeros.

El Departamento de Estado ha declarado que las sanciones obligan a rendir cuentas al régimen cubano "corrupto" y a sus patrocinadores financieros, incluido GAESA, el conglomerado militar que controla gran parte de la economía de la isla.

En un comunicado enviado a The New York Times, el Departamento de Estado afirmó que la "cleptocracia flagrante" del gobierno y su mala gestión económica desviaron recursos escasos en beneficio de funcionarios, militares y el aparato de inteligencia, en lugar de beneficiar al pueblo cubano.

“Nuestra dura política hacia Cuba restringe las transacciones financieras con entidades propiedad de los servicios de seguridad cubanos o controladas por ellos, con el fin de privar al régimen de los recursos que utiliza para enriquecerse y oprimir violentamente al pueblo cubano”, decía el comunicado.

El secretario de Estado, Marco Rubio, declaró a la prensa en septiembre que "si Cuba es un desastre humanitario, es porque su régimen es un desastre, porque el modelo económico que siguen no funciona".

Rodolfo Benítez Verson, embajador de Cuba ante las Naciones Unidas en Ginebra, declaró la semana pasada ante el Consejo de Derechos Humanos de la ONU que más de 7.000 contenedores con destino a Cuba se encontraban varados.

“La crueldad no conoce límites”, dijo el señor Benítez. “Tendrán que rendir cuentas ante el pueblo cubano, y no quedarán impunes”.

La naviera alemana Hapag-Lloyd declaró en un comunicado que había tomado una "decisión empresarial" de no continuar con la ruta marítima a Cuba y que estaba trabajando para encontrar una "solución rápida y práctica" para la carga.


Hapag-Lloyd container ship at port of Valparaiso in Chile in 2024.Crédito...Rodrigo Garrido/Reuters


La empresa francesa CMA CGM declaró en un comunicado que había reanudado servicios limitados de "carga que cumple con la normativa" a la isla, como productos agrícolas, medicamentos y dispositivos médicos.

Dado el volumen de la acumulación de contenedores, se necesitarían meses para que todos llegaran a la isla, según afirmaron empresarios, diplomáticos y trabajadores humanitarios.

El Foro Popular, una organización de izquierda con sede en Nueva York, informó que tres contenedores con aproximadamente 1000 paneles solares, valorados en más de 750 000 dólares, quedaron varados. Estos paneles estaban destinados a alimentar las unidades de cuidados intensivos de los hospitales. Según Manolo De Los Santos, organizador del grupo, los contenedores fueron adquiridos en México y ahora se encuentran allí retenidos.

“Lo que más nos preocupa es la angustia de saber que hay quirófanos sin electricidad y 100.000 pacientes esperando ser operados”, dijo.

El gobierno cubano, en un nuevo informe que detalla los efectos del bloqueo petrolero estadounidense, afirmó que 100.000 pacientes estaban a la espera de ser operados, entre ellos 12.000 niños.

Ante la escasez de rutas marítimas comerciales viables, las exportaciones a Cuba se han desplomado.

Según las estadísticas oficiales de los gobiernos brasileño y mexicano, las exportaciones de Brasil y México a Cuba cayeron más del 90 por ciento en julio en comparación con el mismo mes del año anterior.

“Hasta dos tercios de la capacidad total de transporte marítimo de contenedores han desaparecido”, afirmó Gordon Wilmsmeier, profesor de transporte marítimo y logística global en la Universidad de los Andes en Colombia.

El envío de suministros a Cuba se ha vuelto tan difícil que algunas naciones solidarias han recurrido a sus fuerzas armadas. México, que suspendió los envíos de petróleo a Cuba en enero tras la amenaza del presidente Trump de imponer aranceles, utilizó buques de la Armada para entregar artículos como miles de toneladas de arroz y frijoles, así como sacos de leche en polvo. La Fuerza Aérea Brasileña transportó cargamentos de leche en polvo por vía aérea.

Celso Amorim, uno de los principales asesores de política exterior del presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, dijo en una entrevista que a Brasil le gustaría proporcionar a Cuba combustible y más ayuda, pero que desconfía de la reacción de Washington.

“Esto forma parte de la realidad del mundo actual”, dijo. “Es complicado. Todas las empresas aquí —incluso las estatales o las paraestatales— tienen intereses en Estados Unidos y temen verse afectadas”.

En los mercados de La Habana, el precio del pollo congelado se ha duplicado en los últimos meses, mientras que el precio de una caja de 30 huevos se ha triplicado hasta alcanzar los 11 dólares, una cifra superior al salario mensual promedio.

Según Omar Everleny Pérez Villanueva, economista cubano, los precios de los alimentos aumentaron un 60 por ciento entre enero y agosto.

En La Habana, la capital, han proliferado los comedores sociales, pero están escaseando los suministros.

Quisicuaba, una organización religiosa sin fines de lucro vinculada al estado, informó que estaba esperando cinco contenedores de alimentos. La cantidad de pollo y huevos ha disminuido, según indicó Luis Enrique Alemán, encargado de los suministros de cocina de Quisicuaba.

“Una reducción tan drástica en los suministros nos obliga a hacer milagros y a replantearnos nuestras recetas”, dijo.

En medio de cientos de personas que esperaban para llenar recipientes de plástico con comida, Carmen Carballo García, de 66 años, estaba sentada en un banco mientras su nieta de 5 años, Yaquelin, se chupaba el pulgar.

“Los médicos me dicen que tiene bajo peso”, dijo la Sra. Carballo. “Necesita leche, pero no tiene”.

Jack Nicas contribuyó con el reportaje desde Brasilia.


Frances Robles es reportera del Times y cubre América Latina y el Caribe. Ha informado sobre la región durante más de 25 años.
21 de septiembre de 2026Solicitar reimpresiones | Edición de hoy | Suscribirse

Nada es para siempre, ¡ojalá ni los impagos!. Comentario HHC

 Por: Joel Mayor Lorán

 


Evelio advierte que han dejado de acopiar plátanos. Al no pagarles, no hay con qué sufragar el pago a los trabajadores: diario y en efectivo

Parece interminable la historia de los impagos a los productores agropecuarios. Se suceden los meses uno tras otro, y la deuda de millones de pesos solo crece y crece. Ya antes el Banco intervino para solucionar el problema, pero al pasar un tiempo el problema rebrota, como hierba mala.

Si bien aquel “hace todo cuanto quiero, poderoso caballero es don Dinero”, del poeta español Francisco de Quevedo, señalaba el poder corruptor de la riqueza, allá por el siglo XVII, resulta cierto también que quienes labran la tierra lo necesitan, como retribución a su trabajo y base para nuevas cosechas.

Por eso irrita que tarden tanto en pagarles los productos hace meses entregados, ya vendidos y cobrados por quienes los comercializan. Solo en el municipio Artemisa, capital de la provincia del mismo nombre, la deuda asciende a decenas de millones de pesos.

Daniel Evelio González hace crecer robustos platanales hace casi cuatro décadas. ¡Admira comprobar cuán limpios lucen los surcos, algo inusual en estos tiempos! Sin embargo, ahora apenas recoge de 50 a 70 quintales al mes. “Al no tener fertilizantes, el plátano se atrasa; cuando pare la mata, demora demasiado en coger su tamaño y ponerse hecho. Y me deben como medio millón de pesos.

“Le voy a ser sincero: hemos tenido que dejar de acopiar porque, al no pagarnos, no hay con qué sufragar los gastos de la finca, entre ellos los trabajadores, que son cinco, cobran mil y pico de pesos diarios y trabajan en la mañana… ¡y cuidado!

“Ya nadie quiere trabajar en el campo; los seguidores del campo se acabaron. ¡Imagínate! Y el trabajador cuando se va a mediodía, o en ocasiones por la tarde, se quiere llevar su dinerito para poder comer en la noche. Lo otro es la tarjeta: tienes una equis cantidad de dinero; nosotros teníamos un millón y pico de pesos en el banco, y nos dan 2 000 o 5 000 pesos, pero ellos lo cobran en efectivo, porque generalmente son eventuales que viven donde puedan.

“Nosotros entregamos los productos a Acopio; era quien pagaba a la cooperativa Tomás Álvarez Breto, y eso se ha ido resquebrajando: que después le pagamos, que más adelante, y han pagado dos o tres veces hacia atrás; aun así, siempre queda deuda… y nos ponen el dinero en tarjeta, que no tenemos siquiera cómo sacarlo. ¿Explicación? Que no hay dinero. No sé”.

Otro tanto le ocurre a William Hernández Valdés, productor de esa propia CCS con una extensión algo mayor (19.26 hectáreas), sembrada casi en su totalidad de plátano burro y contratada al ciento por ciento.

“La deuda con la empresa agropecuaria es de noviembre, diciembre y hasta la actualidad, y asciende a más de un millón de pesos. Eso influye en la propia contratación y el pago a los obreros. Cuando los encuentras, porque no hay mucha gente para trabajar, todos quieren el dinero en la mano, al momento; tampoco quieren transferencia, sino efectivo. Lo último que pagaron fue octubre, después de un largo tiempo”.

Deudas en círculo sin fin

Fernando García Cazañas, presidente de la Álvarez Breto, aporta otros detalles. “Nos debe también el climatizado. Por supuesto, la deuda más grande es la de la Empresa Agropecuaria: superior a 12 millones. Cada mes que cierra se va sumando a esa deuda, y se hace más difícil de pagar.

“Ellos tienen una economía muy mala; cuando han tenido la posibilidad, se han enredado con las producciones y los pagos de La Habana, que igualmente les debe muchos millones.

“No es primera vez que pasa. En 2025 tenían una deuda parecida con nosotros y la Primera Secretaria del Partido en la provincia me dijo: ‘Amparado en el Decreto ley 63, si tienes que trancar La Habana, hazlo. Porque si no te pagan, te enredas con los de aquí… y al final te van a demandar los tuyos. Tienes que buscar otro destino.

“Ahora ellos tienen otro destino, que le está generando algún dinero. Pero, como tienen que pagar la amortización de los créditos, lo poquito que hacen se lo queda el banco.

“¿Y entonces? Solicitaron un crédito de 48 millones con el cual nos iban a pagar. Demoró en aprobarse, y ahora les dijeron que se usará para pagar comercialización, o sea, los productos que entregáramos a partir de la aprobación, no la deuda.

“Yo lo planteé al Partido: ¿cómo no se va a poder pagar deuda, si esa procede igual de la comercialización? ¿Y cómo le voy a decir a un productor que le van a pagar lo que entregue ahora y no lo que ya tributó antes? ¿Cómo si usted me debe 30 000 pesos y recibe tres millones, no me va a pagar mis 30 mil pesos, sino lo de ahora en adelante?

“Eso propicia que el productor no entregue nada. Son los afectados. A algunos se les debe un millón de pesos, a otros casi esa cifra. Y se perjudica también la comercialización de Artemisa y La Habana, porque quienes producen buscan otro destino para sus mercancías, como está establecido.

“Las llevan a Pinar del Río y Guanajay, o a organismos como Comercio y Salud Pública. Yo sí tengo que buscarle ingresos a la cooperativa, para poder pagar; no me he enredado con el pago de ningún trabajador, pero hay cooperativas que no tienen dinero para pagarles, aunque les deben poquito.

“Ah, y las hay con sus mercados vacíos; dicen que no tienen en qué trasladar la mercancía. Nosotros estamos más o menos en la misma situación; sin embargo, se puede comprobar cuántos productos tenemos en oferta. Buscamos un carretón o un triciclo. La deuda es algo muy serio.

“Y hablamos de plátanos, yuca, boniato… Tenemos en los puestos de venta, solo que a Acopio no quieren llevarlos. Entonces, ¿cómo Acopio va a cumplir con los abastecimientos comprometidos con La Habana y otros lugares, y con el encargo social?”

Clientes prestos y otros morosos 

Desde luego que tiene toda su lógica vender a quien pague al instante y no a quien demore demasiado. En todo caso, inquieta saber cuál es la diferencia. ¿Por qué unos cumplen y otros no?

“Esa es una interioridad suya, de su economía, que está complicada, porque la Empresa Agropecuaria tiene máquinas de riego Fregat, tienen de todo. No puedo explicarle qué sucede”, advierte el presidente de la CCS artemiseña.

“Hay otros lugares de mucha más salida, de mayores producciones. En Pinar del Río tenemos contrato con una UBPC de tabaco: venía, cargaba camiones de plátano y otros productos; ahora el productor Juan Carlos González Chirino arrienda un camión, con petróleo y todo, y se los lleva.

“Ya se sumó otro, Edel Bello. Y Bruno Oceguera va a Guanajay; le pagan el mismo día: con un destino así, claro que lo prefieren antes que a Artemisa.

“Sobre La Habana la empresa plantea que les llevan las producciones y, como les deben igual que a nosotros, no le pagan; les dicen que al mes siguiente. Tienen una deuda también grande con la Agropecuaria nuestra; según ellos, si les pagan a los comercios de allá, sobre todo al mercado El Trigal (el que distribuye a los demás), con ese monto entonces nos pudieran pagar.

“Dicen que han ido allí, han conciliado… Ya hasta el Partido les propuso hacerle una demanda a El Trigal por la deuda. Creo que están en ese proceso.

“Yo le pago al campesino tan pronto termino de vender lo que me trae. No sé por qué se traba la cadena en El Trigal, si ellos distribuyen a sus mercados y en La Habana todo se vende, incluso a mejor precio. Algo falla, o la conciliación o la insistencia, porque ellos sí salen de toda la mercancía.

“La situación se complejiza cuando a los trabajadores que emplean los productores hay que pagarles diario y, además, en efectivo.

“Al campesino le hace falta su dinero, de las producciones, del sacrificio que hizo en esa etapa. Si no lo tiene, llega el momento que no puede pagarle a esos trabajadores y, si necesita seis, va a tener que quedarse con dos.

“Así se le va a ir empeorando el campo, porque no puede hacer las labores culturales ni cosechar a tiempo. Hay quien no tiene trabajadores; son campesinos con menos posibilidades, que tenían dos trabajadores y ya no los pueden mantener mientras no les paguen la deuda.

“Ahora se abre la posibilidad de importar el combustible y lo que necesites. Claro, eso lleva dinero. Muchos me han dicho ‘¿por qué tú no me pagas la deuda, a ver si puedo comprar aunque sea 30 litros?’. Tú llamas al proveedor y te lo trae a la finca, pero te dice ‘Dame lo mío’. Y no puede ser todo el mundo”.

Otro caso similar

El conflicto de los impagos golpea a otros muchos, como la CCS Camilo Cienfuegos. Alfredo Morales López, su presidente, comenta que Acopio le debe a su cooperativa más de seis millones de pesos, de noviembre hasta el cierre de julio.

“La empresa necesita casi 26 millones a fin de pagar las deudas. Sin embargo, nos explicaron que el crédito de 46 millones aprobados sería para pagar lo que se entregue a partir de ahora.

“Los productores están disgustados con eso, porque entregaron la mercancía. Entonces, ¿me van a pagar lo de ahora? ¿Y lo otro se va quedar en el aire? El año pasado ya tuvimos ese problema. Por la misma situación, porque una pila de empresas, incluso de La Habana, sobre todo Acopio Habana, le deben millones también a la empresa. Hay una cadena de impagos que, al final, repercute en los campesinos.

“Recientemente, el director de la empresa aseguró que lograron cobrar varios millones y nos pagarán todo. Solo al campesino Adolfo Briz Benito le deben cinco millones 811 mil 740 pesos. Pero va pasando una semana tras otra… y nada”, se lamenta.

Tratando de dilucidar ciertamente qué ocurriría, este reportero se mantuvo en comunicación con el presidente de la Camilo Cienfuegos hasta que, el 14 de septiembre, les depositaron 800 mil pesos en la cuenta y, ya en la tarde, el director de la Agropecuaria le aseguró que “nos pusieron el resto que faltaba para completar los seis millones.

“Ahora falta que, entre la corriente y la conexión, lleguen de una vez del Banco a la tarjeta, para, luego, extraerlos poco a poco, en otro proceso largo”.

Entresijos de la deuda y primeros pagos

Al cierre del mes de mayo, las deudas con las bases productivas, tanto CCS como UBPC y CPA, ascendían a 35.7 millones de pesos, de ellas vencidas 29.3 millones, informa Osbel Guilarte González, director municipal de la Empresa Agropecuaria.

“Nos queda para operar solo un 20%; con eso debemos realizar el pago de salarios, algunos otros gastos financieros y los aportes que debemos hacer como empresa”, comenta.

“El incumplimiento en el pago de esta deuda está dado principalmente por la situación financiera que atravesamos. Le debemos al banco más de 260 millones de pesos, en créditos vencidos de años anteriores. En 2024 renegociamos esa deuda a 10 años y, debido a eso, nos entran créditos vencidos casi todos los meses, los cuales debemos ir cumpliendo. Así que el banco toma de nuestros ingresos el 80% de cuanto ingresa a nuestras cuentas.

“Y precisamente tales circunstancias nos obligan a seguir solicitando crédito, para ir solventando las deudas que vamos adquiriendo, porque no hemos sido capaces de cobrar todo lo que vendemos, y tenemos también cuentas por cobrar envejecidas.

“Nuestra gestión de cobro no ha sido la más eficiente, por los conocidos problemas con el transporte. Acumulamos casi 120 millones en cuentas por cobrar, buena parte de ellas envejecidas. Nuestro principal cliente, la Empresa de Acopio Habana, al cierre de mayo nos debía más de 11 millones de pesos, y la UEB Mercado de Plaza Cerro, que pertenece a Acopio Habana, pero a la empresa de Matanzas, nos debe casi 15, es decir, 27 millones entre las dos.

“Si fuéramos capaces de cobrarlos, bien pudiéramos saldar la deuda con los productores; sin embargo, de entrar este dinero, el banco lo retiene en su mayoría, para cobrar nuestras propias deudas.

“Entonces, debemos seguir solicitando crédito. Lo hicimos el año pasado, y nos alcanzó para pagar hasta noviembre. A principios de junio, se nos aprobó otro más para la comercialización: 45 millones a fin de pagar a los campesinos.

“La estrategia actual es mantener las deudas con las bases productivas en cero, con el sistema de trabajo que estamos montando, de cobros a 30 días. Hoy prácticamente el único sector que vende y cobra, que vende y compra y cobra al mes, es el sector agropecuario. Entonces, se trata de buscar rapidez en el pago, porque ya tenemos dinero… y más ventas en efectivo, en la feria y ventas minoristas.

“Hemos pagado 22 millones. Por estos días ya liquidamos los adeudos con la Camilo Cienfuegos, una parte a la Tomás Álvarez Breto y a la CCS Rigoberto Corcho, aunque aún nos queda por saldar”, señala Guilarte González.

¿Será esta la última vez?

La historia de los impagos a los productores agropecuarios no debería ser cíclica; mas, lo es: la deuda de millones de pesos persiste, como un virus que se niega a ser borrado.

Fernando García Cazañas, presidente de la Álvarez Breto, afirma que el panorama no ha cambiado mucho.

“Nos pagaron los meses de febrero, marzo y abril de este año, porque eran los de menos cuantía. Todavía nos deben noviembre y diciembre de 2025, así como enero, mayo, junio y julio de este año. Faltaban por pagar nueve millones, y ya la deuda creció a 11 millones 700 000”.

De todos modos, accedió a revisar de nuevo el estado de cuenta en el Banco… y comprobó que no entró nada más.

Por si no bastara, Juan Carlos Alcolea Torres, presidente de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP) en la provincia, asegura que no es la Empresa Agropecuaria Artemisa la de mayores deudas, sino la de San Antonio de los Baños, con más de 60 millones de pesos.

Dicen que nada es para siempre; ¡ojalá ni los impagos!

Comentario HHC: Esto se ha discutido decenas de veces en la Asamblea Nacional, y no hay solución- Y esto es en un pais socialista, donde debe primar , en ultima instancia el interes común.  

Esto no es culpa del Bloqueo de EEUU.  ¿ Existe el ministro de Agricultura? ¿ El ministro de Finanzas ? ¿ Las Delegaciones de la Agricultura?., etc.  Mientras se para la cadena de producción de alimentos , tan necesaria en nuestro pais, en estos tiempos.