Fidel


"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." ""Creo que mientras más critica exista dentro del socialismo,eso es lo mejor" Fidel Castro Ruz

miércoles, 14 de octubre de 2026

El mundo, la IA, la Unesco y el vértigo en el que vivimos. Memorias y reflexiones.

Por Dr Julio Carranza

He visto, con mucha atención, un video que recomiendo del intelectual español Alan Barroso, este dedicado específicamente al carácter e influencia de la empresa Palantir Technologies (debajo el link). Esta ha publicado una especie de manifiesto de 22 puntos, sobre lo que llama “La República Tecnológica”, donde define su visión y “propuesta” para el mundo del futuro. Importa porque es una corporación  de una gran influencia y presencia global.

Durante 26 años trabajé, estudié y escribí desde la UNESCO, donde se promueven ciertos valores fundacionales de esta que, con todas sus limitaciones, ha sido la organización intelectual de las Naciones Unidas.

Paz, diversidad cultural, educación de calidad y gratuita, derechos culturales, cultura y desarrollo, protección del patrimonio histórico-cultural, antirracismo y antixenofobia, libertad de prensa unida al derecho a la información veraz y de calidad, uso democrático y positivo de las nuevas tecnologías, políticas basadas en el conocimiento, cuidado del medio ambiente y después de un largo etcétera, la regulación ética de la inteligencia artificial.

Sobre esto último, siendo Director y Representante para los países andinos, me correspondió comenzar un programa latinoamericano sobre esta cuestión, lo primero fueron unas importantes reuniones en Colombia, incluyendo a su entonces presidente, que por cierto no era Petro, sino Duque. Me quedaría mucho por relatar sobre la experiencia de aquellos días, incluida la reunión con las principales empresas tecnológicas con representación en Colombia, donde surgió la polémica entre “regulación” y “autorregulación”, esta última es, por supuesto, el “paraíso” del capital. En otra ocasión escribiré sobre eso.

Mi colega y amigo Julio César Guanche, que entonces trabajaba conmigo en la Oficina de Quito, donde estaba nuestra sede regional, participó y aportó muchísimo en este importante tema. Organizamos e hicimos un evento allá en el cual participaron muchos especialistas de diferentes países, entre ellos Rafael Hernández, Director de la revista Temas, con una intervención brillante.

Realmente todos los aportes fueron de mucho interés allí, esto ocurrió en Septiembre de 2023, el tema de la IA estaba aún muy en sus inicios, pero ya la UNESCO había promovido un importante documento sobre la dimensión ética de la inteligencia artificial. Ahora, con la muy veloz y muy preocupante evolución de este asunto, ese documento gana más vigencia e importancia, sin embargo ha ido siendo marginado. Algunos intelectuales aseguran que estamos en un tránsito del capitalismo global al “feudalismo tecnológico digital”.

La participación de los EEUU en la UNESCO fue siempre muy problemática, se marcharon varias veces por considerarla una Organización antinorteamericana (nada más alejado de la realidad) y luego diz que antisemita (un disparate aún mayor), el último que se retiró de allí fue Trump.

Todo esto viene a caso porque, conociendo lo que significa e influye esta empresa global Palantir Technologies (y otras), a la cual se refiere el video que he recomendado, su entrelazamiento  con el gobierno norteamericano, con el Pentágono, con las agencias de inteligencia, con Israel, la OTAN, etc, se hace evidente que los valores esenciales que animaron a la UNESCO y que deberían ser valores internacionalmente asumidos y promovidos, están bajo un total ataque y descalificación para su anulación, en el nombre de una oligarquía global que ya sin máscaras, erige su dominación a través del uso perverso y antihumano de las nuevas tecnologías, principalmente la IA y su dimensión militar y de inteligencia. Es la riqueza global alimentando sistemáticamente ese monstruo.

Si el mundo no reacciona, si otros poderes con otro sentido de la vida y de la humanidad, de la ética y de la solidaridad, no se oponen con eficacia a esto, estaremos en una “cuesta abajo” de vértigo, sin frenos y en aceleración.

Esto no es ajeno a la fuerte emergencia de la ultra derecha y el fascismo, mismos que crecen como parte de supuestos estados “democráticos de derecho”, más manipulados que nunca antes, como en los propios EEUU. En realidad, estados cuasi policiales, donde las constantes y cansinas referencias a la libertad, son apenas ironías de mala entraña y peor intención. En el caso de América Latina, proclamaciones de “soldados de fila” de la traída doctrina Donroe.

Vean conceptos como “ilustración oscura”, “monarquías corporativas”, que, entre otros, aparecen para explicar la realidad actual. En el fondo es una nueva y mayor “sacudida” de los capitales, los mercados y la oligarquía global para “zafar” de cualquier límite que le pueda imponer la democracia, o sea, las mayorías.

Esto cuando, en cambio, el paradigma que conduciría a la verdadera atención de los intereses legítimos de la humanidad y también del planeta serían, cómo alguna vez expresé: el mercado operando pero subordinado a la democracia, la economía dinámica y descentralizada pero subordinada a la política y el interés individual reconocido y protegido en su legítima validez pero subordinado al interés colectivo, sin mal entender estas subordinaciones ni la relativa autonomía de cada esfera.

Desde luego, que se levantan voces tratando de parar la dinámica que conduce a este nuevo “tecnofeudaliamo”, como la que en ese video refieren se ha expresado desde Londres.

Por allá está también China, que, con su gran fuerza económica y tecnológica, da esperanzas de balances, pero que es también “un misterio que nos acompaña”, sobre el cual no sabemos todo.

Nada parece aún suficiente para parar esta locura atroz.

La fuerza se impone en todas partes, no me extrañaría, ojalá me equivoque, que hasta la propia UNESCO vaya cediendo espacios y principios, no es que lo que suceda en esa organización sea lo más importante y determinante, pero desde esa atalaya observe el mundo durante 26 años y lo que allí sucede pesa.

Mal iremos si algo diferente no ataja y rencausa a tiempo este mundo. Todo es muy preocupante, los pueblos deberían despertar y hoy están en gran parte idiotizados y adormecidos por esas mismas tecnologías y esos mismos poderes, aunque de pronto aparecen reacciones populares, movilizadas por causas específicas, pero que forman parte de la misma dinámica a la que se intenta subordinar al mundo, como sucede ahora mismo en las calles de Madrid y de París, son las nuevas generaciones que reaccionan espontáneamente ante las injusticias, habría que esperar que evolucionen desde la sensación de que algo está mal, hacia un mayor conocimiento de las causas más profundas  que los agreden en su vida cotidiana y en sus expectativas de futuro.

Vivimos tiempos recios, debemos pensar globalmente y por supuesto, también actuar localmente.

He escrito de manera breve este texto sobre todo para recomendar el video citado, realidades como esta que allí se describe hielan la sangre (de los que tienen sangre y no otra cosa en las venas, desde luego).

13 de Octubre 2026

Cinco visiones desde Cuba sobre las 176 medidas: aportes y límites para transformar el modelo económico.

LEER EN LA APP El Substack de Pedro

Por su amplitud y por el momento en que se presenta, el paquete de 176 medidas aprobado en junio de 2026 es una referencia ineludible en el debate sobre la transformación económica de Cuba.


Tras su publicación, surgieron diversas interpretaciones de economistas e instituciones cubanas que desde hace años analizan las reformas necesarias.

Este texto examina, desde una perspectiva económica y con tono respetuoso, cinco de esas visiones: las de Julio Carranza y Luis Gutiérrez, Juan Triana Cordoví, Joaquín Benavides, Ricardo González Águila y el Centro de Estudios de la Economía Cubana (CEEC). No pretende juzgarlas, sino propiciar un intercambio sustantivo sobre la transformación económica de Cuba.

No se incluye la visión de Omar Everleny Pérez, colega afiliado al Centro Cristiano de Reflexión y Diálogo (Cárdenas, Cuba), porque sus análisis de las 176 medidas se han desarrollado principalmente en los proyectos Cuba Transformación y Grupo de Trabajo de Harvard sobre el Futuro de Cuba.

La brevedad del texto obliga a presentar cada visión de forma esquemática. Pido disculpas por las simplificaciones que esto pueda implicar y espero que el conjunto se reciba como una contribución constructiva al debate colectivo.

Mi concepción del modelo económico y del régimen político al que debería conducir la transformación de la sociedad cubana difiere de la que enmarca los cinco enfoques aquí comentados. Esa concepción se expone en el documento del proyecto Cuba Transformación, publicado en julio de 2026.

Toda propuesta de transformación económica parte, inevitablemente, de una concepción del modelo económico y del régimen político deseados, influida por posiciones ideológicas y experiencias de vida. De ahí las diferencias de fondo entre las propuestas inscritas en una “economía socialista” regida por un partido único como “fuerza dirigente superior” y las que propugnan una economía social de mercado y un Estado democrático de derecho. Estas diferencias normativas son reales y relevantes.

Sin embargo, la utilidad práctica del debate actual no está principalmente en confrontar visiones normativas, sino en examinar la arquitectura operativa de la transformación: los elementos concretos que permiten convertir orientaciones generales o listas de medidas en un proceso aplicable, controlable y ajustable. La cuestión no es solo “qué” reformar, sino “cómo”, “cuándo”, “en qué orden” y “cómo verificarlo”.

En ese plano —instrumentos de política, disyuntivas de aplicación, mitigación de costos, secuencias e indicadores de resultados— pueden surgir acuerdos y aprendizajes entre economistas con premisas distintas.

Como estos componentes determinan la eficacia de toda reforma amplia, centrarse en ellos permite superar las diferencias de principio y promover un intercambio más productivo sobre las condiciones reales de la transformación.

El análisis se organiza en las siguientes secciones:

- Presentación crítica de las cinco visiones.

- Intensidad y radicalidad de cada visión.

- Evaluación crítica conjunta.

- Sugerencias.

- Conclusiones.

Presentación crítica de las cinco visiones.

Julio Carranza - Luis Gutiérrez.

El principal aporte de esta visión es exigir el paso de orientaciones generales a una arquitectura operativa concreta, con medidas interrelacionadas, una secuencia explícita e indicadores de seguimiento.

Este planteamiento coincide con la evidencia de reformas en economías de escasez: sin reglas creíbles de insolvencia, una distinción clara entre precios libres y administrados, y un calendario verificable para reducir las asignaciones administrativas, existe un alto riesgo de que las 176 medidas queden en el plano declarativo.

La visión ganaría precisión si señalara, con ejemplos del paquete, qué medidas ya incorporan secuencias o indicadores y cuáles dependen de regulaciones aún no publicadas. Así se distinguiría mejor entre lo diseñado y lo pendiente de operacionalización.

Juan Triana Cordoví.

La interpretación de Triana, que destaca las “176 a la n” oportunidades en los ámbitos empresarial, territorial e individual, ayuda a contrarrestar el pesimismo paralizante y subraya el potencial dinámico de la descentralización de facultades.

Su principal limitación es que ese énfasis en el potencial no se acompaña de un examen suficientemente detallado de las restricciones de oferta —energía, acceso a divisas y reglas de insolvencia— que determinarán si las oportunidades se materializan.

El argumento sería más sólido si explicara cómo una mayor autonomía puede ampliar efectivamente la oferta en sectores muy dependientes de insumos importados. Esto permitiría diferenciar mejor el potencial de expansión de los resultados observables.

Joaquín Benavides.

La distinción de Benavides entre reforma y transformación, así como su preocupación por evitar que las medidas se reduzcan a ajustes de gestión, aporta un criterio normativo útil en un tono constructivo.

La principal limitación es la falta de detalle sobre los instrumentos económicos —reglas de precios, restricción presupuestaria dura, cierre de empresas y secuencia cambiaria— necesarios para convertir la intención transformadora en resultados observables. Sin esa operacionalización, la “transformación” corre el riesgo de quedar en el discurso y carecer de criterios de evaluación independientes de la narrativa oficial.

Ricardo González Águila.

Entre los aportes técnicos más precisos de esta visión se encuentran la identificación de los cuatro pilares del paquete y la advertencia sobre el momento adecuado para reformar los precios y el sistema cambiario en un contexto de severa escasez de recursos. Esos pilares abarcan una nueva articulación entre empresa, propiedad, planificación, precios, subsidios, moneda y sistema financiero; una planificación más financiera y guiada por señales de mercado; y medidas de descentralización y apertura.

Esa visión es coherente con la experiencia de reformas en economías con alta dependencia externa y desequilibrios acumulados.

La visión sería más operativa si definiera condiciones mínimas de estabilización, reglas de ajuste parcial e indicadores que permitan corregir la secuencia en tiempo real. Así se reduciría el riesgo de que una cautela justificada derive en postergación indefinida.

Centro de Estudios de la Economía Cubana (CEEC).

Hasta ahora, el Centro de Estudios de la Economía Cubana no ha publicado un texto dedicado específicamente a las 176 medidas. No obstante, las menciona en la introducción del Reporte sobre Economía Cubana. Enero-Junio 2026, donde las califica como el paquete más amplio desde los años noventa.

El reporte reconoce que el paquete responde a reformas reclamadas durante años por el propio Centro y otros especialistas, o pendientes de políticas anteriores. A la vez, advierte que su capacidad para reactivar la economía dependerá de una aplicación eficaz en medio de graves restricciones de recursos y desequilibrios macroeconómicos.

La principal limitación es la ausencia, hasta el momento, de una propuesta operativa compartida que complemente la implementación oficial, especialmente en materia de secuencia, condiciones previas de estabilización e indicadores de seguimiento.

Intensidad y radicalidad de las cinco visiones.

Para comparar de forma sistemática las cinco visiones, se evalúan su intensidad y su radicalidad ante el paquete de 176 medidas.

La intensidad refleja el rigor analítico y técnico con que se examinan la implementación, los riesgos y los mecanismos operativos. La radicalidad señala en qué medida una visión propone cambios dentro o fuera del marco oficial de una economía socialista dirigida por el Partido.

Una visión presenta alta intensidad cuando, además de evaluar el alcance y la orientación general de las medidas, analiza en detalle su ejecución, identifica riesgos concretos, detecta fallas en la secuencia, las reglas o los mecanismos de ajuste y exige precisiones operativas, como indicadores, condiciones previas y disyuntivas. La intensidad es baja o moderada cuando se resalta el potencial del paquete, pero se profundiza menos en los obstáculos, las condiciones de eficacia y los criterios de seguimiento.

Una radicalidad alta cuestiona los fundamentos del modelo o propone modificarlos de forma sustancial, por ejemplo, en las relaciones de propiedad, el tipo de planificación, el papel del mercado o los límites del régimen político. Es moderada o baja cuando la visión se mantiene dentro de ese marco y se concentra en profundizar, articular y mejorar la implementación de lo anunciado, sin ampliar el alcance de la transformación.

Esta doble lectura no establece una jerarquía de valor, sino que precisa los énfasis y el alcance de cada contribución. Así, centra el debate en la arquitectura operativa de la transformación: el diseño técnico e institucional que permite aplicar una reforma más allá de sus orientaciones políticas generales.

Las cinco posiciones se inscriben en el reformismo socialista de mercado y no cuestionan el liderazgo del PCC. Sus diferencias radican en la intensidad de la crítica y el grado de radicalidad.

1. Julio Carranza - Luis Gutiérrez.

Intensidad de la crítica: Alta (la más elevada de las cinco visiones).

Consideran las 176 medidas “un avance muy importante y amplio” y un paso esencial hacia la reforma integral que Cuba necesita. Sin embargo, sostienen que no forman por sí mismas un programa articulado: faltan objetivos precisos, una separación entre urgencias sociales —alimentos, energía, agua y medicamentos—, estabilización macroeconómica y transformación estratégica, así como secuencias, etapas, indicadores, fuentes alternativas de financiamiento y un horizonte claro. En suma, señalan la ausencia de una arquitectura operativa.

Radicalidad: Media.

No proponen ir más allá del marco socialista ni cambios políticos. Su radicalidad es principalmente metodológica y de diseño: exigen una secuencia rigurosa, priorización de urgencias y capacidad de ajuste. Alertan sobre riesgos de deterioro adicional si no se atienden las urgencias.

2. Juan Triana Cordoví.

Intensidad de la crítica: Baja-media.

Es la visión más optimista. Presenta las medidas como “176 a la n (potencia) de nuevas oportunidades” que eliminan restricciones históricas y facilitan la actividad de los actores territoriales, empresariales e individuales. Aunque reconoce la falta de secuencia y de respuestas al “cómo, cuándo y quién”, prioriza actuar de inmediato por la urgencia antes que esperar un diseño perfecto. Destaca los primeros 10-12 ejes, entre ellos energía, agricultura e inversión extranjera.

Radicalidad: Media-baja.

Apoya la expansión del sector privado y una reducción significativa del número y alcance de las empresas estatales (concentración en lo realmente estratégico), pero siempre dentro del modelo existente. Su énfasis es más en aprovechar las oportunidades abiertas que en exigir una arquitectura más ambiciosa.

3. Joaquín Benavides.

Intensidad de la crítica: Baja.

Apoya de forma enfática el contenido de las 176 medidas y valora especialmente la introducción de un mercado regulado por una planificación no burocrática, la igualdad de condiciones para todos los actores económicos y la protección social para que nadie quede desamparado. No formula críticas sustantivas al diseño de las 176 medidas en sí (secuencia, arquitectura operativa, profundidad, etc.).

La intensidad crítica se dirige casi exclusivamente hacia afuera del paquete: contra la burocracia y los “neoestalinistas”, contra la posibilidad de que se convierta en “un Plan de medidas más” como los anteriores, exige evaluación a fondo de cuadros de primer nivel (incluyendo al Primer Ministro), de responsables de organismos centrales y de gobiernos municipales, reclama que “todo comience ya”, sin esperar a la burocracia, y que la población perciba cambios concretos e inmediatos.

Radicalidad: Media.

Defiende la introducción de mecanismos de mercado (especialmente en agricultura) para romper el inmovilismo burocrático y avanzar hacia un socialismo viable, manteniendo un marco de planificación no burocrática, protección social, y liderazgo del PCC. La radicalidad de la visión es de tipo económico-organizativa (mercado regulado y desburocratización), pero no rebasa el marco oficial de las transformaciones aprobadas.

4. Ricardo González Águila.

Intensidad: Alta en el plano analítico y moderada-alta en el plano de exigencias de implementación.

Estructura la lectura del paquete en torno a cuatro pilares que afectan fundamentos institucionales del modelo. Esta valoración positiva del alcance se combina con una intensidad crítica elevada cuando se refiere a las condiciones de implementación, especialmente al timing de las reformas cambiarias y de precios. No se limita a una adhesión general al paquete de las 176 medidas, sino que señala riesgos concretos de efectos negativos en un contexto de restricción severa de recursos, lo que eleva el nivel de exigencia técnica respecto a la secuencia y a la viabilidad de corto plazo.

Radicalidad: Moderada.

Se mantiene dentro del marco de la visión general del CEEC. Su radicalidad se expresa sobre todo en la claridad con que identifica que el éxito depende de transformaciones reales en los fundamentos institucionales (abandono progresivo de la asignación física de recursos, mayor peso de las señales de mercado, descentralización de precios) y en la advertencia de que, sin credibilidad y sin una implementación cuidadosa, el potencial del paquete puede no materializarse. No propone ir más allá del marco oficial en términos de propiedad o de régimen político, pero sí es relativamente exigente al señalar que ciertas reformas (cambiaria y de precios) pueden ser contraproducentes si se realizan en las condiciones actuales de debilidad económica. Su radicalidad es más de carácter técnico-secuencial que de carácter institucional o sistémico.

5. Centro de Estudios de la Economía Cubana (CEEC).

Intensidad de la crítica: Media.

Califican el paquete como el más amplio desde los años 90 y como respuesta a reformas solicitadas durante años. Reconocen que elimina obstáculos para las empresas estatales y crea reglas más equitativas. Al mismo tiempo, advierten de forma reiterada que el éxito o fracaso dependerá de la secuencia y la forma de implementación, en un contexto de economía debilitada, menor capacidad estatal y sanciones. En los debates del reporte semestral Enero- Junio 2026 aparecieron matices (algunos miembros más cautelosos con el timing de reformas cambiarias y de precios).⁠

Radicalidad: Baja-media.

Posición analítica e institucional. No proponen un paquete alternativo más profundo; su aporte es diagnóstico y de alerta sobre riesgos de implementación. Se mantienen estrictamente dentro del marco socialista de mercado.
Evaluación crítica conjunta.

Las cinco visiones comparten tres rasgos: reconocen que las 176 medidas constituyen el paquete más amplio y explícito de transformación del modelo desde los años noventa; analizan el problema desde un marco técnico-económico, no solo político o doctrinal; y coinciden, con distintos énfasis, en que el resultado dependerá más de la implementación que de la letra del documento.

También comparten limitaciones importantes. Ninguna ofrece todavía una secuencia temporal completa con indicadores de seguimiento que permita evaluar de forma independiente si se superan los umbrales de la planificación centralizada: fin de la asignación administrativa de recursos, predominio de precios formados en los mercados y una restricción presupuestaria “dura” para las empresas.

Además, tienden a concentrarse en el potencial del paquete y prestan menos atención a las disyuntivas de corto plazo y a los mecanismos para corregir desviaciones.

Las cinco visiones presentan una intensidad analítica de moderada a alta y una radicalidad, en general, moderada. Carranza-Gutiérrez y Ricardo González muestran la mayor exigencia técnica: los primeros reclaman una arquitectura operativa completa, y el segundo advierte sobre los riesgos del momento elegido para las reformas cambiarias y de precios. Triana pone el acento en las oportunidades abiertas, mientras Benavides insiste en que la transformación debe superar los ajustes de gestión. El CEEC combina atención a las restricciones macroeconómicas con una posición moderada dentro del marco oficial. En conjunto, ninguna visión rebasa sustancialmente los límites del modelo socialista dirigido por el Partido; su exigencia se concentra en la profundidad y coherencia de la implementación.
Sugerencias.

Carranza-Gutiérrez
Sería útil identificar, con ejemplos de las 176 medidas y sus normas, cuáles ya incluyen secuencias o indicadores y cuáles dependen de regulaciones posteriores. Esto aclararía qué parte de la arquitectura operativa está definida y cuál falta por diseñar.

Juan Triana
El análisis ganaría solidez si detallara las condiciones de oferta —energía, divisas y reglas de insolvencia— que determinan si las oportunidades se convierten en producción. También convendría explicar cómo una mayor autonomía empresarial puede superar la dependencia de insumos importados.

Joaquín Benavides
La distinción entre reforma y transformación sería más útil si se tradujera en instrumentos concretos: reglas de precios, restricción presupuestaria dura, mecanismos de cierre de empresas y criterios de secuencia. Así, el criterio normativo podría convertirse en una herramienta independiente de evaluación y seguimiento.

Ricardo González
La advertencia sobre el momento de las reformas cambiarias y de precios podría complementarse con condiciones mínimas de estabilización, reglas de ajuste parcial —como precios duales en sectores seleccionados o subastas de divisas con límites temporales— e indicadores para corregir la secuencia en tiempo real. Esto ofrecería una vía operativa para avanzar sin convertir la cautela en postergación indefinida.

Centro de Estudios de la Economía Cubana (CEEC)
Sería valioso que el Centro publicara una propuesta institucional que sistematizara la secuencia, las condiciones previas de estabilización y los indicadores necesarios para evaluar las 176 medidas. Integrar sus distintas posiciones internas en una propuesta operativa común reforzaría su contribución al diseño de la implementación.
Conclusiones.

Las cinco visiones elevan la calidad del debate y aportan elementos técnicos valiosos, pero todavía no conforman una arquitectura operativa alternativa o complementaria a la implementación diseñada por el gobierno. Su mayor contribución potencial consiste en exigir, de forma respetuosa y fundamentada, una secuencia verificable, reglas creíbles de insolvencia e indicadores públicos que permitan distinguir entre la continuidad de la planificación centralizada y una transformación efectiva.

Las cinco visiones muestran, además, escasa articulación entre sí. Aún no se integran en un diálogo común las preocupaciones de Ricardo González y del CEEC sobre el momento de las reformas cambiarias y de precios, las de Carranza-Gutiérrez sobre la arquitectura operativa, las de Triana sobre las oportunidades territoriales y empresariales, y las de Benavides sobre el alcance transformador.

Estas visiones tienen relevancia práctica para la política económica actual porque ofrecen criterios que pueden mejorar el diseño de las 176 medidas: secuencia verificable, reglas creíbles de insolvencia e indicadores de seguimiento. Sería conveniente que impulsaran un debate interno —con participación de funcionarios— para avanzar hacia una arquitectura operativa más precisa, en diálogo con economistas y científicos sociales cubanos residentes en el exterior y con profesionales de otros países que estudian Cuba.

Principales textos escritos y enlaces de acceso de las cinco visiones (únicamente los directamente relacionados con las 176 medidas).

1. Julio Carranza y Luis Gutiérrez Urdaneta

Textos principales:

“La transformación de la economía cubana hoy: lo urgente y lo estratégico” (17 de julio de 2026).


“Volver sobre las urgencias y el horizonte estratégico para las reformas económicas en Cuba” (18 de agosto 2026).

2. Juan Triana Cordoví

“Cuidado con la letra chiquita en el maremágnum legislativo de las 176 medidas” (9 de septiembre 2026).


“¿Hará suyo el pueblo un programa de reformas que desconozca o no trate adecuadamente sus realidades?” (19 de agosto de 2026).


“Bienvenidos los riesgos” (8 de julio de 2026)


Comentarios adicionales en presentaciones del CEEC y en otros artículos de OnCuba sobre las oportunidades abiertas por las medidas.

3. Joaquín Benavides Rodríguez

“¿Transformación o Reforma? En mi opinión, Reforma” (6 de octubre de 2026).


“Topar precios significa un error garrafal” (4 de septiembre de 2026)


“¿Debería el Gobierno de Cuba solicitar un Crédito Millonario al Banco de los BRICS?” (22 de agosto de 2026).


“La reforma económica frente al aislamiento. Un solo escenario: aplicarla” (16 de agosto de 2026)


“Reforma de la Economía. Hay que defenderla de la burocracia y de los neoestalinistas, que ya empiezan a sacar las uñas pintadas de ideología falsa” (29 de junio de 2026).


4. Ricardo González Águila

“Cuba: ¿la reforma económica será esta vez diferente?” (21 de junio de 2026).
También disponible en La Joven Cuba: https://jovencuba.com/autor/ricardo-gonzalez/

5. Centro de Estudios de la Economía Cubana (CEEC)

Texto/documento principal: Reporte sobre Economía Cubana. Enero-Junio 2026 (presentado en septiembre 2026), que incluye en su “Introducción” un breve análisis y valoraciones sobre las 176 medidas.


El pesado fardo de la frase “un mal necesario”


¿Por qué calificar de "males necesarios" decisiones que nos debían permitir “cambiar todo lo que necesariamente debe ser cambiado” para sobrevivir incluso como nación?




La transformación, reforma, actualización de la economía cubana se inició desde finales de los ochenta del siglo pasado. En aquella época, Cuba reconoció la necesidad de la inversión extranjera y esta acompañó al Período Especial. También se admitió la expansión del “sector privado”, constreñido en aquellos momentos a los trabajadores por cuenta propia; las representaciones comerciales de empresas extranjeras y los inversionistas foráneos y los campesinos individuales que a estos efectos no añadían nada nuevo; la legalización del dólar y su circulación; la aparición de las tiendas de recaudación de divisas, de hoteles y autos de renta solo para extranjeros…

Ese largo, complejo y doloroso proceso, desde sus inicios, arrastró el pesado fardo de esa expresión: “un mal necesario”. Esas tres palabras se tradujeron en acciones concretas, frases dentro de un discurso, consignas, medidas y acciones de control, decisiones de política dirigidas a que todo el mundo entendiera que todo eso que parecía distante de lo que fuimos era una “anormalidad”. Lo más rápido posible se “rectificaría” y se regresaría a la “normalidad”.

Eso suponía regresar a aquel modelo construido sobre la singularidad de un tipo de relaciones internas y externas, donde un Estado “proveedor” y omnipresente se podía ocupar de todo, o de casi todo, y donde la responsabilidad individual sobre la economía de las familias era la menor de las preocupaciones.

Esa “singularidad” también comprendía un sector externo que disfrutaba de un mercado seguro, con una relación de precios de intercambio con el socio principal —la URSS y el campo socialista— que, si bien se afirmaba que eran mutuamente beneficiosas, no parece discutible que eran mucho más decisivas estratégicamente para Cuba que para aquel socio.

Y ello no solo era en términos monetarios, sino también en términos de seguridad estratégica, algo que, lamentablemente, hoy resulta evidente.

Aquella relación le daba al país la posibilidad de proyectar su futuro, de mejorar las condiciones de vida de la población, de poder armar un sistema educativo y de salud capaz de proveer el insumo más decisivo de cualquier proceso de desarrollo; seres humanos instruidos y saludables y familias cuyo estatus no se medía en el ingreso percibido, sino en títulos universitarios ganados por sus miembros.

Esa singularidad transmitió la idea/convicción/cultura/certeza de la capacidad del Estado para atenderlo todo, resolverlo todo, porque, entre otras cosas, disfrutaba de una holgura fiscal importante combinada con las “ayudas” solidarias que sistemáticamente el país recibía.

Alimentar la creencia/cultura/práctica de la introducción de un grupo de cambios, algunos de ellos muy difíciles de “asimilar” desde la cultura construida por décadas, fue también un recurso político para reducir/manejar los costos políticos de esas nuevas realidades, diseñadas desde el Estado, manejadas por el Estado y controladas por el Estado.

Eran “males necesarios” con los que habría que lidiar por un tiempo, pero que serían “desalojados” de los espacios que ocupaban. Eran no solo males necesarios, sino también temporales, y así muchos lo entendieron y otros muchos, sin entenderlo bien, los aceptaron.

La pregunta aparece de inmediato. ¿Por qué calificar de “males necesarios” decisiones que nos debían permitir “cambiar todo lo que necesariamente debe ser cambiado” para sobrevivir incluso como nación?

Reutilizar esa expresión en las condiciones actuales no parece lo más acertado.

Primero que todo, porque primero que todo son contextos diferentes, en tanto Cuba enfrenta hoy un aislamiento extremo, dirigido por Estados Unidos:
  • El bloqueo es distinto, no solo más duro, sino ejercido no desde la “tradicional” política hacia Cuba, que siempre estuvo muy influenciada por la “política doméstica”, sino desde la inquina visceral de un norteamericano de origen cubano hacia Cuba.
  • A diferencia de inicios de los años noventa, una parte importante de nuestra población actual no creció ni se formó en aquel intervalo de tiempo que va de los setenta a los noventa y eso tiene un peso importante en la forma en que esta generación se construye/imagina su presente y su futuro.
  • Llevamos treinta años sumergidos, atrapados, en una crisis o en múltiples crisis que se alimentan unas de otras, y su falta de solución alimenta muchos males innecesarios.
  • Una parte de la estructura productiva del país la hemos perdido y es más costoso recuperarla que intentar su sustitución.
  • Desde hace mucho tiempo se agotaron las reservas materiales que nos permitieron resistir el primer envite de la crisis de los noventa y no hay ya cómo reponerlas.
  • Al parecer, la zona de influencia política de Cuba se ha reducido sustancialmente y los antiguos “apoyos” apenas si hacen tímidas declaraciones a favor del país.
Creo que se aleja mucho de lo deseado y de lo que nuestro país necesita volver a levantar ese argumento del “mal necesario” para justificar/explicar la necesidad de aplicar correctamente y en el tiempo adecuado el paquete de medidas que tantas controversias ha generado.

Para algunos, las 176 medidas han abierto la caja de Pandora y han permitido que escapen todos los males contenidos en ella.

Recuerdo, no obstante, que ya esos males existían: inflación, desempleo, pobreza e indigencia, emigración de personas calificadas, reducción drástica de la calidad de vida, corrupción y otros muchos más.

Este nuevo esfuerzo por cambiar y las medidas asociadas a él no son un mal necesario. Prefiero verlas, aun cuando pueda discrepar de algunas, como un recurso para evitar que otros muchos males innecesarios nos sigan impidiendo avanzar.