Fidel


"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." ""Creo que mientras más critica exista dentro del socialismo,eso es lo mejor" Fidel Castro Ruz

lunes, 12 de octubre de 2026

Llegamos a 9 millones de visitantes

 Por Humberto Herrera Carlés


Bueno llegamos  a los 9 millones de visitantes,  con las visitas al Blog  de 813 694 en el día de ayer ( récord
 para un día), no revisé hasta hoy y ya habia sobrepasado el millón de visitantes en el mes.  El fin de semana , había detectado  bastantes visitas inusuales a post de años anteriores, y dije estan " revisando" el Blog. 

Si pude detectar, por las estadísticas, que Brasil es el país causante de estos resultados, al punto que desplazó a EEUU en este mes, del primer lugar de visitantes. También ha sido récord para 30 dias, estamos a 12 y este mes ya se llegó a 1 113 967 de Visitantes.

Como quiera, le doy !! gracias totales a TODOS !!

Otro Premio Nobel de Economía que no lo es, y este año con traca

Por Juan Torres , Catedrático Español


Como cada año por estas fechas, los medios de comunicación de todo el mundo han vuelto a anunciar los ganadores del "Premio Nobel de Economía". Esta vez, los estadounidenses Robert E. Hall, de la Universidad de Stanford, y Michael Woodford, de la de Columbia, por sus trabajos sobre "los fundamentos microeconómicos de la estabilización macroeconómica". Al anunciarlo, el presidente del comité que lo concede, John Hassler, subrayó que gracias a ellos los modelos que hoy utilizan los bancos centrales y los gobiernos de todo el mundo disponen de una base teórica sólida.

La concesión de este premio es una doble estafa y enseguida vas a entender fácilmente el porqué.

No es un Premio Nobel

Alfred Nobel dejó establecido en su testamento que los intereses de su fortuna se repartieran cada año entre quienes hubieran proporcionado el mayor beneficio a la humanidad en la Física, la Química, la Fisiología o Medicina, la Literatura y la paz entre las naciones. Conocía los estudios de economía de su tiempo, pero nunca pensó en premiarlos.

Lo que hoy se llama "Nobel de Economía" es, en realidad, el "Premio del Banco de Suecia en Ciencias Económicas en memoria de Alfred Nobel", creado en 1968 por el banco central sueco con motivo de su tricentenario. No lo financia el legado de Nobel ni lo eligió su voluntad. Como expliqué en mi libro Econofakes, el propio director de la Fundación Nobel, Michael Sohlman, reconoció años después que el banco hizo muchos cálculos para que los periodistas de todo el mundo no lo distinguieran de los demás. Y lo consiguió plenamente con un simple objetivo: hacer creer que la economía es una ciencia como las demás que reciben el galardón y, de paso, como han documentado Avner Offer y Gabriel Söderberg, reforzar la pretensión del banco de ser independiente del Parlamento y del Gobierno: si la economía es ciencia, las decisiones deben tomarlas los técnicos y no los representantes de la ciudadanía.

Premio al irrealismo

El premio de este año contribuye a ese fraude pues se concede a dos economistas que han desarrollado modelos y teorías completamente alejados de la realidad pero que sirven para consolidar las políticas económicas que concentran la riqueza y el poder. Merecen un reconocimiento científico tanto como un trabajo sobre anatomía que no incluyera al corazón o el hígado en el cuerpo humano y afirmase que este se mueve sin verse afectado por la ley de la gravedad.

Desde los años setenta, la corriente dominante en economía asumió tres fundamentos básicos. El primero, que cualquier explicación de lo que ocurre en el conjunto de la economía (el empleo, la inflación, las crisis) debía deducirse del comportamiento de individuos perfectamente racionales que maximizan su utilidad o su beneficio, que conocen perfectamente cómo funciona la economía y que, al formar sus expectativas sobre el futuro, nunca se equivocan de forma sistemática.

El segundo que, como es imposible sumar los comportamientos de millones de personas diferentes, se supone que toda la economía funciona como si en ella sólo hubiera un único consumidor "representativo" de todos y una única empresa también "representativa" de todas las existentes. Y, finalmente, que, en esas condiciones, no hay crisis posibles, sino tan sólo "perturbaciones" aleatorias que llegan desde fuera y de las que la economía se recupera automáticamente volviendo a su equilibrio.

El ahora premiado Robert Hall contribuyó a fundar esta manera de razonar con un célebre artículo de 1978 en el que aplicaba las expectativas racionales al consumo. Y Michael Woodford la llevó a su expresión más acabada en los llamados "modelos neokeynesianos", que, con variantes, son los que hoy día emplean prácticamente todos los bancos centrales para fijar los tipos de interés, "gestionar las expectativas" y anunciar lo que piensan hacer gracias a los componentes que he mencionado: agente representativo, expectativas racionales, mercados que tienden siempre al equilibrio y crisis que vienen de fuera.

Suponer que tenemos un abrelatas

En mi último libro he explicado que este tipo de modelos razonan como el economista del chiste que, perdido en una isla con latas de comida y sin nada con qué abrirlas, propone a sus compañeros: "Supongamos que tenemos un abrelatas".

El consumidor y la empresa representativos, las expectativas racionales y el equilibrio automático son ese abrelatas. Algo que no existe pero que suponemos que lo tenemos para que puedan funcionar los modelos que nos conviene que funcionen.

Hace ya más de cincuenta años que se demostró matemáticamente que todas esas condiciones no pueden darse en la realidad, pero la solución de la economía dominante no fue abandonarlas, sino seguir dándolas por buenas y construir sobre ellas los mismos modelos con variantes cada vez más sofisticadas.

El modelo de referencia del ahora premiado Michael Woodford es el colmo de los disparates. Se plantea, literalmente, como el de una economía "sin efectivo", en la que el dinero apenas desempeña papel alguno y el banco central se limita a fijar un tipo de interés. No hay bancos que creen dinero de la nada al conceder préstamos, ni deuda privada que se acumule, ni burbujas financieras que estallen. Es decir, falta justamente lo que es bien sabido que provocó la mayor crisis de nuestro tiempo.

Por eso es lógico que no la pudieran ver venir, como tampoco los episodios inflacionarios que deben controlar. Tras el desastre, siguieron elaborando los modelos como si nada hubiera pasado, limitándose a remendarlos con nuevas "fricciones" financieras y el propio Woodford publicó un artículo en 2009 celebrando la "convergencia" de la macroeconomía en una nueva síntesis que compartían ya casi todos los economistas.

Un saber presentado como la ciencia neutral que no lo es

Al presentar la economía como un sistema que tiende por sí solo al equilibrio y en el que sólo hace falta que un banco central "técnico" ajuste los tipos de interés, convierten en un asunto de expertos preguntas que deberían ser objeto de deliberación democrática. Por ejemplo, cuánto paro estamos dispuestos a aceptar para contener la inflación, a quién beneficia que suban o bajen los tipos de interés, o quién paga los rescates bancarios. Preguntas puramente políticas que los economistas convencionales quieren hacer creer que se responden como si fueran ecuaciones.

La paradoja de este año se produce cuando el premio del Banco Central de Suecia premia a quien diseñó los modelos que usan bancos centrales cuya independencia está siendo atacada desde el poder político más agresivo y caprichoso, el del trumpismo. Pero la respuesta a ese ataque no puede ser la de blindarlos de nuevo bajo el manto de una ciencia inexistente, sino someter sus decisiones a un control democrático transparente, con modelos plurales y realistas, y con rendición de cuentas ante la ciudadanía.

Las alternativas existen. Hay economistas que trabajan con modelos que incorporan el dinero bancario, la deuda, la energía, la diversidad de comportamientos y la complejidad de la vida económica, y que han acertado allí donde los modelos premiados fallaron. Pero rara vez reciben el premio del Banco de Suecia, que en su inmensa mayoría ha ido a parar a quienes defienden la corriente dominante que ha provocado el mayor número de crisis financieras de la historia y una concentración de la riqueza y el poder igualmente sin precedentes.

Lo que se ha premiado una vez más no es un descubrimiento que beneficie a la humanidad, como quería Alfred Nobel, sino una forma de pensar la economía que conviene a quien da el premio y que beneficia a muy pocos. Galbraith hablaba de todo esto como "fraude inocente". Yo tengo cada vez más dudas de su inocencia.

Cuba actualiza la ley de petróleo y gas para atraer inversiones en medio de la crisis




Fotografía de archivo en la que se observa al buque petrolero ruso Anatoli Kolodkin, en la bahía de Matanzas (Cuba). EFE/STR

La Habana (EFE).- Cuba actualizó este lunes su normativa de petróleo y gas, que fija el régimen jurídico para la cadena de valor de estos recursos y abre la participación a la inversión de nacionales y extranjeros, en una ley alineada «con las necesidades económicas del país», sumido en una profunda crisis energética desde hace dos años.

La normativa, publicada en la Gaceta Oficial esta jornada y que entrará en vigor siete días después, regula de manera integral desde la exploración en zonas terrestres y aguas profundas hasta la refinación, transporte y comercialización de los hidrocarburos.

El Gobierno cubano busca así incentivar el desarrollo de sus reservas a fin de tratar de mitigar la dependencia de importaciones de combustible, en medio de la crisis energética de la isla, agravada desde enero por el bloqueo petrolero de EE.UU., que ha cortado las importaciones de crudo a la isla.

Washington impuso además, sanciones en mayo a quienes mantengan negocios con la isla que han ahuyentado a los inversionistas extranjeros como la minera canadiense Sherritt International que, tras 30 años en la isla, suspendió su participación directa en sus empresas mixtas en Cuba (Moa Nickel y Energas).


Fotografía de archivo en la que se observa al buque petrolero ruso Anatoli Kolodkin, en la bahía de Matanzas (Cuba). EFE/STR

La normativa abre un marco estructurado de participación para que «personas naturales o jurídicas, nacionales y extranjeras puedan participar en las actividades petroleras», mediante modalidades como «contrato de producción compartida; concesión petrolera y contrato de servicios petroleros».

La nueva normativa

Pero mantiene que «los yacimientos de petróleo, gas y sustancias que los acompañan, que se encuentren en el subsuelo del territorio nacional, cualquiera que sea su estado físico, son de propiedad socialista de todo el pueblo y se rigen por los principios de inalienabilidad, imprescriptibilidad e inembargabilidad».

Para la adjudicación de bloques de exploración y explotación, el texto establece como principio general el uso de licitaciones públicas abiertas, aunque puntualiza que estos bienes son «inembargables y pueden trasmitirse en propiedad «solo en casos excepcionales».

Los contratos de producción compartida contarán con una vigencia de hasta 40 años, prorrogables por una década adicional, «por aprobación de la autoridad habilitante, siempre que existan recursos de petróleo y gas que no se hayan agotado en el plazo de la vigencia”, señala la norma.

Mientras que las concesiones administrativas se fijan en plazos de hasta 30 años, también «con opción de prórroga hasta otros diez años”.

La ley consagra el principio de responsabilidad objetiva y recae en «el operador de las instalaciones, así como en los consumidores y usuarios del petróleo, el gas y sus productos derivados», la “responsabilidad por la seguridad tecnológica de las actividades y los productos que generan riesgos para la salud del trabajo y el medio ambiente”.

Asimismo, puntualiza que «las empresas de bienes y servicios nacionales tendrán derecho de primera opción en los procesos de contratación para las actividades petroleras, a partir del cumplimiento de las especificaciones de calidad, plazos necesarios y precios competitivos».

Premio Nobel de Economía a estadunidenses que "mejoraron" modelo keynesiano para sortear crisis




Nobel de Economía 2026.. Los economistas Robert E. Hali y Michael Woodford han sido galardonados con el Nobel de Economía en 2026 "por fundamentos microeconómicos y de la estabilización macroeconómica", según ha desvelado este lunes la Real Academia Sueca de Ciencias. Foto Europa Press

12 de octubre de 2026 07:23

Los economistas nacidos en Estados Unidos Robert E. Hall y Michael Woodford ganaron el lunes el Nobel de Ciencias Económicas por su trabajo sobre modelos que han ayudado a gobiernos y bancos centrales a gestionar perturbaciones económicas, como crisis energéticas e inflación.

La Real Academia Sueca de Ciencias anunció a los ganadores en Estocolmo, diciendo que se les reconocía por un trabajo que ha ayudado a los responsables de políticas a lidiar con fluctuaciones económicas.

“La investigación de los galardonados ha hecho posible gestionar grandes crisis macroeconómicas de manera mucho más eficaz que antes”, escribió el comité del Nobel. “Ha sido enormemente beneficiosa durante la pandemia y las crisis energéticas de los últimos años”.

Hall está afiliado a la Universidad de Stanford en California, y Woodford a la Universidad de Columbia en Nueva York.

“Es un honor enorme, es una sorpresa”, dijo Woodford hablando por teléfono con el comité desde Nueva York.

“El trabajo de los galardonados nos ha proporcionado una base teórica estable para los modelos que ahora utilizan los bancos centrales y los gobiernos de todo el mundo”, explicó John Hassler, presidente del Comité del Premio de Ciencias Económicas, en un comunicado de prensa.

“Con ellos, estamos mejor preparados para afrontar perturbaciones en la economía, como crisis energéticas o cambios repentinos en cuánto consumen los hogares”, añadió.

Durante décadas, los gobiernos respondieron a las perturbaciones económicas siguiendo las prescripciones de la era de la Depresión del economista británico John Maynard Keynes: intervenir en la economía bajando impuestos y aumentando el gasto público, alentando así a consumidores y empresas a gastar e invertir por sí mismos y ayudando a que el crecimiento se reanudara.

“Esta es la receta keynesiana y funcionó bien, hasta que dejó de hacerlo”, dijo Timo Boppart, del comité del premio Nobel de Economía. Los responsables de políticas habían pensado que la gestión económica implicaba compensaciones simples —el desempleo, por ejemplo, se mantendría bajo en un momento de alta inflación y subiría cuando la inflación bajara—. Pero la “estanflación” de la década de 1970 —cuando la economía mundial experimentó simultáneamente alta inflación y alto desempleo— demostró que la fórmula era simplista.

Algunos economistas argumentaron que los intentos del gobierno de intervenir en la economía estaban condenados al fracaso. Pero Hall y Woodford, en contribuciones separadas, se propusieron mejorar el modelo keynesiano para tener en cuenta cómo los consumidores y las empresas toman realmente las decisiones sobre si invertir y gastar.

“Los resultados económicos son el resultado de millones de decisiones tomadas a nivel micro por los hogares y las empresas”, escribió el comité. “Utilizando modelos basados en este enfoque, en lugar de simplemente estudiar la economía desde una perspectiva macro, como una vista de pájaro, la investigación de Hall y Woodford ha generado un cambio de paradigma en la teoría de la política de estabilización”.

Hall estudió la manera en que las decisiones de los consumidores sobre si gastar y cuánto gastar dependen de lo que esperan que sea su ingreso futuro.

“Si son optimistas, consumirán más que si son pesimistas”, escribió el comité. Pero las expectativas de los consumidores pueden cambiar inesperadamente a medida que llega nueva información sobre la economía. Y algunos hogares son tan pobres que no pueden pedir prestado ni recurrir a ahorros en respuesta a cambios económicos.

En un artículo de 1982 con el economista Fredric Mishkin, Hall encontró que alrededor del 80% de los hogares tomaban decisiones de gasto basadas en sus expectativas para el futuro “mientras que el resto vivía al día”, escribió el comité.

La investigación de Woodford estableció que las empresas toman decisiones sobre los precios basándose en hacia dónde creen que irán las tasas de interés en el futuro. “Si la empresa cree que los precios de sus competidores y sus propios costos aumentarán, lo mejor es fijar un precio más alto que el que fijaría con la expectativa opuesta”, escribió el comité del Nobel. “Las decisiones de las empresas, por lo tanto, también están regidas por sus expectativas”.

Por lo tanto, los bancos centrales como la Reserva Federal de Estados Unidos, que fijan las tasas de interés a corto plazo, deberían proporcionar “comunicación clara y creíble sobre cómo razonan y lo que planean hacer”. Los bancos centrales han respondido a esta idea trabajando más para explicar lo que están haciendo.

Durante la llamada telefónica transmitida durante la conferencia en vivo, Woodford dijo que su trabajo ha enfatizado “la comprensión de las personas que están en los mercados y tomando decisiones sobre el gasto”.

El año pasado, tres investigadores que estudian la innovación empresarial ganaron por explicar cómo los nuevos productos e inventos promueven el crecimiento económico y el bienestar humano, aun cuando dejan atrás a las empresas más antiguas.

El premio de Economía se conoce formalmente como el Premio del Banco de Suecia en Ciencias Económicas en Memoria de Alfred Nobel. El banco central lo estableció en 1968 como un homenaje a Nobel, el empresario y químico sueco del siglo XIX que inventó la dinamita y estableció los cinco Premios Nobel.

Los puristas del Nobel subrayan que el premio de Economía técnicamente no es un Premio Nobel, pero siempre se entrega junto con los demás el 10 de diciembre, aniversario de la muerte de Nobel en 1896.

Los reconocimientos en los campos de medicina, física, química, literatura y paz se anunciaron la semana pasada.

El premio del lunes fue la segunda victoria del Nobel este año para un profesor de la Universidad de Stanford. El doctor Karl Deisseroth compartió el premio de medicina con Peter Hegemann y Georg Nagel por su trabajo que condujo a una herramienta que utiliza la luz para ayudar a desentrañar cómo funciona el cerebro.

El dinero del premio este año es de 12 millones de coronas suecas (unos 1.2 millones de dólares), ya sea para una persona, un pequeño grupo de galardonados o una organización.

Comentario HHC: No estaban en la lista de posibles, pero asi es esto. No sé  de la obra, por eso no critico, se parece ¿un guiño a Trump ?