Fidel


"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." ""Creo que mientras más critica exista dentro del socialismo,eso es lo mejor" Fidel Castro Ruz

lunes, 21 de mayo de 2018

Estimulan inversión extranjera en sector alimentario en Cuba

Foto: sitio oficial del evento
Cinco proyectos de inversión extranjera en la esfera alimentaria en Cuba están hoy próximos a su aprobación, declaró la viceministra de la Industria del ramo, Betsy Díaz.
La funcionaria acotó, en respuesta a Prensa Latina, que las inversiones incrementarán las capacidades productivas en algunos de los rubros más demandados por el consumo interno.
En este caso se espera la próxima instalación de una planta de agua y refrescos en la región oriental del país y la apertura de una segunda cervecería en la Zona Especial de Desarrollo de Mariel cuyo proyecto se encuentra muy avanzado, acotó.
Otros propósitos relacionados con la inversión extranjera favorece asimismo el sector de los mariscos.
Para ello, agregó Díaz, se prevé la concreción de contratos de administración para la actividad del camarón, la prospección y el cultivo de la anguila, y la comercialización del pepino de mar.
Asimismo, existe un proyecto para la producción de confituras en la región central del país.
Por esa cartera, están identificados en la actualidad 32 nuevos proyectos de inversiones que superan los 760 millones de dólares, y cuyo es papel preponderante en la financiación de la industria alimentaria, afirmó la viceministra.
Hoy operan en Cuba 10 empresas mixtas que fueron aprobadas antes de la entrada en vigor de la Ley de Inversión Extranjera o 118, y otros tres nuevos negocios certificados tras la implementación de la legislación, todos ellos en fase de creación e inversiones, agregó Díaz.
La inversión extranjera en la alimentaria abarca todas las actividades de ese sector, excepto la langosta, aclaró la funcionaria, y tiene una política sectorial donde se incluyen proyectos con encadenamientos productivos.
En declaraciones a la prensa, el viceministro de la Industria Alimentaria, Yanosky Calderín, sostuvo que los retos más acuciantes de esta esfera están hoy en el incremento de las exportaciones, además de la sustitución de importaciones de alimentos procesados.
Dicho ministerio ejecuta, entonces, un programa de desarrollo a largo plazo y por etapas (hasta 2023 la primera, y hasta 2030 la segunda); y sustentado por disimiles fuentes de financiación (créditos o inversión extranjera directa).
Su implementación, acota Calderín, demanda alrededor de dos mil 500 millones de dólares, de los cuales, mil 440 millones deberán ejecutarse con inversión extranjera.
La Industria alimentaria del país patrocina, a partir de mañana, la II Feria Internacional de Alimentación, Bebidas y Tecnología Alimentaria de Cuba cuyo objetivo fundamental es atraer inversión extranjera y financiación a largo plazo para el desarrollo en estas esferas.
Desde el 22 y hasta el 24 de este mes, se prevé, como parte del evento, la celebración de rondas de negocios promovidas por la Cámara de Comercio y un foro de inversiones para dar impulso al Programa de Desarrollo de esa Industria. (PL)

ACONTECER ECONÓMICO CUBANO



Potencia oriente cubano producción cafetalera

Autoridades cafetaleras del oriente cubano confirmaron sus planes para desarrollar ese producto e impulsar las exportaciones del grano; y que se afianzan los niveles de calidad en la producción del grano destinada al comercio exterior y al consumo nacional

Se informó que la empresa procesadora de café Asdrúbal López, de la oriental provincia de Guantánamo (con nombre comercial Alto Serra) sobrecumple sus compromisos comerciales de café.

Destacó el especialista comercial Isaac Savón de dicha empresa, que hasta el momento las entregas a los principales clientes de la entidad (Cubaexport, Comercial Cubacafé y Cimex) se comportan como promedio al 101 por ciento.

Integración empresarial desarrollará exportaciones

Lietsa Peña, directora de Exportaciones de Bienes y Servicios del Ministerio de Comercio Exterior y la Inversión Extranjera de Cuba (Mincex), afirmó que potenciar desde la integración empresarial la planificación de las exportaciones de bienes y servicios permitirá al país identificar fuentes de ventajas competitivas sobre la base del desarrollo industrial.

La funcionaria explicó a la agencia Prensa Latina que la mayor isla de Las Antillas trabaja en una estrategia a través de cuatro ejes: promoción, capacitación, calidad y organización.

"No se trata de la exportación de un producto aislado sino de que las empresas cubanas logren unificarse para valorizar nuestras ofertas", destacó.

Peña significó que las ventas al exterior nacen del desarrollo de la industria nacional, pero también desde la investigación, la innovación, y del análisis de la academia.
 
Reiteran que existen grandes posibilidades para incrementar inversión extranjera

«Cuba es un país con grandes ventajas para la inversión extranjera», afirmó en una conferencia Caridad Campos Pérez, especialista del Grupo de Promoción e Inversión Extranjera de la Cámara de Comercio de Cuba.

«El marco legal, que ofrece un ambiente de seguridad y transparencia, la tranquilidad ciudadana, los altos índices de salubridad, los millones de visitantes que recibe el país cada año, la ubicación geográfica en el centro de un mercado en expansión… hacen de la Isla un destino potencial para la inversión», argumentó la especialista.

Pero no basta con solo conocer estas ventajas, dijo. «Tenemos que continuar trabajando por una labor de promoción más proactiva, proyectar la imagen de país en función de la promoción de la inversión extranjera, realizar estudios de mercado que faciliten la identificación de socios potenciales, hacer más expeditas las negociaciones y hablar de la verdadera realidad de Cuba en cada escenario en el que nos encontremos», añadió.

Contraloría detecta millonario daño a la economía

La Duodécima Comprobación al control interno realizada entre noviembre y diciembre últimos detectó daños a la economía nacional por más de mil 57 millones de pesos.

Cuando se habla de daño económico no quiere decir que todo ese dinero se robó, sino que incluye incumplimientos de los planes, cuentas por cobrar y pagar o expedientes de faltantes, entre otros acápites, informó la Contralora General, Gladys Bejerano, al informar el resultado de las auditorías que involucraron a miles de personas.

La Comprobación, que abarcó a varios cientos de empresas a lo largo y ancho del país, incluyó 339 inspecciones y 22 comprobaciones especiales.

La Décimo Tercera Comprobación al control interno, que debe realizarse este año, también se centrará sobre los inventarios y la implementación de las normas legales sobre el perfeccionamiento del sistema empresarial.
 
Incentivar el pago con tarjeta magnética

Hace algunas semanas el sistema bancario cubano aplica una bonificación entre el 2 y 5 por ciento a los pagos que se realicen en las tiendas a través de los Terminales de Punto de Venta (conocidos como POS), para la compra de productos o servicios.

Antes las dudas de personas sobre la insuficiente disponibilidad de POS, el Director General de Servicios Informáticos del Banco Central de Cuba, Alberto Quiñones, dijo que se lleva a cabo una modernización del centro de aceptación de tarjeta, tanto de infraestructura como de software.

Refirió que el sistema de los Terminales de Punto de Venta será migrado a una nueva plataforma, proceso que debe finalizar este año, y permitirá introducir nuevas tecnologías en dichos equipos, y a la vez, asegurar su presencia en más comercios.

Las bonificaciones de la banca cubana buscan incentivar el uso de las tarjetas magnéticas como medio de pago.

Nuevas inversiones aumentarán calidad de productos alimenticios

Con el objetivo de aumentar la calidad de los productos alimenticios, en Granma se trabaja en un amplio plan de reparación e inversiones, según expresó a la ACN, José Fontanal Remón, director general de la Empresa Alimentaria, en el territorio.

El directivo refirió que en el programa de inversión y mantenimiento para el 2018, la empresa cuenta con un plan de un millón 500 mil pesos en moneda nacional, y 300 mil en moneda libremente convertible, sobre todo para la recuperación de algunas panaderías.

También existe un programa de reconstrucción para la ciudad de Manzanillo, apoyado por el Partido Comunista de Cuba y el Poder Popular, a través del cual se inaugurarán en ese territorio cinco obras pertenecientes a la Empresa Alimentaria: el Pancón, la chocolatera, un palacio del pan, uno especializado en dulces, y una dulcería en el mercado La Plaza, según dijo.

Expondrán avances en la avicultura

El recinto expositivo de Rancho Boyeros es sede de la Primera Feria Nacional de Avicultura Cuba 2018, del 18 al 20 de este mes, dedicada al aniversario 54 del Combinado Avícola Nacional (CAN), fundado el 22 de mayo de 1964 por idea del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz.

El ingeniero Jesús García Pilotos, director general del Instituto de Investigaciones Avícolas (IIA), destacó el impacto del CAN en la creación de miles de empleos, en especial para las amas de casa residentes en áreas rurales, y reconoció el esfuerzo de las provincias afectadas por el huracán Irma en la recuperación del sector.

Anabel Cruz Alfonso, directora de desarrollo del centro, precisó que el evento tiene entre sus objetivos promover la gestión de negocios con énfasis en el mercado empresarial y circuitos cortos de comercialización, así como también elevar la cultura avícola y agroalimentaria de la población.

Compañías norteamericanas de cruceros siguen aumentando sus travesías 

Al anunciar esta semana el envío del buque Majesty of the Seas al puerto de Tampa para operar cruceros a Cuba, Royal Caribbean International se unió a otras navieras que este año han aumentado su capacidad o informado sobre crecimientos en sus rutas a la nación caribeña.

El Majesty of the Seas, con capacidad para más de 2 700 pasajeros, es la respuesta de la compañía al incremento del tráfico en las rutas a Cuba. “Hemos visto una demanda y tomamos ventaja de ella”, dijo a la prensa de Tampa el capitán de la embarcación.

Recientemente otro líder global del sector, Carnival Cruise Line, informó que desde noviembre venidero sumará otros 20 cruceros Tampa-Habana a su calendario de 2019 en el Carnival Paradise (2 594 pasajeros), que llegará a un total de 31 travesías en la ruta.

Antes, la compañía había anunciado 17 cruceros a Cuba desde Miami a bordo del Carnival Sensation el próximo año.

Fuentes de la industria y agencias refieren que las medidas tomadas por el gobierno estadounidense para afectar el sector de viajes a Cuba no han desalentado a la industria de cruceros, que, en contraste, ha tenido un repunte.
 
Realizan remodelación de uno de los más grandes mercados de La Habana

Uno de los más famosos mercados de La Habana es objeto de una reparación y remodelación capitales para dotar a la ciudad de un nuevo centro comercial.

En una de las zonas más céntricas de La Habana, en una encrucijada de calles que van a la ciudad vieja, al Vedado, a Diez de Octubre y al Cerro, está emplazada una de las plazas comerciales más famosas de la capital cubana: el mercado de Cuatro Caminos, precisa CubaSi.

El edificio tiene indudables valores arquitéctónicos e históricos, por esa la reparación respetará en buena medida las características originales, fundamentalmente de las fachadas (se espera reponer los grandes relojes). Pero serán notables los aires de contemporaneidad.

Para diciembre del próximo año deben concluir las obras, en saludo al aniversario 500 de La Habana.

Restableció Complejo Lácteo de la capital niveles de producción

Luego de un proceso inversionista, el Complejo Lácteo de La Habana restableció en los últimos días sus niveles de producción de 80 mil bolsas de yogur de soya diariamente, destinadas a la canasta familiar normada, la merienda escolar y el mercado liberado.

La instalación, con un alto costo de inversión en recursos de importación, ya cuenta con nuevos equipos, entre ellos sistemas de generación de vapor y de refrigeración, los cuales favorecen que ese alimento salga con mayor calidad e inocuidad, informó a la ACN Jesús Rodríguez, vicepresidente primero del Grupo Empresarial de la Industria Alimentaria (GEIA)

El directivo puntualizó que se adquirieron máquinas para el embolsado del yogur, en aras de lograr un control riguroso del pesaje, y de que el consumidor reciba la cantidad establecida, un litro, asunto que generó muchas quejas en la población.

Manifestó que aunque otros equipos no fueron cambiados, sí sufrieron un importante mantenimiento.
 
Comercializan dos nuevos productos derivados de la miel

Dos nuevos productos desarrollados por el Centro de Investigaciones Apícolas (Ciapi), Hidromiel y Propomáx cinco, han comenzado a comercializarse en el país.

Hidromiel es un digestivo y antioxidante recomendado como vino de mesa, que puede servir para acompañar las comidas, según refiere la información publicada hoy en el periódico Granma.

Propomáx consiste en un antibiótico natural, bactericida y fungicida, con propiedades antioxidantes e inmunoestimulantes, que tiene además un efecto beneficioso sobre enfermedades cardiovasculares, cerebrovasculares y la diabetes.

Destaca Grupo VICLAR en producción de materiales

Mangueras flexibles de media, tres cuartos y de pulgada así como también elementos de techo, piso y paredes figuran entre las producciones que sobrecumple en los primeros cuatro meses de 2018 el grupo VICLAR en Villa Clara.

Gran parte de estos materiales, a través del Ministerio de Comercio Interior (MINCIN), tienen como destino la recuperación de las afectaciones provocadas por el huracán Irma.

Roberto Molina, especialista comercial del grupo VICLAR, informó a la Agencia Cubana de Noticias que la fabricación de bloques de hormigón supera hasta principios de mayo en más de 78 mil 390, el plan previsto para esa fecha .

El grupo VICLAR destaca, además, en la fabricación de tomacorrientes dobles y de cajas plásticas para la electricidad, elementos necesarios dentro del fondo habitacional, señaló.

Esta entidad también posee industrias de metales en Placetas y Santa Clara que producen la denominada carpintería de aluminio, la cual incluye varios tipos de ventanas para baño y otros renglones.

Fuentes: Radio Habana Cuba (RHC); Radio Reloj; Agencia Cubana de Noticias (ACN); Prensa Latina; Opciones/Juventud Rebelde; NTV; Cubadebate

Los “puristas” de la propiedad y la “conceptualización” del modelo cubano


21 de mayo de 2018

Cuando la discusión sobre la propiedad se aleja de la realidad, casi siempre el dogma se pone al timón. Eso puede ser algo muy complicado porque lo que se necesita en Cuba son soluciones realistas para que los ciudadanos mejoren sus vidas, cuanto antes mejor.

Cada quien es libre de aferrarse a los dogmas que desee profesar, pero los dogmas no deberían atravesarse en el plato de los demás.

Por supuesto que la propiedad es un tema crucial. No es algo desconocido para los académicos. Los vecinos de cualquier barrio también lo saben y no hace falta recordárselo a quienes dirigen el país. Lo tuvieron en cuenta, lo plasmaron en propuestas, lo sometieron a consulta popular, y ha quedado reflejado en los documentos guías de la reforma del modelo.

Queda claro que la propiedad es un asunto muy importante, pero insistir, a estas alturas, que la propiedad es “el tema de los temas” pudiera contribuir a “trabar” la transformación del modelo.

La apuesta de los “puristas” parece ser clara: primero se absolutiza la centralidad de la propiedad, relegando otros problemas concretos y urgentes, como la reforma de la empresa estatal, el desarrollo y la reducción de la pobreza; en un segundo paso se ofrece una “parametración” interesada de la propiedad, con un alto nivel de abstracción; y finalmente, se postula que la transformación solamente debe moverse dentro de los límites estrechos de tales parámetros. Para todo aquello que se salga de esos límites, los “puristas” tienen reservada una colección de epítetos, donde “neoliberal” es el más suave.

Lo interesante del caso es que los “puristas” de la propiedad definen esos parámetros de manera negativa, es decir, la preocupación central es desbarrar contra la actividad del sector privado. En lo que se insiste es en mantener la inercia, no en propiciar una transformación del modelo.

El profesor Gerardo Gómez Moreno ha comentado recientemente que es una actitud anti-socialista hacerse la pregunta –que me he hecho yo- sobre si “¿Necesita el Estado cubano controlar el 80% de los medios de producción fundamentales para alcanzar un desarrollo nacional que fuese compatible con el socialismo? ¿Acaso bastaría con el 60%? o, ¿Sería suficiente el 40%?”.

Dice que con eso he dado “un paso más hacia el abismo”. (1)

No sé si los siguientes datos van a ser suficientes para que el profesor Moreno se asome a su propio abismo: (2)
  • En Cuba, el 78,7% de la superficie agrícola es propiedad de todo el pueblo, representada por el Estado, pero el sector estatal solamente produce el 15,1% de las viandas y hortalizas, mientras que el sector privado produce el 75,5%.
  • La producción nacional de algo tan importante como la comida la controla, desde hace rato, la actividad privada, y una buena parte de ello ocurre en 1 millón 200 mil hectáreas de tierras “estatales” entregadas en usufructo al sector privado.
  • Como se sabe, la tierra es un medio de producción fundamental, pero actualmente el 25% de las tierras “estatales” han sido entregadas a 151 mil productores privados que controlan la producción de esa tierra, en condiciones de usufructo.
  • La superficie cultivada en las empresas estatales es apenas el 19% de la superficie cultivada del país.
Lo repito para que no haya dudas. Si en Cuba existe hoy producción agrícola es porque el sector privado se ocupa de ello. Si los “puristas” desearan refutar ese punto, entonces deberían aportar alguna evidencia.

Tres preguntas para los “puristas” de la propiedad:
  • ¿Qué es más importante, el hecho de que esa tierra sea “estatal” o que quien controla su producción es el sector privado?
  • ¿Consideran los “puristas” que el gobierno cubano está dando “pasos hacia el abismo” cuando entrega más de un millón de hectáreas de tierras “estatales” en usufructo a los privados?
  • Cuando se toma nota de que las empresas estatales solamente controlan el 19% de la superficie cultivada del país, ¿tiene sentido, o no lo tiene, preguntarse sobre el porciento de los medios de producción que necesita controlar el Estado cubano en otros sectores?
Les recuerdo a los “puristas” que el documento de la “conceptualización” incluye constituir “empresas privadas de mediana, pequeña y micro escalas según el volumen de la actividad, cantidad de trabajadores y objeto social, que son reconocidas como personas jurídicas”.

También admite “la apropiación por los titulares de las  formas  de  propiedad  y  gestión  no estatales de parte del excedente de los resultados del trabajo de las personas contratadas”.

Incorpora, igualmente, “la autorización  para  que  determinados  medios  de  producción ‒incluso  los fundamentales   que   se   decidan‒,   pertenezcan   o   sean   gestionados   por personas  naturales  o  jurídicas  no  estatales,  nacionales  o  extranjeras”.

Asumo que los “puristas” pudieran pensar que esto “es más de lo mismo”, lo cual me parecería muy bien porque quizás la repetición ayude a entender que lo que está oficialmente planteado para enmarcar la política económica y social del país difiere notablemente de los tiesos parámetros de los “puristas” de la propiedad.

Lo que los”puristas” denominan “el socialismo ahora posible” no puede ser presentado como una monserga abstracta sobre las relaciones de producción. O se mejora la vida del ciudadano, mediante soluciones prácticas y con una mentalidad flexible, o no va a ser posible el socialismo ahora.

Antes de seguir sermoneando en abstracto sobre el sector privado, los “puristas” de la propiedad deberían tener más consideración con quien pone las calorías y las proteínas en la mesa.

Notas

1 Gerardo Gómez Moreno. “El tema de los temas, el llamado programa y la duda razonable”. 14 de mayo 2014, https://cubaeconomista.blogspot.fr/2018/05/el-tema-de-los-temas-el-llamado.html

2 ONEI. Panorama. Uso de la tierra 2016. Edición Junio 2017, http://www.one.cu/publicaciones/05agropecuario/balanceusoytenencia/Panorama%20Uso%20de%20la%20Tierra%202016.pdf y ONEI. Sector Agropecuario. Indicadores seleccionados. Enero- Septiembre 2017. Edición Diciembre de 2017 http://www.one.cu/publicaciones/05agropecuario/ppalesindsectoragrop/ppales_indsep17.pdf


El tema de los temas, el llamado programa y la duda razonable.


Por: Mcs Gerardo Gómez Moreno, Profesor Titular de la Escuela Superior del PCC “Ñico López”

Nota de Carlos M. García.

El profesor Gerardo Gómez Moreno nos hizo llegar hace más de una semana este artículo, pero por razones de fuerza mayor no había podido leerlo y publicarlo en el blog. Lo hago ahora respetando sus criterios y forma expositiva

Los artículos: “¿Es realmente la propiedad “el tema de los temas” del debate económico en Cuba?” del Dr. Pedro Monreal y “Acerca del “tema de los temas”: un reconocimiento, algunas aclaraciones y el efecto bumerang” del también Dr. Carlos M. García, me han motivado a participar nuevamente en este intercambio político y académico.

Afirma Monreal que: “Lo que esencialmente discuten los especialistas sobre la economía cubana son sus perspectivas de desarrollo.” Este sería el tema y no la propiedad. Mientras el Dr. García insiste, con sólidos y efectivos argumentos, en que la propiedad es el tema de los temas. 

El sofisma de Monreal está en la consideración genérica, abstracta, del desarrollo, por eso el Dr. García puntualiza que se trata de un desarrollo socialista y este carácter conlleva necesariamente la consideración de las relaciones de propiedad, el predominio de las relaciones socialistas de producción. El desarrollo se refiere no sólo a las fuerzas productivas, sino también a las relaciones de producción, que no pueden separarse metafísicamente en compartimientos estancos.

Por supuesto, en el mundo actual, Cuba es una isla rodeada por océanos capitalistas neoliberales y no es posible la construcción de un “socialismo puro”, sin determinados elementos o partículas del mercado y capitalismo como se corresponde con la transición socialista, se trata del “socialismo ahora posible”. Pero estos factores se encuentran dentro de determinados límites sistémicos, traspasados los cuales estaríamos en otro tipo de “desarrollo” con todas las implicaciones económicas, políticas y sociales que esto supone.

Veamos ahora el planteamiento del Dr .Monreal en el artículo repicado por Garcíia: “¿Necesita el Estado cubano controlar el 80% de los medios de producción fundamentales para alcanzar un desarrollo nacional que fuese compatible con el socialismo? ¿Acaso bastaría con el 60%? o, ¿Sería suficiente el 40%?”(Pedro Monreal, ¿Es realmente la propiedad el “tema de los temas” del debate económico en Cuba?, El estado como tal, 22 de febrero de 2018)

El Dr. García le contesta a Monreal:

“En este caso la cuestión de la propiedad no es ni abstracta ni empírica, tiene un alcance directamente político porque lo cuantitativo se puede trocar en una nueva cualidad…El aleteo de esas reducciones aparentemente inocuas pudiera provocar grandes trastornos en la estructura socioeconómica del país y en su estructura socio clasista del país.”

Es evidente como Monreal juega con los términos, en primer lugar habla de un “desarrollo nacional” y en segundo término añade engañosamente que “fuese compatible con el socialismo”. Ya no se trata de un desarrollo socialista en nuestra nación, sino sólo “nacional” y “compatible con el socialismo”, aunque no queda claro cómo lograrlo.

Por ello ratificamos que se trata de una alternativa quimérica y que no se alcanzaría el anhelado y buscado desarrollo económico y social, ni Cuba sería soberana, independiente, socialista, próspera y sostenible. Se convertiría en un apéndice, anexado a EE.UU. No sería un “desarrollo nacional”, sino dependiente y subordinado y no quedaría nada de “compatible con el socialismo”.

Dando un paso más hacia el abismo, Monreal se pregunta sí el Estado cubano necesita controlar el 80% de los medios de producción fundamentales, o si bastaría con el 60% o sería suficiente el 40%, como si esto no alterara a la Revolución Cubana y el rumbo socialista del país.

Solamente plantear esta hipótesis, es suficiente para revelar lo que está pensando, pues imaginar que con un 40 % del control de los medios de producción fundamentales podría sostenerse la esfera social, la defensa civil y nacional, así como mantener materialmente la resistencia del pueblo cubano frente al norte revuelto y brutal que nos desprecia, es algo increíble, sino malintencionado. 

Como subraya el Dr. García lo importante no es si el Estado domina el 60 o el 40 % de la propiedad sino que es lo que va a suceder del otro lado. Así mismo mi colega, establece un conjunto de interrogantes, frente a las posiciones de Monreal, que ponen en tela de juicio sus tesis.

Si nos atenernos al llamado programa de estabilidad económica para Cuba, es incuestionable que se promueven cambios de las relaciones de propiedad que reducen aún más la propiedad socialista de todo el pueblo sobre los medios fundamentales de producción, bajo la forma estatal, tanto mediante el incremento sustancial de la propiedad privada, como de la propiedad mixta y la cooperativa. ¿En este caso sería una forma socialista?

Respecto al llamado programa, pueden examinarse las cuantificaciones de estos procesos, tal vez más difícil, pues el autor no se atreve a establecerlas directamente, algo extraño de este economista, experto en estadísticas y estimaciones. No queda más remedio que establecer la evidencia circunstancial que el autor ofrece en el referido documento.

La primera evidencia circunstancial surge cuando expresa que “un estudio de 2011 sobre la vulnerabilidad financiera en una muestra de empresas en La Habana, indicó que el 38% de las empresas dejarían de ser rentables una vez que se ajuste el tipo de cambio.”

Apreciamos que por lo menos la cifra del 38 % de las empresas estatales en La Habana puede dar una idea importante de las magnitudes implicadas, pueden “sacar del juego” un buen número de empresas estatales. En fin, surgen dudas: ¿Será que el tema de la unificación monetaria y cambiaria es sólo un pretexto para proponer un programa propio de reformas?, ¿Cuál sería su naturaleza?

Una segunda evidencia circunstancial la encontramos en la insistencia que hace este economista sobre los datos que ofrece de la Contraloría General de la República. Las auditorías realizadas indican que casi 6 de cada 10 empresas estatales son evaluadas de deficiente y mal. Constatamos que la expresión de Monreal “no existe evidencia alguna” es muy absoluta y al decir que ni siquiera “una parte” puede ser saneada por los mecanismos tradicionales, se está diciendo que todas deben sanearse de la manera que propone el autor, mediante privatización, propiedad mixta y cooperativas. 

Es cierto que no existen los montos de inversión que se necesitan para la modernización tecnológica y de gestión de todas las empresas estatales en lo que incide fuertemente el bloqueo de Estados Unidos a Cuba que sigue siendo el principal obstáculo externo para el desarrollo de Cuba, pero: ¿No pueden aumentar gradualmente las inversiones, en sectores priorizados, ser modernizadas desde la ciencia y la tecnología y lograr un salto en la gestión empresarial estatal mediante una mayor autonomía?

Surgen otras dudas: ¿acaso el autor insinúa que el 60 % de las empresas estatales deben someterse al “saneamiento” que él propone? ¿Este 60 % entraría en la no rentabilidad temporal o en la irreparable? ¿Cuántas pasarían al sector privado, mixto o cooperativo? De nuevo, sin al menos estimaciones, parece que no le importa el destino de las empresas estatales, lo importante es avanzar mediante procesos acelerados de su “saneamiento” financiero.

La tercera evidencia circunstancial es que el autor señala que “el acento se colocaría en el saneamiento de la empresa estatal, particularmente en relación con las que funcionan en el sector agropecuario, donde se concentra el 67 por ciento de las empresas estatales irrentables del país…”. 

Son muchas las dudas: ¿Qué hacer con el 67 % de las empresas estatales irrentables del país?, ¿Aplicar estas fórmulas “de saneamiento” antes vistas? En una cuestión tan vital como la seguridad alimentaria y nacional en un país subdesarrollado en transición y construcción socialista: ¿No se puede proteger un sector tan esencial para la vida del pueblo?, ¿Habrá que hacer como los gobiernos neoliberales mexicanos que virtualmente destruyeron su agricultura con sus políticas económicas neoliberales para abrir paso a la agroindustria de Estados Unidos?

En fin, reiteramos que el autor no ofrece cálculos exactos o estimaciones de la envergadura de este “saneamiento” de la empresa estatal, pero a pesar de ello, llama con fuerza a realizar este proceso, lo que implica que la empresa estatal sería, en lo fundamental y en su mayor parte, una especie de causa pérdida.
La cuarta evidencia circunstancial se refiere a las empresas estatales con irrentabilidad “irreparable”, previstas desde la primera etapa. El autor clasifica tres grupos de empresas estatales, las de plantilla superior a 500 trabajadores, las de más de 100 empleados y las de menos de 500 trabajadores. Hacemos notar que estos datos parecerían indicar, que para este tipo de “saneamiento” financiero, se está pensando en grandes proporciones y, por tanto, que los elementos privados, mixtos y cooperativos sugeridos tendrían significativas dimensiones.

Podría dudarse sobre cuántas empresas pasan total o parcialmente al sector privado, mixto o cooperativo, pero este autor no ofrece ni siquiera aproximaciones. ¿Por qué será? ¿Se oculta algo? ¿Se pretende pasar a la economía mixta capitalista un país pequeño y subdesarrollado como Cuba y sólo a 90 millas del imperio más poderoso del orbe en plena actualización de la doctrina Monroe? 
En cuanto a la propiedad socialista de todo el pueblo, representada por el Estado socialista cubano: ¿Mantendría en su poder económico sobre aquellos medios fundamentales de producción que pudieran respaldar el desarrollo del país? ¿Qué tipo de “desarrollo” es el que propone?

Finalmente, las propuestas se realizan sin observar los límites sistémicos y sin tener cálculos concretos de hasta dónde podemos llegar. Tampoco se manifiesta una voluntad clara para salvar todo lo que pueda y deba ser salvado de la propiedad socialista de todo el pueblo para perfeccionarla, ni seguir una política preferencial con las cooperativas de tipo socialista allí donde no sean realmente medios fundamentales de producción, ni de aplicar las variantes mixtas y privadas sólo cuando no exista otra opción. Además hay que estimar que existen otras variantes congruentes con la transición y construcción socialista cubana.

A los lectores de la red, se les debe confesar las inquietudes: ¿Las dudas expresadas son las únicas posibles de establecer?, ¿Puede concedérsele a este economista el beneficio de la duda?, ¿O todas las dudas señaladas por el Dr. García y el que suscribe determinan una gran duda razonable acerca de la viabilidad e intensiones de este llamado programa?, ¿Es un “programa” para la estabilidad o desestabilización de Cuba?

Ministro cubano de Economía inicia visita de trabajo a Rusia

21 mayo 2018 


El ministro de Economía y Planificación de Cuba, Ricardo Cabrisas. Foto: Tomada de www.trabajadores.cu (Archivo)

El vicepresidente del Consejo de Ministros y ministro de Economía y Planificación Ricardo Cabrisas Ruiz, inicia este lunes una visita de trabajo a la Federación de Rusia. Cabrisas preside la delegación cubana al Foro Económico Internacional de San Petersburgo, que sesionará en esa norteña ciudad rusa entre el 24 y el 26 de mayo.

Durante su estancia en la nación euroasiática, el vicepresidente cubano, quien a su vez copreside la Comisión Intergubernamental cubano-rusa para la Colaboración Económico-Comercial y Científico-Técnica, sostendrá encuentros con las autoridades del Gobierno y los principales directivos de las empresas que mantienen vínculos con Cuba.

En el marco del Foro, Cabrisas también participará en dos paneles de Alto Nivel junto a otros jefes de delegaciones extranjeras invitados a este importante evento.

Integran la delegación el ministro de Agricultura, Gustavo Rodríguez Rollero; los viceministros primeros del MINEM y el MITRANS Raúl García Barreiro y Eduardo Rodríguez Dávila respectivamente; el viceministro del MINDUS José Gaspar Álvarez Sandoval; el director general de Asuntos Bilaterales del MINREX Emilio Lozada García, y el embajador de Cuba en la Federación de Rusia Gerardo Peñalver Portal, entre otros funcionarios.

domingo, 20 de mayo de 2018

EE.UU. suspende los aranceles contra China

Publicado: 20 may 2018 13:54 GMT | Última actualización: 20 may 2018 14:35 GMT
"Estamos suspendiendo la guerra comercial", afirmó Steven Mnuchin agregando que la Administración no impondrá aranceles contra China por ahora.
EE.UU. suspende los aranceles contra China

Foto ilustrativa
Hyungwon Kang / Reuters
Un día después de que Pekín y Washington acordaran no iniciar una guerra comercial, el secretario del Tesoro de los EE.UU., Steven Mnuchin, ha confirmado que ambos países acordaron detener mutuamente la imposición de aranceles, reporta Reuters
"Hemos logrado un progreso muy significativo y acordamos un marco", señaló el funcionario en el programa 'Fox News Sunday' de este domingo.
"Estamos suspendiendo la guerra comercial. Ahora mismo, hemos acordado suspender los aranceles mientras tratamos de realizar el marco", señaló el funcionario.
Pekín y Washington indicaron este sábado que seguirán hablando sobre las medidas, bajo las cuales China importaría más energía y productos agrícolas de Estados Unidos para cerrar el déficit comercial de 335.000 millones de dólares de bienes y servicios estadounidenses con China.
  • La Oficina del Representante de Comercio de EE.UU. publicó a principios de abril una lista de aproximadamente 1.300 productos de China a los que impondrá aranceles que se estima que tendrá un coste de 50.000 millones de dólares para el volumen de producción china. Por su parte, Pekín anunció la imposición de aranceles del 25 % a 106 productos estadounidenses, como la soja, automóviles y productos químicos.
  • En respuesta, Trump ordenó a los funcionarios de su Administración que consideren "si sería apropiado establecer aranceles adicionales" por un valor de 100.000 millones", que a su vez fue respondido por el Ministerio de Comercio chino, que anunció que sus funcionarios de aduanas cobrarán a los importadores un arancel de alrededor del 179 % sobre el sorgo estadounidense.
  • Esta semana, los representantes de ambas naciones alcanzaron un consenso sobre la adopción de medidas conducentes a eliminar el desequilibrio comercial entre ambos países, de tal forma que aumente la cantidad de bienes estadounidenses que Pekín comprará a Washington.

¿Es marxismo el “marxismo analítico”?

Publicado el  por 

¿ES MARXISMO EL “MARXISMO ANALÍTICO”? *
Michael A. Lebowitz
No hay duda de que G. A. CohénJon Elster y John Roemer son escritores prolíficos con una serie impresionante de artículos y libros que han adquirido una presencia importante en los comentarios y las discusiones sobre el marxismo en los recién pasados años. Sin embargo, mi primera sospecha de que algo más había surgido en el panorama provino de un artículo publicado en 1983 por John Gray(recomendado por un amigo escéptico). El artículo aclamaba el surgimiento de “una poderosa escuela nueva de Marxismo Analítico, integrada por figuras tan destacadas como las de G. A. Cohén, Jon Elster y John Roemer, con cuyas obras deberá asociarse en adelante el futuro del marxismo, si es que tiene alguno” Gray, 1983, p. 1461).
¿Existe en efecto tal escuela? Las pruebas de la existencia de tal grupo autodefinido son contundentes. En su Making Sense of Marx indica Elster que la obra de CohénKarl Marx’s Theory of History, llegó como una “revelación”: “De pronto cambió las normas de rigor y claridad requeridas para escribir sobre Marx y el marxismo.” En consecuencia, advierte, se formó un pequeño grupo de colegas de orientación similar y comenzó en 1979 una serie de reuniones anuales. Sus análisis fueron decisivos para la elaboración del libro de Elster y en particular fueron “básicas” las contribuciones de Roemer (posteriormente publicadas en su obra “introductoria” A General Theory of Exploitation and Class (Elster, 1985, pp. xiv-xv).1
Por su parte Roemer comienza su libro (Roemer, 1982) indicando su deuda particular con Cohén y Elster, e incluye entre los colaboradores a varios otros que también aparecen en la lista de Elster.2 Erik Olin Wright, mencionado en ambas listas, corrobora la existencia del grupo, sus reuniones anuales y su orientación hacia el “marxismo analítico” en el prefacio de su libro recién publicado, Classes; además afirma que “sus ideas y sus perspectivas nuevas han tenido un efecto considerable en mi pensamiento y mi obra” (Wright, 1985, p. 2),3 Por último, adoptando definitivamente la autodesignación de “marxismo analítico”, aparece con ese nombre la nueva colección de Roemer —una colección que incluye tres ensayos de RoemerElster y Cohén más esfuerzos individuales de varios otros autores (Roemer, 1986).4
Así pues, ¿cuáles son los elementos constitutivos del marxismo analítico, de acuerdo con sus propios partidarios? Según Wright la trama intelectual central es la “interrogación y la aclaración sistemáticas de conceptos [marxistas] básicos y su reconstrucción en una estructura teórica más coherente” (Wright, 1985, p. 2). De igual modo, como señalamos antes, Elster identificó “el rigor y la claridad” como el principio básico para la formación del grupo. Sin embargo, la autodescripción más explícita del marxismo analítico corresponde a Roemer en la introducción a su colección: “El marxismo analíticamente refinado” se persigue con las “herramientas contemporáneas de la lógica, la matemática y la construcción de modelos” y está comprometido con “la necesidad de abstracción”, con la “búsqueda de los fundamentos” de los juicios marxistas y con “un enfoque no dogmático al marxismo” (Roemer, 1986, pp, 1-2). No hay duda de que este es un conjunto impresionante de elementos. ¿Cómo podremos solicitar nuestra admisión a esta fraternidad analíticamente correcta?
Pero lo que separa al marxismo analítico es algo más que el rigor, como pone en claro el elogio de John Gray a esta “poderosa nueva escuela”. Aclamando las primeras críticas austríacas a Marx de parte de Bohm-BawerkVon Mises y Hayek (y la de Paul Craig Roberts, economista norteamericano derechista), e inclinándose ante “la prodigiosa virtuosidad del capitalismo” y las maravillas del mercado, Gray distaba mucho de ser un comentarista simpatizante del marxismo (“la primera visión del mundo genuinamente autofrustrante en la historia de la humanidad”) ; su elogio para el marxismo analítico ocurre en el contexto de una extensa polémica antimarxista (“The System of Ruins“).
Por supuesto los practicantes del marxismo analítico no son responsables de lo que otros (como Gray) digan de ellos. Sólo son responsables de sus propias obras. Pero consideremos esas obras. Elster declara (en An Introduction to Karl Marx, su libro más reciente) que en Marx están “muertos” los siguientes conceptos: “socialismo científico”; “materialismo dialéctico”; teoría económica marxista —en particular sus dos “pilares principales”, la teoría del valor-trabajo (“intelectualmente agotada”) y la teoría de la tasa de ganancia decreciente, y “quizá la parte más importante del materialismo histórico”, la “teoría de las fuerzas productivas y las relaciones de producción” (Elster, 1986, pp. 188-194). De igual modo, en una larga marcha por la economía marxista en su Analytical Foundations of Marxian Economic Theory (1981), Roemer dejó intacta sólo la teoría marxista de la explotación; más tarde (Roemer, 1982) le pareció inadecuado incluso este sobreviviente final. La explotación —nos informa ahora Roemer— es simplemente desigualdad. Pero ¿cuál es entonces la diferencia entre la posición del marxismo analítico y la de los filósofos no marxistas como RawlsRoemer contesta que “no está del todo clara”: “las líneas que separan el marxismo analítico contemporáneo y la filosofía política izquierdista-liberal contemporánea son confusas” (Roemer, 1986, pp. 199-200).
No podemos dejar de preguntarnos qué queda realmente del marxismo en el marxismo analítico. En lo que sigue examinaremos algo de esta obra (en especial la de Elster y la de Roemer) a fin de explorar la medida en que pueda considerarse “marxista”. La conclusión es que el marxismo analítico no es marxismo, y que en efecto es en esencia antimarxista.
1. ¿UN MARXISMO “NEOCLÁSICO” O DE “ELECCIÓN RACIONAL”?
Se han asignado diversos nombres al marxismo analítico y a sus practicantes: marxismo neoclásico, marxismo de la teoría de los juegos y marxismo de la elección racional. La consideración de estos nombres proporciona un buen punto de partida para un examen del marxismo analítico.
El “marxismo neoclásico”, como describiera Patrick Clawson el artículo de Phillipe van Parijs sobre la controversia de la tasa de ganancia decreciente, parecería ser una contradicción en sí mismo (Clavíson, 1983, p. 109). ¿Cómo podría existir tal construcción? Después de todo la teoría económica neoclásica parte del individuo atomístico concebido como algo ontológicamente anterior al todo, la sociedad particular. Esta es la herencia “cartesiana”, tan bien analizada por Richard Levins y Richard Lewontin, que comparte con los enfoques metodológicos en otras esferas: Las partes son ontológicamente anteriores al todo; es decir, las partes existen en aislamiento y se unen para formar todos. Las partes tienen propiedades intrínsecas, que poseen en aislamiento y que imparten al todo (Levins y Lewontin, p. 269).
En el análisis neoclásico tenemos individuos atomísticos que con activos y técnicas exógenamente dados entran en relaciones de intercambio recíproco a fin de satisfacer necesidades exógenamente dadas, y la sociedad es la suma total de estos arreglos de intercambio. Nada podría estar más alejado de la perspectiva de Marx. Para principiar, el individuo aislado para quien las diversas formas de la relación social son “sólo un medio para sus propósitos privados” era puro “disparate” (Marx, 1973, p. 84). El “interés privado”, subrayaba Marx, “es en sí mismo ya un interés socialmente determinado que sólo puede alcanzarse dentro de las condiciones establecidas por la sociedad y con los medios proporcionados por la sociedad”. En realidad se trata del interés de individuos, de personas privadas, “pero su contenido, al igual que la forma y los medios de su realización, están dados por condiciones sociales independientes de todos” (Marx, 1973, p. 156).
Así pues, en la perspectiva dialéctica (por oposición a la perspectiva cartesiana) las partes no tienen una existencia previa e independiente como partes, sino que “adquieren propiedades en virtud de ser partes de un todo particular, propiedades que no tienen en aislamiento o como partes de otro todo” (Levins y Lewontin, 1985, p. 3). En consecuencia el punto de partida de Marx es desarrollar un entendimiento de la sociedad como un “todo conectado”, como un sistema orgánico; trazar las conexiones intrínsecas y revelar la “oscura estructura del sistema económico burgués”, el “núcleo íntimo, que es esencial pero está oculto” en la superficie de la sociedad (Marx, 1968, p. 65; Marx, 1981, p. 311). Sólo entonces procede Marx a explorar lo que hay de real dentro de esta estructura para los agentes individuales de la producción y cómo aparecen necesariamente las cosas para ellos.
Por ejemplo, si se desarrollan “las tendencias generales y necesarias del capital” sobre la base del concepto del capital (el capital como un todo), podía demostrarse entonces cómo se manifestaban “las leyes inmanentes de la producción capitalista” mediante las acciones de los capitalistas individuales en competencia (Marx, 1977, p. 433). Como señalara repetidamente Marx en los Grundrisse, “la competencia ejecuta las leyes internas del capital, las hace obligatorias para el capital individual, pero no las inventa, las realiza” (Marx, 1977, pp. 414, 552, 651, 751-752). En cambio, comenzar el análisis con esos capitales individuales (y con las conexiones tal como aparecen en “los fenómenos de la competencia”), produce una distorsión de la estructura íntima porque “en la competencia  aparece todo siempre en forma invertida, siempre de cabeza” (Marx, 1968, p. 165).
Desde esta perspectiva no hay absolutamente ninguna compatibilidad entre el enfoque atomístico de la economía neoclásica y el marxismo. El “marxismo neoclásico” no es neoclásico o no es marxismo. Pero ¿podríamos decir lo mismo del marxismo “teórico del juego” o del de la “elección racional”? Alan Carling ha propuesto en un ensayo reciente el “marxismo de elección racional” como la designación más característica del trabajo de que se trata, describiendo su presupuesto distintivo como “la noción de que las sociedades están integradas por individuos humanos que estando dotados de recursos de diversas clases tratan de escoger racionalmente entre varios cursos de acción” (Carling, 1986, pp. 26-27). Pero ¿no es esto sólo la economía neoclásica con otro nombre? La descripción que hace Roemer de los modelos de elección racional (en un ensayo titulado “Rational Choice Marxism” ) como “teoría del equilibrio general, teoría de los juegos, y del arsenal de técnicas de modelación elaboradas por la economía neoclásica”, podría sugerir esto (Roemer, 1986a, p. 192).
Sin embargo, es fundamental no confundir las técnicas particulares con su surgimiento original o con el uso que se les ha dado; ello equivaldría a repetir la experiencia infortunada de la economía marxista con el cálculo, rechazado por “burgués” a pesar de las importantes exploraciones de esta técnica por parte del propio Marx (Gerdes, Struik). En suma, si se trata de la apropiación de estas técnicas dentro de un marco marxista es posible que el marxismo analítico tenga mucho qué ofrecer.
Consideremos los enfoques de la teoría de los juegos y el teórico del juego. Tanto Elstercomo Roemer se caracterizan por hacer hincapié en la modelación teórica del juego; en efecto, la definición general de la explotación de Roemer es explícitamente una definición teórica del juego. ¿Tendrá este enfoque un lugar en la obra teórica marxista? Si insistimos en que el análisis marxista debe partir de una consideración del “todo”, del establecimiento de la estructura interior de la sociedad, antes de examinar las acciones de los individuos dentro de esa estructura, no es obvio que la teoría de los juegos como tal sea inapropiada aquí.
La teoría de los juegos comienza con la especificación del “juego”; es decir, explícitamente fija el conjunto de relaciones dentro de las cuales actúan los agentes (véase una introducción a la teoría de los juegos en Bradley y Meek). A primera vista no hay nada incompatible con el marxismo en un enfoque que parte de la especificación de un conjunto dado de relaciones de producción y luego procede a explorar cómo se comportarán racionalmente los actores particulares, originando propiedades dinámicas (las leyes del movimiento) inherentes a la estructura particular.
Por supuesto la clave será la especificación del juego y de los actores. Por ejemplo, un juego donde los actores se identifican como los vendedores competitivos de un bien común, que exploran sus estrategias racionales, se encuentra en el campo de la competencia de capitales que, según Marx, ejecuta las leyes internas del capitalismo pero no explica nada acerca de ellas. En cambio, un juego en que las partes sean un capitalista y “sus” asalariados (y que proceda a explorar las estrategias y las acciones de cada parte) parecería corresponder muy de cerca al enfoque del propio Marx. En este último juego las relaciones entre el capitalista y el asalariado son idénticas a las relaciones entre la coalición de capitalistas y la coalición de asalariados, es decir, la del capitalista con sus propios trabajadores es la “relación esencial” entre el capital y el trabajo asalariado (Marx, 1973, p. 420).
De igual modo, un juego que explore la relación entre el señor feudal y sus arrendatarios campesinos, o entre la coalición de amos y la de campesinos (los dos enfoques se consideran idénticos aquí mientras ninguno de ellos introduzca cuestiones apropiadas para las relaciones internas de la coalición) parecería permitir un examen del carácter esencial de las relaciones feudales de producción. ¿Qué quiere el amo, cuáles estrategias tiene a su disposición, cuáles son las ganancias (y los riesgos) potenciales de cada una de ellas? ¿Qué quiere el campesino (la comunidad campesina), cuáles son las estrategias y los rendimientos potenciales? ¿Cuál es (en un juego continuo) la solución o el resultado “apropiado” para el juego particular y —sobre todo— cuáles aspectos del desempeño de las partes en esta interacción particular tienden a minar (en lugar de conservar) la solución o el resultado existente y, en realidad, el propio juego particular?
Planteado de este modo no parece haber nada incompatible entre la teoría de los juegos como tal y un enfoque marxista; en efecto, no sólo podríamos especular que Marx se habría apresurado a explorar sus técnicas sino que podemos llegar incluso a sugerir que el análisis de Marx era intrínsecamente una perspectiva “teórica del juego”. Véase por ejemplo la elaboración que hace Maarek de la teoría de la plusvalía de Marx usando la teoría de los juegos (Maarek, 1979, pp. 124-340).
Sin embargo, la descripción anterior del “juego” feudal tiene cierta especificidad; se trata de un juego que podría designarse mejor como un “juego colectivo”. Sus actores son clases (o representanes de clases, trager, portadores de una relación). No hay lugar aquí para el individuo autónomo, atomístico; tampoco hemos introducido (aún) interacciones intraclase. Se supone simplemente que la coalición de amos actúa de la misma manera que el Amo Abstracto; que nuestro examen de este último en su interacción específica con el Campesino Abstracto nos da las visiones esenciales de la coalición o clase de amos en sus interacciones con la clase de los campesinos.
En suma, en el juego colectivo actúan las clases. El señor feudal y el campesino actúan recíprocamente, pero los señores feudales individuales y los campesinos individuales no se relacionan entre sí. De igual modo, en el juego colectivo del capitalismo el capital (el capitalista) y el trabajo asalariado (el trabajador) actúan recíprocamente, pero los factores emanados de la existencia postulada de capitalistas y asalariados en competencia se consideran secundarios para el establecimiento de la relación esencial entre capital y trabajo asalariado. Como indica Maarek en su análisis de la teoría de la plusvalía de Marx, “es como si hubiera un solo centro de decisión en cada clase, un capitalista ‘colectivo’ y un trabajador ‘colectivo’, de modo que las dos clases se enfrentan como dos bloques autónomos” (Maarek, 1979, p. 132).
Así pues, el juego colectivo (o de clase) hace a un lado toda consideración de la capacidad de las coaliciones particulares para realizar con eficacia acciones colectivas (es decir, los problemas planteados por Mancur Olson en The Logic of Collective Action) a fin de explorar primero en detalle el carácter de la relación entre las clases definida por las relaciones de producción. Todas las dudas acerca de que los agentes individuales consideren de su propio interés la participación en la acción colectiva (el logro de metas de clase), todo lo referente a los problemas de los “oportunistas”, etcétera, se excluyen de la investigación principal del juego colectivo. Se asigna una prioridad epistemológica a la determinación de la estructura dentro de la cual actúan los individuos.
Sin embargo, los asuntos dentro de la coalición no escapan al análisis marxista (así como no escapa la consideración de cómo una clase-en-símisma se convierte en una clase-para-sí-misma). La manera en que el capital a fin de alcanzar sus propias metas trata de dividir a los trabajadores y de estimular la competencia entre ellos es una parte importante de la exploración que hace Marx de una estrategia racional para el capital en el juego estratégico del capital y el trabajo asalariado (véase Lebowitz, 1987a). Y su conclusión de que cuando los trabajadores individuales actúan en su propio interés individual el resultado es la peor estrategia para el conjunto de los trabajadores (Lebowitz, 1987b), es una aseveración crítica acerca de lo que ocurre dentro de la coalición de los trabajadores. Por importantes que sean las ideas de Marx sobre estos asuntos dentro de cada coalición es esencial reconocer que tales cuestiones sólo pueden ocurrir después de la especificación previa del juego colectivo.
En contraste con el juego colectivo, por otra parte, lo que podríamos llamar el “juego individual” tiene un punto de partida diferente. Partiendo de la idea de que no hay entidades supraindividuales que actúen en el mundo real (“el capital” no hace nada, etcétera), este juego afirma la necesidad de considerar el comportamiento de la unidad individual como en un nivel anterior a la coalición en la guerra de todos contra todos. Por lo tanto el carácter de la relación de clase ya no se encuentra en el centro de la investigación. Tenemos ahora una problemática diferente, la problemática neoclásica: los resultados que surgen de las interacciones de individuos atomísticos. A lo sumo la cuestión principal del juego individual se torna en saber por qué surgen las coaliciones, por qué (y en qué sentido) hay clases-para-sí-mismas.
Así pues, no puede decirse que un enfoque teórico del juego sea en sí mismo incompatible con un análisis marxista. Más bien que el rigor como la línea divisoria entre el marxismo y el “marxismo analítico”, la cuestión central es la naturaleza de la problemática dentro de la cual se emplean tales técnicas. Precisamente en este contexto debería considerarse el “marxismo analítico”.
2. EL INDIVIDUALISMO METODOLÓGICO Y LOS MICROFUNDAMENTOS
En la base del marxismo analítico está el imperativo categórico no habrá ninguna explicación por encima del nivel de la unidad individual. Por ejemplo, Elster principia su Making Sense of Marx aclarando que empezará por “enunciar y justificar el principio del individualismo metodológico”. La doctrina no es nada comprometedora: “todos los fenómenos sociales —su estructura y su cambio— son en principio explicables en formas que sólo implican a individuos: sus propiedades, sus metas, sus creencias y sus acciones”.
Para explicar —propone Elster— hay necesidad de “proporcionar un mecanismo, de abrir la caja negra y mostrar las tuercas y los pernos, los engranes y las ruedas, los deseos y las creencias que generan los resultados agregados” (Elster, 1985, p. 5). En consecuencia, el individualismo metodológico sustituye el nivel macro por el micro y rechaza una explicación que no proceda de los individuos; se opone así al colectivismo metodológico, el que “supone que hay entidades supraindividuales anteriores a los individuos en el orden explicativo” (p. 6).
Sin embargo, como sabe bien Elster, los análisis de Marx acerca de “la humanidad”, “el capital” y particularmente “el capital en general” como sujetos colectivos son incompatibles con esta doctrina del individualismo metodológico. Citando una de las afirmaciones de Marx sobre la competencia en los Grundrisse comenta Elster: “No podríamos encontrar una negación más explícita del individualismo metodológico” (p. 7). Sin embargo de inmediato invoca otra autoridad: John Roemer.
En este sentido es importante reconocer que Elster ha leído con cuidado a Marx, y que la base de su argumento no deriva de la falta de familiaridad con los pasajes importantes (aunque sus interpretaciones son a veces bastante discutibles), sino el rechazo de tales pasajes como errores graves, “casi tonterías”. Lo que debe rescatarse es el Marx que tiene “sentido”, el Marx que suena como un individualista metodológico. En pocas palabras, el proyecto de Elster simplemente es librarse del Marx malo y conservar el bueno: la separación del “marco extraviado” de lo que considera valioso en Marx.
Exactamente los mismos lemas pueden encontrarse en el ensayo de Roemer sobre el método en el marxismo analítico. Sostiene Roemer que “el análisis marxista requiere microfundamentos” (Roemer, 1986a, p. 192). ¿Cómo podemos decir —pregunta Roemer— que la entidad, el capital, hace algo (por ejemplo, divide y vence a los trabajadores) “cuando en una economía competitiva no hay ningún agente que se ocupe de las necesidades del capital”? Cuando los marxistas argumentan de ese modo —propone Roemer—, incurren en “una perezosa clase de razonamiento ideológico” (p. 191). De nuevo se identifica el proyecto como la necesidad de encontrar micromecanismos: “Lo que deben proporcionar los marxistas son explicaciones de los mecanismos en el nivel micro para los fenómenos que en su opinión se producen por razones teleológicas” (p. 192).
La lógica de esta posición del marxismo analítico puede verse con toda claridad en la respuesta de Phillipe van Parijs a la descripción de su posición como alguien del “marxismo neoclásico”. Señalando el contraste entre “el hombre racional (o individualista) y las explicaciones estructurales (o sistemáticas)”, indica Van Parijs que las explicaciones estructurales que se refieren a un imperativo estructural (por ejemplo un requerimiento que fluye “del sistema mismo”) son “categóricamente rechazadas por el ‘marxismo neoclásico'” (Van Parijs, 1983, p. 119). ¿Por qué? Porque “ninguna explicación de B por A es aceptable si no especificamos el mecanismo por el cual A genera a B”.
Sin embargo, el “mecanismo” tiene aquí un significado específico para Van Parijs. Por ejemplo, las proposiciones que pueden derivarse del juego colectivo estructurado del capital y el trabajo asalariado no pasarían su prueba de aceptabilidad. Esto queda claro en su proposición siguiente: “O lo que es lo mismo, ninguna teoría explicativa es aceptable si no está provista de microfundamentos.” (¡Van Parijs considera que la equivalencia de la proposición ii a la proposición i es tan evidente que no necesita ni indicarse!) En su análisis claramente falta una proposición crítica en el sentido de que “el único mecanismo explicativo es un mecanismo de microfundamentos”. Este es, por supuesto, el único mecanismo que nos permite pasar de i a ii y es el meollo de la cuestión. Porque si aceptamos esa proposición faltante, se infiere por supuesto que “el marxismo requiere microfundamentos” (p. 120).
Pero ¿por qué deberíamos aceptar la proposición de que los microfundamentos constituyen el único mecanismo por el que se puede explicar? Sólo tenemos aseveraciones. Pero ¿dónde está la prueba? ¿Dónde está la demostración de que “el colectivismo metodológico” no puede proporcionar una explicación válida (y en efecto mejor) ? ¿Dónde está la base para describirlo como una práctica científica desviada, desastrosa, casi una tontería? (Elster, 1985, p. 4). ¿Habremos de suponer que este punto es evidente porque deriva su fuerza del convencionalismo neoclásico?
Aunque los marxistas analíticos pudieran encontrar algunos ejemplos de argumentos funcionalistas o teleológicos conducidos en la esfera supraindividual, ello no probaría que el colectivismo metodológico conduzca necesariamente al argumento funcionalista o teleológico. (Aunque señala que una explicación de colectivismo metodológico “asume con frecuencia la forma de explicación funcional”, Elster admite que “no hay conexión lógica” [p. 6].) En efecto, PrzeworskiBrenner y Elster exploran juegos colectivos en algunos ensayos sobre el marxismo analítico.
Además, una explicación metodológica individualista (o micro) aceptable no constituiría una refutación suficiente de una explicación de los fenómenos sociales basada en el concepto de entidades supraindividuales. El argumento de Marx de que la competencia de los capitalistas ejecuta las leyes internas del capital es un rechazo del individualismo metodológico y de los microfundamentos, pero no de la existencia real de capitales individuales y de microfenómenos. Así pues, la conclusión de que sólo los microfundamentos pueden explicar los resultados globales requiere una prueba mucho más estricta que la ofrecida por el marxismo analítico.
En última instancia, por supuesto, la prueba del pastel se obtiene al comérselo. Por lo tanto, en lugar de criticar en abstracto el reduccionismo cartesiano de los argumentos anteriores, consideremos específicamente la respuesta que da Elster a la negación explícita del individualismo metodológico por parte de Marx: la obra “introductoria” de Roemer sobre la explotación. Elster describe esta pieza central del marxismo analítico como un enfoque “generador de relaciones de clase y de la relación de capital a partir de intercambios entre individuos diferentemente dotados en un ambiente competitivo…El argumento decisivo en favor de este procedimiento es que nos permite demostrar como teoremas lo que de otro modo serían postulados sin comprobación” (Elster, 1985, p. 7).
Pero ¿qué hay de erróneo en los llamados “postulados sin comprobación”? Recordemos que el procedimiento de Marx fue comenzar su examen del capitalismo partiendo del postulado de capitalista y asalariado donde se especifica la relación como una en la que el trabajador ha vendido el derecho de propiedad sobre la fuerza de trabajo con el resultado inevitable de que el trabajador labora con la dirección del capital y no tiene derechos de propiedad sobre el producto del trabajo. En suma, Marx parte de la especificación de un conjunto particular de relaciones de producción.
Ahora podemos preguntar: ¿de dónde salieron tales postulados sin fundamento? Y la respuesta es obvia: de la historia, de la vida real, de lo real concreto. La venta de la fuerza de trabajo, el trabajo con la dirección del capitalista y la ausencia de derechos de propiedad de los trabajadores sobre el producto del trabajo son las premisas históricas de la discusión, y se introducen a la discusión teórica del capitalismo como el punto de entrada exógeno. Por lo tanto, hay en efecto un postulado teóricamente carente de prueba, la relación entre el capital y el trabajo asalariado. Lo que también es decisivo es lo que Marx procede a hacer sobre la base de esta premisa. Marx explora la naturaleza de la interacción entre el capitalista y los trabajadores en el juego colectivo y genera las propiedades dinámicas inherentes a esa relación estructurada.
Considérese ahora lo que Elster ha dicho acerca del enfoque de Roemer: este autor generará la relación de clase a partir de los individuos; demostrará la relación capital-fuerza de trabajo como un “teorema”. Una respuesta inmediata podría ser: pero este es un objeto teórico diferente; lo que Marx toma como su punto de partida lo ve Roemer como su resultado. Sin embargo, es importante recordar que en el análisis dialéctico de Marxun requerimiento fundamental será demostrar que lo que era una mera premisa y un presupuesto (un postulado sin fundamento) de la teoría se reproduce dentro del sistema —es decir, es también un resultado. En este sentido tanto Marx como Roemer tienen el mismo objetivo: demostrar la producción de la relación de clase. Pero sus puntos de partida son diferentes: Marx parte de la observación de las relaciones concretas y Roemer parte… ¿de dónde’?
Por el momento dejaremos de lado esa cuestión. Pregúntemenos primero: ¿qué concluiremos si Roemer y Marx, habiendo partido de lugares diferentes, llegan al mismo destino? ¿Concluiremos que la exitosa llegada de Roemer (la derivación de la relación de clase a partir de individuos atomísticos) prueba que no se puede llegar allí desde el punto de partida de Marx? Obviamente no. Tal conclusión confundiría explicación y necesidad. A lo sumo la llegada de Roemer habrá demostrado el argumento de Marx de que la competencia ejecuta las leyes internas del capital —es decir, que muchos capitales, la forma necesaria de existencia del capital, manifiestan por medio de la competencia la naturaleza propia del capital. Por otra parte, si tenemos la derivación de Roemer¿necesitamos la derivación de Marx?
Pero en todo esto hay un interrogante implícito: ¿llega Roemer realmente al mismo punto, el punto que es para Marx premisa y resultado a la vez: las relaciones capitalistas de producción históricamente dadas? Consideraremos ahora el punto de partida de RoemerElster nos ha dicho ya: “individuos diferentemente dotados”. Pero veamos la explicación más completa de Roemer. Respondiendo a la crítica de Nadvi (1985) Roemer indica que su modelo “ha ‘explicado’ algunos fenómenos al derivarlos de datos lógicamente anteriores. En GTEC [Roemer, 1982] los datos son: la diferente propiedad de los medios de producción, las preferencias y la tecnología. Todo está impulsado por estos datos; la clase y la explotación se explican como una consecuencia de las relaciones de propiedad iniciales” (Roemer, 1986b, p. 138).
Como sería de esperarse, vemos que Roemer parte también de “datos lógicamente anteriores” que no son el tema de su análisis (es decir “postulados sin fundamento”). Resultan ser los mismos datos lógicamente anteriores con los que comienza la economía neoclásica (en particular la teoría neoclásica del equilibrio general). Y Roemer declara que sobre la base de las mismas premisas neoclásicas ha logrado demostrar la existencia de la explotación y la clase: un caso clásico de elevación de la economía neoclásica por su propio petardo.
Pero reflexionemos sobre estos datos lógicamente anteriores. (Este éxito particular puede ser un veneno para el marxismo.) ¿De dónde provienen tales datos? Responde Roemer: de la historia. “El proceso histórico que origina las dotaciones iniciales donde comienza mi modelo no es un tema de mi análisis. Es un tema para el historiador” (Roemer, 1986b, p. 138). Así pues, la historia ha generado un conjunto de individuos que con preferencias y tecnología dadas tienen dotaciones de propiedades diferentes. ¿Será así? ¿Nos ha presentado la historia un grupo de individuos atomísticos sin relaciones e interacciones previas: individuos que son ontológicamente anteriores a la sociedad? Obviamente no. Lo que tenemos es que un analista ha decidido modelar a los individuos como si estuvieran inicialmente fuera de la sociedad y luego entraran a la sociedad para intercambiar. Así pues, el punto de partida no es la historia, sino la historia influida por un supuesto ideológico, un supuesto identificado por Marx ya en 1843 (Marx, “On the Jewish Question”, 1975). Ahora bien, se entiende fácilmente tal operación cuando la realiza un economista neoclásico… ¿pero un marxista?
Sin embargo la respuesta instrumentalista de Roemer sería que si el modelo logra explicar los fenómenos deseados será claro que “el modelo ha hecho las abstracciones adecuadas: ha omitido cosas que no son básicas para su tema y ha concentrado nuestra atención correctamente” (Roemer, 1986b). En términos metodológicos esta no es una práctica objetable; Marx también recurre a la abstracción y deja de lado las cuestiones propias de los miembros del conjunto o la coalición. Sin embargo, muchos marxistas encontrarán perturbadora la idea de que la “sociedad” es una víctima apropiada de la Navaja de Ocam. No obstante, en lugar de debatir esta cuestión, es más pertinente considerar si el modelo ha alcanzado en efecto su objetivo; en suma, si el modelo de Roemer hace “las abstracciones correctas”.
3. LA EXPLOTACIÓN ROEMERIANA
Al examinar el éxito de Roemer en generar las clases y la explotación como teoremas dentro del capitalismo, debemos limitarnos a ciertos aspectos de su teoría analizados en su libro y en artículos posteriores. (Se plantean otros problemas en mi reseña del libro; Lebowitz, 1984.) Por ejemplo, no nos ocuparemos de la explotación que descubre Roemer en su modelo de producción lineal de una economía de productores de bienes simples con diferente propiedad de activos, porque la desigualdad que encuentra Roemeraquí es manifiestamente “renta” y su designación como “explotación en el sentido marxista” sería una exageración; por razones similares no consideraremos la “explotación socialista” de Roemer.
El argumento fundamental de Roemer (1982) ocurre cuando introduce un mercado laboral a su modelo de individuos con diferentes dotaciones de activos productivos. Demuestra Roemer que, como una consecuencia del comportamiento de optimación los individuos con dotaciones bajas terminarán vendiendo fuerza de trabajo y serán explotados (realizarán un trabajo excedente), mientras que los individuos de dotaciones elevadas contratarán fuerza de trabajo y serán explotadores. El argumento, generador de la proposición marxista clásica, parece muy poderoso.
Sin embargo, Roemer procede a introducir un mercado de crédito (en lugar de un mercado laboral) y revela ahora un resultado funcionalmente equivalente: quienes tienen dotaciones bajas contratan capital y son explotados (realizan un trabajo excedente), mientras que quienes tienen dotaciones elevadas rentan capital y son explotadores. En realidad la explotación es la misma en ambos casos. En consecuencia Roemer ofrece su “teorema del isomorfismo”, según el cual “en verdad no importa que el trabajo contrate capital o el capital contrate trabajo: en ambos casos, los pobres son explotados y los ricos explotan” (Roemer, 1982, p. 93).
Ahora bien, este teorema (cuyas cláusulas soslayan sucesivamente la economía marxista y la economía neoclásica) es fundamental para todo lo que sigue. El propio Roemer obtiene la robusta inferencia de que “el rasgo fundamental de la explotación capitalista no es lo que ocurre en el proceso laboral, sino la propiedad diferente de los activos productivos” (pp. 94-95). Sin embargo, se ha obtenido del teorema del isomorfismo precisamente la conclusión errónea: en lugar de revelar la potencia del análisis de Roemer expone su debilidad.
Considérese lo que ha ocurrido. La prioridad lógica ha cambiado de las relaciones específicas de producción a las relaciones de propiedad; su conexión se ha invertido. En lugar de considerar las relaciones de propiedad capitalistas (KP) como el producto de las relaciones de producción capitalistas (KRP), Roemer sostiene que la propiedad diferente de los activos productivos necesariamente genera relaciones de producción capitalistas, explotación y clases. Además, dado que puede demostrarse que esto ocurre ya sea con un mercado de trabajo o de crédito, se infiere que la dotación desigual de la propiedad más el mercado de un factor basta para generar “las relaciones de clase y la relación del capital” (como teoremas).
Sin embargo, destaquemos lo que Marx consideró elementos básicos del capitalismo. Estos son: i) la venta del derecho de propiedad sobre la fuerza de trabajo por la persona que no posee medios de producción, y ii) la compra de este derecho de propiedad por un propietario de medios de producción cuya meta es la valorización (M-C-M). Estos dos elementos presuponen claramente relaciones de propiedad capitalistas (KP) —especifica desigualdad de la propiedad. Pero KP no basta para producir estos dos elementos porque (como lo demuestra el propio Roemer) es obvio que KP puede soportar también: i-a) la contratación de medios de producción por alguien que sólo es propietario de fuerza de trabajo, y ii-a) el arrendamiento de tales medios por el propietario. KP es una condición necesaria pero no suficiente para el capitalismo (KRP).
En suma, pueden generarse dos regímenes muy distintos sobre la base de los datos lógicamente anteriores de Roemer, las relaciones de propiedad iniciales. Una simple cuestión revela esa diferencia: ¿quién es el propietario del producto del trabajo? En i) y ii) los derechos de propiedad del producto del trabajo pertenecen al propietario de los medios de producción (quien también compró los derechos de propiedad sobre la disposición de la fuerza de trabajo); en i-a) y ii-a) en cambio, es el propietario de la fuerza de trabajo quien posee el derecho de propiedad sobre el producto. No resulta difícil establecer que el análisis del capitalismo hecho por Marx se refiere a i) y ii) pero no a i-a) y ii-a).
Para Marx la situación en la que no ocurría la compra de fuerza de trabajo era explícitamente precapitalista. Donde hay un sometimiento formal del trabajo por el capital (el modo inicial de la relación de capital), “las relaciones de capital se ocupan esencialmente del control de la producción…de manera que el trabajador aparece constantemente en el mercado como un vendedor y el capitalista como un comprador” (Marx, 1977, p. 1011). Por otra parte, en contraste con el sometimiento formal aparece el caso en que hay capital pero “donde no ha surgido éste como comprador directo del trabajo y como propietario inmediato del proceso de producción” (como ocurre, por ejemplo, con el capital usurero y el mercantil). “Aquí no hemos llegado todavía a la etapa del sometimiento formal del trabajo por el capital” (p. 1023).
El caso del mercado crediticio presentado por Roemer era precisamente característico de las relaciones precapitalistas. Por ejemplo, comentó Marx en los Grundrisse que la relación en la que el productor, todavía independiente, afronta medios de producción independientes “formando la propiedad de una clase particular de usureros… se desarrolla necesariamente en todos los modos de producción basados en alguna medida en el intercambio” (Marx, 1973, p. 853). Aquí el trabajador “no ha sido absorbido todavía en el proceso de capital. Por lo tanto el modo de producción no experimenta todavía ningún cambio esencial”. Por supuesto hay explotación; en efecto, la “explotación más odiosa del trabajo”. En el modo de producción mismo el capital está todavía “materialmente absorbido por los trabajadores individuales o la familia de trabajadores…Lo que ocurre es la explotación por el capital sin el modo de producción del capital…Esta forma de la usura en la que el capital no toma posesión de la producción, de manera que es capital sólo formalmente, presupone el predominio de los modos de producción preburgueses” (p. 853). Marx observó también que “el capital surge sólo cuando el comercio ha tomado posesión de la producción misma y, donde el comerciante se convierte en productor, o el productor en mero comerciante” (p. 859).
En suma, las relaciones de producción específicamente capitalistas (KRP) examinadas por Marx requieren algo más que la distribución desigual de la propiedad de los medios de producción (KP) ; también requieren que el capital haya “tomado posesión de la producción” [lo que es cierto para i) y ii) pero no para i-a) y ii-a) ]; que el capital dirija el proceso de producción, y que la producción se subordine a las metas del capital. Sólo con este segundo elemento tenemos necesariamente dos características esenciales del proceso de trabajo capitalista: que “el trabajador trabaja bajo el control del capitalista a quien pertenece su trabajo” y que “el producto es la propiedad del capitalista y no del trabajador, su productor inmediato” (Marx, 1977, pp. 291-292). Sólo aquí es característico que en lugar de que el trabajador emplee medios de producción los medios de producción emplean al trabajador (una metáfora que capta la concepción de Marx).
Así pues, los “datos lógicamente anteriores” de Roemer no pueden seleccionar entre el capitalismo y el precapitalismo. ¿Importa esto? Consideremos lo que se infiere de i) y ii), que no de i-a) y ii-a). Será obligatoria la realización de trabajo excedente (dada por M-C-M y la venta del derecho de propiedad sobre la fuerza de trabajo); es decir, habrá explotación específica de las relaciones capitalistas. El capitalista —pero no el trabajador— ganará al aumentar la intensidad del trabajo; el capitalista —pero no el trabajador— será el receptor directo de las ganancias resultantes del aumento de la productividad, de modo que tendrá un incentivo para alterar el proceso de producción. La explotación capitalista será la base de la acumulación de capital; KRP será una condición suficiente para la reproducción de KP, para las relaciones de distribución capitalistas.
En cambio, con i-a) y ii-a) (el caso del mercado de crédito) es el productor quien gana al aumentar el trabajo y la productividad, y quien decide acerca del proceso de la reproducción ampliada. (Consideremos cómo diferiría este juego colectivo del juego capitalista.) Potencialmente este productor tendría éxito en asegurarse medios de producción para sí mismo como resultado de la intensificación de sus esfuerzos. Al contrario de lo que ocurre en el caso de i) y ii), el caso del mercado crediticio es en efecto una relación “de transición”. Las propiedades dinámicas, las leyes del movimiento inherentes a las dos estructuras difieren claramente.
¿Cuáles “fenómenos”, entonces, se han derivado de los datos lógicamente anteriores de Roemer, los individuos atomísticos con dotaciones desiguales? ¿Cuáles teoremas se han demostrado con éxito mediante este ejemplo claro de individualismo metodológico? Vemos que no hay ninguna distinción entre una relación capitalista y una relación precapitalista, ninguna distinción entre la explotación específicamente capitalista basada en las relaciones de producción capitalistas y la explotación precapitalista basada simplemente en las dotaciones de propiedad desiguales.
Por supuesto Roemer tiene derecho a llamar capitalismo lo que quiera (como lo tiene Milton Friedman), pero no debe confundirse en ningún momento con el concepto de Marx del capitalismo (y un concepto marxista). Así pues, Roemer no llega al mismo destino que Marx. En lugar de fortalecer el argumento de que podemos partir de individuos con diferentes dotaciones de propiedad para generar relaciones de producción capitalistas y explotación capitalista, la misma indeterminación evidente en su modelo (el teorema del isomorfismo) mina su argumento. Sin embargo, podría responderse que todo esto prueba simplemente que Marx se equivocó al distinguir entre la explotación capitalista [donde se da i) y ii)] y la explotación precapitalista basada en las dotaciones de propiedad desiguales [i-a) y ii-a)], ya que la explotación es la misma en ambos casos. Para contestar este argumento debemos considerar brevemente el modelo de Roemer.
Uno de los problemas básicos del modelo de Roemer es su supuesto de una función de producción común para todos los regímenes. Así pues, por definición se excluye todo efecto de relaciones de producción particulares en la función de producción. Por ejemplo, al suponer en sus modelos de producción lineal que una unidad de fuerza de trabajo exuda cierta cantidad de trabajo (es decir la calidad y la intensidad del trabajo están presuntamente dadas en términos técnicos), no sólo descarta Roemer en efecto el contenido de la distinción marxista entre fuerza de trabajo y trabajo, sino que también nos deja con la producción considerada simplemente como un proceso técnico que transforma los insumos inertes en productos finales. Así se desvanece la distinción que una vez reconociera Roemer entre el enfoque neoclásico y el enfoque marxista: que el marxista pregunta “¿cuan arduamente están laborando los trabajadores?” (Roemer, 1981, pp. 143-145).
¿Cuál es la implicación? Considérese la diferencia entre el modelo del mercado crediticio y el modelo del mercado laboral. En el primero los productores aseguran los frutos de su propio trabajo (es decir son propietarios del producto). Deciden seleccionar o no el ocio en el trabajo. Es de presumir que no hay problemas inherentes de tortuguismo, no hay costos necesarios de supervisión y monitoreo, etcétera, que pudieran reflejarse en la función de producción. Sin embargo, suponer los mismos coeficientes de producción en el caso del modelo del mercado laboral es presuponer que los trabajadores que no tienen derechos de propiedad sobre los productos de su trabajo se comportarán de la misma manera que quienes sí los tienen. (Tampoco debemos omitir la probabilidad, en el último caso, de que la elección de técnica y la división del trabajo no se determinen sólo por la eficiencia técnica sino también por la necesidad de vigilar fácilmente y de reducir la capacidad de los productores para formar coaliciones.)
Aunque Roemer concluye que la explotación capitalista no requiere dominio en el punto de producción porque “las relaciones de clase y de explotación de una economía capitalista que use los mercados laborales pueden reproducirse precisamente en una economía capitalista que use los mercados crediticios”, sus modelos generan estos resultados sólo por causa de sus supuestos ocultos (Roemer, 1986a, p. 268). En un modelo en que los productores deseen maximizar el ocio (que incluye el ocio en los “poros” de la jornada de trabajo), el supuesto de los coeficientes técnicos iguales en los dos casos equivale a suponer la existencia de un proceso de vigilancia capitalista eficiente (y gratuita)…¡sin reconocer el supuesto! Sólo podremos evitar la necesidad de la dominación capitatalista suponiendo (como lo hace de manera explícita Roemer) que la entrega de trabajo por salario es “una transacción tan sencilla y exigible como la entrega de una manzana por una moneda” (p. 269).
En suma, el descubrimiento de Roemer de que el caso del mercado laboral y el caso del mercado crediticio producen soluciones equivalentes, de modo que la dominación capitalista no es necesaria, sólo refleja el supuesto ideológico que ha impuesto a su modelo. Habiendo supuesto que no importan las relaciones productivas Roemerencuentra escasa dificultad para “probar” luego que tales relaciones no importan; por supuesto, no es el primero en creer que ha probado lo que está simplemente incorporado en sus supuestos.
4. LA EXPLOTACIÓN “JUSTA”
Para otros en el campo del marxismo analítico es muy convincente el descubrimiento de Roemer de que la explotación capitalista no requiere ni la fuerza de trabajo como una mercancía ni el dominio en la producción. Wright, por ejemplo, se resistió inicialmente al argumento de que la dominación capitalista era innecesaria para la explotación pero luego se rindió —manteniendo sin embargo la importancia de una conexión entre la dominación en la producción y las relaciones de clase (Wright, 1982, p. 331). Más tarde sucumbió también sobre este último punto (aceptando la teoría de Roemer como marco de su propio trabajo empírico) y anunció: “Ahora creo que Roemer tiene razón en este punto” (Wright, 1985, p. 72). Elster tampoco tiene dudas; tras presentar la conclusión de Roemer declara característicamente: “Creo que el argumento de Roemer es una objeción irrefutable a la concepción ‘fundamentalista’ de que la explotación debe ser mediada por la dominación en el proceso laboral” (Elster, 1985, p. 181).
Pero una vez que se han borrado las características específicas del capitalismo y de la explotación capitalista (dejando sólo las dotaciones desiguales) ¿podrán estar muy distantes las meditaciones sobre una explotación “justa”? Al plantearse el interrogante de si deberían interesarse los marxistas en la explotación Roemer responde con su “veredicto…de que la teoría de la explotación es un domicilio que ya no necesitamos conservar: ha proporcionado un hogar para la crianza de una familia vigorosa que ahora debe mudarse.” Habiendo vaciado la casa de todos sus contenidos la mudanza de Roemeral mercado es para “el concepto moderno” de explotación como “una injusticia en la distribución del ingreso resultante de una distribución injusta de las dotaciones” (Roemer, 1986a, p. 199). En suma, la explotación es simplemente desigualdad: “las consecuencias distributivas de una desigualdad injusta en la distribución de activos y recursos productivos” (Roemer, 1986a, p. 281).
La implicación obvia es que la explotación derivada de la desigualdad no es injusta si la desigualdad original de las dotaciones de propiedad no es en sí misma injusta. Aunque Roemer (1986a) explora efectivamente este punto, es Elster quien infiere más claramente la lógica del argumento marxista analítico. Propone Elster que juzgamos injusta la explotación porque “a lo largo de la historia ha tenido casi siempre un origen causal totalmente sucio, en la violencia, la coerción o la desigualdad de oportunidades” (Elster, 1986, p. 99). Pero ¿qué ocurriría si hubiera un “camino limpio” hacia la acumulación original? ¿Qué sucede si la gente difiere en sus preferencias temporales? ¿Qué pasa si algunas personas optan por ahorrar e invertir en lugar de consumir (formando así un acervo de capital) ? “¿Podría alguien objetar si estas personas inducen a otras a trabajar para ellas ofreciéndoles un salario superior al que podrían ganar en otra parte?” (Elster, 1985, p. 226). Aquí —observa Elster— se encuentra una “objeción poderosa que deberá ser tomada en serio por quienquiera que trate de defender la teoría de la explotación de Marx” (p. 227).
Así, como ejemplos contrarios a la noción de que la explotación es intrínsecamente injusta Elster y Roemer presentan sendos casos de dos personas donde, a resultas de los patrones de propiedad de los activos de capital y las preferencias por el ocio, la persona pobre en activos “explota a la persona rica” (Roemer, 1986a, pp. 274-277; Elster, 1986, p. 98). Concluye Elster que este ejemplo “demuestra, en mi opinión concluyentemente, que la explotación no es intrínsecamente mala” (p. 98). En un segundo ejemplo (“más importante para los problemas de la vida real”), Elster presenta a dos personas dotadas de las mismas habilidades y el mismo capital pero con una orientación diferente hacia el consumo presente. Una pospone el consumo y así acumula capital, suficiente en última instancia para pagarle a la otra a fin de que trabaje para ella a un salario superior al que podría ganar por sí misma. “Es cierto que será explotada, pero ¿a quién le importa?” De aquí concluye Elster que “el ejemplo sugiere que la explotación es legítima cuando las desiguales dotaciones de capital tienen una historia causal ‘limpia'” (p. 99).
Así pues, sólo se deja a la explotación el carácter contingente de la acumulación original. En virtud de que la explotación ha sido separada de toda conexión con el proceso capitalista de producción y sólo depende de la prexistencia de dotaciones desiguales, sólo queda por saber si se violaron los derechos de propiedad en la formación de tales dotaciones diferentes. Habiendo empezado por invertir la conexión entre las relaciones de propiedad y las relaciones de producción en un sistema orgánico, Elster y Roemerdescubren a partir de sus historias apócrifas de la acumulación original que “la explotación no es un concepto moral fundamental” (Elster, 1986, p. 99).
Tristemente ocurre como si jamás se hubiera establecido la distinción entre el “capital original” y el que surge de la explotación específicamente capitalista; como si Marx no hubiera señalado jamás que aunque el capital fuera adquirido desde su origen por el propio trabajo de una persona (la vía más limpia posible hacia la acumulación), “tarde o temprano se torna valor apropiado sin un equivalente” (Marx, 1977, pp. 715, 728). La injusticia intrínseca de la explotación es sólo un elemento más que desaparece en el curso de “darle sentido” a Marx.
5. CONCLUSIÓN
Sería muy fácil (pero al mismo tiempo muy errado) concluir de la discusión anterior que el marxismo analítico tiene poco que ofrecer a los marxistas. En efecto, estos autores plantean importantes cuestiones y retos. En particular rechazan el razonamiento teleológico de Marx; es algo que debería rechazarse. De igual modo, se consideran sospechosas las explicaciones funcionales. Éstas se examinan con cuidado, como debe hacerse dondequiera que aparezcan. En este sentido el marxismo analítico puede mantenerse alerta.
Además, hay algunos aspectos de la obra de estos autores que pueden incorporarse fácilmente al análisis marxista. El examen que hace Roemer de la explotación como una proposición contrafáctica implícita (Roemer, 1982) apunta hacia una solución de la objeción neoclásica de que la venta misma de la fuerza de trabajo prueba que el asalariado se beneficia del intercambio (en comparación con la opción de la no venta). La discusión anterior de Elster (1978), a propósito de la “falacia de composición” (lo que es posible para uno de los miembros de un conjunto no es necesariamente cierto para todos los miembros de manera simultánea) se ocupa de modo directo de los esfuerzos por razonar desde la posición del individuo aislado (y todas las “robinsonadas” semejantes de la economía neoclásica). Y la parábola de Cohén del “cuarto cerrado” en su The Structure of Proletarian Unfreedom, plantea dramáticamente el contraste entre la capacidad del trabajador individual para escapar de la condición de trabajador asalariado y la incapacidad estructural de la clase como un todo para hacerlo (Cohén, 1986).
Estos dos últimos ejemplos en particular proporcionan poderosos argumentos en contra de las tradiciones neoclásicas. Yo introduzco regularmente estos ejemplos durante la primera semana de mi clase de economía marxista, como un comienzo a la cuestión de por qué percibió Marx la necesidad de partir de la consideración de un todo orgánico (que es, por supuesto, precisamente contrario al imperativo metodológico del marxismo analítico).
Sin embargo, no sólo queda poco de Marx en el marxismo analítico, sino que su impulso esencial (como vimos antes) es antimarxista. ¿Por qué entonces quieren retener estos autores su conexión con cualquier clase de marxismo? La respuesta parece ser que ellos se consideran socialistas y que “la etiqueta de marxista revela por lo menos que ciertas ideas fundamentales se perciben como provenientes de Marx” (Roemer, 1986, p. 2). Como dice Elster, “si se considera marxista a alguien que puede encontrar en Marx la fuente de sus creencias más importantes, soy sin duda un marxista” (Elster, 1986, p. 4).
Pero si algunas creencias e ideas seleccionadas separadas de un marco marxista fueran suficientes para la designación de marxismo, este término perdería todo significado integral. Porque ubicadas en un marco distinto esas creencias seleccionadas adquieren propiedades muy diferentes. La transformación, dentro del marco neoclásico, de la teoría marxista de la explotación (una de las “creencias más importantes” de Elster) en una concepción de la justicia distributiva que acepta la posibilidad de la explotación justa, ilustra muy bien este principio dialéctico fundamental. Lo que hace antimarxista el marxismo analítico es que las creencias y las ideas absorbidas de Marx han sido incorporadas a un marco antimarxista, y que las partes han adquirido propiedades de ese todo.
NOTAS
* Publicado originalmente en Science & Society, vol. 52, núm. 2, verano, 1988, pp. 191-
214 [traducción del inglés de Eduardo L. Suárez].
1. Elster agradece particularmente loe comentarios de Cohén y Roemer. No identifica a
otros miembros del grupo pero menciona a quienes lo ayudaron antes de la publicación: Pranab Bardhan, Robert Brenner, Leif Johansen. Serge Kolm, Adam Przeworski, Ian Steedman, Robert van der Veen, Phillipe van Parijs y Eric Wright.
2. Se incluye aquí a Leif Johansen, Serge Kolm y Erik Wright.
3 Wright identifica entre los miembros del grupo a Cohén, Roemer, Elster, Van Parijs, Van der Veen, Brenner, Przeworski y Hillel Steiner.
4. Esta colección incluye los ensayos de Bardhan, Brenner, Prreworski, Wright y Alien Wood.
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