Esta es la segunda parte del resumen online de “Alienación y aceleración” de Hartmut Rosa. La primera era esta.
El punto anterior quedó en “los horizontes y patrones de tiempo de la formación de una voluntad democrática deliberativa y las esferas tecnológica, científica, económica y cultural marchan en direcciones opuestas”.
Es decir, que cuanto más rápido avanzan el conjunto de esferas económica, tecnológica, digital, online, etc…, más tiempo se requiere para sustentar democracias de carácter verdaderamente deliberativo.
Pero no lo hay. De ahí que no sea casual que estrellas mediáticas como Arnold Schwarzenegger, Nicolás Sarkozy o Silvio Berlusconi, hayan triunfado en política, no por la fuerza de sus argumentos, sino por la fuerza de sus consejos mediáticos o de la mera fabricación de opinión pública.
La velocidad nos ha conducido a la volatilidad. Las posturas de por vida han desparecido, y con ello el tradicional significado entre izquierda y derecha. Incluso no es infrecuente cambiar de religión. Y en esferas más personales, apenas nace un bebé, sus padres se vuelven paranoicos con la posibilidad de que pueda ser demasiado “lento”.
La aceleración es una forma de totalitarismo según el autor porque;
– Ejerce presión sobre la voluntad y las acciones de los sujetos
– Es un poder ineludible, todos los sujetos se ven afectados por ella
– Es omnipresente, su influencia no se limita a una u otra área de la vida social sino a todos sus aspectos
– Es difícil o casi imposible criticarla y luchar contra ella
A continuación entrecomillo un párrafo entero por la gran incorrección política que encierra:
“Con toda seguridad llamaríamos totalitario a un régimen que hace que sus súbditos se despierten por las noches con un terrible temor y un peso sobre el pecho, esperando su inmediata desaparición con los corazones alterados y la frente cubierta de sudor. Podemos estar bastante seguros de que hay más gente que despierta en esas condiciones todas las noches en los llamados países libres y desarrollados de Occidente que, digamos, en el Iraq de Saddam Hussein o incluso en la Corea del Norte actual.”
El autor pretende manifestar que no hay tirano que pueda igualar el nivel de regulación virtual o invisible que la sociedad de la aceleración, totalitaria según las definiciones anteriores, consigue desplegar.
¿A qué clases de “temor” que provocan insomnio, pánico, etc…, y que sufren las personas de las sociedades “libres” y capitalistas, se refiere el autor?
“Si aquellos que están bien equipados y empiezan la competencia desde lugares de privilegio tienen que correr a toda la velocidad de la que son capaces e invertir todas sus energías con tal de permanecer en el juego, es razonable que aquellos que comienzan con algún tipo de déficit ni siquiera hagan el esfuerzo de ponerse a la par. Estas personas configuran los nuevos grupos sociales de los terminalmente excluidos, los que han sido llamados el precariado”.
En el libro se indica que la corriente de opinión mayoritaria esparcida de manera online por las redes sociales tiende a desvincular esta realidad del debate político -de las recetas que habría que considerar en términos políticos para erradicar esta realidad- y que, por el contrario, se tiende a responsabilizar al precariado de “no haber sabido administrar correctamente su propio tiempo”.
Pero, ¿pueden la política, y el ritmo pausado que esta requiere para ser el marcapasos de la sociedad, sincronizarse con el ritmo al que evolucionan actualmente los desarrollos sociales, tecnológicos, culturales…?
¿Por qué por debajo de la aparente autopercepción de libertad de que los individuos disfrutan en las sociedades modernas, hay otra apabullante conciencia social que apunta en la dirección contraria?
¿Por qué mientras los individuos se experimentan como completamente libres, también se sienten dominados por una lista excesiva y en constante crecimiento de exigencias sociales, que no pueden controlar, y en una medida completamente desconocida para cualquier otra sociedad?
¿Quién no ha desarrollado nunca un sentimiento de culpabilidad al final o al principio del día por no haber cumplido con las expectativas? Recuérdese en este sentido, por ejemplo, que aquellos que se dedican al negocio de asesorar dirigentes y élites, o aquellos que trabajan como coach online u orientador personal trasladen, cada vez con mayor frecuencia, que uno de sus principales retos consiste en enseñar a sus clientes que nunca van a ser capaces de ponerse al día con su inventario de tareas.
Los sujetos persiguen fines que en realidad no tienen ningún deseo real de apoyar. El sistema consigue que hagamos “voluntariamente” lo que en realidad no queremos hacer, consigue, incluso, que contratemos sesiones de coaching personal para alcanzar las demandas que nos impone la sociedad actual. Por esta razón a muchos les resultará demasiado fuerte aplicar el concepto totalitarismo al mundo real y online actual, a los aspectos de la sociedad en que vivimos de manera tan aparentemente natural. Siguen y seguirán creyendo que todo lo hacen “voluntariamente”. Y su doctrina favorita es, y seguirá siendo, el liberalismo.
Finalizando con otra de las muchas ideas clave de su obra, Rosa nos aporta una opinión o un consejo personal sobre el momento en el que vivimos -ese en el que no podemos pararnos ni a leer los términos y las cláusulas de los servicios online que contratamos-: “Nunca encontramos el tiempo para informarnos realmente bien sobre lo que estamos haciendo”. Pero, suponiendo que lo tuviéramos, ¿podríamos informarnos, ni tan siquiera, “mínimamente bien”?
Hay libros que nos sitúan en un nuevo campo del saber, que ensanchan nuestros horizontes del pensar, que nos permite enjuiciar la realidad desde una nueva perspectiva o nos trae a primer plano de la reflexión intelectual una manera de analizar postergada, por no decir olvidada. El libro de Christian Harbulot, L’art de la Guerre Économique - Surveiller, analyser, proteger, influencer (VA Éditions, 2018), posee esas virtudes y nos mueve a analizar la realidad económica y empresarial con otras antiparras distintas de las habituales en medios académicos universitarios, pero que encajan bien en lo que podrían considerarse casos particulares acaecidos en el sistema económico, particularmente en el subsistema de planificación según lo entendía John Kenneth Galbraith, en el que se concentra la mayor parte del poder y donde la guerra económica tiene más sentido e intereses, también por sus vínculos (y “puertas giratorias”) con el sector público y el poder político.
Los méritos de Christian Harbulot son muchos, relevantes y especializados en relación con la materia tratada, dirigiendo, en París, la Escuela de Guerra Económica desde su creación en el año 1997, concebida por él mismo y por el general Pichot-Duclos, en relación con el general François Mermet, cuya carrera viene marcada por la creación de la Dirección de Información militar en 1992. De los antecedentes, desde 1990, y carrera profesional de Harbulot, pasando por el interés mostrado por generales del Estado mayor francés, hasta su incorporación al grupo Planeta, nos da cuenta el preámbulo de Philippe Baumard, subrayando que “La originalidad de Christian Harbulot, particularmente en La machine de guerre économique, es haber logrado sustraerse a su pasado de militante” [maoísta]. También subraya el método pedagógico inventado por Harbulot, que pone a sus alumnos a aprender la asimetría practicándola, sometiéndolos a prueba mediante casos reales y no con los manoseados estudios de caso de la Harvard Business School, que cuentan historias falsas o deformadas. Los alumnos “deben practicar argumentos subversivos en batallas económicas perdidas por adelantado; probarse en la guerra psicológica y en los conflictos informacionales entre potencias económicas yendo a buscar casos de víctimas de conflictos comerciales y proponiéndoles sostenerlos; meter en el cajón los modelos liberales de información perfecta e inventar criterios de interpretación que integren estos nuevos “tableros de ajedrez”: la influencia, la contra argumentación, la desestabilización por la información, la comunicación persuasiva en las dimensiones fuera del mercado, la lógica del fuerte al débil.” (p. 14)
Christian Harbulot señala, en la introducción, lo que persigue en este libro: recorrer, a lo largo de los últimos treinta años, la aplicación de su enfoque de la guerra económica. Desde la primera guerra del petróleo, los enfrentamientos económicos están en el corazón de las relaciones internacionales y su evolución: petróleo, gas, agua, materias primas, o la potencia económica de China, están en la base de la confrontación; también el intento de evitación de la moneda americana para los intercambios por parte de Rusia e Irán; o la búsqueda y descubrimiento de nuevos recursos en los océanos o bajo la capa de hielo polar. Aparecen nuevas fuentes de tensión entre estados y entre grupos industriales, al margen de la competencia, falseándola con nuevas barreras proteccionistas, nuevas formas de dumping, mediante leyes restrictivas sobre la propiedad intelectual, o, incluso, con métodos coercitivos como la aplicación extraterritorial de sus normas legales por parte de los EE. UU., arma de presión económica a no dudarlo a la que se somete el resto de los países occidentales sin rechistar y para vergüenza de quienes enarbolan discursos sobre la soberanía, como Francia. Internet ha abierto la puerta a una nueva evolución de los conflictos, dando a la guerra económica una dimensión multipolar y multidimensional.
¿Es la guerra económica un nuevo arte de la guerra?, se pregunta Harbulot a modo de título del primer capítulo. Tomando pie en una cita de la obra de Sun Tzu, El arte de la guerra (véase mi comentario en SYN@PSIS N. º 83, julio-agosto 2016: Sunzi y su libro El arte de la guerra. Editorial Trotta, SA Séptima edición: 2010): la de que más vale vencer al enemigo sin combatir, y señala que la mayor parte de las acciones de guerra económica son de esa naturaleza indirecta, que pueden darse entre potencias bien durante una guerra militar: mediante bloqueos, cierre de los ejes de intercambio, destrucción del aparato industrial del enemigo, bien en tiempos de paz: mediante embargos, sanciones diversas, pillaje tecnológico, depredación comercial. En el caso de enfrentamiento competitivo, se trata, más bien, de trampas puestas al adversario para hacer fracasar sus estrategias de desarrollo, echarle de un mercado, crearle dificultades financieras, o fragilizar su enfoque comercial, para socavar su imagen (p. 21).
Nos brinda su comprimida síntesis de la guerra económica en sus hitos históricos, siempre bajo el objetivo de querer unos pueblos enriquecerse a costa de otros; su nueva dinámica de origen asiático, con Japón como precursor intentando deshacerse del yugo de la colonización occidental tras la II Guerra Mundial, logrando convertirse en la segunda potencia mundial a finales de los años 80, pero frenada luego por la entente entre los EEUU y Europa. Corea del Sur emprendió, tras la guerra de Corea, un camino similar al iniciado por Japón; pero ha sido China el mejor ejemplo de esa “interiorización asiática”, resultado “de la combinación de dos voluntades: la búsqueda del poder y la lucha contra los invasores. La primera ha sido teorizada por Sun Tzu en el siglo V antes de JC. La segunda por Mao Tse Tung […] el primero puso en perspectiva las relaciones evolutivas entre el fuerte y el débil. El segundo la ha enriquecido en el siglo XX con los principios del dominado y el dominante.” (p. 26) Aunque traducidas sus obras principales, los occidentales no han asimilado su significación, centrada su atención en los escritos de Macchiavello, digamos de paso que olvidadizos también, muchas veces, del rey Fernando el Católico, del que Baltasar Gracián escribiera El Políticoen el año 1640.
Los análisis y lo que son más que anécdotas que nos cuenta Harbulot sobre China, así como su encuadre de guerra económica, nos abrirán los ojos y fundamentarán algunas intuiciones, impresiones o aprensiones que podamos tener con respecto al gigante asiático, que ha sabido utilizar las armas del débil para no ser dominado. Son ejemplos esclarecedores los del “tecno globalismo” de Japón, cortocircuitado por los occidentales; las denuncias de pagos de los conglomerados (“chabolas”) coreanos del sur a la confidente de la presidenta Park-Geun-Hye, desarticulando en parte el núcleo estratégico del aparato industrial sudcoreano, con cuotas de mercado crecientes en los mercados usamericanos y europeos. Occidente, disimulando sus intereses tras un cuerpo de valores morales bajo el nombre de “liberalismo”, no se ha percatado de que el débil se ha reapropiado de la retórica del discurso capitalista para invertir la relación de fuerzas. Brillante idea. Su análisis de los tres grupos de intereses contradictorios en los EEUU, es de sumo interés, sazónese con mi artículo publicado en el año 2012: Políticos: entre grandes empresas y población (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=158721), complementaria de su afirmación siguiente: “La potencia de un Estado o de una firma multinacional se expresa sobre todo por la capacidad de hacer a los países dependientes de sus tecnologías, de su influencia financiera y de su influencia en la definición normativa de las nuevas reglas de la economía de mercado.” (p35)
En el capítulo 2, “Las mutaciones de la guerra económica”, retoma la evolución de la guerra económica, resaltando y apoyándose en los cambios destacados: antes de la revolución industrial, los que trajo esta, los que sobresalieron en la primera mitad del siglo XX al paso de los acontecimientos, en primer lugar la revolución bolchevique de 1917, el uso que hicieron de la III Internacional y de la fe de los proletarios comunistas para hacer llegar a la “patria del socialismo” técnicas y saberes capitalistas para el desarrollo industrial. Vendría luego el espionaje industrial alemán durante la República de Weimar para contrarrestar las limitaciones impuestas por el Tratado de Versalles. Llegó la II GM y el hacerse con los conocimientos de los sabios e ingenieros nazis en sectores punta de la industria armamentística, y luego las concesiones económicas europeas a los usamericanos a cambio del plan Marshall, hasta, pasados los años, durante los que Francia rompió la ley del silencio, con el general de Gaulle enfrentándose al poder usamericano en diversos “dossiers” económicos de envergadura.
Situados en el año 1990, el autor trata de casos reales significativos y las tácticas y las armas utilizadas, así, en el enfrentamiento entre dos grandes empresas informáticas (una francesa y otra no) para obtener un contrato para la informatización de una red de agencias fiscales en Polonia; o entre dos empresas francesas, con el enfrentamiento entre Gómez y Lagardere (empresas Thomson y Matra); o el caso, no ya de conquistas de mercado, sino de penetración sutil por tercero interpuesto para evitar la imposibilidad, como es el caso de EEUU y Vietnam tras la guerra, consiguiendo la dependencia continuada de un país necesitado (Vietnam y su sistema cartográfico) por los servicios de consultoría y servicios continuado, frente a una propuesta francesa más circunspecta al proyecto en sí, que dio lugar a algunas teorizaciones conocidas como social learning (p 47). La ayuda humanitaria vino a sumarse a esta técnica de disimule de objetivos estratégicos, es el caso de la US Agency for International Development (USAID), creada en 1961 (en 1999 Bill Clinton la pondría bajo el control del Departamento de Estado), con el objetivo de recuperar el control político influyendo sobre los habitantes. El autor nos recuerda la teoría de Antonio Gramsci sobre la hegemonía cultural y como el social learning permite escabullirse del control de procesos evidentes de hegemonía cultural mediante “Promotores indoloros e incoloros (consejeros humanitarios, consultores, miembros de la sociedad civil) han utilizado la cultura general, la psicología y la lingüística” (p 51 y ss., donde encontraremos también el concepto de resiliencia, o capacidad de una organización para superar una crisis mayor o anticiparla, si es posible) para conseguir fuentes de información y objetivos en teatros de operaciones civil-militares, como le informó un oficial francés a su retorno del sudeste asiático. Otro ejemplo que desarrolla es el de la Fundación Rockefeller con motivo de la elección de la ciudad de París entre las 100 Ciudades Resilientes sostenido por esa Fundación.
En el capítulo 3, el autor nos guía en la comprensión de la dialéctica del fuerte y el débil, empezando con el ejemplo de la empresa oftalmológica mundial Théa, atacada con falsedades sobre la seguridad de sus frascos. El atacante era el laboratorio monegasco Europhta, siendo finalmente condenados en justicia el presidente-director general y sus colaboradores responsables de la difamación orquestada, que revela, para el autor “el modo de construcción cognitivo de una ataque informacional.” (p 61)
Si la historia humana se ha basado en que el fuerte siempre gana frente al débil, Internet ha dado al débil una capacidad armamentística informacional inédita, alterando aquel orden natural. “El fuerte, representado por los Estados, los medios financieros y las grandes empresas multinacionales, dejó de ser ya la única fuente mayor de innovación en la práctica de la guerra económica.” (p 62) El objetivo del débil deja de ser el beneficio y pasa a convertirse en la reivindicación de una moral ciudadana a imponer a los medios empresariales cogidos en falta. La guerrilla informacional surgida de la sociedad civil ha cobrado carta de naturaleza. Ahí están los ejemplos de Perrier en relación con la salud pública; de Shell con el medio ambiente; de Ford y la fiabilidad tecnológica; y de Belvédère en relación con el derecho, que siendo fuertes pasaron a ser débiles por no respetar principios elementales de buena fe. El autor desarrolla esos ejemplos y añade algún otro, como el de la Unión des Industries du Textil, amenazado en sus mercados por decisiones europeas en los años 90, y el del ataque de la BNP francesa a la también francesa Société Générale, mediante una Oferta Pública de Intercambio de Acciones en 1999, que fracasó merced a una guerra informacional en la que el débil se hacía fuerte por medio de la influencia en la colectividad. El fuerte se convierte en débil en la guerra de la información. Las innovaciones narrativas del storytelling, arma del político y del militar, no invalidan la fuerza del débil y su retórica emocional (p. 73), pues la palabra de éste “vende” más.
El tratamiento del dominante y el dominado lo encontramos en el capítulo 4, que empieza con una extensa cita de Mao que sintetiza la relación entre ellos en una confrontación ideológica. Harbulot reivindica que esta dialéctica está presente frente al discurso neoliberal y los creyentes en la “ciudad planetaria”, que consideran que la guerra económica ha desparecido gracias a la apertura de mercados y el advenimiento de la democracia mercantil. Él cree que “las prácticas subversivas de la extrema izquierda tras la IIGM prefiguraban la intrusión de la sociedad civil en la vida económica”. (p 88). Sitúa la primera victoria del débil en el año 1998, en la lucha contra el Acuerdo Multilateral para la Inversión y nos muestra el proceso por etapas, que luego daría nacimiento al movimiento antimundialización. Un enfoque subversivo de la guerra económica pasa por poner a la luz lo que el adversario oculta en sombras. Este capítulo, considerablemente más breve que el anterior, se centra más en actos de la política mundial que no en empresas y saldrá a la palestra Edward Snowden, consultor de la National Security Agency, con sus revelaciones, en el año 2013, del espionaje americano contra países aliados, en el que la ley del más fuerte sometió al silencio a los débiles países europeos. Su visión del marco geopolítico en el que se ha de desenvolver el futuro es claro: Los países de la UE tienen divergencias insuperables sobre diversos “dossiers”; Rusia y China, potencias dominantes, están vinculados a su pasado; en cuanto a los EEUU, con cierta ironía o retintín nos dice que es para algunos nuestro mejor aliado, pero que ha comprendido que su destino se construye sin nosotros.
El combate por la información es el título del capítulo 5. En nota al pie (nº 65) nos aclara el significado con que usa metafóricamente la palabra “tablero” y lo define como “un espacio sobre el cual cohabitan diferentes actores con intereses convergentes y/o divergentes.” Es la representación por “tableros” la que permite ir más allá del mero empirismo empresarial y comprender los enfrentamientos económicos, y son: el de la competencia, el institucional y el de la sociedad civil, con gran permeabilidad entre ellos, indispensables para estudiar la guerra de la información que opone a las empresas, por lo que el autor las desarrolla en este capítulo aprovechando casos reales, como el de Danone y la dioxina de los envases en Rumanía, con consecuencias no desdeñables: una bajada de las ventas de un 20% y daño en la imagen del grupo en el país. Otro ejemplo es más cercano a nosotros, entre los años 2007 y 2008: el enfrentamiento entre el grupo francés Eiffage y el grupo español Sacyr, cuyo presidente, Luís Del Rivero fue inculpado por difundir informaciones falsas. En el tablero geopolítico, el ejemplo es del año 2015, con la empresa francesa Veolia abandonando el mercado israelí tras veinte años de presencia y sufrir una campaña de boicot iniciada en la sociedad civil palestina, con consecuencias en los mercados públicos en Europa y en EEUU. Una confrontación de orden interno la ejemplifica con la empresa francesa de cartón ondulado Otor y el fondo de inversión americano Carlyle, accionista que finalmente quiso hacerse con la empresa. El resto del capítulo nos introduce en los métodos de desestabilización de la información y la evolución de esta clase de ataques y el modus operandi.
El último capítulo antes de las conclusiones, el 6 tiene un título provocador: “Osar vencer”. Empieza con un sucinto (casi dan ganas de decir una nonada) recorrido de las guerras económicas a través de la historia de Francia desde Louis XI hasta De Gaulle, en dos páginas, lo justo para tener noción de ellas. A destacar, su opinión de que “Desde 1945, Francia y más ampliamente Europa, han vivido globalmente bajo la influencia militar, económica, cultural y educativa de los Estados Unidos de América.” (p 126), afirmación que considero rotunda verdad, resaltando yo la cultural y la educativa, que pocas veces se recuerda. Igualmente comparto su severa crítica a las elites francesas por su sumisión a los intereses usamericanos durante la guerra fría. En este capítulo encontramos el caso Gemplus, empresa francesa inventora de tecnología punta con el “chip” aplicable a los pagos por tarjeta, a los teléfonos móviles (SIM) y a la seguridad (cifrado), frente al interés de los EEUU, con la CIA y la NSA como posibles actores de trastienda del fondo de inversiones TPG. La Escuela de Guerra Económica participó en la tarea de alumbrar lo oculto con éxito.
Bajo el epígrafe “La emergencia de una necesidad de solidaridad estratégica”, Harbulot nos sitúa en el mundo actual y la necesaria comprensión por el Estado de las nuevas necesidades para preservar los logros socioeconómicos de su población, y, aunque su reflexión se ilustre con el caso de Francia, no es difícil de extenderla a otros Estados; así por ejemplo la necesidad de replanteamiento de qué sea lo estratégico hoy para un Estado, o nuevas prioridades reforzando la noción de interés general a través de la solidaridad estratégica, definida como “decisiones de medio/largo plazo para preservar el bien común.” (p 135), que implica ir más allá de los intereses individuales y evaluar críticamente la búsqueda del beneficio a corto plazo. Aproximación ésta que va más allá de la restrictiva visión militar de la defensa económica y cuestiona la definición de intereses estratégicos validada por la Comisión Europea, yendo más allá también del pensamiento soberanista, focalizado en la noción de independencia.
Harbulot atribuye a EEUU el nacimiento del mundo inmaterial, en relación con la aparición de Internet, con origen en el departamento de Defensa americano. Nuevo “tablero de juego” en el que EEUU tuvo que enfrentarse a cuestiones estratégicas, teniendo en su territorio diez de los trece servidores mundiales, además de haberse preservado un derecho de fiscalización sobre la atribución de direcciones IP, por más que sea bajo una sociedad privada de derecho californiano (ICANN). Internet cobró carta de naturaleza en tanto que instrumento de poder, y, pese a pasar inadvertido, durante el segundo mandato del presidente Bill Clinton, las autoridades americanas ya expresaron su deseo de ser líderes mundiales en el comercio de la información privada. Lo que conjuntamente con otros elementos constituye lo que para algunos manifiesta la voluntad de conquista del mundo inmaterial, con consecuencias en términos de relaciones de fuerza, excediendo lo meramente tecnológico. ( Jaque al Neoliberalismo)
La Encuesta Nacional de Migraciones revela quiénes son, por qué cambiaron su residencia y cuáles tendencias surgieron tras la reforma migratoria de 2012.
Cerca de 50.000 personas han viajado al exterior para atender un negocio o para cumplir un contrato de trabajo de interés personal.
Foto: Jorge Luis Baños_IPS
“Irse”, “se fue”, “sin retorno”, “para siempre”… Estas y otras frases que durante décadas acompañaron a la emigración cubana han ido desapareciendo del lenguaje cotidiano de la isla caribeña en los últimos cinco años.
La promulgación en octubre de 2012 del Decreto Ley 302 Modificativo de la Ley de Migración No. 1312 (1976) y de un conjunto de decretos y resoluciones complementarias para su implementación, sentó las bases para un cambio radical: la eliminación del requisito de permiso de salida para los viajes al exterior de la población cubana; la extensión a 24 meses del tiempo en que una persona puede residir fuera de Cuba por motivos personales sin ser considerada residente permanente y la regularización de la posibilidad del retorno de quienes desean regresar a vivir en su país de origen.
¿Cuál ha sido el impacto de esas medidas? ¿Qué tendencias caracterizan hoy los procesos migratorios? ¿Quiénes están viajando? ¿Quiénes deciden radicarse en el exterior? ¿Qué motivan las salidas y retornos múltiples a la isla? ¿Cómo fluye la ayuda desde y hacia Cuba?
Un total de 86.658 personas de 15 años y más, residentes en 42.501 viviendas en todo el país, fueron entrevistadas para la muestra. Con el título “Migraciones a nivel de estratos de asentamientos: resultados principales en la Encuesta Nacional de Migraciones”, el informe publicado en enero de 2019 en el sitio web de la ONEI aclara que los cuestionarios se aplicaron a jefes de hogar o sus cónyuges.
En el caso de la migración externa, se propuso estudiar tanto la “movilidad de las personas” desde y hacia la isla, como la residencia temporal o permanente en el exterior en dos períodos: los cinco años previos a la reforma migratoria (2008-2012) y los próximos años hasta el momento de la encuesta (2013-2016). El 2008 se tomó como punto de partida por coincidir con el impacto de la tormenta tropical Fay y los huracanes Gustav, Ike y Paloma, que podían ser fácilmente recordados por la población.
Aunque la decisión de emigrar definitivamente de Cuba sigue siendo válida o la única opción para un grupo importante de personas, la ENMIG encontró un panorama más diverso al de décadas anteriores. La emigración, vista como la búsqueda de una residencia única y permanente en otro país, va cediendo paso a una amplia gama de movimientos que responden a los más diversos motivos: desde tener un contrato de trabajo, hacer compras para un negocio personal, cuidar a un familiar enfermo o ir de paseo o turismo.
La estadística continua, que cada año publica la ONEI en el Anuario Demográfico de Cuba, muestra saldos migratorios negativos desde 1960, con la única excepción de los años 2013 y 2014. En un claro impacto de la reforma migratoria de 2012, en esos años se reportan por primera vez saldos positivos de 0,3 y 0,2 por 1.000 habitantes, respectivamente. A partir de 2015, el saldo vuelve a ser negativo pero en valores inferiores a los momentos previos a la reforma: – 4,2 en 2012 contra – 2,3 en 2017.
Residencia en el exterior
Un total de 240.042 personas decidieron vivir temporal o permanente fuera de Cuba desde enero de 2008 a la fecha en que fue levantada la encuesta nacional. El 77 por ciento, 184.618 individuos, residía fuera de Cuba de manera permanente y el resto, 55.424, de manera temporal.
Aunque la cifra de residentes permanentes en el exterior supera significativamente a quienes residen temporalmente, el mayor impacto de la reforma aparece en esta segunda modalidad: el 84 por ciento de las salidas temporales que se producen desde 2008 se concentran después del 2013, año de la entrada en vigor del Decreto Ley 302. En el caso de las salidas permanentes, 49 por ciento de ellas se produjo antes de la reforma y 51 por ciento después.
Personas que salen para residir en el exterior por intereses propios (2008-2016)
Fuente: Elaborado por la Redacción IPS Cuba a partir del Cuadro 6 del informe Migraciones a nivel de estratos de asentamientos: resultados principales en la Encuesta Nacional de Migraciones ENMIG (Centro de Estudios de Población y Desarrollo, ONEI, octubre 2018)
De acuerdo con la información brindada por las personas encuestadas, 22.900 personas que residen temporalmente en el exterior, habían venido en varias ocasiones al país. A partir de la encuesta, se ha podido estimar la movilidad circular externa desde el año 2012 en el entorno de las 70.000 personas.
¿Quiénes son estas personas?
-135.988 hombres y 104.054 mujeres. Ellas predominan entre quienes residen temporalmente (M: 29.238; H: 26.186) y ellos entre las residencias permanentes (H: 109.802; M: 74.816).
-La mayoría procede de ciudades de 50.000 habitantes o más y de La Habana.
-Las personas del ámbito rural se encuentran en minoría, representando menos de 10 por ciento.
-75 por ciento de quienes residen temporalmente y 88 por ciento de quienes lo hacen de manera permanente se encuentran entre 15 y 49 años de edad.
-Las mujeres superan a los hombres en el grupo de 50 años y más que vive temporalmente en el exterior.
-El 85 por ciento de las personas menores de 40 años y el 80 por ciento de las que tienen 40 años y más tienen nivel educacional medio o superior.
-El 64 por ciento de las personas tenía empleo antes de viajar, el dos por ciento buscaba trabajo y el tres por ciento estaban jubiladas.
-La estructura por color de la piel se divide en 77 por ciento de personas blancas, cinco por ciento negras y 18 por ciento mestiza.
-Las mujeres que viven en el exterior desde el año 2008 a la fecha de la encuesta, muestran una paridez media menor que las mujeres de 15 a 49 años residentes en Cuba.
-59 por ciento de los hombres y 45 por ciento de las mujeres que decidieron vivir fuera de Cuba lo hicieron “para mejorar económicamente”.
-Para las mujeres “acercarse o visitar a la familia”, “apoyar o cuidar familiares” y “ayudar a su familia aquí” alcanza 35 por ciento de los motivos, razones que en los hombres ocupa apenas el 21 por ciento.
-La población de 15 años y más encuestada opina que la decisión de residir fuera de Cuba responde a: motivos económicos, laborales y de superación (43 por ciento); condiciones de vida y acceso a servicios (12 por ciento); motivos familiares (36 por ciento), entre otros.
Viajes de ida y vuelta
El informe de la ENMIG 2016-2017 reconoce que las “nuevas regulaciones migratorias cubanas han facilitado las salidas de residentes permanentes hacia el exterior”.
Según datos presentados en la XIII Edición de la Serie de Conversaciones Cuba en la Política Exterior de los Estados Unidos de América (La Habana, 2014), citados por la encuesta, entre el 14 de enero de 2013 y el 30 de noviembre de 2014 un total de 346.295 personas realizaron 602.605 viajes al exterior. El 53 por ciento eran mujeres y 35 por ciento tenía entre 40 a 59 años de edad.
22.900 personas que salieron a vivir temporalmente fuera de Cuba desde 2008 viajó en varias ocasiones al país.
Foto: Jorge Luis Baños_IPS
La encuesta indagó sobre los viajes realizados en los últimos cinco años y el principal objetivo de la última salida al exterior. Entre los principales hallazgos aparece:
-Cuatro por ciento de los hombres (197.662) y cinco por ciento de las mujeres (215.029), de 15 años y más, ha realizadoal menos un viaje al exterior durante los últimos cinco años previos a la encuesta.
-Mientras casi ocho por ciento de la población residente en La Habana ha viajado (137.516 personas), la cifra no supera 1,4 por ciento de la población rural.
-Algo menos de 70 por ciento de las personas que viajaron proceden de La Habana y de ciudades de 50.000 habitantes y más.
-Se constata un ligero predominio de mujeres, con excepción del estrato rural donde predominan algo más los hombres.
-Del total de 412.691 personas que respondió haber viajado en los últimos cinco años, 157.771 cumplía una misión oficial de trabajo o estudio y 254.920 lo hizo por decisión propia.
-Entre los principales motivos declarados del último viaje personal están: visitar familiares (35 por ciento), pasear o como turista (11 por ciento), hacer una gestión de negocio propio (6 por ciento), cumplir un contrato de trabajo (6 por ciento) o realizar estudios de interés personal (1 por ciento).
-Los hombres viajan más que las mujeres en gestiones de negocio (H: 8 por ciento; M: 4 por ciento) y para cumplir un contrato de trabajo (H: 9 por ciento; M: 4 por ciento).
-Las mujeres viajan más que los hombres para visitar familiares (M: 42 por ciento; H: 29 por ciento) y para pasear o como turista (M: 12 por ciento; H: 10 por ciento).
Migración de retorno
Según el Censo de Población y Viviendas 2012, 809 personas en todo el país respondió haber residido anteriormente en otro país: 52 por ciento eran mujeres, 33 por ciento procedía de Estados Unidos y 16 por ciento de España.
La ENMIG cita, además, datos de la Dirección de Identificación, Inmigración yExtranjería publicados en la Revista Novedades en Población (No.21, enero-junio 2015). Según esa fuente, hasta 2014 un total de 9.400 personas habían retornado a Cuba, de las cuales 60 por ciento eran hombres y 70 por ciento tenía de 17 a 59 años.
Al indagar sobre el retorno o repatriación en los últimos cinco años, la ENMIG entrevistó a 1.689 personas que volvieron para residir en Cuba, 45 por ciento del total de 3.748 migrantes que regresaron en ese período, 47 por ciento desde Estados Unidos. Según la encuesta, 56 por ciento son hombres, 68 por ciento de ellos de 50 años y más. En el caso de las mujeres, 52 por ciento era menor de 50 años.
El informe publicado no brinda información sobre los motivos del retorno.
Las mujeres predominan entre quienes decidieron residir temporalmente en el exterior y los hombres entre quienes optaron por la residencia definitiva en otro país.
Foto: Jorge Luis Baños_IPS
Familia y redes de apoyo
Teniendo en cuenta que la experiencia migratoria de terceros, especialmente si son de la familia, puede contribuir a la decisión de emigrar, la ENMIG indagó sobre quién tiene familiares en el exterior, el grado de parentesco y las redes de apoyo de uno y otro lado.
-El 38 por ciento de la población de 15 años y más, algo más de 3.547.000 personas, tiene familiares en el exterior.
-Esta proporción asciende al 42 por ciento de la población de 15 años y más residente en La Habana, al 41 por ciento de la residente en ciudades de 50.000 personas y más y al 40 por ciento del resto urbano. Apenas el 28 por ciento de la población rural tiene familia en el exterior.
-Las proporciones de población femenina con familiares en el exterior son más altas que las de la población masculina en todos los estratos estudiados por la encuesta, según lugar de residencia.
–Dos por ciento de la población de 15 años y más tiene a su cónyuge residiendo fuera de Cuba, 12 por ciento un hijo, hija o hijastra (o), 20 por ciento tiene hermanas o hermanos y cinco por ciento madres, padres o suegros (as). Para el 57 por ciento son otros parientes.
-918 hombres por cada 1.000 mujeres tienen familiares en el exterior.
-De la población de 15 años y más con familiares en el exterior, 71 por ciento se declaran de color de la piel blanca, 22 por ciento mestiza y ocho por ciento negra.
-De la población de 15 años y más sin familiares en el exterior, 58 por ciento se declaran de color de la piel blanca, 13 por ciento mestiza y 28 por ciento negra.
Ayuda dentro y fuera de Cuba
La ENMIG estudió las redes de apoyo que forman las personas tanto en Cuba como en el país de destino.
-37 por ciento de quienes decidieron residir temporal o permanentemente en el exterior, recibió diversos tipos de ayuda antes de partir de familiares, amistades o personas conocidas: 90 por ciento en forma de contactos y comunicaciones; 36 por ciento recibió dinero de residentes en Cuba; 100 por ciento recibió dinero desde otro país y 82 por ciento tuvo apoyo para los trámites de viaje.
-58 por ciento de quienes decidieron residir temporal o permanentemente en el exterior, recibió ayuda a su llegada en el país de destino: 77 por ciento en contactos y comunicaciones; 14 por ciento recibió dinero desde Cuba; 48 por ciento tuvo ayuda del gobierno del país receptor y 100 por ciento contó con alojamiento.
Intercambio de ayuda
La investigación permitió conocer que, “contrario a lo que se puede esperar”, 73.480 personas que están viviendo en el exterior de forma temporal o permanente (32 por ciento del total), reciben ayuda desde su hogar de origen en forma de dinero o medicamentos. El apoyo también se expresa a través del viaje de personas desde la isla para asistir a quienes precisan algún tipo de cuidado.
En tanto, 178.784 personas, 77 por ciento del total de las personas que se encuentran viviendo en el exterior, envían algún tipo de ayuda a sus hogares de origen en Cuba: efectivo, medicamentos u otros productos.
¿Cómo se emplea el dinero recibido en Cuba?
(% de personas que declaran cada forma de uso)
Fuente: Elaborado por la Redacción IPS Cuba a partir del Cuadro 15 del informe Migraciones a nivel de estratos de asentamientos: resultados principales en la Encuesta Nacional de Migraciones ENMIG (Centro de Estudios de Población y Desarrollo, ONEI, octubre 2018).
Emigración potencial
Entre los propósitos de la investigación se encontraba obtener información sobre las perspectivas de emigrar hacia el exterior entre la población cubana.
Sin embargo, la aplicación de la ENMIG coincidió con la firma el 12 de enero de 2017 de la Declaración Conjunta entre los gobiernos de Estados Unidos y Cuba sobre la eliminación de la política especial de parole para las personas que llegaban a territorio estadounidense procedentes de la isla –más conocida como política “pies secos-pies mojados”-, así como el programa de admisión provisional para profesionales cubanos de la salud, en terceros países.
Según el informe publicado por la ONEI, este acontecimiento “introdujo un sesgo complejo de evaluar” y obstaculizó la obtención de resultados.
A partir de la información levantada, la encuesta considera que el solo hecho de que cerca de 40 por ciento de la población de 15 años y más tenga familiares fuera del país y que más de 560.000 personas tengan hijos o cónyuges residiendoen el exterior, “se convierte en un condicionamiento importante para el mantenimiento de fuertes flujos migratorias entre Cuba y el exterior de carácter temporal o definitivo”. (2019)
Partiendo de una vasta deforestación, las autoridades cubanas lograron repoblar de árboles gran parte del territorio nacional en un escenario de depresión de la industria forestal, que el sector aspira a revertir para lograr los planes de desarrollo.
Algunos trabajadores sierran troncos con maquinaria obsoleta en El Aserrío, la pequeña y centenaria planta procesadora de la estatal Empresa Agroforestal Guamá, en el municipio montañoso de Guamá, en la provincia de Santiago de Cuba, en el este del país insular caribeño.
Foto: Jorge Luis Baños/ IPS
LA HABANA, 14 feb 2019 (IPS) – Un ruido ensordecedor y nubes de polvo rodean a los trabajadores que con viejas máquinas cortan tablones de un ancho tronco transportado hasta el aserradero de Guamá, un municipio montañoso y costero en el este de Cuba.
Con movimientos ágiles y esforzados, los operarios faenan bajo la larga nave de altos techos y sin paredes de esta pequeña planta, situada en un extenso descampado bordeado de casas, elevaciones y árboles, que muestran las grandes reservas de esta localidad, con 52 por ciento de su territorio cubierto por bosques.
“Si se lograra extraer 10.000 metros cúbicos anuales, tendríamos madera para 20 años sin afectar el bosque”, reveló Ramón Velázquez, el director de la estatal Empresa Agroforestal Guamá, a cargo de la producción agrícola del municipio de 35.442 habitantes, que obtiene madera, carbón vegetal, café, leche, miel, frutas y hortalizas.
“Ahora estamos produciendo con apenas dos camiones y un aserrío (aserradero) de más de 100 años”, dijo sobre la causa por la que extraen cada año apenas 2.500 metros cúbicos de maderas, fundamentalmente de pino. “Estamos entre las cinco empresas forestales del país que tienen mayor nivel de bosques que se pueden talar”, detalló a IPS.
Exterior de la nave donde funciona el aserradero de la estatal Empresa Agroforestal Guamá, en la provincia de Santiago de Cuba, en el este del país, al lado de una de las boscosas montañas que caracterizan al municipio de Guamá.
Foto: Jorge Luis Baños/ IPS
Como resultado de un programa conservacionista, Cuba ostenta hoy en día un territorio cubierto por árboles en 31,2 por ciento.
Las mayores extensiones se registran en la provincia de Santiago de Cuba, adonde pertenece Guamá, seguida de Pinar del Río, en el extremo occidental del país y el tradicional polo forestal. En contraste, en provincias como La Habana, Cienfuegos y Las Tunas, los índices de cobertura boscosa resultan bajos.
Partiendo de una vasta deforestación, propia de un país de tradición azucarera, las autoridades cubanas lograron repoblar de árboles gran parte del territorio nacional en un escenario de depresión de la industria forestal, que el sector aspira a revertir para lograr los planes de desarrollo.
El balance entre conservación y economía adquiere nuevos retos a medida que avanza la reforma económica iniciada en 2008, que persigue elevar las producciones locales para reducir importaciones, dispara la demanda de materiales de la construcción y busca que 24 por ciento de la generación de electricidad en 2030 provenga de fuentes renovables.
Voces especializadas estiman que se requiere llevar a los anaqueles cubanos al menos 500.000 metros cúbicos anuales de madera y derivados para restituir el abastecimiento previo a la crisis económica que comenzó en 1991 y perdura hasta hoy, aunque entonces se lograba con importaciones del extinto bloque soviético.
La industria forestal de Cuba, que arrastra una crónica obsolescencia tecnológica, apenas logra 131.000 metros cúbicos anuales con problemas de eficiencia y aprovechamiento.
Al parecer el país importa un discreto volumen anual situado en torno a 15.000 metros cúbicos de madera, aunque no existen cifras públicas actualizadas al respecto.
“Nuestras plantaciones se desfasan, se demoran más años de lo establecido en ser taladas”, lamentó Velázquez. “Tenemos pinos que cuatro hombres no los abracan y eso nos dificulta luego aserrarlos”, continuó el director, que espera por financiamiento para construir un nuevo aserradero y adquirir buldóceres, camiones y equipamiento extractivo.
Un operario corta tablones en el aserradero de la estatal Empresa Agroforestal Guamá, en ese municipio de la región de Oriente, en Cuba.
Foto: Jorge Luis Baños/ IPS
Conocido como el municipio más largo de este país insular caribeño, Guamá dispone de “un alto potencial maderero”, consideró Omardín Samardín, el director de El Aserrío, que pertenece a la empresa agroforestal y emplea a 211 trabajadores, de los cuales 36 son mujeres y varias participan en la silvicultura.
A su juicio, no hay que temerle al crecimiento de la actividad maderera: “hacemos buen manejo del bosque, por cada árbol que cortamos, sembramos 40 nuevos”.
El patrimonio forestal cubano está compuesto en 23 por ciento por bosques de conservación, que no pueden ser tocados. El resto se divide en 46,3 por ciento de bosques protectores de aguas y suelos y 30,6 por ciento de bosques productores, de los que se extrae madera aserrada, resina de pino y carbón vegetal.
“El Aserrío tiene una capacidad de ocho metros cúbicos, pero produce de nueve a 11 metros cúbicos diarios”, explicó Samardín a IPS, sobre la planta que obtiene cada año 2.500 metros cúbicos de madera aserrada, 1.800 metros cúbicos de madera rolliza y 30.000 envases. Además, siembra 450 hectáreas de nuevos árboles.
En una carreta tirda por un caballo, dos hombres transitan por una carretera en una zona rural del municipio montañoso de Guamá, en el este de Cuba.
Foto: Jorge Luis Baños/ IPS
Este sobresfuerzo se realiza para cumplir con los planes establecidos y en busca de mejorar los ingresos de los trabajadores, que ganan más si producen más.
Cubierto de polvillo, Diolvis Céspedes lija tablones en el aserradero, adonde regresó luego de probar suerte en otro sector. “Estoy en el mismo puesto de trabajo, me queda cerca de la casa y gano en dependencia de la producción”, dijo el joven, que es natural de Guamá, donde resultan limitadas las opciones laborales.
Cuando se logre la modernización tecnológica de la industria, la directora de capital humano de la empresa agroforestal, Lourdes Perdomo dijo que reduciría la plantilla vinculada a la producción de madera para fortalecer “la actividad netamente productiva de los bosques y dar continuidad a ese proceso industrial”.
Gracias a su excelente adaptación al clima de Guamá, los pinares engrosan los bosques productivos del municipio, aunque el sector forestal local incursiona en la siembra del muy codiciado cedro y la baría (Cordia gerascanthus), además de otras variedades más duras con destino a la elaboración de carbón vegetal.
Otra perspectiva de manejo, que equilibre economía y ecología, parece cernirse sobre los bosques cubanos, casi abocados en los últimos tiempos a los servicios ambientales.
“El mayor impacto del sector forestal en la economía es la protección ambiental”, explicó Bernardino Prieto, responsable de Economía del gobierno provincial de Santiago de Cuba.
“Aquí nunca se ha visto como un negocio lucrativo, aunque hay una producción importante de madera por nuestro escenario natural”, detalló a IPS.
En una carreta tirda por un caballo, dos hombres transitan por una carretera en una zona rural del municipio montañoso de Guamá, en el este de Cuba.
Foto: Jorge Luis Baños/ IPS
Tras décadas sin exportar casi productos forestales, el ramo vende en el exterior 30.000 toneladas de carbón vegetal por un valor de 9,6 millones de dólares y 650 toneladas de resina de pino.
Además, abastece con producciones madereras locales al mercado interno, lo que ahorra en importaciones el equivalente a 20,3 millones de dólares, según datos oficiales.
Y en busca de más participación de las fuentes renovables de energía, las autoridades trabajan en la creación de bosques energéticos, que deben producir 3.277.000 toneladas de madera para abastecer a 25 bioeléctricas por construir en el país.
El Fondo Nacional de Desarrollo Forestal, entre otras funciones, paga a los productores que creen o conserven pequeños bosques como servicio ambiental para la protección del agua y los suelos.