Fidel


"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." ""Creo que mientras más critica exista dentro del socialismo,eso es lo mejor" Fidel Castro Ruz

miércoles, 19 de junio de 2019

Alternativas para un nuevo modelo empresarial cubano

Las empresas estatales deben situarse en el centro de la estrategia.

Foro de negocios durante la Trigésimo segunda edición de la Feria Internacional de La Habana (FIHAV), recinto expositivo de Expocuba, en La Habana, Cuba 08 de noviembre de 2014. Foto: Jorge Luis Baños_IPS
El proceso de actualización del modelo económico y social comienza en 2010. Después de transitar diversas etapas, en el VII Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC) se aprueban dos documentos trascendentes: la Conceptualización del modelo económico y social y el Plan al 2030, con la visión de país.
Al analizar ambos documentos, pareciera que la conceptualización es la estrategia, ya que define los objetivos estratégicos (visión de país), los principios y las principales transformaciones requeridas, mientras el plan 2030 es el medio para alcanzarlo. El plan define seis ejes estratégicos que vienen siendo como los puntos clave transversales a cualquier sector. Se declara que tienen un carácter sistémico, pero esa sinergia no se ve reflejada en los objetivos generales, ni en los específicos de los ejes (que son bastante ambiguos) y mucho menos en la elección de los 11 sectores estratégicos, expresión de la falta de claridad en el enfoque estratégico para el país.
Una ausencia significativa son los actores productivos, esenciales para el logro de la sostenibilidad y prosperidad que enarbola la visión de país. Sin duda, los equilibrios macro económicos son indispensables, ellos incentivan al sector empresarial, pero los niveles de eficiencia, eficacia y productividad que tanto se necesitan dependerán también de la forma en que se estructuren, gestionen, interrelacionen y sean reales depositarios de la propiedad (cualquiera que esta sea) en todo el sistema empresarial.
Foto: Jorge Luis Baños_IPS
Recientemente se aprobó una nueva Constitución de la República que refrenda las diversas formas de propiedad y otorga a la propiedad de todo el pueblo sobre los medios fundamentales de producción el valor de forma principal sobre la cual se basa la sociedad socialista.
Antes de presentar un esbozo de la situación actual de la empresa estatal, se impone esclarecer qué se entiende por ese tipo de organización, según la Conceptualización del modelo económico y social (PCC, 2017). Los rasgos planteados son:
  • Entidades empresariales propiedad de todo el pueblo. El Estado actúa en beneficio del propietario (el pueblo).
  • Personas jurídicas con deberes y derechos.
  • Encargadas para la producción de bienes y servicios de carácter mercantil, obtener utilidades y cumplir responsabilidades sociales.
  • Cubre sus gastos con los ingresos.
  • La empresa desempeña un papel activo en la elaboración, ejecución y control de los planes y presupuestos.
  • El Estado regula los destinos de las utilidades y está facultado para autorizar la retención de parte de estas por las empresas.
  • Dotadas de autonomía para la administración o gestión empresarial.
  • El Estado norma sus relaciones con las empresas y las atiende. No interfiere en la necesaria autonomía en la gestión de las entidades. Adopta las decisiones principales y estratégicas que le competen como titular y evalúa y controla integralmente los resultados.
Dos aspectos problemáticos a destacar: la propiedad y la autonomía.
Foto: Jorge luis Baños_IPS
Si el pueblo es el propietario ¿en qué momento y de qué forma cumple su rol? ¿Mediante la Asamblea Nacional del Poder Popular? Pero solo 50 por ciento de sus integrantes es propuesto por el pueblo en las circunscripciones, según la Ley Electoral ANPP (1992).  Tampoco se ha delimitado claramente la función del Estado como dueño, ni qué entidad actúa como tal (¿designada, juntas de gobierno?). Las Juntas de Gobierno no la integran trabajadores, ni siquiera el sindicato.
El Estado es el que “adopta las decisiones principales y estratégicas que le competen como titular y evalúa y controla integralmente los resultados” (PCC, 2017,). ¿De qué entidad?, ¿de las empresas o del país? Pareciera que de las empresas, ya que se refiere a la sección dedicada a ellas en la conceptualización y se corresponde con el Artículo 66, del Decreto Ley 281: “La empresa que aplica el Sistema de Dirección y Gestión de Empresas tiene gestión económica, financiera, organizativa, técnica, productiva, comercial, laboral y contractual, con autonomía controlada en cumplimiento de lo establecido por el gobierno y el Estado” (Consejo de Ministros, 2007). ¿Debe ser el Estado, como dueño, el que defina la estrategia y las decisiones “principales” (nada acotadas) de las empresas?
La Constitución de la República define lo siguiente sobre la empresa:
  • La empresa estatal socialista es el sujeto principal de la economía.
  • Dispone de autonomía en su administración y gestión.
  • Desempeña el papel principal en la producción de bienes y servicios y cumple con responsabilidades sociales.
Un aspecto es ejercer la función de regulador de la economía y crear las condiciones institucionales para que las empresas operen y otro ser dueños. En este el enfoque es sobre cómo se utilizan los recursos puestos a disposición de la empresa: cuánto va a rendir, cuánto va a crecer y cómo satisface necesidades individuales y sociales en un país socialista. Mientras, la empresa se dedica a gestionar de la forma más eficiente y eficaz los recursos e identifica oportunidades de posicionamiento en los mercados, de innovación y emprendimiento para crecer. Son especializaciones diferentes y deben ser ejercidas por entidades diferentes, que conozcan y posean las habilidades para desempeñar satisfactoriamente sus actividades.
Este documento clasifica a la empresa estatal como socialista, no así la conceptualización y, en la modesta opinión de esta autora, debería ser empresa estatal en el sistema socialista, de lo contrario la no estatal sería capitalista. Además, no se expresa con claridad que sea propiedad de todo el pueblo. El resto de los aspectos que se mencionan son generales y dependen de la norma jurídica y las reglas de juego que se promulguen para el proceso operatorio de las empresas.
En relación con aspectos menos conceptuales, es importante señalar que la cantidad de empresas se ha reducido en 50 por ciento desde el año 2000 y, según la entrevista a Yovana Vega Mato[1]: “En el período 2011 hasta 2017 hubo una reducción de 400 entidades y muchas fueron extinguidas y fusionadas porque tenían pérdidas”. Las empresas con pérdidas pasaron de 403 en 2010 a 43 en 2018; estas se han extinguido, fusionado o pasado a Unidades Empresariales de Base (UEB)” ¿Extinción o quiebra? Y más adelante dice: “(había empresas) que no se justificaban como empresas por sus dimensiones y niveles de operaciones. Presentaban procesos de dirección económica y de controles sumamente mayores a la generación de riquezas. En su mayoría, estas fueron las que se convirtieron en Unidades Empresariales de Base (UEB). Pareciera  ilógico que empresas con pérdida se fusionen (se transfiere el cáncer) y otras — cuyos procesos eran sumamente mayores a la generación de riqueza– se conviertan en UEB, que es donde se crea la riqueza  ¿no es un contrasentido?
Según la entrevista, las empresas muestran magníficos indicadores (aunque no homogéneos para todos los sectores); sin embargo, el Producto Interno Bruto (PIB) en los últimos tres años ha crecido a bajos niveles y más de su 45 por ciento es aportado por la industria manufacturera (sin azúcar), el comercio y la salud pública (a precios de mercado). Las dos primeras actividades han decrecido en los tres últimos años (hasta 2017) y poseen 37 por ciento del total de las empresas. Esto no significa que todas ellas sean ineficientes, pero definitivamente una buena parte de ellas debe serlo.
Recientemente se ha planteado que se aprobaran 22 medidas para mejorar la eficiencia de las empresas:
  • Desarrollo de institución financiera para propiciar el desarrollo empresarial.
  • Operar esquemas cerrados de financiamientos para las que están en condiciones. Las ya definidas son las empresas de alta tecnología.
  • Incrementar el pago de las utilidades a los trabajadores.
  • Así como un conjunto de medidas para empresas de alta tecnología.
Estas medidas son difíciles de enjuiciar sin la norma jurídica que las acompañe. Lo que sí se observa es su falta de enfoque sistémico y tampoco se comprende por qué las prerrogativas aprobadas para empresas de alta tecnología no se asumen para las exportadoras, incluyendo el turismo, ante la inminente necesidad de ingresar recursos frescos y haber demostrado su efectividad en la pasada década de los noventa. Nada se precisa sobre la necesidad de reestructuración de los Grupos Empresariales.
Por otra parte, de nuevo el gran ausente es la empresa privada. Se habla de flexibilizar el trabajo por cuenta propia: pareciera que nada nuevo, otra vez una curita. Si bien en febrero se anunciaron medidas que ayudarían a los encadenamientos entre el sector privado y el estatal, lo cierto es que hasta el momento no existe la norma jurídica que permita la realización de tales medidas, ni que defina bajo qué términos se llevarían a efecto.
Foto: Jorge Luis Baños_IPS
No es menos cierto que al menos es una vía legal de obtener ciertos insumos, pero habría que ver bajo qué condiciones de precio, calidad y otros detalles, para poder hablar de una solución real. Al mismo tiempo, la existencia de la norma no significa que el comportamiento de los actores la siga, ya que hay normas implícitas, no escritas, que en ocasiones son más fuertes. Así, muchos empresarios plantean que tener contratos con cuentapropistas implica más controles, dirigidos a auditar las relaciones con el sector no estatal, lo que sucede incluso con las cooperativas.
La economía es sistémica y aplaudimos estas medidas. Sin embargo, no acaban de transformar tales emprendimientos en empresas, lo que de lograrse significaría reconocerlas con todos sus derechos y deberes.
Razones para que las empresas no mejoren su desempeño hay muchas: se puede enfatizar en el bloqueo, la difícil situación de las finanzas externas, fenómenos meteorológicos y otras. Sin embargo, también habría que señalar la sobrevalorada tasa de cambio que desincentiva la economía, la centralización del mecanismo económico, un sistema de dirección basado en el control mediante el plan –es decir, el plan como medio de control y no de dirección–, así como otras regulaciones que dificultan que las empresas puedan ser creativas, emprendedoras, innovadoras y, por tanto, que desaten las fuerzas productivas. Todos aspectos indispensables a modificar como parte del mecanismo económico del país.
Cuatro aspectos para el cambio
Lo primero es reestructurar los grupos empresariales. Foto: Archivo IPS
Las propuestas de cambios para la empresa estatal podría estar referida a cuatro aspectos: gobernanza corporativa, inversiones y productividad, innovación y mercado y relaciones sociales. Ellas se aproximan a los siguientes ejes del plan 2030: gobierno eficaz, transformaciones productivas, potencial humano, ciencia, técnica e innovación y equidad y justicia social.
Gobernanza corporativa: Lo primero es reestructurar los grupos empresariales, como ya se ha comprendido por las autoridades. El dilema es cómo se realizará este nuevo proceso. En opinión de esta autora, es casuístico, para nada homogéneo o igual para todos y se debe tener presente el portafolio de competencias que dominan las organizaciones subordinadas a cada Grupo, de modo de poder decidir si la estructura se conduce por compatibilidad tecnológica o de mercado.
Las empresas deben poseer solo aquello que aporta al valor para el cliente o la sociedad, el resto de las actividades deben traspasarla a entidades de cualquier tipo de propiedad. De igual forma, en este proceso debe precisarse qué organizaciones quedan subordinadas a nivel nacional y cuáles a nivel territorial, muy relacionado con el alcance de sus producciones o servicios, tipos de encadenamientos y variantes. Uno de los objetivos a alcanzar con esta reestructuración es la reducción de los monopolios, ya que estos no son expresión de eficacia, ni eficiencia e innovación.
Es nuestro criterio que, teniendo en cuenta lo antes expuesto, donde sea conveniente crear corporaciones debe analizarse qué tipo de modelo seguir, si el de grupo o de islas. En cualquiera de los dos casos, las funciones de los grupos deben ser de facilitadores, negociadores y coordinadores para generar condiciones que les permitan a las empresas crear y mantener su ventaja competitiva.
La gobernanza, en sí misma, se basa en la teoría de agencia, la relación contractual entre el principal (dueño) y el agente (gestor o directivo), los intereses de ambas partes y los aspectos de riesgo, asimetría de la información y control que trae asociado. Entonces, ¿Cómo organizar las relaciones entre dueño y agentes? Dueños el pueblo, la asamblea de accionistas sería la Asamblea Nacional del Poder Popular, a quien se le rinde cuentas (sobre todo de lo estratégico) por una organización centralizada a la que se subordinan Grupos y empresas independientes.
Los Consejos o Juntas Directivas serían las Juntas de Gobiernos, pero se debe cambiar la nomenclatura y forma de elección de sus miembros. Discutirían la estrategia, las inversiones y las utilidades y sus destinos.  Por último, el Consejo de Administración o de Dirección de las empresas, con total autonomía de gestión para proponer estrategias y lograr los objetivos aprobados. Deben existir contratos claros para cada agente, así como para los órganos colectivos. Los principios, formas de organización, composición de sus miembros y forma de integrarlos deben ser parte de los estatutos específicos para cada empresa.
El incremento de la productividad debe estar basado en mejoras tecnológicas y del concepto de negocio, así como en la motivación de los trabajadores. Foto: Archivo IPS
Inversiones y productividad: la estrategia de la empresa debe aportar a la estrategia de desarrollo del país y discutirse en las Juntas de Gobierno. La estrategia debe ser la brújula de la empresa y la base para la elaboración del plan, el cual solo debe tener como directivo el encargo estatal, las exportaciones y algún indicador de rendimiento.
La empresa debe buscar fuentes de financiamiento nacionales o extranjeras y generar asociaciones con capital privado o estatal, nacional o extranjero, sobre la base de la legislación de empresa, de inversión extranjera y de quiebra que se establezca.
El incremento de la productividad debe estar basado en mejoras tecnológicas y del concepto de negocio, así como en la motivación de los trabajadores; en ello, el salario, el estímulo y los beneficios son muy importantes. Si el salario es la expresión de la cantidad y calidad del trabajo aportado y tiempo real laborado, como indica el Código del Trabajo, entonces no debe ser sancionado por el cumplimiento de determinados indicadores de nivel empresarial y no específico de cada trabajador, ni limitado más que por la disponibilidad de fondos para ello. El estímulo, a partir de las utilidades y otros beneficios, debe ser decidido por las empresas.
Es indispensable crear un ambiente de competencia entre empresas estatales y entre estas y el sector no estatal, así como de cooperación y alianzas cuando sea oportuno, que no permita precios de monopolio y, por tanto, que facilite a la población poder elegir entre diversidad de productos.
La innovación es la base de la ventaja competitiva y esta la que permitiría competir en el mercado. Foto: Jorge Luis Baños_ IPS
Innovación y mercado: el posicionamiento en el mercado interno y externo y las posibles necesidades estratégicas del país pueden ser incentivos para la innovación. Cualquier modelo de emprendimiento corporativo está relacionado con la estrategia y el mercado. Se requiere una estructura organizativa que estimule la creación de redes y alianzas con otras empresas y centros generadores de conocimiento. También se debe desarrollar una cultura del aprendizaje, de modo que el conocimiento se socialice dentro de la organización, y proponerse un sistema de innovación abierta que aproveche también el conocimiento externo, todo con un enfoque hacia los objetivos estratégicos u oportunidades del mercado.
Las empresas deberían replantearse sus modelos de negocios y evaluar la posibilidad de utilizar tecnología digital o un enfoque circular, lo cual reduce la necesidad de fuerza de trabajo y los residuos, respectivamente. La innovación es la base de la ventaja competitiva y esta la que permitiría competir en el mercado.
Hotel Royal Hicacos, ciudad turística de Varadero, en Matanzas. Foto: Jorge Luis Baños_IPS
Relaciones sociales: crear mecanismos de participación de los trabajadores y rendición de cuentas de los ejecutivos, sobre todo en los aspectos estratégicos, es indispensable para que los trabajadores se sientan realmente como dueños. Sobre este particular se habla mucho, pero se especifica poco sobre las formas que se pudieran adoptar. En ocasiones, la vía que se propone es asociativa o por acciones, pero sin todo el fundamento. No obstante, la autonomía, si bien debe crear margen a la participación, debe organizarse sin formalidades, en comités consultivos de trabajadores seleccionados democráticamente (integrados por quienes tienen más experiencia en el sector, conocimiento técnico de especialistas retirados y en activo).
El desarrollo y prosperidad del país requieren definición en el patrón de especialización que permita determinar el propósito estratégico a largo plazo y las visiones de mediano plazo, viables y específicas. Ello permitiría que la planificación fuera la expresión del desarrollo proporcional, que las políticas macro y meso se enfocaran hacia los sectores de negocio realmente estratégicos y la justicia social. Que el mercado tuviera el espacio para la actuación de las empresas de cualquier tipo de propiedad. Un sistema de dirección económica y social en el cual la empresa sea el centro y se conjuguen todas las funciones de dirección es condición necesaria para el logro de cualquier cambio en el sistema empresarial.
Si bien los experimentos en la economía no son en general beneficiosos, se pudiera pensar en un sector de “empuje”, que incluya turismo, inversión extranjera y todas las empresas que se encadenen con ellas, así como las exportadoras y de alta tecnología, a las cuales se les otorgue condiciones de descentralización y autonomía.
Las condiciones institucionales, con un enfoque de negocio y equidad, deben permitir que las empresas estatales, junto a todo tipo de entidad de cualquier forma de propiedad, puedan desempeñarse con autonomía. Las empresas reestructuradas, siguiendo principios de negocio y no administrativos, deben gestionarse mediante la definición precisa de las reglas de juego para el gobierno corporativo, donde se legitime al pueblo como dueño.
Las cuatro dimensiones estudiadas para las empresas estatales interactúan y se refuerzan mutuamente. El gobierno corporativo crea las bases de la dirección empresarial e impacta en las restantes dimensiones. La innovación debe incrementar la productividad y las condiciones de vida de los trabajadores. Por su parte, la cohesión social apoya el gobierno e impulsa la productividad y la innovación. La productividad implica sostenibilidad, recursos para inversiones e innovación. (2019)
Notas:
[1] Segunda jefa del área de perfeccionamiento de entidades de la Comisión Permanente para Implementación y Desarrollo de los Lineamientos. Izquierdo, L.: “Sistema empresarial cubano: cambios necesarios”, 2018. http://www.cubadebate.cu/?s=sistema+empresarial+cubano%3A+cambios+necesarios

Intercooperación, una fórmula que llega al agro cubano

Bajo este tipo de gestión, 47 cooperativas agropecuarias implicadas en un proyecto solucionaron problemas que afectan la producción y por tanto la disponibilidad de alimentos.

Las 47 cooperativas (CCS, UBPC, CPA) vinculadas al proyecto trabajan diferentes líneas de intercooperación: preparación de tierras, procesamiento de producciones agrícolas, gestión del conocimiento, entre otras.
Foto: Jorge Luis Baños_IPS
La Habana, 19 jun.- Con la frase “Solos vamos más rápido, pero juntos llegamos más lejos”, la iniciativa Apoyo a la Intercooperación Agropecuaria (Apocoop) fortaleció la gestión en cooperativas de cuatro municipios cubanos e incrementó la producción local de alimentos, un problema acuciante para el país en la actualidad.
Esos resultados trascendieron en un encuentro nacional realizado en el Hotel Comodoro, de esta capital, el 17 y 18 de junio, donde participaron más de 50 personas relacionadas con el proyecto que facilitó “un proceso de creación de condiciones y capacidades para alcanzar a mediano plazo formas superiores de gestión cooperativa en el sector agropecuario en Cuba”.
Desde 2015, esta iniciativa trabaja con 47 cooperativas distribuidas en las localidades de El Salvador (Guatánamo), Manatí (Las Tunas), Banao (Sancti Spíritus) y Alquízar (Artemisa), bajo la coordinación de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños, con el apoyo de la organización internacional humanitaria Oxfam y el financiamiento de la Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación.
“La fórmula de la intercooperación arrojó un crecimiento de 95 por ciento en las ganancias de los productores vinculados, con respecto al año inicial del proyecto”, aseguró en la inauguración del encuentro Rolando García, coordinador nacional de Apocoop.
Además, el proyecto logró elevar hasta 29 por ciento el autoabastecimiento de alimentos en los territorios beneficiados, una cifra que aspira a elevar en la segunda etapa, que continuaría a la que cierra ahora, en 2019.
La intercooperación consistió en crear capacidades conjuntas entre los productores y las cooperativas para superar obstáculos en la producción, crear encadenamientos productivos, reducir costos y aumentar la eficiencia en la labor agrícola. Todo ello con vistas a elevar la disponibilidad de alimentos en los mercados locales.
Beneficiarios del proyecto en Alquízar presentaron los resultados alzanzados gracias a Apocoop en el taller realizado en el Hotel Comodoro.
Foto: Archivo IPS_Cuba
A pesar de que el país importa entre 60 y 70 por ciento de la comida para sus 11,2 millones de habitantes, resulta usual la pérdida de cosechas en las fincas por la ausencia de un servicio estable de transporte o porque los productores carecen de un espacio para el procesamiento y la comercialización de los alimentos.
De ahí que parte del financiamiento se destinó a construir minindustrias, centros de beneficios y mercados; aseguramiento de los servicios de transportación y la apertura de talleres para la reparación y mantenimiento de la maquinaria agrícola, en muchos casos obsoleta y sobrexplotada.
“Tras el paso del huracán Irma (septiembre de 2017), las cooperativas involucradas en Apocoop mostraron una capacidad de recuperación mayor, en parte porque se ha generado una cultura de trabajo con una mayor capacidad organizativa y horizontalidad”, aseguró en el encuentro Jerome Fauré, representante de Oxfam en Cuba.
Para Miguel Cabrera, coordinador del proyecto en Manatí, “fue beneficioso que las cooperativas pudieran trazar sus estrategias y proyectar lo que querían de forma autónoma”.
El productor también destacó el valor de trabajar con un plan de negocios, algo prácticamente desconocido para ellos, y que se lograra el reconocimiento por las autoridades de los espacios creados por el proyecto.
La gestión de conocimientos para el desarrollo fue otro de los objetivos de Apocoop. Por ello, entre otras acciones, organizó de conjunto con la no gubernamental Asociación Nacional de Economistas de Cuba un diplomado titulado “Gestión integral de Cooperativas Agropecuarias sobre bases de intercooperación”.
Durante el taller, también se destacó la necesidad de eliminar las trabas burocráticas en la gestión cooperativa, la falta de cohesión que en ocasiones se presenta entre actores y decisores, y la importancia de que se respete la autonomía de estas formas productivas.
Suleidis Aguirre, la coordinadora de Apocoop en el municipio de El Salvador, mostró algunos de los agroproductos y artesanías realizadas gracias al proyecto.
Foto: Archivo IPS_Cuba
Mujeres en la agricultura
Las vulnerabilidades de las mujeres en entornos productivos, mayormente dominados por hombres, la necesidad de facilitar medios que ayuden a su independencia y el enfrentamiento a la violencia de género, fueron problemas que abordó el proyecto durante los tres años de la primera fase.
En el Salvador, promover iniciativas con enfoque de género aún resulta un desafío, compartió Suleidis Aguirre, la coordinadora de Apocoop en este municipio.
En esa localidad, se implementaron acciones como la apertura de un servicio de lavandería con precios asequibles que alivió a las familias de dicha labor doméstica, en especial a las mujeres.
“Ha sido muy bien acogida por la comunidad, sobre todo por las mujeres que están directamente vinculadas al trabajo agrícola, aunque a los campesinos todavía no les gusta mucho que les laven la ropa en lavanderías”, indicó Aguirre.
Con el nombre de “El descanso de los puños”, pues antes muchas familias realizaban esa labor manualmente, el centro de lavado es también una de las fuente de ingreso económico creadas en la comunidad, aunque por el momento solo ofrece empleo a dos trabajadoras.
Apocoop desarrolló a nivel nacional 22 alternativas económicas de apoyo a las mujeres, la familia y comunidad, entre las que se cuentan talleres de artesanía, florerías, peluquerías-barberías, naves para la crianza de aves, casas de posturas y viveros tecnificados.
De los 304 empleos creados, el 51 por ciento fueron ocupados por mujeres, con un sueldo que promedia los 45 dólares mensuales, lo que supera el salario promedio en el empleo estatal que es de 30 dólares.
Entre los logros de la estrategia de género, el coordinador nacional distinguió el movimiento hacia roles con más poder de decisión, “al concluir esta primera etapa, las mujeres representaban el 70 por ciento de los puestos de dirección”, aseguró García. (2019)

martes, 18 de junio de 2019

El nuevo acuerdo de la ACP y la UE, ¿una oportunidad para Cuba?

En la futura asociación, los países que la integran buscarán una cooperación política más estrecha en el escenario mundial.

Banderas de Francia, La Unión Europea y Cuba decoran el estand francés en la 36 edición de la Feria Internacional de La Habana, celebrada en noviembre de 2018. Las relaciones entre el bloque europeo y Cuba se han intensificado gracias al Acuerdo de Diálogo Político y Cooperación suscrito en 2016 entre Bruselas y La Habana.
Foto: Jorge Luis Baños/ IPS
LA HABANA, 18 jun 2019 (IPS) – El despegue de las relaciones con la Unión Europea (UE) ofrece a Cuba un mejor clima para decidir su ingreso al nuevo acuerdo de Cotonou, eje de la colaboración entre Bruselas y la Asociación de países de África, el Caribe y el Pacífico (ACP).
Ese convenio que en 2020 comienza una nueva etapa, enmarca el intercambio comercial y de asistencia al desarrollo, en especial en la reducción de la pobreza, entre la UE y 79 Estados de la ACP. Cuba pertenece a este grupo, pero desistió de participar en el acuerdo suscrito en 2000 tras la amenaza de la aplicación de una cláusula condicionante.
Por presiones del gobierno español de entonces, del derechista José María Aznar (1996-2004), la UE impuso en 1996 la llamada Posición Común que condicionaba la cooperación a cambios políticos en el gobierno socialista de la esta isla caribeña.
Esa cláusula fue eliminada en diciembre de 2016, como paso previo a la firma por Bruselas y La Habana del bilateral Acuerdo de Diálogo Político y Cooperación (ADPC).
El nuevo convenio que esperamos firmar con los 79 países ACP es un acuerdo que va a singularizar a las tres regiones, África, Caribe y Pacífico, con una base que será común a todos, pero diferenciando mucho más que ahora entre las tres regiones. Alberto Navarro, embajador de la UE en Cuba.
“Este puede ser un buen momento para darle más consistencia a las relaciones de Cuba con la Unión Europea y una prioridad debería ser encontrar el camino para ingresar al Convenio de Cotonú”, dijo a IPS el analista político cubano Carlos Alzugaray.
En su opinión, ese acuerdo, también conocido por la grafía en francés del nombre de la ciudad de Benín donde se suscribió, Cotonou, ofrece indudables ventajas económicas y particularmente en la promoción de inversiones.
“No son ventajas decisivas, pero sí importantes en el difícil contexto que enfrentamos en materia de relaciones económicas internacionales”, agregó.
“La pertenencia a este acuerdo, que abarca a numerosos países de África, el Pacífico, y el Caribe, con los cuales Cuba tiene excelentes relaciones, puede fortalecer al grupo ACP y a la propia posición negociadora cubana”, señaló el politólogo y exembajador cubano ante la UE (1994-1996).
Este país insular caribeño se incorporó en 1998 al grupo ACP, creado en junio de 1975 en Georgetown, la capital de Guyana. Según fuentes oficiales, más de 190.00 cooperantes cubanos han prestado sus servicios en países de este conglomerado y se han formado profesionalmente 30.000 jóvenes de esos países.
Alberto Navarro, embajador de la Unión Europea ante La Habana, a su ingreso al encuentro de los embajadores de América Latina, el Caribe y el bloque europeo, celebrado en el Palacio del Segundo Cabo, en la capital de Cuba, donde se analizaron las relaciones entre la UE y América Latina y el Caribe.
Foto: Jorge Luis Baños/ IPS
La difícil situación económica cubana, junto con el recrudecimiento del embargo estadounidense con medidas dirigidas a frenar la entrada de inversiones extranjeras que contribuyan al crecimiento y desarrollo del país, aconseja la apertura a nuevas opciones internacionales.
“En mi opinión, una opinión muy personal que nunca he dejado de exponer, lo ideal sería que Cuba suscribiera el nuevo Acuerdo UE-ACP que sustituirá al vigente Acuerdo de Cotonú, a partir de marzo del 2020”, comentó, en entrevista con IPS, Alberto Navarro, embajador de la UE ante La Habana.
El diplomático consideró que las naciones caribeñas estarían “encantadas” de que la isla forme parte del nuevo Convenio porque la lectura correcta ya no es “Cuba nos viene a quitar fondos”, sino que el Caribe como región va a pesar más en el mundo ACP y en la cooperación con la UE.
Cuba, al ser una isla y al tener que hacer frente además a un embargo o bloqueo (de Estados Unidos), debería aprovechar este ámbito único de cooperación a nivel global como es la cooperación UE-ACP que agrupa a en total a 107 países, añadió.
El embajador del bloque europeo precisó que, en caso de que firmase el nuevo acuerdo, La Habana puede y debe pedir un Protocolo similar al que actualmente tiene África del Sur, que establezca que en caso de conflicto entre el Acuerdo Post-Cotonú y el vigente ADPC bilateral, primará siempre este último.
Las autoridades cubanas participan y siguen las negociaciones para la firma del convenio Post Cotonou, aunque sin trascendidos oficiales hasta el momento. “Como país caribeño e insular, Cuba tiene todo el derecho a ser parte de ese nuevo Convenio” y beneficiarse de sus ventajas, reiteró el diplomático europeo.
Exhibición de automóviles de una marca de lujo de Alemania, durante la 36 edición de la Feria Internacional de La Habana (FIHAV), celebrada en la capital cubana en noviembre de 2018.
Foto: Jorge Luis Baños/ IPS
Explicó que el ADPC vigente entre Bruselas y La Habana “es un acuerdo no preferencial” en el que desde el punto de vista comercial, los productos cubanos deben competir en el mercado europeo con países que gozan de regímenes de libre comercio.
Entre los beneficios del acuerdo Cotonú, Navarro mencionó las preferencias comerciales, subvenciones del Fondo Europeo de Desarrollo, los préstamos del Banco Europeo de Inversiones y la apertura del mercado europeo, el mayor del mundo con 500 millones de consumidores.
Como ejemplo, comparó a Cuba con República Dominicana, que ingresó en 1989 en el Convenio de Lomé IV, el actual Convenio de Cotonú. “Ese país es hoy el mayor exportador del mundo de banano orgánico a Europa”, gracias a inversiones en su agricultura y entrada a un mercado sin aranceles ni cuotas, comentó.
En su opinión, es por ello importante comenzar a hablar de facilitación o liberalización comercial así como del fomento de la inversión extranjera en la economía cubana. “Apertura de una economía es sinónimo de prosperidad en todo el mundo. Los países más prósperos son los más abiertos”, insistió.
El 21 de este mes está previsto en La Habana un foro de negocios con participación de Neven Mimica, comisario europeo de Cooperación Internacional y Desarrollo y negociador principal de la UE para el Post Cotonú. Así que se da por hecho que el tema esté en la agenda.
En la cita se concretaría también la contribución de la UE a la creación de una “ventanilla única” para facilitar el comercio y las inversiones en la isla. “Los apoyamos con mucho gusto. Somos conscientes de la importancia que las inversiones extranjeras y el comercio tienen para el desarrollo en Cuba”, afirmó Navarro.
El Acuerdo de Cotonú, suscrito en Benín en 2000, enmarca el intercambio comercial y de asistencia al desarrollo, en especial en la reducción de la pobreza, entre la UE y 79 Estados de la ACP.
Reemplazó a la Convención de Lomé, vigente entre 1975 y 2000 entre Bruselas y las antiguas colonias anglófonas y francófonas en el Sur en desarrollo.
Este convenio expira en febrero de 2020. Las negociaciones políticas sobre una nueva Asociación ACP-UE se iniciaron en Nueva York el 28 de septiembre de 2018 y finalizan en septiembre venidero.
En la futura asociación, la UE y los países ACP buscarán una cooperación política más estrecha en el escenario mundial. Juntos, representan más de la mitad de los 193 países miembros de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y unen a más de 1.500 millones de personas.
“El nuevo convenio que esperamos firmar con los 79 países ACP es un acuerdo que va a singularizar a las tres regiones, África, Caribe y Pacífico, con una base que será común a todos, pero diferenciando mucho más que ahora entre las tres regiones”, concluyó el embajador Navarro en su diálogo con IPS.

La “cuarta prioridad” de la economía cubana: ¿están en la mesa todas las fichas del rompecabezas de la inversión?

Por Pedro Monreal, El Estado como tal


Las notas de prensa sobre la presentación de Alejandro Gil, ministro de economía y planificación, en el 8vo congreso de los economistas y contadores cubanos (12- 14 de junio) se han referido a las inversiones como la “cuarta prioridad” de la política económica de Cuba. (1)

No fue una revelación del congreso pues el ministro ha insistido sistemáticamente en la importancia del llamado “retorno” (rendimiento) de la inversión. Especialmente ha reiterado la importancia de asegurar cálculos rigurosos del “retorno” en los estudios de factibilidad y de controlar estrictamente el proceso inversionista para lograr que el costo de las inversiones se pague con sus propios rendimientos.
Esto es aplicable a todas las inversiones, financiadas por diversas vías, tanto internas como externas, pero es un asunto especialmente importante cuando se han contraído deudas para poder realizar la inversión.
Se trata, obviamente, de una prioridad muy racional y es positivo que el ministro –y otros funcionarios- destaquen con frecuencia la relevancia de esa prioridad.
Es una preocupación que se ubica principalmente en el plano de la gestión financiera de las inversiones.  Es primordialmente un problema relacionado con la medición de la eficiencia de las inversiones.
Ese es un plano en el que existen detalles técnicos que no consideramos en este breve comentario, pues el rendimiento de la inversión pudiera ser medido utilizando diferentes indicadores. Los dos más utilizados son la “tasa de retorno interno” (internal rate of return, IRR) y el “retorno de la inversión” (return of investment, ROI). Son métricas distintas que se utilizan para propósitos diferentes.
La tasa IRR se utiliza para mediciones a corto plazo, toma en cuenta el valor del dinero en el tiempo (“valor neto presente”) y se expresa como una tasa anualizada de “retorno”. La tasa ROI se utiliza para evaluar la eficiencia de la inversión en el plazo de un número de años, expresa el crecimiento del monto invertido desde el inicio hasta el final de la inversión y no incluye en su cálculo el valor del dinero en el tiempo.
Este es uno de los puntos sobre los que precisamente debería ofrecerse más información pública para poder conocer cuáles son los indicadores que se utilizan hoy en Cuba para medir y controlar la eficiencia de la inversión. ¿Se utiliza solamente el indicador IRR, el indicador ROI, los dos, u otros indicadores de rendimiento?
Adicionalmente, esta “cuarta prioridad” tiene otros planos. Dos de ellos fueron mencionados por el ministro durante su presentación en el congreso: la brecha de inversión nacional y el valor de los fondos básicos y su rendimiento.
Respecto al primero de ellos, difiero del enfoque que parece haber sido expresado durante el congreso. En cuanto al segundo, tengo dudas debido a la manera demasiado general en la que al parecer se abordó el tema.
Como no se dispone todavía de la presentación completa del ministro, es difícil evaluar lo expresado exactamente acerca de una brecha de inversión que se estima actualmente entre el 9 y el 14% del PIB.
Acabo de revisar el sitio web del Ministerio de Economía y Planificación (https://www.mep.gob.cu/es) y lo que hay es una nota mínima de la presentación del ministro, de hecho, tomada de Cubadebate. Sería muy útil poder consultar la versión textual de la intervención del ministro.
En términos prácticos, una brecha de esa dimensión significa que el país tendría que duplicar su nivel actual de inversión, un monto de recursos que sencillamente no parece estar a la vista por ninguna parte.
Es por esa razón que es difícil explicar la valoración que hizo el ministro –según la prensa- acerca de que “ese no es el problema mayor”. (2)
Desde una perspectiva macroeconómica, es precisamente esa brecha de inversión el problema mayor que tiene el desarrollo del país. El propio ministro expresó que si no se alcanzan tasas de inversión de entre 20 y 25% no será posible obtener el crecimiento económico sostenido superior a 5 y 6% anuales.
Agrego yo que sin esas tasas de crecimiento Cuba no podrá avanzar hacia el desarrollo. Para decirlo en términos llanos, la variable macroeconómica más “ponchada” de Cuba es la tasa de inversión. O se resuelve eso, o la meta del desarrollo no es creíble.  
Pasando al otro plano mencionado por el ministro, se hizo una alusión muy rápida a la importancia de incorporar al análisis la cuestión de “los fondos básicos en explotación, su rendimiento, o el impacto económico que genera no explotarlos”. (3)
Es sin dudas, un tema muy importante, pero la verdad es que no queda claro si estarían colocándose sobre la mesa todos los aspectos que incluye el tema del valor de los fondos básicos y su utilización.
Se trata de una discusión muy amplia –sujeta a controversias- respecto a la cual surgen dudas en cuanto a los enfoques que estarían utilizándose en Cuba actualmente. Comienzo por lo que pudiera ser el punto de partida:
  • ¿Se tiene en cuenta la diferencia entre el costo de los bienes de capital (basado en el pasado) y el valor de los bienes de capital (que depende del futuro)?
Esa es una distinción que, desde hace tiempo, se ha hecho en los estudios de Economía y es particularmente importante cuando se trata de la inversión pública.
Equivale a considerar un punto analítico obvio: el costo de la inversión pública usualmente no es igual al valor del capital público. En otras palabras, no existe un modelo general en el que cada peso/ dólar público invertido por el Estado se convierte en un peso/ dólar de valor económico de capital público.
Existen al menos tres razones para que se produzca una divergencia ex post entre el costo de la inversión y el valor del capital creado con ella: cambios en precios relativos, innovación tecnológica, y errores humanos al subestimar costos y sobrestimar ganancias potenciales.
Es decir, que la utilización del conocido “método del inventario permanente” aplicado a las inversiones –que considera que el stock de capital es simplemente la suma de flujos de inversión, con algunos ajustes- pudiera reflejar un valor “inflado” del valor acumulado real (stock) de la inversión pública.
Para un país como Cuba, esto pudiera tener al menos dos implicaciones:
  • Aun cuando el capital público pudiera tener potencialmente un impacto grande en la producción, el gasto público en inversión pudiera tener un impacto menor.
  • Se complica el cálculo de la productividad total de factores debido a la dificultad empírica de diferenciar un bajo crecimiento debido a inversiones que no crean factores, respecto a una situación distinta de bajo crecimiento debido a un crecimiento lento de la productividad.
Por lo que ha expresado el ministro, existe ahora una baja productividad de la inversión, pero, al final, las decisiones sobre las inversiones de hoy no pueden hacerse sobre una base que no considere adecuadamente las inversiones de “ayer”.
La respuesta acerca de qué debe hacerse no es lineal. El país pudiera estar en una situación en que, en algunos casos, no podría darse “el lujo” de “enderezar” primero la productividad de la inversión antes de que se decidiese acometer la inversión.
El hecho de que la evaluación de una inversión pública –usualmente para agregar stock de capital en una rama determinada- no arroje un estimado de buenos rendimientos pudiera deberse a factores diversos:
  • Actividades donde ha existido una “sobre-inversión” de capital y por tanto el rendimiento de la nueva inversión es marginal.
  • El capital público es muy productivo, pero la efectividad promedio de la inversión pública para crearlo es baja.
  • El capital público ha sido creado mediante un proceso inversionista eficiente, pero es un capital que no se utiliza adecuadamente.
  • Una combinación de los tres factores anteriores.
 Desde el punto de vista de la política económica, poder tener sobre la mesa todas las fichas importantes del rompecabezas de la inversión –antes de tomar decisiones- es muy importante para evitar la adopción de enfoques que pudieran priorizar aspectos que, siendo importantes, no fuesen suficientes.
Notas
1 Sayli Sosa Barceló. “Alejandro Gil: Hay que ponerles tiempo a los gerundios”, periódico Invasor, 13 de junio de 2019 http://www.invasor.cu/es/secciones/economia/alejandro-gil-hay-que-ponerles-tiempo-a-los-gerundios