Fidel


"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." ""Creo que mientras más critica exista dentro del socialismo,eso es lo mejor" Fidel Castro Ruz

domingo, 18 de agosto de 2019

La leche empieza en la yerba

Por: Miguel Ángel Esquivel Pérez
En este artículo: Agricultura, Cuba, Ecología, Economía, Fidel Castro Ruz, Ganadería, Historia, Moringa
18 agosto 2019 
Fidel junto a Ubre Blanca, un ícono de la ganadería cubana. Foto: Sitio Fidel Soldado de las Ideas.
Durante estos días de recordaciones, por el 93 cumpleaños del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, hemos podido rememorar las más diversas facetas en las cuáles el líder revolucionario brilló como estadista, o simplemente ser humano. Sin embargo, hay aspectos de su obra que no han sido lo suficientemente conocidos, o al menos no los hemos aplicado como tanto él hubiese querido.
Me refiero en esta ocasión al Fidel científico, amante de la ganadería y, particularmente, a su estrategia de lo que debería ser la alimentación del ganado vacuno en nuestras condiciones tropicales.
En el mes de Mayo de 1887, hace ya más de 120 años, José Martí reportaba desde Nueva York para el periódico La Nación de Buenos Aires, acerca de varios temas interesantes de la Gran Exposición de Ganando que se realizaba en la gran urbe del norte. Entre diversos temas sobre las razas de ganado y sus productos, recoge las frases de un peón, que destaca la importancia de la alimentación en la producción de leche:
“… ¿el comer? Eso hay que cuidarlo, y dárselo con medida, ni tanto que harte, ni tampoco de falte. – La leche empieza en la yerba. Buen comer – buena colodra[i] y buen ternero…”
Coincidentemente, su más fiel discípulo, el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, dedicaría desde los mismos inicios del triunfo de la Revolución, hasta los últimos días de su existencia física, grandes esfuerzos al desarrollo de la ganadería cubana, con énfasis en la alimentación animal.
Este tema se aborda en uno de sus últimos documentos públicos, la carta que dirigiera al compañero Jorge Luis Tapia, Primer Secretario del PCC en la provincia de Camagüey, fechada el 27 de agosto del 2016. En la misma le comenta que le ha dedicado a este tema casi la totalidad de su tiempo en los últimos cinco años, el trabajo que se viene haciendo por todo el país con nuevas plantas forrajeras, así como el esfuerzo que se realiza en la producción de semillas de una de estas especies.
Lo cierto es que desde los primeros meses del triunfo revolucionario, ya el 21 de junio de 1959, Fidel alerta la necesidad de crear lecherías en base a pastos en las colonas cañeras, para producir leche barata a la población. De igual manera, al dirigirse a los trabajadores azucareros en la en la clausura de la plenaria Nacional de la Federación Nacional de Trabajadores Azucareros el 19 de diciembre de 1960, el Comandante en Jefe expresa la necesidad de diversificar la producción ganadera, producir leche en primer lugar y cebar añojos para producción de carne, todo ello utilizando pastos mejorados y derivados de la caña de azúcar.
El 20 de junio de 1963 al realizar las conclusiones del Encuentro Técnico Nacional sobre Heno, Ensilaje y Pastoreo Intensivo, plantea nuevamente que los pastos y forrajes habían sido subestimados hasta el momento, y que era necesario rectificar la dirección principal de la ganadería en Cuba, pues nos estábamos guiando por vicios del pasado, tratando de desarrollar una ganadería de carne sobre la base de granos. En esta misma reunión hace planteamientos muy interesantes relacionados con la eficiencia en la utilización del agua para la alimentación animal, pues con la misma agua que se regaba una caballería de arroz, se podían regar dos de caña o cinco de pastos. De igual forma se adelantó décadas al anunciar experimentos que estaba realizando con la utilización de pastos como la pangola y la alfalfa en la alimentación de especies de monogástricos como las gallinas ponedoras.
Este mismo año participa el 2 de octubre en una reunión en la Escuela de Auxiliares de Administración, donde ofrece valiosos conceptos estratégicos para el desarrollo de la ganadería en base a pastos. Entre ellos plantea que es posible alcanzar hasta 14 litros de leche por vaca solo con pastos; que en la época de primavera, cuando hay excedentes de pastos, deben cosecharse para aprovecharlos en la época de seca;  que es preciso determinar el número de vacas que se puede mantener de una manera estable en un área determinada de terreno, considerando las variaciones estacionales en la productividad de los pastos; y que tenemos que buscar no la vaca que produzca más leche, sino la mayor cantidad de leche que podamos sacar de una caballería de pastos, con vacas de una productividad media. Este importarte concepto queda resumido en una brillante frase:
“Dentro del socialismo tenemos que buscar la mayor cantidad de leche por caballería en lugar de la mayor cantidad de leche por vaca”.
El 1ro de febrero de 1964, Fidel inaugura la Escuela Nacional de Suelos, Fertilizantes y Alimentación del Ganado, destacando la importancia del manejo del suelo para la producción de alimento animal. Hace ver a los ganaderos que la reducción de la producción de leche en seca es sencillamente porque escasean los alimentos y los animales pasan hambre, que se acostumbraron a tener pienso, y cuando no hay pienso y no se sembraron y atendieron los pastos, entonces no hay leche. Plantea la importancia del pastoreo como forma de reciclar los nutrientes y la necesidad de hacer estudios de suelos, particularmente de los microrganismos que en ellos viven y la posibilidad de su producción industrial. Ofrece un importante criterio para la experimentación animal, al considerar que los análisis de laboratorio son importantes, pero que la última palabra la tendrán los animales con los resultados productivos. Nuevamente reitera cuál debe ser la estrategia de la alimentación en la producción agropecuaria al plantear:
“No partimos de ninguna posición dogmática, pero nuestro objetivo es producir el máximo de leche, no por vaca, sino por hectárea de tierra o por caballería, no el máximo de carne por toro, sino por hectárea de tierra. Es decir, nuestra divisa es: máximo de producción de leche y de carne por hectárea con mínimo de costo, máximo de producción de carne y leche por hectárea con mínimo de costo. Esa ha der ser la consigna de una revolución que construye el socialismo”.
El Comandante en Jefe prevé los efectos de la sequía que atañen a la producción de alimento animal. El 9 de agosto de 1964 participa en el encuentro por el II Aniversario del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos, indicando que en aquellos lugares donde pueda escasear el agua la mejor estrategia ha de ser conservar los excedentes de pasto de la primavera, para poder establecer así un equilibrio con la época de seca o frío.
El 3 de diciembre de 1964 llega a Cuba el profesor francés André Marcel Voisin, profesor y autor de prestigiosos textos sobre los temas del manejo de los suelos para la alimentación animal en base a pastos. Entre las tecnologías que promueve se encuentra su sistema de pastoreo racional intensivo. Fidel se identifica totalmente con la obra del destacado investigador, y en el discurso inaugural del ciclo de conferencias “La influencia del suelo sobre el animal a través de las plantas”, ofrecido el 8 de diciembre de 1964, comenta los resultados de experimentos en los que había estado personalmente, para comparar el potencial productivo de los granos y los pastos para la producción de leche, sentenciando:
“¿De dónde sale esta leche? Y me di cuenta que la leche iba a salir del pasto, principalmente; me di cuenta de que las superficies destinadas a pasto, con rendimientos normales, iban a producir mucha más leche que las superficies destinadas a granos, suponiendo rendimientos óptimos. Y no solo eso, sino que la superficie destinada a pasto iba a producir una leche más barata, puesto que lo otro habría que sembrarlo todos los años, dos veces al año, mientras que el pasto se iba a sembrar una sola vez”.
En esta misma reunión realiza una importante observación sobre el funcionamiento del agroecosistema ganadero, cuando considera que en condiciones naturales existe un equilibrio en el suelo, que es roto por el hombre al cultivarlo e introducir la fertilización mineral, que generalmente solo retorna los macroelementos principales (nitrógeno, fósforo, potasio y calcio), sin embargo, hay otros macro y microelementos que no regresan al suelo. De esta forma se rompe el equilibrio, y cada vez los alimentos tienen menos calidad.
El Comandante en Jefe no solo centra su preocupación en los problemas técnicos, sino que enfatiza la formación que deben tener los cuadros que asuman tareas de dirección en la producción agropecuaria. El 18 de diciembre de 1966 ofrece un discurso en la escalinata universitaria, en el acto de graduación de los primeros 425 técnicos del Consejo del Plan de Enseñanza Tecnológica de Suelos, Fertilizantes y Ganadería. Aquí plantea la importancia de disponer de experiencias en las tareas de dirección que se les asignen a las personas, considerando que en el futuro nadie podrá dirigir una unidad de producción superior, sin haber dirigido antes una inferior. En el caso de la ganadería, cuestiona cómo se puede dirigir una granja ganadera, sin conocer los problemas que hay en el pastoreo o el rebaño de una vaquería.
A pesar de las evidencias acumuladas durante la década de los años 60, a favor de la producción agropecuaria en base a pastos, en algunos sectores académicos persiste la intención de fomentar una ganadería para la producción de carne en base a granos. Es por ello que en el primer Congreso del Instituto de Ciencia Animal, ICA, el 13 de mayo de 1969, el Comandante en Jefe expone sus argumentos contrarios a estas teorías, señalando numerosos temas que habían quedado subvalorados con relación al potencial de los pastos para la producción de leche y carne, e indicando la necesidad de rectificar el rumbo de las investigaciones agropecuarias, sin exclusividades, y con la participación de todos los que podía aportar criterios valiosos para el desarrollo de la ganadería en el país.
En las décadas siguientes se fue consolidando el desarrollo ganadero del país, y al filo del inicio de los años 90 el país contaba con alrededor de 4.8 millones de cabezas de ganado, de ellas 20% en el sector privado y 80% en el sector estatal, estas últimas pertenecientes a 106 empresas, de la cuales 36 eran exclusivamente productoras de leche. El 63% de la masa ganadera en Cuba era lechera, de la cual 70% eran de la raza Holstein Tropical, 12% Siboney de Cuba, 8% Mambí y 10% de otras razas.
Hasta el momento se habían graduado en Cuba más de 400 mil profesionales en la esfera agropecuaria. Había cobertura casi total con inseminación artificial, con 8 centros de inseminación, con 800 sementales y más de 2500 inseminadores por todo el país. Sin embargo, a pesar de que se había desarrollado un amplio programa de siembra y atención de pastos, que consumía cada año más de 400 mil toneladas de fertilizantes, se importaba cada año 600 mil t de materias primas para piensos, se consumía más de un millón de toneladas de  miel final de la industria azucarera nacional[ii].
En medio de esta situación ocurre el derrumbe del campo socialista y el recrudecimiento del bloqueo impuesto por los Estados Unidos con la Ley Torricelli. Comienza la crisis de los años 90 y el advenimiento del Periodo Especial en Tiempo de Paz. La capacidad importadora del país se redujo a apenas un 20%, siendo el sector agropecuario por ende uno de los mayormente afectados.
Corre el año 1991 y el Comandante en Jefe reorganiza la estrategia ganadera del país, a través de numerosos encuentros con los trabajadores agropecuarios en diversas tribunas, entre ellos el acto por el XXX aniversario de la Victoria de Playa Girón el 19 de abril, el XXX aniversario de la ANAP el 17 de mayo, la inauguración del IV Congreso del PCC el 10 de octubre y la clausura del V Congreso del Sindicato de los Trabajadores Agropecuarios y Forestales el 22 de noviembre.
Ante esta situación Fidel plantea que se contaba con una masa ganadera de calidad, que lo que hacía falta era alimento, y que no queda otra alternativa que intensificar el uso del pastoreo racional de Voisin, ahora perfeccionado con el uso de cercas eléctricas, llegándose a construir más de seis mil pastoreos en el país. De igual manera insiste en el potencial de la caña de azúcar como alimento animal, surgiendo nuevos alimentos derivados como la Sacharina y los bloques multinutricionales, todo ello combinado con otras fuentes proteicas arbóreas y herbáceas, como la Leucaena y la Glicinia, respectivamente.
Una vez en forzosa liberación de sus tareas oficiales por razones de salud, y ya pasada la primera década del presente siglo, vuelve el Comandante en Jefe a su pasión por la ganadería y su alimentación. Motivado por su vocación humanista ante el terremoto que afecta al hermano pueblo haitiano en el 2010, se interesa profundamente en la producción y utilización de plantas proteicas, como la moringa, la morera y la tithonia, entre otras.
Diseña, coordina y ejecuta personalmente numerosos experimentos, revelando con notoriedad mundial, las bondades de estas plantas en la alimentación de animales mono y poligástricos. En sus Reflexiones, publicadas en este sitio digital el 17 junio y el 23 octubre 2012, exalta las propiedades de estas especies para la alimentación animal, en esta última le responde al lector Handy Acosta:
“Efectivamente, las dos plantas que usted tiene identificadas son de Moringa y Morera. La primera, originaria de la India, es el único vegetal que posee todos los tipos de aminoácidos. Su producción de hojas verdes por hectárea, con el marco de siembra y el manejo adecuado, puede sobrepasar 300 toneladas por hectárea en un año.
Desde mi punto de vista, su mayor beneficio para la población radica en sus cualidades como consumo animal para la producción de carne, leche, huevos, e incluso el cultivo de peces”.
El 3 de febrero del 2013, luego de ejercer su derecho al voto, hizo declaraciones a la televisión cubana, en la cuales se refirió al trabajo que venía desarrollando con las plantas proteicas, particularmente con el compañero Orlando Lugo Fonte en diversas cooperativas cañeras.
Quizás sea una coincidencia, pero 53 años después de que se dirigiera a los trabajadores azucareros en Santa Clara, se producía leche en base a pastos en áreas cañeras, demostrando así el Comandante en Jefe, como buen martiano, que la leche, comienza en la yerba.
Fidel Castro. Foto: Alex Castro/Cubadebate.
Notas:
[i] Vasija de madera que utilizaban los pastores para ordeñar sus cabras, ovejas y vacas.
[ii] Pérez, R. 1999. La ganadería cubana en transición. Revista Mundial de Zootecnia. 92: 25-36.

Con alta ocupación Hotel Muthu Playa Varadero festeja sus 20 años


Creado el Domingo, 18 Agosto 2019 10:37 | Yenli Lemus Domínguez | Fotos:Internet
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Varadero, 18 ago (ACN) Altos índices de ocupación distinguen este verano al Hotel Muthu Playa Varadero que durante el mes en curso festeja 20 años de dedicación a los servicios turísticos, dijo Ana Beatriz García Aedo, subdirectora comercial de la instalación.
En estos momentos más de 700 huéspedes disfrutan del destino que procura un activo programa de animación para la recreación en familia, lo que representa la cobertura del 85 por ciento de la capacidad habitacional, informó la especialista.
Como resultado de la estrategia comercial temprana, antes de la temporada estival, que procuró la realización de ferias con atractivas ofertas, en estos momentos resalta como principal mercado el nacional, seguido por Canadá y Rusia, confirmó García Aedo.
Despertar al mercado dormido ante el cambio de nombre es objetivo esencial para Muthu Playa Varadero, otrora Coralia Club Playa de Oro, afirmó Yúnier Sánchez Denis, subdirector general de la instalación, que se esmera en ofrecer constante entretenimiento.
Galas culturales, espectáculos teatrales, presentaciones líricas, y reconocimientos a trabajadores fundadores, se incluyen entre las actividades que en agosto en curso saludan las dos décadas de la instalación que actualiza su producto como único destino de la cadena india MGM Muthu Hoteles en la Península de Hicacos.
En agosto de 1999 abrió sus puertas la instalación, actualmente nombrada Muthu Playa Varadero, anteriormente conocida como Coralia Club Playa de Oro; el pintoresco hotel cuatro estrellas, enfocado en el segmento familia, procura la buena relación calidad-precio y alojamiento en régimen de todo incluido.
Fundada en 1963, la cadena MGM Muthu Hoteles llegó a América en el año 2017, actualmente posee un portafolio con más de 50 hoteles en el mundo, y se distingue por ser la única cadena de origen indio, basificada en Portugal, con presencia en Cuba, específicamente en Cayo Guillermo y la Península de Hicacos.

La pesadilla del capitalismo y la inversión de la curva de rendimientos


Alejandro Nadal, La Jornada

La guerra comercial entre China y Estados Unidos ha desbordado el terreno monetario y las perspectivas desfavorables para la economía mundial se han intensificado. Donald Trump anunció un nuevo arancel sobre importaciones chinas y una semana después Pekín dejó caer su moneda hasta el nivel simbólico de siete renminbi por dólar y se ha convertido (para Washington) en manipulador de su divisa. China también anunció que dejará de importar productos agrícolas de Estados Unidos, medida que afecta directamente a las bases de Trump.

Frente a este conflicto, los signos de alarma se han multiplicado. La señal más importante es la inversión de la llamada curva de rendimientos, uno de los indicadores más interesantes para una economía capitalista.

¿En qué consiste esta famosa curva de rendimientos? Como se sabe, los inversionistas reciben una recompensa por su inversión (digamos, un bono). Esta recompensa está en función de la fecha de vencimiento o de maduración de la inversión. La lógica aquí es que a mayor plazo, mayor rendimiento para compensar por el riesgo. Por ejemplo, si usamos el ejemplo de los bonos de un gobierno, podemos observar que los bonos con vencimiento a 10 años tendrán asociada una mayor recompensa que los de dos años.

La relación entre rendimientos y plazos de vencimiento puede representarse como una curva que tiene pendiente positiva: a mayor plazo de maduración, mayor recompensa para compensar el riesgo. Esa es la relación normal, pero en los últimos meses y en muchos países la curva de rendimientos ha adoptado la forma de una curva más aplanada y hasta ha llegado a tener una pendiente negativa, es decir, los rendimientos de corto plazo son casi iguales o incluso superiores a los de largo plazo.

La inversión de la curva de rendimientos es una mala señal. A lo largo de los últimos 50 años todas las recesiones de la economía estadounidense han estado precedidas de este signo inquietante. Esta semana la inversión se hizo más pronunciada desde que en 2008 estalló la crisis financiera. La diferencia negativa entre el rendimiento de los bonos a 10 años y el de los bonos a tres meses se ha ampliado en más de 32 puntos base. El miedo a una escalada en esta guerra comercial ha llevado a los inversionistas del mundo a buscar refugio en los bonos soberanos de mayor plazo, lo que ha provocado el aumento en el precio de esos bonos y la caída de sus rendimientos. El rendimiento de los bonos del Tesoro estadounidense a 10 años cayó a su nivel más bajo desde 2016, y en Alemania el rendimiento de los bonos a 30 años cayó a menos 0.07 por ciento.

En México, la curva de rendimientos también ha sufrido una transformación. Un estudio de UFM Market Trends revela que en años recientes dicha curva se ha ido aplanando. En 2015 la diferencia (spread) entre la tasa de referencia y el rendimiento de los bonos a 30 años era de tres puntos porcentuales, pero para 2018 esa diferencia ya fue marginal.

Hasta ahora la economía estadounidense mantuvo tasas de crecimiento que si bien no eran espectaculares, sí daban la impresión de algo de prosperidad en un mundo enfermo. Hoy eso está cambiando, quizás por el peso que van a tener los aranceles sobre los consumidores (la mayor parte del crecimiento de esa economía se explica por el consumo). La última vez que la curva de rendimientos en Estados Unidos estuvo invertida fue en 2007, justo antes de la gran crisis financiera, y eso no es un buen presagio.

Aquí está lo interesante de este indicador. En síntesis, si la curva de rendimientos tiende a aplanarse, la diferencia entre la recompensa de corto y la de largo plazos se reduce (puede hasta desaparecer o incluso hacerse negativa si los rendimientos de corto plazo son superiores). Esta deformación de la curva de rendimientos es consecuencia de que los inversionistas busquen refugio en bonos (inversiones) de largo plazo aunque los rendimientos sean parecidos a los de las inversiones de corto plazo. Y ese comportamiento está provocado por una razón fundamental: los inversionistas estarían percibiendo un peligro más grave que el riesgo que convencionalmente se le atribuye a esas inversiones.

Aunque los contornos de ese peligro no pueden percibirse nítidamente en la penumbra de la incertidumbre, los inversionistas sí advierten su gravedad. Y si el capitalismo es intrínsecamente inestable, también lo son las expectativas de los inversionistas. Los efectos de las malas noticias, incluso de los rumores, se amplifican como ondas sísmicas y repercuten con mayor violencia en los mercados financieros. Hoy, sin duda, existen razones objetivas para abrigar expectativas desfavorables. Además de las guerras comerciales y de divisas, la caída en la tasa de ganancia asociada a todo tipo de inversiones productivas es probablemente la peor pesadilla del capitalismo y de esos inversionistas que buscan refugio en bonos de largo plazo aunque tengan rendimientos parecidos a los de corto plazo.

Supera Ciego de Ávila entrega de leche a la industria láctea

Creado el Domingo, 18 Agosto 2019 11:14 | Lubia Ulloa Trujillo | Fotos:La Demajagua
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Ciego de Ávila, 18 ago (ACN) El sobrecumplimiento de entrega de leche a la industria en más de un millón 555 mil litros hasta el cierre de julio en Ciego de Ávila permitió que se dejara de emplear 155 toneladas de ese alimento, pero en polvo, cotizado en el mercado internacional a un alto precio.
Osvaldo Morales Batista, director de la Empresa Láctea en la Provincia, informó que ese aporte de los ganaderos, por encima de lo pactado para los primeros siete meses del año significa un ahorro a la economía cubana de 663 mil 400 dólares y más volúmenes de producción de queso.
Los mayores suministros comenzaron desde finales de abril, lo cual favoreció, también, la recuperación gradual de otros renglones, como el yogur natural y el helado, señaló Morales Batista.
Contar con esa disponibilidad de tan necesario alimento ofrece, además, la posibilidad a la industria, hasta el 31 de este mes, de suministrar en todos los municipios, menos en el de la capital provincial, leche fluida a los niños de siete a 13 años, en vez de yogur de soya, como está establecido, puntualizó el directivo.
Ciego de Ávila, al igual que todos los territorios del país, ha estado afectada por la entrada del frijol de soya para la elaboración de ese tipo yogur, pero a pesar de esa dificultad la planificación permite entregar este producto todos los días a los mercados y puntos de ventas de la localidad cabecera y una vez a la semana en los restantes nueve municipios avileños, agregó Morales Batista.
El suministro de leche por parte de los ganaderos estatales y campesinos con los parámetros exigidos de calidad, en su mayoría, ayuda a que la población adquiera de forma liberada, aunque en pequeñas cantidades, crema untable, requesón y dulce de leche, así como también cumplir con los compromisos estatales.
Por el aprovechamiento de los residuales de producciones fundamentales, la industria pone a disposición del pueblo otros alimentos como el Miragurt (elaborado con suero dulce, maicena, azúcar, sabor y cultivo lácteo); el Lactofrec o suero saborizado; y la crema bombón (chocolate, azúcar y pasta de soya).
Jorge Gómez Moldón, especialista en producción de leche en el grupo provincial de la Ganadería, explicó que, aunque las lluvias de mayo y junio, fundamentalmente, favorecieron superar las cifras de entregas a la industria, este año el número de vacas en ordeño-unas 15 mil 160- ha sido superior, con un promedio mensual de dos mil 165.
Gómez Moldón, con experiencia en el tema, enfatizó que, ese aporte pudo ser mucho mayor, pues el promedio de leche por vaca es de tres litros cuando su potencial genético puede llegar hasta los 10, pero los productores deben de entender que no se trata solo del volumen de alimento que se le suministre al ganado, sino de la calidad de este.
Influye, también, la cultura del ganadero en el manejo de la masa bovina en general, porque cada vez más estos animales se enfrentan a temperaturas elevadas, alta insolación e ingieren pasturas de mediana calidad. 

Cultura del trabajo y alienacion

Por Rafael Alhama Belamaric 

Resulta ilustrativo e interesante insumo de reflexión leer las propuestas y análisis de las últimas semanas, con relación a los incrementos salariales del sector presupuestado, con efectos más allá. Y, hay un grupo de respuestas coincidentes entre sí, lo que indica que se ha ido conformando en el imaginario colectivo un concepto compartido, a pesar de las disparidades de criterio: su gran importancia en el contexto particular actual del país.

Es así que hasta se plantea que este cambio en la esfera del salario, que no es reforma salarial, pero pudiera ser el principio de una política más estructurada, consecuente  y sistémica, puede rehacer hasta el propio concepto  de trabajo, en consecuencia de la cultura del trabajo. Pudiera ser, de acompañarse de otras medidas que fortalezcan el papel de los trabajadores en los procesos de trabajo, como sujeto del desarrollo social y económico.

Bueno, si es capaz de formar parte y enriquecer la cultura del trabajo existentes, lo es en la misma medida en que lo ha sido durante años la demanda de un aumento de los salarios, y esto hay que entenderlo también forma parte de la cultura del trabajo. Con ello quiero decir que el tema de la cultura del trabajo es mucho más compleja y abarcadora.

Si se reconoce que cultura y trabajo son dos términos o categorías problemáticas, mucho más lo son si se les agrega la “alienación“, como proceso histórico, no superado, y posible proceso de desarrollo de metas y objetivos no alcanzados.

Sin caer en la antropología cultural, siempre llamativa, ni en la “culturización“ de la memoria histórica, vamos a tratar de enmarcar el tema en la vida cotidiana-modo de vida-concordancia y parte de las políticas culturales; sí, todo eso, y más tiene que ver con cultura del trabajo.

Visto y entendido asi, inegablemente se esta en presencia de la cultura del trabajo; es decir, la cultura del trabajo presupone relación entre CULTURA Y TRABAJO, pero absolutamente imprescindible terminar con la tradicional división entre CULTURA, como sector o tema especial y separado, y del TRABAJO, liberado del aspecto “creativo“, „intelectual“ y „“estético“. Eso podía haberse aceptado, como se hizo, hace cuatro décadas atrás, cuando planteábamos investigar los aspectos estéticos del trabajo como parte de la nueva naturaleza y carácter del trabajo, y no se entendía; hoy día, no tiene justificación ni razón de ser.

Para ser claro, la separación CULTURA-TRABAJO, que se puede traducir, entre otros, en la separación de los resultados del trabajo del trabajador, en la misma medida en que la socializacion del trabajo es débil, lleva a la ALIENACION, proceso histórico, cuyo significado debía haberse superado. De allí el titulo del presente.

Lamentablemente, se mantiene, y se multiplica en múltiples “pequeños problemas“ vinculados a la naturaleza y carácter del trabajo, desde luego, a las técnicas y tecnologías actuales, como son, para mencionar solo tres:

Organización del trabajo (cuasi inexistente, en todo caso siguen prioritarias  las necesidades de la producción, no del trabajador; la división petrificada, el intelecto separado)

El trabajo como superación de la existencia natural, que produce el mundo humano y la vida social (cultura y solidaridad) al mismo tiempo crea condiciones de alienación en la medida en que se depende más del trabajo para la existencia sin satisfacer las necesidades

El progreso material, que no acompaña adecuadamente el progreso social humano espiritual, pues casi siempre se equipara con el progreso técnico, medido por el aumento del producto, ingreso, la productividad del trabajo humano, descuidando casi todos los aspectos o momentos humanos, alejados de la satisfacción de sus necesidades cambiantes; por tanto, alejándose de las posibilidades de diferente desarrollo social y cultural.

Esto, entre otros, son algunos de los problemas que pueden y llevan a la alienación del carácter del trabajo, alejado del (auto)control del trabajador, (auto)conciencia profunda, y de sus necesidades.

Hablando claro, una alta (auto)conciencia extendida, es ciertamente tarea de toda la sociedad, en la que están identificados los roles; está mucho más allá de discursos o medidas esporádicas.

Para entender y „gestionar“ de manera correcta, lo primero es superar la visión reduccionista, hasta heróica del trabajo, es entender y en consecuencia tratar de manera ampliada e integrada la noción de CULTURA(S) DEL TRABAJO (no confundir con cultura organizacional).

El TRABAJO es un acto cultural de transformación en y mediante la actividad, en el cual se deben cultivar los factores, también identificados, que llevan a mayor libertad del propio acto de trabajo, que sea más creativo, menos pasivo, más multidimensional y menos uniforme e invariable,; pero sobre todo, actividad que el trabajador pone bajo su propio control, asi como las condiciones de trabajo y los resultados del trabajo.

Mucho antes de los umbrales del siglo XXI, y hasta el presente, hubo investigadores y estudios que estructuraban pensamiento y acción acerca de la cultura del trabajo en sus complejas interrelaciones e interacciones. Me referiré a ello en forma de citas breves de estudios fundamentales, para hacer justicia al grupo de colegas investigadores dedicados al tema.

Que no se llegue a pensar que en nuestra sociedad no hay material científico, necesario y suficiente, que permita establecer bases solidas para hacer recomendaciones practicas y funcionales para su instrumentación. Este lado del problema, lamentablemente no tuvo la necesaria atención en su momento en  los años 70, ni 80, ni 90, pero tampoco en los 2000.

En el trabajo “Cultura del trabajo. Concepto y tratamiento en la experiencia científica cubana“ de José L. Martin Romero (Rev Nov Pob vol.12 no.23 La Habana ene.-jun. 2016) se da esta definición: la cultura del trabajo la constituyen las formas de pensar, hacer y trasmitir la experiencia vital del trabajo cuando estos procesos devienen, tras una compleja integración, componente identitario de naturaleza laboral que hace posible reconocer (se) individuos, grupos sociales, profesiones , en fin, sujetos sociales en la escala que se trate. A los efectos de su medición se reconoce por los contenidos, el sostén tecnológico -tanto material como gerencial-, así como por la orientación y sentido subjetivos con que se marca y con que nos marca el trabajo.(Martin 2013) (el subrayado es mio)

No voy a detenerme en las claves identitarias de naturaleza laboral en el proceso vivo de formación de la nación cubana, parte interesante de este trabajo citado, sino en un concepto surgido de los estudios de los años 90, que se fue desarrollando hasta la actualidad, con múltiples investigaciones.

Es el concepto de MULTIESPACIALIDAD ECONÓMICA, para reflejar en términos teóricos la aparición de espacios económicos diferenciados en la vida del país, o sea al carácter multiespacial que ha asumido la economía cubana.

Este concepto destaca la contraposición entre la monoespacialidad virtual que predominó hasta los 90 con la realidad del reajuste, a partir de entonces, con sus propuestas, realizaciones, contradicciones y limitaciones, desarrollos.

Por tanto, la multiespacialidad económica cubana designa la coexistencia en el mismo tiempo histórico de distintos espacios económicos de acción para actores y organizaciones laborales. Esto es parte de la cultura del trabajo de las últimas tres décadas, que ha  ido conformando(se) el sistema de relaciones sociales de trabajo.

¿Conductas, actitudes?

Muchos piensan que cultura de trabajo es un tema actitudinal, que necesita de manera proactiva la implementación de acciones por las partes involucradas, como ser los propios trabajadores, o las organizaciones e instituciones, el sistema educativo por nombrar a algunos actores.

Entre muchos posibles significados que un grupo de personas pueden mencionar, puesto que son muchas las realidades, lo importante es destacar que el concepto de la cultura del trabajo, es una construcción colectiva que requiere en todo caso de la disposición de los actores involucrados, de acuerdo a las condiciones del trabajo existentes, respetando los derechos y las obligaciones de las partes, y tomando en cuenta a las personas cuando se definen los criterios necesarios para el desarrollo y el crecimiento. No hay “uno“ y el “otro“, o una parte y otra parte separados.

Regreso a la multiespacialidad económica que implica coexistencia de distintos espacios económicos de acción para los actores y las organizaciones laborales.

Los espacios económicos (concepto de reajuste que define empíricamente la multiespacialidad) son ámbitos de acción de los objetos, los medios y la fuerza de trabajo que han ido diferenciándose entre sí a partir de cómo se configuran internamente sus vínculos entre los siguientes elementos:

Tipo de propiedad predominante (estatal, mixta, cooperativa, privada) un espacio residual, donde se ubican tanto los desocupados como los que se "ocupan" en actividades ilícitas. 

Grado de compromiso con la planificación o con el mercado como mecanismo de regulación.

Formas de gestión y mecanismos o prerrogativas de administración prevalecientes.

 Condiciones y relaciones de trabajo características a su interior.

No voy a detenerme en la caracterización de cada uno. De cada uno se ha escrito y discutido bastante.

Aquí es importante subrayar la importancia de otro concepto sin el cual ni es posible entender la complejidad ni acercarse a los espacios económicos creados: SISTEMA DE RELACIONES SOCIALES DE TRABAJO, núcleo determinante de las culturas de trabajo. Y como alerta Martín Romero, “muchas veces comprobado, esa cultura, una vez configurada cobra fuerza de determinación y retroactúa sobre el sistema de relaciones sociales de trabajo, matizando y hasta decidiendo muchos de sus comportamientos en una dialéctica seguramente difícil de entender, y más de explicar, pero palpable“.

Imagínense la interdependencia de las relaciones esenciales de los distintos grupos de trabajadores con su trabajo, entre sí, en los diferentes niveles en que este puede expresarse, con los diferentes actores con los cuales interactúa.

¿Misterio? ¿Difícil de entender y tratar?

No hay misterio. Sí es difícil de entender y tratar, quizás tanto como muchos temas de índole cultural, social, y económica. Es una realidad multidimensional, y requiere de espacios multidimensionales donde se trate la realidad heterogénea. Como un producto del sistema económico y social, la única salida que tiene es mantener un diálogo permanente con la realidad. Su dinámica no puede ser menor que la actividad económica, laboral, cultural, social existente. De lo contrario, se profundiza en la alienación.

sábado, 17 de agosto de 2019

Incremento salarial y cultura del trabajo


En lo que sigue voy a mezclar dos registros diferentes: la alegría y la pregunta. Lo primero para felicitar, en tono de fiesta, la reciente disposición de la alta dirigencia del Estado cubano conducente al incremento salarial para los trabajadores presupuestados en el país. Rostros de alegría y frases acompañantes han aparecido en pantallas televisivas, comentarios o entrevistas de radio, así como en páginas de la prensa plana. En una atmósfera de aclamación general, después de años pidiendo y esperando algo así, casi podían escucharse los suspiros de gozo el día en que el Primer Ministro y el Ministro de Economía anunciaron los cambios. 

La demanda de un aumento de los salarios, reflejo del encarecimiento de la vida cotidiana, venía escuchándose cuando menos desde el malhadado “período especial en tiempos de paz” que hubimos de atravesar a inicios de los 90 del siglo anterior. De tantas lecciones que por entonces aprendimos me quedo con la que enseña que hablar de la dureza de la vida o lo difícil de la situación, cosa típica en períodos de crisis, se torna tan común que la crisis misma es normalizada, infiltra y arrastra el lenguaje cotidiano; en los peores casos, la crisis paraliza las capacidades de imaginar y soñar, entumece, embota, pues las interacciones quedan prisioneras de una realidad que ―aunque artificial y limitada en el tiempo, como las crisis― aparenta ser lógica, inevitable y eterna.

II

Han pasado casi 50 años desde que el día 1ro. de enero de 1970, desde un corte de caña donde se encontraba trabajando como machetero, el líder de la Revolución cubana, Fidel Castro Ruz, sostuvo una insólita conversación con representantes de la prensa nacional. Las palabras del diálogo, reproducidas en la revista Bohemia a la semana siguiente y dedicadas por entero a comentar aspectos de la misma zafra de 1970 donde el intercambio estaba teniendo lugar, contienen ideas que es justo recordar. 
 
Hay una doble manera de entender por qué, en opinión de Fidel, esa zafra cañera que terminaría inscrita en la historia y conciencia nacional como “la zafra de los 70”, no era un momento más. De un lado se encontraba la dimensión épica, que es por lo común como más se recuerda el momento; la grandiosidad de la tarea, la movilización enorme de recursos humanos y materiales, las continuas apelaciones de los órganos de prensa y los exaltados discursos e intervenciones al respecto de todo tipo de líderes políticos. En este sentido, el más claro y evidente, la zafra funcionó como una especie de “concentrador de la energía nacional” aplicada a una tarea específica; en atención a ello, conocedores como somos de que el esfuerzo fracasó, hemos escuchado anécdotas familiares y hemos leído sesudos análisis que explican lo que falló o disfrutado con gusto amargo obras que a través de la cultura buscan lo mismo. Las entusiastas palabras de Fidel en aquella conversación hablan, sin embargo, de un problema más esencial que el no cumplimiento del sueño que tendría lugar después; como en esos casos en los que la demasiada luz vecina impide ver el espectáculo de un cielo estrellado, el morbo del fracaso oscurece lo verdaderamente radical. Reproduciré un fragmento y, mediante subrayado, destaco algunos puntos de interés:
… se ha creado una conciencia del des­arrollo y de la necesidad del trabajo. En dos palabras: la masa ha tomado conciencia que no puede haber desarrollo sin trabajo, que un país no puede salir de su pobreza y de su atraso si no es trabajando. Todo el mundo ha captado eso con una profundidad tremenda.
Y ya desde ahora en adelante hay que es­perarlo todo, porque no es solo en la caña: también están los demás planes con un gran impulso. En general hay un esfuerzo en todos los sentidos en este momento tremendo. Estamos trabajando más que nunca. El país está trabajando más que nunca y mejor que nunca.
Pero tardó años en que esa realidad se con­virtiera en conciencia del pueblo: de que no puede haber avance, no puede salirse de la pobreza, del retraso tecnológico, del retraso industrial de nuestro país, no se puede con­quistar lo que hemos perdido durante tanto tiempo si no es a base de trabajo.
Con el trabajo se consolida la Revolución, se consolida la libertad de nuestro país, la independencia en la más cabal extensión de la palabra.
La cita merece recibir numerosas preguntas. ¿Qué es lo que el líder político ve? ¿De qué manera, en su estructura de pensamiento, los elementos dispersos son enlazados y con cuáles consecuencias? ¿Qué es lo presente-visible y qué lo futuro-subterráneo? La proposición esencial del fragmento, para cuya formulación es que tiene lugar el encuentro mismo, es que “… no puede haber desarrollo sin trabajo, que un país no puede salir de su pobreza y de su atraso si no es trabajando”.

Desde el punto de vista retórico, para que la proposición sea posible a la vez que productiva, para que progrese más allá de la conversación y abra campos de interpretación y acción nuevos, Fidel pone dentro de sus palabras una serie de dispositivos del lenguaje que es necesario señalar. Primero, la apelación a “la masa”, categoría propia del arsenal conceptual del marxismo, no así “pueblo”, común al lenguaje tradicional de la política. Segundo, la definición de un corte temporal (“desde ahora en adelante”) según el cual el evento, la zafra, es presentado como un acto transformador de la existencia más allá de indicadores económicos. Tercero, la comprensión de que el tipo de cambio que ha propiciado el gran evento, la magnitud de las fuerzas que desató y la radicalidad de una entrega de energía tal que solo puede ser hecha como acto de una voluntad consciente, hacen posible la entrada o llegada a un “es­perarlo todo”. Cuarto, la derivación del evento hacia una cadena de otros muchos hechos de la vida económica que aquí se ocultan en la frase “los demás planes”; de este modo, la zafra no es un hecho aislado, pues el país aparece como una estructura de puntos y fuerzas interconectadas que se influyen y potencian entre sí. Ninguno de los dispositivos discursivos es tan inquietante como el quinto de ellos, el uso del valor contradictor de la conjunción adversativa “pero” para introducir el párrafo que constituye el meollo del encuentro:
Pero tardó años en que esa realidad se con­virtiera en conciencia del pueblo: de que no puede haber avance, no puede salirse de la pobreza, del retraso tecnológico, del retraso industrial de nuestro país, no se puede con­quistar lo que hemos perdido durante tanto tiempo si no es a base de trabajo.
Esta va a ser una de las pocas ocasiones en las que, en un momento de exaltación y entusiasmo al hablar de la Revolución como un proceso de transformación de las mentalidades, Fidel va a cortar su propio discurso mediante la introducción de un elemento lingüístico diseñado para comunicar incomodidad y rechazo; en esta ocasión, usándolo para señalar lo tremendamente duro que es el proceso de hacer una Revolución socialista en un país subdesarrollado del Tercer Mundo, con un no tan lejano pasado colonial y con una tradición de economía dependiente con el país más poderoso de la historia. En un país con estas características, ¿qué valor tiene el trabajo?, ¿cuál es la diferencia entre simplemente trabajar (para subsistir, tener mejor vida para uno y para la familia) y trabajar “para el desarrollo”?, ¿no es una verdad de Perogrullo que la pobreza, el retraso tecnológico y el retraso industrial solo pueden ser eliminados mediante el trabajo?, ¿qué es eso que habría que, piénsese en la dimensión épica del verbo empleado por Fidel, “conquistar”?, ¿qué es eso que habríamos “perdido”? Y la pregunta final, ¿qué hay en el extremo opuesto a lo que acabamos de llamar “verdad de Perogrullo”, qué clase de no-conciencia respecto al trabajo y qué tiene esto que ver con la condición de subdesarrollo?

Como mismo hablábamos, al inicio, sobre la crisis, la noción de subdesarrollo “… es normalizada, infiltra y arrastra el lenguaje cotidiano”; al precedernos la recibimos como herencia, al estar estructuralmente enlazada a la dependencia invierte la relación entre lo que es visible y evidente con lo subterráneo y posible. Mientras que la crisis provoca, a la vez que se alimenta, de que “paraliza las capacidades de imaginar y soñar, entumece, embota”, el subdesarrollo consigue lo mismo, más por la vía de convertir en inimaginable un mundo sin dependencia, a pesar de todo lo que esta pueda significar en los órdenes político, económico, cultural o militar. La incapacidad, el miedo, el pánico o el rechazo a pensar y desear la independencia verdadera es un mecanismo vertebral de esta dialéctica según la cual el subdesarrollado deberá permanecer para siempre en una suerte de infancia permanente, destinado a obedecer o temer por las órdenes de su superior metropolitano. Por eso, en las palabras de Fidel, la batalla segunda es la que, en lucha contra el tiempo, pretende la transformación de las costumbres, de la posición de los individuos en el mundo; por eso habla del período que fue necesario para que se convirtiera en algo evidente e interior para los individuos la conexión entre trabajo y desarrollo, para que se “con­virtiera en conciencia”, para que fuera comprendido que eso “perdido” que debe ser recuperado es tanto el desarrollo de la economía como, al mismo tiempo, la plenitud del ser individual y nacional a través de un nuevo concepto de justicia social y soberanía nacional.

III

Las recientes medidas de incremento salarial en el país vuelven a plantear no pocas de las preguntas, pues lo que provoca alegría —cuando se le ve desde la óptica del consumo— conduce a revisiones profundas cuando se le piensa en sus conexiones con la producción; dicho de otro modo, hay que interpretar los cambios en la esfera del salario como modos de estímulo para el aumento de los tres componentes básicos de cualquier modelo económico: la elevación de los niveles de producción en términos cuantitativos, el incremento de la productividad y el constante mejoramiento de la calidad de los productos finales. Una cultura del trabajo significa la presencia de una conciencia extendida en un entramado complejo que comprende las conexiones entre trabajo y desarrollo, además de la interrelación —con igual grado de importancia— entre producción, productividad y calidad; a todo esto habría que sumar la importancia de la innovación, la búsqueda de soluciones creativas ante dificultades, el respeto absoluto al cliente o usuario, la elección de los mejores representantes (por parte de los trabajadores reunidos en asamblea), así como el establecimiento de una atmósfera solidaria en el trabajo.

Una “cultura del trabajo” implica, junto con el trabajo mismo, la construcción y operación de un tejido cultural en el cual los discursos educan y autoeducan, debaten y proponen, controlan y celebran —de modo continuo, generalizado e interconectado— el trabajo como hecho distintivo de la especie humana y como acción en la cual la persona despliega, al mismo tiempo que las descubre, sus verdaderas potencialidades y las naciones tratan de cimentar una independencia duradera en condiciones de prosperidad. Al referirse, en medio de la zafra de 1970, a lo que había demorado en arribarse al estado de conciencia que hacía posible dicho esfuerzo, Fidel dejó claro que esa conciencia y las conexiones que hemos comentado son resultado de actos de voluntad política cuidadosamente planificados y puestos en práctica; es decir, que las transformaciones en la esfera de la conciencia —esas que conducen a la conversión de un hecho externo en cultura de la vida cotidiana— requieren de una larga y dura labor en, con y de toda la sociedad.

El proceso de incremento salarial que ahora estamos viviendo es uno de esos momentos que abren puertas al replanteo de relaciones y, en definitiva, al crecimiento de raíces firmes de eso que hemos llamado “la cultura del trabajo”, proceso que habrá de ser aún más hondo cuando ya no se trate de un incremento, sino de la aún pendiente reforma salarial. Por eso, más allá de la natural y justa alegría, gracias a las mayores posibilidades de consumo que están teniendo quienes reciben el beneficio, hay que pensar en un aumento equivalente o hasta mayor en la cantidad de la producción, los índices de productividad y la calidad de productos finales que hoy, como nunca, se desearía colocar —atendiendo a parámetros competitivos— dentro del mercado mundial; a esto hay que integrar los restantes elementos de ese complejo entramado que ―más allá de las cifras que pueden ser obtenidas― engloba lo referido a la actitud psicológica, conceptual, espiritual y moral hacia el trabajo e incluye, como ya hemos visto, creatividad, estudio, investigación, innovación, respeto, vida político-laboral y solidaridad, entre otras posibilidades. Dicho de otro modo, el cambio en la esfera del salario permite rehacer el propio concepto de trabajo. En el particular contexto de hoy en el país, y más allá del sector presupuestado, la necesidad de una “cultura del trabajo” también engloba los cambios culturales en las empresas que operan en condiciones de “perfeccionamiento empresarial”, los territorios donde accionan las cooperativas y el ámbito de la pequeña propiedad.

Procesos como el descrito no son tarea de un grupo o figura particular, sino de todos en la sociedad: órganos de difusión masiva, escuela, dirigencias políticas, sindicatos, trabajadores mismos y, en general, los ciudadanos. El estado ideal para esto es el enorme abanico de intercambios que van desde los discursos políticos o los debates de académicos a los artículos en la prensa, las caricaturas, la frase de un compañero de trabajo o las conversaciones de esquina. En esta sucesión de interacciones, multiplicación mutua de efectos y cambios en la conciencia, la psicología social, la cultura organizacional y de dirección, las prácticas y costumbres de la vida cotidiana, la cultura en fin, no hay escenario menor. El punto final del proceso es la formación y acción permanente de una autoconciencia “culta”, profundamente informada, que ha transitado desde la recepción de una tarea hasta la proyección al entorno de algo que se ha transformado en convicción; una autoconciencia radical respecto a su objeto: la relación entre trabajo y desarrollo en toda su complejidad, extensión, hondura, derivaciones y consecuencias tanto inmediatas como a largo plazo, para la persona, para el país y para la inserción del país en el mundo.

En un cambio como este, la angustia principal es el tiempo, de ahí la cantidad de sentimientos concentrados dentro de la frase: “pero tardó años en que esa realidad se con­virtiera en conciencia del pueblo”. En paralelo, el enigma último del proceso es la duración que va a tener esa nueva conducta; pero cuando la autoconciencia es verdadera, profunda, radical y permanente entonces son posibles el “de ahora en adelante”, el “esperarlo todo” y ese “los demás planes” de que se habló en aquella conversación de 1970, nada menos que en medio de un corte de caña.

Bibliografía: 

Castro Ruz, Fidel. “La masa ha tomado conciencia de que no puede haber desarrollo sin trabajo”. Bohemia (La Habana), 9 de enero de 1970. 

(Conversación del Comandante Fidel Castro Ruz, Primer Secretario del Partido Comunista de Cuba y Primer Ministro del Gobierno Revolucionario, con representantes de la prensa nacional y un grupo de 670 vietnamitas que se encontraban en Cuba (estudiantes, diplomáticos y los combatientes de Vietnam del Sur y del Norte) el día 1ro. de enero de 1970, “Año de los 10 millones”, en el corte de caña.) 


El salario mínimo y la ideología

Por Samuel Bentolila

La subida del salario mínimo a 900€ brutos al mes (en realidad son 1.050€, dado que se trata de 14 pagas anuales) en nuestro país al inicio de 2019 representó un aumento muy considerable, del 22.3%. Tras su anuncio hubo un tímido debate sobre sus posibles efectos, con estimaciones elevadas de destrucción de empleo por parte del Banco de España (unos 150.000 empleos) y algo menores del BBVA (unos 60.000). Por otra parte, a los seis meses de su entrada en vigor, una representante del Ministerio de Trabajo llegó a pedir al Banco de España que asumiera su error de predicción, eso sí, sin aportar evidencia cuantitativa alguna.

En este blog le hemos dedicado muchas entradas a este tema a lo largo de la última década (por ejemplo, esta de 2014) y también lo hemos hecho esta vez. Les recomiendo esta y esta entrada de Florentino Felgueroso y Marcel Jansen, por los datos y argumentos que aportan. Por otra parte, varios de nuestros colaboradores, como el propio Marcel o Juan F. Jimeno, están activos en Twitter, aportando evidencias y argumentos al respecto, recibiendo críticas y respondiendo a sus críticos. Dios se lo pague.
¿Qué tipo de debate hay, entre economistas, en otros países? Déjenme contarles el caso de Estados Unidos. Allí en 2014 el Congreso y el Senado votaron una ley que elevaría el salario mínimo de 7.25$ a 10.10$ (un 39%) de forma escalonada a lo largo de tres años. A principios de ese año se publicaron dos “cartas abiertas”. En la primera, promovida por el Economic Policy Institute, más de 600 economistas académicos (entre ellos 7 premios Nobel) apoyaban decididamente la medida. En la segunda, promovida por la Asociación Nacional de Restaurantes, más de 500 economistas (incluyendo 4 premios Nobel) se oponían a ella. Al final no se aprobó, por el veto del Partido Republicano.
Agua dulce y agua salada
En un artículo de hace unos años, Donal O’Neill investigó si la diferencia de posturas estaba correlacionada con algunas características de tales economistas. En EEUU hay una vieja división de departamentos de economía entre los de "agua dulce" (cerca de lagos) y "agua salada" (cerca de océanos), según la cual los primeros adoptan posturas económicas más liberales y los segundos son más socialdemócratas. El paradigma de los primeros es la Universidad de Chicago.
O'Neill recopiló los datos de casi mil firmantes de esas cartas abiertas (943), es decir un 70% del total, de los que el 56% estaba a favor de la medida. Una primera evidencia sobre la supuesta división acuática puede verse en el siguiente mapa, en que el color rojo representa el apoyo a la subida del salario mínimo y el verde la oposición al mismo. Cada universidad está representada por un gráfico de tarta, con porciones relativas pro y contra, y el tamaño es proporcional al número de firmantes de esa universidad. He indicado la situación de Chicago en el mapa.
El mapa sugiere, en efecto, la existencia de dos zonas de apoyo en las costas atlántica y pacífica, y una zona central de oposición. Para contrastar más formalmente esta hipótesis, O’Neill emplea la distancia en kilómetros desde la universidad donde trabaja cada firmante hasta la Universidad de Chicago. Entonces estima una ecuación para la decisión de apoyar o no la subida del salario mínimo en función de esa distancia (para entendidos, un modelo probit).
O'Neill obtiene que, en promedio, un economista que trabaje a mil kilómetros de Chicago tiene una probabilidad un 6.3% mayor de apoyar la medida que uno que trabaje en esa ciudad (esa es la distancia aproximada desde Harvard y MIT hasta la Universidad de Chicago). Cuando añade en su estimación otras características de los economistas, el efecto cae un poco, hasta el 5.5%.
Por otra parte, el autor encuentra otras correlaciones interesantes. Los hombres son un 30% menos favorables que las mujeres a la subida del salario mínimo y quienes obtuvieron su doctorado fuera de EEUU son un 36% más favorables que el resto. Por áreas, los economistas laborales son un 38% más favorables que los del resto de áreas de investigación y los de finanzas un 52% menos favorables.
Por último, siguiendo una cita de Keynes (apócrifa), cabría esperar que las posturas de los economistas cambien cuando cambian los datos. Los resultados empíricos sobre el efecto de las subidas del salario mínimo empezaron a cambiar a partir de un famoso artículo de David Card y Alan Krueger, que no encontró un efecto negativo de la elevación del salario mínimo en 1992 sobre el empleo poco cualificado. Así que O’Neill contrasta si los economistas de distintas áreas cambiaron su postura si se doctoraron a partir de 1990, encontrando que solo lo hicieron, a favor, los economistas laborales.
La ideología y los economistas
Entonces, ¿podemos concluir de este estudio que las posturas de los economistas sobre las políticas económicas están determinadas por su ideología? En alguna medida sí (argumenté en este sentido hace años, aquí). Estudiar un doctorado en una universidad de agua dulce o de agua salada parece estar correlacionado con la opinión que se tiene sobre los efectos del salario mínimo. Ciertamente no podemos hablar de causalidad, solo de correlación (podría ser, por ejemplo, que quienes tienen posiciones socialdemócratas prefieran estudiar en las universidades de las costas más que quienes son liberales). Por otra parte, la evidencia empírica cuenta: la posición de los economistas laborales, que son los especialistas en la materia, ha cambiado cuando los resultados empíricos cambiaron.
Más allá de esta vaga relación, una razón de fondo que explica la diversidad de posturas es, a mi juicio, que la evidencia empírica es mixta: hay estudios rigurosos de economistas muy solventes que encuentran efectos tanto positivos como negativos del salario mínimo sobre el empleo. Esta disparidad puede depender del tamaño del aumento, de la población afectada, de la situación cíclica de la economía, etc. Aunque se intenta siempre tener en cuenta estos factores, no siempre puede hacerse perfectamente.
Por otra parte, es muy difícil estimar bien los efectos del salario mínimo. Si nos fijamos en el caso del empleo, muchos de los estudios los estiman con datos individuales de empresas, por lo que la estimación se refiere a ese nivel (microeconómico). Pero en general habrá efectos agregados (macroeconómicos) de difícil calibración. Los defensores de las subidas del salario mínimo argumentan que estas permiten elevar el consumo de los trabajadores beneficiados, generando un aumento de la actividad económica que compensaría cualquier pérdida de empleo, mientras que los detractores señalan que otros trabajadores perderán su empleo o no serán contratados y por ello su consumo caerá o no subirá, lo que neutralizará cualquier efecto agregado positivo sobre la demanda y por tanto el empleo. Además, hay otras dimensiones potencialmente afectadas por el salario mínimo aparte del empleo y el consumo, como son los salarios del resto de trabajadores no afectados directamente por el salario mínimo o la desigualdad salarial y de renta.
La falta de evidencia concluyente es común en muchas áreas de la economía; de hecho esa disparidad es un motor importante para estimular la investigación. Pero cuando se trata de un asunto con tantas implicaciones sociales, es más fácil que se tienda a dar más peso a posiciones ideológicas.
Concluyo. Muchos economistas saben o sospechan que David Card es un economista de izquierdas. Igual que muchos saben o sospechan que David Neumark, quien escribió un influyente artículo que pretendía rebatir el de Card y Krueger sobre el salario mínimo (y luego ha estudiado este asunto a menudo) es un economista de derechas. ¿Ha perjudicado esto a su reputación o al avance de la ciencia? No lo creo. Su reputación se basa en la calidad de su investigación. Y es probable que la motivación de los economistas de uno y otro lado haya contribuido a fomentar el debate y a elevar su calidad. De hecho, el artículo sobre el salario mínimo supuso un gran salto cualitativo en las técnicas y los estándares de la investigación empírica en economía, como tan bien explica en esta entrada Climent Quintana-Domeque, en homenaje a Alan Krueger.
Por tanto, lo que cabe esperar en el debate sobre políticas públicas es que cada uno defienda su postura con los argumentos y la mejor evidencia que pueda aportar, siendo esta analizada a fondo, de forma crítica y científica, por otros economistas. En EEUU el debate acerca del salario mínimo ha seguido ese patrón y pienso que ha sido muy fructífero. Un caso similar es el de los efectos de la inmigración, con David Card debatiendo en este caso con George Borjas. Este me parece un enfoque más creíble y fructífero que el de pretender que los economistas no tenemos ideología y nos sometemos al dictamen de los resultados de nuestros asépticos estudios científicos.
Créanlo o no, los economistas españoles no somos todos de extremo centro. Quizá sea hora de reconocerlo. ¿Por qué? Porque, aparte del escaso rendimiento profesional que tiene para los académicos participar en el debate público, es plausible que el temor a ser encasillado en uno u otro bando esté inhibiendo esa participación en alguna medida. Lo dejo como tarea de reflexión para las vacaciones. 😉