En una reciente reunión de los Consejos de la Administración de todas las provincias de Cuba se abordó el importante tema de la oferta de arroz. (1)
Llaman la atención dos cuestiones:
La discrepancia que existe entre la noción de que el Programa Arrocero “manifiesta un incremento sostenido en los últimos años” y la realidad que muestra la estadística oficial disponible
La información sobre estimados productivos que son rebatibles.
Lo que se dijo en la reunión
Un reporte de prensa describe lo abordado sobre este tema de la siguiente manera:
“Al referirse a la evolución y sostenibilidad del programa arrocero, el titular del sector, Gustavo Rodríguez Rollero, significó que en él participan 14 empresas de 13 provincias del país y el municipio especial Isla de la Juventud y agrupa a 22 mil 218 productores, de los cuales 20 mil 472 pertenecen al sector cooperativo y campesino.
El Programa Arrocero, estrechamente vinculado a la alimentación del pueblo y a la sustitución de importaciones por este concepto, manifiesta un incremento sostenido en los últimos años, aun cuando se requiere continuar la recuperación y modernización de diversas infraestructuras.
A partir de la proyección diseñada, en el año 2023 se deben lograr unas 450 mil toneladas de arroz y para el 2030 se proyectan 600 mil toneladas, lo cual representa el 86% de la demanda nacional que en la actualidad asciende a 700 mil.
Detalló el Ministro de la Agricultura que hasta la fecha se han ejecutado inversiones fundamentalmente en maquinaria agrícola, implementos, las industrias de secado y molinería, y en el transporte. En la actualidad los trabajos de mejora se han extendido a 11 secaderos de arroz; 9 plantas de beneficio, clasificación y tratamiento de semillas; 17 básculas de 80 toneladas para el pesaje; y 14 bases de almacenamiento de arroz cáscara seco con 38 silos.
Un millón 720 mil 700 toneladas de arroz dedicados al consumo de la población se produjeron desde el 2012 hasta el pasado año, que al precio de compra en el mercado mundial aprobado en el Programa de Desarrollo Integral del Arroz representan más de 894 millones de dólares y significa para el país un ahorro de una cifra superior a los 242 millones de dólares en los últimos 7 años.
Cifras, que más allá del indiscutible aporte a la sustitución de importaciones y al desarrollo económico del país, impactan también en la cotidianidad de las familias y respaldan la tan necesaria producción de alimentos de factura nacional, donde se aprovechen al máximo nuestras potencialidades.”
Antes de comentar el asunto, conviene explicar que –aunque usualmente no se aclara en las declaraciones oficiales sobre el tema- los datos sobre la producción nacional de arroz pueden ser expresados mediante dos indicadores que no son equivalentes.
La estadística de los anuarios e informes de la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI) utiliza el indicador de producción “arroz cáscara húmedo”, pero en ocasiones –como ha sido el caso de la reunión comentada anteriormente- el dato de producción se expresa como arroz listo para el consumo, que es un producto seco y sin cáscara.
Naturalmente, una tonelada de arroz listo para el consumo (“arroz consumo”) necesita una masa superior de “arroz cáscara húmedo”.
Tomando el dato ofrecido en la reunión acerca de las 1 720 700 toneladas de “arroz consumo” producidas entre 2012 y 2018, y comparándolo con las 3 696 685 toneladas de “arroz cáscara húmedo” producidas entre 2012 y 2018 (datos de ONEI), puede calcularse un cociente promedio de 2,15 toneladas de “arroz cáscara húmedo” por cada tonelada de arroz listo para el consumo. (2)
Los datos “testarudos” de la producción nacional de arroz en Cuba
Contrario a lo expresado en la reunión, el Programa Arrocero no “manifiesta un incremento sostenido en los últimos años”, algo que se observa claramente en el siguiente gráfico.
La tasa promedio anual de crecimiento de la producción nacional de arroz entre 2010 y 2018 fue de 0,18%, es decir, en el largo plazo existió una situación de estancamiento productivo.
En 2018, la producción de arroz era apenas 1,42% mayor que el nivel registrado en 2010.
Fuente: ONEI. Anuario Estadístico de Cuba. Ediciones 2018, 2016 y 2013.
Durante el periodo 2010- 2018, el incremento de los cuatro primeros años, culminó con un “pico” en 2013 que luego se redujo y que no ha vuelto a alcanzarse.
En realidad, la producción ha oscilado de una manera tal (más recientemente hacia la baja) que en modo alguno pudiera ser presentada como un incremento sostenido.
De hecho, informes recientes de prensa indican que el nivel estimado de producción para 2019 será menor que el registrado en 2018, citando “afectaciones en varios momentos con los fertilizantes, otros productos químicos y, en fecha más reciente con el combustible”. (3)
En algunas regiones, como Sancti Spíritus, también ha existido baja disponibilidad de agua para el cultivo de arroz. (4)
Se estima una producción de 200 000 toneladas de “arroz consumo” en 2019, lo que equivaldría a 430 000 toneladas de “arroz cáscara húmedo” en 2019. (5)
Las importaciones –que cierran la gran brecha entre producción nacional y consumo total- también han oscilado, aunque con una tendencia hacia el crecimiento desde 2013.
La inestabilidad más reciente refleja la manera en que se habrían combinado dos factores: una tendencia hacia la reducción “ondulante” de la superficie cultivada de arroz y una tendencia de rendimientos decrecientes desde 2015.
Con una menor área de siembra y con rendimientos cada vez menores, resulta arriesgado tratar de proyectar la imagen de que se cuenta con un Programa Arrocero exitoso.
Fuente: ONEI. Anuario Estadístico de Cuba. Ediciones 2018, 2016 y 2013.
En 2018, el rendimiento promedio por hectárea era 33.7% mayor que en 2010, pero la “superficie cosechada y en producción” de arroz en 2018 era 24,2% menor que la superficie en 2010.
Natura non facit saltus
Probablemente la parte más interesante de la reunión haya sido la relativa a las proyecciones acerca de la producción nacional de arroz en el mediano plazo (hasta 2023) y en el más largo plazo (hasta 2030).
Se esperan 450 000 toneladas de “arroz consumo” en 2023, lo que equivaldría a 967 500 toneladas de “arroz cáscara húmedo”. (Columna de color verde en el gráfico). (6)
Se estiman 600 000 toneladas de “arroz consumo” en 2030, lo que equivaldría a 1 290 000 toneladas de “arroz cáscara húmedo”. (Columna de color rojo en el gráfico).
Existe un problema con esto. Como se ha mencionado antes, la tasa promedio anual de crecimiento de la producción nacional de arroz entre 2010 y 2018 fue de 0,18%.
Sin embargo, el estimado anunciado en la reunión implicaría tener que alcanzar una tasa de crecimiento promedio anual de 16% entre 2018 y 2023, y una tasa de crecimiento promedio anual de 9% entre 2018 y 2030.
En el primer caso (periodo 2018- 2023) la tasa promedio anual tendría que ser 89 veces mayor que la tasa promedio real registrada entre 2010 y 2018, y en el segundo caso, la tasa promedio anual tendría que ser 50 veces mayor.
Las probabilidades de que se alcancen esas tasas anuales promedio parecen ser muy reducidas, al menos por aquello de que “la naturaleza no procede por saltos”.
Resumiendo:
Contrario a lo que se ha afirmado, el Programa Arrocero no ha tenido un “incremento sostenido en los últimos años”:
En 2018, la producción de arroz era apenas 1,42% mayor que el nivel registrado en 2010.
La tasa promedio anual de crecimiento de la producción nacional de arroz entre 2010 y 2018 fue de 0,18%, es decir, en el largo plazo existió una situación de estancamiento productivo.
En 2018, el rendimiento promedio por hectárea era 33,7% mayor que en 2010, pero la “superficie cosechada y en producción” de arroz en 2018 era un 24,2% menor que la superficie en 2010.
Las proyecciones acerca de la producción nacional de arroz en el mediano plazo (hasta 2023) y en el más largo plazo (hasta 2030) parecen tener bajas probabilidades de materialización:
Para poder alcanzar la producción estimada en 2023, tendría que registrarse una tasa de crecimiento promedio anual de 16% entre 2018 y 2023, es decir, una tasa 89 veces mayor que la tasa promedio real registrada entre 2010 y 2018.
Para poder alcanzar la producción estimada en 2030, tendría que registrarse una tasa de crecimiento promedio anual de 9% entre 2018 y 2030, es decir, una tasa ser 50 veces mayor que la tasa promedio real registrada entre 2010 y 2018.
2 El cálculo asume que el millón 720 mil 700 toneladas de arroz “dedicados al consumo de la población” es el resultado del procesamiento del total de toneladas de “arroz cáscara húmedo” producidos entre 2012 y 2018. La manera fragmentada con la que se manejan las cifras en ese tipo de reuniones dificulta identificar el grado de precisión que expresan en relación con la estadística oficial disponible.
- La narrativa predominante considera que el capitalismo fue una fuerza progresista que puso fin a la servidumbre y desencadenó un notable aumento del nivel de vida
- Es un cuento de hadas: la democracia, los sindicatos, la salud pública y la educación son los factores que realmente importan
- El progreso en la esperanza de vida ha sido impulsado por movimientos políticos progresistas que han aprovechado los recursos para crear bienes públicos
Una niña hilandera en Mollahan Mills, Newberry, Carolina del Sur, en 1908. LEWIS HINE / NATIONAL CHILD LABOR COMMITTEE
En los últimos años, prominentes gurús como Steven Pinker, Jordan Peterson y Bill Gates han invocado los avances en la esperanza de vida en el mundo para defender al capitalismo contra una creciente ola de críticos.
Es cierto, hay mucho que celebrar en este ámbito. Al fin y al cabo, la esperanza de vida ha aumentado considerablemente. "Cuando leen un escrito que defiende el capitalismo los intelectuales tienden a escupir", escribe Pinker en su reciente libro, Enlightenment Now. Sin embargo, afirma, es "obvio" que "el PIB per cápita se correlaciona con la longevidad, la salud y la nutrición".
Este argumento me resulta familiar. Según esta narrativa predominante, el capitalismo fue una fuerza progresista que puso fin a la servidumbre y desencadenó un considerable aumento del nivel de vida. En realidad, esto no es más que un cuento de hadas que no se sostiene con datos objetivos.
El feudalismo y la servidumbre que generaba eran un sistema brutal que provocaba una miseria humana extraordinaria, sí. Sin embargo, no fue el capitalismo el que terminó con esta situación. Como demuestra la historiadora Silvia Federici , una serie de exitosas rebeliones campesinas en toda Europa en los siglos XIV y XV derrocaron a los señores feudales y dieron a los campesinos más control sobre sus propias tierras y recursos. Los frutos de esta revolución fueron asombrosos en términos de bienestar. Los salarios se duplicaron y la nutrición mejoró. Si atendemos a los parámetros de esa época, en ese período el progreso social fue espectacular.
Entonces, vino la reacción a esos cambios. Indignada por el creciente poder de los campesinos y trabajadores, y por el aumento de los salarios, una nueva clase capitalista organizó una contrarrevolución. Comenzaron a cercar los bienes comunes y a expulsar a los campesinos de la tierra, con la clara intención de reducir el coste de los salarios. Con las economías de subsistencia destruidas, la gente no tenía otra opción que trabajar por poco dinero para, simplemente, poder sobrevivir. Según los expertos en economía de Oxford Henry Phelps Brown y Sheila Hopkins, desde finales del siglo XV hasta el siglo XVII los salarios disminuyeron hasta un 70%. Las hambrunas pasaron a ser cada vez más normales y la nutrición se deterioró. En Inglaterra, la esperanza media de vida descendió de 43 años en el siglo XVI a los 30 años en el siglo XVIII.
En resumen, el ascenso del capitalismo generó un prolongado período de empobrecimiento. Fue uno de los momentos más sangrientos y tumultuosos de la historia de la humanidad. Sin embargo, Pinker hace como si nada de esto hubiera pasado. En su lugar, obvia este hecho y pasa directamente al período industrial moderno. Fue el capitalismo industrial, afirma, el que realmente impulsó que aumentara la esperanza de vida.
Lo cierto es que los historiadores ofrecen una versión más compleja de la historia. Simon Szreter, uno de los principales expertos mundiales en datos históricos de salud pública, muestra que el crecimiento industrial a lo largo del siglo XIX no provocó una mejora en la esperanza de vida, sino un deterioro notable. "En casi todos los casos históricos, el primer y más directo efecto del rápido crecimiento económico ha sido un impacto negativo en la salud de la población", escribe Szreter .
"La evidencia de este trauma", continúa, "permanece claramente visible en la forma de una discontinuidad negativa de una generación en las tendencias históricas de la esperanza de vida, la mortalidad infantil o los logros en la estatura". Basándose en una amplia gama de estudios, Szreter muestra que las poblaciones directamente afectadas por el crecimiento industrial en Gran Bretaña experimentaron una disminución constante de la esperanza de vida, desde la década de 1780 hasta la de 1870, hasta niveles no vistos desde la Peste Negra en el siglo XIV.
De hecho, fue precisamente en los lugares donde el capitalismo estaba más desarrollado donde este retroceso es más pronunciado. En Manchester y Liverpool, los dos gigantes de la industrialización, la esperanza de vida se derrumbó en comparación con las zonas no industrializadas del país. En Manchester cayó a solo 25,3 años. En cambio, en la zona rural de Surrey, la esperanza de vida de la población era de 20 años más.
El patrón no solo se repite en Gran Bretaña. Según Szreter, lo mismo ocurrió en "cada uno de los países en los que se ha investigado", incluyendo Alemania, Australia y Japón. En colonias como Irlanda, India y Congo se experimentó un deterioro similar en este mismo período, ya que fueron amarradas por la fuerza al sistema industrial europeo.
Es difícil exagerar el sufrimiento que conllevan estas cifras. Cuentan la historia de poblaciones enteras que fueron desposeídas por la clase capitalista y reducidas a la servidumbre en las fábricas y plantaciones de la revolución industrial. Y sin embargo, nada de esto aparece en la narrativa de color de rosa de Pinker.
La esperanza de vida urbana no comenzó a aumentar, al menos en Europa, hasta la década de 1880. Pero, ¿qué impulsó este repentino progreso? Szreter descubre que se debió a una simple intervención: el saneamiento. Los expertos que abogaban por políticas de salud pública descubrieron que si se separaban las aguas residuales del agua potable, la salud de la población mejoraba. Sin embargo, la clase capitalista se opuso a esta mejora, no la permitía: los terratenientes liberales y los dueños de fábricas se negaban a permitir que los funcionarios construyeran sistemas de saneamiento en sus propiedades, y se negaban a pagar los impuestos necesarios para llevar a cabo el trabajo.
Solo fue posible plantar cara a su negativa cuando los plebeyos obtuvieron el derecho al voto y los trabajadores se organizaron en sindicatos. Durante las décadas siguientes, estos movimientos hicieron que el Estado interviniera en contra de los terratenientes y propietarios de fábricas, para ofrecer no solo sistemas de saneamiento sino también atención médica universal, educación y vivienda pública. Según Szreter, el acceso a estos bienes públicos estimuló el aumento de la esperanza de vida a lo largo del siglo XX.
Pinker no menciona este movimiento. Su argumento se basa más bien en un gráfico de dispersión conocido como la curva de Preston, que muestra que los países con un PIB per cápita más alto tienden a tener una esperanza de vida más alta. No duda en afirmar que se da una causalidad en situaciones en las que se carece de pruebas que lo confirmen. De hecho, una nueva investigación encuentra que el factor causal detrás de la curva de Preston no es el PIB sino la educación.
Sin lugar a dudas, una red de prestaciones sociales necesita recursos. Y es importante reconocer que el crecimiento puede ayudar a ese fin. Pero las intervenciones que importan cuando se trata de la esperanza de vida no requieren altos niveles de PIB per cápita. La Unión Europea tiene una esperanza de vida más alta que Estados Unidos, con un 40% menos de ingresos . Costa Rica y Cuba superan a Estados Unidos con apenas una fracción de los ingresos, y ambos lograron sus mayores avances en esperanza de vida durante períodos en los que el PIB no estaba creciendo en absoluto. ¿Cómo? Mediante el despliegue de la atención sanitaria y la educación universales.
"Los datos históricos muestran que el crecimiento económico en sí mismo no tiene implicaciones positivas directas y necesarias para la salud de la población", escribe Szreter. "Lo máximo que se puede decir es que crea el potencial a largo plazo para mejorar la salud de la población".
El hecho de que ese potencial se materialice depende de las fuerzas políticas que determinan cómo se distribuyen los ingresos. Por lo tanto, al César lo que es del César: el progreso en la esperanza de vida ha sido impulsado por movimientos políticos progresistas que han aprovechado los recursos económicos para crear bienes públicos sólidos. La historia demuestra que en ausencia de estas fuerzas progresistas, el crecimiento a menudo ha ido en contra del progreso social, no a su favor.