En Cuba, un grupo de científicos y campesinos liderado por el Dr. Giraldo Martín Martín ha logrado algo que parecía imposible: cultivar papa sin usar químicos importados ni dañar el medio ambiente.
Durante años se creyó que la papa solo podía crecer con fertilizantes y venenos comprados en el extranjero. Pero Giraldo y su equipo rompieron ese mito. Usando abonos orgánicos y bioproductos nacionales, han sembrado papa agroecológica en nueve provincias y más de 130 fincas.
El corazón de esta historia está en Villa Clara, en el Instituto de Biotecnología de las Plantas. Allí, dentro de tubos de ensayo, la papa "resucita" libre de virus. El gran desafío ahora es producir semilla nacional suficiente para no depender de importaciones.
Además, para que la cosecha no se pierda, proponen un sistema de conservación revolucionario: pequeñas cámaras de refrigeración que funcionan con energía solar. Así, entre varios campesinos pueden ponerse de acuerdo en la adquisición de estas y guardar semillas sin depender de grandes frigoríficos que consumen mucha electricidad. Es una solución descentralizada, cooperativa y limpia.
Aunque el rendimiento por hectárea es menor que el método convencional, el costo de producción es mucho más bajo y no contamina el suelo. Para las familias campesinas, esto significa volver a tener puré de papa los domingos sin arruinar la tierra.


Buenas, Humberto. La noticia es muy agradable; claro que tiene futuro, y no solo con la papa. Me parece que la Estación Experimental Indio Hatuey de Perico, Matanzas, hace ya un tiempo que viene trabajando con este cultivo bajo condiciones agroecológicas.
ResponderEliminarVer que hay 130 fincas en nueve provincias es magnífico, pero, con toda honestidad, la cifra también me entristece un poco. Si calculamos los años transcurridos desde finales de los 80 del siglo XX —cuando la agroecología en Cuba comenzó a desarrollarse de forma progresiva y bien encaminada a través de huertos populares, organopónicos, patios y fincas de autoconsumo—, el progreso en el autoabastecimiento debería ser mucho mayor. Recuerdos entrañables me vienen a la mente, como aquel programa radial de hace unos años donde debatían un científico de la rama biotecnológica y Girardo, representando la visión agroecológica de Indio Hatuey; ambas exposiciones fueron sumamente interesantes. Tampoco se puede olvidar al gran impulsor y fundador de este movimiento nacional de agricultura urbana, el Dr. Adolfo Rodríguez Nodals ("Adolfito"), quien logró que escuelas, empresas y múltiples comunidades habilitaran espacios desde Pinar del Río hasta Guantánamo para asegurar sus alimentos.
Cualquier forma de producción agroecológica necesita inversión, por supuesto, pero con la gran ventaja de que utiliza mayormente los recursos del propio terreno o de su entorno cercano. Lamentablemente, en la medida en que las importaciones crecieron de forma exponencial porque los precios externos parecían más atractivos que producir en casa, contribuimos a que el marabú y otras plantas invasoras cambiaran radicalmente el panorama de nuestros campos. El debate sobre los costos, precios y la comercialización aún queda pendiente.
Sabemos que, tanto en el pasado como en el presente y el futuro, cualquier organización o país puede decretar e implementar sanciones económicas, financieras y comerciales en nuestra contra. A esto se suma el riesgo constante de ser afectados por desastres naturales o cambios ambientales bruscos. Como bien dice el refrán, agua pasada no mueve molino; ojalá que las aguas que caigan ahora y en adelante no les den descanso a todos los molinos productivos que necesitamos activar.
Que paso con la zafra de papas esta temporada, por mucho era la cosecha de mayor rendimientos del país, eso si con su paquete agrotecnologico completo más electricidad y agua
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