Fidel


"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." ""Creo que mientras más critica exista dentro del socialismo,eso es lo mejor" Fidel Castro Ruz

lunes, 31 de mayo de 2021

CONAVIL: ni se detiene… ni avanza todo lo que pudiera

 

Para este mes de junio CONAVIL debe concluir seis de las 22 viviendas que levanta en el Reparto Ortiz. Fotos: Alejandro García

La Empresa de Construcción y Montaje de Ciego de Ávila atraviesa, como todas, el déficit de recursos. Aun así no paraliza ninguna de sus obras

La empresa que dirige Jorge Luis Suárez Taño ejecuta tantas obras a la vez, que la tranquilidad que le deja el avance de una se le vuelve muy efímera ante el atraso de otra. Parece no encontrarse el equilibrio en la Empresa de Construcción y Montaje de Ciego de Ávila (CONAVIL); aunque hay un punto en el que, lamentablemente, todas sus obras coinciden: la escasez de recursos.

Dos de ellos, el combustible y el cemento, desatan, además, una cadena de paralizaciones e incumplimientos que, al cierre de abril, dejaban a CONAVIL con más ganas que posibilidades. Un dato podría esclarecerlo: debido al alto consumo de la planta necesitan 80 000 litros de petróleo para producir 4 000 toneladas de asfalto y, hasta el cierre de abril, el programa de Ingienería y Viales había dejado de hacer unas 5 600 toneladas. Con casi 120 000 litros de combustible pendientes, la deuda es comprensible, amén de que la disponibilidad de la pintura asfáltica ha sido, también, un problema.

Ese programa, reconoce Taño, es uno de los más atrasados de CONAVIL, y uno de los más demandados, aun cuando las calles asfaltadas no siempre respondan a los planteamientos de la población. Ya lo aclaraba Invasor en un reporte anterior: el 88 por ciento del asfalto que aquí se produce se vierte en Jardines del Rey y en vías de interés nacional.

Y aunque el déficit de combustible compromete mucho más que la producción de asfalto, el directivo se enfoca en el otro punto débil: el cemento. “Hoy su inestabilidad es un serio problema que afecta, incluso, los planes lineales, porque te impide dar inicio a obras que podrías concluir el próximo año, y para ese entonces estaremos en cero”, confiesa, y aclara que ni siquiera para las urbanizaciones de las obras se está asignando cemento.

Curiosamente, la única obra que CONAVIL ejecuta fuera de la provincia es una fábrica de cemento que se levanta en Camaguey, con el fin de aumentar (y volver más eficiente) la producción de ese material. “ Y también ahí tenemos incumplimientos”, admite.

Aun así, un programa tan sensible como el de la construcción de viviendas parece esquivar algunas zozobras y prevé para el próximo mes la entrega del tercer edificio en el poblado Ramón Domínguez de la Peña (Macizo Cañero), que habitarán damnificados de Júcaro. No obstante, de las 38 viviendas que esa entidad debía haber concluido al cierre de abril, solo 14 se terminaron. Sin embargo, Taño cree que, de acuerdo con la secuencia que llevan, el atraso puede recuperarse.

No se muestra tan optimista con la ejecución del Hospital Provincial General Docente Doctor Antonio Luaces Iraola; una obra que lleva varios años en construcción y que en este “pretendemos concluir el 90 por ciento de sus estructuras, empleando el Sistema Abierto Esqueleto (SAE). Según Taño, mediante el SAE se avanza muchísimo, pero ante el déficit de cubierta, carpintería y varios elementos de terminación, ni siquiera se atreve a dar por concluida la obra para el 2022.

También continuarán el año próximo con las labores en el secadero de arroz, de Bolivia, pendientes en su edificio socio-administrativo y sus viales, fundamentalmente; y deberán proseguir con las naves de curado de tabaco que se levantan en Primero de Enero.

Dentro de las faenas que hoy desvelan a CONAVIL y que tampoco han podido concluir por el déficit de recursos y las constantes roturas de sus equipos pesados, el directivo menciona el canal trasvase Zaza –Ciego de Ávila. A pesar de que su valor de uso ya fue anunciado con el reciente llenado de sus 40 kilómetros de cauce; lo cierto es que el legendario canal, con más de 30 años en ejecución, todavía debe esperar por las obras auxiliares, “lagunas reguladoras y escurrimientos que dependen del hormigón, por ejemplo, y no hemos podido montarlo, entre otras causas, por la falta de cemento”, admite Taño.

Si bien al cierre de abril el saldo de CONAVIL —por más que tengan sus utilidades cumplidas— no es todo lo halagüeño que podrían esperan sus casi 2 000 trabajadores, Jorge Luis Suárez Taño se inclina por dejar correr, al menos, el primer semestre del año para optar por mejores indicadores que hoy escapan a sus esfuerzos. 

Se delega la autoridad no la responsabilidad

 Regreso al tema de lo territorial y su nuevo rol en ese propósito del desarrollo económico y social en Cuba.

He tomado prestado esta frase de un colega, porque la lectura de un pequeño pero enjundioso escrito que nos hizo llegar me volvió a traer a un tema que traté hace muy poco, pero que sin dudas merece más espacio y más análisis. A riesgo de aburrir regreso al tema de lo territorial y su nuevo rol en ese propósito del desarrollo económico y social.

La descentralización es una de las palabras más repetidas hoy en discursos e intervenciones de diferentes dirigentes del país. Aun sin ponernos de acuerdo en cuanto a su definición conceptual y en cuanto a su alcance, ni tampoco acerca de la factibilidad de implementarla en las condiciones de la Cuba de hoy, es de los temas que han generado y generarán más polémicas, quizás por todo lo que implica más allá del concepto mismo. Lo cierto es que todos estamos de acuerdo en que es una necesidad ineludible y que los costos de oportunidad de no hacerlo, son mayores, mucho mayores que los de intentar llevarla a cabo.

Desde mi perspectiva, el intento más abarcador constatable hoy en Cuba está focalizado en el desarrollo territorial. Mientras aun andamos en una sumatoria de medidas para fomentar la autonomía de la empresa estatal —que lamentablemente ha tenido que esperar hasta el 2022 para ver la tan ansiada Ley de Empresas—, que pasa por la descentralización, en los territorios tenemos ya un marco institucional formulado, listo para ser utilizado, que reconoce, ampara y obliga a las autoridades locales para llevarla a efecto.

  • MEP: POLÍTICA PARA IMPULSAR EL DESARROLLO TERRITORIAL 
  • Decreto 33/2021: Para la Gestión Estratégica del Desarrollo territorial
  • RESOLUCIÓN No. 29/2021: bases generales de la organización del sistema de trabajo para la gestión estratégica del desarrollo territorial, así como la gestión de la financiación del desarrollo local
  • MFP, Resolución 114/2021; Financiamiento presupuestario del desarrollo territorial, Tratamiento tributario, de precios y contable de los proyectos de DT.
  • BCC, resolución 147/2021; establece el procedimiento para el financiamiento de los PDL.

La  estrategia de desarrollo territorial resulta como el eje conductor del desarrollo del país. En esa lógica, provincias y municipios tiene la obligación de formular sus propias estrategias de desarrollo teniendo en cuenta el plan de ordenamiento territorial y urbano, el plan de la economía, el presupuesto y otros que se reconozcan en el ordenamiento jurídico vigente.

El desarrollo territorial ha devenido en uno de los factores decisivos del desarrollo del país y los territorios están llamados /obligados a responder adecuadamente a ese nuevo rol que se les ha asignado.

En la Política para Impulsar el Desarrollo Territorial se define el desarrollo local como como un proceso esencialmente endógeno, participativo, innovador y de articulación de intereses entre actores, territorios y escalas.

Lograr materializar esa definición ya constituye un reto en sí mismo. Si bien es cierto que hay experiencias, aunque no muchas ni muy conocidas, lo cierto es que en la mayoría de los casos el desarrollo de los territorios se ha abordado de forma fraccionada, ha respondido más a demandas externas, la innovación no ha sido una de sus fortalezas y más que articular intereses entre actores han primado otros métodos e instrumentos para construir y materializar las estrategias. Desde la historia de estos procesos, siempre vienen a la mente la experiencia de la Oficina del Historiador de la ciudad de La Habana y la de Yaguajay, bien cercanas a la definición del párrafo anterior.

En la actualidad, la experiencia que se desarrolla en Pinar del Rio es la más conocida, pueden existir otras, pero lamentablemente no las conozco.

La tarea que los decisores a nivel territorial y sus equipos tienen por delante es ardua, sin dudas difícil de instrumentar y requerirá conocimiento y aprendizaje, tiempo y esfuerzo, actitud y aptitud.

Cuando se delega la autoridad la responsabilidad se multiplica, también afirma mi colega. En el caso de los territorios esto es así. A las autoridades municipales se les han delegado múltiples responsabilidades en al menos dos direcciones esenciales: para con el estado y el gobierno del país y para con los habitantes de sus municipios, lo cual es siempre un reto porque a veces lo que es bueno para un municipio no tiene por qué serlo para el país y viceversa y no creo que pueda ser de otra forma. Ejemplos hay demasiados, recordemos a Antilla que un día se enteró que se convertiría en un polo turístico que demandaría más trabajadores que habitantes en condiciones de trabajar tiene el municipio. No es ni malo ni bueno, solo es una de esas experiencia donde el territorio llega después, como convidado de palo. O la Isla de la Juventud que vio crecer en la cayería cercana un polo turístico separado por el mar y por las mentes de su territorio mientras sus treinta y cinco playas, algunas tan buenas como las mejores, permanecían apartadas de los planes de desarrollo turístico internacional, teniendo una ciudad, un territorio con capacidades productivas, un puerto y un aeropuerto que con mínimas inversiones podría recibir aviones de mediano porte. Si algún territorio merecía haber sido un gran polo turístico era la Isla de la Juventud, pero no fue ni siquiera invitado.

Sobre las autoridades de los territorios (en es especial de los municipios) han sido depositadas un grupo de tareas/misiones/responsabilidades relativamente nuevas. La más importante es sin dudas, construir la estrategia de desarrollo del municipio, la cual debe cumplir con las reglas siguientes:

  • La integración de los componentes económico, social, cultural, ambiental y político, para movilizar las potencialidades locales con el objetivo de elevar la calidad de vida de la población que habita en el territorio y contribuir a su desarrollo y al del país.
  • El respeto a la justicia social, la equidad, la igualdad, la participación popular, los derechos de las personas, el bienestar, la prosperidad individual y colectiva.
  • La solidaridad, la coordinación, la colaboración y la autonomía municipal.
  • La armonización de los intereses nacionales, sectoriales, y territoriales.
  • La creación de una red de actores con capacidad de transformación en el corto, mediano y largo plazos.
  • La alianza estratégica gobierno-universidad-entidades de ciencia, tecnología e innovación-empresa y sector presupuestado-comunidad.
  • El fomento de la gestión del potencial humano, la ciencia, la innovación y el uso de tecnologías apropiadas.
  • La planificación física como soporte de las estrategias de desarrollo territorial.
  • La localización de los objetivos de desarrollo sostenibles y otros compromisos internacionales.

Para lo cual, dice el texto del decreto ley 33, el Consejo de la Administración Municipal y el Gobernador crean una estructura, profesional o no, que se les subordina, para la implementación de las respectivas estrategias de desarrollo, así como para asesorar técnica y metodológicamente a los órganos locales del Poder Popular correspondientes.

Si examináramos los cuatro documentos que norman hoy todo lo relacionado con la estrategia de desarrollo territorial podríamos encontrar otros muchos ejemplos como los anteriores, donde a las autoridades municipales se les delega autoridad y se les multiplican sus responsabilidades.

Poder cumplir con estas requiere de dos condiciones; de una parte, de un entorno adecuado que garantice la coherencia de las políticas públicas con lo que se demanda de los territorios y de otra, con lo más esencial y decisivo, las competencias de los servidores públicos a esos niveles, con las habilidades de sus equipos técnicos y con un liderazgo capaz de entenderlo.

Y esto lo último es de lo más difícil de lograr, mi colega Silvio Calves lo resume de esta manera: Las nuevas competencias que ahora necesitan esos cuadros y directivos en este escenario descentralizado son en parte diferentes a las que hasta ahora se han requerido en un sistema como el que ha prevalecido hasta el presente de muy alta centralización… El costo de aprender desde el cargo y no antes de ocuparlo lo pagan los ciudadanos o la empresa y también los colaboradores.

Sin dudas mi colega tiene razón, pero sin dudas Cuba también es uno de los países que más tiempo dedica a la capacitación de sus empresarios y cuadros y que menos resultados recoge de esa capacitación, quizás porque después les resulta muy difícil emplear una parte de la aprendido debido a otras restricciones. De otra parte, no es posible detener el proceso y esperar por completar el aprendizaje, habrá, al menos en parte, que conjugarlo con esa otra manera de aprender, la de aprender haciendo y sin dudas algunos costos se deberán pagar.

Pienso, no obstante, que al menos en el ámbito de los territorios hoy existen mejores condiciones que nunca antes para avanzar con prisas y sin pausas.

domingo, 30 de mayo de 2021

Libro "El CHE MINISTRO. TESTIMONIO DE UN COLABORADOR " 2ª Edición ( CapituIo III)

  Por Tirso.W.Saenz

CAPÍTULO 3

 LA INDUSTRIA CUBANA ANTES DE LA REVOLUCION[1]

El análisis de la concepción, la estrategia y las medidas relativas al desarrollo industrial tomadas en el Ministerio de Industrias, estrechamente vinculadas al desarrollo político, económico, social, científico y tecnológico de la sociedad cubana, debe realizarse teniendo en cuenta un conjunto de factores presentes antes del triunfo de la Revolución e inmediatamente después de ella. Esto permite poder apreciar mejor y comprender la labor del Che en su participación protagónica en la construcción de una nueva sociedad en Cuba.

La contribución del Che en el Ministerio de Industrias se fundamentaba en el criterio de recuperar el débil parque productivo cubano y construir nuevas bases productivas, sustentando todo sobre bases ideológicas para el desarrollo de un nuevo país, de una nueva sociedad. 

Para que el lector pueda comprender bien ese proceso, es necesario presentar el panorama de la economía y de la industria cubana antes de la Revolución.

La economía cubana en 1959 se caracterizaba por los rasgos negativos impuestos por su pasado colonial y neocolonial entre ellas, un carácter marcadamente estático, ya que las tasas de crecimiento del ingreso nacional y de la población eran similares. Su estructura económica y sus características más definitorias radicaban en su condición de país agrícola, monoproductor y monoexportador. En este sentido la industria azucarera, la cual, desde principios de siglo hasta 1958, producía entre el 25% y el 40% del ingreso nacional,

Esto se debía a la existencia de intereses disímiles y contradictorios entre los cuales predominaban el de los grupos financieros extranjeros, principalmente norteamericanos, que no estaban interesados de manera alguna en un desarrollo armónico cubano y que controlaban los sectores claves de la economía: azúcar, energía, servicios telefónicos, níquel y tabaco entre otros[2].

Debido básicamente a estos factores, la economía de Cuba, en los años comprendidos entre 1950 y 1959, dadas sus características estructurales, se encontraba a las puertas de una larga, severa y profunda crisis.

El bajo nivel de desarrollo de la industria se evidenciaba no sólo en su bajo nivel de participación en la creación del ingreso nacional, sino también en la reducción de su participación al 13%, excluida la industria azucarera.

El grado de explotación de la capacidad instalada era sumamente bajo. Era relevante la casi inexistencia de la industria mecánica y el insuficiente desarrollo de la industria química.

Por otra parte, la escasísima investigación que se llevaba a efecto en las universidades era producto del esfuerzo personal de determinados profesores y no se encontraba en general, vinculada con temas referidos a la economía, sino con los intereses académicos de sus ejecutantes.

Entre las condiciones y factores que conformaban la situación industrial de Cuba en aquella época y que pudieran considerarse como un punto de partida para el abordaje de problemas a ser enfrentados por el Ministerio de Industria, se destacan:

Ø  El elevado grado de dependencia de las industrias con respecto a Estados Unidos con respecto al suministro de materias primas, equipos y tecnologías.

Ø  El frágil parque industrial cubano, formado por número relativamente reducido de industrias con actividades heterogéneas, de las cuales una elevada proporción eran centros manufactureros de carácter artesanal. Por otra parte, las pocas industrias existentes, el 75% de las no azucareras se concentraban en la antigua provincia de la Habana.

Ø  La falta de industrias en el interior del país, agravaba los serios problemas de desempleo en esas regiones

Ø  La falta de una base propia de materias primas.

Ø  La débil, casi inexistente, capacidad nacional de producción de piezas de repuesto y equipamientos.

Ø  El escaso número, en general, de personal técnico calificado para abordar planes futuros de industrialización. Esta situación se agravó casi inmediatamente por la fuga de cerebros promovida por el gobierno norteamericano.

Ø  El insuficiente nivel técnico y cultural de los trabajadores.

Ø  La falta de capacidades propias de investigación y desarrollo tecnológico.

Ø  La falta de planes formalizados de desarrollo económico y social[3].

·         La dependencia respecto a Estados Unidos[4].

El gobierno de Estados Unidos, mediante el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento, envió a Cuba una delegación de especialistas a Cuba, conocida como Misión Truslow, la que trabajó desde julio de 1950 hasta junio de 1951, la cual realizó un voluminoso y pormenorizado análisis de la situación económica y social del país. En sus comentarios iniciales la Misión señalaba:

El actual nivel de vida del cubano... depende principalmente de una industria que hace muchos años dejó de crecer. Algunas actividades se han expandido... pero en relación con la necesidad de empleo de la población actual y futura, el crecimiento de las empresas ha sido desalentadoramente bajo[5].

Este grado de dependencia tecnológica con respecto a Estados Unidos en relación a los sectores claves de la economía: azúcar, energía, servicios telefónicos y níquel, entre otros, así como de las industrias más importantes y complejas, era uno de los factores más relevantes que tenía que enfrentar la Revolución desde un punto de vista industrial. Como resultado del crecimiento de la industria azucarera hasta 1927 - año en que se construyó en aquella época el último central azucarero[6] - se produjo una intensa transferencia de tecnología asociada al desarrollo de esa industria. Esa transferencia era totalmente controlada por los grupos financieros monopolistas más importantes de Estados Unidos y servía exclusivamente a sus intereses. Los molinos de las mayores fábricas de azúcar provenían de la Farrel Company o de la Fulton Iron Works; los turbo-generadores de la General Electric y las locomotoras de la Baldwin Locomotive Works. En el sector de la construcción, buena parte del cemento, las vigas, las planchas de acero y hasta los clavos y tornillos se importaban de los Estados Unidos. Por ejemplo, la industria de refinación de petróleo, en cuanto a materiales, equipos, piezas de repuesto y tecnología, era totalmente dependiente de los Estados Unidos.

El auge sin precedentes de las fuerzas productivas en Cuba después de la Primera Guerra Mundial – originado por una rápida, aunque efímera bonanza, en la industria azucarera - dependió, en una medida casi absoluta, de la transferencia de tecnología de Estados Unidos[7]

Como decía el Departamento de Comercio de Estados Unidos, el negocio había llegado a un punto de “saturación”; por otro lado, se programaron inversiones en la industria eléctrica, la refinación de petróleo, la minería y las manufacturas. A este movimiento estratégico del capital estadounidense trató de dársele la categoría de “proceso de industrialización del país”.

Uno de los rasgos más definitorios de esta situación era una acentuada dependencia tecnológica, en la cual, a la ausencia de facilidades experimentales y de investigación, que impedía una asimilación activa de la tecnología que se transfería, se unía la debilidad de la industria mecánica y el bajo potencial de proyectos de ingeniería y de bases de construcción y montaje industrial. Todo ello era consecuencia directa de la falta de una estrategia nacional en cuanto a las inversiones.

La dependencia tecnológica no sólo era de importaciones intelectuales en su forma materializada, como la importación de tecnología, el sistema de normas técnicas, de patentes y licencias, sino también en su forma “viva”, bajo la forma de importación de capital humano: expertos y asesores.

La generación de tecnología fue – salvo en momentos muy contados - prácticamente inexistente. Sólo la industria azucarera presentaba, dentro de un contexto general poco viable, algunos ejemplos de innovaciones tecnológicas. Aunque en la década del 40, pese a todos los factores adversos, existía un mínimo de recursos humanos capaces – quienes construyeron más de 30 destilerías durante la Segunda Guerra Mundial[8] - las innovaciones tecnológicas de mayor envergadura se realizaban fuera del país, sin la participación de técnicos cubanos. Este fue el caso de las tecnologías específicas para procesar los minerales lateríticos[9], materializadas en las grandes plantas de Nicaro y Moa, en la parte nororiental del país.

Al mismo tiempo, el llamado proceso de industrialización acentuó la dependencia de materias primas y portadores energéticos importados, sin que se desarrollara un esfuerzo científico y tecnológico integral para determinar y establecer una base propia en esta esfera.

·         Las características de la industria cubana

En 1959, la industria cubana presentaba una situación de dualismo tecnológico; la producción artesanal coexistía con la producción mecanizada – aunque obsoleta en muchos casos - y con la tecnología moderna. Las instalaciones industriales de tecnologías más modernas – verdaderos enclaves - pertenecían en su casi totalidad a empresas transnacionales, las cuales, a su vez, ejercían una gran influencia sobre los gobiernos de etapas anteriores.

Existían alrededor de ocho fábricas de cigarros y veinte de tabaco torcido a mano, donde casi no se había introducido la mecanización.

La industria también estaba concentrada geográficamente. El 70% de la producción industrial no azucarera se localizaba en un radio de 70 km. alrededor de la ciudad de La Habana; por su puerto se realizaba entre el 80 y el 90% de las importaciones; se generaba el 85% de la energía eléctrica; y se encontraba el 87% de los teléfonos. La antigua provincia de La Habana absorbía el 80% de las construcciones.

Entre las industrias iniciadas y/o en construidas en este periodo fueron la planta metalúrgica Antillana de Acero, la planta química de Sulfometales en Pinar del Río. La planta de fertilizantes Cubanitro en Matanzas, la planta extractora de aceite de soya ubicada en Regla y las plantas de cemento de Santiago de Cuba y Artemisa.

Entre 1950 y 1958, como ya expresamos anteriormente, las inversiones norteamericanas crecieron en un 52. Las principales inversiones fueron:

Ø  en la industria del níquel: la ampliación de la planta de Nicaro, propiedad del gobierno de los Estados Unidos, la que inició sus operaciones durante la Segunda Guerra Mundial, debido a las necesidades de la industria bélica norteamericana; y el inicio de la construcción de una nueva planta en Moa, propiedad de la Freeport Sulphur Co.

Ø  las refinerías de petróleo de la Standard Oil y la Shell en La Habana y la de la Texas Oil en Santiago de Cuba.

Ø  la generación de electricidad estaba en manos de la Electric Bond and Share, la que construyó, en la década de los 50s, la planta termoeléctrica de Regla, en La Habana.

Ø  las comunicaciones telefónicas eran propiedad de la International Telephone and Telegraph (ITT);

Ø  la planta de rayón en Matanzas. Este fue un típico negocio sucio de la época. Su dueño, el norteamericano Burke Hedges, al aducir que la planta producía pérdidas, la vendió al gobierno de Fulgencio Batista a un precio elevadísimo. Poco tiempo después, Mr. Hedges la volvió a comprar al gobierno cubano, a un precio muy bajo.

Ø  tres instalaciones de neumáticos (Goodridge, Firestone, U.S. Royal);

Ø  la primera fábrica de envases de vidrio, propiedad de la Owen Illinois;

Ø  las fábricas de envases metálicos, de la Continental Can Corporation y los de aluminio, de la Reynolds Aluminum Co.;

Ø  la totalidad de la producción de detergentes y una elevada proporción de la de jabones estaban controlados por la Colgate Palmolive y la Procter and Gamble.

Ø  una fundición de tuberías de hierro;

Ø   tres fábricas de pintura pertenecientes a Sherwin-Williams, Glidden y Dupont.

Algunas industrias nacionales fueron creadas con el criterio de sustitución de importaciones:

Ø  La planta “Antillana de Acero” en San José de las Lajas, actual provincia de La Habana, para la producción de acero a base de chatarra y arrabio importado.

Ø  La planta de Sulfometales en Santa Lucía. Pinar del Río, para la producción de ácido sulfúrico a partir de minerales cubanos de pirita[10].

Ø  La planta Cubanitro en Matanzas, para la producción de fertilizantes nitrogenados.

Ø  Las plantas de cemento de Santiago de Cuba y de Artemisa. Anteriormente existía una planta mayor en Mariel, La Habana.

Ø  La planta extractora de aceite de soya en Regla, La Habana.

La característica, en general, de las inversiones industriales realizadas en Cuba en ese período consistía en su baja eficiencia económica. Así tenemos que la siderúrgica Antillana de Acero y la extractora de aceite de soya constituían desechos de la industria norteamericana, vendidas a título de tecnología actualizada; la planta Cubanitro sólo tenía capacidad para 30.000 toneladas de amoniaco y estaba también provista de una tecnología atrasada; la planta de Sulfometales nunca pudo conseguir su capacidad de diseño (30-40%) debido a que su proceso no se adaptaba a las características de las materias primas. A esto se añadía la localización irracional y antieconómica de muchas de las plantas industriales en esta época.

El crecimiento industrial que Cuba experimentó después de la Segunda Guerra Mundial, no estaba dirigido a producir un verdadero desarrollo económico nacional. Este proceso de transnacionalización en industrias agrupadas fundamentalmente alrededor de La Habana, estaba dirigido, en buena medida, a satisfacer el consumo suntuario de las capas de más altos ingresos, que, lógicamente para aquellos tiempos, se concentraba en la capital. Así, el esquema de producción de las refinerías de petróleo era para incrementar la producción de gasolina para automóviles y de gas licuado mediante la instalación de una moderna planta de craqueo catalítico. En este mismo sentido las fábricas de neumáticos satisfacían las crecientes demandas de los dueños de automóviles. En Cuba, después de la Segunda Guerra Mundial, se importaban más automóviles que tractores[11]

Un informe de la Electric Bond and Share de finales de los años 50 señalaba que el crecimiento de la generación de electricidad se basaría casi exclusivamente en el incremento de consumos de climatizadores, refrigeradores y cocinas eléctricas, a cuyos fines se elaboró y ejecutó una intensa campaña publicitaria.

Sin embargo, afines de los años 50s, todo parece indicar que, en lo referente a las inversiones norteamericanas en Cuba, se gestionaba un cambio en la estructura por sectores.

Todo lo anterior era un reflejo del modo de producción, de las relaciones de producción y de la estructura dependiente de la economía y la sociedad  cubanas[12].

Ø  Materias primas y recursos naturales propios

Salvo el azúcar para una parte de la industria alimenticia; tabaco para la producción nacional y la exportación; escasas cantidades de sebo vacuno – menos del 20% del requerimiento de la industria - para la producción de jabones; reducidísimas producciones de fertilizantes, las cuales a su vez requerían de insumos de importación: azufre, amoniaco, etc., entre otras pocas, todo lo demás se importaba principalmente de Estados Unidos. Según un tristemente dicho jocoso de la época, Cuba era un país de sobremesa:” azúcar, café, tabaco y ron”.

Al mismo tiempo, el llamado proceso de industrialización desarrollado en la década de 1950 acentuó la dependencia de materias primas y portadores energéticos importados, sin un esfuerzo científico y tecnológico para establecer una base propia, endógena, capaz de apoyar el desarrollo del sector.

Desde antes de 1898 ya existían empresas norteamericanas que explotaban los recursos naturales de Cuba; sin embargo, con la primera intervención de Estados Unidos (1898-1902), su actividad en este sector aumentó considerablemente. A petición del general Leonard Wood, interventor norteamericano en el país, el Gobierno de Estados Unidos envió a Cuba, en 1901, una comisión de especialistas del US Geological Survey con el fin de evaluar la cuantía de los recursos minerales de la isla.

En última instancia, los objetivos de esta misión no eran científicos, sino de saqueo económico: determinar las posibilidades de explotación de los minerales cubanos por parte de los Estados Unidos. El resultado de ese verdadero espionaje, publicado en 1901 en inglés, no se tradujo al español y se dio a la publicidad en Cuba hasta 16 años después. Estaba casi integralmente volcado al estudio, sobre la base de datos que la misión extrajo de las publicaciones disponibles hasta esos momentos, de los yacimientos minerales ya conocidos.

Los intereses norteamericanos sólo explotarían sus denuncios mineros en una pequeña proporción consideradas en su totalidad, pero se asegurarían su control. En 1958, una parte de los yacimientos de lateritas – Cuba tiene una de las mayores reservas del mundo - era propiedad del Estado norteamericano y la otra, de una empresa privada, también norteamericana.

No obstante, un número relativamente alto de diversos estudios geológicos realizados, en las primeras décadas del siglo XX, por algunos especialistas cubanos y un nutrido número de extranjeros, no tuvo la unidad y el propósito, planificado, necesarios para lograr un cabal conocimiento científico que permitiera aprovecharlos en todos sentidos para el desarrollo económico de la nación[13].

Para integrar las informaciones existentes en el ámbito geológico, en la década del 40 se iniciaron las labores de la Comisión del Mapa Geológico de Cuba, la cual aunque contó con precarios recursos para practicar los trabajos de campo necesarios y afrontó repetidas crisis por falta de apoyo oficial, realizó una meritoria labor que tuvo como resultado la impresión y publicación en 1946 de un croquis geológico a escala 1:1 000 000 y otro minero, a igual escala, que constituyeron modestas contribuciones cubanas al estudio geológico de nuestro país[14].

 

Ø  Piezas de repuesto y equipamientos

Al triunfo de la Revolución, sólo existían algunos talleres para reparaciones, sobre todo en los centrales azucareros, en la industria del petróleo, en la del níquel y otras pocas más; sin embargo, muchas de las piezas de repuesto necesarias para las industrias más avanzadas eran de tal complejidad tecnológica, que no podían ser fabricadas por los mismos. El país carecía de una industria mecánica que le permitiera resolver los graves problemas que le presentaba el bloqueo. Salvo los mencionados anteriormente, los pequeñísimos talleres existentes eran incapaces de producir piezas o equipos. Ni su base material lo permitía, pues eran máquinas herramientas obsoletas y de escasa precisión, ni los operarios tenían la calificación suficiente.

Por otra parte, como escribiera José Altshuler:

...los estudios de ingeniería estaban mucho menos orientados hacia la construcción de nuevos equipos y hacia la creación de nuevas tecnologías que hacia la ingeniería de sistemas de equipos, dispositivos y métodos ya conocidos. Esta tendencia reflejaba el grado de dependencia económica en que se desarrolló nuestro país durante largo tiempo[15].

Los “ingenieros de catálogos”, según Altshuler[16], no escaseaban en nuestro país. Sin necesidad de apoyarse en un trabajo experimental o de desarrollo técnico; sin necesidad de preocuparse mucho – a la hora de encargar un equipo - por saber cómo se efectuaba, por ejemplo, el revestimiento especial para los trópicos, o qué aleación precisa debía utilizarse en las partes expuestas a corrosión o desgaste, o cómo pudiera construirse determinada pieza de repuesto o aditamento para el mismo, simplemente leía en los prospectos los datos técnicos y confeccionaba una relación de lo necesitado; en situaciones más o menos complicadas consultaba al representante de la firma vendedora.[17]

Esta ausencia de base material, de recursos humanos calificados y, consecuentemente, de tradición en la fabricación de piezas de repuesto y maquinarias constituyó una dificultad de primer orden que hubo que encarar.

Ø  Los recursos humanos

En vísperas de la Revolución en 1958, había en Cuba casi un millón de analfabetos y sólo recibían educación primaria 717 mil alumnos; la mitad de los niños en edad de asistir a la escuela no lo hacían[18]. La educación técnica de nivel medio era muy escasa; se concentraba en las llamadas escuelas de Artes y Oficios. La educación superior no estaba preparada para satisfacer las demandas que reclamaba el desarrollo, tanto en el orden de la cantidad de especialistas que se debían formar, como en el de los perfiles necesarios y la calidad requerida. En la estructura de la matrícula, las humanidades alcanzaban un 23% y la tecnología sólo un 11%. La formación se caracterizaba por ser en gran parte teórica, alejada de la práctica y muy desvinculada de las realidades del país.

Ø  Investigación y desarrollo tecnológico

En Cuba, en el período anterior a 1959, la subordinación económica y política a Estados Unidos frenó el desarrollo científico y tecnológico y tuvo como resultado una virtualmente nula capacidad resolutiva del país en esta esfera. Incluso allí, donde, por diferentes motivos, surgió un mínimo potencial científico y tecnológico, el intrínsecamente contradictorio proceso económico y social dificultaba o impedía su alineación en función de objetivos válidos a todo lo ancho de la sociedad.

En 1950, la misión enviada a Cuba por el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (IBRD en inglés), conocida como la Misión Truslow, no encontró - en su opinión - ningún laboratorio adecuado de investigación aplicada, público o privado, aunque en este último sector existían algunos pequeños laboratorios, prácticamente dedicados todos al control de la calidad o al ajuste de las características externas y más superficiales de los productos a las necesidades del consumo. En Cuba - se lee en el informe rendido por la Misión -, raras veces se interesa un ingeniero o un químico en realizar investigaciones aplicadas, y en cambio, prefiere el trabajo operativo[19].

Hasta 1958, las actividades del Instituto Cubano de Investigaciones Tecnológicas (ICIT) – creado en 1955 como organismo autónomo del Estado, a imagen y semejanza de la institución de investigaciones propuesta por la Misión - constituían un muestrario de débiles e inconexos esfuerzos. Un somero examen de sus publicaciones permite afirmar que en la práctica no contribuyeron al desarrollo tecnológico del país. Las nuevas inversiones llegaron demasiado tarde; y, sobre todo insertado a bombo y platillo en el simulacro de diversificación industrial que, ante la asfixiante situación del mercado azucarero capitalista, organizó Fulgencio Batista durante su dictadura.

El financiamiento de la investigación azucarera, el renglón fundamental de la economía, era exiguo; en la década del 50, la cifra oscilaba entre los 60 000 y los 80 000 pesos[20] anuales, obtenidos por la Asociación de Hacendados como contribución voluntaria de los centrales azucareros. Las contribuciones se hacían a la Sugar Research Foundation en Nueva York, sobre todo para la realización de investigaciones de carácter básico y no aplicado. Esta institución no investigaba acerca de la producción en sí, sino los posibles usos del azúcar.

El único esfuerzo de investigación aplicada que llegó a materializarse en una instalación industrial de cierta envergadura, se relacionaba con el proceso llamado La Roza para la utilización de pulpa química de bagazo en la producción de papel periódico. A la luz del conocimiento adquirido acerca de las características del bagazo y con la experiencia ganada en éste y otros intentos, en la actualidad resultan evidentes las insuficiencias técnicas y económicas del proceso desarrollado. Al iniciar la fábrica su operación, se desplegó una extraordinaria propaganda, que formaba parte de la misma estrategia de la tiranía batistiana para constituir una fachada de desarrollo económico del país mediante una supuesta diversificación industrial que dio origen al ICIT. Pero el 31 de diciembre de 1958, la totalidad de la producción de siete meses, se encontraba almacenada[21].

La escasísima investigación que se llevaba a efecto en las universidades – como expresáramos anteriormente - era producto del esfuerzo personal de determinados profesores y no se encontraba, por lo general, vinculada con los temas requeridos por la economía nacional, sino por los intereses académicos de sus ejecutantes.

No podía, en estas condiciones, hablarse de la ciencia como institución social en la nación. A ello se unían, como fenómenos derivados de esa subordinación, un alto índice de analfabetismo, una baja escolaridad de la población en general y muy bajos niveles de formación de técnicos y especialistas.

La dependencia externa de toda la economía cubana tendría como consecuencia, en aquellas condiciones, que la incorporación real de tecnología se produjera sólo cuando resultaba favorable a intereses foráneos. El sector industrial no azucarero sometido en definitiva a las decisiones de los grupos oligárquicos dominantes, era débil y carecía de estrategia. La corrupción administrativa excluía, por otra parte, la preocupación por el nivel tecnológico apropiado de aquellas pocas industrias promovidas con capital del Estado.

Esta fue una época de agudos contrastes técnicos y sociales. Por ejemplo, coexistiendo con rudimentarios sistemas de comunicación telefónica y la falta de extensión de esa red, se introdujo y se verificó en Cuba uno de los principales sistemas conocidos en el mundo basado en el principio de propagación troposférica para la comunicación telefónica y de televisión a altas frecuencias sobre el horizonte. Junto a los 200 000 bohíos y chozas, a las 400 000 familias del campo y la ciudad que vivían hacinadas en barracones y otras habitaciones precarias, sin las condiciones de salud e higiene más elementales, se desarrolló, hasta un grado considerable, el cálculo de complejas estructuras de hormigón, para ello, en Cuba se desarrollaban los modelos matemáticos y se resolvían en Estados Unidos las ecuaciones correspondientes por medio de computadoras electrónicas totalmente inexistentes en el país..

Todas estas contradicciones, claras expresiones de un desarrollo dependiente extremo y que provocaron una atroz deformación estructural de la sociedad cubana, fueron sintetizadas de manera lapidaria por Fidel Castro, cuando en La Historia me absolverá, afirmó que:

Salvo unas cuantas industrias alimenticias, madereras y textiles, Cuba sigue siendo una factoría productora de materia prima. Se exporta azúcar para importar caramelos, se exportan cueros para importar zapatos, se exporta hierro para importar arados (...) Todo el mundo está de acuerdo en que la necesidad de industrializar el país es urgente, que hacen falta industrias metalúrgicas, industrias de papel, industrias químicas, que hay que mejorar las crías, los cultivos, las técnicas y elaboración de nuestras industrias alimenticias para que puedan resistir la competencia ruinosa que hacen las industrias europeas del queso, leche condensada, licores y aceites y las de conservas norteamericanas; que necesitamos barcos mercantes, que el turismo podría ser una enorme fuente de riqueza; pero los poseedores del capital exigen que los obreros pasen bajo las horcas caudinas, el estado se cruza de brazos y la industrialización espera por las calendas griegas[22]. 



[1] Una parte importante de este capítulo está basada en el capítulo ‘Ciencia y técnica en la república neocolonial” en Sáenz y García Capote, 1980, en Sáenz y García Capote, 1980. 1981, 1989 y 1997; y Acosta 73.

[2] Para un análisis detallado del control de la economía cubana por el capital norteamericano, ver Pino Santos, 1973a y 1973b.

[3] Sáenz y García Capote, 1980, pp 47-57.

[4] Para un análisis detallado del control de la economía cubana por el capital norteamericano, ver Pino Santos, 1973 a y b.

[5] IBRD 1951, p.145.  

[6] El central Algodonal, luego Salvador Rosales, en la actual provincia de Santiago de Cuba. Desactivado en el año 2002

[7] Pino Santos, 1973b p. 54.

[8] Torras, 1984, p.9.

[9] Minerales ricos en contenido de níquel y cobalto, además de hierro y cromo.

[10] Mineral constituido principalmente por sulfuro de hierro.

[11] Pino Santos, op. cit., p.87

[12] Para un análisis más detenido de las características del sector industrial en Cuba en 1959, ver “El desarrollo industrial de Cuba, 1966.

[13] Calvache 1965, p. 16.

[14] Sobre el tema ver Albear 1968,

[15] Ver Altshuler 1962.

[16] ibidem

[17] ibidem

[18] Ver Fernández 1975, p.27.

[19] IBRD, op. cit. pp. 223-228.

[20] En aquellos momentos el peso cubano se tasaba a la par con el dólar estadounidense.

[21] Sobre el tema ver Molina, 1973,

[22] Castro 1964, p. 29


Continuará