Por Hugo F. Sonnenschein Presidente emérito y profesor de servicio distinguido Adam Smith en el Departamento de Economía y la Facultad.

"La edificación de la nueva sociedad en el orden económico es también un trayecto hacia lo ignoto". RCR
Por Hugo F. Sonnenschein Presidente emérito y profesor de servicio distinguido Adam Smith en el Departamento de Economía y la Facultad.

Sur del Jíbaro, la principal entidad agropecuaria de Sancti Spíritus y una de las más eficientes de Cuba, saca lascas de la diversificación productiva y de la aplicación de la ciencia y la innovación, incluso en una campaña donde no abundan los recursos
Autor: Juan Antonio Borrego | internet@granma.cu

La Sierpe, Sancti Spíritus.–Genaro García, lo que se dice una verdadera cátedra de la producción arrocera en la región central del país, siempre ha creído que, por su simetría casi perfecta, el trazado de los sistemas de terrazas, diques y canales en Sur del Jíbaro tiene su parecido con el de las calles del Vedado: «Cuando esto se terminó de construir –contó alguna vez– aquí cada gota de agua sabía para donde tenía que coger».
El uso eficiente del agua a lo largo de todos estos años, sin embargo, ha colgado como espada de Damocles sobre la arrocera espirituana, que, a pesar de ser beneficiaria casi exclusiva de la más importante represa del país, también ha tenido que capear larguísimas y sucesivas sequías y aprender a poner coto a los despilfarros de otros tiempos.
Cuando hace una década Granma llegó hasta los arrozales del sur espirituano destapó un panorama nada halagüeño: entre las pérdidas de los sistemas de Recursos Hidráulicos –específicamente en el Canal Magistral Zaza–, el deterioro y la falta de mantenimiento a una infraestructura de por sí muy gastadora y la violación de las normas técnicas establecidas, con sobregiros que oscilaban entre 3 000 y 4 000 metros cúbicos por hectárea, allí se desperdiciaba más de la mitad del agua de la presa.
«Hoy no pasa eso», responde categórico el ingeniero Orlando Linares Morell, director de la Empresa Agroindustrial de Granos (EAIG) Sur del Jíbaro, una entidad que, según él, ha venido aprendiendo a taponar los salideros y, desde hace años, se enmarca en los parámetros de consumos aprobados para el cultivo en el país: entre 14 000 y 15 000 metros cúbicos por hectárea, muy inferior a los 17 000 que se reportaban como promedio en el año 2010.
No fue de la noche a la mañana ni por arte de magia cómo la más importante empresa agropecuaria de Sancti Spíritus y la arrocera más próspera de Cuba se sacó el sambenito de despilfarradora nacional que tuvo durante mucho tiempo, sino con una política inversionista consecuente, con sistemáticos trabajos de reparación y mantenimiento, con el fomento de una cultura de ahorro, el mejoramiento de la llamada hidrometría y –no está de más reconocerlo también– con los límites que puso el país para el empleo de un recurso vital que obviamente no es infinito.
Agrónomos vinculados a la producción arrocera y expertos en agrotecnia han hecho notar que el abuso del agua en cualquier producción no solo resulta costoso, sino que termina lastimando los suelos, muy peligroso en una zona también amenazada por la intrusión salina, un mal que desde hace tiempo ha hecho acto de presencia en Sur del Jíbaro.
DENTRO Y FUERA DEL AGUA
De las tomateras de antaño y de algunas arroceras domésticas nació, en los años 70, Sur del Jíbaro, un proyecto de Fidel reconocido en su momento como el mayor sistema de riego por gravedad en Cuba y en todo el Caribe insular –abarcaba entonces casi 40 000 hectáreas–, hoy elogiado por el Presidente Díaz-Canel como referencia de la empresa estatal socialista.
Sin desatender su producción fundamental, la arrocera espirituana ha aprendido a diversificar sus surtidos al punto de que hoy también figura entre las principales pecuarias de Sancti Spíritus que, de por sí, es tierra de ganaderos: produce seis millones de litros de leche al año, 3 000 toneladas de carne vacuna, 1 500 de ovino-caprino, y considerables volúmenes de cultivos varios y frutales.
La entidad, que acaba de ser reconocida como la empresa exportadora del polo espirituano, cuenta con más de 6 000 hombres y mujeres directos a la producción, procedentes de cinco unidades básicas de producción cooperativa, siete cooperativas de créditos y servicios y 15 unidades empresariales de base.
Otra de las fortalezas de la arrocera es su infraestructura industrial, integrada por cinco secaderos
–tres en Los Españoles, uno en Las Nuevas y otro en Tamarindo– y cuatro molinos: Tamarindo y Las Nuevas, en La Sierpe; y Ángel Montejo y Manolo Solano, en la cabecera provincial; donde, además, existe la única planta de arroz precocido del país, en este momento sometida a un proceso de reconstrucción capital que la devolverá como nueva.
El incremento de la base de almacenes en Las Nuevas, el montaje de un moderno secadero de tecnología china en Tamarindo, la conclusión de un centro de beneficio de frutas y los adelantos que reporta el proyecto para una planta de polvo de moringa, estos dos últimos en la zona Recursos, cercana a La Sierpe Vieja, confirman que el futuro de Sur del Jíbaro no está en pausa, ni siquiera en medio de las complejidades económicas que atraviesa la nación.
Otra prueba de ello lo constituye también el evidente progreso del programa de construcción de viviendas para la estabilización de los profesionales y técnicos que apuestan por el arroz, un planteamiento formulado a Díaz-Canel en enero de 2019, a propósito de su visita gubernamental a Sancti Spíritus, que a estas alturas ya ha permitido concretar las primeras 40 casas el pasado año y prevé otras 20 para el corriente.
Como «algo muy útil y de gran aceptación entre los campesinos» califica Linares Morell los trabajos de agricultura de precisión que incluyen el empleo de drones para la aplicación de productos químicos en las terrazas, un esnobismo que los guajiros disfrutan como si se tratara de alguna franquicia de Steven Spielberg, que ha puesto a volar a estos bichos feísimos con su carga mortal en la barriga.
COMO EN LOS TIEMPOS DE VACAS GORDAS
Aquella mañana en Mapos, Houng Tran Xuan, el técnico vietnamita que asesoraba el programa arrocero en la unidad, uno de los más competentes de todos los que habían llegado al país, se fue de sus cabales apenas puso los pies en el terraplén y descubrió a un trabajador de la unidad que se encontraba pintando con lechada de cal el muro de una alcantarilla.
– Qué dice? –le preguntó Granma al traductor Tuan Ngo Ngoc, un joven que había terminado en fecha reciente sus estudios de Español en la Universidad de La Habana.
«Dice que las alcantarillas no se pintan, que, en vez de estar perdiendo el tiempo en eso, debiera estar limpiándola y sacando la tierra acumulada en el cauce para que el agua pueda circular mejor», respondió en voz baja el muchacho, que ya a estas alturas se creía un Cervantes tropical.
Orlando Linares, que no pudo participar en aquel rifirrafe, pero sí en otros, reconoce a la luz de los años que actualmente las áreas integradas al proyecto de cooperación Cuba-Vietnam son las que mejores rendimientos agrícolas alcanzan en la arrocera, una experiencia que ha permitido incorporar tecnología, saberes y cultura en general, aun cuando las maneras de desarrollar el cultivo son muy diferentes.
En una campaña signada por escaseces de todo tipo, Sur del Jíbaro alcanza rendimientos que parecieran de los tiempos de vacas gordas en el cultivo del arroz: 5,3 toneladas por hectárea en la campaña de frío y hasta siete toneladas en las áreas de semilla, algo que no pronosticaron ni siquiera los tasadores más optimistas.
Linares Morell, que en todos estos años al frente de la empresa ha aprendido a no creer en milagros, atribuye tales resultados a varias razones, entre ellas, el trabajo coordinado con la Estación Experimental del Arroz, que ha permitido contar con semilla de calidad, el aseguramiento de un paquete tecnológico híbrido que incluye químicos tradicionales, más los productos biológicos que comercializan Labiofam, varias instituciones de la ciencia y la propia entidad; así como la estabilidad en el servicio de la aviación agrícola, que asume toda la siembra, la fertilización y la desinfección con productos químicos, lo cual equivale al 90 % de la actividad arrocera.
Más que todo ello, sin embargo, ha sido el aporte invisible de esa cultura de años para lidiar con un cultivo muy exigente, un know how que en La Sierpe se reparte entre mucha gente y que vendría a darle la razón al Presidente Díaz-Canel, quien en su visita al lugar alabó el desempeño de la empresa espirituana con una frase que allí han convertido en escudo: «Aquí no puede haber tiempo malo».
EN CONTEXTO:
Por Mario Valdés Navia 28 septiembre 2021, LJC
Los ritmos de crecimiento de la economía cubana en el último quinquenio —2016-2020— han sido bajos, en lo fundamental por la reducida tasa de ahorro e inversión interna, que no rebasa el 12% del PIB cuando se necesita no menos de un 20-25% para garantizar un proceso sostenido de incremento y modernización. Aunque se ha priorizado la obtención de inversión extranjera directa (IED), se mantienen numerosas trabas para su atracción efectiva, las propuestas escasean y/o no se aprueban en el tiempo necesario.
La disminución del ingreso nacional hace más acuciante determinar la eficacia social de la política inversionista. La alternativa es decidir si la inversión debe dirigirse a la recapitalización de la estructura existente para garantizar mayor satisfacción de las necesidades prioritarias de la población y la economía, o a nuevas áreas que favorezcan los intereses proyectados a mediano y largo plazo por los que saben, los decisores del nivel central.

Es el caso de la prioridad que debe otorgarse a los sectores agropecuario, industrial, construcción de viviendas y servicios sociales; o a la inversión en la fabricación de nuevos hoteles para cuando millones de turistas estadounidenses puedan venir a Cuba. Un somero vistazo a las inversiones, del Período Especial a la fecha, muestra que hoy los resultados son peores que en décadas anteriores.
Analicemos entonces lo ocurrido en los últimos treinta años en el ámbito inversionista y aflorarán algunas causas y factores que solemos pasar por alto.
-I-
La crisis del modelo extensivo de desarrollo aplicado en los países socialistas era indetenible en 1985. Mientras la República Popular China y Vietnam se transformaron radicalmente al adoptar el modelo de economía socialista de mercado, la URSS y demás países del CAME optaron por reformas liberalizadoras (reestructuración/perestroika) que aceleraron el derrumbe del modelo y la transición al capitalismo. Cuba, por su parte, proclamó la Rectificación de errores y tendencias negativas, que pretendió solucionar el problema con fórmulas antimercantiles ya experimentadas y desechadas desde los años sesenta.
En 1990, cuando el intercambio con los países del CAME representaba el 85% del comercio exterior cubano, la URSS decidió unilateralmente que para el año siguiente todo su comercio se haría a precios del mercado mundial y en MLC. Se eliminaban así el rublo transferible y los precios indexados, que incluían un subsidio comercial a la Isla evaluado en más de 100,000 millones de rublos en treinta años.
A esto se sumó la disminución del suministro de petróleo, —de trece millones de toneladas en 1989, a 1,2 en 1992—, por lo que Cuba tuvo que comprarlo a los traders petroleros a precios exorbitantes. El bloqueo se incrementó con la Ley Torricelli que prohibió las transacciones con filiales de empresas norteamericanas en terceros países. Los más de 8,000 millones de USD en importaciones durante 1989, se redujeron a 2,200 en 1992.
Como respuesta, Cuba aprobó ese año una nueva ley encaminada a promover la inversión extranjera directa (IED) —mixtas y en asociaciones económicas— para obtener tecnología de punta, generar empleo de calidad, incrementar exportaciones y sustituir importaciones. A partir de 1993, con la creación del ministerio de Finanzas y Precios, inició un proceso de reestructuración económica basado en la industria turística, que incluía otras medidas liberalizadoras: libre circulación del USD, apertura a las remesas, reintroducción del mercado libre campesino y de productos industriales, descentralización del comercio exterior y apertura de zonas francas.
En 1996, la economía había crecido un 7,8%, lo que indicaba el inicio de una recuperación. Entre 1995 y 2003, se lograron importantes resultados, entre ellos: reducción del déficit fiscal al 2.8% del PIB; de los subsidios a las empresas al 1.3% del PIB y del exceso de circulante, del 56 al 40% del PIB.
Al cierre de 1998, las inversiones crecieron un 7,1% para alcanzar valores superiores a 2,300 millones de pesos. La IED conseguía 345 acuerdos de asociación con empresas cubanas y 243 empresas extranjeras operaban en zonas francas. Más del 50% de las inversiones mixtas y asociaciones con capital foráneo se concentraban en el sector industrial, principalmente en generación eléctrica y petróleo; 27% en comunicaciones y 16% en turismo y actividad inmobiliaria. La tendencia a la revaluación promedio del peso lo situó a 21,8 por USD y garantizaba el equilibrio financiero interno.
Sin embargo, desde que en 1999 Chávez asume el poder en Venezuela, el gobierno cubano vuelve a apostar por la relación preferencial con el nuevo país amigo y colaborador. De ahí que retornara a una elevada centralización de los mecanismos de asignación y utilización de divisas; las asociaciones mixtas fueran reducidas y eliminados los negocios inmobiliarios extranjeros; se disminuyera el número de empresas nacionales autorizadas a realizar operaciones directas de comercio exterior y se reavivara la ojeriza hacia el TCP.
En aquel momento el Gobierno decidió priorizar los servicios profesionales, tanto al interior de la Isla —vía Batalla de Ideas—, como hacia los países de la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA), en lugar de encauzar la inversión para modernizar y ampliar el sector productivo. Prueba de ello fue que en el 2000 se ordenó desmantelar y triturar gran número de centrales azucareros y vender sus hierros viejos como chatarra.
Desde 2003, las exportaciones de servicios profesionales de alto valor agregado alcanzaron el primer lugar tanto en el PIB como en las exportaciones, desplazando al turismo, que lo tenía desde 1990. A inicios del 2005 se creó la Cuenta Única de Ingresos en Divisas del Estado, que distribuiría las asignaciones en divisas para los organismos y organizaciones a partir de criterios gubernamentales.
Venezuela y China se convirtieron en nuestros principales socios comerciales, mediante acuerdos que incluían grandes inversiones conjuntas para ampliar y modernizar la industria petro-química, agricultura, telecomunicaciones, biotecnología, turismo, industria ligera, sideromecánica, biofarmacéutica y electrónica. Se priorizaba la creación de plantas ensambladoras, con creciente participación de la industria cubana, enfocadas en sustituir importaciones y exportar hacia el mercado latinoamericano y caribeño.
En 2005 inició el programa electro-energético, con un plan de inversiones que incluía la modernización de los sistemas de transmisión, instalación de nuevos equipos, utilización de vías no convencionales de generación y sustitución de equipos antiguos por otros modernos, menos consumidores.
Sorpresivamente se anunció que Cuba no sería ya únicamente receptora de flujos de inversión externa, sino que comenzaba a ser emisora de inversiones hacia otros países, a través de la construcción de hospitales y plantas para la producción de productos biotecnológicos en China, India, Malasia e Irán.
La crisis del 2008, las dificultades de Venezuela tras la muerte de Chávez y el declive del progresismo latinoamericano, dieron fin al espejismo de una economía de servicios y mostraron la necesidad de promover el sector productivo como garantía de soberanía alimentaria y sustentabilidad del desarrollo nacional. Desde 2008, se promovió el incremento de la explotación agropecuaria, la ampliación del TCP y los pequeños negocios, lo cual atrajo una cantidad, indeterminada pero sustancial, de inversiones a partir de la capitalización de parte de las remesas.
Cuando en el 2010 se produjo la destitución de Yadira García, ministra de la Industria Básica, aún el sector industrial concentraba el mayor volumen de capital extranjero y tenía proyectos de explotación y exploración de crudo con empresas de una decena de países. Venezuela construía un complejo petroquímico en Cienfuegos mediante una inversión comprometida de 5.000 millones de dólares.
No obstante, el tan añorado y descapitalizado sector agropecuario —que llegó a cubrir el 22,3% del total de las inversiones en 1989— redujo su participación al 6,7% en 2012. En particular lo ha perjudicado la ausencia de inversiones hidráulicas, que conllevó a la caída de los rendimientos en cultivos como el arroz, la producción de huevos y la ganadería, con el consiguiente incremento de las importaciones y de las angustias en la mesa familiar.
-II-
La llegada al poder de la administración Obama y el anuncio del deshielo en las relaciones Cuba-Estados Unidos (2014), abrió nuevas perspectivas a la inversión extranjera, la llegada de turistas y el incremento de inversiones en el sector privado. A este escenario favorable se unieron la anunciada terminación de la Zona Especial de Desarrollo de Mariel (ZEDM) y la exitosa renegociación de la deuda externa de Cuba con Rusia, Japón, México y el Club de París.
Sin embargo, en 2014 sobrevino otra inesperada vuelta de tuerca a la inversión no estatal, con la prohibición del funcionamiento de salas de cine 3D y de juegos electrónicos y computacionales privados y la venta de ropa y calzado importados. No se tuvieron en cuenta los problemas de calidad en la oferta de las TRD, sus precios exagerados, y el hecho de que no se hubiera potenciado una industria nacional que supliera las ofertas privadas.
En ese año se aprobó una nueva Ley de inversión extranjera que otorgó mayores garantías jurídicas y facilidades impositivas a los inversores y les permitió actuar en todas las áreas de la economía, salvo en instituciones armadas, Salud, Educación, y medios de comunicación; fue disminuido el impuesto sobre las ganancias al 15% y se acompañó de una Cartera de Oportunidades de Negocios.
A pesar del favorable escenario existente entre 2009-2016, la economía apenas logró un crecimiento de 2,3%, lejos del 4,4 previsto. En ello influyó que no se lograra captar nunca el monto de 2.000-2.500 millones anuales de USD en inversión foránea, que se estiman forzosos para alcanzar las metas de crecimiento necesarias, de entre 5-7%.
La posibilidad de elevar el monto de inversiones, se vio afectada a partir de 2009 por el pago de los servicios de la deuda externa renegociada, que alcanzó la cifra estimada de 23,000 millones de USD, lo cual limitó los fondos de consumo e inversión del país.
No obstante, nada ha marcado más la política inversionista en la última década que el creciente poder del holding GAESA, el cual se expandió aceleradamente a partir de la asimilación del grupo CUBALSE, también en 2009.
Según estudio del economista cubano Pavel Vidal, la descapitalización es la causa principal del retroceso relativo de Cuba ante economías de similar tamaño en la región —Ecuador, República Dominicana, Panamá, y Costa Rica—, entre 1970 y 2014. En tanto aquellas crecieron un 3.8 % en las últimas dos décadas, Cuba apenas lo ha hecho al 1.7 %, pues tiene una de las tasas más bajas de inversión de América Latina: 12.7 por ciento como promedio en los últimos veinte años.
Tras la llegada de Trump al gobierno en EE.UU., el escenario de inversiones se tornó todavía más difícil para Cuba. La respuesta centralizadora del Gobierno/Partido/Estado no se hizo esperar en la Isla. En 2018, a tenor de una sorpresiva e impopular decisión, se revirtieron algunas de las regulaciones relacionadas con el TCP anunciadas poco antes. Pero lo peor vino del exterior, cuando ante las presiones del presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, Cuba retiró a sus colaboradores del Programa Más Médicos dejando de percibir la parte mayoritaria de sus ingresos por exportaciones de bienes y servicios.
A pesar del desfavorable contexto, entre 2014 y 2020, y aunque la ocupación hotelera nunca ha rebasado el 60% con una tendencia a la baja (45,6 en 2020); la inversión inmobiliaria de GAESA en la construcción de hoteles aumentó, de manera acelerada y sostenida, su participación en la inversión total del país: de un 21,8% al 45,6.
Mientras, disminuían la inversión agropecuaria (de 8,1% a 5,9) y en el sector de Salud (de 2,2 a 0,9). En el primer trimestre del 2021, dicha tendencia se mantuvo inalterable: la inmobiliaria aumentó al 50,3% MP, la agropecuaria se contrajo a 2,6 y la de Salud, apenas a 0,3 en plena pandemia de covid-19.

Quizás en este, como en otros campos, debamos acudir a la experiencia internacional y otorgar más prioridad a la creación y funcionamiento de bancos de inversiones, especialmente en el sector agropecuario. La reorientación del fondo de inversión de la nación —público y privado— debe encauzarse hacia los sectores prioritarios para el presente y futuro inmediato.
Lo cierto es que hasta ahora, en la esfera inversionista, todo parece indicar, parafraseando al secretario general saliente del PCC, que aunque los frijoles puedan ser más importantes que los cañones, no son más importantes que los hoteles.