215. Continuar la recuperación, modernización, reposición y reordenamiento del transporte automotor tanto estatal como no estatal, fomentando el desarrollo de los servicios técnicos y el incremento de la seguridad vial, con una mayor participación de la industria nacional en la fabricación de piezas de repuesto y medios de transporte. Garantizar el cumplimiento con efectividad y eficacia del plan estratégico nacional de seguridad vial.
216. Perfeccionar la organización y el control de los servicios que prestan los porteadores privados, facilitándole el acceso a piezas y accesorios, combustibles y otros recursos, en correspondencia con las posibilidades de la economía, de modo que se favorezca la legalidad, seguridad y calidad de este servicio.
217. Garantizar la utilización de los esquemas y medios más eficientes para cada tipo de transportación, perfeccionando el Balance de Cargas, y logrando un adecuado funcionamiento de la cadena puerto-transporte-economía interna, aprovechan-do las ventajas comparativas del ferrocarril, del cabotaje, de las empresas especializadas y de la contenerización, logrando la integración multimodal.
218. Impulsar el programa de recuperación y desarrollo del ferrocarril dentro del proceso inversionista del país. Considerar fuentes de financiamiento a largo plazo. Culminar el perfeccionamiento del sistema, con énfasis en el rescate de la disciplina en el funcionamiento de la actividad ferroviaria.
219. Desarrollar la flota mercante nacional y los astilleros, como forma de propiciar el incremento en la recaudación de divisas y el ahorro por concepto de flete.
220. Elevar la eficiencia de las operaciones marítimo-portuarias, a partir de la organización de sistemas de trabajo que permitan alcanzar ritmos superiores en la manipulación de mercancías, y una mayor eficiencia en la atención a los cruceros, incluyendo la modernización y el mantenimiento oportuno de la infraestructura portuaria y su equipamiento, el sistema de seguridad marítima, así como el dragado de los principales puertos del país.
221. Fomentar el diseño de formas organizativas estatales y no estatales en las transportaciones de pasajeros y carga, así como en otros servicios vinculados con la actividad, en correspondencia con las características de cada territorio.
222. Continuar la modernización y ampliación de la flota aérea cubana de pasajeros y de carga, así como de la infraestructura aeroportuaria con el objetivo de asegurar el crecimiento del turismo y la demanda nacional.
223. Incrementar los niveles de satisfacción de la demanda de transportación de pasajeros, con estabilidad y calidad, en un ambiente de integración multimodal con la participación de las diferentes formas de gestión, que facilite la movilidad de una población que envejece, en función de sus necesidades y las de la economía.
224. Implementar nuevas formas de cobro en el transporte urbano y rural de pasajeros en función de minimizar la evasión del pago y el desvío de la recaudación.
225. Potenciar la recuperación, el mantenimiento y el desarrollo de la infraestructura vial automotor incluyendo su señalización.
Robert J. Shiller, a 2013 Nobel laureate in economics, is Professor of Economics at Yale University and the co-creator of the Case-Shiller Index of US house prices. He is the author of Irrational Exuberance, the third edition of which was published in January 2015, and, most recently, Phishing for Phools: The Economics of Manipulation and Deception, co-authored with George Akerlof.
NEW HAVEN – El presidente electo de los Estados Unidos Donald Trump llevó a cabo su campaña electoral, en parte, sobre la base de su propuesta de reducción drástica de impuestos para aquellos con altos ingresos, un grupo cuyos miembros a menudo, también, reciben educación de élite. Y, sin embargo, el apoyo más entusiasta a este candidato tendía a venir de aquellas personas con ingresos medios y estancados, y niveles de educación bajos.
¿Cómo se puede entender esto?
La victoria de Trump claramente parece provenir de la sensación de impotencia económica que tienen sus seguidores, o de un miedo a perder poder. Para ellos, el eslogan simple de Trump: “Hagamos a América grandiosa otra vez” les suena a “Hazte TÚ grandioso otra vez”: se dará el poder económico a las multitudes, sin quitar nada a quienes ya son exitosos.
Aquellos que están en el lado desventajado de la creciente desigualdad económica, generalmente, no quieren que las políticas gubernamentales aparenten ser limosnas. Por lo general, no quieren que el gobierno haga que el sistema tributario sea más progresivo, no quieren que se imponga impuestos que castiguen a los ricos, con el propósito de darles a estas personas desventajadas ese dinero. La redistribución les hace sentir humillados. Les hace sentir que están siendo etiquetados como un fracaso. Les da una sensación de inestabilidad. Les hace sentir atrapados en una relación de dependencia, que podría colapsar en cualquier momento.
Los desesperadamente pobres pudiesen aceptar limosnas, porque se sienten obligados a hacerlo. Sin embargo, para aquellos que se consideran, como mínimo, miembros de la clase media, cualquier cosa que les huela a limosna no es deseable. En cambio, lo que ellos quieren es recuperar su poder económico. Quieren estar en control de sus vidas económicas.
En el siglo XX, los comunistas politizaban la desigualdad económica, pero se aseguraban de que su agenda no fuese de ninguna manera interpretada como donativos o caridad para los menos exitosos. Fue de fundamental importancia que los comunistas tomaran el poder por medio de una revolución, en la que los trabajadores se unieran, actuaran y se sintieran empoderados.
Los seguidores de Trump, también llaman revolución al triunfo de su candidato, aunque la violencia – al menos la ejercida por la campaña propiamente dicha – se limitó a insultos y apodos peyorativos. Sin embargo, aparentemente fue lo suficientemente desagradable como para inspirar a aquellos seguidores de Trump que interpretan la agresividad como evidencia de poder.
Ciertamente, el hecho que el pueblo desee tener una sensación de logro con relación a sus propias inclinaciones, en lugar de, simplemente, tener dinero para vivir, no es algo que solamente ocurre en EE.UU. Generalmente, en ningún país se tiene una sensación de estar haciendo lo correcto cuando se responde a una creciente desigualdad económica mediante la imposición de fuertes impuestos a los ricos y la transferencia de ese dinero a otros. Esa actitud da la sensación de estar cambiando las reglas del juego después de que ya se jugó dicho juego.
En su reciente libro Taxing the Rich: A History of Fiscal Fairness in the United States and Europe, Kenneth Scheve de la Universidad de Stanford y David Stasavage de la Universidad de Nueva York usan dos siglos de datos sobre tasas de impuestos y desigualdad de ingresos para examinar loa resultados alcanzados en 20 países. Hallaron que había poca o ninguna tendencia por parte de los gobiernos para hacer que los impuestos sean más progresivos cuando la desigualdad antes de impuestos estaba en aumento.
Katherine Cramer, autora de The Politics ofResentment, llegó a entender de mejor manera los resultados en Wisconsin, lugar donde – al igual que ocurrió en el caso de Trump – el gobernador del Estado, Scott Walker, ganó popularidad entre los votantes de la clase trabajadora. Después de ser elegido en el año 2010, Walker redujo los impuestos sobre los ingresos más altos, se negó a elevar el salario mínimo estatal por encima del mínimo exigido por el gobierno federal y rechazó los intercambios de seguros creados por la reforma de la salud del año 2010, el programa distintivo de la administración del presidente Barack Obama. En lugar de aquello, Walker prometió medidas que quitarían el poder a los sindicatos, acciones que normalmente se perciben como capaces de disminuir los ingresos de la clase trabajadora.
Cramer entrevistó a los votantes de la clase trabajadora rural en Wisconsin, con el propósito de tratar de entender por qué apoyaron a Walker. Sus entrevistados destacaron sus valores rurales y su compromiso con el trabajo duro, factores que han sido una fuente de identidad y orgullo personal. Pero también subrayaron su sensación de impotencia frente a aquellos a quienes percibían como injustamente favorecidos. La autora llegó a la conclusión de que el apoyo a Walker por parte de estas personas, que estaban imbuidas dentro de un entorno que mostraba evidencias de deterioro económico, reflejaba el enfado y resentimiento extremos que sentían hacia las personas privilegiadas en las grandes ciudades, quienes antes de la llegada de Walker las había ignorado, excepto a momento de imponerles impuestos. Además, sus impuestos fueron, en parte, a pagar por los planes de seguro de salud y pensiones de los empleados del gobierno, beneficios que ellos mismos, a menudo, no podían pagar por falta de recursos. Querían tener poder y reconocimiento, que era lo Walker aparentemente les ofrecía.
Se puede decir casi con certeza que tales votantes también sienten ansiedad por el efecto de la rápidamente creciente tecnología de la información en los empleos y los ingresos. Hoy en día, las personas económicamente exitosas tienden a ser aquellas que son tecnológicamente eruditas, no aquellas que viven en el área rural de Wisconsin (o, en el área rural de cualquier otro lugar). Estos votantes de clase trabajadora sienten una pérdida de optimismo económico; pero, sin embargo, por la admiración que sienten por las personas de su clase y por defender sus valores, ellos quieren quedarse donde están.
Trump habla el idioma de estos votantes; pero, sus propuestas hasta la fecha no parecen abordar el desplazamiento subyacente en el poder. Trump hace hincapié en la reducción de los impuestos internos, misma que, según afirma, dará rienda suelta a una nueva oleada de emprendimientos, así como en la renegociación de los acuerdos comerciales, llevándolos en una dirección proteccionista, con el fin de mantener empleos dentro de Estados Unidos. Sin embargo, es improbable que tales políticas desplacen el poder económico llevándolo a manos de aquellos que han sido relativamente menos exitosos. Por el contrario, los emprendedores pueden desarrollar maneras aún más astutas de reemplazar empleos con computadoras y robots, y el proteccionismo puede generar represalias por parte de los socios comerciales, inestabilidad política y, en última instancia, posiblemente incluso conflictos bélicos activos.
Para satisfacer a sus votantes, Trump debe encontrar maneras de redistribuir el poder sobre los ingresos, no sólo sobre los ingresos propiamente dichos, y no únicamente mediante los impuestos y el gasto público. Trump ha expresado solamente ideas limitadas hasta este punto, como por ejemplo subvencionar la elección de entidades educativas para mejorar la educación. Sin embargo, fuerzas económicas poderosas – como lo son la innovación tecnológica y los costos de transporte más bajos a nivel mundial – han sido las principales fuerzas impulsoras de la creciente desigualdad en muchos países. Este es un hecho histórico que Trump no puede cambiar.
Si aquellos que carecen de las habilidades que demanda la economía de hoy en día rechazan la redistribución, es difícil visualizar la forma cómo Trump mejorará su situación económica. Parece muy poco probable que la Revolución Trump, como se la ha presentado hasta el momento, pueda cumplir con lo que sus seguidores realmente quieren: un aumento en el poder económico que tienen los trabajadores.
No hace mucho, Bernie Sanders daba una respuesta: los demócratas deberían "trascender la política de la identidad". Lo que hace falta, según él, son candidatos que "planten cara a Wall Street, a las empresas aseguradoras, a las farmacéuticas, y al sector de los combustibles fósiles".
Pero ¿hay alguna razón para creer que esa estrategia funcionaría? Permítanme exponer algunos motivos para dudarlo. Primero, una reflexión general: cualquiera que afirme que cambiar de postura servirá para ganar elecciones da por sentado que los ciudadanos conocerán esas posturas. ¿Cómo va a ocurrir eso, si la mayoría de los medios de comunicación se niegan a informar sobre asuntos políticos fundamentales? Recuerden que, en el transcurso de la campaña de 2016, las tres cadenas de noticias (CNN, Fox News y MSNBC) dedicaron, entre todas, un total de 35 minutos a asuntos políticos. Por otra parte, dedicaron 125 minutos a los correos electrónicos de Hillary Clinton.
Aparte de eso, el hecho es que los demócratas ya han intentado sacar adelante medidas que son mucho mejores para la clase trabajadora blanca que cualquier otra cosa que ofrezca el otro partido. Piensen en el este de Kentucky, una región con mucha población blanca que se ha beneficiado enormemente de las iniciativas de la era de Obama. Fíjense, en concreto, en el caso del condado de Clay, declarado hace unos años por el New York Times el lugar de Estados Unidos donde más difícil era la vida. Sigue siendo muy difícil, pero al menos ahora la mayoría de sus habitantes tienen seguro médico: según cálculos independientes, el porcentaje de personas sin seguro se ha reducido del 27% en 2013 al 10% en 2016. Eso ha sido fruto de una ley que Clinton prometía preservar y ampliar, pero que Trump prometió destruir.
Trump consiguió el 87 % de los votos en el condado de Clay.
Ahora bien, me podrían decir que los seguros médicos están bien, pero que lo que la gente quiere es un buen trabajo. Hay varias cuencas carboníferas en el este de Kentucky, y Trump, a diferencia de Clinton, ha prometido recuperar los puestos de trabajo del sector minero. (Adiós a la idea de que los demócratas necesitan un candidato que plante cara al sector de los combustibles fósiles).
Sin embargo, es una promesa sin sentido. ¿Adónde se han ido los puestos de trabajo de las minas de carbón de los Apalaches? No se han perdido por la competencia desleal de China ni de México. Al contrario, van erosionándose desde hace décadas a medida que la producción carbonífera estadounidense ha pasado de las minas subterráneas a las explotaciones a cielo abierto (que requieren muchos menos trabajadores). El empleo en el sector del carbón alcanzó su punto máximo en 1979, pero cayó rápidamente durante la época de Reagan, y en 2007 se había reducido a menos de la mitad. Nada de esto es reversible.
¿Es el caso de esta antigua región carbonera una excepción? Lo cierto es que no. A diferencia del declive del carbón, parte de la caída del empleo en el sector manufacturero puede atribuirse al aumento del déficit comercial, pero incluso en este caso, se trata solo de una pequeña parte de la historia. Nadie puede prometer de manera creíble la recuperación de los antiguos puestos de trabajo; lo que sí se puede prometer —y Clinton lo hizo— son cosas como una asistencia sanitaria garantizada y un salario mínimo más alto. Pero los blancos de clase trabajadora han votado mayoritariamente a políticos que prometen destruir esos logros.
¿Qué es lo que ha pasado aquí? En parte, puede que la respuesta sea que Trump no ha tenido reparos en mentir sobre lo que podía lograr. De haber sido así, es posible que se produzca una reacción violenta cuando los puestos de trabajo en los sectores del carbón y la industria no regresen, y los seguros médicos desaparezcan. Pero puede que no. Tal vez, el Gobierno de Trump logre conservar a sus seguidores, pero no mejorando su calidad de vida, sino alimentando su resentimiento.
Porque, seamos serios: no se pueden explicar los votos de sitios como el condado de Clay diciendo que son una respuesta a las discrepancias en materia de política comercial. La única forma de encontrarle un sentido a lo que ha pasado es ver el voto como una expresión de, bueno, la política basada en la identidad; una mezcla de resentimiento blanco contra lo que los votantes consideran favoritismo hacia los no blancos (aunque no lo sea) y cólera de los menos cultos hacia las élites progresistas que, según creen ellos, los miran por encima del hombro.
Para ser sincero, no comprendo del todo ese resentimiento. En concreto, no sé por qué un desdén progresista imaginado inspira mucha más cólera que el muy real desdén de los conservadores, que ven la pobreza de sitios como el este de Kentucky como un reflejo de la ineptitud personal y moral de sus habitantes. Sin embargo, una cosa está clara: los demócratas tienen que averiguar por qué la clase trabajadora blanca acaba de votar mayoritariamente en contra de sus propios intereses económicos, y no fingir que un poco más de populismo resolverá el problema.
La Habana, noviembre 26.- Este 26 de noviembre se celebra el Día de Economista y Contador Cubano, en homenaje a aquel de 1959 en que Ernesto “Che” Guevara asumió la Presidencia del entonces Banco Nacional de Cuba.
Viene por ello a la mente de este periodista un recuerdo del 2005. Invitado de honor al Congreso de la Asociación de Economistas y Contadores de Cuba (ANEC) que tenía lugar por aquellos días, pudo acceder y comentar una carta del Héroe de la República de Cuba Ramón Labañino Salazar, entonces prisionero en los Estados Unidos por actuar como agente encubierto a favor de Cuba. La misiva, por supuesto, conmovió a los asistentes; en la misma, el hoy vicepresidente de la ANEC apuntó una frase que parece como dicha para hoy mismo: “Que el crecimiento económico no sea sólo una cifra estadística, sino un beneficio tangible en el nivel de vida de la sociedad, tal como sabemos es premisa cimera del economista cubano”.
Hoy, cuando por otro lado llegan noticias poco halagüeñas sobre el crecimiento de la economía cubana – apenas incremento del Producto Interno Bruto; el salario real aún por debajo de 1989; un aumento de la desigualdad social, la unificación monetaria y cambiaria por realizar - las palabras de Ramón Labañino me zumban en los oídos.
Son palabras, nada más que palabras, pero cuyo significado convoca a meditar, porque por otro lado la prensa cubana informa sobre aumentos en los precios de los alimentos, entre otros, que sí invitan no solo a preocuparse, sino a ocuparse. Vale reproducir este reporte de Radio Reloj, una de las emisoras de su tipo más escuchadas de Cuba:
“La Habana, Cuba. – Durante un recorrido por diferentes mercados de oferta y demanda de La Habana, Radio Reloj recogió algunos criterios sobre los altos precios en los que se venden tanto verduras, hortalizas como granos…Isidro López, vecino de Habana del Este, afirmó que en la Zona No.6 la libra de frijoles negro ya cuesta 20 pesos (CUP) y con su salario no le alcanza para poder comprarlos con frecuencia…Igual criterio comparte Tahís Álvarez, quien refirió además que en el Mercado Estatal de Tulipán, en el barrio del Cerro, en pocas ocasiones ha podido adquirir vegetales, por lo que se ve obligada a consumir en los de oferta y demanda pagando una libra de tomate hasta en 30 pesos (CUP)…Yangiset Sanz, afirmó que a pesar de que existe una política de tope de precios en los Mercados Estatales, la poca presencia de algunos de los productos más consumidos obliga a acudir a los restantes puntos de venta…”
Cuba cerró el 2015 con un salario medio mensual de 587 pesos no convertibles (CUP). De este modo, una libra de frijoles anda por algo más del 3% de ese salario medio; una treintena de huevos va por el 5 % y al momento de estas líneas la tendencia es al aumento.
Sin dudas, un conjunto de procesos han tenido efectos beneficiosos en la economía cubana, el más dinámico el turismo, aunque otros de impacto negativo han disminuido o quizás hasta revertido ese positivo efecto. También hechos como el reordenamiento de la deuda han aportado parabienes; pero cuando se analiza el problema desde la mesa del cubano de a pie, desde su cotidiana circunstancia, “eso”, no se ve.
Por otro lado, tras la elección de Donald Trump como Presidente de los Estados Unidos, se corre el peligro de que los avances obtenidos en las relaciones entre Cuba y ese país puedan revertirse. De inicio, en el equipo de transición presidencial de Trump hay un tal Mauricio Claver-Carone, quien se ha caracterizado por ser un crítico del proceso de normalización de relaciones entre ambas naciones, y un adversario por tanto del turismo estadounidense. Guste a quien guste, pese a quien pese, el impacto positivo de esa compleja normalización sí ha tenido un efecto beneficioso para la economía cubana, aunque en la mesa del cubano de a pie no se vea. De modo que una reversión sí puede ser dañina para Cuba, tomando en cuenta el peso que el turismo va tomando en el balance de exportaciones de bienes y servicios, y en lo cual la presencia norteamericana gana peso por días.
Basta citar al analista Rafael Betancourt : “Mientras el valor tanto de las exportaciones como de las importaciones de bienes y servicios en el último lustro toparon en 2013, con una disminución de 16 y 9 %, respectivamente, entre 2014 y 2015, los ingresos asociados al turismo internacional (turismo más transporte) crecieron 11 % en ese mismo año y un total de 27 % entre 2010 y 2015. Su peso en el total de las exportaciones de bienes y servicios aumentó del 14 % en 2011 al 19 % en 2015.”
Escribe este periodista, y se pregunta si divaga. Entretanto, como zumbar en los oídos, las palabras del Héroe y economista Ramón Labañino: “Que el crecimiento económico no sea sólo una cifra estadística, sino un beneficio tangible en el nivel de vida de la sociedad, tal como sabemos es premisa cimera del economista cubano”.
Hasta hace pocos días, el modelo a seguir era uno solo: la globalización. Pero desde el triunfo de Donald Trump y el Brexit, la palabra de moda es el antónimo: desglobalización. Durante casi medio siglo, el mundo solo escuchó hablar de las ventajas de la apertura y el libre cambio. Este discurso adquirió toda su fuerza cuando hace 25 años se disolvió la Unión Soviética. Parecía que iban a caer todas las fronteras en un mundo hegemonizado por Estados Unidos. Sin embargo, las cosas que nos prometen eternas también terminan. Esto ya sucedió al estallar la Primera Guerra Mundial en 1914, que puso fin a 40 años de extendido crecimiento del comercio internacional.
En un artículo publicado en The New York Times, Ruchir Sharma analiza la recurrencia de estos ciclos de apertura y de proteccionismo, y señala que no se trata de periodos cortos, sino que abarcan décadas de la historia. La brutal contracción provocada tras el fin de la Primera Guerra y de la Gran Depresión de 1929, redujo el comercio mundial a solo un 10% del producto bruto global, cuando en 1914 era del 30%. Los inmigrantes a Estados Unidos, que llegaban al millón por año antes de 1914, se redujeron a unas pocas decenas de miles al finalizar el conflicto bélico. Después de 1945, la rueda volvió a girar. En 1970, el comercio mundial logró recuperar los niveles de 1914 y desde entonces se duplicó, llegando al 60% del producto global. Pero a partir de 2008, empezamos el camino inverso: el comercio mundial cayó a 55%, el flujo de capital se redujo a menos del 2% del producto bruto mundial, cuando había llegado a ser del 16% en 2007. Y la migración también se frenó: a pesar de la oleada de refugiados en Europa, la migración a los países ricos se redujo a cuatro millones de personas entre 2011 y 2015, según los datos aportados por Sharma. Antes de que Trump empiece a aplicar sus medidas, desde 2011, el número de mexicanos que se han ido de Estados Unidos ha superado a los recién llegados en 140.000.
Las dos oleadas se parecen en la enorme desigualdad que produjeron y el grosero aumento de la riqueza: entre 1870 y los años 20, el porcentaje del ingreso del 1% más rico de Estados Unidos creció hasta llegar al 20%. "El sueño americano ha muerto. El obrero industrial de la zona central del país donde solía haber una industria manufacturera, hoy tiene una calidad de vida inferior a la que tuvo sus padres. Pero lo que más le preocupa no es su retroceso social sino que su hijo va a tener una calidad de vida inferior a la que tiene hoy. Todo lo contrario a lo que prometía el sueño americano donde las generaciones debían estar cada vez mejor", dijo a Sputnik Miguel Ponce, experto en comercio internacional.
Para Roberto Conde, antiguo vicecanciller uruguayo y experto en materia de integración, Trump recogió el voto de ese cinturón desindustrializado como consecuencia de la deslocalización de las empresas. En los últimos 25 años se han perdido unos seis millones de trabajos industrializados bien remunerados, explicó. "La llegada de Trump al poder muestra un claro rebrote de los movimientos de desglobalización. Confirma lo que viene sucediendo en Europa con los partidos antisistema ultranacionalistas. Hoy en día tener un discurso proteccionista y aislacionista como el de Trump es un discurso antiglobalizante", dijo a Sputnik Damián Jacubovich, licenciado en geopolítica. Trump aseguró que "ni su país ni su gente se pondrán a los pies del falso canto de la globalización". Para Jacubovich, su llegada al poder indica el "principio del fin" para los partidos tradicionales, con los que la población de Occidente siente un "gran descontento".
Las críticas de Trump al Tratado Transpacífico de libre comercio (TPP, por sus siglas en inglés), el acuerdo firmado por 12 países de la cuenca del Pacífico, fueron una de las claves de su victoria. En su discurso de aceptación de la candidatura, en junio, había dicho que "el TPP será el golpe de muerte para la manufactura estadounidense", porque "abrirá aún más nuestros mercados a los que especulan agresivamente con las divisas", y "hará más fácil a nuestros competidores enviar bienes baratos subsidiados a nuestros mercados", obligando a los trabajadores de EEUU "a competir con los de Vietnam, uno de los países con los salarios más bajos de la Tierra".
El anuncio del nuevo presidente electo, el 21 de noviembre, de que retirará a Estados Unidos del TPP, se realizó justo un día después de que el presidente Barack Obama ratificara su adhesión a este acuerdo moribundo, en la Cumbre de Lima de los Líderes del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC). En la declaración final de la Cumbre, los líderes de la APEC, que reúne 21 países de la cuenca del Pacífico, incluyendo a Perú y Chile, se propusieron "revertir las medidas proteccionistas y distorsionadoras del comercio, que debilitan el comercio y frenan el progreso y la recuperación de la economía internacional". Se abrazan al mástil de la globalización, ahora que la misma potencia que la expandió por el mundo, ha decidido abandonarla.
El país ostenta una larga tradición de cooperativismo en la agricultura y la ganadería, pero fue con la actual reforma económica que se permitió, de forma experimental, la gestión colectiva en actividades de construcción, reciclaje, gastronomía, transporte, informática, entre otras.
Clientes consumiendo en el exterior del restaurante “El Fígaro”, en el Callejón de los Barberos, barriada del Ángel, La Habana, Cuba.
Foto: Jorge Luis Baños_IPS
LA HABANA, 25 nov 2016 (IPS) - Plantas ornamentales y obras de arte engalanan las fachadas de las viviendas y negocios que se apretujan en el Callejón de los Peluqueros, en el turístico municipio de Habana Vieja. A simple vista, pasa desapercibido que es un lugar único en Cuba.
En la angosta y típica calle peatonal, prosperan 23 pequeños negocios privados, que promueven la aplicación, adaptada a las condiciones de esta isla caribeña, de la “economía social y solidaria”, una modalidad que une la economía pública y privada, así como a las organizaciones no gubernamentales.
“Nosotros borramos la línea entre: Tú eres estatal y yo cuentapropista (privado), para trabajar juntos en el beneficio comunitario”, aseguró Gilberto Valladares, un barbero conocido internacionalmente después que habló al presidente de Estados Unidos, Barack Obama, durante un foro empresarial durante su visita a La Habana en marzo.
“Ese es el modelo que nos permite crecer desde abajo”, sostuvo a IPS este emprendedor, conocido como Papito, que despliega una intensa labor comunitaria, apenas divulgada localmente, a través del Proyecto de Desarrollo Integral Comunitario Arte Corte, creado en 1999.
En estos días, emprendedores como Valladares se preguntan qué espacio tendrá el creciente sector privado en este país de economía centralizada, luego que el 28 de septiembre se anunció un aumento de los controles y medidas en los cada vez más numerosos pequeños negocios en la capital, sobre todo en restaurantes y bares.
“Nosotros demostramos qué puede aportar un cuentapropista al país, en lo económico, social, cultural y el rescate de los valores”, aseguró el peluquero, de 46 años. “El momento histórico de comprometer al sector privado con la sociedad es hoy, no mañana”, propuso el emprendedor, que aún lucha contra los prejuicios y vacíos legales del ramo.
A su juicio, las miles de personas que establecen negocios privados son muy diversas y tiene un potencial sin aprovechar.
“Es cierto que no todo es color de rosa y existen fenómenos negativos (en el sector privado), como la explotación y discriminación de la mujer, pero son problemas sociales mayores que se encuentran en todos los espacios”, valoró Valladares, quien asegura que su proyecto logró autosustentarse gracias a la alianza público-privada.
Interior del Café de los Artistas, uno de los emprendimientos privados que participa en el desarrollo comunitario del barrio del Santo Ángel y en el proyecto Arte Corte, una iniciativa única en Cuba.
Foto: Jorge Luis Baños_IPS
Papito recuerda que hace cinco años el callejón donde vive era “el más feo de La Habana”. “Aquí solo existía mi peluquería y la escuela”, contó sobre el centro de enseñanza gratuita que inauguró en un local estatal para “dignificar el oficio de la peluquería”.
Ahora, Arte Corte es una escuela que ofrece cursos de peluquería y gastronomía y talleres de arte a niños y jóvenes. En alianza con otros emprendedores, instituciones y organizaciones, capacita a jóvenes, en especial de grupos vulnerables como aquellos con problemas auditivos o discapacidades mentales, para que accedan a empleos dignos.
Expansión privada y cooperativa
Las autoridades cubanas anunciaron en 2014 que el sector de la restauración estatal pasaría a la gestión privada y cooperativa, con base en un experimento que comenzó en 2012 en cuatro provincias y que luego se extendió al resto del país. La medida estableció que el Estado, que durante décadas gestionó desde cafeterías de barrio hasta restaurantes de lujo, se mantiene como propietario de los principales medios de producción pero puede arrendar locales, equipos, medios útiles y herramientas. Entonces se informó que las 8.984 locales estatales dedicados la gastronomía vivirían una paulatina transición, que incluiría a los más de 100.000 trabajadores del ramo.
En esta calle, hay cuatro restaurantes para turistas, otras tantas galerías de arte, una tienda de ropa y otra de artesanías. También se arriendan espacios para esas y otras actividades y se rentan habitaciones a visitantes extranjeros.
Estos negocios emplean a 97 personas, en su mayoría del barrio del Santo Ángel, donde está enclavado el callejón y es el área de acción de Arte Corte. El equipo del proyecto recabó la existencia de 200 emprendimientos en el barrio, que generan empleos y pagan impuestos.
“Hoy los proyectos económicos (del Santo Ángel) ayudan a sostener los proyectos sociales”, indicó Valladares, que resaltó la importancia del apoyo de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana, “sin la que hubiese sido muy difícil lograr el éxito actual”.
Arte Corte también cuenta con el apoyo de organizaciones no gubernamentales, universidades, centros de investigación, empresas estatales, gobierno local y la cooperación internacional de la Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación.
Cuando en 2010 el gobierno de Raúl Castro amplió a más de 200 las pequeñas actividades permitidas en la producción y los servicios, el sector privado sumaba apenas 157.371 personas. Hoy cuenta con 518.479 trabajadores, entre propietarios y empleados, según el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social.
Además, permitidas en 2013, existen 383 cooperativas no agropecuarias, que se concentran en las provincias de La Habana, Artemisa, Matanzas, Mayabeque y Pinar del Río. De ellas, 131 se dedican al comercio y la reparación de efectos personales, 102 son restaurantes, 60 operan en la construcción y 49 en la manufactura, entre otras áreas.
Cuba ostenta una larga tradición de cooperativismo en la agricultura y la ganadería, pero fue con la actual reforma económica que se permitió, de forma experimental, la gestión colectiva en actividades de construcción, reciclaje, gastronomía, transporte, informática, entre otras.
Gilberto Valladares, a la derecha, líder del proyecto comunitario Arte Corte, que funciona en la Habana Vieja y es fruto de una alianza entre los sectores estatal y privado, organizaciones no gubernamentales y la cooperación internacional.
Foto: Jorge Luis Baños_IPS
Las dudas sobre la aceptación oficial del empuje del llamado sector no estatal, que incluye a privados y cooperativas, se reavivaron en septiembre cuando 129 dueños de restaurantes de la capital fueron citados por las autoridades para anunciarles que iban a ser inspeccionados.
En octubre, la prensa oficial informó que el gobierno de La Habana congeló el otorgamiento de nuevas licencias para abrir restaurantes porque los actuales eran controlados en busca de violaciones como tolerancia a las drogas y proxenetismo, blanqueo de dinero, compras en el mercado negro, evasión fiscal, empleados sin contratos y uso de la licencia para otros fines como clubes y discotecas.
La suspensión de nuevos permisos a los exitosos restaurantes en la capital, que comenzó en una fecha sin precisar y terminó el 23 de octubre, fue la medida más divulgada en medios locales pero otros emprendedores aseguraron a IPS que también sufrieron rigurosos controles.
“Nos realizaron inspecciones más fuertes y seguidas de lo común”, contó un maestro, que trabaja en un local de refacciones en el céntrico barrio de Vedado. “También revisaron que los vendedores de ropa y artesanías no estuvieran revendiendo productos industriales”, reveló el dueño de una pequeña tienda en la populosa avenida Carlos III.
“El sector de gestión no estatal podría ser un sector muy dinámico en el desarrollo de la economía nacional, incluidos los ámbitos social y político”, sostuvo a IPS el experto en sociedad civil Ovidio D´Angelo.
El psicólogo de formación indicó que, para ello, se requiere de “una reforma mucho más profunda en su legislación y la de los otros sectores de la economía: estatal, mixto, inversión extranjera, entre otros”, además de “un cambio de mentalidad” en la población y sobre todo en la política oficial.
Vacíos legales, trámites burocráticos, pocos contratos con empresas estatales a pesar de estar permitido, maltratos por parte de inspectores que algunos califican hasta de “hostigamiento”, ausencia de un mercado mayorista, escasas opciones de superación y altos impuestos, son algunas de las limitantes observadas por los privados.
“Hay que ir “alfabetizando” a mucha gente sobre las cooperativas no agropecuarias (CNA) y su papel en nuestra sociedad, pues merecemos igual respeto que las empresas estatales”, comentó Teresita Gómez, socia fundadora de la CNA Crea Entorno, que con un perfil ecológico produce piezas de cerámica en la capital.
“La cooperativa es una unidad muy ágil y, en las actuales circunstancias económicas de Cuba, puede ayudar mucho”, planteó a IPS sobre este segmento que padece obstáculos y estigmas similares a los pequeños negocios privados, aunque cuenta con las facilidades de tener personalidad jurídica y algunas pocas disponen de permisos de importación.
Desde un populoso barrio, la tranquilidad de una costa o el ambiente campestre de las zonas más lejanas, nuevos escenarios se dejan ver en La Habana y devienen un verdadero deleite para los sentidos. Restaurantes, bares y cafeterías transforman la arquitectura de una ciudad centenaria, que muestra renovados aires bajo el influjo de un sector que ha llegado para quedarse y que acompaña el desarrollo económico y social cubano.
La historia de La Farmacia, El Cojimero, El Pellizco y el bar-restaurante Sarao´s Bar, aunque exitosa, no ha estado exenta de tropiezos. En diálogo con Cubadebate, sus titulares afirman que es posible llevar “un negocio” en Cuba bajo el marco de la legalidad, aunque reconocen que persisten grandes desafíos que deberán resolverse en la nación para un mejor funcionamiento del sector.
Cuando hace unas semanas se encendieron las alarmas ante el cierre del otorgamiento de licencias para este tipo de actividad y devino comentario cotidiano que había una guerra contra estos establecimientos, los dueños de estas “paladares” aseguran no haber compartido esta percepción y sostienen que los controles realizados, lejos de ser terapias de choque ante problemas detectados, deben convertirse en herramientas cotidianas para asegurar el buen desarrollo del cuentapropismo en la capital.
Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate.
Sarao´s Bar palpita en el corazón del Vedado
En la esquina de 17 y E en el Vedado capitalino, desde hace un año y ocho meses una casona ha sido convertida en bar-restaurante. Preferido por algunos por la música del lugar y la calidad en el servicio, sus dueños son entusiastas cuando miran el camino recorrido. “Lo que más nos ha dado resultado es el deseo de trabajar todos los días, lograr un equipo y que todo el mundo tenga las mismas ganas de trabajar y el mismo amor por los clientes”, afirma Osmar León, vinculado a las labores de dirección y administración de la casa.
Al comentar sobre las reuniones efectuadas con el gobierno de La Habana, León aseguró que en estas no se hizo más que ratificar lo que todo el mundo sabía. “Todo tiene un procedimiento legal y hay que acogerse a la ley”.
“Qué bueno que se acercó la dirección del gobierno provincial e interactuó con los titulares, porque al final hacemos un trabajo conjunto, tenemos que trabajar en las fisuras que persisten porque al final es una actividad nueva que está en crecimiento”.
La propia titular de Sarao´s, Ana Elys Varela, afirmó por su parte que en el encuentro había quedado claro que el objetivo era recordar aspectos conocidos, y que en ningún momento iba ser en contra del cuentapropismo, sino todo lo contrario, se iban a seguir dando licencias y manteniendo esos lugares muy favorables para La Habana.
Una de la claves del éxito a lo largo de este tiempo, nos comenta, ha sido el respeto hacia la comunidad donde están enclavados ¿cómo mantener un establecimiento de este tipo abierto hasta las 3 de la mañana sin generar molestias excesivas a los vecinos? Aunque no es nada fácil, el asunto ha sido prioridad para los organizadores de Sarao´s.
“Yo pienso que el respeto hacia la comunidad y los vecinos es muy importante, porque tenemos deberes cívicos. Vivimos en una sociedad y no tenemos ningún derecho a molestar a los demás como personas naturales ni como actividad por cuentapropia. Es deber nuestro y de cada persona que tenga una actividad, un restaurante o sea un vendedor de confituras, cuidar el entorno. Se tiene que ser exigente con eso”.
Parte de ese respeto tiene que ver con el control sobre las áreas para parquear. “Hay lugares que tienen más condiciones que otros, que están en vías preferenciales y no tienen cómo parquear, pero igual es un tema que no se puede descuidar”, explicó León.
En relación con este establecimiento, explicó que tiene contrato con la Empresa Provincial de Parqueo, la cual indica la zona donde se puede estacionar.
“El Consejo de la Administración Municipal determina mediante acuerdos cuál es el área donde se puede parquear, y posteriormente se acerca la Dirección Provincial de Parqueos y pone parqueadores”. “Aunque no son contratados nuestros, también responden a los intereses del entorno, la cuadra, el lugar, apoyando con la disciplina de los carros que vienen, que tenga la música bajita, que no salgan acelerando a altas horas de la noche”, agrega León.
Otro elemento distintivo para la ambientación de este lugar es el empleo de artistas que amenizan las noches. Quienes han visitado Saraos saben que allí se han presentado importantes músicos como Kelvis Ochoa, David Torrens, Ivette Cepeda, Pancho Amat, y muchos otros.
“El tema contratación de los artistas todo el mundo lo conoce. Por ejemplo, este lugar tiene contrato con cada una de las agencia de representaciones artísticas. Depende de la disponibilidad de los artistas pero en Cuba hay muchos grupos, con muchos formatos”.
También ha resultado clave para este populoso establecimiento diseñar un sistema de vigilancia que evite la entrada de estupefacientes.
“Sabemos que la droga es una lacra social, a nivel mundial, no solo en Cuba. A veces uno puede decir que no tenía el conocimiento, pero cuando uno organiza la estructura y el trabajo en función de este problema es mucho más difícil y disminuyen las posibilidades. El conocimiento no te exonera de la responsabilidad de que pasen cosas. Aquí no nos ha pasado, pero no nos puede pasar”, dijo Michel Pérez, director del Proyecto Sarao.
Pérez agregó que para ello cuentan con un sistema de vigilancia en la instalación, que cubren casi todas las áreas.
“Lo previmos con todos los sentidos, por seguridad en el lugar, por tener un control y un registro de si pasa algo. Si a alguien se le pierde una cartera esto quedará registrado y le podemos decir al cliente: No, no te la robaron… las dejaste encima de la mesa”.
Restaurante el Pellizco, ubicado al sur de La Habana. Foto: José Raúl Concepción/ Cubadebate.
El Pellizco: Donde se come mucho por un buen precio
Para José Eduardo Alfonso Acosta, creador del restaurante El Pellizco, no hay nada mejor que ver feliz a un cliente; no solo por degustar lo mejor de la comida criolla, sino por saber que lo prefieren por el buen servicio y los bajos precios con que se expenden los alimentos.
Alejado del centro de la ciudad, este negocio florece como el entorno natural que le rodea, y para los asiduos al ranchón ubicado en plena carretera Monumental es un ejemplo de que lo privado no es sinónimo de costoso.
“Yo creo que la gente se pasa en muchos lugares con los precios. He visto cuando una parejita quiere ir por ahí y se toman 4 cervezas y una roseta de jamón serrano y una pizza y te cuesta casi 40 cuc y la cerveza a 2.50. Es verdad que cada cual hace con su vida y con su negocio lo que quiere, pero a mí me parece que no debía ser así. Yo hice mi negocio próspero con precios bajos que atraigan a la gente. Los que menos viene aquí son extranjeros, la mayoría son cubanos”, agregó Alfonso Acosta.
Este guajiro- como el mismo se autodenomina- cree que la clave para lograr precios más bajos es un sistema de auto compensación de precios, que permita que ninguno sea excesivo.
“Yo puedo mantener los precios bajos por la gran afluencia de público. Nosotros logramos vender tostones, mariquitas, ensaladas y otros agregos que generan ingresos y que no son tan costosos a la hora de comprarlos en el mercado y así logramos hacer un poco de balance con esas ganancias y las otras. Me da lo mío y me da para los trabajadores”.
Otro tema que también critica es el del impago y la evasión fiscal. Aunque reconoce que no es un as de las matemáticas y detesta el papeleo, sabe que es un asunto en el que no debe infringir.
“Yo no estoy de acuerdo con la gente que sub-declara, pero te advierto que la cuenta que se saca para saber las ganancias y el pago para mí es un poco ambigua. No se tiene en cuenta el lugar donde yo estoy y los precios que yo aplico acá, los cuales no tienen nada que ver con los de La Habana”.
“Yo pago de electricidad de 10 a 12 mil pesos mensuales, y no me robo ni un foquito, pago mi licencia correctamente y el día que no dé para eso se acaba el negocio. Por ejemplo, el quiosco tan conocido de pan con lechón que había antes aquí, un día sacando cuenta me dio 198 pesos de pérdida; a la gente le encantaba el pan y esas cosas, pero hasta allí llegó”.
Sin embargo, para el co-propietario del Pellizco (no legal pero sí en empeño de trabajo), tener precios tan bajos es un reto, pues no existe aún un mercado mayorista que satisfaga las necesidades de este sector.
“A veces tiene uno que estar rotando en una cola para coger dos cajitas primero y otras dos después. La gente con razón te dice que la paladar se llevó todas las cosas de la tienda y eso a mí no me gusta. Yo tengo que vender, porque yo tengo una licencia que pagar, tengo trabajadores que mantener. No hay mercado mayorista y muchas veces cuando tú llegas a las propias tiendas ya no hay nada”.
A criterio de todos los encuestados por Cubadebate, este es el punto más débil de la cuerda, aunque confían que este problema tenga pronta solución.
Otro aspecto que debería revisarse, juzga José Eduardo Alfonso, es el de la cantidad de capacidades permitida por local.
“A mí en esta reciente inspección me multaron por las capacidades, ya que de las 50 permitidas yo tengo 70 y pico. En el horario de almuerzo y los fines de semana son muy necesarios porque esto se llena. Realmente no creo que eso se deba ver como un delito, como si quieren que uno pueda tener dos licencias, yo las pago, pero no creo que limitar las capacidades sea la solución”.
En el corazón de La Habana Vieja se encuentra La Farmacia. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate.
La Farmacia: remedio santo para…
En el callejón de los peluqueros, en el epicentro de La Habana Vieja, un restaurante recuerda lo que fuera antes una pequeña farmacia. Respetando elementos arquitectónicos de la época, su dueño decidió rescatar del olvido este sitio para convertirlo en una fiesta de sabores.
Ernesto Gutiérrez Lorenzo es hace un año y diez meses el propietario de este sitio, una nueva experiencia para él y de la que no se arrepiente.
“Yo nunca me he arrepentido de las cosas que he hecho en la vida y de esto menos; esto no me da para hacerme rico, pero me entretiene, es algo que me gusta hacer. Tengo la posibilidad de emplear gente, ayudarlos, aunque quisiera que muchas cosas funcionaran mejor. Deseo que al trabajador por cuenta propia se le dé el lugar que merece, aunque sé que es la voluntad del país.”
Para este propietario, la prosperidad del negocio parte no solo de la satisfacción de los clientes, sino de los que trabajan día a día en el mismo. Todos sus trabajadores tienen contratos actualizados como requisito para esta labor.
“Es bueno que cada persona tenga su derecho. Yo nunca he botado a un trabajador de aquí. Me gusta mucho hablar con la gente, irlos llevando al entendimiento de las cosas. Tampoco he tenido problemas de robo ni de indisciplina, es como si fuera una familia, todo el mundo se lleva bien”.
Tampoco el ruido que genera su paladar parece ser un problema para él y la comunidad, pues existen acuerdos entre ambos para que haya una buena convivencia.
“La Habana Vieja no funciona como otros municipios, está permitido estar abierto hasta las 3 AM, pero yo no puedo cerrar a otra hora porque si no al otro día los vecinos me cogen y me crucifican”.
Por otra parte, Gutiérrez Lorenzo señala que es un imperativo avanzar hacia el reconocimiento jurídico de las actividades por cuenta propia, que le permitan ser más que “un tipo con una licencia que lo autorizan a vender comida”.
“El único que se cree que es dueño de un restaurante soy yo. Desde el punto de vista jurídico es todo. Ya el concepto de que en tu hogar ponías dos mesas y le vendías comida a cuatro personas no es así. Esto no es una casa, esto es un restaurante y debería tener personalidad jurídica, porque a la vez que lo seas puedes hacer cosas que hoy no están permitidas.”
Y aunque reconoce que “hay cosas que necesitan su tiempo”; insiste en que “hay que apurar ese tiempo para que funcionen bien. Yo no creo que los cuentapropistas son malos, hay personas que todavía se piensa que nosotros somos el enemigo”.
Pese a los problemas que aún subsisten sobre el buen desarrollo del sector no estatan en el país, el titular de La Farmacia está convencido que el camino está en resolver las trabas y construir entre todos el futuro del país.
“Estamos obligados a seguir con nuestro sistema social. Aquí no hay puerta para otro lado. La opción es mejorar esta, pero no cambiar para otra, porque si cambiamos vamos a chillar”.
Al finalizar el diálogo, adelantó que aspira convertir el segundo piso de su paladar en un museo temático sobre las ciencias farmacéuticas.
El Cojimero le invita a descubrir las delicias del mar. Foto: José Raúl Concepción / Cubadebate.
Cojimero: las delicias del mar
Muy cerca de la costa de Cojímar, visitada tantas veces por el novelista Ernest Hemingway, se encuentra un sitio especializado en pescados, mariscos y comida internacional. El Cojimero es una de los nueve paladares que integran el paisaje de ese antiquísimo pueblo de pescadores y que hoy comparte sus experiencias con Cubadebate.
Ángel Álvarez, dueño de ese lugar, ha incursionado a lo largo de su vida en varios empleos, pero quizás ninguno lo ha llenado tanto como el arte culinario al que ahora se enfrenta.
“Como restaurante no llevamos mucho tiempo abiertos, pero sí teníamos 6 años con el sistema de cafetería. Yo les digo siempre a mis muchachos que uno no se puede convertir en una estrella desde los primeros días. Luego de hacer un estudio de marketing sabíamos que íbamos a lograr poco a poco el aumento de las ventas, había que profundizar en el conocimiento del lugar”.
Al comentarnos sobre el desafío que significa abrir un negocio particular, Ángel Álvarez apunta que “a veces la gente piensa que montar un negocio es lo más sencillo del mundo, y que de un día para otro todos vamos a ganar dinero, y realmente no es así. Esto es un proceso lento pero que sí funciona”.
“Que hay cosas difíciles de resolver, muchísimas…El mercado mayorista por ejemplo. Todo el mundo se sigue preguntando cuándo abrirán el mercado mayorista, porque es un elemento fundamental, no solamente para rebajar los costos, sino para mejorar el control y la fiscalización estatal”.
Como los otros titulares entrevistados por Cubadebate, este hombre de 60 años fue tajante respecto a uno de los comportamientos delictivos más peligrosos: el tráfico de droga.
“Yo tengo hijos de 18 años, y si no perseguimos esos temas (droga y prostitución) estamos embarcados. Ese tema por lo menos para mí está más que claro. No puede existir y la prostitución mucho menos. Mira el que se meta en eso ciérrenlo, porque los hijos de cualquiera de nosotros pueden caer en eso”.
Otro elemento fundamental para Ángel Álvarez es que se le reconozca finalmente su personalidad jurídica, lo cual le permitirá asumir responsabilidades como empresa.
“Ya Raúl lo dijo, que a partir de la renovación de la constitución empezarían a reconocerse la pequeñas, medianas y mini empresas. De esta manera podríamos tener otros derechos como son la importación y las cuentas bancarias, que son cosas que hoy no funcionan”.
Algunos datos de interés
¿Qué opinan los titulares de las paladares en La Habana?