Fidel


"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." ""Creo que mientras más critica exista dentro del socialismo,eso es lo mejor" Fidel Castro Ruz

domingo, 17 de enero de 2021

Keynes versus Friedman

 

SINE DIE 2021 

                      SEGUNDA SERIE   # 9                      

 

Enero 15 de 2021

Juan M Ferran Oliva

.una de las responsabilidades más importantes y difíciles del economista es oponerse a la autoridad del prejuicio

John Maynard Keynes

 Durante el siglo XX los principales modelos económicos enraizados en el ámbito capitalistas fueron el keynesiano y el monetarista. El primero surgió en medio de la gran crisis de 1929 que despertó alarmas sobre el paro. La plena ocupación y la demanda agregada se convirtieron en claves de solución. El inglés John Maynard Keynes planteaba que el paro forzoso se debía a la caída de la demanda global a la que consideraba generadora de trabajo y producción. Veía a la política fiscal como instrumento para lograr el pleno empleo. Proponía bajas tasas de interés y mayores imposiciones fiscales, la reducción del salario real a través de la inflación, y grandes inversiones gubernamentales para compensar las insuficiencias privadas. La tasa de interés constituía una recompensa para los inversores capaces de sacrificar su preferencia por la liquidez. El seguro por paro, surgido en esa época, compensaría la pérdida de poder adquisitivo de los trabajadores cesantes. Persuadió a muchos gobiernos occidentales a disminuir el desempleo mediante el déficit presupuestario.

La nota conflictiva del modelo keynesiano fue el papel que asignó al Estado como garante de la estabilidad económica. Algunos lo consideraron un ataque a la sacrosanta empresa privada ¡y no faltaron quienes acusaron a Keynes de comunista!  El destacado reformista impugnaba la espontaneidad y proponía iniciativas gubernamentales capaces de movilizar a los agentes de la producción. Fue un iconoclasta en un mundo conservador[1].

Sus propuestas fueron muy influyentes e incluso respaldaron políticas notorias como la del New Deal de Franklin D. Roosevelt. Entre sus destacados epígonos se contó el Premio Nobel Paul Samuelson. El modelo keynesiano estuvo en boga durante décadas. En la Cuba anterior a 1959 sus más señalados seguidores fueron Julián Alienes Urosa y el grupo de la Misión Truslow.

La teoría keynesiana comenzó a perder adeptos en los primeros años de la década de 1970. Las políticas de gasto público que facilitaron la reconstrucción tras la Segunda Guerra Mundial empezaron a agotarse y germinaron nuevas crisis económicas. Eran frecuentes las emisiones monetarias asimétricas para cubrir el déficit. Fue entonces que la estanflación debutó como componente del paisaje económico. 

Resultó el momento oportuno para culpar al Estado de las crisis y se inició el rescate de teorías que limitaban el rol gubernamental. Los oponentes del keynesianismo decían inspirarse en el liberalismo económico preconizado dos siglos atrás por los fisiócratas:Adam Smith y otros clásicos que combatieron l’ancien régime  y el mercantilismo, y propusieron un orden natural sin regulaciones. Entonces no existían aún las transnacionales ni el capitalismo había llegado a su fase financiera.

El nuevo pensamiento, calificado como monetarista, tuvo por cuna las universidades de Chicago. y Stanford. Milton Friedman y sus discípulos lo lideraron y a partir de sus recetas se erigió posteriormente el neoliberalismo como doctrina política. Consideraban que las posibles soluciones a la inflación deben estar enmarcadas en una rigurosa política monetaria. Son los postulados seguidos por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. Los monetaristas plantean que el libre mercado es más eficiente que la intervención pública. Defienden la libre competencia y las preferencias naturales de los consumidores, pero proponen un laissez-faire en un mundo monopólico inexistente en tiempos de Smith. Al igual que él, aspiran a restringir las andanzas económicas del gobierno a aquellas actividades que nunca interesarían a un empresario privado.

La fórmula básica del monetarismo consiste en controlar la oferta de dinero a través del banco central con objeto de reducir la inflación o superar recesiones. El predicamento de los Chicago Boys emana de corrientes políticas conservadoras y sus fórmulas implican afectaciones a los sectores de exiguos ingresos. Suelen proponer políticas de choque que requieren el apoyo de gobiernos autoritarios. Opinan que el costo social provocado por las medidas de austeridad es irrelevante pues debe ser resarcido, a largo plazo, con más ocupación y consumo. Keynes acotaba al respecto que para entonces ya todos estaríamos muertos.

Según uno de sus críticos, el monetarismo o neoliberalismo, suele sustituir la mano invisible de Adam Smith por la manu militari de las dictaduras.

Valga señalar que ambas teorías se enmarcan en el ámbito capitalista.

La teoría monetarista tomó auge entre 1980 y 1990, años en los que proliferaron las privatizaciones de industrias controladas por el Estado y se redujo el rol del sector público. Muchos países lo adoptaron y en América Latina destaca Chile que contaba con un fuerte grupo de economistas formados en la Escuela de Chicago. Sus planteamientos fueron seguidos por el régimen castrense que derrocó a Salvador Allende.

Keynes falleció 24 años antes de que se introdujese el Premio Nobel en Ciencias Económicas pero de haber estado en tiempo seguramente se lo hubieran concedido.  Paul A. Samuelson[2] que se adhirió a su teoría lo recibió en 1970, mientras que  Milton Friedman, adversario de ambos, lo ganó en 1976.

Otro Nobel en Economía, en este caso Joseph E. Stiglitz, recibió dicho galardón en 2001. Un año antes había renunciado a su cargo de economista jefe y vicepresidente del Banco Mundial en señal de protesta contra la política de la entidad. Es un oponente declarado del monetarismo

Fin

 



[1] Expuso sus ideas en la Teoría General sobre el Empleo, el Interés y el Dinero 

 

[2] Samuelson introdujo el término de síntesis neoclásica en su intento por integrar las visiones del keynesianismo y la escuela clásica

APUNTES Y REFLEXIONES SOBRE TURISMO DICIEMBRE 2020

Dr. Miguel Angel Figueras

Queridas amigas y amigos

Se acepta  1950, como la fecha del despegue del  Turismo Mundial Masivo. Hasta ese momento existía más bien, un turismo de elite,  personas con cierta riqueza que viajaban a otros países. En 1950  cruzaron las fronteras de sus países, veinticinco millones de turistas internacionales.  A partir de esa fecha  el número de turistas internacionales ha crecido sostenidamente, con pocos y ligeros baches. El turismo internacional, de elitista se tornó masivo.   


 
La movilidad de los habitantes del mundo creció y creció. En setenta años el turismo internacional se multiplicó SESENTA veces. Pocas fueron las ocasiones en que se estancó o retrocedió levemente. 

 

 

TURISTAS INTERNACIONALES

 POBLACION           MUNDIAL

HABITANTES x TURISTA

 

                           MILLONES     

1950

 

25

2558

102.32

1975

 

214

4088

19.10

1980

 

284

4428

15.59

2000

 

680

6090

8.96

2014

 

1138

7176

6.31

2018

 

1403

7527

5.38

 

Aunque no existe una definición “universalmente aceptada” de todas las producciones y servicios que componen la actividad turística, ello no ha sido óbice para que en la economía mundial se clasifique al turismo internacional, como uno de los renglones más importantes. 

Un conjunto de actividades económicas es agrupado por los organismos internacionales bajo el término Viajes Internacionales y Transporte de Pasajeros. Ese conjunto de actividades posee gran peso en el panorama económico internacional.


La partida Turismo Internacional (Viajes y Transporte Internacional de Pasajeros), en los últimos veinticinco años, ha estado siempre  entre el primero y el cuarto lugar de todas las exportaciones mundiales de Bienes y Servicios, codeándose con las actividades económicas más importantes.
 

En estos setenta años tuvieron lugar varias guerras (Corea,  Vietnam, los Seis Días de 1967, Yom Kippur, Irak-Irán, Tormenta del Desierto, invasión soviética de Afganistán y la invasión de Estados Unidos a ese estado y a Iraq, así como otros acontecimientos de gran impacto. En ningún caso el flujo de turismo internacional dejo de crecer. Se incrementó casi un 50% entre 2010 y 2018, una vez superadas la Crisis financiera mundial y la elevación en varias veces del precio del jet fuel. En el 2019 su crecimiento fue más moderado, 3%. 

En enero del 2020  el flujo de turistas aun crecía al 2%. Entonces se desato la pandemia en China, Europa y Estados Unidos. El flujo turístico en relación con igual mes del año anterior, se fue desplomando. 

Los organismos internacionales agrupan un conjunto de actividades económicas bajo el término Viajes Internacionales y Transporte de Pasajeros. Ese conjunto de actividades posee gran peso en el panorama económico internacional.

Los expertos de la Organización Mundial del Turismo han realizado un gran esfuerzo para recopilar información. En octubre y en diciembre han publicado sendos Barómetros del Turismo Internacional. Merecen el reconocimiento más especial. No ha sido fácil recopilar información en momentos que los organismos especializados de los 159 miembros de la NUOMT, se encuentran en situaciones difíciles. Los turoperadores sufren grandes pérdidas, lo mismo ocurre con las cadenas hoteleras internacionales y las líneas aéreas. El ánimo no está para brindar estadísticas.

Los expertos de la NUOMT reconocen un descenso en el 2020 del número de turistas internacionales del  70 al 75%. La nueva ola de contagios, experimentada por muchas naciones, en otoño e inicios del invierno, deben acercar las cifras definitivas  a una caída del 75%, o sea mil  millones de turistas internacionales menos, retrocediendo 30 años. La captación mundial de ingresos por turismo internacional se reducirá en 1.1 millones de millones de dólares. El impacto sobre el Producto Bruto Global sumado de todos los países, implicara que su cifra decrecerá en un 2%, dos millones de millones de dólares.

El descenso de arribos de turistas internacionales fue hasta octubre:

Asia y el Pacifico         - 82.3%

Cercano Oriente          - 73.4%

Europa                          - 68.5%

Norte América             - 67.6%

Caribe                          - 65.1%

Con muy pocas excepciones, la mayor parte de los destinos experimentaron descensos entre 50 y 90%.

En algunos países como Rusia y China, el turismo doméstico no ha sido tan afectado, compensando un tanto las bajas del turismo internacional.

Las informaciones de IATA muestran que el número de pasajeros internacionales decreció un 74% entre enero y octubre, comparado con igual periodo del 2019. Los pasajeros – kilómetros cayeron un 88%.

Como excepción, compensado por el tráfico aéreo nacional, ese indicador solamente descendió  - 1.4% en China y -10% en Rusia. El tráfico nacional se mantuvo débil en Estados Unidos  - 61%.

La ocupación hotelera en el mundo, algo mejoro entre abril y octubre:

Ocupación hotelera en 2020 por regiones

abril

octubre

Asia y Pacifico

28%

31%

Cercano Oriente

31%

39%

Europa

11%

31%

Las Américas

 

45%

     Estados Unidos

25%

 

     América Central y Sur

12%

 

 En abril y mayo, el turismo cayó abruptamente y  el 80% de los destinos cerraron totalmente sus fronteras. En los meses posteriores, las políticas de cierre total se fueron modificando en muchos de los que inicialmente cerraron todas las entradas.

Un grupo de  países han mantenido cerrada total o casi totalmente la entrada de turistas, como Tailandia, Canadá, Malasia, Filipinas, Vietnam, Hong Kong, India, Taiwán, Sur África y Australia.

Algunos han limitado bastante las entradas como Estados Unidos, Japón,  China, Corea del Sur, Reino Unido.

En América del Sur la tendencia ha sido al cierre casi total en Argentina, Bolivia, Perú, Chile, Colombia, Uruguay.

México, a pesar de alta cifra de infección y de fallecidos, prácticamente no cerro sus fronteras.

La tendencia en América Central ha sido al cierre casi total.

A partir del verano, los países del Caribe han aflojado las restricciones al turismo.

Muchos países de Europa cerraron las entradas inicialmente y posteriormente han ido abriendo modernamente como España, Francia, Italia, Alemania, R. Checa, Dinamarca, Austria, Suiza, Bélgica, Holanda, Turquía, Bulgaria y Suecia.

Moderadamente han ido abriendo Arabia Saudita y Emiratos Árabes,

Las restricciones a la entrada de turistas desde un inicio han sido moderadas en Rusia.

El efecto en el resto de las industrias ha sido desbastador. Se paralizaron las construcciones de nuevos polos, hoteles y cruceros. Millones de personas han perdido sus empleos y sus negocios. Se cancelaron pedidos por cientos de nuevos aviones. Poca información se ha dado a conocer sobre quiebras de líneas aéreas y corporaciones hoteleras. Eso se conocerá en los próximos meses.

En resumen, los países se van abriendo poco a poco al turismo. Según la UNWTO  152 destinos de un total de 217, han aflojado las restricciones a la entrada de turistas. Al comenzar noviembre del 2020 permanecían 59 destinos con cierre total.

Estiman que regresar al nivel del flujo de turismo internacional alcanzado en el 2019, tomara entre 2.5 y 4 años. O sea, finales del 2023 o el 2004. Subir esa empinada senda requerirá mucha inteligencia y nuevas iniciativas.

El turismo internacional de Cuba

Los arribos turísticos comenzaron flojos el año 2020.  Hasta marzo se recibieron 981 938 visitantes.

El Ministro de Economía y Planificación, en la Sesión de Diciembre de la Asamblea Nacional, explico que las llegadas en el año serán de1.1 millones de turistas. Deduciendo de esa cifra, casi el millón de visitantes recibidos hasta marzo, se deduce que en los restantes nueve meses vinieron 100 000 personas.

Al detectarse los primeros casos contagiados con el COVID-19, el 11  de marzo del 2020, el sector turístico cubano asumió desde el primer momento los protocolos de enfrentamiento a la enfermedad, concebidos hasta ese momento, por el Sistema de Salud para situaciones de emergencia. Las fronteras cubanas estuvieron abiertas hasta el día 24 de marzo, que comenzó el regreso a los países de origen de 60 mil turistas que se encontraban en la isla.

El Plan del 2021 considera duplicar las llegadas, hasta 2.2 millones.

Es una meta fuerte

El año ha comenzado con un rebrote muy fuerte en la pandemia. Se han tomado medidas más restrictivas, incluyendo la reducción del número de vuelos desde orígenes con altos indicadores de infección. 

Condiciones que posee Cuba para recuperar el turismo

El potencial turístico físico existente es más que suficiente para asimilar esa cantidad de turistas, por lo cual no se requerirá destinar inversiones para ampliar capacidades.

Cuba ha ganado un prestigio a nivel mundial en cuanto al manejo de la pandemia y de alta protección de su población, así como exitosas acciones de colaboración internacional en ayuda a otras naciones muy dañadas por la COVID – 19.

El país, como destino, cuenta con 58 polos turísticos en diferentes fases de crecimiento; que suman 75 mil 771 habitaciones, distribuidas en 394 hoteles.

Al iniciarse el año 2020, se contaban firmados 105 contratos de administración y comercialización hotelera con 21 gerencias extranjeras; las cuales administran 132 hoteles en operación con 50 mil 207 habitaciones. Existen 14 hoteles de propiedad mixta, que operan 5 105 habitaciones 4 y 5 estrellas.  Al mismo tiempo se registran 23 mil 240 habitaciones en casas particulares con licencias de arrendamiento al turismo

Existe una probabilidad de que puedan acontecer sucesos favorables a partir del resultado de las elecciones presidenciales de EE.UU en 2020, con la administración del demócrata Joe Biden; que pudiera flexibilizar las relaciones y los viajes a Cuba, incluyendo el turismo de Cruceros y restableciendo las doce licencias y los viajes “people-to-people”. 

Expertos reconocidos pronostican que hasta el 2026 no se alcanzaran los niveles del 2019.  

Al igual que el resto de los destinos turísticos, la recuperación del turismo reclamara inteligencia, innovación, poner los recursos donde puedan rendir más. Se acompaña un anexo sobre la Promoción y Publicidad, las cuales tienen un importante papel en lograr la recuperación.  

En los años inmediatos es recomendable reducir las inversiones hard (hoteles e instalaciones) y destinar más recursos a inversiones soft (promoción, publicidad, sistemas modernos de comunicación, adaptar combinados de hoteles y hospitales para turismo medico).

El mercado turístico de la Emigración cubana

En los últimos años los emigrados cubanos han significado uno de cada cinco turistas de estancia. La Administración Trump ha tomado diversas medidas para reducir y desalentar los viajes de los emigrados cubanos. Estos no venían en cruceros, han significado una porción importante de los clientes de las líneas aéreas americanas.

Por la parte cubana, será conveniente implementar medidas para contrarrestar  las acciones negativas contra los viajes de los emigrados cubanos residentes en Estados Unidos. Hay que combatir con fuerza las patrañas concebidas por Marcos Rubio y Mario Díaz Balart, que buscaban desestimular los viajes de los emigrados cubanos que requieren trasladarse fuera de la capital.

La emigración y sus descendientes contribuyeron con sus gastos en Cuba, en el 2019, con 600 – 800 millones de dólares el año, a los ingresos por turismo.  En la agresiva política contra Cuba, la Administración Trump ha golpeado varias veces las visitas de los emigrados cubanos.. Pero la Florida es uno de los principales estados en las elecciones, ya sea para presidente como para congresistas. . Reside allí más de un millón de emigrados que no perdonaran los golpes recibidos.  

Parecen necesarias varias  acciones por parte del Gobierno cubano. .

1.   Reconocimiento por parte de las autoridades gubernamentales cubanas del segmento turístico conformado por los emigrados y su importancia desde el punto de vista económico. Uno de cada cinco de los turistas que vienen por vía aérea es un emigrado o un descendiente del mismo. Esto no se reconoce explícitamente. No hay estadísticas apropiadas, muchas veces no hay  estadísticas. No se estudian sus diferentes comportamientos. Los métodos de la ONEI y el MINTUR, sin encuestas permanentes, son ineficientes  y obsoletos. 

2.   El Ministerio de Turismo debería organizar un Equipo especializado en reconstruir la información de los emigrados, conocer de las instituciones existentes en el exterior, que agrupan a los mismos (por ejemplo el cienfueguero ausente, el camagüeyano ausente, etc.), diseñar como acercarse a estas organizaciones sin acicatear reacciones hostiles. Este Equipo sistemáticamente debe visitar e intercambiar ideas con las autoridades locales. Educar a las instituciones locales para trabajar en este sentido.  

3.    Diseñar las ofertas adecuadas a los intereses y expectativas específicos de este segmento. Las empresas de servicios turísticos no disponen de equipos de análisis permanente de este segmento. Las  entidades turísticas, actualmente no le prestan la mínima atención. Esto es absurdo. Ningún país con fuerte actividad turística, desconoce su segundo mercado y lo ignora en sus estudios. 

4.   Regular la oferta de paquetes de servicios médicos para ese segmento. En Cuba se ha retrocedido en los servicios de Turismo de Salud. Revertir esta situación es inaplazable. Una de las acciones inmediatas debe de ser  organizar las ofertas de los servicios médicos a los emigrados que visitan su país  de origen. Esto contribuiría a reducir los servicios médicos que de forma ilegal reciben estos emigrados, para lo cual utilizan documentos  de familiares y amigos residentes y corrompen al personal de salud que presta los mismos. Debe superarse la inhibición y actitud negativa en organizar estos servicios médicos a los emigrados. 

5.   Reconocer la importancia de la localidad como escenario fundamental de esta modalidad turística. Nadie examina los orígenes de nacimiento de los emigrantes. La información que brinda la DG de Inmigración es deficiente. La ONEI no calcula ni los ingresos al turismo que dejan los emigrados, pues continúa empleando metodologías obsoletas. El MINTUR y las instancias municipales pueden organizar estudios sobre las visitas de emigrados a sus localidades de origen, escuchar los criterios de sus familiares (anfitriones) en cuanto a otros servicios que se les puede ofrecer. 

6.   Las medidas agresivas que fueron tomadas por la Administración Trump afectaron directamente los viajes de los emigrados y sus descendientes. Prohibir el arrendamiento por Cuba de aviones fabricados en Estados Unidos, afecta los vuelos internos e impide la necesaria continuación de sus vuelos a sus destinos finales.  Mayores afectaciones produce la prohibición  a las líneas aéreas comerciales estadounidenses de aterrizar en los otros aeropuertos cubanos, excepto el José Martí en la Habana. Esta medida afecta a los que volaban directamente desde Estados Unidos  a Cienfuegos, Santa Clara, Camagüey, Holguín y Santiago de Cuba (no dispongo de la información sobre el número de estos pasajeros).

 La Nación debe reaccionar en apoyo a su Emigración, que es su segundo mercado.  

7.   En las Terminales receptoras #2 y #3 del aeropuerto José Martí deben habilitarse oficinas para venderle pasajes que les permitan  continuar por tierra  a sus provincias. Un simple análisis  de las estadísticas de los vuelos prohibidos permitirá hacer una reserva de pasajes diarios por ómnibus. En esas mismas oficinas de las  Terminales #2 y #3, se les vendería un servicio adicional de pequeños ómnibus que los trasladen a la Terminal de Ómnibus Interprovinciales para continuar su viaje. Al seleccionar que tipo de microbús utilizar debe tenerse en cuenta que estos pasajeros viajan con un equipaje voluminoso. Los análisis que se realicen arrojaran si es conveniente que algunos de estos microbuses recojan pasajeros en esas Terminales y los trasladen directamente a sus provincias de destino. Este servicio se implemento a partir de julio, desde Batabano para los viajeros de ferris arribando desde la Isla de la Juventud. Dicho servicio se vendería  con tarifas normales en dólares. Deben ser servicios rentables, pero evitando excesos abusivos en los niveles de precios. Precios abusivos generan irritación contra las instituciones cubanas. Lo que debe buscarse es mostrar la disposición de la Nación en ayudarlos en contra de las medidas de Donald Trump y Marcos Rubio.

La ciencia y sus nuevas responsabilidades. Comentario HHC

 Por: Agustín Lage Dávila

La ciencia, ese campo de la actividad humana estructurada con la intención de producir conocimiento nuevo, verificable y generalizable sobre la realidad objetiva, venido ocupando en el mundo un espacio creciente en la sociedad, con una cantidad cada vez mayor de personas e instituciones dedicadas para esa labor.

En Cuba, la función de la ciencia en el proyecto de desarrollo social es una de las originalidades de la Revolución cubana: nunca antes en un país subdesarrollado el pensamiento científico y la práctica de la investigación científica habían tenido una función tan protagónica en un proceso de transformación social; función, además, diseñada y construida coherentemente a partir de la visión enunciada por Fidel Castro el 15 de enero de 1960 de que “el futuro de nuestra patria tiene que ser necesariamente un futuro de hombres de Ciencia, de hombres de pensamiento”. Han pasado 61 años y ese futuro es el presente de hoy.

No es el propósito de este artículo enumerar las realizaciones de la ciencia en Cuba. Son conocidas.

Lo que nos proponemos aquí es argumentar que la ciencia en el mundo, y en especial la ciencia cubana, está llamada a asumir nuevas responsabilidades en las complejas realidades del siglo XXI. Es necesario entenderlo bien para diseñar las respuestas de nuestra sociedad a esos nuevos desafíos y oportunidades.

¿Son verdaderamente nuevas las responsabilidades de la ciencia?

Sí, lo son. Muchos de quienes hemos trabajado en la investigación científica y en su dirección tenemos la intuición de que su espacio en la sociedad y sus funciones son diferentes hoy de cómo eran en las últimas décadas del siglo XX. Veamos en qué se sustenta esa intuición, primero a partir de los cambios en curso en el mundo, y luego, atisbando su impacto en nuestro país.

Desde el surgimiento del método científico en el siglo XVII, y hasta finales del siglo XIX, la ciencia era una actividad de individuos motivados y creativos, primero aislados y más tarde vinculados a sociedades científicas y universidades. No formaba parte estructurada de los procesos económicos y políticos. Las innovaciones ocurrían y se aplicaban de manera empírica, y después la ciencia aportaba explicaciones. La economía se seguía basando en materias primas, bienes de capital y fuerza de trabajo.

En la primera mitad del siglo XX ocurren dos cambios importantes. El primero es que la investigación científica comienza a introducirse en las empresas, con el surgimiento de laboratorios industriales. Al convertirse en una actividad empresarial la inversión en ciencia debía generar una tasa de retorno económico, lo que ocurría a través de la comercialización de productos y servicios en cuyo precio se subsumían los costos de su desarrollo. El segundo es que la promoción de la investigación científica comienza a ser tarea de los Estados: surgen instituciones estatales de investigación y/o presupuestos diferenciados para impulsar investigaciones vinculadas a misiones específicas.

En la segunda mitad del siglo XX, a partir de la microelectrónica, la informática y la biotecnología, surgieron empresas en las que no solo se investigaba, sino en las que la investigación era la actividad principal. Comenzó a hablarse de “economía basada en el conocimiento”. La investigación científica se conectó más estrechamente con el sistema de patentes, y el ciclo económico comenzó a completarse en transacciones sobre patentes, datos y proyectos de investigación contratados, en las que no mediaba la compra-venta de productos tangibles. Se crearon nuevas instituciones financieras y nuevas formas de valorización de los activos.

Iniciado el siglo XXI la inversión en esta economía inmaterial o economía de intangibles se expandió hasta superar a la inversión de capital en activos tangibles. Esos cambios fueron rápidos. Han ocurrido en la vida de una o dos generaciones de científicos, empresarios y políticos, y es comprensible que muchos hayan terminado sus carreras con las mismas percepciones con las que las iniciaron, percepciones que ya no se corresponden con las nuevas realidades.

 

Centro de Neurociencias de Cuba. Foto: biopharmadealmakers.nature.com

La intensidad tecnológica de la economía

El concepto de intensidad tecnológica de la producción y las exportaciones intenta capturar la magnitud en la que la investigación contribuye a la productividad. El comercio internacional, en una época predominantemente de materias primas, se convirtió a partir de la primera y segunda revoluciones industriales en un comercio de manufacturas. Hoy las exportaciones industriales son más del 80% de las exportaciones mundiales de bienes. Esto es un cambio mayor, y si miramos la estructura de esas manufacturas apreciamos otro cambio: el incremento de los productos de alta tecnología.

La intensidad tecnológica de una industria se puede medir de diversas formas pero una de las métricas más usadas es los gastos en investigación y desarrollo expresados como porcentaje del valor total de las producciones. Las industrias de alta tecnología, donde el gasto en I+D es alto, incluyen la aeronáutica y espacial, la farmacéutica, la de componentes electrónicos y equipos de comunicaciones, y los equipos de alta precisión para uso médico. Un segundo grupo, denominado de tecnología “media-alta” , incluye la maquinaria eléctrica, la industria automotriz y la química, al que le siguen las industrias de tecnología media-baja como la construcción naval, la goma, la refinación de petróleo, los plásticos y la metalurgia. Finalmente, están las industrias de tecnología baja, que incluyen la de reciclaje, la madera, el papel, las impresiones, la industria alimentaria y los textiles, con una inversión en investigaciones mucho menor.

Los datos de las últimas décadas muestran la tendencia mundial al crecimiento de las exportaciones de tecnologías alta y media-alta, entre ambas, más de un 60%. La fracción correspondiente a recursos naturales oscila según los precios de los combustibles, pero se sitúa ya por debajo del 20%. Cuando el análisis se limita a los países más desarrollados con un contenido mayor de alta tecnología y media-alta, esta fracción se estima en 70%.

Aun asumiendo la necesaria cautela en la interpretación de estas cifras, se pueden apreciar tres tendencias: el crecimiento del componente de manufactura en las exportaciones; el crecimiento de la fracción de alta tecnología dentro de la manufactura; y la concentración de estas en un pequeño grupo de países industrializados. El crecimiento en las producciones y exportaciones de alta tecnología a partir de la década de 1980 estuvo asociado a la llamada “tercera revolución industrial”, la revolución de las TIC (tecnologías de la informática y las comunicaciones) marcada por las computadoras e internet.

Hasta aquí describimos lo que sucedió. Si nos asomamos a lo que está sucediendo ahora y lo que debe suceder en los próximos años, lo que vemos es la entrada en la economía de las tecnologías de la “cuarta revolución industrial”, que están transformando los sistemas globales de producción, y creando un nuevo espacio de competencia entre empresas y países. Estas son (con variaciones según los autores): la inteligencia artificial, los datos masivos, la robótica avanzada, la “internet de las cosas”, la impresión en tres dimensiones, y la biotecnología, incluyendo recientemente edición de ADN y biología sintética. Teniendo en cuenta la mayor interpenetración entre la ciencia y la producción en estos sectores, ningún país podrá “comprar” estas tecnologías sin una base propia de investigación científica y sin capital humano de muy alta calificación. Se trata además de “tecnologías disruptivas” lo que significa que cambian las maneras de producir y de estimar el valor de lo producido, y la propia estructura del empleo. Otra consecuencia será los cambios en las relaciones entre el sector presupuestado (universidades, centros científicos, etc.) donde se genera mayormente el conocimiento, y el sector empresarial donde este conocimiento se transforma en productos y servicios de valor económico.

Deberá expandirse el rol del Estado en la economía, como se ha evidenciado también en la pandemia de COVID-19, aunque muchos autores, prisioneros de la trampa intelectual del neoliberalismo, no lo reconozcan, y defiendan el absurdo de que estas nuevas estructuras productivas puedan articularse sólo con mecanismos de mercado.

La economía de los intangibles

El producto interno bruto de una economía, que, en ausencia de indicadores mejores, define su tamaño y su crecimiento, refleja el consumo, la inversión, los gastos del Gobierno y las exportaciones; pero de estos componentes es la inversión la que se mueve más visiblemente en los períodos de expansión o recesión. La inversión aporta bienes en cuya obtención una empresa o un país ha invertido recursos, bienes que son su propiedad (sus activos), y de los que se espera un retorno económico no inmediato, sino en algún momento del futuro.

El concepto es abarcador, pero hasta hace pocas décadas se contabilizaba como inversión aquello que generaba “activos tangibles”, que se pueden tocar: edificios, fábricas, maquinaria. La inversión consistía en construirlos o adquirirlos. Esos activos participaban en la producción y eventualmente se podían vender, recuperando parte de la inversión. En la década de 1990, a medida que las tecnologías de la información y las comunicaciones penetraban los procesos económicos, se fue imponiendo la idea de que elementos inmateriales, tales como una idea científica, una patente, un software , una base de datos, un “saber hacer”, una marca, un conjunto de acuerdos comerciales, un estilo de organización interna, y otros de esta índole, son económicamente importantes, y contribuyen al retorno económico de las empresas. Son “activos intangibles”. Al igual que los activos tangibles clásicos, estos intangibles han requerido un esfuerzo para su obtención, son propiedad de la empresa, y también en ciertas condiciones, se pueden vender.

A partir de finales del siglo XX, en las economías más avanzadas la inversión en activos intangibles comenzó a crecer, y se hizo ya entrado el siglo XXI, superior a la inversión en activos tangibles. Esta relación obviamente varía de un país a otro. Por ejemplo, en Microsoft el valor de sus activos materiales no llega al 5% del valor de sus activos.

Esta nueva realidad viene acompañada de no pocas complejidades. Los intangibles son activos importantes, a veces los más importantes, pero no son como cualquier otro activo.

  • No son fáciles de contabilizar. ¿Cómo se puede calcular el valor de un proyecto científico, o de una patente? La respuesta de muchos sistemas contables ha sido estimar cuánto nos costó obtenerlos, pero sabemos que la diferencia entre el costo y el valor puede ser muy grande. Por otra parte, intentar un asiento contable a partir de hipótesis sobre el rendimiento futuro es una decisión riesgosa, que puede abrir la puerta a la especulación, como frecuentemente ha sucedido.
  • No son fáciles de vender. Podemos vender las maquinas de una fábrica que va a cerrar, pero no podemos vender un sistema de relaciones comerciales, o una experiencia adquirida por el colectivo laboral, o el conocimiento del mercado adquirido a través de relaciones contractuales.
  • Una patente tiene más posibilidades de ser valorizada en una negociación, pero aun así las negociaciones sobre patentes tienen un alto componente de subjetividad en la apreciación de su valor y ello complejiza las negociaciones.
  • Los compradores potenciales para un activo intangible son pocos. Un medicamento se puede vender a miles de pacientes, pero una patente sobre un blanco molecular para desarrollar medicamentos solamente se puede vender a las escasas empresas activas en un campo científico. Ello hace que los costos de creación de activos intangibles sean difíciles de recuperar.
  • Los activos intangibles se deprecian rápido. Algunos estudios sugieren que las ideas científicas mantienen su valor aproximadamente durante diez años, lo que equivale un 15% de depreciación anual; y para los sistemas de software, diseños, marketing y entrenamiento es aún peor: se estima que se deprecian un 33% cada año.
  • La combinación de depreciación rápida, escasez de compradores potenciales y complejidad del proceso negociador es la tormenta perfecta que hace que los costos en que se incurrió para generar un activo intangible puedan terminar como “costos hundidos”, que nadie recupera.
  • Los activos intangibles suele tener “derrames”: otras empresas que no los generaron pueden beneficiarse. Las patentes intentan una apropiación del conocimiento, pero frecuentemente parcial. Otros intangibles como el conocimiento del mercado, o la organización interna, no son patentables. Los conocimientos que tienen los trabajadores entrenados, se van con ellos cuando se trasladan a otra empresa.
  • Para desplegar su potencial los activos intangibles, estos requieren ser combinados con otras piezas de conocimiento y tecnologías, y el valor del activo depende del acceso a estas. No se valorizan fuera de contexto.

Otro componente de los activos intangibles que ha adquirido rápidamente importancia son los datos. Con el crecimiento del poder de cómputo el volumen de datos que se puede almacenar es enorme. El crecimiento en los datos procesables comenzó como un cambio cuantitativo, pero pronto dio lugar a un cambio cualitativo. El manejo de grandes masas de datos en la ciencia comenzó en la astronomía (donde los telescopios pueden capturar en menos de un mes y las computadoras pueden analizar, más datos que los que obtuvo esta ciencia durante los siglos precedentes) y en la genética (el genoma humano, por ejemplo, tiene 3000 millones de pares de bases), pero rápidamente se ha extendido a otras áreas de la actividad científica y económica. Es la era de los Big-Data. Y los datos contienen valor económico. En una masa de datos suficiente hay muchas correlaciones por descubrir, muchas estimaciones de probabilidades, y muchas predicciones posibles, que conducen al científico, a la empresa, o al país a decisiones imposibles de obtener de manera intuitiva, o por “ensayo y error”.

Los datos que una empresa maneja, y los algoritmos de su exploración son activos intangibles. No basta disponer de tecnologías de la información y las comunicaciones, hay que disponer también de muchos datos potencialmente relevantes. Por ello, la economía basada en activos intangibles demandará otro tipo de organización, que estimule los flujos de información, y las sinergias, que abra espacio a interacciones no estructuradas y a exploración de oportunidades, que acepte la incertidumbre, y que motive y retenga a los trabajadores talentosos.

El corrimiento de la inversión hacia la generación de activos intangibles ha traído como consecuencia también la aparición de otras formas de financiamiento. La naturaleza de los activos y los instrumentos de su financiamiento coevolucionan. Si la investigación científica en una empresa conduce a la creación de activos intangibles, esta no debería financiarse con las ganancias de la operación corriente. Tradicionalmente la inversión se financia con créditos bancarios, pero este sistema no funciona bien en la economía de los intangibles. El crédito bancario genera deudas, y no es el buen instrumento para proyectos con incertidumbre, como son la mayoría de las innovaciones, en las que no sabemos (precisamente por su carácter innovador) si la inversión se va a recuperar, en qué plazo y en qué condiciones comerciales. Las alternativas son dos: el capital de riesgo, y la inversión estatal.

Para acceder al capital de riesgo debemos dividir la propiedad de la empresa en acciones y vender parte de esas acciones a inversionistas privados o en las bolsas públicas de valores. El inversionista comparte el riesgo. La empresa no adquiere una deuda bancaria, pero diluye su propiedad.

A medida que los intangibles se hacen más importantes, la proporción de la inversión financiada por el Estado está llamada a crecer. La inversión estatal en ciencia pudiera ser una solución y de hecho está creciendo, pero ello genera en el capitalismo un conflicto ético: ¿a quién pertenece el activo que se genera con dinero de todos? Para los cubanos, la respuesta es obvia, pertenece a todos. Pero el mundo no funciona así, todavía.

Imagen del 10 de julio de 2020 del ingeniero Ernesto Velarde, jefe del proyecto que fabricará ventiladores pulmonares de emergencia, laborando en su área de trabajo en el Centro de Neurociencias, en La Habana, Cuba. Azotada por el nuevo coronavirus y acosada por el bloqueo de Estados Unidos, Cuba ha desatado el ingenio de científicos y técnicos para comenzar a fabricar sus propios ventiladores pulmonares de emergencia. Foto: Xinhua/Joaquín Hernández

¿Evolución continua o saltos?

Una revolución es un intento de progreso a saltos. Las sociedades humanas son sistemas complejos, donde interactúan muchos componentes, de donde emerge un comportamiento macroscópico que no se puede predecir a partir de las leyes que rigen sus componentes por separado. Estos sistemas evolucionan adaptándose a su entorno, pero esa evolución no es un proceso gradual de pequeños cambios acumulativos que van perfeccionando su equilibrio con el entorno. Al contrario, la evolución suele ocurrir a través de grandes cambios intermitentes, separados por largos períodos de lenta evolución.

La evolución de las especies biológicas es así. Varios procesos geológicos también responden a esa dinámica. Las ideas científicas también. Las revoluciones científicas interrumpen la continuidad de la acumulación gradual de conocimientos y cambian radicalmente la manera en que vemos el mundo y hacemos ciencia. Ocurrió cuando Darwin formuló la teoría de la evolución de las especies, cuando Einstein propuso la teoría de la relatividad, o cuando Marx postuló las leyes que rigen la evolución de los sistemas económicos. No son sólo ideas de un individuo genial las que cambian las percepciones de todos los demás (nosotros): son construcciones colectivas que se van incubando a través de millones de interacciones intelectuales. Si Einstein no hubiese publicado su teoría de la relatividad en 1915, alguien lo hubiera hecho después, porque las ideas en la comunidad científica estaban maduras para ello. Miles de pequeños aportes preceden la gran transición que es la idea nueva. También sucede con las revoluciones sociales, con un largo periodo de gestación que comienza con la percepción por un grupo de personas y luego por más y más, de que las instituciones existentes han dejado de ser adecuadas para resolver los problemas sociales. Esa percepción colectiva va creando las condiciones para el cambio y el surgimiento de una nueva institucionalidad.

Los grandes líderes identifican ese momento y comunican la necesidad de cambios y la dirección de esos cambios a grandes masas humanas y catalizan el surgimiento de la discontinuidad que venía madurando en la conciencia colectiva. Fidel Castro y Vladimir Lenin lo hicieron.

Llevando este razonamiento al tema de las responsabilidades de la ciencia en la sociedad, el pensamiento científico en Cuba revolucionaria ha transitado por dos grandes momentos de discontinuidad (o saltos). El primero fue en la década de 1960, iniciado por la visión de Fidel que condujo a la formación masiva de cuadros científicos y la creación de nuevas instituciones científicas, insertando la ciencia en la estrategia de desarrollo de la Revolución. El segundo fue en la década de 1990, cuando a partir del esfuerzo en la biotecnología surgieron las instituciones de investigación-producción, antecesoras de lo que serían después las empresas de alta tecnología, que insertaron la ciencia en la batalla de la resistencia durante el período especial, y en el tránsito hacia una economía basada en el conocimiento. Ambos saltos estuvieron seguidos de tres décadas aproximadamente de desarrollo acumulativo y ampliación del espacio de la ciencia en nuestra sociedad. En los últimos años se empiezan a notar las condiciones para un tercer salto, cuya dirección y contenido deben emerger de los debates que están ocurriendo precisamente hoy, sobre la ciencia cubana.

Las responsabilidades de la ciencia en el camino al socialismo

Dejar atrás el capitalismo como sistema socioeconómico es la tarea principal que la humanidad necesita emprender en estos inicios del siglo XXI. Es el sistema que produjo las sangrientas guerras del siglo XX, creó indecentes desigualdades de riqueza, excluyó millones de personas de su participación en la economía y causó el deterioro del medio ambiente que hoy amenaza a todos. La humanidad no podrá sobrevivir sin superar el capitalismo. Es una tarea enorme y compleja. Las dificultades y retrocesos que hubo en el siglo XX en la construcción de alternativas al capitalismo, no hacen menos necesaria y urgente la tarea. Solamente ilustran sus complejidades. ¿Puede la ciencia asumir responsabilidades en ese paso imprescindible de la civilización?

En el tránsito hacia una economía basada en el conocimiento, la generación y valorización de activos intangibles, y las inversiones sobre innovaciones cuya recuperación contiene más incertidumbres que en la economía tradicional, hacen más evidente la disfuncionalidad esencial del sistema capitalista. Una de las polémicas principales en el debate ideológico hoy gira alrededor de la eficiencia en la asignación de los recursos, y si esta asignación la hace mejor el Estado o el mercado. La respuesta depende de lo que entendamos por eficiencia. Si se entiende como la capacidad de generar ganancias a corto plazo para el propietario de determinados activos, y generar ventaja comparativa estimulando el consumo y excluyendo competidores, entonces los mecanismos de mercado pueden generar eficiencia.

Si la eficiencia de la inversión y del trabajo incluye la sostenibilidad social y ambiental a mediano plazo, y la reducción de las desigualdades, entonces los mecanismos de mercado son obviamente muy ineficientes.

Economistas defensores del capitalismo han sostenido que la igualdad y el crecimiento económico son fenómenos contrapuestos, y que siempre las acciones tendientes a reducir desigualdades terminarían reduciendo el dinamismo de la economía. Así fue que la esclavitud en el continente americano generó crecimiento económico para las metrópolis europeas. Pero el desarrollo tecnológico fue imponiendo una visión opuesta, que evidencia que la desigualdad es ineficiente.

Reducir las desigualdades sociales no es solamente un imperativo moral; es también una condición necesaria para el desarrollo económico. El tránsito hacia una economía de alta tecnología, basada en el conocimiento, requiere expandir el gasto social en bienes públicos: educación, salud, seguridad social y ciencia, que solo se puede ser garantizado por la inversión estatal.

La polémica ideológica sobre las desigualdades conecta con el debate sobre los derechos de propiedad. La legitimidad (más aun, la sacralización) de la propiedad privada sobre los medios de producción impuesta por la ideología capitalista se convirtió a lo largo de los siglos XIX y XX en un formidable dispositivo de expansión de desigualdades. La propiedad privada sobre los medios de producción aumenta las posibilidades de inversión privada por quien los posee y de ventajas sobre la competencia, generándose así un lazo de retroalimentación positiva que termina creando bifurcaciones irreversibles entre los que tienen y los que no tienen.

Como descubrió Marx, el capital siempre tiende a concentrarse, a menos que existan decisiones políticas y marcos regulatorios que lo impidan. La abolición de la esclavitud deslegitimó el derecho a “poseer” a otra persona, pero la propiedad privada sobre los medios de producción legitima todavía el derecho a poseer los frutos del trabajo de otra persona.

Para nosotros, los comunistas, lo esencial sigue siendo la vieja contradicción del capitalismo entre el carácter social de la producción y el carácter privado de la apropiación. El impacto de la ciencia en la economía y el tránsito hacia una economía basada en el conocimiento hacen esa contradicción más evidente y menos legítima. El conocimiento y la capacidad de generar conocimiento nuevo se convierten en un factor directo de la producción. Entonces cobra trascendencia la pregunta: ¿a quién pertenece el conocimiento?

El conocimiento, y especialmente el conocimiento científico y tecnológico es un producto social. Nadie puede poseer privadamente todas las piezas de conocimiento precedente necesarias para descubrir o para inventar algo. Aunque se singularice la persona que concreta un descubrimiento o una invención, su labor está siempre basada en la labor de quienes crearon el contexto cognoscitivo para que ese último paso pudiera darse.

En las sociedades contemporáneas los dispositivos institucionales para la creación y circulación del conocimiento (sistema educacional, instituciones científicas, etc) están en el sector presupuestado, que se financia con dinero público proveniente de impuestos y administrado por el Estado. Pero los dispositivos para la transformación de los conocimientos en productos y servicios comercializables están en el sector empresarial. ¿Cómo se produce la conexión entre ambos? La ideología capitalista intenta conectarlos por mecanismos de mercado a través del sistema de patentes, que se apropia de un bien que contiene muchos componentes públicos (el nuevo conocimiento) para garantizar su apropiación en manos de una empresa privada que lo utiliza. Es un sistema que genera enormes costos de transacción y es cada vez menos funcional, a medida que el contenido científico de los bienes y servicios aumenta. La eficacia de la conexión entre los procesos sociales generadores de conocimiento (educación y ciencia) y la utilización de esos conocimientos en la generación de bienes y servicios en las empresas, determinará la eficiencia de todo el sistema económico. Es una de las ventajas del socialismo.

La entrada de las tecnologías de la cuarta revolución industrial en una economía orientada a la ganancia a corto plazo, puede agudizar el problema de la exclusión, aumentando la cantidad de personas marginadas del proceso productivo, desempleados o con empleos precarios, y sin posibilidades educativas para conectarse con los empleos de alta tecnología. Un peligro similar amenaza las capacidades de los países para insertarse en la economía global, por la sustancial reducción del peso relativo de los bienes primarios en el comercio mundial, y el aumento de los productos y servicios de alta tecnología.

La conclusión final es simple, como todas las grandes verdades: el capitalismo no es compatible con la economía basada en el conocimiento. Pero una cosa es comprender un proceso, y una necesidad histórica de cambio, y otra diferente es generar la voluntad política y la cultura para lograr esos cambios. La ciencia solamente no bastará, pero ayudará a crear el contexto para que la cultura y la política hagan su trabajo. La cultura y la política movilizarán voluntades para construir una sociedad más equitativa; pero es indispensable que esa equidad se transforme en desarrollo económico. Ahí están las nuevas responsabilidades de la ciencia.

Centro de Ingeniera Genética y Biotecnología (CIGB). Foto: Abel Padrón Padilla/Cubadebate

Las responsabilidades de la ciencia en Cuba

El proceso histórico cubano ha estado siempre, desde hace más de un siglo, marcado por un sentido de responsabilidad que va más allá de nuestras fronteras. En 1895 José Martí y Máximo Gómez lo enunciaron así en el Manifiesto de Montecristi: “La guerra de independencia de Cuba, nudo del haz de islas donde se ha de cruzar, en plazo de pocos años, el comercio de los continentes, es suceso de gran alcance humano y servicio oportuno que el heroísmo juicioso de las Antillas presta a la firmeza y trato justo de las naciones americanas y al equilibrio aun vacilante del mundo”

El equilibrio del mundo hoy sigue siendo vacilante. Un sistema socio-económico insostenible, basado en la apropiación privada de lo que deberían ser bienes comunes, y en la competencia feroz entre los hombres por adueñarse del trabajo de otros, ha creado una enorme y creciente separación entre una minoría que tiene mucho y una gran mayoría que no tiene, ha condenado al 80% de la humanidad al subdesarrollo, y ha generado guerras y depredación del medio ambiente.

América Latina, nuestra patria grande, es también la región del mundo con una distribución más desigual de la riqueza.

En ese contexto, Cuba construye una alternativa que demuestra como se pueden alcanzar elevados niveles de salud, educación y seguridad social con escasos recursos, si se reparten bien. La disociación entre un PIB por habitante aún limitado, y los elevados indicadores de bienestar social que tenemos lo demuestra con “datos duros”. Esa alternativa cubana hoy es otro “suceso de gran alcance humano y servicio oportuno… al equilibrio aun vacilante del mundo”. La construcción de una economía cubana próspera, sobre la base de equidad y cultura, ha estado amenazada, desde hace 60 años por el bloqueo económico más largo y brutal de la historia, y por una guerra de ideas (más bien de imágenes, porque ideas no tienen muchas) muy bien financiada que intenta presentar los efectos de la agresión externa como si fueran debilidades internas del socialismo.

El objetivo mayor del proyecto social cubano, construir una sociedad justa, próspera y sostenible, nos dice también que la justicia social es objetivo primordial, pero por sí sola no basta. Hace falta que el proyecto social genere prosperidad y sostenibilidad, lo que establece imperativos económicos. Esos imperativos económicos exigen una economía innovadora y conectada con la economía mundial. Y ahí es donde aparecen con toda claridad las nuevas responsabilidades de la ciencia en Cuba.

Después del salto revolucionario de los años sesenta que colocó el desarrollo científico entre las metas mayores del país (“… un futuro de hombres de ciencia…”) , y después del segundo salto de los años noventa, que reforzó las conexiones de la ciencia con la producción y la economía, necesitamos ahora, entrando el siglo XXI, dar el tercer salto que coloque la ciencia y la innovación en el centro del funcionamiento de la economía. Fidel lo vio y lo dijo en 1993 al expresar que “la ciencia y las producciones de la ciencia, deben ocupar algún día el primer lugar de la economía nacional... Tenemos que desarrollar las producciones de la inteligencia, y ese es nuestro lugar en el mundo, no habrá otro”. Eso significa una transformación de fondo, no solo un perfeccionamiento de lo que veníamos haciendo. Ese es el tercer salto. Implementarlo requiere análisis, pensamiento creativo, debate y construcción de consenso, porque en las complejidades del tema hemos de identificar los nodos que determinan la transformación, y diseñar acciones de efecto multiplicador.

En los procesos sociales, se pueden proponer relaciones causales explicativas para lo que ya sucedió. Lo difícil es hacerlo para lo que debe suceder y atisbar potenciales relaciones entre las acciones que emprendemos hoy y sus efectos. Es una tarea de alto riesgo y de mucha responsabilidad, pues los procesos sociales, como sucede en todos los sistemas complejos, suelen ser exquisitamente sensibles a los detalles iniciales, y las buenas o las malas decisiones se amplifican en lazos de retroalimentación positiva hasta hacerse irreversibles.

Lo que debe suceder en las relaciones entre ciencia y sociedad, y lo que debemos hacer para que suceda requiere un análisis científico complejo. La ciencia debe darnos el instrumento teórico para penetrar la nueva realidad que está surgiendo en Cuba, y orientar la que debe surgir. Sin pretender recetas, apreciamos que de los debates en curso en varios espacios sociales cubanos en el momento en que se escribe este artículo, van emergiendo estas ideas:

  • El sistema de ciencia, tecnología e innovación tiene que crecer, no en proporción al crecimiento económico sino por delante de este, y alcanzar cotas superiores de inversión en ciencia como fracción del PIB, así como niveles superiores de cantidad de investigadores, patentes y publicaciones científicas. Las decisiones adoptadas por el Comandante en Jefe Fidel Castro en el difícil contexto del período especial constituyen un precedente exitoso que hay que continuar estudiando.
  • El crecimiento de la actividad científica depende de la capacidad de movilización de fuentes de financiamiento. Estos recursos deben provenir en su mayor parte del sistema empresarial estatal, pero con un componente importante de financiamiento presupuestado. Ello requiere de instituciones financieras bancarias y no bancarias nuevas para la ciencia, y de un marco regulatorio especifico, que incluya incentivos para que las empresas inviertan en investigación-desarrollo. Requiere diferenciar las fuentes de financiamiento para la innovación incremental, principalmente empresarial, de las encaminadas a respaldar la innovación disruptiva (productos y servicios totalmente nuevos) la cual tiene un componente presupuestado mayor y una participación preferencial de las empresas de alta tecnología. Es necesario revisar integralmente el sistema de financiamiento de la ciencia, buscando con creatividad nuevos mecanismos de movilización de recursos de fuentes nacionales presupuestadas o empresariales y de fuentes externas.
  • La cantidad de personas que necesitamos formar en ciencia no debe estar limitada por los recursos disponibles. No subordinar la formación de capital humano a las posibilidades de empleo por la economía fue otra idea audaz defendida por Fidel desde los años sesenta. El volumen y la calidad del capital humano para la ciencia es un activo en sí mismo, que puede convertirse en atractor de inversión extranjera, financiamiento y negocios, expandiendo la capacidad de nuestra economía para utilizar en el país el capital humano creado.
  • La internacionalización de la actividad científica es una consecuencia objetiva del desarrollo. Las instituciones científicas y las empresas de alta tecnología deberán desplegar una red de alianzas externas que garantice que la internacionalización ocurra por vías institucionales y no por emigración individual. Esta idea incluye la conexión de nuestras instituciones con la inversión extranjera en Cuba y con la creación de empresas mixtas en el exterior. Esta tarea demandará cuadros de alta calificación especializados en la creación de esas redes, cuya preparación es necesario diseñar e implementar ya. En el mundo hiperconectado emergente, todos los países, especialmente los pequeños, dependen de la diversidad y calidad de sus conexiones con el mundo. Estas conexiones primero fueron comerciales, desde las primeras olas de globalización, y luego de inversión, pero también hay una globalización del proceso de construcción de conocimientos, con sus redes y flujos globales. Habrá que tomar en cuenta que, en el futuro previsible y a pesar de la cultura construida por la humanidad, las relaciones de poder estarán todavía presentes en las relaciones internacionales. Nuestra fuente de poder, que también necesitaremos, estará cada vez más en el conocimiento acumulado y en la capacidad de crear conocimiento nuevo, la cual está en las personas pero no solamente en ellas, pues está también en el tejido social cubano y en la calidad de las instituciones.
  • Hay un nexo entre el desarrollo científico y el desarrollo del sistema empresarial estatal, incluyendo la descentralización de decisiones hacia las empresas, y la dinámica de surgimiento de nuevas empresas estatales. Desarrollo científico y desarrollo del sistema empresarial estatal se condicionan mutuamente.
  • Hay un nexo entre investigación empresarial y exportaciones. El incentivo para la introducción de productos y servicios de alta tecnología es débil si depende solo de una demanda doméstica pequeña, que no permite economías de escala, excepto para la producción de alimentos. Ello conduce a incentivos que se asocian más a lo repetitivo (cumplir el plan) que a la creación de nuevos productos y servicios. En la medida en que las empresas se conecten directamente con las exportaciones se reforzará su percepción de la necesidad de invertir en ciencia e innovación.
  • Las universidades están llamadas a convertirse en el principal dispositivo de incubación de empresas en el país, especialmente de empresas innovadoras y de alta tecnología, capaces de construir ciclos completos de investigación-producción-comercialización. La conexión entre el sector empresarial y el sector presupuestado (sin desconocer las especificidades de cada uno) es una de las ventajas del socialismo, basada en que las empresas fundamentales no son privadas. En Cuba ambos sectores son diferentes por sus formas de operación y administración, pero no por sus formas principales de propiedad. En la interacción entre ambos está una de las zonas más fértiles de creatividad.
  • Las tecnologías que se prevén determinantes del desarrollo tecnológico en los próximos años, y que constituyen la cuarta revolución industrial requieren un impulso diferenciado, pues su potenciación usualmente no ocurre en respuesta a problemas prácticos inmediatos. Cuba tiene la capacidad de crear el potencial humano y la base institucional para ello, pero nos faltan mecanismos integradores de los esfuerzos. Esta tarea demanda además una acelerada informatización de la sociedad.
  • A medida que se expandan y cambien los roles de la ciencia en la sociedad, deben ocurrir también cambios en los sistemas de instituciones (empresariales o presupuestadas) y los ordenamientos regulatorios de las relaciones entre ellas que garanticen un enfrentamiento más eficaz a los nuevos desafíos y un aprovechamiento de las nuevas oportunidades. Las nuevas tareas no se pueden enfrentar con herramientas institucionales viejas, que ya cumplieron su misión histórica. El crecimiento y los resultados del sector de la biotecnología, aun en el difícil contexto del Periodo especial, no debe interpretarse como un fenómeno excepcional intrínseco de ese sector, sino como consecuencia de las innovaciones organizacionales y del sistema de dirección y gestión diferenciado que se construyó bajo la conducción de Fidel.
  • Entre las tareas de la ciencia en Cuba, el desarrollo local debe ocupar un lugar clave, y no puede ser visto solamente como un proceso de transferencia de competencias y decisiones, de “arriba” hacia “abajo”. El desarrollo científico territorial se favorece por la presencia de la educación superior en los municipios, especialmente a través del centro universitario municipal, que está llamado a expandir su rol como constructor y circulador de conocimientos, y como catalizador de las interacciones entre las instituciones científicas y educacionales, y el sistema empresarial.
  • El desarrollo científico a nivel local debe tener un impacto especial en sectores clave como la seguridad alimentaria, la energía y el medio ambiente y es un espacio importante para investigaciones sociales. Su éxito debe medirse con indicadores objetivos, como el incremento del valor agregado de las producciones, los cambios en la estructura de calificación del capital humano y el mejoramiento de indicadores sociales. Más aun, la globalización de la economía y la diversificación de sus productos y servicios imponen que el desarrollo local deba ser también exportador.
  • Las exportaciones de servicios científico-técnicos deben incrementarse y contribuir a la mejora de la competitividad y a la balanza de pagos. Una economía pequeña como Cuba pudiera desarrollar ventajas competitivas en un segmento de la cadena productiva, y especializarse en determinadas tareas dentro de procesos productivos y de servicios globales, regionales o bilaterales. Existen experiencias positivas en acuerdos intergubernamentales para los servicios médicos en el exterior, pero otras modalidades tales como la informática, el turismo de salud y la educación de pregrado y de postgrado en Cuba tienen todavía mucho potencial por explotar, y tenemos el capital humano para eso.
  • Los cambios que necesitamos para potenciar las funciones de la ciencia en la economía deben potenciarse por el sistema educacional en todos los niveles, y reforzar la apropiación creciente del método científico de pensamiento por las nuevas generaciones, y su capacidad de asimilar críticamente los desarrollos de la ciencia y la tecnología en el mundo, e insertarlos en nuestro proyecto.
  • El desarrollo científico cubano debe acompañarse de una amplia formación de toda la población en sus capacidades de entender el carácter objetivo y verificable del conocimiento, y el método científico que lo construye. Ello está vinculado con el desarrollo del sistema educacional, desde la escuela primaria. Tienen un peso importante –para bien o para mal- los medios masivos de comunicación. Necesitamos un amplio programa de comunicación masiva de la ciencia, que abarque no solamente la divulgación de los resultados, sino también la educación masiva en la comprensión del método científico, promoviendo la objetividad, el pensamiento racional y el rechazo a la improvisación, el voluntarismo, la pseudociencia y la superstición.
  • El concepto fidelista de construir “un futuro de hombres de ciencia” debe ser abarcado por un conjunto de indicadores cuantitativos (dimensiones del sistema de ciencia, técnica e innovación, cantidad de investigadores, inversión en ciencia, exportaciones de alta tecnología, producción de patentes, publicaciones) con objetivos cuantificables cuyo alcance pueda ser medido y controlado. Algunos de ellos no serán logrables en el corto plazo, pero debemos construir consenso sobre los objetivos distales.

Asumir las nuevas responsabilidades de la ciencia en Cuba implica hacer crecer nuestro sistema de ciencia, tecnología e innovación, encontrar y desplegar formas diversas y creativas de financiarlo, reforzar sus conexiones con el sistema empresarial cubano y con el sistema educacional, y reforzar y diversificar sus conexiones con el mundo. El proceso transitará por exploración de alternativas, ensayo y error, y los marcos normativos que construyamos deben permitir y propiciar esa exploración de alternativas. Los sistemas rígidos no evolucionan y terminan disfuncionales, desconectados de las realidades. Pero los sistemas caóticos, como los que generan los mercados desregulados, y las ingenuidades en las decisiones, no aprenden, y terminan siendo ajenos a los intereses de la sociedad.

Nada de lo que necesitamos sucederá guiado por las fuerzas ciegas y cortoplacistas del mercado. Por el contrario, se necesita un proceso conducido por el Estado socialista a través de sus diferentes roles: dueño de las empresas principales, fisco, regulador, cliente de productos y servicios seleccionados, constructor de capital humano, catalizador de las conexiones internacionales a través de sus relaciones políticas, y en fin, como estratega y representante de los intereses de todos.

El Estado no puede prever de manera determinista el comportamiento del mundo más allá de algunos años, pues hay procesos que son intrínsecamente probabilísticos, distribuidos y adaptativos; pero sí puede construir contextos que aumenten las probabilidades de que avancemos hacia la sociedad justa, prospera y sostenible que queremos. Nuestro proyecto social no le apuesta al mercado, aunque lo utilice en función de objetivos mayores. Le apuesta a la conducción consciente basada en el consenso y en la cultura, de donde emana su capacidad de proteger la justicia social y la visión de largo plazo.

Y en el propósito de abrazar las nuevas responsabilidades de la ciencia participará la comunidad científica cubana toda, entendiendo que, como sentenció José Martí: “La razón, si quiere guiar, tiene que entrar en la caballería”.

Comentario HHC: Solo me atrevo a comentar de este articulazo del compañero Agustin Lage, que debiera estudiarse, evaluarse, aplicarse por todos los cuadros administrativos y politicos a todos los niveles del pais. Interpretar hasta su esencia todo lo planteado.  Necesitamos no obstante, integrar la economia micro y macro, y los diferentes tipos de propiedades : estatal , cooperativa y privada para alcanzar el objetivo propuesto de tener una sociedad prospera, inclusiva, sustentable y humana.