Dopada por los estímulos y cada vez más distante de la calle, la Bolsa estadounidense cierra su mejor trimestre desde 1998. Mientras, el país sufre la mayor crisis desde la Gran Depresión
“El mundo se derrumba y nosotros nos enamoramos”. Lo que ha pasado en los últimos meses entre Estados Unidos y sus poderosos mercados financieros recuerda a lo que Ilsa Lund le dijo a Rick Blaine en Casablanca, cuando en plena guerra, con ella ya casada con otro y la Gestapo pisándoles los talones, les daba por enredarse. La diferencia es que, esta vez, en este trozo de América, no es a pesar de la calamidad, sino espoleada por ella, cuando la Bolsa de Nueva York ha decidido enamorarse. El índice S&P, que recoge los vaivenes de las 500 mayores compañías cotizadas, ha cerrado el segundo trimestre con la mayor ganancia desde 1998, de hasta un 20%. Para el Dow Jones, selectivo de 30 grandes, que ha subido un 18%, ha sido el mejor periodo desde 1987. Y las tecnológicas de Nasdaq se han disparado el 31%, el máximo en casi dos décadas.
En paralelo, Estados Unidos ha entrado en recesión, despidiendo su mayor periodo de crecimiento en la historia, y la destrucción de empleo ha alcanzado cotas no vistas desde la Gran Depresión. Pese a los atisbos de recuperación, fruto de las primeras fases de reapertura, se han perdido cerca de 20 millones de puestos de trabajo desde febrero y se están declarando bancarrotas al mayor ritmo en siete años, con víctimas tan variopintas como la compañía de alquiler de coches Hertz, los grandes almacenes J. C. Penney o la pionera del fracking Chesapeake. Como guinda, la epidemia de coronavirus se ha descontrolado de nuevo, han repuntado los contagios en buena parte del país y al menos 16 Estados están frenando la reactivación. El Fondo Monetario Internacional calcula que el PIB se contraerá un 8% este año. ¿A qué vienen esas alegrías en Wall Street?
Hay una respuesta rápida para este comportamiento tan contraintuitivo de los mercados. El manguerazo sin precedentes de la Reserva Federal, de unos dos billones de dólares, ha llenado los bolsillos de unos inversores que, pese a la incertidumbre, no sabían muy bien dónde colocar el dinero, salvo en acciones. Los tipos de interés del bono estadounidense a 10 años, uno de esos refugios clásicos en tiempos de crisis, se sitúan en el 0,6%, frente al 2% de hace un año y el 3% de finales de 2018. Estos estímulos, unidos al plan de rescate económico aprobado por el Congreso, han contenido la hemorragia económica. Y según Sam Stovall, director de inversión de la firma CFRA, “el nuevo aumento de los casos de covid-19 no hace temer que la recuperación descarrile, los inversores no esperan un nuevo cierre a nivel nacional, sino retrocesos puntuales”.
La respuesta larga, sin embargo, apunta a una tendencia de años. El divorcio entre la Bolsa y la llamada economía real -la de las empresas que invierten, contratan y producen; y las personas que consumen- es cada vez mayor. Los cinco mayores valores del parqué son Apple, Alphabet, Microsoft, Amazon y Facebook, unos colosos que representan alrededor del 20% del valor de todo el S&P, la mayor proporción en 30 años, y además se han visto favorecidos en este mundo confinado, que ha desplazado a la esfera virtual buena parte de trajín diario, ya sea el profesional, el de consumo o el de ocio. En abril, primer mes completo de confinamiento, sus acciones subían un 10%, mientras las otras 495 bajaban un 13%, según los datos de Goldman Sachs.
Cuando a una economía se la califica de real puede uno inferir que la otra tiene algo de ficticia, como si Apple o Amazon no existiesen, no tuvieran sedes monumentales, productos líderes y dólares contantes y sonantes entrando a espuertas. Los tienen, pero la contribución de los gigantes tecnológicos a la riqueza en la calle es menor a la que generaban los líderes bursátiles del pasado, cuando la cúspide se repartía entre la banca, la energía y los servicios.
Un estudio de la Brookings Institution, uno de los think tanks más prestigiosos de Washington, compara la creación de empleo y el mercado de capitales de los siglos XX y XXI y arroja datos esclarecedores: en 1962, las dos mayores empresas cotizadas de Estados Unidos eran la telefónica AT&T y la automovilística General Motors, con 564.000 y 605.000 empleados, respectivamente. Es decir, casi 1,2 millones en conjunto. En 2002, Microsoft se había colocado primera (51.000 empleados), seguida de General Electric (315.000). Menos de la mitad que en 1962. El año pasado, las dos primeras del índice S&P, Microsoft y Apple, contaban en total con unos 297.000 trabajadores.
El cambio de tercio en Wall Street a lo largo de este año ha sido radical, el más drástico en ocho décadas. El primer choque del confinamiento, cuando la crisis sanitaria ya se reveló global y mayúscula, se produjo a mediados de marzo y se tradujo en una caída del 20% en el S&P en el primer trimestre del año. Ahora, la recién culminada carrera del segundo ha permitido recuperar casi todo el terreno perdido. El panorama hasta finales de año, sin embargo, resulta más que incierto. Además de dopados por los estímulos, los inversores también han jugado en la Bolsa, en cierta medida, a ciegas. Según Factset, una plataforma de información financiera, 200 de las 500 compañías del selectivo han retirado sus previsiones para el año, pero calculan que los beneficios de las grandes empresas consolidadas y por tanto más resistentes (las blue chip, en la jerga bursátil) han encogido un 44% en el citado segundo trimestre.
El rally bursátil se ha suavizado en las últimas semanas, en parte debido a las tensiones sociales desatadas en el país, a raíz de las movilizaciones contra el racismo por la muerte del hombre negro George Floyd, y también por una corrección propia del mercado. Los estímulos fiscales del Congreso se están agotando y republicanos y demócratas tendrán que acordar otro programa. Nadie sabe cuánto durará el derrumbe, mucho menos el enamoramiento. A Donald Trump, que busca la reelección en noviembre, le convienen los datos positivos. Los analistas también alertan de la incertidumbre que generan esos comicios en cuanto a la política económica. El mundo se derrumba y Estados Unidos, aparte de todo, celebra elecciones.
LA HABANA. Desde el triunfo de la Revolución, uno de los objetivos de la política norteamericana fue drenar a Cuba de la fuerza de trabajo calificada que requería el buen funcionamiento de la economía. Decenas de miles de profesionales y técnicos emigraron, en buena medida, alentados por las ventajas excepcionales que les ofrecía esta política, lo que obligó a un esfuerzo educacional monumental para suplirlos.
Paradójicamente, a la vez que este esfuerzo enriqueció el capital humano del país, hasta el punto de convertirlo en uno de sus principales activos económicos, creó bases objetivas para la reproducción constante de los flujos migratorios, que hoy afectan diversos renglones de la vida económica y social de la nación. Aunque la emigración, al menos en los volúmenes y composición actuales, constituye un costo para el país que no puede ser plenamente compensado por otras vías, es innegable que los emigrados contribuyen de diversas maneras a la economía cubana y pudieran hacerlo mucho más si se crean las condiciones adecuadas para ello.
En primer lugar, como ocurre en muchos países emisores de migrantes, lo hacen mediante las remesas. La mayoría de los estimados coinciden en que Cuba recibe unos 3 000 millones de dólares anuales por este concepto, el 68 por ciento procedente de Estados Unidos. Aunque el cálculo de las remesas y su impacto real en la economía siempre es engañoso por la forma en que circula este dinero, no caben dudas de que constituye un ingreso importante de capital fresco, una parte del cual va destinado a la inversión en los negocios privados que se desarrollan en el país.
Por estar destinadas al bienestar de sus familias en Cuba, las remesas tienen un componente moral que trasciende el aspecto económico y reproducen una conexión muy sólida con su país de origen. Las remesas no constituyen una limosna, sino un ingreso legítimo para Cuba, un país que ha aportado como pocos a la preparación de sus migrantes y está en pleno derecho a diseñar políticas, que posibiliten algún nivel de recuperación de esta inversión de toda la sociedad cubana.
A las remesas en efectivo, habría que agregar las que llegan al país en calidad de envíos de mercancías, calculado en otros tres mil millones de dólares anuales, los cuales también sirven en ocasiones para el desarrollo de negocios particulares. Aunque aceptadas a regañadientes por el gobierno cubano, dado que se considera que alteran las reglas establecidas para el funcionamiento del mercado, estas remesas ayudan a satisfacer necesidades de la población, contribuyen de manera directa al presupuesto estatal mediante el cobro de las tarifas aduanales y, en muchos casos, constituyen una violación masiva del bloqueo económico impuesto por Estados Unidos al país.
Otro aporte relevante de los emigrados a la economía cubana es el que se realiza por medio del turismo y las visitas familiares. Según datos del gobierno cubano, en lo que abarca el último quinquenio, más de un millón de emigrados han realizado 4,6 millones de visitas al país. Solo en el año 2019 se produjeron 624 mil visitas, el 70 por ciento procedente de Estados Unidos, lo que convierte a la emigración en el segundo emisor de turistas a Cuba. Esto, a pesar de que el excesivo costo de los pasaportes y otros trámites consulares, limita el incentivo y la posibilidad de un incremento de estos viajes.
Más de 50 000 emigrados han solicitado reasentarse en el país en los últimos años. Por lo general, estas personas no constituyen una carga social, sino que regresan a Cuba con sus ahorros y pensiones, por lo que contribuyen a la economía nacional de diversas maneras, ya sea mediante el consumo personal y familiar o la promoción negocios privados.
El aporte de los emigrados también se concreta muchas veces en el pago de las comunicaciones de personas residentes en Cuba y en el financiamiento de sus visitas al exterior, que en el último quinquenio superó los cuatro millones de viajes, a pesar de que Estados Unidos prácticamente redujo a cero esta posibilidad desde 2017, con la excusa de los cuestionados ataques sónicos a sus funcionarios.
Hasta ahora, no creo haber descubierto algo que no haya sido tratado antes por otras fuentes, en realidad mucho se habla de las ventajas económicas de Cuba en sus relaciones con la emigración. Sin embargo, un aspecto menos difundido es lo que gana la economía norteamericana, en especial ciertos negocios radicados en el sur de la Florida, en su mayoría propiedad de cubanoamericanos, gracias a los vínculos de los emigrados con la sociedad cubana.
Tal parece que nadie quiere enterarse de esto, es un tema escasamente tratado por la prensa norteamericana y apenas existen estudios publicados respecto al impacto del mercado cubano en la estructura económica del sur de la Florida, a pesar de que involucra actividades millonarias, que se desarrollan de manera pública, incluso con altos niveles de publicidad comercial. No obstante, la realidad es tan evidente que no se requiere de muchas averiguaciones para calcular su envergadura.
Con altas y bajas, condicionadas por el estado de las relaciones entre los dos países, estos servicios y operaciones comerciales movilizan miles de millones de dólares y proveen cientos de empleos en un mercado donde están incluidas líneas aéreas, cruceros, agencias para trámites, bancos, abogados, tiendas especializadas para los envíos a Cuba, farmacias, empresas de comunicaciones, incluso funerarias que se encargan de enterrar a un pariente en Cuba.
Cada emigrado que visita Cuba o cada cubano que visita Estados Unidos es un cliente de esta infraestructura. También ahí se queda una parte de las ganancias por el envío de remesas, las mercancías o las llamadas telefónicas. Un emigrado que invierte en un negocio en Cuba no lo hace exclusivamente por caridad, sino porque además le resulta conveniente a sus intereses, y esto pudiera crecer mucho más, si tanto Cuba como Estados Unidos facilitan estas inversiones.
Según la lógica del funcionamiento político en Estados Unidos, esta debiera ser una poderosa base económica para las fuerzas que en el enclave cubanoamericano apoyan un mejoramiento de las relaciones con Cuba, lo que explica que la derecha actúe contra ellos siempre que le es posible. Tampoco este movimiento a favor de las relaciones ha cuajado hasta el punto de aprovechar este potencial, y lo que ocurre en muchos casos es que estos negocios acaban por pagar el chantaje de sus enemigos, con tal de que no los coloquen en el foco de atención de los ataques.
La política llevada a cabo por Donald Trump, bajo el aliento de la extrema derecha cubanoamericana, encaminada a perjudicar a estos negocios, no solo afecta a Cuba, como se argumenta, sino a clientes, empresarios y trabajadores que viven de estas actividades. En última instancia, se ve afectada la economía norteamericana, en especial en el estado de la Florida, cuya complementariedad con el mercado cubano ofrece grandes oportunidades de desarrollo para ambas partes.
Llama la atención que no se observe una reacción más vigorosa por parte de los perjudicados. Uno de los pocos estudios realizados sobre este tema fue llevado a cabo por el profesor Kenneth Lipner, retirado de la Universidad Internacional de La Florida (FIU), en 1999. El Dr. Lipner calculó que eliminar el embargo representaría alrededor de mil millones de dólares al año para la economía del sur de la Florida, junto con 40 mil nuevos empleos. En ese momento, el profesor intentó presentar sus resultados a los comisionados del condado de Miami-Dade, quienes ni siquiera comentaron sobre su trabajo. Más tarde, en 2010, Progreso Semanal informó que la Cámara de Comercio de los Estados Unidos estimaba que “una Cuba sin embargo sería … una bendición para la economía [de Estados Unidos]”. Dijeron que se inyectarían de 1, 2 a 3, 6 mil millones de dólares en la economía del país, junto con miles de nuevos empleos.
Es cierto que las remesas, los viajes y otras formas de contacto de los emigrados con Cuba no pueden ser entendidos como una muestra fehaciente de apoyo al gobierno cubano, pero sí reflejan necesidades e intereses cuya solución pasa por una mejor convivencia entre los dos países. En esto radica el punto de demarcación de las posiciones respecto a Cuba, en el seno de la emigración cubana.
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El pasado 9 de junio el periódico Granma dio a conocer que en una sesión extraordinaria del Consejo de Ministros, se aprobaron las indicaciones para la elaboración de la estrategia económica a implementar para la etapa post COVID-19.[1]
Esta estrategia se desarrollaría en dos etapas. Una primera para la recuperación más inmediata de la actividad económica, compuesta a su vez de tres fases que se aplicarían gradualmente en función del control que se vaya logrando sobre la pandemia en el país, situando como primera prioridad la salud de la población.
A partir del 18 de junio se inició la primera fase del desmontaje de las medidas aplicadas frente a la COVID-19 desde el 11 de marzo en todas las provincias, excepto La Habana, que todavía no cumple los requerimientos sanitarios para ello en el momento en que se escribe este artículo.
En la búsqueda de la normalidad económica deberán transcurrir todavía dos fases más para llegar a condiciones mínimas de estabilidad con vistas a poder emprender medidas de mayor alcance y complejidad, lo cual debe llevar al menos hasta los primeros meses del año próximo. En esta etapa las actividades económicas de mayor relevancia que se reinician serán el turismo y todas las actividades que tributan a él, incluyendo el transporte internacional y las actividades agrícolas y no agrícolas del sector privado y cooperativo, entre las de mayor relevancia.
Sin embargo, a pesar de la importancia del retorno a la normalidad con las medidas de seguridad sanitaria adecuadas, muchos autores destacan justamente que la normalidad a la que se retorna no conducirá a una situación similar a la existente antes de la COVID-19, por lo que se llama con frecuencia a este proceso como el retorno a la “nueva normalidad” o incluso el ingreso a la “anormalidad”. [2]
Este planteamiento puede ser entendido de dos maneras: se trata de una normalidad que contiene medidas adoptadas durante la pandemia que llegaron para quedarse, o que se considera una normalidad diferente dada la necesidad de superar factores que venían afectando el funcionamiento adecuado de la economía cubana y los cuales es preciso atender con urgencia tomando en cuenta que la recuperación de la economía se producirá en condiciones de una profunda crisis mundial –con un crecimiento negativo en torno al 6% en el mundo este año- y que provocará impactos en nuestro país que se deben prever y mitigar, entre los que destacan una caída del 20% en el comercio internacional y de entre el 30 y el 40% en la inversión extranjera directa.
En este sentido, se planteó por el Vice Primer Ministro Alejandro Gil que la segunda etapa de la recuperación, correspondiente al fortalecimiento de la economía nacional, tendrá en cuenta como principios contar con una planificación centralizada, la regulación del mercado, la complementariedad de los actores económicos, el papel dinamizador de la demanda interna y la implementación de aspectos claves que están pendientes de lo ya aprobado en el 2017 en la Conceptualización del Modelo de Desarrollo Económico y Social Cubano y en las Bases del Plan 2030 o Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social 2030 (PNDES 2030).
Al respecto también se destacaron como áreas clave –dentro de las 11 que contiene el PNDES 2030– las siguientes: Turismo; servicios técnicos profesionales; industria biofarmacéutica y biotecnológica, así como la industria biomédica; agroindustria azucarera; construcciones; telecomunicaciones; transporte, almacenamiento y comercio eficiente e industria ligera.
A este enfoque sectorial se añadían –como elementos decisivos- aspectos referidos al sistema de dirección económica del país como son las políticas monetarias y financieras; las referidas a los precios; la inversión extranjera, así como medidas en relación al empleo y el salario.
II
El desarrollo de la estrategia de recuperación deberá llevarse a cabo –como ya se dijo- en circunstancias sumamente complejas, por lo que la diferencia entre los problemas coyunturales –a corto plazo- y los estructurales –a mediano y largo plazos- no deben verse como fenómenos totalmente independientes.
Algunas ideas resultan muy importantes en este sentido, ya que para que exista el futuro tienen que resolverse urgentemente un grupo de problemas del presente y –a su vez- la solución de los mismos no puede entrar en contradicción con proyecciones de más largo alcance.
Hay dos temas donde esta conjunción se aprecia muy claramente: la seguridad alimentaria y el incremento de los ingresos en divisas por la vía de las exportaciones de bienes y servicios, unido a la reducción de los gastos mediante la sustitución de importaciones.
Para alcanzar gradualmente la seguridad alimentaria –tal y como se destacó en la cuarta parte de este trabajo- hay que garantizar de inmediato el máximo nivel posible de inversiones y suministro de insumos, combinando la asignación central de recursos que deben redistribuirse por parte del Estado para la agricultura y la industria alimentaria, con la posible adquisición de materiales y equipos en USD por el sector no estatal que opera mayoritariamente en el sector agropecuario.
Junto a lo anterior debe irse modificando la política económica que se aplica a la producción y comercialización de alimentos, lo que supone la implementación de una política consensuada entre los actores económicos en lo referido el otorgamiento de créditos en condiciones especialmente favorables; una política fiscal estimulante y flexible; una política de precios que impulse la producción y un sistema de retribución favorable al trabajo en el sector, que además esté acorde a los resultados que se vayan obteniendo en la alimentación de la población, la sustitución de importaciones y el crecimiento de las exportaciones.
Ya –según la información disponible del pasado año-[3] se observaba un descenso en todas las producciones agrícolas en relación al 2018, excepto en plátanos (+4,31%) y frijoles (+5,23%), a lo que se añadió una disminución en la producción pecuaria, excepto de carne de ganado ovino-caprino (+2%). Algunas importantes producciones mostraron descensos sostenidos entre el 2010 y el 2019, tal es el caso del arroz (-16,7%), el maíz (-5,5%) y la leche (-22%), según los Anuarios Estadísticos de estos años.
Tomando en cuenta esta situación, el desarrollo de un grupo de medidas como las expuestas no puede esperar siquiera a que se completen las tres fases del proceso de recuperación, ya que las decisiones que no se tomen ahora incidirán en los resultados productivos del 2021 dado el tiempo que se requiere por el ciclo de reproducción del sector agropecuario.
También es preciso tener presente que el 79% de la producción de alimentos de origen vegetal, el 35% de los alimentos de origen animal y el 65% de la producción de leche se logra a través de las cooperativas agropecuarias y los productores privados y es con estos actores económicos fundamentalmente donde se pueden lograr los mayores avances en base a su mayor productividad. A lo anterior debe acompañarlo la indispensable reestructuración de las empresas estatales agropecuarias preservando y estimulando a las más eficientes.[4]
Por otra parte, un elemento que resulta transversal a toda la economía consiste en obtener mayores ingresos por exportaciones y reducir gastos mediante la sustitución de importaciones.
En cuanto a la exportación de bienes, la misma se redujo un 47,8%[5] del 2010 al 2018, con importantes descensos en la producción de níquel, que cayó un 25,4% y un 5,2% en el caso del azúcar, a lo que se suma la baja en los precios en el mercado mundial de ambos productos del 55 y el 45,2% respectivamente.
Por su parte, la composición mercantil de las exportaciones se ha mantenido prácticamente sin cambios en los últimos 10 años, aunque aquellos productos de bajo valor agregado pasaron del 38% del total en el 2010 al 54% en el 2018, con la sola excepción –en el grupo de productos de mayor valor agregado- de los medicamentos, que pasaron del 11 al 19% en estos años.
A los datos anteriores debe añadirse que solamente entre abril del 2018 y marzo del 2019 el impacto del bloqueo de EE.UU. en el comercio exterior cubano causó pérdidas por más de 2 897 millones de dólares[6], representando alrededor del 67% de las pérdidas totales registradas en ese período, lo que ubica al comercio exterior como la actividad de mayor afectación producto de las agresiones norteamericanas.
Por otra parte, el desempeño en la exportación de servicios ha permitido compensar el negativo resultado de la exportación de bienes y mantener un saldo positivo en la balanza comercial desde el año 2005, pero ese saldo positivo ya se redujo un 33,2% entre el 2010 y el 2018.
En el caso del turismo internacional los visitantes entre el 2010 y el 2019[7] pasaron de 2 millones 132 mil a 2 millones 476 mil, para un incremento del 16,1%; pero los ingresos brutos del sector descendieron de 2 218 millones de dólares a 2 185 millones, para una reducción del 15%.
A lo anterior se suma que el nivel de ocupación lineal cayó notablemente del 57,1 al 36,5%.
Por otra parte, el origen de los visitantes continuó concentrado en más de un 50% en Canadá, Comunidad Cubana en el exterior y Estados Unidos, en ese orden.
Las cifras anteriores muestran la necesidad de elevar la eficiencia económica del turismo, sector que ha absorbido el mayor nivel de inversiones en la economía cubana en los últimos años, inversiones que es preciso rentabilizar de forma adecuada.
La situación actual impone revisar la política de servicios turísticos mediante la adecuación de la política de inversiones a los niveles de ocupación previsibles y trabajar con estudios de factibilidad que se apoyen en análisis del mercado con un nivel adecuado de rentabilidad en la elaboración de los planes de desarrollo del sector. Adicionalmente será preciso considerar un incremento en inversiones extra hoteleras que permitan incrementar el gasto por turista-día tomando en cuenta el peso que actualmente tiene el sistema de paquetes turísticos “todo incluido”.[8]
El segmento de mayor impacto en la exportación de servicios es el de fuerza de trabajo calificada.
En efecto, la exportación de servicios de alto valor agregado se elevó de un estimado de 1 129 millones de dólares en el 2004, a 7 442 millones en el 2010, para un incremento de 6,6 veces. En el 2018[9] estos servicios se calculan alcanzaron unos 8 871 millones de dólares –de ellos 6 399 millones, el 72%, fueron servicios médicos- para un aumento del 19,2% en ocho años.
Sin embargo, será preciso reconsiderar las bases para una lograr una dinámica expansiva de estos servicios tomando en cuenta la vulnerabilidad que supone su realización sobre la base únicamente mediante acuerdos intergubernamentales, tal y como indica la experiencia reciente de ruptura de los mismos en los casos de Brasil, Ecuador y Bolivia.[10]
En general un mejor desempeño de la economía nacional pasa también por la sustitución de importaciones.
Hay ejemplos exitosos en este tema en los últimos años, tal y como lo muestran la producción nacional de petróleo, que hoy alcanza unos 3 millones de toneladas anuales y que representa alrededor del 38% del consumo nacional de hidrocarburos; la producción de frijoles que creció más de dos veces hasta el 2018 y la producción nacional de medicamentos que alcanza alrededor del 63% de los que se utilizan en el país.
No obstante, la sustitución de importaciones no ha avanzado significativamente en términos de reducir la dependencia alimentaria externa tomando en cuenta de que –como se mencionó anteriormente-, alrededor del 70% de los alimentos que recibe la población se importan, lo que equivale al 39% de las kilocalorías y el 55% de las proteínas que se consumen. En este tema también debe considerarse que –según análisis realizados años atrás-, en la factura promedio de importación de alimentos el potencial de sustitución se encuentra entre 600 y 800 millones de dólares, lo que equivalía aproximadamente a entre el 34,1 y el 45,5% del total de la misma.
Al respecto la experiencia muestra que al diseñar la política de sustitución de importaciones, muchas veces no se aseguran los recursos que se requieren para alcanzar ese objetivo. Al respecto se estimaba –según análisis realizados por los especialistas- que se requerían gastos previos por el 16% de cada peso que se sustituyera en las compras externas.
III
En las ideas que se exponen en este artículo no se ha pretendido agotar el enfoque estratégico que se requiere para lograr un avance sistémico de la economía cubana, aun en las actuales circunstancias.
Es por ello que se ha preferido concentrar la atención en aquello que resulta la primera prioridad entre las decisiones que de inmediato debemos y podemos adoptar.
Esto no significa que no se pueda avanzar –o incluso sea indispensable avanzar- en decisiones que deben optimizar en todo lo posible el sistema de dirección de la economía y su base organizacional, partiendo –incluso- de decisiones ya aprobadas y que constan en los documentos rectores de nuestro desarrollo.
En apretada síntesis pueden destacarse los siguientes elementos.
En primer lugar, resulta indispensable adecuar la organización económica del país comenzando por la empresa estatal. Existe consenso en la necesidad de descentralizar la gestión empresarial y dotar a las empresas públicas de capacidad de decisión y autonomía para que puedan trabajar eficientemente, regulando su funcionamiento mediante mecanismos económicos que aseguren un control adecuado y un sistema de estímulos eficiente, todo ello en el marco de un sistema de planificación centralizada para el establecimiento de las proporciones macroeconómicas óptimas en el país. En ello se avanzó en el Período especial con resultados favorables.[11]
En nuestra organización empresarial resulta pertinente revisar el funcionamiento de las organizaciones superiores de dirección empresarial (OSDE) y las unidades empresariales de base (UEB) con el objetivo de subordinar su trabajo a la optimización de la gestión de la empresa. Para ello habrá que considerar también el papel de las pequeñas y medianas empresas (PYMES)[12] en el sector estatal y no solo en el sector privado.
En segundo lugar, es preciso también crear las condiciones para el funcionamiento adecuado de las cooperativas, tanto agropecuarias como no agropecuarias, mediante su reconocimiento jurídico y no subordinación a empresas estatales, al tiempo que se controlan y regulan mediante mecanismos económicos y no administrativos como ha predominado la práctica hasta el presente.
En tercer lugar, la gestión del sector privado requiere una clara delimitación de las entidades que realmente son PYMES y los que resultan emprendedores individuales, lo cual clarificaría su funcionamiento y las políticas reguladoras de empleo, fiscales y crediticias para el funcionamiento de ese sector, el cual trabaja en condiciones de mercado para lograr precios competitivos. Los mejores resultados en cuanto a su contribución para el desarrollo del país deben lograrse por el Estado mediante una política de alianzas y eliminación de trabas administrativas que aseguren su funcionamiento adecuado.
Por último, otras decisiones será preciso considerar en la medida en que se creen las condiciones indispensables para obtener un resultado favorable. Se trata en este caso del proceso de reunificación monetaria y cambiaria, que supone una reestructuración en el funcionamiento de los actores económicos y las personas naturales bajo la premisa de no afectar los mismos, por lo que demanda de un avance gradual que permita asegurar resultados positivos y sin desesperarnos, especialmente tomando en cuenta la complicada situación económica actual.
No obstante, adecuaciones a corto plazo de la política de empleo y salarios resultarán indispensables, aunque no sean definitivas, pero si muy importantes para el estímulo a la productividad del trabajo y la eficiencia económica.
De este modo, se acercan momentos en que se rebasarán gradualmente los negativos impactos de la pandemia de la COVID-19 y el país tendrá que enfrentar nuevos desafíos.
Hoy, si bien la situación es compleja, no resulta igual a la que vivió el país durante el Período especial, del que –precisamente- se cumplirán 30 años de su inicio en pocas semanas. La nación cuenta con potencialidades que no teníamos antes y atesora experiencias que debemos revalorizar.
Todo esto debe servirnos para trabajar con audacia, pero previendo siempre las alternativas más difíciles para asegurar la victoria como nos enseñó Fidel.
[1]Ver Granma “Salvar vidas y estimular el desarrollo económico de Cuba” Junio 9 del 2020.
[2]Ver de Ricardo Torres “Cuba no debe de esperar para liberar el potencial de su fuerza laboral” Junio 17 2020 en www.progresosemanal.us; de Armando Nova “Agricultura cubana: se necesita urgentemente la descentralización” Mayo 13 2020 en www.progresosemanal.us ; de Omar Everleny Pérez Villanueva “Los salarios en Cuba: un nudo a desatar” Junio 18 2020 en www.ipscuba.net ; de Oscar Fernández “¿Neoliberalismo en la Conceptualización?” Mayo 14 2020 en www.progresosemanal.us ; de Pedro Monreal “Cuba: Siete gráficos para descifrar la capacidad de un plan de recuperación” Junio 11 2020 en www.elestadocomotal.com ; de Ariel Terrero “Cinco desafíos y una oportunidad” Junio 8 2020 en www.cubadebate.cu y de Katia Siberia “En Ciego de Avila las cifras no se comen, pero se digieren” Junio 16 2020 en www.cubadebate.cu , entre otros trabajos
[3]Ver de la ONEI “Sector agropecuario. Indicadores seleccionados. Enero-Diciembre del 2019”Junio del 2020 en www.onei.gob.cu
[4]Ver las opiniones de un grupo de destacados especialistas en el trabajo “En marcha hacia un futuro socialista y sostenible” Mayo 31 del 2020 en www.cubayeconomia@blogspot.com
[5]Los datos que se utilizan en este epígrafe provienen de ONEI “Anuario Estadístico de Cuba” 2010 y 2018 en www.onei.gob.cu, y del EIU “Country Report Cuba. May 19 2020” en www.eiu.com,
[6]Los ingresos dejados de percibir por exportaciones fueron 2 343 millones, es decir el 81% de las pérdidas. Ver MINREX “Informe de Cuba sobre la resolución 73/8 de la Asamblea General de las Naciones Unidas “Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos de América contra Cuba” Agosto 30, 2019 en www.minrex.gob.cu
[7]Ver ONEI “Anuario Estadístico de Cuba 2010” La Habana, 2011 y ONEI “Turismo Internacional. Indicadores seleccionados. Enero-Diciembre 2019” La Habana, marzo 2020 en www.onei.gob.cu
[8]Actualmente resulta conveniente llevar a cabo inversiones de menor costo y rápida recuperación, como pueden ser parques de diversiones, instalaciones para el turismo de salud, centros recreativos de diversa naturaleza, entre otras alternativas.
[9]Ver ONEI “Anuario Estadístico de Cuba 2019” La Habana, 2019 en www.onei.gob.cu
[10]En este sentido una alternativa puede ser la expansión de los servicios médicos en Cuba a través del turismo de salud, una variante de menor costo y mayor facilidad operacional.
[11]Esta experiencia fue examinada científicamente por Yaima Doimeadiós en su trabajo “El crecimiento económico en Cuba: Un análisis desde la productividad total de los factores” Tesis en opción al grado científico de Doctor en Ciencias Económicas, Facultad de Economía, Universidad de La Habana, 2007, CEPAL, 2012 en www.cepal.org
[12]Existe literatura científica suficiente para comprobar el papel de las PYMES en las economías todo el mundo. Un estudio reciente de la OCDE señalaba que las PYMES y los emprendedores “…constituyen la columna vertebral de las economías de esos países y representan 70% del empleo total; además, son fundamentales para fortalecer la productividad, generar un crecimiento más inclusivo y adaptarse a megatendencias como la nueva revolución industrial y un perfil cambiante del trabajo.” Ver “Pequeñas y medianas empresas, fundamentales para el desarrollo de la economía” Marzo 15 de 2018 en www.eleconomista.com.mx
Esa labor, a cargo del grupo empresarial de acopio, continúa siendo ineficiente.
La labor de acopio y comercialización de productos agropecuarios se desarrolla de forma centralizada.
Foto: Archivo IPS
La cadena agroproductiva y de comercialización de productos agropecuarios es un sistema complicado en la economía cubana y hay que tratarla, precisamente, bajo condiciones sistémicas, pues está integrada, a la vez, por diversos subsistemas interrelacionados y que interactúan entre sí.
Tiene su punto de partida en el territorio y reclama la participación de diversas variables, que se inician por la producción y su interacción con el consumo, los estimados de producción, la cosecha, el envase, la transportación, el almacenaje y la conservación (frigorífico), el mercado mayorista, la industria de beneficio y la industria procesadora, hasta la distribución minorista (en productos frescos y beneficiados). El ser humano constituye el elemento más importante y presente a lo largo de todo el proceso.
Además, la cadena trasciende, por lo general, los marcos del propio territorio donde se origina la producción; es decir, tiene un efecto de derrame o multiplicador hacia otros lugares y sectores económico-sociales.
En la actualidad, la labor de acopio y comercialización de productos agropecuarios se desarrolla de forma centralizada, a cargo de un órgano estatal denominado “Grupo Empresarial de Acopio”, subordinado al Consejo de Ministros y atendido por el Ministro de la Agricultura.
Dicha entidad establece los contratos o compromisos de entrega de productos con las diversas formas productivas del campo cubano, entre ellas: las Cooperativas de Créditos y Servicios (CCS), Cooperativas de Producción Agropecuaria (CPA), Unidades Básica de Producción Cooperativa (UBPC) y la privada.
Los compromisos de entrega suelen identificarse como “encargo estatal”, que representa actualmente la mayor proporción de la producción nacional agrícola y ganadera, y deja poco o mínimo espacio a otras formas comercializadoras. Esta modalidad causa elevadas pérdidas de productos acopiados, unido a una larga cadena de impagos a los productores, como un elemento más que desestimula el incremento de la producción.
Informes de la Organización de la Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y otras fuentes consultadas alertan que, bajo esta forma centralizada y monopólica de la actividad de acopio estatal, las pérdidas promedio ascienden a 30 por ciento y, en determinadas producciones, suelen ser superiores, entre 25 y 50 por ciento.
Un problema de larga data
La actividad de acopio y comercialización de productos agropecuarios es una de las más complejas y significativas del sector agropecuario.
Foto: Archivo IPS
Las elevadas pérdidas del monopolio estatal de Acopio en la distribución de los productos agropecuarios se reiteran desde hace varias décadas y afloran a la superficie en épocas difíciles. Por ejemplo, vale señalar algunos de esos momentos: la crisis económica de la pasada década de los noventa (periodo especial) y, en la actualidad, la epidemia de la covid-19.
Algo paradójico es que, precisamente, en esos momentos se retoma con mayor énfasis la centralización, desde control extremo de las producciones y su distribución, como vía de solución a las dificultades. Sin embargo, es un camino ya recorrido, en varias ocasiones sin éxito alguno.
Es cierto que se han registrado anormalidades en los pequeños espacios, donde se han aplicado otras formas de acopio y distribución, lo que ha servido de pretexto para retomar la centralización de la actividad y el renacer, como ave fénix, del monopolio de Acopio.
Los elevados niveles de centralización y casi monopólicos de acopio y comercialización de los productos agrícolas y ganaderos han dado lugar a situaciones desfavorables, tales como: desestimular al productor, pérdida de la cosecha en la plantación por no recogerla a tiempo, mermas de productos en los lugares de acopio, niveles de subsidios asumidos por el Estado, precios inconsecuentes con la calidad, cadena de impagos al productor, desviación de productos hacia el mercado subterráneo, entre otras.
Hasta el presente, la centralización de la gestión económica-productiva ha caracterizado al modelo de desarrollo económico-social cubano y, en particular, la actividad agropecuaria, no obstante fundamentadas alertas efectuadas por estudiosos y especialistas sobre el tema agropecuario desde trabajos e investigaciones.
Buscar variantes
La pequeña industria de conservas La Ignacita produce una tonelada de pulpa de frutas diaria, con lo que reduce las pérdidas de cosechas de su cooperativa en San Miguel del Padrón, La Habana.
Foto: Ivet Gonzáles Lemes_IPS
El reto está en buscar constantemente otras maneras de comercializar y distribuir productos para que estas actividades sean más eficientes…”, remarcó el presidente Miguel Díaz- Canel.
A principios de junio, el presidente cubano Miguel Díaz Canel se refirió a la necesidad “de dinamizar la comercialización de los productos desde diversas variantes, con alternativas que permitan a nivel local también gestionar directamente con los productores y llevar los productos al mercado”.
“El reto está en buscar constantemente otras maneras de comercializar y distribuir productos para que estas actividades sean más eficientes…”, remarcó. Esa exhortación, sin duda, motiva a realizar algunas sugerencias.
La búsqueda de formas diversas y novedosas de acopio y comercialización, que propicien mejoras constantes y conduzcan a la eliminación de los obstáculos que impiden el desarrollo de las fuerzas productivas de la nación, evitarían la inmovilidad y propiciarían el desarrollo.
Se requiere ir hacia la diversidad de formas de comercialización de productos agropecuarios, tener presente que el problema no radica en la circulación, sino en la producción y su consecuente relación de continuidad con el eslabón más inmediato: la comercialización. Es decir, el destino de productos frescos y procesados hacia el mercado interno –industria procesadora–, sea en las variantes de mercado minorista, mayorista, la exportación e, inclusive, la inserción en las cadenas externas globales de valor.
De nuevo se requiere de un enfoque sistémico a lo largo del ciclo (producción- distribución-cambio y consumo). Cabe señalar, una vez más, que el desempeño de este ciclo está limitado por las constantes y excesivas restricciones y regulaciones, las cuales impiden el normal y favorable desenvolvimiento de la gestión económico-productiva del sector agropecuario cubano.
La diversidad implica considerar varias formas, incluidas las existentes, pero mejoradas en constante movimiento dialéctico, junto al desarrollo de nuevas formas o alternativas. Los productos y producciones del sector agropecuario encierran determinadas cualidades, especificidades y destinos diferentes que es necesario tener presentes.
Diversidad en la comercialización: alternativas y nuevas formas
Se requiere ir hacia la diversidad de formas de comercialización de productos agropecuarios.
Foto: Jorge Luis Baños_IPS
En realidad, la actividad de acopio y comercialización de productos agropecuarios es una de las más complejas y significativas del sector agropecuario. De igual forma, ha sido una de las más modificadas a lo largo del proceso de organización agraria en el sector agropecuario cubano.
Por su valor como eslabón que conecta la producción con la comercialización minorista y mayorista –incluidas las entregas a la industria y la exportación–, esta actividad reclama un reiterado acomodo y ajuste de sus estructuras respecto a la cadena producción-distribución-cambio-consumo –que la enlaza con otras actividades que interactúan entre sí–, así como en relación con la definición y alcance de sus propias funciones.
El sistema agroproductivo-comercializador tiene su punto de partida en el territorio y reclama la participación de diversas variables, comenzando por la producción y su interacción con el consumo[1], los estimados de producción, la cosecha, el envase, la transportación, el almacenaje y la conservación (frigorífico), el mercado mayorista, la industria de beneficio, la industria procesadora y hasta la distribución minorista de productos frescos, beneficiados y procesados industrialmente.
La casi totalidad de los destinos de los productos agrícolas y ganaderos requiere de la actividad comercializadora, la cual puede manifestarse mediante el vínculo directo del productor con el mercado minorista y mayorista (industria, turismo, exportación, etc.)
De acuerdo con la diversidad de formas organizativas comercializadoras existentes, resulta importante identificar aquellos productores privados individuales y usufructuarios que requieran y deseen acceder de forma directa a la comercialización minorista, cumpliendo con los requerimientos legales establecidos que faciliten su presencia en los diferentes mercados.
Hay cooperativas no agropecuarias dedicadas a comercializar las producciones agrícolas y pecuarias (fundamentalmente cárnicos: cerdo, ovino caprino, conejo), cuyas fuentes de suministro pudieran mantenerse mediante productores privados individuales, usufructuarios, UBPC, entre otros.
Los carretilleros o vendedores ambulantes, que se mueven en la zona urbana y acercan los productos a la puerta de los consumidores, son quienes ofertan mayor surtido y variedad de productos en estos momentos, por lo general en cantidades pequeñas y a precios elevados. Su fuente de suministro o abastecimiento suele ser la de intermediarios que hacen llegar los productos a las zonas urbanas.
Los organopónicos, en tanto, venden directamente las producciones propias, logradas en sus áreas productivas urbanas, y también otras producciones recibidas de áreas de la agricultura sub-urbana.
Los mercados agropecuarios estatales (MAE) suelen tener como fuente de suministro la vía de Acopio estatal, fundamentalmente, que también abastece al sector social (hospitales, asilos de ancianos, centros de reclusión penitenciaria, círculos infantiles, turismo, escuelas, centros de niños sin amparo filial).
Entre la diversidad de formas comercialización de productos agropecuarios están los conocidos Mercados de oferta y demanda, a precios libres. En la actualidad, se han instituido precios máximos o topados, que sin duda han restringido la oferta.
Demanda limitada por la oferta
La realidad parte de una demanda insatisfecha, limitada por la oferta.
Foto: Jorge Luis Baños_IPS
La realidad parte de una demanda insatisfecha, limitada por la oferta, ante la insuficiente producción nacional de alimentos. Ello motiva el incremento de precios y, para “atenuar” su crecimiento en espiral, se acude de forma oficial a los precios topados. Esto, a la vez, desestimula a los productores a incrementar la producción, ya que el acceso a insumos y servicios es limitado y, de lograrlo, los obtienen a precios elevados, en el mercado informal. Los topes de precios, al final de la cadena por la vía oficial, no les permiten cubrir sus gastos y obtener un margen de ganancia adecuado.
La limitada producción de origen que logra transitar por la larga cadena comercializadora y sus arriesgados eslabones de intermediarios aumenta su precio en ese camino. Algunos de estos mediadores cubren una formalidad de venta, sobre la base de precios topados, para mantenerse en la oferta oficial; pero desvían una parte de los productos al mercado informal o subterráneo, donde logran obtener elevadas ganancias.
Otra modalidad son los que, en su inicio, fueron identificados como mercados del Ejército Juvenil del Trabajo (EJT), con precios más accesibles, y que se han transformado en mercados de variada presencia de oferentes privados, empresas productoras estatales, cooperativistas, entre otros, también con precios topados.
Existen, además, algunos mercados arrendados por cooperativas (CCS, CPA) para la venta de productos agropecuarios, que están vinculados o pertenecen a dichas cooperativas, también sobre la base de precios topados.
¿Comercializadoras propias?
Una propuesta novedosa sería la creación de formas superiores organizativas comercializadoras propias (cooperativas de segundo grado), que agrupen a los productores de acuerdo con sus necesidades e intereses, teniendo presente los requerimientos sociales, para eliminar así eslabones intermedios innecesarios.
Las cooperativas de segundo grado están reconocidas en la conceptualización del modelo económico cubano y pueden incluir la labor de beneficio industrial de productos frescos, empaque, refrigeración, procesamiento industrial, transportación y, por supuesto, la comercialización, siempre respondiendo a los intereses de los productores primarios que las integren (CCS, CPA, privado, usufructuario).
Resultaría apropiado que estas formas organizativas superiores dispusieran de espacios para la venta minorista en los territorios, ya sean propios o arrendados.
Es recomendable que haya varias de estas cooperativas de segundo grado en un mismo territorio, de acuerdo con las características productivas de las cooperativas primarias que las integren (CCS, CPA, UBPC).
A manera de ejemplo: varias CCS pueden constituir una cooperativa de segundo grado comercializadora y, a la vez, otro número determinado de estas pueden constituir otra cooperativa de nivel superior y establecer relaciones de intercooperación entre ellas, además de apoyar a productores privados, usufructuarios, entre otros. De esta forma, se ampliarían las relaciones horizontales en el territorio.
Otros caminos
Como una modalidad de comercialización pudiera considerarse que los productores directos tuvieran un espacio, arrendado o propio, donde ofertar y vender sus producciones, tanto a mayoristas como minoristas.
Foto: Archivo IPS
Algunos autores abogan por retomar los mercados concentradores mayoristas en las ciudades capitales, donde hay mayor número de pobladores. Ese camino ya fue transitado y derivó en acciones ilegales que motivaron el cierre de dichos mercados.
En otros países y ciudades se registran formas similares de funcionamiento. Antes de 1959, en Cuba hubo igualmente mercados concentradores, como Cuatro Caminos y la Plaza del Vapor; también Carlos III. Pero su forma de funcionar era totalmente distinta y existían los dueños de tarimas (espacios de venta), que vendían tanto al por mayor como al por menor y recibían la mercancía o productos agropecuarios diariamente.
Estaban encadenados a través de transportistas intermediarios, que trasladaban la mercancía directamente de los productores o de algún punto donde se concentraban los productores, para ofertar ellos mismos sus producciones.
Esta pudiera considerarse como una modalidad dentro de la diversidad de formas de comercialización, pero con un enfoque y funcionamiento diferentes a los concebidos inicialmente y que propiciaron situaciones indeseadas.
Es decir, que los productores directos (CCS, CPA, UBPC, privado, usufructuario) tuvieran un espacio, arrendado o propio, donde ofertar y vender sus producciones, tanto a mayoristas como minoristas, a precios inferiores a los que se registren en el mercado minorista tradicional, evitando la concentración que conduzca al monopolio de la actividad acopio-comercializadora o a grupos dominantes de la comercialización.
Algunas sugerencias finales
Ante todo, abogar por mantener la diversidad en las diferentes modalidades de comercialización de productos agropecuarios, pero en constante movimiento, actualización y desarrollo hacia formas mejoradas.
Incorporar a centros de investigaciones y universidades en la realización de estudios e investigaciones necesarios, con vistas a lograr formas comercializadoras y encadenamientos más simples, económicos, que faciliten el acceso físico y económico de los consumidores y cubran las expectativas e intereses de los productores.
Lograr el encadenamiento directo productor-consumidor mayorista, minorista, reduciendo al máximo o eliminando eslabones intermediarios.
Acercar a los productores, por diferentes formas y vías, a que puedan acceder directamente tanto al mercado minorista, como mayorista.
Instaurar o crear formas comercializadoras de segundo grado, como algo novedoso, partiendo de los productores y de las necesidades de los territorios, considerando su vínculo directo con las medianas y grandes ciudades de elevada concentración poblacional.
Reducir las actuales altas proporciones del encargo estatal y que los productores dispongan, cada vez más, de mayor margen de decisión sobre los destinos de sus producciones.
Abrir el diapasón de la oferta de productos, particularmente los cárnicos, y considerar en la oferta la carne bovina, a partir de los incrementos por encima del plan de entrega de carne en pie logrados por los productores, quienes debieran poder disponer, decidir los destinos y venta libre a sus trabajadores y a la población en los mercados minoristas. Proceder de igual forma con los lácteos, particularmente la producción de quesos, yogurt y mantequilla, a partir de los incrementos logrados, una vez cubierto el encargo estatal.
Descentralizar en lo máximo posible la actividad de acopio estatal y centrar su actividad, fundamentalmente, en la atención de la asistencia social. (2020).
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Notas:
[1] Tener presente que en el ciclo señalado, se manifiesta una unidad dialéctica producción-consumo-producción, para consumir hay que producir y a la vez para producir hay que consumir, siendo determínate la producción.