Foto: Néster Núñez.
Todo el mundo está a la expectativa. Alguien hoy me decía: “Espera el domingo, que el domingo ya está en 400 otra vez”. Porque ahora está subiendo de 20 en 20, de 25 en 25, en una escalada extraordinaria. ¿Hasta dónde llegará? ¿Quién sabe?
Lo que puedo decir en estos momentos, después de revisar muchos chats y de que me hayan mandado muchos mensajes los dueños de las mipymes que tienen que comprar dólares e importar, es que hay una avalancha de ofertas de compra de dólares a 320 y a 350, y a 310 y a 315 y a 360, pero es una avalancha. Y las redes aguantan todo. O sea, de la misma manera tú puedes crear un bot para emitir 50 avisos de compra al precio que quieras, perfectamente, y vas a ir moviendo el cálculo de la tasa.
En definitiva, lo que hace la tasa de El Toque es usar la mediana. La mediana es el valor central de una serie de datos organizados de menor a mayor. Y por tanto, en la medida en que hay más anuncios de compra a precios altos, esa serie se mueve. Incluso quitando los valores extremos, se va a seguir moviendo hacia arriba.
Lo que está pasando hoy, a mi juicio, es eso. Como son intenciones de compra, no es compra real y no sabemos cuál es la compra real, pues, lógicamente, esa es la tasa que sale. Para compras anunciadas, no realizadas.
¿Hasta dónde vale o no? Pues yo no sé. Lógicamente, a los especuladores les conviene mucho que la gente lo use así. Porque los que se benefician hoy son los especuladores. Los que se perjudican son los que intentan hacer comercio en Cuba, los que intentan importar, los que intentan mejorar la oferta; y las familias cubanas, que van a tener que pagar el precio que la especulación genera.
Lo que este período demostró es que ese movimiento monetario es puramente especulativo y no tiene detrás un respaldo real de transacciones en dólares y pesos cubanos. Lo otro que está demostrando es que realmente hay un vacío muy grande, un abandono de funciones de la autoridad central monetaria cubana. Es algo que no debería pasar, porque estamos dejando a la familia cubana en manos de los especuladores. Estamos dejando el comercio cubano en manos de los especuladores.
Me hago una idea más clara cuando dices que no se trata solamente de cuidar el bolsillo del pensionista o de la persona que recibe un salario sumamente devaluado frente a unos precios sumamente inflados. Con la tasa especulativa del mercado cambiario se afectan las nuevas empresas privadas, que ofrecen servicios y productos en el mercado cubano, con ofertas que a veces solo ellos garantizan; y se afecta también la empresa estatal socialista, elevada a categoría de tótem.
Todos los sectores de la economía se afectan con esa tasa especulativa al alza. Todos, absolutamente. Se afecta hasta la inversión extranjera.
¿Por qué?
Bueno, ¿a qué precio un inversionista va a estimar las utilidades de su inversión a dos años vista con una tasa de inflación con esa variabilidad? Volátil completamente. Tú la vas a tener que calcular en los estudios de factibilidad a la tasa oficial de cambio. Pongamos que 120. Pero en la vida real, al trabajador que vas a emplear, la tasa de unos 120 no le sirve. Y entonces, ¿a qué tasa? ¿Cómo la calculo?
No estoy hablando del corto plazo, estoy hablando hasta del mediano plazo. La inflación hace sal y agua las utilidades, el interés que el banco paga por las cuentas y el salario de la familia.
Y la productividad del trabajo.
Obviamente. Y lo otro que produce esa tasa es que la gente se va a refugiar en el dólar como reserva de valor. Y se diluye la idea planteada de ir reduciendo los espacios del dólar. La política no es consistente, porque si tú abandonas las funciones monetarias y ante una moneda nacional que se evalúa de forma sistemática y sobre todo por especulación, definitivamente la gente se refugia en el dólar y el dólar va ganando espacio.
Foto: Néster Núñez.
Entiendo que es imperativo que el Estado cubano tome cartas en el asunto. Que defina su participación en ese mercado cambiario de una manera o de otra. Regulando, controlando, siendo ellos mismos actores de ese mercado cambiario como en su momento lo fue a través de Cadeca, o dejando que otros actores participen. Es decir, no se sale de esta situación crítica, de este año “durísimo” que pronosticaste en la entrevista anterior, si no se empieza a levantar un poco de presión alejándonos de esa marea especulativa relacionada con el dólar.
Es así, pero además la historia lo demostró. A inicios de los años 90 también hubo un crack del dólar en Cuba. Cuando salió Cadeca como institución que podía intervenir en el mercado monetario, la tasa de cambio se estabilizó. Incluso cuando los atentados a las Torres Gemelas, me contaban (yo no estaba en Cuba en ese momento) que inmediatamente los cambistas ilegales
empezaron a subir la tasa y a ofrecer a 40 y 45 pesos por dólar. Estuvieron dos días, pero Cadeca aguantó y los cambistas tuvieron que bajar la tasa. Porque para el pueblo cubano la referencia era la tasa de Cadeca.
¿Si a finales de año esto no cambia estaríamos hablando de una irresponsabilidad superior de las autoridades monetarias cubanas y, en general, de las autoridades cubanas, en no intervenir en esta dinámica?
Yo creo que hay que corregir el abandono de las funciones de corrección del mercado monetario que tiene la autoridad monetaria. No queda de otra. Y hay opciones para hacerlo. Hay un abanico.
Este no es un mercado monetario muy difícil. Diría que entre el 70 y el 80 % de las operaciones monetarias de cambio en Cuba se realizan en el mercado de La Habana. Yo recuerdo que en las informaciones de Western Union (de los años 2000) decían que el 25 % de la remesa se quedaba en La Habana y el resto se repartía entre el resto de las provincias de Cuba y los municipios; ninguna provincia tenía una participación mayor del 7 %. Fíjate qué sencillo.
Hoy, si tú miras lo que hacen algunas de las plataformas que venden productos, ellos te podrán decir que entre el 75 y el 80 % del volumen de ventas en Cuba, de lo que ellos hacen, está en La Habana. O sea, hay una concentración importante. Ese es un dato que puede usarse para intervenir y estabilizar el mercado monetario.
Porque, repito, esta desestabilización, esta carrera desenfrenada, al alza, por efectos de la especulación y por la intervención de especuladores en el mercado monetario cubano, perjudica a todo el mundo y perjudica lógicamente la credibilidad —la que nos queda— de la economía nacional.
Cuando dices que afecta a todo el mundo no solo te refieres al Gobierno, a su red de empresas e instituciones, sino también a quienes adversan al Gobierno. Es decir, a quienes proponen una agenda económica completamente distinta, digamos, por ejemplo, liberal, hacia un ordenamiento capitalista que trascienda el orden socialista.
La inflación perjudica a todo el mundo. Perjudica la economía de un país.
Perjudica a los cubanos que viven fuera de Cuba, que remesan por vía de productos o por vía de dinero a su familia.
También.
Porque cuando antes mandaban un dólar, ese dólar tenía una capacidad de compra mayor que la que tiene hoy. Ahora tienen que duplicar o triplicar sus remesas para encarar las necesidades que están tratando de solucionar en Cuba.
Exacto.
Foto: Néster Núñez.
O esto se ve como un tema general de todo el mundo y trascendemos las teorías conspirativas de los bandos o, sencillamente, por lo que estoy entendiendo a través de tus palabras, seguirá siendo un gran trastorno difícilmente soluble, con mayor incidencia para los que más están sufriendo en Cuba, los que tienen menos capacidad adquisitiva.
A mí no me gusta decir esa frase, porque es una frase muy típica de la corriente más clásica, más ortodoxa del monetarismo; pero hay una frase que es importante: “El dinero importa”, dicen los monetaristas. Y el dinero importa e importa más. Porque el precio del dinero transversaliza toda la economía y afecta a todo el mundo en una economía. Lógicamente, afecta más a los más pobres.
Ese precio del dinero, esa especulación descontrolada, impacta en la situación de pobreza de la familia cubana. Y los ejemplos son sencillos. En Cuba hay
más de 600 mil jubilados que reciben 1500 pesos de su jubilación. Cuando el cartón de huevos se pone a 3000 pesos, tienen que comprar medio cartón de huevos.
Necesita dos pensiones para comprar un cartón de huevos.
Si no, con la pensión le da exclusivamente para 15 huevos. ¿Hoy se come la clara y mañana la yema? Esta situación perjudica mucho a las familias más pobres. Y eso es una responsabilidad que hay que cubrir. De alguna manera, nuestras políticas tienen que evitar eso.
Imaginemos que se cambia el subsidio. De subsidio generalizado a alimentos a subsidio a las personas. Vamos a multiplicar por tres esa pensión, de 1500 a 4500. Si el huevo está a 3000 pesos, van a comprar un cartón de huevo y medio cartón de huevos.
Pero si la tasa de cambio sube y se pone a 400, ya el huevo no se va a vender a 3000… lógicamente esa pensión se vuelve a hacer sal y agua. El problema está en que esas personas lo que compran fundamentalmente son los productos que les satisfacen sus necesidades vitales. Ahí no hay lujos, ninguno, absolutamente.
De hecho, son personas que prácticamente no tienen dinero ni para comprarse un par de zapatos nuevos. O sea, es solo comer para sobrevivir.
Esa elevación de la tasa a quien más perjudica es a los pobres en Cuba. Por eso hay que combatir la especulación. Hay que combatirla, lo vuelvo a decir, retomando las funciones que la autoridad monetaria cubana tiene que ejercer sobre el mercado monetario. No queda de otra. Yo lo subrayo: perjudica a todo el mundo. Absolutamente a todo el mundo. Y tiene perjuicios a mediano plazo, porque muchos negocios se detienen. Y se detienen exactamente por la incertidumbre que genera esa tasa, creciendo sin control ninguno y sabiendo que es una tasa puramente especulativa, que realmente detrás de esa tasa que se está tomando no hay operaciones de compra y venta reales como para respaldarla.
Foto: Néster Núñez.
El lema de estos meses ha sido “corregir distorsiones y reimpulsar la economía”. No es posible corregir ninguna de las distorsiones si no se empieza por aquí.
Es una de las distorsiones más importantes, pero yo no quisiera catalogarlas todas ahora aquí, poner un listado de esta es la primera, la segunda, la tercera, porque hay muchas distorsiones. De hecho, habría que revisar el concepto de distorsión. El economista Ricardo Torres publicó un artículo de lo más interesante en Nueva Sociedad explicando eso. Una de las más importantes es esta, la tasa de cambio. Afecta los costos de todas las empresas.
También de la sacrosanta empresa estatal, que es sacrosanta porque sobre su espada está el grueso de la economía nacional…
El 80 % del Producto Interno Bruto, el 92 % de las ventas, más de 1 400 000 empleados y montones de familias dependiendo de la empresa estatal… Subrayo que
la empresa estatal hay que rescatarla.
La empresa estatal también está afectada por la devaluación del peso porque en la empresa estatal trabajan cubanos que reciben un salario y tienen que ir a un mercado, a un bodegón —qué bueno que existen los bodegones; ojalá existieran 20 mil bodegones más en Cuba— y comprar a esos precios influidos por la tasa de cambio.
Están influidos también por los altos costos, por impuestos altos, por un 10 % de impuestos sobre las ventas totales. Estos impuestos han permitido una recuperación de los ingresos del presupuesto, pero están costando en esta otra parte de la ecuación.
Ese cubano tiene que ir ahí cuando recibe el salario de la empresa estatal. Y el salario promedio en Cuba hoy tampoco es elevado.
El incentivo mayor que tiene un obrero es que por su trabajo reciba un salario y que ese salario le alcance al menos para cubrir sus necesidades vitales mínimas y las de su familia. Si no le alcanza, hay un desincentivo enorme.
Claro, y empiezan las ganas de emigrar del sector laboral, empiezan las ganas de emigrar del país, la desesperanza, el agotamiento, las rupturas familiares… Empieza todo eso que nos está pasando.
O, sencillamente, empiezan las ganas de no trabajar, de rendir menos. Y por lo tanto la empresa se vuelve más improductiva. Si queremos que la empresa estatal pueda cumplir el rol que debe cumplir en este país, hay que resolver las distorsiones porque también afectan la empresa estatal.
Foto: Néster Núñez.
En todo este tiempo en que hemos estado viendo cómo la relación dólar-peso cambiaba, primero a la baja, ahora subiendo, tengo la impresión de que hay mucha gente que compró la idea de que hay una especie de conspiración “mipymera” de un lado, o conspiración del Gobierno del otro o conspiración de quienes hacen las tasas, etc. Según el gusto de cada cual. Pero que, en todos los casos, el análisis parte de una visión de la economía partida en pedazos, como si una cosa no tuviera rebote en la otra, como si las dinámicas no estuvieran integradas. La inacción de las autoridades participa en ese bucle especulativo. El dejar hacer, esta suerte de laissez faire, a lo Adam Smith… ese dejar hacer, se vuelve nocivo para todos. Estamos a 6 de junio. ¿Las posibilidades de que este año se pueda levantar un poquito, además del asunto de la tasa cambiaria, que ya vemos que tiene mucha importancia, ¿de qué dependería?
Lo que quedan son seis meses y es un tiempo corto. Yo creo que Cuba tiene tres ámbitos de acciones muy grandes y muy complejos en los que hay que actuar a la vez.
El primero es decidir el camino de la reforma, que es un proceso ya largo, de más de 30 años. ¿Cuál es el camino de la reforma? Y esa decisión no pasa por disponer de dinero, sino por consensos políticos, definitivamente.
¿Consensos políticos?
Políticos, exactamente. La economía es lo más político del mundo. Quien te diga lo contrario, te está mintiendo.
La reforma pasa por consensos políticos. Tuvimos documentos que guiaron la reforma hasta el año 2017. Pero de 2018 para acá la economía cambió. Cambió Cuba y el mundo. Y esos documentos, a mi juicio, se han quedado relativamente detrás de la realidad. Tenemos que lograr consensos políticos acerca de la dirección de la reforma, su amplitud, su profundidad; de la participación de los diferentes actores y del pueblo de Cuba en la reforma; del papel del sector privado y cooperativo y del rol de la empresa estatal en todo esto. Con la necesaria transformación real de la empresa estatal, que es un asunto pendiente desde hace 40 años.
En 1984, en el Congreso de Economistas, se hizo un diagnóstico de la empresa estatal que hoy, 40 años después, es perfectamente válido. Ese documento, todavía escrito en una hoja amarilla de papel gaceta, existe. Ese documento, en el Congreso anterior de los economistas, lo llevamos, lo leímos. Y el diagnóstico era prácticamente el mismo…
Hay que terminar de dejar que la empresa estatal sea lo que tiene que ser: una empresa. Y quitarnos los miedos que genera que la empresa sea realmente autónoma. Habría que hacer dos libros acerca de cómo se ha interpretado en Cuba el concepto de autonomía. Y hay que decidir cuáles son las empresas que tienen que ser manejadas por el Estado.
Llevamos tres años intentando aprobar una ley de empresas que seguimos posponiendo. Ese es un grave problema. La reforma pasa por ahí.
Una de las evidencias de que falta ese consenso político es precisamente una ley de empresas que sigue empantanada.
No hay una definición sobre el actor más importante de la economía cubana. Entonces imagínate tú.
El otro gran ámbito es el programa de estabilización macroeconómica.
Que seguimos sin saber de qué se trata…
Exactamente. Ese programa hay que compartirlo, hay que darle aire a ese programa, hay que discutirlo, hay que ponerle metas, hay que ponerle fechas a ese programa.
Y el tercer ámbito es el de la transformación productiva. Porque todo esto es insostenible si no logramos una transformación productiva profunda, clara, acorde a estos tiempos de la economía nacional. Y esos tres ámbitos están muy relacionados.
Para algunos hace falta dinero, para otros no hace falta dinero. Y, lógicamente, para que la economía se recupere, sus actores tienen que tener confianza. Y esa confianza hoy está muy mermada, muy golpeada. Tanto de los actores nacionales como de los internacionales.
Para tener confianza hace falta terminar de ponernos de acuerdo con nosotros mismos y encontrar fórmulas viables de pagar la deuda, de cumplir los compromisos que no hemos cumplido. Y eso es posible —se ha escrito mucho sobre eso.
Para generar confianza hace falta facilitar los negocios con inversión extranjera, no sólo de las empresas estatales, sino de las empresas privadas y cooperativas. Y ese es un reglamento que hace dos años y medio, tres años, han dado una vuelta por ahí y no se ha concretado tampoco.
La transformación productiva pasa por eso. Pasa por tener una política industrial. Y cuando hablo de política industrial, hablo no solo de la industria, sino también de la agricultura cubana.
Foto: Kaloian.
Cuando hablas de transformación productiva entiendo que tiene que ver con el cambio de la matriz energética. Se promete un cambio de matriz hacia las fuentes renovables, hace décadas. Y esto es algo que va pasito a pasito, lentamente, con mucha calma.
El tiempo es la variable más importante del ser humano, de la sociedad y de los políticos. Lo más político. La variable más política de todas es el tiempo.
Sí, hace falta cambiar la matriz. Lamentablemente, en la transformación que se pensaba de la industria azucarera cubana —y es lo único que voy a decir de esto— estaba concertado construir 12 bioeléctricas que hoy serían un regalo para Cuba y para la población de Cuba. Se ha construido una sola, lamentablemente. Desde 2004 hasta hoy, una sola.
Esto no es para regodearnos en lo mal que estamos. Lo que yo quiero decir es que son cuestiones que se habían planteado y que hay que tratar de recuperar. Sin energía no hay desarrollo.
Tú puedes tener una densidad energética cada vez menor porque incrementes la eficiencia de las tecnologías que usas o porque transformes productivamente el país y trabajes más hacia algunos servicios que son menos consumidores. Pero, sin energía no hay desarrollo. El desarrollo implica el incremento absoluto del consumo de energía, aunque el buen desarrollo requiere de la disminución relativa de ese consumo por unidad de producto bruto incrementado.
No tengo una bola de cristal para decirte qué va a pasar en seis meses. Creo que hay que cambiar de forma drástica alguna de las tendencias que se están expresando hoy. Uno de esos cambios vendría exactamente por hacer algún tipo de intervención en el mercado monetario cubano, que hoy, a mi juicio, es lo que más afecta a toda la población cubana y toda la economía cubana.
Sigo creyendo en que el cubano tiene una capacidad enorme, no solo de sobrevivir, sino de reinventarse todos los días. Todos los días lo compruebo. Y hay que apoyarse en esa capacidad enorme del cubano. Hay que darle confianza al cubano, dejarlo hacer. Y para eso hace falta, lógicamente, normas.
Nuestro país ha cambiado; su estructura, su economía, su gente, el entorno. Tenemos que preguntarnos cuáles son las reglas de juego que nos hacen falta para que esta economía avance, para que el país crezca, para que el beneficio del crecimiento llegue a todos, aunque no llegue por igual, fíjate, pero que llegue a todos.
Recuerdo aquella frase de Raúl Castro hace ya mucho tiempo cuando dijo “seremos más desiguales pero más justos”. La justicia pasa por que a todo el mundo le llegue y por que esas reglas de juego impidan que la desigualdad crezca tanto que se convierta en pobreza y que la pobreza se convierta en miseria. De eso se trata.
Bueno, ahí mismo me voy a plantar para hacer una brevísima reflexión y nos despedimos. Lo digo no tanto como periodista, sino más como ciudadana, pensando en el miedo al riesgo que conlleva el cambio —todo cambio genera riesgos, algunos se pueden prever y otros no son previsibles. Pero ese miedo al cambio no puede ser mayor que el miedo a la pobreza, la soledad, la tristeza, el desamparo, la desesperanza de gente que son nuestros compatriotas. Cubanos que, dentro de la isla y también fuera, sufrimos la situación económica actual. Por lo tanto el imperativo mayor tiene que ser conseguir la mayor cobertura, el mayor amparo posible para los cubanos de hoy. No puede ser que se extienda ad infinitum una situación que precariza la vida cotidiana de la gente, que disminuye su capacidad de ser feliz, de tener esperanza, de poder echar para adelante un proyecto de vida individual, familiar, social. Hay decisiones muy difíciles que afrontar, pero la peor de todas es la inmovilidad.
Así es.
Volveremos a hablar dentro de seis meses.