Fidel


"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." ""Creo que mientras más critica exista dentro del socialismo,eso es lo mejor" Fidel Castro Ruz

lunes, 5 de agosto de 2024

Plan para la producción de alimentos balanceados en Cuba. Comentario HHC

Aquí tienes un plan  para la producción de alimentos balanceados en Cuba para 10 millones de habitantes, junto con una estimación aproximada de los costos en USD necesarios para implementarlo.


Plan  de Producción de Alimentos Balanceados para 10 Millones de Habitantes en Cuba

1. Análisis Inicial:

1.1. Demografía y Necesidades Nutricionales:

  • Población: 10 millones de habitantes.
  • Requerimientos Nutricionales Diarios: Incluyen una dieta equilibrada con carbohidratos, proteínas, grasas saludables, vitaminas y minerales.

1.2. Estudio del Terreno y Clima:

  • Zonas Agrícolas en Cuba: Evaluar áreas propicias para la agricultura y ganadería considerando las condiciones climáticas tropicales.
  • Recursos Hídricos: Analizar la disponibilidad de agua para riego y ganadería.

2. Planificación de la Producción:

2.1. Cultivos Básicos:

  • Cereales: Arroz, maíz (principal fuente de carbohidratos).
  • Legumbres: Frijoles negros, lentejas (fuentes de proteínas vegetales).
  • Vegetales: Zanahorias, espinacas, tomates, pimientos (vitaminas y minerales).

Costos Estimados:

  • Sistemas de Riego y Fertilización: $100 millones USD.
  • Invernaderos y Equipos de Cultivo: $50 millones USD.
  • Semillas y Fertilizantes: $30 millones USD.

2.2. Proteínas Animales:

  • Ganadería: Vacuno, porcino, avícola (carne y leche).
  • Pesca: Asegurar la sustentabilidad y cantidad de pescado.

Costos Estimados:

  • Infraestructura Ganadera (Establo, Alimentación): $150 millones USD.
  • Avicultura (Invernaderos, Equipos): $70 millones USD.
  • Sistemas de Pesca y Acuicultura: $40 millones USD.

2.3. Frutas y Nueces:

  • Frutas: Manzanas (importación, ya que no se cultivan localmente en grandes cantidades), plátanos, cítricos.
  • Nueces: Considerar importación y posibles cultivos locales.

Costos Estimados:

  • Cultivo de Frutas Tropicales: $40 millones USD.
  • Importación de Frutas y Nueces: $60 millones USD anuales.

2.4. Producción de Productos Procesados:

  • Harinas y Panes: Procesamiento de cereales.
  • Lácteos: Producción y procesamiento de leche.
  • Conservas: Enlatado de frutas, vegetales y carnes.

Costos Estimados:

  • Plantas de Procesamiento: $80 millones USD.
  • Almacenamiento y Logística: $50 millones USD.

3. Infraestructura y Tecnología:

3.1. Instalaciones Agrícolas y Ganaderas:

  • Construcción de Infraestructuras: Establo, invernaderos, sistemas de riego.

Costos Estimados:

  • Infraestructura Agrícola y Ganadera: $200 millones USD.

3.2. Tecnología de Procesamiento y Distribución:

  • Equipos de Procesamiento y Almacenamiento: $100 millones USD.
  • Logística de Transporte: $50 millones USD.

4. Gestión y Monitoreo:

4.1. Evaluación Continua y Control de Calidad:

  • Monitoreo de Producción y Calidad: Implementación de sistemas de control y evaluación.

Costos Estimados:

  • Sistemas de Monitoreo y Control: $20 millones USD.

4.2. Plan de Contingencia:

  • Diversificación y Reservas de Emergencia: Estrategias para enfrentar plagas y desastres.

Costos Estimados:

  • Fondos de Contingencia: $30 millones USD.

5. Educación y Capacitación:

5.1. Capacitación de Agricultores y Ganaderos:

  • Técnicas Modernas y Uso de Tecnología:

Costos Estimados:

  • Programas de Capacitación: $10 millones USD.

5.2. Conciencia Nutricional:

  • Educación a la Población sobre Dieta Balanceada:

Costos Estimados:

  • Campañas de Educación Nutricional: $5 millones USD.

6. Evaluación y Ajustes:

6.1. Revisión Periódica del Plan:

  • Evaluación Anual y Ajustes Necesarios:

Costos Estimados:

  • Evaluación y Ajustes: $10 millones USD anuales.

Costo Total Estimado:

  • Inversión Inicial Total: Aproximadamente $1.2 mil millones USD.
  • Costos Anuales de Mantenimiento y Ajustes: Aproximadamente $200 millones USD.

Este plan proporciona una visión integral para la producción de alimentos balanceados en Cuba, teniendo en cuenta la inversión necesaria para infraestructura, tecnología, capacitación y gestión. La inversión inicial es significativa, pero necesaria para asegurar una producción sostenible y suficiente para cubrir las necesidades de la población.

Comentario HHC: Este pequeño escrito refleja  varias cosas:

1- El monto a invertir para hacer sostenible la produccion de alimentos en Cuba, es 600 millones menor que la importacion de alimentos que hoy en dia gastamos  ( 1800 - 2000 millones)

2- Que el Turismo no alcanza, con su utilidad,  para importar  los alimentos necesarios, y tampoco con los consumos que el mismo hace, a lo interno, a la agricultura del pais. No estimula por tanto, lo suficiente para garantizar la produccion de aliemntos para 10 millones de habitantes.

3-  Notese ademas, que las campañas, capacitación, etc tienen prespuestos en USD y en nuestro caso serian en CUP en su mayoria.

La producción de alimentos en nuestro pais para los  diez millones de habitantes  es la tarea principal, esencial, y estrategica del país, no hay otra mas importante.

¿ El MINAG  tendra o podra hacer un balance de capacidad de producción  de lo que tenemos en la actualidad  y las potencialidades que podemos tener, por provincia y municipios ? .

domingo, 4 de agosto de 2024

¿Cuales son los indicadores (18) y las proporciones a mantener en una economía para que funcione correctamente , incluyendo la de Cuba ?

Para que una economía funcione correctamente, se deben mantener ciertos indicadores y proporciones claves. A continuación, te presento algunos de los más importantes:

  1. Producto Interno Bruto (PIB): El PIB mide el valor total de todos los bienes y servicios producidos en un país durante un periodo específico. Un crecimiento sostenido del PIB es indicativo de una economía en expansión. Sin embargo, es crucial también observar el PIB per cápita para entender mejor el nivel de vida. Se recomienda una tasa de crecimiento anual del PIB real del 2-3% en economías desarrolladas y del 5-7% en economías en desarrollo. 

  2. Tasa de Inflación: La inflación mide el aumento generalizado de los precios de bienes y servicios. Una inflación moderada (usualmente entre el 2% y el 4% anual) es considerada saludable para el crecimiento económico. Una inflación demasiado alta puede erosionar el poder adquisitivo, mientras que una inflación demasiado baja puede señalar una demanda insuficiente.

  3. Tasa de Desempleo: La tasa de desempleo indica el porcentaje de la fuerza laboral que está buscando activamente trabajo sin éxito. Tasa de desempleo moderada, alrededor del 4% al 6%, suele ser considerada como un signo de un mercado laboral saludable.

  4. Déficit y Deuda Pública: El déficit fiscal es la diferencia entre los ingresos y los gastos del gobierno, mientras que la deuda pública es el monto total que el gobierno debe a los acreedores. Una proporción manejable es que la deuda pública no supere el 60% del PIB, aunque esto puede variar según el contexto económico y la capacidad del país para gestionar su deuda.

  5. Tasa de Interés: Las tasas de interés, determinadas por el banco central, influyen en la inversión y el consumo. Tasas de interés demasiado altas pueden desacelerar la economía, mientras que tasas demasiado bajas pueden generar burbujas de activos.

  6. Balanza Comercial: La balanza comercial mide la diferencia entre las exportaciones e importaciones de un país. Un déficit comercial prolongado puede ser un signo de problemas económicos subyacentes, mientras que un superávit puede indicar una economía exportadora fuerte.

  7. Índice de Gini: Este índice mide la desigualdad de ingresos en una sociedad. Un índice de Gini muy alto sugiere una alta desigualdad económica, lo cual puede llevar a problemas sociales y económicos, e  Indice de Palma:  es una medida de desigualdad económica que se utiliza para analizar la distribución del ingreso en una sociedad. Se basa en el concepto de que la desigualdad puede ser más comprensible si se observa la proporción de ingresos que reciben los más ricos en comparación con los más pobres.

  8. Índice de Confianza del Consumidor: Refleja la disposición de los consumidores a gastar dinero en bienes y servicios. Una alta confianza generalmente indica que los consumidores están dispuestos a gastar, lo que impulsa la economía.

  9. Tasa de Crecimiento de la Productividad: La productividad laboral mide la cantidad de bienes y servicios producidos por hora de trabajo. Un aumento en la productividad es fundamental para el crecimiento económico sostenible a largo plazo.

  10. Reservas Internacionales: Cantidad de reservas en divisas extranjeras que posee un país. Deben ser suficientes para cubrir de 3 a 6 meses de importaciones. Cuba enfrenta dificultades en este aspecto debido a restricciones y sanciones.
  11. Tipo de Cambio: Relación entre la moneda nacional y las extranjeras. Debe ser relativamente estable. En Cuba, el sistema de tipo de cambio ha sido complejo, con múltiples tasas y un mercado paralelo.

  12. Índice de Desarrollo Humano (IDH): Mide el nivel de desarrollo en términos de salud, educación e ingresos. Un IDH alto indica un buen nivel de vida. Cuba tiene un IDH relativamente alto en comparación con su nivel de ingresos, gracias a sus sistemas de salud y educación.

  13. Productividad Laboral: Valor de producción por hora trabajada. Aumentos en la productividad indican mejoras en la eficiencia económica. En Cuba, la productividad puede ser afectada por la falta de inversión y tecnología.

  14. Proporción de Inversión en Infraestructura: Gastos en infraestructura en relación con el PIB. Idealmente, debería ser alrededor del 3-5% del PIB. Cuba ha invertido en infraestructura, pero la calidad y la cantidad pueden ser limitadas por restricciones económicas.

  15. Tasa de Ahorro Nacional: Porcentaje del PIB que se ahorra. Un rango del 15-25% es considerado saludable. En Cuba, el ahorro nacional puede verse limitado por las restricciones económicas y el control estatal.

  16. Acceso a Servicios Básicos: Proporción de la población con acceso a educación, salud y servicios básicos. Un alto porcentaje indica una buena calidad de vida. Cuba tiene un alto acceso a estos servicios debido a su enfoque en el bienestar social.

  17. Estabilidad Política y Social: La estabilidad en estos ámbitos afecta directamente a la economía. Un ambiente político y social estable es crucial para el desarrollo económico. En Cuba, la estabilidad política es alta, pero la situación económica puede generar tensiones sociales.

  18. Innovación y Desarrollo Tecnológico: Inversión en I+D como porcentaje del PIB. Las economías avanzadas invierten alrededor del 2-3% del PIB en investigación y desarrollo. En Cuba, la inversión en I+D puede ser limitada debido a restricciones económicas y recursos disponibles.

Estos indicadores y proporciones no deben considerarse de manera aislada y únicos ( hay mas), ya que la economía es un sistema complejo y dinámico. Es esencial analizar cómo interactúan entre sí y cómo se relacionan con las políticas económicas y las condiciones globales.

Sería muy aconsejable que el Consejo de Ministros, al menos trimestralmente, informara los anteriores indicadores, los comentara y analizara , y conformara los planes de medidas ( acciones) para corregir las desviaciones ,en caso de que así se reflejara. Necesitamos resultados, justificar constantemente las carencias, no conduce a remontarlas.

Cómo muere la independencia del banco central

Por KENNETH ROGOFF



Desde que los principales bancos centrales del mundo acudieron al rescate de la economía global en 2008, se les han encomendado cada vez más tareas, al tiempo que algunos políticos cuestionan su papel ampliado y otros tratan de socavar su autonomía en la formulación de políticas. Para escapar de este dilema, las autoridades monetarias deben volver a hacer lo que mejor saben hacer.

CAMBRIDGE – Con el ascenso global del populismo y la autocracia, la independencia de los bancos centrales está en peligro, incluso en las economías avanzadas. Desde la crisis financiera de 2008, el público ha llegado a esperar que los bancos centrales asuman responsabilidades que van mucho más allá de su poder y competencia. Al mismo tiempo, los líderes populistas han estado presionando para que haya una supervisión y un control más directos de la política monetaria. Y si bien los bancos centrales han sido atacados durante mucho tiempo por la derecha por expandir sus balances después de la crisis, ahora están siendo atacados por la izquierda por no expandir sus balances lo suficiente.

Se trata de un cambio notable. No hace mucho tiempo, la independencia de los bancos centrales se celebraba como una de las innovaciones políticas más eficaces de las últimas cuatro décadas, debido a la drástica caída de la inflación en todo el mundo. Sin embargo, recientemente un número cada vez mayor de políticos cree que ya es hora de subordinar los bancos centrales a las prerrogativas de los funcionarios electos. A la derecha, el presidente estadounidense Donald Trump y sus asesores critican sistemáticamente a la Reserva Federal de Estados Unidos por mantener las tasas de interés demasiado altas. A la izquierda, el líder laborista británico Jeremy Corbyn ha hecho un famoso llamado a la “ flexibilización cuantitativa del pueblo ” para proporcionar financiamiento del banco central a las iniciativas de inversión del gobierno. La “teoría monetaria moderna” es una idea en la misma línea.

Se pueden mantener debates perfectamente sanos y legítimos sobre la delimitación del papel de los bancos centrales, en particular en lo que respecta a las operaciones de balance a gran escala (como la flexibilización cuantitativa posterior a la crisis) que podrían inmiscuirse en la política fiscal. Sin embargo, si los gobiernos socavan la capacidad de los bancos centrales para fijar tasas de interés que estabilizaran la inflación y el crecimiento, los resultados podrían ser peligrosos y de largo alcance. Si se pierde la credibilidad antiinflacionaria, a los gobiernos puede resultarles muy difícil –si no imposible– volver a meter al genio en la botella.

Para complicar aún más las cosas, los bancos centrales deben encontrar la manera de darle fuerza a la formulación de políticas monetarias normales en el límite inferior cero, dada la inflación y las tasas de interés reales ultrabajas actuales. La dependencia actual de políticas cuasifiscales no sólo es ineficaz; también es peligrosa, porque da peso al argumento de que los ministerios de finanzas deberían tener más control sobre los bancos centrales.

De hecho, el principal desafío que enfrentan los bancos centrales no es que sean demasiado poderosos, sino que algunos los consideran cada vez más relevantes. La inflación ha sido tan baja durante tanto tiempo que muchos han olvidado cómo era antes de que se establecieran bancos centrales independientes para frenar el crecimiento de los precios de dos dígitos. Se ha vuelto cada vez más popular argumentar que la baja inflación es una característica intrínseca de la economía del siglo XXI. Y, sin embargo, el desdén complaciente por los riesgos de inflación futura –y, por lo tanto, por la necesidad de independencia de los bancos centrales– tiene todas las características de la mentalidad de “ esta vez es diferente ” que ha sido una característica recurrente de la historia económica.

BUENAS ACCIONES, CASTIGADAS

No hace falta remontarse mucho en el tiempo para recordar que en 1992 decenas de países sufrieron una inflación elevada (superior al 40%) y que el Reino Unido, los Estados Unidos y el Japón sufrieron una inflación de dos dígitos en los años setenta. La afluencia de importaciones chinas baratas y la llegada de la era informática contribuyeron sin duda a poner fin a esa era de inflación épica, pero todo indica que el aumento de la independencia de los bancos centrales desempeñó un papel esencial.

En Europa, a partir de los años 1980, un país tras otro fue otorgando a sus bancos centrales una autonomía significativamente mayor. Ahora que el Fondo Monetario Internacional pronostica una inflación de apenas el 1,6% en las economías avanzadas este año, muchos han empezado a preguntarse si los bancos centrales son siquiera capaces de generar inflación de nuevo. De hecho, existe la seria duda de si los bancos centrales han ido demasiado lejos, concentrándose demasiado en combatir la inflación y no lo suficiente en desarrollar herramientas adecuadas para combatir la deflación. Volveré a este tema más adelante. El punto principal es que la inflación ha llegado a ser tan baja que, desde un punto de vista político, los bancos centrales corren el riesgo de convertirse en víctimas de su propio éxito.

Además de mantener una inflación baja y estable, la mayoría de los bancos centrales también enfrentan el desafío de asegurar la estabilidad macroeconómica; es ampliamente aceptado que la política monetaria activista ha desempeñado un papel importante en suavizar los ciclos económicos durante la era de posguerra. En el caso de los Estados Unidos, la Reserva Federal ha respondido a las recesiones con fuertes recortes de las tasas de interés de cinco puntos porcentuales o más, en promedio. Sin embargo, como la tasa de política de la Fed está hoy en apenas el 2,5% y el Banco Central Europeo (BCE) y el Banco de Japón (BOJ) ya están en el límite cero, no será posible hacer recortes de esa magnitud cuando llegue la próxima recesión.

¿Qué más pueden hacer los bancos centrales? No tanto como la mayoría de los observadores parecen pensar. El actual debate sobre política monetaria adolece de una confusión agobiante sobre la distinción conceptual entre política monetaria y fiscal. A veces, los bancos centrales han contribuido a exacerbar esta confusión, exagerando y etiquetando erróneamente los “instrumentos alternativos de política monetaria”. Estas medidas no sólo han demostrado ser menos eficaces que las políticas tradicionales de tipos de interés para estimular la producción y la inflación, sino que también han invadido el ámbito de la política fiscal, en el que los bancos centrales son socios menores de los tesoros y los ministerios de finanzas, y están en el centro de los recientes desafíos a la independencia de los bancos centrales.

AGUA PISANDO

Aunque los primeros estudios indicaban que las compras de bonos gubernamentales a largo plazo por parte de los bancos centrales (conocidas como flexibilización cuantitativa [QE]) después de la crisis de 2008 proporcionaron un estímulo significativo al hacer bajar las tasas de interés a largo plazo, desde entonces ha quedado claro que la mayor parte de la acción en las tasas a largo plazo se debió a una caída de tendencia no relacionada . Incluso cuando se ha encontrado algún efecto, podría decirse que se debió a una falsa creencia por parte de los inversores de que los bancos centrales estaban “imprimiendo dinero” y la inflación estaba a la vuelta de la esquina. Esto no volverá a suceder. Hoy, gran parte del optimismo inicial hacia la flexibilización cuantitativa se ha moderado drásticamente (como debería ser). Cuando un banco central compra deuda gubernamental a largo plazo emitiendo reservas bancarias a un día con las mismas tasas de interés que las letras del Tesoro a muy corto plazo, no está “imprimiendo dinero”, sino más bien acortando la estructura de vencimientos de la deuda gubernamental. El problema, con respecto a la independencia del banco central, es que los tesoros y los ministerios de finanzas son perfectamente capaces de hacer esto por sí mismos; de hecho, lo hacen todo el tiempo .

Como la flexibilización cuantitativa en el límite inferior cero es una forma de transformación de los vencimientos, no es particularmente inflacionaria, y muchos de los que creían que lo sería simplemente estaban equivocados. Por supuesto, en los casos en que los bancos centrales compran deuda privada en lugar de deuda pública, los efectos son mayores, porque esto equivale a subsidiar a determinadas entidades del sector privado y crear pasivos actuariales para los contribuyentes. Este tipo de “flexibilización cuantitativa fiscal” sin duda jugó un papel importante durante la respuesta a la crisis financiera, pero en la mayoría de las economías avanzadas, los poderes fiscales de emergencia delegados a los bancos centrales no estaban destinados a un uso rutinario para elegir ganadores y perdedores, lo que en sí mismo puede conducir a una reacción política.

APAGANDO EL FUEGO

Esto nos lleva al tercer desafío principal de los bancos centrales: gestionar las crisis financieras. Hay muchas buenas razones por las que los bancos centrales deberían tener poderes de emergencia para comprar ciertos tipos de deuda privada o garantizar los balances del sector financiero, como hizo la Reserva Federal en el punto álgido de la crisis de 2008. Después de todo, las autoridades monetarias tienen varias ventajas de corto plazo sobre sus contrapartes fiscales.

En primer lugar, en la mayoría de los países los bancos centrales pueden actuar con rapidez y decisión sin necesidad de aprobar leyes. En segundo lugar, como reguladores, ya tienen una relación estrecha con el sector financiero (y un conocimiento profundo de él), lo que les permite actuar con mayor rapidez. Por último, los bancos centrales suelen tener ya a su disposición una considerable experiencia financiera y técnica (aunque esto no es necesariamente una característica estructural).

La mayoría de los observadores externos han elogiado a los principales bancos centrales por su uso de poderes cuasifiscales para manejar las consecuencias iniciales de la crisis de 2008 –y de la crisis de 2012 en el caso del BCE–, pero el éxito de las autoridades monetarias en evitar un colapso generalizado del sector bancario alimentó la expectativa de que guiarían la recuperación a través de un largo período de crecimiento lento, muy típico después de una crisis financiera profunda. Desde entonces, la persistencia de tasas de interés ultrabajas ha introducido severas restricciones. Mientras que las recesiones normales suelen exigir recortes de las tasas de interés de cinco puntos porcentuales, la mayoría de los modelos indican que las crisis financieras sistémicas requieren recortes del doble de esa magnitud.

Por supuesto, hay otras medidas disponibles para apoyar una recuperación post crisis, incluyendo estímulo fiscal y políticas para promover la reducción de la deuda, como las hipotecas de alto riesgo en los Estados Unidos y las deudas de los países periféricos de la eurozona. El estímulo fiscal puede tomar la forma de gasto público financiado con deuda y recortes de impuestos, pero también puede tomar la forma de políticas redistributivas que favorezcan a las personas de bajos ingresos con una alta propensión marginal al consumo. Sin embargo, comparada con la política monetaria normal, la política fiscal es un instrumento poco preciso que siempre conlleva un lastre político. En los Estados Unidos, un gobierno demócrata buscaría el estímulo mediante un aumento masivo del gasto público, mientras que un gobierno republicano lo haría mediante recortes de impuestos.

GIRANDO EN EL MISMO LUGAR

Debido a estas complicaciones, la política fiscal es simplemente menos manejable que las políticas que pueden ofrecer los bancos centrales independientes bien diseñados. Pero eso hace que la incapacidad de los bancos centrales para inyectar estímulo en el límite inferior cero sea un problema aún más acuciante. Peor aún, la mayoría de las ideas para restablecer la eficacia de la política monetaria implican transferir poderes fiscales al banco central, lo que plantea cuestiones de responsabilidad democrática.

Un ejemplo claro es el “ dinero helicóptero ”, en el que el banco central emite moneda (o reservas bancarias) y transfiere los ingresos directamente a los ciudadanos. Es notable la cantidad de comentaristas serios –incluso importantes periódicos financieros– que han respaldado esta idea de una forma u otra. Sin embargo, si bien es posible imaginar escenarios en los que el dinero helicóptero sería bien recibido, los bancos centrales carecen de autoridad para distribuir o redistribuir los ingresos directamente a los ciudadanos comunes. Ese derecho está reservado a las legislaturas y, si los bancos centrales lo violaran, rápidamente serían reabsorbidos por los tesoros.

Además, hay una manera perfectamente válida y legítima de lograr el mismo efecto que el dinero helicóptero: el parlamento emite deuda para financiar transferencias de ingresos y luego hace que el banco central compre la deuda (de hecho, en la medida en que esto equivale a dinero helicóptero, el Banco de Japón lo ha estado haciendo durante años). Pero, una vez más, si el parlamento no puede ponerse de acuerdo sobre la forma o el tamaño de las transferencias, poco puede hacer el banco central al respecto, salvo quejarse. En cualquier caso, el efecto del dinero helicóptero sería nulo a menos que los bancos centrales puedan elevar de manera creíble sus objetivos de inflación, y no está claro que puedan hacerlo.

Otra idea dudosa que cuenta con un apoyo sorprendentemente generalizado es la de que un banco central que se quede estancado en el límite cero compre y luego destruya la deuda gubernamental. Pero esto también, muy probablemente, no lograría nada. Si una esposa le da un préstamo a su marido y luego lo rompe, no hay ningún efecto sobre los activos del hogar. Además, si el banco central destruyera la deuda que le debe el Tesoro, las preocupaciones de los inversores sobre una guerra interna del Gobierno podrían conducir a una mayor inflación. Si el banco central terminara técnicamente “en quiebra”, el Gobierno podría condicionar la recapitalización a una mayor inflación, o podría simplemente reabsorber el banco en el Tesoro.

Si estas propuestas absurdas son las mejores opciones sobre la mesa, es seguro decir que los bancos centrales carecen actualmente de los instrumentos necesarios para combatir la deflación, y mucho menos aumentar la inflación, en caso de una crisis. Esto es un problema por muchas razones. La inflación inesperada proporciona un mecanismo simple y probado en el tiempo para reducir el valor real de las deudas privadas. Si la Fed hubiera podido elevar la inflación a, digamos, 4-5% en los años posteriores a la crisis de 2008, los persistentes problemas de deuda privada habrían sido mucho más manejables.

Tal vez el instrumento menos utilizado en la última crisis financiera haya sido la reducción de la deuda que apunta al núcleo del problema. Lamentablemente, los temores exagerados al riesgo moral hacen que las reducciones de la deuda se bloqueen en el caso de las hipotecas de alto riesgo de Estados Unidos y de la deuda de los países periféricos de Europa. Es de esperar que en el futuro los responsables de las políticas estén mejor preparados para aplicar ideas creativas para mitigar esas preocupaciones (por ejemplo, la distribución de la renta variable en el caso de las reducciones de la deuda hipotecaria y la deuda indexada al PIB en el caso de los países soberanos).

DEUDA Y NEGACIÓN

Un último desafío que enfrentan los bancos centrales es que ya no son necesarios como baluartes contra la tentación de reducir la deuda gubernamental excesiva mediante la inflación. En cierto sentido, esto es un corolario del primer desafío: que la inflación alta desapareció hace tanto tiempo que la gente ha llegado a creer que nunca volverá. Sin embargo, a diferencia de las políticas de estabilización de corto plazo, mantener bajas las expectativas de inflación ante el aumento de la deuda es un proyecto de largo plazo. En realidad, hay dos ideas distintas en juego. La primera es razonable pero discutible; la segunda debería descartarse.

La primera idea es que, debido a la constante disminución de las tasas de interés reales a largo plazo de la deuda gubernamental “segura”, los gobiernos ahora pueden emitir mucha más deuda que antes. Esta afirmación tiene mucho sentido, siempre que se tengan en cuenta matices como la estructura de vencimientos de la deuda (la deuda a corto plazo suele ser más barata que la deuda a largo plazo, pero mucho más vulnerable a los shocks de las tasas de interés reales globales). Y en el caso de Estados Unidos, hay que tener en cuenta la creciente centralidad del dólar en el sistema financiero global. A pesar de la caída de la participación de Estados Unidos en la producción global, el predominio del dólar ha alimentado la demanda global de activos denominados en dólares y reforzado su “privilegio exorbitante”.

Recientemente, el ex economista jefe del FMI Olivier Blanchard apoyó una versión más extrema de la afirmación de que la deuda es completamente benigna . En un interesante y provocador artículo , Blanchard sostiene que la economía estadounidense se encuentra actualmente en un equilibrio ineficiente en el que, por alguna razón (la inversión excesiva es la clásica), las tasas de interés están por debajo de las tasas de crecimiento. Blanchard espera que estas condiciones se mantengan “por mucho tiempo” y concluye que cualquier aumento único de la deuda gubernamental –incluso uno muy grande– no tendrá efecto sobre la relación deuda-ingreso a largo plazo, porque el crecimiento superará el aumento.

En el escenario que describe Blanchard, la deuda pública es gratuita, porque de todos modos hay demasiada inversión en la economía (tanta, de hecho, que ni siquiera hay necesidad de aumentar los impuestos para pagarla). Y esto es doblemente cierto si los fondos se gastan en inversiones de alto rendimiento, como educación e infraestructura (no importa que menos del 4% del gasto público en las economías avanzadas se dedique a la inversión en infraestructura). Más concretamente, si una mayor deuda no ejerce presión adicional sobre la política fiscal, no habrá necesidad de que los bancos centrales la eliminen mediante la inflación y, por lo tanto, no habrá necesidad de independencia de los bancos centrales.

Blanchard puede tener razón, pero varios de sus puntos son discutibles. ¿Está la economía realmente en un equilibrio ineficiente, con tasas de interés que se mantendrán por debajo de la tasa de crecimiento indefinidamente, o se trata simplemente de una situación temporal que podría revertirse con el tiempo? La sugerencia de que el riesgo de una corrida de la deuda no comienza a aumentar cuando la deuda se vuelve muy alta es aún más discutible. Los modelos estándar sugieren lo contrario, y ciertamente no es casualidad que los inversores en tiempos de crisis estén más preocupados por los países con deuda alta que por los países con deuda baja. Como Emmanuel Farhi y Matteo Maggiori de la Universidad de Harvard han demostrado tanto empírica como teóricamente, tampoco se debe subestimar la frecuencia con la que los activos históricamente “seguros” han resultado no ser tan seguros después de todo.

Otra versión del argumento de la deuda benigna es la Teoría Monetaria Moderna (TMM), que, según entiendo, permitiría al gobierno acumular deuda durante más tiempo y a un menor costo al ordenar al banco central que aplique una flexibilización cuantitativa continua, emitiendo reservas bancarias para comprar deuda gubernamental a largo plazo. Los efectos de ese mandato dependerían de si las reservas bancarias devengan tasas de interés de mercado, como sucede ahora, o si no devengan intereses. Como hemos visto, no hay una diferencia significativa entre que el banco central amplíe las reservas para recomprar deuda gubernamental a largo plazo recién emitida y simplemente emita deuda a muy corto plazo en primer lugar. Si las reservas bancarias pagan intereses, el efecto de primer orden de la prescripción de la TMM es acortar la estructura de vencimientos de la deuda gubernamental sin proporcionar herramientas adicionales para que el gobierno incurra en mayores déficits. Pero si las reservas no pagan intereses, cualquier aumento de las tasas de interés provocaría una carrera de los bancos por retirarlas, y la inflación se dispararía.

Como ya se ha señalado, la deuda a corto plazo suele ser la forma más barata de financiar el endeudamiento gubernamental, y se puede argumentar que los ahorros de costos derivados de la emisión de deuda a corto plazo han sido incluso mayores que lo habitual después de la crisis financiera. Pero hay una razón por la que los gobiernos no apuestan todo a que las tasas de interés reales globales nunca volverán a subir: históricamente, las tasas de interés tienen la incómoda costumbre de hacer precisamente eso. La excesiva dependencia de la TMM de la deuda a corto plazo es, por lo tanto, muy riesgosa. Si las tasas de interés reales globales subieran, el gobierno sentiría inmediatamente la presión de aumentar los impuestos y recortar el gasto. Si no reaccionara rápidamente, el aumento repentino de las primas de riesgo exacerbaría el problema.

Es tentador suponer que las tasas de interés globales para los activos seguros no podrían dispararse y que cualquier shock concebible, en todo caso, las haría bajar. Sin embargo, si algo hemos aprendido del pasado es que el shock de mañana puede no parecerse en nada al de ayer. Una cosa es que un administrador de fondos de cobertura apueste fuerte a lo que harán las tasas de interés en los próximos años y luego se retire, y otra muy distinta es que un gobierno juegue a ese juego.

SALVANDO EL BARCO

¿Está la política monetaria destinada a ser irrelevante en una era de tasas de interés bajas? No necesariamente. Como he sostenido en otras ocasiones, con ciertos cambios institucionales, los bancos centrales podrían implementar una política de tasas de interés negativas eficaz . Subrayo “eficaz” porque, si bien algunos bancos centrales ya han adoptado formas muy suaves de esta política, ninguno ha abordado la cuestión más importante: el riesgo de un acaparamiento generalizado de efectivo cuando las tasas se tornan demasiado negativas.

La solución más limpia a este problema es pasarse por completo a la moneda digital, pero por muchas razones, incluidas las preocupaciones por la privacidad, esa no será realmente una opción en el futuro previsible. Otra alternativa es eliminar gradualmente los billetes de gran denominación, lo que incluye claros beneficios en términos de evasión fiscal y prevención del delito. Durante un período de emergencia de tipos de interés negativos, deshacerse de los billetes de gran denominación aumentaría significativamente los costos de la acumulación masiva de efectivo por parte de las empresas financieras, los fondos de pensiones y las compañías de seguros. Si además de eso se imponen cargos administrativos a los redepósitos de efectivo a gran escala en el banco central, debería ser posible tener una política de tipos de interés negativos mucho más eficaz que la que es posible con los acuerdos institucionales actuales.

Otra alternativa es crear un tipo de cambio de paridad móvil entre el dinero electrónico (las reservas bancarias en el banco central) y los billetes de papel. La idea sería avanzar hacia un equilibrio en el que todos los contratos e impuestos estén denominados en moneda electrónica, pero las transacciones puedan seguir realizándose con papel moneda. Cuando el tipo de interés oficial del banco central sea negativo, ya no intercambiará moneda electrónica por billetes de papel a una tasa de uno a uno. En cambio, si el tipo de interés de la moneda electrónica fuera del -5%, el valor del papel moneda entregado en el banco central se depreciaría a una tasa del -5%.

En cuanto a las ganancias bancarias, si se excluye a los pequeños depositantes minoristas y los clientes mayoristas no tienen forma de acumular efectivo sin incurrir en altos costos de almacenamiento e impuestos, los bancos deberían poder trasladar las tasas negativas a los depositantes. Sí, hay una serie de problemas de segundo orden asociados con este enfoque, que abordo en detalle en mi libro de 2016 The Curse of Cash (La maldición del efectivo) , pero la experiencia real con las tasas negativas hasta ahora sugiere que estos problemas no serían un problema.

EL OBJETIVO EQUIVOCADO

Además de una política de tasas negativas, otra idea es dar a las autoridades monetarias más margen para recortar las tasas de interés, es decir, elevando las metas de inflación. Pero este enfoque es menos elegante y probablemente mucho menos eficaz. Para empezar, elevar la meta de inflación del 2% al 4% probablemente otorgue mucho menos margen de maniobra del que se podría pensar. Es casi seguro que los contratos se ajustarían con mayor frecuencia, en cuyo caso los recortes de las tasas de interés tendrían que ser aún mayores para lograr el mismo efecto que antes; incluso en tiempos normales, habría costos de una mayor inflación, debido a la mayor dispersión de los precios relativos.

Otro problema es que cambiar los objetivos establecidos desde hace tiempo podría socavar la credibilidad del banco central. Después de todo, el BCE y el Banco de Japón ni siquiera han podido alcanzar una inflación del 2%, y mucho menos del 4%. E incluso si la inflación llegara al 4%, eso no necesariamente daría suficiente margen de maniobra en caso de una recesión profunda o una crisis financiera.

Una objeción ingenua a las tasas de interés negativas es que son injustas para los ahorristas, pero las tecnologías modernas facilitan la exención de los pequeños depositantes, de modo que sólo un porcentaje muy pequeño se vería afectado. Además, una política de tasas negativas eficaz beneficiaría a los ahorristas con carteras más diversificadas, porque haría subir los precios de las acciones, la vivienda y los activos de larga duración, contrarrestando así la fuerte caída que suele producirse en una recesión profunda o una crisis financiera. También aumentaría las tasas de interés a largo plazo al impulsar la inflación y el crecimiento. Y, lo más importante para la mayoría de los trabajadores y las familias, una política de tasas negativas podría ayudar a restablecer el empleo y el crecimiento del ingreso después de una recesión o una crisis profundas.

Esto no quiere decir que una política de tipos negativos evite la necesidad de otras formas de estímulo –mayor gasto público, recortes de impuestos o ambos– durante las recesiones, pero restablecería parte del equilibrio entre la formulación de políticas monetarias y fiscales, siendo las primeras, en general, mucho más rápidas y fiables. Por último, si una política de tipos negativos suena radical, ni siquiera conviene saber de todas las ideas radicales que llenan las páginas de las principales revistas económicas. Al igual que las recesiones profundas y las crisis financieras, todas entrañarían graves riesgos. Al menos con una política de tipos negativos, habremos resuelto el problema de la impotencia de los bancos centrales en el límite cero, lo que sería de utilidad inmediata para Europa y Japón –y podría ayudar a Estados Unidos en el futuro.

ES HORA DE ACTUAR

Los desafíos que enfrentan los bancos centrales se derivan tanto de su eficacia para reducir la inflación como de su ineficacia para lidiar con el límite inferior cero. Ahora son vulnerables a ataques populistas que amenazan con socavar su independencia. Algunos quieren que los bancos centrales financien aumentos masivos de la deuda gubernamental indefinidamente, mientras que otros, en el caso de Estados Unidos, quieren recortar las tasas de interés cuando la economía ya parece estar en plena marcha. La idea de que la alta inflación en las economías avanzadas es estrictamente un problema del siglo XX es extremadamente dudosa. “Esta vez es diferente”, hasta que deja de serlo.

De hecho, la necesidad de contar con un banco central independiente que esté capacitado para controlar la inflación sigue siendo sólida, respaldada por la experiencia de países donde la independencia del banco central se ha visto comprometida. Si se rescinde la independencia del banco central y se politiza la política monetaria, será sólo cuestión de tiempo antes de que vuelva la inflación alta. Y si eso sucede, puede ser aún más difícil volver a meter al genio de la inflación en la botella.

En los decenios de 1920 y 1930, los gobiernos intentaron restablecer el patrón oro, que había sido abandonado durante la Primera Guerra Mundial. Pronto se dieron cuenta de que, una vez que los inversores presencian la ruptura de un bono, es sumamente difícil recuperar su confianza. El mismo problema enfrentarían los países que destruyeran la independencia del banco central y luego intentaran resucitarla. Como mínimo, se enfrentarían a años de tasas de interés altísimas antes de que se restableciera la confianza pública.

Como lo sabe cualquiera que haya trabajado en un banco central, la independencia operativa rara vez se concede por decreto constitucional; e incluso cuando se concede, la letra de la ley tiene poco significado si no hay apoyo político. En realidad, la independencia del banco central es frágil y debe defenderse todos los días. En estos tiempos difíciles, los banqueros centrales necesitan encontrar nuevos instrumentos para restablecer la eficacia de las políticas normales de tasas de interés.

Para ello, deberían considerar seriamente la posibilidad de sentar las bases de una política de tipos de interés negativos sin restricciones, que sería mucho mejor que actuar como socios menores en la gestión de los vencimientos de la deuda y la formulación de políticas cuasifiscales. Para mantener su relevancia y proteger la política monetaria de los populistas de izquierda y derecha, los banqueros centrales no pueden darse el lujo de dormirse en los laureles. Si no están a la altura de las circunstancias, uno de los acontecimientos macroeconómicos más importantes de la era moderna puede no sobrevivir.

Este comentario es una adaptación de un discurso pronunciado por el autor en la Conferencia Ocasional del Grupo de los Treinta de 2019 .

Kenneth Rogoff, profesor de Economía y Políticas Públicas en la Universidad de Harvard y ganador del Premio Deutsche Bank en Economía Financiera en 2011, fue economista jefe del Fondo Monetario Internacional entre 2001 y 2003. Es coautor de This Time is Different: Eight Centuries of Financial Folly (Princeton University Press, 2011) y autor de The Curse of Cash (Princeton University Press, 2016).

viernes, 2 de agosto de 2024

En Ciego de Ávila: voluntad de sobreponerse a las limitaciones

 Por Alden Hernández Díaz (ACN) Economía 02 Agosto 2024



Foto: Ortelio González Martínez

La voluntad de sobreponerse a las limitaciones de recursos, explotar las reservas de eficiencia y la labor constante de trabajadores y directivos demuestran que existen vías propias para superar los problemas económicos del país, consideró Roberto Morales Ojeda, miembro del Buró Político del Comité Central del Partido Comunista de Cuba (CCPCC) y secretario de Organización, en visita a Ciego de Ávila.

Durante su recorrido por centros de interés económico, Morales Ojeda estuvo acompañado por José Ramón Monteagudo Ruiz, miembro del Secretariado del CCPCC y jefe de su Departamento Agroalimentario, además de Julio Heriberto Gómez Casanova, primer secretario del Partido en la provincia, y Alfre Menéndez Pérez, gobernador.

En la Empresa Agropecuaria La Cuba, en el municipio de Baraguá, el dirigente partidista conoció sobre el esfuerzo de sus colectivos laborales, que en apenas 36 días sembraron poco más de 1 000 hectáreas (ha) de cultivos varios, entre ellas 321 dedicadas al plátano.

Mucho quehacer resta todavía para devolverle el esplendor de antaño a este, hasta hace pocos años, emporio bananero, que como récord de esa planta llegó a tener establecidas unas 2 200 ha en el conjunto del polo productivo agrícola, según datos ofrecidos a la Agencia Cubana de Noticias por Carlos Blanco Sánchez, asesor de la dirección de la empresa.

Por buen camino andan los trabajadores de La Cuba, quienes buscan alternativas para incrementar producciones, muestra de ello fue un área visitada por Morales Ojeda y su comitiva, en la cual se fomentan 20 ha de plátano de las variedades FHIA 01, 02, 04 y burro con la tecnología de extradenso.

Entre los beneficios del método de siembra estarán rendimientos estimados entre las 40 y 60 toneladas por hectárea (t/ha), el riego a un 40 por ciento del área, con el consiguiente ahorro de agua, así como el empleo de fertilizantes biológicos y zeolita, que suman a la aspiración de terminar el año con unas 1 000 ha de plátano establecidas en la empresa baraguense y la proyección de una total recuperación a niveles precedentes a los de la pandemia para los próximos dos a tres años.

A la Cooperativa de Producción Agropecuaria (CPA) Triunfo de la Revolución, perteneciente a la Empresa Agroindustrial Azucarera (EAA) Ciro Redondo, también llegó la visita.

En esa CPA cuentan con un sistema de riego por goteo a 60 ha de la dulce gramínea con tres años de explotación, que solo recibió, hace dos años, un corte con un rendimiento de 220 t/ha.

Los problemas de sincronización de la moderna bioeléctrica aledaña al central Ciro Redondo imposibilitaron el corte a varios productores en las últimas zafras, por ello en la CPA estiman para la venidera campaña en ese sistema de riego eficiente unas 100 t/ha.

Morales Ojeda, en intercambio con directivos de la base productiva y de la EAA Ciro Redondo, fue informado de cómo, ante los problemas derivados de las zafras en los últimos años, para no deteriorar sus indicadores económicos han incursionado con más fuerza en el fomento de cultivos varios como vía de ingresos.

El secretario de Organización del CCPCC se interesó por la marcha de las reparaciones en la bioeléctrica, una inversión millonaria que hasta la fecha no ha dado los resultados esperados.

Para enfrentar cualquier imponderable en la sincronización de la planta de energía renovable con el ingenio conocido como el Coloso del Centro, se prevé la reparación del central Primero de Enero a fin de no comprometer, una vez más, los acuerdos productivos de la provincia.

La siembra de caña, de cultivos varios y también las actividades de la zafra por las cooperativas azucareras deben merecer especial atención y análisis en la utilización eficiente de insumos como el combustible, dedicarlo a lo más estratégico que demande el momento, señaló Morales Ojeda.

Más adelante, el dirigente político estuvo en la Unidad Empresarial de Base (UEB) Muebles Lídex, donde se interesó por el destino de las producciones, el salario medio de los trabajadores y el empleo de las utilidades que pueden destinarse para financiar la construcción y reparación de viviendas de los obreros.

Aparte de la producción y comercialización de mobiliario de calidad para el sector del Turismo, el mercado interno y la exportación, Lídex también tiene compromisos sociales con la comunidad de 9 de Abril a la cual ha apoyado con la pintura y embellecimiento de dos consultorios médicos y la escuela primaria.

Se suma a la labor comunitaria la donación de un parque infantil, la ayuda a embarazadas menores de 18 años de edad, así como también, las acciones constructivas para garantizar el abasto de agua y la reparación de la bodega.

Los directivos de la entidad comentaron que se aprovechan las opciones de encadenamiento con los nuevos actores económicos, para la utilización de las capacidades instaladas y, prevalece el protagonismo de la UEB hasta la venta de los productos.

En todos los puntos del recorrido, el secretario de Organización del CCPCC se interesó por el funcionamiento de la vida política de cada entidad y el ingreso de nuevos militantes al Partido y la Unión de Jóvenes Comunistas.

El itinerario de trabajo de Morales Ojeda por centros productivos avileños responde, además, al cumplimiento de acuerdos del VIII Pleno del CCPCC, de la última sesión de la Asamblea Nacional del Poder Popular y, de las proyecciones para la corrección de distorsiones y el reimpulso a la economía. HHC: negritas nuestras

jueves, 1 de agosto de 2024

¿Cómo afecta la inflación al sector privado cubano?

 Por Pavel Vidal y Carlos Martínez

Un tema soslayado en el debate económico actual en Cuba es el efecto de la inflación sobre el funcionamiento del sector privado. Las mipymes a menudo son señaladas como las causantes de los altos precios —y su persistente incremento— en las narrativas oficiales y en parte de las opiniones del público. Ello ha ocurrido a pesar de que los análisis de los economistas cubanos subrayen la responsabilidad primaria que tiene el elevado desbalance en el presupuesto del Gobierno (que se financia con emisión de dinero) y la crisis del sector productivo estatal.

En este boletín especial del OMFi miramos desde otra perspectiva la relación entre el sector privado y la inflación y nos enfocamos en cómo esta última afecta al primero. Explicamos los costos de la inflación utilizando los principales mecanismos documentados en la teoría económica y en experiencias internacionales. Se seleccionaron las consecuencias de la inflación que podrían ser más relevantes para el entorno específico en el que opera el sector privado cubano. La inestabilidad monetaria y cambiaria es otro de los tantos obstáculos que debe enfrentar el sector privado cubano, lo cual entorpece su capacidad para operar eficientemente y planificar a largo plazo.

Nuestro análisis se centra, sobre todo, en los llamados «costos de suela de zapato», los «costos de menú» y los efectos de la inflación en la distribución de ingresos.

Los «costos de suela de zapato»

Los «costos de suela de zapato» son los costos de transacción extraordinarios que asumen los empresarios para mantener los niveles líquidos de dinero necesarios para operar sus negocios en una economía inflacionaria. En un contexto de inestabilidad monetaria y cambiaria, los niveles cambian de manera constante debido a la pérdida de valor del dinero. En economías con sistemas financieros modernos y con menores tasas de inflación, los costos son mínimos; pero en Cuba —debido a las deficiencias bancarias— los retrasos tecnológicos y la falta de efectivo se vuelven considerablemente altos.

En la teoría económica, el término «costo de suela de zapato» proviene de la idea de que, durante períodos de alta inflación, las personas necesitan hacer viajes frecuentes al banco para retirar dinero en efectivo. Se produce así un mayor «desgaste de las suelas de los zapatos» debido a los viajes adicionales a los bancos; de ahí el origen del término. Cuanto más generalizado es el uso de efectivo y mayor es la inflación, mayor será el «costo de suela de zapato». La informalidad es una característica estructural de la mayoría de las economías en desarrollo (muy presente en el sector privado cubano) que siempre va acompañada de un mayor uso del dinero físico.

El costo de suela de zapato considera el tiempo y el esfuerzo que las personas y empresas deben emplear para gestionar su efectivo en un entorno de alta inestabilidad en los precios y en la tasa de cambio. En el caso del sector privado cubano, gran parte de la demanda de efectivo está relacionada con la necesidad de comprar divisas en el mercado informal, dado que el mercado cambiario formal no es funcional, debido a la sobrevaloración de la tasa de cambio oficial y a la crisis de liquidez en divisas del sistema financiero.

En una economía con alta inflación aumenta la necesidad de hacer transacciones en efectivo debido a dos factores opuestos. Por un lado, aumenta la demanda de efectivo para poder comprar insumos y divisas que cada vez son más caros. Por otro lado, dado que el valor real del dinero disminuye rápidamente, ello incentiva a los individuos y las empresas a reducir al mínimo sus tenencias de efectivo para evitar la pérdida de valor.

El segundo efecto promueve inversiones en activos alternativos al peso cubano por motivos financieros —sea divisas, criptomonedas, depósitos bancarios en el exterior o inventarios de bienes no perecederos—. El hecho, además, se amplifica porque los bancos comerciales cubanos han permanecido con tasas de interés nominales en extremo bajas que no cubren la inflación. Los ahorradores pierden dinero si lo depositan en los bancos cubanos debido a las tasas de interés reales negativas (la inflación es mucho mayor que la tasa de interés que paga el banco sobre los depósitos bancarios).

En Cuba, la inflación y sus efectos colaterales tienen otras particularidades. El Gobierno cubano, al intentar financiar su abultado déficit fiscal, se ha visto en la necesidad de emitir una cantidad considerable de dinero. Sin embargo, enfrenta problemas logísticos significativos y escasez de insumos para imprimir el dinero que demanda la economía y, en especial, el sector privado. En respuesta a los desbalances, ha forzado la bancarización como estrategia para compensar el déficit de billetes, pero las autoridades cubanas han reconocido que la bancarización no ha avanzado como esperaban.

Los bancos comerciales impusieron límites para la extracción de efectivo —lo cual incrementó directamente los costos de suela de zapato— como parte de las medidas para lidiar con la falta de efectivo y apresurar la bancarización. Conseguir el efectivo que requieren para la operatoria diaria se ha convertido en un dolor de cabeza para los empresarios y consume tiempo y recursos humanos que pudieran dedicar a otras actividades de la empresa.

Los costos de suela de zapato se ven exacerbados por las deficiencias en los servicios bancarios, por la escasez de sucursales y cajeros automáticos y por los procedimientos y las tecnologías obsoletas. Con las características actuales del sistema de pagos, no solamente aumenta el tiempo y el esfuerzo que los empresarios deben dedicar a la gestión de su dinero, también lo hace la vulnerabilidad de la erosión del valor de su dinero. No existen instrumentos en el sistema financiero cubano para que los empresarios puedan contar con una cobertura frente a la variabilidad de los precios y la tasa de cambio informal.

Adicionalmente, los cortes de electricidad, la velocidad de las comunicaciones a través de Internet y el déficit de combustible son otros factores que incrementan los costos de suela de zapato. Las interrupciones y las escaseces afectan de manera directa la capacidad de los bancos para operar de manera eficiente y de los ciudadanos para realizar transacciones financieras sin contratiempos. La falta de electricidad y la inestabilidad en las telecomunicaciones paraliza los cajeros automáticos y los sistemas de pago electrónico, lo cual obliga a las personas a desplazarse físicamente con mayor frecuencia e invertir mucho más tiempo para retirar y depositar dinero.

Los «costos de menú»

«Costos de menú» es otro concepto económico relacionado con los efectos de la inflación en las empresas. El término se refiere a los costos asociados con la actualización frecuente de los precios de bienes y servicios debido a la alta inflación. En una economía inflacionaria, los precios deben corregirse de manera constante para reflejar el aumento generalizado y sostenido en los costos, lo que genera diversos tipos de gastos adicionales e incertidumbre.

El término «costos de menú» se originó en el sector de comercio —en el que los restaurantes deben reimprimir sus menús cada vez que hay un cambio significativo en los precios—, pero se extiende a las empresas que deben actualizar sus listas de precios, etiquetas de productos, catálogos y cualquier otro medio de comunicación de precios a sus clientes.

La inflación obliga a las empresas a revisar sus precios con mayor frecuencia para evitar pérdidas. Sin embargo, cada ajuste de precios conlleva costos administrativos y operativos, el rediseño e impresión de nuevas etiquetas de precios, la actualización de sistemas de punto de venta, la capacitación del personal y la comunicación de los nuevos precios a los clientes.

Hoy en día, el concepto de costos de menú sigue siendo relevante, aunque ha evolucionado debido al aumento de las tiendas en línea y a las tecnologías digitales. En el mundo digital, actualizar precios puede ser más sencillo y menos costoso en comparación con los métodos tradicionales. Las plataformas de comercio electrónico y los sistemas de gestión de inventarios permiten realizar ajustes de precios de forma rápida y eficiente, lo que reduce de manera significativa los costos asociados con los cambios frecuentes de precios.

En Cuba, se han desarrollado plataformas digitales que permiten a los cubanos emigrados comprar bienes y servicios desde el exterior para sus familias. Sin embargo, los cubanos en la isla todavía dependen en gran medida de las compras en tiendas físicas, aunque ha crecido el uso de redes sociales para la compraventa de bienes y servicios en la economía informal. Las plataformas digitales pueden ayudar a reducir algunos costos de menú, pero las barreras tecnológicas y logísticas aún presentan desafíos significativos.

La actualización constante de los precios no solo lleva a reimprimir materiales, sino también tiempo y esfuerzo necesarios para gestionar los cambios. En la isla, donde los recursos tecnológicos y materiales son limitados, los costos pueden ser considerablemente altos. El retraso o la inadecuada gestión de los cambios en los precios puede generar tanto confusión y desconfianza entre los consumidores como número rojos en los balances empresariales si no se logra predecir con cierta certeza la tendencia de los costos y precios del mercado.

La inflación de tres dígitos y la depreciación acelerada del peso cubano genera gran incertidumbre e impone desafíos para los empresarios en la formación de precios y fichas de costos. Desde mayo de 2024, la volatilidad de la tasa de cambio informal ha crecido, lo que complica los mecanismos de formación de precios de las micro, pequeñas y medianas empresas que dependen de insumos y bienes importados para su operatoria.

Otro factor más reciente para considerar en el contexto de la formación de precios es que el Gobierno cubano ha recurrido nuevamente a los topes de precios, a pesar de haber reconocido previamente el fracaso de la política. El tope aumenta la incertidumbre y la complejidad del proceso de formación de precios, obliga a muchos empresarios a manejar dualidades contables y fomenta la economía informal.

Efectos en la distribución de los ingresos

En un entorno de inflación variable y que resulta difícil de anticipar, las señales de precios se ven distorsionadas, lo que impide a los empresarios tomar decisiones informadas. Los cambios en los precios pierden su poder explicativo y no transmiten las señales adecuadas para tomar decisiones eficientes sobre la operatoria de las empresas y sobre las futuras inversiones. Ello ocurre porque es difícil discernir si las variaciones de los precios son resultado de cambios en el mercado o en la industria en la que se desarrolla el negocio o se deben a aumentos generales de precios en la economía.

La inflación no anticipada, además, genera redistribución de recursos entre prestamistas (acreedores) y deudores. Cuando las tasas de interés de los préstamos no se ajustan adecuadamente a la inflación, los prestamistas están en desventaja frente a los deudores. Los deudores ven cómo sus deudas se reducen con la inflación y tienen un beneficio extraordinario. Los prestamistas sufren una reducción en la tasa de interés real y del valor real del capital que prestaron, lo que puede ocasionarles pérdidas. Dentro de los acreedores que resultan perdedores de la inflación podemos considerar a las personas que tenían cuentas bancarias en pesos cubanos o en CUC en el momento de aplicarse el «ordenamiento monetario» en 2021. Como los bancos estatales no ajustaron las tasas de interés, el valor de sus ahorros se licuó en cuestión de semanas.

En general, los mecanismos de crédito se ven afectados dentro del tejido empresarial y dentro de las cadenas de suministro. En una economía estable, las empresas pueden otorgar créditos a corto plazo a otras empresas de su cadena de suministros a 30, 60 o más días. Sin embargo, debido a la poca previsibilidad del nivel de precios y de la tasa de cambio informal, los potenciales créditos comerciales entre las empresas privadas cubanas se ven desincentivados. Cualquier negocio que decida otorgar un crédito comercial a sus contrapartes está sujeto a un alto riesgo financiero y a tener que enfrentar pérdidas para recuperar el dinero prestado. La inestabilidad monetaria y cambiaria desalienta el desarrollo de estructuras financieras eficientes en el sector empresarial privado.

Regresando a los efectos distributivos de la inflación, no podemos pasar por alto las implicaciones de los desbalances en el presupuesto del Estado. El déficit fiscal —equivalente al 22 % del PIB, según la cifra que mencionó el presidente Díaz-Canel en la Asamblea Nacional en julio de 2024— no solo es la causa principal de la inflación, sino que implica una redistribución significativa de riquezas y un mecanismo de extracción de rentas. La monetización del déficit fiscal beneficia al Estado y a las empresas cercanas a él que reciben primero el dinero recién emitido en detrimento de quienes lo reciben más tarde cuando ha perdido valor (los negocios más dependientes del mercado informal y los consumidores). El fenómeno se nombra «mecanismo impositivo no legislado» y permite que temporalmente el Gobierno se beneficie a costa de afectar de forma negativa la economía y de aumentar la inequidad de ingresos.

El también llamado «impuesto inflacionario» se ha convertido en el nuevo y principal mecanismo de extracción de rentas que emplea el Gobierno cubano. Lo anterior, debido a la quiebra de facto de gran parte del sistema empresarial estatal y a la ausencia de un nuevo aliado internacional al estilo de la URSS y Venezuela que facilite relaciones internacionales especiales y subsidios.

Es importante destacar que no todos los grupos en la sociedad pueden protegerse igual frente a la inflación, lo cual explica otros efectos distributivos. Las familias que dependen de ingresos fijos en pesos (asalariados y pensionados del Estado) son las más vulnerables a la inflación y han sido las mayores perdedoras en el proceso. La ausencia de mecanismos de indexación de sus ingresos a la tasa de inflación ha pulverizado su poder adquisitivo. En cambio, otros grupos sociales con acceso a remesas, divisas y con capacidad para invertir en proyectos privados tienen mayor protección y margen de maniobra frente a la inflación. Lo anterior conlleva a que la inflación no solamente expanda la pobreza, sino también la desigualdad.

Otro efecto pernicioso que puede generar la inflación es el desplazamiento de parte de la actividad emprendedora desde el sector productivo hacia el sector financiero. Al existir una alta volatilidad en las señales de los precios relativos, en algunos casos se vuelve inmanejable desarrollar un proyecto productivo a largo plazo, mientras que en paralelo crecen las oportunidades de ganancias especulativas con el empleo de operaciones puramente financieras. Los empresarios que podrían haber sido exitosos en el sector productivo se ven frenados por la inflación. Algunos prefieren dedicar su energía y creatividad a anticipar los movimientos de la tasa de cambio y priorizar transacciones financieras especulativas en vez de invertir recursos en crear nuevos emprendimientos y proyectos para ofrecer bienes y servicios que necesita el consumidor cubano.

En este boletín del OMFi hemos examinado los efectos de la inflación en el sector privado cubano, enfocándonos en los «costos de suela de zapato», en los «costos de menú» y en la distribución de ingresos. Los costos parecen ser especialmente altos en el contexto cubano, no solo por los elevados niveles de inflación, sino también por las dificultades que existen para minimizar los costos en una economía con importantes limitaciones bancarias y atrasos tecnológicos. La escasez de efectivo complica el funcionamiento de un sistema de pagos que todavía depende en gran medida del dinero físico. Las altas tasas de inflación y de depreciación de la tasa de cambio distorsiona las señales de precios y la operatoria de las empresas privadas, perjudica a las familias con ingresos fijos en pesos y agrava las desigualdades.

El Imperio en colapso: el día que murieron las sanciones. Comentario HHC

Al sancionar tan fácilmente a tantos países, el Imperio se ha sancionado a sí mismo y ha convencido a un número cada vez mayor de estados a buscar estructuras económicas y financieras alternativas.


Kit Klarenberg, Al Mayadeen

El 25 de julio, el Washington Post publicó una reveladora investigación sobre el uso excesivo y el abuso de las sanciones económicas por parte del gobierno estadounidense en los últimos años. Expone con todo lujo de detalles cómo estas medidas "se han convertido en un arma casi reflexiva en la guerra económica perpetua" contra estados, individuos, organizaciones y empresas "enemigas" en todo el mundo. Sin embargo, al mismo tiempo, la dependencia cada vez mayor de las sanciones ha comenzado a tener efectos catastróficos contraproducentes. El reconocimiento generalizado de esta verdad incómoda es sólo el último presagio de la desaparición inminente del Imperio.

"Hoy, Washington "impone tres veces más sanciones que cualquier otro país u organismo internacional, y apunta a un tercio de todas las naciones con algún tipo de sanción financiera", señala el Washington Post. Estados Unidos está "imponiendo sanciones a un ritmo récord nuevamente este año, con más del 60 por ciento de todos los países de bajos ingresos bajo algún tipo de sanción financiera". Tanto los gobiernos demócratas como los republicanos consideran que las sanciones son “cada vez más irresistibles” y, al mismo tiempo, sus aliados internacionales se han embriagado igualmente con la supuesta potencia de las sanciones.

"La mentalidad, casi un reflejo extraño, en Washington se ha convertido en: si algo malo sucede, en cualquier parte del mundo, Estados Unidos va a sancionar a algunas personas", dijo Ben Rhodes, asesor adjunto de seguridad nacional de Barack Obama, al Washington Post. "Es lo único que se interpone entre la diplomacia y la guerra y, como tal, se ha convertido en la herramienta de política exterior más importante del arsenal estadounidense", se hizo eco de un miembro del aparato de un grupo de expertos con sede en Washington. Pero, agregó, "nadie en el gobierno está seguro de que toda esta estrategia esté funcionando".

En consecuencia, el Washington Post informa que el "uso excesivo" perjudicial de las sanciones "es reconocido en los niveles más altos" del gobierno estadounidense, y "la preocupación por su impacto ha crecido" en línea con su uso. "Algunos altos funcionarios de la administración le han dicho directamente al presidente Biden que el uso excesivo de las sanciones corre el riesgo de hacer que la herramienta sea menos valiosa". Sin embargo, los funcionarios estadounidenses todavía no parecen poder deshacerse de su hábito de las sanciones, "tendiendo a ver cada acción individual como justificada, lo que hace que sea difícil detener la tendencia".

Como un drogadicto de larga data que persigue sin cesar al dragón, el Imperio está evidentemente atrapado en un ciclo tóxico, del que no puede escapar. Como señala el Washington Post, "al aislar a sus objetivos del sistema financiero occidental", durante décadas las sanciones podían "aplastar las industrias nacionales, borrar fortunas personales y alterar el equilibrio del poder político en regímenes problemáticos, todo ello sin poner en peligro a un solo soldado estadounidense". Ahora esa superpotencia está totalmente agotada y nunca volverá.

El "partido sancionado"

Si bien los líderes estadounidenses han estado sancionando a sus adversarios desde la fundación del país en 1776, la invasión de Kuwait por parte de Irak en 1990 "dio lugar a una nueva forma de arma". Bagdad fue sometida inmediatamente a un bloqueo internacional total, lo que hizo casi imposible la exportación de petróleo -su principal fuente de ingresos- e incluso la importación de suministros básicos. Después de la Guerra del Golfo, cuando la infraestructura del país quedó diezmada e incapaz de ser reconstruida, el hambre y las enfermedades evitables se extendieron como un reguero de pólvora. Un informe de la ONU de 1991 describió las condiciones locales como "casi apocalípticas" y "preindustriales".

Esas sanciones se mantuvieron en vigor contra Bagdad hasta la invasión angloamericana ilegal de 2003. Cuando en 1996 se le preguntó si el estimado de medio millón de niños iraquíes muertos por las sanciones "valía la pena", la entonces Secretaria de Estado Madeleine Albright respondió afirmativamente. Fue ese año que se levantaron las sanciones impuestas a Yugoslavia en mayo de 1992. En un momento dado, se produjo una inflación del 5,578 quintillones por ciento, la adicción a las drogas, el alcoholismo y los suicidios se dispararon, la escasez de todo era constante, civiles inocentes morían innecesariamente y la industria independiente de Belgrado, otrora próspera, quedó paralizada.

Como registra el Washington Post, tras el colapso de la Unión Soviética en 1991, Estados Unidos se convirtió en la "superpotencia sin rival" del mundo. Los gobiernos y los bancos de todo el mundo dependían del dólar estadounidense, que sigue siendo la moneda dominante del mundo. El dólar "es el pilar del comercio internacional, incluso cuando no existe ninguna conexión con un banco o empresa estadounidense". Hoy en día, la mayoría de las principales materias primas, como el petróleo, siguen cotizando en dólares a nivel mundial. Los países que comercian en sus propias monedas dependen de los dólares para completar las transacciones internacionales.

Esto convierte al Tesoro de Estados Unidos en "el guardián de las operaciones bancarias del mundo", "y las sanciones son la puerta". Los funcionarios del Tesoro "pueden imponer sanciones a cualquier persona, empresa o gobierno extranjero que consideren una amenaza para la economía, la política exterior o la seguridad nacional de Estados Unidos". No es necesario acusar y mucho menos condenar a los objetivos "de un delito específico". Una vez que se aplican las sanciones, inmediatamente se convierte en "un delito realizar transacciones con la parte sancionada". El crecimiento de las sanciones ha sido exponencial en las últimas tres décadas y media. El Washington Post informa:

"En los años 90, la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro era responsable de implementar apenas un puñado de programas de sanciones. Su personal cabía cómodamente en una sola sala de conferencias. Una de sus principales responsabilidades era bloquear las ventas estadounidenses de puros cubanos".Después del 11 de septiembre, la inclinación del Imperio por las sanciones se convirtió en una adicción en toda regla. Una década después, revela el Washington Post, el negocio de las sanciones estadounidenses estaba en auge hasta tal punto que el entonces director de la OFAC, Adam Szubin, interpretó una melodía entusiasta, "Every Little Thing We Do Is Sanctions", con la melodía de "Every Little Thing She Does Is Magic" de The Police, en una fiesta del personal en un hotel de Washington DC. Alucinatorio y distópico apenas lo describen.

Mientras era presidente, Donald Trump "utilizó las sanciones como represalia de maneras nunca concebidas". Esto incluyó, por ejemplo, sancionar a "funcionarios de la Corte Penal Internacional después de que esta abriera una investigación sobre crímenes de guerra en torno al comportamiento de las tropas estadounidenses en Afganistán". Tal fue la inexorable campaña de sanciones que Caleb McCarry, responsable de la política hacia Cuba en el Departamento de Estado durante la administración de George W. Bush, testifica que incluso el personal del Tesoro empezó a anhelar:

"Un alivio de este sistema implacable, interminable, en el que a veces literalmente hay que sancionar a todo el mundo".McCarry cree que las sanciones son "muy, muy utilizadas, y se han salido de control". Esta opinión está, según el Washington Post, muy extendida en los pasillos del poder imperial estadounidense. El medio informa de que "en el momento de la investidura de Biden, había surgido un consenso entre su equipo de transición de que algo tenía que cambiar". Así fue como en el verano de 2021 "cinco miembros del personal del Tesoro elaboraron un borrador interno en el que proponían reestructurar el sistema de sanciones". El documento tenía "unas 40 páginas" y "representaba la renovación más sustancial de la política de sanciones en décadas".

Sin embargo, al igual que las administraciones de Bush, Obama y Trump, "al equipo de Biden le resultó difícil renunciar al poder". Fuentes conocedoras del Tesoro le dijeron al Washington Post que fueron testigos de cómo "sus jefes eliminaban partes clave de su plan". El producto final -"Revisión de las sanciones de 2021"- se publicó en octubre de ese año. Reducido a sólo ocho páginas, "contenía las recomendaciones más ineficaces del documento anterior". A partir de entonces, la administración Biden se lanzó a una ola de sanciones, penalizando a objetivos como: "colonos israelíes en Cisjordania, ex funcionarios del gobierno en Afganistán, presuntos traficantes de fentanilo en México y una empresa de software espía de Macedonia del Norte".Mientras tanto, las sanciones que Biden prometió activamente aliviar, como las medidas punitivas aplicadas a Cuba por Trump, "se mantuvieron en gran medida bajo la presión del Capitolio, a pesar de la opinión entre los altos funcionarios de la administración de que el embargo es contraproducente y un fracaso".

‘Alianza más estrecha’

Tras el inicio de la guerra en Ucrania en febrero de 2022, altos funcionarios gubernamentales de todo Occidente hablaron con grandilocuencia sobre el impacto futuro de las sanciones que estaban preparando como respuesta. El ministro de Finanzas francés, Bruno Le Maire, se jactó: “Estamos librando una guerra económica y financiera total contra Rusia… Provocaremos el colapso de la economía rusa”. El canciller alemán, Olaf Scholz, habló de un Zeitenwende (punto de inflexión) trascendental que erigiría una Cortina de Hierro cultural, financiera y política internacional permanente alrededor del Estado paria de Vladimir Putin.

Por decir lo menos, esta fanfarronería no ha envejecido bien. Como los medios de comunicación dominantes se ven obligados a admitir con frecuencia, las sanciones occidentales a Moscú no solo no produjeron la devastación económica universalmente prevista, sino que revitalizaron la industria nacional y aumentaron los salarios de los ciudadanos medios. En mayo, The Spectator observó a regañadientes: “Los rusos están gastando más en restaurantes, electrodomésticos e incluso propiedades; nunca lo han tenido tan bien”. Mientras tanto, Europa, aislada voluntariamente de los suministros de energía barata del país debido a esas sanciones, se está desindustrializando a una velocidad rapaz.

El Washington Post pasa por alto este bochornoso bumerán al afirmar que "dos años de sanciones a Rusia por su invasión de Ucrania han degradado las perspectivas económicas a largo plazo de Moscú y han aumentado los costos de la producción militar". Aun así, el medio admite que estas medidas han llevado "al Kremlin a una alianza más estrecha con Pekín", compensando las consecuencias negativas. Cabe destacar que un gráfico adjunto que clasifica las "sanciones globales de Estados Unidos por impacto" de "bajo" a "alto", en función de la "severidad de las sanciones por país y año en que comenzaron las sanciones", no menciona en absoluto las sanciones antirrusas de 2022.

Además, el Washington Post admite que “Corea del Norte ha sido sancionada durante más de medio siglo sin que Pyongyang haya detenido sus esfuerzos por adquirir armas nucleares y misiles balísticos intercontinentales”. De manera similar, “las sanciones a Nicaragua han hecho poco para disuadir” al gobierno antioccidental del presidente Daniel Ortega. Lo más importante de todo, lamenta el Washington Post, es que “surgió un desafío más existencial”. Originalmente, el “poder de las sanciones residía en negar a los actores extranjeros el acceso al dólar”, “pero si las sanciones hacen que sea arriesgado depender de los dólares, las naciones pueden encontrar otras formas de comerciar”.

Y aquí nos enteramos del propósito propagandístico de la investigación del Washington Post. Al sancionar a tantos países con tanta facilidad, el Imperio se ha sancionado a sí mismo en la práctica y ha convencido a un número cada vez mayor de estados de buscar estructuras económicas y financieras alternativas. Desde febrero de 2022, China y Rusia han estado trabajando arduamente para construir esas alternativas. Los efectos han sido tan revolucionarios que el Wall Street Journal ha hablado de un “Eje de Evasión”. Se trata de una estructura comercial internacional de la que Estados Unidos está excluido, pero los aliados cercanos de ambos países (en particular los miembros de la alianza BRICS) quieren participar de inmediato.

Comentario HHC: Menos mal que EEUU promulga el "libre mercado" en materia económica. 

Porque en materia politica  como dice Paco Arnau. " Democracia" es cuando gana el candidato que apoya EEUU. " Dictadura" es cuando pierde el candidato que apoya EE.UU. Asi en Venezuela y en todo el mundo.