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"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." ""Creo que mientras más critica exista dentro del socialismo,eso es lo mejor" Fidel Castro Ruz

jueves, 6 de febrero de 2025

Dolarización parcial: ¿Qué pasa con el comercio mayorista y minorista? (+ Video)

 Por: Randy Alonso Falcón, Oscar Figueredo Reinaldo, Claudia Fonseca Sosa, Gabriel Mok Rodríguez

Aracelys Cardoso Hernández, viceministra de Comercio Interior, al iniciar su intervención en la Mesa Redonda, reconoció que hay una oferta deficiente en moneda nacional a partir de la contracción de la producción y el déficit de divisas, lo que no permite reaprovisionar este comercio.

Comentó que, a partir de la flexibilización en el año 2022, la política sectorial en el Comercio Interior permitió la aplicación de varias modalidades de negocios en el comercio mayorista y minorista para obtener ingresos en divisas para el país, con el fin de ofrecer en el futuro ofertas en moneda nacional que beneficien a la población.

“Se han aprobado 15 negocios de comercialización mayorista y minorista; de ellos, 8 están vinculados con el sistema empresarial atendido por el sistema de comercio interior. Uno se realiza mediante un contrato de asociación económica internacional. Los tres primeros están dedicados a la comercialización mayorista, y cinco son empresas mixtas que tienen aprobada la comercialización mayorista y minorista de bienes de consumo y productos varios para la población”.

Al comentar sobre los principios que sustentan la comercialización mayorista, la viceministra explicó que se debe garantizar el suministro de materias primas e insumos que fomenten la producción nacional y local. Además, se aspira a “ubicar productos de primera necesidad, como productos de higiene y aseo, útiles del hogar y productos alimenticios”.

Sobre los atractivos para la contraparte extranjera, dijo que Cuba cuenta con una red de almacenes convencionales y especializados ubicados en todo el país. “Contamos con fuerza calificada; se han creado sociedades mercantiles que facilitan las asociaciones. Igualmente, es un mercado al que tendrán acceso todos los actores de la economía”, agregó.

Subrayó que estos modelos de negocios permitirán reanimar las capacidades instaladas. “Se están realizando procesos inversionistas en las instalaciones que no solo mejoran las condiciones de las instalaciones, sino que crean empleos y proporcionan insumos para las cámaras de frío de las 31 empresas de frío que hay en el país”.

Los ocho proyectos en el Comercio Interior provienen de siete países, comentó Cardoso Hernández.

Al dialogar sobre el comercio minorista, la viceministra del Mincin dijo que se busca acercar a la población productos de primera necesidad de calidad a precios competitivos para aquellos que puedan acceder a esta red minorista. Asimismo, “se promoverán artículos que empleen energías renovables. Buscamos un comercio que esté bancarizado, aunque hay comercios que tienen aprobada la comercialización de dólares en efectivo”.

Para los proveedores, dijo, “esto es beneficioso porque les permite el pago directo para su reaprovisionamiento”.

“Hay proyectos para todo el país, pero se ejecutarán por etapas, progresivamente. Ya hay proyectos aprobados para Villa Clara, Cienfuegos, Sancti Spíritus, Matanzas, Camagüey, etc.”.

Mercalhabana S.A.: Una nueva apuesta para fortalecer el comercio mayorista

El Ministerio de Comercio Interior ha dado un paso significativo en la reorganización del sector alimentario con la creación de Mercalhabana S.A., una sociedad mercantil diseñada para impulsar el desarrollo de negocios en el comercio mayorista y minorista, afirmó en el programa televisivo su vicepresidenta, Yaimara Pérez Barrera.

La directiva agregó que esta nueva estructura, que representa a un sistema de 22 empresas mayoristas, tiene como objetivo principal participar como accionista nacional en inversiones extranjeras, así como gestionar importaciones y exportaciones autorizadas para abastecer el canal mayorista del país.

Agregó que Mercalhabana S.A. nace como la puerta de entrada de este sistema empresarial al desarrollo de negocios, actuando como gestora y promotora de proyectos para el sector mayorista de alimentos.

La sociedad cuenta con una infraestructura logística que incluye almacenes convencionales y tradicionales distribuidos en todo el territorio nacional, además de la Empresa Nacional de Frigoríficos, que aporta capacidades de refrigeración y congelación esenciales para el esquema de negocios en inversiones extranjeras.

La vicepresidenta de Mercalhabana S.A. comentó que la infraestructura actual presenta un notable deterioro y obsolescencia tecnológica, lo que dificulta los procesos productivos y de comercialización. Ante este desafío, la sociedad ha priorizado en su estrategia la recuperación de infraestructuras, la incorporación de tecnología y la modernización del equipamiento. Entre los insumos necesarios destacan traspaletas, montacargas y materiales aislantes para el sistema frigorífico, elementos clave para mejorar la eficiencia del sector.

A pesar de su reciente constitución, Mercalhabana S.A. ya ha concretado un negocio en modalidad de empresa mixta para el comercio mayorista y minorista, y explora otras dos oportunidades en la misma línea, señaló Pérez Barrera.

Además, la sociedad ha implementado formas alternativas de comercialización, como la venta de productos en consignación y en régimen de depósito aduanero, esta última con un desarrollo estable desde el segundo semestre de 2024. Estas modalidades han permitido un reaprovisionamiento parcial del sistema mayorista, aliviando en cierta medida la escasez de productos de primera necesidad, dijo.

Pérez Barrera explicó también que en un contexto económico donde las divisas son escasas, Mercalhabana busca optimizar costos logísticos, desde el transporte hasta la distribución final, con el fin de ofrecer precios más competitivos y accesibles para el consumidor.

La sociedad también ha trabajado en la búsqueda de incentivos para atraer inversores extranjeros, destacando las oportunidades que ofrece el mercado cubano y su infraestructura para posicionar mercancías en plaza, dijo.

Señaló que los proyectos de Mercalhabana benefician tanto al sector estatal como a los actores de la economía no estatal, alineándose con las políticas gubernamentales que priorizan el rol del Ministerio de Comercio Interior en el comercio mayorista y la importación de mercancías.

Subrayó que la sociedad aspira a garantizar un flujo constante de productos, inicialmente en divisas, pero con el objetivo final de abastecer de manera sostenible al sistema mayorista y, por ende, a la población.

Empresa Mixta Alma Caribe S.A.

Alma Caribe S.A. es una empresa mixta que tiene como objeto social la comercialización mayorista y minorista de productos alimenticios y no alimenticios, tanto de la producción nacional como de la importación, explicó Sonia Rivero Batista, gerente cubana.

Agregó que, en el ámbito de la inversión extranjera, se ha identificado por Alma Caribe varios objetivos, entre ellos la pretensión de abastecer el mercado cubano con productos de alta calidad, poder satisfacer las demandas del comercio mayorista y minorista. “En una primera etapa se ofertarán, fundamentalmente, productos alimenticios, de aseo e higiene. En una segunda etapa, se irán incorporando una variada gama de otras líneas de productos”.

Otro objetivo identificado por la empresa es garantizar el suministro estable de materias primas, de bienes de consumo e insumos que necesitan las formas de gestión no estatal para poder desarrollar la producción, la industria nacional en Cuba.

Informó que la empresa abrirá próximamente una primera tienda, que está ubicada en 23 y 6, en el Vedado capitalino. “Hemos estado estudiando los stocks de mercancías que tenemos ya disponible para la apertura de la tienda y también la rotación que estimamos pueden tener estos productos, para poder diseñar un ciclo logístico que nos permita mantener una estabilidad en la oferta, y así evitar baches de abastecimiento”.

En ese sentido, Rivero Batista dijo que se han estudiado experiencias de otros mercados como “3era y 70”, en Playa. “Estamos haciendo contrataciones, negociando con proveedores nacionales que también forman parte de la cartera de proveedores de estas tiendas y, a través de ellos, estamos evaluando cómo se comporta el movimiento de estos productos, la demanda que tienen”.

Además, “estamos participando en entrevistas con clientes de las tiendas recaudadoras en MLC, que nos dan una referencia estimada del precio al que nosotros podemos comercializar nuestros productos, a partir de que es una pretensión nuestra garantizar productos con precios competitivos que permitan a la población tener acceso a ellos”.

Puntualizó que el objetivo de estos negocios es captar divisas que puedan contribuir al desarrollo de la industria nacional.

“Para nosotros representa una fortaleza contar con la disponibilidad de estos productos en el país, porque nos permite tenerlos a nuestro alcance en menor período de tiempo con costos más baratos. Eso posibilita encadenarnos con estos proveedores nacionales”, comentó Rivero Batista.

Aseguró también que se han ganado la confianza de los proveedores a partir del alcance del proyecto y la garantía financiera que ofrece. Gracias a esto ya cuentan con productos de excelente calidad.

Rivero Batista explicó que este proyecto comercializará de forma mayorista, minorista y en línea. “Lo hemos concebido en dos etapas. En la primera está prevista la comercialización fundamentalmente de productos alimenticios y las líneas de productos de aseo, higiene y limpieza. En el caso del comercio mayorista, tenemos en cuenta los actores económicos estatales y no estatales”.

La subgerente de Alma Caribe señaló como aspecto indispensable en esta primera fase, el arrendamiento de tiendas. Para ello están reparando primeramente dos establecimientos, y luego incorporarán durante el transcurso del año dos tiendas modulares.

“Estas tiendas modulares tendrán mayor capacidad, alrededor de 1000 metros. Nos permitirá incorporar otras líneas de productos y tener más alcance. Al finalizar la fase uno tenemos previstas un total de 15 tiendas en La Habana”.

Según confirmó Rivero Batista, en la segunda etapa del proyecto pretenden llegar a las 50 tiendas en el resto del país y 48 de ellas serán nuevas construcciones. Estas tendrán un diseño atractivo y se está evaluando la incorporación de otros servicios, además de la comercialización, con diversas líneas de negocio. Paralelo a esos procesos ya está en desarrollo una plataforma de comercio en línea.

Durante su intervención, Cardoso Hernández comentó que a partir de la comercialización mayorista se podrá llegar a un mercado sólido y estable, para lograr la renovación de la industria cubana. Así estos productos se convertirán en ofertas para la población.

“El comercio interior en moneda nacional es y seguirá siendo mayoritario en nuestro país. La población debe tener confianza, pues a pesar de la situación que hoy muestra el mercado cubano, es una prioridad del Estado y de nuestro ministerio que sigan siendo mayoritarias las ofertas en moneda nacional”, aclaró.

Agregó, además, que la comercialización en divisa es necesaria para captar el presupuesto que se requiere por parte del Estado cubano y asegurar todos los programas sociales que desde diferentes sectores de la
economía se les brinda a la población.

“La dolarización parcial de la economía es una proyección transitoria a corto plazo, pero necesaria para la captación de divisas. El Estado cubano es quien dispondrá y definirá las prioridades de esa divisa en correspondencia con lo que demanda la población, su economía, industria y progreso”, concluyó Aracelys Cardoso Hernández.

En video, la Mesa Redonda

Exportaciones estadounidenses a Cuba por 586,5 millones de dólares en 2024: 433,7 millones de dólares en productos básicos y alimenticios, 64,7 millones de dólares en vehículos y 67,1 millones de dólares en donaciones

 6 de febrero 2025



Exportaciones totales 2024
: US$586,499,825.00
Exportaciones de productos alimenticios y materias primas: US$433,723,999.00
Vehículos: US$64,747,001.00
Donaciones: US$67,159,937.00

Los datos contienen información sobre las exportaciones de los Estados Unidos a la República de Cuba: productos dentro de la Ley de Reforma de Sanciones Comerciales y Mejora de las Exportaciones ( TSREEA ) de 2000, la Ley de Democracia Cubana ( CDA ) de 1992 y las regulaciones implementadas (1992 al presente) para otros productos por la Oficina de Control de Activos Extranjeros ( OFAC ) del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos y la Oficina de Industria y Seguridad ( BIS ) del Departamento de Comercio de los Estados Unidos.

La TSREEA volvió a autorizar la exportación comercial directa (en efectivo) de productos alimenticios (incluidos los productos alimenticios de marca) y productos agrícolas desde los Estados Unidos a la República de Cuba, independientemente del propósito. La TSREEA no incluye productos para el cuidado de la salud, que siguen autorizados y regulados por la CDA.

Los datos representan el valor en dólares estadounidenses de los productos exportados desde los Estados Unidos a la República de Cuba bajo la TSREEA, CDA y otras regulaciones, incluyendo específicamente los productos exportados desde los Estados Unidos al sector privado reemergente en la República de Cuba.

Los datos no incluyen gastos de transporte, cargos bancarios u otros costos asociados a las exportaciones; el gobierno de la República de Cuba reporta datos no verificables que incluyen gastos de transporte, cargos bancarios y otros costos.

Donaciones
2024- US$67,159,937.00
2023- US$36,563,551.00
2022- US$30,083,306.00
2021- US$11,074,090.00
2020- US$4,605,055.00
2019- US$7,150,989.00
2018- US $8,998,855.00
2017- US$ 6,122,601.00
2016- US$4,755,859.00
2015- US$4,619,588.00
2014- US$939,705.00

ENLACE A LISTA COMPLETA DE PRODUCTOS EXPORTADOS DESDE ESTADOS UNIDOS A CUBA EN EL 2024

ENLACE A LISTA COMPLETA DE PRODUCTOS EXPORTADOS DESDE ESTADOS UNIDOS A CUBA EN 2023

HHC Agradezco al Dr Jose Luis Perello por la información.


miércoles, 5 de febrero de 2025

La guerra de balanza de pagos de Trump contra México y el mundo entero



Por Michael Hudson, The Unz Review

El camino hacia el caos

En los años 40 hubo una serie de películas con Bing Crosby y Bob Hope, empezando por Road to Singapore en 1940. El argumento era siempre similar. Bing y Bob, dos socios de jolgorio o estafadores con buena labia, se encontraban en apuros en algún país, y Bing se salía con la suya vendiendo a Bob como esclavo (Marruecos en 1942, donde Bing promete recomprarlo) o entregándolo para ser sacrificado en alguna ceremonia pagana, etcétera. Bob siempre sigue el plan y siempre hay un final feliz de Hollywood en el que escapan juntos, y Bing siempre se queda con la chica.

En los últimos años, hemos asistido a una serie de escenificaciones diplomáticas similares con Estados Unidos y Alemania (en representación de Europa en su conjunto). Podríamos llamarlo el Camino al Caos. Estados Unidos ha vendido a Alemania destruyendo el Nord Stream, con el canciller alemán Olaf Scholtz (el desventurado personaje de Bob Hope) de acuerdo con esto, y la presidenta de la Comisión Europea Ursula von der Leyen, interpretando a Dorothy Lamour (la chica, siendo el premio de Bing en las películas de Hollywood Road) exigiendo que toda Europa aumente su gasto militar en la OTAN más allá de la demanda de Biden del 2% a la escalada de Trump al 5%. Para colmo, Europa debe imponer sanciones al comercio con Rusia y China, obligándoles a trasladar sus principales industrias a Estados Unidos.

Así que, a diferencia de las películas, no terminará con Estados Unidos corriendo a salvar a la ingenua Alemania. En su lugar, Alemania y Europa en su conjunto se convertirán en ofrendas de sacrificio en nuestro desesperado pero inútil esfuerzo por salvar el Imperio estadounidense. Aunque Alemania no acabe inmediatamente con una población emigrante y reducida como Ucrania, su destrucción industrial está muy avanzada.

El 23 de enero, Trump declaró en el Foro Económico de Davos: “Mi mensaje a todas las empresas del mundo es muy sencillo: vengan y fabriquen su producto en Estados Unidos y les daremos uno de los impuestos más bajos de cualquier nación del mundo”. De lo contrario, si siguen intentando producir en casa o en otros países, sus productos recibirán aranceles del 20%, tal y como amenaza Trump.

Para Alemania esto significa (parafraseo mío): “Lamento que vuestros precios de la energía se hayan cuadruplicado. Vengan a Estados Unidos y consíganlos a un precio casi tan bajo como el que pagaban a Rusia antes de que sus líderes electos nos permitieran cortar el Nord Stream”.

La gran pregunta es cuántos otros países permanecerán tan callados como Alemania mientras Trump cambia las reglas del juego: el orden basado en reglas de Estados Unidos. ¿En qué momento se alcanzará una masa crítica que cambie el orden mundial en su conjunto?

“¿En qué momento se alcanzará una masa crítica que cambie el orden mundial en su conjunto?”   
                      Michael Hudson

¿Puede haber un final hollywoodiense para el caos que se avecina? La respuesta es no, y la clave puede encontrarse en el efecto sobre la balanza de pagos de las amenazas de aranceles y sanciones comerciales de Trump. Ni Trump ni sus asesores económicos entienden el daño que su política amenaza con causar al desequilibrar radicalmente la balanza de pagos y los tipos de cambio en todo el mundo, haciendo inevitable un crack financiero.

La restricción de la balanza de pagos y el tipo de cambio, ante la agresión arancelaria de Trump

Los dos primeros países a los que Trump amenazó fueron los socios estadounidenses del TLCAN, México y Canadá. Contra ambos países, Trump amenazó con aumentar los aranceles estadounidenses sobre sus importaciones en un 20% si no accedían a sus exigencias políticas.

Ha amenazado a México de dos maneras. La primera es el programa estadounidense de inmigración, que importa inmigrantes ilegales y permite permisos de trabajo de corta duración a la mano de obra estacional mexicana para trabajar en la agricultura y los servicios domésticos. Sugirió deportar a México la oleada de inmigración latinoamericana, alegando que la mayoría llegaba a Estados Unidos a través de la frontera mexicana a lo largo del Río Grande. Esto amenaza con imponer una enorme carga asistencial a México, que no tiene muro en su propia frontera sur.

También hay un fuerte costo de balanza de pagos para México y, de hecho, para otros países cuyos ciudadanos han buscado trabajo en Estados Unidos. Una importante fuente de dólares para estos países ha sido el dinero remitido por los trabajadores que envían lo que pueden ahorrar a sus familias. Esta es una importante fuente de dólares para las familias de América Latina, Asia y otros países. Deportar a los inmigrantes eliminará una importante fuente de ingresos que ha sostenido los tipos de cambio de sus monedas frente al dólar.

La imposición de un arancel del 20% o de otras barreras comerciales a México y a otros países sería un golpe fatal para sus tipos de cambio, ya que reduciría el comercio de exportación que la política estadounidense ha promovido desde el Presidente Carter para fomentar la externalización del empleo estadounidense, utilizando mano de obra mexicana para mantener bajos los salarios estadounidenses. La creación del TLCAN bajo el mandato de Bill Clinton dio lugar a una larga serie de plantas de montaje de maquiladoras inmediatamente al sur de la frontera entre EE.UU. y México, que emplean mano de obra mexicana mal pagada en cadenas de montaje creadas por empresas estadounidenses para ahorrar costes laborales. Los aranceles privarían bruscamente a México de los dólares que recibe para pagar en pesos a esta mano de obra y también aumentarían los costos en Estados Unidos para las empresas matrices involucradas.

El resultado de estas dos políticas de Trump sería una caída de la oferta de dólares de México. Esto obligará a México a tomar una decisión: si acepta pasivamente estos términos, el tipo de cambio del peso se devaluará. Esto hará que las importaciones (cotizadas en dólares a nivel mundial) sean más caras en términos de pesos, lo que provocará un salto sustancial en la inflación interna. Alternativamente, México puede poner su economía en primer lugar y decir que la interrupción del comercio y los pagos causada por la acción arancelaria de Trump le impide pagar sus deudas en dólares a los tenedores de bonos.

En 1982, el default por parte de México de sus bonos del Tesoro denominados en dólares desencadenó la bomba de defaults de la deuda de América Latina. Las acciones de Trump sugieren que está forzando una repetición. En ese caso, la respuesta compensatoria de México podría ser el suspender el pago de sus bonos en dólares.

Esto podría tener efectos de gran alcance, ya que muchos otros países de América Latina y del Sur Global están sufriendo una presión similar en sus balanzas comerciales y de pagos internacionales. El tipo de cambio del dólar ya está subiendo frente a sus monedas como consecuencia de la subida de los tipos de interés por parte de la Reserva Federal, lo que atrae fondos de inversión de Europa y otros países. La subida del dólar se traduce en un aumento de los precios de importación del petróleo y de las materias primas denominadas en dólares.

Canadá se enfrenta a una situación similar en su balanza de pagos. Su contrapartida de las fábricas maquiladoras de México son las plantas de autopartes de Windsor, al otro lado del río, en Detroit. En la década de 1970, los dos países acordaron el Pacto Automotriz que asignaba las plantas de ensamblaje que trabajarían en su producción conjunta de automóviles y camiones estadounidenses.

Bueno, puede que “estar de acuerdo” no sea el verbo adecuado. Yo estaba en Ottawa por aquel entonces, y los funcionarios del gobierno estaban muy resentidos por haber salido perjudicados con el acuerdo sobre la producción automotriz. Pero sigue en vigor, cincuenta años después, y sigue siendo uno de los principales contribuyentes a la balanza comercial de Canadá y, en consecuencia, al tipo de cambio de su dólar, que ya está cayendo frente al de Estados Unidos.

Por supuesto, Canadá no es México. La idea de suspender el pago de sus bonos en dólares es impensable en un país dirigido en gran medida por sus bancos e intereses financieros. Pero las consecuencias políticas se dejarán sentir en toda la política canadiense. Habrá un sentimiento antiestadounidense (siempre burbujeando bajo la superficie en Canadá) que pondría fin a la fantasía de Trump de convertir a Canadá en el Estado 51.

Los fundamentos morales implícitos del orden económico internacional

Hay un principio moral ilusorio básico en las amenazas arancelarias y comerciales de Trump, y subyace en la amplia narrativa a través de la cual Estados Unidos ha tratado de racionalizar su dominio unipolar de la economía mundial. Ese principio es la ilusión de reciprocidad, que daría base a una distribución mutua de los beneficios y el crecimiento, y en el vocabulario estadounidense se asocia con los valores democráticos y el discurso del libre mercado que promete estabilizadores automáticos en el sistema internacional patrocinado por Estados Unidos.

Los principios de reciprocidad y estabilidad fueron fundamentales en los argumentos económicos de John Maynard Keynes durante el debate de finales de los años veinte sobre la insistencia de Estados Unidos en que sus aliados europeos en tiempos de guerra pagaran las cuantiosas deudas por las armas adquiridas a Estados Unidos antes de su entrada formal en la guerra. Los aliados aceptaron pagar imponiendo reparaciones a Alemania para transferir el coste al perdedor de la guerra. Pero las exigencias de Estados Unidos a sus aliados europeos y, a su vez, las de éstos a Alemania, superaban con creces su capacidad de respuesta.

El problema fundamental, explicó Keynes, era que Estados Unidos aumentaba sus aranceles contra Alemania en respuesta a la devaluación de su moneda y luego imponía el arancel Smoot-Hawley contra el resto del mundo. Esto impedía que Alemania obtuviera divisas fuertes para pagar a los aliados y que éstos pagaran a Estados Unidos.

Para que el sistema financiero internacional de servicio de la deuda funcione, señaló Keynes, una nación acreedora tiene la obligación de proporcionar a los países deudores la oportunidad de reunir el dinero para pagar exportando a la nación acreedora. De lo contrario, se producirá un colapso monetario y una austeridad paralizante para los deudores. Este principio básico debe estar en el centro de cualquier proyecto sobre cómo debe organizarse la economía internacional con controles y equilibrios para evitar tal colapso.

Los oponentes de Keynes – el monetarista francés antialemán Jacques Rueff y el defensor neoclásico del comercio Bertil Ohlin – repitieron el mismo argumento que David Ricardo expuso en su testimonio de 1809-1810 ante el Comité del Oro británico. Afirmaba que el pago de las deudas externas creaba automáticamente un equilibrio en los pagos internacionales. Esta teoría económica basura proporcionó una justificación que sigue siendo el modelo básico de austeridad del FMI hasta el día de hoy.

“Esta teoría económica basura proporcionó una justificación que sigue siendo el modelo básico de austeridad del FMI hasta el día de hoy”
                                                                                   Michael Hudson

Según la fantasía de esta teoría, cuando los pagos del servicio de la deuda reducen los precios y los salarios en el país que paga la deuda, esto aumentará sus exportaciones, haciéndolas menos caras para los extranjeros. Y supuestamente, la recepción del servicio de la deuda por parte de las naciones acreedoras se monetizará para aumentar sus propios precios (la Teoría Cuantitativa del Dinero), reduciendo sus exportaciones. Se supone que este cambio de precios continuará hasta que el país deudor que experimenta la huida monetaria y la austeridad sea capaz de exportar lo suficiente para pagar a sus acreedores extranjeros.

Pero Estados Unidos no permitió que las importaciones extranjeras compitieran con sus propios productores. Y para los deudores, el precio de la austeridad monetaria no era una producción de exportación más competitiva, sino la desorganización y el caos económicos. El modelo de Ricardo y la teoría neoclásica estadounidense no eran más que una excusa para la política de mano dura de los acreedores. Los ajustes estructurales o la austeridad fueron devastadores para las economías y los gobiernos a los que se impusieron. La austeridad reduce la productividad y la producción.

En 1944, cuando Keynes intentaba resistirse a la demanda estadounidense de comercio exterior y servilismo monetario en la conferencia de Bretton Woods, propuso el bancor, un acuerdo intergubernamental de balanza de pagos que exigía a las naciones acreedoras crónicas (es decir, Estados Unidos) renunciar a su acumulación de créditos financieros sobre los países deudores (como pasaría a ser Gran Bretaña). Este sería el precio a pagar para evitar que el orden financiero internacional polarizara el mundo entre países acreedores y deudores. Los acreedores tenían que permitir pagar a los deudores o perderían sus derechos financieros al cobro.

Keynes, como se ha señalado anteriormente, también hizo hincapié en que si los acreedores querían cobrar, tendrían que importar de los países deudores para proporcionarles la capacidad de pago.

Se trataba de una política profundamente moral y tenía la ventaja añadida de tener sentido desde el punto de vista económico. Permitiría prosperar a ambas partes, en lugar de que una nación acreedora prosperase mientras los países deudores sucumbían a la austeridad, lo que les impedía invertir en la modernización y el desarrollo de sus economías aumentando el gasto social y el nivel de vida.

Bajo Donald Trump, Estados Unidos está violando este principio. No hay un acuerdo keynesiano de bancor vigente, pero sí las duras realidades de la diplomacia unipolar de “Estados Unidos primero”. Si México quiere evitar que su economía se hunda en la austeridad, la inflación de precios, el desempleo y el caos social, tendrá que suspender los pagos de su deuda externa denominada en dólares.

El mismo principio se aplica a otros países del Sur Global. Y si actúan juntos, estarán en condiciones morales de crear una narrativa realista e incluso inevitable de las condiciones previas para el funcionamiento de cualquier orden económico internacional estable.

Así pues, las circunstancias están obligando al mundo a romper con el orden financiero centrado en Estados Unidos. El tipo de cambio del dólar estadounidense subirá a corto plazo como consecuencia de que Trump bloquee las importaciones con aranceles y sanciones comerciales. Este cambio en el tipo de cambio presionará a los países extranjeros con deudas en dólares de la misma manera que México y Canadá se verán presionados. Para protegerse, deberán suspender el servicio de su deuda en dólares.

Esta respuesta a la sobrecarga de la deuda actual no se basa en el concepto de Deudas Odiosas. Va más allá de la crítica de que muchas de estas deudas y sus condiciones de reembolso no redundaban en interés de los países a los que se impusieron estas deudas en primer lugar. Va más allá de la crítica de que los acreedores deberían tener cierta responsabilidad a la hora de la evaluación de la capacidad de pago de sus deudores, o sufrir pérdidas financieras si no lo hacen.

El problema político del exceso de deudas en dólares en el mundo es que Estados Unidos está actuando de tal manera que impide a los países deudores ganar dinero para pagar las deudas externas denominadas en dólares estadounidenses. Así, la política estadounidense supone una amenaza para todos los acreedores que denominan sus deudas en dólares, haciendo que estas deudas sean prácticamente impagables sin destruir sus propias economías.

“El problema político del exceso de deudas en dólares en el mundo es que Estados Unidos está actuando de tal manera que impide a los países deudores ganar dinero para pagar las deudas externas denominadas en dólares estadounidenses. Así, la política estadounidense supone una amenaza para todos los acreedores que denominan sus deudas en dólares, haciendo que estas deudas sean prácticamente impagables sin destruir sus propias economías”
                                                                                      Michael Hudson

La suposición política de EE.UU. de que otros países no responderán a la agresión económica de EE.UU. ¿Sabe Trump realmente lo que está haciendo? ¿O su política de desviación está simplemente causando daños colaterales a otros países? Creo que lo que está ocurriendo es una contradicción interna profunda y básica en la política de Estados Unidos, similar a la de la diplomacia estadounidense en la década de 1920. Cuando Trump promete a sus votantes que Estados Unidos debe ser el “ganador” en cualquier acuerdo comercial o financiero internacional, está declarando la guerra económica contra el resto del mundo.

Trump está diciendo al resto del mundo que deben ser perdedores -y aceptar el hecho amablemente en pago por la protección militar que ofrece al mundo en caso de que Rusia invada Europa o China envíe su ejército a Taiwán, Japón u otros países. La fantasía es que Rusia tendría algo que ganar al tener que apuntalar una economía europea en colapso, o que China decidiría competir militarmente en lugar de económicamente.

La arrogancia está presente en esta fantasía distópica. Como hegemón mundial, la diplomacia estadounidense rara vez tiene en cuenta cómo reaccionarán los países extranjeros. La esencia de su arrogancia es suponer de forma simplista que los países se someterán pasivamente a las acciones de Estados Unidos sin ningún contragolpe. Esta ha sido una suposición realista para países como Alemania o aquellos con políticos clientes de EEUU similares en el poder.

“La esencia de su arrogancia es suponer de forma simplista que los países se someterán pasivamente a las acciones de Estados Unidos sin ningún contragolpe. Esta ha sido una suposición realista para países como Alemania o aquellos con políticos clientes de EEUU similares en el poder”.
                                                                   Michael Hudson

Pero lo que ocurre hoy es sistémico. En 1931 se declaró finalmente una moratoria sobre las deudas y reparaciones alemanas entre aliados. Pero eso fue dos años después del crack bursátil de 1929 y de las hiperinflaciones previas en Alemania y Francia. Del mismo modo, en la década de 1980 se amortizaron las deudas latinoamericanas mediante los bonos Brady. En ambos casos, las finanzas internacionales fueron la clave del colapso político y militar general del sistema, porque la economía mundial se había financiarizado de forma autodestructiva. Algo similar parece inevitable hoy en día. Cualquier alternativa viable implica la creación de un nuevo sistema económico mundial.

“Cualquier alternativa viable implica la creación de un nuevo sistema económico mundial” 
                  Michael Hudson

La política interna estadounidense es igualmente inestable. El teatro político “Estados Unidos primero” de Trump, que le hizo salir elegido, podría ver desbancada a su banda a medida que se reconozcan y sustituyan las contradicciones y consecuencias de su filosofía operativa. Su política arancelaria acelerará la inflación de precios en Estados Unidos y, lo que es aún más fatal, provocará el caos en los mercados financieros de Estados Unidos y del extranjero. Las cadenas de suministro se verán dañadas, perturbando las exportaciones estadounidenses de todo tipo de productos, desde aviones hasta tecnología de la información. Y otros países se verán obligados a hacer que sus economías dejen de depender de las exportaciones estadounidenses o del crédito en dólares.

Y quizá, a largo plazo, eso no sea malo. El problema es a corto plazo, cuando las cadenas de suministro, los patrones comerciales y la dependencia se sustituyen como parte del nuevo orden económico geopolítico que la política estadounidense está obligando a desarrollar a otros países.

Trump basa su intento de romper los vínculos existentes y la reciprocidad del comercio y las finanzas internacionales en la suposición de que, en un escenario caótico, Estados Unidos saldrá victorioso. Esta confianza es la base de su voluntad de eliminar las interconexiones geopolíticas actuales. Cree que la economía estadounidense es como un agujero negro cósmico, es decir, un centro de gravedad capaz de atraer hacia sí todo el dinero y el excedente económico del mundo. Este es el objetivo explícito de “Estados Unidos pimero”. Esto es lo que convierte el programa de Trump en una declaración de guerra económica contra el resto del mundo. Ya no existe la promesa de que el orden económico auspiciado por la diplomacia estadounidense hará prosperar a otros países. Las ganancias del comercio y la inversión extranjera deben enviarse a Estados Unidos y concentrarse en él.

“Trump basa su intento de romper los vínculos existentes y la reciprocidad del comercio y las finanzas internacionales en la suposición de que, en un escenario caótico, Estados Unidos saldrá victorioso”
                                                      Michael Hudson

El problema va más allá de Trump. Simplemente está siguiendo lo que ha estado implícito en la política estadounidense desde 1945. La autoimagen de Estados Unidos es que es la única economía del mundo que puede ser totalmente autosuficiente desde el punto de vista económico. Produce su propia energía y también sus propios alimentos, y suministra estas necesidades básicas a otros países o tiene la capacidad de cerrar el grifo.

Lo más importante es que Estados Unidos es la única economía sin las restricciones financieras que limitan a otros países. La deuda estadounidense está en su propia moneda, y no hay límites a su capacidad de gastar por encima de sus posibilidades, inundando el mundo con un exceso de dólares, que otros países aceptan como sus reservas monetarias como si el dólar siguiera siendo tan bueno como el oro. Y detrás de todo esto está la suposición de que, casi con el toque de un interruptor, Estados Unidos puede llegar a ser tan industrialmente autosuficiente como lo era en 1945. Estados Unidos es la Blanche du Bois del mundo de “Un tranvía llamado deseo” de Tennessee Williams, que vive en el pasado y no envejece bien.

La narrativa neoliberal interesada del Imperio Estadounidense

Para conseguir la aquiescencia extranjera para aceptar un imperio y vivir pacíficamente en él, se necesita una narrativa tranquilizadora que describa el imperio como algo que impulsa a todos hacia adelante. El objetivo es evitar que otros países se resistan a un sistema que en realidad es explotador. Primero Gran Bretaña y luego Estados Unidos promovieron la ideología del imperialismo del libre comercio después de que sus políticas mercantilistas y proteccionistas les dieran una ventaja de costes sobre otros países, convirtiendo a esos países en satélites comerciales y financieros.

Trump ha descorrido esta cortina ideológica. En parte, esto se debe simplemente al reconocimiento de que ya esto no se puede mantener frente a la política exterior de Estados Unidos y la OTAN y su guerra militar y económica contra Rusia y las sanciones contra el comercio con China, Rusia, Irán y otros miembros de los BRICS. Sería una locura que otros países no rechazaran este sistema, ahora que su narrativa de fortalecimiento es falsa a la vista de todos.

La pregunta es: ¿cómo conseguirán situarse en una posición que les permita crear un orden mundial alternativo? ¿Cuál es la trayectoria probable?

A países como México no les queda más remedio que ir por la libre. Canadá podría sucumbir dejando que baje su tipo de cambio y suban sus precios internos, ya que sus importaciones están denominadas “moneda fuerte” en dólares. Pero muchos países del Sur Global sufren las mismas dificultades de balanza de pagos que México. Y, a menos que cuenten con élites clientelares como Argentina -siendo la élite argentina la principal tenedora de bonos argentinos en dólares-, sus dirigentes políticos tendrán que suspender los pagos de la deuda o sufrir austeridad interna (deflación de la economía local) junto con inflación de los precios de importación, al ceder los tipos de cambio de sus monedas bajo las presiones impuestas por un dólar estadounidense en alza. Tendrán que suspender el servicio de la deuda o verse obligados a abandonar sus cargos.

Pocos líderes políticos tienen el margen de maniobra que tiene la alemana Annalena Baerbock para decir que su Partido Verde no tiene por qué escuchar lo que los votantes alemanes dicen que quieren. Las oligarquías del Sur Global pueden contar con el apoyo de Estados Unidos, pero Alemania es sin duda una excepción cuando se trata de estar dispuesta a cometer un suicidio económico por lealtad incondicional a la política exterior estadounidense.

Suspender el servicio de la deuda es menos destructivo que seguir sucumbiendo a la orden “Estados Unidos primero” de Trump. Lo que bloquea este enfoque es la política, junto con el miedo centrista a embarcarse en el gran cambio político necesario para evitar la polarización económica y la austeridad.

Europa parece tener miedo de utilizar la opción de simplemente llamar por su nombre al farol de Trump, a pesar de que es una amenaza vacía que sería bloqueada por los propios intereses de Estados Unidos entre la clase compradora. Trump ha declarado que si Europa no acepta gastar el 5% de su PIB en armamento militar (en gran parte procedente de Estados Unidos) y comprar más energía de gas natural licuado (GNL) a Estados Unidos, impondrá aranceles del 20% a los países que se resistan. Pero si los líderes europeos no se resisten, el euro caerá, quizá un 10% o un 20%. Los precios domésticos subirán y los presupuestos nacionales tendrán que recortar programas de gasto social, como las ayudas a las familias para que compren gas o electricidad más caros para calentar y alimentar sus hogares.

Los dirigentes neoliberales de Estados Unidos dan la bienvenida a esta fase de guerra de clases con exigencias estadounidenses a los gobiernos extranjeros. La diplomacia estadounidense ha participado activamente en el debilitamiento de la dirección política de los antiguos partidos laboristas y socialdemócratas en Europa y en otros lugares, hasta el punto de que ya no parece importar lo que quieran los votantes. Para eso está la US National Endowment for Democracy, junto con la propiedad y la narrativa de los grandes medios de comunicación. Pero lo que se está tambaleando no es sólo el dominio unipolar de Estados Unidos en Occidente y su esfera de influencia, sino la estructura global del comercio internacional y las relaciones financieras -e inevitablemente también las relaciones y alianzas militares.

“Los dirigentes neoliberales de Estados Unidos dan la bienvenida a esta fase de guerra de clases con exigencias estadounidenses a los gobiernos extranjeros”
                                                                                      Michael Hudson

martes, 4 de febrero de 2025

Dolarización parcial de la economía cubana: apuntes para el debate

 «La apertura de las tiendas con pagos en efectivo es una continuidad — bajo una nueva modalidad — del proceso de dolarización iniciado en octubre de 2019, con un esquema muy similar de segmentación del consumo…»

Redacción Alma Mater·


Ilustración generada con IA.


Por Joel Ernesto Marill Domenech 
                                                                                             
                                                         (I)

En días recientes el tema de la dolarización ha vuelto a acaparar titulares en Cuba. La combinación del anuncio por parte del primer ministro sobre la profundización de la dolarización parcial en el país, y la posterior apertura de comercios estatales que operan aceptando dólares en efectivo, ha reavivado el debate sobre lo que es un hecho consumado: Cuba es una economía parcialmente dolarizada desde octubre de 2019, ya sea esta dolarización mediante efectivo o con dólares en tarjeta — llamados MLC — .

Este trabajo trata de responder las preguntas siguientes: ¿Qué es la dolarización? ¿Qué formas adopta en Cuba? ¿Cuáles son sus causas? y ¿Cuál sería una posible hoja de ruta para encaminar el país hacia la desdolarización?

Dolarización parcial: ¿de qué estamos hablando?

La palabra «dolarización» es una forma genérica de referirse a un proceso que en la literatura económica también es denominado «sustitución monetaria». La dolarización o sustitución de moneda es un proceso mediante el cual, una moneda — comúnmente una divisa como el dólar — desplaza en sus funciones a una moneda nacional.

Dado que en muchas experiencias históricas dicho proceso ha ocurrido empleando como moneda sustituta el dólar americano, es común referirnos a dicho proceso como «dolarización» pero en principio podría ocurrir en base a cualquier moneda extranjera.

Cuando hablamos de desplazamiento de funciones, nos referimos generalmente a tres fundamentales: a) medida de valor — moneda en que se fijan precios —; b) medio de circulación — moneda en que se realizan transacciones — ; c) medio de atesoramiento — moneda en la que se ahorra o se mantiene saldos de liquidez — .

Este proceso de sustitución de funciones puede ser a su vez parcial o total. En el primer caso, la moneda nacional continúa circulando y cumpliendo funciones de conjunto a la divisa sustituta, como experiencias se encuentran las de Uruguay o Perú. En el segundo proceso: dolarización total, la moneda nacional es completamente desplazada de sus funciones y remplazada por una moneda extranjera, tales son los ejemplos de Ecuador o El Salvador.

A su vez los procesos de dolarización pueden ser «de hecho» o de «de derecho», o visto de otra forma pueden ser procesos informales o formales. Una dolarización «de hecho» o informal es cuando los agentes económicos comienzan a realizar sus operaciones en una moneda diferente a la nacional sin que ninguna regulación estatal introduzca dicho cambio. Una dolarización «de derecho» o formal es cuando jurídicamente se reconoce el funcionamiento de una o múltiples monedas extranjeras en la economía nacional.

Finalmente, muy relacionado a la clasificación anterior, la dolarización puede ser también entendida como un proceso espontáneo o una política económica. En el primer caso, comúnmente agentes económicos privados — empresa u hogares — deciden comenzar de forma espontánea a operar en una moneda extranjera debido a la inestabilidad de la moneda local. En el segundo caso, la dolarización se introduce como una política económica del Estado, tanto con el objetivo de dolarizar completamente la economía como de dotar a los agentes económicos de una segunda moneda legal más estable.

Dolarización en Cuba: Una mirada a dos formas particulares de dolarización

La dolarización parcial en Cuba tiene características similares a otras experiencias de dolarización en la región, aunque también varias diferencias notables.

En el caso cubano existen dos dimensiones fundamentales en donde se da un proceso de dolarización oficial: a) Dolarización del comercio minorista estatal — tiendas en divisas — . b) Dolarización de transacciones inter-empresariales.

Igualmente existen otros espacios de dolarización informal en operaciones de grandes importes entre agentes económicos privados o los hogares, como venta de contenedores y otros productos a nivel mayorista, así como compra/venta de casas, carros etc. Así mismo, hay un nivel menor de dolarización en las transacciones minoristas del sector privado, donde en muchos casos se acepta por igual pagos en moneda nacional y en cualquier divisa.

En el caso de la dolarización oficial es importante entender que la misma no comenzó en diciembre de 2024, con la apertura de los comercios que aceptan pago en dólares en efectivo. Cuba es una economía parcialmente dolarizada desde octubre de 2019, con la apertura del comercio minorista en dólares en tarjeta.

Las denominadas «tarjetas MLC» no son más que un genérico para cuentas en dólares en el sistema bancario. Todos los saldos MLC o precios en MLC en las tiendas en Cuba son saldos y precios en dólares. A diferencia del CUC, que era una moneda nacional, el MLC no es una moneda, es una cuenta en divisas que puede nutrirse depositando en múltiples monedas extranjeras y cuyo saldo siempre fue expresado en dólares. Como las denominadas «tarjetas Clásicas» son también cuentas en dólares en el sistema financiero.

En términos generales, la apertura de las tiendas con pagos en efectivo es una continuidad — bajo una nueva modalidad — del proceso de dolarización iniciado en octubre de 2019, con un esquema muy similar de segmentación del consumo, aún y cuando incluya tiendas donde las «viejas» cuentas MLC no pueden servir como medio de pago.

Sin embargo, nada de esto dice mucho sobre el por qué de la dolarización. O responde a la pregunte: ¿Qué lleva a adoptarse la dolarización como una política económica oficial?

Una reflexión sobre las causas y su rol en la economía

A nivel internacional, y como un punto de partida para entender los procesos de dolarización, podríamos decir que hay dos causas fundamentales por las que una economía se dolariza:

1.Inestabilidad macroeconómica: por ejemplo, grandes déficits fiscales que expanden la masa monetaria y causan una depreciación y volatilidad del valor de la moneda, lo que lleva a los agentes económicos a buscar refugio en monedas más estables que les permitan operar, tener una referencia sólida de precios y ahorrar en una moneda que no pierda aceleradamente su valor.

2.Restricciones institucionales: relacionadas con controles cambiarios y deficiencias de los mercados de cambio. Si los agentes económicos locales — las empresas o la población — no pueden o tienen dificultades para cambiar su moneda nacional a divisas, para realizar sus actividades económicas, debido a controles de cambio o inexistencia del mercado cambiario, se generará una tendencia a emplear directamente divisas para sus operaciones.

Existen diferentes grados en que estos procesos pueden expresarse. Ha ocurrido dolarización en economías con muy pocas restricciones en los mercados cambiarios, pero que la inestabilidad macroeconómica y la depreciación cambiaria hacían imposible ahorrar o fijar precios estables en la moneda nacional.

En el otro extremo, en economías con muy baja inestabilidad macroeconómica, pero con restricciones tan fuertes al cambio de moneda nacional por divisas — debido a controles del Banco Central — , los agentes se han visto impulsados a operar directamente en dólares para saltarse dichas restricciones institucionales.

En el caso de Cuba, en los años recientes, dos argumentos centrales han sido empleados para la explicar los procesos de dolarización:

1.El primero es que la dolarización sirve como un medio para captar remesas que entran al país. Un argumento análogo que llevó a la apertura de Tiendas Recaudadoras de Divisas (TRD) durante el Periodo Especial.

2.El segundo argumento, es el de facilitar las operaciones interempresariales. Permite a algunos exportadores retener y operar directamente en divisa para mejorar el escenario en que realizan sus operaciones productivas.

A primera vista pareciera que estos dos argumentos no están muy relacionados a las causas internacionales antes planteadas. Sin embargo, esto sería una lectura superficial que no permite profundizar en las particularidades del entramado económico cubano.

Por ejemplo: ¿Por qué las empresas de comercio minorista estatal en vez de vender en dólares no venden en pesos, y se reabastecen canjeando dichos pesos en un mercado cambiario? ¿porque las empresas exportadoras necesitan operar en divisa para garantizar su reaprovisionamiento a lo interno de la economía pagando en dólares a otras empresas?

Cuando se analiza a profundidad, todo termina en un elemento similar: la ausencia de un mercado cambiario formal — entiéndase lo que para el mundo podría explicarse como una restricción institucional — . Al no existir un mecanismo clave como el mercado cambiario, los agentes estatales se ven impulsados a operar en divisa, porque de operar en la moneda nacional no cuentan directamente con un mecanismo para cerrar sus ciclos productivos.

El argumento anterior es equivalente tanto para las empresas que venden al mercado interno — las tiendas minoristas estatales — , como para las operaciones de exportadores con sus proveedores. En estas últimas, el exportador que genera la divisa se ve impulsado a pagar con dicha divisa a lo interno de la economía — a su proveedor nacional — , porque de realizar el pago en moneda nacional, este último no tendría los mecanismos o el espacio institucional para canjear dicha moneda a divisas e importar parte de los insumos que requiere y que no se encuentran en el mercado local.

Existen al menos dos elementos claves que han estado en el origen e impulsado la dolarización parcial de la economía: a) por un lado, la inexistencia del mercado cambiario oficial, que limita la posibilidad de los actores económicos de convertir sus saldos en moneda doméstica a divisas, a fin de cerrar sus ciclos productivos; b) los crecientes desequilibrios monetarios derivados de la monetización de los déficit fiscales, que han profundizado la inestabilidad e inconvertibilidad de la moneda nacional.

En tiempos de bonanza, cuando no es escasa la divisa para asignar centralmente, es posible que muchas operaciones empresariales se dieran en moneda nacional porque existía un mecanismo de acceso a moneda extranjera mediante las asignaciones centralizadas. Sin embargo, cuando la divisa comienza a escasear y el nivel de demanda de las empresas es muy superior a la oferta de divisa real, los mecanismos centralizados comienzan a operar erráticamente, hacia una tendencia clara: penalizar al sector productivo.

Supongamos un escenario donde la divisa se convierte en un activo cada vez más escaso, a la par de que hay más dinero en circulación, por lo que su demanda por parte de las empresas no hace más que subir. Sin embargo, su precio oficial sigue siendo el mismo: 24 CUP x 1 USD.

Sin señales claras de tipo de cambio, asignar centralmente divisas extremadamente escasas, entre demandas cada vez más grandes, es una tarea impracticable.

En las condiciones concretas de Cuba, la dolarización juega un segundo rol particular: implica un mecanismo más o menos descentralizado de asignación de divisas, que sustituye — para los agentes dolarizados — la asignación central.

Este proceso de asignación horizontal garantiza que las empresas que generen divisa — exportadores o ventas internas en dólares — puedan acceder a las mismas y reaprovisionarse, así como elegir a qué proveedores nacionales pagarles/asignarles divisas para operar.

En tal sentido, la dolarización parcial puede jugar un rol positivo a corto plazo, garantizando que actividades productivas tengan continuidad. Actividades que de ser sujetas a una asignación central pudieran no ocurrir y por tanto, asistir a un empeoramiento de las condiciones productivas.

Si no se entiende este rol de la dolarización, en ausencia de una moneda estable y mecanismos que garanticen la convertibilidad — tales como el mercado cambiario —, podría subestimarse los retos de un eventual proceso de desdolarización.

Esto no implica que la dolarización sea en sí mismo un esquema deseable, o que no venga aparejado a costos importantes. Creo conveniente sistematizar aquí alguno de los mismos:

a) La dolarización supone una segmentación de mercados por monedas que licúa/reduce — tal vez más de lo necesario — la capacidad de compra de los saldos nominales en moneda nacional — tanto de los hogares como las empresas — .

b) Al mismo tiempo genera demanda interna de dólares que termina por presionar sobre el mercado informal, la depreciación del tipo de cambio y la inflación en pesos.

c) A nivel de política económica, limita la efectividad de la política monetaria y cambiaria, se pierde la efectividad del tipo de cambio como variable critica de política.

d) Incrementa la inestabilidad y la vulnerabilidad financiera, la posibilidad de descalces en el sistema bancario y los impactos ante una devaluación.

e) En el caso de la economía cubana, implica también una segmentación del tejido empresarial, que puede inducir a la consolidación de incentivos a la importación, y que previene una plena integración del tejido económico.

Emplear la dolarización ante la imposibilidad de articular otras políticas a fin de estabilizar la economía siempre ha sido una alternativa — lo fue en Cuba en los 90s y así en otros contextos — . Sin embargo, tener una estrategia clara que permita crear las condiciones necesarias para superar la dolarización en cuanto se dé la oportunidad, es también un elemento vital. Algunas ideas sobre dicha estrategia centrarán la segunda parte de este trabajo.

(II)

«Sin estabilidad macro y crecimiento productivo no hay desarrollo ni bienestar posible, da igual la moneda con la que el país opere»

En la primera parte de este trabajo se expusieron algunas ideas generales sobre la naturaleza, causas y el rol que juega la dolarización en la economía cubana. Y se desarrollaron dos argumentos claves:

a) Que la dolarización parcial oficial en Cuba es el resultado de dos procesos fundamentales: por un lado, la inestabilidad e inconvertibilidad de la moneda nacional producto de la monetización del déficit fiscal, por otro y fundamentalmente, la inexistencia de mecanismos que garanticen la convertibilidad del peso cubano.

Ante la inexistencia de esquemas como un mercado cambiario oficial funcional, con un tipo de cambio que permita a los agentes económicos estatales canjear los saldos en moneda nacional a divisas — al tipo de cambio de mercado — , las empresas ven interrumpido sus procesos productivos al operar en moneda nacional, lo que impulsa y presiona, en un grado cada vez mayor, a dolarizar la economía.

b) En segundo lugar, se argumentó que, aunque no constituye un proceso deseable, en ausencia de un mercado cambiario funcional, la dolarización puede jugar un rol importante en la economía, como un mecanismo descentralizado de acceso a las divisas, alternativo a los esquemas centralizados, que en un momento de escasez de divisas y excesos de moneda nacional, tienden a penalizar la activad productiva.

Determinado grado de dolarización garantiza el reaprovisionamiento de empresas que generan divisas por la exportación y las ventas internas en dólares, así como viabilizar encadenamientos productivos con productores nacionales, que de otra forma tendrían bajas probabilidades de acceder a divisas — desde un esquema centralizado — , lo que contribuye a sustituir importaciones y reactivar actividades económicas.

Si bien la dolarización parcial de la economía cubana es una decisión de política económica y no un proceso espontaneo, como en otras experiencias, dado que las empresas estatales solo pueden dolarizarse en función de una política pública expresa, esto no supone que no esté respondiendo a factores y causas objetivas, y no juegue un rol determinado en las condiciones específicas en que se desarrolla la economía cubana.

En esta segunda parte del texto se analizará porqué la economía no puede desdolarizarse de una forma acelerada, y por qué es necesario crear condiciones previas para ello. Posteriormente se propondrán algunas ideas generales de cómo entender este proceso de creación de condiciones, y qué elementos son necesarios que estén presentes antes de iniciar un proceso de desdolarización. Por último, se esbozarán apuntes sobre qué es posible alcanzar y qué no, con un proceso de desdolarización.

Economía cubana bajo un esquema dolarizado. Premisas de la desdolarización

La dolarización es ya un proceso en curso y, como vimos, con causas objetivas relacionadas a la estabilidad monetaria y las deformaciones cambiarias en el país.

Desmontar este mecanismo dolarizado no es tanto una cuestión de decretar/regular jurídicamente en qué moneda operan las empresas, algo que en su mayoría podría realizarse de la noche a la mañana — al menos en el segmento estatal — , sino es también una discusión sobre mecanismos económicos: ¿qué mecanismo económico debería remplazar la dolarización parcial en su papel de esquema para el acceso a divisas de los agentes económicos?

Forzar la economía a desdolarizarse sin condiciones previas puede traer resultados poco satisfactorios: desde interrumpir cadenas productivas basadas en la dolarización sin alternativa viable, hasta generar incertidumbre en inversores internacionales o ahorradores locales que fuercen la salida de los primeros o la retirada de los ahorros de los segundos.

En términos muy generales, el contexto ideal para una desdolarización es el siguiente: un entorno de baja inflación, con un esquema cambiario estable, que garantice la convertibilidad de la moneda nacional, al menos en algunos circuitos críticos de la economía.

Este escenario permitiría garantizar la continuidad de los procesos productivos — al garantizar un mecanismo descentralizado mediante mercado de cambios de acceso a la divisas — , y generaría confianza en los que hoy operan en divisas — incluyendo inversores extranjeros — de que su actividad económica continuará siendo viable.

Adicionalmente, el incremento de los ingresos externos por exportaciones permite generar un escenario más propicio para enfrentar un proceso de desdolarización. Tanto por el efecto directo que más exportaciones pudieran tener sobre el tipo de cambio de mercado, previo a la desdolarización, sino además por su capacidad de servir de fuentes para generar reservas que permitan contar con una mayor capacidad de intervención y estabilización del mercado cambiario, en un proceso que puede llegar a generar presiones cambiarias a corto plazo.

De forma resumida, podría decirse que hay al menos tres prerrequisitos claves para avanzar en un proceso de desdolarización: a) la existencia de un mercado cambiario oficial funcional, b) estabilidad monetaria mediante una reducción del déficit fiscal, c) y un incremento mínimo, al menos de los ingresos en divisas, que permita generar reservas en divisas y ampliar el margen de maniobras para dicho proceso.

Estrategia de desdolarización. Apuntes a una ruta crítica

Aún con los prerrequisitos generales expuestos es difícil prever bajo qué circunstancia sería viable la desdolarización. A continuación, solo se exponen algunas ideas de una posible ruta crítica:

1.Alcanzar el equilibrio fiscal y monetario. Un déficit fiscal entre 3–5% del PIB y una expansión de la oferta monetaria — M2 — no mayor a un 5–7% anual.

Esto es un prerrequisito tanto para la desdolarización como para la estabilización de un mercado cambiario. Sobre este último es posible dar pasos en su desarrollo con niveles de déficit ligeramente superiores, pero la inestabilidad en el mismo harían poco viable el proceso de desdolarización.

2.Mercado cambiario funcional para actores económicos. Un esquema cambiario donde puedan comprarse y venderse legalmente divisas por parte de la población, actores económicos no estatales y estatales seleccionados — y con el tipo de cambio de equilibrio regulado por el Banco Central, pero flexible para expresar relaciones de oferta y demanda de divisas —.

Operar a un tipo de cambio de equilibrio, donde la oferta se iguale — como promedio — a la demanda, implica que siempre que un agente económico cuente con el saldo en moneda nacional necesario — ej. 300 pesos — podrá canjearlo a moneda extranjera.

Dicho tipo de cambio estará determinado por la cantidad de divisa ofertada y la demanda que sobre la misma realicen los agentes económicos desde la moneda nacional disponible. La estabilidad del mismo dependerá así en gran medida del equilibrio fiscal, y la consistencia en no generar excesos monetarios que presionen hacia la depreciación cambiaria.

Desarrollar y estabilizar el mercado cambiario oficial, garantizando que por el mismo circulen los flujos fundamentales de oferta — tales como las remesas internacionales, canje de turistas, o ventas voluntarias de divisa de exportadores — , así como demanda — compra de divisa para pago de importaciones/pago de deuda de actores no estatales, así como compras de la población —, es vital para emplear dicho esquema en el proceso de desdolarización.

3.Desdolarización del comercio minorista en divisa.

Dado que los hogares y actores económicos no estatales enfrentan ya un nivel de precios indexado de alguna forma al tipo de cambio — informal — , esta forma de la dolarización es quizás la menos compleja de superar. En base a una emisión monetaria controlada y un mercado cambiario con un tipo de cambio de equilibrio, puede irse reconvirtiendo las entidades de comercio minoristas que hoy operan en divisa hacia ventas en moneda nacional.

Dichas entidades venderían en pesos y accederían a las divisas necesarias para realizar su actividad económica — importar o pagar a proveedores nacionales — mediante el mercado cambiario oficial. Para ello el precio en moneda nacional de sus ventas deben permitirle cubrir los costos de acceso a la divisa, lo que no implica una plena indexación de los precios al tipo de cambio, sino un proceso de fijación de precios en base a sus costos, incluyendo el precio de la divisa a tipo de cambio de mercado.

Este proceso de reconversión podría darse teóricamente tanto de una vez como gradualmente, en dependencia del margen de maniobra del Banco Central para estabilizar el mercado cambiario.

Ante una reconversión de precios a moneda nacional es previsible una presión inicial sobre la demanda de bienes y servicios en dichas entidades, que terminaría por traducirse en un incremento inicial de demanda de divisas — de las tiendas — sobre el mercado cambiario. Una reconversión total de una vez puede implicar un shock de corto plazo más difícil de manejar. En cada caso el Banco Central debe contar con un fondo de reservas para intervenir y estabilizar el mercado de ser necesario.

Los saldos de las tarjetas denominadas en divisas de la población y actores económicos no deberían verse afectados y su conversión en moneda nacional debería ser plenamente voluntaria. En función de las condiciones deberá valorarse también si tiene sentido continuar aceptando saldos en divisas en algunos de dichos instrumentos.

4.Desdolarización de las operaciones inter-empresariales y exportadores.

Este es quizás el segmento económico más complejo de desdolarizar una vez que se ha extendido el proceso de dolarización. Desmontar la dolarización en el mismo implica no solo garantizar acceso a divisa a algunas empresas, sino acceso a insumos que en un proceso de dolarización podrían ser sujetos a ser vendidos en dólares — ej: combustible — .

Si se quiere que la desdolarización sea un proceso efectivo en este segmento, se debe garantizar que, en función de que empresas estatales accedan a ofertar y demandar divisas en el mercado cambiario, esto permita generar un vector de precios conectado a dicho tipo de cambio, que permita regular la demanda — proceso que antes se daba al venderse el insumo en divisa —, y servir como mecanismo descentralizado de asignación de recursos.

Este es un proceso que puede llegar a ser complejo, prolongado, y sin muchos antecedentes en la economía cubana.

Parte de las mismas condiciones anteriores — estabilidad monetaria y mercado cambiario — y se extiende al permitir que más actores económicos estatales accedan a vender — exportadores — y comprar — productores que venden a exportadores o al mercado doméstico — divisas en dicho mercado. A la par, serán necesarias otras reformas de precios interempresariales, que permitan articular un vector de precios interno coherente, conectado a los precios internacionales.

Es necesario notar la diferencia con el proceso de desdolarización institucional de 2004, cuando se sustituyó en gran medida el dólar por otra moneda convertible — el CUC — , que cumplía funciones similares.

Desdolarizar empleando el peso cubano supone un proceso de estabilización fiscal, creación de mecanismo de convertibilidad — mercado cambiario — y reformas microeconómicas — de precios y mercados — mucho más abarcadoras.

Apuntes finales ¿Qué esperar y que no esperar de la desdolarización?

Llegados a este punto considero necesario ser claro en dos cuestiones: ¿soluciona la desdolarización los problemas de desigualdad? ¿o garantiza la desdolarización un mejor acceso de la población a productos básicos?

La respuesta corta más sencilla es que no. Desdolarizar una economía no incrementa per se ni el volumen de oferta global ni corrige el vector de distribución del ingreso.

Dicho de otra forma, el día después de que todos los precios estén expresados en moneda nacional, anclados en una parte importante a un tipo de cambio de equilibrio, la oferta de bienes y servicios globales de la economía será exactamente la misma. Por tanto, a corto plazo no hay un incremento sensible del consumo global.

En dependencia de las condiciones concretas del proceso puede darse determinada redistribución hacia los consumidores que acceden desde saldos en moneda nacional, pero esto dependerá igualmente de otros procesos en la economía, el equilibrio fiscal y la estabilidad cambiaria.

Al mismo tiempo, el vector de precios resultantes en moneda nacional seguiría siendo prohibitivo para la gran mayoría de la población. Dado que la oferta es escaza, solo precios altos permiten regular la demanda. La demanda que antes se regulaba por una segmentación de moneda ocurrirá entonces por el nivel de precios en moneda nacional.

Y este punto es clave: las transformaciones monetarias no crean riquezas por sí mismas. Ni dolarizar ni desdolarizar es una fórmula mágica para la economía.

La dolarización permite en un contexto de inestabilidad monetaria y restricciones cambiarias que una parte de la actividad económica continue ocurriendo, al garantizar la continuidad de los procesos productivos. Sin embargo, introduce a su vez varios perjuicios y costos para el manejo de la economía. Así mismo, todos estos procesos podrían darse en moneda nacional con una correcta combinación de estabilidad fiscal y una política cambiaria coherente.

Sin embargo, nada de esto es una solución mágica para la economía. La dolarización puede, sin dudas, imponer disciplina a las empresas y permitirles operar más flexiblemente, si la moneda nacional es inestable y no hay mercados cambiarios funcionales, pero fuera de eso no transforma los problemas de fondo de una economía con bajos niveles de productividad, atraso tecnológico, poco competitiva a nivel internacional y con muy pocas capacidades de producción interna.

Estos últimos factores son los que determinan en última instancia tanto el nivel de consumo, como la posibilidad de aspirar a un vector distributivo más justo del ingreso. Desdolarizar la economía en principio no soluciona tampoco ningún de dichas cuestiones.

La desdolarización es un proceso en mi opinión necesario, y que además actúa como punto conclusivo de una estabilización macroeconómica eficaz — pues requiere de condiciones de base tanto fiscales como cambiarias indispensables — , pero no es una transformación tan significativa en sí misma desde el punto de vista estructural.

Como reflexionara hace unos años el Premio Nobel de Economía Paul Krugman sobre la posibilidad de dolarización en Argentina:

«(…) de cierta manera no nos sorprende que a menudo la gente se imagine que introducir una nueva moneda y decir las palabras mágicas correctas pueda resolver los problemas económicos de un país (…).

¿Acaso esto quiere decir que la reforma monetaria nunca funciona? No, puede tener éxito si está respaldada por otras reformas importantes» [1]

Expandiendo dichas ideas: el problema de fondo no es discutir si dolarización parcial sí, o dolarización parcial no, es debatir sobre el conjunto de trasformaciones y políticas económicas que permitirían al país encaminarse hacia la recuperación. Deliberar qué mecanismos económicos hay que reformar o crear, y en ese orden pensar cómo determinadas reformas monetarias viabilizarían dichas transformaciones.

Sin estabilidad macro y crecimiento productivo no hay desarrollo ni bienestar posible, da igual la moneda con la que el país opere. Ello implica traspasar de la discusión sobre las «ilusiones monetarias» y llevar la discusión de la economía cubana hacia las esencias estructurales de los procesos económicos.

[1] Krugman, P. (2023): ¿Argentina va a creer en la magia monetaria? Recuperado de: https://www.nytimes.com/es/2023/12/15/espanol/opinion/milei-argentina-dolarizacion-que-es.html