Fidel


"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." ""Creo que mientras más critica exista dentro del socialismo,eso es lo mejor" Fidel Castro Ruz

sábado, 4 de julio de 2026

Recuerdos del bicentenario. Hoy hace 50 años

 Paul Krugman NOBEL ECONOMIA

Lisboa 1976: Miguel Beleza, Andy Abel, Jeff Frankel, yo

Hoy se conmemora el 250 aniversario de la nación . Y debería ser un día de celebración.

Pero no será así. El 250 aniversario de Estados Unidos será un evento sombrío y triste. Por lo que veo, incluso los seguidores de MAGA están deprimidos. Desde luego, no van a ir a visitar la triste y cutre feria estatal de Donald Trump.

Es una diferencia enorme con respecto al bicentenario, que celebré de una manera inusual pero profundamente memorable.

Verás, pasé el verano de 1976 en Portugal, país que había tenido su propia revolución (la Revolución de los Claveles) apenas dos años antes. Esa revolución derrocó la dictadura fascista del país y creó lo que ha demostrado ser una democracia duradera.

Estuve allí como parte de un grupo de estudiantes de posgrado del MIT que trabajaban en el Banco de Portugal, el equivalente a la Reserva Federal en ese país. Y pasé el 4 de julio en un picnic en un parque de Lisboa, organizado por la embajada de Estados Unidos.

Fue un asunto menor. Hoy en día Lisboa está repleta de turistas y expatriados estadounidenses, pero en aquel entonces éramos muy pocos. Incluso el gobierno estadounidense tenía relativamente poca presencia allí, pues intentaba pasar desapercibido ante el creciente sentimiento antiestadounidense: muchos portugueses aún hablaban de cómo Estados Unidos había ayudado a derrocar a un gobierno democráticamente elegido en Chile tres años antes. Había grafitis por toda Lisboa que decían "Muerta a la CIA", aunque a algunos les habían añadido "y a la KGB" con pintura más fresca.

Así que la embajada completó el picnic invitando a estadounidenses que sabía que estaban en Lisboa, junto con personal de otras embajadas amigas. Recuerdo haber charlado con varios alemanes occidentales.

El picnic fue encantador. Estuvimos allí comiendo perritos calientes —quién sabe cómo lo hicieron en la tierra del bacalao salado y las sardinas a la parrilla— y escuchamos al embajador leer un mensaje patriótico de Gerald Ford. Y recuerdo haber sentido un gran orgullo por Estados Unidos.

Además, no fui el único estadounidense que se sintió alegre en el bicentenario, que de alguna manera fue una ocasión reconfortante.

Este optimismo puede parecer extraño, dado que Estados Unidos atravesaba dificultades en muchos sentidos. Acabábamos de sufrir una humillante derrota en Vietnam. Nuestras ciudades eran un caos: Nueva York registró 1600 asesinatos en 1976, más de cinco veces la cifra del año anterior, y Times Square era un foco de drogadictos y tiendas de pornografía. Ah, y la ciudad se había declarado en bancarrota recientemente.

Sin embargo, de alguna manera los estadounidenses lograron divertirse en las festividades del bicentenario, y se respiraba un sorprendente optimismo en el ambiente.

Una fuente de optimismo fue, sin duda, el fin de la guerra de Vietnam. Sí, terminó en derrota. Pero terminó, lo que significó que los jóvenes estadounidenses y sus familias ya no tenían que preocuparse por el reclutamiento militar, y que los noticieros nocturnos dejaron de informar sobre el número de muertos.

Otra fuente de optimismo —algo que personas como JD Vance jamás comprenderán— fue la caída de Richard Nixon. La satisfacción por cómo el Watergate derrocó a Nixon no se debió principalmente a partidismo. Más bien, la saga del Watergate se sintió como una afirmación del espíritu estadounidense. Los periodistas fueron héroes y los medios cumplieron con su deber. Lo mismo hizo el Congreso. Nadie llamaría a Gerald Ford un gran presidente, pero era claramente una persona decente. Los poderosos rindieron cuentas. Estados Unidos, al parecer, aún conservaba su esencia.

¿Quién diría eso ahora?

En vísperas del 250 aniversario de Estados Unidos, se confirmó la corrupción presidencial a una escala que Nixon jamás habría imaginado. Eso ya es grave. Lo peor es que nadie cree que Trump, sus compinches y sus secuaces vayan a sufrir consecuencias. En 1974, los republicanos se unieron a los demócratas para exigirle responsabilidades a Nixon. Esta vez, están totalmente empeñados en magnificar el poder de Trump y su culto a la personalidad, a pesar de saber perfectamente quién es y qué está haciendo.

No pierdo la esperanza. Estados Unidos no está irremediablemente perdido. Pero ahora, mucho más que hace 50 años, somos una nación que necesita desesperadamente redimirse.


viernes, 3 de julio de 2026

Sobre las transformaciones de junio (1)

Por  Dr Humberto Blanco Rosales

Al ritmo que me permiten unas tres - cuatro horas diarias de electricidad, estuve varios días -más de los que hubiera querido- para plasmar estas primeras reflexiones. El gobierno ha anunciado un paquete de reformas cuyo calado no es comparable con lo diseñado y puesto en práctica en todos estos años. La celeridad de su elaboración y presentación, a poco de discutir el programa de Gobierno del 2026, el alcance y magnitud de los cambios que se proponen, y lo complejo que será aplicarlos, me han motivado a escribir sobre el tema.

Estos años del 2011 a la fecha, en materia de conducción de la economía, han estado marcados por dilaciones, experimentos, ambigüedades, parches, con expertos y funcionarios integrados en Grupos temporales de trabajo, Consejos técnicos asesores y otras denominaciones que han ido languideciendo, después del entusiasmo inicial y no pocas reuniones. Y numerosas visitas, asambleas, controles y chequeos a lo largo del país, con acuerdos, planes de trabajo, exhortaciones, responsables de cumplimiento y demás. En términos de esfuerzos, nada que objetar. Pero tampoco hay mucho que decir respecto a resultados.
El comportamiento de la economía, entre tanto, ha dado suficientes señales de calentamiento, con debilidades estructurales no superadas que nos han mantenido en una senda de bajo crecimiento y baja productividad, un sector externo estancado entre la dependencia importadora y una dinámica de las exportaciones a todas luces insuficiente, bajas tasas de acumulación y de innovación, y un deterioro de la infraestructura y de sectores clave de la producción material, entre otros males.

Y las conquistas sociales de la Revolución Cubana, duele decirlo, también en crisis. Y algo que siento que mis colegas no siempre ponen en primerísimo lugar: en cinco años, la población cubana ha descendido en 1,6 millones de personas. Cualquiera de nosotros tiene alguna historia que contar sobre ese descenso.

Hemos contado con no pocos documentos programáticos para la dirección de la economía: Conceptualización del Modelo de desarrollo, Plan al 2030 y Sectores estratégicos, los Lineamientos Económicos y Sociales en sus sucesivas versiones, cuya implementación arroja porcientos nada halagadores.
Pero además, hemos tenido una organización del plan de desarrollo en macroprogramas, programas, proyectos… y un grupo posterior de documentos como la Estrategia postcovid, 43 medidas para la empresa estatal, 63 para la agricultura, 93 para la agroindustria azucarera, que no pasaron de ser una lista de intenciones y reiteraciones, con serias carencias de contenido, secuencia, articulación, respaldo financiero e indicadores de medición de resultados. Y cuya puesta en práctica y avances esperados también quedaron en el camino.
Y como cereza del pastel, el país se ha visto aún más dañado por catástrofes, huracanes, una pandemia, y el brutal asedio hasta niveles inauditos de un cierto “monstruo naranja”, como escuché llamarle a una colega norteamericana.

También hemos contado con el acompañamiento de impolutos guardianes de la fe que, denostando de términos como reforma y policrisis, han querido estigmatizar con calificativos como “neoliberales”, “punta de lanza del capitalismo en Cuba” y otras lindezas al trabajo de académicos e instituciones que desde Cuba, mi gremio de economistas y contadores (Anec), las universidades, e incluso en esos mismos grupos de trabajo mencionados, han aportado sus criterios con profesionalidad , rigor y mucho compromiso de sacar al país del estancamiento y la crisis, argumentando por cambios postergados una y otra vez, que ahora han sido suscritos aceleradamente.
Una anécdota a modo de ejemplo: hace 42 años asistí como delegado a un Congreso de la Anec por primera vez en mi vida. Me tocó levantar el acta en una comisión dedicada a la empresa estatal. Conservo la copia mecanografiada de ese documento.
Ya entonces se decía, en el año 1984, que aquella carecía de autonomía para su gestión y que el mecanismo vigente de asignación de recursos no aseguraba que estos llegaran en tiempo y forma para cumplir los planes. 42 años es demasiado, demasiado tiempo para resolver un tema medular, tratándose del actor económico fundamental de la economía cubana, según nuestro modelo de desarrollo. En el congreso de 2019, encabezando una comisión sobre la empresa estatal, al escuchar planteamientos similares, mostré el documento. Sin comentarios.

Volviendo al anuncio de este programa, como era de esperar, se han desatado opiniones de diversa índole, que oscilan entre optimismo, certeza y esperanza, junto con incertidumbre, escepticismo y dudas muy razonables ante peligros latentes en su aplicación. Y también está quienes reniegan, claro.

Con 23 ejes temáticos y 176 decisiones, las transformaciones apuntan a una liberación de las fuerzas productivas (recuerdo esta expresión como el mantra de los Lineamientos del 2011) al abandono de la planificación centralizada en su forma actual y del monopolio estatal del comercio exterior, al fomento de actores económicos bajo similares condiciones, y a una mayor apertura externa, mayor presencia del sector privado y legitimar el papel del mercado en la economía. Se trata, en resumen, de dejar atrás el modelo vigente de funcionamiento de la economía, por obsoleto e ineficiente.

Pero haber privilegiado soluciones sintomáticas en lugar de soluciones fundamentales, el constante aplazamiento de las segundas, en espera tal vez de circunstancias más favorables o del supuesto éxito de medidas en curso, o la clásica justificación “no existen las condiciones” (¿existían acaso cuando se aplicó el Ordenamiento?) reflejan en el fondo, lamentablemente, resistencia al cambio. Esta es más sutil, una especie de “sí, pero no…” y en el fondo más peligrosa que la oposición franca y directa a un cambio.

Asume muchas formas y expresiones: objetivos ambiguos, con redacciones ampulosas y poco o nada medibles, comisiones y más comisiones, diagnósticos infinitos, profusión de documentos, aplazamientos de medidas por todo un arsenal de razones, desacreditar a quienes impulsan los cambios, explicaciones y más explicaciones, en fin…el mar.

Y mientras tanto el tiempo, el implacable, el que pasó, como decía Pablito Milanés, ha pasado. Por razones de espacio, tiempo, y electricidad, me detengo por ahora. Cierro esta reflexión inicial con un fragmento del discurso de Engels ante la tumba de su entrañable amigo Marx, el 17 de marzo de 1883:

… “Marx descubrió la ley del desarrollo de la historia humana: el hecho, tan sencillo, pero oculto bajo la maleza ideológica, de que el hombre necesita, en primer lugar, comer, beber, tener un techo y vestirse antes de poder hacer política, ciencia, arte, religión, etc.;”

Aerolínea Neos Air inauguró una ruta directa entre Roma y Holguín

 

En este artículo: Aerolínea, Aerolíneas, Aeronáutica, Cuba, Economía, Fotografía, Holguín, Italia, Roma, Turismo

 


Aerolínea italiana Neos Air conecta Europa con el oriente de Cuba. Foto: Juan Pablo Carreras/ ACN.

Con la llegada de un vuelo procedente de Roma, Italia, al Aeropuerto Internacional Frank País, de Holguín, la aerolínea Neos Air inauguró una ruta directa entre la nación europea y el oriente cubano, lo que favorecerá el intercambio turístico entre ambos países.

El Boeing 787-9 Dreamliner, recibido con un arco de agua de bienvenida, aterrizó este jueves en medio de un fuerte aguacero con más de 230 pasajeros a bordo, tras una escala para repostar combustible en La Romana, República Dominicana.

Así inició una conexión semanal que operará cada jueves, según informó a la ACN Miguel Andrés Peña Peña, director del aeropuerto.

Este itinerario constituye actualmente la única conexión directa entre el continente europeo y el oriente cubano, lo que abrirá oportunidades orientadas a la reapertura del mercado turístico, interesado en los atractivos de la región, así como con el objetivo de facilitar el regreso de cubanos residentes en el exterior.

La pasajera Idalmis Rodríguez Santiesteban, quien viajó acompañada de su mascota Chanel, expresó su agradecimiento por la apertura de esta ruta, ante las carencias de opciones previas para viajar a la isla caribeña.

Además, elogió la calidad del servicio durante el vuelo, de aproximadamente 14 horas, y la atención recibida en la terminal aérea.

Yuset Vargas Ricardo, delegada del Ministerio de Turismo en Holguín, señaló que, aunque la totalidad de los pasajeros llegados corresponde a visitantes independientes, la conexión favorecerá el restablecimiento de operaciones en el destino, especialmente en la actual temporada de verano.

Peña Peña subrayó que esta operación demuestra la posibilidad de mantener rutas de largo recorrido pese al complejo contexto del país y reafirman la confianza de la compañía italiana Neos en el destino Cuba.


Con el objetivo de promover las potencialidades del polo turístico, que incluye reconocidos enclaves de sol y playa como Guardalavaca, así como opciones de ecoturismo y recorridos culturales, entre ellos el Salto del Guayabo, en el recibimiento participaron agencias como Infotur y Ecotur, agregó la delegada.

El Aeropuerto Internacional Frank País, principal puerta de entrada al destino Holguín, mantiene vuelos regulares y chárteres desde Estados Unidos, mientras la terminal nacional continúa operando de forma semanal la ruta Holguín-La Habana.

La instalación destaca por sus estándares de seguridad operacional y eficiencia, comparables con los de países de mayor desarrollo, y por un colectivo laboral reconocido en múltiples ocasiones con la condición de Vanguardia Nacional.

(Tomado de la ACN)

jueves, 2 de julio de 2026

Reformas en Cuba. Economía y politica


Por Jorge Gómez Barata

El socialismo no es un modo de producción, sino una forma de   gobierno en la cual el estado utiliza las palancas del poder y mediante regulaciones sociales y laborales logra la paz social y, de modo consensuado, instala aceptables rangos de justicia social. No se trata de especulaciones ni de utopías.

El socialismo que, según Karl Marx es resultado del crecimiento de las fuerzas productivas, está más cerca allí donde el desarrollo tecnológico, la gerencia eficaz, la elevada productividad y el óptimo rendimiento de la tierra, se conjugan con la democracia y la justicia social.

La insistencia en el predominio de la empresa estatal socialista que son todas las empresas medianas y grandes del país y en la participación en su administración es, como mínimo, un hándicap del estado cubano que se rehúsa a encoger su radio de acción y concentrarse en lo que naturalmente le corresponde lo cual le permitiría ganar en eficiencia.

Fidel Castro solía razonar que la gestión politica en el capitalismo era más fácil porque los gobernantes no tenían que preocuparse por la producción ni por la administración de los negocios, cosa que eficientemente hacen los capitalistas, concentrándose en la cosa pública y en la distribución con justicia de la riqueza social.

Debido a los enfoques incorporados a la cultura politica cubana que asumió las interpretaciones e hizo suyos los valores, los contenidos y los conflictos de la Unión Soviética, en Cuba los términos “reformas políticas” se convirtieron en tabú. De la época es también el concepto revisionista, aplicado a los innovadores en los ámbitos de la teoría y de lo cual se abusó en la URSS y los países ex socialistas donde ser liberal o centrista era ser hereje.

De esas malformaciones se derivó una lectura apocalíptica, según la cual, de aplicarse, reformas políticas se erosionará el poder revolucionario y conducirán al restablecimiento del capitalismo y a la entrega del país a los Estados Unidos. Ese enfoque soslaya el hecho de que, entre los que defienden las reformas, están quienes alertan sobre situaciones a las cuales el dogmatismo y el inmovilismo pueden conducir.

En ocasiones, ese proceder coloca un signo de igualdad entre reforma y contrarrevolución, lo cual crea una situación delicada para aquellos que, siendo parte del proceso, creen que algunas estructuras, enfoques y prácticas políticas pudieran ser perfeccionadas. Muchos de los que abogan por reformas políticas, entre ellos yo, suelen aspirar a un perfeccionamiento del proceso liderado por la dirección revolucionaria.

Así lo hizo Raúl Castro quien, además de habilidades diplomáticas, exhibió coherencia y sabiduría política al aprovechar la única oportunidad que se presentó en 60 años para intentar normalizar las relaciones con los Estados Unidos y, sin detenerse por el qué dirán, ni exigir lo que, en la coyuntura no se podía conseguir, avanzó hasta restablecer las relaciones diplomáticas con los Estados Unidos

Al presentar y defender las 167 medidas introducidas para propiciar la reforma de la economía cubana que atraviesa una crisis estructural total, para nada coyuntural, el presidente cubano, Miguel Diaz-Canel Bermúdez, insiste en la naturaleza exclusivamente económica y social de tales disposiciones, descartando cualquier relación con la politica interna y con los objetivos estratégicos de la Revolución.

Al considerar la pertinencia de reformas políticas en Cuba se recuerda que durante el proceso revolucionario han ocurrido no pocas. Reintroducir el cargo de presidente de la República fue una corrección politica importante que se completará cuando el mandatario sea electo de modo directo por el pueblo lo cual, de ninguna manera, suena incompatible con el socialismo.

En los años setenta del pasado siglo mediante una mega reforma politica se procedió a la institucionalización del país que puso fin a 17 años de provisionalidad revolucionaria, se adoptó una Constitución que no existía desde 1959, se aprobó una ley electoral y se realizaron elecciones. Nada de aquello fue perfecto.

Entonces, el Partido Comunista, consagrado por la Constitución como: “Fuerza dirigente superior de la sociedad y del estado”, formulación que no es autóctona y, probablemente sea excesivamente categórica y cerrada, efectuó su Primer Congreso y copió sus estructuras, creando lo que se dio en llamar sus “aparatos”, lo cual puede ser resultado de alguna deficiente traducción.

Más tarde, en los años noventa se aprobaron contundentes reformas políticas como fue la supresión del ateísmo y el restablecimiento del estado laico. La adopción en 1975 y 2019 de constituciones del estado socialista han sido reformas políticas trascendentales.

Quizás, para que el esfuerzo en torno a las 176 medidas sea más fructífero y la reforma más cabal, son pertinentes reflexiones y acciones políticas que pudieran tributar a la cohesión social y al perfeccionamiento de estructuras actuales, haciendo más eficiente a algunas instituciones.

Un cometido político del momento pudiera ser profundizar la democratización de la sociedad mediante precisiones acerca de la separación de poderes, el partido del estado, el control social del poder y el estado de derecho y justicia social. Un asunto político no resuelto es la real autonomía de las organizaciones de la sociedad civil y de una parte de la prensa.

Al respecto parece pertinente recordar que, en los años sesenta al adoptar la experiencia de la Unión Soviética, la Revolución Cubana asimiló un conjunto formado por una teoría filosófica, una doctrina económica y un modelo político e institucional. Ocurrió así no porque alguien lo quisiera, sino porque quizás no puede ser de otra manera. Tal vez no era posible adoptar sólo el modelo económico soviético y descartar los aspectos políticos e institucionales.

Aquellos hechos, compulsados por la temprana agresividad de los Estados Unidos, el bloqueo económico y comercial y las amenazas militares, no formaron parte de un estudiado y gradual proceso, sino de decisiones politicas que fueron parte del turbión revolucionario liderado por Fidel Castro que disfrutó de un extraordinario apoyo popular.

No obstante, por el camino hubo trascendentales debates, el primero de ellos involucró a Ernesto Guevara y Charles Bettelheim, el propio Che con Carlos Rafael Rodríguez, Alfredo Guevara y Blas Roca y las controversias en torno al usos y abuso de los manuales soviéticos de filosofía y economía politica que involucraron a Fidel Castro. Ninguna de aquellas discusiones debilitó el proceso revolucionario.

En esta construcción periodística, no quiero dejar de recordar que, en 1965, el Che Guevara publicó un ensayo trascendental “El Socialismo y el hombre en Cuba”, en el cual, desde la experiencia concreta de la Revolución Cubana, se planteó, entre otros asuntos nodales, la cuestión de las relaciones entre los individuos y el estado bajo el socialismo, un asunto soslayado por la literatura soviética y del que nunca más, salvo excepciones se ha reflexionado con el enfoque correcto.

El presidente Díaz-Canel tiene razón al insistir en que las medidas entronizadas deberían desatar una riada de creatividad para su aplicación y un correlato de reflexiones teóricas y debates a escala social. La interrogante es cómo hacerlo cuando los mecanismos de comunicación social y de difusión de las ideas, en especial la prensa escrita, presentan un estado lamentable, debido a la consabida falta de recursos, aunque también al inmovilismo y la falta de imaginación y de audacia.

Todavía recuerdo cuando en 1993 Mario Vázquez Raña, personalidad mexicana, desde una posición solidaria y no de negocios, propuso comprar acciones en Prensa Latina entonces económicamente quebrada. La propuesta se trasladó al Partido donde se dijo: “Ni soñar con eso”. Años después, se presentó la idea de convertir a Bohemia que llegó a ser la más importante revista en lengua española y hoy está prácticamente extinguida, en una empresa autofinanciada y otra vez no se avanzó, no porque no se pudiera sino porque no se quiso. El inventario de oportunidades perdidas sería enorme.

Acompañar al presidente y al Partido y preservar la unidad es un deber revolucionario pero la unidad se ha de forjar sobre ideas correctas. Allá nos vemos.

Julio de 2026. Publicado por el diario ¡Por esto! Al reproducirlo indicar la fuente

miércoles, 1 de julio de 2026

Nuevas reglas para el sector empresarial cubano. Te contamos qué significan en la práctica y cómo prepararte

 Por Oniel Diaz Catellanos, AUGE


En junio de 2026, el gobierno cubano aprobó un paquete de 176 transformaciones económicas y sociales. No es un plan de desarrollo en tiempos de bonanza. Se implementa en el peor contexto posible.

El documento original, de más de 40 páginas, supone un esfuerzo descomunal. No es realista pensar que todo puede implementarse de una vez. Es previsible que el gobierno priorice las modificaciones que eliminan prohibiciones y abren espacios, por su menor costo político. Lo más complejo y estructural —como la transformación de empresas estatales en sociedades anónimas, la creación de banca privada o la implementación del IVA— demorará más tiempo.

El vice primer ministro Oscar Pérez-Oliva ha avanzado que un grupo de reformas quedará implementado en los próximos treinta días, en temas como actores económicos, administración central del Estado, energética, recuperación agrícola, precios, ámbito laboral y salarial, comercio y servicios, y la dolarización parcial de la economía. Según se comentó en el recién concluido XXII Congreso de la Central de Trabajadores de Cuba, antes de que concluya julio deben publicarse varias regulaciones.

AUGE ha decidido destacar aquellos cambios que consideramos más importantes para la empresa y el sector privados. No se trata de un resumen exhaustivo de las 176 medidas, sino de una selección basada en nuestra experiencia acompañando a emprendedores y empresas en los últimos años. Hemos priorizado aquellos cambios que, por su alcance, su impacto potencial o su capacidad de generar nuevas dinámicas, merecen estar en el centro de la conversación.

Pero las medidas no pueden leerse sin tomar en cuenta el terreno en el que se emiten. Es de esperar que se vean dos distancias importantes: la que existe entre los discursos políticos y las normas que finalmente se publican, y la que existe entre esas normas y la manera en la que se aplican en la práctica. La primera es habitual, pero en Cuba adquiere un peso especial porque el discurso oficial tiende a presentar los cambios como más amplios de lo que luego reflejan los textos legales.

La segunda es aún más decisiva: la letra de la norma no siempre se traduce en una aplicación uniforme, porque los funcionarios locales encargados de ponerla en práctica tienen márgenes de interpretación que pueden acelerar, frenar o desvirtuar lo que dice el papel.

El éxito de estas transformaciones dependerá tanto de la calidad de las normas como de la manera en que los funcionarios de base las entiendan y las apliquen. Y ahí, la experiencia dice que los procesos suelen ser más lentos, más burocráticos y más desiguales de lo que los comunicados oficiales anuncian.

Las transformaciones clave

El primer gran cambio afecta a la inversión extranjera. La medida 119 estimula la participación de inversión extranjera en empresas privadas y cooperativas, mediante la creación de empresas mixtas y contratos de asociación económica internacional. Un fondo español, un inversor de la diáspora o una empresa extranjera puede comprar una participación en tu empresa, pero eso exige un proceso complejo: due diligence, valoración de activos, estructuración del joint venture y aprobación ante MINCEX.

El riesgo es que los extranjeros, con mayor capacidad financiera y tecnológica, desplacen a los locales o se aprovechen de su asimetría de información. El proceso es complejo y costoso, y las empresas locales sin preparación pueden salir perdiendo.

El segundo gran cambio es la reducción de actividades prohibidas. La medida 27 reduce la lista de actividades prohibidas para los actores económicos no estatales. Sectores antes vedados —agro, energía, financiero, turismo— se abren a nuevos actores. Puedes entrar en negocios que antes te estaban vedados, pero esta apertura también permite la entrada de grandes actores internacionales y locales con mucha mayor capacidad de inversión y escala, si cambiase eventualmente la relación entre Cuba y los Estados Unidos.

El pequeño emprendedor que intente competir en energía o banca probablemente será barrido. La apertura beneficia a quienes ya tienen capital, contactos y capacidad de gestión. Para el resto, puede significar competencia y desaparición.

El tercer cambio relevante es la apertura bancaria y financiera. El paquete incluye medidas ambiciosas: ampliación de instituciones bancarias y no bancarias con capital privado (84), apertura de cuentas en divisas sin autorización previa (86), nuevos productos crediticios y recuperación del crédito bancario (89, 92), y creación de un mercado cambiario digital con casas de cambio privadas y sistema de subastas (99).

En teoría, más acceso al crédito y a las divisas. Puedes abrir cuentas en USD sin pedir permiso y acceder a préstamos de nuevos bancos privados. Pero la banca privada seguramente concentrará sus servicios en clientes grandes y rentables.

Las Mipymes pequeñas seguirán teniendo dificultades para acceder a crédito. Además, la devaluación (medida 100) encarecerá los costos en divisas, y el crédito en moneda extranjera puede volverse impagable si tus ingresos están en pesos.

El cuarto cambio es la eliminación del tope de 100 trabajadores. La medida 20 elimina el límite que hasta ahora tenían las Mipymes. Las empresas que superen esa cifra se clasificarán como «empresas privadas». Puedes escalar sin barrera legal, pero crecer implica rediseñar tu estructura organizativa, manuales de funciones, políticas de compensación y clima laboral. El crecimiento implica mayores costos y riesgos que no todas las empresas pueden asumir.

El quinto cambio permite que una persona sea titular o socio de múltiples empresas. Las medidas 21 y 23 establecen que la ley ya no obliga a concentrar todos los negocios en una sola figura. Una misma persona natural puede ser titular de varias empresas privadas y tener participación accionaria en más de una.

Puedes diversificar riesgos y aprovechar distintos nichos sin necesidad de cambiar de socio o crear estructuras complejas, abriendo la puerta a holdings personales. Pero la diversificación mal gestionada puede diluir tu enfoque y tu capital. Tener tres negocios no es mejor que tener uno bien gestionado.

El sexto cambio introduce nuevas formas societarias: llegan las Sociedades Anónimas. La medida 22 amplía las formas bajo las que pueden organizarse las empresas privadas, incluyendo las sociedades anónimas por acciones. Una Mipyme puede convertirse en S.A., emitir acciones y captar capital de inversionistas sin ceder el control total. Pero la S.A. implica mayores requisitos de gobierno corporativo, transparencia y cumplimiento fiscal. No es un paso que deba darse a la ligera, y si la regulación es compleja, podría desincentivar a muchos.

El séptimo y más ominoso cambio es la devaluación anunciada. La medida 100 establece devaluaciones sucesivas de la moneda nacional. Las empresas que no soporten la devaluación serán liquidadas. El peso perderá valor frente al dólar de forma continuada y los precios internos subirán. Si tus costos están en divisas y tus ingresos en pesos, tu margen se comprime hasta desaparecer. Muchas empresas quebrarán.

Cuando hay aperturas y liberalizaciones, suele batir el optimismo. Es natural: la promesa de nuevas oportunidades, de espacios antes vedados, de reglas más flexibles, genera expectativas. Pero es necesario verlo con pragmatismo. Lo que realmente está cambiando es el terreno de las condiciones de operación. Y en todo cambio de terreno, hay quienes saben adaptarse y quienes quedan fuera. No es fatalismo, es realismo: el éxito no estará repartido por igual. La capacidad de adaptación, el acceso a información y la preparación técnica marcarán la diferencia entre quienes logran aprovechar las grietas que se abren y quienes quedan atrapados en las que se cierran.

Es importante recordar lo que NO cambia. El bloqueo de EE.UU. sigue intacto. Ninguna medida cubana puede eliminar las sanciones que dificultan las transacciones internacionales.

Entonces, ¿qué hacer?

No se trata de reaccionar, sino de construir un proceso. Te proponemos cuatro pasos prácticos.

Primero, haz un análisis interno. Antes de mirar al mercado, mira tu propia empresa. Calcula tu exposición cambiaria: desglosa tus costos fijos y variables en moneda nacional y en divisas. Si el descalce es grande —ingresos en pesos, costos en dólares—, esa es tu primera alerta roja. Evalúa también tu estructura de capital: ¿dependes de un solo socio? ¿Tienes acceso a crédito? ¿Tu objeto social refleja todas las actividades que realmente realizas? Este diagnóstico interno es la base de cualquier decisión.

Segundo, estudia las normas. Las medidas se publicarán escalonadamente. No especules: lee los textos legales cuando aparezcan en la Gaceta Oficial. No te quedes con los titulares de prensa ni con los comunicados políticos. Identifica qué cambios afectan directamente a tu negocio y cuáles son solo ruido. Si te dedicas al comercio, la medida 117 (eliminación de topes de precios) te importa más que la 104 (IVA), al menos por ahora. Prioriza.

Tercero, evalúa oportunidades y riesgos en dos frentes específicos. Sobre la reducción de actividades prohibidas: elabora una lista de los sectores que se abren y pregúntate si tienes ventaja competitiva real para entrar en ellos. No es lo mismo tener experiencia en logística que querer montar una comercializadora de combustibles. Si no tienes ventaja, no entres solo porque la puerta se abrió. Sobre la inversión extranjera: si tu empresa puede recibir capital externo, prepárate con antelación. Ordena tus finanzas, limpia tu historial fiscal y documenta tus activos. Un inversor serio hará due diligence; si tus papeles no están en regla, perderás la oportunidad antes de empezar a negociar.

Cuarto, establece un plan de acción con hitos y responsables. No es un plan de negocios de 50 páginas, es un documento operativo de una o dos hojas con tres horizontes: qué vas a hacer en los próximos tres meses (supervivencia: ajustar precios, renegociar deudas, actualizar objeto social), en los próximos seis meses (preparación: evaluar conversión a S.A., explorar alianzas, estudiar el IVA), y en los próximos doce meses (estratégico: internacionalización, compra de activos, gobierno corporativo). Asigna a cada acción un responsable y una fecha de revisión.

El proceso de implementación de las 176 transformaciones se irá configurando progresivamente como un nuevo conjunto de elementos a considerar en la conducción de cualquier empresa. No son una varita mágica. El gobierno intentará avanzar rápido en lo que implica abrir espacios, pero lo estructural llevará tiempo, y el devenir de las conversaciones con Estados Unidos también puede influir en el ritmo y alcance de lo que finalmente se concrete. Las oportunidades se concentrarán en quienes tengan capital, contactos y capacidad de gestión; los demás quedarán fuera en un proceso de consolidación.

En AUGE no hacemos pronósticos grandilocuentes; hacemos análisis y planes. Llevamos años acompañando a emprendedores en escenarios complejos y sabemos que el éxito no depende solo de las leyes, sino de la capacidad de adaptación y de una estrategia realista.

Estas transformaciones son solo el comienzo. En los próximos meses veremos regulaciones, interpretaciones y aplicaciones que definirán el juego real. En AUGE seguiremos analizando y compartiendo. Si quieres que te acompañemos en tu caso particular, sabemos cómo hacerlo.