sábado, 23 de septiembre de 2017

Cuba hará un pedido de cuatro catamaranes rusos

Una empresa cubana planea ordenar cuatro catamaranes de pasajeros de un astillero en San Petersburgo, informan medios rusos citando al director general de la empresa Vladímir Seredojo.

Los catamaranes son diseñados para transportar a 250 personas cada uno. Son hechos de un material compuesto, un polímero reforzado con fibra de carbono.
El catamarán de pasajeros forma parte del proyecto Grifón. Se supone que el barco sustituirá también a los Meteor, que desde la década de los 80 transportan a los pasajeros en el río Nevá en San Petersburgo.
El catamarán Grifón, gracias al uso de materiales compuestos, es más ligero que el Meteor, lo que lo convierte en un producto innovador que no tiene análogos en Rusia y además le proporciona la capacidad de navegar a distancias más largas.
Para Cuba, los nuevos barcos son idóneos, ya que el material no se somete a corrosión, subrayó Seredojo.
El barco fue diseñado por encargo especial del Ministerio de Industria y Comercio de Rusia. Es capaz de cubrir una distancia de hasta 1.000 km a una velocidad máxima de 55,5 km por hora. El catamarán puede ser operado a una altura de ola de hasta dos metros.
( Tomado de Sputnik)

viernes, 22 de septiembre de 2017

Blog de Humberto Herrera Carlés: La oportunidad que nos da Irma.

Blog de Humberto Herrera Carlés: La oportunidad que nos da Irma.: Por Humberto Herrera Carlés hhcarles@gmail.com Según los datos de la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI) el Huracán...

Convocados empresarios del mundo a foro de inversiones en Cuba (+Fotos)


Creado el Viernes, 22 Septiembre 2017 15:04 | Lissett Izquierdo Ferrer/ Foto: Marcelino VÁZQUEZ HERNÁNDEZ
Presentación del Segundo Foro de Inversiones, en el Palacio de las Convenciones, en La Habana, el 22 de septiembre de 2017. ACN FOTO/Marcelino VÁZQUEZ HERNÁNDEZ
La Habana, 22 sep (ACN) Con el objetivo de hacer más efectivos los vínculos con los empresarios foráneos y acelerar la concreción de negocios, Cuba realizará el II Foro de Inversiones, en el ámbito de la Feria Internacional de La Habana, Fihav 2017, prevista del 30 de octubre al 3 de noviembre.

   En conferencia de prensa efectuada hoy en esta capital, Déborah Rivas, directora general de Inversión Extranjera, del Ministerio del Comercio Exterior y la Inversión Extranjera (Mincex), comentó que ese espacio sesionará el 31 de octubre y el 1ro. de noviembre en el recinto Expocuba, sede habitual de la mayor bolsa comercial del país.

Déborah Rivas Saavedra, directora general de Inversión Extranjera del Ministerio de Comercio Exterior e Inversión Extranjera (Mincex), durante su intervención en la presentación del Segundo Foro de Inversiones, en el Palacio de las Convenciones, en La Habana, el 22 de septiembre de 2017. A su lado Roberto Verrier, director de ProCuba. ACN FOTO/Marcelino VÁZQUEZ HERNÁNDEZ
Rivas explicó que en la inauguración del foro Rodrigo Malmierca, titular del Mincex, presentará oficialmente la cuarta actualización de la Cartera de Oportunidades de Cuba, la cual contempla más de 400 proyectos en sectores clave para el desarrollo socioeconómico de la nación.  

   De acuerdo con la directiva, la agenda del evento incluye reuniones bilaterales entre empresarios cubanos y foráneos, oportunidad idónea para profundizar los vínculos e incrementar los intercambios, en pos de reducir los plazos -aún demorados- para la concreción de nuevos negocios.

   Refirió que en el primer foro, efectuado el año pasado, se desarrollaron más de 150 encuentros entre compañías nacionales y extranjeras, y dijo que algunos fructificaron en proyectos que ya se han constituido durante el calendario en curso.

   Se conoció que los sitios digitales www.foro.feriahavana.com y www.feriahavana.com facilitarán a los interesados concertar hasta el 20 de octubre citas con sus contrapartes cubanas.  

   En la rueda de prensa se destacó que en Fihav 2017 participarán expositores de más 60 naciones, y se espera la asistencia de importantes delegaciones oficiales y empresariales.  

   Fihav constituye la bolsa comercial multisectorial de mayor concurrencia en el país, y una de las principales de América Latina y el Caribe, reflejo del prestigio alcanzado por Cuba en el ámbito internacional.

Limitan venta de productos en red de comercio minorista

Por Roberto Alfonso Lara -22 septiembre, 2017


Mercado Cartoqui, en Cienfuegos./Foto: Juan Carlos Dorado

El Grupo Empresarial de Comercio en Cienfuegos limitó la venta de productos de alta demanda por la población en la red de mercados minoristas, con el objetivo de reducir las afectaciones por la carencia de abastecimientos, tras el negativo impacto del huracán Irma a la economía nacional.

Tal decisión responde a indicaciones del Consejo de Defensa Provincial y fue discutida por representantes del Gobierno en la región centro sur de Cuba. La medida busca evitar el “acaparamiento y la especulación, lo cual origina molestias, desconfianza e inseguridad” en la ciudadanía.

El expendio de materiales de la construcción —precisaron funcionarios de Comercio— solo se pondrá al alcance de los afectados por “Irma” y de los favorecidos con subsidios hasta la fecha.

Unos 50 productos destinados a la alimentación y aseo personal fueron incluidos en la política de racionamiento. Todavía los directores municipales tienen la potestad de sumar otros si así lo consideran, aunque las cantidades máximas aprobadas por consumidor son invariables. Los trabajadores por cuenta propia deberán presentar documentos de su estatus legal al momento de efectuar la compra.

Violar dicha disposición será considerado una falta grave, señala Joel Castillo Fuentes, director del Grupo Empresarial de Comercio en Cienfuegos. En consecuencia se aplicarán las medidas correctivas y procederá la denuncia ante las autoridades pertinentes.

A continuación relacionamos algunos de los productos racionados



http://www.5septiembre.cu/limitan-venta-de-productos-en-red-de-comercio-minorista/

Cuba ante la ONU: "Donald Trump tergiversa la historia" (VIDEO)

Publicado: 22 sep 2017 16:19 GMT | Última actualización: 22 sep 2017 17:13 GMT
El ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Eduardo Rodríguez Parrilla, ha pronunciado un discurso en el marco del debate general de la 72.ª sesión de la Asamblea General de la ONU.
Cuba ante la ONU: "Donald Trump tergiversa la historia" (VIDEO)

Shannon Stapleton / Reuters
El ministro de Exteriores de Cuba, Eduardo Rodríguez Parrilla, ha pronunciado este viernes un discurso en el marco del debate general de la 72.ª sesión de la Asamblea General de la ONU. La intervención del canciller ha tenido lugar durante la cuarta jornada de los debates que se celebran en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York, EE.UU.
En primer lugar, el canciller ha querido expresar su pésame por las víctimas mortales y los damnificados por los desastres naturales en el Caribe y en EE.UU. Asimismo, ha llamado a la comunidad internacional a movilizar todos los recursos para ayudar a la población de las zonas dañadas por los fenómenos naturales.
Asimismo, se ha referido a la crisis migratoria, calificando de "ineficaz" y "cruel" la construcción de muros y de barreras para prevenir la llegada de inmigrantes.

"Los Estados miembro de la OTAN atentan contra la paz y la soberanía de otros países"

En relación a la nueva Administración de EE.UU., el canciller cubano ha declarado que el presidente Donald Trump "tergiversa la historia". Trump "manipula los conceptos de la soberanía y de seguridad en su exclusivo beneficio", ha criticado Rodríguez Parrilla. "El patriotismo del discurso de EE.UU. encarna una visión supremacista de intolerancia", ha agregado.
Cuba "lamenta" la decisión del mandatario estadounidense de sacar su país —"el principal emisor de gases de efecto invernadero"— del Acuerdo de París sobre el cambio climático, subrayó el canciller.
Eduardo Rodríguez Parrilla, ministro de Exteriores de Cuba
Donald Trump manipula los conceptos de soberanía y de seguridad en su exclusivo beneficioEduardo Rodríguez Parrilla, ministro de Exteriores de Cuba
Los patrones del capitalismo son "irracionales" y "conducen a la destrucción del medio ambiente y la especie humana", ha agregado. Asimismo, el jefe de la diplomacia cubana ha acusado a los Estados miembro de la OTAN de "atentar contra la paz y la soberanía" de otras naciones.
Asimismo, se ha referido a la tensión generada en torno al programa nuclear de Corea del Norte, recalcando que La Habana apoya "la desnuclearización total" de la península coreana".

La visión de La Habana sobre América Latina

Imagen ilustrativa / Alexandre Meneghini / Reuters
"Nuevas amenazas se ciernen sobre América Latina y el Caribe", ha asegurado el canciller, que también se refirió a la situación que vive Venezuela, afirmando que "la agresión y la violencia golpista" contra ese país "dañan a toda América Latina". "Rechazamos enérgicamente la amenaza militar contra Venezuela", recalcó. "Reiteramos la solidaridad con el Gobierno bolivariano y chavista y el pueblo y presidente constitucional Nicolás Maduro", dijo.
Eduardo Rodríguez Parrilla, ministro de Exteriores de Cuba
Rechazamos enérgicamente la amenaza militar contra Venezuela. Reiteramos la solidaridad con el Gobierno bolivariano y chavista y el pueblo y el presidente constitucional Nicolás MaduroEduardo Rodríguez Parrilla, ministro de Exteriores de Cuba
Asimismo, expresó en nombre de su país su solidaridad con el expresidente brasileño Lula Da Silva, al que calificó de "víctima de la persecución política".
Cuba "condena enérgicamente" las declaraciones "irrespetuosas" realizadas por Donald Trump, ha insistido en referencia al discurso del mandatario en la ONU. Según Rodríguez Parrilla, el presidente estadounidense "no tiene le menor autoridad moral" para acusar al país isleño.

Desastres Naturales y Crecimiento Económico


Mientras escribo ésto el huracán Irma, una de las mayores tormentas jamás registradas, ha causado ya un elevado número de fatalidades y grandes destrozos en su paso por el caribe y Florida. Sólo unos días antes, el huracán Harvey provocó inundaciones espectaculares que obligaron a desalojar varias zonas de Texas y paralizaron durante días la ciudad de Houston. Y justo hoy viernes, cuando escribo esto, un terremoto de fuerza 8,2 acaba de sacudir el sur de México. Me ha parecido pues un buen momento para escribir una breve entrada sobre las consecuencias económicas de estos eventos en el medio y largo plazo.

Aunque a priori podría pensarse que es obvio que los desastres naturales deberían tener un efecto negativo en el PIB per cápita de un país, esto no es necesariamente cierto ni desde un punto de vista teórico ni empírico. Por ejemplo, en modelos de crecimiento económico Schumpeterianos de destrucción creativa, shocks negativos tienen un efecto positivo en la economía ya que son catalizadores de nueva inversión y de una mejora de las infraestructuras de un país (ver aquí).

Sin embargo, como en la mayoría de los estudios sobre los determinantes del crecimiento económico, medir el impacto de los desastres naturales es complicado. El motivo es que el efecto de estos shocks (aunque sean los shocks por sí mismos sean bastante aleatorios) suele ser mayor en economías que ya eran más pobres inicialmente. Esto hace que, en estudios econométricos de sección cruzada, la estimación del efecto esté sesgada al alza, debido al bien conocido problema de variables omitidas (ver aquí). El uso de series temporales alivia un poco este problema, pero no lo soluciona de forma efectiva.

Una solución es estudiar eventos de gran destrucción que ocurrieron de manera bastante inesperada y aleatoria. El trabajo de este tipo más conocido es el de Donald Davis y David Weinstein (ver aquí). Este estudio analiza el impacto de las bombas atómicas lanzadas sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki en 1945. Su principal hallazgo es que ambas ciudades se recuperaron muy rápidamente del shock, al menos en términos de población: en apenas 15 años, estas ciudades volvieron a su posición relativa en la distribución de ciudades japonesas, como se ve claramente en este gráfico:

El problema con este estudio y otros parecidos (ver aquí) es que son muy específicos en cuanto a que se refieren a episodios aislados y (esperemos) irrepetibles. Además, por razones obvias, a nadie se le ocurriría catalogar estos shocks como “desastres naturales”.

Un reciente trabajo de Eduardo Cavallo, Sebastian Galiani, Ilan Noy, y Juan Pantano, (ver aquí) analiza el impacto de shocks negativos que, aunque mucho menos devastadores que una bomba atómica, suceden más a menudo, como por ejemplo los huracanes o terremotos. Para solucionar el problema de que algunos países son más susceptibles a estos shocks que otros (y no sólo por razones geográficas sino también económicas) la estrategia que utilizan es crear lo que se ha venido a llamar como cohortes sintéticas. Esta brillante idea fue inventada por dos economistas españoles, Alberto Abadie y Javier Gardeazábal hace ya algunos años en un famoso trabajo sobre el impacto del terrorismo de ETA en el País Vasco (ver aquí). La idea consiste en construir un grupo sintético de control, es decir, usar como grupo de control en el análisis una serie de países que no han sido afectados por ningún desastre natural pero que son muy parecidos a los países afectados, lo que permite estimar el efecto causal de estos shocks negativos.

El estudio de Cavallo y sus coautores usa datos sobre 196 países desde 1970 a 2008, aunque su análisis se centra sólo en desastres naturales que ocurrieron antes de año 2000, considerando desastre natural cualquier evento (natural, es decir ataques terroristas o guerras no están incluidos en la definición) que satisfaga uno de los siguientes criterios: diez o más personas fallecidas, 100 personas afectadas, declaración de estado de emergencia, o llamada a la asistencia internacional. Los desastres analizados se centran en terremotos (incluyendo tsunamis), inundaciones, y huracanes. Además, sus datos permiten medir la severidad del desastre con información sobre el número de fatalidades y daños directo en dólares. El estudio solamente estudia grandes desastres, definidos como desastres cuyas magnitudes se encuentran en el percentil 75 (o mayor) de la distribución de severidad. Un reciente ejemplo de un desastre de este tipo es el terremoto de Haití en 2010 que causó más de 20,000 muertes por un millón de habitantes. El huracán Katrina, por ejemplo, también se considera un gran desastre, a pesar de que solamente 7 personas por cada millón de habitantes perecieron en él.

Los resultados de este estudio muestran que, solamente desastres de grandes proporciones tienen un impacto negativo en el PIB per cápita de un país tanto en el corto como en el largo plazo. Por ejemplo, diez años después de un gran desastre natural, el PIB per cápita promedio en los países afectados es un 10% más bajo que antes del desastre, mientras que, en países similares que no sufrieron el shock hubiera sido un 18% mayor. El siguiente gráfico resume este resultado para los mayores desastres de la muestra, con la línea con círculos representando los países afectados por estos desastres y la línea con triángulos representando el resto de países similares, pero no afectados por ellos.


Sin embargo, los autores muestran como estos sustanciales efectos se explican, en gran parte, por eventos posteriores a los desastres. En concreto, como se aprecia en el gráfico de abajo, el efecto negativo medio desaparece si uno elimina de la muestra dos revoluciones políticas radicales que tuvieron lugar justo después de dos grandes desastres (¿tal vez propiciadas por estos desastres?): la Revolución Islámica en Irán en 1979 y la Revolución Sandinista en Nicaragua en ese mismo año. Esto se aprecia claramente en este gráfico, que es el mismo que el anterior, pero excluye los dos desastres que precedieron a estas revoluciones (en ambos casos terremotos de gran magnitud que tuvieron lugar en estos países poco antes de las revoluciones).


En resumen, a pesar de los enormes costes para los afectados por desastres naturales (los efectos que podrían llamarse microeconómicos), la evidencia empírica parece indicar que, a nivel macroeconómico, estos efectos suelen ser temporales y relativamente pequeños. Esto no sugiere de ninguna manera que no sea conveniente invertir en políticas de prevención de estos desafortunados eventos ni escatimar recursos para ayudar a sus víctimas. Sin embargo, los cálculos del trabajo que he resumido ayudan a poner el coste macroeconómico real de estos eventos en contexto.




DAVID CUBERES

Es Doctor en Economía por University of Chicago (2005). Actualmente es Profesor Asociado en la Clark University. Sus campos de investigación son Urban Economics, desarrollo y crecimiento económico y la macroeconomía.

Nota HHC: ¿ En Cuba como podemos aprovechar esta oportunidad?

Irma en el tejado: desastres, pobreza y desarrollo en Cuba

Por: Pedro Monreal González.



Irma, Sandy, Mathew y otros, han sido fenómenos naturales, pero la calamidad que han causado no puede ser únicamente calificada como un desastre natural. Lo que casi siempre deja tras su paso un ciclón tropical es el agravamiento de un desastre social previo: la pobreza.
Un huracán como Irma pone al descubierto -de manera súbita y dramática- algo que se conoce que existe, pero sobre lo que no se divulgan cifras oficiales y que apenas se menciona en los documentos guías de la visión de desarrollo de Cuba: una presumible situación de pobreza que se relaciona con una probable desigualdad de la distribución de la riqueza y de los ingresos.
Extraoficialmente, investigadores cubanos estimaron en 2013 -en un libro compilado por FLACSO Cuba- que uno de cada cuatro ciudadanos se encontraba en una situación de pobreza en el país, mientras que la última vez que se calculó oficialmente la desigualdad, en 1999, esta había crecido aceleradamente hasta alcanzar un coeficiente de Gini de 0,407, una cifra que hace casi 20 años ya era preocupante. Ambos indicadores pudieran haber empeorado, pero eso no lo podemos saber con certeza.
El hecho de que oficialmente no se conozca su medición, no significa que no exista pobreza y desigualdad en Cuba. El hecho de que ambas cosas se soslayen en los documentos oficiales no implica que no sean temas cruciales para poder superar el subdesarrollo.
Las políticas estatales encaminadas a evitar y contener el agravamiento de las consecuencias negativas de un evento natural sobre los ciudadanos pobres son encomiables, sobre todo cuando funciona con relativa efectividad, como es el caso de Cuba. Sin embargo, esas políticas no modifican las condiciones estructurales que causan la pobreza y que la convierten en el eslabón social más débil de la “gestión para la reducción de riesgos”.
La naturaleza juega con dados “cargados”
Si existe una lección importante de los cataclismos naturales, ratificada hasta la saciedad por miles de informes oficiales y estudios académicos realizados en todo el mundo, es que las consecuencias negativas de esos siniestros -sean estos huracanes, inundaciones, terremotos o tsunamis- afectan mayormente a los pobres.
Hay un par de libros que explican muy bien el asunto, a partir del estudio de casos. The Shock Doctrine (2008) de Naomi Klein, explica cómo las catástrofes abren las puertas a algo que la autora denomina “capitalismo del desastre” y que consiste en el beneficio comercial que las compañías obtienen del caos. El otro libro es The Disaster Profiteers: How natural disasters make the rich richer and the poor even poorer (2015), de John C. Mutter, cuya tesis básica es que los desastres conllevan a una afectación general, pero que mientras que los ricos están protegidos gracias a su riqueza, e incluso pueden aprovecharse del desastre para hacer más dinero, la exclusión social hace que los pobres lleven siempre la peor parte.
Paso del Huracán Irma por Punta Alegre, Ciego de Ávila. Foto: Yander Zamora
La pobreza coloca a determinados grupos de ciudadanos en una situación de fragilidad social que los hace muy vulnerables ante cualquier evento negativo, sea natural o humano. La pobreza también dificulta la “normalización” de la vida del pobre una vez que la naturaleza vuelve a la calma. Por lo regular, la vida “post-desastre” del pobre se torna aún más precaria. Esto es aplicable en la comparación entre distintos países y es muy evidente al interior de cada nación.
Por tanto, no hay nada “natural” en el hecho de que un huracán se ensañe con los pobres, ni es algo “natural” que quienes demoren más en “recuperarse” -si es que ello ocurriese- sean las personas y grupos sociales en situación de pobreza. Eso ha ocurrido en Nueva Orleans, Puerto Príncipe, Katmandú, Leyte, Mumbai o en La Habana. También parece haber sucedido recientemente en Remedios, Punta Alegre, Caibarién, Isabela de Sagua y otros lugares.
La evaluación preliminar de daños sobre los efectos de Irma en las viviendas y techos parece indicar la correlación que pudiera existir entre la pobreza y el impacto social desigual del huracán. Las autoridades informaron que “las mayores afectaciones provocadas por el huracán se concentran en la vivienda, sobre todo en los techos. Aun cuando no se tienen los datos exactos de los daños ya se trabaja en la ayuda a los damnificados, para lo cual las fábricas de cemento y de tejas de asbestocemento se encuentran produciendo a toda capacidad. A este empeño se sumará en los próximos días la fábrica de tejas infinitas de Camagüey”. Ver, “Reconoció Raúl arduo trabajo desplegado en el país tras el paso del huracán Irma”, Granma, 14 de septiembre de 2017.
La medición de la pobreza es un asunto complejo y controversial, particularmente por su naturaleza multidimensional. El estado de la vivienda es precisamente uno de los parámetros que se toman en cuenta para medir la pobreza en numerosos estudios. Sin dudas, el estado de la vivienda desempeña un papel importante en la determinación de las condiciones materiales de vida que influyen en la calidad de vida de las personas.
Han logrado construirse sistemas estadísticos que miden el nivel de deprivación material en relación con el hábitat. Se tienen en consideración tres aspectos objetivos: la existencia de problemas estructurales en la vivienda (techos con filtraciones, paredes húmedas, etc.); hacinamiento; y existencia de instalaciones sanitarias.
Tan importante es para la medición de la pobreza el estado de la vivienda, en particular de los techos, que se han diseñado técnicas de muestreo para hacer estimaciones de pobreza mediante observación simple de la vivienda, y simultáneamente se ha estado haciendo un creciente empleo del procesamiento de imágenes satelitales con el mismo objetivo.
Derrumbe de un edificio en La Habana Vieja. Foto tomada de Cubadebate (Oriol de la Cruz)
En el caso de Cuba, donde -como se ha indicado antes- no se publica la medición oficial de pobreza, se conoce que solamente el 61 por ciento de las viviendas se encuentran en buen estado. Esto permite inferir que el restante 39 por ciento de las viviendas que se clasifican como en “regular y mal estado”, pudieran expresar un nivel aproximado de deprivación material en relación con un componente clave de la medición de la pobreza. Ver, “El desafío de la vivienda en Cuba”, Cubadebate, 2 julio 2013.
Aunque no puede afirmarse con certeza que la población que vive en ese 39 por ciento de las viviendas es pobre, pudiera deducirse que esas personas se encuentran en un estado de deprivación material que los colocaría en desventaja respecto a otros sectores de la población, algo que se agudiza en situaciones de un evento climático extremo.
No resulta irracional asumir que una mayor efectividad de la “gestión para la reducción de riesgos” en Cuba sería directamente proporcional a la reducción de los niveles de pobreza, especialmente en cuanto a la disminución del componente de deprivación material relativo a la vivienda. Un ciclón en Cuba, sin ese 39 por ciento de viviendas malas y regulares, tendría un impacto social distinto al que tiene en la actualidad.
De la emergencia a la transformación económica y social
Queda claro que en Cuba la prioridad inmediata “post-Irma” ha sido una serie de acciones que han abarcado desde la reactivación de la infraestructura y los servicios básicos (transporte, electricidad, agua potable, sanidad pública, y comunicaciones) hasta la atención especial a las personas y familias particularmente afectadas, pasando por soluciones temporales de alimentación y de hábitat. También se ha prestado atención a la reducción de pérdidas de las cosechas y a la recuperación de los activos que pueden generar divisas en plazos inmediatos, como ha sido el caso del turismo.
No obstante, lo ocurrido también debe ser valorado desde una perspectiva más amplia y de largo plazo, específicamente desde la óptica del proceso de desarrollo.
Labor de la Defensa Civil de Cuba tras el paso del Huracán Matthew (Foto: AFP)
En el terreno del enfrentamiento a huracanes y la recuperación posterior, la capacidad del gobierno cubano ha sido tradicionalmente reconocida por organismos internacionales, gobiernos y especialistas. También Cuba ha sido elogiada por su gestión en el caso de Irma. No ha sido un manejo impecable, pero raramente una gestión de desastres lo es.
Se ha experimentado un gran sufrimiento humano y han existido deficiencias, pero el hecho comprobable es que, aunque los perjuicios han sido palpablemente muy considerables, ha funcionado un plan de contingencia, los daños fueron aminorados, la recuperación funciona, y de ninguna manera el deterioro es “terminal”.
Ciertamente habrá que lidiar con secuelas de magnitud. Probablemente la economía cubana decrezca por segundo año consecutivo y se registre un retroceso en el nivel de vida de una parte de la sociedad, pero no hay evidencias que permitan vislumbrar el tipo de quiebra económica y de hecatombe social que parece estar pronosticándose en otros territorios afectados directamente por Irma, como sido el caso de Islas Vírgenes Británicas y San Martin, espacios bajo jurisdicción de tres de los países más desarrollados de Europa (Reino Unido, Francia y Holanda) donde incluso el manejo inicial de la emergencia ha sido deficiente.
Respecto a Cuba, cabe hacer dos precisiones puntuales. Primero, la gestión de la emergencia y de la recuperación se ha apoyado básicamente en recursos materiales y humanos propios. En segundo lugar, el esfuerzo nacional por evitar una posible catástrofe humanitaria asociada al ciclón, coincidió con el obsceno acto de renovación periódica del bloqueo económico y financiero de Estados Unidos contra Cuba.
No obstante, la llamada “gestión para la reducción de riesgos” no debe ser concebida como un mecanismo para responder únicamente a situaciones de emergencia, sino como un componente permanente, priorizado y visible de la estrategia de desarrollo nacional.
En ese sentido, se han dado importantes pasos, como es el caso del Plan de Estado para el enfrentamiento al cambio climático, denominado “Tarea Vida”, que fue examinado por el Parlamento cubano el pasado mes de julio. Sin embargo, llama la atención que ese Plan de Estado no se menciona en el documento “Conceptualización del modelo económico y social cubano de desarrollo socialista”, ni en el documento “Lineamientos de la política económica y social del partido y la Revolución para el periodo 2016- 2021”.
De hecho, el cambio climático apenas recibe un par de escuetas menciones en esos documentos, de manera que componentes claves de la “gestión para la reducción de riesgos” todavía distan mucho de tener el lugar que le corresponden en la estrategia de desarrollo.
Una de las posibles lecciones de Irma parecería ser la necesidad de “dar un salto” en este aspecto. Una Isla en medio de la trayectoria habitual de ciclones que parecen ser cada vez más frecuentes y potentes tiene la necesidad de “incrustar” la “gestión para la reducción de riesgos” climáticos en su estrategia de desarrollo. El país cuenta con el conocimiento científico y la capacidad técnica para ello. Es cuestión de saber aprovecharlo.
Los desastres como oportunidades: repensando la relación vivienda-pobreza-desigualdad en Cuba
Los desastres tienen el potencial de funcionar como “momentos políticos” que rompen las inercias que limitan el necesario cambio económico y social. El ciclón Irma parece haber revelado, de manera cruda, la nulidad de la actual estrategia para mejorar el fondo habitacional del país.
Debido a la relación que existe entre la reducción de la pobreza y la disponibilidad de viviendas que cuenten con habitabilidad adecuada, las políticas para aumentar el fondo habitacional son cruciales en cualquier estrategia de desarrollo nacional. Esto es bien conocido, aunque a veces parece no concedérsele la prioridad que debería tener.
En el caso de Cuba, la habitabilidad ha sido oficialmente definida como “la aptitud de una vivienda para ser habitada, garantizando la satisfacción de sus ocupantes. Para ello, la vivienda debe ofrecer protección contra el medio exterior; contribuir a preservar y mantener la salud de las personas, así como su higiene y la de la propia vivienda (abasto de agua, evacuación de residuales, terminaciones superficiales), y garantizar las condiciones espaciales y ambientales requeridas para el desarrollo de las actividades propias de la vida privada y familiar”. Ver, “Norma Cubana 641-2008 de Edificaciones -Viviendas Sociales Urbanas-Requisitos funcionales y de habitabilidad”.
La existencia de problemas relativamente extendidos de habitabilidad presenta un escollo para la reducción de la pobreza y de la desigualdad, insuficiencias que deben ser resueltas para que el país pueda acceder al desarrollo.
En ese sentido, las políticas actuales para la solución del problema de la vivienda en Cuba parecen estar descarriladas: el déficit anual de viviendas crece más rápido que las nuevas viviendas terminadas (30 mil frente a 22 mil). Ver, “Construcción en Cuba. Indicadores seleccionados. Enero – diciembre 2016”. ONEI.
Asumiendo que se intentase resolver para el año 2030 el déficit de viviendas –calculado en 883 mil a fines de 2016- se necesitaría reducir a cero el incremento anual del déficit y, además, alcanzar un ritmo de crecimiento promedio anual de 1,5 por ciento en la terminación de viviendas. En realidad, el supuesto relativo a la posibilidad de reducir a cero el incremento anual del déficit es una premisa con pocas posibilidades de materialización. Se ha adoptado aquí para simplificar los cálculos. Ver, “Diputados analizan los problemas de la vivienda en Cuba: Insuficiencias a pie de obra”, Cubadebate, 12 julio 2017.
Ello equivaldría a que en el primer año habría que aumentar el fondo de viviendas en unas 57 mil unidades, o sea, más del doble de las viviendas que se terminan anualmente en estos momentos.
Si, en cambio, se mantuviese el ritmo actual de terminaciones anuales de viviendas (unas 22 mil que representan una tasa de crecimiento anual del 0,58 por ciento del fondo habitacional) y se asumiera que se reduce a cero el incremento anual del déficit, serían necesarios 36 años para resolver el problema. Obviamente, plantearse una estrategia que adopte como meta temporal el año 2053 para resolver el déficit habitacional tiene muy poca “tracción” política.
Foto: Miguel Febles Hernández/Granma
Es plausible asumir, a falta de datos precisos, que la mayoría de esas nuevas viviendas serían ocupadas por ciudadanos que hoy clasificarían como pobres, situación en la que actualmente se encontrarían, entre otros factores, precisamente porque presentarían un alto nivel de deprivación material en un componente clave de la pobreza.
Expresado de otra manera: la superación de la pobreza en Cuba depende, en grado considerable, de la solución del déficit habitacional, algo para lo que sería necesario una política distinta a la actual. Obviamente, la identificación de fuentes de financiamiento sería parte de la nueva política.
Adicionalmente, el incremento del fondo de viviendas tendría un impacto positivo en la reducción de la desigualdad. Es decir, que además de reducir la pobreza también pudiera disminuir la distribución desigual de riqueza que existe en el país. No nos referimos aquí a la desigualdad de la distribución de ingresos (salario, pago por rendimiento, ganancia, distribución de utilidades, remesas, etc.) sino a la distribución de la riqueza, entendida aquí como activos financieros (ahorro en forma de efectivo, cuentas bancarias), bienes físicos de valor (automóviles, medios de producción, obras de arte, joyas, etc.) y vivienda.
No existen datos concretos, pero es razonable asumir que quienes pudieran ser considerados como “ricos” en Cuba presumiblemente acumularían una proporción relativamente alta de las dos primeras formas de riqueza (activos financieros y bienes físicos de valor), pero tendrían una concentración comparativamente menor de la riqueza en forma de vivienda.
La razón para ello es que, en el caso de Cuba, aproximadamente el 80 por ciento de las viviendas se encuentra en régimen de propiedad individual y están usualmente habitadas por sus propietarios. Es decir, la vivienda tiende a funcionar en Cuba como un factor de dispersión de la propiedad sobre un bien relativamente valioso como la vivienda, un bien que para muchas familias cubanas es la principal forma de riqueza material que poseen.
Obviamente, el valor individual de esas viviendas es menor que el valor que pudieran tener las viviendas que son propiedad de quienes no son pobres, pero, en cambio, el número de las viviendas modestas es muy amplio y, tomadas de conjunto, representan una riqueza considerable.
Es por ese motivo que un aumento en la construcción de viviendas –por ejemplo, 57 mil unidades anuales- y un crecimiento de la reparación del fondo habitacional que hoy se clasifica como en estado constructivo “regular y mal”, deberían contribuir a reducir la desigual distribución de riquezas en Cuba.
Un programa acelerado de construcción y reparación de viviendas incrementaría la dispersión de una forma de riqueza (vivienda), a favor de muchas familias que hoy apenas cuentan con riqueza material.
Reconstruir mejor: una cuestión política
El estudio de las conexiones sociales de un evento climático como Irma debe concederle un papel crucial al análisis de largo plazo.
Es comprensible que en los primeros momentos predomine la atención a la catástrofe inmediata, pero lo que resulta verdaderamente indispensable para comprender adecuadamente lo sucedido es el entendimiento, lo más preciso posible, de las condiciones sociales que existían con antelación al evento y el tipo de cambios sociales que pudiera sobrevenir después del evento.
En el corto plazo, lo relevante ha sido la capacidad para materializar el llamado “imperativo humanitario”, es decir, la obligación moral de ayudar a cualquier ser humano para aliviar su sufrimiento. La urgencia ha sido proteger a los ciudadanos del peligro inminente, alimentarlos, curarlos y proveer albergue temporal. Esto es algo que, a raíz de Irma, ha funcionado en Cuba de manera ejemplar, aunque no de forma impecable.
En el largo plazo, el énfasis consiste en reconstruir mejor, algo que inevitablemente debe tomar como marco de referencia la estrategia de desarrollo nacional, debiendo quedar claro que no se trata solamente de la recuperación de indicadores económicos y de coeficientes técnicos.
Las lecciones derivadas de Irma deberían fortalecer la “gestión para la reducción de riesgos”, la cual es una necesidad para el desarrollo de un país como Cuba. Esto tiene un componente material, incluidas la ciencia y la técnica, pero el desastre social asociado a Irma –agravamiento de la pobreza de grupos poblacionales- es la manifestación de procesos de desigualdad y de fallas de sustentabilidad social que deben ser corregidas.
En el contexto de la estrategia de desarrollo, la “gestión para la reducción de riesgos” exige concentrarse en combatir las causas subyacentes del riesgo, en vez de limitarse a tratar sus síntomas.
¿Puede solucionarse un componente de la pobreza en Cuba, como la deprivación relativa a la vivienda, reemplazando las viviendas para pobres arrasadas por el último huracán con nuevas viviendas para pobres que probablemente serían arrasadas por el próximo ciclón?
¿Es la construcción de viviendas “por esfuerzo propio” una apuesta correcta en un entorno de cambio climático que requiere normas de construcción con mayores estándares técnicos?
Reconstruir mejor no es solamente acerca de materiales y soluciones técnicas. Involucra definiciones respecto a las relaciones políticas de quienes intervienen en el proceso.
¿Quién tomará las decisiones para reconstruir las viviendas?, ¿Dónde, cuándo y cómo?
¿Quién controlará que esas decisiones se traduzcan en programas que se cumplan?
En el marco de la estrategia de desarrollo, la “gestión para la reducción de riesgos” es inseparable de la erradicación de la pobreza y, por tanto, es un proceso esencialmente de naturaleza política.

jueves, 21 de septiembre de 2017

Manuel Marrero: Podemos tener una temporada turística alta como la esperamos (+ Video)

21 septiembre 2017 | +


Manuel Marrero. Foto: Archivo.

Avanza la recuperación de la infraestructura correspondiente al turismo en Cuba y, al respecto, Manuel Marrero, ministro de ese sector, ofreció declaraciones al Noticiero de la Televisión Cubana.

“Tenemos a todos los constructores, los inversionistas, los recursos materiales en los hoteles, lo cual nos permitirá asegurar que no habrá dificultades en cumplir con las fechas establecidas y que nosotros podamos tener una temporada alta como la esperamos”, puntualizó.

En la información se dio a conocer, además, que en la cayería norte trabajan para iniciar la temporada alta el venidero 15 de noviembre.

Sobre la campaña internacional contra el turismo cubano, Marrero Cruz apuntó que se pretenden magnificar los daños.

Por otro lado, aseguró “que las labores de recuperación van bien, que los daños que nos dejó el huracán son los típicos que ocurren en el turismo”.

Producir localmente materiales de construcción es una prioridad

Aseguran los especialistas que aún hay muchas potencialidades en los municipios que, bien aprovechadas, posibilitarán incrementar los volúmenes productivos y los recursos para contribuir a la recuperación

Elevar la calidad de las elaboraciones e impulsar el desarrollo de los municipios que aún no aprovechan al máximo los renglones que pueden aportar, son empeños en los que no se puede cejar. (Foto: granma.cu).


En tiempos de huracán la producción local de materiales de la construcción se ratifica como la principal fuente de abastecimiento para las obras por esfuerzo propio, y las autoridades rectoras insisten en un mejor aprovechamiento de las potencialidades de los municipios.

Tomás Vázquez, jefe del Grupo Nacional del Programa Nacional de Producción Local y Venta de Materiales de la Construcción, comentó a ACN que la prioridad es crecer en el menor tiempo posible las capacidades productivas y acercarlas a los consejos populares de los territorios más afectados por el paso de Irma.

Recordó que en Guantánamo, luego del evento hidrometeorológico Matthew, tal experiencia permitió crear 23 mini industrias, a las cuales dotaron de molinos, bloqueras, moldes manuales y otros implementos.

De igual manera explicó que se sumaron algunos elementos al nomenclador del programa, como es el caso de las bóvedas sin cimbra (de ladrillo cerámico sin el empleo de encofrado) para las cubiertas sólidas, más económicas que las tejas de zinc galvanizado.

Con la guía del experto Ramón Aguirre Morales, director del Instituto de las Bóvedas Mexicanas y Tecnologías Regionales, en la provincia más oriental del país ya se estrena este tipo de construcción, que no requiere de acero ni hormigón, como los techos de placa, aseguró Vázquez.

El jefe del Grupo Nacional aclaró que tal alternativa es a base de ladrillos, elemento que confeccionan los productores locales, lo cual resulta ventajoso para su expansión en el país.

Precisó que debido a la funcionabilidad y demostrada resistencia a los ciclones, también van a incorporar la cubierta de ferrocemento, que no se empleaba debido a que las mallas que lleva son de importación.

Además, afirmó, trabajan en extender el uso de las tablillas para ventana hechas de hormigón, alternativa que en Nuevitas, Camagüey, se utiliza desde hace más de 20 años con resultados satisfactorios.

Dijo que con vistas a la fabricación de equipos que faciliten la producción local el Ministerio de la Construcción, organismo rector del programa, está llamado a trabajar simultáneamente en todo el país, aprovechando la capacidad metal-mecánica existente.

Elevar la calidad de las elaboraciones e impulsar el desarrollo de los municipios que aún no aprovechan al máximo los renglones que pueden aportar, son otros temas que los ocupan, manifestó.

La producción local es la industria del municipio, con precios más bajos, y el 80 por ciento de las elaboraciones debe venderse a la población mientras que el resto se destina al desarrollo del territorio, significó. (ACN).