lunes, 3 de julio de 2017

Cuba: “Cuentapropismo”: ¿Oportunidad y/o Amenaza?


Bienvenidos productos y servicios que complementan la gestión estatal. Alertas ante la posibilidad de que la emergente burguesía pase de “clase en sí” a “clase para sí”

El juicio que comparto con mis lectores/as en esta ocasión, lo concebí tras analizar “La riqueza pendiente”, responsabilidad de Ariel Terrero, en cuyo comienzo se expone: “¿Tiende a concentrarse en Cuba la riqueza en pocas manos? La frecuencia con que asoma la preocupación pudiera ser, más que una evidencia palmaria de concentración ya, un síntoma de las imprecisiones y dudas sociales que acompañan a los cambios en materia de propiedad” (1). Recomiendo leerlo con detenimiento.

Antes de penetrar en la médula del mensaje que deseo dejar con estos enunciados, advierto que en este momento identifiqué que Terrero complementa un tanto las tesis que constan en su rótulo “¿Qué está pasando en la economía cubana?” que constituye un resultado de la encuesta que él aplicó “a 12 eruditos, de varias instituciones académicas, con renombre cada uno en el estudio de la economía cubana”. Ello sucedió en Septiembre de 2014, al calor de la desaceleración de esa altura (2).

De paso, apunto que para entonces en “Cuba: una mirada a su futuro” publicado el tercer día de 2015 hice notar la pertinencia de tener “en cuenta el latir-opinión de cubanas y cubanos, incluyendo las percepciones de Economistas competentes y del patio que brindaron sus consideraciones apenas meses atrás [me refería al citado rótulo] —más allá que no se coincida con cada una de sus ideas, reitero” (3). Traje a colación esta postura, para significar que vale la pena meditar sobre qué dicen estudiosos.

Y ahora, sucintamente resalto mi razonamiento con base en lo que manifesté en “Cuba: motivos de orgullo y preocupaciones/ocupaciones” casi dos meses atrás (4), específicamente con el presupuesto de que “ni los tantísimos avances experimentados desde 1959 ni las limitaciones económicas actuales deben excluir la necesidad de invertir más en la esfera ideológica —so pena de males mayúsculos para Cuba. Porque, aunque dejemos atrás las restricciones materiales, tenemos que seguir construyendo la irreversibilidad de nuestro Socialismo (5)”.

Concretamente, sostengo que es un hecho la buenaventura que mayormente hemos vivido con la presencia de lo que se ha denominado “Cuentapropismo”. Ya en el 2011 una mesa de expertos alertaba acerca de su contenido en lo que se difundió con el título “Sin pasión ni prejuicio” (6). Pero, ¿cómo está el asunto cuando ya transcurrió más de un lustro de este fenómeno concebido con buena voluntad por las autoridades político-administrativa en la Mayor de las Antillas?

Como respuesta a esa interrogante —más allá de reconocer sus aristas positivas en cuanto a fuente de empleo útil, sazonado con aplausos a “La riqueza pendiente”—, por un lado tengo en la mente que en el Consejo de Ministros de Cuba por estos días se hizo constar que al respecto “han sido detectadas desviaciones en el diseño de la política como la utilización de materias primas, materiales y equipos de procedencia ilícita; incumplimientos de las obligaciones tributarias y subdeclaración de ingresos; imprecisiones e insuficiencias en el control; y deficiencias en la contratación económica para la prestación de servicios o productos entre personas jurídicas y personas naturales” (7).

Y por otra parte —a partir de aquí va la esencia de mi mensaje—, me acompaña lo que aprendí de Carlos Marx y Federico Engels sobre la evolución del sentido clasista del proletariado: si al principio de su lucha contra los males que le aquejaba combatía arremetiendo contra las máquinas pensando que eran las responsables de sus desgracias (muestra de una clase en sí —no tiene conciencia de que sus dolencias se curan solo después de que tome el Poder político); con posterioridad, cuando comprendió que “La clase obrera posee ya un elemento de triunfo: el número. Pero el número no pesa en la balanza si no está unido por la asociación y guiado por el saber” (8) con la irradiación del espíritu del Manifiesto del Partido Comunista (9), se propuso iniciar la edificación de la dignidad humana para todas y todos los oprimidos por el Capital (muestra de una clase para sí —con conciencia de cómo obrar para plasmar sus múltiples intereses).

Con este referente, es que asumo las consecuencias que pudiera traer la pregunta inicial que se hizo Terrero en su trabajo que mencioné al principio de estas líneas: “¿Tiende a concentrarse en Cuba la riqueza en pocas manos?”. Apenas abundo.

Precisamente porque acepto como ambiguo el término “Cuentapropismo” (una manifestación es la venta de frituras y refrescos en una pequeña tienda o arreglar sombrillas de modo ambulante, y otra muy distante es ser propietario de uno o varios restaurantes con diversas mesas, incluyendo la utilización de mano de obra generadora de plusvalía —así, estamos en presencia de una burguesía), considero que es legítima la preocupación por “la riqueza en pocas manos” ante la concreción de la segunda parte de tal ambigüedad.

Expresado en otros términos, advierto que con la emergencia de la nueva burguesía cubana estamos en presencia de una clase social que por su naturaleza es objetivamente antítesis de los más caros anhelos del Socialismo a favor de las personas y, en la perspectiva, estaría en condiciones de plantearse cómo ampliar su rango de plusvalía con la búsqueda de una cuota cada vez mayor de Poder político.

Por tanto, de cara al asunto del “Cuentapropismo” en Cuba en la interrogante “¿Oportunidad y/o Amenaza?”, no vacilo en acreditar: Bienvenidos los productos y servicios derivados de esa figura que deviene complemento de la gestión estatal, siempre en el marco de la legalidad. No obstante, hemos de estar alertas ante la posibilidad de que la emergente burguesía en nuestro país pase de “clase en sí” a “clase para sí” —y hacernos acompañar de la brújula presente en documentos del VII Congreso de nuestro Partido Comunista (10).

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