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martes, 22 de marzo de 2022

¿«Organizaciones Exponenciales»? ¡¡No, gracias!!

 Por Amalio Rey 


Publicado el:Monday 21 March 2022 — 14:56

POST Nº 679

Me invitaron hace unos meses a dar una Master Class en la que querían que explicara «cómo adoptar una mirada humanista del liderazgo exponencial». Tal cual, en esos términos. Muy educadamente respondí que no disponía de tiempo, que tenía la agenda muy comprometida, para no decir que el adjetivo «exponencial» me produce picores de solo escucharlo. Se está abusando de ese palabro por encima de nuestras posibilidades: liderazgo exponencial, ROI exponencial, educación exponencial, vida exponencial, ¡¡qué pesados!! Y el uso que más me irrita es el de las llamadas «organizaciones exponenciales» (ExO), tan de moda en el mundo del management. Voy a dedicar este post a desmontar ese concepto y a demostrar lo peligroso que es.  

¿Crecimiento exponencial?

Lo «exponencial» significa, en términos sencillos, que el incremento de algo es cada vez mayor que en el período anterior. Aplicado a una organización significaría que crece cada vez más rápido en el tiempo. En un escenario así la pendiente se dispara, a un ritmo cada vez más acelerado, lo que multiplica ―en un período corto― el tamaño o la cantidad, de lo que sea, en varios órdenes de magnitud. Usar este modelo para explicar la reproducción de las bacterias, la dispersión de un virus o, incluso, el crecimiento de la población, es algo habitual y describe bien esas dinámicas. Pero plantearlo como un fin deseable en la evolución de las organizaciones es ―examinado desde el óptimo social― un disparate. 

El mantra de las ExO viene del mundillo de la consultoría de management que trabaja en «transformación digital». Un día a alguien se le ocurrió que podía ponerle una etiqueta molona y grandilocuente al efecto multiplicador que producen las tecnologías en el rendimiento empresarial. No se conformaron con hablar de «transformación» y subieron la apuesta muchos enteros para hacernos soñar en mejoras desproporcionadas. 

Esta pasión por lo exponencial no es un fenómeno aislado. Vivimos en una sociedad de la grandilocuencia, en la que se usan las palabras con desmesura. Ese lenguaje está ligado a una tendencia obsesiva por los atajos, por adoptar técnicas maximalistas de la eficiencia al precio que sea. Importa mostrar un resultado impactante aunque el proceso para llegar a él sea miserable. De ahí que nos atosiguen con ofertas de cursos online de «técnicas de crecimiento acelerado» tipo «growth hacking» y ande tanta gente entusiasmada con las llamadas «organizaciones 10x», esto es, aquellas que se plantean crecer a un ritmo diez veces superior al de las empresas «ordinarias» que, pobrecitas, se conforman con crecimientos «mediocres» del 10% anual.  

Siempre he tenido una relación complicada con el crecimiento por el crecimiento. Hacerlo a un ritmo muy alto solo es deseable cuando las economías de escala son necesarias para el óptimo social, que no es lo mismo que para el subóptimo egoísta de una empresa aislada.  Creo mucho más en el crecimiento armónico y sostenible, en la calidad en vez de en la cantidad. Siendo más preciso, me parece mucho más saludable que tengamos 100 empresas de 100 trabajadores que una sola de 10 mil.

En ese sentido estoy de acuerdo con un estupendo artículo de David Criado en el que califica de «trampa suicida» creer que «cada persona puede generar su propio imperio sin dañar la libertad de otras o atentar contra los sistemas sociales y los ecosistemas ambientales sobre los que se proyecta u opera». En él insiste, además, que esos imperios ―tan aplaudidos por la mitología empresarial― terminan derivando siempre en «prácticas monopolísticas y totalitarias que rallan lo maniaco». Los promotores de este paradigma, dice David, nunca entenderán que «lo pequeño es hermoso» porque tienen una idea de éxito empresarial muy alejada de lo que socialmente nos conviene.  Veremos por qué.

Las voces eufóricas con las ExO son las mismas que exageran el papel de la «innovación disruptiva» en la estrategia de mejora empresarialEs un pregón sobreexcitado que sermonea con este mensaje: «crecer no es suficiente, ¡multiplícate!, innovar es conformista, ¡transforma industrias completas!». Si tuvieran razón en sus recetas, nada sería innovación disruptiva dado que todo el mundo la haría y, en cuanto a la obsesión exponencial, solo habría una única empresa en cada sector porque es imposible que varias mantengan ese ritmo de crecimiento en mercados finitos. Es evidente que no caben decenas de Amazon o Google.

Sostengo que, en lo que se refiere al comportamiento de colectivos humanos, todo crecimiento exponencial está repleto de inconvenientes. Incluso cuando lo que crece es un atributo deseable.

Es así porque crecer aceleradamente no es natural, conlleva precipitación, quema etapas, y no da tiempo a asentar hábitos sostenibles. Es mejor correr un poco más todas las semanas, consolidando habilidades y permitiendo que el cuerpo se adapte a las nuevas condiciones, que pasar de 2 a 10 kilómetros en tres días. 

Estoy a favor de organizaciones y proyectos que sean escalables. La «escalabilidad» es un atributo que suelo buscar en el diseño de un modelo de negocio (o de gestión, si no es un negocio) que lo necesite. Eso significa que puedo incrementar el impacto a tasas superiores de lo que me cuesta. Invierto 2 unidades de esfuerzo y consigo un incremento del impacto de, por ejemplo, 4. Los sistemas escalables no son lineales, y esa es una ventaja de rendimiento a la que sería absurdo renunciar. Sin embargo, hay un cambio cualitativo muy relevante cuando pasamos de algo “escalable” a ritmos sostenibles a un modelo que busca obsesivamente crecimientos cada vez más acelerados.

¿Qué son las ExO?

Entremos en los detalles. Vamos a recordar el concepto de «organización exponencial», según sus creadores Salim Ismail, Michael S. Malone y Yuri van Geest: «Organizaciones cuyo impacto es desproporcionadamente grande, al menos diez veces superior, al compararlas con sus iguales, gracias al uso de nuevas técnicas organizativas que se sirven de las tecnologías aceleradoras».

Y hay una fórmula que describe el patrón de funcionamiento de las ExO, qué tiene que ocurrir en la sala de máquinas para desencadenar esos niveles brutales de crecimiento:

ExO = P.T.M + S.C.A.L.E + I.D.E.A.S

Vamos a analizar ahora cada elemento de esa fórmula, porque es la mejor manera de desmontar la lógica nefasta que sostiene el modelo:

P.T.M: “Propósito de Transformación Masiva”

P.T.M se refiere a tener un «Propósito de Transformación Masiva», o sea, una intención de resolver un gran problema en el mundo de una manera totalmente radical. No es una «misión» o «visión» como las que conocemos, sino una «misión milagrosa» (SIC) porque al plantearse suena inverosímil de lo ambiciosa que es. La mentalidad ExO funciona siempre «a lo grande», porque apuesta a reventar el statu quo en un período relativamente corto de tiempo. Según su relato, no se conforman con menos que transformar industrias, sectores o «la humanidad entera»   

Lo irónico del asunto es que ese P.T.M. funciona a menudo como storytelling para «lavar» una meta descaradamente capitalista. Nos cuentan que ese propósito «debe tener mucho de pasión» ―la palabra más tramposa y manoseada del mundo del management― para que los participantes se impliquen con ganas. Entonces, a ver, ¿dónde está la pasión de los choferes de Uber o de los arrendadores de Airbnb?, dos ejemplos clásicos que se citan de ExO.  Tanto unos como los otros no comparten la misma pasión de los propietarios ―los que se forran― sino que se mueven por objetivos mucho más pedestres y parecidos a los de un trabajo ordinario: ¡llegar a final de mes!

S.C.A.L.E: Apalancarse con recursos de otros

Veamos ahora el segundo factor de la fórmula: S.C.A.L.E, que significa usar de forma extensiva recursos que no son propiedad de la organización, buscando desmaterializar o desintermediar un sector. Echan mano de la digitalización para construir «estructuras líquidas» que le permitan apalancarse en los recursos que aportan los propios usuarios sin necesidad de invertir en ellos, esto es: tu coche (Uber), tu casa (Airbnb), tu teléfono móvil (Facebook o Google), etc.

Por lo tanto, un rasgo esencial del ADN de las ExO es la «subcontratación masiva» basada en una flexibilización sin límites de las relaciones laborales. Veamos cada variable de esas siglas por separado:

  • La «S» de S.C.A.L.E es «Staff on demand», fuerza de trabajo externa y temporal, es decir, contratan personal del que no se hacen socialmente responsables, lo que contribuye a una profunda precarización.
  • La «C» es «Community & Crowd», que significa: «saca provecho de la comunidad» o, dicho más claro: «cuando el producto parece gratis, el producto eres tú». Ese supuesto propósito comunitario, si se acelera para generar tasas de crecimiento exponenciales, termina derivando en prácticas extractivas que son bastante asimétricas.
  • La «A» apunta al uso de «algoritmos» que optimicen (para la empresa) el uso de esos recursos externos y multipliquen su capacidad de extracción de valor de la «comunidad».
  • La «L» (Leveraged assets) se refiere a la utilización intensiva de «activos externos», a apalancarse en activos que no son propios, trasladando a los proveedores la mayoría de los riesgos y costes de mantenimiento de esos activos. Por ejemplo, Airbnb es la mayor empresa del mundo en el negocio de alojamientos y no tiene un solo inmueble en propiedad.
  • Y, por último, la «E» (Engagement) busca el compromiso de la comunidad, «enganchar a la gente». O dicho en un lenguaje más descarado: «generar en los usuarios la disposición voluntaria ―o sea, sin costes para la empresa― de hacer algo por los demás».

I.D.E.A.S: Uso de información para multiplicar el rendimiento

El tercer factor de la fórmula es I.D.E.A.S, que hace hincapié en el uso de los datos para multiplicar el impacto de las ExO. Veamos cada elemento:

  • La «I» se refiere a los «interfaces», que son algoritmos y flujos de trabajo totalmente automatizados que enrutan los procesos dentro de la organización lo más eficientemente posible. Se diseñan y automatizan unos moldes que maximizan la eficiencia en las interacciones, o sea, que minimizan la discrecionalidad y la “dimensión humana” en las operaciones, y con ello la necesidad de contratar personal. Esto va en contra, como explicaré, de la falsa «autonomía» que supuestamente defienden las ExO.  
  • La «D» es de «Dashboards» o «cuadros de mando» para monitorizar a través de métricas todo lo que ocurre en la organización. Visto el tipo de organización «maquinizada» que estamos describiendo, el lector ya puede imaginarse cuáles son los KPIs (indicadores clave de desempeño) que estas empresas priorizan en su rastreo.
  • La «E» es de «Experimentación», probando mejoras a través de bucles de retroalimentación rápidos (tipo Lean Startup) para acelerar el desarrollo de nuevos productos y procesos. Esta práctica me parece positiva y no tengo nada que objetar al respecto, siempre que se aplique con el pleno consentimiento de los clientes y usuarios. 
  • La «A» de I.D.E.A.S se refiere a «Autonomía», a que el personal se autoorganice y tenga capacidad de decisión. Esto, que suena tan bien, no me lo creo. Una organización que funciona con tantos algoritmos y procesos automatizados, que maximiza la eficiencia para escalar, ¿cuánta autonomía puede ceder a los equipos y las personas? Un crecimiento tan obsesivo necesita «maquinizar» procesos, introducir protocolos y uniformar interfaces. La (falsa) autonomía que deja a los equipos y las personas es para ámbitos periféricos de decisión, para asuntos que no son los significativos. Lo esencial estará totalmente pautado por un sistema jerárquico que no hace falta que se vea porque ya lo ha predeterminado todo. Téngase en cuenta que un sistema de autogestión auténtico funciona como un organismo vivo y, como tal, debido a su complejidad, crece siguiendo una lógica compleja que no es exponencial. Las organizaciones verdaderamente descentralizadas que apuestan por los efectos emergentes son más ingobernables que el sistema medido al milímetro que se plantea aquí. De hecho, la emergencia que produce efectos de crecimiento exponencial no se da de forma buscada o deliberada. Son crecimientos inesperados, el efecto de seguir un camino que satisface a escala local y que se agrega de manera difícil de explicar a nivel global.
  • Finalmente, la «S» es de «Social technologies», o sea, el uso intensivo de tecnologías colaborativas (tipo Slack o Yammer, por citar algunas) para trabajar en digital. En este sentido, nada que agregar. Las herramientas digitales no son malas ni buenas per se. Todo depende de cómo y para qué se usen.    

Un resumen de las ExO: ¿queremos esto?

Un resumen de la fórmula descrita antes nos dibuja a las ExO como empresas que:

  1. Minimizan la contratación directa de personas: ¡¡a menos empleados, mejor!!
  2. Establecen relaciones laborales precarizadas, sin protección social: «búsquese usted la vida».
  3. Se apalancan en recursos de otros sin asumir apenas riesgos en la compra y mantenimiento de activos.
  4. Automatizan interfaces, protocolos y procesos para evitar pérdidas de eficiencia derivadas del «factor humano»: ¡¡los algoritmos mandan!! (y estos se definen de forma centralizada)
  5. Practican un «pensamiento exponencial» que contagia de una ambición desmesurada a todo lo que hacen. Esa sobreexcitación siempre tiene un coste, tanto para la gestión interna como para las otras organizaciones que comparten el mismo ecosistema.  

Pregunto: ¿Nos conviene tanto, como personitas humanas, tener organizaciones de esas características? ¿Cuántas de esas caben en el mundo? ¿Qué grado de concentración de poder producen? ¿Qué pasaría si todos nos empeñamos en convertirnos en ExO?

Insisto en que es importante juzgar la validez de cualquier «solución» que nos propongan en términos de ecosistema que genera interdependencias. Esta reflexión crítica ―como muchas otras que vengo haciendo en los últimos tiempos― tiene sentido si el marco de optimización se pone a escala de toda la sociedad y no en una empresa en particular. Para  los que definen el «éxito empresarial» como el de una organización que crece rápido hasta el infinito y se come el mercado ella solita forrando así a sus accionistas, entonces las ExO les sonará a música celestial. Pero no es eso lo que nos conviene como sociedad.   

Detrás de esta propuesta, dicen, hay un «supuesto de abundancia», que para mí es falso, como en la mayoría de los casos en que se abusa de esa etiqueta. Los mercados tienen unas dimensiones, unos límites. Los ecosistemas naturales también. Si unas empresas crecen a un ritmo endiablado, eso siempre va a ocurrir a costa de arruinar a muchas otras.

Una organización no puede crecer de forma exponencial si lo hacen también las demás. No hay otra manera de conseguirlo que no sea concentrando poder de mercado. ¿Queremos nuevos monopolios de facto? Si lo dudas, trata de hacer un listado de los ejemplos que se ponen de las ExO y te darás cuenta de que son unas pocas y casi siempre las mismas, creciendo a base de engullir todo lo que se encuentran por el camino: Google, Facebook, Amazon, Uber, Tesla, Airbnb, etc.

Y «transformar industrias completas en muy poco tiempo», como reza el discurso de las ExO, no implica necesariamente «destrucción creativa» como se nos vende. Todo depende de qué se destruya, y esa destrucción tampoco es inevitable si practicáramos un mayor discernimiento mediante mecanismos regulatorios. Por ejemplo, es evidente que un enfoque como este va a cargarse una diversidad, que es saludable, a base de una eficiencia imbatible. Un caso claro es Amazon, la máquina organizativa más destructora de diversidad empresarial en la historia moderna del management.

Por todo esto digo que las ExO son incompatibles con una gestión humanista de las organizaciones y el desarrollo armónico de los ecosistemas a los que pertenecen. Son «too soon, too much», con todo lo que eso implica. No compres el mensaje, ni te dejes engañar. La «transformación digital» puede tener propósitos mucho más amables y constructivos.  

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