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"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." ""Creo que mientras más critica exista dentro del socialismo,eso es lo mejor" Fidel Castro Ruz

martes, 5 de noviembre de 2019

Problemas de política económica o mejor de economía política


Por Rafael Alhama Berlamaric

Hasta ahora, y a lo largo de seis décadas no han sido pocos los cambios, o reformas si se quiere, muchas veces exagerados los impactos,  y no pocos, no han llevado al impulso del crecimiento, en condiciones y circunstancias concretas particulares, hasta singulares, y tampoco han llevado a la eficiencia necesaria, y que se mantenga  en el tiempo.Ambos son más que necesarios, El factor común necesario, la consistencia a medio y largo plazo.

Para eso están los planes, programas, estrategias, escenarios. No se puede seguir siendo reflexivo, ni responder o actuar luego de la ocurrencia de los hechos.

En todas partes, para no engañarnos, la necesidad es el beneficio del crecimiento económico para tantas  personas como sea posible y a corto plazo, de inmediato. Por tanto, todo ello implica que una respuesta, solución o acto, tenga en cuenta y calcule el éxito posible, lo cual a su vez requiere del reconocimiento de las limitaciones, clave para el crecimiento y de centrarse en un pequeño número de objetivos alcanzables. Para eso, quizás lo más importante sea el conocimiento acumulado, el conocimiento colectivo.

Las debilidades estructurales, que son tantas, y que se (re)conocen, es imprescindible investigar, actualizar y hacer los cambios necesarios para fortalecerlas a lo alto y largo a todos los niveles, de modo tal que permitan una dinámica diferente con una actuación más que proactiva.

Tanto tiempo habituados a estar a la defensiva, o “a la espera“ que es lo mismo, crea una mentalidad  conservadora, cerrada, y esta no se corresponde a los tiempos de la ofensiva necesaria, donde cada día y hora cuenta. No se puede estar, al mismo tiempo, a la defensiva y a la ofensiva.

La administración estatal, sobre todo en las nuevas condiciones, debe asumir la plena responsabilidad, y no estar sujetos a extrusión o desplazamientos forzados, cuando no hay más remedio, o buscar derivaciones sin elegir la óptima vía, solución o medida. La ciencia económica para resolver un problema particular tiene muchas recetas y la tarea de la economía política es elegir la óptima.

Recordemos  que Economía Política es la ciencia que trata del desarrollo de las relaciones sociales de producción; o todas las actividades  económicas que el hombre realiza con el fin de satisfacer sus necesidades.  Para eso existen las leyes económicas que rigen los procesos de la producción, la distribución, el cambio y el consumo de los bienes materiales en la sociedad humana, en los diversos estadios de su desarrollo.
El objetivo, una vez más, es la vida económica, o actividad económica para algunos, y todos los esfuerzos que se realizan para satisfacer las necesidades de ciertos bienes y servicios de los seres humanos. Las  opciones  son muchas. Los economistas políticos marxistas tienen el objetivo explícito de, primero, criticar y, segundo, transformar a la sociedad. Con el objetivo de describir y de transformar, el papel de la crítica es fundamental.
La EPM, en el plano de la teoría, como otros paradigmas académicos, ha experimentado diferentes  renovaciones,  en el último siglo y medio, neomarxismo o el postmarxismo hasta el marxismo analítico y la economía política crítica; mejor dicho, una visión general del marxismo occidental casi desconocido hasta hace poco, o evitado, o abiertamente rechazado por la academia, partidos y/o políticos del llamado “socialismo real“.
Stephan Resnick y Richard Wolff (2006) han clasificado estas perspectivas, conectadas de alguna manera en la tradición de las ideas de Marx, en las siguientes seis categorías generales.
Las teorías de propiedad enfatizan la distribución desigual de la riqueza y la propiedad de los medios de producción. El conflicto de clases, la explotación y otras dinámicas dentro del sistema capitalista surgen como consecuencia de la distribución de la propiedad.
Las teorías del poder enfatizan el poder y las estructuras de autoridad, así como la posibilidad de que algunas clases (por ejemplo, los capitalistas) movilicen el poder (como la violencia física o el poder institucional ejercido por el estado) para, por ejemplo, obligar y amenazar a los trabajadores a trabajar en condiciones de explotación.
Las teorías de la acumulación enfatizan el implacable impulso de la acumulación interno al capitalismo como la fuerza motriz del mismo y, por tanto, reproduce todas las demás dinámicas y relaciones sociales.
Las teorías de las fuerzas de producción enfatizan las tecnologías productivas como determinantes de la estructura de una sociedad y las relaciones que se forman entre sus integrantes.
Las teorías de la conciencia enfatizan la importancia de la cultura y las ideas compartidas. Un ejemplo destacado es la tradición gramsciana que teoriza sobre la “hegemonía”, donde la dominación de los trabajadores por los capitalistas solo puede mantenerse si los primeros aceptan esta relación de clase, que se justifica sobre la base de ideas y teorías.
Las teorías de la sobredeterminación no privilegian ninguna de las explicaciones antes mencionadas de una manera determinista y se mantiene el énfasis en las relaciones de clase y una postura crítica y emancipadora al teorizar sobre el sistema capitalista.
Pero, y la EPM de la construcción socialísta, ¿dónde está?
¿Dónde está una propuesta con comprensión dinámica de los procesos, sin causación directa y las relaciones lineales, que tenga en cuenta múltiples causas y momentos particupales? 
¿Por qué ha sido tan difícil, o evitado, explicitar y escribir  de los cambios de las sociedades que han intentado algo diferente, sobre la organización económica y social sobre la base de una perspectiva emancipadora para establecer una sociedad más justa que supere el capitalismo?
Y, cuando se han hecho los intentos, incluso propuestas serias, han sido rechazados, no han trascendido, o se han considerado contrarios a dogmas establecidos.
¿Por qué han faltado  análisis integradores de la economía, la sociedad y la política, que no pueden ni deben ser privativos de una disciplina ?
Estos tres campos son estructuras interdependientes que han evolucionado históricamente, y debería ser objetivo primero del análisis de una economía política marxista de la construcción socialista.
Sigue desatendido por  nosotros, y no precisamente que no se haya escrito nada, pero evidentemente no ha sido ni leído, ni aceptado ni asimilado.
El trabajo en el capitalismo produce alienación. Los trabajadores asalariados no dirigen su propio trabajo, a pesar de múltiples opciones técnico-organizativas encontradas, propuestas y desarrolladas desde mediados del siglo XX, esta situación se mantiene, a veces mucho menos evidente, más sofisticado, encubierto con todo tipo de “jugosas zanahorias“, pero en su esencia se mantiene.
¿Es que en el socialismo conocido los trabajadores no son asalariados, o dirigen su propio trabajo como para pensar que han sido superados las dimensiones de la alienación en un mundo cada día más alienado?
Alienación, no sólo referida al trabajo, a la esfera del trabajo, sino alienación social y política, que se puede manifestar de diversas formas en la vida cotidiana.
La estructura de producción (capitalista, en la cual la organización y el tipo de actividad económica están determinados por poseedores de capital), que separa a los trabajadores de las decisiones acerca de cómo poner en uso su energía productiva, cómo apropiarse de los resultados del trabajo, contribuye a una condición psico-sociológica y política en la que los trabajadores están privados del significado de su trabajo y son reducidos a objeto o instrumento del proceso de producción, más o menos socializado.
¿Es que luego de tantas evidencias de desarrollos anteriores, no ha llegado el momento de acercar al trabajador a las decisiones de su trabajo, a la utilización de sus instrumentos de trabajo y a los resultados del trabajo?
El fundamento de todo análisis marxista es la comprensión de la economía, de cómo se reproduce el capital (¿no lo hay en la construcción socialista que conocemos?), de cómo se mantiene la rentabilidad (u otro concepto si se quiere) y de cómo se desarrollan las crisis, ¿está el “socialísmo“ libre de todo esto?
Si Marx predijo que el desarrollo del capitalismo como sistema social se vería interrumpido por grandes crisis,  que se volverían progresivamente más profundas y más amplias hasta que el sistema desapareciera, ¿cómo influye esto en el funcionamiento, crecimiento, y desarrollo de una parte pequeña del sistema mayor?
¿Es que esta interacción no tiene, no tuvo, consecuencias para la(s) sociedades socialistas y su falta de desarrollos creadores? Las evidencias históricas, de las competencias, y luchas de todo tipo indican que sí lo tiene. Entonces, ¿cómo se analiza y proyecta esto en el subsistema “socialismo“  existente en un país asechado y bloqueado económica, comercial y financieramente, como ningún otro,con relación al sistema mayor?
¿Ha sido estudiado y asimilado los desarrollos de otras sociedades en otras condiciones y circunstancias de la “guerra fría“ de la segunda mitad del siglo XX las dificultades de todo tipo, desde económicas, tecnológicas, hasta comerciales y financieras, hasta de formación y culturales? ¿O, ha sido todo explicado de forma mecánica, lineal, dogmática, sin análisis críticos necesarios?
Los problemas de  modelos de gestión, de comprensión, asimilación e intrerración-integración de los mecanísmos de mercado, ha sido una constante desde los años 60 del siglo pasado, y aún antes. Las diferentes propuestas, prácticas y acciones llevaron, o al rechazo de plano, o a aplicaciones parciales, por lo tanto sin cambios necesarios de concepción, o a medidas no sistémicas, que llevaron mas temprano tarde a diferentes formas y grados de desigualdad.
Aquí se cuenta también la implementación de la autogestión obrera, que o se sigue rechazando de plano, con juicios negativos, pero también falsas creencias sobredimensionadas, que es imprescindible conocer que tuvo diferenciación en los diferentes períodos. Y, sobre todo, que no este modelo no tiene agotados ni mucho menos sus posibilidades ni potencialidades de emancipación.
Los diferentes momentos redistributivos tuvieron diferentes grados y diferentes percepciones desde la autogestión. No caben dudas que el fortalecimiento del mercado profundiza las diferencias entre los productores y los que organizan y gestionan la producción, mostrando a las claras las contradicciones del modelo de autogestión y el alcance de la participación obrera en la empresa y en la política. Es así que se habla por distintos autores de una autogestión de “abajo“ y otra de “arriba“. En otras palabras y más llano; falta de procesos socializadores de todo tipo en todo tipo de actividades.
Este conocimiento y análisis crítico de las multicausalidades, deben servir de incentivo para levantar el llamado“bloqueo interno“ que tanto daño hizo en el pasado no tan lejano, y sigue haciendo.
¿Por qué  mantener  por buenas ideas y conceptos erróneos, sobre todo que no dieron resultados prácticos en tiempos y contextos diferentes, pero que también fueron sometidos a análisis críticos, y propuestas que no fueron aceptados, miles de documentos, eventos, muchas veces repetidos los diagnósticos, por tanto sin resultados?
Estructuras, planificación, mercado, salarios, productividad, innovación, inversiones, precios, centralización-descentralización, autonomía empresarial, tecnología, competitividad, calidad de producciones, relaciones estado-ministerios-instituciones-territorio-economía local, incentivos para exportaciones, financiamiento, divisas, nivel de vida, consumo, agricultura, cooperativas, propiedad privada, participación, todos y cada uno de estos problemas lo fueron en su momento, problemas en todos y cada uno de los países del llamado “campo socialista“ en un período de cuatro décadas. ¿Cuáles son las lecciones aprendidas, cuáles los errores asimilados, y las nuevas opciones abiertas?
Con la progresiva apertura en los años 60 hacia el mercado mundial, en mayor o menor medida, en los países socialístas de Europa, fue necesario la devaluación de la moneda, es decir, que se llevara a un nivel más real visto desde la perspectiva mundial del mercado, buscando mayor competitividad, desde los niveles de (sub)desarrollo de cada país; y desde luego, esto implicaba determinadas medidas de racionalización de la fuerza de trabajo.
Todo el tiempo se osciló entre esta variante, y la variante de evaluar las consecuencias políticas potenciales y disminución de la presión, para recomenzar, una vez mas, en el nuevo ciclo de producción sin cambio de idea. Mientras, el estándar de vida se mantenía a niveles anteriores sin avances, o bajaba, produciendo efectos desintegradores a nivel social, visto a la larga.
Las transformaciones de la globalización en los 70, y sobre todo en los 80, agudiza los problemas, así como la disyuntiva de mantenerse en los marcos establecidos, o buscar  nuevas maneras o accesos, tanto a nivel nacional como internacional.
Ya desde el año 1953, las propuestas de Malenkov, que buscaba una mejora de los niveles de vida, marca un giro hacia la inversión de la industria ligera y el comercio de bienes de consumo, lo que fue seguido por casi todos los países del “socialismo real“. En los años 60 llegaron las propuestas de Liberman, que defendía el principio de obtención de benefícios, y del mercado para las economías planificadas, que luego en los 70 derivaba en distintas opciones en diferentes países.
He leído en estos días varios escritos de colegas acerca de las trabas y obstáculos que tienen las empresas estatales. De esto está lleno la bibliografía económica, sociológica, empresarial, desde mediados del siglo pasado, por supuesto, la nuestra también.

Quizás, lo más ilustrativo puede ser en estos momentos, un ejemplo propio, cuando hace más de 3 décadas, investigando y haciendo consultoría en una de nuestras grandes empresas industriales, con miles de trabajadores, no se superaban planes, que eran menos del 10% del valor de los fondos básicos. En esa empresa, se identificaron 9 niveles de decisión dentro de la empresa, desde el obrero de línea hasta el director general, y contaba con un buró de proyectos de cientos de especialistas y técnicos altamente calificados, que debían esperar por un cuño de La Habana.  ¿Para qué seguir enumerando los niveles que estaban fuera y por encima de ella?

Sin entrar en particularidades de cada país, que no es el objetivo, hay que recordar que los años 70, y sobre todo los 80, llevaron a graves problemas económicos, políticos y sociales acumulados, y mencionados arriba. Se redujeron las tasas de crecimiento, aumentó la deuda externa y la economía se hizo más vulnerable. Se sumaba la crisis energética que provoca escasez de comida y de productos manufacturados, y los préstamos adquiridos para paliar la crisis provocaron el aumento de la inflación

El sistema se mostró altamente ineficiente, incapaz de producir los bienes necesarios, ni siguiera daba libertad de acción para encontrar el proveedor más barato ni controlar la respuesta del consumidor ya que ambos venían dados por un plan. Tampoco se podían hacer estimaciones de la elasticidad de la demanda producida por el mercado. Los precios de los productos permanecían inertes, sin alterarse por mucho o poco que se produjera determinada mercancía, y sin tener una clara relación con la productividad ni con los precios de otras mercancías .

En condiciones no muy favorables, se plantearon distintas opciones y profundidad de reformas, con vista a  eliminar la normativa económica  existente, la cual  ejercía un efecto limitado en el aumento de los rendimientos. Se pretendía aumentar la competencia en el marco del mercado regulado, asi como modificar el sistema de precios y salarios; crear un régimen de incentivos y también perfeccionar las formas de dirección empresarial. Se le dio un impulso considerable a las iniciativas privadas, que a partir de 1985 se hicieron más extensivas, sobre todo en la esfera de los servicios, alcanzando en algunos casos hasta el tercio del PIB del país.

Aumentó el número de arrendamientos de las propiedades estatales no rentables como cafeterías, restaurantes, bodegas, carnicerías, se elevó el número de los negocios por cuenta propia. Se creaba de esta manera una segunda economía. En algunos lugares, a determinados obreros se les entregaban instalaciones de sus empresas, con el fin de realizar producciones cuya ganancia les pertenecía.

Pero, para desarrollar la economía era necesario antes que nada perfeccionar la economía interna reduciendo los costos, aprovechando mejor las reservas, y sobre todo renovar gradualmente las bases técnico materiales de la economía nacional y elevar el bienestar del pueblo.

El estado en cada caso, reorientó la política salarial y dio más atención a incrementar el abastecimiento de bienes de consumo. El sistema de precios fijos imposibilitaba el cálculo de los costes reales destinado a responder a las necesidades o a adaptarse a la reducción de los recursos, así que se produjo una liberalización desde arriba, con diferentes grados de descentralización, en las decisiones y criterios de mercado.

En cuanto a la agricultura, se producían vaivenes, desde mayoría de granjas privadas, pasando por  cooperativización de diversa índole y casi desaparición de la iniciativa privada.

Los intentos tardíos de alcanzar un nivel competitivo en diversos campos de tecnologías de avanzada, que ya estaban dominando el mundo hacía dos décadas, (como el de los microchips  y la computación), no dieron los resultados esperados, puesto que las sociedades seguían siendo sobredimensionadas y burocratizadas.

El estado de bienestar fue cada vez menos capaz de superar las consecuencias de atomización social. La historia de los hechos ocurridos posteriormente son conocidos.

Hay muy poca investigación, especialmente investigación empírica, sobre el tema de la alienación en los países socialistas. Aunque el socialismo es una de las teorías sociales más ricas y sugerentes, no significa que deba seguir aceptándose como un sistema teórico cerrado. Se deben hacer esfuerzos para ampliar gradualmente sus horizontes. La cuestión que más pesa,  no es que hay que hacer  cambios, sino cómo hacerlos, y ese es el valor de las experiencias pasadas.

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