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"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." Fidel Castro Ruz

domingo, 24 de febrero de 2019

La lista y el billete no cuadran

¿Cómo es que le va bien al sector empresarial estatal y mal a la economía nacional?

por Dr.C Juan Triana Cordoví


Foto: Roberto Ruiz


Un viejo recurso para expresar la extrañeza ante una situación contradictoria es la frase: “No me cuadra la lista con el billete”. Fue lo que me repitió un buen amigo después de leer lo publicado en el sitio Cubadebate sobre la situación de las empresas del país. Empecemos por lo que mas le llamó la atención:

En la etapa 2011-2017 los indicadores de las empresas muestran números positivos, la mayoría en ascenso: ventas netas (35 % de incremento), utilidad antes de impuestos (72 %), valor agregado bruto (51 %) y la productividad (57 %).

Además de lo anterior, ha ocurrido la disminución del número de empresas irrentables, lo cual ha permitido que se redujera considerablemente el subsidio por pérdidas (91 %).

Llama la atención la mejora del desempeño de la empresa estatal socialista, sin embargo, contrasta con el desempeño de nuestra economía en ese mismo período. Es una contradicción evidente, puede traducirse en el lenguaje académico en un problema científico, que pudiera dar lugar a muchas nuevas tesis de doctorado.

Del año 2011 al año 2018 la economía cubana muestra una tasa de crecimiento que apenas alcanza el 2% promedio anual.


La pregunta es evidente: ¿Cómo es posible que, siendo la empresa estatal socialista quien lleva el mayor peso en la economía nacional y habiendo logrado desempeños tan relevantes, esos números no se reflejen en;
  • la tasa de crecimiento del país,
  • la mejora significativa en cantidad y calidad de la oferta nacional de bienes,
  • el crecimiento de las exportaciones,
  • la reducción significativa de las importaciones,
  • la reducción de los inventarios ociosos,
  • la elevación de la calidad de los bienes producidos,
  • una mayor complementariedad del sistema productivo cubano,
  • una mejoría en la reducción de sus adeudos a proveedores,
  • la disminución sustancial de las cuentas por cobrar y por pagar,
  • la reducción del robo y de la venta de contrabando de petróleo, etc, etc, etc.?
Y si bien es cierto que el salario en las empresas estatales se ha elevado, si el desempeño del conjunto de las empresas estatales mejora (ahí están los datos publicados en Cubadebate), y la economía nacional no mejora, entonces algo pasa, o con las estadísticas a escala nacional, o con las estadísticas a nivel de las empresas, o, sencillamente, no pasa nada a nivel de datos y estadísticas y entonces resulta que la práctica está diciendo que la mejora obtenida, aun siendo significativa para las empresas, no lo es para la economía en su conjunto. O que lo que ocurre en el conjunto de las empresas estatales no es tan importante para el desempeño de la economía nacional. Esto último me parece impensable e imposible.

La segunda pregunta es también evidente: ¿Si andamos tan bien, por qué hay que someter a una revisión profunda la organización del sistema empresarial estatal, en especial a las OSDEs?

El 29 de mayo de 2014 se publicaba también en Cubadebate una amplia explicación acerca de los cambios en el sistema empresarial cubano. En ese mismo artículo se retomaba la idea expresada por el General de Ejército Raúl Castro acerca del rol decisivo de la empresa estatal en las aspiraciones de construir un socialismo próspero y sostenible. “…la empresa estatal es y será la forma principal en la economía nacional, de cuyos resultados dependerá la construcción de nuestro socialismo próspero y sostenible”. En aquel momento, las OSDEs y el sistema derivado de ella aparecía como la solución.

En aquella ocasión se explicaba (de hecho es el título del artículo) que esos cambios tenían el propósito “deflexibilizar la actividad empresarial, dar más autonomía e independencia a la empresas”. Una aspiración antigua que ha presidido cada una de las transformaciones realizadas en el sistema empresarial cubano a partir de la puesta en práctica del sistema de dirección y planificación de la economía, allá por al año 1976.

Cuarenta años después, en este 2019 seguimos intentando alcanzar ese objetivo. No es que no se haya avanzado, pero lo que dice la práctica (que a fin de cuentas sigue siendo el criterio de la verdad), es que estamos muy lejos de lo que realmente necesitamos sean las empresas estatales.

Es cierto que hay toda una historia de idas y venidas con la relación a la empresa estatal, es cierto que en todos estos años ha habido un enorme esfuerzo de capacitación de personas para desempeñarse como ejecutivos, cuadros, empresarios (la Escuela Superior de Dirección de la Economía y sus escuelas provinciales) o sea, esfuerzo tanto a nivel organizativo como formativo existió y existe. ¿Entonces?

En el año 2012, el investigador Luis Marcelo (1) explicaba que entre el sistema de cálculo económico del año 1962 y el sistema implantado con el llamado Perfeccionamiento Empresarial se podía constatar avances en cuanto a la descentralización, en especial en lo concerniente al ejercicio de funciones empresariales tales como producción y decisiones en cuanto a estructura y plantilla, sin embargo en otras funciones empresariales (ventas, precios, inversiones, remuneración, designación del director y distribución de utilidades), el grado de descentralización era el mismo. No sé si ese mismo ejercicio lo ha repetido ahora en esta época de las OSDEs, sería beneficioso hacerlo.

Cinco años después de aquel artículo de mayo de 2014 donde se explicaban los cambios que se estaban haciendo para impulsar el “proceso de mejora” de la empresa estatal socialista, ha resultado necesario revisar el papel de las OSDEs, y repensar el lugar de las UEB. De 2014 a 2019 han pasado cinco años, ¿había que esperar tanto tiempo?

Sin duda hay que repensar las OSDEs, la empresa estatal socialista. Habría que decir también que el ambiente de negocios para nuestras empresas estatales no es el mejor. Primero por las distorsiones macroeconómicas, segundo por la rigidez derivada de un plan que deja poco espacio a las relaciones horizontales ente las propias empresas, tercero porque el sistema está construido sobre la base de grandes empresas muchas de ellas monopólicas, cuarto porque los espacios a la competencia entre las propias empresas estatales son mínimos, sexto porque las distorsiones macroeconómicas, entre ellas la distorsión de precios, conduce a una mala asignación de los recursos y todo lo anterior ataca en su raíz misma las bases de la productividad y de la eficiencia a escala micro.

Siguiendo lo publicado en Cubadebate el 1ro de febrero, las transformaciones operadas desde 2011 hasta 2018 tuvieron el propósito de:
  • Separar las funciones estatales de las empresariales
  • Incrementar la autonomía en el sistema empresarial y su nivel de eficiencia y organización.
  • Transformar los mecanismos de distribución de la riqueza.
  • Garantizar que las empresas se recapitalicen por sí mismas.
Si atendemos a los datos sobre el desempeño del sector empresarial estatal suministrados en ese artículo y reseñado más arriba, podríamos dar una calificación alta al cumplimiento de esos objetivos. De otro lado, si observamos el desempeño de la economía nacional, que depende de esas empresas, entonces la calificación tendrá que ser otra. Vaya contradicción.


(1) Marcelo L. Desafíos de la descentralización del sistema estatal cubano, Jornada Científica del INIE, diciembre 6 y 7 del 2012.

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