jueves, 3 de mayo de 2018

El desarrollo de la biotecnología en Cuba: retos en el nuevo contexto económico

Por: Omar Everleny Pérez Villanueva. Cuba Posible
Agustín Lage es el director del Centro de Inmunología Molecular. Foto: Cubadebate.
Una introducción necesaria a este tema nos debe llevar a conocer por qué esta área de alta tecnología ha tenido los resultados destacados, especialmente a partir de los años 90. Después de 1959, Cuba creó múltiples programas educativos, otorgó grandes partidas presupuestarias que permitieron crear la base profesional necesaria para su desarrollo posterior, y se planteó la necesidad de desarrollar una ciencia nacional como un  objetivo central de la plataforma revolucionaria. Uno de sus primeros pasos fue la campaña de Alfabetización en 1961, la reactivación de la Academia de Ciencias de Cuba en 1962, y la creación de diferentes Institutos de Salud Pública en un primer momento.
Posteriormente, en la década de los 80, se planteó una estrategia de desarrollo para la biotecnología, con la creación, en 1981, del Frente Biológico del cual formaban parte diversas instituciones científicas. A partir de ahí se comenzaron a crear  centros científicos, como el Centro de Investigaciones Biológicas, el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB), el Centro de Producción de Animales de Laboratorio (CENPALAB), Centro Nacional de Biopreparados (BIOCEN), Centro de Inmunoensayo, el Centro de Inmunología Molecular (CIM), el Instituto Finlay y también se construyeron otros centros en distintas universidades y en diferentes provincias.
Entre los años 1990 y 1996 el país atravesó un período de profunda crisis económica y social, conocida como “Período Especial”; sin embargo, las inversiones del presupuesto del Estado en esas esferas de la alta tecnología no se detuvieron, y se invirtieron altas sumas en equipos.
En 1992 se constituye el Polo Científico del Oeste de La Habana, que comprendió más de 50 instituciones y 10,000 trabajadores. Esa estructura permitió que todas las empresas que lo conformaban tuvieran su propia empresa comercializadora para facilitar el proceso exportador.
La estrategia cubana en la biotecnología se basó, desde un inicio, en tener un profesional de alta calificación que participara en el llamado “ciclo cerrado”: (investigación + desarrollo + producción + comercialización); donde se pudiera, además, medir el efecto de los resultados concretos, basados en cuántas enfermedades se evitaban y cuántas personas se curaban. También se les ofrecían a los investigadores a lo largo de su desarrollo incentivos laborales, buenas condiciones de trabajo, posibilidad de superación constante en Cuba y en el exterior; aunque estos requisitos han mermado en la actualidad.
El bajo costo de la fuerza de trabajo (altamente calificada) y su abundancia, con respecto al de los países más desarrollados, implicaban que los productos cubanos tuvieran bajos costos por peso de investigación o producción.
La experiencia de la biotecnología cubana se podría considerar con éxito desde los criterios que se puedan emplear para medirla: generación de productos (biofármacos y vacunas), impacto en la salud pública, patentes y exportaciones. Lo que no ha quedado muy claro es si las enormes inversiones que se realizaron en esta área se han podido recuperar hasta el momento.
Pese a las numerosas aplicaciones de la biotecnología en varios sectores, por las propias causas de los recursos limitados con los que ha contado Cuba, los productos biotecnológicos cubanos se han concentrado, fundamentalmente, en tres sectores de aplicación: en el área de la salud humana, en las investigaciones sobre ganadería y en la agricultura.
El impacto social de los productos biotecnológicos cubanos puede encontrarse en las diferentes vacunas obtenidas y su repercusión en la población, como fue la de la Meningitis B/C y la Hepatitis B; tecnologías para el diagnóstico de defectos del tubo neural, Dengue, Kits para embarazos, vacunas contra el cáncer de pulmón, entre otros; y fármacos dedicados a combatir enfermedades virales, infarto del miocardio, rechazo de trasplante de órganos, por citar algunos. Se han logrado vacunas bivalentes, trivalentes, tetravalentes y pentavalentes, en otras de tipo terapéutico para combatir el SIDA, que alarga la aparición de la enfermedad en aquellas personas ya contagiados con el virus, y en variantes preventivas.
Recientemente se logró una nueva vacuna terapéutica contra la Hepatitis B Crónica que se llama HeberNasvac, que ha demostrado niveles de eficacia superiores a los de los principales tratamientos registrados para este padecimiento. Es la primera vacuna en el mundo para uso terapéutico que se aplica por vía nasal y subcutánea. La primera que tiene dos antígenos del virus de la Hepatitis B, el antígeno de superficie y de la nucleocápsida del virus.
Hay que resaltar que el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB) desarrolló uno de los principales productos de las exportaciones de la biotecnología cubana (el Heberprot P), un medicamento único en el mundo que ha reducido el índice de amputaciones en pacientes con úlceras del pie diabético hasta un 75 por ciento.
Se trabajó en la agricultura para hacerla más productiva, aunque no sucedió así, pero se realizaron inversiones para la construcción de una extensa red de bio-fábricas para la producción de vitro-plantas en aras de mejorar el sector agrícola, y se lograron variedades más resistentes a enfermedades y plagas en cultivos como la caña de azúcar, papa, tabaco, plátano, hortalizas y cítricos. A eso se le sumó la obtención de vacunas veterinarias de nueva generación y la producción de animales transgénicos.
Esta industria sufrió una nueva transformación en diciembre de 2012, cuando las empresas biotecnológicas cubanas pasaron a formar parte del grupo empresarial BioCubaFarma. Se integraron al grupo las entidades del sector biotecnológico que antes pertenecían al Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA) y las entidades del Grupo Empresarial QUIMEFA (encargado de la producción de fármacos en el país). El grupo tiene establecimientos en las 15 provincias del país y está compuesto por 16 grandes empresas productoras, ocho comercializadoras, 11 radicadas en el exterior y tres que ofertan servicios.
La integración de la industria biotecnológica con la farmacéutica pudiera reportar beneficios para ambas; no obstante, la experiencia es aún muy incipiente para sacar conclusiones. BioCubaFarma es una entidad nacional de carácter empresarial, que incluye el concepto de empresas de alta tecnología y hay que destacar que, aunque ciertamente la integración de ambas industrias puede constituir un factor de éxito en el tiempo, hay que diferenciar a la “empresa” de la “empresa de alta tecnología”.
Existen 19 entidades en el extranjero regidas por Biocubafarma mediante distintas modalidades: empresas mixtas o totalmente de propiedad cubana, representaciones, entre otras. Sus producciones se comercializan en más de 50 países, y en varias regiones poseen más de 700 registros sanitarios; es decir, la aprobación que otorgan las autoridades de salud para usar el fármaco.
La biotecnología cubana y la industria farmacéutica tendrán que aportar una cartera de exportación de productos de alta tecnología de forma creciente, que garantice la inversión realizada en esa área. Aunque el tema de la exportación no es solamente un problema de volumen, sino del contenido tecnológico de lo que se exporta. El verdadero desarrollo tecnológico pasa por ser capaz de producir y exportar productos de alto valor añadido y de forma constante a lo largo del tiempo.
Sin embargo, las estadísticas oficiales cubanas muestran que las exportaciones de los productos químicos y conexos, en los cuales están incluidos los productos medicinales y farmacéuticos, han decaído en los últimos años, a pesar de que no se han publicado dichas estadísticas a partir de 2014. Es decir, la biotecnología ha ido desacelerando el ritmo de sus exportaciones, formando parte de la caída de las exportaciones de bienes generales del país. (Ver gráfica).
Las estadísticas muestran una caída de casi un 30 por ciento de las exportaciones de productos químicos y conexos entre 2016 y el 2015, por lo cual, teniendo en cuenta la participación de los productos medicinales y farmacéuticos dentro del total de las exportaciones de productos químicos en alrededor de un 90 por ciento, se podría estimar que las exportaciones de medicamentos, entre los cuales se encuentran por supuesto los de origen biotecnológico, estarían en un entorno de unos 400 millones de pesos anuales en el 2016. Lo cual es un valor significativo, pero no está en los valores a los que se aspiraba en estos años y, por ende, el futuro no está claro en ese sentido.
El surgimiento de Biocubafarma hizo posible la incursión del capital foráneo en esta área, principalmente en la construcción de plantas, y en la Zona Especial de Desarrollo Mariel ya tiene en construcción una planta de producción e investigación. Pero el Estado cubano ha sido reacio en muchos casos a la inversión extranjera en la etapa productiva o de investigación.
Retos en lo adelante
Cuba ha entrado en un área que es dominada por algunos países desarrollados a través de transnacionales. Ese sector necesita de enormes recursos financieros para su desarrollo competitivo, de los cuales Cuba carece. El reto sería lograr la supervivencia del sector en las condiciones del país en el corto plazo. El sector biotecnológico posee un alto grado de complejidad, y si bien es muy rentable cuando se tiene éxito, para llegar a esto se necesita invertir grandes montos de dinero y estar dispuesto a esperar largos períodos antes de recuperar la inversión.
 La diversidad de destinos con entornos regulatorios diferentes, y el incremento de las regulaciones internacionales, son una barrera para la entrada de los productos cubanos en muchas economías. Existen  regulaciones por cada país de destino, lo cual requiere de la reinversión permanente para obtener altos estándares de calidad. Esto conlleva un riesgo fundamental para el sector biotecnológico cubano. Sobre todo porque los mercados más restringidos son los de los países desarrollados, que tienen pocas empresas pero son monopólicas; y es allí donde se pueden obtener los mayores beneficios.
La industria cubana, en general, adolece de autonomía en la toma de decisiones financieras, situación que impide, en muchas ocasiones, disponer de capital en el momento necesario; y convierte la escasez de recursos financieros en una de las principales debilidades del sector. A pesar de cierta desregulación que plantean los directivos cubanos, en la práctica se mantiene el verticalismo en la toma de decisiones de los gerentes cubanos, a los cuales sería mejor llamarles “administradores de recursos”.
Cuba tiene una reducida demanda interna para los productos biotecnológicos. En los países pequeños, el mercado doméstico no tiene dimensiones que generen un volumen suficiente para “internalizar” los costos fijos de las actividades de investigación y desarrollo. De esta manera, la orientación exportadora es una condición imprescindible para lograr la viabilidad económica.
En este contexto, la diversificación del mercado en el proceso exportador constituye una necesidad. A pesar de que los productos de la biotecnología cubana se exportan hoy a varios países de todos los continentes, aún se evidencian problemas de concentración de dichas exportaciones en cuanto a su valor, lo que constituye una limitante a la competitividad.
La productividad en el mediano plazo dependerá de la penetración de nuevos mercados, pero también de la creación de nuevos productos, por lo que las empresas cubanas se enfrentan al trade off entre seguir produciendo biogenéricos que llevan un menor esfuerzo –pero también menor rentabilidad–, o hacer el gran esfuerzo de renovar su cartera de productos, lo que implica mayor inversión, riesgo y rentabilidad en el largo plazo.
Es decir, un elemento importante de la biotecnología es la espera en el proceso que debe llevar a cabo todo producto biotecnológico (en especial los medicamentos), desde la investigación y desarrollo hasta el registro del producto. Para desarrollar un medicamento biotecnológico en el mundo son necesarios no menos de 10 años.
Pese a su gran desarrollo y resultados, tanto en el campo de la ciencia (investigación) como en el de la economía (exportaciones) -lo cual lo convierte en un renglón significativo en la estructura de las exportaciones cubanas-, el sector biotecnológico se enfrenta a un gran reto en cuanto a su concentración en sus destinos de las exportaciones y a la necesidad de una fuerte inyección de recursos financieros, que el país no está en las mismas condiciones de ofrecer como en la etapa inicial del despegue en los años 80.
No obstante la biotecnología es un sector estratégico en cuanto a la noción multidimensional que tendrá el desarrollo cubano en sus aspiraciones de horizonte hasta el 2030. Hacerlo realidad, es lo que le toca a los hacedores de política económica en el país.

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