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"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." Fidel Castro Ruz

jueves, 4 de julio de 2019

Salarios, precios e inflación en Cuba: ¿cuadratura del círculo mediante importaciones?

Por Pedro Monreal , El Estado como tal.

https://elestadocomotal.com/2019/07/04/salarios-precios-e-inflacion-en-cuba-cuadratura-del-circulo-mediante-importaciones/

Desde que se anunció el incremento de salarios de los trabajadores del sector estatal y de una parte considerable de las pensiones, ha habido una discusión acerca de si la medida tendría un impacto en el crecimiento de los precios.


Lo que se discute no es un asunto menor. En un contexto de inestabilidad en la disponibilidad de bienes y servicios, particularmente los alimentos, el espectro de posibles tendencias inflacionarias que pudieran afectar el poder de compra de los ciudadanos es algo preocupante.
¿Qué se discute esencialmente?
Existen distintas dimensiones en ese debate y se utilizan diversos enfoques de análisis, pero en el fondo hay dos visiones que parecen definir las grandes “racionalidades” que se expresan en esos intercambios.
De una parte, la noción de que la medida no es inflacionaria porque no se modifican los costos para los actores económicos y porque existe capacidad estatal para respaldar un incremento equivalente de oferta. El corolario de esa visión es que como no se justifica un incremento de precios, entonces ello no debe ser permitido.
De otra parte, la perspectiva de que pudieran aparecer tendencias inflacionarias no relacionadas tanto con los costos sino con desbalances “sectoriales” de demanda y de oferta, específicamente en los alimentos. Aunque existiese un equilibrio macro de demanda y oferta globales -dado que se reduce el presupuesto en otras partes- el incremento de demanda no se distribuye de cualquier manera, concentrándose una buena parte de la demanda extra en la compra de alimentos, un área donde razonablemente puede asumirse que la oferta no estaría en condiciones de crecer al mismo nivel que la demanda. El corolario sería que pudiera existir una tendencia inflacionaria que debería ser gestionada con medidas que no afectasen los mecanismos de mercado –cruciales en el agro cubano- entre los cuales el precio es un factor de flexibilidad.
Una importante nota respecto a esta segunda perspectiva es que se asume que existirían restricciones en la capacidad de oferta tanto a nivel de la producción agropecuaria nacional, que comenzó mal en 2019, como en la oferta importada, tomando en cuenta que la política oficial es la de reducir importaciones como respuesta a la poca disponibilidad de divisas. Sobre este punto volveré más adelante.
¿Existen puntos de consenso en medio de las diferencias?
A pesar de existir visiones distintas por parte de quienes se han involucrado en la polémica, cuando se cumple poco más de una semana de discusiones, parecen existir dos puntos de amplio acuerdo: el incremento de salarios y pensiones ha sido una medida positiva, y debe concedérsele prioridad al incremento de la oferta para evitar que sea inflacionario el incremento de demanda derivado de mayores salarios y pensiones.
Obviamente, más allá de esas dos grandes áreas de coincidencia, persisten las discrepancias acerca del tipo de oferta que debe aumentarse y sobre cómo lograr el incremento de la oferta.
La posición oficial es que se apoyará la diversidad de nuevas ofertas (comunicaciones, turismo nacional, transporte, gastronomía, etc.) y que eso se hará fundamentalmente aprovechando el predominio de las entidades estatales a nivel del comercio interior.
Una visión alternativa a la anterior, que yo comparto, es que la clave no está en una diversificación indeterminada de la oferta, sino que la clave radica en el incremento de la oferta de alimentos y que eso requiere poner el acento en favorecer las condiciones de sostenibilidad de la producción del sector privado que es donde se genera la parte decisiva de la producción agropecuaria nacional en una serie de renglones importantes.
Pero, más allá de los razonamientos, ¿Cuáles son los datos?
Es imprescindible comenzar por conocer los datos que identifican un punto central que debe tenerse en cuenta: el incremento de la demanda se distribuye mediante un patrón relativamente estable que no lo decide la variedad de la oferta sino la naturaleza del consumo familiar.
Aquí utilizo el trabajo que, durante años, han realizado las economistas cubanas Betsy Anaya y Anicia García. Es un trabajo excelente que ha evaluado las relaciones entre ingresos y gastos de consumo familiar en tres momentos: 2005, 2011 y 2016. (1)
Aunque pudieran existir variaciones desde 2016, es plausible asumir que –hasta el momento en que se hagan efectivos los recientes aumentos de salarios y pensiones- el análisis de 2016 es aplicable a la actualidad.
Asegurar un consumo per cápita de 3524 Kcal y 82 gr de proteína, representa, como promedio, entre el 55% y el 71% del total de gastos de un hogar, dependiendo del tipo de hogares. Para simplificar las cosas, podemos adoptar la cifra promedio de 63%.
Esa es una proporción de gastos que hay que hacer con independencia de que se amplíe la variedad de opciones para gastar dinero. Si no se hace ese gasto, inevitablemente tendería a bajar –como promedio- la ingesta calórica y proteica de la población. No hay que darle más vueltas a ese asunto.
Es decir, parece razonable asumir que –a nivel de “grandes números”- esa proporción del gasto familiar en alimentos no debe modificarse porque aparezcan nuevas ofertas de comunicación o de alojamiento turístico.
Siendo la alimentación un componente que –en promedio- no puede “comprimirse” ni reemplazarse, lo que queda entonces es calcular cuánta demanda adicional de alimentos se derivaría del aumento de salarios y pensiones, y cuánto aumento es factible esperar realistamente en la oferta de alimentos.
Se ha informado que el incremento de demanda total anual es 7880 millones CUP (7050 millones de incremento de salarios y 830 millones de pensiones).
Si se calcula semestralmente, la demanda extra del segundo semestre de 2019 sería de 3940 millones de CUP. Calculando el 63%, la demanda extra de alimentos sería entonces de 2500 millones semestrales (redondeando la cifra).
O sea, esa es la demanda adicional del segundo semestre de 2019 que debe ser equilibrada con nueva oferta de alimentos, no de otra cosa.
Para poder tener una idea de la dimensión relativa de esa demanda extra de alimentos, pudiera compararse con la cifra de 3331 millones de CUP que representa el promedio semestral de ventas minoristas de alimentos en 2017 (últimas estadísticas disponibles). (2)
Las ventas de alimentos en la red minorista de comercio no representan todo el gasto familiar de alimentos del país, pero es una parte importante de ese gasto y por eso es un punto de referencia relevante.
Lo que indica la comparación es que el incremento que tendría que producirse en la oferta de alimentos (2500 millones de CUP), para que no fuese inflacionario el aumento de salarios y pensiones, debería representar aproximadamente el 75% de las ventas minoristas de un semestre.
Expresado de otro modo, no es razonable asumir que la producción nacional de alimentos –cuya base es un sector agropecuario que arrancó muy mal en 2019- sea capaz de asegurar el incremento de oferta de alimentos que se necesita en el segundo semestre de 2019.
¿Habría alguna otra forma de incrementar la oferta de alimentos en el corto plazo?
Por supuesto, mediante importaciones de alimentos.
Con alimentos importados por un valor de 100 millones de USD que luego se vendieran en pesos cubanos (CUP) a la tasa de CADECA, se estaría colocando en el mercado interno una cantidad de alimentos equivalente a los 2500 millones de CUP de demanda extra.
Se asume que los productos serían vendidos a los mismos precios que tienen ahora, de manera que no habría un incremento de precios, a la vez que la oferta adicional de alimentos sería idéntica a la demanda extra de alimentos. Se trata de un cálculo simplificado, a los efectos de ilustrar este punto.
La cifra de 100 millones de USD semestrales extra (50 millones USD trimestrales) no es una nimiedad, pero tampoco es algo que no pueda permitirse el Estado cubano. No queda exactamente claro de dónde pudieran provenir esos fondos, pero una posible fuente pudieran ser los ahorros en el presupuesto, que, si bien se contabiliza en CUP, incluye –en términos reales- un componente en divisas.
Sería una especie de cuadratura del círculo.
Es interesante que siendo esta una opción obvia, no ha formado parte hasta ahora de las discusiones, por lo menos de manera visible.
Probablemente pudiera explicarse porque para una narrativa oficial anclada en la premisa de movilizar las potencialidades internas, la sustitución de importaciones y los encadenamientos internos, pudiera ser problemático conceder centralidad a las importaciones en la solución de un problema crucial.  
Por otro lado, quienes planteamos que los incrementos de demanda en Cuba tienden a ser inflacionarios sino se liberan fuerzas productivas en el sector agropecuario, principalmente para sus mayores productores: los actores privados, hemos priorizado la cuestión de las importaciones más desde el ángulo de las inversiones e insumos productivos, que desde la perspectiva de las ventas de alimentos importados.
Lo interesante es que la posibilidad de “resolver” la urgencia de aumentar la oferta de alimentos mediante las importaciones, pudiera reducir la intensidad del debate en cuanto al potencial inflacionario del alza de salarios y pensiones (asumiendo que se habría logrado la cuadratura del círculo) para desplazar el debate hacia las soluciones de más largo plazo en las que hay un punto común respecto al “qué” (aumento de oferta nacional), que coexistiría con divergencias acerca del “cómo”.
Esto nos lleva al importante tema relativo a la “legitimidad” de los incrementos de precios en el modelo económico cubano que intenta establecerse.
Despojando el asunto de sus múltiples detalles, al final el asunto se reduce a si se aceptan al menos dos premisas que se exponen aquí en forma de preguntas:
  • ¿Cuándo se habla de mecanismos económicos y financieros (contraponiéndolos a los mecanismos administrativos) se está hablando esencialmente de mecanismos de mercado o de otra cosa?
  • En caso de que se trate de mecanismos de mercado (regulados inclusive), ¿se aceptaría que no solamente es normal que existieran alzas de precios, sino que estas pudieran cumplir una función importante y positiva en el funcionamiento del sistema económico?
Quizás la presión actual con la que debe implementarse el alza de salarios y pensiones no es el momento adecuado para tratar de hacer una discusión razonada sobre el tema.
En cualquier caso, llamo la atención acerca de algo elemental, pero que en días recientes parece estarse abordando de una manera sesgada: los precios pueden tender a subir por razones muy diversas que no tendrían que ver necesariamente con el incremento de salarios y pensiones.
Por supuesto que existen alzas de precios por razones espurias (especulación, acaparamiento, corrupción, etc.) que deben ser atajadas de manera administrativa, pero la manera en que oficialmente se habla acerca de los precios exige precisión.
No es adecuado adjetivar precios con términos como “oportunistas” o “indiscriminados” en una discusión general sobre precios altos cuando no se ha determinado específicamente la causa del alza de precios. Sencillamente porque pudieran explicarse por factores relativos al funcionamiento normal del sistema económico, o inclusive por otros factores como pudieran ser algunas políticas económicas deficientes.
¿Qué tipo de problema de fondo se resuelve, exactamente, con un ukase administrativo que “congele” los precios de la carne de cerdo, un producto que -según la estadística oficial- se redujo en 26,4% en el primer semestre? (3)
¿Es irracional esperar que en un sistema económico donde funcionan las relaciones mercantiles los precios se mantengan estáticos cuando la oferta se reduce en más de una cuarta parte?
De hecho, anteriormente se había explicado oficialmente que la presión sobre otros alimentos desde fines de 2018, entre ellos la carne de pollo (casi toda importada), se debió en parte a la contracción de la oferta de carne de cerdo cuyos precios habían aumentado.
La economía es un sistema con muchos vasos comunicantes. Se les pueden poner válvulas de regulación, pero cuando esos vasos comunicantes se “sellan” el sistema estalla por alguna parte.
Notas
1 Betsy Anaya Cruz y Anicia Esther García Álvarez. Dinámica de gastos básicos en Cuba (primera parte), IPS Cuba, https://www.ipscuba.net/economia/dinamica-de-gastos-basicos-en-cuba-primera-parte/ ; Dinámica de gastos básicos en Cuba (segunda parte y final), IPS, Cuba https://www.ipscuba.net/economia/dinamica-de-gastos-basicos-en-cuba-segunda-parte-y-final/
2 ONEI. Anuario Estadístico de Cuba 2017. Tabla 14.1 – Valor de la circulación mercantil mayorista total y la red minorista por grupos de productos http://www.one.cu/aec2017/14%20Comercio%20Interno.pdf
3 ONEI. Sector agropecuario. Indicadores seleccionados. Enero- marzo 2019. http://www.one.cu/publicaciones/05agropecuario/ppalesindsectoragrop/ppales_indmar19.pdf

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