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"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." ""Creo que mientras más critica exista dentro del socialismo,eso es lo mejor" Fidel Castro Ruz

martes, 26 de octubre de 2021

De impagos, papeleo, acarreo y otros modos para «cortar» la leche

 Realidades que forman parte del rompecabezas en que se ha convertido la producción, acopio y comercialización de la leche en el país

Foto: caricatura, martinera

Claudia Martínez desistió de tomarse un vaso de leche en las mañanas. Con pesar, la anciana asegura que al precio actual «en la calle», a 20 o 25 pesos el litro, le resulta imposible adquirirlo.

«Lo compraba a cinco pesos; luego, al subir el precio de compra a los campesinos, comenzaron a vendérmelo a diez; pero no quedó ahí. En julio me lo cobraron a 15, y a pesar de que solo recibimos la chequera del viejo, decidimos aceptar; sin embargo, cuando me dijeron, “abuelita, te la tengo que cobrar a 20, porque la cuenta no da”, opté por renunciar a la leche», lamenta Claudia Martínez.

Sobre por qué tal escalada, el vendedor le explicó que no tenía quien transportara la leche y, por tal razón, debía pagar el acopio de su bolsillo; que si la hacía queso, obtenía más ganancias, porque se lo sufragan a cien pesos la libra; y también que, de convertirla en yogur, triplicaba el valor del litro, además de que la mayoría de los insumos para los campesinos están muy caros.

Claudia y su esposo no tienen cómo saber si son ciertas o no las razones esgrimidas por el vendedor. Lo que sí saben es que, con tales precios, no pueden seguir pagándola.

Realidades como esa forman parte del rompecabezas en que se ha convertido la producción, acopio y comercialización de la leche en el país, de lo cual Villa Clara es un vivo ejemplo. En la provincia central se han dejado de entregar a la industria, en lo que va de año, poco más de ocho millones de litros, según informó la Delegación de la Agricultura en el territorio.

Tras las pistas del asunto, Granma se acercó a productores, acarreadores y directivos de la Agricultura, la Empresa de Productos Lácteos y la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP), en procura de las razones por las cuales, a pesar de las medidas que ha tomado la dirección del país para incentivar la producción lechera, esta, lejos de crecer, retrocede.

NO BASTA SUBIR LOS PRECIOS

Alexis Alfonso es un ganadero santaclareño de más de 40 años de experiencia. Cuando habla del tema prefiere hacerlo sentado, sin sombrero y con mucha paciencia para poder estar bien clarito, «porque ese asunto tiene muchas aristas», dice con franqueza.

«Creo que el tema de la leche tuvo, desde el inicio, unos cuantos cabos sueltos. Se ha pensado que subiéndole unos pesitos a ese producto se iban a resolver los graves problemas de la ganadería, y que, de manera automática, iba a incrementarse la entrega a la industria, lo cual no es así», reconoce el recio campesino.

«Para tener ganado, por lo primero que hay que preocuparse es por el agua y la comida en cantidades suficientes, y eso no lo tiene claro todo el mundo. Siempre me he ocupado de esa cuestión junto a mis dos hijos, y es raro que se me muera algún animal.

«Otro problema es el de los medicamentos, que no existen, y si aparecen, es a precios estrafalarios. Y olvídate, que vaca con garrapata no da leche, esa es la realidad, por no hablar de la baja natalidad y la alta mortalidad en la mayoría de los lugares», expone.

También Rigoberto Rodríguez Fuentes, presidente de la cooperativa de créditos y servicios (CCS) Efraín Hurtado, de Manicaragua, piensa «que imponer tres precios diferentes a ese alimento no fue una idea muy feliz, porque se ha creado una tremenda burocracia y un papeleo muy grande alrededor del asunto; a lo que se une que estos no son estimulantes para el campesino que vive de la entrega de ese producto».

Argumenta con los altos montos que debe pagar por los insumos para mantener la producción, y pone el ejemplo del rollo de alambre, el cual le cuesta 107 dólares.

«Tengo personas en mi cooperativa cuya ganancia no le da ni para la cuota del mes, porque muchas veces debe pagarle de su bolsillo a los acarreadores, de lo contrario se pierde la leche», asegura.

Al respecto, Miguel Rodríguez Gálvez, subdelegado de Ganadería en Villa Clara, precisa que hay variantes a la hora de fijar el precio de la leche y su acarreo. Así, por ejemplo, si el productor no cumple el plan de entrega, se le paga el litro a 7,50; si lo hace, recibe nueve; pero si sobrecumple el volumen contratado con la Empresa Láctea, esta se lo paga a 13 pesos.

«En la práctica lo que ha venido ocurriendo es que, como para cobrar ese dinero el campesino se demora un mes, y a veces más tiempo, debido a múltiples razones, es más rentable para ellos no entregarla al Estado y venderla por la izquierda, a precios que oscilan entre los 15 y los 25 pesos; o si no, convertirla en yogur o queso, que también se pagan muy bien».

Para tener una idea de las brechas en este asunto, baste decir que de un plan de entrega de poco más de 39 millones, cifra inferior al del año anterior, hasta septiembre se habían entregado unos 21 millones, es decir 8 066 000 litros por debajo de lo previsto.

Según el especialista, una de las causas de tal incumplimiento ha sido la intensa sequía en algunos lugares, en especial durante julio y agosto, por cuya razón dejaron de ordeñarse 7 434 vacas, además de incrementarse el número de las que no parieron o se murieron debido a la depauperación, lo que significó unos cuatro millones de litros de leche dejados de entregar, solo por esa causa, según él.

Otro es el tema de los acarreadores, a los cuales se les cambió el precio del acopio en medio de la campaña, que en algunos casos fue inferior al que recibían con anterioridad, lo que llevó a que 188 de ellos se retiraran y dejaran de realizar la labor, detalla Miguel Rodríguez, quien pone el ejemplo de Placetas, donde 36 personas que ejercían esa función la abandonaron.

Arney Martínez Chongo, al frente de la esfera agroalimentaria en el Buró Provincial de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP), reconoce que, para poder entregar la leche, muchos campesinos tuvieron que asumir de su bolsillo el pago de los acarreadores, lo que generó descontento e insatisfacciones.

Como consecuencia, de las 281 formas productivas con que cuenta la provincia, en agosto 177 incumplían el plan de entrega, es decir, el 63 %; mientras el 87 % de los productores que realizaron contrato con la Empresa Láctea contravenían lo previsto, es decir, 8 965 no satisfacían su compromiso, una cifra demasiado alta.

También la presidenta de la ANAP en Villa Clara, Betsy Arroyo Rafuls, piensa que en el incumplimiento ha influido la manera tardía en que se hizo el reordenamiento de los precios, aunque no ha sido la única causa, porque también faltó organización del proceso en la provincia, y hubo problemas con los termos de frío, con los acarreadores y con las direcciones de las cooperativas, muchas de las cuales no han estado a la altura de las circunstancias.

Insiste, igualmente, en el pago tardío de la leche a los campesinos en varios momentos de la campaña. Algunos demoraron hasta 40 días en recibir el dinero por la leche entregada, lo que, obviamente, los desmotivó, recalca Betsy Arroyo.

Sobre el asunto de los impagos, la Presidenta de la ANAP en el territorio subraya que la diversidad de precios creó mucho burocratismo en un contexto de carencia de las estructuras necesarias en las cooperativas para llevar tantos documentos, lo cual ralentizó el proceso de retribución a los productores y estimuló el consiguiente desvío a otros destinos.

Roberto López Hernández, director de la Empresa de Productos Lácteos de Villa Clara, reconoce que, en los meses de julio y agosto, a causa de la COVID-19 en la empresa, hubo demora en la firma de las facturas, lo cual incidió también en el pago atrasado.

Una muestra de la situación que se ha vivido aquí es que, a inicios de octubre, de los poco más de 8 000 productores que debían entregar leche al Lácteo, solo 1 837 cumplían sus compromisos, lo que se tradujo en miles de litros dejados de entregar, además de afectar otras producciones para la población y el consumo social, como el queso, el helado y el yogur, entre otras.

Que haya un mercado informal que haga una competencia desleal a la ruta que termina en la industria, está claro que tiene una causa principal: una insuficiente producción a la cual, al amparo de los precios inflados «en la calle», se le hace demasiado tentador venderse al mejor postor.

Sin embargo, que a aquellos que persisten en honrar los planes, incluso en sobrecumplirlos, con conciencia plena de lo que significa su aporte para la economía del país, choquen tan frecuentemente con los obstáculos absurdos del impago o la demora burocrática; necesita, cuando menos, revisión y acción urgente para borrar cada cosa que entorpezca el crecimiento productivo o desestimule al ganadero; dos consecuencias contrarias a lo que, ahora mismo, a la nación le urge e incentiva.

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