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Foto: Noryis / Trabajadores.
Por Aurelio Pedroso
LA HABANA. “Hasta dónde vamos a llegar” pudo ser una de las preguntas de algún marinero con ciertos antecedentes penales, cuando se embarcó con Colón en aquel año de 1492. No llevaban menos de 24 horas en nuestras costas, en tierra firme, y la “hispanidad” comenzaba a golpe de trueques y otros males mayores, aunque tal vez justificados, como aquel del contrabando y lo que hoy suele denominarse como “desvío de recursos.”
Un mal que llevamos en sangre. Durante el capitalismo, por razones que no admiten discusión; en el socialismo, por otras bien diferentes. Si no es así, que alguien lance la primera piedra, como dijera aquel profeta melenudo que predicaba con el ejemplo y también con los milagros.
Si el archipiélago cubano entrara, hipotética y fantásticamente, en un somatón o escáner, la corrupción y el mal hacer estarían hasta en un diminuto cayo al norte de Nuevitas en el que habitan, ya en superpoblación, unos monos cuyos antecesores fueron traídos desde el continente africano a principios de la Revolución.
Entonces uno vuelve a preguntarse, a veces en voz baja y otras a voz en cuello, como un reguetonero (el ordenador lo subraya en rojo. Tal es el disparate) de increíble fama, eso de hasta dónde llegaremos con tales derroteros no solo por lo que leemos, sino por lo que vemos en el día a día, en cualquier lugar donde pongamos un pie, abramos la boca o extendamos un brazo.
Hay como para seleccionar y no leyendo lo que cierta prensa más allá de las fronteras patrias nos cuenta con perseverancia y que se debe tomar con suma cautela, porque sabido es que su intención es poner más mala la cosa de lo que realmente está.
Han sido los propios medios locales los que han dado a conocer, no es el primero ni con mucho, el insulto, de punta a cabo, que tiene Magaly Pequero Bernal, dos años como colaboradora de la salud en Angola, con la pérdida, extravío, desaparición, lo que sea, de su contenedor con Aerovaradero y esa aborrecible respuesta de su directora adjunta de que ella “no atiende a clientes”.
Tal hoja de ruta —lo saben las autoridades—, no avista nada positivo de cara al futuro. Mucho de responsabilidad tiene la débil economía en ello. Lo otro va en nosotros mismos, en valores de diversa naturaleza que enterramos junto a nuestros abuelos junto al no uso de ejercer demanda ante los tribunales, o ante quien sea.
Aquí les va la breve historia de lo que ocurre con Magaly Pesquero, contada por el semanario cubano Trabajadores.
La carga invisible
Semanario Trabajadores, octubre 8 de 2018
Por Arsenio Rodríguez Pérez
Magaly Peguero Bernal nos cuenta que estuvo dos años y un mes cumpliendo misión de colaboración médica en la República de Angola. Ella reside en la calle 147, número 14243, e/ 142 y 154, reparto Reynolds García, Matanzas.
En tanto colaboradora se le dio el derecho de enviar a Cuba sus pertenencias, en lo que se conoce como menaje de casa, lo que hizo a través de la Empresa Aerovaradero 3 A, el 28 de julio del pasado año.
Según lo establecido, dice, la empresa tenía 60 días para entregarle lo enviado, pero, después de múltiples visitas a esa entidad y conversar con varios funcionarios la respuesta siempre ha sido: “La carga aún no está ubicada”.
A eso le han agregado que “se está trabajando para sacar las cargas atrasadas del almacén”.
Ya ha pasado más de un año del envío y la carga sigue sin aparecer, es como si fuera invisible.
Señala Magaly que, además de aguardar por lo suyo, espera contesta del funcionario a cargo de la atención al cliente, con quien conversó en julio y le dijo que le respondería 60 días después. Respuesta que, al igual que la carga, no apareció en ningún momento.
La Directora Adjunta de esa empresa le pidió “un voto de confianza”, pues se trabajaba en las cargas atrasadas depositadas en un almacén del Ministerio del Comercio Interior, aunque finalmente recibió la acostumbrada respuesta de: “La carga aún no está ubicada”.
Este no es solo su problema, sino el de otros colaboradores que sufren de igual situación, afirma, lo que es evidente por conocer de otras quejas similares.
La última gestión fue hablar con la Directora Adjunta, quien le dijo que ella no atendía a clientes, y orientó a uno de sus funcionarios a “que nos guiara hasta la puerta de salida”.
Y termina Magaly su misiva preguntando: “¿Cuánto tiempo más debo esperar para que se me entregue lo que es mío y pagué con mi trabajo?”.
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