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lunes, 20 de abril de 2026

Apuntes para leer la realidad cubana


Por Julio Carranza DOCTOR EN CIENCIAS ECONÓMICAS Y PROFESOR TITULAR DE LA UNIVERSIDAD DE LA HABANA

María Pedreda

19 abr 2026 . Actualizado a las 15:36 h.

Me parece importante subrayar que para entender Cuba con objetividad es necesario despojarse de pasiones y prejuicios personales así como de interpretaciones simplistas casi siempre conducidas por una intención, más o menos consciente, de hacer propaganda política a favor de las ideas preestablecidas que cada uno tiene o desde las diferentes perspectivas ideológicas. Eso no quiere decir que se abandonen las aspiraciones a promover el tipo de sociedad que se considere como el mejor escenario de futuro para el país.

La sociedad cubana sufre una crisis económica y social cuyo tramo más fuerte comenzó en el 2020. Ya se había atravesado un duro período en los años noventa que había sido relativamente superado durante las primeras dos décadas del siglo XXI. La crisis de los noventa fue resultado de la combinación de tres factores fundamentales: la caída del bloque socialista, el reforzamiento del bloqueo norteamericano, y el agotamiento de un modelo económico, centralista e ineficiente cuya obsolescencia se ha venido profundizando con el tiempo.

Algunas reformas y acertadas medidas de política económica durante la segunda mitad de los noventa y el cambio favorable en el contexto internacional permitieron emerger de aquella situación y vivir algunos años en mejores condiciones, pero todas las causas que la habían provocado se mantenían latentes. ¿Por qué? A pesar de algunas reformas parciales, el carácter del modelo de economía centralmente planificada y de baja eficiencia no fue modificado hasta que vuelven a golpear con fuerza a partir del año 2020, precipitada, además, por la epidemia del covid-19. Esta nueva crisis se ha profundizado un año tras otro hasta el actual 2026, cuando el PIB está unos 15 puntos por debajo del alcanzado en el año 2019. Toda esta realidad fue acompañada, además, por una fuerte inflación, la crisis social y un incremento de las desigualdades.

Desde la primera Administración de Donald Trump, continuando con la mediocre Administración Biden y, sobretodo, con este segundo mandato de Trump, la política norteamericana sobre el país ha sido de máxima presión, llegándose a extremos como el actual bloqueo petrolero y constantes amenazas de intervención militar. El objetivo de esa política sigue siendo el mismo: hacer todo para que la actual crisis económica y social se transforme en una crisis política que ataque la permanencia del actual Gobierno y del sistema vigente en la isla, para ser sustituido por un Ejecutivo dócil a la política de dominación de los EE.UU. en el hemisferio occidental, ahora renovada con la llamada doctrina Donroe.

Más allá de las diversas posiciones, simpatías o antipatías con Cuba, su Gobierno y su sistema, si se quiere ser objetivo y no parte de la propaganda que suele emerger de un lado y otro, hay que entender que las causas de la actual crisis son diversas: desde el fortísimo y criminal bloqueo, con todas sus dimensiones; los efectos de la actual situación internacional, y también, y no menos importante, los errores en la conducción de la economía del país y el retraso de una reforma económica cuya necesidad es evidente desde hace ya más de tres décadas.

La situación actual tiene diversas expresiones, no es solo una crisis económica, es, además, social y demográfica, caracterizada por una población que ha envejecido y se ha descalificado en comparación con lo que fue en los años de gran crecimiento de la calificación profesional de una parte muy importante de la población. La extensión de este artículo no me permite una explicación más detallada de los diferentes factores que aquí he mencionado.

Lo cierro con una idea central: la potencial solución a la crisis nacional pasa por el avance de una reforma económica integral y profunda que le devuelva eficiencia y capacidad de producción al país. Eso significa transformar muchas cosas en tránsito hacia un modelo donde los mercados tengan un papel mucho más activo bajo las necesarias regulaciones de un Estado que debe garantizar la justicia social y la soberanía del país, además de encumbrar una nueva estrategia de desarrollo económico y democrático. El levantamiento del bloqueo y el cambio de política de los EE.UU. sería fundamental. Sin embargo, no está en manos de Cuba que eso suceda. Las soluciones tienen que pensarse e implementarse urgentemente, a pesar de esa presión mayor, aunque lo primero es la defensa de la soberanía.

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