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"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." ""Creo que mientras más critica exista dentro del socialismo,eso es lo mejor" Fidel Castro Ruz

martes, 6 de agosto de 2024

Antonio Romero: “En Cuba los dogmas se imponen a la racionalidad económica”

 El profesor titular de la Universidad de La Habana coincide con sus colegas en que la salida a la crisis cubana requiere de una transformación estructural.

por  Osvaldo Pupo
agosto 6, 2024
en Economía


El profesor titular de la Universidad de La Habana, Antonio Romero, conversa sobre el programa de estabilización macroeconómica en Cuba. Foto: Osvaldo Pupo/OnCuba


En los últimos meses la palabra macroeconomía ha salido de boca de los cubanos como nunca antes, siguiendo el anuncio, a finales de 2023, de un programa gubernamental para enderezar la golpeada economía de la isla. Los planes se mantienen casi en secreto y solo trascienden notas de reuniones oficiales y los discursos en el parlamento.

Sin embargo, algunos economistas cubanos miran con recelo el nuevo intento de rescatar las finanzas cubanas, las cuales cayeron en número rojos el año pasado, con un decrecimiento del 1,9 % del PIB, parte de una estela de poco o nulo crecimiento económico.

El mencionado es, al menos, el cuarto programa de Gobierno desde que 2019 busca salir de la crisis o impulsar el desarrollo productivo. Los anteriores, incluida la fallida Tarea Ordenamiento en 2021, no han obtenido los resultados esperados. Según algunos expertos, se debe a la aplicación parcial de las medidas de reforma o la ejecución de una serie de acciones sin el orden establecido desde la academia, entre otras causas objetivas.

El profesor titular de la Universidad de La Habana y Doctor en Ciencias Económicas Antonio Romero, se une al reclamo de varios colegas de que Cuba necesita una transformación estructural de la economía que, según opina, tuvo una expresión real con los Lineamientos de la Política Económica y Social, aprobados en 2011 por el Partido Comunista de Cuba.

Sin embargo, el académico del Centro de Investigación de Economía Internacional y exdecano de la Facultad de Economía considera que no ha existido voluntad ni consenso político para la implementación de ese documento programático.

Los problemas del modelo cubano permanecen más de una década después y son los denominados desequilibrios macroeconómicos que impiden el desarrollo del país. En entrevista con OnCuba, Romero valora el impacto de estas condiciones y evalúa la efectividad de las proyecciones del Gobierno para enfrentarlas.

¿Qué es la macroeconomía y por qué es importante para entender la crisis cubana?

Existen tres niveles para realizar un análisis económico: el macroeconómico, el mesoeconómico y el microeconómico. El primero es el más general; hace referencia a los principales equilibrios que tienen que darse en una economía nacional y que son fundamentales para que las transacciones, el crecimiento, el impulso de los agentes económicos y lo relacionado con la producción, distribución, cambio y consumo, transcurra de manera adecuada.

La mesoeconomía estudia las ramas y sectores de la economía. Y la microeconomía se refiere a mercados específicos, agentes económicos específicos; empresas, productos.

Desde hace mucho, varios economistas hemos dicho que Cuba ha acumulado importantes desequilibrios macroeconómicos y, por eso, se necesita diseñar e implementar un coherente, sistémico, integral programa de estabilización macroeconómica, que elimine paulatinamente esos grandes problemas. Si no sucede así, es muy difícil lograr crecimiento y desarrollo económico.

En diciembre el primer ministro anunció la ejecución de un sistema de medidas, que han sido entendidas como un programa de estabilización macroeconómica. ¿Cuál es su valoración sobre esto?

Tengo mis opiniones críticas respecto al programa de estabilización macroeconómica.

Se ha avanzado muy poco en la reducción del déficit fiscal de 18,5 % del PIB, que es un componente esencial.

Cuando se habla de la necesidad del equilibrio fiscal se hace énfasis en el incremento de los ingresos impositivos. En una situación de estanflación, que es la que está viviendo Cuba, con un estancamiento económico de larga data, lograr reducir el déficit descansando sobremanera en los ingresos es prácticamente imposible.

Aquí la actividad económica está muy deprimida, ¿de qué forma se pueden generar lo suficiente como para que el nivel de impuestos cobrados por el Estado aumente a tono con el nivel de déficit fiscal?

Un componente esencial del programa de estabilización tiene que ser la reducción del gasto del sector público. Sé que es muy difícil, sobre todo en un país como el nuestro, por la naturaleza de nuestro modelo. Por supuesto que en Cuba no se puede pretender avanzar en términos de ajuste macroeconómico sobre la base de reducir los gastos en educación, salud, asistencia y seguridad social.

Hay que ir a las otras cuentas del presupuesto. Hay dos que tienen que ver con la administración central del Estado, el aparato burocrático. En todos los países tiene que haber instituciones de regulación, pero Cuba tiene la necesidad de reducir gastos por esa vía; además, hay un exceso de instituciones de regulación.

Por otro lado, una parte importante de los gastos del presupuesto van como transferencias a empresas estatales que arrojan pérdidas.

Además, la estabilización macroeconómica tiene que llevar aparejadas modificaciones en términos de política monetaria y cambiaria. Es muy poco probable estabilizar la economía con la disparidad de tipos de cambio que existen hoy.

Igualmente, debe realizarse un paulatino proceso de desdolarización de la economía. El primer ministro insiste en que hay que acentuar la dolarización para después desdolarizar el país, lo cual, para mí es un contrasentido.

En la misma medida que sigue el estancamiento económico, el peso cubano pierde poder de compra y, por tanto, la respuesta natural de los agentes, incluidos los consumidores, es refugiarse en otra moneda que sea más segura. La dolarización de la economía, en cualquier país, implica una pérdida de soberanía económica.

Otro tema asociado es que en los últimos años el déficit fiscal es financiado con monetización, lo que significa que el Banco Central está en un proceso continuo de emisión inorgánica de dinero para cerrar la brecha que tiene el Estado, con mucho gasto y no suficientes ingresos.

Por último, se requiere la transformación radical de la planificación central como mecanismo por excelencia de regulación de nuestra economía. Eso lo digo ahora, pero ya lo dijo el PCC en 2011.

¿Estos y otros desequilibrios qué efectos tienen en la vida de la gente, más allá de la macroeconomía?

Uno de los elementos fundamentales que explica la altísima inflación, el altísimo nivel de precios y el deterioro de los ingresos reales de la población es el enorme déficit fiscal que se está financiando con emisión de dinero. Este entra en circulación en condiciones en las que la oferta está por abajo y la demanda muy arriba.

Cuba tiene, además, un desequilibrio muy grande en comercio exterior. Tenemos muy poca capacidad de exportación de bienes y una necesidad imperiosa de importar para garantizar las condiciones mínimas de reproducción económica y social en el país. Ante la escasez permanente de divisas, lo que se hace es asignar de manera administrativa y el Estado determina qué es lo prioritario. Por eso casi nunca hay divisas para nada y se ve el deterioro en infraestructura, incluso, en determinados servicios sociales.

Por otra parte, no ha habido transformación en la estructura exportadora de mercancía. Se sigue exportando productos de muy bajo valor añadido, a pesar de la inversión en el desarrollo de una fuerza de trabajo calificada. En cambio, importamos de todo, pero de manera muy especial, con un alto nivel de concentración, en alimentos y combustible.

Esto tiene que ver con un gran problema en la estructura productiva del país. Hay una descapitalización del aparato productivo, incluida la agricultura, pero también la manufactura. Eso trae aparejado que haya muy poca capacidad de sustituir importaciones.

La participación de nuevos actores económicos supone un cambio en la relación de las fuerzas productivas, con impacto en la economía. ¿Qué opinión le merece la apertura al sector privado?

Lo más importante que se ha hecho en los últimos años, en términos de política económica en el país, fue el decreto ley que le dio personalidad jurídica a las micro, pequeñas y medianas empresas privadas.

Fue un paso muy importante, revolucionario, un paso en la dirección adecuada; no ajeno a prejuicios, pues rompía muchísimos esquemas. Todavía en el ADN ideológico de la mayor parte del establishment cubano, lo no estatal es antisistema. Los problemas de la economía cubana no se resuelven hasta que no acabemos de extirpar esa idea.

¿Qué es lo que estamos viendo ahora, lamentablemente? Sobre todo, a partir de la intervención del primer ministro en la última sesión de la Asamblea Nacional del Poder Popular, es que se intenta, por todos los medios, frenar el avance que ha tenido el sector no estatal, que fue inusitado. En dos años y medio nada más empezó a cambiar el panorama empresarial cubano, con todas las críticas que se le pueda hacer.

Sin duda, lo cambió, con muchos problemas, que no estaban asociados per se al propio sector que empezó a emerger, sino con política económica y con inconsistencias del Gobierno; por ejemplo, la ausencia de un mercado cambiario al cual concurrir para obtener las divisas o de un mercado de insumos nacionales.

Sin embargo, se dan lecturas de los hechos a medio camino. Cuando se hablaba de las nuevas restricciones, la eliminación de ciertos beneficios que tenía el sector, se informó que se eliminaba el beneficio fiscal del primer año porque los precios no habían bajado. Es que no se entiende cómo funcionan los precios de una economía y tampoco se comprende que los precios no funcionan de manera aislada.

Puedes tener ese beneficio fiscal, que es común en muchos países, pero si existe un nivel de depreciación de la moneda nacional y, por tanto, para adquirir dólares para importar los insumos se multiplica dos o tres veces el costo de importación, es imposible que se reduzcan los precios.

Ahora con esta vuelta de tuerca, supuestamente tratando de disciplinar al sector no estatal, lo que se va a tener son más efectos negativos que los positivos que se buscan.

No hay ninguna experiencia internacional, ni en Cuba nunca la ha habido, de que, con mecanismos administrativos, con topes, con controles de margen de ganancias, se reduzcan los precios. En cambio, se va a generar mayor desabastecimiento, escasez y finalmente se estimula el mercado negro.

¿Estas medidas son favorables a la estabilización macroeconómica?

Lo que veo es que hay una incomprensión total de cuáles deben ser la dimensión, la profundidad y el sentido de la estabilización macroeconómica y, por supuesto, de transformación estructural hay muy poco. Estamos en un momento descolocado. No puede entenderse que la prioridad sea reducir y tratar de controlar los niveles de inflación y, en vez de ir a las causas, se termine haciendo supuestamente lo más fácil, que es topar los precios, topar los márgenes de utilidades. Eso no va a resolver nada.

Con las mipymes, con el sector privado nacional va a pasar lo mismo que pasó con la inversión extranjera. Al principio era un mal necesario. No gustaba, pero tuvo que aceptarse porque se acabó el socialismo real y la inversión extranjera garantizaba tecnología, capital y mercado. Después cambió la concepción y se dijo que era complementaria a la inversión nacional. Y ahora se dice que es esencial.

Las mipymes empezaron como un mal necesario. Cogieron auge y ahora se quiere parar. Van a terminar siendo complementarias y finalmente van a ser esenciales para avanzar en Cuba.

También es esencial tener un sector estatal competitivo, eficiente, pero no puede ser el de ahora. Un sector estatal que sea estatal en propiedad, pero que esté abierto a las concesiones para ser gestionado por el privado. Eso es legítimo.

No creo que los hacedores de política económica de Cuba sean obtusos ni nada de eso. Evidentemente hay un nivel muy importante de prejuicio o, lo que es lo mismo, que los dogmas de carácter político ideológico están impidiendo el avance en términos de la transformación económica que requiere el país.

¿Qué pasa si los dogmas prevalecen por encima de la racionalidad económica?

Los dogmas se están imponiendo, pero no son eternos. Yo creo que, lamentablemente, nos hacen perder tiempo. Eso puede ser un peligro. El agravamiento de la situación económica, más allá de los niveles en que estamos, puede generar conflictos sociales que no habíamos visto.

Puede generar —que eso sí es muy preocupante, aunque es un goteo diario— una aceleración de la fuga masiva de capital joven del país.

La fuerza de trabajo es el recurso económico por excelencia, es el más importante. Entonces, puede haber una aceleración acentuada del flujo migratorio, que ya está teniendo impactos, impactos que no solamente son económicos, son impactos sociales en la vida de la familia cubana, muy trascendentes.

Todo esto hay que analizarlo en un contexto internacional incierto, con un posible regreso de Trump a la presidencia estadounidense. Ojalá que no, pero nadie lo puede descartar. Sería un entorno de relaciones con Estados Unidos muy negativo.

Pero creo que nosotros sobreviviremos, somos muy resilientes

Una reflexión sobre Venezuela

Venezuela es el único país de América Latina donde dos recursos fundamentales no están controlados por EEUU

Boaventura de Sousa Santos* – Diario16+

No soy, ni he sido nunca, un chavista acérrimo. Hugo Chávez fue un benévolo meteorito político que sacudió el subcontinente latinoamericano y el mundo en la primera década del siglo XXI.

En 2013, poco después de la muerte de Hugo Chávez, escribí un artículo titulado «Hugo Chávez: el legado y los desafíos». En él identificaba algunos signos de autoritarismo y burocratización y terminaba el texto así: «Sin injerencias externas, estoy seguro de que Venezuela sabría encontrar una solución no violenta y democrática. Lamentablemente, lo que está ocurriendo es que se están utilizando todos los medios para poner a los pobres en contra del chavismo, la base social de la revolución bolivariana y los que más se han beneficiado de ella. Y, al mismo tiempo, para provocar una ruptura en las Fuerzas Armadas y el consiguiente golpe militar para derrocar a Maduro. La política exterior europea (si es que puede llamarse así) podría ser una fuerza moderadora si entretanto no hubiera perdido su alma.»(1) He de reconocer que mi temor no se ha hecho realidad hasta la fecha, aunque no han faltado intentos para que así fuera. Creo que el momento actual es otro de esos intentos. De ahí la importancia de reflexionar sobre el clamor en los medios de comunicación occidentales sobre la posibilidad de fraude en las recientes elecciones en Venezuela y el consenso en la derecha e izquierda sobre la necesidad de auditar los resultados. Esto me deja muy perplejo y me obliga a reflexionar.

El sistema electoral venezolano ha sido considerado unánimemente como uno de los más seguros y protegidos contra el fraude. Requiere cuatro fases de identificación: inscripción en el censo electoral, voto electrónico, extracción de la papeleta y huella dactilar del votante. Los números deben coincidir. Por supuesto, ningún sistema electoral es completamente inmune al fraude, pero si lo comparamos con los sistemas electorales de otros países (como Estados Unidos o Portugal), el sistema venezolano es más seguro. ¿Por qué es tan obvio para tanta gente que puede haber habido fraude?

La oposición venía anunciando que sólo reconocería los resultados si ganaba las elecciones. En este sentido, seguía una práctica que se está generalizando entre las fuerzas de extrema derecha que se presentan a las elecciones (Trump en 2020, Bolsonaro en 2022, Milei en 2023). Esto debería llamar a cierta cautela a las fuerzas democráticas, no sea que su insistencia en la auditoría sirva de muleta a fuerzas políticas que, supuestamente en nombre de la democracia, quieren destruirla.

Fuera de Venezuela, las fuerzas más vociferantes en defensa de la democracia venezolana son fuerzas políticas de extrema derecha que en sus propios países han propugnado o practicado golpes de Estado y fraudes electorales. En Brasil, con la colaboración activa de EEUU, Jair Bolsonaro y las fuerzas políticas y militares que le apoyaron protagonizaron el fraude electoral más clamoroso de la última década. Consiguieron inhabilitar y meter en la cárcel durante más de 500 días al candidato que con toda seguridad habría ganado las elecciones, Lula da Silva; manipularon fácilmente los medios de comunicación y los tribunales; y las elecciones de 2018 fueron declaradas válidas internacionalmente sin ningún tipo de reservas. Esto demuestra que el clamor mediático-político sobre la posibilidad de fraude y la necesidad de verificar los resultados no se basa, al contrario de lo que parece, en un arraigado amor a la democracia, sino en otras razones, que explicaré a continuación.

El doble rasero va mucho más allá de las fuerzas de extrema derecha y del primitivismo de sus consideraciones. Los países europeos, que se precian de ser democracias impecables, fueron casi unánimes en reconocer como presidente legítimo de Venezuela a un señor que se había autoproclamado presidente en una plaza de Caracas. Me refiero a Juan Guaidó, el 23 de enero de 2019. ¿Cómo se explica que, en este caso, no se haya tenido ningún cuidado en verificar los procesos democráticos? Resulta aún más chocante si comparamos esta aparente negligencia con el celo de ahora, respecto a unas elecciones que contaron con más de 900 observadores de casi 100 países. Por cierto, en un aparte que aumenta la perplejidad, uno se pregunta por qué sólo en unos pocos países es tan crucial recurrir a observadores externos para dar credibilidad a los procesos electorales. Si siempre existe la posibilidad de fraude, la necesidad de observadores debería ser universal y supervisada por la ONU.

No discuto las razones de la inhabilitación de María Corina Machado (es bien sabido que participó en varios intentos de golpe de Estado contra el gobierno bolivariano e incluso pidió una intervención militar extranjera), pero la forma en que se eligió a su sustituto, el ex diplomático Edmundo González Urrutia, es desconcertante. Hay algo inquietantemente caricaturesco en la oposición venezolana. Primero fue Juan Guaidó; ahora es un señor que parecía que acababa de salir de una residencia de ancianos para una actividad de ocio que resultó ser una candidatura presidencial. Si menciono esto es sólo porque las manos de Edmundo González pueden acabar manchadas de sangre. Entre 1981 y 1983 Edmundo González fue el primer secretario de la Embajada de Venezuela en El Salvador, cuyo embajador era Leopoldo Castillo, conocido como Matacuras. En esa época se ejecutaba en ese país el Plan Cóndor de contrainsurgencia, impulsado por Ronald Reagan, con el objetivo de impedir el avance de las fuerzas revolucionarias del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN). Este plan incluía la ejecución de la Operación Centauro, en la que participaban el ejército y escuadrones de la muerte y cuyo objetivo era asesinar a revolucionarios y, en particular, a miembros de comunidades religiosas basadas en la teología de la liberación. Un total de 13.194 personas fueron asesinadas, entre ellas Don Oscar Romero, hoy santo de la Iglesia Católica, cuatro monjas Maryknoll y cinco sacerdotes. Según datos de la CIA desclasificados en 2009, Leopoldo Castillo aparece como corresponsable de la coordinación y ejecución de la Operación Centauro. Edmundo González era el primer secretario de la Embajadade Venezuela. Los crímenes cometidos son de lesa humanidad y como tales son imprescriptibles[2].

¿Por qué tanto clamor sobre un posible fraude electoral?

La respuesta corta a esta pregunta es la siguiente: Venezuela es el único país de América Latina donde dos recursos fundamentales no están controlados por EEUU: las fuerzas armadas y los recursos naturales (las mayores reservas de petróleo, tierras raras, oro, hierro, etc.). A lo largo del siglo XX, EEUU intervino repetidamente en las elecciones de Venezuela con el objetivo de garantizar su acceso a los recursos naturales. Siempre lo han hecho con la ayuda de un número muy reducido de familias oligárquicas, algunas de las cuales controlan la riqueza del país desde el siglo XVI y la época de las encomiendas. María Corina Machado pertenece a una de estas familias. Su programa electoral es muy similar al de Javier Milei y ya ha prometido en una entrevista que, si fuera presidenta, trasladaría la embajada venezolana de Tel Aviv a Jerusalén. Es un programa de extrema derecha que ha sido apoyado por EEUU y, últimamente, por el oligarca de oligarcas, Elon Musk.

Como no controla los dos recursos que he mencionado, EEUU ha utilizado las dos estrategias que tiene a su disposición (además de la injerencia electoral y el apoyo a la oposición): la participación en golpes de Estado, que pueden incluir o no intentos de asesinato de los líderes a derribar; y las sanciones económicas. En estos momentos, Venezuela está siendo castigada con 930 sanciones impuestas desde hace casi dos décadas. Las sanciones han causado el empobrecimiento abrupto de Venezuela y han sido responsables de miles de muertes debido a la falta de medicamentos esenciales para la vida (por ejemplo, durante un periodo, insulina). Este empobrecimiento abrupto llevó a la suspensión de muchas de las políticas redistributivas del gobierno y, en última instancia, a la emigración. Más de siete millones de personas.

No cabe duda de que un país con tantos millones de ciudadanos obligados a emigrar no puede ir bien. Y es comprensible que muchos de estos emigrantes vean en la derrota de Nicolás Maduro el fin de las sanciones y la esperanza de volver. En este contexto, es necesario hacer dos reflexiones. La primera es que Maduro ha liberalizado la economía en los últimos años, adoptando algunas medidas que difícilmente pueden considerarse socialistas o incluso de izquierdas. Se están firmando muchos acuerdos con grandes empresas estadounidenses y europeas, tanto en el sector petrolero como en otros. Hoy en día, la economía venezolana es una de las de mayor crecimiento de América Latina, pero obviamente esto viene después de un empobrecimiento brutal. Hasta qué punto este nuevo modelo económico (¿inspirado en China?) puede tener éxito es una cuestión abierta.

La segunda reflexión es que, si observamos el panorama internacional de las migraciones y los refugiados, Venezuela es el único caso en el que la atención mediática se centra en el país del que salen los desplazados. En todos los demás casos, la atención se centra en los países «receptores» (lo que a menudo incluye la deportación). Una vez más, la razón parece ser ésta: la política de desestabilización y demonización del gobierno bolivariano y la creación de un consenso para activar la tercera arma estadounidense: el infame cambio de régimen. De hecho, creo que la agitación social que se está produciendo actualmente tiene como objetivo crear una Revolución Maidan diez años después. Me refiero al malestar social en Ucrania en 2014 que llevó a la huida del presidente democráticamente elegido, Víctor Yanukóvich, y, poco después, a la elección de Volodymyr Zelensky. La razón por la que es improbable que se produzca una «revolución de colores» en Venezuela es que Estados Unidos no cuenta con militares venezolanos formados en la Escuela de las Américas, donde se han fraguado tantos golpes de Estado. Las Fuerzas Armadas venezolanas ya han reconocido los resultados electorales.

Pero seguro que habrá más intentos en el futuro, sobre todo porque Venezuela cuenta con tres grandes aliados: China, Rusia e Irán, tres enemigos de EEUU. Los dos primeros son miembros originales de los BRICS y el tercero pronto se unirá a ellos. Esto significa que, aunque la fachada discursiva sea sobre el fraude electoral y la democracia, lo que está en juego es la agitación geopolítica que está provocando la victoria de Maduro. Esto debería hacer reflexionar a los dirigentes de los países latinoamericanos, especialmente a Brasil. Tarde o temprano, Brasil tendrá que decidir de qué lado está en el nuevo horizonte geopolítico y geoestratégico mundial que está en marcha. Comprendo la cautela porque, después de todo, Estados Unidos interfirió recientemente de forma brutal en la política interna de Brasil. Pero, por otro lado, sólo defendiendo la soberanía de otros países podrá Brasil, o cualquier otro país, defender eficazmente su propia soberanía cuando llegue la tormenta imperial. En cualquier caso, es mejor actuar colectivamente que individualmente. La Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) debe ser más activa ahora que ha desaparecido la Unión de Naciones Latinoamericanas (UNASUR).

__________
Notas:

[1]Pneumatóforo. Escritos políticos, 1981-2018. Coimbra: Almedina, 2018, p. 165-175
[2] Puede consultar la información en: https://nlginternational.org/2024/07/national-lawyers-guild-report-election-monitoring-delegation-to-the-bolivarian-republic-of-venezuela/; https://www.elperiodista.cl/2024/07/vinculan-a-candidato-opositor-en-venezuela-con-asesinatos-de-religiosos-en-el-salvador/

lunes, 5 de agosto de 2024

Plan para la producción de alimentos balanceados en Cuba. Comentario HHC

Aquí tienes un plan  para la producción de alimentos balanceados en Cuba para 10 millones de habitantes, junto con una estimación aproximada de los costos en USD necesarios para implementarlo.


Plan  de Producción de Alimentos Balanceados para 10 Millones de Habitantes en Cuba

1. Análisis Inicial:

1.1. Demografía y Necesidades Nutricionales:

  • Población: 10 millones de habitantes.
  • Requerimientos Nutricionales Diarios: Incluyen una dieta equilibrada con carbohidratos, proteínas, grasas saludables, vitaminas y minerales.

1.2. Estudio del Terreno y Clima:

  • Zonas Agrícolas en Cuba: Evaluar áreas propicias para la agricultura y ganadería considerando las condiciones climáticas tropicales.
  • Recursos Hídricos: Analizar la disponibilidad de agua para riego y ganadería.

2. Planificación de la Producción:

2.1. Cultivos Básicos:

  • Cereales: Arroz, maíz (principal fuente de carbohidratos).
  • Legumbres: Frijoles negros, lentejas (fuentes de proteínas vegetales).
  • Vegetales: Zanahorias, espinacas, tomates, pimientos (vitaminas y minerales).

Costos Estimados:

  • Sistemas de Riego y Fertilización: $100 millones USD.
  • Invernaderos y Equipos de Cultivo: $50 millones USD.
  • Semillas y Fertilizantes: $30 millones USD.

2.2. Proteínas Animales:

  • Ganadería: Vacuno, porcino, avícola (carne y leche).
  • Pesca: Asegurar la sustentabilidad y cantidad de pescado.

Costos Estimados:

  • Infraestructura Ganadera (Establo, Alimentación): $150 millones USD.
  • Avicultura (Invernaderos, Equipos): $70 millones USD.
  • Sistemas de Pesca y Acuicultura: $40 millones USD.

2.3. Frutas y Nueces:

  • Frutas: Manzanas (importación, ya que no se cultivan localmente en grandes cantidades), plátanos, cítricos.
  • Nueces: Considerar importación y posibles cultivos locales.

Costos Estimados:

  • Cultivo de Frutas Tropicales: $40 millones USD.
  • Importación de Frutas y Nueces: $60 millones USD anuales.

2.4. Producción de Productos Procesados:

  • Harinas y Panes: Procesamiento de cereales.
  • Lácteos: Producción y procesamiento de leche.
  • Conservas: Enlatado de frutas, vegetales y carnes.

Costos Estimados:

  • Plantas de Procesamiento: $80 millones USD.
  • Almacenamiento y Logística: $50 millones USD.

3. Infraestructura y Tecnología:

3.1. Instalaciones Agrícolas y Ganaderas:

  • Construcción de Infraestructuras: Establo, invernaderos, sistemas de riego.

Costos Estimados:

  • Infraestructura Agrícola y Ganadera: $200 millones USD.

3.2. Tecnología de Procesamiento y Distribución:

  • Equipos de Procesamiento y Almacenamiento: $100 millones USD.
  • Logística de Transporte: $50 millones USD.

4. Gestión y Monitoreo:

4.1. Evaluación Continua y Control de Calidad:

  • Monitoreo de Producción y Calidad: Implementación de sistemas de control y evaluación.

Costos Estimados:

  • Sistemas de Monitoreo y Control: $20 millones USD.

4.2. Plan de Contingencia:

  • Diversificación y Reservas de Emergencia: Estrategias para enfrentar plagas y desastres.

Costos Estimados:

  • Fondos de Contingencia: $30 millones USD.

5. Educación y Capacitación:

5.1. Capacitación de Agricultores y Ganaderos:

  • Técnicas Modernas y Uso de Tecnología:

Costos Estimados:

  • Programas de Capacitación: $10 millones USD.

5.2. Conciencia Nutricional:

  • Educación a la Población sobre Dieta Balanceada:

Costos Estimados:

  • Campañas de Educación Nutricional: $5 millones USD.

6. Evaluación y Ajustes:

6.1. Revisión Periódica del Plan:

  • Evaluación Anual y Ajustes Necesarios:

Costos Estimados:

  • Evaluación y Ajustes: $10 millones USD anuales.

Costo Total Estimado:

  • Inversión Inicial Total: Aproximadamente $1.2 mil millones USD.
  • Costos Anuales de Mantenimiento y Ajustes: Aproximadamente $200 millones USD.

Este plan proporciona una visión integral para la producción de alimentos balanceados en Cuba, teniendo en cuenta la inversión necesaria para infraestructura, tecnología, capacitación y gestión. La inversión inicial es significativa, pero necesaria para asegurar una producción sostenible y suficiente para cubrir las necesidades de la población.

Comentario HHC: Este pequeño escrito refleja  varias cosas:

1- El monto a invertir para hacer sostenible la produccion de alimentos en Cuba, es 600 millones menor que la importacion de alimentos que hoy en dia gastamos  ( 1800 - 2000 millones)

2- Que el Turismo no alcanza, con su utilidad,  para importar  los alimentos necesarios, y tampoco con los consumos que el mismo hace, a lo interno, a la agricultura del pais. No estimula por tanto, lo suficiente para garantizar la produccion de aliemntos para 10 millones de habitantes.

3-  Notese ademas, que las campañas, capacitación, etc tienen prespuestos en USD y en nuestro caso serian en CUP en su mayoria.

La producción de alimentos en nuestro pais para los  diez millones de habitantes  es la tarea principal, esencial, y estrategica del país, no hay otra mas importante.

¿ El MINAG  tendra o podra hacer un balance de capacidad de producción  de lo que tenemos en la actualidad  y las potencialidades que podemos tener, por provincia y municipios ? .

domingo, 4 de agosto de 2024

¿Cuales son los indicadores (18) y las proporciones a mantener en una economía para que funcione correctamente , incluyendo la de Cuba ?

Para que una economía funcione correctamente, se deben mantener ciertos indicadores y proporciones claves. A continuación, te presento algunos de los más importantes:

  1. Producto Interno Bruto (PIB): El PIB mide el valor total de todos los bienes y servicios producidos en un país durante un periodo específico. Un crecimiento sostenido del PIB es indicativo de una economía en expansión. Sin embargo, es crucial también observar el PIB per cápita para entender mejor el nivel de vida. Se recomienda una tasa de crecimiento anual del PIB real del 2-3% en economías desarrolladas y del 5-7% en economías en desarrollo. 

  2. Tasa de Inflación: La inflación mide el aumento generalizado de los precios de bienes y servicios. Una inflación moderada (usualmente entre el 2% y el 4% anual) es considerada saludable para el crecimiento económico. Una inflación demasiado alta puede erosionar el poder adquisitivo, mientras que una inflación demasiado baja puede señalar una demanda insuficiente.

  3. Tasa de Desempleo: La tasa de desempleo indica el porcentaje de la fuerza laboral que está buscando activamente trabajo sin éxito. Tasa de desempleo moderada, alrededor del 4% al 6%, suele ser considerada como un signo de un mercado laboral saludable.

  4. Déficit y Deuda Pública: El déficit fiscal es la diferencia entre los ingresos y los gastos del gobierno, mientras que la deuda pública es el monto total que el gobierno debe a los acreedores. Una proporción manejable es que la deuda pública no supere el 60% del PIB, aunque esto puede variar según el contexto económico y la capacidad del país para gestionar su deuda.

  5. Tasa de Interés: Las tasas de interés, determinadas por el banco central, influyen en la inversión y el consumo. Tasas de interés demasiado altas pueden desacelerar la economía, mientras que tasas demasiado bajas pueden generar burbujas de activos.

  6. Balanza Comercial: La balanza comercial mide la diferencia entre las exportaciones e importaciones de un país. Un déficit comercial prolongado puede ser un signo de problemas económicos subyacentes, mientras que un superávit puede indicar una economía exportadora fuerte.

  7. Índice de Gini: Este índice mide la desigualdad de ingresos en una sociedad. Un índice de Gini muy alto sugiere una alta desigualdad económica, lo cual puede llevar a problemas sociales y económicos, e  Indice de Palma:  es una medida de desigualdad económica que se utiliza para analizar la distribución del ingreso en una sociedad. Se basa en el concepto de que la desigualdad puede ser más comprensible si se observa la proporción de ingresos que reciben los más ricos en comparación con los más pobres.

  8. Índice de Confianza del Consumidor: Refleja la disposición de los consumidores a gastar dinero en bienes y servicios. Una alta confianza generalmente indica que los consumidores están dispuestos a gastar, lo que impulsa la economía.

  9. Tasa de Crecimiento de la Productividad: La productividad laboral mide la cantidad de bienes y servicios producidos por hora de trabajo. Un aumento en la productividad es fundamental para el crecimiento económico sostenible a largo plazo.

  10. Reservas Internacionales: Cantidad de reservas en divisas extranjeras que posee un país. Deben ser suficientes para cubrir de 3 a 6 meses de importaciones. Cuba enfrenta dificultades en este aspecto debido a restricciones y sanciones.
  11. Tipo de Cambio: Relación entre la moneda nacional y las extranjeras. Debe ser relativamente estable. En Cuba, el sistema de tipo de cambio ha sido complejo, con múltiples tasas y un mercado paralelo.

  12. Índice de Desarrollo Humano (IDH): Mide el nivel de desarrollo en términos de salud, educación e ingresos. Un IDH alto indica un buen nivel de vida. Cuba tiene un IDH relativamente alto en comparación con su nivel de ingresos, gracias a sus sistemas de salud y educación.

  13. Productividad Laboral: Valor de producción por hora trabajada. Aumentos en la productividad indican mejoras en la eficiencia económica. En Cuba, la productividad puede ser afectada por la falta de inversión y tecnología.

  14. Proporción de Inversión en Infraestructura: Gastos en infraestructura en relación con el PIB. Idealmente, debería ser alrededor del 3-5% del PIB. Cuba ha invertido en infraestructura, pero la calidad y la cantidad pueden ser limitadas por restricciones económicas.

  15. Tasa de Ahorro Nacional: Porcentaje del PIB que se ahorra. Un rango del 15-25% es considerado saludable. En Cuba, el ahorro nacional puede verse limitado por las restricciones económicas y el control estatal.

  16. Acceso a Servicios Básicos: Proporción de la población con acceso a educación, salud y servicios básicos. Un alto porcentaje indica una buena calidad de vida. Cuba tiene un alto acceso a estos servicios debido a su enfoque en el bienestar social.

  17. Estabilidad Política y Social: La estabilidad en estos ámbitos afecta directamente a la economía. Un ambiente político y social estable es crucial para el desarrollo económico. En Cuba, la estabilidad política es alta, pero la situación económica puede generar tensiones sociales.

  18. Innovación y Desarrollo Tecnológico: Inversión en I+D como porcentaje del PIB. Las economías avanzadas invierten alrededor del 2-3% del PIB en investigación y desarrollo. En Cuba, la inversión en I+D puede ser limitada debido a restricciones económicas y recursos disponibles.

Estos indicadores y proporciones no deben considerarse de manera aislada y únicos ( hay mas), ya que la economía es un sistema complejo y dinámico. Es esencial analizar cómo interactúan entre sí y cómo se relacionan con las políticas económicas y las condiciones globales.

Sería muy aconsejable que el Consejo de Ministros, al menos trimestralmente, informara los anteriores indicadores, los comentara y analizara , y conformara los planes de medidas ( acciones) para corregir las desviaciones ,en caso de que así se reflejara. Necesitamos resultados, justificar constantemente las carencias, no conduce a remontarlas.

Cómo muere la independencia del banco central

Por KENNETH ROGOFF



Desde que los principales bancos centrales del mundo acudieron al rescate de la economía global en 2008, se les han encomendado cada vez más tareas, al tiempo que algunos políticos cuestionan su papel ampliado y otros tratan de socavar su autonomía en la formulación de políticas. Para escapar de este dilema, las autoridades monetarias deben volver a hacer lo que mejor saben hacer.

CAMBRIDGE – Con el ascenso global del populismo y la autocracia, la independencia de los bancos centrales está en peligro, incluso en las economías avanzadas. Desde la crisis financiera de 2008, el público ha llegado a esperar que los bancos centrales asuman responsabilidades que van mucho más allá de su poder y competencia. Al mismo tiempo, los líderes populistas han estado presionando para que haya una supervisión y un control más directos de la política monetaria. Y si bien los bancos centrales han sido atacados durante mucho tiempo por la derecha por expandir sus balances después de la crisis, ahora están siendo atacados por la izquierda por no expandir sus balances lo suficiente.

Se trata de un cambio notable. No hace mucho tiempo, la independencia de los bancos centrales se celebraba como una de las innovaciones políticas más eficaces de las últimas cuatro décadas, debido a la drástica caída de la inflación en todo el mundo. Sin embargo, recientemente un número cada vez mayor de políticos cree que ya es hora de subordinar los bancos centrales a las prerrogativas de los funcionarios electos. A la derecha, el presidente estadounidense Donald Trump y sus asesores critican sistemáticamente a la Reserva Federal de Estados Unidos por mantener las tasas de interés demasiado altas. A la izquierda, el líder laborista británico Jeremy Corbyn ha hecho un famoso llamado a la “ flexibilización cuantitativa del pueblo ” para proporcionar financiamiento del banco central a las iniciativas de inversión del gobierno. La “teoría monetaria moderna” es una idea en la misma línea.

Se pueden mantener debates perfectamente sanos y legítimos sobre la delimitación del papel de los bancos centrales, en particular en lo que respecta a las operaciones de balance a gran escala (como la flexibilización cuantitativa posterior a la crisis) que podrían inmiscuirse en la política fiscal. Sin embargo, si los gobiernos socavan la capacidad de los bancos centrales para fijar tasas de interés que estabilizaran la inflación y el crecimiento, los resultados podrían ser peligrosos y de largo alcance. Si se pierde la credibilidad antiinflacionaria, a los gobiernos puede resultarles muy difícil –si no imposible– volver a meter al genio en la botella.

Para complicar aún más las cosas, los bancos centrales deben encontrar la manera de darle fuerza a la formulación de políticas monetarias normales en el límite inferior cero, dada la inflación y las tasas de interés reales ultrabajas actuales. La dependencia actual de políticas cuasifiscales no sólo es ineficaz; también es peligrosa, porque da peso al argumento de que los ministerios de finanzas deberían tener más control sobre los bancos centrales.

De hecho, el principal desafío que enfrentan los bancos centrales no es que sean demasiado poderosos, sino que algunos los consideran cada vez más relevantes. La inflación ha sido tan baja durante tanto tiempo que muchos han olvidado cómo era antes de que se establecieran bancos centrales independientes para frenar el crecimiento de los precios de dos dígitos. Se ha vuelto cada vez más popular argumentar que la baja inflación es una característica intrínseca de la economía del siglo XXI. Y, sin embargo, el desdén complaciente por los riesgos de inflación futura –y, por lo tanto, por la necesidad de independencia de los bancos centrales– tiene todas las características de la mentalidad de “ esta vez es diferente ” que ha sido una característica recurrente de la historia económica.

BUENAS ACCIONES, CASTIGADAS

No hace falta remontarse mucho en el tiempo para recordar que en 1992 decenas de países sufrieron una inflación elevada (superior al 40%) y que el Reino Unido, los Estados Unidos y el Japón sufrieron una inflación de dos dígitos en los años setenta. La afluencia de importaciones chinas baratas y la llegada de la era informática contribuyeron sin duda a poner fin a esa era de inflación épica, pero todo indica que el aumento de la independencia de los bancos centrales desempeñó un papel esencial.

En Europa, a partir de los años 1980, un país tras otro fue otorgando a sus bancos centrales una autonomía significativamente mayor. Ahora que el Fondo Monetario Internacional pronostica una inflación de apenas el 1,6% en las economías avanzadas este año, muchos han empezado a preguntarse si los bancos centrales son siquiera capaces de generar inflación de nuevo. De hecho, existe la seria duda de si los bancos centrales han ido demasiado lejos, concentrándose demasiado en combatir la inflación y no lo suficiente en desarrollar herramientas adecuadas para combatir la deflación. Volveré a este tema más adelante. El punto principal es que la inflación ha llegado a ser tan baja que, desde un punto de vista político, los bancos centrales corren el riesgo de convertirse en víctimas de su propio éxito.

Además de mantener una inflación baja y estable, la mayoría de los bancos centrales también enfrentan el desafío de asegurar la estabilidad macroeconómica; es ampliamente aceptado que la política monetaria activista ha desempeñado un papel importante en suavizar los ciclos económicos durante la era de posguerra. En el caso de los Estados Unidos, la Reserva Federal ha respondido a las recesiones con fuertes recortes de las tasas de interés de cinco puntos porcentuales o más, en promedio. Sin embargo, como la tasa de política de la Fed está hoy en apenas el 2,5% y el Banco Central Europeo (BCE) y el Banco de Japón (BOJ) ya están en el límite cero, no será posible hacer recortes de esa magnitud cuando llegue la próxima recesión.

¿Qué más pueden hacer los bancos centrales? No tanto como la mayoría de los observadores parecen pensar. El actual debate sobre política monetaria adolece de una confusión agobiante sobre la distinción conceptual entre política monetaria y fiscal. A veces, los bancos centrales han contribuido a exacerbar esta confusión, exagerando y etiquetando erróneamente los “instrumentos alternativos de política monetaria”. Estas medidas no sólo han demostrado ser menos eficaces que las políticas tradicionales de tipos de interés para estimular la producción y la inflación, sino que también han invadido el ámbito de la política fiscal, en el que los bancos centrales son socios menores de los tesoros y los ministerios de finanzas, y están en el centro de los recientes desafíos a la independencia de los bancos centrales.

AGUA PISANDO

Aunque los primeros estudios indicaban que las compras de bonos gubernamentales a largo plazo por parte de los bancos centrales (conocidas como flexibilización cuantitativa [QE]) después de la crisis de 2008 proporcionaron un estímulo significativo al hacer bajar las tasas de interés a largo plazo, desde entonces ha quedado claro que la mayor parte de la acción en las tasas a largo plazo se debió a una caída de tendencia no relacionada . Incluso cuando se ha encontrado algún efecto, podría decirse que se debió a una falsa creencia por parte de los inversores de que los bancos centrales estaban “imprimiendo dinero” y la inflación estaba a la vuelta de la esquina. Esto no volverá a suceder. Hoy, gran parte del optimismo inicial hacia la flexibilización cuantitativa se ha moderado drásticamente (como debería ser). Cuando un banco central compra deuda gubernamental a largo plazo emitiendo reservas bancarias a un día con las mismas tasas de interés que las letras del Tesoro a muy corto plazo, no está “imprimiendo dinero”, sino más bien acortando la estructura de vencimientos de la deuda gubernamental. El problema, con respecto a la independencia del banco central, es que los tesoros y los ministerios de finanzas son perfectamente capaces de hacer esto por sí mismos; de hecho, lo hacen todo el tiempo .

Como la flexibilización cuantitativa en el límite inferior cero es una forma de transformación de los vencimientos, no es particularmente inflacionaria, y muchos de los que creían que lo sería simplemente estaban equivocados. Por supuesto, en los casos en que los bancos centrales compran deuda privada en lugar de deuda pública, los efectos son mayores, porque esto equivale a subsidiar a determinadas entidades del sector privado y crear pasivos actuariales para los contribuyentes. Este tipo de “flexibilización cuantitativa fiscal” sin duda jugó un papel importante durante la respuesta a la crisis financiera, pero en la mayoría de las economías avanzadas, los poderes fiscales de emergencia delegados a los bancos centrales no estaban destinados a un uso rutinario para elegir ganadores y perdedores, lo que en sí mismo puede conducir a una reacción política.

APAGANDO EL FUEGO

Esto nos lleva al tercer desafío principal de los bancos centrales: gestionar las crisis financieras. Hay muchas buenas razones por las que los bancos centrales deberían tener poderes de emergencia para comprar ciertos tipos de deuda privada o garantizar los balances del sector financiero, como hizo la Reserva Federal en el punto álgido de la crisis de 2008. Después de todo, las autoridades monetarias tienen varias ventajas de corto plazo sobre sus contrapartes fiscales.

En primer lugar, en la mayoría de los países los bancos centrales pueden actuar con rapidez y decisión sin necesidad de aprobar leyes. En segundo lugar, como reguladores, ya tienen una relación estrecha con el sector financiero (y un conocimiento profundo de él), lo que les permite actuar con mayor rapidez. Por último, los bancos centrales suelen tener ya a su disposición una considerable experiencia financiera y técnica (aunque esto no es necesariamente una característica estructural).

La mayoría de los observadores externos han elogiado a los principales bancos centrales por su uso de poderes cuasifiscales para manejar las consecuencias iniciales de la crisis de 2008 –y de la crisis de 2012 en el caso del BCE–, pero el éxito de las autoridades monetarias en evitar un colapso generalizado del sector bancario alimentó la expectativa de que guiarían la recuperación a través de un largo período de crecimiento lento, muy típico después de una crisis financiera profunda. Desde entonces, la persistencia de tasas de interés ultrabajas ha introducido severas restricciones. Mientras que las recesiones normales suelen exigir recortes de las tasas de interés de cinco puntos porcentuales, la mayoría de los modelos indican que las crisis financieras sistémicas requieren recortes del doble de esa magnitud.

Por supuesto, hay otras medidas disponibles para apoyar una recuperación post crisis, incluyendo estímulo fiscal y políticas para promover la reducción de la deuda, como las hipotecas de alto riesgo en los Estados Unidos y las deudas de los países periféricos de la eurozona. El estímulo fiscal puede tomar la forma de gasto público financiado con deuda y recortes de impuestos, pero también puede tomar la forma de políticas redistributivas que favorezcan a las personas de bajos ingresos con una alta propensión marginal al consumo. Sin embargo, comparada con la política monetaria normal, la política fiscal es un instrumento poco preciso que siempre conlleva un lastre político. En los Estados Unidos, un gobierno demócrata buscaría el estímulo mediante un aumento masivo del gasto público, mientras que un gobierno republicano lo haría mediante recortes de impuestos.

GIRANDO EN EL MISMO LUGAR

Debido a estas complicaciones, la política fiscal es simplemente menos manejable que las políticas que pueden ofrecer los bancos centrales independientes bien diseñados. Pero eso hace que la incapacidad de los bancos centrales para inyectar estímulo en el límite inferior cero sea un problema aún más acuciante. Peor aún, la mayoría de las ideas para restablecer la eficacia de la política monetaria implican transferir poderes fiscales al banco central, lo que plantea cuestiones de responsabilidad democrática.

Un ejemplo claro es el “ dinero helicóptero ”, en el que el banco central emite moneda (o reservas bancarias) y transfiere los ingresos directamente a los ciudadanos. Es notable la cantidad de comentaristas serios –incluso importantes periódicos financieros– que han respaldado esta idea de una forma u otra. Sin embargo, si bien es posible imaginar escenarios en los que el dinero helicóptero sería bien recibido, los bancos centrales carecen de autoridad para distribuir o redistribuir los ingresos directamente a los ciudadanos comunes. Ese derecho está reservado a las legislaturas y, si los bancos centrales lo violaran, rápidamente serían reabsorbidos por los tesoros.

Además, hay una manera perfectamente válida y legítima de lograr el mismo efecto que el dinero helicóptero: el parlamento emite deuda para financiar transferencias de ingresos y luego hace que el banco central compre la deuda (de hecho, en la medida en que esto equivale a dinero helicóptero, el Banco de Japón lo ha estado haciendo durante años). Pero, una vez más, si el parlamento no puede ponerse de acuerdo sobre la forma o el tamaño de las transferencias, poco puede hacer el banco central al respecto, salvo quejarse. En cualquier caso, el efecto del dinero helicóptero sería nulo a menos que los bancos centrales puedan elevar de manera creíble sus objetivos de inflación, y no está claro que puedan hacerlo.

Otra idea dudosa que cuenta con un apoyo sorprendentemente generalizado es la de que un banco central que se quede estancado en el límite cero compre y luego destruya la deuda gubernamental. Pero esto también, muy probablemente, no lograría nada. Si una esposa le da un préstamo a su marido y luego lo rompe, no hay ningún efecto sobre los activos del hogar. Además, si el banco central destruyera la deuda que le debe el Tesoro, las preocupaciones de los inversores sobre una guerra interna del Gobierno podrían conducir a una mayor inflación. Si el banco central terminara técnicamente “en quiebra”, el Gobierno podría condicionar la recapitalización a una mayor inflación, o podría simplemente reabsorber el banco en el Tesoro.

Si estas propuestas absurdas son las mejores opciones sobre la mesa, es seguro decir que los bancos centrales carecen actualmente de los instrumentos necesarios para combatir la deflación, y mucho menos aumentar la inflación, en caso de una crisis. Esto es un problema por muchas razones. La inflación inesperada proporciona un mecanismo simple y probado en el tiempo para reducir el valor real de las deudas privadas. Si la Fed hubiera podido elevar la inflación a, digamos, 4-5% en los años posteriores a la crisis de 2008, los persistentes problemas de deuda privada habrían sido mucho más manejables.

Tal vez el instrumento menos utilizado en la última crisis financiera haya sido la reducción de la deuda que apunta al núcleo del problema. Lamentablemente, los temores exagerados al riesgo moral hacen que las reducciones de la deuda se bloqueen en el caso de las hipotecas de alto riesgo de Estados Unidos y de la deuda de los países periféricos de Europa. Es de esperar que en el futuro los responsables de las políticas estén mejor preparados para aplicar ideas creativas para mitigar esas preocupaciones (por ejemplo, la distribución de la renta variable en el caso de las reducciones de la deuda hipotecaria y la deuda indexada al PIB en el caso de los países soberanos).

DEUDA Y NEGACIÓN

Un último desafío que enfrentan los bancos centrales es que ya no son necesarios como baluartes contra la tentación de reducir la deuda gubernamental excesiva mediante la inflación. En cierto sentido, esto es un corolario del primer desafío: que la inflación alta desapareció hace tanto tiempo que la gente ha llegado a creer que nunca volverá. Sin embargo, a diferencia de las políticas de estabilización de corto plazo, mantener bajas las expectativas de inflación ante el aumento de la deuda es un proyecto de largo plazo. En realidad, hay dos ideas distintas en juego. La primera es razonable pero discutible; la segunda debería descartarse.

La primera idea es que, debido a la constante disminución de las tasas de interés reales a largo plazo de la deuda gubernamental “segura”, los gobiernos ahora pueden emitir mucha más deuda que antes. Esta afirmación tiene mucho sentido, siempre que se tengan en cuenta matices como la estructura de vencimientos de la deuda (la deuda a corto plazo suele ser más barata que la deuda a largo plazo, pero mucho más vulnerable a los shocks de las tasas de interés reales globales). Y en el caso de Estados Unidos, hay que tener en cuenta la creciente centralidad del dólar en el sistema financiero global. A pesar de la caída de la participación de Estados Unidos en la producción global, el predominio del dólar ha alimentado la demanda global de activos denominados en dólares y reforzado su “privilegio exorbitante”.

Recientemente, el ex economista jefe del FMI Olivier Blanchard apoyó una versión más extrema de la afirmación de que la deuda es completamente benigna . En un interesante y provocador artículo , Blanchard sostiene que la economía estadounidense se encuentra actualmente en un equilibrio ineficiente en el que, por alguna razón (la inversión excesiva es la clásica), las tasas de interés están por debajo de las tasas de crecimiento. Blanchard espera que estas condiciones se mantengan “por mucho tiempo” y concluye que cualquier aumento único de la deuda gubernamental –incluso uno muy grande– no tendrá efecto sobre la relación deuda-ingreso a largo plazo, porque el crecimiento superará el aumento.

En el escenario que describe Blanchard, la deuda pública es gratuita, porque de todos modos hay demasiada inversión en la economía (tanta, de hecho, que ni siquiera hay necesidad de aumentar los impuestos para pagarla). Y esto es doblemente cierto si los fondos se gastan en inversiones de alto rendimiento, como educación e infraestructura (no importa que menos del 4% del gasto público en las economías avanzadas se dedique a la inversión en infraestructura). Más concretamente, si una mayor deuda no ejerce presión adicional sobre la política fiscal, no habrá necesidad de que los bancos centrales la eliminen mediante la inflación y, por lo tanto, no habrá necesidad de independencia de los bancos centrales.

Blanchard puede tener razón, pero varios de sus puntos son discutibles. ¿Está la economía realmente en un equilibrio ineficiente, con tasas de interés que se mantendrán por debajo de la tasa de crecimiento indefinidamente, o se trata simplemente de una situación temporal que podría revertirse con el tiempo? La sugerencia de que el riesgo de una corrida de la deuda no comienza a aumentar cuando la deuda se vuelve muy alta es aún más discutible. Los modelos estándar sugieren lo contrario, y ciertamente no es casualidad que los inversores en tiempos de crisis estén más preocupados por los países con deuda alta que por los países con deuda baja. Como Emmanuel Farhi y Matteo Maggiori de la Universidad de Harvard han demostrado tanto empírica como teóricamente, tampoco se debe subestimar la frecuencia con la que los activos históricamente “seguros” han resultado no ser tan seguros después de todo.

Otra versión del argumento de la deuda benigna es la Teoría Monetaria Moderna (TMM), que, según entiendo, permitiría al gobierno acumular deuda durante más tiempo y a un menor costo al ordenar al banco central que aplique una flexibilización cuantitativa continua, emitiendo reservas bancarias para comprar deuda gubernamental a largo plazo. Los efectos de ese mandato dependerían de si las reservas bancarias devengan tasas de interés de mercado, como sucede ahora, o si no devengan intereses. Como hemos visto, no hay una diferencia significativa entre que el banco central amplíe las reservas para recomprar deuda gubernamental a largo plazo recién emitida y simplemente emita deuda a muy corto plazo en primer lugar. Si las reservas bancarias pagan intereses, el efecto de primer orden de la prescripción de la TMM es acortar la estructura de vencimientos de la deuda gubernamental sin proporcionar herramientas adicionales para que el gobierno incurra en mayores déficits. Pero si las reservas no pagan intereses, cualquier aumento de las tasas de interés provocaría una carrera de los bancos por retirarlas, y la inflación se dispararía.

Como ya se ha señalado, la deuda a corto plazo suele ser la forma más barata de financiar el endeudamiento gubernamental, y se puede argumentar que los ahorros de costos derivados de la emisión de deuda a corto plazo han sido incluso mayores que lo habitual después de la crisis financiera. Pero hay una razón por la que los gobiernos no apuestan todo a que las tasas de interés reales globales nunca volverán a subir: históricamente, las tasas de interés tienen la incómoda costumbre de hacer precisamente eso. La excesiva dependencia de la TMM de la deuda a corto plazo es, por lo tanto, muy riesgosa. Si las tasas de interés reales globales subieran, el gobierno sentiría inmediatamente la presión de aumentar los impuestos y recortar el gasto. Si no reaccionara rápidamente, el aumento repentino de las primas de riesgo exacerbaría el problema.

Es tentador suponer que las tasas de interés globales para los activos seguros no podrían dispararse y que cualquier shock concebible, en todo caso, las haría bajar. Sin embargo, si algo hemos aprendido del pasado es que el shock de mañana puede no parecerse en nada al de ayer. Una cosa es que un administrador de fondos de cobertura apueste fuerte a lo que harán las tasas de interés en los próximos años y luego se retire, y otra muy distinta es que un gobierno juegue a ese juego.

SALVANDO EL BARCO

¿Está la política monetaria destinada a ser irrelevante en una era de tasas de interés bajas? No necesariamente. Como he sostenido en otras ocasiones, con ciertos cambios institucionales, los bancos centrales podrían implementar una política de tasas de interés negativas eficaz . Subrayo “eficaz” porque, si bien algunos bancos centrales ya han adoptado formas muy suaves de esta política, ninguno ha abordado la cuestión más importante: el riesgo de un acaparamiento generalizado de efectivo cuando las tasas se tornan demasiado negativas.

La solución más limpia a este problema es pasarse por completo a la moneda digital, pero por muchas razones, incluidas las preocupaciones por la privacidad, esa no será realmente una opción en el futuro previsible. Otra alternativa es eliminar gradualmente los billetes de gran denominación, lo que incluye claros beneficios en términos de evasión fiscal y prevención del delito. Durante un período de emergencia de tipos de interés negativos, deshacerse de los billetes de gran denominación aumentaría significativamente los costos de la acumulación masiva de efectivo por parte de las empresas financieras, los fondos de pensiones y las compañías de seguros. Si además de eso se imponen cargos administrativos a los redepósitos de efectivo a gran escala en el banco central, debería ser posible tener una política de tipos de interés negativos mucho más eficaz que la que es posible con los acuerdos institucionales actuales.

Otra alternativa es crear un tipo de cambio de paridad móvil entre el dinero electrónico (las reservas bancarias en el banco central) y los billetes de papel. La idea sería avanzar hacia un equilibrio en el que todos los contratos e impuestos estén denominados en moneda electrónica, pero las transacciones puedan seguir realizándose con papel moneda. Cuando el tipo de interés oficial del banco central sea negativo, ya no intercambiará moneda electrónica por billetes de papel a una tasa de uno a uno. En cambio, si el tipo de interés de la moneda electrónica fuera del -5%, el valor del papel moneda entregado en el banco central se depreciaría a una tasa del -5%.

En cuanto a las ganancias bancarias, si se excluye a los pequeños depositantes minoristas y los clientes mayoristas no tienen forma de acumular efectivo sin incurrir en altos costos de almacenamiento e impuestos, los bancos deberían poder trasladar las tasas negativas a los depositantes. Sí, hay una serie de problemas de segundo orden asociados con este enfoque, que abordo en detalle en mi libro de 2016 The Curse of Cash (La maldición del efectivo) , pero la experiencia real con las tasas negativas hasta ahora sugiere que estos problemas no serían un problema.

EL OBJETIVO EQUIVOCADO

Además de una política de tasas negativas, otra idea es dar a las autoridades monetarias más margen para recortar las tasas de interés, es decir, elevando las metas de inflación. Pero este enfoque es menos elegante y probablemente mucho menos eficaz. Para empezar, elevar la meta de inflación del 2% al 4% probablemente otorgue mucho menos margen de maniobra del que se podría pensar. Es casi seguro que los contratos se ajustarían con mayor frecuencia, en cuyo caso los recortes de las tasas de interés tendrían que ser aún mayores para lograr el mismo efecto que antes; incluso en tiempos normales, habría costos de una mayor inflación, debido a la mayor dispersión de los precios relativos.

Otro problema es que cambiar los objetivos establecidos desde hace tiempo podría socavar la credibilidad del banco central. Después de todo, el BCE y el Banco de Japón ni siquiera han podido alcanzar una inflación del 2%, y mucho menos del 4%. E incluso si la inflación llegara al 4%, eso no necesariamente daría suficiente margen de maniobra en caso de una recesión profunda o una crisis financiera.

Una objeción ingenua a las tasas de interés negativas es que son injustas para los ahorristas, pero las tecnologías modernas facilitan la exención de los pequeños depositantes, de modo que sólo un porcentaje muy pequeño se vería afectado. Además, una política de tasas negativas eficaz beneficiaría a los ahorristas con carteras más diversificadas, porque haría subir los precios de las acciones, la vivienda y los activos de larga duración, contrarrestando así la fuerte caída que suele producirse en una recesión profunda o una crisis financiera. También aumentaría las tasas de interés a largo plazo al impulsar la inflación y el crecimiento. Y, lo más importante para la mayoría de los trabajadores y las familias, una política de tasas negativas podría ayudar a restablecer el empleo y el crecimiento del ingreso después de una recesión o una crisis profundas.

Esto no quiere decir que una política de tipos negativos evite la necesidad de otras formas de estímulo –mayor gasto público, recortes de impuestos o ambos– durante las recesiones, pero restablecería parte del equilibrio entre la formulación de políticas monetarias y fiscales, siendo las primeras, en general, mucho más rápidas y fiables. Por último, si una política de tipos negativos suena radical, ni siquiera conviene saber de todas las ideas radicales que llenan las páginas de las principales revistas económicas. Al igual que las recesiones profundas y las crisis financieras, todas entrañarían graves riesgos. Al menos con una política de tipos negativos, habremos resuelto el problema de la impotencia de los bancos centrales en el límite cero, lo que sería de utilidad inmediata para Europa y Japón –y podría ayudar a Estados Unidos en el futuro.

ES HORA DE ACTUAR

Los desafíos que enfrentan los bancos centrales se derivan tanto de su eficacia para reducir la inflación como de su ineficacia para lidiar con el límite inferior cero. Ahora son vulnerables a ataques populistas que amenazan con socavar su independencia. Algunos quieren que los bancos centrales financien aumentos masivos de la deuda gubernamental indefinidamente, mientras que otros, en el caso de Estados Unidos, quieren recortar las tasas de interés cuando la economía ya parece estar en plena marcha. La idea de que la alta inflación en las economías avanzadas es estrictamente un problema del siglo XX es extremadamente dudosa. “Esta vez es diferente”, hasta que deja de serlo.

De hecho, la necesidad de contar con un banco central independiente que esté capacitado para controlar la inflación sigue siendo sólida, respaldada por la experiencia de países donde la independencia del banco central se ha visto comprometida. Si se rescinde la independencia del banco central y se politiza la política monetaria, será sólo cuestión de tiempo antes de que vuelva la inflación alta. Y si eso sucede, puede ser aún más difícil volver a meter al genio de la inflación en la botella.

En los decenios de 1920 y 1930, los gobiernos intentaron restablecer el patrón oro, que había sido abandonado durante la Primera Guerra Mundial. Pronto se dieron cuenta de que, una vez que los inversores presencian la ruptura de un bono, es sumamente difícil recuperar su confianza. El mismo problema enfrentarían los países que destruyeran la independencia del banco central y luego intentaran resucitarla. Como mínimo, se enfrentarían a años de tasas de interés altísimas antes de que se restableciera la confianza pública.

Como lo sabe cualquiera que haya trabajado en un banco central, la independencia operativa rara vez se concede por decreto constitucional; e incluso cuando se concede, la letra de la ley tiene poco significado si no hay apoyo político. En realidad, la independencia del banco central es frágil y debe defenderse todos los días. En estos tiempos difíciles, los banqueros centrales necesitan encontrar nuevos instrumentos para restablecer la eficacia de las políticas normales de tasas de interés.

Para ello, deberían considerar seriamente la posibilidad de sentar las bases de una política de tipos de interés negativos sin restricciones, que sería mucho mejor que actuar como socios menores en la gestión de los vencimientos de la deuda y la formulación de políticas cuasifiscales. Para mantener su relevancia y proteger la política monetaria de los populistas de izquierda y derecha, los banqueros centrales no pueden darse el lujo de dormirse en los laureles. Si no están a la altura de las circunstancias, uno de los acontecimientos macroeconómicos más importantes de la era moderna puede no sobrevivir.

Este comentario es una adaptación de un discurso pronunciado por el autor en la Conferencia Ocasional del Grupo de los Treinta de 2019 .

Kenneth Rogoff, profesor de Economía y Políticas Públicas en la Universidad de Harvard y ganador del Premio Deutsche Bank en Economía Financiera en 2011, fue economista jefe del Fondo Monetario Internacional entre 2001 y 2003. Es coautor de This Time is Different: Eight Centuries of Financial Folly (Princeton University Press, 2011) y autor de The Curse of Cash (Princeton University Press, 2016).

viernes, 2 de agosto de 2024

En Ciego de Ávila: voluntad de sobreponerse a las limitaciones

 Por Alden Hernández Díaz (ACN) Economía 02 Agosto 2024



Foto: Ortelio González Martínez

La voluntad de sobreponerse a las limitaciones de recursos, explotar las reservas de eficiencia y la labor constante de trabajadores y directivos demuestran que existen vías propias para superar los problemas económicos del país, consideró Roberto Morales Ojeda, miembro del Buró Político del Comité Central del Partido Comunista de Cuba (CCPCC) y secretario de Organización, en visita a Ciego de Ávila.

Durante su recorrido por centros de interés económico, Morales Ojeda estuvo acompañado por José Ramón Monteagudo Ruiz, miembro del Secretariado del CCPCC y jefe de su Departamento Agroalimentario, además de Julio Heriberto Gómez Casanova, primer secretario del Partido en la provincia, y Alfre Menéndez Pérez, gobernador.

En la Empresa Agropecuaria La Cuba, en el municipio de Baraguá, el dirigente partidista conoció sobre el esfuerzo de sus colectivos laborales, que en apenas 36 días sembraron poco más de 1 000 hectáreas (ha) de cultivos varios, entre ellas 321 dedicadas al plátano.

Mucho quehacer resta todavía para devolverle el esplendor de antaño a este, hasta hace pocos años, emporio bananero, que como récord de esa planta llegó a tener establecidas unas 2 200 ha en el conjunto del polo productivo agrícola, según datos ofrecidos a la Agencia Cubana de Noticias por Carlos Blanco Sánchez, asesor de la dirección de la empresa.

Por buen camino andan los trabajadores de La Cuba, quienes buscan alternativas para incrementar producciones, muestra de ello fue un área visitada por Morales Ojeda y su comitiva, en la cual se fomentan 20 ha de plátano de las variedades FHIA 01, 02, 04 y burro con la tecnología de extradenso.

Entre los beneficios del método de siembra estarán rendimientos estimados entre las 40 y 60 toneladas por hectárea (t/ha), el riego a un 40 por ciento del área, con el consiguiente ahorro de agua, así como el empleo de fertilizantes biológicos y zeolita, que suman a la aspiración de terminar el año con unas 1 000 ha de plátano establecidas en la empresa baraguense y la proyección de una total recuperación a niveles precedentes a los de la pandemia para los próximos dos a tres años.

A la Cooperativa de Producción Agropecuaria (CPA) Triunfo de la Revolución, perteneciente a la Empresa Agroindustrial Azucarera (EAA) Ciro Redondo, también llegó la visita.

En esa CPA cuentan con un sistema de riego por goteo a 60 ha de la dulce gramínea con tres años de explotación, que solo recibió, hace dos años, un corte con un rendimiento de 220 t/ha.

Los problemas de sincronización de la moderna bioeléctrica aledaña al central Ciro Redondo imposibilitaron el corte a varios productores en las últimas zafras, por ello en la CPA estiman para la venidera campaña en ese sistema de riego eficiente unas 100 t/ha.

Morales Ojeda, en intercambio con directivos de la base productiva y de la EAA Ciro Redondo, fue informado de cómo, ante los problemas derivados de las zafras en los últimos años, para no deteriorar sus indicadores económicos han incursionado con más fuerza en el fomento de cultivos varios como vía de ingresos.

El secretario de Organización del CCPCC se interesó por la marcha de las reparaciones en la bioeléctrica, una inversión millonaria que hasta la fecha no ha dado los resultados esperados.

Para enfrentar cualquier imponderable en la sincronización de la planta de energía renovable con el ingenio conocido como el Coloso del Centro, se prevé la reparación del central Primero de Enero a fin de no comprometer, una vez más, los acuerdos productivos de la provincia.

La siembra de caña, de cultivos varios y también las actividades de la zafra por las cooperativas azucareras deben merecer especial atención y análisis en la utilización eficiente de insumos como el combustible, dedicarlo a lo más estratégico que demande el momento, señaló Morales Ojeda.

Más adelante, el dirigente político estuvo en la Unidad Empresarial de Base (UEB) Muebles Lídex, donde se interesó por el destino de las producciones, el salario medio de los trabajadores y el empleo de las utilidades que pueden destinarse para financiar la construcción y reparación de viviendas de los obreros.

Aparte de la producción y comercialización de mobiliario de calidad para el sector del Turismo, el mercado interno y la exportación, Lídex también tiene compromisos sociales con la comunidad de 9 de Abril a la cual ha apoyado con la pintura y embellecimiento de dos consultorios médicos y la escuela primaria.

Se suma a la labor comunitaria la donación de un parque infantil, la ayuda a embarazadas menores de 18 años de edad, así como también, las acciones constructivas para garantizar el abasto de agua y la reparación de la bodega.

Los directivos de la entidad comentaron que se aprovechan las opciones de encadenamiento con los nuevos actores económicos, para la utilización de las capacidades instaladas y, prevalece el protagonismo de la UEB hasta la venta de los productos.

En todos los puntos del recorrido, el secretario de Organización del CCPCC se interesó por el funcionamiento de la vida política de cada entidad y el ingreso de nuevos militantes al Partido y la Unión de Jóvenes Comunistas.

El itinerario de trabajo de Morales Ojeda por centros productivos avileños responde, además, al cumplimiento de acuerdos del VIII Pleno del CCPCC, de la última sesión de la Asamblea Nacional del Poder Popular y, de las proyecciones para la corrección de distorsiones y el reimpulso a la economía. HHC: negritas nuestras