Fidel


"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." ""Creo que mientras más critica exista dentro del socialismo,eso es lo mejor" Fidel Castro Ruz

sábado, 27 de diciembre de 2025

Trump y el fin de la hege­mo­nía de EEUU

 Las polí­ti­cas pues­tas en mar­cha por el pre­si­dente de Esta­dos Uni­dos ame­na­zan el domi­nio del país en el mapa glo­bal, mien­tras el resto de poten­cias, como la Unión Euro­pea, podrían encon­trar en Defensa una opor­tu­ni­dad para cre­cer.



Expansion Pais Vasco - Sabado
Joseph E. Sti­glitz*
27 dic. 2025

*Pre­mio Nobel de Eco­no­mía, fue eco­no­mista jefe del Banco Mun­dial y pre­si­dente del Con­sejo de Ase­so­res Eco­nó­mi­cos del pre­si­dente de Esta­dos Uni­dos, es pro­fe­sor de la Uni­ver­si­dad de Colum­bia y autor, más recien­te­mente, de ‘The Road to Free­dom: Eco­no­mics and the Good Society’ (W. W. Nor­ton & Com­pany, Allen Lane, 2024)

Se ha vuelto prác­ti­ca­mente una rutina ter­mi­nar cada año hablando de la “poli­cri­sis”, y reco­no­ciendo la difi­cul­tad de anti­ci­par un futuro que parece pla­gado de ries­gos de nue­vas gue­rras, pan­de­mias, cri­sis finan­cie­ras y devas­ta­ción pro­vo­cada por el clima. Sin embargo, 2025 aña­dió un ingre­diente sin­gu­lar­mente tóxico a esta mez­cla: el regreso a la Casa Blanca de Donald Trump, cuyas polí­ti­cas errá­ti­cas e ile­ga­les ya han tras­to­cado la era de la glo­ba­li­za­ción de la pos­gue­rra. Ante tanto caos e incer­ti­dum­bre, ¿pode­mos decir con alguna cer­teza hacia dónde se enca­mi­nan la eco­no­mía esta­dou­ni­dense y la eco­no­mía glo­bal?

Una cosa que pode­mos decir es que a la eco­no­mía esta­dou­ni­dense no le está yendo tan bien como nos quiere hacer creer Trump, un eterno embau­ca­dor. La crea­ción de empleo está prác­ti­ca­mente para­li­zada, lo cual no es de extra­ñar, dado que Trump ha venido sem­brando incer­ti­dum­bre y debi­li­tando la eco­no­mía de for­mas sin pre­ce­den­tes.

Del lado de la oferta, su polí­tica más per­ni­ciosa ha sido el ata­que fron­tal a los tra­ba­ja­do­res inmi­gran­tes (y, en gene­ral, a los tra­ba­ja­do­res esta­dou­ni­den­ses de piel más oscura). Las depor­ta­cio­nes masi­vas lle­va­das a cabo por la admi­nis­tra­ción –a cargo de agen­tes enmas­ca­ra­dos del Ser­vi­cio de Inmi­gra­ción y Con­trol de Adua­nas (ICE), que detie­nen a per­so­nas en las calles– han aca­bado con la fuente más impor­tante de mano de obra adi­cio­nal en un momento en el que la pobla­ción activa nacio­nal está dis­mi­nu­yendo. Esto es impor­tante para todos, por­que los esta­dou­ni­den­ses no solo depen­den de los inmi­gran­tes en sec­to­res que van desde la agri­cul­tura y la cons­truc­ción hasta la hos­te­le­ría y los cui­da­dos, sino que estos inmi­gran­tes tam­bién son una fuente de demanda. Sin embargo, ahora, muchos esta­dou­ni­den­ses de color, incluso ciu­da­da­nos esta­dou­ni­den­ses, tie­nen miedo de salir de sus casas por temor a ser secues­tra­dos y mal­tra­ta­dos por el ICE.

Los efec­tos nega­ti­vos de los recor­tes indis­cri­mi­na­dos de Trump al gobierno tam­bién se han exten­dido por toda la eco­no­mía. Las con­trac­cio­nes guber­na­men­ta­les tie­nen efec­tos mul­ti­pli­ca­do­res, al igual que las expan­sio­nes, y en el con­texto actual, los cos­tos se han ampli­fi­cado por la natu­ra­leza errá­tica del pro­ceso. El enfo­que incom­pe­tente y torpe de la Admi­nis­tra­ción ha sem­brado una incer­ti­dum­bre aún mayor y ha indu­cido un com­por­ta­miento cau­te­loso por parte de las empre­sas y de los con­su­mi­do­res.

Los aran­ce­les de Trump –ya sean impues­tos o ame­na­za­dos– y otras polí­ti­cas inter­mi­ten­tes debe­rían reco­no­cerse por lo que son: un impacto impor­tante en la eco­no­mía desde el lado de la oferta. Han aña­dido inú­til­mente incer­ti­dum­bre a los cos­tos de pro­duc­ción y a los pre­cios que pagan los con­su­mi­do­res cuando com­pran, haciendo impo­si­ble que las empre­sas rea­li­cen una pla­ni­fi­ca­ción seria a largo plazo.

Y estos son solo efec­tos a corto plazo. Las pers­pec­ti­vas a largo de la eco­no­mía esta­dou­ni­dense pare­cen aún más som­brías, todo gra­cias a Trump. A fin de cuen­tas, la ven­taja com­pa­ra­tiva de Esta­dos Uni­dos siem­pre se ha basado en la tec­no­lo­gía y en una edu­ca­ción supe­rior sin res­tric­cio­nes. Al ata­car la inves­ti­ga­ción e inten­tar pri­var a las uni­ver­si­da­des de fon­dos fede­ra­les a menos que se some­tan a sus exi­gen­cias, Trump está dis­pa­rán­dole a la eco­no­mía de Esta­dos Uni­dos en el pie.

Como han subra­yado nume­ro­sos pre­mios Nobel de Eco­no­mía, la “riqueza de las nacio­nes” reside en las ins­ti­tu­cio­nes, en par­ti­cu­lar el Estado de dere­cho. Pero Trump está piso­teando el Estado de dere­cho y lo está sus­ti­tu­yendo por un régi­men extor­sivo de acuer­dos (y de auto­con­tra­ta­ción), en el que se otor­gan favo­res guber­na­men­ta­les (como licen­cias de expor­ta­ción para Nvi­dia o sub­si­dios para Intel) a cam­bio de par­ti­ci­pa­cio­nes en las ganan­cias futu­ras de la com­pa­ñía. Por supuesto, con el tiempo, los blan­cos de extor­sión de Trump dis­mi­nui­rán. Tras reco­no­cer el peli­gro de depen­der de Esta­dos Uni­dos, muchos paí­ses ya están bus­cando nue­vos acuer­dos comer­cia­les.

El futuro de una ilu­sión

¿Por qué, enton­ces, el PIB sigue cre­ciendo (aun­que no con la misma fuerza que durante la pre­si­den­cia de Joe Biden), en tanto el mer­cado bur­sá­til alcanza nue­vos máxi­mos y la infla­ción se man­tiene por debajo de los nive­les sobre los que habían adver­tido los crí­ti­cos? Exis­ten múl­ti­ples expli­ca­cio­nes para esta apa­rente fortaleza. Con res­pecto al mer­cado bur­sá­til, el auge es en rea­li­dad muy limi­tado, con­fi­nado prin­ci­pal­mente a un puñado de gigan­tes tec­no­ló­gi­cos: Alp­ha­bet, Ama­zon, Apple, Meta, Micro­soft, Nvi­dia y Tesla.

Las depor­ta­cio­nes masi­vas de Trump han aca­bado con la mayor fuente de mano de obra

El man­te­ni­miento de la eco­no­mía esta­dou­ni­dense es fruto de una bur­buja en el sec­tor tec­no­ló­gico

Sin embargo, las valo­ra­cio­nes de estas empre­sas refle­jan expec­ta­ti­vas de ganan­cias mono­po­lís­ti­cas a largo plazo que podrían no mate­ria­li­zarse nunca. Esto es espe­cial­mente acu­sado en el caso de Tesla, debido a la adhe­sión de Elon Musk a Trump, que ha dis­tan­ciado a muchos con­su­mi­do­res. Estoy entre los muchos comen­ta­ris­tas que ven las valo­ra­cio­nes actua­les como el pro­ducto de una bur­buja que ha sos­te­nido no solo el mer­cado bur­sá­til, sino toda la eco­no­mía. Los enor­mes gas­tos de capi­tal en inte­li­gen­cia arti­fi­cial han com­pen­sado la debi­li­dad del resto de la eco­no­mía. Pero, como todas las bur­bu­jas, ésta aca­bará esta­llando. Nadie sabe con exac­ti­tud cuándo, pero con­si­de­rando que una parte tan grande de la eco­no­mía depende de un solo sec­tor, el colapso se dejará sen­tir ine­vi­ta­ble­mente de forma gene­ra­li­zada.

Peor aún, si la inte­li­gen­cia arti­fi­cial tiene el éxito que anti­ci­pan sus defen­so­res, sería un pre­sa­gio de otros pro­ble­mas gra­ves, por­que enton­ces la tec­no­lo­gía pro­ba­ble­mente des­pla­za­ría a muchos tra­ba­ja­do­res y cau­sa­ría una desi­gual­dad aún mayor. Si a esto le suma­mos la reduc­ción del gobierno que exi­gen los liber­ta­rios tec­no­ló­gi­cos de Sili­con Valley, cabe pre­gun­tarse qué sos­ten­dría la eco­no­mía esta­dou­ni­dense en los pró­xi­mos años.

En cuanto a la infla­ción, hay una expli­ca­ción sen­ci­lla de por qué aún no ha aumen­tado mar­ca­da­mente. Para empe­zar, los aran­ce­les de Trump, en gene­ral, no han sido tan altos como ame­nazó en un prin­ci­pio (aun­que el aran­cel puni­tivo del 50% impuesto a India, un país al que EEUU había tra­tado como amigo antes del regreso de Trump, es escan­da­lo­sa­mente bru­tal). Asi­mismo, los efec­tos de los gra­vá­me­nes sue­len notarse con mucho retraso. Muchas empre­sas se abs­tu­vie­ron de subir los pre­cios hasta ver qué hacían sus com­pe­ti­do­res, y algu­nas no los subi­rán hasta que se ago­ten las exis­ten­cias de los pro­duc­tos que com­pra­ron antes de la impo­si­ción de los aran­ce­les. Pero si los aran­ce­les con los que Trump ame­naza a China alguna vez se impu­sie­ran real­mente, la cosa cam­bia­ría. De hecho, la desar­ti­cu­la­ción de las cade­nas de sumi­nis­tro podría desen­ca­de­nar subi­das de pre­cios mayo­res que los pro­pios aran­ce­les.

Eso me lleva a la pre­gunta fun­da­men­tal: ¿qué país se some­te­ría volun­ta­ria­mente a los capri­chos de un rey loco? No es que Esta­dos Uni­dos tenga un con­trol abso­luto del sumi­nis­tro de mine­ra­les crí­ti­cos o tie­rras raras, sin los cua­les la era indus­trial moderna se des­mo­ro­na­ría. Tam­poco es que no haya mer­ca­dos en otros luga­res. La ley de la oferta y la demanda fun­ciona igual de bien sin Esta­dos Uni­dos que con él.

Como nos ense­ña­ron Adam Smith y David Ricardo, el cre­ci­miento eco­nó­mico con­siste en apro­ve­char las ven­ta­jas com­pa­ra­ti­vas y las eco­no­mías de escala. Pero como nos ha ense­ñado Trump (y el pre­si­dente ruso, Vla­dí­mir Putin), depen­der de socios comer­cia­les poco fia­bles puede ser enor­me­mente per­ju­di­cial. Ade­más, Esta­dos Uni­dos ya no es tan impor­tante como antes. Ahora repre­senta menos del 10% de las expor­ta­cio­nes glo­ba­les. Si bien las ganan­cias de algu­nas empre­sas se resen­ti­rán en una eco­no­mía glo­bal poses­ta­dou­ni­dense, otras se bene­fi­cia­rán. Mien­tras que algu­nos tra­ba­ja­do­res ten­drán que bus­car un empleo alter­na­tivo, otros encon­tra­rán una nueva demanda para sus habi­li­da­des.

Sin duda, el corto plazo no será fácil. Pero en la nueva eco­no­mía glo­bal que surja en el largo plazo, Esta­dos Uni­dos habrá per­dido su hege­mo­nía. Hacia allí nos diri­gi­mos al entrar en el segundo año de vida a mer­ced de los capri­chos de un pre­si­dente des­qui­ciado. La tran­si­ción ya ha comen­zado, y aun­que el cre­ci­miento glo­bal se verá afec­tado, el dolor puede ser menor de lo que muchos temen. En Europa, por ejem­plo, las inver­sio­nes en rearme –otro sub­pro­ducto de las polí­ti­cas auto­des­truc­ti­vas de Trump– supon­drán un impulso impor­tante.

Tal vez el momento deci­sivo lle­gue con las elec­cio­nes de mitad de man­dato de Esta­dos Uni­dos en noviem­bre de 2026. Unas elec­cio­nes que no sean tan libres y jus­tas como cabría espe­rar de una demo­cra­cia genuina (como muchos temen) mar­ca­rían un punto de infle­xión som­brío. Pero si el cre­ciente des­con­tento con la ges­tión eco­nó­mica de Trump y el des­li­za­miento del país hacia el auto­ri­ta­rismo resul­tan en que los demó­cra­tas recu­pe­ren al menos una de las cáma­ras del Con­greso, eso supon­drá un punto de infle­xión en la otra direc­ción. En cual­quier caso, Esta­dos Uni­dos y el mundo segui­rían enfren­tán­dose al menos a otros dos años de incom­pe­ten­cia eco­nó­mica e incer­ti­dum­bre.


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