En Cuba, un grupo de científicos y campesinos liderado por el Dr. Giraldo Martín Martín ha logrado algo que parecía imposible: cultivar papa sin usar químicos importados ni dañar el medio ambiente.
Durante años se creyó que la papa solo podía crecer con fertilizantes y venenos comprados en el extranjero. Pero Giraldo y su equipo rompieron ese mito. Usando abonos orgánicos y bioproductos nacionales, han sembrado papa agroecológica en nueve provincias y más de 130 fincas.
El corazón de esta historia está en Villa Clara, en el Instituto de Biotecnología de las Plantas. Allí, dentro de tubos de ensayo, la papa "resucita" libre de virus. El gran desafío ahora es producir semilla nacional suficiente para no depender de importaciones.
Además, para que la cosecha no se pierda, proponen un sistema de conservación revolucionario: pequeñas cámaras de refrigeración que funcionan con energía solar. Así, entre varios campesinos pueden ponerse de acuerdo en la adquisición de estas y guardar semillas sin depender de grandes frigoríficos que consumen mucha electricidad. Es una solución descentralizada, cooperativa y limpia.
Aunque el rendimiento por hectárea es menor que el método convencional, el costo de producción es mucho más bajo y no contamina el suelo. Para las familias campesinas, esto significa volver a tener puré de papa los domingos sin arruinar la tierra.


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