Por Jorge Gómez Barata
El socialismo no es un modo de producción, sino una forma de gobierno en la cual el estado utiliza las palancas del poder y mediante regulaciones sociales y laborales logra la paz social y, de modo consensuado, instala aceptables rangos de justicia social. No se trata de especulaciones ni de utopías.
El socialismo que, según Karl Marx es resultado del crecimiento de las fuerzas productivas, está más cerca allí donde el desarrollo tecnológico, la gerencia eficaz, la elevada productividad y el óptimo rendimiento de la tierra, se conjugan con la democracia y la justicia social.
La insistencia en el predominio de la empresa estatal socialista que son todas las empresas medianas y grandes del país y en la participación en su administración es, como mínimo, un hándicap del estado cubano que se rehúsa a encoger su radio de acción y concentrarse en lo que naturalmente le corresponde lo cual le permitiría ganar en eficiencia.
Fidel Castro solía razonar que la gestión politica en el capitalismo era más fácil porque los gobernantes no tenían que preocuparse por la producción ni por la administración de los negocios, cosa que eficientemente hacen los capitalistas, concentrándose en la cosa pública y en la distribución con justicia de la riqueza social.
Debido a los enfoques incorporados a la cultura politica cubana que asumió las interpretaciones e hizo suyos los valores, los contenidos y los conflictos de la Unión Soviética, en Cuba los términos “reformas políticas” se convirtieron en tabú. De la época es también el concepto revisionista, aplicado a los innovadores en los ámbitos de la teoría y de lo cual se abusó en la URSS y los países ex socialistas donde ser liberal o centrista era ser hereje.
De esas malformaciones se derivó una lectura apocalíptica, según la cual, de aplicarse, reformas políticas se erosionará el poder revolucionario y conducirán al restablecimiento del capitalismo y a la entrega del país a los Estados Unidos. Ese enfoque soslaya el hecho de que, entre los que defienden las reformas, están quienes alertan sobre situaciones a las cuales el dogmatismo y el inmovilismo pueden conducir.
En ocasiones, ese proceder coloca un signo de igualdad entre reforma y contrarrevolución, lo cual crea una situación delicada para aquellos que, siendo parte del proceso, creen que algunas estructuras, enfoques y prácticas políticas pudieran ser perfeccionadas. Muchos de los que abogan por reformas políticas, entre ellos yo, suelen aspirar a un perfeccionamiento del proceso liderado por la dirección revolucionaria.
Así lo hizo Raúl Castro quien, además de habilidades diplomáticas, exhibió coherencia y sabiduría política al aprovechar la única oportunidad que se presentó en 60 años para intentar normalizar las relaciones con los Estados Unidos y, sin detenerse por el qué dirán, ni exigir lo que, en la coyuntura no se podía conseguir, avanzó hasta restablecer las relaciones diplomáticas con los Estados Unidos
Al presentar y defender las 167 medidas introducidas para propiciar la reforma de la economía cubana que atraviesa una crisis estructural total, para nada coyuntural, el presidente cubano, Miguel Diaz-Canel Bermúdez, insiste en la naturaleza exclusivamente económica y social de tales disposiciones, descartando cualquier relación con la politica interna y con los objetivos estratégicos de la Revolución.
Al considerar la pertinencia de reformas políticas en Cuba se recuerda que durante el proceso revolucionario han ocurrido no pocas. Reintroducir el cargo de presidente de la República fue una corrección politica importante que se completará cuando el mandatario sea electo de modo directo por el pueblo lo cual, de ninguna manera, suena incompatible con el socialismo.
En los años setenta del pasado siglo mediante una mega reforma politica se procedió a la institucionalización del país que puso fin a 17 años de provisionalidad revolucionaria, se adoptó una Constitución que no existía desde 1959, se aprobó una ley electoral y se realizaron elecciones. Nada de aquello fue perfecto.
Entonces, el Partido Comunista, consagrado por la Constitución como: “Fuerza dirigente superior de la sociedad y del estado”, formulación que no es autóctona y, probablemente sea excesivamente categórica y cerrada, efectuó su Primer Congreso y copió sus estructuras, creando lo que se dio en llamar sus “aparatos”, lo cual puede ser resultado de alguna deficiente traducción.
Más tarde, en los años noventa se aprobaron contundentes reformas políticas como fue la supresión del ateísmo y el restablecimiento del estado laico. La adopción en 1975 y 2019 de constituciones del estado socialista han sido reformas políticas trascendentales.
Quizás, para que el esfuerzo en torno a las 176 medidas sea más fructífero y la reforma más cabal, son pertinentes reflexiones y acciones políticas que pudieran tributar a la cohesión social y al perfeccionamiento de estructuras actuales, haciendo más eficiente a algunas instituciones.
Un cometido político del momento pudiera ser profundizar la democratización de la sociedad mediante precisiones acerca de la separación de poderes, el partido del estado, el control social del poder y el estado de derecho y justicia social. Un asunto político no resuelto es la real autonomía de las organizaciones de la sociedad civil y de una parte de la prensa.
Al respecto parece pertinente recordar que, en los años sesenta al adoptar la experiencia de la Unión Soviética, la Revolución Cubana asimiló un conjunto formado por una teoría filosófica, una doctrina económica y un modelo político e institucional. Ocurrió así no porque alguien lo quisiera, sino porque quizás no puede ser de otra manera. Tal vez no era posible adoptar sólo el modelo económico soviético y descartar los aspectos políticos e institucionales.
Aquellos hechos, compulsados por la temprana agresividad de los Estados Unidos, el bloqueo económico y comercial y las amenazas militares, no formaron parte de un estudiado y gradual proceso, sino de decisiones politicas que fueron parte del turbión revolucionario liderado por Fidel Castro que disfrutó de un extraordinario apoyo popular.
No obstante, por el camino hubo trascendentales debates, el primero de ellos involucró a Ernesto Guevara y Charles Bettelheim, el propio Che con Carlos Rafael Rodríguez, Alfredo Guevara y Blas Roca y las controversias en torno al usos y abuso de los manuales soviéticos de filosofía y economía politica que involucraron a Fidel Castro. Ninguna de aquellas discusiones debilitó el proceso revolucionario.
En esta construcción periodística, no quiero dejar de recordar que, en 1965, el Che Guevara publicó un ensayo trascendental “El Socialismo y el hombre en Cuba”, en el cual, desde la experiencia concreta de la Revolución Cubana, se planteó, entre otros asuntos nodales, la cuestión de las relaciones entre los individuos y el estado bajo el socialismo, un asunto soslayado por la literatura soviética y del que nunca más, salvo excepciones se ha reflexionado con el enfoque correcto.
El presidente Díaz-Canel tiene razón al insistir en que las medidas entronizadas deberían desatar una riada de creatividad para su aplicación y un correlato de reflexiones teóricas y debates a escala social. La interrogante es cómo hacerlo cuando los mecanismos de comunicación social y de difusión de las ideas, en especial la prensa escrita, presentan un estado lamentable, debido a la consabida falta de recursos, aunque también al inmovilismo y la falta de imaginación y de audacia.
Todavía recuerdo cuando en 1993 Mario Vázquez Raña, personalidad mexicana, desde una posición solidaria y no de negocios, propuso comprar acciones en Prensa Latina entonces económicamente quebrada. La propuesta se trasladó al Partido donde se dijo: “Ni soñar con eso”. Años después, se presentó la idea de convertir a Bohemia que llegó a ser la más importante revista en lengua española y hoy está prácticamente extinguida, en una empresa autofinanciada y otra vez no se avanzó, no porque no se pudiera sino porque no se quiso. El inventario de oportunidades perdidas sería enorme.
Acompañar al presidente y al Partido y preservar la unidad es un deber revolucionario pero la unidad se ha de forjar sobre ideas correctas. Allá nos vemos.
Julio de 2026. Publicado por el diario ¡Por esto! Al reproducirlo indicar la fuente

Muy cierto, el socialismo no es un modo de producción aun cuando en círculos teóricos y en boca de políticos se le trate como tal; generalmente como argumento para protegerse y hacer de las suyas. El individuo común forma sus criterios a partir de la percepción de sus sentidos sin reparar en disquisiciones sobre las teorías que aplican los gobiernos de los que disfrutan o sufren. Lamentablemente quienes se proclaman socialistas ven la democracia como un estorbo y la justicia social como diseño e interpretación particular. Por ahí andan unas cuantas Repúblicas con mucho aplomo nombrándose Democráticas y Populares. Y títulos de líderes supremos con facultades de Reyes medioevales.
ResponderEliminarLas empresas deben funcionar como empresas, la forma de propiedad y los efectos que está genere es otro asunto que se expresa en un marco susceptible de ser regulado de diverso modo, para lo cual existen mecanismos archiconocidos.
Excelente razonamiento que la gestión política en el capitalismo era más fácil porque los gobernantes no tenían que preocuparse por la producción ni por la administración de los negocios, cosa que eficientemente hacen los capitalistas, concentrándose en la cosa pública y en la distribución con justicia de la riqueza social. El asunto es que habría que compartir poder, con necesidad de hacer política de verdad, aceptar el disenso o al menos tolerarlo, conciliar intereses, convencer, dialogar y en ocasiones ceder; y por supuesto habría que estar primero dispuesto a hacerlo.
Sin entrar en conflictos. Aún con las imposiciones del enfrentamiento con USA. Lo que se copió de la URSS tampoco es que fuese tan ajeno a la visión cubana de cómo hacer y cómo conducir los procesos. Antes y después de la URSS y a pesar del reconocimiento de limitaciones e incongruencias primó la nostalgia por modos y personas. Siempre hubo la intención del protagonismo en exceso, aún sin respaldo material, junto al rechazo a ocupar el lugar que nos tocaba en la fila.
ResponderEliminarLos yanquis fueron generalmente imprecisos en la táctica, superados por habilidades criollas, pero han empleado bien la estrategia del acoso. En ciertos casos condicionando decisiones de políticas y procedimientos locales restrictivos aun cuando la lógica y la apreciación real indicaba que representaba excesos mal aceptados interna y externamente. Situación lamentablemente presente hasta hoy, afortunadamente con ciertos matices.
Algo se lograría solamente con reformas económicas, sin embargo, para el bien de las propias reformas en efectividad, agilidad y permanencia será indispensable cambiar el diseño de la sociedad. Limpiar abrojos, liquidar temores, erradicar miedos, suprimir estructuras y organizaciones superfluas, aceptar que las personas se agrupen por intereses y no por esquemas, reconocer liderazgos, no imponer funcionarios de diseño. Todo ello entre otras cosas de casi interminable referencia.
Claro que han ocurrido reformas en Cuba, pero muy alejadas en el tiempo, incompletas y fuera de contexto. Pueden haber dejado el sinsabor de la frustración en mayor medida que la sensación de disfrutar un logro. Con la percepción más de una concesión que el reconocimiento de derechos naturales previamente conculcados.
Sobre el tema de debates pasados llama la atención las personalidades involucradas, el contexto y la época junto al análisis de las nulas consecuencias prácticas de la discusión. Con posterioridad silencio o susurros con la revista Pensamiento Crítico, la facultad de filosofía y otros sucesos en clara reversa.
Diaz-Canel, como otros tantos, acuden a la retórica o por el momento pecan de optimismo en mucho de lo que expresan, cuando no sea un giro para consumo externo. A saber, se vería si ellos mismos están dispuestos a cumplir con la crítica y la autocrítica contenida en los Estatutos del Partido. Además de que no parece pueda siquiera atisbarse algo incómodo por los innumerables filtros que nadie ha removido. Y está por verse lo que las personas entienden por deber y cuál el contenido de la unidad, porque eso debe ser y es una decisión personal. En ocasiones viene a la mente el argumento de la novela “El proceso” de Franz Kafka y a veces el de “La metamorfosis”.
Muy extenso, pero no sé si sería propicio aceptado como entrada. de un atrevido. En fin, excusas por la extensión.
ResponderEliminar