Fidel


"Peor que los peligros del error son los peligros del silencio." ""Creo que mientras más critica exista dentro del socialismo,eso es lo mejor" Fidel Castro Ruz

sábado, 31 de julio de 2021

Cuba: La función de la adversidad y los fracasos exitosos




Para salir de la escasez y la miseria, lo que necesitamos es cultura, honestidad y capacidad de razonar.

V.I.Lenin

La singularidad del escenario actual y un fatum de la historia la nación que regresa como cumpliendo un ciclo

La acción simultánea sobre la sociedad cubana de factores sin precedente –Covid y máxima presión del bloqueo– ha desencadenado hechos sin precedentes en la historia de la revolución: fuertes disturbios en decenas de lugares del país. Ambos factores hicieron sinergia con la lentitud y vacilaciones de nuestra dirección en la implantación de reformas anunciadas. Reitero lo que todo el mundo sabe:

A- El punto mas alto y de máxima presión del bloqueo norteamericano.

B- La Covid, que actúa como freno universal al funcionamiento regular de la economía y la sociedad, tanto a nivel internacional como en Cuba. Ha globalizado la ingobernabilidad con efectos particularmente intensos en el país. Se trata de un cambio disruptivo global comparable a una guerra de casi dimensión mundial.

C- La inevitable tarea ordenamiento que ha roto el equilibrio del estado del sistema colocando al país en una zona intermedia entre el caos y el orden.

D- Las vacilaciones y aplazamiento continuo en la implementación de las reformas ya acordadas por la dirección cubana, hace ya casi una década.

Nos hemos demorado mucho en encontrar las verdaderas causas internas de nuestras derrotas económicas y llevar a la práctica las decisiones aprobadas con antelación. El avance de un país depende en gran medida de su capacidad para desentrañar los factores claves de su desarrollo y no tenerle miedo a las verdades desagradables.

Nunca tuvieron tanta validez las palabras de Cintio Vitier –uno de los pensadores mas lúcidos de nuestras realidades– citadas por Raúl Castro en abril de 2011 en la clausura del 6to. Congreso del PCC:

“Estamos en el momento más difícil de nuestra historia… Cuba está obligada a batirse con la insensatez del mundo, al que fatalmente pertenece, amenazada siempre por las secuelas de oscuras lacras seculares, implacablemente hostilizada por la nación mas poderosa del planeta, víctima también de torpezas importadas o autóctonas que nunca en la historia se cometen impunemente…”

La meditación sobre esta perspicaz observación de Cintio me induce a una esquemática interpretación de algunos momentos significativos de la historia del país, a cuyo estudio le dedicado no poco tiempo.

Redefiniendo el concepto de fracaso

Antes de desarrollar el contenido de este epígrafe debo exponer las ideas que adopto con relación al concepto de fracaso. Son válidas tanto para las personas como para los países. Aclarar ante todo que, aunque alguien experimente una sucesión de fracasos, no significa en modo alguno que sea un fracasado. Son cosas distintas.

Con mucha frecuencia en las historias personales como en la de los grandes colectivos humanos el fracaso puede liberar un potencial escondido que sea capaz de proveer la energía necesaria para superar un desafío. Pero para ello los protagonistas deben cambiar sus estructuras de pensamiento y reprogramar su mente. Me adhiero también a la idea que para ganar una batalla primero hay que hacerlo ganando un combate dentro de la cabeza.

El fracaso no es malo en sí mismo. Lo que es en verdad perjudicial es el concepto equivocado del mismo. Algunos, cuando enfrentan momentos en que comprueban que los objetivos anhelados no se cumplen, lo asumen como un fracaso, ignorando el hecho de que sin el riesgo y los reveses transitorios es imposible realizar un destino buscado. Se trata de considerar la adversidad como escuela y el sufrimiento como maestro. Y asimilar la experiencia, lo que no siempre sucede a una persona o un país. Ello es, principalmente, la interpretación adecuada de qué nos sucede y la consecuente aplicación de sus lecciones a la práctica.

Esa fue la actitud de la mayoría de los “derrotados” asaltantes del Moncada, evento que tomaré como punto de partida para asumirlo, considerándolo como una metáfora. Lo peor que les pasó –torturas y cárcel– fue quizás lo mejor que les pudo haber sucedido. La vanguardia templó el carácter y ganó cohesión durante el duro período de la cárcel, el exilio y la guerra en las montañas. Vieron la desgracia como oportunidad y una alternativa para el crecimiento.

Entendiendo el Moncada como expresión de situaciones límites en que la nación, o una gran parte de su población, han asumido riesgos para su vida, períodos a veces prolongados de dolor y sufrimiento. Eventos que no han concluido de una manera feliz, sin lograr los objetivos propuestos, como el asalto al cuartel de Santiago de Cuba. Frustración y esperanza como dos caras de una misma moneda. Semilleros de héroes y mártires.

La historia de Cuba muestra una singular interacción entre lo económico y lo político. Lo que se comprueba con la lectura de dos textos icónicos de la ciencia social cubana. Me refiero a un libro bonito y casi novelesco como el de Moreno Fraginal El complejo cubano del azúcar. El otro es el contundente y sólido texto Historia económica de Cuba de Julio L’Riverend sin cuya lectura es casi imposible descifrar los enigmas de la singular historia de nuestro país.

En este último el autor describe, por ejemplo, con precisión la situación una vez concluida la guerra de los 10 años en 1878. La debacle alcanzó todos los estratos de la población. Ruina económica y moral. Pero esa experiencia fue la fuente utilizada para Martí para elaborar estrategias mas refinadas para desencadenar la próxima guerra. Podemos considerarla como el primer “periodo especial” en nuestra historia. La situación se repite al final de la mal llamada guerra de la independencia en 1895 en que de nuevo Cuba queda aún en peores condiciones a causa de la reconcentración masiva de los habitantes de las zonas rurales en los centros urbanos. Una devastación casi total.

En la obra clásica del historiador Martínez Ortiz (Cuba, primeros años de independencia) el autor incluye numerosas fotos tomadas en La Habana entre 1894 y 95 donde aparecen numerosas familias deambulando famélicas por las calles de La Habana. Muriendo de hambre en plena vía pública. Las imágenes son muy parecidas a las fotos tomadas de los prisioneros recién liberados de los campos de concentración nazis. Algunos investigadores han señalado que esta política de Weyler fue un antecedente directo de los campos de exterminio hitlerianos.

El segundo “período especial”. Algunos historiadores aseguran en que desde el inicio de la gran guerra 1868-78 hasta el 95 se sucedieron mas de 30,000 combates. (Bolívar liberó a un puñado de pueblos en menos de 15 años .Cuba necesito casi 60 para librarse de España y de inmediato caer en la manos del naciente imperialismo norteamericano. Frustración como esta no experimentó ningún pueblo del continente; la enmienda Platt. La nación mas humillada de la región: dos intervenciones y el estrecho sometimiento del país a un poder extranjero.

Una ilusión que murió en las orillas de una fatal confluencia de factores económicos e históricos; el surgimiento del imperialismo como etapa superior del capitalismo estadounidense se produjo aquí. Sin embargo, se derrotó al ejército español, que fue un logro importante, aunque no se obtuvo la independencia. Pero la existencia de una masa de combatientes con experiencia de guerra y su capacidad para someter al poder español sobre la isla hizo meditar a los invasores que no se atrevieron a aplicar la formula de colonialismo duro que aplicaron a Puerto Rico y Filipinas.

Volviendo a L´Riverend. Lo curioso de su texto es que muestra como Cuba se recupera desde el punto de vista económico relativamente en poco tiempo en ambos casos. Un fracaso relativo –a manera del Moncada- seguido de cierto florecimiento. El tercer “periodo especial” lo encontramos en la crisis económica de los años 30 cuya diferencia con los dos anteriores no está ocasionada por un conflicto bélico, sino que obedece a causas externas por la gran crisis del 29. Este “periodo especial” estuvo acompañado de crisis en el aspecto político por la llamada Revolución del 30 que según Raúl Roa “se fue a bolina”. De nuevo frustración y desencanto. Sangre, sudor y lágrimas impuesta por una feroz dictadura. Otro fracaso para las aspiraciones de los que buscaban un cambio. Otro Moncada. Nunca se logra el objetivo. Ligera recuperación económica. Pero deja un legado de pensadores de izquierda –Roa, Pablo de la Torriente, Mella- que se convirtió en una masa critica o reservorio de ideas que nutrirían el acervo de cultura política de generaciones posteriores.

La crisis de los 50 que desemboca en el Moncada legítimo tiene una naturaleza mas compleja. El modelo de país concebido por una mediocre clase dominante inicia su desintegración .Se profundiza la descomposición moral y política. De nuevo otra dictadura que deja 20.000 víctimas .Tortura y desaparecidos. El país experimenta un “período especial” sin saberlo. Es decir, solo unos pocos se dieron cuenta. Se agrupaban principalmente en la Juventud Ortodoxa donde un joven poco conocido organiza una respuesta. Se asalta el cuartel santiaguero y también se falla. Triunfo de la Revolución que deviene en poco tiempo en proyecto que intenta–empujado por la tiránica influencia de la circunstancias- asumir un modelo socialista, pero de importación, diseñado en otra parte. Existen dos fracasos intermedios que deben mencionarse. La muerte del Che en Bolivia que dejó claro que esa ya no era la vía. La derrota del proyecto económico; la imposibilidad de realizar una zafra de los 10 millones.

1990; solo tres décadas mas tarde el prototipo de modelo “socialista” que sirvió de patrón se desvanece en solo unos meses. Cuarto ¨periodo especial¨ Otra vez muros de un cuartel que hay que tomar. De nuevo frente al sufrimiento y el dolor. Ajustes y relativa recuperación, pero en lo fundamental sin obtención de las metas ansiadas. No se encuentra aún el camino exitoso hacia un despliegue sostenido de la visión de nación que no llega todavía a manifestarse de manera definitiva y concluyente. Importantes logros sectoriales en la salud educación, seguridad pública entre otros. Pero se producen en la superestructura. La indispensable base económica no se consolida y esos aportes flaquean. Es un campo de derrotas relativamente continuas. Es un marxismo vuelto al revés: primero la superestructura sin base económica que la sostenga.

Se construye no obstante un modelo teórico que ofrece por primera vez una base conceptual y una acertada visión de nación, pero aún debemos considerarlo como un borrador.

2020, el fatídico ciclo se repite. Una inesperada pandemia genera en solo semanas un proceso global de desintegración. Naciones fuertes y organizadas se tambalean. Un escenario muy difícil de abarcar, por tanto, de comprender y gestionar. Se desplazan por debajo de la realidad variables ocultas, intangibles, imposibles de visibilizar. Se rompe a escala planetaria la relativa armonía del sistema mundo existente. Se inician medidas correctivas, pero sus efectos son muy débiles y lentos.

Cuba no podía escapar a esta debacle universal. Nos ha colocado en una situación de maniobras sucesivas de sobrevivencia. El imperio aprovecha y le da otras vueltas a la tuerca. Podría aspirar a un premio Guinness de vileza y crueldad. El país se encuentra de nuevo en una situación limite. Pero extrema y sin precedentes. Quinto “período especial”.

Creo que nunca antes la voluntad y el talento del pueblo cubano habían enfrentado un desafío de tal magnitud. Es un reto diverso y multifactorial. Actúan simultáneamente sobre el mismo plano variables económicas sociales, éticas e ideológicas con mucha intensidad. La relativa e histórica homogeneidad de la sociedad cubana se diluye de manera gradual. La estructura social avanza aceleradamente hacia lo heterogéneo. Se hacen mas nítidos los límites entre escenarios político-ideológicos con mayor pluralidad. Se hace imperiosamente necesario que una cantidad importante de los miembros de la dirección política aprendan a comunicarse con los que piensan diferente. Crear escenarios apropiados para el dialogo, el intercambio y la polémica. En fin; la gestión de la diversidad.

Ni las personas ni las naciones pueden crecer si no asumen los retos. Repetimos que ello implica fracasos relativos, frustraciones y sufrimientos sin los cuales no es posible entender y asimilar las cuestiones esenciales de la existencia humana. Implica también superar el miedo. Afortunadamente el núcleo central del llamado sentimiento negro en el pueblo cubano es débil. Pienso que esta es la causa principal de nuestra resistencia ante las embestidas salvajes del enemigo . Ahí reside la singular grandeza de nuestra nación. Grandeza que yace dormida en todos los pueblos. pero que sin la aparición de poderosas individualidades que creen los espacios necesarios ella no puede emerger. A Cuba le ha tocado solo uno en cada siglo.

Ahora mediante las posibilidades de las redes sociales aparecen muchos empecinados en negar la grandeza del pueblo cubano. Unos simples empleados del imperio, otros fanáticos que niegan los efectos del bloqueo sin reconocer el significado de que una pequeña nación resista las embestidas de la mayor potencia del planeta durante 60 años También aparecieron en las calles nuestros indignados hijos legítimos de nuestros errores

No perdonan y les duele que un pequeño país sea capaz de hacer que esa potencia haga el ridículo en el foro mundial de Naciones Unidas cuando una aplastante mayoría la deja en total aislamiento, un hecho sin precedente en la diplomacia mundial.

Casi 10 generaciones de cubanos, apenas sin pausa han tenido que enfrentar enormes desafíos que aparecían como obstáculos insalvables. En el seno de esas generaciones surgieron minorías activas que supieron desencadenar enormes fuerzas potenciales y ocultas en el seno de un ya mencionado proceso sostenido de humillación, frustración, y sufrimiento como el que ha acumulado Cuba en su historia. Ahí reside la capacidad de resistencia. Esa es la función de la adversidad.

Cada sociedad debe aceptar que debe convivir con sus luces y sus sombras. No pocas de las sombras no podrían superarse sino en ciclos muy largos de tiempo. Cuba y la mayoría de las naciones deben reconocer que no queda otra alternativa que adaptarse a vivir en la incertidumbre.

En vísperas de la preparación del asalto. Identificando al enemigo interno

El núcleo central de la dirección cubana concentrado en un partido único se ve compelido como nunca antes para responder con una estrategia que sea capaz de gestionar una complejidad diversa ante un horizonte temporal de márgenes estrechos. Y demostrar de una vez y por todas que es el partido de la nación. Lo demostrará solo si esta vez supera el desafío y logra la victoria. Enormes muros de una fortaleza se interponen de nuevo ante el destino del pueblo cubano. Un combate en que la victoria o la derrota determinará o no el estallido irreversible de un sueño de millones de compatriotas. Muchos mas millones en el mundo renunciaran también a ese sueño si Cuba es derrotada.

En su paradigmática definición de Revolución Fidel nos dejó una alerta que no hemos aclarado del todo. Eusebio Leal afirmó que tenía un carácter enigmático; el comandante dijo que la Revolución debía enfrentar también “poderosas fuerzas internas”.

En la mañana del ataque muy temprano en reunión del grupo de combatientes Fidel les reveló lo que hasta entonces era un secreto. Un grupo de ellos flaqueó y desertaron. Se estaba depurando la fuerza interna. Separando el acero de la escoria.

Esta vez esas fuerzas internas que amenazan la sobrevivencia del sueño cubano se dividen en dos:

1- la disidencia interna envalentonada por el impulso del gobierno estadounidense

2- la insensible y despolitizada burocracia de la cual tengo la impresión que no se tiene clara percepción de que se trata de un enemigo letal que se ubica dentro de nuestras filas.

Lo digo en el sentido de que no se manifiesta un enfrentamiento a fondo y vigoroso contra ella. A pesar de que el mismo enemigo así lo reconoce. En uno de sus libros, el fundador de la CIA Allen Dulles, sin duda un destacado estratega en la lucha contra el socialismo afirma:

“Sembraremos el caos y la confusión en la dirección del estado. Facilitaremos imperceptiblemente, pero de manera activa y constante el despotismo de los funcionarios y la ausencia de principios. El burocratismo y el papeleo serán erigidos como una virtud. La honradez y el orden serán puestos en ridículo y nadie los añorará al convertirse en reminiscencia del pasado. La grosería y el descaro, la mentira y el engaño el miedo salvaje de unos contra otros… Solo unos pocos, sencillamente muy pocos, adivinarán o comprenderán lo que sucede. A tales gentes las pondremos en una posición de impotencia y los convertiremos en el hazmerreir de todos.
Encontraremos los medios de calumniarlos…” (citado por el Tte coronel Leonel Gorrín Merida en su indispensable texto ¿ERRORES O TRAICIÓN? El desplome de un modelo de socialismo. Edit. Ciencias Sociales 2018 pag. 29)

Este Moncada parece ser el decisivo. Solo la integración entre el capital moral y el intelectual podría darnos la victoria. Esta vez no se puede fallar. Nuestra esperanza radica en que se trata de un pueblo que ha aprendido que la dignidad plena del ser humano se encuentra mas allá del territorio del miedo.

viernes, 30 de julio de 2021

La legitimidad de las preguntas y la urgencia de las respuestas.

Por Julio Carranza

Recientemente he leído un relevante y muy pertinente comentario de Silvio Rodríguez preguntando, con franqueza y compromiso, cuál es la explicación y de quienes las responsabilidades del notable retraso que han tenido y tienen las transformaciones que Cuba necesita, mismas que desde hace más de 20 años se vienen acordando en Congresos del Partido y reflejando en importantes documentos oficiales como: La Conceptualización, Los Lineamientos y finalmente la nueva Constitución. (Ver su blog Segunda Cita) (1).

Acuerdos además, que contaron con el apoyo y levantaron expectativas en la inmensa mayoría de la población, transformaciones que habrían dado lugar a mayores espacios de inclusión de la juventud y que habrían permitido una situación mucho más favorable tanto para enfrentar el bloqueo y la agresión como la pandemia terrible que sobrevino.

Nosotros hace tiempo venimos diciendo públicamente:

“La reforma económica es un asunto incluso de seguridad nacional”, el tiempo es ya una variable crítica”, “las transformaciones integrales son el único camino a una recuperación del consenso”, “se debe hacer un pacto nuevo con cada generación”, “hay que recuperar el tiempo perdido”, “sin reforma económica no hay eficiencia y sin eficiencia no habrá ni bienestar ni sostenibilidad posibles”, “hay que superar la resistencia de la burocracia”, “las transformaciones hay que realizarlas con bloqueo o sin bloqueo, con pandemia o sin pandemia”, “el mayor éxito del bloqueo estaría en paralizar las transformaciones”, “hay que avanzar ya sin pausa y con prisa” etc, etc, todas son frases sacadas de artículos que he publicado en estos medios y en otros durante los últimos años, todas con sus correspondientes argumentos.

¿Había razones en estas afirmaciones o no?, sumo esta pregunta a las muy pertinentemente hechas por Silvio y también, de donde nace la resistencia aún para las decisiones aprobadas que han tenido un nivel de implementación mínimo con bajos efectos visibles, estaremos en aquella vieja fórmula criolla de “se acata, pero no se cumple”?

De otra parte, en lo que a la economía se refiere, factor esencial de lo que se discute, el problema no se resuelve con medidas aisladas (por positivas que estas sean) que dejan intacta la esencia de un modelo económico agotado, se trata de su transformación integral, del establecimiento de un nuevo modelo económico, socialista sí, pero eficiente, sostenible, viable, pudiéramos decir que tal como quedó definido en La Conceptualización, y también como muchos economistas han (hemos) argumentado por años.

No vuelvo sobre estos asuntos con el ánimo de insistir cansinamente sobre los argumentos dados una y otra vez, mucho menos para causar malestares inútiles, lo hago porque viendo los acontecimientos recientes, su evolución, las respuestas y el endurecimiento de la agresión externa (tanto real como virtual) me pregunto ahora: no hay ya suficientes evidencias para vencer cualquier resistencia y avanzar integralmente de una vez, colocar los cambios como parte de los diálogos que el país necesita?

Las transformaciones (en el sentido tantas veces argumentado) deben ser un componente esencial tanto de la respuesta a la agresión que se le hace al país, como del diálogo interno, amplio y democrático con todos los que compartan los principios del proyecto de nación (soberanía nacional, justicia social, desarrollo económico y democrático).

Acaso las preguntas de Silvio, a las que me he sumado y ampliado, no tienen que ver con la situación y los acontecimientos que hemos vivido y estamos viviendo. El daño de la agresión genocida es enorme y repudiable, pero las responsabilidades propias también están ahí y pesan mucho.

La reacción debe ser notoria y ágil, los desafíos están a la vista, recuperar el tiempo perdido, por compleja que sea la situación y avanzar, romper todo inmovilismo con audacia y sin dogmas, acaso hay otra alternativa?, objetivamente se puede, ojalá así sea, y vuelvo a repetir “el tiempo es una variable crítica”!

30 de julio 2021


(1) Segunda Cita

silvio dijo...

Me gustaría saber quienes son los compañeros y compañeras responsables de que no se haya cambiado todo lo que se ha debido cambiar, después de dos congresos del PCC, los Lineamientos y una Constitución. Quienes, con nombres, apellidos y cargos representan esa corriente de freno en las altas esferas. Me gustaría conocer sus argumentos. Sería justo que se identificaran. Sería digno de su parte, puesto que seguro están defendiendo lo que honestamente creen. Quién sabe si hasta obtendrían algunos aplausos. Me gustaría saber cómo se lo explican a sí mismos y cómo a sus compañeros. Cómo analizan dificultades como estas últimas. ¿Para ellos todo sería culpa del bloqueo, del imperialismo y de las redes? ¿Ni una sola culpita de nuestra parte? Invito a los segundaciteros que sepan de esto, o que tengan hipótesis al respecto, que las expongan. Es algo que me gustaría saber.

El Departamento del Tesoro sanciona a fuerza de policía cubana y a sus líderes. Comentario HHC

 

Department of State United States of America

Traducción cortesía del Departamento de Estado de los Estados Unidos



Departamento del Tesoro de EE. UU.
Comunicados de prensa
30 de julio de 2021

WASHINGTON – En el día de hoy, la Oficina de Control de Activos Extranjeros (Office of Foreign Assets Control, OFAC) del Departamento del Tesoro de EE. UU. sancionó a dos ciudadanos cubanos y a una entidad cubana conforme al Decreto Ejecutivo (Executive Order, E.O.) 13818, que amplía e implementa la Ley Global Magnitsky sobre Responsabilidad de Derechos Humanos (Global Magnitsky Human Rights Accountability Act) y actúa contra responsables de graves violaciones de derechos humanos y hechos de corrupción en todo el mundo. Las sanciones de hoy amplían las designaciones que realizó el Departamento del Tesoro el 22 de julio de 2021 sancionando a más personas en relación con acciones orientadas a reprimir las protestas pacíficas a favor de la democracia en Cuba que empezaron el 11 de julio. Los destinatarios de las designaciones de hoy son OSCAR CALLEJAS VALCARCE (CALLEJAS)EDDY SIERRA ARIAS (SIERRA) y la POLICÍA NACIONAL REVOLUCIONARIA (PNR) del Ministerio del Interior (MININT) de Cuba.

“El Departamento del Tesoro seguirá designando e identificando por su nombre a quienes facilitan que el régimen cubano cometa graves violaciones de derechos humanos”, expresó la directora de la Oficina de Control de Activos Extranjeros Andrea M. Gacki. “Lo dispuesto hoy refuerza las medidas orientadas a que respondan por sus actos los responsables de reprimir los reclamos de libertad y respeto de los derechos humanos que expresa el pueblo cubano”.

SANCIONES SOBRE CUBA

Además de las sanciones que se impusieron hoy en el marco del programa Magnitsky Global, la OFAC sigue aplicando el programa de sanciones sobre Cuba, el más amplio de su tipo que administra la OFAC. Con algunas excepciones orientadas a asegurar que se permitan ciertas categorías de actividad económica que benefician de manera directa al pueblo cubano, la OFAC administra un embargo económico sobre Cuba que prohíbe que las personas estadounidenses (y las entidades que estén bajo la titularidad o el control de personas estadounidenses) participen en transacciones y brinden servicios que puedan sostener al régimen cubano. Asimismo, todos los ciudadanos cubanos quedan bloqueados, con independencia de si figuran en la Lista de Ciudadanos Especialmente Designados y Personas Bloqueadas (Lista SDN) del Departamento del Tesoro. El Departamento del Tesoro continuará haciendo cumplir estas prohibiciones de acuerdo con los estatutos y regulaciones aplicables..

REPRESIÓN VIOLENTA DE MANIFESTANTES EN CUBA

Desde el inicio de las protestas de julio de 2021 en Cuba, el régimen cubano desplegó a la PNR, una unidad policial que depende del MININT de Cuba, para que reprimiera y atacara a manifestantes. Bajo la autoridad de CALLEJAS como director y SIERRA como subdirector, agentes de la PNR fueron fotografiados cuando enfrentaban y detenían a manifestantes en La Habana, incluidos integrantes del Movimiento Madres del 11-7, un grupo fundado para organizar a familiares de personas encarceladas y desaparecidas. En Camagüey, un cura católico fue golpeado y arrestado por la PNR mientras defendía a jóvenes manifestantes, y agentes de la PNR también golpearon a un grupo de manifestantes pacíficos entre los cuales había varios menores. Asimismo, se han registrado varias instancias en las que agentes de la PNR utilizaron bastones para dispersar de manera violenta protestas pacíficas en toda Cuba.

La PNR ha sido designada conforme al Decreto Ejecutivo 13818 por encontrarse bajo la titularidad o el control del MININT, o por actuar o procurar actuar en representación de este, de manera directa o indirecta. El MININT fue designado previamente por la OFAC conforme al Decreto Ejecutivo 13818 el 15 de enero de 2021 por ser una persona extranjera que es responsable o cómplice, o partícipe directo o indirecto, en graves violaciones de derechos humanos. CALLEJAS y SIERRA han sido designados conforme al Decreto Ejecutivo 13818 por actuar, o procurar actuar, en nombre de la PNR, tanto en forma directa como indirecta.

CONSECUENCIAS DE LAS SANCIONES

Todos los bienes y participaciones en bienes de estas personas que se encuentran bloqueados conforme a las Reglamentaciones sobre Control de Activos Cubanos, disposición 31 C.F.R. parte 515 (CACR), siguen estando bloqueados. Las CACR prohíben que personas sujetas a la jurisdicción estadounidense realicen transacciones con bienes en los cuales tengan participación Cuba o algún ciudadano cubano, a menos que se encuentre autorizado o alcanzado por alguna exención. Asimismo, conforme a las Reglamentaciones sobre Sanciones Magnitsky Global, disposición 31 C.F.R. parte 583, quedan bloqueados todos los bienes y participaciones en bienes de las personas anteriores que se encuentren en Estados Unidos o que estén en poder o bajo el control de personas estadounidenses, y se prohíben todas las transacciones de personas estadounidenses o que se realicen dentro de Estados Unidos (o que transiten por ese territorio) que involucren bienes o participaciones en bienes de personas designadas o alcanzadas por otras medidas de bloqueo, a menos que se encuentren autorizadas por una licencia general o específica emitida por la OFAC, o que tengan algún otro tipo de dispensa. Estas prohibiciones incluyen realizar cualquier contribución o aporte de fondos, bienes o servicios por, para o en beneficio de cualquier persona alcanzada por un bloqueo, o recibir cualquier contribución o aporte de fondos, bienes o servicios de tal persona.

Ver más información sobre las personas designadas hoy.


Para ver el texto original ir a: https://home.treasury.gov/news/press-releases/jy0298

Esta traducción se proporciona como una cortesía y únicamente debe considerarse fidedigna la fuente original en inglés

Comentario HHC:  Sigue la escalada llena de mentiras e ilegalidades contra Cuba. Están envalentonados.

EEUU  dice que sanciona a la policía y sus líderes como si estos viajaran a EEUU o tuvieran cuentas de banco en el mismo. Toda una falacia para seguir creando dificultades al pueblo cubano de modo arbitrario violando el Derecho Internacional de manera burda. El objetivo como en el 1960 es "provocar el hambre y la desesperación en el pueblo cubano ". ¿Estos son los paladines de la libertad, el libre comercio, los derechos humanos etc etc ,?

Solo les cito dos frases de este texto para que no nos llamemos a engaño, esto es una GUERRA contra el pueblo cubano, contra todos,  los que están a favor de la revolución (que son mayoría) y hasta los que están en contra.  A estos últimos , sobre todos sus "lidercillos" que son los menos afectados, hay que exhibirles las fuentes de financiamiento que reciben desde EE. UU. mientras abogan por más bloqueo.

"... la OFAC sigue aplicando el programa de sanciones sobre Cuba, el más amplio de su tipo que administra la OFAC".

Asimismo, todos los ciudadanos cubanos quedan bloqueados, con independencia de si figuran en la Lista de Ciudadanos Especialmente Designados y Personas Bloqueadas (Lista SDN) del Departamento del Tesoro."

Curioso como emplean el término "bloqueados".

EE.UU.-CUBA: ¿camino a la re-normalización? Primeras intervenciones

 JORGE I. DOMÍNGUEZ RAÚL RODRÍGUEZ RODRÍGUEZ JOSÉ RAMÓN CABAÑAS RODRÍGUEZ GABRIEL VIGNOLI HAL PHILIP KLEPAK | None | 29 Jul 2021

eeuu-cuba-camino-a-la-re-normalizacion-primeras-intervenciones
Estas son las intervenciones del panel invitado en la primera ronda de preguntas realizadas por el equipo editorial de la revista Temas, vinculadas con el estado actual y proyección futura de las relaciones entre Estados Unidos-Cuba.

*Primeras intervenciones del panel del Último Jueves de Temas, que se desarrolla en estos momentos a través del grupo en Telegram creado para esta ocasión.

 

PANELISTAS

Jorge I. Domínguez. Profesor y vicerrector en la Universidad de Harvard. Se jubiló en 2018. Su profesión ha sido el estudio de las ciencias políticas, con especialización sobre los países de América Latina. Ha publicado diversos artículos y libros sobre Cuba, muchos de ellos con la participación estelar de autores cubanos.

Raúl Rodríguez Rodríguez. Director del Centro de Estudios Hemisféricos y sobre Estados Unidos, Miembro del Grupo de Trabajo estudios sobre Estados Unidos de CLACSO.

Gabriel Vignoli. Docente de antropologia y relaciones internacionales, The New School, Nueva York. Director de programa de intercambio academico Casa de las Americas-The New School. Areas de trabajo: economia politica, economia informal, colonialismo y poscolonialismo, Cuba, Cuba-EEUU. Ciudadano cubano e italiano.

 José Ramón Cabañas Rodríguez. Doctor en Ciencias Políticas. Director del Centro de Investigaciones de Política Internacional. Profesor Titular del Instituto Superior de Relaciones Internacionales Raúl Roa García. Ocupó diversas responsabilidades en su carrera diplomática, entre ellas Jefe de la Sección de Intereses de Cuba en Washington (2012-2015) y embajador de la República de Cuba ante los Estados Unidos (2015-2020).

Hal Philip Klepak. Profesor Emérito de Historia y Estrategia en Royal Military College de Canadá. Especialista en América Latina y el Caribe. Autor de libros y ensayo sobre historia militar de Cuba, y problemas de seguridad hemisférica. Miembro del Consejo asesor de Temas.


PREGUNTAS AL PANEL:

1. ¿Cómo caracteriza las relaciones entre Cuba y EEUU en sus diversos campos? [Diplomático, económico, de seguridad, académico, cultural, científico, mediático, religioso, etc.]

Jorge l. Domínguez: Una clave para caracterizar las relaciones entre estos dos países es tomar nota de que Cuba dejó de ser un factor global estratégico para los Estados Unidos hace treinta años. Ya no hay Unión Soviética, ya no hay militares cubanos en diversas partes del mundo, Cuba no posee armas nucleares, no es exportadora de petróleo u otras fuentes energéticas, no sido generadora de acciones terroristas que causen devastación en los Estados Unidos, no ha lanzado ciberataques que paralicen el gobierno o a grandes empresas. Todo esto implica que no hay intereses de primer rango para los Estados Unidos en Cuba. El único factor fundamental es que Cuba es un país vecino, lo que requiere algún tipo de relación, por endeble que sea. Otra clave para caracterizar las relaciones bilaterales es que los Estados Unidos son un factor estratégico decisivo para cualquier gobierno en Cuba, y lo ha sido por los siglos de los siglos. Por tanto, ambos países comparten un interés porque viven en un mismo vecindario. Paso a considerar exclusivamente la perspectiva desde los Estados Unidos. Esa falta de valor estratégico global de Cuba para este país permite que otros intereses incidan sobre la relación bilateral. Hay intereses de segundo rango que emanan de la vecindad. Estos involucran varias dimensiones, una de ellas es que son asuntos de seguridad. Me refiero al combate frente al narcotráfico, a las relaciones en el entorno de la base naval norteamericana en Guantánamo, y a las relaciones migratorias. Hay factores de tercer rango que, por lo general, son electivos –es decir, pueden ser más, o menos, pero no pasa nada grave si no hay tales relaciones. El comercio, la inversión internacional, el turismo, las relaciones científicas y culturales, los intercambios académicos y bibliotecarios, las relaciones entre iglesias, y las preocupaciones ideológicas comparten este tercer rango. Un elemento peculiar de estas relaciones bilaterales ha sido la persistencia y el predominio de las preocupaciones ideológicas en los Estados Unidos, vocalizados por, pero no exclusivos de, una parte de la comunidad de origen cubano allí. En ausencia del predominio de intereses de primer rango, y a veces incluso coincidiendo con ellos, los factores ideológicos han definido, y definen hoy, la política de los Estados Unidos hacia Cuba.

Raúl Rodríguez: En el campo diplomático es paradójico que, aunque hay embajadas en ambas capitales, que proporcionan algún canal de comunicación oficial, las relaciones diplomáticas se encuentran en un punto muy bajo y la retórica no tiene mucho que ver con la diplomacia. Se desconoce y se descalifica al gobierno de Cuba como “Estado fallido”. Además, el anuncio de la administración Biden de su intención de aumentar el personal diplomático en La Habana, para, entre otras actividades, “mejorar la interacción con la sociedad civil cubana”, es una receta para generar más tensión diplomática. Desde el punto de vista económico sucede otro tanto. Si bien Cuba puede importar alimentos desde los Estados Unidos, estas transacciones se hacen en condiciones atípicas en cualquier relación comercial entre dos Estados, como lo dicta la legislación estadounidense desde el año 2000. Aunque se mantiene una empresa mixta en el sector de la biotecnología, la relación económica está muy por debajo del potencial real que, por la cercanía geográfica, los dos países pueden alcanzar. Otro tanto sucede en el campo académico, cultural y científico. Por la limitada movilidad que existe, las relaciones están muy por debajo de su potencial de desarrollo, no solo por el impacto de la pandemia de Covid-19, sino también por las sanciones impuestas por la administración Trump durante 2019-20, que han sido asumidas invariablemente por la actual. Una atenuante es la posibilidad real de continuar los contactos virtuales para generar debates, investigaciones conjuntas y publicaciones, pero incluso, en estos casos, existen limitaciones en el acceso a algunas plataformas de videoconferencias, como la popular Zoom. La cobertura mediática estadounidense tiene un sesgo ideológico muy marcado, son escasas las expresiones de objetividad, lo que tiene un impacto en la opinión pública. Si algo se puede resaltar como positivo es que se ha mantenido la cooperación en seguridad, sobre todo entre los servicios de Guardacostas y Guardafonteras, la seguridad alrededor de la base naval de Guantánamo y otras acciones de cumplimiento de la Ley. En el aspecto religioso se mantiene una relación adecuada de cooperación, en diversas aristas, desde las nobles acciones de Pastores por la Paz, los vínculos históricos entre las iglesias protestantes y evangélicas cubanas y sus contrapartes en los Estados Unidos y los espontáneos vínculos culturales-religiosos de estadounidenses y cubanos residentes en ese país con las religiones cubanas de origen africano. Pero también se han dado manipulaciones políticas de la religión en Cuba por parte de diferentes administraciones estadounidenses. Un aspecto interesante, aunque básicamente simbólico en mi opinión. es que se han visto acciones a favor de una mejor relación a nivel de Estados y ciudades, en diferentes regiones de los Estados Unidos. Desde el punto de vista económico sucede otro tanto. Si bien Cuba puede importar alimentos desde los Estados Unidos, estas transacciones se hacen en condiciones atípicas en cualquier relación comercial entre dos Estados, como lo dicta la legislación estadounidense desde el año 2000. Aunque se mantiene una empresa mixta en el sector de la biotecnología, la relación económica está muy por debajo del potencial real que, por la cercanía geográfica, los dos países pueden alcanzar.

Otro tanto sucede en el campo académico, cultural y científico. Por la limitada movilidad que existe, las relaciones están muy por debajo de su potencial de desarrollo, no solo por el impacto de la pandemia de Covid-19, sino también por las sanciones impuestas por la administración Trump durante 2019-20, que han sido asumidas invariablemente por la actual. Una atenuante es la posibilidad real de continuar los contactos virtuales para generar debates, investigaciones conjuntas y publicaciones, pero incluso, en estos casos, existen limitaciones en el acceso a algunas plataformas de videoconferencias, como la popular Zoom. La cobertura mediática estadounidense tiene un sesgo ideológico muy marcado, son escasas las expresiones de objetividad, lo que tiene un impacto en la opinión pública. Si algo se puede resaltar como positivo es que se ha mantenido la cooperación en seguridad, sobre todo entre los servicios de Guardacostas y Guardafonteras, la seguridad alrededor de la base naval de Guantánamo y otras acciones de cumplimiento de la Ley. En el aspecto religioso se mantiene una relación adecuada de cooperación, en diversas aristas, desde las nobles acciones de Pastores por la Paz, los vínculos históricos entre las iglesias protestantes y evangélicas cubanas y sus contrapartes en los Estados Unidos y los espontáneos vínculos culturales-religiosos de estadounidenses y cubanos residentes en ese país con las religiones cubanas de origen africano. Pero también se han dado manipulaciones políticas de la religión en Cuba por parte de diferentes administraciones estadounidenses. Un aspecto interesante, aunque básicamente simbólico en mi opinión. es que se han visto acciones a favor de una mejor relación a nivel de Estados y ciudades, en diferentes regiones de los Estados Unidos.

Gabriel Vignoli: Como docente, voy a lo académico/cultural. A mis estudiantes estadounidenses siempre les digo “conocer a Cuba te va a ayudar, porque vas a ser más consciente de tu propio país". La idea de nación en los Estados Unidos –o sea las palabras claves a través de las cuales la nación articula su propio discurso político– se forja en Cuba, y viceversa. Ambos países son inconcebibles el uno sin el otro. Sin los eventos de 1898 y 1959 es imposible concebir palabras como democracia en los Estados Unidos y soberanía en Cuba. Ambas tienen significados diferentes en los dos países, y se traducen en diferentes usos políticos. Por ejemplo, es en 1898 cuando se establece la justificación democrática como patrón de intervención estadounidense en Latinoamérica. Esa justificación está estructurada por un “orientalismo” –según Said– que no es ignorancia del “otro”, sino más bien interpretación y producción de ese otro a través de una imagen artificial y a la vez muy poderosa. La tarea de la academia es la de interrogar las palabras claves, de buscar su genealogía, para ver cómo operan. En los Estados Unidos la democracia se reduce, a menudo, a un evento: “elecciones libres y justas”. Pero cuando mis estudiantes aprenden que una Cuba subyugada en 1901 determinó el sufragio universal masculino en contra de la voluntad estadounidense, y que en el sur de los Estados Unidos los hombres de color solo pudieron votar a partir de 1965 con el Voting Rights Act, la palabra democracia adquiere para ellos nuevos matices, alejados de libertad y justicia. Lo mismo se puede decir de raza y racismo: miradas desde Cuba, estas palabras claves del ADN estadounidense adquieren otro significado. Ahora bien, la pandemia de COVID-19 implica un cambio de paradigma en la idea de nación. Las cuatro crisis globales que ha desatado –medioambiental, de salud, económica, y social– hacen impostergable la re-articulación de las palabras claves de la gramática política del presente, tanto en Cuba como en los Estados Unidos. En la academia, el reto es estructural: menos recursos y mayor digitalización, hay que re-imaginarla. En los Estados Unidos se estima que 10-30% de las universidades podría desaparecer de aquí a 2030. Por ende, la academia cubana tiene que mirar más allá de los Estados Unidos (convenios con China, Europa, Latinoamérica), y más hacia adentro: fortalecer realidades locales fuera de La Habana; retener los mejores docentes, no tanto a través del salario, sino más bien haciendo de las universidades cubanas incubadoras de empresas (públicas y privadas) y de proyectos para imbricarse con la economía nacional. Eso requiere una descentralización efectiva.

José Ramón Cabañas: A nivel diplomático están en su nivel más bajo de hace muchos años; en lo económico son casi inexistentes y en los temas de seguridad se intercambia solo a nivel técnico. En lo mediático, vivimos un barraje de propaganda negativa desde los Estados Unidos, asociado con la percepción de que la crisis económica que vive Cuba, como consecuencia del bloqueo y la COVID no tiene salida. En el resto de los campos se produce un gran intercambio a nivel personal, con pleno conocimiento del potencial de la cooperación bilateral.

Hal Philip Klepak. Las características de las relaciones bilaterales Cuba-Estados Unidos son, en general, muy negativas y problemáticas con débiles elementos de apoyo para una normalización y fuertes elementos empujando en la dirección opuesta: 1 Diplomáticas: embajada reducida, con poca capacidad de evaluación del contexto que la rodea. Fuerte voluntad de Cuba de encontrar soluciones a las disputas históricas y actuales frente al contrario del lado de los Estados Unidos. No obstante, el Departamento de Estado incluye a muchísima gente que ve en la normalización de la relación bilateral muchas ventajas para su país. 2 Económicas: empuje a favor de la normalización en algunos sectores, principalmente pero no exclusivamente, vinculados con la agricultura. Pero, desde hace mucho tiempo, se ha visto la debilidad de esta visión frente a las más fuertes discutidas aquí. 3 Seguridad: este es el rubro de más posibilidades para la normalización y así ha sido durante mucho tiempo. Desde por lo menos 1995, y aún ahora, los ministerios y agencias de defensa y seguridad de los Estados Unidos buscan maneras de aumentar la cooperación bilateral y ven la única amenaza que Cuba podría presentar a su país como cambios bruscos y violentos en la Isla que llevarían a una otra crisis de balseros y un aumento serio de la inestabilidad en el Caribe. Ven también a Cuba como un baluarte firme, seguro y eficaz en el combate al crimen internacional, el tráfico ilícito de drogas, la migración ilegal, etc. Aun en la crisis actual, las voces del Pentágono, la CIA o muchos elementos de ella, Guardacostas, Inmigración, la DEA y Homeland Security se levantan pidiendo una política sensata hacia Cuba en interes de los propios Estados Unidos. La impresionante cooperación bilateral en estos campos se redujo bajo Trump, pero no desapareció. Los Estados Unidos tienen rutas seguras de acercamiento al sur por una distancia de casi 1 500 km, gracias a Cuba, las FAR y MININT. 4 Académicas: El retroceso en las relaciones académicas bilaterales es evidente en los últimos años. Algunas esferas de cooperación siguen, y algunas veces con instituciones que son consideradas de élite y de seria influencia. Pero se ha visto que, en tiempos de crisis, el papel más importante de estas instituciones parece ser de producir análisis menos politizados y más matizados de los eventos, algo de valor, pero raramente decisivo. 5 Culturales: la politización de este elemento de la relación en años recientes ha llevado a la disminución del papel anterior que podía jugar el intercambio cultural en la creación de un ambiente favorable al entendimiento mutuo y la cooperación. Es difícil imaginar, en el corto término, el regreso a la situación anterior que pareció ofrecer tanta esperanza. 6 Científicas: a pesar de algunas pocas iniciativas prometedoras, el contexto actual parece poco apto para empujar este tipo de cooperación, a menos que el papel de Cuba sea mejor conocido y apreciado en el norte. 7 Mediáticas: se expande notoriamente la conexión bilateral entre las personas y grupos, pero hasta ahora no es evidente que esta expansión sea buena para la construcción de un ambiente de cooperación. Fácilmente puede resultar lo contario. 8 Religiosas: las relaciones religiosas entre los dos países han expandido enormemente desde el Periodo Especial y hasta nuestros días. No está claro el rol que esto va a jugar en la construcción de un ambiente positivo de cooperación de los dos países. Y otra vez, fácilmente sería lo contrario.

 

 2. ¿Cómo se combinan el conflicto y la cooperación en las relaciones bilaterales? ¿En cuáles campos?

Jorge I. Domínguez: Han existido instancias importantes de cooperación entre ambos gobiernos ya por décadas. La cooperación meteorológica no se interrumpió ni siquiera durante la Crisis de Octubre en 1962. Los acuerdos migratorios datan de 1965. El acuerdo logrado entre Richard Nixon y Fidel Castro en 1973 paró inmediatamente la piratería aérea que azotaba la región. Esta cooperación prevaleció en esas tres instancias de agudo conflicto. La cooperación en algún asunto concreto no resuelve todos los conflictos. No surge de coincidencias ideológicas, ni resuelve tales diferencias. Por otra parte, la existencia de graves conflictos tampoco impide que se logre la cooperación en asuntos puntuales. Durante los últimos treinta años, hay múltiples ejemplos de cooperación y conflicto en relación con los que he denominado intereses de segundo y tercer rango. No hubo cariño ideológico entre los dos gobiernos durante los años 90. Se desarrolló una relación profesional y eficaz en el entorno de la base naval estadounidense, para prevenir accidentes o sorpresas, permitir a Estados Unidos un uso de esa base con diversos propósitos, y contribuir a la seguridad de Cuba. Estalló una crisis y conflicto migratorio, pero se logró concertar los acuerdos migratorios de 1994 y 1995 porque sirvió a los intereses de ambas partes. Entre Guardacostas y Guardafronteras de ambos países evolucionó una relación profesional, y una coordinación precisa y eficaz. Comenzó una relación informal para combatir el narcotráfico. Por su parte, a partir de la década de los 70, académicos, músicos, artistas, y personas de la vida cultural desarrollaron relaciones bilaterales no gubernamentales, para provecho compartido. Algo similar ocurrió en el ámbito religioso, con más frecuencia a partir de los 80. La colaboración entre científicos ha procedido también. Tampoco hubo cariño ideológico en diciembre de 2014 cuando los presidentes de ambos países adoptaron un rumbo distinto en las relaciones bilaterales. El reto para ambas partes fue cómo evolucionaría el sistema político cubano, con cada presidente apostando por un futuro diferente. Ese cambio, que retuvo las diferencias ideológicas, permitió afianzar formas de cooperación en las relaciones migratorias, el combate al narcotráfico, la cooperación sobre el medio ambiente, las relaciones entre Cuba y su diáspora, e indirectamente las relaciones académicas, culturales y científicas. Merece reconocerse no solamente el protagonismo de los dos presidentes, sino también de los negociadores, como Ben Rhodes, Jeff DeLaurentis, Josefina Vidal, y José Cabañas, entre otros, que lograron la cooperación a pesar de los conflictos.

Raúl Rodríguez: En las relaciones internacionales existe una perenne tensión entre conflicto y cooperación. Las principales teorías en este campo se caracterizan por poner el acento en uno de estos dos componentes. Mientras las llamadas teorías realistas enfatizan el conflicto, las institucionalistas subrayan la cooperación. En el caso de los Estados Unidos y Cuba, la esencia del conflicto se expresa en la determinación de los cubanos de ser soberanos y la persistencia del gobierno estadounidense en ejercer dominación (soberanía vs. dominación), por lo que desde el triunfo de la Revolución ha prevalecido el conflicto. A pesar de estas condiciones, siempre han existido los vínculos e intereses mutuos, los que han tenido su mayor nivel de desarrollo en algunos momentos puntuales de cierta distensión, como los dos últimos años de la administración Obama, sin que se afectara la esencia del conflicto. Consecuentemente, en mi opinión, las áreas de conflicto son mayores que los espacios de cooperación que existen. Es un conflicto histórico, con profundas raíces en ambos Estados; ideológico, con una marcada intensificación en los últimos años con visos macartistas y de retórica de guerra fría; geopolítico, por la proximidad geográfica y porque ambos Estados comparten una extensa y estratégica frontera marítima; económico, pues el sistema de sanciones unilaterales y extraterritoriales es el más abarcador que los Estados Unidos aplica a nación alguna (lo reconoce el último documento del Departamento del Tesoro del pasado jueves 22 de julio), es un acto de guerra, no es ético y viola el derecho internacional y el derecho de Cuba al desarrollo, y no ha cesado ni en tiempos de pandemia; y territorial, porque los Estados Unidos ocupa una parte del territorio nacional cubano. No obstante, debido a la cercanía geográfica, entre los Estados Unidos y Cuba se impone la cooperación en algunos aspectos de interés para ambos, que comparten amenazas a su seguridad nacional. Predomina la cooperación en asuntos de migración, la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo, a pesar de que la administración estadounidense certifica lo contrario en este último aspecto. El ya mencionado servicio de Guardacostas es un ejemplo de cooperación. También la hay en aspectos medioambientales y meteorológicos, al compartir un entorno geográfico como el Golfo de México. Es de destacar la que existe alrededor de la frontera en la base naval de Guantánamo, aunque Cuba no reconoce la legitimidad de la presencia allí de los Estados Unidos.En las relaciones internacionales existe una perenne tensión entre conflicto y cooperación. Las principales teorías en este campo se caracterizan por poner el acento en uno de estos dos componentes. Mientras las llamadas teorías realistas enfatizan el conflicto, las institucionalistas subrayan la cooperación. En el caso de los Estados Unidos y Cuba, la esencia del conflicto se expresa en la determinación de los cubanos de ser soberanos y la persistencia del gobierno estadounidense en ejercer dominación (soberanía vs. dominación), por lo que desde el triunfo de la Revolución ha prevalecido el conflicto. A pesar de estas condiciones, siempre han existido los vínculos e intereses mutuos, los que han tenido su mayor nivel de desarrollo en algunos momentos puntuales de cierta distensión, como los dos últimos años de la administración Obama, sin que se afectara la esencia del conflicto. Consecuentemente, en mi opinión, las áreas de conflicto son mayores que los espacios de cooperación que existen. Es un conflicto histórico, con profundas raíces en ambos Estados; ideológico, con una marcada intensificación en los últimos años con visos macartistas y de retórica de guerra fría; geopolítico, por la proximidad geográfica y porque ambos Estados comparten una extensa y estratégica frontera marítima; económico, pues el sistema de sanciones unilaterales y extraterritoriales es el más abarcador que los Estados Unidos aplica a nación alguna (lo reconoce el último documento del Departamento del Tesoro del pasado jueves 22 de julio), es un acto de guerra, no es ético y viola el derecho internacional y el derecho de Cuba al desarrollo, y no ha cesado ni en tiempos de pandemia; y territorial, porque los Estados Unidos ocupa una parte del territorio nacional cubano. No obstante, debido a la cercanía geográfica, entre los Estados Unidos y Cuba se impone la cooperación en algunos aspectos de interés para ambos, que comparten amenazas a su seguridad nacional. Predomina la cooperación en asuntos de migración, la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo, a pesar de que la administración estadounidense certifica lo contrario en este último aspecto. El ya mencionado servicio de Guardacostas es un ejemplo de cooperación. También la hay en aspectos medioambientales y meteorológicos, al compartir un entorno geográfico como el Golfo de México. Es de destacar la que existe alrededor de la frontera en la base naval de Guantánamo, aunque Cuba no reconoce la legitimidad de la presencia allí de los Estados Unidos.

Gabriel Vignoli: Propongo algunas palabras claves para las relaciones bilaterales. Hay muchas más. INERCIA. La fuerza de la inercia en los Estados Unidos ha hecho que la política hacia Cuba no haya cambiado en su índole desde el memorándum Mallory de 1960: cambio de régimen a toda costa. La respuesta de Cuba ha sido transformar el bloqueo en ancla y muleta; en eje estructurante de la Revolución cómo fortaleza sitiada; en causa última de muchos problemas endógenos. El bloqueo es genocida. Pero reiterarlo cada día, sin proponer un discurso diferente, produce una comprensible “fatiga” en la población cubana. Hay que renovar el lenguaje político más allá del límite impuesto por los Estados Unidos. GUERRA FRÍA. El vínculo íntimo entre los dos países se origina en la colonia, y la tensión entre ambos ha trascendido la Guerra Fría. Pero el marco interpretativo sigue anclado en esta. En 1962, Biden tenía veinte años; Obama, uno. Es comprensible que Obama vea a nuestra Isla a través de un lente poscolonial, y que Biden lo haga desde la crisis de los misiles y una lectura muy peculiar de “derechos humanos”. ¿Por qué no hay una voz pensante en la administración Biden que articule un discurso con Cuba vinculado a temas “otros”? ¿Cuál es la propuesta cubana para salir de este impasse? Los memorandos de entendimiento de la “normalización” (medioambiente, narcotráfico, etc.) sugieren un modus operandi: enfocarse en lo que sí se puede hacer. PANDEMIA. La pandemia nos hace, por primera vez en la historia, verdaderamente contemporáneos. Todos los países del mundo enfrentan el mismo reto, a sabiendas de que las transformaciones económicas, políticas, sociales y medioambientales son estructurales y muy rápidas: no hay marcha atrás. Hay que pensar en soluciones activas, más que reactivas, en el mundo pospandémico. Esta es una oportunidad única para que ambos gobiernos cambien de giro, basándose en objetivos comunes, y hasta ahora no lo han hecho. La palabra “protesta”, tanto en Cuba cómo en los Estados Unidos, puede ser una clave: hay que encontrar una forma de responder a la protesta que permita canalizar esa energía. TECNOLOGIA. En los Estados Unidos la digitalización de la economía y de la vida (Internet of things/de las cosas) conlleva un proceso de renovación y descarte tecnológico muy acelerado, en Cuba esos insumos pueden tener una segunda vida. Pero lo imprescindible es un cambio en la cultura tecnológica en Cuba, para no ser sucedánea de los Estados Unidos. Por un lado, hay “desobediencia tecnológica”: la capacidad de irrespetar, y por ende resignificar, la autoridad preconcebida del objeto. Por otro, hay todavía insuficiente cultura de uso de redes sociales, lo que facilita manipulaciones exógenas. La clave es, por supuesto, más, no menos, Internet: el pueblo se tiene que educar.

José R. Cabañas: Las posibilidades de cooperación bilateral están claramente reflejadas en los 22 memorandos de entendimiento que se firmaron entre ambos países entre mediados de 2015 y enero de 2017 y que aún guardan vigencia, aunque están congelados en su aplicación. No se llegó a acuerdo en otros temas en los que se pudo avanzar, pero el tiempo disponible no fue suficiente para formalizar el entendimiento. La falta de cooperación entre agencias cubanas y estadounidenses de aplicación y cumplimiento de la ley y otras se expresa en un costo humano directo, sean los migrantes ilegales a manos de los traficantes, el impacto de las drogas, la seguridad marítima y aérea, o la falta de insumos médicos del lado cubano, o el acceso a tratamientos avanzados contra cáncer y diabetes del lado estadounidense. El conflicto se origina en la existencia e implementación de una política desde los Estados Unidos, que tiene como objetivo el cambio del estado de cosas en Cuba, que utiliza distintas herramientas y funciona a distintas velocidades. Existen otras diferencias de carácter político, ideológico, visión de temas multilaterales que se prolongarán en el tiempo.

Hal Philip Klepak. En lo que tiene que ver con el equilibrio entre cooperación y conflicto, como mencioné, es difícil imaginar un contexto más complicado para Cuba. Hablar de cooperación con Cuba en este momento en Washington es soñar en Technicolor. Si las agencias con responsabilidad para defensa y seguridad buscan activamente más cooperación, no hay mucho que apoye este interés. Más bien, al contrario.

 

 3. ¿Qué intereses dentro de los Estados Unidos inciden en la relación con Cuba?

Jorge I. Domínguez: Comprendamos quiénes inciden en Estados Unidos en la relación bilateral según los intereses de ese país. Si Cuba carece de importancia estratégica global para los Estados Unidos, sus grandes estrategas se preocupan por otras cosas. Inciden, pues, factores inferiores a los de la más alta política. Al comienzo de la presidencia de Donald Trump, vimos en el seno del gobierno que quienes querían mantener espacios de cooperación con Cuba eran las agencias involucradas en asuntos de seguridad. El Pentágono, el Comando Sur, los Guardacostas y los servicios migratorios valoraban los acuerdos firmados con Cuba en 2015 y 2016. Es lógico suponer que desearían reactivar la cooperación para combatir el narcotráfico y para normalizar las relaciones migratorias. Fue el personal de la embajada de los Estados Unidos en La Habana quienes más se opusieron a la interrupción de las labores diplomáticas y consulares normales. Fuera del gobierno, se opusieron a las medidas que dificultaron o impidieron sus relaciones las universidades, los artistas, los científicos, las organizaciones ambientalistas, las iglesias, la Cámara de Comercio, los exportadores agrícolas, las empresas de alta tecnología, las líneas de aviación, las empresas hoteleras, y algunos posibles inversionistas, y, por supuesto, una buena parte de la comunidad cubanoamericana. Por tanto, todos ellos favorecen la reactivación de relaciones. Los factores ideológicos, que nunca han desaparecido de la relación bilateral, recibieron un impulso bajo Trump, en parte por razones de política interna. La prioridad electoral del Estado de la Florida para la reelección del presidente y el peso de legisladores de origen cubanoamericano, cada vez más numerosos y poderosos, en ambas Cámaras del Congreso, promovieron la aplicación de nuevas sanciones y se oponen ahora a su eliminación. Biden comienza reafirmando que Cuba no es prioritaria en su política exterior ya que carece de valor estratégico global. Hay, sin embargo, un nuevo factor. Este presidente ha adoptado una política de sesgo ideológico en relación con China, ejemplo de la lucha entre democracias y autocracias, que incide en general sobre su política exterior. Entonces, surgen las protestas en Cuba del 11 de julio, y días siguientes, con un detalle novedoso. La prensa oficial cubana ayuda a persuadir a la Casa Blanca de que, por fin, las sanciones económicas son eficaces para promover un cambio político en Cuba. Mientras más la prensa en Cuba insista en que las protestas se deben principalmente a injerencia externa, más probable es que el presidente Biden retenga y expanda las sanciones.

Raúl Rodríguez: Dentro de los actores en estadounidenses interesados en el mejoramiento de las relaciones bilaterales, en un primer nivel de prioridad por su influencia, sobresale el sector de negocios en las siguientes esferas: agroindustrial, aerolíneas, industria de cruceros, viajes y alojamiento, así como telecomunicaciones. Estos se han mantenido como los que pueden contribuir al desmontaje gradual de aspectos del bloqueo económico y financiero, porque aglutinan apoyo en ambos partidos en los Estados Unidos y en amplios sectores de la sociedad. En este sentido, hay que señalar que, aunque hay ventajas para las compañías estadounidenses, puesto que el sistema de sanciones económicas hace que muchas de las interacciones con estos sectores mencionados sean de una sola vía, desde los Estados Unidos hacia Cuba. Sin embargo, también hay algunas ventajas menores para Cuba, sobre todo en la importación de alimentos, por los precios comparativamente más competitivos de los productos estadounidenses y por la cercanía geográfica que reduce tiempo y costo de transportación. En general, Cuba acepta una relación carente de balance. También existe una empresa mixta en el ámbito farmacéutico. Otros sectores con potencial son el portuario, el energético, el de materiales de la construcción y el deporte. Finalmente, pueden incidir en menor medida el académico, el religioso, el cultural y el científico, como modelo de relación mutuamente ventajosa, basada en la igualdad soberana. La comunidad cubana en los Estados Unidos, conformada por múltiples actores con diferentes agendas, intereses y prioridades, tiene participación en la política hacia Cuba tanto en el diseño como en su implementación. Su incidencia está asociada esencialmente a: 1) La importancia sobredimensionada que le otorga la Casa Blanca al voto cubanoamericano durante los ciclos electorales. 2) La existencia de grupos que reciben financiamiento gubernamental y son utilizados como instrumentos de la política subversiva. Estos se han fortalecido en los últimos años, fundamentalmente desde la llegada de Donald Trump a la presidencia y han mostrado su nivel de influencia en la situación actual. Aunque hay sectores de la comunidad cubana que favorecen una mejoría de las relaciones con Cuba y no se deben dejar de mencionar, su capacidad de influencia en el contexto político se ha visto disminuida.

Gabriel Vignoli: Los intereses en los Estados Unidos hacia Cuba son muy heterogéneos. Y dado que la nación se está interrogando sobre su propia identidad, a raíz de Trump y de la Covid-19, creo que “intereses” puede también traducirse en “preguntas”. ¿Qué preguntas hay con respecto a Cuba, y cómo se la puede usar para desequilibrar un discurso en busca de renovación? 1) Partido demócrata. Por un lado, el centrismo de Biden, quien en este momento no es capaz de cambiar el discurso --sea por su biografía, por Bob Menéndez, por miedo a perder la Florida, o por otra razón--, cómo su reacción retórica al 11J ha aclarado. Por otro, hay un ala más progresista (Bernie Sanders, Alexandria Ocasio-Cortez) que quiere acabar con el bloqueo y con ello están cuestionando la gramática política de los Estados Unidos. Creo que Cuba debería enfocarse más en ellos, y en el pueblo de los Estados Unidos, que en un Biden maniatado. 2) Comunidad cubana de Miami. Cuando lo de las avionetas de “Hermanos al Rescate”, en 1996, la comunidad cubanoamericana, más o menos unida, le dijo a Clinton que si atacaba a Cuba ellos iban a quemar Miami. En 2021, la comunidad cubanoamericana incitó a la violencia y perdió credibilidad política (de los más de cien barcos que iban a venir a Cuba, zarparon, tímidamente, cuatro). A raíz del 11-J, esa comunidad se está haciendo preguntas que no se hacía antes (“¿Qué vale más: la sangre de mi familia o el anticastrismo?”). Las respuestas conllevaran, creo/espero, a una crisis política y de imaginario, y a un cambio de índole en Miami. 3) Desde Obama hay un lobby pro-Cuba en los Estados Unidos que posiblemente tome más fuerza a raíz del fracaso del 11-J en Florida. 4) Pueblo de los Estados Unidos. El más ignorante y el más permeable, ya que él mismo está reconstruyendo su gramática política, por lo menos desde el asesinato de George Floyd. El ciudadano medio sabe muy poco de Cuba, y el interés por el socialismo está creciendo, sobre todo en la juventud. Enseño en la universidad más de izquierda de los Estados Unidos, en el corazón de Manhattan. Mis estudiantes tienen camisetas del Che, leen su obra, se visten cómo los “mikis” habaneros, y se declaran socialistas y anarquistas. Se hacen las mismas preguntas de los jóvenes cubanos ¿Por qué no empezar por ahí?

José R. Cabañas: A los anuncios del 17 de diciembre de 2014 se llegó por varios caminos. Dentro de los Estados Unidos cristalizó la percepción de que la política de bloqueo y máxima hostilidad contra Cuba era fallida. La diplomacia estadounidense concluyó que no podía avanzar su agenda en América Latina si trataba de mantener apartada a la Isla. Un importante sector de negocios se interesó en las nuevas facilidades que ofrecía Cuba para la inversión extranjera y el comercio en general. Se desarrolló el argumento de que otras potencias podrían tomar ventaja de tales oportunidades. Fueron perceptibles los cambios en el interior de la emigración cubana, en función de la agenda familiar y por el acercamiento a su país de origen. Una multiplicidad de ONG, desde las religiosas hasta las medioambientalistas, han desarrollado durante años una relación directa con contrapartes cubanas, lo que alcanza momentos de madurez. En los ámbitos científico, cultural y académico hay plena conciencia de que a través de la cooperación bilateral se pueden alcanzar hitos para el bienestar de ambos países y de la región.

Hal Philip Klepak. Los intereses que inciden en esta situación son defensa y seguridad, el Departamento de Estado, elementos de la industria agrícola de los Estados Unidos, sobre todo en algunos estados claves, los cubanoamericanos en su conjunto, y en particular los miembros de la Fundación [Cubanoamericana] más ricos y decididos. Se ha dicho muchas veces, pero en estas dos últimas semanas hemos tenido la prueba aún más contundente de que Cuba para los Estados Unidos es una cuestión de política interna y no externa.

 

4. ¿Qué factores dentro de Cuba favorecen la normalización? ¿Cuáles la desfavorecen?

Jorge I. Domínguez: En Cuba favorecen una normalización de las relaciones con los Estados Unidos las contrapartes de quienes, en aquel país, favorecen las relaciones con Cuba. Desaparecida la Unión Soviética, fue el General de Ejército Raúl Castro quien comprendió, con claridad, que la seguridad de Cuba requería aplicar el tipo de medidas de confianza mutua que se habían desarrollado en Europa durante la Guerra Fría. Acuerdos entre Guardacostas y Guardafronteras, acuerdos en el entorno de la base naval de Estados Unidos, cooperación eficaz para evitar desastres migratorios y cooperación en la lucha contra el narcotráfico ejemplificaban intereses bilaterales compartidos. La labor de todas las agencias en Cuba implicadas en esas relaciones mejoraría si las relaciones de cooperación se reactivan. La economía cubana, en particular su pequeño sector privado, prospera gracias al turismo internacional. Esa es una fuente decisiva de ingresos. Antes de las sanciones impuestas bajo Trump, los Estados Unidos se convirtieron en la principal fuente de visitantes extranjeros en Cuba, combinando cubanoamericanos y otros. Sin esas sanciones prosperaría más el sector privado en Cuba, y la economía nacional. Los intercambios académicos, culturales, y científicos requieren un espacio más permisivo en las relaciones bilaterales. Las relaciones entre iglesias fueron entorpecidas menos, pero las iglesias también respaldan una mejor relación bilateral. El presidente Miguel Díaz-Canel y el canciller Bruno Rodríguez demuestran cotidianamente tanto el valor de una mejor relación bilateral como su dimensión compleja. Usan Twitter –para expresar sus ideas y para quejarse de Twitter–, sumándose así a una cultura transnacional global que se beneficia de Internet y se queja de sus imprescindibles agentes cibernéticos. ¿Quién se opone a este futuro deseable? Una hipótesis es que quienes prefieren negar que en Cuba hay razonables motivos de quejas, por distintas causas y en todas partes del país, consideran útil achacarle a los Estados Unidos todos los males que puedan ocurrir en la Isla. Desde esta perspectiva, es políticamente valioso que las relaciones bilaterales sean profundamente hostiles, ya que permite encubrir cualquier error cometido en Cuba, y justificar la adopción de medidas que de otra manera serían impensables. Permite evitar explicarle a la población por qué ocurren cosas que les dificultan múltiples dimensiones de su vida.

Raúl Rodríguez: Primero hay que definir normalización como relaciones diplomáticas plenas entre ambos países, eliminación de la clásica agresividad y prepotencia, que prevalezca el diálogo y la negociación, y el respeto mutuo a la soberanía y los principios de ambos países. Es un proceso que implica el reconocimiento de la necesidad y la aplicación de medidas para reducir la tensión y la fricción, contener o resolver las principales fuentes de conflicto, y donde debe prevalecer el compromiso político y diplomático entre ambas partes. Primeramente, no favorece a la normalización el peso de la historia y el nacionalismo cubano, resultado de la indecencia que sucesivos gobiernos de los Estados Unidos han tenido en la evolución republicana de Cuba, desde William McKinley hasta Dwight Eisenhower, y desde este, curiosamente como puente, hasta Joe Biden, como ha escrito recientemente Louis Pérez. Durante más de ciento veinte años, los Estados Unidos han “apoyado al pueblo cubano”. Ello ha significado intervención armada, ocupación militar, intentos de cambio de régimen e intromisión política, todos hechos normales en las relaciones entre los Estados Unidos y Cuba en los sesenta años anteriores al triunfo de la Revolución cubana. En los sesenta posteriores, apoyar al pueblo cubano ha significado aislamiento diplomático, invasión armada, operaciones encubiertas y sanciones económicas. En segundo plano, la variable interna cubana, la situación económica y política, incide en la posibilidad avanzar hacia la normalización. En la medida en que los sectores de la clase dominante de los Estados Unidos y sus aliados anexionistas perciban que la economía cubana no se recupera y se ve afectada la cohesión alrededor del proyecto político y económico, esta situación se convierte en una oportunidad para lograr el objetivo de cambio de régimen y devolver a Cuba a su esfera de influencia. Entonces, la normalización, como se concibe desde Cuba, no sería necesaria. Sin embargo, debido a los amplios vínculos socioculturales entre ambos países, amplios sectores de la sociedad cubana favorecen una normalización, sin subordinación, en un contexto de vecindad con los Estados Unidos, que ya se hizo evidente durante el breve período de los dos últimos años de la administración Obama. El desarrollo de la comunidad científica y académica cubana también apoya un proceso de normalización debido a que la interacción con sus pares estadounidenses es muestra de relaciones mutuamente ventajosas.

Gabriel Vignoli: Normalización no es más una palabra viable –más adelante me referiré a ello. Propongo “diálogo”, pero hay que buscar otra. FACTORES EN FAVOR DEL DIÁLOGO. 1) La articulación de una gramática política proactiva que incluya las diferentes voces y preguntas aún sin respuesta qué han surgido en Cuba, por lo menos a partir de la pandemia y de la Tarea Ordenamiento. La cohesión política se logra y transmite a través de la heterogeneidad: tanto adentro como afuera. ¿Cuáles son las preguntas del pueblo? Si no se articulan aquí, el riesgo es que se articulen en Miami o en Washington. 2) Organizar una campaña mediática orientada hacia el pueblo estadounidense, más que hacia su gobierno. Temas raciales, medioambientales y sociales son asuntos que el pueblo “yuma” siente más cercanos que el bloqueo. Son los que desgarran la fábrica social que va de Alabama hasta Alaska, más que de Washington a Miami. Este puede ser un vehículo para poner a Cuba en la agenda pública, que en este caso es más que política, de los Estados Unidos. 3) Un cambio en el discurso contra el bloqueo, tanto retórico como estratégico, orientado no hacia el gobierno de los Estados Unidos, sino a la comunidad internacional, para inducir un cambio de actitud que vaya más allá del voto contra el bloqueo --simbólicamente fundamental-- en Naciones Unidas. FACTORES EN CONTRA DEL DIÁLOGO 1) La fortaleza sitiada. Sí lo está, pero reiterarlo nuevamente no ayuda el diálogo con los Estados Unidos y no aporta nuevos criterios al pueblo cubano. 2) La centralización y el burocratismo excesivos (por ejemplo, el Plan de Manejo Integral de La Habana 2019-2030 fue publicado en 2021, con datos de 2013, y sin un verdadero programa de gestión y monitoreo). 3) Las reformas administrativas son insuficientes para el futuro del país. Deben ser de mayor calado. El socialismo en Cuba es mucho más que dogmatismo ideológico: su renovación sobre la base del presente contexto es clave para un país más fuerte y, por ende, en mejor posición para dialogar con, y más allá de, contexto.

José R. Cabañas: Desde le punto de vista oficial, Cuba siempre ha tenido una posición coherente de favorecer un diálogo que conduzca a la normalización desde posiciones de respeto mutuo y reciprocidad. Quizás un primer problema surge al interpretar, desde ambas partes, qué significa el estado de normalización, que obviamente solo podría lograrse sobre la base del reconocimiento de la institucionalidad que se ha dado cada país. En Cuba siempre ha existido un sector de la población que ha expresado dudas genuinas sobre la eventualidad de poder lograr tal propósito, o incluso sobre la conveniencia de hacerlo, si es que dicha normalización sirve como preludio al “cambio de régimen”. Posiblemente ese sector haya crecido al ver cómo los tenues avances que tuvieron lugar bajo el gobierno de Obama fueron borrados de un plumazo por Trump. Cualquier avance futuro hacia la normalización debe ir acompañado de cambios legislativos en los Estados Unidos, pues resulta insostenible una relación bilateral que esté a expensas de los cambios ejecutivos en Washington cada cuatro años.

Hal Philip Klepak. Los factores que favorecen la cooperación y la normalización son los que tienen que ver con las ventajas de dos vecinos cooperando en una gama inmensa de problemas compartidos: inmigración. medio ambiente, estabilidad regional y sub-regional, lucha contra el crimen internacional y el narcotráfico, enfrentamiento a desastres naturales, salud pública internacional, la paz internacional, etc. Los factores que las desfavorecen son la historia trágica de la relación, una falta de confianza en el otro reforzada por eventos recientes, el papel particular de cubanoamericanos (sus divisiones y deseos contradictorios), el simple desequilibrio en el balance de poder entre los dos y las sospechas que nacen de esto y muchos más.

 

5. Si tuviera que aconsejar a los dos gobiernos para facilitar el diálogo y retomar la normalización, ¿qué les diría?

Jorge I. Domínguez: Si el gobierno del presidente Biden le hace caso al periódico Granma, debe revertir las sanciones adoptadas bajo Trump y regresar a lo que fue la política de Obama al final de su presidencia. El impacto de los Estados Unidos sobre la sociedad cubana es extraordinario. Twitter, Google y Facebook, entre otras, transforman la vida política y económica de la nación. Si la promoción de un cambio político en Cuba es un propósito de ese gobierno, la apertura bilateral es el mejor instrumento. Si el gobierno del presidente Díaz-Canel le hace caso a lo que él mismo ha dicho, hay muchas cosas que cambiar en Cuba, no porque las exija un gobierno extranjero, sino porque esos cambios son sensatos para los propios intereses de Cuba. Algunos de esos cambios ya van comenzando. Son las medidas que pueden permitir un funcionamiento más amplio y eficaz del sector privado. Serían medidas que ubicarían bajo control civil todas aquellas empresas estatales que no son necesarias para el funcionamiento de las fuerzas militares. Pero serían también medidas que le permitieran a los ciudadanos controlar mejor el desempeño público. Un simple ejemplo es la aplicación de la ley electoral municipal al ámbito nacional, es decir, requerir por lo menos dos candidatos por escaño a elegir en la Asamblea Nacional, lo que permite a los votantes a ejercer una verdadera soberanía. Cuba puede adoptar estas medidas porque mejoran y profundizan un desarrollo próspero y sostenible. De más está decir que tales cambios, por decisión propia, facilitarían también cambios en la política de los Estados Unidos. Tanto por razones de mejores resultados en el país y de política exterior, serían cambios útiles, por aplicarse sin pausa y con mucha prisa.

Raúl Rodríguez: Primeramente, se deben revisar experiencias anteriores de intentos de normalización y reducción de tensiones durante los gobiernos de Kennedy, Ford, Carter y Obama, para evaluar en qué medida se avanzó y los beneficios que trajo, tanto para la relación bilateral como para las relaciones hemisféricas. Promover el diálogo y la interacción, donde prevalezca la negociación y la igualdad soberana a pesar de la inmensa asimetría que existe entre ambas naciones. El abordaje de este tema debe partir de la premisa de que nuestras naciones están obligadas a convivir, nos guste o no. La convivencia es una necesidad objetiva y es ventajosa para ambas partes. A partir de experiencias anteriores donde ha existido y aún existe colaboración mutuamente beneficiosa, comenzar construir algún nivel de confianza mutua y promover formas de convivencia entre Cuba y los Estados Unidos debe partir de un contexto de “vecindad”, no necesariamente de aliados y mucho menos de subordinación de Cuba a los intereses de los Estados Unidos.

Gabriel Vignoli: Vicente Aleixandre preguntaba "¿Para quién escribo?" O sea, ¿cuál es el público? El público, tanto en Cuba como en los Estados Unidos, está cambiando a una velocidad sideral. La pandemia, el asesinato de George Floyd y los eventos del 11-J son momentos de ruptura y transformación de los patrones de diálogo entre, y adentro de, ambos países. La “comunidad cubanoamericana” y el “pueblo” cubano son más heterogéneos de lo que parecía. Una clave para facilitar el diálogo es involucrar estos diferentes “públicos” que se han visibilizado en lo que va de 2021. Hablar al “otro” implica hablar consigo mismo. Más bien, hay que hablar consigo mismo antes de hablar con el otro.Por ende, yo buscaría otra palabra que no sea “normalización”: es una vuelta a un pasado que ya no existe. Ambos países son diferentes hoy con respecto a 2014: en su liderazgo (Biden no es Obama, Díaz-Canel no es Raúl Castro), en su población, en su maquinaria político-administrativa, y en los múltiples efectos de la pandemia. Las consecuencias de Trump y de la Covid 19 se harán sentir por años, en ambos países. No creo que sea posible “volver” a la era pre-Trump, aún menos después del 11-J. Hay que forjar un diálogo sobre nuevas bases: el presente lo impone. Un primer punto puede ser el estudio de nuevos memorandos de entendimiento en temas de beneficio recíproco, o sea, una normalización como METODOLOGIA más qué como discurso/instrumento político/diplomático.A la vez, a raíz de los eventos del 11-J, Cuba se ha convertido en una prioridad de los Estados Unidos, aunque no por las razones esperadas. Y varios actores que hasta hace poco se mantenían al margen –China, Rusia, la Unión Europea y Naciones Unidas–, están convirtiendo el diferendo Cuba- Estados Unidos en un asunto multilateral. Mientras más dure, mejor para Cuba, pero a la vez pone al país frente a la disyuntiva de hablar consigo mismo, a partir de su heterogeneidad –para encontrar una nueva voz y para que otros no terminen hablando por él.

José R. Cabañas: Para llegar al diálogo hay que construir cierta confianza (confidence building). Esta última fue muy dañada y destruida durante los años de Trump y no se ha recuperado bajo el liderazgo de Biden. Para que pueda surgir una percepción de confianza se debe apreciar que la contraparte cuenta con un equipo de funcionarios preparados para el ejercicio con indicaciones claras y argumentadas. Del lado estadounidense no hay nada ni parecido en estos momentos. La parte cubana, aún bajo las condiciones impuestas por el gobierno de Trump, reiteró una y otra vez propuestas para, al menos, implementar los memorandos firmados antes, para sostener conversaciones en temas técnicos. Es decir, ha tratado de propiciar el diálogo de forma reiterada sin recibir respuesta, no ha estado inactiva esperando por una invitación. Es del lado cubano donde hay mejor comprensión de las consecuencias de que no existan canales de diálogo. De este lado no funcionan las presiones de los ciclos electorales, ni la necesidad de tratar de agradar a grupos de votantes y mucho menos tratar de aparentar una posición dura en temas internacionales para ser mejor aceptado en lo interno.

Hal Philip Klepak. Si fuera a aconsejar: 1 Multilateralismo para mostrar con otros a los Estados Unidos la utilidad de trabajar con Cuba en esfuerzos de salud pública, vinculados con Covid, y más allá de eso; trabajar con países del Caribe en desastres naturales, inmigración, crimen organizado, narcotráfico, y otros, para ganar más adeptos para la cooperación en el interés de los Estados Unidos y no solamente en el de Cuba. 2 Diálogo más activo con la comunidad cubana en el exterior 3 Proyectos específicos de cooperación presentados por Cuba en los campos de la seguridad, la salud pública, la educación etc. Habiendo dicho todo esto, lo importante es sobrevivir hasta la llegada de mejores tiempos. La unidad del pueblo cubano detrás de una revolución renovada, confiada, llena del espíritu de cambios, listo para aún más sacrificios, pero frente a un programa poderoso y profundo de reformas, me parece necesario para producir el ambiente en que los Estados Unidos querrán cooperar con Cuba y lo harán porque esta, como siempre, tiene mucho que ofrecer a países dispuestos a cooperar con la Isla.


( Negritas por HHC) Hay que agradecer a Temas el propiciar la riqueza de argumentos en la compleja relación entre los dos paises.